SOBRE LA VIRGINIDAD: 11. CAMINO PARA LLEGAR AL CONOCIMIENTO DE LA BELLEZA Y LA LUZ DIVINAS.
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CAMINO PARA LLEGAR AL CONOCIMIENTO DE LA BELLEZA
Y LA LUZ DIVINAS
Los que únicamente consideran las cosas por de fuera y sin profundizar, cuando ven a un hombre o tropiezan con alguna cosa de las que aparecen al exterior, no se afanan por investigar más de lo que ven con los ojos. Al contemplar la forma física del cuerpo, piensan haber abarcado ya toda la constitución del hombre. Por el contrario, el que es por espíritu escrutador y avezado en las disciplinas científicas no se limita a considerar con los ojos la naturaleza de las cosas, no se contenta con lo tangible ni relega lo que no se ve al campo de lo que no existe, sino que indaga en general y en particular la esencia del alma y las cualidades que brotan del cuerpo. Por medio de la razón va distinguiendo cada una de ellas, y de nuevo las considera en su común confluencia y en su mutua armonía para formar la naturaleza del cuerpo estudiado.
Así se procede también en la investigación de lo bello. Una inteligencia menos perfecta, al contemplar algo que viene con apariencia de hermosura, cree que aquello es bello por su propia naturaleza, en cuanto que halaga sus sentidos con la experiencia del placer, y no se preocupa ya más de esto. Pero el que tiene limpios los ojos- del alma y puede penetrar estas cosas, prescindiendo de la materia que yace bajo la idea de lo bello, se sirve como de escalón de lo visto para subir a la contemplación de la belleza espiritual, por cuya participación todo lo demás es y se llama bello. Me parece difícil que, viviendo los hombres en tal embotamiento de espíritu, puedan discernir con la mente y distinguir entre la materia y la belleza, que la envuelve, y escudriñar la naturaleza de la hermosura en sí misma. Y si alguien quisiera investigar con diligencia la causa de nuestras apreciaciones equivocadas y malas, creo que no encontraría otra sino el que no tenemos acostumbrados los sentidos del espíritu al discernimiento de lo bello y de lo que no lo es.
Por eso los hombres, abandonando la búsqueda del bien verdadero, los unos se deslizaron hacia el amor carnal, los otros se hundieron con su ambición en la fría adquisición de las riquezas, otros pusieron su ideal en los honores, la gloria y el poderío. Ni faltan quienes ponen todo su afán en las artes y las ciencias; y los que son de nivel más bajo que éstos toman por criterio de lo bueno y lo malo al hambre y al estómago.
Los que, por el contrario, se han apartado de apreciaciones materiales y de apasionamientos por las cosas visibles, investigan la naturaleza de lo bello, que es simple, inmaterial y desposeído de toda figura; no yerran en la selección de las cosas deseables ni se dejan arrastrar por tales engaños hasta el punto de no ver lo deleznable del placer que producen y de no concebir un soberano desprecio por todas ellas.
Esta es, pues, la ruta que nos llevará al hallazgo de la belleza, menospreciando como vanas y efímeras cuantas hermosuras despiertan las concupiscencias de los hombres, todas esas cosas que se llaman bellas y que por lo mismo se reputan dignas de nuestra diligencia y aceptación. No dejamos que nuestra apetencia quede prendida de ellas: ni tampoco la encerremos dentro de nosotros mismos, teniéndola inerte e insatisfecha, sino que, purificándola de las concupiscencias rastreras, elevémosla hasta donde pueda llegar su capacidad perceptiva; en forma tal que el hombre no admire ni la hermosura del cielo, ni los fulgores de la luz, ni hermosura alguna visible, sino que por la belleza que acompaña a todas estas cosas sea arrastrado al anhelo de aquella belleza cuya gloria cantan los cielos y el firmamento y cuya noticia predica toda la creación. Pues, remontándose así el alma y menospreciando lo que abarca como muy inferior a lo que busca, podrá llegar a la contemplación de aquella majestad que se remonta por encima de los cielos.
Pero ¿cómo alcanzar lo sublime, si se tiene el corazón ocupado en lo rastrero? ¿Cómo volar hacia el cielo no estando dotado de alas celestiales o no hallándose elevado y sublimado con el trato de lo de allá arriba? ¿Quién es tan desconocedor de los misterios evangélicos, que ignore que no hay para el alma humana otro recurso, si quiere volar al cielo, sino el de asemejarse a aquella paloma cuyas alas deseaba para sí el santo profeta David? De esta forma acostumbra la Sagrada Escritura a llamar veladamente al Espíritu Santo, bien por hallarse esta ave exenta de hiel o bien por ser enemiga de la fetidez, como comentan los dedicados a estos estudios. Quien rehúye, por consiguiente, toda acidez y hedor de carne y se eleva sobre todas las cosas rastreras y terrenas, remontándose por encima de todo el mundo con las antedichas alas, ése hallará al que es digno de toda apetencia y se hará él mismo bello acercándose a la verdadera belleza, y, una vez llegado a ella, aparecerá brillante y esplendoroso por la participación de la luz verdadera.
Los frecuentes fuegos del cielo que se ven durante la noche, y a los que se llama estrellas fugaces, no son, según dicen los que esto estudian, sino aire, que por la fuerza de los vientos ha sido condensado en aquel lugar etéreo y que marca en el cielo su paso encendido por inflamarse en el éter. Pues así como este aire, que abraza toda la tierra, se hace luminoso por la fuerza del viento, transformando su naturaleza transparente en luminosa, de esta misma manera, el alma humana, al abandonar esta vida material y turbulenta, cuando, tomándose limpia por la fuerza del espíritu, se hace luminosa y queda transfundida por la verdadera pureza, gracias a ésta brilla también, y se llena de resplandores, y se hace luz según la promesa del Señor, que anunció que los justos habrían de brillar a semejanza del espejo, en el agua y en cualquiera otra materia que por su tersura es capaz de reflejar las imágenes. Pues al recibir cualquiera de estos objetos un rayo del sol, crea en sí mismo otro rayo, lo que no tendría lugar si la superficie pura y bruñida de aquel objeto estuviera inutilizada por alguna suciedad. De modo que o nosotros mismos nos elevaremos a lo alto y, abandonando las tinieblas terrenales, nos haremos luminosos, acercándonos a la verdadera luz de Cristo, o la luz verdadera que luce en las tinieblas descenderá hasta nosotros y nos haremos luz, como dice el Señor a sus discípulos 21, a no ser que la mancha de alguna maldad, extendida sobre nuestro corazón, destruya la gracia de nuestros resplandores.
Quizás este razonamiento sustentado en solos ejemplos nos ha conducido sin apenas percatamos a la resolución de que debemos transformarnos en lo más sublime. Y se ha demostrado no ser posible de otro modo la unión del alma con el Dios incorruptible si no se le asemeja y no se hace completamente pura mediante la incorrupción; de modo que se coloque como un espejo ante la santidad divina, para que mediante esta imagen se haga semejante a ella, y así, gracias a esta participación y reflejo del arquetipo de la belleza, adquiera su misma forma.
Si alguno sabe abandonar todas las cosas humanas, como los cuerpos, las riquezas, el ansia por las ciencias y las artes y todo cuanto se tiene por digno de estima en las costumbres y en las leyes (pues en estas cosas en que juzgan los sentidos es fácil errar sobre la belleza), ese tal sólo tendrá por amable y apetecible aquello que no tiene su belleza recibida de lo exterior o la tiene sólo en algún momento o por referencia a otras cosas, sino que es bello por sí mismo, en sí mismo y gracias a sí mismo, que ni empezó a serlo nunca ni dejará nunca de serlo, sino que permanece siempre del mismo modo, sin posibilidad de aumento o disminución y sin estar expuesto a nuevos cambios y formas.
Por mi parte me atrevo a asegurar que a quien purificare todas las facultades de su alma de imágenes viciosas se le manifestará aquel único hermoso por naturaleza y que es causa de toda belleza y toda bondad.
Del mismo modo que el ojo limpio de legañas contempla claramente las estrellas brillantes en las lejanías del cielo, así también en el alma exenta de incorrupción surge la facultad de contemplar aquella luz divina. La verdadera virginidad y la diligencia en procurar la incorrupción nos conducen a la posibilidad de contemplar a Dios.
