EL DOGMA DE LA PREDESTINACIÓN. SÍNTESIS TOMISTA (4/ 8)

La Síntesis tomista de la predestinación

La predestinación es la parte más elevada de la Providencia. Ahora sólo podemos resumir brevemente desde el punto de vis­ta de los principios lo que acerca de ella dice Santo Tomás y su escuela, y además la hemos tratado con amplitud en el Dic­tionnaire de théoigie caholique, en él artículo Predestina­lion» (cois. 2940-299 y 2984-3082).

Fundamento escriturístico. En primer lugar Santo To­más ha estudiado con toda atención, en sus comentarios sobre el Evangelio de San Juan y sobre las Epístolas de San Pablo, los textos escrituristicos referentes a la predestinación, a su gratuidad, a su infalibilidad, de un modo especial los siguientes: «He guardado los que tú me diste, y ninguno de ellos se ha perdido, sino el hijo de la perdición, cumpliéndose así la Es­critura» (Jn., XVII, 12). «Mis ovejas oyen la voz mía, y yo las conozco, y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna, y no se perderán jamás, y ninguno las arrebatará de mis manos. Pues lo que mi Padre me ha dado, todo lo sobrepuja; y nadie puede arrebatarlo de mano de mi Padre. Mi Padre y yo somos una misma cosa » (Jn., X, 27): «Muchos son los lla­mados pero pocos los escogidos» (Mt., XXII, 14). Según estas palabras hay escogidos elegidos desde toda la eternidad Por Dios; se salvarán infaliblemente, Dios los absolverá de sus pecados y sus méritos no se perderán. Otros se perderán, como el hijo de perdición. Sin embargo Dios nunca manda algo imposible, y hace a todos realmente posible el cumplimiento de sus preceptos en el momento en que éstos obligan y en la medida en que son conocidos. El arrepentimiento era real­mente posible para Judas, pero de hecho no ha existido. Hay una notable diferencia entre la potencia y el acto. El misterio radica sobre todo en la conciliación de la voluntad salvífica universal y de la predestinación, no de todos, sino de un de­terminado número conocido sólo por Dios.

Este misterio es afirmado con claridad por San Pablo en numerosas ocasiones, implícita y explícitamente, en algunos textos que Santo Tomás comenta ampliamente, y en los que muestra la gratuidad de la predestinación; ¿Quién es el que te da ventaja sobre otros? o ¿qué cosa tienes tú que no la hayas recibido? Y si lo que tienes lo has recibido de que te jactas como si no lo hubieras recibido (I Cor, IV,7)      Lo que equivale a decir,  nadie sería mejor que otro, si no fuese más amado y más ayudado por Dios, aunque el cumplimiento de los preceptos sea igualmente posible para todos . “Pues Dios es el que obra en vosotros por un efecto de su buena voluntad no sólo el querer sino el ejecutar” (Fp. 2,13)

Para Santo Tomás y su escuela así como  para San Agustín, San Pablo habla explícitamente do la predestinación a los efesios (I,.4) : Por Él mismo (Jesús) nos escogió antes de la creación del mundo , para ser santos, y sin mancha en

su presencia, por la caridad. Nos ha predestinado para ser hijos  suyos adoptivos por Jesucristo a gloria suya por un puro  efecto de su buena voluntad, a fin de que se celebre la gloria de su gracia mediante la cual somos gratos en su querido Hijo.” Advierte Santo Tomas que San Pablo realza ora el puro efecto de  la buena voluntad: ora el propósito o el designio de la inteligencia divina, de donde siempre resulta  la libertad del acto que es la predestinación.

