DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY? Parte 5
Distinción eclesial de almas
En las circunstancias actuales coexisten dos familias de almas cuyo antagonismo es fundamental pero cuya distinción es imponderable. Por un lado, las almas que han aprehendido, a partir de verdaderas enseñanzas
felizmente recopiladas, y con la luz de la Fe, la naturaleza inmutable de la Iglesia Católica para luego erradamente suponerla concretada en la Eclesialidad Postcatólica. Y por otro lado, las almas que, ayudadas por la
Eclesialidad Postcatólica, se han formado una quimera que llaman «Iglesia Católica» pero que destruye la Fe Católica. En menos palabras: adecuación versus inadecuación del contenido mental «Iglesia Católica» al
que se da crédito para proyectarlo en la cosa eclesial postcatólica. Unos están unidos a la Iglesia Católica de manera precaria y oscurecida. Otros están desunidos de la Iglesia Católica digan lo que digan y piensen lo que
piensen.
hoc quod rerum species vel similitudines non discernantur, a rebus ipsis, contingit ex hoc quod vis altior, quæ judicare et discernere potest, ligatur; sicut propter motum digitorum unum apparet duo secundum tactum, nisi alia potentia contradicat, puta visus. Sic ergo cum offeruntur imaginariæ similitudines, inhæretur eis quasi rebus ipsis, nisi sit aliqua alia vis quæ contradicat, puta sensus aut ratio. Si autem sit ligata ratio, et sensus sopitus, inhæretur similitudinibus sicut ipsis rebus, ut in visis dormientium accidit, et ita in phreneticis.1
Para la Iglesia Católica vale lo que dice Aristóteles de la ciudad: ella es idéntica a sí misma donde es idéntico el género de sus habitantes por sucesión aunque no por número, sino en el sentido en que se dice que las fuentes o los ríos son los mismos por la sucesión de las aguas, aunque alguna efluya y otra llegue2. El género de los habitantes de la Iglesia consiste en los creyentes en la verdad divinamente revelada, y en especial en la divinidad y realeza de Cristo. Donde los creyentes son idénticos en sucesión por creencia, la Iglesia Católica es idéntica a sí misma. Donde los creyentes varían de la Tradición Católica por absorción de una creencia distinta antropocéntrica y relativista, allí no está la Iglesia Católica.
LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y LA IGLESIA
Mientras Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el Espíritu Santo es su alma1. El Sagrado Corazón que vive en la Eucaristía es el corazón de la Iglesia de Jesús, que es su Cuerpo místico. Este Cuerpo místico de Jesús está vivo y dotado de un alma, el Espíritu Santo, que lo anima como principio de la vida sobrenatural. Este principio de vida procede del Corazón divino de Jesús, porque del Sagrado Corazón se comunicó a los hombres el Espíritu Santo.
Así, la Iglesia que consiste de un Cuerpo como elemento humano y de un Alma como elemento divino, subsiste como individualidad moral en unidad de persona y en participación de la naturaleza humana y divina.
Jesús y la Iglesia están íntimamente unidos de modo de ella constituir con Él una personalidad moral y espiritual, que recibe de Él su parte principal —su Alma, el Espíritu Santo, el principio divino de la Vida sobrenatural—
y tiene al mismo tiempo miembros, de los cuales cada uno es una personalidad subsistente por sí misma.
Entre la Cabeza y los miembros del Cuerpo místico de Cristo hay una unión espiritual, no personal, en la cual el Espíritu de Cristo in-forma a sus miembros vivos. En cuanto naturalmente capaz de existir en sí mismo, y
no en cuanto miembro del Cuerpo místico de Cristo, cada fiel en gracia es de por sí una persona y el principio quod («el cual») al que sus acciones se refieren. Pero en cuanto miembro del Cuerpo místico de Cristo, cada fiel en gracia es el principio quo («mediante el cual») de las acciones deDios en él: él es la forma por la que actúa la persona del Espíritu Santo de parte del Padre y del Hijo. Entre tanto, la naturaleza humana en Cristo
también es el principio quo de sus acciones pero bajo ningún respecto puede ser el principio quod de las mismas.
Lo es la persona del Verbo en la cual se da la unión entre las dos naturalezas sin existencia de persona
humana. Las condiciones ordinarias visibles para la unión entre la Cabeza y los miembros del Cuerpo místico de Cristo —bautismo de agua, instrucción religiosa— están regidas por la Santa Sede aunque fuera por efecto normativo persistente; y parte integral de dicha instrucción religiosa regida por la Santa Sede es ella misma en su situación capital contra sus enemigos capitales; es la Sedelucencia.
El cardenal de Bérulle nos señala que en el Espíritu Santo la esterilidad es tan adorable como lo es la fecundidad en el Padre y el Hijo, pues esa esterilidad detiene y agota la fecundidad divina y es el término y reposo de las emanaciones divinas. El mismo autor nos da razones por las que convenía que se hiciera carne el Verbo eterno más que el Espíritu Santo: al Espíritu Santo, porque en Dios es producido y no produce, no podría serle propio referir al Hijo al Padre ni darlo al mundo en la Iglesia. Si Él se hubiera encarnado y fuera la Cabeza de la Iglesia, no habría podido emplear y aplicar la operación del Verbo en la Iglesia como algo suyo. Porque el Verbo es producido por el Padre solo, y sólo es enviado por su Padre, y sólo obra a partir de Él, como sólo recibe de él su ser y su
vida. Pero siendo el Hijo único de Dios el principio y la fuente del Espíritu Santo, tiene poder de referirlo al Padre, y de darlo al mundo en la Iglesia y de enviarlo a sus apóstoles; tiene poder de aplicarlo a la obra de la Redención
perpetuada y custodiada en la Iglesia y de emplear en ella su operación como cosa suya en su origen que es el fundamento de todo lo que el Hijo opera por el Espíritu Santo en cuanto le da y comunica la virtud,
la potencia y la divinidad por las cuales opera.
Así, el Hijo asiste a la Iglesia como quien es enviado por su Padre, como quien desde su Principalidad en la Iglesia emplea y aplica la operación y asistencia del Espíritu Santo en la Iglesia como algo suyo, como quien obra sólo a partir del Padre, y como quien refiere el Espíritu Santo al Padre.
El Espíritu Santo es la unción y el sello que imprime la imagen contenida en sí mismo. En este Espíritu, como en su sello, esto es, por la imagen de su naturaleza, Dios Verbo sella y marca a la Iglesia su esposa imprimiendo
en ella su propia imagen.
El Hijo es el Salvador de la Iglesia que la funda; el Espíritu Santo es su Santificador que la llena. El Hijo con sus dolores nos mereció como don divino el Espíritu Santo y, como conjuntamente lo hizo el Padre, nos lo
envió. El Espíritu Santo nos lleva a glorificar al Hijo.
El Espíritu Santo que obró la Encarnación del Hijo de Dios en María Santísima, une almas al Hijo y en ellas obra místicamente, y tanto distributiva como colectivamente, por la infusión de la Fe la concepción informe del Hijo de Dios, y por la infusión de sí mismo la concepción formada. Él es el principio que da a todo en la Iglesia el movimiento, la fuerza, el orden, el progreso, y la conducta en toda la verdad. Por Él por la intermediación de los católicos, se propaga la Iglesia, se hacen las conversiones y las almas pueden llegar al conocimiento de la Verdad y salvarse. Por la virtud del Espíritu Santo Cristo fue concebido en santidad para ser hijo natural de Dios, y los hombres son santificados para ser hijos adoptivos de Dios. El Espíritu Santo les da en mente y corazón avisos e invitaciones de los que depende el principio del buen camino, el progreso en él y la salvación eterna. El Espíritu Santo enviado por el Padre y el Hijo, da la última mano y la perfección a la obra comenzada por el Hijo y sella el depósito de la Revelación.
El Hijo asiste a la Iglesia invisiblemente reinando inmóvilmente sobre ella y empleando y aplicando la operación del Espíritu Santo y refiriéndolo al Padre. El Espíritu Santo asiste a la Iglesia operando móvilmente en ella
y reproduciendo místicamente al Hijo que es nueva y adoptivamente engendrado por el Padre en los que son del Padre, y santificándola.
En el Hijo adoramos una autoridad y dignidad infinitas. El Hijo refiere su propia persona al Padre Eterno, y refiere al mismo Padre Eterno el Espíritu Santo que procede de Él. El Hijo también refiere al Padre Eterno la
Iglesia que desciende de su persona humanada, y toda la creación.
La Fe que inserta almas en la Iglesia, las inserta —empezando normalmente por el Sucesor voluntario infalible de Pedro— regulada próximamente por la Sucesión infalible de Pedro que es el Magisterio Perenne Infalible de la misma Iglesia, y ese Magisterio, en cuanto iluminador de la situación capital de la Iglesia contra sus enemigos capitales, da la Sedelucencia objetiva y la subjetiva.
LO PRINCIPAL DADO A LA IGLESIA CATÓLICA
En dos sentidos puede darse a la Iglesia Católica lo principal, y donde se cumple uno, fácilmente, y podría decirse que forzosamente, se cumple el otro. Se le puede dar a la Iglesia Católica lo principal de ella, o lo principal de uno mismo. Un antimodernista que quisiera reconocer y recibir todo lo de la Iglesia Católica en todo menos en la Capitalidad y Principalidad de esta Iglesia, fácilmente tendría una triste contrapartida en un antimodernista
que quisiera dar todo lo suyo a la Iglesia Católica en todo menos en lo más decisivo de sí mismo: la voluntad, simbolizada usualmente en el corazón. Afirma la Iglesia Católica en su Principalidad y en el resto quien da a la Iglesia Católica el carácter de divinamente perfecta, estable y segura, con un Papa que, sea o no personalmente santo, solamente puede faltar del mundo o ser infalible y presidir y organizar visiblemente y en mucho irrevocablemente toda la santidad posible en este mundo —quien a la Iglesia Católica y a lo que decide sobre su situación capital terrena reconoce carácter cardinal, palabra derivada del latín cardo, que significa bisagra, eje, elemento principal y decisivo del cual todo lo demás depende o en torno a lo cual todo lo demás gira.
Un Papa verdadero custodia nada menos que el intelecto y la voluntad de la Iglesia Católica. Un papa verdadero hace con la Iglesia Católica nada más que la voluntad de Dios con respecto a ella, aunque no necesariamente
haga toda la voluntad de Dios con respecto a la Iglesia Católica.
Lo que necesariamente jamás hará es algo distinto ni algo contrario de la voluntad divina con la Iglesia Católica, aunque pueda hacer dicha voluntad en grado inferior al posible y deseable.
Leamos con atención un pasaje de apologética y polémica antiprotestante de San Francisco de Sales, referente a la Iglesia Católica:
La Iglesia, en lo que se refiere a su doctrina y costumbres, es un cuerpo bello, santo y glorioso. Las costumbres dependen de la voluntad; la doctrina del entendimiento; nunca habrá falsedad en el entendimiento de la Iglesia, ni maldad en su voluntad. Con la Gracia de su Divino Esposo, la Iglesia puede también decir, como Él: ¿Quién de vosotros me convencerá de pecado?. De ahí no se sigue que en la Iglesia no haya personas malvadas. Acordáos de cuanto dije anteriormente. La Esposa tiene uñas y cabellos que no están vivos, aunque ella lo esté; el senado es soberano, pero no cada uno de los senadores; el ejército es victorioso, pero no cada uno de los soldados; gana las batallas, pero muchos soldados mueren en ellas. Así, la Iglesia Militante es siempre victoriosa y gloriosa frente a las puertas y potencias del infierno, aunque algunos de los suyos, o porque se pierden y no obedecen —como vosotros ahora estáis perdidos— queden disgregados y perdidos, o por otro accidente, sean heridos y mueran.
Nunca habrá falsedad en el entendimiento de la Iglesia Católica, ni maldad en su voluntad: tampoco puede transmitirse ni menos imponerse falsedad ni maldad alguna a partir de la Administración visible del Poder, Reinado, e Influjo de Cristo sobre ella, a partir de Aquel en quien Cristo mismo regiría todo lo que se operara y determinara de manera perceptible e inteligible en la Iglesia Católica.
Siempre toda la Iglesia Católica, en virtud de alguna parte suya, será soberana como un senado y victoriosa como un ejército. Esa parte, aún cuando personalmente sea defectuosa, será forzosamente el Papa, si lo hay, o los mantenedores de la Fe Católica íntegra, si no hay Papa.
P. Patricio Shaw, en su obra Seleduncia
CONTINUARÁ, D. m., con Todo católico es necesariamente sedelucentista implícito, 124.
Parte I de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?
Parte II de DÓNDE ESTÁ LA IGLESIA CATÓLICA HOY?
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
Este domingo, primero del Año eclesiástico, lleva en los documentos y crónicas de la Edad Media el nombre de Dominica Ad te levavi, por las primeras palabras del Introito, o también el de Domingo Aspicíens a longe, por las primeras palabras de uno de los Responsorios del Oñcio de Maitines. La Estación se celebra en Santa María la Mayor; la Iglesia quiere comenzar anualmente la vuelta del Año litúrgico bajo el amparo de María, en la augusta Basílica que venera la gruta de Belén, y que por esta razón se llama en los antiguos monumentos Santa María ad Praesepe. Imposible escoger un lugar más a propósito para saludar ya el próximo y divino alumbramiento que ha de alegrar al cielo y a la tierra, mostrando el sublime prodigio de la fecundidad de una Virgen.
Transportémonos con el pensamiento a este sagrado templo y unámonos a las oraciones que allí se oyen; son las mismas que vamos a exponer aqui.
En el Oficio nocturno, Maitines, la Iglesia comienza hoy la lectura del Profeta Isaías (siglo VIII antes de J. C.), el que con mayor claridad predijo las características del Mesías; continuando esta lectura hasta el día de Navidad inclusive. Tratemos de saborear las enseñanzas del santo Profeta y que el ojo de nuestra fe logre descubrir amorosamente al Salvador prometido, bajo los rasgos ya graciosos, ya terribles, con que nos le pinta Isaías.
Las primeras palabras de la Iglesia en medio de la noche que acabamos de rezar en Maitines son éstas:
Al Rey que ha de venir, venid, adorémosle.
Después de haber cumplido con este deber supremo de adoración, escuchemos el oráculo de Isaías, transmitido por la Iglesia.
Empieza el libro del Profeta Isaías.
Visión de Isaías, hijo de Amos, que tuvo sobre las cosas de J’udá y Jerusalén en tiempo de Ozías, Joatán, Acaz y Ecequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y tú, oh tierra, escucha, porque el Señor habla: Crié hijos y los engrandecí; pero ellos me despreciaron. El buey conoció a su amo y el asno el pesebre de su dueño: mas Israel no me reconoció y mi pueblo no me entendió.
¡Ay de la nación pecadora, del pueblo cargado de pecados, raza maligna, hijos malvados!: han abandonado al Señor, han blasfemado del Santo de Israel, le han vuelto las espaldas.
¿Para qué os heriré de nuevo a vosotros, que añadís pecados a pecados? Toda cabeza está enferma y todo corazón triste. Desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza, no hay en él parte sana2. Ni la herida, ni los cardenales, ni la llaga infectada ha sido vendada ni suavizada con aceite. (7s., I, 1-6.)
Estas palabras del santo Profeta, o más bien de Dios, que habla por su boca deben impresionar vivamente a los hijos de la Iglesia, a la entrada de santo tiempo del Adviento. ¿Quién no temblaría oyendo este grito del Señor despreciado, el mismo día de su visita a su pueblo? Por temor a asustar a los hombres, se despojó de su resplandor; y lejos de sentir la potencia divina de Aquel que así se anonada por amor, no le reconocieron; y la gruta que escogió para descansar después de su nacimiento, no se vió visitada más que por dos brutos animales. ¿Comprendéis, cristianos, cuán amargas son las quejas de vuestro Dios?, ¿cuánto sufre con vuestra indiferencia su amor menospreciado?
Pone por testigos al cielo y a la tierra, lanza el anatema contra la nación perversa, contra los hijos desagradecidos. Reconozcamos sinceramente que, hasta la fecha, no hemos sabido apreciar en todo su valor la visita del Señor, que hemos imitado demasiado la insensibilidad de los judíos, los cuales no se conmovieron cuando apareció en medio de sus tinieblas. En vano cantaron los Angeles a medianoche y le adoraron y reconocieron los pastores; en vano vinieron los Magos de Oriente, preguntando dónde estaba su cuna. Es verdad que Jerusalén se turbó durante un momento a la nueva de un Rey nacido; pero volvió a caer en la inconsciencia y no se preocupó más de la gran noticia.
Así es como visitáis, oh Salvador, a las tinieblas, y las tinieblas no os comprenden. Haced que las tinieblas comprendan a la luz y la deseen. Un día vendrá en que habréis de desgarrar esas tinieblas insensibles y voluntarias con el rayo deslumbrador de vuestra justicia. ¡Gloria a Ti en ese día, oh soberano Juez!, mas líbranos de tu ira en los días de esta vida mortal. — ¿En dónde os heriré todavía?, dices. Mi pueblo no es ya más que una llaga—. Sé, pues, Salvador, oh Jesús, en esta venida que esperamos. La cabeza está muy enferma y el corazón desfallecido: ven a levantar estas frentes que la humillación y a veces viles apegos inclinan hacia la tierra. Ven a consolar y aliviar estos corazones tímidos y ajados. Y si nuestras heridas son graves y antiguas, ven, tú que eres el buen Samaritano, y derrama sobre ellas el bálsamo que ahuyenta el dolor y procura la salud. El mundo entero te aguarda, ¡oh Redentor! Revélate a él, salvándole. La Iglesia tu Esposa, comienza ahora un nuevo año; su primer clamor es un grito de angustia hacia Ti; su primera palabra es ésta: ¡Ven! Nuestras almas, oh Jesús, no quieren continuar caminando sin Ti por el desierto de esta vida. Estamos en el atardecer: el día va declinando y las sombras se echan encima: levántate, ¡oh Sol divino!, ven a guiar nuestros pasos y a salvarnos de la muerte.
M I S A
Al acercarse el Sacerdote al altar para celebrar el santo sacrificio, la Iglesia entona un cántico que revela bien su confianza de Esposa; repitámosle con ella, desde lo más íntimo de nuestro corazón: porque, sin duda, el Salvador vendrá a nosotros en la medida que le hayamos deseado y esperado fielmente.
INTROITO
A ti elevo mi alma: en ti confío, Dios mío: no sea yo avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos: porque todos los que esperan en ti, no serán confundidos. Salmo. Muéstrame, Señor, tus caminos: y enséñame tus veredas. Gloria al Padre… Se repite: A ti elevo…
Después del Kyrie eleison, el Sacerdote recoge los votos de toda la Iglesia en las oraciones llamadas por esta razón Colectas.
ORACION
Oremos. Excita, Señor, tu potencia y ven, te lo suplicamos: para que con tu protección, merezcamos vernos libres de los inminentes peligros de nuestros pecados y con tu gracia, podamos salvarnos. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
EPISTOLA
Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos (Xni. 11-14).
Hermanos: Sabed que ya es hora de que surjamos del sueño, pues nuestra salud está ahora más cerca que cuando comenzamos a creer. Ha pasado la noche, ha llegado el día. Dejemos, pues, las obras de las tinieblas y empuñemos las armas de la luz. Marchemos honradamente, como de día: no en glotonerías y embriagueces, no en liviandades e impudicicias, no en contiendas y envidias: antes revestios del Señor Jesucristo.
El vestido que ha de cubrir nuestra desnudez es, pues, el Salvador que esperamos.
Admiremos aquí la bondad de nuestro Dios, que al acordarse de que el hombre después del pecado se había ocultado sintiéndose desnudo, quiere El mismo servirle de velo cubriendo tan gran miseria con el manto de su divinidad. Estemos, pues, atentos al día y a la hora de su venida y cuidemos de no dejarnos invadir por el sueño de la costumbre y de la pereza. La luz brillará bien pronto; iluminen, pues, sus primeros rayos nuestra justicia o al menos nuestro arrepentimiento. Ya que el Salvador viene a cubrir nuestros pecados para que de nuevo no aparezcan, destruyamos nosotros, al menos, en nuestros corazones toda suerte de afecto a esos pecados; y que no se diga que hemos rehusado la salvación. Las últimas palabras de esta Epístola son las que, al abrir el libro, encontró San Agustín, cuando, instado desde hacía tiempo por la gracia divina para darse a Dios, quiso obedecer finalmente la voz que le decía: Tolle et lege; toma y lee. Fueron las que decidieron su conversión; entonces resolvió de repente romper con la vida de los sentidos y revestirse de Jesucristo. Imitemos su ejemplo en este día; suspiremos con vehemencia por esta gloriosa y amada túnica que, por la misericordia de Dios, será colocada dentro de poco sobre nuestras espaldas, y repitamos con la Iglesia esas emocionantes palabras, con las cuales no debemos temer cansar el oído de nuestro Dios:
GRADUAL
Señor, todos los que esperan en ti no serán confundidos. Hazme conocer, Señor, tus caminos y enséñame tus veredas.
Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salud. Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Lucas. (XXI, 25-33.)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido del mar y de las olas, secándose los hombres por el temor y la expectación de lo que sucederá en todo el orbe, pues las virtudes de los cielos se conmoverán. Y entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen a realizarse estas cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo esta semejanza: Ved la higuera y todos los árboles: cuando ya producen de sí fruto, sabéis que está cerca el verano. Así también, cuando veáis que se realizan estas cosas, sabed que el reino de Dios está cerca. De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Debemos, por tanto, oh buen Jesús, esperar la repentina aparición de tu terrible Advenimiento. Pronto vas a venir en tu misericordia a cubrir nuestra desnudez con un vestido de gloria e inmortalidad; pero un día llegará en que vuelvas con una majestad tan deslumbradora, que los hombres quedarán secos de espanto. ¡Oh Cristo!, no quieras perderme en ese día de incendio universal. Visítame antes amorosamente: yo quiero prepararte mi alma. Quiero que en ella nazcas, para que el día en que las convulsiones de la naturaleza anuncien tu próxima llegada, pueda yo levantar la cabeza, como tus fieles discípulos, que, llevándote ya en sus corazones, no temerán tus iras.
Durante la ofrenda del Pan y del Vino, la Iglesia tiene fijos los ojos en el que ha de venir, y entona con perseverancia el mismo cántico:
OFERTORIO
A ti elevo mi alma, en ti confío, Dios mío: no seré avergonzado, ni se burlarán de mí mis enemigos; porque todos los que esperan en ti, no serán confundidos.
Después del ofertorio, recoge en silencio los votos de todos sus miembros en la siguiente Oración:
SECRETA
Purificados con la poderosa virtud de estos Sacramentos. haz. Señor, que lleguemos más puros a su principio. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Después de la Comunión del Sacerdote y del pueblo, el Coro canta estas hermosas palabras de David para celebrar la dulzura del Fruto divino que nuestra tierra.va a producir y que anticipadamente se acaba de dar a los suyos. Esta Tierra nuestra no es otra que la Virgen María fecundada por el celeste rocío, y que se entreabre, como nos dice Isaías, para darnos al Salvador.
COMUNION
El Señor mostrará su benignidad y la tierra dará su fruto.
A continuación la Oración ñnal y de acción de gracias.
POSCOMUNION
Recibamos, Señor, tu misericordia en medio de tu templo; para que nos preparemos con los debidos honores a las futuras fiestas de nuestra redención. Por Nuestro Señor.
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SOBRE LA VIRGINIDAD: RECUENTO DE LOS INCONVENIENTES DEL MATRIMONIO. 3
III. RECUENTO DE LOS INCONVENIENTES DEL MATRIMONIO
Ojalá que yo también me aficionase un poco más a lo que voy exponiendo, pues así adaptaría a ello mi vida y pondría mi empeño en trabajar por conseguirlo. Con esto obtendría algún provecho, animándome, como está escrito, con la esperanza de lo arado y molido; pero en vano trato de que mi inteligencia penetre la esencia de los bienes y bellezas de la virginidad. No aprovechan las mieses al buey que anda suelto por el campo, pero con bozal; como tampoco al sediento aprovecha la cascada que cae por un precipicio inaccesible.
Felices aquellos que aún pueden elegir lo mejor, y que no están impedidos por haber caído ya en la trampa de la vida común como nosotros, que estamos separados de la virginidad por un abismo imposible de soslayar, una vez que hemos puesto el pie en la vida mundana. Por esto somos meros espectadores de los bienes y bellezas ajenas y testigos de su felicidad. Y aunque excogitamos conceptos y pensamientos excelsos sobre esta virtud, nos ocurre lo que a los cocineros y camareros de los grandes señores: que preparan solícitamente los goces de la mesa sin llegar a participar de cosa alguna de las que prepararon. ¡Cuánto mayor hubiera sido nuestra felicidad si hubiéramos seguido otro camino y si no hubiéramos conocido tan tarde este gran bien.
Acontece, pues, ahora que los más ávidos y llenos de deseos e impulsos hacia la virginidad se hallan imposibilitados para disfrutar de estos placeres puros. Y como los que comparan su pobreza con el tren de vida de los potentados sufren más con lo presente que ven y lo llevan a mal, así nosotros, cuanto mejor conocemos la riqueza de la virginidad, tanto más nos lamentamos de nuestro género de vida, comprendiendo por comparación cuánto más pobre es en calidad y en cantidad. No me refiero solamente al mayor caudal que tendrán al terminar su jomada los que practican vida de perfección, sino a los bienes que poseen aun en este mundo. Quien considera escrupulosamente la diferencia entre la vida común y la de la virginidad, deberá confesar que existe tanta distancia de una a otra cuanta del cielo a la tierra.
Podemos probar la verdad de lo dicho con un examen detallado de las realidades. ¿Por dónde empezar la dramatización de las angustias de la vida? ¿Trayendo a consideración los males ordinarios que todos los hombres conocen por propia experiencia? No sé, en verdad, cómo logra la naturaleza el hacérselos olvidar. ¿Quieres que comencemos por lo más agradable? Lo principal que se busca en el matrimonio es gozar de un agradable consorcio. Sea así y supóngase el matrimonio más feliz: nobleza de sangre, abundancia de riquezas, edad deseable, flor de juventud, mucho cariño y cuanto cabe concebir en el uno para con el otro: especie de dulce contienda en la que cada cual pretende vencer al otro en amor. Añádase la gloria, el poder, la celebridad y cuanto se quiera; pero fíjate en la pena que necesariamente acompaña y corroe los bienes enumerados.
No hablaré de la envidia que se suscita contra los poseedores de tales honras, ni de lo expuesto que se halla a las asechanzas de los hombres quienquiera que parezca bogar con viento próspero en la vida, ya que todo el que no goza de su misma suerte concibe ineludiblemente odio contra él; por donde esta vida, con sus sospechas, acarrea a los que parecen felices más bien penas que goces. Paso por alto todo esto, como si la envidia no tuviera poder contra ellos: Difícil es encontrar un sujeto a, quien le haya acontecido al mismo tiempo prosperar más que los otros y evitar la envidia. Con todo, supongamos, si os place, que la vida de estos tales esté inmunizada contra semejantes adversidades, y veamos si es posible que gocen de tranquilidad en medio de ese bienestar. ¿Qué les puede acontecer, me dirás, si la envidia no se ensaña en ellos? Te respondo que aquello mismo que sirve para endulzarles la vida es fuente de su penar. Mientras sean hombres estos seres mortales y caducos y vean los sepulcros de sus padres, se les fijará una idea inseparablemente en su vida, por poco que reflexionen. Porque el temor continuo de la muerte, no predecible por señales algunas manifiestas, sino inesperada por la incertidumbre del porvenir, siempre presente y amedrentadora, desbarata la felicidad presente y perturba la paz con el miedo de lo que ha de venir.
Si fuera posible conocer nuestra futuro antes de experimentarlo, si se pudieran escrutar por algún medio los acontecimientos venideros, sería mucho mayor sin comparación el número de los que trocaran el matrimonio por la virginidad. ¡Cuánto mayor cuidado y diligencia habría para no caer jamás en esos lazos, de los que no se puede escapar y cuyas molestias sólo son conocidas por quien ha sido preso de ellas!
Verías, si fuera posible verlo sin peligro, una gran confusión de cosas opuestas: el reír empapado en lágrimas, la pena mezclada con alegría, la muerte presente a todos y en contacto con las cosas placenteras. Mira el esposo el rostro idolatrado, y sin querer le invade el temor de la separación. Escuchar aquella dulcísima voz es lo mismo que pensar que tal vez no la vuelva a oír de nuevo; y al contemplar su belleza, teme más que nunca ante la amenaza y el dolor; si pone sus ojos en lo que los jóvenes aprecian y tras lo que corren alocados, como, por ejemplo, la mirada alucinadora que se oculta bajo los párpados, las cejas estilizadas en torno a los ojos, las mejillas de suave y alegre elegancia, los labios cuales flores de rubor natural, la cabellera espolvoreada de oro, la parte superior de la cabeza refulgente con la variedad de piedras preciosas y todo el esplendor de aquella pasajera belleza, por poco que reflexione ha de venir a la conclusión de que toda esa hermosura perecerá, que se ha de reducir a la nada, quedando en un montón de huesos repugnantes, en lugar de lo que ahora aparece, sin que permanezca el más mínimo vestigio, ni recuerdo, ni rastro de la flor actual.
¿Puede vivirse feliz con estas verdades ante los ojos? ¿Se confiará nadie a los goces que posee, como si siempre hubieran de permanecer? ¿No se convencerá de que tiene que vivir como entre los engaños de un sueño y no desconfiará de la vida como quien ve visiones? Comprenderás, por tanto, si examinas algo la naturaleza de las cosas existentes, que nada de cuanto se nos ofrece en la vida se nos muestra tal como es, sino que la fantasía falaz nos presenta unas cosas por otras, burlándose de los que en ellas ponen su esperanza; y se oculta a sí misma bajo los engaños de lo aparente, hasta que de improviso, en medio de tantas transformaciones, surge ante los ojos de los necios algo muy diverso de lo que ellos esperaban.
¿Le parecerán al hombre razonable dignas de algún goce las dulzuras de la vida? ¿No las justipreciará en su verdadero valor quien tenga estos criterios o se deleitará con los bienes que tenga bajo su dominio? ¿No los tendrá más bien por imposibles de disfrutar, turbado por el miedo de su defección? Me callo las señales, los sueños misteriosos, los presagios y las restantes necedades de este género, tenidas en consideración estúpida y sospechosas de algo peor.
Sorprenden a la joven esposa los dolores del parto; parece que va a nacer un niño, sino que va a venir la muerte, y se teme el fin de la madre en el alumbramiento—no engañando a veces esta presunción—; antes de festejar el nacimiento, antes de gozar de algunos de los bienes que se esperaban, de repente la alegría se mezcla con lamentos.
Emocionados todavía por el cariño, en la plenitud del afecto, sin haber logrado aún sentir las dulzuras de la vida, son separados de lo que tenían en la mano con la rapidez de un sueño. Y ¿qué sucede después? El tálamo es saqueado por los de casa como por enemigos; la muerte sustituye los adornos del tálamo por las de los funerales. Después lamentos necios, inútil golpearse con las manos, recuerdos de la vida pasada, maldiciones para los que aconsejaron el matrimonio, reproches contra los amigos que no lo impidieron, quejas contra los padres, si todavía viven, o al menos disgusto de vivir, exclamaciones de todas clases, mil recriminaciones y protestas contra la divina Providencia; guerra consigo mismo, guerra con los que les aconsejan, sin refrenarse ni en palabras ni en obras aun las más necias.
Con frecuencia se sobrepone la perturbación de la mente y se pierde por el dolor el uso de la razón, siendo entonces la tragedia mucho mayor, no pudiendo sobrevivir a la desgracia.
Pero supongamos lo mejor. Les nació un niño y fue sorteado el peligro del parto; ya tienen en el infante una imagen de su felicidad. Ahora pregunto, ¿han disminuido con esto los motivos de penar o más bien han crecido? Se continúa con los temores de antes y, además, se han añadido los relativos al niño: de que le pase algún percance en la crianza, de que la suerte adversa o un accidente involuntario le produzca alguna enfermedad o defecto natural.
Y todas estas inquietudes son comunes a ambos cónyuges; pero ¿quién será capaz de enumerar los temores propios de la esposa? Pasando por alto aquello más corriente y de todos conocido: las molestias del embarazo, los peligros y dolores del parto, el trabajo de la crianza, aquel padecer y como partirse del corazón materno con el amor del hijo, y, si fuera madre de varios, la división en tantos trozos cuantos ellos sean, el sentir en sus entrañas cuanto a ellos les suceda. ¿Para qué enumerar estas cosas, de todos conocidas?
Y como por el precepto divino no es dueña de sí misma, sino que está a las órdenes del que en virtud del matrimonio es su señor, si se ve privada de él por breve tiempo, cual separada de su cabeza, no lleva en paciencia su soledad, sino que interpreta la corta separación del ausente como prenuncio de la vida de viudez. Al punto el miedo trae al olvido las mejores esperanzas. Sus ojos, siempre fijos en la entrada de la casa. Los oídos, al acecho de lo que se comenta. Atormentado por siniestras imaginaciones, rómpese el corazón antes de recibir cualquier noticia reciente. Un ruido en la puerta, sea real, sea fruto de su fantasía, golpea su alma cual mensajero de mal augurio. Quizá todo haya ido bien; tal vez no haya acontecido nada adverso al consorte ni haya siquiera motivo para temer; sin embargo, el temor antecede a todo mensaje, desviando el rumbo del pensamiento, de las esperanzas agradables, para dirigirlo hacia su polo opuesto. Tal es la vida de los hombres felices, no digna de vivirse en efecto; pues no puede parangonarse con la libertad de espíritu de la virginidad.
Paso por alto, para avanzar en el tratado, otros inconvenientes graves. Con frecuencia brillan en la joven que ha llegado a la plenitud de la adolescencia todas las prerrogativas de la desposada; tal vez se ruboriza todavía ante la llegada del esposo, y el pudor torna su mirada humilde y recatada.
Cuando se quieren contener los deseos dentro de cierto sentimiento pudoroso para que no aparezcan, suelen, por el contrario, exacerbarse más. Entonces de improviso se presenta la viudez, el dolor y la soledad; y se ve obligada a cargar sobre sí cuantos nombres hay de temeroso significado: he aquí, pues, que cayendo la desgracia de golpe sobre la que antes abundaba en vestidos lujosos y joyas de gran valor, la viste de luto y la priva de todo ornato de esposa. Después las tinieblas ocupan el lugar de la antorcha nupcial; los cantos fúnebres se extienden sobre las lamentaciones; surge el odio contra quienes tratan de mitigar tanto padecimiento; síguese la privación de alimento, el desfallecimiento del cuerpo y el ansia de morir, que no pocas veces lleva hasta la misma muerte.
En el caso de que este dolor amaine con el transcurso del tiempo, otra nueva calamidad viene a reemplazarlo. O tiene descendencia o no. Si la tiene, sus hijos han quedado huérfanos, y son, por tanto, dignos de lástima; ellos mismos le renuevan el padecimiento. Si no los tiene, se le arranca de raíz la memoria del finado; la desgracia supera entonces toda palabra de consuelo.
Omito todos los restantes inconvenientes de la viudez —-¿quién podría describirlos con exactitud?—: los enemigos, los domésticos, los afligidos por la desgracia, los que se alegran con la nueva soledad y contemplan gustosos con mirada cruel la ruina de la casa, la indisciplina de la servidumbre» y tantas otras cosas semejantes que con abundancia se presentan al tiempo de tales desgracias. No es de extrañar que no pocas mujeres, no aguantando la crueldad de tales burlas, cual coaccionadas por la necesidad, vuelvan a caer en el peligro de los mismos males, como queriendo tomar venganza en aquello mismo en que habían padecido. Otras, sin embargo, recordando lo pasado, prefieren sufrir y sobrellevar cualquier trabajo antes que incurrir de nuevo en tales amarguras.
Y si deseas cerciorarte de las dificultades inherentes a este estado de vida, te recomiendo prestes oído atento a las mujeres que las han experimentado, por donde vendrás a percatarte de lo felices que son las que eligieron desde un principio la virginidad, sin que su experiencia tenga que apoyarse en las aflicciones sufridas; pues de todas estas calamidades está libre la virginidad: no llora la orfandad, no lamenta la viudez, vive siempre con un esposo incorruptible, se adorna a la continua con los frutos de la piedad, contempla su casa, suya en verdad, rebosante de toda clase de cosas estimables, sin padecer nunca escasez, porque el Señor siempre se halla presente y habita en aquellas mansiones, donde la muerte produce, no la separación, sino el abrazo estrechísimo con el Amado. Cuando el alma se desliga de la vida, dice el Apóstol, entonces se une con Cristo.
Hemos considerado algún tanto lo que concierne a los hombres felices; hora es ya que pasemos a considerar en este tratado los otros estados de fortuna, cuya vida es un tejido de penurias, de adversidades y de las restantes desgracias, cuales son fiebres, enfermedades y otras semejantes dolencias, patrimonio de la vida humana. Quien vive para sí sola, huye el peligro de estos males o los lleva con más resignación; pues todo su cuidado se centra alrededor de su persona, sin que el dolor ajeno le preocupe. Por el contrario, quien está obligado a cuidarse de la mujer y los hijos, teniendo su corazón afligido con las desgracias y dolencias de los seres queridos, apenas si tiene tiempo para preocuparse de sus propios males.
Quizá sea superfluo detenerse en estos argumentos. Pues si tales angustias y miserias van unidas a lo que parece bueno, ¿qué se habrá de opinar de aquello que se presenta como malo? Aunque las descripciones de la palabra no lleguen a poner ante los ojos la realidad, con todo, pueden suponerse sus amarguras deduciéndolas de una pequeña consideración.
Si se compara el grupo de aquellos a quienes ha caído en suerte este último -modo de vida desgraciada con el de los que parecen nadar en la felicidad, se ve cómo reciben los unos dolor y tristeza de los otros. A los segundos, la muerte que les amaga coma futura o tal vez inminente, les induce a turbación; para los primeros, en cambio, la dilación del morir es un nuevo dolor. En ambos casos es diametralmente opuesta la vida, pero el decaimiento de
unos y otros es semejante en el término.
Es, por tanto, claro ser múltiple y variada la suma de molestias provenientes del matrimonio. Del mismo modo son causa de sufrimiento los hijos nacidos que los que no llegaron a la vida; en igual proporción los vivos que los muertos. Este goza de familia numerosa, no teniendo posibilidades de mantenerla; aquél no tiene heredero para sus bienes, en cuyo allegamiento sudó lo indecible; y lo que para uno constituye su dicha, para el otro es causa de tormento, al desear cada uno para sí lo que es ocasión de vida desgraciada en su vecino. Se le muere a uno su hijo querido; el del otro, en cambio, sale contrahecho; los dos ciertamente son dignos de conmiseración ; uno llora la muerte de su hijo, el otro la vida.
Callo las celotipias y disputas surgidas por motivos reales o imaginarios, y que acaban en padecimientos y desgracias. ¿Quién podría narrarlas todas con fidelidad? Si quiere conocer cuán enredada en tales aflicciones se halla la vida humana, no es menester que me traigas a la memoria aquellas narraciones antiguas que suministraron a los poetas argumentos para sus dramas, pues por sus absurdos hiperbólicos muchas veces se las tiene por mitos: en ellas verás
asesinatos y actos de canibalismo realizados con los hijos, homicidios sangrientos, matricidios, degüellos fratricidas, uniones nefarias y, por último, todas las violencias a que se presta la naturaleza humana, cuya enumeración por los autores que nos han dejado tales noticias tiene su origen a partir de los casamientos y llega a su fin con la relación antes detallada.
Mas, sin parar mucha atención en esto, quisiera atendieras a las tragedias representadas en el teatro de la vida real, cuyo corifeo es el matrimonio. Acércate a un tribunal y hallarás leyes que atañen a nuestro asunto. Allí podrás enterarte de las infamias perpetradas a la sombra del matrimonio. Así como cuando oyes disertar a los médicos sobre varias enfermedades caes en la cuenta de cuántos y cuáles males pueden apoderarse del cuerpo humano y conoces sus miserias, así las leyes, al definir la multitud y variedad de los crímenes que se cometen en el matrimonio, y cuyos castigos determinan, te dan a conocer los males propios del matrimonio. Los médicos no se esfuerzan por curar padecimientos hipotéticos ni las leyes sancionan delitos no cometidos.
AÑO LITÚRGICO: PRÁCTICA DEL ADVIENTO
PRÁCTICA DEL ADVIENTO
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
VIGILANCIA. — Si nuestra Madre, la Santa Iglesia, pasa el tiempo del Adviento ocupada en esta solemne preparación al triple Advenimiento de Jesucristo; si, como las vírgenes prudentes, permanece con la lámpara encendida para la llegada del Esposo; nosotros, que somos sus miembros e hijos, debemos participar de los sentimientos que la animan y hacer nuestra esta advertencia del Salvador: «Cíñase vuestra cintura como la de los peregrinos; brillen en vuestras manos antorchas encendidas; y vosotros sed semejantes a los criados que están en espera de su amo'». En efecto, la suerte de la Iglesia es también la nuestra; cada una de nuestras almas es objeto, por parte de Dios, de una misericordia y de una providencia semejantes a las que emplea con la misma Iglesia. Si ella es el templo de Dios, es porque se compone de piedras vivas; si es la Esposa, es porque está formada por todas las almas invitadas a la unión eterna con El. Si es cierto que está escrito que el Salvador conquistó a la Iglesia con su sangre, cada uno de nosotros hablando de sí mismo puede decir como San Pablo: Cristo me amó y se entregó por mí. Siendo, pues, idéntica nuestra suerte, debemos esforzarnos, durante el Adviento, en asimilar los sentimientos de preparación que vemos embargan a la Iglesia.