Nadie hay tan ciego de entendimiento que no llegue a entender por si mismo cómo propia, primaria y únicamente se hallan en Dios la hermosura, la bondad y la pureza de todo cuanto existe. Esto quizás nadie lo ignora; sin embargo, es conveniente investigar, en cuanto sea posible, cuál sea el método y camino que nos conduzca a descubrir aquella belleza. Llenas están las Sagradas Escrituras de tales instrucciones; muchos son los varones santísimos que muestran su vida a manera de una antorcha para iluminar a los que caminan según Dios. Puédense, por tanto, recoger de los Libros inspirados muchos testimonios en ambos Testamentos, .y esto con gran abundancia, tanto en los profetas y en la ley como en las tradiciones evangélicas y apostólicas. He aquí las cosas que nosotros hemos podido comentar siguiendo las recomendaciones divinas.
SERMÓN DEL P. ALTAMIRA: IIIº DOMINGO DE ADVIENTO
SERMÓN DEL PADRE ALTAMIRA:
IIIº DOMINGO DE ADVIENTO
Resumen breve: Una mirada a los tiempos actuales desde la perspectiva de la segunda venida de Jesús. A lo que añade una crítica severa a la esperanza cuasi mesiánica que mons. Williamson pone en los lideres de USA y Rusia.
Lógica general 14/19. Del raciocinio y la argumentación. Del raciocinio.
Del raciocinio y la argumentación
Lo mismo que el juicio, el raciocinio puede ser considerado, o como acto interno del entendimiento, o en cuanto se manifiesta y sensibiliza por medio de palabras. Bajo este [86] último punto de vista se llama ordinariamente argumentación; bajo el primero, se llama raciocinio y también discurso, bien que muchas veces se toman estos nombres como sinónimos. Trataremos, pues, primero del raciocinio como acto interno del entendimiento, y después de la argumentación.
Artículo primero. Del raciocinio.
Considerando el raciocinio en sí mismo, diremos que,
1º Raciocinio es aquel acto del entendimiento mediante el cual de dos o más juicios deducimos otro que tiene conexión con ellos. Los dos o más juicios de los cuales se infiere otro, tomados colectivamente, se denominan antecedente, porque son anteriores en orden de naturaleza y de conocimiento al juicio deducido, el cual por lo mismo se llama consiguiente.
No debe, sin embargo, confundirse el consiguiente con la consecuencia. El primero es el juicio que se deduce de otros: la consecuencia es la ilación o enlace que dicho juicio tiene con los que le sirven de antecedente.
De aquí es que el consiguiente puede ser verdadero en sí mismo, y sin embargo ser falsa, o mejor dicho, ilegítima, la consecuencia en un raciocinio; así como también puede suceder que el consiguiente sea falso y la consecuencia legítima. Ejemplo de lo primero; algunos apóstoles fueron martirizados; es así que san Pedro es apóstol: luego san Pedro fue martirizado. El consiguiente es verdadero, pero la consecuencia es falsa o ilegítima; porque de que algunos apóstoles fuesen martirizados, no se infiere legítimamente que san Pedro lo fuera.
2º Así como el juicio, aunque presupone y envuelve la comparación de dos extremos, sin embargo en sí mismo es un acto simple del entendimiento, así también aunque el raciocinio envuelve pluralidad de juicios, sin embargo considerado formalmente, es decir, en cuanto envuelve la deducción de un juicio de otros, lo cual constituye el carácter distintivo [87] del raciocinio, es un acto simplicísimo del entendimiento. Esto no quita que los conocimientos que se adquieren por medio del raciocinio se denominen discursivos, y también científicos, por cuanto la ciencia es un conocimiento adquirido por medio de demostraciones, las cuales pertenecen al raciocinio.
3º El fundamento o principio en que estriba el raciocinio afirmativo es el siguiente: Quae sunt eadem uni tertio sunt eadem inter se. El principio del negativo es: Quorum unum est idem alicui tertio, et aliud non est idem, ea non sunt idem inter se. Así en este raciocinio: toda sustancia que piensa es espiritual; es así que el alma racional es una sustancia que piensa: luego es espiritual: en tanto se afirma en la conclusión la identidad o conveniencia de la espiritualidad y del alma, porque en las premisas se estableció la conveniencia de los dos con un tercero, o sea con la sustancia que piensa.
Hay otros dos primeros principios que sirven también de fundamento al raciocinio, a saber: Quod dicitur de omni, dicitur de quolibet sub eo contento. Quod negatur de omni, negatur de quolibet sub eo contento. Estos dos principios convienen en el fondo con los dos primeros, solo que los últimos no tienen aplicación a los raciocinios que constan de solos términos singulares.
4º Raciocinio afirmativo es aquel cuya conclusión es un juicio afirmativo; así como la conclusión negativa hace que el raciocinio lo sea también. Y téngase presente que la diferencia entre estos dos raciocinios más bien se refiere al objeto que no al mismo entendimiento; porque todo raciocinio, sea afirmativo o negativo, es un acto positivo del entendimiento.
S. ROBERTO BELARMINO: LA CUESTIÓN DEL PAPA HEREJE [1 de 4]
“Papa haereticus est depositus”? (el Papa hereje está depuesto) o “Papa haereticus non est depositus sed deponendus”? (el Papa hereje no está depuesto, sino que debe serlo)
That is the question
Esta es la cuestión esencial que divide a los católicos que queriendo ser coherentes con la fe divina rechazan el Concilio Vaticano II y el magisterio posterior.
De una parte los que afirman que el “papa” manifiestamente hereje está depuesto, ipso facto. De otra los que, igualmente comprobando las herejías manifiestas del “papa”, consideran que no hasta depuesto hasta que la Iglesia lo deponga. Dos conclusiones contrarias; las dos no pueden ser verdaderas en el mismo sentido. Una es verdadera y la otra falsa.
Ambas conclusiones usan argumentos contra la otra del mismo autor, San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, que ha sido quien más singularmente y con profusión ha escrito sobre la eventualidad de un “papa” hereje.
En el debate, hasta el presente, al menos en idioma español, frecuentemente se citan textos de San Roberto Belarmino, ora sesgados, ora que forman partes de opiniones de otros que él santo doctor usa para rebatirlas en sus escritos. Era necesario, pues, conocer los textos del Doctor traducidos al español- al menos los que afectan a este debate- para conocer de la fuente la verdadera doctrina de San Roberto Belarmino, que no puede ser otra que la de la misma Iglesia.
No está de más saber quiénes sostienen, en general, cada una de las dos posiciones
De una parte los que afirman que el papa hereje manifiesto no está depuesto, sino que debe serlo- por una declaración de cardenales, concilio, u otros actos en el porvenir-; principalmente: los conservadores ahora perplejos, la Fraternidad dirigida por Mons. Fellay, la Resistencia significada en torno a los Mons. Williamson, Faure, etc., y otros muchos sin adherencia alguna.
De la otra parte, es decir, los que sostienen que el “papa” manifiestamente hereje está depuesto, todos los que afirman que la sede de Pedro está vacante o usurpada, estén bajo la influencia, o en asociación, con algún obispo en concreto o no; y muchos otros más, que cada vez en mayor número advienen a esta conclusión..
Huelga decir que, dado que las dos proposiciones no pueden ser ciertas en el mismo sentido, las consecuencias para los que eligen el error son muy graves, tanto para ellos mismos, como para las almas sobre las que tienen influencia.
La posición de los editores de esta página – que no la opinión- no puede ser otra, como católicos, que la de la Iglesia; es decir, nos adscribimos a la doctrina de San Cipriano, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, y a tantos otros santos padres y doctores de la Iglesia, cuyo estupendo resumen nos ofrece San Roberto Belarmino, cuyos capítulos referidos al asunto les traemos en nuestro bello idioma. Nuestra posición es, pues, la misma que la de éste doctor de la Iglesia, San Roberto Belarmino.
Agradecemos al estupendo blog en Gloria y Majestad el esfuerzo de traducir y ofrecer estos textos al público de habla española; lugar de donde han sido tomados. Las notas al pie, son también del mismo sitio donde originalmente fue publicado este magnífico trabajo.