Con mayor claridad aun dice (Rom. 8, 28-30) : Sabemos también nosotros que todas las cosas contribuyen al bien de los aman a Dios, de aquellos que ha llamado según su decreto para ser santos. Pues a los que Él tiene previstos, también los predestinó para que se hiciesen conformes a la imagen de su Hijo, de manera que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a estos que ha predestinado también los ha llamado; y a quienes ha llamado, también los ha justificado; y a los que ha justificado, también los ha glorificado”. ¿ Cómo ha entendido Santo Tomás los términos quos prææcevit et prædestinavit “ a los que tiene previstos también los predestinó”? En su comentario sobre la Epístola a los Romanos y en todos los demás lugares, Santo Tomás ha entendido estas palabras como San Agustín. No se trata de la presciencia divina de nuestros méritos; esto no tendría ningún fundamento en San pablo y se opondría a numerosas afirmaciones suyas ( Especialmente Ef 1,4; 1Cor. 4, 7, Rom. 9, 15-16. El sentido es el siguiente: “a los que tiene previstos en una mirada de benevolencia, también los predestinó” y ¿ con qué intención? : “ A fin de que su Hijo sea el primogénito entre muchos hermanos”. Tal es para San Agustín y Santo Tomás el sentido de prææcevit. Así mismo Santo Tomás muestra en su comentario en la Epístola a los Romanos (9,12) que San Pablo expone aquí la soberana independencia de Dios en la distribución de sus gracias: los judíos, que eran el pueblo elegido, son rechazados a causa de su incredulidad, y la salvación es anunciada a los paganos. Aquí se trata, en primer lugar, de los pueblos; pero los mismos principios se aplican a las personas. En efecto, San Pablo formula en este pasaje el principio de predilección de Dios que se aplica tanto a los pueblo como a los individuos. “ Pues, qué diremos de esto? ¿ Por ventura cabe en Dios injusticia? De ninguna manera. Pues Dios dice a Moisés: usaré de misericordia con quien me pluguiere usarla, y tendré compasión de quien quiera tenerla. Así que no es obra del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que usa de misericordia” (Rm. 9, 14). Si la predestinación implica un acto positivo de Dios, el endurecimiento es solo permitido por Él y provine del mal uso que el hombre hace de su libertad. El hombre no tiene que pedir cuentas al Señor; de donde la conclusión: “Oh profundidad de los tesoros y la sabiduría de Dios, cúan incomprensibles son su juicios, cuán impenetrables sus caminos!…¿Quién es el que le dio a Él primero una cosa, para que pretenda por ello ser recompensado? Porque de Él. Y por Él, y en Él son todas las cosas. A ël sea la gloria por siempre jamás. Amén”. (Rom, 11,33).

¡HAY QUE ELEGIR!: ESTÁ EN JUEGO LA SALVACIÓN DEL ALMA

EL DISENTIMIENTO DE LA FE
Mons. DonaldJ. Sanborn

Si Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger, – y ahora Bergoglio- fueron papas,

hay que aceptar la nueva misa y el Concilio Vaticano II en su totalidad, o se está en cisma;.

Nota de la R.: Lo que el autor dice en el artícul. sobre Wojtyla es aplicable a sus sucesores, según el mismo autor.

Esta web no suscribe, necesariamente, lo afirmado por autores ajenos; aunque comparte la esencia.

Pregunta: ¿Cómo reconcilia Ud. la conciencia individual católica con la necesidad de sostener que Juan Pablo II no es el papa? ¿No eleva Ud. al plano dogmático una mera opinión teológica?

En primer lugar, déjeme manifestar que no tengo autoridad, y por consiguiente nada que yo diga puede tomar el lugar de la autoridad de la Iglesia Católica. Es imposible para mí o cualquier otro que carece de autoridad elevar a plano dogmático lo que fuere, y es asimismo imposible para alguien que carece de autoridad vincular las conciencias de otros.

La única función que puedo realizar es señalar lo que es la enseñanza de la Iglesia Católica, la Fe verdadera, y aun esto no lo hago con infalibilidad. Para la conciencia de un católico sólo tiene fuerza la autoridad docente de la Iglesia Católica; Cualquier sustituto de esa autoridad constituye el mismo espíritu de herejía.