ORACIÓN. — En primer lugar, es un deber nuestro el unirnos a los Santos del Antiguo Testamento para pedir la venida del Mesías y pagar así la deuda que toda la humanidad tiene contraída con la misericordia divina. Para animarnos a cumplir con este deber, transportémonos con el pensamiento al curso de estos miles de años, representados por las cuatro semanas del Adviento y pensemos en aquellas tinieblas, en aquellos crímenes de toda clase en medio de los cuales se movía el mundo antiguo. Nuestro corazón debe sentir con la mayor viveza el agradecimiento que debe a Aquel que salvó a su criatura de la muerte y que bajó hasta nosotros para ver más de cerca y compartir todas nuestras miserias, fuera del pecado. Debe clamar con acentos de angustia y de confianza, hacia Aquel que se dignó salvar la obra de sus manos, pero que quiere también que el hombre pida e implore por su salvación. Que nuestros deseos y nuestra esperanza se dilaten, pues, con estas ardientes súplicas de los antiguos Profetas que la Iglesia pone en nuestros labios en estos días de espera; abramos nuestros corazones hasta en sus últimos repliegues a los sentimientos que ellos expresan.
CONVERSIÓN. — Cumplido este primer deber, pensaremos en el Advenimiento que el Salvador quiere hacer en nuestro corazón: Advenimiento, como hemos visto, lleno de dulzura y de misterio, y que es consecuencia del primero, puesto que el Buen Pastor no viene solamente a visitar a su rebaño en general, sino que extiende sus cuidados a cada una de sus ovejas, aun a la centésima que se había extraviado. Ahora bien, para captar todo este inefable misterio, es necesario tener presente que así como no podemos ser agradables a nuestro Padre celestial sino en la medida que ve en nosotros a Jesucristo, su Hijo, este divino Salvador tan bondadoso se digna venir a cada uno de nosotros para transformarnos en El, si lo consentimos, de suerte que no vivamos ya nuestra vida sino la suya. Este es el objetivo del Cristianismo, la divinización del hombre por Jesucristo: tal es la tarea sublime impuesta a la Iglesia. Con S. Pablo dice Ella a los fieles: «Vosotros sois mis hijitos; pues os doy un nuevo nacimiento para que Jesucristo se forme en vosotros».
Pero, lo mismo que al aparecer en este mundo, el divino Salvador se mostró primeramente bajo la forma de un débil niño, antes de llegar a la plenitud de la edad perfecta necesaria para que nada faltase a su sacrificio, del mismo modo tratará de desarrollarse en nosotros. Ahora bien, es precisamente en la fiesta de Navidad cuando quiere nacer en las almas y cuando derrama sobre su Iglesia una gracia de Nacimiento, a la cual todos no son ciertamente fieles. Porque mirad la situación de las almas a la llegada de esta inefable fiesta. Las unas, el número más reducido, viven plenamente de la vida de Jesucristo que está en ellas y aspiran continuamente a crecer en esta vida. Las otras, en mayor número, están vivas ciertamente, por la presencia de Cristo, pero enfermas y endebles por no desear el aumento de esta vida divina; porque su amor se ha resfriado. Los demás hombres no gozan de esta vida, están muertos; porque Cristo dijo: Yo soy la vida.
Ahora bien, durante los días de Adviento pasa llamando a la puerta de todas estas almas, bien sea de una manera sensible, o bien de una manera velada. Les pregunta si tienen sitio para El, para que pueda nacer en ellas. Y, aunque la posada que reclama sea suya, porque El la construyó y la conserva, se queja de que los suyos no le quisieron recibir al menos la mayo – ría de ellos.
«Por lo que toca a aquellos que le recibieron, les dió poder para hacerse hijos de Dios y no hijos de la carne o de la sangre».
Preparaos, por tanto, vosotras, almas fieles, que le guardáis dentro de vosotras como un preciado tesoro y que desde tiempo atrás no tenéis otra vida que su vida, otro corazón que su corazón, otras obras que sus obras, preparaos a verle nacer en vosotras más hermoso, más radiante y más poderoso que hasta ahora lo habíais conocido. Tratad de descubrir en las frases de la santa Liturgia esas palabras misteriosas que hablan a vuestro corazón y encantan al del Esposo.
Ensanchad vuestras puertas para recibirle nuevamente, vosotras que le tenéis ya dentro pero sin conocerle; que le poseéis pero sin gozarle. Ahora vuelve a venir con renovada ternura; ha olvidado vuestros desdenes; quiere renovarlo todo3. Haced sitio al divino Infante; porque querrá crecer en vosotras. Se aproxima el momento: despiértese, pues, vuestro corazón; cantad y estad alerta, no os vaya a encontrar dormidas a su paso. Las palabras de la Liturgia son también para vosotras; hablan de tinieblas que sólo Dios puede deshacer, de heridas que sólo su bondad puede curar, de enfermedades que únicamente pueden sanar por su virtud.
Y vosotros, cristianos, para quienes la buena nueva es como si no existiera, porque vuestros corazones están muertos por el pecado, bien se trate de una muerte que os aprisiona en sus cadenas desde hace mucho tiempo, o bien de heridas recientes: he aquí que se acerca el que es la vida. «¿Por qué habréis de preferir la muerte? El no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva'». La gran fiesta de su Nacimiento será un día de universal misericordia para todos los que quieran recibirle. Estos volverán con El a la vida; desaparecerá toda su vida anterior, y la gracia superabundará allí donde la iniquidad había abundado2.
Y si la ternura y suavidad de este misterioso Advenimiento no te seduce, porque tu recargado corazón no es capaz todavía de experimentar confianza, porque, después de haber sorbido la iniquidad como el agua, no sabes lo que es aspirar por amor a la caricias de un Padre cuyas llamadas has despreciado: entonces debes pensar en ese otro Advenimiento terrorífico que ha de seguir al que se realiza silenciosamente en las almas. Escucha los crujidos del Universo ante la proximidad del Juez terrible; contempla los cielos huyendo ante tu vista, desplegándose como un libroaguanta, si puedes, su aspecto, su mirada deslumbrante; mira sin estremecerte la espada de dos filos que sale de su boca2; escucha, por fin, esos gritos lastimeros: ¡Oh montes, caed sobre nosotros, oh rocas, cubridnos, apartadnos de su vista amenazadora!3 Estos gritos son los que lanzarán en vano aquellas desgraciadas almas que no quisieron conocer el tiempo de su visitaPor haber cerrado su corazón al Hombre-Dios que lloró sobre ellas, ¡tanto las amaba! bajarán ahora vivas al fuego eterno, cuyas llamas son tan ardientes que devoran los frutos de la tierra y los más ocultos fundamentos de las montañas 5.
Allí es donde roe el gusano eterno de un pesar que no muere nunca.
Aquellos, pues, que no se conmueven ante la dulce noticia de la próxima venida del celestial Médico, del Pastor que generosamente da la vida por sus ovejas, mediten durante el Adviento en el tremendo pero innegable misterio de la Redención humana, inutilizada por la repulsa que de ella hace con frecuencia el hombre. Calculen sus fuerzas y, si desprecian al Infante que va a nacer’, consideren si serán capaces de luchar con el Dios fuerte el dia que venga, no a salvar, sino a juzgar. Y para conocer mejor a este Juez, ante cuya presencia temblará todo el mundo, pregunten a la Santa Liturgia; allí aprenderán a temerle.
Por lo demás, este temor no es sólo propio de los pecadores, es un sentimiento que debe experimentar todo cristiano. El temor, si va solo, hace esclavos; si le.acompaña el amor, dice bien del hijo culpable que busca el perdón de su irritado padre; aun cuando el amor lo arroje fuera¿, a veces reaparece como un rayo pasajero, para conmover felizmente el corazón del alma fiel hasta sus más íntimos fundamentos. Entonces siente revivir en sí el recuerdo de su miseria y de la gratuita misericordia del Esposo. Nadie, por tanto, debe dispensarse, en este santo tiempo de Adviento, de asociarse a estos santos temores de la Iglesia, quien por muy amada que sea, exclama con frecuencia en su Liturgia: ¡Atraviesa, Señor, mi carne con el aguijón de tu temor! Pero sobre todo será útil esta parte de la Liturgia, a los que comienzan a darse al servicio divino.
De todo esto se puede sacar en consecuencia, que el Adviento es un tiempo dedicado principalmente a los ejercicios de la Vía purgativa; esto significa bien aquella frase de San Juan Bautista, que la Iglesia repite con tanta frecuencia durante este santo tiempo: ¡Preparad los caminos del Señor! Que cada uno de nosotros trabaje, pues, seriamente en allanar el camino por donde ha de entrar Cristo en su alma. Los justos, siguiendo la doctrina del Apóstol, olviden lo que han hecho en el pasado y trabajen con nuevos ánimos. Apresúrense los pecadores a romper los lazos que los cautivan, las costumbres que los dominan; mortifiquen la carne, comenzando el duro trabajo de sujeción al espíritu; oren sobre todo con la Iglesia; de esta manera, cuando venga el Señor, tendrán derecho a esperar que no pase de largo por su puerta, sino que entre; puesto que ha dicho, dirigiéndose a todos: «He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abriere, entraré en su casaz.».
Martirologio Diciembre
«La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)
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MARTIROLOGIO DEL PAPA PÍO XII
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DICIEMBRE
1 de diciembre
Santo Profeta Nahum
El santo Profeta Nahum, que está sepultado en Begabar.
1.- En Roma, los santos Mártires Diodoro, Presbítero, y Mariano, Diácono, con otros muchos; los cuales, en tiempo del Emperador Numeriano, mientras celebraban en las Catacumbas el triunfo de los Mártires, allí mismo, obstruida por los perseguidores la puerta de la cripta, y amontonados sobre ella escombros, merecieron la gloria del martirio.
2.- En Roma también, el suplicio de los santos Lucio, Rogato, Casiano y Cándida.
3.- En Narni, san Próculo, Obispo y Mártir, que, después de muchas obras egregias, fue mandado degollar por Totila, Rey de los Godos.
4.- En la Ciudad de Casal, san Evasio, Obispo y Mártir.
5.- El mismo día, san Ansano, Mártir, que imperando Diocleciano, confesó a Cristo en Roma, por lo cual fue encerrado en un calabozo; después fue conducido a Sena de Toscana, y allí, decapitado, terminó el curso del martirio.
6.- En Ameria de Umbría, san Olimpíades, varón Consular, que fue convertido a la fe por santa Fermina, y en tiempo de Diocleciano, atormentado en el ecúleo, consumó el martirio.
7.- En Arbel de Persia, san Ananías, Mártir.
8.- En Milán, san Castriciano, Obispo, que, en tiempos muy turbulentos para la Iglesia, se señaló por los méritos de sus virtudes y por sus excelentes obras de piedad y religión.
9.- En Brescia, san Ursicino, Obispo.
10.- En Noyon de Bélgica, san Eloy, Obispo, cuya admirable vida recomiendan sus muchos milagros.
11.- En Verdún de Francia, san Agerico, Obispo.
12.- El mismo día, santa Natalia, mujer del Mártir san Adrián; la cual, en la persecución de Diocleciano, sirvió mucho tiempo a los santos Mártires encarcelados en Nicomedia, y, cuando éstos terminaron el combate, se fue a Constantinopla, y allí descansó en paz.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santa Bibiana Virgen y Mártir, Sd. – Rojo
En Roma, el suplicio de santa Bibiana, Virgen y Mártir, la cual, de orden del sacrílego Emperador Juliano, fue por su lealtad a Cristo tanto tiempo azotada hasta que entregó su espíritu. n. siglo IV en Roma; † hacia el año 361.
Patrona de epilépticos; personas con problemas mentales; solteras; víctimas de tortura. Protectora contra epilepsia; dolores de cabeza; problemas mentales.
Bibiana y su hermana Demetria heredaron las virtudes de sus padres San Flaviano y Santa Dafrosa, martirizados por la fe. Apronio, gobernador de Roma, después de haber confiscado sus bienes y tratado en vano de quebrantar su constancia mediante el calabozo y los horrores de la miseria, las hizo comparecer ante él. Demetria confesó generosamente su fe y cayó muerta a sus pies. Bibiana, después de haber resistido a los artificios y, después, a las implacables violencias de una mujer relajada, llamada Rufina, fue, por fin, atada a un pilar y azotada hasta que expiró.
Oración: Oh Dios, dispensador de todo bien, que habéis reunido en vuestra sierva Bibiana la flor de la virginidad con la palma del martirio, dignaos, por su intercesión, unir nuestros corazones a Vos con los vínculos de la caridad, a fin de que, libres de todo peligro, obtengamos las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Ímola de Emilia, el tránsito de san Pedro, Obispo de Ravena, Confesor y Doctor de la Iglesia, apellidado Crisólogo, célebre en santidad y doctrina. Su festividad se celebra a 4 de este mes.
2.- En Sanchón, isla de la China, el tránsito de san Francisco Javier, Sacerdote de la Compañía de Jesús y Confesor, Apóstol de las Indias, esclarecido por la conversión de los Gentiles, por los dones de Dios y por los milagros; el cual, lleno de méritos y fatigas, descansó en el Señor. El Sumo Pontífice Pío X eligió y declaró a este bienaventurado varón, celestial Patrono de la asociación y de la obra de la Propagación de la Fe; y el Papa Pío XI le nombró y confirmó especial Patrono de todas las Misiones. Su fiesta, por Disposición de Alejandro VII, se celebra el día siguiente.
3.- En Roma, los santos Mártires Eusebio, Presbítero, Marcelo, Diácono, Hipólito, Máximo, Adria, Paulina, Neón, María, Mariana y Aurelia; todos los cuales, en la persecución de Valeriano, de orden del Juez Secundiano consumaron el martirio.
4.- En Roma también, san Ponciano, Mártir, con otros cuatro.
5.- En África, el triunfo de los santos Mártires Severo, Seguro, Jenaro y Victorino, que fueron allí coronados con el martirio.
6.- En Aquilea, san Cromacio, Obispo y Confesor.
7.- En Verona, san Lupo, Obispo y Confesor:
8.- En Edesa de Siria, san Nonno, Obispo, por cuyas oraciones se convirtió a Cristo Pelagia la Penitente.
9.- En Tróade de Frigia, san Silvano, Obispo, famoso en milagros.
10.- En Brescia, san Evasio, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Francisco Javier Religioso, Presbítero y Confesor de la Fe, Dm. – Blanco
San Francisco Javier, Sacerdote de la Compañía de Jesús, Apóstol de las Indias y Confesor, celestial Patrono de la asociación y de la obra de la Propagación de la Fe, y de todas las Misiones; que descansó en paz el día 2 de este mes. n. 7 de abril de 1506 en Castillo de los Jaso (Navarra); † 3 de diciembre de 1552 en Sancián, China.
Patrono de las misiones; misioneros; Apostolado de la Oración; propagación de la fe; navegantes. Protector contra las epidemias.
San Francisco Javier, nacido en Navarra en 1506, fue convertido en París por San Ignacio de Loyola y, en 1541, partió para las Indias y después llevó, era la primera vez que se lo hacía, al Japón la luz de la fe. Convirtió decenas de millares de almas, sanó inmenso número de enfermos, resucitó muertos y calmó tempestades. Su amor por los sufrimientos le hacía rehusar los consuelos del Cielo y desear las fatigas. En medio de las delicias con que el Señor inundaba su alma, exclamaba: ¡Basta! y en sus sufrimientos: ¡Señor, dadme más! Murió en 1552, en la isla de Sancián, frente a la China en la que tanto había deseado predicar el Evangelio.
Oración: Oh Dios, que habéis querido unir a vuestra Iglesia los pueblos de la India mediante la predicación y los milagros del bienaventurado Francisco, concedednos, en vuestra misericordia, que imitemos las virtudes de aquél de quien hoy honramos los gloriosos méritos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Judea, san Sofonías, Profeta.
2.- En Roma, los santos Mártires Claudio, Tribuno, su mujer Hilaria y sus hijos, Jasón y Mauro, con setenta soldados. A Claudio mandó el Emperador Numeriano que atándole una gran piedra, lo precipitasen en el río; a los soldados y a los hijos de Claudio sentenció a ser decapitados; santa Hilaria, habiendo enterrado los cuerpos de sus hijos, poco después orando delante de su sepulcro, fue detenida por los Paganos, y encerrada en una cárcel, pasó al Señor.
3.- En Tánger de Mauritania, el suplicio de san Casiano, Mártir, el cual, habiendo ejercido mucho tiempo el oficio de notario público, por fin, admirando las intrépidas respuestas del Centurión san Marcelo y su inconmovible constancia en la fe de Cristo, juzgando, por inspiración del cielo, cosa execrable el contribuir a la muerte de los Cristianos, renunció el oficio y, confesando a Cristo, cortada la cabeza, mereció obtener el triunfo del martirio.
4.- En África también, los santos Mártires Claudio, Crispín, Magina, Juan y Esteban.
5.- En la Panonia, san Agrícola, Mártir.
6.- En Nicomedia, el suplicio de los santos Ámbico, Víctor y Julio.
7.- En Milán, san Mirocletes, Obispo y Confesor, de quien alguna vez hace mención san Ambrosio.
8.- En Dorchester de Inglaterra, san Birino, que fue el primer Obispo de la misma ciudad.
9.- En Coira de Germania, san Lucio, Rey de los Britanos, el primero de aquellos Reyes que recibió la fe de Cristo en tiempo de san Eleuterio Papa.
10.- En Sena de Toscana, san Galgano, Ermitaño.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Pedro Crisólogo, Obispo, Confesor de la Fe y Doctor de la Sta. M. Iglesia, D. – Blanco
San Pedro Crisólogo, Obispo de Ravena, Confesor y Doctor de la Iglesia, de quien se hace mención a 2 de este mes. n. 406 en Imola, Italia; † 2 de diciembre del año 450 en Imola, Italia.
San Pedro, apodado Crisólogo (de palabra de oro), nacido en Imola y arzobispo de Ravena, en aquel entonces residencia imperial, cultivó con valor infatigable la porción de la herencia del Señor que el soberano pontífice Sixto III, por orden del Apóstol San Pedro, que se le apareció, había confiado a su celo. Trató de extirpar en ella los vicios, los abusos y los restos de idolatría, y de hacer florecer la fe y las virtudes cristianas. Predicó con tanto ardor que muchas veces llegó hasta perder la voz. Él fue quien, hablando contra los desórdenes de las fiestas populares, pronunció esta frase que se ha hecho célebre: El que se divierte con Satanás no podrá gozarse con Cristo. Murió hacia el año 450.
Oración: Oh Dios, que habéis designado milagrosamente al ilustre pontífice Pedro Crisólogo para gobernar e instruir a vuestra Iglesia, haced, os lo rogamos, que después de haberlo tenido aquí en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Nicomedia, el triunfo de santa Bárbara, Virgen y Mártir, que en la persecución de Maximino, después de atormentada con dura prisión, abrasada con hachas, cercenados los pechos y de otros tormentos, consumó el martirio por la espada.
2.- En Constantinopla, los santos Teófanes y Compañeros.
3.- En el Ponto, san Melecio, Obispo y Confesor, el cual, descollando por la preeminencia de su saber, fue todavía más excelente por la virtud del alma y por la sinceridad de la vida.
4.- En Bolonia, san Félix, Obispo, que había sido antes Diácono de Iglesia de Milán, en tiempo de san Ambrosio.
5.- En Inglaterra, san Osmundo, Obispo y Confesor.
6.- En Colonia, san Annón, Obispo.
7.- En Mesopotamia, san Marutas, Obispo, que restauró las Iglesias de Dios destruidas en Persia por la persecución del Rey Isdegerdes, y esclarecido en muchos milagros, mereció ser venerado aun de sus enemigos.
8.- En Parma, san Bernardo, Cardenal y Obispo de la misma ciudad, de la Orden de Valleumbrosa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Sabas, Abad, S. – Blanco
En Judea, san Sabas, Abad, natural del pueblo de Mútala de Capadocia, el cual resplandeció con el ejemplo de maravillosa santidad, y trabajó con tesón por la fe católica contra los enemigos del santo Concilio de Calcedonia; y finalmente, en la laura de la diócesis de Jerusalén, que más tarde se llamó de san Sabas, descansó en paz. n. 439 en Capadocia; † hacia el año 532
San Sabas, nacido en Capadocia en el año 439, a los ocho años de edad entró a un monasterio cerca de Cesárea y, después, atraído por los Santos Lugares, se fue a habitar una gruta junto al torrente del Cedrón, donde no había, en la Cuaresma, otro alimento fuera de la Santa Eucaristía, y donde muy pronto tuvo numerosos discípulos. Un día, un león le dejó su caverna. Fue a combatir a los eutiquianos en Constantinopla, y fue llevado, no obstante su pobre vestimenta, ante Anastasio II. Más tarde, el emperador Justiniano, habiendo ido a verlo, fue abandonado por él no bien San Sabas oyó llamar para el oficio divino. Murió en el año 532.