El conjunto de los escritos que le traemos, ocuparan 4 breves artículos, que, Dios mediante iremos publicando cada dos días.
El Papa hereje, por San Roberto Belarmino (I de IV)
Nota :Hasta donde sabemos, el famoso capítulo donde San Roberto trata las diferentes opiniones sobre la cuestión del Papa hereje no ha sido traducido al español, con lo cual buscamos, de esta manera, que los lectores de habla hispana tengan a su alcance este preciado material.
Existen pasajes más o menos largos de este capítulo, sobre todo en la reconocida obra de Xavier da Silveira y que fuera traducida a los principales idiomas (ver AQUI).
TERCERA CONTROVERSIA GENERAL
SOBRE EL ROMANO PONTIFICE
Libro II
Cap. XXX
Se resuelve el último argumento, y se trata la cuestión: si el Papa hereje puede ser depuesto[1].
Objeción décima. El Pontífice, en caso de herejía puede ser juzgado y depuesto por la Iglesia, como consta en la dist. 40, can. Si Papa; por lo tanto, el Pontífice está sujeto al juicio humano, al menos en algún caso.
Respondo: sobre este tema hay cinco opiniones.
La primera es de Alberto Pighi[2] donde afirma que el Papa no puede ser hereje; por lo tanto, no puede ser depuesto en ningún caso; la cual afirmación es probable, y puede ser defendida fácilmente, como luego mostraremos en su momento[3]. Sin embargo, como no es cierta, y la opinión común es la contraria, es preciso ver qué hay que responder si el Papa puede ser hereje.
La segunda opinión es, pues, que el Papa por lo mismo (eo ipso) que cae en herejía, incluso meramente interna, está fuera de la Iglesia y es depuesto por Dios, por lo cual puede ser juzgado por la Iglesia, es decir, ser declarado depuesto por derecho divino, si todavía rechaza ceder. Esta es la opinión de Juan de Torquemada[4], pero para mí no lo prueba. Pues la jurisdicción se da al Pontífice por Dios, pero con la intervención de los hombres, como es obvio ya que, por medio de los hombres, este hombre que antes no era Papa, comienza a ser Papa: por lo tanto, no es quitado por Dios sino por el hombre: pero el hereje oculto no puede ser juzgado por el hombre; ni él quiere dejar espontáneamente esa potestad. Agréguese que el fundamento de esta opinión es que los herejes ocultos están fuera de la Iglesia, lo que es falso y que prolijamente mostraremos en el lib. I de Eccl.
La tercera opinión está en el otro extremo, a saber, que el Papa ni está depuesto ni puede serlo por herejía ni oculta ni manifiesta[5]. Esta opinión nombra y rechaza Torquemada, en el lugar citado y, en efecto, es una opinión muy improbable. En primer lugar, que el Papa hereje pueda ser juzgado, está expreso en el can. Si Papa dist. 40 y en el 2 Sermón de Inocencio sobre la consagración del Pontífice. Y, lo que es más, en el Sínodo VIII, act. 7, se leen las actas del Concilio Romano bajo Adriano y en ellas se contenía que el Papa Honorio parecía haber sido anatematizado en forma justa ya que había sido encontrado culpable de herejía, por cuya única causa es lícito a los inferiores juzgar a los superiores[6]. Donde se debe notar que, aunque sea probable que Honorio no fue hereje y que el Papa Adriano II, engañado por los ejemplares falsificados del VI Sínodo, creyó erróneamente que Honorio fue hereje, sin embargo, no podemos negar que Adriano junto con el Concilio Romano e incluso todo el Sínodo VIII general creyó que el Romano Pontífice puede ser juzgado por causa de herejía. Además, la condición de la Iglesia sería muy lamentable si se viera obligada a reconocer como Pastor al lobo que manifiestamente está atacando[7].
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[1] Nota del Editor: Sobre el uso del término deposición son muy pertinentes las palabras de Da Silveira, op. cit., cap. V, donde dice:
“Se ha vuelto clásico en esta materia el uso del término “deposición” en un sentido diverso del actual. Son corrientes, por ejemplo, los aforismos “Papa haereticus est depositus” (el Papa hereje está depuesto) y “Papa haereticus non est depositus sed deponendus” (el Papa hereje no está depuesto, sino que debe serlo), los cuales expresan respectivamente las tesis de la pérdida automática del Papado y la pérdida después de la declaración (ver la explicación en Journet, L’ Eglise…, vol. I, p. 626).
Como es evidente, en ese contexto teológico, el término “deposición” no puede ser entendido en su sentido vulgar, pues así se caería en el conciliarismo, esto es, se admitiría que algún poder humano, normalmente el Concilio, podría destituir al Pontífice de su cargo.
En estos aforismos y en los autores ortodoxos que hablan de “deposición” en ese contexto teológico, la palabra indica apenas la pérdida del Papado (…) Creemos que en nuestros días sería conveniente eliminar el término “deposición” de los debates sobre el asunto, toda vez que en el terreno civil indica exclusivamente el acto por el cual alguien destituye a otro de un cargo. De esa forma, defenderíamos más cómodamente las tesis tradicionales contra el neoconciliarismo que hoy renace en torno nuestro”.
[2] Lib. IV, cap. 8, hierarch. Eccles.
[3] Nota del Blog: Ver Anexo I.
[4] Lib. IV, par. 2, cap. 20.
[5] Nota del editor: Da Silveira, op. cit. cap. IV, dice que de los 136 autores que pudo consultar, sólo encontró uno: D. Bouix (†1870).
[6] Nota del editor: No se sigue de aquí, como cándidamente creen algunos en la actualidad, que San Roberto dice que el Papa no pierde el Pontificado sino hasta después de la declaración, pues además de otros textos que se podrían alegar de entre sus obras, el resto del presente capítulo basta por sí solo para apreciar el pensamiento del Santo Doctor, que sería completamente ridículo y contradictorio si se aceptara semejante afirmación.
[7] Nota del editor: Se podría haber agregado otro argumento, y seguramente mucho más eficaz que estos dos, y es que el hereje manifiesto deja de ser miembro de la Iglesia, y por lo tanto deja de ser cabeza. Esta objeción ni siquiera viene a la mente de Bouix en su larga exposición sobre el tema.
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

En este domingo se aumenta todavía la alegría de la Iglesia. Continuamente suspira ella por el Señor; pero ahora siente que se aproxima y cree poder mitigar un poco la austeridad de este tiempo de penitencia, con la inocente alegría de las pompas litúrgicas. En primer lugar, este Domingo ha recibido el nombre de Gaudete por la primera palabra de su Introito; pero, además en él se observan también las prácticas características del cuarto Domingo de Cuaresma llamado Laetare. Se toca el Órgano en la Misa; los ornamentos son de color rosa;- el Diácono vuelve a tomar la dalmática, y el Subdiácono la túnica; en las Catedrales asiste el Obispo con la mitra preciosa. ¡Admirable condescendencia de la Iglesia que tan armónicamente sabe unir la seriedad de su doctrina con la graciosa poesía de las formas litúrgicas! Entremos en su espíritu y regocijémonos hoy a causa de la proximidad del Señor. Mañana, nuestros gemidos tomarán otra vez su vuelo; porque aunque no ha de tardar, no ha llegado todavía.
La Estación se celebra en San Pedro del Vaticano. Este sagrado templo que contiene el sepulcro del Príncipe de los Apóstoles, es el asilo universal del pueblo cristiano; es natural que sea testigo de las tristezas y de las alegrías de la Iglesia.
MAITINES
El Oficio nocturno comienza por un nuevo Invitatorio: el grito de la Iglesia es un grito de alegría; todos los días, hasta la Vigilia de Navidad, comienza sus Maitines por estas magníficas palabras:
El Señor está ya próximo: venid, adorémosle.
Tomemos ahora el libro del Profeta y leamos con la Santa Iglesia;
Del Profeta Isaías.