Cuando digo, por consiguiente, que es imposible que Wojtyla sea papa, y que es menester que los católicos lo denieguen como papa, meramente señalo que hay una conexión lógica necesaria entre decir, por un lado que él ha alterado laFe, y por otro lado, que él no es papa. La discusión puede ser puesta en forma silogística en la siguiente manera:

Premisa mayor:Es imposible que un hombre sea papa y al mismo tiempo autorizadamente promulgue doctrinas de fe y moral que contradigan la enseñanza de la Iglesia, o haga leyes generales dañinas para las almas.

Premisa menor:Pero Karol Wojtyla autorizadamente [1] ha promulgado doctrinas de fe y moral que contradicen la enseñanza de la Iglesia, y ha hecho leyes generales dañinas para las almas.

Conclusión: Es imposible que Karol Wojtyla sea papa.

La premisa mayor es de fe, pues encierra la misma infalibilidad de la Iglesia Católica, esto es, el no poder errar en su competencia docente mediante el magisterio ordinario o extraordinario. Tampoco puede errar en hacer leyes generales para la Iglesia:éstas no pueden hacer daño a las almas. La premisa menor es de fe respecto del Vaticano II y lo es asimismo por la razón iluminada por la fe y aplicada a los cambios del Vaticano II. Es de fe respecto del Vaticano II mismo, desde que el Vaticano II contradijo casi palabra para palabra la enseñanza de Pío IX tocante a la libertad religiosa.

Pero la enseñanza del papa Pío IX tiene al menos todas las notas del magisterio ordinario universal, al cual se debe asentimiento de fe. Pero si se debe asentimiento de fe a la enseñanza del papa Pío IX, luego se debe disentimiento de fe al Vaticano II. Por Ejemplo, está definido que María fue asunta en cuerpo y alma al cielo. El católico debe asentimiento de fe a esta doctrina. Él automáticamente debe disentimiento de fe para su contradictoria: María no fue asunta en cuerpo y alma al cielo. Este disentimiento no es un acto de razón sino de fe, tanto que uno tendría que entregar su vida para manifestar este disentimiento. Por lo tanto, dado que debemos asentimiento de fe a la enseñanza del papa Pío IX tocante a la libertad religiosa, debemos disentimiento de fe para su contradictorio, a saber, la enseñanza del Vaticano II sobre el mismo tema. No es un acto de razón, sino de fe.

Por otra parte, el juicio de que la Misa Nueva, los sacramentos nuevos y el Código Nuevo de Derecho Canónico son malos y acatólicos, es un juicio de razón, pero de razón iluminada por la fe, pues estas cosas son repugnantes no para la razón, sino para la Fe. Aunque su oposición a la enseñanza de la Iglesia no aparezca en cada detalle, sin embargo es tan obvia, que quienes conservan la fe inmediatamente oponen resistencia a estos cambios. La Iglesia, empero, no los ha condenado oficial y expresamente, como lo hizo con la libertad religiosa, y por eso el juicio supone la intervención de la razón. La resistencia que los fieles les oponen es una resistencia de fe.

Así pues, la afirmación de que los cambios del Vaticano II son falsos y dañinos para las almas proviene de la razón iluminada por la fe, lo cual quiere decir que esta afirmación es teológicamente cierta. Lo que importa aún más es que esta afirmación es la misma base de la resistencia a los cambios del Vaticano II. Porque, si los cambios del Vaticano II no fueran una alteración de la Fe, o no fueran dañinos para las almas, entonces sería un grave pecado mortal de desobediencia, si no de cisma, el resistirlos. En otras palabras, ¿por qué llevamos adelante esta resistencia, si los cambios son católicos? El único justificativo del apostolado no autorizado de sacerdotes tradicionales es que la “autoridad” ha promulgado doctrinas y leyes dañinas para las almas. Pero si esa “autoridad” ha promulgado doctrinas y leyes dañinas para las almas, luego es imposible que sea la autoridad católica. Pues si Ud. admite que la autoridad católica, la autoridad de la Iglesia que es la autoridad de Cristo, es la autora del Vaticano II, la Misa Nueva, los sacramentos nuevos, y el Código Nuevo de Derecho Canónico, luego Ud. debe aceptar estas reformas como católicas, libres de error, y conducentes a la salvación eterna.