Oración: Haced, os suplicamos, Señor, que la intercesión del santo abad Sabas nos haga agradables ante vuestra Majestad, y que obtengamos por sus ruegos lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Niza, junto al río Varo, san Basso, Obispo, que, en la persecución de Decio y Valeriano, de orden del Presidente Perennio, fue por la fe de Cristo atormentado en el ecúleo, quemado con planchas candentes, apaleado, azotado con escorpiones, echado en la hoguera, y saliendo de ella ileso, atravesado con dos clavos, consumó un ilustre martirio.
2.- En Pavía, san Dalmacio, Obispo y Mártir, que padeció en la persecución de Maximiano.
3.- En Corfinio de las Pelignos, san Felino, Obispo de Brindis, que en tiempo de Juliano Apóstata con sus oraciones echó por tierra el templo de Marte; por lo cual, de parte de los Pontífices de los ídolos, fue cruelísimamente azotado, y acribillado con ochenta y cinco heridas, mereció la corona del martirio.
4.- Igualmente, san Anastasio, Mártir, que por el ardiente deseo del martirio, se presentó espontáneamente a los perseguidores.
5.- En Tacora de África, los santos Mártires Julio, Potamia, Crispín, Félix, Grato y otros siete.
6.- En Tebaste de Numidia, santa Crispina, señora nobilísima, la cual, en los tiempos de Diocleciano y Maximiano, por negarse a sacrificar a los ídolos, de orden del Procónsul Anolino fue degollada. San Agustín la celebra muchas veces con alabanzas.
7.- En Tréveris, san Nicecio, Obispo, varón de admirable santidad.
8.- En Poliboto de Asia, san Juan, Obispo, por sobrenombre Taumaturgo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Nicolás de Bari, Obispo y Confesor de la Fe, D. – Blanco
En Mira, metrópoli de Licia, el tránsito de San Nicolás, Obispo y Confesor, de quien, entre muchos insignes milagros, se cuenta éste muy memorable: que, estando lejos, se apareció al Emperador Constantino, y con persuasiones y amenazas le convenció a perdonar la vida a unos hombres que invocaban al Santo. † hacia el año 346 en Mira.
Patrono de la juventud; estudiantes; escolares; niños y muchachos; jueces; solteras; novias; recién casados; pescadores; marineros; comerciantes; pobres; prisioneros; cautivos; farmacéuticos; panaderos; trabajadores portuarios; peregrinos; viajeros. Protector contra los robos y ladrones.
San Nicolás, noble de Licia, en Asia Menor, fue modelo de escolares antes de llegar a ser su santo patrono. Después de la muerte de sus padres, empleó todos sus bienes en obras pías. Un día, sabiendo que la virtud de tres jovencitas caídas en la miseria corría peligro, les deslizó durante la noche, por las hendijas de su ventana, con qué poder establecerse honestamente. Sanaba a todos los enfermos que a él acudían y resucitó a un muerto mientras iba a los Santos Lugares. Elegido obispo de Mira, fue torturado, puesto en prisión bajo Diocleciano, salió de ella bajo el reinado de Constantino, a quien se le apareció para la liberación de tres comisarios imperiales, víctimas de la calumnia y condenados a la pena capital. Distinguiose, después, en el Concilio de Nicea. En sus últimos momentos vio que los ángeles salían a su encuentro.
Oración: Oh Dios, que al bienaventurado Nicolás pontífice hiciste ilustre por un gran número de milagros, concedednos por sus méritos e intercesión, la gracia de librarnos de las llamas eternas. Por J. C. N. S. Amén.
1.- El mismo día, san Policronio, Presbítero, que en tiempo del Emperador Constancio, mientras celebraba la Misa delante del altar, fue acometido de los Arríanos y degollado.
2.- En África, san Mayórico, hijo de santa Dionisia, el cual, siendo jovencito y temiendo los suplicios, fortalecido con las señas y las palabras de su madre, fue el más esforzado de todos, y en medio de los tormentos entregó su espíritu. Su madre, abrazándose a él, le enterró en su casa, y junto a su sepulcro acostumbraba hacer frecuentemente oración.
3.- Allí mismo, las santas mujeres Dionisia, madre de san Mayórico Mártir, Dativa, Leoncia y un religioso varón, por nombre Tercio, Emiliano, médico, y Bonifacio, con otros tres. Todos ellos, en la persecución Vandálica, reinando Hunerico Arriano, en defensa de la fe católica, atormentados con gravísimos e innumerables suplicios, merecieron ser asociados al número de los Confesores de Cristo.
4.- En Roma, santa Asela, Virgen, la cual, según escribe san Jerónimo, fue bendita desde las entrañas de su madre, y pasó la vida en ayunos y oraciones hasta la vejez.
5.- En Granada de España, el suplicio de san Pedro Pascual, Obispo de Jaén y Mártir, de la Orden de nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Ambrosio, Obispo, Confesor de la Fe y Doctor de la S.M. Iglesia, D. – Blanco
San Ambrosio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, el cual durmió en el Señor a 4 de Abril, pero su fiesta principal se celebra en este día, cuando entró a gobernar la Iglesia de Milán. n. hacia el año 340 en Tréveris, Galia; † 4 de abril (Sábado Santo) del año 397 en Milán, Italia.
Patrono de fabricantes de velas; abejas; apicultores; cereros; animales domésticos; aprendizaje; escolares; estudiantes.
A la muerte de Aujencio, obispo herético de Milán, católicos y arrianos estaban a punto de llegar a las manos en la iglesia con motivo de su sucesor, cuando Ambrosio, gobernador de la ciudad, se trasladó a ella para apaciguar los ánimos. Un niño exclamó entonces por tres veces: ¡Ambrosio obispo! y toda la concurrencia súbitamente lo aclamó. Nacido en las Galias hacia el año 340, Ambrosio tenía entonces 34 años y sólo era catecúmeno. Ilustre por su nacimiento, llegó a serlo mucho más por sus virtudes, su ciencia y su caridad. Contribuyó poderosamente a la conversión de San Agustín. Después de la masacre de Tesalónica, negó al emperador Teodosio la entrada a la iglesia, hasta que hubo hecho penitencia. Murió en el año 397.
Oración: Oh Dios, que habéis instruido a vuestro pueblo acerca de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Ambrosio, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, san Eutiquiano, Papa, que con sus propias manos enterró en diversos lugares, trescientos cuarenta y dos mártires, a los cuales asociado después también él, bajo el imperio de Numeriano, fue coronado del martirio y sepultado en el cementerio de Calixto.
2.- En Alejandría, el triunfo de san Agatón, militar, contra el cual, en la persecución de Decio, por haber impedido a unas personas que pretendían ultrajar los cadáveres de los Mártires, se levantó repentinamente una gran gritería del populacho; y llevado ante el Juez y perseverando en la confesión de Cristo, en pago de su piedad, fue condenado a pena capital.
3.- En Antioquía, los santos Mártires Policarpo y Teodoro.
4.- En Tuburbo de África, san Siervo, Mártir, que, en la persecución Vandálica y reinando Hunerico Arriano, fue por mucho tiempo apaleado, y luego, levantado en alto repetidas veces con garruchas y dejado caer de golpe con todo el peso del cuerpor sobre guijarros, y restregado con agudísimas piedras, consiguió la palma del martirio.
5.- En Tiano de Campania, san Urbano, Obispo y Confesor.
6.- En Santonge de Francia, san Martín, Abad, en cuyo sepulcro obra Dios frecuentísimos milagros.
7.- En Brie, territorio Meldense, la conmemoración de santa Fara, llamada, también Burgundo-fara, Abadesa y Virgen; cuyo tránsito se conmemora el 3 de Abril.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
La Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Siempre Virgen María D. 1 cl. con octava común. – blanco (azul).
La Inmaculada Concepción de la gloriosa siempre Virgen María Madre de Dios, la cual tal día como hoy definió solemnemente el Papa Pío IX haber sido, por singular privilegio de Dios, preservada inmune de toda mancha de culpa original.
La Virgen María, por un privilegio único en vista de su destino divino, fue concebida sin pecado. Nunca el demonio tuvo poder alguno sobre Ella, porque estuvo exenta de pecado original. Debes honrar muy especialmente esta prerrogativa de la Madre de Dios, porque es el comienzo de su santificación y de su gloria. Regocíjate con Ella por la dicha que tuvo de ser librada del pecado de Adán, y recibir más gracias, en ese momento feliz de su Concepción, que la que nunca poseyeron los hombres y los ángeles juntos.
Oración: Oh Dios que, por la Inmaculada Concepción de la Virgen, habéis preparado un santuario digno para vuestro Hijo, dignaos, después de haberlo preservado de toda mancha en previsión de la muerte de este mismo Hijo concedernos a nosotros, por su intercesión, la gracia de llegar hasta Vos, purificados de toda mancha. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Tréveris, san Eucario, que fue discípulo de san Pedro Apóstol y primer Obispo de aquella ciudad.
2.- En Alejandría, san Macario, Mártir, el cual, en tiempo de Decio, persuadiéndole el Juez con muchas palabras a renegar de Cristo, y estando él cada vez más firme en la confesión de la fe, por último fue mandado quemar vivo.
3.- En Chipre, san Sofronio, Obispo, que fue admirable defensor de los menores, huérfanos y viudas, y protector de todos los pobres y perseguidos.
4.- En el monasterio de Luxen de Francia, san Romárico, Abad, que siendo el más privado en el palacio del Rey Teodoberto, renunció al siglo y se aventajó también a todos en la observancia monástica.
5.- En Constantinopla, san Patapio, Solitario, esclarecido en virtudes y milagros.
6.- En Roma, la Invención de los santos Mártires Nemesio, Diácono, y su hija Lucila, Virgen, Sinfronio, Olimpio, Tribuno, su mujer Exuperia, y su hijo Teodulo; de los cuales se hace mención a 25 de Agosto.
7.- En Verona, la ordenación de san Zenón, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santa Leocadia
En Toledo de España, el triunfo de santa Leocadia, Virgen y Mártir, que, en la persecución del Emperador Diocleciano, por orden de Daciano, Prefecto de las Españas, encerrada en un calabozo y cruelmente maltratada, habiendo oído los tormentos atrocísimos de santa Eulalia y demás Mártires, allí mismo, arrodillada en oración, entregó su incontaminado espíritu a Cristo. † hacia el año 304 en Toledo, España
Santa Leocadia, hija de una de las casas más ilustres de Toledo, fue condenada por el gobernador Daciano, en el reinado de Diocleciano, a ser azotada porque era cristiana. Después de ello se la arrojó en una prisión para todo el resto de sus días. Entró en ella diciendo que ese lugar le sería más agradable que los palacios más bellos del mundo. Habiendo sabido que la persecución duraba siempre, pidió a Dios morir. Su oración fue escuchada: murió besando la cruz que había trazado en los muros de su prisión, hacia el año 304.
Oración: Señor, que la bienaventurada Leocadia virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valor en confesar vuestro Nombre. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cartago, san Restituto, Obispo y Mártir, en cuya solemnidad predicó san Agustín sobre sus alabanzas un sermón al pueblo.
2.- En África igualmente, los santos Mártires Pedro, Suceso, Basiano, Primitivo y otros veinte.
3.- En Limoges de Aquitania, santa Valeria, Virgen y Mártir.
4.- En Verona, san Próculo, Obispo, el cual, en la persecución de Diocleciano, fue abofeteado, apaleado y desterrado de la ciudad; y al fin restituido a su Iglesia, descansó en paz.
5.- En Pavía, san Siro, que fue el primer Obispo de aquella ciudad y resplandeció con apostólicas señales y virtudes.
6.- En Apamea de Siria, san Julián, Obispo, que floreció en santidad en tiempo de Severo.
7.- En Gray de Borgoña, san Pedro Fourier, que fue Canónigo Regular de Nuestro Salvador y Fundador de las Canonesas Regulares de Nuestra Señora para la enseñanza de las niñas; el cual, esclarecido en virtudes y milagros, fue puesto por el Papa León XIII en el catálogo de los Santos.
8.- En Perigueux de Francia, san Cipriano, Abad, varón de gran santidad.
9.- En Nacianzo de Capadocia, santa Gorgonia, que fue hija de santa Nona y hermana de los santos Gregorio el Teólogo y Cesáreo; cuyas Virtudes y milagros escribió su mismo hermano Gregorio.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Melquíades, Papa Mártir, Sd. – Rojo
San Melquíades, Papa y Mártir, cuyo triunfo se conmemora el 10 de Enero. n. en África; † 11 de Enero del año 314 en Roma.
San Melquíades, de origen africano, aprovechó la protección que el emperador Constantino acordaba a la Iglesia para extender el reino de Jesucristo. Reunió en Roma un concilio donde Donato fue convencido de cisma y condenado. Con todo, permitió a los obispos partidarios de él que conservaran sus sedes, con la condición de que volviesen a la unidad de la Iglesia. Murió el 11 de enero del año 314, después de dos años y medio de pontificado. Los tormentos que tuvo que sufrir antes del restablecimiento de la paz por Constantino le han merecido el titulo de mártir.
Oración: Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño y guardadlo con protección constante, por vuestro bienaventurado mártir y Soberano Pontífice Melquíades, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Ostiense, la Dedicación de la Basílica de san Pablo Apóstol, que, junto con la Dedicación de la Basílica de san Pedro, Príncipe de los Apóstoles, se celebra todos los años a 18 de Noviembre.
2.- El mismo día, los santos Mártires Carpóforo, Presbítero, y Abundio, Diácono; que, en la persecución de Diocleciano, apaleados primero cruelísimamente y luego encerrados en un calabozo sin comer ni beber, atormentados de nuevo en el potro, y después por largo tiempo maltratados en la cárcel, fueron por último pasados a cuchillo.
3.- En Alejandría, los santos Mártires Menas, Hermógenes y Éugrafo, que padecieron en el imperio de Galerio Maximiano.
4.- En Lentini de Sicilia, los santos Mártires Mercurio y Compañeros soldados, que de orden del Presidente Tertilo, en el imperio de Licinio, fueron muertos al filo de la espada.
5.- En Ancira de Galacia, san Gemelo, Mártir, que en tiempo de Juliano Apóstata, al cabo de crueles tormentos, en el suplifcio de la cruz consumó el martirio.
6.- En Mérida de España, el triunfo de santa Eulalia, Virgen, que, en el imperio de Maximiano, siendo de doce años, de orden del Presidente Daciano, por la confesión de Cristo sufrió allí muchísimos tormentos, y por último, suspendida en el potro, le arrancaron las uñas, aplicaron a ambos costados hachas encendidas, y aspirando las llamas, entregó su espíritu.
7.- En la misma ciudad también, santa Julia, Virgen y Mártir, que fue amiga de santa Eulalia, y cuando ésta iba a padecer, se le juntó como inseparable compañera.
8.- En Roma, san Gregorio III, Papa, el cua, esclarecido en santidad y méritos, se fue al cielo.
9.- En Viena de Francia, san Sindulfo, Obispo y Confesor.
10.- En Brescia, san Diosdado, Obispo.
11.- En Loreto del Piceno, la Traslación de la santa Casa de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, donde el Verbo se hizo carne. La santísima Virgen María, con el título de Loreto, fue por el Papa Benedicto XV constituida Patrona principal ante Dios de todos los aeronautas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Dámaso I, Papa y Confesor de la Fe, Sd. – Blanco
En Roma, San Dámaso I, Papa y Confesor, que condenó al heresiarca Apolinar, y restituyó del destierro a su sede a Pedro, Obispo de Alejandría; halló también muchos cuerpos de santos Mártires, y honró sus sepulcros con epitafios en verso. n. hacia el año 306 en Roma; † 11 de diciembre del año 384 en Roma. Patrono de arqueólogos.
San Dámaso I, de origen español, siguió al Papa Liberio al exilio y le sucedió en el año 366. Su talento y su celo por la pureza de la doctrina y el esplendor del culto han hecho que el Concilio de Calcedonia lo llamase ornamento y gloria de Roma. Reunió cuatro concilios en esta ciudad y uno en Aquilea, para combatir las herejías. Edificó dos basílicas, una junto al teatro de Pompeyo, San Lorenzo in Dámaso; la otra en la vía Ardeatina, junto a las catacumbas. Adornó con epitafios en verso las tumbas de los mártires, introdujo la costumbre de añadir el Gloria Patri al final de los salmos y movió a San Jerónimo a corregir el Nuevo Testamento sobre el texto griego. Murió casi octogenario en el año 384, y fue enterrado con su madre y su hermana en la basílica de la vía Ardeatina.
Oración: Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con constante protección por vuestro bienaventurado Sumo Pontífice Dámaso, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma igualmente, el suplicio de san Trasón, el cual, por sustentar con sus bienes a los Cristianos que trabajaban en las termas, y se veían abrumados con otras obras públicas o encarcelados, fue preso por orden de Maximiano; y juntamente con otros dos, llamados Ponciano y Pretextato, coronado del martirio.
2.- En Amiens de Francia, los santos Mártires Victórico y Fusciano, en tiempo del mismo Emperador; a los cuales el Presidente Ricciovaro mandó atravesar con anillos de hierro las narices y las orejas, taladrar las sienes con clavos candentes, después arrancarles los ojos, y a poco asaetearles los cuerpos, y de esta suerte, decapitándolos junto con san Genciano su huésped, pasaron al Señor.
3.- En Persia, san Bársabas, Mártir.
4.- En España, san Eutiquio, Mártir.
5.- En Plasencia, san Sabino, Obispo, esclarecido en milagros.
6.- En Constantinopla, san Daniel Estilita.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
De la infraoctava de la Inmaculada
En Hispanoamérica: Nuestra Señora de Guadalupe, D. I cl. – Blanco
La Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en México, cuyo gran maternal auxilio implora con humildad el pueblo en la colina de Tepeyac, cerca de la ciudad de México, donde apareció. Ella brilla como una estrella que invita a la evangelización de los pueblos, y es invocada como protectora de los indígenas y de los pobres.
Oración: Dios, Padre de misericordias, que constituiste a tu pueblo bajo el singular patrocinio de la Santísima Madre de tu Hijo, concede a todos los que invocan a la Bienaventurada Virgen de Guadalupe, que con más alegre fe busquen el progreso de los pueblos por caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén
1.- En Alejandría, los santos Mártires Epímaco y Alejandro, los cuales, imperando Decio, habiendo pasado mucho tiempo en prisión y, atormentados con diferentes suplicios, perseverando constantes en la fe, fueron consumidos en el fuego. La fiesta de san Epímaco, junto con la del Mártir san Gorgonio, se celebra el 10 de Mayo.
2.- En Roma, san Sinesio, Mártir, el cual, ordenado Lector en tiempo de san Sixto II Papa, por haber convertido muchos a Cristo, acusado ante el Emperador Aureliano, pasado a cuchillo, recibió la corona del martirio.
3.- En el mismo día, los santos Mártires Hermógenes, Donato y otros veintidós.
4.- En Tréveris, los santos Mártires Majencio, Constancio, Crescencio, Justino y Compañeros, que en la persecución de Diocleciano padecieron de orden del Presidente Ricciovaro.
5.- En Alejandría, las santas Amonaria, Virgen, Mercuria, Dionisia y otra Amonaria; de ellas, la primera, en la persecución de Decio, superados inauditos tormentos, al filo de la espada recibió una muerte dichosa. Cuanto a las otras tres, avergonzándose el Juez de ser vencido de unas mujeres, y temiendo que, si con ellas empleaba los mismos suplicios, iba a ser también vencido por su constancia varonil, mandó al punto degollarlas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santa Lucía, Virgen y Mártir, D. – Rojo
En Siracusa de Sicilia, el triunfo de santa Lucía, Virgen y Mártir, en la persecución de Diocleciano. Esta noble doncella, entregada, de orden del Consular Pascasio, a hombres impúdicos que la llevasen donde el populacho ultrajase su pudor, no la pudieron en modo alguno mover, ni valiéndose de sogas ni con muchos pares de bueyes; después, habiendo superado, sin recibir lesión, el tormento de la pez, resina y aceite hirviendo, por fin, atravesada con un cuchillo la garganta, consumó el martirio. n. hacia el año 283 en Siracusa, Sicilia; † martirizada hacia el año 304 en Siracusa, Sicilia.
Patrona de personas con problemas oculares; ciegos; escritores; autores; cristaleros; obreros; campesinos; talabarteros; mártires. Protectora contra la ceguera; problemas oculares; epidemias; enfermedades e infecciones de la garganta; hemorragias.