Confianza en Dios: El humilla a los soberbios
En aquel día, se cantará este cántico en la tierra de Judá:
Tenemos una ciudad fuerte, nos dará el Señor su ayuda por muralla y fortaleza. Abrid las puertas para que entre un pueblo justo que guarde fidelidad. Esperanza inquebrantable, tú nos conservarás la paz, porque en ti reina la confianza. Tened siempre confianza en el Señor; porque el Señor es un refugio eterno. Él ha destruido a los moradores de las alturas, ha echado por tierra la ciudad soberbia; la humilló hasta el suelo, la arrojó en el polvo, y fue pisoteada por los pies del pobre y del mendigo.
El justo espera el reinado de la justicia y permanece fiel a Dios
El sendero del justo está en línea recta; no se desvía de ella la senda que Tu abres al justo. En efecto, en la senda de tus juicios, hemos puesto, oh Señor, nuestra confianza; tu nombre y tu recuerdo son el deseo del alma.
Mi alma te deseó en la noche y te buscarán mis más íntimos suspiros. (ls„ XXVI, 1-9.)
¡Oh santa Iglesia Romana, nuestra ciudad fuerte!, hénos aquí reunidos en tus muros, alrededor del sepulcro de este pescador cuyas cenizas te amparan en la tierra, mientras que, con su doctrina inconmovible, te ilustra desde el cielo. Mas, si eres fuerte, lo eres por el Salvador que va a llegar. Él es tu muralla; porque Él es quien rodea a todos tus hijos con su misericordia; Él es la fortaleza invencible; gracias a Él, jamás los poderes infernales prevalecerán contra ti. Ensancha tus puertas, para que puedas acoger dentro de ti a todos los pueblos; pues eres maestra de la santidad y guardiana de la verdad. ¡Termine cuanto antes el antiguo error que se opone a la fe y difúndase la paz sobre todo tu rebaño! ¡Oh Santa Iglesia Romana! Tú has puesto para siempre la esperanza en el Señor; y El a su vez, fiel a su promesa, ha humillado delante de ti a las alturas de la soberbia y a las ciudades del orgullo. ¿Dónde están los Césares que creyeron haberte ahogado en tu propia sangre? ¿dónde los Emperadores que quisieron violentar la inviolable virginidad de tu fe? ¿dónde los sectarios que en cada siglo, por decirlo así, combatieron sucesivamente todos los artículos de tu doctrina? ¿dónde aquellos desagradecidos príncipes que se empeñaron en avasallarte, cuando fuiste tú quien los ensalzó? ¿dónde está el Imperio de la Media Luna que tantas veces se enfureció contra ti, y cuyas orgullosas conquistas, tú desarmada, rechazaste tan lejos? ¿dónde están los Reformadores que trataron de fundar un Cristianismo sin ti? ¿dónde estos modernos sofistas, a cuyos ojos no eras tú más que un impotente y apolillado fantasma? ¿dónde estarán, dentro de un siglo, esos reyes perseguidores de la Iglesia,. esos pueblos que buscan la libertad fuera de la Iglesia? Habrán pasado, como un torrente, en su fracaso; y tú, tú estarás siempre tranquila, siempre joven, siempre sin arrugas, ¡oh Santa Iglesia Romana! sentada sobre la roca inconmovible. Tu camino a través de los siglos habrá sido recto como el del justo; y siempre te volverás a hallar semejante a ti misma, como lo has sido durante diecinueve siglos, bajo el sol que, fuera de ti, sólo ilumina las vicisitudes humanas. ¿De dónde a ti esa solidez sino de Aquel que es la misma Verdad y la justicia? ¡Gloria sea a Él en ti! Todos los años te hace su visita; todos los años te renueva sus dones, para ayudarte a terminar tu peregrinación; hasta el fIn de los siglos vendrá igualmente a visitarte, a renovarte, no sólo por la virtud de aquella mirada con la que renovó a Pedro, sino llenándote de sí mismo, como llenó a la Virgen gloriosa, objeto de tus más dulces amores después del de tu Esposo. Contigo suplicamos, oh Madre nuestra, diciendo: ¡Ven, Señor Jesús! «Tu nombre y tu recuerdo son el ansia de nuestras almas; en la noche te desean ellas y te buscan nuestros más íntimos suspiros.»
M I S A
Mientras todo el pueblo está atento, la voz de los cantores entona la melodía gregoriana, y se oye el eco de estas consoladoras palabras del Apóstol:
INTROITO
Alegraos siempre en el Señor. Otra vez os lo digo: alegraos. Que vuestra dicha sea conocida de todos los hombres; porque el Señor está cerca. No os preocupéis por nada. Al contrario, en todas vuestras oraciones presentad a Dios vuestras peticiones. Salmo. Bendijiste, Señor, tu tierra; destruiste el cautiverio de Jacob. — V. Gloria al Padre.
La Iglesia pide, en la Colecta, la gracia de la visita que trae consigo la luz y disipa las tinieblas. Las tinieblas hacen temblar al alma; por el. contrario, la luz asegura y regocija al corazón.
ORACION
Oremos. Dígnate, Señor, escuchar nuestras súplicas, y disipa las tinieblas de nuestro espíritu con la gracia de tu visita. Tú, que Vives y reinas.
EPÍSTOLA
Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Filipenses. (IV, 4-7.)
Hermanos: Alegraos siempre en el Señor. Otra vez os lo digo: alegraos. Que vuestra dicha sea conocida de todos los hombres: el Señor está cerca. no os preocupéis por nada. Al contrario, en todas vuestras oraciones y ruegos, presentad a Dios vuestras peticiones, acompañadas de hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo sentido, custodie vuestros corazones y vuestras inteligencias en Nuestro Señor Jesucristo.
En efecto, debemos alegrarnos en el Señor; el Profeta y el Apóstol están de acuerdo en avivar nuestras ansias del Salvador: uno y otro nos anuncian la paz. Estemos, pues, tranquilos: El Señor está cerca; está cerca de su Iglesia; está cerca de cada una de nuestras almas. ¿Será posible que estemos junto a un fuego tan ardiente y permanezcamos helados? ¿Es que no sentimos ya su venida, a través de todos los obstáculos que le oponían su excelsa dignidad, nuestra profunda miseria y nuestros numerosos pecados?
Mas El todo lo arrolla. Unos pasos más y estará entre nosotros. Salgárnosle al encuentro, por medio de estas oraciones, súplicas y acción de gracias de que nos habla el Apóstol. Dupliquemos nuestro fervor y celo, para unirnos a la Santa Iglesia, cuyos deseos van a dirigirse cada día más encendidos hacia Aquel que es su luz y su amor. Repitamos ahora con ella:
GRADUAL
Señor, tú, que te sientas sobre los querubines, excita tu potencia y ven. — V. Tú, que riges a Israel, atiende: tú, que conduces a José como una oveja.
Aleluya, aleluya. — V. Señor, excita tu potencia y ven, para hacernos salvos. Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan, (I, 19-28.)
En aquel tiempo los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, para que le preguntasen: Tú, ¿quien eres? Y confesó y no negó, antes declaró: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres Elias? y dijo: No soy. ¿Eres el Profeta? Y respondió: No. Dijéronle: ¿Quién eres, pues? Para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor como dijo el Profeta Isaías. Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos. Y preguntáronle y dijéronle: ¿Por qué. bautizas, pues, si no eres el Cristo, ni Elias, ni el Profeta? Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; pero en medio de vosotros está el que vosotros no conocéis. Este es el que vendrá detrás de mí, el que ha existido antes que yo y del cual no soy digno de desatar la correa del zapato.
Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde bautizaba Juan.
