SOBRE LA VIRGINIDAD: 8. LICITUD DEL MATRIMONIO Y CONVENIENTE MODERACIÓN EN ÉL.

VIII. LICITUD DEL MATRIMONIO Y CONVENIENTE MODERACIÓN EN ÉL

 

Nadie crea por todo lo dicho que yo repruebo la institución del matrimonio. No ignoro que éste fue objeto de la bendición de Dios; pero como la vida conyugal tiene por abogado defensor a la misma naturaleza humana, que comunica fuerza a los que por medio del matrimonio se entregan a la procreación de los hijos, y, por el contrario, la virginidad lucha contra la naturaleza, resultaría superfluo acumular cuidadosamente argumentos y exhortaciones a favor del matrimonio (una vez que el mismo deleite natural se muestra su más acérrimo protector) si no se hubieran hecho necesarios tales razonamientos ante las impugnaciones de aquellos que falsifican los preceptos de la Iglesia. De éstos—dice el Apóstol—que tienen la conciencia cauterizada y con razón, porque, dejando las enseñanzas del Espíritu Santo, imprimen en sus corazones unas como cicatrices con las doctrinas de los demonios, detestando las cosas creadas por Dios como impuras, inducentes al pecado y causas de otros males. Estas y otras frases semejantes corren por ahí.

Mas ¿a qué voy a juzgar a los extraños?, dice el Apóstol. Porque extraños a la palabra y al lugar de los misterios santos son, en verdad, aquellos que no viven en las mansiones de Dios, sino en la guarida del demonio. Allí están prisioneros a disposición del diablo, según la frase del Apóstol y por eso no entienden que la virtud está en el justo medio y los extremos son viciosos. Quien en todas las cosas, así grandes como pequeñas, elige el medio, éste distingue la virtud del vicio. Más lúcida parecerá esta sentencia si la demuestro con hechos.

La cobardía y la audacia son dos vicios opuestos, aquélla por defecto, ésta por exceso de confianza; el valor se halla colocado en el medio. El varón piadoso no peca ni por ateo ni por idólatra. Ambos extremos son impíos. El primero, porque niega a Dios; el segundo, porque cree que hay muchos dioses. ¿Quieres que te lo explique con otros ejemplos?

El que huye caer en la avaricia y en la prodigalidad apartándose de ambos vicios contrarios, practica por hábito la liberalidad. Pues la liberalidad es de tal naturaleza, que ni derrocha en gastos inmoderados e inútiles ni es escasa en lo necesario. Y del mismo modo en las demás cosas, por no recorrerlas todas, ha definido la razón que la virtud es el justo medio entre dos extremos: la prudencia está en el centro, y ambos extremos se apartan abiertamente hacia el mal. El que afloja la tensión de su espíritu, es con facilidad vencido del ansia del deleite, no consigue acercarse al camino de una vida sobria y virtuosa y viene, por fin, a caer en pasiones ignominiosas. Mas si alguno, traspasando los límites de la moderación, se apartare del medio de la virtud, ese tal se verá impulsado al precipicio de las enseñanzas del demonio, marcando con fuego en su conciencia su propia ignominia, según la frase del Apóstol.

Quien declara al matrimonio execrable, a sí mismo se afrenta con sus injurias contra el matrimonio; porque si el árbol es malo, como dice el Evangelio, su fruto será digno de tal árbol Si el matrimonio es como el germen de una planta cuyo fruto es el hombre, todos los reproches lanzados contra el matrimonio recaen sobre el hombre.

Aquellos que tienen la conciencia estigmatizada y están marcados como por una cicatriz por lo absurdo de sus dictámenes, caen dentro de la anterior acusación. Nosotros, empero, pensamos que se deben anteponer el anhelo y solicitud de las cosas divinas al matrimonio; pero no se venga a creer que despreciamos a quienes usan de él casta y moderadamente.

Así se condujo el patriarca Isaac, que se casó con Rebeca, no en el vigor de la juventud, para hacer del matrimonio instrumento de su concupiscencia, sino pasada ya la edad adolescente, a fin de obtener hijos según la bendición de Dios. Y habiendo usado del matrimonio hasta el primer parto de su mujer, luego de nuevo se entregó todo a las cosas espirituales, refrenando las pasiones del cuerpo. Esto me parece a mí que significa el relato de la ceguera del patriarca.  Y estas cosas son así como parecen a aquellos que saben verlas claramente.

Pero sigamos el hilo del discurso. ¿Qué significa, pues el dicho : si fuera lícito, ni se aparte de la divina voluntad ni deje de casarse? El argumento que desprecia las instituciones de la naturaleza y condena aquello que se suele honrar, no tiene peso ninguno. Porque, como queda demostrado en el ejemplo del agua y de la fuente, cuando el labrador lleva el agua por entre canales hacia algún terreno y sucede que a imitad de camino alguno necesita un poco de agua, sólo le concede lo que parece ser conveniente para aquella pequeña necesidad, uniendo después de nuevo el agua ásí desviada con la restante; pero si abre la salida incautamente y sin reservas, correrá el peligro de que el caudal íntegro, separándose de su dueño, inunde todo el campo.

De manera semejante, en la vida son necesarios estos cuidados y sucesivos cambios, de modo que si alguno, teniendo siempre en más los deberes espirituales, usase del matrimonio discreta y moderadamente, regulándose por la brevedad del tiempo y conformándose al precepto del Apóstol ese tal es un labrador prudente, que no está únicamente ocupado en satisfacer sus fríos deberes matrimoniales, sino que se interesa por la limpieza del alma para vacar a la oración; pues teme que, cuidándose solamente de aquellos deleites, quede todo él hecho carne y sangre, en las cuales no permanece el espíritu de Dios.

Claro está que el que sea tan débil que no pueda soportar varonilmente el peso de la naturaleza hará mejor en mantenerse alejado que en aceptar el combate con fuerzas desiguales. Porque no es pequeño el peligro de que, engañado ese tal por la experiencia del placer, crea que no existe otro bien que el que se percibe con los sentidos en los deleites del cuerpo, y así, apartando su mente por completo del deseo de los bienes espirituales, piense que todo es carne y busque siempre la felicidad en ésta, como si fuese más amante del placer que de Dios. Y ya que por la debilidad de la naturaleza no todos pueden alcanzar la moderación en los deleites y hay peligro de hundirse en el fondo del lodo, en frase del Salmista una vez perdida la justa medida, será útil no elegir inexpertamente este género de vida, según queda indicado, no sea que, con pretexto de lo permitido, se abra el camino a las afecciones desordenadas del alma.

¿ QUIERES SER MIEMBRO DE LA IGLESIA PRE VATICANO II O DE LA IGLESIA POST VATICANO II?: CARTA DEL P. MICHAEL OSWALT

Padre Michael Oswalt

Después de un curso de 6 años en el seminario de Mundelein, seminario  conciliar de la archidiócesis de Chicago, Michael Oswalt fue ordenado bajo el nuevo rito de ordenación. A pesar de su apego, en el seminario, al pensamiento Católico tradicional, abrió los ojos, al comprobar los efectos del modernismo en la parroquia, en la que recibió su primer destino. Por la gracia de Dios, obtenida especialmente a por el rezo diario del Santo Rosario y de la consagración total a Jesús a través de María, Michael se convenció que la nueva Iglesia conciliar no es la verdadera Iglesia Católica. El ultimo rayo de luz le llego cuando un día su superior  preguntó: “¿Quieres ser miembro de la Iglesia pre-Vaticana II o de la post-Vaticana II?” Michael supo entonces que no podía seguir permaneciendo en la iglesia conciliar.

 He aquí la carta que envió a los sacerdotes de la diócesis, en marzo del 2009, refiriendo las razones por las cuales abandona la nueva iglesia del Novus Ordo. Finalmente fue ordenado válidamente con el Rito tradicional por un obispo válidamente ordenado a la vez con ese mismo Rito.

Queridos hermanos clérigos de la Diócesis de Rockford.

He decidido dejar la Diócesis de Rockford porque he llegado a la conclusión de que los cambios promulgados por el Vaticano II no son compatibles con el Catolicismo Romano.