Santa Lucía, virgen de Siracusa, habiendo obtenido la curación de su madre orando sobre la tumba de Santa Ágata, de inmediato le pidió permiso para distribuir a los pobres la dote que le había destinado. Su pretendiente la denunció al juez como cristiana. El tirano la hizo prender y ordenó se la condujese a un infame lugar; pero no les fue posible moverla del lugar en que estaba. Empleóse el hierro y el fuego: ella pidió a Dios que prolongase su martirio para fortificar a los cristianos en la fe, predijo la tranquilidad de que gozaría la Iglesia después de la muerte de los emperadores Diocleciano y Maximino, y entregó su alma a Dios, hacia el año 304.
Oración: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Lucía, virgen y mártir, al mismo tiempo que regocija nuestra alma, la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Molíns de Francia, el tránsito de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, Viuda, que fue Fundadora de la Orden de Monjas de la Visitación de santa María; y señalada por la nobleza de su sangre, por la santidad que constantemente ejercitó en cuatro estados de vida y por el don de milagros, fue puesta por el Sumo Pontífice Clemente XIII en el número de las Santas. Su sagrado cuerpo fue trasladado a Annecy en Saboya, y sepultado con solemne pompa en la Iglesia principal de su Orden. Su fiesta, por decreto del Papa Clemente XIV, se celebra en toda la Iglesia el 21 de Agosto.
2.- En Armenia, el suplicio de los santos Mártires Eustracio, Auxencio, Eugenio, Mardario y Orestes, en la persecución de Diocleciano. Eustracio, primeramente por orden de Lisias, y después en Sebaste presidiendo Agricolao, junto con Orestes, torturado con exquisitos tormentos y, arrojado en un horno, entregó su espíritu a Dios. Orestes, extendido en un lecho de hierro candente, pasó al Señor. Los demás, ejercitados con durísimos suplicios en Arábraco, de orden del Presidente Lisias, consumaron en diversas formas el martirio. Sus cuerpos fueron posteriormente trasladados a Roma y honoríficamente colocados en la Iglesia de San Apolinar.
3.- En la isla de Solzi, cerca de Cerdeña, el martirio de san Antíoco, en tiempo del Emperador Adriano.
4.- En Cambray de Francia, san Audberto, Obispo y Confesor.
5.- En la aldea de Ponthieu de Francia, san Judoco, Presbítero y Confesor.
6.- En territorio de Estrasburgo, santa Otilia, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Infraoctava de la Inmaculada
San Juan de la Cruz, Presbítero y Confesor
En Úbeda de España, san Juan de la Cruz, Presbítero y Confesor, compañero de santa Teresa en la reforma de los Carmelitas; a quien el Sum Pontífice Benedicto XIII puso en el número de los Santos, y el Papa Pío XI declaró Doctor de la Iglesia universal. Su fiesta se celebra el 24 de Noviembre.
1.- En Reims de Francia, el suplicio de los santos Mártires Nicasio, Obispo, su hermana Eutropia, Virgen, y Compañeros Mártires, que fueron muertos por los bárbaros, enemigos de la Iglesia.
2.- En Alejandría, los santos Mártires Herón, Arsenio, Isidoro, y el niño Dióscoro; los tres primeros, en la persecución de Decio, viendo el Juez que despedazados con varios tormentos, perseveraban con igual constancia, mandó arrojarlos en el fuego. Dióscoro, después de azotado de muchas maneras, quiso Dios quedase libre para consuelo de los fieles.
3.- En Antioquía, el triunfo de los santos Mártires Druso, Zósimo y Teodoro.
4.- El mismo día, el suplicio de los santos Justo y Abundio, que, en el imperio de Numeriano y presidiendo Olibrio, echados en el fuego y saliendo sin lesión, fueron pasados a cuchillo.
5.- En la isla de Chipre, el nacimiento para el cielo de san Espiridión, Obispo, uno de aquellos Confesores, a quienes el Emperador Galerio Maximiano mandó sacar el ojo derecho, y, desjarretados los nervios la rodilla izquierda, condenó a las minas de metal. Fue muy esclarecido por el don de profecía y de milagros, y en el Concilio Niceno convenció a un filósofo gentil, que se mofaba de la religión Cristiana, y le convirtió a la fe.
6.- En Bérgamo, san Viador, Obispo y Confesor.
7.- En Pavía, san Pompeyo, Obispo.
8.- En Nápoles de Campania, san Agnelo, Abad, ilustre en milagros, quien se vio muchas veces librar, con la señal de la Cruz, la ciudad, cercada de enemigos.
9.- En Milán, san Matroniano, Ermitaño.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Infraoctava de la Inmaculada D –Blanco (azul)
Santos Mártires Ireneo, Antonio, Teodoro, Saturnino, Victor, y otros diecisiete mártires.
En Roma, los santos Mártires Ireneo, Antonio, Teodoro, Saturnino, Víctor y otros diecisiete, que en la persecución de Valeriano padecieron por Cristo.
1.- En África, el suplicio de los santos Faustino, Lucio, Cándido, Celiano, Marcos, Jenaro y Fortunato.
2.- En el mismo lugar, san Valeriano, Obispo, el cual, siendo de más de ochenta años, en la persecución Vandálica, requerido por el Rey Arriano Genserico para que entregase les ornamentos de su Iglesia, y negándose resueltamente a ello, fue de su orden expulsado él sólo de la ciudad, prohibiéndose que nadie le diese habitación dentro ni fuera de ella, por lo que se vio obligado a vivir a la intemperie en los caminos públicos, y así acabó por la confesión y defensa de la fe católica, el curso de su santa vida.
3.- En territorio de Orleáns, san Maximino, Confesor.
4.- En la región de los Íberos, al otro lado del Ponto-Euxino, santa Cristiana, esclava, que, con la eficacia de los milagros, en tiempo de Constantino trajo aquella gente a la fe de Cristo.
5.- En Verceli, la Ordenacion de san Eusebio, Obispo y Mártir.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Eusebio de Verceli, Obispo y Mártir, Sd. – Rojo
San Eusebio, Obispo de Verceli y Mártir, cuyo tránsito se refiere el 1 de Agosto y su Ordenación el día de ayer. n. en el año 283 en Cerdeña; † hacia el año 370.
San Eusebio, obispo de Vercelli, fue exilado en Palestina por haber sostenido, en el Concilio de Milán, la fe de Nicea contra los obispos arrianos protegidos por el emperador Constancio. Las cartas que escribió a su pueblo desde el fondo de su confinamiento nos revelan la inaudita crueldad de los arrianos para con él y la admirable firmeza de su fe. Después de la muerte de Constancio, no quiso aprovecharse del permiso concedido a los obispos exilados para volver a sus diócesis, sino después de haber asistido al Concilio de Alejandría y recorrido las provincias de Oriente inficionadas de arrianismo para hacer volver a los extraviados. Murió en Vercelli hacia el año 370.
Oración: Oh Dios, que cada año nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Eusebio, vuestro mártir pontífice, haced que honrando su nacimiento al cielo, experimentemos los efectos de su protección. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Los tres santos jóvenes Ananías, Azarías y Misael, cuyos cuerpos están sepultados dentro de una cueva en Babilonia.
2.- En Ravena, los santos Mártires Valentín, general del ejército, y sus hijos Cóncordio, Naval y Agrícola, que en la persecución de Maximiano padecieron por Cristo.
3.- En Formio de Campania, santa Albina, Virgen y Mártir, en tiempo del Emperador Decio.
4.- En África, el suplicio de muchísimas santas Vírgenes, que en la persecución Vandálica, reinando Hunerico Arriano, después de colgadas con grandes pesos a los pies, y abrasadas con planchas candentes, consumaron felizmente el combate del martirio.
5.- En Viena de Francia, San Adón, Obispo y Confesor.
6.- En Irlanda, san Beano, Obispo.
7.- En Gaza de Palestina, san Irenión, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Juan de Mata, Presbítero, confesor de la Fe y Fundador de la Orden de Stma. Trinidad
En Roma, el tránsito de san Juan de Mata, Presbítero y Confesor, que fue Fundador de la Orden de la santísima Trinidad, Redención de cautivos. Su festividad, por decreto de Inocencio XI, se celebra el 8 de Febrero.
1.- En Marsella de Franca, san Lázaro, Obispo,
2.- En Eleuterópolis de Palestina, los santos Mártires Florián, Calanico y cincuenta y ocho Compañeros, los cuales, en tiempo del Emperador Heraclio, fueron muertos por los Sarracenos en odio de la fe de Cristo.
3.- En el monasterio de Fulda, san Esturmio, Abad y Apóstol de Sajonia, a quien el Papa Inocencio II en el segundo Concilio Lateranense puso en el número de los Santos.
4.- En Bigardén, cerca de Bruselas, en Brabante, santa Vivina, Virgen, de cuya egregia santidad dan testimonio sus frecuentes milagros.
5.- En Constantinopla, santa Olimpíada, Viuda.
6.- En Andance, cerca de Siete Iglesias, en Bélgica, santa Begga, Viuda, que fue hermana de santa Gertrudis.
7.- El mismo día, la Traslación de san Ignacio, Obispo y Mártir, el tercero que después de san Pedro Apóstol gobernó la Iglesia de Antioquía. Su cuerpo, llevado de Roma, donde en tiempo de Trajano, el 20 de Diciembre, había consumado un glorioso martirio, a Antioquía, fue allí enterrado en el cementerio de la Iglesia, fuera de la puerta de Dafne; y en aquella festividad predicó san Juan Crisóstomo un sermón al pueblo. Pero más tarde sus reliquias fueron de nuevo transportadas a Roma y colocadas con grandísima veneración en la Iglesia de san Clemente, junto con el cuerpo de este mismo santísimo Papa y Mártir.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Expectación del Parto de la Bienaventurada Virgen María, Dm. – Blanco
Nuestra Señora de la Esperanza, La Expectación del Parto de la Bienaventurada Virgen María, Santa María de la «O», son títulos de una fiesta de la Virgen María que no figura en el calendario litúrgico de la Iglesia, pero que tiene larga tradición en España, pues viene del Concilio X de Toledo, celebrado el año 656, que quiso dar mayor relieve a la fiesta de la Anunciación y Encarnación, sacándola del tiempo cuaresmal o pascual, y acercándola, en plena celebración del Adviento, al momento decisivo del parto de la Virgen Madre, acontecimiento esperado por la humanidad y muy especialmente por María. Esperanza, pues presenta a María en estado avanzado del embarazo obrado por el Espíritu Santo. Expectación, por el ansia e intensidad con que ella esperaba tener pronto en sus brazos al que llevaba en su seno. El título de María de la «O» hace referencia a las solemnes antífonas del Cántico de la Virgen, el Magníficat, que en las Vísperas de los siete días anteriores a Navidad empiezan por esa letra. En relación con estas advocaciones de la Virgen, el arte suele representar a María en avanzado estado de gestación, con su vientre abultado y la mano sobre el mismo, apuntando que allí está el Hijo de Dios, que pronto nacerá.
Oración: Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
O Sapientia – Oh Sabiduria.
O Adonai – Oh Señor.
O Radix Jesse – Oh Raiz de Jese.
O Clavis – Oh llave de David / liberación de Israel.
O Oriens Splendor – Oh Esplendor de Oriente /de donde procede la Luz.
O Rex Gentium – Oh Rey de las naciones.
O Emmanuel – Oh Jesús Rey y legislador nuestro.
1.- En Filipos de Macedonia, el triunfo de los santos Mártires Rufo y Zósimo, que fueron del número de aquellos discípulos que fundaron la primitiva Iglesia en Judea y Grecia, de cuyo dichoso combate escribe san Policarpo en su carta a los Filipenses.
2.- En Laodicea de Siria, el martirio de los santos Teótimo y Basiliano.
3.- En África, los santos Mártires Quinto, Simplicio y otros, que padecieron en la persecución de Decio y Valeriano.
4.- Allí mismo, san Moisetes, Mártir.
5.- También en África, los santos Mártires Victuro, Víctor, Victorino, Adyutor, Cuarto y otros treinta.
6.- En Mopsuestia de Cilicia, san Auxencio, Obispo, el cual, habiendo sido en otro tiempo soldado a las órdenes del Emperador Licinio, quiso más dejar el cinto militar que ofrecer uvas a Baco; y hecho Obispo y excelente en méritos, descansó en paz.
7.- En Tours de Francia, san Gaciano, Obispo, que fue ordenado por el Papa san Fabián primer Obispo de la misma ciudad, y esclarecido con muchos, milagros durmió en el Señor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Atanasio I, Papa
En Roma, el tránsito de san Anastasio I, Papa, varón de muy rica pobreza y celo apostólico; al cual, como dice san Jerónimo, no mereció Roma poseer mucho tiempo, porque tal Obispo no viese la ruina de la ciudad cabeza del mundo; pues a poco de su muerte Roma fue entrada a saco y destruida por los Godos.
1.- En Mauritania, san Timoteo, Diácono, que, por la fe de Cristo, al cabo de dura prisión, arrojado al fuego, consumó el martirio.
2.- En Alejandría, san Nemesio, Mártir, el cual, acusado primero falsamente de ladrón ante el Juez y vista su inocencia, quedó libre; después, en la persecución de Decio, delatado al Juez Emiliano como discípulo de Cristo, por el mismo Juez fue dos veces atormentado y finalmente quemado con unos ladrones, a semejanza del Salvador, que entre ladrones fue crucificado.
3.- En Nicea de Bítinia, los santos Mártires Darío, Zósimo, Pablo y Segundo.
4.- En Nicomedia, los santos Mártires Ciríaco, Pablito, Segundo, Anastasio, Sindimio y sus Compañeros.
5.- En Gaza de Palestina, el martirio de las santas Méuris (o Maura) y Tea.
6.- En Auxerre, san Gregorio, Obispo y Confesor.
7.- En Orleáns de Francia, san Adyuto, Abad, ilustre por el espíritu de profecía.
8.- En Roma, santa Fausta, que fue madre de santa Anastasia, e insigne por su nobleza y piedad.
9.- En Aviñón, san Urbano V, Papa, que, por haber restituido la Sedé Apostólica a Roma, llevado a cabo la unión de los Griegos con los Latinos y reprimido a los infieles, fue muy benemérito de la Iglesia. Su culto, ya muy antiguo, lo aprobó y confirmó el Sumo Pontífice Pío IX.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Vigilia de Santo Tomás Apóstol, S -Morado
San Ceferino, Papa y Mártir
En Roma, el tránsito de san Ceferino, Papa y Mártir. Su fiesta se celebra el 26 de Agosto.
1.- Allí mismo, el triunfo de san Ignacio, Obispo y Mártir, el tercero después de san Pedro Apóstol, que gobernó la Iglesia de Antioquía; el cual, en la persecución de Trajano, condenado a las fieras, fue llevado preso a Roma, donde, por sentencia del Senado, primeramente atormentado con cruelísimos suplicios, después echado a los leones y despedazado entre sus dientes, fue hecho hostia de Cristo. Su fiesta se celebra el 1 de Febrero.
2.- En Roma también, los santos Mártires Liberado y Báyulo.
3.- En Arabia, los santos Mártires Eugenio y Macario, Presbíteros, los cuales, por haber reprendido a Juliano Apóstata de su impiedad, fueron de su orden cruelísimamente azotados, relegados a un vastísimo desierto y muertos con la espada.
4.- En Alejandría, los santos Mártires Ammón, Zenón, Tolomeo, Íngenes y Teófilo, soldados; los cuales, haciendo guardia delante del tribunal, como un cierto Cristiano puesto en el suplicio titubease y empezase casi a renegar, ellos con el rostro, con los ojos y otras señas se esforzaron por levantar su espíritu. Y alzándose por esto contra ellos el griterío de todo el pueblo, salieron al medio y confesaron que eran Cristianos; con cuya victoria Cristo, que había dado a los suyos tal constancia de ánimo, triunfó gloriosísimamente.
5.- En Gelb de Alemania, san Julio, Mártir.
6.- En Antioquía, el triunfo de san Filogonio, Obispo, el cual, habiendo por disposición divina subido de la abogacía al gobierno de aquella Iglesia, inició, a una con san Alejandro Obispo, y otros más, el combate contra Arrio en defensa de la fe católica, y esclarecido en méritos, descansó en el Señor. En su festividad predicó san Juan Crisóstomo un excelente encomio.
7.- En Brescia, santo Domingo, Obispo y Confesor.
8.- En España, el tránsito de santo Domingo de Silos, Abad, de la Orden de San Benito, celebérrimo por sus milagros en libertar cautivos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santo Tomás Apóstol D. 2 cl. – Rojo
En Calamina, el triunfo de santo Tomás Apóstol, que predicó el Evangelio a los Partos, Medos, Persas e Ircanos; y habiendo llegado por fin hasta la India, e instruido a aquellas gentes en la religión Cristiana, de orden del Rey murió alanceado. Sus reliquias fueron primero trasladadas a la ciudad de Edesa en Mesopotamia, y después a Ortona en el Abruzo. † atravesado por una lanza hacia el año 72 en India.
Patrono de arquitectos; constructores; trabajadores de la construcción; albañiles; agrimensores; ciegos; teólogos. Se lo invoca en los momentos de duda.
Santo Tomás, oscuro galileo, siguió a Jesús desde el primer año de su ministerio público; pero huyó en el momento de su Pasión. No quiso creer que Jesús hubiese resucitado antes de verlo con sus propios ojos. Así uno de los hombres que debían anunciar al Salvador al universo defeccionó primero y, enseguida, fue difícil de convencer: fue preciso que el Salvador le hiciese meter la mano en sus adorables llagas. Dice la Tradición que después se trasladó a la India a predicar el Evangelio y recibió allí la corona del martirio en edad muy avanzada.
Oración: Señor, concedednos la gracia de celebrar con gozo la fiesta de vuestro apóstol Santo Tomás, a fin de que su protección nos ayude e imitemos su fe con una piedad digna de ella. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Friburgo de Suiza, el tránsito de san Pedro Canisio, Sacerdote de la Compañía de Jesús y Confesor, insigne en doctrina y santidad; el cual, en tiempos muy trabajosos para Alemania, denodadamente defendió y propagó la fe católica. El Sumo Pontífice Pío XI le puso en el catálogo de los Santos y juntamente le declaró Doctor de la Iglesia universal, y decretó que su fiesta se celebre el día 27 de Abril.
2.- En Antioquía, san Anastasio, Obispo y Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Focas, en un tumulto levantado por los Judíos contra los Cristianos, fue por ellos bárbaramente asesinado.
3.- En Nicomedia, san Glicerio, Presbítero, que en la persecución de Diocleciano, vejado con muchos tormentos, por último arrojado a la hoguera, consumó el martirio.
4.- En Toscana, los santos Mártires Juan y Festo.
5.- En Licia, san Temístocles, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Decio, se ofreció en lugar de san Dióscoro, a quien buscaban para matarle, y atormentado en el potro, arrastrado y apaleado, consiguió la corona del martirio.
6.- En Tréveris, san Severino, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Los treinta santos Mártires
En Roma, en la vía Lavicana, entre los dos Laureles, el triunfo de treinta santos Mártires, todos los cuales, durante la persecución de Diocieciano, fueron en un mismo día coronados del martirio.
1.- En Roma también, san Flaviano, Ex-prefecto, esposo de santa Dafrosa Mártir, y padre de las santas Vírgenes y Mártires Bibiana y Demetria; el cual, de orden de Juliano Apóstata, herrado con fuego por la confesión de Cristo y desterrado a Aguas Taurinas en la Etruria, puesto allí en oración, entregó su espíritu a Dios.
2.- En Egipto, los santos Queremón, Obispo de Nilópolis, y otros muchísimos Mártires, los cuales, cuando era más cruda la persecución de Decio, huyendo dispersos y errantes por las soledades, unos fueron devorados por las fieras, otros perecieron de hambre, frío y miseria, y otros acabaron a manos de los bárbaros y ladrones; y de este modo, aunque con diferente género de muerte, fueron todos coronados con la misma gloria del martirio.
3.- En Ostia Tiberina, los santos Mártires Demetrio, Honorato y Floro.
4.- En Alejandría, san Isquirión, Mártir, al cual forzaban con injurias y baldones a ofrecer sacrificios, y rehusándolo él, atravesándole por medio las entrañas con un palo puntiagudo, le quitaron la vida.
5.- En Nicomedia, san Zenón, soldado, al cual, por burlarse de Diocleciano que sacrificaba a Ceres, deshicieron las mejillas, arrancaron los dientes y por último cortaron la cabeza.
6.- En Chicago, santa Francisca Xaviera Cabrini, Virgen, Fundadora del Instituto de Misioneras del Sacratísimo Corazón de Jesús, insigne por su eximia caridad, su invicta fortaleza de ánimo y su humildad; a la cual el Papa Pío XII inscribió en el catálogo de las Santas, y la constituyó celestial Patrona ante Dios de todos los emigrantes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santa Victoria
En Roma, santa Victoria, Virgen y Mártir, que en la persecución del Emperador Decio, estando prometida al pagano Eugenio, y no queriendo ni casarse ni sacrificar a los ídolos, después de muchos milagros, con que convirtió para Dios a muchas Vírgenes, el verdugo, a persuasión de su esposo, le clavó un cuchillo en el corazón.