Otra posible exposición de lo mismo sería señalar el enlace necesario entre la autoridad papal y la catolicidad y bondad intrínsecas de las doctrinas y las leyes que promulga. La afirmación de lo uno exige la afirmación de lo otro, esdecir, si una doctrina es autorizadamente enseñada por el papa, debe ser católica; Si una ley general es promulgada por el papa, debe ser buena. Esto esde fe, lo cual quiere decir que si un católico negara este vínculo esencial, él dejaría por consiguiente de ser católico, desde que este enlace es el mismo carisma de la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia.

Por consiguiente señalo a los fieles y a sus conciencias católicas que, si emprenden la resistencia al Vaticano II, la Misa Nueva, y el Código Nuevo de Derecho Canónico porque estos no son católicos y sí son dañinos para las almas,luego no pueden, por el enlace lógico que justamente he explicado, mantener que la autoridad que promulgó estas cosas es la autoridad de la Iglesia. Si ellos mantienen que es la autoridad de la Iglesia, implícitamente caen en herejía, desde que mantienen que la Iglesia ha promulgado error y mal, lo que va en contra de las promesas de Cristo y la enseñanza de la Iglesia. Si, por otra parte, piensan que el Vaticano II, los Misa Nueva y Sacramentos y el Código Nuevo son católicos, luego no tienen suficiente razón para resistirlos, de hecho su resistencia sería un pecado mortal. La única salida de este dilema es mantener que es imposible que Wojtyla sea papa.

¿Qué pasa si se duda?

¿Qué decir del caso de quien duda de la naturaleza dañina de los cambios deVaticano II, y / o duda de la papalidad de Wojtyla?

En primer lugar, la duda es algo que existe sólo en la mente, y no en realidad. Una de dos: los cambios son dañinos o no lo son; Wojtyla es papa o nolo es.

Primero hay que distinguir entre la duda sobre los males del Vaticano II y sus reformas, y la duda sobre la ortodoxia personal de Wojtyla, pues son dos cosas diferentes. En el caso de la duda tocante a los males del Vaticano II y sus reformas, hay que sacar la misma conclusión de la no-papalidad de Wojtyla, dado que basta la duda para destruir el enlace necesario entre el papado, que es la autoridad suprema de la Iglesia y de Cristo (una única autoridad), y la verdad de las doctrinas enseñadas y la bondad intrínseca promulgadas. Pues la duda admite la posibilidad de la acatolicidad de los cambios, y la posibilidad es lo contradictorio de la imposibilidad. No se puede decir, por ejemplo, con la certeza de fe, que es imposible que un papa autorizadamente enseñe doctrinas falsas o promulgue leyes generales dañinas para las almas, y al mismo tiempo sostener que es posible que un papa autorizadamente haya enseñado doctrinas falsas, y / o promulgado leyes generales dañinas para las almas. Estas dosdeclaraciones son contradictorias según manuales elementales de lógica. Pero la duda admite una tal posibilidad, pues la duda es la fluctuación de la mente entre dos juicios de los cuales cada uno tiene alguna probabilidad, o sea alguna prueba de su verdad. Pero la virtud de la fe no puede soportar siquiera esta posibilidad de que su opuesto sea verdadero, dado que los juicios de la fe son juicios necesarios.

Así las cosas, no podemos por un lado decir que creemos por la fe que Cristo es Dios, pero por otra parte vemos alguna probabilidad en la declaración de que Cristo no es Dios. Tal declaración sería herética por cuanto destruye el enlace necesario entre Cristo y Dios, el cual enlace está garantizado por la autoridad de Dios mismo. Asimismo no podemos decir que creemos por la fe que es imposible que un papa enseñe doctrinas falsas y promulgue leyes malas, y al mismo tiempo decir que hay una cierta probabilidad de que un papa haya enseñado doctrinas falsas y promulgado leyes malas. Tal declaración sería herética desde que destruiría el enlace necesario entre la autoridad del papa y la verdad de susenseñanzas y la bondad de sus leyes, cuál enlace es garantizado por la autoridad de Dios de Sí Mismo.