Nadie niega que el Vaticano II haya impuesto amplios y profundos cambios en la Iglesia Católica. Pero los cambios o son accidentales o substanciales. Si los cambios impuestos por el Vaticano II fuesen meramente accidentales, no existiría justificación para oponerse a ellos, aun si estos fuesen considerados de mal gusto. Pero si estos cambios fuesen substanciales, entonces los cambios del Concilio Vaticano II representan nada menos que el establecimiento de una nueva religión la cual difiere esencialmente del Catolicismo Romano. En tal caso habría obligación en todo católico, y en especial en los Sacerdotes, de resistirse a estos cambios y luchar por eliminarlos de las instituciones Católicas y de sus iglesias, igual que en el pasado  los católicos lucharon para erradicar el arrianismo, el nestorianismo, el protestantismo y muchas  otras herejías que pugnaron por apoderarse de la Iglesia Católica Romana.

Durante muchos años he estudiado las diferencias entre el Catolicismo anterior al Vaticano II y la religión posterior a él. Estas diferencias me han parecido muy profundas. Pero en todos los casos  me esforcé como mejor pude por conceder el beneficio de la duda a aquéllos que respaldaban esos cambios. En muchos casos me sentí inclinado a negarlos, esto es, a cerrar los ojos ante los hechos que en mi corazón sabía  que eran verdaderos, pero que no  podía demostrar su verdad.

De antemano diré, que nadie puede negar que  la Fe creída y practicada antes del Concilio Vaticano II era la Católica Romana, esto es, la Religión e Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, la cual creemos ser la verdadera Iglesia fuera de la cual no hay salvación. Por tanto, es necesario admitir, que para que la religión posterior al Vaticano II pueda ser calificada  como verdaderamente Católica Romana, tiene que  conformarse substancialmente en todo a la Fe y prácticas anteriores al Vaticano II. En otras palabras, para que podamos proclamar legítima y verdaderamente  que somos sacerdotes Católicos Romanos, es necesario que exista continuidad substancial entre la Fe anterior al Vaticano II y los cambios posteriores  al Vaticano II. Si la continuidad substancial ha sido interrumpida, entonces nosotros como sacerdotes habremos perdido nuestra unión con Nuestro Señor Jesucristo, con la Iglesia Católica Romana, con cada una de los legítimos pontífices que se sentaron en el trono de San Pedro, con los Santos del Cielo, y con los católicos que nos han precedido en la Fe. De otro  modo perdemos nuestro derecho proclamar la apostolicidad de la Iglesia, su unidad en la fe, su catolicidad, y su santidad. En realidad, sería muy difícil pensar en algo más falso, más absurdo, más innecesario, e incluso más peligroso, que el que un sacerdote proclamase ser Católico, y al mismo tiempo, sin embargo, hubiese perdido la continuidad con la Sagrada Tradición del Catolicismo Romano.

Por consiguiente, se hace necesario que se denuncie la discontinuidad entre el presente y el pasado, reclamación que a algunos parecerá descabellada, pero que para otros es algo profundamente arraigado  en su mente y en su corazón. Son muchas las  pruebas   que inducen  tomar esta postura. Se requeriría un libro de muchos volúmenes para hacer justicia a su exposición. Pero demostraré los argumentos en forma escueta, y al mismo tiempo invitaré a los interesados a investigar en libros, artículos, y sitios Web .

Reduciré las pruebas a los siguientes apartados:

  • Herejías contenidas en el Vaticano II
  • Herejías del Código de Derecho Canónico de 1983, y prácticas pecaminosas toleradas por el mismo;
  • Demostración de que la nueva misa de 1969 es falsa y constituye un acto de adoración no-Católico, al ser expresión litúrgica de las herejías del Vaticano II;
  • Heteropraxis de la religión del Vaticano II, esto es, confirmación de la naturaleza herética del Vaticano II por las observancias y prácticas comunes de la religión del Vaticano II, ya sean oficialmente sancionadas y practicadas por la jerarquía, o generalmente aprobadas de forma meramente tácita;
  • Alteración substancial de los sacramentos, que en muchos casos los hacen inválidos o dudosamente válidos;
  • Herejías públicamente profesadas por Benedicto XVI;
  • Desaparición de las cuatro notas de la Iglesia Católica en la nueva religión del Vaticano II.
  • Luego haré un resumen señalando que, respecto de los tres elementos esenciales de cualquier religión, es decir, doctrina, liturgia y disciplina, el Vaticano II y los cambios que le siguieron han efectuado un cambio substancial en la Fe Católica. En base a esto, llegaré a conclusiones lógicas, tanto especulativas como  prácticas.

Herejías del Vaticano II.

Existen cuatro principales herejías en este Concilio.

La primera es la referente al ecumenismo, tal como se halla en el documento  Unitatis Redintegratio que enseña que las religiones No-Católicas son medios de salvación. Esta doctrina herética fue más tarde enfatizada por Juan Pablo II en la Catechesi Tradendae. Tal documento es directamente contrario a la doctrina de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, que el Papa Pió IX llamó “ reconocido dogma Católico”. La idea y práctica del ecumenismo han sido condenadas por el Papa Pió IX en la encíclica Mortalium Animos de 1928.

La segunda herejía es la concerniente a la unidad de la Iglesia, que consiste básicamente en la afirmación de que la Iglesia de Cristo no se identifica exclusivamente con la Iglesia Católica, sino que meramente subsiste en ella. Esta doctrina herética se halla principalmente en Lumen Gentium, y su significado herético está confirmado por las declaraciones de Juan Pablo II y Benedicto XVI, y particularmente en el Código de Derecho Canónico de 1983, en la“declaración concerniente a la Iglesia y a la Comunión” de 1992 y en el Directorio Ecuménico. Es contraria a las enseñanzas de la Iglesia, principalmente las contenidas en Satis Cognitum del Papa León XIII, Mortalium Animos del Papa Pío XI, Mystici Corporis del Papa Pío XII, y en la condenación de la “Teoría de las ramas” hecha por el Santo Oficio bajo  Pío IX.

La tercera herejía es la concerniente a la Libertad Religiosa, contenida en el documento Dignitatis Humanae, el cual afirma casi palabra por palabra  la misma doctrina condenada por el Papa Pío VII en Post Tam Diuturnas, por el Papa Gregorio XVI en Mirari Vos, por el papa Pío IX en Quanta Cura, y por el Papa León XIII en Libertas Praestantissimum. La enseñanza del Concilio Vaticano II referente a la Libertad Religiosa también contradice la Realeza de Jesucristo en la sociedad tal cual como se expresa en Quas Primas del Papa Pío XI, así como la constante actitud y práctica de la Iglesia en lo concerniente a la sociedad civil.

La cuarta herejía es la de la colegialidad la cual altera la constitución monárquica de la Iglesia Católica, con que fue dotada por su Divino Fundador. La doctrina del Vaticano II, confirmada por el Código de Derecho Canónico de 1983, proclama que el sujeto (el posesor) de la suprema autoridad de la Iglesia es el colegio de obispos juntamente con el papa, lo cual es contrario a la doctrina definida por el Concilio de Florencia y por el Concilio Vaticano I.

Herejías del Código de Derecho Canónico de 1983,

y prácticas pecaminosas sancionadas por el mismo.

El Código de Derecho Canónico de 1983 contiene la herejía del Vaticano II respecto de  la unidad de la Iglesia, tal como se halla  en Lumen Gentium. También permite el sacrilegio contra el Santísimo Sacramento, por la aprobación de su recepción por no-católicos, lo cual es pecado mortal, y la communicatio in sacris con no-católicos, lo cual también es pecado mortal. Además, el Directorio Ecuménico de 1993 permite prácticas ecuménicas que siempre han sido tenidas  por la Iglesia como pecados mortales.

El Novus Ordo Missae (NOM).

La nueva misa de 1969 es falsa y constituye un acto de adoración no-católica, por cuanto es la expresión litúrgica de las herejías del Vaticano II;

Fue compuesta con el expreso propósito de hacer una liturgia ecuménica, para agradar a los  protestantes, despojándola de las verdades Católicas concernientes al sacerdocio, al Santo Sacrificio de la Misa, y a la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía;

Fue compuesta con la ayuda y aportaciones de seis ministros protestantes, lo cual demuestra el espíritu herético con el que fue concebida y formulada;

Sus autores sistemáticamente eliminaron de sus oraciones y enseñanzas, las doctrinas que fueran ofensivas a los herejes;

Enseña, por su simbolismo y gestos, herejías y errores respecto del Sacerdocio, el Santo Sacrificio de la Misa, y la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía;

Muy probablemente es inválida debido al defecto de intención que causa en el celebrante al hacer éste suya la alteración blasfema de las palabras de Cristo en la fórmula de la consagración.