En medio de vosotros está el que vosotros no conocéis, dice San Juan Bautista a los enviados de los Judíos. Puede, por consiguiente, estar el Señor cerca; puede incluso haber venido, y no obstante eso, permanecer desconocido para muchos. Este Cordero divino es el consuelo del santo Precursor, quien considera un gran honor ser simplemente la Voz que invita a los hombres a preparar los caminos del Redentor. En esto es San Juan el símbolo de la Iglesia y de todas las almas que buscan a Jesucristo. Su gozo por la llegada del Esposo es completo; pero a su alrededor existen hombres para quienes este divino Salvador no significa nada. Pues bien, estamos ya en la tercera semana de este santo tiempo de Adviento; ¿están todos los corazones conmovidos por la gran noticia de la llegada del Mesías? Los que no quieren amarle como a Salvador, ¿le temen al menos como a Juez? ¿Han sido enderezados los caminos tortuosos? ¿piensan humillarse las colinas? ¿han sido atacadas seriamente la sensualidad y la concupiscencia en el corazón de los cristianos? El tiempo apremia: ¡El Señor está cerca! Si estas líneas cayeran bajo los ojos de quienes duermen, en vez de vigilar esperando al divino Infante, les conjuraríamos para que abriesen los ojos y no retardasen por más tiempo el hacerse dignos de una visita, que será para ellos un gran consuelo en el tiempo, y un refugio seguro contra los terrores del último día. ¡Oh Jesús! envíales tu gracia con mayor abundancia todavía; oblígales a entrar, para que no se diga del pueblo cristiano, lo que San Juan decía de la Sinagoga: En medio de vosotros está el que vosotros no conocéis.
Durante el ofertorio, podemos unirnos al deseo de la Iglesia, pidiendo con ella al fln de la cautividad en la que nos retienen nuestros pecados, y la llegada del Salvador.
OFERTORIO
Bendijiste, Señor, tu tierra, destruíste el cautiverio de Jacob, perdonaste la iniquidad de tu pueblo.
SECRETA
Haz, Señor, que te inmolemos siempre el sacrificio de nuestra devoción, el cual realice el fln sagrado para que fué instituido y obre a la vez maravillosamente en nosotros tu salud. Por Nuestro Señor.
Las palabras que canta la Iglesia durante la comunión están tomadas del Profeta Isaías; tratan de infundir confianza en el corazón del hombre débil y pecador. No temáis, pues ¡oh cristianos! es Dios quien viene; pero viene a salvar, a darse a su criatura.
COMUNION
Decid: Pusilánimes, confortaos y no temáis; he aquí que vuestro Dios vendrá y nos salvará. En la Oración siguiente, la santa Iglesia pide que la visita privada que le acaba de hacer su Esposo, la prepare para la otra más solemne que ha de realizarse en la fiesta de Navidad.
POSCOMUNION
Imploramos, Señor, tu clemencia, para que estos divinos alimentos, nos purguen de los vicios y nos preparen para las futuras fiestas. Por Nuestro Señor.
SOBRE LA VIRGINIDAD: 10. DIFICULTAD DE PERCIBIR LA BELLEZA INCREADA.
10. DIFICULTAD DE PERCIBIR LA BELLEZA INCREADA
¿Qué palabras bastarán para explicar la pérdida del que se ve privado de la verdadera belleza? ¿Qué ponderaciones emplearíamos para significarla? ¿Cómo podrá mostrarse o reducirse a compendio lo que no se puede expresar con palabras ni comprender con el entendimiento? Pues aun en el supuesto que alguno afinara la agudeza de su espíritu hasta llegar a intuir las maravillas que el Señor ha prometido en la bienaventuranza, tendría que confesar que no hay vocablo humano capaz de dar razón con exactitud de lo que había comprendido. Por otra parte, al que se halla encadenado por los afectos materiales y tiene obscurecida la mirada de su alma a causa de estar su inteligencia afectada por las pasiones como por una legaña, le resultará vana e inútil la fuerza de cualquier razonamiento. Pues por lo que hace a los insensibilizados, lo mismo da disminuir con palabras los milagros que engrandecerlos con ponderaciones.
Resulta inútil y ociosa cualquier explicación verbal sobre las radiaciones luminosas del sol al que no las ha contemplado desde su nacimiento, pues no hay posibilidad de percibir los fenómenos luminosos por los oídos. Así también la luz verdadera e intelectual tiene necesidad de ojos adecuados a fin de poder percibir aquella belleza. Y quien por especial gracia y providencia divina llega a contemplarla, siente su mente llena de estupor ante lo que no puede expresarse por palabras; el que, por el contrario, no logra verla, no cae en la cuenta del daño que envuelve su privación. Siendo esto así, ¿cómo se podrá explicar a éste un bien que escapa a su inteligencia? ¿Cómo poner ante su vista lo que resulta para él invisible?
No aprendimos los vocablos que están destinados a significar aquella belleza. No hay en las cosas existentes un ejemplo de esto que tratamos, y es difícil ilustrarlo con una comparación. ¿Quién comparará al sol con una chispilla insignificante o parangonará una pequeña gota de agua con la inmensidad de las profundidades marinas? Ninguna comparación puede establecerse entre la gotilla y los abismos ni entre la potencia luminosa del sol y la pequeña chispilla. En esta relación está todo lo que los hombres tienen por admirable respecto a aquella belleza que descuella sobre todo lo bello por antonomasia y excede a todo lo bueno.
Por consiguiente, ¿qué agudeza de ingenio será capaz de mostrar lo abrumador de este daño al que lo sufre? Me parece que expuso el gran profeta David esta dificultad con toda evidencia. Pues, al sentir elevada su mente por el impulso del Espíritu Santo, y estando arrebatado como fuera de sí, logró la perfecta contemplación de aquella indescifrable e incomprensible belleza (la vio en efecto, como en absoluto podría acontecer a cualquier mortal desnudo de los atuendos corporales, al adentrarse con sólo el pensamiento en la contemplación de los seres incorpóreos, únicamente perceptibles por la facultad intelectiva); pero al querer manifestar de manera digna algo de lo que había visto, sólo pronunció aquellas palabras que todos conocemos: Todo hombre es mentiroso; lo cual significa, según yo entiendo, que cualquier hombre que intente descubrir por medio de la palabra aquella luz inefable, por fuerza ha de resultar ] mentiroso, no porque odie la verdad, sino porque ha de hallarse impotente para declarar lo que tiene en la mente.
Los sentidos con solas sus fuerzas pueden admirar la hermosura que se percibe por las vías sensitivas, y que se nos ofrece aquí abajo durante nuestra vida mortal, ora en los seres inanimados, ora -en los cuerpos animados, puesto que en ambos se exterioriza con bellos colores; y aun pueden manifestarla y hacérsela participar a otros describiéndola por medio de la palabra, como si la presentasen pintada en un cuadro. Y es que la inteligencia no se siente en este caso incapaz para conocer la belleza del objeto que ha servido de ejemplar. Pero, en cambio, ¿cómo podrá la palabra humana poner ante los ojos aquello para cuya descripción no ha encontrado aún medio adecuado, o de lo que no puede declarar el color, ni la- figura, ni la magnitud, ni la perfección de la forma, ni otro algún detalle de este género? Porque ¿cómo habrá nadie que pretenda conocer, valiéndose sólo de las cosas sensibles, lo que no puede verse ni tiene forma material, lo que es ajeno a toda medida y se halla muy lejos de todas aquellas cosas que se perciben mediante los sentidos del cuerpo?
Aunque no por esto debemos desesperar de satisfacer nuestros deseos de tal conocimiento, por mucho que parezca superar nuestras inteligencias; sino, por el contrario, cuanto más sublime sea el concepto que buscamos, tanto más debemos elevar nuestra mente y remontarnos juntamente con la grandeza de lo deseado, para no vernos privados por completo de la participación de dicho bien.
Existe peligro no pequeño de que, al afirmar la imposibilidad de nuestra inteligencia para alcanzar su comprensión por ser demasiado sublime e inefable, perdamos completamente su conocimiento. Es, por tanto, necesario, supuesta nuestra debilidad, dirigir nuestra inteligencia de las cosas conocidas por los sentidos a las invisibles. Tal ha de ser nuestra contemplación.
Lógica general 13/19. Propiedades de las proposiciones.
Artículo III. Propiedades de las proposiciones.
De la comparación de las proposiciones resultan tres propiedades de las mismas, a saber: oposición, equivalencia, conversión.
1º Oposición.
a) Hay oposición entre dos proposiciones cuando afirman y niegan una misma cosa bajo el mismo punto de vista: affirmatio et negatio ejusdem de eodem secundum idem. Se dice secundum idem, o bajo el mismo punto de vista, porque aunque el sujeto y predicado sean sustancialmente los mismos, en las dos proposiciones, no resultará oposición rigurosa, si la identidad no es absoluta y perfecta. Así si digo: el etíope tiene el color negro: el etíope no tiene color negro en los dientes, no hay identidad perfecta de sujeto y predicado en las dos proposiciones, y desaparece en consecuencia la oposición contradictoria que resultaría en el caso contrario.