1.- En Nicomedia, el suplicio de los santos Migdonio y Mardonio. El primero, en la persecución de Diocleciano, murió abrasado en la hoguera, y el otro arrojado en una fosa. Entonces padeció también un Diácono de san Antimo, Obispo de Nicomedia, que, siendo portador de unas cartas para los Mártires, detenido por los Gentiles y cubierto de piedras, pasó al Señor.
2.- Allí mismo, el triunfo de veinte santos Mártires, a quienes la misma persecución de Diocleciano, torturados con cruelísimos tormentos, hizo Mártires de Cristo.
3.- En Creta, los santos Mártires Teodulo, Saturnino, Éuporo, Gelasio, Euniciano, Zético, Leómenes, Agatópode, Basílides y Evaristo; los cuales, en la persecución de Decio, padecieron crueles tormentos, y fueron decapitados.
4.- En Roma, san Sérvulo, de quien escribe san Gregorio Papa, que desde su primera edad hasta el fin de su vida, vivió paralítico en un pórtico, junto a la Iglesia de san Clemente, y al cabo, invitado por un coro de Ángeles, pasó a la gloria del paraíso; en su sepultura obra Dios muy frecuentes milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Vigilia de Navidad S -Morado
San Juan Cancio, Presbítero y Confesor
En Cracovia de Polonia, el tránsito de san Juan Cancio, Presbítero y Confesor, al cual, ilustre en doctrina, en celo de propagar la fe, en virtudes y milagros, puso en el catálogo de los Santos el Sumo Pontífice Clemente XIII. Pero su fiesta se celebra el 20 de Octubre.
1.- En Espoleto, san Gregorio, Presbítero y Mártir, que, en los tiempos de los Emperadores Diocleciano y Maximiano, primeramente azotado con varas nudosas, y después de sufrir el tormento de las parrillas y la cárcel, ser herido en las rodillas con cardos de hierro y quemado con hachas encendidas en los costados, por último fue degollado.
2.- En Trípoli de Fenicia, los santos Mártires Luciano, Metrobio, Pablo, Cenobio, Teótimo y Druso.
3.- En Nicomedia, san Eutimio, Mártir, el cual, en la persecución de Diocleciano, habiendo enviado a muchos al martirio, él también, pasado a cuchillo, los siguió a la corona.
4.- En Antioquía, el triunfo de cuarenta santas Vírgenes, las cuales, en la persecución de Decio, con diversos tormentos consumaron el martirio.
5.- En Burdeos, san Delfín, Obispo, que en tiempo de Teodosio resplandeció en santidad.
6.- En Roma, el tránsito de santa Tarsila, Virgen, tía paterna de san Gregorio Papa, de la cual atestigua este Santo, que a la hora de su muerte vio a Jesús que venía a recibir su alma.
7.- En Tréveris, santa Irmina, Virgen, hija del Rey Dagoberto.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Natividad del Señor, D. I.ª. cl. c. oc. privil. tercer ord. – Blanco
La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, según la carne. El año de la creación del mundo, cuando en el principio crió Dios el cielo y la tierra, cinco mil ciento noventa y nueve; del diluvio, el año dos mil novecientos cincuenta y siete; del nacimiento de Abraham, el año dos mil quince; desde Moisés y la salida del pueblo de Israel de Egipto, el mil quinientos diez; desde que David fue ungido Rey, el mil treinta y dos; en la Semana sexagésima quinta, según la profecía de Daniel; en la Olimpíada ciento noventa y cuatro; de la fundación, de Roma, el año setecientos cincuenta y dos; del Imperio de Octaviano Augusto, el cuarenta y dos; estando todo el Orbe en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, eterno Dios, e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento, concebido del Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judá, de la Virgen María, hecho Hombre.
Augusto, señor del mundo, había ordenado un censo general y preparó así, sin saberlo, el cumplimiento de las profecías; María y José debieron trasladarse a Belén. Carentes de un techo hospitalario, se retiraron a una gruta que albergaba a un buey. ¡Allí fue donde nació el verdadero Señor del mundo! Envuelto en pobres pañales y acostado en un pesebre de piedra sobre un poco de paja, no fue calentado sino por el amor materno y paterno y por el aliento del buey de los pastores y el asno de los pobres viajeros. A estos homenajes se asoció toda la creación espiritual y material: los ángeles del cielo anunciaron al Salvador, primero al pueblo de Dios y a los humildes en la persona de los pastores, que acudieron a la gruta; después, una estrella misteriosa llevó a ella a los magos, primicias de la gentilidad y de los grandes. Toda la tierra estaba entonces convidada a entrar en el divino redil. ¡Gloria a Dios y paz a los hombres!
Oración: Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que el nuevo nacimiento según la carne de vuestro Hijo unigénito, nos libre de la antigua servidumbre a que nos tiene sujetos el pecado. Por J. C. N. S. Amén.
1.- El mismo día, el triunfo de santa Anastasia, la cual, en tiempo de Diocleciano, sufrió primero por Cristo, de parte de su marido Publio, una muy dura y cruel prisión, donde mucho la consoló y confortó el Confesor de Cristo Crisógono; después fue atormentada con larga cárcel por el Prefecto de Ilírico Floro, y por último, atada a unos palos, con las manos y pies extendidos, encendieron alrededor un gran fuego en que consumó el martirio en la isla de Palmarola, adonde había sido deportada con doscientos hombres y sesenta mujeres, que con varios géneros de muerte celebraron el martirio.
2.- En Barcelona de España, el tránsito de san Pedro Nolasco, Confesor, que fue Fundador de la Orden de santa María de la Merced, Redención de cautivos, y resplandeció en virtudes y milagros. Su festividad se celebra el 28 de Enero.
3.- En Roma, en el cementerio de Aproniano, santa Eugenia, Virgen, hija del Mártir san Felipe; la cual, en tiempo del Emperador Galieno, después de muchísimos ejemplos de virtud, y de haber reunido varios coros de Vírgenes consagradas a Cristo, por sentencia de Nicecio, Prefecto de Roma, al cabo de un largo combate, fue degollada.
4.- En Nicomedia, el triunfo de muchos miles de Mártires, que el día de la Natividad del Señor, habiéndose reunido en la Iglesia para celebrar los divinos oficios, mandó el Emperador Diocleciano que, cerradas las puertas del templo, se encendiesen hogueras alrededor, y se pusiese a la puerta un braserito con incienso, intimándoles, a voz de pregón, que los que quisieran librarse de las llamas saliesen fuera y quemasen incienso a Júpiter; mas, respondiendo todos a una que de mejor gana morirían por Cristo, fueron todos consumidos entre las llamas, y así merecieron nacer para el cielo el mismo día que, para la salvación del mundo, se dignó Cristo nacer en la tierra.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Esteban Protomártir, D. 2ª. cl. c. octava simple. – Rojo
Estación de San Esteban en el Monte Celio
En Jerusalén, el triunfo de san Esteban Protomártir, que no mucho después de la Ascensión del Señor fue apedreado por los Judíos. † lapidado hacia el año 33.
Patrono de diáconos. Protector contra los dolores de cabeza. San Esteban, primer diácono elegido por los Apóstoles para la distribución de las limosnas entre los fieles, fue también el primer mártir de Jesucristo: ¡qué gloria! Reprochó vivamente a los judíos el que hubieran echado mano a traición y dado muerte al Justo, al Mesías prometido, y lo confesó magníficamente ante Caifás y el gran Consejo. Hasta vio que los cielos se abrían y a Jesús a la diestra del Padre. Llenos de furor, los judíos lo arrastraron fuera y lo lapidaron mientras Esteban, de rodillas, pedía a Dios que los perdonase. ¡Saulo, el futuro gran San Pablo, tenía sus vestiduras!
Oración: Señor, concedednos la gracia de imitar a aquellos a quienes honramos, a fin de que aprendamos a amar a nuestros enemigos, pues celebramos el nacimiento al cielo del que oró a Jesucristo Nuestro Señor por sus mismos verdugos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, san Marino, del orden Senatorial, el cual, siendo Emperador Numeriano y Prefecto Marciano, preso por causa de la religión Cristiana, fue primero, como si fuese esclavo, puesto a cuestión de tormento en el ecúleo y desgarrado con uñas de hierro; luego echado en una sartén; pero, convertido el fuego en rocío y saliendo él sin lesión, fue expuesto a las fieras, que tampoco le hicieron daño; finalmente, conducido de nuevo al gentílico altar, y rodando por tierra los ídolos a su oración, pasado a cuchillo, consiguió el triunfo del martirio.
2.- Allí mismo, en la vía Apia, el tránsito de san Dionisio, Papa, el cual, habiendo pasado muchos trabajos por la Iglesia, resplandeció con insignes testimonios de fe.
3.- En Roma también, san Zósimo, Papa y Confesor.
4.- En Mesopotamia, san Arquelao, Obispo, célebre en santidad y doctrina.
5.- En Mayuma de Palestina, san Zenón, Obispo.
6.- En Roma, san Teodoro, Mansionario de la Iglesia de san Pedro, de quien hacer mención san Gregorio Papa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Juan Apóstol y Evangelista, D. 2ª. cl. c. octava simple. – Blanco
Estación en Santa María la Mayor
En Éfeso, el triunfo de san Juan, Apóstol y Evangelista, que después de escribir el Evangelio, fue relegado al destierro, donde escribió el divino Apocalipsis, y habiendo alcanzado hasta los tiempos de Trajano, fundó y gobernó las Iglesias de toda el Asia, y finalmente, consumido de años, sesenta y ocho después de la Pasión del Señor, murió, y fue sepultado junto a la misma ciudad. † hacia el año 101 en Éfeso.
Patrono de escritores; autores; editores; libreros; encuadernadores; impresores; compositores tipográficos; papeleros; litógrafos; pintores; amistad; teólogos. Protector contra las quemaduras y los venenos
San Juan era todavía joven cuando siguió a Jesús. Fue su discípulo predilecto a causa de su inocencia; asistió a su transfiguración, se recostó en su pecho en la última Cena, subió con Él al Huerto de los Olivos, y recibió a María como Madre, ayudó a sepultar al Salvador y acudió el primero con Magdalena a su tumba el día de su resurrección. Después de la Ascensión, fue a predicar el Evangelio al Asia Menor y se estableció en Éfeso con la Santísima Virgen. Conducido a Roma en el año 95, bajo Domiciano, y arrojado a una caldera de aceite hirviendo, salió de ella sano y salvo y fue desterrado a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis. De vuelta a Éfeso, escribió contra los gnósticos su Evangelio que, con sus tres Epístolas, es el inflamado código de la caridad. Sobrevivió a todos los otros Apóstoles.
Oración: Dignaos, oh Dios de bondad, derramar sobre vuestra Iglesia los rayos de vuestra luz celestial, a fin de que iluminada con las enseñanzas de San Juan, vuestro Apóstol y Evangelista, alcance las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Constantinopla, los santos Confesores Teodoro y Teófanes, hermanos; los cuales, criados desde niños en el monasterio de san Sabas, en Palestina, combatiendo después valerosamente contra León Armenio por el culto de las sagradas Imágenes, fueron por su mandato azotados y relegados al destierro. Pero, muerto León y resistiendo ellos como antes con mucha constancia, contra el Emperador Teófilo, que seguía la misma impiedad, sufrieron de nuevo los azotes y el destierro, donde murió Teodoro en la cárcel. Teófanes, vuelta la paz a la Iglesia, fue nombrado Obispo de Nicea, e insigne por la gloria de la confesión, descansó en el Señor.
2.- En Alejandría, san Máximo, Obispo, que fue esclarecido e insigne por el título de Confesor de Cristo.
3.- En Constantinopla, santa Nicerata (o Nicareta), Virgen, que resplandeció por su santidad en tiempo del Emperador Arcadio.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Los Santos Inocentes Mártires, D. 2ª. cl. c. octava simple. – Morado
Estación de San Pablo Extramuros
En Belén de Judá, el nacimiento para el cielo de los santos Inocentes Mártires, a quienes Herodes en odio a Cristo quitó la vida.
Patronos de bebés; coros de niños; niños abandonados.
Había Jesús nacido en Belén y los magos vinieron de Oriente a la corte de Herodes para averiguar dónde acababa de nacer “el rey de los judíos”. Turbose Herodes y, habiendo convocado a los príncipes de los sacerdotes, les preguntó donde debía nacer el Cristo. Llamó después a los magos en secreto y les dijo: “Id, informaos con cuidado acerca de este niño, y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo”. Pero los magos, advertidos por el Cielo, no volvieron. Se enfureció Herodes e hizo degollar a todos los niños de Belén y sus alrededores, hasta la edad de dos años. Este bautismo de sangre envió muchos ángeles al cielo.
Oración: Oh Dios, cuyos inocentes mártires publican hoy la gloria no con sus palabras sino con su sangre, haced morir en nosotros los vicios todos, a fin de que la santidad de nuestra vida venidera proclame la fe que confiesan nuestros labios. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Lyon de Francia, el tránsito de san Francisco de Sales, Obispo de Ginebra y Confesor, a quien, muy esclarecido por su doctrina y por su ardentísimo celo en convertir los herejes, el Sumo Pontífice Alejandro VII puso en el número de los Santos, y mandó que su fiesta se celebrase el 29 de Enero, día en que fue trasladado su sagrado cuerpo desde Lyon a Annecy de Saboya. El Papa Pío IX le declaró Doctor de la Iglesia universal; y el Papa Pío XI le nombró y confirmó celestial Patrono de todos los Escritores católicos que en los diarios y en otros escritos destinados al público, ilustran, propagan y defienden la Cristiana sabiduría.
2.- En Ancira de Galacia, los santos Mártires Eutiquio, Presbítero, y Domiciano, Diácono.
3.- En África, el triunfo de los santos Mártires Castor, Víctor y Rogaciano.
4.- En Nicomedia, los santos Mártires Indes, mayordomo, Domna, Ágape y Teófila, Vírgenes, y sus Compañeros, que en la persecución de Diocleciano, al cabo de muchos combates, consiguieron, con diverso género de muerte, la corona del martirio.
5.- En Neocesarea del Ponto, san Troadio, Mártir, en la persecución de Decio; a cuyo combate asistió en espíritu san Gregorio Taumaturgo, y le fortaleció para arrostrar el martirio.
6.- En Arabizo de la Armenia inferior, san Cesáreo, Mártir, que padeció de orden de Galerio Maximiano.
7.- En Roma, san Domnión, Presbítero.
8.- En el monasterio de Lerins de Francia, san Antonio, Monje, esclarecido en milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Santo Tomás de Cantórbery, Obispo y Mártir, D. – Rojo
En Cantórbery de Inglaterra, el triunfo de santo Tomás, Obispo y Mártir, el cual, por defender la justicia y la inmunidad eclesiástica, acuchillado en su Basílica, por la facción de unos hombres impíos, Mártir, fue a unirse con Cristo. n. 21 de diciembre de 1118 en Londres, Inglaterra; † asesinado el 29 de diciembre de 1170 en la Catedral de Cantorbery, Inglaterra. Patrono del clero.
Nacido en Londres en 1118, Santo Tomás Becket estudió en Oxford y en París. Llegó a ser canciller de Inglaterra bajo el reinado de Enrique II y después arzobispo de Cantorbery en 1162. Fue perseguido por el rey por haber defendido las inmunidades de la Iglesia y se retiró a Francia por espacio de siete años, alimentándose de legumbres, acostándose en el duro suelo y llevando siempre un cilicio. Intervino una reconciliación y Santo Tomás fue finalmente restablecido en su cargo; pero, cuatro semanas después de su vuelta a Inglaterra, fue asesinado al pie del altar, en 1170. Enrique II protestó no haber ordenado este crimen y fue descalzo a su tumba al año siguiente.
Oración: Dios, que habéis visto caer al glorioso pontífice Tomás bajo la espada de los impíos por la causa de vuestra Iglesia, haced, os lo conjuramos, que todos los que imploran su auxilio obtengan el efecto saludable de sus ruegos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Jerusalén, el santo Rey Profeta David.
2.- En Arles de Francia, el tránsito de san Trófimo, de quien habla san Pablo escribiendo a Timoteo. Ordenado Obispo por el mismo Apóstol, fue el primer enviado a predicar el Evangelio de Cristo en aquella ciudad, y de su predicación, según escribe san Zósimo Papa, como de una fuente, corrieron para toda Francia raudales de fe.
3.- En Roma, los Santos Mártires Calixto, Félix y Bonifacio.
4.- En África, el suplicio de los santos Mártires Domingo, Víctor, Primiano, Livoso, Saturnino, Crescencio, Segundo y Honorato.
5.- En Constantinopla, san Marcelo, Abad.
6.- En la aldea de Hièmes en Francia, san Ebrulfo, Abad y Confesor, en tiempo del Rey Childeberto.
7.- En Viena de Francia, la Conmemoración de san Crescente, Obispo y Mártir, que fue discípulo del Apóstol san Pablo y primer Obispo de aquella ciudad. Su muerte se celebra el día 27 de Junio.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
Dia 6º Infraoctava de Navidad
Traslación de Santiago Apóstol, Dm. – Rojo. Patrón de España
El mismo día: San Félix I, Papa
En Roma, el triunfo de san Félix I, Papa y Mártir, que gobernó la iglesia en el imperio de Aureliano. Su fiesta se celebra el día 30 de Mayo.
1.- En Espoleta, el triunfo de los santos Mártires Sabino, Obispo de Asís, Exuperancio y Marcelo, Diáconos, y Venustiano, Presidente, con su mujer e hijos, en tiempo del Emperador Maximiano. Marcelo y Exuperancio, suspendidos primero en el potro, luego cruelmente apaleados, por último con uñas aceradas rasgadas sus carnes y abrasados los costados, consumaron el martirio; Venustiano, no mucho después, juntamente con su mujer e hijos, fue pasado a cuchillo; y san Sabino, después de cortadas las manos y de prolongadas penalidades en una cárcel, fue azotado hasta expirar. El martirio de estos Santos, aunque sucedió en diversos tiempos, se celebra, sin embargo, en un mismo día.
2.- En Alejandría, los santos Mansueto, Severo, Apiano, Donato, Honorio y Compañeros Mártires.
3.- En Salónica, santa Anisia, Mártir.
4.- Allí mismo, san Anisio, Obispo de la misma ciudad.
5.- En Milán, san Eugenio, Obispo y Confesor.
6.- En Ravena, san Liberio, Obispo.
7.- En Áquila de los Vestinos, san Rainerio, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
San Silvestre I, Papa y Confesor de la Fe, D. – Blanco
En Roma, el tránsito de san Silvestre I, Papa y Confesor, el cual bautizó al Emperador Constantino el Grande y confirmó el Concilio Niceno, y después de llevar a cabo santísimamente otras muchas empresas, murió en paz. † hacia el año 335 en Roma.
San Silvestre I se había distinguido por su celo y su caridad durante la primera persecución. Subió a la cátedra de San Pedro en el año 314, menos de un año después del edicto de Milán, que concedía la paz a la Iglesia. Recibió de Constantino el palacio de Letrán y en él estableció su morada, así como la basílica principal de Roma. El mismo año envió delegados al Concilio de Arlés, donde fueron condenados los donatistas, y después, en el año 325, al Concilio general de Nicea, que anatematizó a Arrio. Murió San Silvestre en el año 335.
Oración: Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado Sumo Pontífice Silvestre, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- También en Roma, en la vía Salaria y cementerio de Priscila, las santas Mártires Donata, Paulina, Rústica, Nominanda, Serótina, Hilaria y sus Compañeras.
2.- En Sens, los santos Sabiniano, Obispo, y Potenciano, que, enviados allá por el Pontífice Romano a predicar, ilustraron aquella metrópoli con el martirio de su confesión.
3.- En Catania de Sicilia, el suplicio de los santos Esteban, Ponciano, Átalo, Fabiano, Cornelio, Sexto, Floro, Quinciano, Minervino y Simpliciano.
4.- En Sens, santa Columba, Virgen y Mártir, la cual, superado el tormento del fuego, en la persecución del Emperador Aureliano, fue pasada a cuchillo.
5.- El mismo día, san Zótico, Presbítero Romano, el cual fue a Constantinopla, y allí se encargó de sustentar los huérfanos.
6.- En Ravena, san Barbaciano, Presbítero y Confesor.
7.- En la aldea del Lalovesco, diócesis de Viena, en el Delfinado, el tránsito de san Juan Francisco Regis, Sacerdote de la Compañía de Jesús y Confesor, varón de eximia caridad y paciencia en procurar la salvación de las almas; a quien el Papa Clemente XII puso en el catálogo de los Santos.
8.- En Reciaria, San Kermes, Exorcista.
9.- En París, santa Catalina Labouré, Virgen, de la Compañía de Hijas de la Caridad; la cual favorecida por la Inmaculada Madre de Dios con la singular manifestación de la sagrada Medalla, fue insigne por las virtudes y milagros. El Papa Pío XII la puso en el número de las santas Vírgenes.