El celebrante hace suya, por lo menos en la versión vernácula, la herejía Arriana de la cuarta oración eucarística, al decir a Dios Padre: “Tu sólo eres Dios”, sin ninguna referencia a las otras personas.

Heteropráxis

Heteropraxis de la religión del Vaticano II, esto es, la confirmación de la naturaleza herética del Vaticano II por la observancia general y las prácticas de la religión del Vaticano II, bien  practicadas y proclamadas por su jerarquía, bien  aprobadas generalmente en forma tácita. El Vaticano II en realidad insertó  en las instituciones de la Iglesia Católica una religión nueva y falsa que claramente aparece así en sus abominables practicas desde hace años.

Estas incluyen:

Pecados contra el primer mandamiento de la Ley de Dios en servicios ecuménicos de todo tipo;

Prácticas pastorales y litúrgicas que implícitamente perdonan los pecados de homosexualidad;

Aberraciones litúrgicas profanas y extravagantes, a veces permitiendo acceder a mujeres vestidas de forma indecente y/o ritos derivados del paganismo;

La destrucción del Sacramento del Matrimonio mediante la indiscriminada concesión, con falsas razones de anulaciones;

La implícita, o a veces explícita, aprobación de métodos artificiales de control de natalidad;

El reinado de la herejía en seminarios, universidades y escuelas parroquiales católicas;

Alteración substancial del sacramento de la Extrema Unción dispensándolo a quienes no están próximos a la muerte;

Práctica de la comunión en la mano, con el resultado de que muchas veces lo que se supone es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo sea tratado de una forma gravemente sacrílega.

Los sacramentos, al haber  sido alterados substancialmente, en muchos casos son inválidos o dudosamente válidos. La consagración Episcopal es inválida en el rito latino por haberse introducido el rito de ordenación de obispos de 1968. A pesar de que proclaman utilizar una formula proveniente de los ritos orientales, en realidad,  de estos ritos no toman la forma esencial de la consagración episcopal, sino la ceremonia de la entronización de los patriarcas, los cuales  ya habían sido consagrados con anterioridad. El rito de consagración de 1986 falla por no mencionar la gracia de la dignidad episcopal como plenitud del sacerdocio.

No hay necesidad de mencionar la enormidad de este problema, porque desde 1986 el episcopado del rito latino, al ser los obispos inválidamente consagrados, ha desaparecido  gradualmente, con lo que ha resultado  la invalidez de las ordenaciones de los sacerdotes ordenados por ellos. Al margen de cualquier otra consideración del Vaticano II y sus efectos, esto es con mucho lo peor. Consiguientemente se ha invalidado cualquier otro sacramento a excepción del Bautismo y del Matrimonio.

Además, la validez de la Misa ha sido comprometida por la intención del rito, tal como se expresa en la Instrucción General. En este documento, las palabras de la consagración,   anteriormente separadas formalmente del resto del texto y en letras grandes, son actualmente pronunciadas como una institución narrativa. Si un Sacerdote, aun válidamente ordenado, pronuncia estas palabras meramente como una institución narrativa, no consagra, al faltar  la adecuada intención de consagrar el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. De hecho, estas mismas palabras “Relato de la  Institución“, en referencia a las sagradas palabras del sacerdote “Este es mi cuerpo“, que efectúan la transubstanciación, constituyen una prueba positiva del carácter protestante de la Nueva Misa.

La validez de la consagración del vino se hace dudosa por la falsa traducción de pro multis  en por todos. quien tenga el conocimiento básico del griego original sabe que esta es una traducción incorrecta de las sacratísimas  palabras, en realidad una distorsión sacrílega, de Nuestro Señor Jesucristo. Debido a que estas palabras son requeridas para la validez, la consagración del vino en la nueva Misa resulta dudosa, porque la incorrecta traducción podría constituir una alteración substancial de la forma esencial.

En realidad, la religión del Vaticano II, ha abandonado la idea de la necesidad de la materia y la forma, por lo que Juan Pablo II aprobó como válidas las “Misas” de la Iglesia Asiria, secta cismática que desciende de los Nestorianos, en la que las “Misas” no contienen las palabras de la consagración. Semejante aprobación abandona la práctica y enseñanza universal de la Iglesia concerniente a la validez de los sacramentos, y por lo tanto es herética.

Otras alteraciones han puesto en duda los Sacramentos de la Extrema Unción, Confirmación, y Ordenes Sacerdotales.

Herejías que son públicamente profesadas por Benedicto XVI

 y otros miembros de la jerarquía del Vaticano II.

  • Benedicto XVI enseña entre otras, las siguientes herejías:
  • Que el ecumenismo no busca que alguien de otra religión se convierta a la religión Católica.
  • Que la espera mesiánica judía no es vana.
  • Que existen buenas y perfectas razones para decir que el Viejo Testamento no se refiere a Nuestro Señor Jesucristo.
  • Pone en duda el dogma de la supremacía de la jurisdicción del Romano Pontífice.
  • De hecho, reconoce a obispos cismáticos como “pastores de la Iglesia”
  • Por esperar, no que las sectas protestantes desaparezcan, sino que por el contrario “sean fortalecidas en sus confesiones y en sus realidades eclesiales.”
  • Por afirmar que la Iglesia Católica no tiene el derecho de absorber a otras iglesias, sino que, por el contrario, la “unidad básica — de iglesias que permaneciendo iglesias distintas , serían sin embargo la Iglesia – debe remplazar la idea de conversión”.
  • Que existe “La presencia salvadora de Nuestro Señor en la “Cena del Señor” Evangélica (Protestante).
  • Que el protestantismo no es una herejía.
  • Que la “validez de la liturgia no depende principalmente de palabras específicas, sino de la comunidad de la Iglesia…”
  • Que el bautismo de niños es una practica cuestionable.
  • Que la historia bíblica de la creación en parte está basada en relatos paganos.
  • Que el Corán, el cual explícitamente niega la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo y habla de las mujeres como de ganado, es un libro sagrado de una gran religión que debe ser respetada.
  • Que existe algo así como “santos paganos”.
  • Que las religiones no-Católicas son medios de salvación.
  • Que el término “pecado original” es engañoso e impreciso.
  • Que la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo existe fuera de los límites de la Iglesia Católica.
  • Que la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo está dividida.
  • Que la unidad de la Iglesia aún se encuentra en proceso de formación.
  • Que es importante que cada uno pertenezca a la religión que le plazca.
  • Que no habrá resurrección de los cuerpos después de la muerte.
  • Se adhirie a la doctrina de Lutero sobre la empanación o consubstanciación.

Esta lista podría alargarse, pero el espacio no nos permite extendernos. (Si alguien desea comprobar  referencias y citas sobre las que se apoyan estas acusaciones de herejía, las puede obtener solicitándomelas).

Desaparición de la cuatro notas de la Iglesia

Las cuatro notas de la Iglesia Católica no se encuentran en la nueva religión del Vaticano II.

Las cuatro notas de la Iglesia, recitadas en el Credo de Nicea, son las características esenciales de la verdadera Iglesia de Cristo, por las cuales se distingue de las sectas falsas. Pero estas cuatro notas — Una, Santa, Católica y Apostólica – faltan en la religión del Vaticano II.

La nueva religión no es SANTA por (1) su pública profesión y promulgación de herejías  respecto de la  Fe y la moral; (2) por sus falsas y perversas disciplinas; (3)por  los graves pecados contra el primer mandamiento que permite y promueve en  nombre del ecumenismo.

La nueva religión no es UNA, porque la unidad de Fe ha sido completamente destruída en ella. Ha perdido la unidad en la Fe con la Iglesia de tiempos anteriores debido a que se ha separado de las doctrinas ancestrales. Además, ya no tiene unidad de Fe consigo misma. De hecho se permite toda aberración doctrinal. El único pecado doctrinal después del Vaticano II es que se profese la UNICA verdadera Fe Católica.

La nueva religión no es CATÓLICA, o Universal, ya que sin la unidad doctrinal, sin consistencia con el pasado, es imposible la Catolicidad. Catolicidad no es otra cosa que ser una, por ejemplo con una Fe, una disciplina, y una liturgia, en  todos los lugares y tiempos del mundo. Ya he mencionado de muy distintas maneras la ruptura con el pasado, así como el caos doctrinal, disciplinario y litúrgico que actualmente existe en la nueva religión. Por lo tanto, no existe ninguna marca de Catolicidad.