Para que haya, pues, verdadera oposición entre dos proposiciones, se requieren dos condiciones: 1ª que las dos tengan el mismo sujeto y el mismo predicado, sin perjuicio de la variación en cuanto a la cantidad: 2ª que una de las proposiciones sea afirmativa y la otra negativa. Faltando cualquiera de las dos condiciones desaparece la oposición propiamente dicha, como sucede en la que se apellida subalterna, la cual es imperfecta e impropia, como que sólo se refiere a la cantidad de la proposición.
b) Luego solo hay tres especies de oposición en las proposiciones, que son: 1º la contradictoria, que tiene lugar entre dos proposiciones, de las cuales una es universal y otra particular, una afirmativa y otra negativa con el mismo sujeto y predicado. Puede verificarse también entre dos proposiciones singulares. 2º La contraria, que tiene lugar entre dos universales, de las cuales una sea afirmativa y otra negativa. 3º La subcontraria, entre dos particulares, siendo [81] una afirmativa y otra negativa. Ejemplos: todo hombre es sabio: algún hombre no es sabio, son contradictorias. Todo hombre es sabio: ningún hombre es sabio, son contrarias. Algún hombre es sabio: algún hombre no es sabio, tienen oposición subcontraria. Para formarse idea más clara y ayudar la memoria, suelen representarse con la siguiente figura, que contiene también las subalternas.
| Todo hombre es prudente |
contraria | Ningún hombre es prudente |
| subalterna | contradictoria | subalterna |
| Algún hombre es prudente |
subcontraria |
Algún hombre no es prudente |
c) La verdad de estas proposiciones, en cuanto opuestas, se halla sujeta a ciertas reglas, que conviene tener presentes. Las contradictorias no pueden ser las dos verdaderas o falsas, sino que precisamente la una será verdadera y la otra falsa. La razón es obvia; porque la una afirma todo lo que niega la otra, inclusa la cantidad, y así si las dos fueran verdaderas o falsas perecería el principio de contradicción. Las contrarias nunca pueden ser ambas verdaderas, pero pueden ser ambas falsas, como sucede cuando son en materia contingente. La regla de las subcontrarias es que pueden ser las dos verdaderas, pero nunca pueden ser las dos falsas. [82]
2º La equivalencia.
Equivalencia de las proposiciones es la reducción de una proposición en cuanto al valor y sentido a su opuesta por medio de la negación. Las contradictorias se hacen equivalentes anteponiendo la negación al sujeto de una de ellas. Todo hombre es justo, es contradictoria de esta: algún hombre no es justo. Si antepongo la partícula no a la primera, diciendo: no todo hombre es justo, quedará reducida o identificada en cuanto al sentido con su anterior contradictoria, algún hombre no es justo.
Para la equivalencia de las contrarias, se necesita posponer la negación al sujeto, bien sea antes o después de la cópula, aunque el último modo es más explícito en castellano. Todo hombre es sabio: esta se hará equivalente a su contraria ningún hombre es sabio, diciendo: todo hombre no es sabio, o mejor en castellano para evitar ambigüedad: todo hombre es no sabio.
En las subalternas se verifica la equivalencia poniendo una negación antes y otra después del sujeto: todo hombre es sabio, si digo: no todo hombre no es sabio, equivale a la subalterna de la primera: algún hombre es sabio. Estas reglas se condensan y se retienen con el siguiente versículo que usaban los Escolásticos para auxiliar la memoria: Prae contradic: Post contra: Prae postque subalter (1).
{(1) Las subcontrarias no admiten equivalencia, porque si se antepone la negación se hace equivalente a la contradictoria, y si se pospone, resultará idéntica en los términos, y no equivalente a la otra subcontraria.}
3º La conversión.
Llámase conversión en las proposiciones la mutación del sujeto en predicado y de éste en aquél, conservando la verdad de la proposición. Ésta conversión puede hacerse de tres maneras: 1ª conservando la cantidad de la proposición: 2ª variando ésta cantidad, o sea haciéndola particular de [83] universal que era antes: 3ª conservando la cantidad, pero haciendo infinitos los extremos por medio de la negación que se les antepone. La 1ª se llama simple; la 2ª accidental; la 3ª por contraposición. Ejemplo de conversión simple: Ningún hombre es metal: ningún metal es hombre. Conversión accidental: Todo hombre es animal: algún animal es hombre. Conversión por contraposición. Todo hombre es animal: todo no animal es no hombre.
Ahora para saber cuál de estos modos de conversión conviene a cada proposición, se debe tener presente que la universal afirmativa se designa con la vocal A, la universal negativa por la E, la particular afirmativa por la i, y la particular negativa por la O, según aquellos versos: Asserit A, negat E, verum generaliter ambo-Asserit, negat O, sed particulariter ambo.
Esto supuesto, se indica con los siguientes versos la conversión que corresponde a cada una de dichas proposiciones: Feci simpliciter convertitur. Eva per accid. —Asto per contrap: sic fit conversio tota. Es decir, que la universal negativa y la particular afirmativa, designadas por la e y la i de Feci, admiten conversión simple, lo cual proporcionalmente se aplica a las conversiones y vocales indicadas en las demás palabras.
Escolio importante
Son muy numerosas, a la vez que peregrinas, las opiniones de los filósofos modernos acerca de la naturaleza del juicio. En su afán de innovaciones y en su deseo de aparecer originales o toda costa, los filósofos modernos han emitido las más extrañas opiniones sobre la materia. Descartes, Mallebranche y otros cartesianos afirman con toda gravedad que el juicio es un acto de la voluntad y no del entendimiento. Reid y la escuela escocesa por él representada, pretende que el juicio es anterior a la simple percepción. Contra esta opinión enseñó Gallupi que la simple percepción de los términos debe preceder necesariamente al juicio. Rosmini, [84] buscando un término medio entre Reid y Gallupi, enseñó: 1º que la simple percepción del ente, es anterior al juicio, en atención a que en su opinión, la idea del ente posible es innata en nosotros: 2º que con respecto a los demás objetos, la primera operación del entendimiento es el juicio, mediante el cual refiere las sensaciones a la idea innata del ente; y lo que es más aún, identifica y confunde con el juicio la simple percepción, al menos en orden a los cuerpos (1). Gioberti, por su parte, tampoco distingue el juicio de la percepción, y establece que el primer acto del entendimiento es la intuición del Ente, o la Idea,en la cual se contienen estos dos juicios: el Ente es: el Ente crea las existencias. Cousin pretende que los juicios espontáneos, mediante los cuales percibimos la existencia de los singulares, son independientes de toda comparación y anteriores a la simple percepción. Kant niega que el juicio sea percepción de la relación entre dos ideas, y supone que es el acto del entendimiento por medio del cual este reduce a la unidad de apercepción los elementos o representaciones sensibles por medio de las formas subjetivas del espacio y del tiempo; lo cual equivale a decir que el juicio es la percepción de los elementos sensibles en las formas subjetivas indicadas. Para Fichte el juicio es el único acto del entendimiento, y consiste en la acción creatriz del yo, por medio de la cual este se pone o afirma a sí mismo y todas las cosas.
{(1) Así es que define la percepción intelectual de los cuerpos «un jugement par lequel l’esprit affirme la subsistance de quelque chose perçue par les sens.» Nouv. Essai sur l’orig. des idèes, cap. 3º, art. XI.}
En presencia de estas opiniones y de otras que pudiéramos citar, pero que no nos es dado rebatir, atendida la naturaleza de esta obra, nos contentaremos con reasumir y condensar en los siguientes puntos la doctrina de santo Tomás, que es al mismo tiempo la de la filosofía cristiana, la del sentido común y la de la observación psicológica. [85]
1º La simple percepción del objeto o de las cosas, precede siempre en orden de naturaleza, al juicio relativo a las mismas; porque el juicio no puede existir sin la comparación de los dos extremos, de los cuales el uno se afirma o niega del otro: es así que nuestro entendimiento no puede comparar lo que no conoce de alguna manera perfecta o imperfecta. Luego repugna que haya juicio sin que preceda alguna simple percepción de los objetos a que se refiere.