10.- El mismo día, santa Melania, la más joven, que con su marido Piniano, se retiró de Roma y se fue a Jerusalén, y allí, ella entre las mujeres consagradas a Dios, y él entre los Monjes, vivieron vida religiosa, y ambos descansaron con santo fin.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
SOBRE LA VIRGINIDAD: 2 LA VIRGINIDAD, ATRIBUTO DE LA NATURALEZA DIVINA E INCORPÓREA
LA VIRGINIDAD, ATRIBUTO DE LA NATURALEZA DIVINA E INCORPÓREA
Tenemos necesidad de una gran penetración intelectiva para poder comprender la excelencia de esta gracia, puesto que va junto con el concepto del Padre Eterno. Parece paradójico que en el Padre Eterno pueda darse la virginidad; en Él, que ha concebido un Hijo y que lo ha procreado sin pasión. También en Dios unigénito, abanderado de la incorrupción, se descubre el brillo fulgurante de la virginidad: en su generación pura y exenta de concupiscencias. Y es dé nuevo paradójico que el Hijo sea comprendido a través de la virginidad. Y del mismo modo, por fin, se contemplan ambos en la pureza inmaculada y natural del Espíritu Santo.
Al decir, pues, puro, decimos, con otras palabras, virginidad. La virginidad, propia de la naturaleza supra humana, se hace presente a aquellas sublimes potestades por virtud de la falta de concupiscencia que las caracteriza. No falta a ninguno de los seres divinos, ni se encuentra en ninguno de sus contrarios; y cuanto propende a la virtud, tanto por naturaleza como por libre arbitrio, se embellece con la pureza de la incorrupción; y al contrario, cuanto se inclina hacia la parte opuesta de la virtud es y se llama corrompido, por la carencia de pureza que hay en ello.
¿Qué delicadeza y abundancia de lenguaje serán suficientes para hacer el panegírico de tal gracia? Y ¿no es de temer que alguno, por el ardor de mis alabanzas, menoscabe la grandeza de su dignidad, defraudando la opinión que el oyente antes concibiera? Tengo por mejor prescindir de las frases encomiásticas, ya que no es viable por el camino de las alabanzas justipreciar la elevación de este argumento. Así como, por el contrario, es posible guardar en la memoria este divino don y tener siempre en los labios este privilegio propio y especial de la naturaleza incorpórea; privilegio que, por la misericordia de Dios para con los hombres, ha sido otorgado a los que viven en carne y sangre, para que puedan así enderezar de nuevo su naturaleza caída por el desorden de la pasión, alargándole, como una mano salvadora, la gracia de la pureza, para elevarla de nuevo a la contemplación divina.
Creo que, por esto, Jesucristo nuestro Señor, fuente de toda incorrupción, no vino al mundo como fruto de un matrimonio, dando así a entender, por el modo de encarnarse, este gran misterio: que solo la pureza es idónea para señalar la venida y presencia de Dios; la cual virtud no puede alcanzar nadie, por industria alguna, si no se desprende de toda acción carnal.
Esto fué lo que se llevó a cabo en el cuerpo de María, la virgen inmaculada, por la plenitud de la divinidad de Cristo, que en ella refulgía; y esto mismo ocurre en su medida a toda alma virginal. No es que el Señor venga a ella con presencia corporal, pues no conocemos a Cristo según la carne, como dijo el Apóstol, sino que hace una habitación espiritual en su seno y trae consigo al Padre, como se advierte en cierto lugar del Evangelio. Así que, resumiendo, es tal el poder de la virginidad, que, aun permaneciendo en el cielo junto al Padre de los espíritus y gozándose con los seres extraterrenos, se extiende también a la salvación humana. Impulsa a Dios por sí misma a la convivencia con los hombres, hace volar al hombre al deseo de las cosas celestiales, y resulta como una atadura que enlaza en parentesco al hombre con Dios y reduce al unísono dos cosas tan distantes entre sí por naturaleza.
¿Qué fuerza de expresión puede encontrarse capaz de ir a la par con esta maravilla? Pero, como es absurdo parecer semejantes a los seres insensibles, una de dos: o prueba que uno no ha conocido los encomios de la virginidad o que se muestra frío e insensible en su conocimiento.
Hemos decidido decir unas palabras acerca de ella, por sernos preciso obedecer puntualmente a la autoridad del que nos manda. Nadie busque elegancia ni ostentación en la exposición, puesto que, aun habiéndolo deseado, nos hubiera sido imposible tal género de estilo, ya que nunca lo cultivamos. Si dispusiéramos de una tal habilidad retórica, nunca hubiéramos ambicionado alcanzar renombre en estas menudencias. Pues creo que el hombre prudente debe buscar en todas sus obras no tanto lo que excite admiración de su persona y lo encumbre por encima de los otros como el provecho, tanto personal como colectivo.
Lógica general 6/19. El lenguaje hablado.
El lenguaje hablado
«Si el hombre hiciera uso únicamente del conocimiento sensitivo, el cual se halla circunscrito por su naturaleza a las cosas presentes según el tiempo y el lugar, bastaría al hombre para vivir en sociedad con los demás el uso de la palabra. Mas como el hombre se halla además dotado de conocimiento intelectual, el cual abstrae o prescinde de las condiciones o circunstancias de lugar y tiempo, le acompaña la solicitud y cuidado, no sólo acerca de las cosas presentes, sino también acerca de las cosas ausentes por parte del lugar, y de las futuras por parte del tiempo. De aquí es que la necesidad y conveniencia de manifestar sus concepciones a [37] los ausentes y futuros, ha hecho que el uso de la escritura sea una necesidad para el hombre.»
Este pasaje de santo Tomás señala el origen filosófico y la razón suficiente de la necesidad e invención de la escritura.
La escritura puede definirse: un sistema o colección de signos por medio de los cuales se manifiesta o exterioriza el pensamiento de una manera fija y permanente. Porque en efecto, la diferencia principal que separa la escritura del lenguaje hablado, es la representación sensible permanente de los pensamientos y afecciones interiores, representación que en el lenguaje hablado sólo se verifica de una manera fugaz y transitoria.
Teniendo en cuenta que el entendimiento humano posee como una tendencia natural a proceder de lo imperfecto a lo perfecto, el desarrollo lógico de la escritura admite tres períodos y tres clasificaciones correspondientes a éstos. Primer período: representación directa de las ideas por medio de la pintura de los objetos. Segundo período: representación de las ideas por medio de atributos especiales o de propiedades características, o de analogías y semejanzas. Tercer período: representación directa de los sonidos articulados por medio de determinados signos, o sea de los caracteres alfabéticos. La primera especie de escritura se llama ideográfica; la segunda, simbólica, y si se refiere a enseñanzas o sentencias religiosas y morales, recibe el nombre de jeroglífico: la tercera se llama fonográfica o fonética. Algunos apellidan a la primera kiriológica.
La escritura fonográfica es infinitamente superior a la simbólica, y más aún a la ideográfica bajo muchos conceptos; pues mientras que con la primera nos es posible y sumamente fácil expresar toda clase de ideas, toda clase de relaciones entre los objetos, toda clase de pensamientos y afecciones, hasta en sus menores detalles y modificaciones más sutiles, las dos segundas llevan consigo: 1º la incapacidad o suma dificultad de representar los objetos inmateriales: 2º la imposibilidad de representar con fijeza y claridad las múltiples [38] relaciones de los objetos: 3º la magnitud, dificultad de ejecución y sobre todo la multiplicidad de caracteres, puesto que es necesario un signo especial casi para cada objeto, para cada relación, para cada idea o pensamiento: 4º la consiguiente dificultad de aprender y retener esta clase de escritura.
La gran ventaja de la escritura fonográfica consiste en que con un número reducido de caracteres sencillos convenientemente combinados, se pueden representar todos los sonidos y palabras del lenguaje articulado, y por consiguiente todos los objetos y pensamientos con todas sus relaciones y modificaciones. Estos caracteres o signos son cinco simples o puros a, e, i, o, u, que se llaman vocales, y dieciocho mixtos que constituyen las articulaciones y suelen llamarse consonantes. Si a estos añadimos la cantidad o tiempo y el acento, resultarán en conjunto veinticinco caracteres propia o impropiamente dichos, que constituyen la representación de todos los sonidos articulados y por consiguiente los elementos integrantes de la escritura fonográfica (1).
{(1) Sabido es que las consonantes que constituyen las articulaciones, se denominan labiales, dentales, linguales, palatales y guturales, según que los labios, los dientes, la lengua, el paladar y la garganta, contribuyen más directa y eficazmente a la producción de su sonido.}
Lo que acabamos de decir en orden al número de las letras o caracteres de la escritura fonográfica o alfabética (2), tiene lugar en la mayor parte de las naciones modernas; pues según el testimonio de escritores respetables, algunos de los alfabetos antiguos sólo constaban de dieciseis caracteres, a los cuales añadieron después otros pueblos, y principalmente los Romanos, las letras g, h, f, q, v, x, y, z. También [39] conviene notar que en algunas lenguas antiguas, se escribía y escribe procediendo de derecha a izquierda, o en sentido contrario a lo que nosotros practicamos.
{(2) Alfabeto, de donde toma la escritura fonográfica la denominación de alfabética, es la serie o colección de letras que tiene cada lengua para representar los sonidos articulados, y se llama así de las dos primeras letras del griego, alfa y beta.}
Por lo que hace a la cuestión relativa al origen de la escritura fonográfica y alfabética, no faltan escritores que le atribuyen un origen divino lo mismo que al lenguaje hablado. Esta opinión se apoya, entre otras razones: 1º en la carencia de datos históricos para señalar origen humano a la escritura alfabética: 2º en la inmensa distancia que separa la escritura fonográfica de la ideográfica.
Cualquiera que sea la opinión que se adopte acerca del hecho de la invención de la escritura alfabética, lo que sí puede tenerse por muy probable, es la posibilidad de esta invención. Porque a la verdad, una vez puesto el hombre en posesión del lenguaje, bastaría un análisis detenido y profundo de los sonidos articulados, juntamente con la designación de un signo para significar los elementos de que se compone, para llegar a la invención de una escritura fonética más o menos perfecta. Este análisis y la correspondiente designación de caracteres fonéticos, constituyen la transición de la escritura ideográfica y simbólica o la fonográfica, transición que ofrece grandes dificultades sin duda, pero que no son insuperables a la inteligencia humana dotada ya de lenguaje articulado. En todo caso es incontestable que esas dificultades son muy inferiores a las que presenta la invención del lenguaje (1). [40]
{(1) De los monumentos históricos que conocemos nada se puede deducir con certeza y seguridad, no sólo acerca de la invención misma de la escritura alfabética, sino ni siquiera acerca de los primeros pueblos que usaron de ella. Entre los griegos y romanos parece que se atribuia a los fenicios el primer uso de la escritura fonográfica, a juzgar por el siguiente pasaje de Lucano: Phoenices primi, faeme si creditur, ausi-Mansuram rudibus vocem signare figuris.}
Escolio
Para formar ideas exactas acerca de la naturaleza del verbo, como elemento importante de la oración gramatical, conviene tener presente que el verbo sum, es, que según algunos constituye el único verbo, tiene dos significaciones muy diferentes. Unas veces significa la existencia objetiva de una cosa, y equivale al castellano existir, como cuando decimos: el mundo es, es decir, existe realmente. Otras veces solo significa y expresa la relación entre un predicado y un sujeto, como cuando decimos: el mundo es admirable. La primera se llama significación absoluta del verbo citado: la segunda, significación relativa y también copulativa.
Toda esta filosofía es fundamento de la Suma Teológica de Santo Tomás, que puede encontrar resumida, en tan sólo 338 páginas en el Catecismo de la Suma Teológica que puede adquirir aquí mismo.
AÑO LITÚRGICO: MÍSTICA DEL ADVIENTO
CAPITULO II
MÍSTICA DEL ADVIENTO
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
EL TRIPLE ADVENIMIENTO. — Si, después de haber detallado las características que distinguen al tiempo del Adviento de cualquier otro tiempo, queremos penetrar ahora en las profundidades del misterio que ocupa a la Iglesia durante este período, hallaremos que el misterio del Advenimiento de Jesucristo es a la vez simple y triple. Simple, porque es el mismo Hijo de Dios el que viene; triple, porque viene en tres ocasiones y de tres maneras.
En el primer Advenimiento, dice San Bernardo en el Sermón quinto sobre el Adviento, viene en carne y debilidad; en el segundo viene en espíritu y poderío; en el tercero viene en gloria y majestad; el segundo Advenimiento es el medio por el que se pasa del primero al tercero.»
Este es el misterio del Adviento. Oigamos ahora la explicación que Pedro de Blosio nos da de esta triple visita de Cristo, en su sermón tercero de AdvIento: «Hay tres Advenimientos del Señor, el primero en carne, el segundo al alma, el tercero en el día del juicio. El primero ocurrió en medio de la noche, según la frase del Evangelio: Se oyó un clamor en medio de la noche: He aquí el Esposo. Este primer Advenimiento ya pasó: porque Cristo apareció en la tierra y convivió con los hombres. Ahora estamos en el segundo Advenimiento: pero con tal de que seamos dignos de que venga a nosotros; porque El ha dicho que si le amamos, vendrá a nosotros y hará en nosotros su morada. Por consiguiente, este Advenimiento no es para nosotros algo completamente seguro, porque ¿quién, sino solamente el Espíritu divino, conoce los que son suyos? Aquellos a quienes el ansia de las cosas celestiales saca fuera de sí mismos saben cuándo viene, pero no de dónde viene y a dónde va. En cuanto al tercer advenimiento, es seguro que ha de ocurrir; pero muy incierto cuándo ocurrirá: puesto que no hay nada tan cierto como la muerte pero tampoco tan incierto como el día de la muerte. En el preciso momento en que se hable de paz y seguridad, dice el Sabio, aparecerá repentinamente la muerte, como aparecen en el seno de la mujer los dolores del parto, y nadie podrá huir. La- primera venida fué, pues, humilde y oculta, la segunda misteriosa y llena de amor, la tercera será resplandeciente y terrible. En su primer Advenimiento Cristo fué injustamente juzgado por los hombres; en el segundo nos hace justos por la gracia; en el tercero juzgará en justicia a todo lo criado: en el primer Advenimiento fué Cordero, en el último será León, en el segundo Amigo rebosante de ternura».
EL PRIMER ADVENIMIENTO. — La Santa Iglesia aguarda, pues, durante el Adviento con lágrimas e impaciencia la venida de Cristo en su primer Advenimiento. Y así, se hace eco de las ardientes expresiones de los Profetas, a las que añade sus propias súplicas. Las ansias del Mesías no son, en boca de la Iglesia, un simple recuerdo de los anhelos del antiguo pueblo: tienen un valor real, una eñcaz influencia sobre el gran acto de la generosidad del Padre celestial, que nos dió a su Hijo. Desde toda la eternidad, las oraciones reunidas del antiguo pueblo y las de la Iglesia cristiana estuvieron presentes ante el divino acatamiento; y fué después de haberlas oído y escuchado todas, cuando se decidió a enviar en su debido tiempo a la tierra este celestial roclo que hizo germinar al Salvador.
EL SEGUNDO ADVENIMIENTO. — La Iglesia ansia también el segundo Advenimiento, consecuencia del primero, y que consiste como acabamos de verlo, en la visita que el Esposo hace a la Esposa. Este Advenimiento ocurre todos los años en la fiesta de Navidad; un nuevo nacimiento del Hijo de Dios liberta a la sociedad de los Fieles, del yugo de la esclavitud que el enemigo quisiera imponerle. Durante el Adviento la Iglesia pide, pues, ser visitada por el que es su Jefe y Esposo, visitada en su Jerarquía, en sus miembros, vivos unos y otros ya difuntos pero que pueden volver a la vida; y por fln en todos los que no están en comunión con ella, en los mismos infieles para que se conviertan a la luz verdadera, que también para ellos luce. Las expresiones de la Liturgia, que emplea la Iglesia para pedir este amoroso e invisible Advenimiento, son las mismas que aquellas por las cuales solicita la venida del Redentor en la carne; porque proporcionalmente la situación es idéntica. En vano hubiera venido el Hijo de Dios, hace diecinueve siglos, si no volviera a venir para cada uno de nosotros y en cada momento de nuestra existencia, para procurarnos y fomentar en nosotros esa vida sobrenatural cuyo principio es El y el Espíritu Santo.
EL TERCER ADVENIMIENTO. — Pero esta visita anual del Esposo no colma los deseos de la Iglesia: suspira todavía por el tercer Advenimiento que será la consumación de todo y la abrirá las puertas de la eternidad. Conserva en su memoria la última frase del Esposo: He aquí que vengo a su tiempo; y dice con fervor: ¡Ven, Señor Jesús! Tiene prisa por verse libre de la sujeción del tiempo; suspira por ver completo el número de los elegidos y por ver aparecer la señal de su Libertador y Esposo sobre las nubes del cielo. Hasta allí, pues, se extiende el sentido de los deseos que expresa en su Liturgia de Adviento; esa es la explicación de la frase del discípulo amado en su profecía: He aquí las bodas del Cordero, y la Esposa está preparada
Mas, el día de la llegada del Esposo será también un día terrible. La Santa Iglesia tiembla con frecuencia con el solo pensamiento del tremendo tribunal ante el que comparecerá todo el mundo. Califica a este día de «día de ira, del cual dijeron David y la Sibila que reduciría al mundo a cenizas; día de lágrimas y de espanto. Y no es que tema por sí misma, habiéndose de colocar sobre su frente en ese día la corona de Esposa de un modo definitivo; pero su corazón maternal tiembla ante la idea de que muchos de sus hijos estarán a la izquierda del Juez, y que privados de toda sociedad con los elegidos, serán arrojados para siempre, atados de pies y manos, en las tinieblas donde no habrá más que llanto y crujir de dientes. He ahí la razón por la que se detiene la Iglesia con tanta frecuencia, en la Liturgia de Adviento, a considerar el Advenimiento de Cristo como un Advenimiento terrible y, en las Escrituras, elige los trozos más a propósito para despertar un saludable terror en el alma de aquellos de sus hijos que tal vez duerman en el sueño del pecado.
FORMAS LITÚRGICAS. — Este es, pues, el triple misterio del Adviento. Ahora bien, las formas litúrgicas de que se halla revestido son de dos clases: consisten las unas en oraciones, lecturas y otras fórmulas en que se emplean las palabras para traducir los sentimientos que acabamos de exponer; las otras consisten en ritos externos característicos de este santo tiempo y destinados a completar la expresión de los cantos y de las palabras.
Por el color de duelo de que se cubre, la Santa Iglesia quiere hacer sensible a los ojos del pueblo la tristeza que embarga su corazón. Exceptuando las fiestas de los Santos, no usa más que el color violeta; el Diácono deja la Dalmática, y el Subdiácono la Túnica. Antiguamente se llegó a usar el color negro en varios lugares, como Tours, Mans, etc. Este duelo de la Iglesia indica claramente con cuánta verdad se asocia a los verdaderos Israelitas que esperaban al Mesías en la ceniza y el cilicio, y lloraban la gloria eclipsada de Sión, y el «cetro arrebatado a Judá, hasta que venga el que ha de ser enviado, el que es el ansia de las naciones'». Significa también las obras de penitencia por las que se prepara al segundo Advenimiento lleno de dulzura y misterio, que se realiza en los corazones en la medida que aquellos se muestran sensibles a la ternura que les manifiesta este divino Huésped que dijo: Mis delicias son estar con los hijos de los hombres
Finalmente traduce el desconsuelo de esta viuda, en espera del Esposo que tarda en llegar. Cual la tórtola, gime sobre la montaña, hasta sentir la voz que la ha de decir: «Ven del Líbano, Esposa mía; ven y serás coronada, porque has herido mi corazón»2.
La Iglesia suspende también durante el Adviento, fuera de las fiestas de los Santos, el empleo del Himno angélico: Gloria in excelsis Deo, et in térra pax hominibus bonae voluntatis. Efectivamente, este maravilloso cántico se oyó por vez primera en Belén en la gruta del Niño Dios; la lengua de los Angeles permanece todavía muda; la Virgen no ha depositado aún su divina carga; no es tiempo todavía de cantar, aún no es propio entonar: «¡Gloria a Dios en las alturas! ¡en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!»
Tampoco deja oir el Diácono al fin de la Misa aquellas solemnes palabras con que despide a la asamblea de los fieles en tiempo ordinario: Ite, missa est. En su lugar exclama: Benedicamus Domino! como si la Iglesia tuviese miedo de interrumpir la oración de los fieles, que no debería ser nunca demasiado larga en estos días de espera.