Finalmente no existe APOSTOLICIDAD. La religión del Vaticano II ha disuelto los lazos de unidad con los apóstoles en la doctrina, liturgia y disciplina. Ha roto la línea de sucesión apostólica por la inválida consagración de obispos. Ha alterado la Constitución Apostólica de la Iglesia Católica por la alteración de la noción y papel del Pontificado Romano.

En resumen, la nueva religión no es nada más que una secta no-Católica, una más de las muchas que han nacido en los últimos dos mil años en un intento en alterar la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.

Por esta razón, después de mucha oración y reflexión, he decidido dejar esta religión la cual es ajena a la Fe Católica tal como ha sido siempre conocida y practicada, y apreciada por mis antepasados Católicos. Yo quiero morir en la misma Fe en la que ellos murieron, y no en el modernismo. Yo quiero ser un verdadero sacerdote Católico, y decir una Misa válida y Católica, la cual durante siglos santificó a las almas de manera muy eficaz, y construyó la Iglesia en una estructura magnífica como lo era en 1958, cuando falleció el Papa Pió XII.

Desde el fatídico día de su fallecimiento, la Iglesia Católica ha caído en una espiral de declive, inmoralidad, y destino perverso. Ha sido reducida, miserablemente, a un pequeño número de fieles que han abordado la tarea de resistir a la masacre del modernismo, condenado con tanta fuerza por San Pío X. Que Dios me de la gracia de vivir en la Verdad y en un Sacrosanto Sacerdocio, y morir en la Sagrada Fe de nuestros antepasados.

— Rvdo. P. Michael Oswalt; original del texto en CMRI; tomado de Amor a la Verdad

Lógica general 11/19. Del juicio y de la proposición. Del juicio.

Del juicio y de la proposición

El juicio puede considerarse, o como acto puramente interno del entendimiento, o en cuanto se manifiesta por medio de palabras, y bajo este último punto de vista se llama proposición. Trataremos, pues, en este capítulo: 1º del juicio en sí mismo: 2º de la proposición: 3º de las propiedades de ésta.

 

Artículo I. Del juicio.

1º Juicio es el acto del entendimiento mediante el cual afirma o niega una cosa de otra. De aquí se deduce que para el juicio son necesarias tres cosas: 1ª los términos o [75] conceptos que deben ser comparados por el entendimiento: 2ª su comparación: 3ª la afirmación o negación del uno con respecto al otro. Ésta última constituye propiamente el juicio; pues mientras no hay afirmación o negación, no hay juicio propiamente dicho. Los Escolásticos y santo Tomás suelen denominar al juicio composición y división.

2º Infiérese de lo dicho que el juicio envuelve en su concepto un acto positivo del entendimiento, distinto de otros actos del mismo. Se debe en consecuencia rechazar la opinión de los que dicen que el juicio no es un acto propio y peculiar del entendimiento, distinto de la simple percepción. Una cosa es percibir simplemente la relación entre dos cosas, y otra afirmar o negar una cosa de otra.

3º La rectitud, a lo menos subjetiva del juicio, depende de esta regla fundamental: «La afirmación o negación de la identidad de los extremos debe estar en armonía con la naturaleza y modo con que es percibida por el entendimiento.» Es decir, que si la percepción va acompañada de evidencia, el juicio quoad nos será cierto; si falta la evidencia, resultará juicio probable solamente.

Las reglas que suelen darse sobre la rectitud del juicio, no son más que aplicaciones de esta regla fundamental.

4ª El juicio es el acto más característico y más importante del entendimiento en orden a la adquisición de la verdad. La simple percepción se ordena y tiende al juicio: el discurso o raciocinio, a su vez, no es en el fondo más que un conjunto de juicios. Por otra parte la verdad tiene tan íntima conexión con el juicio, que cuando va acompañada de evidencia inmediata, como sucede en los primeros principios, el entendimiento no puede suspender la afirmación o negación interna. Añádase a esto que la verdad y el error acompañan inseparablemente al juicio, al paso que la simple percepción puede existir sin ellos.

Corolario

Luego es absurda e insostenible la opinión de Descartes, Mallebranche y los Lugdunenses, cuando afirman que el juicio [76] es acto de la voluntad. Conocer la verdad es propio del entendimiento y no de la voluntad, y el juicio es precisamente el acto del entendimiento que tiene relación más inmediata e íntima con la verdad.

SOBRE LA VIRGINIDAD: 7. MALES ACARREADOS POR LA DISIPACIÓN DE ESPÍRITU

VII. MALES ACARREADOS POR LA DISIPACIÓN DE ESPÍRITU

Creo que cuanto llevamos dicho adquirirá mayor luz si lo aclaramos con un ejemplo.

Supongamos, pues, el agua que corre desde su manantial y se separa, como suele acontecer,

en diversas avenidas y regatillos a lo largo del trayecto. Ciertamente que, mientras así corra, no ha de ser útil para nada de cuanto contribuye a la agricultura; la distribución del caudal en muchas direcciones hace que la corriente en cada uno de los regatillos sea insignificante y que casi no se mueva, dada su impotencia. Mas si alguno junta todas las avenidas que van dispersas y las encierra dentro de un cauce, podrá emplear una mayor cantidad de agua reunida para satisfacer a las diversas necesidades y utilidades de la vida.

Del mismo modo me parece a mí que, si el pensamiento del hombre se derrama continuamente al exterior, fluyendo y disipándose sin cesar hacia las cosas que ilusionan los

sentidos, no tendrá la fuerza suficiente para hacer el recorrido hasta donde está el verdadero bien; pero si se recoge de todas partes para encerrarse dentro de sí mismo y es conducido sin derramarse a una parte y otra, hacia el trabajo que le es propio, moviéndose según la inclinación de su naturaleza, entonces no encontrará impedimento alguno para levantarse hacia lo alto y alcanzar la verdad de las cosas que en realidad existen.

Así como una gran masa de agua encajonada y encerrada en un canal, al sentir la opresión de una fuerza externa, sube hacia arriba, por no poder expansionarse hacia los lados, a pesar de que su movimiento natural sea hacia lo más bajo, así también el pensamiento del hombre, como encerrado en un estrecho cauce, sintiendo por todas partes la presión de la fuerza que le rodea, se levanta por su mismo movimiento natural al deseo de las cosas elevadas, no encontrando por donde derramarse al exterior. No puede estar el alma nunca en reposo, sino que se halla siempre en agitación, pues ha recibido de su Creador esta naturaleza.

Ni puede dudarse que, si se le prohibe dirigirse en su movimiento hacia las cosas vanas, se lanzará en línea recta hacia la verdad, apartada de todos los absurdos que la circundan.

Vemos con frecuencia en los viajes que los viandantes no se apartan ni una pulgada del verdadero camino, máxime si, instruidos por equivocaciones pasadas, están de sobreaviso

para no errar. Como quien al hacer un viaje, cuanto más se apartare de los atajos desviados e inciertos, tanto más se conservará dentro del verdadero camino, así nuestra alma, si da la espalda a las vanidades del mundo, llegará a penetrar la verdad de las cosas que en realidad

existen. El recuerdo de aquellos excelsos profetas parece nos quiere dar a entender que de ningún modo nos enredemos con los placeres, que tanto se anhelan en el mundo; y entre éstos se encuentra el matrimonio, que es la semilla principal y el principio de todos los vanos deseos.

DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY? y 7 de 7

DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY? y 7 de 7


LOS ARTÍCULOS FUNDAMENTALES EXIGEN FE EXPLÍCITA

La ignorancia o distracción impidió e impide a muchos católicos perci­bir herejía donde no se niega explícitamente un artículo del Credo. Ahora bien, el pelagianismo, que pone en jaque todo el orden sobrenatural, es una herejía contra la Gracia de Dios y no niega explícitamente ningún ar­tículo del Credo. Y el lefebvrismo según el cual «la Iglesia Católica Oficial ha fallado y debe corregirse», es una herejía contra la colocación y con­creción terrena de la Iglesia Católica, contra su misma naturaleza, y con­tra el Poder, la Comunicatividad, y la Fidelidad de Cristo.