2º El juicio, en cuanto significa una manifestación determinada y una función especial del entendimiento, consiste esencialmente en la afirmación y negación; pues no concebimos que el entendimiento juzga, sino en cuanto afirma o niega que una cosa es o no es.
3º La afirmación y negación que envuelve y expresa el juicio no se refiere a las solas ideas, como pretende Locke, sino a los mismos objetos reales. La razón de esto se expondrá en la ideología.
4º El juicio afirmativo es como la razón suficiente y el fundamento del negativo (1), toda vez que en tanto negamos algún atributo o predicado de un sujeto, en cuanto concebimos que se halla en pugna con la naturaleza o propiedades del mismo.
{(1) Por eso dice con razón santo Tomás: «Veritas negativae (propositionis) fundatur supra veritatem affirmativae; cujus signum est, quod nulla negativa probatur, nisi per aliquam affirmativam.»}
SOBRE LA VIRGINIDAD: 9. FUERZA E INFLUJO DE LA COSTUMBRE.
9. FUERZA E INFLUJO DE LA COSTUMBRE
La costumbre es siempre algo inexpugnable por la gran fuerza que tiene para arrastrar y atraer al alma hacia sí, dando lugar a una cierta apariencia de bondad, con la que se adquiere una manera de ser y una determinada propensión en virtud de dicho uso Y nada hay tan detestable para la naturaleza como el creer, merced a una costumbre arraigada, que es deseable algo que en realidad no es digno de estima.
Prueba de este aserto es el proceder de la humanidad, en la cual los infinitos pueblos que existen no se mueven todos por los mismos ideales, sino que en cada uno se tiene por bueno y honroso lo que la fuerza de la costumbre ha hecho que se desee y apetezca. Esta diversidad de criterios puede verse no sólo entre diversas naciones, de modo que las unas tienen por reprobable lo que las otras admiran, sino aun dentro de un mismo pueblo y aun dentro de una ciudad y de una familia podemos ver estas diferencias, nacidas de la diversidad de costumbres.
Vemos con frecuencia hermanos gemelos con diversos gustos en su vida, según sus costumbres peculiares. No hay para qué admirarse, ya que los hombres no tienen siempre idéntico criterio acerca de la misma cosa, sino que cada uno la considera a la luz de su modo de proceder. Para no citar ejemplos ajenos a nuestro propósito, recordaré que hemos conocido a muchos que desde sus más tiernos años aparecieron como amadores de la continencia, pero que un día bajaron el primer peldaño hacia una vida carnal, hacia esa participación de los placeres que aparece como legítima y permitida; mas luego, una vez hecha esta experiencia, dirigiendo toda la fuerza de sus apetitos hacia esas bajezas, como dijimos en el ejemplo del canal, y torciendo el rumbo de sus energías de la contemplación celestial hacia el barro de la tierra, dieron ancha salida a sus pasiones, y así dejaron de encauzar sus anhelos hacia lo alto y secaron aquellos sus deseos, confluyendo todo su impulso hacia la concupiscencia.
Por consiguiente, consideramos importantísimo que los menos firmes en este particular se refugien en la virginidad como en fortaleza inexpugnable; que no provoquen contra sí las pasiones siguiendo las máximas de la vida; que por ningún sentimiento de la carne se dejen enredar en esas liviandades que impugnan abiertamente la ley de nuestra razón, con lo que vengan a poner en peligro, no ya la delimitación de un precio o la pérdida de una hacienda o de alguna de esas otras cosas por las que se afanan los mortales, sino aquella esperanza que a todas precede.
Porque quien tiene vuelto su espíritu hacia las cosas de este mundo, quien dirige hacia ellas sus solicitudes, quien pone todo su corazón en agradar a los hombres, no podrá cumplir aquel primero y máximo mandamiento del Señor, por el que nos amonesta que le amemos con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. Porque ¿cómo ha de amar a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas el que orienta su alma, ora hacia Dios, ora hacia el mundo, y arrebatándole, en cierto modo, el amor a El sólo debido, lo agota en quereres mundanos?
El célibe tiene cuidado de las cosas de Dios; pero el casado se cuida de las del mundo. Y si parece trabajosa la lucha contra las pasiones, téngase ánimo y confianza. Pues para ayudar a este respecto no es pequeña la fuerza de la costumbre, la cual aun en los más recalcitrantes, cuando va unida a la perseverancia, llega a producir cierto placer; placer completamente honesto y puro, cuyo goce debe animar a cualquiera dotado de razón a entregarse a las grandezas verdaderas que exceden todo conocimiento, más bien que ocuparse en las humildes con mezquindad de alma.
San Hermenegildo: una lección contra la masiva communicatio in sacris
San Hermenegildo, mártir. 13 de abril
Un gran ejemplo para nuestro tiempo. Un gran mártir que prefirió derramar su sangre por la fe católica antes que comulgar de manos de un obispo hereje- que había consagrado válidamente el pan, pero por ser hereje cometió sacrilegio- y comunicar en lo sagrado; evitando así pecar mortalmente.
¡Un grandísimo ejemplo para todos los que comulgan de manos de sacerdotes y obispos conciliares!
¡ Una verdadera ocasión para examinar cada cual su conciencia sobre del pecado mortal de communicatio in sacris!
Lecciones tomadas del segundo nocturno correspondiente a los Maitines del día 13 de abril, en la traducción bilingüe del IIº volumen y último en preparación por Sapientiae Sedei Filii.
Del Libro de los Diálogos de San Gregorio, Papa.
Libro 3, capítulo 31.
NOCTURNO II
Lección IV
El rey Hermenegildo, hijo de Leovigildo, rey de los visigodos, se convirtió de la herejía arriana a la fe católica por la predicación del venerable obispo de Sevilla, Leandro, con el cual me une una antigua y estrecha amistad. Su padre, que había permanecido arriano, procuró que abrazara de nuevo la herejía, valiéndose, ya de premios, ya de amenazas. Y como él respondiese con gran constancia que habiendo conocido la verdadera fe quería perseverar en ella, airado su padre, le desposeyó de sus derechos a la corona, y le despojó de todos sus bienes. Y como ni así pudiese hacerle cambiar de propósito, le encerró en una estrecha prisión y le sujetó con una cadena el cuello y las manos. Entonces empezó el joven rey Hermenegildo a despreciar el reino terreno, y a desear con vehemente anhelo del celestial. Postrado en el suelo, y atormentado por un cilicio, pedía al Dios omnipotente que le confortara, y despreciaba la gloria mundana con tanta mayor grandeza de alma, cuanto en la cárcel había conocido la nada de todo aquello de que le habían privado.
Lección V
Llegada la festividad pascual, su pérfido padre le envió en medio del silencio de la noche a un obispo arriano, para que de su mano recibiera la comunión consagrada sacrílegamente – Nota de la redacción para mejor entender: es decir, era una consagración válida, pues el Obispo había recibido válidamente las órdenes, pero ilegítima por ser hereje-, y así volviera a la gracia de su padre. Mas Hermenegildo, entregado ya a Dios, apenas se le acercó el obispo arriano, le reprendió como debía, rechazando con valor su perfidia, pues si bien estaba preso exteriormente, con todo permanecía seguro y conservaba toda la elevación de su alma. Después que el obispo hubo vuelto al lado de Leovigildo, enfurecido este príncipe arriano, envió unos soldados a dar muerte al valerosísimo confesor de Cristo en su prisión; lo cual así fué ejecutado. En efecto, entrando allí los soldados, le partieron la cabeza de un hachazo; pero al quitarle la vida del cuerpo consiguieron quitarle sólo lo que la heroica víctitima había despreciado. Mas a fin de demostrar la verdadera gloria de que gozaba, no faltaron prodigios y milagros sobrenaturales, ya que en el mismo silencio de la noche empezaron a oírse cantos junto al cuerpo de aquel rey mártir, tanto más verdadero Rey cuanto verdadero Mártir.