En el Oficio Nocturno, la Santa Iglesia suspende también, durante estos días, el cántico jubiloso del Te Deum laudamus. Espera en la humildad el don divino y por eso durante esta expectación no sabe hacer otra cosa que pedir, suplicar y esperar. Ya llegará la hora solemne en que el Sol de justicia aparezca de repente en medio de las más oscuras tinieblas: entonces recobrará ella su voz de acción de gracias; y el silencio de la noche hará eco, en toda la tierra, a este grito de entusiasmo: «Te alabamos, oh Dios; te ensalzamos, oh Señor. ¡Oh Cristo, Rey de la gloria, Hijo eterno del Padre! para libertar al hombre no tuviste horror al seno de una pobre Virgen.»
Los días de feria, antes de terminar cada hora del Oficio, las Rúbricas del Adviento prescriben oraciones especiales que se deben hacer de rodillas; en esos mismos días el Coro debe permanecer también en esa postura durante una buena parte de la Misa. Bajo este aspecto, las prácticas del Adviento son idénticas a las de la Cuaresma.
No obstante eso, existe un rasgo característico que distingue a estos dos tiempos: el canto de la alegría, el jubiloso Alleluia no queda suspendido durante el Adviento, a no ser en los días de feria. Continúa cantándose en la Misa de los cuatro domingos, formando contraste con el sombrío color de los ornamentos. Incluso hay una dominica, la tercera, en que el órgano recupera su amplia y melodiosa voz y el triste color violeta es reemplazado unas horas por el color de rosa.
Este recuerdo de las alegrías pasadas, que es bastante frecuente en las santas tristezas de la Iglesia, es también suficientemente elocuente para significar que, aunque se una al pueblo antiguo para implorar la venida del Mesías y pagar de esta manera la gran deuda que la humanidad ha contraído con la justicia y bondad divinas, no olvida a pesar de todo, que el Emmanuel ha venido ya para ella, que está a su lado y que antes de que mueva los labios pidiendo redención, se encuentra ya rescatada y señalada para la unión eterna con su Esposo. He ahí por qué el Alleluia se mezcla con sus suspiros y las alegrías con las tristezas, en espera de que el gozo venza al dolor en aquella sagrada noche, que será más radiante que el más esplendoroso día.
AÑO LITÚRGICO: HISTORIA DEL ADVIENTO
HISTORIA DEL ADVIENTO
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
SU NOMBRE. — En la Iglesia latina, se da el nombre de Adviento al tiempo destinado por la Iglesia para preparar a los fieles a la celebración üe la fiesta de Navidad, aniversario del Nacimiento de Jesucristo. El misterio de este gran día merecía sin duda el honor de un preludio de oración y penitencia: pero es imposible determinar de una manera cierta la época en que fué instituido este tiempo de preparación, que sólo más tarde recibió el nombre de Adviento [1].
El Adviento se puede considerar bajo dos puntos de vista diferentes: como un tiempo de preparación propiamente dicha al Nacimiento del Salvador, por medio de prácticas de penitencia, o como un conjunto de oficios eclesiásticos, organizado con el mismo fin. Ya desde el siglo v nos hallamos con la costumbre de hacer exhortaciones al pueblo para prepararle a la fiesta de Navidad; hasta nos quedan dos sermones de San Máximo de Turín sobre este objeto, sin mencionar otros muchos atribuidos antiguamente a San Ambrosio y a San Agustín, y que parecen ser de San Cesáreo de Arlés. Aunque estos monumentos no nos precisan todavía la duración y los ejercicios que se practicaban en este santo tiempo, al menos nos es dado ver en ellos la antigüedad de una práctica que señala con predicaciones especiales el tiempo de Adviento. San Ivo de Chartres, San Bernardo y algunos otros doctores de los siglos XI y XII nos han dejado sermones especiales de Adventu Domini, completamente distintos de las Homilías dominicales sobre los Evangelios de este tiempo. En las Capitulares de Carlos el Calvo, del año 846, los Obispos advierten a este príncipe que no debe alejarlos de sus Iglesias durante la Cuaresma, ni durante oJ Adviento so pretexto de asuntos de Estado o de alguna expedición militar, porque ellos tienen deberes particulares que cumplir durante ese tiempo, sobre todo el de la predicación.
Un antiguo documento donde se encuentran precisados ya el tiempo y las prácticas del Adviento, aunque de manera poco clara todavía, es un pasaje de San Gregorio de Tours, en el segundo libro de su Historia de los Francos en el que cuenta que San Perpetuo, uno de sus predecesores que ejercía su cargo hacia el año 480, había determinado que los fieles debían ayunar tres veces a la semana, desde la fiesta de San Martin hasta Navidad [2]. ¿Establecía San Perpetuo, por esta ordenación, una nueva observancia o sencillamente sancionaba una ley ya establecida? Imposible determinarlo hoy día con exactitud. Notemos solamente que existe un período de cuarenta días o más bien de cuarenta y tres días expresamente señalado y consagrado a la penitencia como otra Cuaresma, aunque menos rigurosa [3]
Poco después nos hallamos con el canon nueve del primer concilio de Macón, celebrado en 583, el cual ordena que durante el mismo intervalo de San Martín hasta Navidad, deberá ayunarse los lunes, miércoles y viernes y que se celebrará el sacrificio según el rito de la Cuaresma. Algunos años antes, el segundo Concilio de Tours, celebrado en 567, obligaba a los monjes a ayunar desde principios del mes de diciembre hasta Navidad. Esta práctica penitencial se extendió pronto a toda la cuarentena, obligatoria también para los fieles, dándosele vulgarmente el nombre de Cuaresma de San Martín. Las Capitulares de Carlomagno, en el libro sexto, no dejan lugar a duda; y Rabano Mauro asegura lo mismo en el libro segundo de su Institución de los Clérigos. Hasta se hacían regocijos particulares en la fiesta de San Martín, la mismo que ahora al acercarse la Cuaresma y en la fiesta de Pascua.
CAMBIOS EN LA OBSERVANCIA. — La obligatoriedad de esta Cuaresma, que naciendo de una manera casi inperceptible había llegado a crecer en lo sucesivo hasta llegar a ser una ley sagrada, se fué relajando poco a poco; los cuarenta días desde San Martín a Navidad quedaron convertidos en cuatro semanas. Ya hemos visto que la práctica de este ayuno había nacido en Francia; de allí se había extendido por Inglaterra, según sabemos por la Historia del Venerable Beda; por Italia, como consta por un diploma de Astolfo rey de los Lombardos (f 753); por Alemania y España[4] etcétera, como se puede ver por las pruebas que aporta la gran obra de Don Marténe sobre los antiguos Ritos de la Iglesia. La primera noticia que encontramos sobre la reducción del Adviento a cuatro semanas parece ser la carta del Papa San Nicolás I a los Búlgaros que data del siglo ix. El testimonio de Ratiero de Verona y de Abdón de Fleury, autores del mismo siglo, sirve también para probar que el acortamiento del ayuno del Adviento era en aquellos días cuestión candente. Es cierto que San Pedro Damiano, en el siglo XI, supone todavía que el ayuno del Adviento duraba cuarenta días, y San Luis, dos siglos más tarde, también lo observaba; pero tal vez este Santo lo practicaba así por una devoción particular.
La disciplina de las Iglesias occidentales, después de haber reducido la duración del ayuno de Adviento, acabó por trasformarlo en una simple abstinencia; y aun se dan Concilios desde el siglo XII, como el de Selingstadt en 1122, que parecen no obligar con la abstinencia más que a los clérigos [5]. El Concilio de Salisbury, en 1281 parece que no lo preceptúa sino para los monjes. Por otra parte es tal la confusión sobre esta materia, sin duda debido a que las Iglesias de Occidente no lo hicieron objeto de una disciplina uniforme, que Inocencio III, en su carta al Obispo de Braga, afirma que la práctica del ayuno durante todo el Adviento, se conservaba todavía en Roma en su tiempo, y Durando, en el mismo siglo XIII y en su «Rationale» asegura de la misma manera que el ayuno era continuo en Francia durante todo el curso de este santo tiempo.
Sea lo que fuere, esta costumbre fué cayendo en desuso poco a poco, de suerte que todo lo que le fué dado hacer al Papa Urbano V en 1362 para detener su desaparición completa, fué obligar a todos los clérigos de su corte a guardar la abstinencia del Adviento, sin hacer mención alguna del ayuno y sin constreñir de ningún modo con esta ley a los demás clérigos y mucho menos a los laicos. San Carlos Borromeo trató también de resucitar en su pueblo milanés, el espíritu, si no la práctica de los antiguos tiempos. En su cuarto Concilio obligó a los sacerdotes a que exhortasen a los fieles a comulgar al menos todos los domingos de Cuaresma y del Adviento, y dirigió también a sus diocesanos una carta pastoral, en la que, después de recordar las disposiciones con que se debe celebrar este santo tiempo, trataba de animarles a ayunar por lo menos los lunes, miércoles y viernes de cada semana de Adviento. Finalmente Benedicto XIV, siendo todavía Arzobispo de Bolonia, y queriendo seguir tan gloriosas huellas, dedicó su undécima Institución Eclesiástica a despertar en el espíritu de sus fieles la elevada idea que los cristianos de otros tiempos tenían del santo tiempo de Adviento, y a combatir un prejuicio existente en aquella región y que consistía en creer que el Adviento concernía sólo a los religiosos y no a los simples fieles. Demuestra que esta afirmación, a menos que se refiera solamente al ayuno y a la abstinencia, es verdaderamente temeraria y escandalosa, puesto que no se puede dudar de que existe, dentro de las leyes y usos de la Iglesia universal, un conjunto de prácticas destinadas a preparar a los fieles a la gran fiesta del Nacimiento de Jesucristo.
La Iglesia griega observa todavía el ayuno del Adviento, pero un ayuno mucho más suave que el de la Cuaresma. Se compone de cuarenta días, contando desde el 14 de noviembre, día en que la Iglesia celebra la fiesta del Apóstol San Felipe. Durante este tiempo se guarda abstinencia de carne, manteca, leche y huevos; pero se puede usar el aceite, vino y peces, cosas prohibidas en Cuaresma. El ayuno propiamente dicho no obliga más que siete días de los cuarenta; a todo el conjunto se le da el nombre de Cuaresma de San Felipe. Los griegos justifican estas mitigaciones diciendo que la Cuaresma de Navidad es institución monacal, mientras que la de Pascua es de institución apostólica.
Pero, aunque las prácticas externas de penitencia que consagraban antiguamente el tiempo de Adviento entre los Occidentales, hayan ido mitigándose poco a poco, de manera que apenas queda vestigio alguno de ellas fuera de los monasterios, el conjunto de la Liturgia de Adviento no ha cambiado, y los fieles deben procurar una verdadera preparación a la fiesta de Navidad, apropiándose su espíritu con esmero.
CAMBIOS DE LA LITURGIA. — La forma litúrgica del Adviento tal cual hoy se conserva en la Iglesia Romana, ha experimentado algunos cambios. San Gregorio (590-604) parece haber sido el primero que compuso este Oficio, que comprendía primeramente cinco domingos, tal como se puede ver en los sacramentarlos más antiguos de este gran Papa. A este propósito se puede también afirmar, siguiendo a Amalario de Metz y a Bernón de Reichenau, los cuales a su vez son seguidos en esto por Don Marténe y Benedicto XIV, que el autor del precepto eclesiástico del Adviento pudiera ser San Gregorio, aunque el uso de dedicar un tiempo más o menos largo a la preparación de la fiesta de Navidad sea de uso inmemorial y la abstinencia y el ayuno de este santo tiempo hayan tenido su origen en Francia. Según eso, San Gregorio habría determinado para las Iglesias de rito romano la forma de los Oficios durante esta especie de Cuaresma y sancionado el ayuno que le acompañaba, dejando a, pesar de todo cierta libertad a las diversas Iglesias para el modo de practicarlo. Como se ve por Amalario, San Nicolás I, Bernón de Reichenau, Ratiero de Verna etc., a partir del siglo ix y x los domingos habían quedado reducidos a cuatro; es el número que trae también el Sacramentario gregoriano trasmitido por Pamelius y que parece haber sido copiado en esa época. Desde entonces no ha variado la duración del Adviento en la Iglesia Romana, habiéndose fijado en cuatro semanas, y cayendo en la cuarta la fiesta de Navidad, a no ser que esta coincida con el Domingo. Por consiguiente a la práctica actual se le puede calcular una antigüedad de mil años, al menos por lo que se refiere a la Iglesia romana; ya que existen pruebas de que algunas Iglesias de Francia guardaron la costumbre de las cinco semanas hasta el siglo XIII [6]
Todavía la Iglesia ambrosiana cuenta seis semanas en su Liturgia de Adviento; y el Misal gótico o mozárabe guarda la misma costumbre. En cuanto a la Iglesia galicana, los fragmentos c¡ue Dom Mabillon nos ha conservado de su liturgia, nada nos dicen a este propósito, pero es lógico opinar con este sabio, cuya autoridad está corroborada por la de Dom Marténe, que la Iglesia de las Galias seguía en este punto, como en otros muchos, las costumbres de la Iglesia gótica, es decir que la Liturgia de su Adviento se componía también de seis domingos y seis semanas [7].
Por lo que se refiere a los Griegos, sus Rúbricas para el tiempo de Adviento se pueden ver en las Menees, a continuación del Oficio del 14 de noviembre. No tienen Oficio propio para el Adviento y durante este tiempo tampoco celebran la Misa de Presantificados, como en Cuaresma. Pero, en los Oficios de los Santos que se celebran entre el 15 de noviembre y la dominica más próxima a Navidad, se hacen frecuentes alusiones a la Natividad del Señor, a la divina Maternidad de María, a la gruta de Belén, etc. El domingo que precede a Navidad, celebran la fiesta que llaman de los Santos abuelos, es decir la conmemoración de los Santos del Antiguo Testamento, con el fln de rememorar el ansia del Mesías. A los días 20, 21, 22 y 23 de diciembre los honran con el título de Ante-Fiesta de Navidad; dominando la idea del misterio del Nacimiento del Salvador toda la Liturgia, a pesar de que celebren en esos días el Oficio de varios Santos.
SOBRE LA VIRGINIDAD: 1. LA VIRGINIDAD SUPERA TODO ENCOMIO.
SAN GREGORIO NISENO
SOBRE LA VIRGINIDAD
Epístola exhortatoria a la vida de la Virtud
Esta obra, la mejor de las compuestas en el terreno ascético por el escritor capadocio, justifica plenamente el doble título de místico y de filósofo con que se ha venido caracterizando su figura. Su anhelo por profundizar y aprovechar para las verdades religiosas la ciencia especialmente neoplatónica nos recuerda a Orígenes, a quien tanto admiró, aunque preservándose, en general, de sus errores. Bien provisto de cultura profana y solícito por ofrecer la definición neta y un sistema claro, su pluma va conduciendo el entendimiento del lector hasta las más altas cimas del ideal ascético, sin olvidar, empero, la importancia del corazón, al que procura enardecer con el fuego de la fe y las doctrinas vivientes de la Iglesia.
El subtítulo mismo de Epístola exhortatoria a la vida de la virtud indica claramente que el contenido del tratado no se circunscribe a la integridad de la pureza corporal, sino que es cifra del ejercicio completo de la ascética, que ha de conducir a la perfecta unión con Dios. Los veinticuatro capítulos del tratado podrían agruparse en dos partes, la primera de las cuales (I-XIII) se detiene preferentemente en poner de manifiesto la grandeza de la virginidad, sus ventajas sobre el matrimonio y sus privilegios, exponiendo en la segunda (XI V-XXIV) lo que tal virtud exige de parte del hombre y los medios necesarios para su guarda.
ÍNDICE
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PARTE PRIMERA: EXCELENCIA DE LA VIRGINIDAD
1. LA VIRGINIDAD SUPERA TODO ENCOMIO.
2. LA VIRGINIDAD, ATRIBUTO DE LA NATURALEZA DIVINA E INCORPÓREA
3. RECUENTO DE LOS INCONVENIENTES DEL MATRIMONIO
4. PERTURBACIONES QUE ORIGINA ÉL MATRIMONIO Y EL NO VENCER LOS AFECTOS TERRENOS
5. CONVENIENCIA DE LA VIRGINIDAD PARA LA CONTEMPLACIÓN DIVINA
6. EJEMPLOS DE ELÍAS Y DE JUAN BAUTISTA EN ESTA MATERIA
7. MALES ACARREADOS POR LA DISIPACIÓN DE ESPÍRITU
8. LICITUD DEL MATRIMONIO Y CONVENIENTE MODERACIÓN EN ÉL
9. FUERZA E INFLUJO DE LA COSTUMBRE
10. DIFICULTAD DE PERCIBIR LA BELLEZA INCREADA
11. CAMINO PARA LLEGAR AL CONOCIMIENTO DE LA BELLEZA Y LA LUZ DIVINAS
12. ORIGEN CULPABLE DE NUESTRAS PASIONES Y CAMINO PARA RECOBRAR LA UNIÓN PERDIDA CON DIOS
13. LA VIRGINIDAD TRIUNFA SOBRE EL PODER DE LA MUERTE
PARTE SEGUNDA: CUALIDADES Y VIRTUDES QUE DEBE ENCERRAR EN SÍ LA VIRGINIDAD
14. ES NECESARIO QUE LA VIRGINIDAD ABRACE TODO EL CUERPO Y TODA EL ALMA
15. CUALQUIER MANCHA ES UN PELIGRO PARA LA VIRGINIDAD
16. DEBE LA VIRGEN HUIR DE LOS EXTREMOS Y JUNTAR LA SENCILLEZ CON LA PRUDENCIA
17. TODAS LAS FUERZAS DEL ALMA HAN DE ESTAR ORIENTADAS HACIA LA VIRTUD
18. VIRTUDES PRINCIPALES PROPIAS DE LA VIRGINIDAD
19. PRINCIPIOS, DESCENDENCIA Y MATRIMONIO ESPIRITUAL EN LA VIRGINIDAD
20. NO SE PUEDEN SERVIR AL PLACER Y A LA SABIDURÍA NI CONTRAER JUNTAMENTE EL MATRIMONIO ESPIRITUAL Y CORPORAL
21. MODOS Y USO QUE HA DE GUARDARSE EN EL PLACER
22. ARMONÍA DE LA VIRTUDES OPUESTAS Y MODERACIÓN EN LA ABSTINENCIA
23. NECESIDAD DE SEGUIR A UN DIRECTOR EXPERIMENTADO
24. NECESIDAD DE UN GUÍA Y DE LA IMITACIÓN DE CRISTO CRUCIFICADO
PARTE PRIMERA: EXCELENCIA DE LA VIRGINIDAD
1.LA VIRGINIDAD SUPERA TODO ENCOMIO
La noble figura de la virginidad, estimada por todos los que sinceramente justiprecian el bien y alcanzada sólo por aquellos a quienes la gracia de Dios ayuda a concebir y realizar tan buen deseo, encierra ya en su mismo sobrenombre un gran motivo laudatorio. Pues el epiteto incorrupto, aplicado comúnmente a la virginidad, es señal de la pureza que en ella se encierra, ya que, siendo muchos los dones que se alcanzan por la práctica de las virtudes, sólo éste ha merecido el epíteto de incorrupto,
Y si todavía debemos ennoblecer este privilegio con encomios del Dios máximo, baste el testimonio del divino Apóstol, que encierra en pocas palabras toda la suma de alabanzas, al llamar santo e irreprochable a quien estuviere adornado con esta gracia. Pues si el resultado de la virginidad es hacerle a uno irreprensible y santo—y estos dos nombres propia y directamente convienen a la gloria de Dios incorruptible—, ¿qué mayor alabanza de la virginidad que el que por estos medios aparezca como divinizando a los que participan de sus puros misterios hasta convertirlos en compañeros de la gloria del Dios único, verdaderamente santo e irreprensible, siendo familiares suyos por la pureza e incorrupción?
Todos cuantos se extienden en largas alabanzas, aún a costa de digresiones, como si con ellas añadiesen algo a la grandeza maravillosa de la virginidad, no son consecuentes, a mi modo de ver, consigo mismos; pues trabajan contra lo que pretenden, al hacer sospechosa su alabanza por los mismos encomios con que pretenden ensalzar su grandeza. Las cosas que son grandes por naturaleza, despiertan por sí mismas admiración y no necesitan para nada la recomendación de las palabras—así el sol, el firmamento y cualquiera de las maravillas del mundo—, mientras que, en las obras vulgares, las palabras, apuntalando la vaciedad de su fundamento, añaden cierta apariencia de grandeza con la habilidad del ditirambo. Por eso, casi siempre, la estima que se funda en la alabanza o la admiración, que se ha conseguido a fuerza de encomios, se tiene por sospechosa y sofística. La única alabanza cabal de la virginidad es que aparezca, como virtud superior a toda alabanza, y que la pureza sea más admirable por su género de vida que por su descripción o por sus encomios. El que pretenda ensalzarla buscando una gloria vana y crea posible enaltecerla con razonamientos humanos, se parece al que pretende añadir algo con una gota de su propio sudor a la inmensidad del mar.
Este tal o no conoce sus fuerzas o no sabe lo que alaba.