Un teólogo francés anónimo, en una obra de referencia católica presti­giosa, tiene palabras muy esclarecedoras acerca de cuáles pueden lla­marse artículos fundamentales de la Fe Católica. Haremos nuestras sus palabras.

En la teología católica se llaman fundamentales los artículos de fe que todo cristiano está obligado a conocer, creer y profesar bajo pena de condenación al punto que la ignorancia o duda al respecto lo descalifica como cristiano y como alma encaminada a salvarse. Llámanse en cambio no fundamentales los artículos que un cristiano puede ignorar sin riesgo para su salvación, siempre y cuando su ignorancia no sea afectada. Desde el mo­mento en que la ignorancia es involuntaria, se presume que un fiel sometido a la Iglesia Católica cree implícitamente las mismas verdades que ignora, por dispuesto a creerlas si la Iglesia Católi­ca se las propusiera.( 1 Encyclopédie théologique ou série de dictionnaires sur toutes les parties de la science religieuse. París, 1850. Publicada por el Padre Migne, Editor de la Biblio­teca Universal del Clero. Volumen XXXIV. Dictionnaire de Théologie dogmatique. Tomo II. Entrada: «FONDAMEN TAL. Art/cies fondamentaux».)

En el protestantismo esta cuestión es tomada mucho más a la ligera, y se decide si un artículo de fe es fundamental o no según se interprete su creencia y profesión como necesaria para salvarse, o totalmente superflua y apta para el rechazo impune.

La Iglesia Católica jamás permite negar o dudar uno solo de sus ar­tículos de fe una vez conocido. Afectar negarlo o ponerlo en duda es sa­lirse del camino de la salvación, de suerte que puede decirse que todos los artículos de fe son importantes y fundamentales. Porque no hay que confundir los artículos de fe que un fiel puede ignorar sin peligro por inca­pacitado de conocerlos, con los artículos que un fiel pueda negar o afectar ignorar, pudiendo instruirse al respecto. La ignorancia invencible no es un crimen; pero la ignorancia afectada y la resistencia a instruirse son un desprecio formal de la palabra de Dios.

Desde el momento en que un particular, o varios, negaron o pusieron en duda alguno de sus dogmas, la Iglesia Católica no examinó si ese dogma era o no fundamental: anatematizó a los innovadores y los arrancó de su seno, en lo cual no hizo sino seguir las lecciones y ejemplos de los Apóstoles.

—Pues bien: la Suprema Potestad Eclesiástica es un artículo funda­mental de la Fe. Quien tiene suficiente instrucción y suficientes datos para sospechar que este artículo fundamental está concretándose, tras el con­cilio, fuera de los nuevos jefes vaticanos, hace bien en atender a realidad tan grave, y si la conoce, propagarla.

ECUMENISMO DE DERECHA

La fidelidad católica actual pide extender el conocimiento y combate del Concilio Vaticano II al conocimiento y combate de los falsos títulos papales postconciliares y pro-conciliares: ellos son en quienes de manera primerísima y eminentísima el concilio mismo tiene origen, residencia, conservación, organización e impulso.

«El juez es lo justo animado y el príncipe es el guardián de lo justo», dice la Suma (S, Th.. ii-ii Q 58ª 1 ad 5 citando a Aristóteles (V Ethic.). Siendo un Papa el Supremo y Abso­luto juez y príncipe de la Iglesia Militante, es en ella lo Justo animado, así como el custodio de lo Justo, equivaliendo en ambos casos lo Justo al Depósito Inviolable de la Fe. A la inversa, los gobernantes vaticanos post-conciliares apóstatas, son Lo Injusto Animado, así como Los Custodios de Lo Injusto: el Destrozo Religioso Fundamental del Vaticano II, con sus espantosos brotes de falsedad y muerte en doctrina, liturgia, espirituali­dad, intelectualidad, cultura, vida, y existencia eternamente determinada.

Es una trágica herida estar en comunión con un jefe vaticano falso, destructor de almas, traidor a Cristo, a la Iglesia Católica, a la Fe, a la Salvación. La Sedelucencia es un magnífico rescate fundamental, y no un refinamiento optativo, una supererogación, una especie de consejo no universalmente obligatorio…

Nuestro Señor Jesucristo es el Principio generador y gubernamental divino e invisible de la Iglesia Católica. Un Papa comparte visiblemente la Principalidad gubernamental invisible de la Iglesia Católica tenida por Nuestro Señor. Un Pseudopapa, máxime si además es un Apóstata (co­mo no lo han sido los pseudopapas históricos), lejos de comunicar la Principalidad gubernamental de Nuestro Señor a la tierra, la ataca del modo más infame posible, y mucho peor que como la puedan atacar ja­más todos los herejes y conspiradores juntos sin un Pseudopapa posando como verdadero Papa; mucho peor, también, que como la pueda atacar toda la «iglesia» postconciliar sin la fuerza hegemónica y carismática del Pseudopapado puesto como Papado.

Atacar en apariencia el concilio y su obra respetando a quienes son la Principalidad del concilio y su duradera causa generadora, conservadora y potenciadora, es una triste forma de colaborar con el concilio.

Es fundamental la cuestión de si los que fueron causa eficiente del concilio fueron gobernadores fundamentales de la Iglesia Militante por encargo y delegación de su Fundador y Fundamento. Se comprende así, a la luz del pasaje anterior, la inconsistencia de postular una ecumenismo de derecha que reúna a integristas concordes en querer la Tradición pura pero discordes en la cuestión del papado postconciliar y todo lo mucho que de ella se desprende.

¿Cómo resuelve la cuestión papal y las que le están asociadas, el que no conoce la Sedelucencia en su argumentación o hasta ni siquiera en su existencia? Cualquier cosa que se afirme llamando Papas a los jefes del Estado del Vaticano y de la apostasía postcatólica, confrontada con el dogma de la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia docente y gober­nante, lleva a una cruel aporía (palabra griega que significa situación sin salida). ¿Cómo puede responder al punto doctrinario de la autoridad de la Iglesia quien combina nociones fragmentarias de tradición con ignorancia y brotes de errores? Solamente puede dar respuestas fallidas:

  • Cerrar los ojos a la anticatolicidad de la comunidad eclesial postcatólica, forzarle un carácter católico que no tiene, y unirse a ella.
  • Tomar al episcopado y clero postcatólica como meras «máquinas de dar sacramentos», y condicionar la autoridad papal de los jefes va­ticanos a la medida en que ordenan lo que es conforme a la Tradi­ción Católica, es, eso mismo, contrario a la Tradición Católica.

Fin de esta serie.

Patricio Shaw, en su obra Sedeluncia

LAS RESTANTES PARTES: 

Parte I  de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

Parte II de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

Parte III de  DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

Parte IV de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

Parte V de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

Parte VI de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

En el Oficio de este Domingo dominan completamente los sentimientos de esperanza y alegría que comunica al alma fiel la feliz noticia de la próxima llegada de Aquel que es su Salvador y Esposo. El Advenimiento interno, el que se opera en las almas, es el objeto casi exclusivo de las oraciones de la Iglesia en este dia: abramos, pues, nuestros corazones, preparemos nuestras lámparas y esperemos alegres la voz que se oirá en medio de la noche: ¡Gloria a Dios! ¡Paz a los hombres!

La Iglesia Romana celebra hoy la Estación en la Basílica de Sta. Cruz de Jerusalén. El Emperador Constantino depositó en esta venerable Iglesia una parte notable de la Vera Cruz, con el Rótulo que mandó fijar en ella Pilatos y que proclamaba la Realeza del Salvador de los hombres. Todavía se conservan allí estas preciosas reliquias; enriquecida con tan glorioso tesoro, la Liturgia Romana considera a esta Basílica de Sta. Cruz de Jerusalén como si fuera Jerusalén misma, como se puede observar por la alusiones que hace en las distintas Misas estacionales que allí celebran. En el lenguaje de la Sagrada Escritura y de la Iglesia, Jerusalén es el tipo del alma fiel; ésta es también la idea fundamental que ha presidido la composición del Oficio y de la Misa de este Domingo. Sentimos no poder desarrollar aquí todo este magnífico conjunto, contentándonos con abrir cuanto antes el libro del Profeta Isaías, para leer allí con la Iglesia el paso de donde saca hoy el motivo de sus esperanzas en el reino suave y pacífico del Mesías.