Lección VI
Algunos también afirman que en la oscuridad de la noche aparecían allí lámparas encendidas. Por lo cual su cuerpo comenzó a ser venerado merecidamente por todos los fieles como el de un Mártir. Mas el padre pérfido y parricida, movido a penitencia, se arrepintió del crimen contra su hijo, pero no se arrepintió hasta el punto de merecer el perdón. Pues conoció que la fe católica era la verdadera, pero le detuvo el temor que le inspiraba su pueblo y no se convirtió. Acometido por una gravísima enfermedad, que le condujo a la muerte, recomendó al obispo Leandro, a quien antes había contristado en gran manera, su hijo Recaredo, que dejaba en el arrianismo, a fin de que con sus exhortaciones repitiera con él lo que había hecho con su hermano. Y hecha esta recomendación, expiró. Después de la muerte de Leovigildo, el rey Recaredo, siguiendo el ejemplo, no de su pérfido padre, sino de su hermano Mártir, se convirtió de la herejía arriana, condujo a la verdadera fe a toda la nación de los visigodos, y no quiso recibir bajo sus estandartes, en todo su reino, a nadie que no temiera constituirse en enemigo de Dios al permanecer en la herejía. No es de admirar se convirtiera en predicador de la verdadera fe el hermano de un Mártir; los méritos de éste debían ayudarle a conducir gran número de almas al seno de la Iglesia del Dios omnipotente.
Lógica general 12/19. De la naturaleza y especies de la proposición.
Artículo II
De la naturaleza y especies de la proposición
Puede definirse la proposición: «una oración en que se afirma o se niega una cosa de otra»: Oratio unum de alio affirmans aut negans (1). Así, pues, toda proposición consta de dos extremos o elementos, y de la cópula que expresa su relación. El extremo del cual se afirma o niega algo, se llama sujeto; el que corresponde a la cosa que se afirma o niega de otro, se llama predicado; el verbo que expresa la relación de los dos, se llama cópula. En esta proposición: la justicia es laudable; justicia, es el sujeto; laudable, el predicado, y es, la cópula. El predicado algunas veces va incluido en el verbo que expresa la afirmación o negación, como en esta: Pedro escribe.
{(1) Definir la proposición, como lo hacen algunos, la expresión oral de un juicio, es definirla indirectamente, y no explicar su naturaleza completa.}
A) Podemos considerar y distinguir en las proposiciones cuatro cosas: la materia, o sea el modo de relación entre el predicado y el sujeto; la forma, que dice relación a la cópula: la cantidad, que dice relación al sujeto; la cualidad, o relación de la proposición con la realidad objetiva.
a) Por razón de la materia, la proposición se dice necesaria, si el predicado conviene o repugna al sujeto de una manera esencial o necesaria: contingente, si el predicado conviene o repugna de un modo contingente: posible, si el predicado no conviene realmente al sujeto, pero no envuelve [77] imposibilidad su conveniencia considerada en absoluto: imposible, si el predicado repugna absolutamente al sujeto. Ejemplos respectivos de las cuatro especies: el hombre es racional: el hombre es sabio: todo hombre es blanco: el hombre es piedra.
b) Por parte de la forma la proposición se divide: 1º en afirmativa y negativa, debiendo notarse que no toda proposición que lleva negación es realmente negativa, sino aquella en que la negación afecta a la cópula o a la atribución de una cosa a otra, como se ve en las siguientes: La ley manda no jurar: la ley no manda cosas perniciosas. La primera es afirmativa, y la segunda negativa.
2º Se divide también en absoluta y modal. En la primera hay simple enunciación del predicado sin expresar el modo con que conviene o repugna al sujeto; en la segunda se expresa este modo. Ejemplo de la primera: Sócrates es racional. Ejemplo de la segunda: Sócrates es sabio contingentemente. Los modales son de cuatro clases, en relación con los cuatro modos, necesario, contingenter, possibiliter, impossibiliter.
c) Por razón de la cantidad, la proposición se divide en universal, particular, singular e indefinida. La cantidad se refiere al sujeto, y así si el sujeto de la proposición lleva signo universal, se denomina proposición universal; si lleva signo particular, como en esta: algún hombre es prudente, se dice particular; singular, si el sujeto lo es; indefinida, cuando el sujeto no va acompañado de signo o término universal ni particular. Conviene advertir aquí que la cantidad de las proposiciones indefinidas suele determinarse con relación al predicado; es decir, que si éste es en materia necesaria, la indefinida equivale a la universal; si es en materia contingente, equivale a la particular.
d) Por parte de la cualidad la proposición se divide en verdadera y falsa, según que significa o expresa una cosa conforme o contraria a la realidad objetiva.
B) La proposición se divide además en simple que consta de un solo predicado y un solo sujeto; y compuesta, que [78] incluye varios sujetos o predicados, y por consiguiente varias proposiciones simples explícita o implícitamente. Sin entrar en la discusión de si las condicionales y las disyuntivas son en rigor proposiciones compuestas o no, indicaremos su naturaleza y la de las principales proposiciones que se apellidan compuestas.
a) Condicional se llama la proposición que afirma o niega alguna cosa con relación a otra como condición. Si Pedro es justo recibirá el premio: no se afirma ni la justicia ni el premio de Pedro, sino la dependencia condicional del uno con respecto a la otra, de manera que para la verdad de estas proposiciones se necesita y basta que el consiguiente se siga realmente del antecedente. Estas proposiciones participan en cierto modo de las simples y compuestas.
b) Copulativa es la que contiene dos o más simples, unidas por medio de alguna partícula copulativa. Para que sea verdadera es preciso que los sean todas y cada una de las simples que contiene. Pedro es sustancia, y viviente y piedra: es falsa, porque lo es una de las simples que contiene, por más que sean verdaderas las otras dos. Puede constar o de muchos sujetos y muchos predicados; o de un sujeto y muchos predicados; o de muchos sujetos y un predicado.
c) Proposición disyuntiva es la que une varias simples por medio de partícula disyuntiva. Para su verdad se necesita que no se dé medio entre los extremos propuestos, y que no haya más extremos que los señalados. La sustancia o es creada o increada; Pedro o es italiano, o español, o francés. La primera es verdadera, porque no se da medio entre los dos extremos: la segunda es falsa, porque no enumera todos los extremos posibles.
d) Causal es la proposición que une dos o más simples por medio de partícula causal. Su verdad exige que el antecedente sea verdaderamente razón o causa del consiguiente, de manera que si falta esto, la causal, como tal, será falsa, aunque las simples que contiene sean verdaderas consideradas aisladamente. El hombre es capaz de ciencia, porque es racional; es verdadera, porque la racionalidad que es el [79] antecedente aquí, es causa o razón de la capacidad científica. El hombre es capaz de ciencia, porque es cuerpo: esta causal es falsa, a pesar de que cada una de las simples es verdadera.
e) La discretiva es la que junta dos o más simples por medio de partícula discretiva. Sócarates no fue rico, pero fue sabio. Su verdad exige la de cada una de las simples que contiene.
f) La exclusiva afirma o niega excluyendo del sujeto o predicado otras cosas. Sólo Dios debe ser amado sobre todas las cosas: contiene estas dos: «Dios debe ser amado sobre todas las cosas»: «las demás cosas no deben ser amadas con amor sumo sobre todas las cosas». De aquí se infiere que las exclusivas contienen una proposición afirmativa y otra negativa.
g) La excéptica afirma o niega alguna cosa incluyendo excepción, como la siguiente: todos los hombres, excepto Adán, son producidos por generación. Lo mismo que la exclusiva, incluye una afirmativa y otra negativa.
h) La comparativa afirma o niega comparando; ejemplo: el mayor de los males es ofender a Dios.
i) En la reduplicativa el predicado o el sujeto se halla modificado por una partícula reduplicativa, como cuando decimos: el juez, como juez castiga a los criminales (1).
{(1) Omitimos la relativa y la restrictiva como menos importante.}
Las cuatro últimas, aunque a primera vista y atendidos los términos parecen simples, son compuestas en realidad o en cuanto al sentido. Por esta razón se llaman exponibles, y las simples en que se resuelven, se llaman exponentes. [80]