LECCION DEL PROFETA ISAIAS 
APARECE EL MESÍAS, ANIMADO DEL ESPÍRITU DE DIOS. SU JUSTICIA

Saldrá un tallo del tronco de Jesé y de su raíz se se elevará una flor. Sobre él reposará el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu de temor de Dios.

No juzgará por las apariencias, ni condenará sólo por lo que oye decir, sino que juzgará a los débiles en justicia, y defenderá con rectitud a los pobres de la tierra. Con la vara de su boca herirá al tirano y con el aliento de sus labios matará al malvado. El cíngulo de sus caderas será la justicia, y la fidelidad como un ceñidor sobre las mismas.

Habitará entonces el lobo junto al cordero y el leopardo se acostará junto al cabrito; juntos comerán el león y el toro y un niño pequeño los conducirá. El becerro y el oso pacerán juntos y sus crías estarán echadas en el mismo sitio. El león y el buey comerán paja; el niño que mama todavía, jugará junto a la cueva del áspid, y el recién destetado meterá su mano en la madriguera del basilisco. ¡Basta ya de males y destrucción en el santo Monte! Porque la tierra está llena del conocimiento del Señor, como el mar rebosante de agua.

En aquel día el tallo de la raíz de Jesé, que está puesto como estandarte para los pueblos, será buscado por las naciones y su sepulcro será glorioso, (/s., XI, 1-10.)

¡Cuánto que considerar en estas magníficas frases del Profeta! El Tallo, la Flor que sale de él; el Espíritu que reposa sobre esta flor; la paz y la seguridad restablecidas sobre la tierra; una fraternidad universal bajo el mando del Mesías. San Jerónimo, de quien la Iglesia toma hoy las palabras en las lecciones del segundo Nocturno, nos dice «que este tallo sin nudo alguno que sale de la rama de Jesé, es la Virgen María, y que la Flor es el Salvador mismo, quien dijo en el Cántico: Yo soy la flor de los campos y el lirio de los valles. Todos los siglos cristianos han celebrado con entusiasmo la gloria del Tallo maravilloso y de su Flor divina. Durante la Edad Media, el Arbol de Jesé extendía sus proféticas ramas por las portadas de nuestras catedrales, brillaba sobre sus vidrieras, y aparecía bordado en los tapices del santuario; la voz melodiosa de los sacerdotes entonaba a su vez el suave Responso compuesto por Fulberto de Chartres y puesto en canto gregoriano por el rey Roberto el Piadoso:

V. La rama de Jesé produjo un tallo y el tallo una flor; y sobre esta flor reposó el Espíritu divino. — La Virgen, Madre de Dios, es el tallo y su hijo la flor: y sobre esta flor reposó el Espíritu divino.

El piadoso S. Bernardo, al comentar este Responsorio, en su segunda Homilía sobre el Adviento, decía «El Hijo de la Virgen es la flor, flor blanca y escarlata, única entre millares, flor cuya vista regocija a los Angeles y cuyo aroma devuelve la vida a los muertos; Flor de los campos, como ella lo dice de sí misma, y no flor de jardín, porque la flor del campo vive por sí misma, sin ayuda del hombre, sin procedimientos de agricultura. De este modo el seno purísimo de la Virgen, como un campo de verdor eterno, produjo esta flor divina cuya belleza no se marchita y cuyo brillo no palidecerá nunca. ¡Oh Virgen, tallo sublime, cuán grande es tu altura! Llegas hasta el que está sentado sobre el Trono, hasta el Señor de la majestad. Y esto no me llama la atención; es que te apoyas en las profundas raíces de la humildad. ¡Oh planta celestial, la más hermosa y santa de todas! ¡Oh árbol verdadero de la vida, el único que ha sido digno de llevar el fruto de la salvación!» ¿Hablaremos también del Espíritu Santo y de sus dones, que si se derraman sobre el Mesías, es sólo para después venir sobre nosotros, que tenemos más necesidad de Sabiduría e Inteligencia, de Consejo y de Fortaleza, de Ciencia, de Piedad y de Temor de Dios? Roguemos con insistencia a este Espíritu divino, por cuya obra fué concebido y formado Jesús en el seno de María, y pidámosle que lo forme también en nuestros corazones. Oigamos también con alegría estos admirables relatos que nos hace el Profeta, de la felicidad, de la armonía, de la dulzura que reinan en la santa Montaña. Después de tanto tiempo el mundo ansiaba la paz: por fln llegó. El pecado había creado la división en todo, la gracia va a unirlo todo. Un tierno niño va a ser la garantía de la alianza universal. Los Profetas, lo anunciaron, lo declaró la Sibila, y aun en Roma, sepultada todavía en las sombras del Paganismo, el príncipe de los poetas latinos, haciéndose eco de las antiguas tradiciones, entonó el célebre canto en el que dice: «Va a abrirse la última era, la era predicha por la Sibila de Cumas; una nueva raza de hombres baja del cielo. Los rebaños no tendrán que temer del furor de los leones. Perecerá la serpiente y será destruida toda hierba venenosa.»

Ven, pues, oh Mesías, a restaurar la armonía primitiva; pero dígnate recordar que, sobre todo, esta armonía quedó destruida en el corazón del hombre; ven a curar este corazón, a tomar posesión de esta Jerusalén, objeto indigno de tu predilección. Durante mucho tiempo ha estado cautiva en Babilonia; sácala ya de la tierra extranjera. Reconstruye su templo; y que la gloria de este segundo templo sea mayor que la del primero, por el honor que tú le harás habitándole, no en imagen sino en persona. El Angel se lo dijo a María: El Señor Dios dará a tu hijo el trono de su padre David; y reinará por siempre en la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin. ¿Qué podemos hacer nosotros, oh Jesús, si no es decir como el discípulo amado al fln de su Profecía: ¡Amén! ¡Así sea! ¡Ven, Señor Jesús!?

M I S A

Comienza el Santo Sacrificio con un canto de triunfo dirigido a Jerusalén. Este canto expresa la alegría que se apoderará del corazón del hombre, cuando oiga la voz de su Dios. Ensalza la bondad del divino Pastor, para quien cada una de nuestras almas es una oveja querida, que El está dispuesto a alimentar con su misma carne.

INTROITO

Pueblo de Sión; he aquí que el Señor vendrá a salvar las gentes, y el Señor hará oír la gloria de su voz en la alegría de vuestro corazón. Salmo: Tú, que riges a Israel, atiende: tú que conduces a José como una oveja. — V. Gloria al Padre.

En la Colecta, el Sacerdote insiste en la pureza que debe reinar en nuestro corazón a la venida del Salvador.

ORACION

Oremos. Excita, Señor nuestros corazones a preparar los caminos de tu Unigénito: para que podamos servirte con nuestras almas purificadas con la venida de Aquel que contigo vive y reina…

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos: (XV, 4-13.)

Hermanos: Todo lo que se ha escrito, ha sido escrito para nuestra enseñanza: para que, por la paciencia y el consuelo de las escrituras, tengamos esperanza. Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os conceda la gracia de sentir todos lo mismo, según Jesucristo, para que, unánimes, glorifiquéis con una sola boca al Dios y al Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, sobrellevaos los unos a los otros, como también Cristo os sobrellevó, para gloria de Dios. Digo, pues, que Cristo Jesús fué hecho ministro de la Circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los Patriarcas, y para que los gentiles glorifiquen también a Dios por su misericordia, como está escrito: Por ello. Señor, te confesaré entre los gentiles y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Gentes todas, alabad al Señor; magnificadle, pueblos todos. Y de nuevo dice Isaías: Estará la raíz de Jesé y el que surgirá para regir las gentes: las gentes esperarán en El. El Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en la esperanza por la virtud del Espíritu Santo.

Tened, pues, paciencia, Cristianos; aumentad vuestra esperanza y gustaréis al Dios de paz. que va a venir a vosotros. Pero permaneced unidos de corazón los unos con los otros; porque ésa es la señal de los hijos de Dios. Nos dice el Profeta que el Mesías hará habitar juntos al lobo y al cordero; pues ahora el Apóstol nos lo muestra reuniendo en una sola familia al Gentil y al Judío. ¡Gloria sea a este Rey soberano, renuevo floreciente de la vara de Jesé y que nos ordena esperar en El! Otra vez la Iglesia nos advierte que va a aparecer en Jerusalén:

GRADUAL

De Slón, perfección de hermosura, vendrá manifiestamente Dios.—V. Reunid en torno de El a sus santos, los que hicieron con El pacto con sacrificios.

Aleluya, aleluya. — V. Me alegré con los que me decían: Iremos a la casa del Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del Evangelio según S. Mateo. (XI, 2-10.)

En aquel tiempo, habiendo oído Juan en la prisión las obras de Cristo, le envió dos de sus discípulos para decirle: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro? Y, respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y bienaventurado el que no se escandalizare de mí. E, idos ellos, comenzó Jesús a decir a las gentes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? Pero, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre muellemente vestido? He aquí, que los que visten muellemente, habitan en las casas de los reyes. Mas. ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? También os digo, y más que un profeta. Porque éste es de quien se ha escrito: He aquí que yo envío mi heraldo delante de tu faz, el cual preparará tu vía delante de ti.

Eres tú, oh Señor, el que debe venir, y no debemos esperar a otro. Estábamos ciegos, tú nos has iluminado; nuestros pasos eran vacilantes, tú los has asegurado; nos cubría la lepra del pecado, tú nos has curado; éramos sordos a tu voz, tú nos has devuelto el oído; estábamos muertos por el pecado, tú nos has levantado del sepulcro; finalmente, éramos pobres y abandonados, tú has venido a consolarnos. Tales han sido y tales serán los frutos de tu visita a nuestras almas, oh Jesús, visita silenciosa pero eficaz; visita de la que nada sabe la carne ni la sangre, pero que se realiza en un corazón movido por la gracia. Ven, pues, a mi, ¡oh Salvador! Ni tu humillación ni tu intimidad me han de servir de escándalo; porque tus operaciones en las almas demuestran palpablemente que son de un Dios. Si no las hubieses creado, tampoco podrías sanarlas.

Después del canto del Credo, cuando el Sacerdote ofrezca el Pan y el Vino, unios a la Iglesia que pide ser vivificada por el Huesped divino, a quien espera.

OFERTORIO

Vuelve a darnos vida, oh Dios, y tu pueblo se alegrará de ti: muéstranos tu misericordia, oh Señor, y danos tu salud.

SECRETA

Suplicárnoste, Señor, aceptes propicio los ruegos y las hostias de nuestra humildad: y, puesto que no podemos alegar ningún mérito propio, socórrenos con tu auxilio divino. Por Nuestro Señor.

Durante la Comunión, la Iglesia proclama todavía la dicha de Jerusalén. Su Dios viene a ella, y quiere tratarla como Esposa: prepárese, pues, al honor de esta visita, elevándose sobre todo lo que es inferior a este divino Esposo, que se digna bajar a ella.

COMUNION

Jerusalén, levántate, sube a lo alto, y contempla la alegría que te vendrá de tu Dios.

En la oración siguiente, la Iglesia explica en qué consiste esta elevación que debe procurar Jerusalén; en amar las cosas celestiales, de donde procede el Salvador y despreciar las terrenas, cuyo amor aparta de Dios.

POSCOMUNION

Saciados con este espiritual alimento, suplicárnoste humildemente, Señor, nos enseñes, por la participación de este Sacramento, a despreciar las cosas terrenas y a amar las celestiales. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Lógica general 10/19. De la recta percepción.

Artículo IV. De la recta percepción.

Leyes generales de la recta percepción

1º La condición primaria y fundamental para la recta percepción es que ésta se halle en relación con la cosa que se percibe. Si se trata de una naturaleza real o existente fuera de nosotros, entonces será recta su percepción si la percibimos según existe en sí misma. Si se trata de una cosa posible, la percepción será recta, si percibimos todos los atributos o caracteres que entran en su constitución.

2ª Es preciso fijar la atención en el objeto que se trata de percibir. Siendo la atención una especie de concentración de [69] las fuerzas intelectuales sobre el objeto, cuanto más intensa sea ésta concentración de fuerzas, más completo será el conocimiento del objeto. Para favorecer la intensidad de la atención, conviene: 1º apartarla de la consideración simultánea de otros objetos, según el apotegma pluribus intentus minor est ad singula sensus. 2º Procurar la tranquilidad de ánimo evitando las perturbaciones que acompañan a las sensaciones y pasiones vehementes. 3º Considerar las razones de importancia, honor utilidad, &c., que resultan del conocimiento del objeto.

3ª Cuando se trata de conocer un objeto por medio de la enseñanza de otros, conviene examinar y fijar bien el sentido de las palabras.

4ª Si se trata de un objeto compuesto o complejo, es preciso considerar sus partes en sí mismas primero, y después con relación al todo que de ellas resulta. Lo primero es necesario, porque la debilidad e imperfección de nuestro entendimiento impide que podamos conocer bien simultáneamente muchas cosas. La razón de la segunda parte de la regla es que si consideramos las partes cada una de por sí, sin considerar sus relaciones en el todo y con el todo, resultará una percepción inexacta e incompleta del objeto.

5ª La percepción intelectual o racional del objeto debe ser auxiliada por medio de las facultades que están en relación con la naturaleza del objeto. Así, por ejemplo, si se trata de objetos materiales, debe hacerse uso de los sentidos, como auxiliares propios de la percepción intelectual; si se trata de objetos artísticos o de poesía, convendrá hacer uso de la imaginación.

Leyes especiales para la recta percepción

Además de las leyes generales indicadas en el párrafo anterior, existen ciertos procedimientos lógicos o racionales que pueden considerarse como medios o leyes especiales [70] para conseguir la recta percepción de los objetos. Tales son la abstracción, la definición y la división.

1º La abstracción.

a) El conocimiento distinto y adecuado de un objeto requiere el conocimiento de sus principios y partes, conocimiento que se alcanza por medio de la abstracción, la cual consiste en percibir una cosa o realidad sin percibir al propio tiempo otra, con la cual se halla unida y hasta identificada en ocasiones.

En esta materia conviene tener presente dos cosas: 1ª Toda facultad cognoscente en el hombre es abstractiva por su misma naturaleza. Observamos este fenómeno hasta en la sensibilidad externa, que es la facultad más inferior del orden cognoscitivo. La vista, al percibir el color, no percibe la dureza, no obstante su unión íntima y real con aquel en la piedra o el metal. 2ª La abstracción no implica la separación ni siquiera la distinción real de los términos u objetos abstraídos; pues la observación psicológica nos enseña que podemos formar varios conceptos de un objeto idéntico en sí mismo, considerándolo bajo diferentes puntos de vista por medio de la abstracción, como sucede cuando consideramos o concebimos en el alma racional la simplicidad, la inteligencia, la inmortalidad, &c.

b) Por otra parte del origen, la abstracción puede dividirse en espontánea y refleja. La primera tiene su razón de ser en el mismo instinto o leyes de la naturaleza, como en el ejemplo citado de la vista que percibe el color y no la dureza en la piedra. La refleja o voluntaria, es la que realizamos en virtud de una idea preconcebida o de intención deliberada de considerar en el objeto estos o aquellos elementos o atributos, según un orden sucesivo y determinado.

c) Por parte del modo, la abstracción es o simple, o compuesta. La primera es la que se verifica por medio de las simple percepción. La segunda es la que va acompañada de un juicio acerca de la distinción de una cosa con respecto a otra que se encuentra en el mismo objeto. Si al concebir la razón humana juzgo al propio tiempo que se distingue [71] realmente de la voluntad con la cual se halla unida en el hombre, tendré una abstracción compuesta.

d) Por parte del objeto podemos señalar abstracción de la forma de la materia, abstracción del universal con respecto al particular, abstracción de un atributo de otro. La primera tiene lugar cuando consideramos la forma, bien sea sustancial, como la humanidad o el alma racional, bien sea accidental, como la ciencia, sin considerar el sujeto o persona que tiene la forma. La segunda se verifica cuando abstraemos un concepto universal de otro que lo es menos, como el concepto de sustancia con respecto al de animal. La tercera cuando concebimos un atributo sin concebir otros que se hallan en el mismo objeto, como cuando concebimos en Dios la simplicidad, la eternidad, la sabiduría, &c. Unas veces esta abstracción última tiene fundamento en la condición misma del objeto, como en el ejemplo citado de los atributos de Dios: otras veces el concepto abstraído incluye implícitamente el otro concepto del cual se abstrae, de manera que el fundamento de la abstracción más tiene de subjetivo que de objetivo. Así sucede con los conceptos de ente, uno, algo, &c.

2º La definición.

a) La definición se llama nominal, cuando sólo explica la significación o sentido de un término. Se llama real, cuando explica la naturaleza de la cosa significada por el nombre: Oratio explicans naturam rei per nomen significatae.

La nominal puede hacerse de tres modos; 1º por medio de la etimología del nombre: 2º señalando la significación común y general del nombre, como si se dice: Dios es un ser supremo, causa de todas las cosas: 3º fijando el sentido en que se toma una palabra cuando ésta tiene muchas acepciones.

b) La definición real se apellida esencial, si explica la naturaleza de la cosa por medio de sus principios esenciales o constitutivos: Oratio esplicans naturam rei per partes essentiales. Si estas partes esenciales son las físicas, como el cuerpo y el alma racional respecto del hombre, habrá definición esencial física: si son partes metafísicas o lógicas, [72] como la animalidad y la racionalidad, habrá definición esencial metafísica. Entre las partes físicas hay distinción real; entre las metafísicas, solo hay distinción de razón.

Cuando la definición de una cosa se da por medio de caracteres o atributos que no constituyen su esencia, se llama descriptiva, la cual se denomina accidental, si se hace por medio de accidentes comunes o contingentes; propia, si se hace por medio de las propiedades o atributos necesarios, como si se definiera al hombre, un animal capaz de ciencia, de admiración y de sociedad política. La definición descriptiva se llamará causal, si se verifica por medio de las causas eficientes o finales de la cosa definida, como si alguno define al hombre diciendo que es un ser destinado a conseguir en Dios el conocimiento de la verdad y la felicidad perfecta y sempiterna.

Las definiciones nominales por medio de las cuales se fija el sentido de las palabras, deben preceder a las cuestiones que se trata de resolver. La definición de la cosa, especialmente si es esencial, debe por el contrario hallarse al final de la cuestión, si ésta se resuelve analíticamente. Pero si la investigación se realiza según el método sintético, bien puede colocarse al principio de la controversia (1).

{(1) Bajo este punto de vista concreto, no estamos de acuerdo con Balmes cuando dice: «La definición perfecta ha de estar al fin de los tratados, pues que debiendo explicar la cosa, ha de ser el resultado de las investigaciones.» Filos. Elem., lib. 1º, cap. III. En ocasiones, y cuando se trata de enseñar a otros, puede ser hasta muy conveniente y natural, comenzar por la definición de las cosas.}

c) Las reglas principales de la buena definición son las siguientes:

1ª La definición debe ser más clara que la cosa definida. Siendo su objeto declarar y explicar la cosa, es consiguiente que deba ofrecer más claridad y distinción que la cosa definida. [73]

2ª Lo definido no debe entrar en la definición. En el caso contrario se faltaría a la primera regla, porque en realidad la definición no sería más clara que la cosa definida.

3ª La definición debe convenir a todo y a sólo el definido. La cosa significada por la definición se identifica con la cosa definida, y por consiguiente la definición no explicará la naturaleza propia del definido sino conviene a todo y a sólo el definido. Estas definiciones del hombre: sustancia viviente: animal racional adornado de virtud, son defectuosas; la primera porque no conviene a sólo el hombre; la segunda porque no conviene a todo hombre.

4ª Debe constar del género próximo y de la diferencia última. Esta regla, aunque aplicable en algún sentido a la definición descriptiva, en rigor sólo conviene a la esencial; porque el género y la diferencia son partes o predicados esenciales. El hombre es una sustancia racional: el hombre es un animal sensitivo. Estas definiciones pecan contra esta regla.

5ª La definición no debe ser redundante ni diminuta. Sería redundante esta definición del hombre: sustancia viviente, sensitiva y racional, puesto que la vida está incluida en la sensibilidad, y ésta en la racionalidad.

3º La división.

a) La distribución de un todo en sus partes es lo que entendemos por división. De aquí es que según las clases de todos son las especies de división. Ésta se dice actual cuando se divide un todo en sus partes actuales; y se apellida además física o metafísica, según que éstas partes actuales se distinguen entre sí con distinción real o con distinción de razón. Ejemplos: el hombre se divide en cuerpo y alma: se divide en animal y racional.

División potencial es la distribución de un todo universal en los inferiores contenidos debajo de él. La división accidental tiene lugar cuando o un sujeto se divide con relación a los accidentes que puede tener, o un accidente con relación a los sujetos en que se encuentra. Ejemplos: la sustancia se divide en espiritual y material: el hombre se divide en [74] blanco, bronceado y negro: lo blanco se divide en nieve, leche, papel, &c.

b) Reglas de la división.

1ª Lo dividido debe ser mayor que cada una de las partes en que se divide.

2ª El conjunto o colección de las partes debe ser igual al todo dividido.

3ª Una de las partes en que se divide el todo no debe incluir otra.

4ª La división debe estar en relación con el objeto de la misma. Si trato de señalar las partes esenciales de la naturaleza del hombre, bastará que lo divida en alma racional y cuerpo: pero si trato de dividirlo para enseñar la anatomía o la psicología, deberé llevar la división hasta las partes más pequeñas del cuerpo humano, o hasta las varias facultades y funciones vitales del mismo.

SOBRE LA VIRGINIDAD: 6. EJEMPLOS DE ELÍAS Y DE JUAN BAUTISTA EN ESTA MATERIA

VI. EJEMPLOS DE ELÍAS Y DE JUAN BAUTISTA EN ESTA MATERIA

Esta es la razón que me induce a tener como los mayores de los profetas a Elías y al que vino más tarde, con el espíritu y la fortaleza de Elías, aquel de quien se dijo que era el mayor entre los nacidos de mujer Y aunque en la historia de ambos se encuentran ciertos pasajes obscuros, sin embargo se comprueba claramente en uno y otro, con las enseñanzas de sus vidas, que quien ha de entregarse a la contemplación de las cosas invisibles debe apartarse del comercio humano, no sea que, arrastrado por los engaños que forjan los sentidos, sufra desviaciones o errores en el conocimiento de lo único que es bueno por su misma naturaleza.

Ambos desde su adolescencia abandonaron todo consorcio humano; y tanto por la desestima de la comida y bebida, necesarias por ley de naturaleza para el sustento, como por la vida retirada, preservaron sus oídos del estrépito mundano, defendieron sus ojos del error y redujeron al mínimo el sentido del gusto, hasta el punto de privarle de toda inclinación, saciando la necesidad imprescindible de alimentarse con la ayuda de cualquier cosa que se ofreciera a su paso. Apartados de las perturbaciones exteriores, se crearon una vida tranquila y serena, gracias a la cual subieron a tan gran altura en los carismas divinos, como nos lo recuerda la narración de sus hechos.

Elias, como ecónomo de la hacienda divina, tenía bajo su jurisdicción todas las abundancias celestiales, cerrando su mano a los pecadores y abriéndosela a los que por la penitencia volvían al buen camino. Nada consta en los Libros Sagrados sobre si S. Juan hizo estos prodigios ; pero aquel que penetra lo oculto dejó atestiguado que le había sido conferida una encomienda mayor que a ninguno de los restantes profetas.

Quizá se les concedieron tales prerrogativas por haber puesto en Dios todo su deseo, libre y puro de afecciones humanas; pues ni se distrajeron con el amor de los hijos, ni con el cuidado de la esposa, ni con otras semejantes preocupaciones humanas; ni siquiera anduvieron solícitos por la necesidad del alimento cuotidiano. Despreciando el lujo de los vestidos, se preparaban fácilmente lo imprescindible con lo que hallaban a mano: uno se cubría con pieles de cabra, el otro con pieles de camello. Ciertamente, a lo que juzgo, no hubieran llegado a tanta grandeza si el matrimonio los hubiera ablandado con los regalos del cuerpo.

Todas estas cosas no se proponen sin motivo a nuestra consideración, sino que, como dice el Apóstol, están escritas para nuestra enseñanza 1°, a fin de que dirijamos nuestras vidas según aquellos modelos. En consecuencia, ¿qué es lo que de esos ejemplos debemos aprender? El que teniendo presente la invitación de los varones santos, si alguno desea la unión con Dios, no ocupe su espíritu con los negocios de esta vida. Porque no es posible que el alma de quien se distrae con el cuidado de muchas cosas pueda entregarse a la contemplación y al anhelo de poseer a Dios.