Usando el mismo silogismo de antes, podemos expresar este razonamiento en la siguiente manera:

Premisa mayor: Es imposible que un hombre sea papa y al mismo tiempo autorizadamente promulgue doctrinas de fe y moral que contradigan la enseñanza de la Iglesia, o haga leyes generales dañinas para las almas.

Premisa menor: Pero es posible que Karol Wojtyla autorizadamente [2] haya promulgado doctrinas de fe y moral que contradicen la enseñanza de la Iglesia y haya hecho leyes generales dañinas para las almas.

Conclusión: Es imposible que Karol Wojtyla sea papa.

Nótese que la conclusión no es que sea posible que Wojtyla sea papa, sino que es imposible que lo sea, dado que la conclusión siempre debe seguir la“peor” parte del antecedente, y la imposibilidad es peor que la posibilidad. El sentido común le dice lo mismo: La posibilidad de la alteración sustancial de la Fe por parte de Wojtyla arruina la imposibilidad de que autoridad papal haga una tal cosa. Por lo tanto hay que concluir o bien que la autoridad papal fue capaz de deserción (lo cual va contra de la Fe) o bien que es imposible que Wojtyla sea papa. Lo que no puede concluirse es que sea posible que Wojtyla sea papa. Esta conclusión está como mínimo adjunta a la Fe, es decir, es lógicamente deducida de algo que es de fe.

Se podría entonces argumentar que la certeza de la conclusión que Wojtyla no es papa estriba en la certeza de la afirmación de que el Vaticano II es erróneo, que la Misa Nueva y los sacramentos nuevos son dañinos para las almas,y que el Código Nuevo de Derecho Canónico ha promulgado leyes malas. Mi respuesta es “concedo”. Pero añado que esta afirmación en parte se basa en el disentimiento que debe la Fe a las afirmaciones que la contradicen, y en parte en la razón iluminada por la Fe y es por ende absolutamente cierta, y—más importante aún— es la base moral para llevar adelante el apostolado tradicional. Ningún sacerdote podría justificar su práctica de decir la Misa tradicional, distribuir sacramentos, establecer iglesias y escuelas, predicar y confesar sin la jurisdicción del obispo, a menos que constara que el Vaticano II y sus subsiguientes reformas constituyen una alteración sustancial de la Fe Católica. Es, además, la única base moral que justificaría el recurso de un laico a un sacerdote tradicional por sacramentos. El apostolado tradicional se vuelve cismático sin esta base moral.

La duda sobre la ortodoxia personal de Wojtyla

¿Pero qué decir del que duda de la ortodoxia personal de Wojtyla? Por principios generales de ley, se tendría que presumir su inocencia a menos de haber prueba de su culpabilidad, y por lo tanto la duda tendría que ser transformada en una certeza moral de su inocencia. En este caso, habría obligación de reconocerlo como papa y de mencionarlo en el canon. Pues si se pudiera dejar de reconocer al papa como papa por una duda personal respecto de su ortodoxia, la Iglesia se reduciría al caos. Supongamos que alguien tuvierauna duda sobre la ortodoxia del papa Pío XII. ¿Podría él legítimamente dejar de darle obediencia, y públicamente retirarse de la comunión con él? Claro que no.Tendría que esperar a la Iglesia para declarar su culpa y la vacancia de la sede. Por esta razón el cardenal Billot dice que los intentos de establecer la no-papalidad de Alejandro VI debido a una supuesta herejía pública fueron cismáticos, dado que la Iglesia entera lo reconocía y lo obedecía como papa. [3]

Si, por otra parte, hay una duda jurídica, o sea una duda que concierne a la validez de su elección, no se le puede otorgar el beneficio de la duda, pues la Iglesia no puede vivir con un papa dudoso. El papa es el principio de unidad del Cuerpo Místico, y es la norma próxima de creencia y obediencia en la Iglesia Católica. Por lo tanto el asentimiento a sus enseñanzas, así como también la sumisión a él y la comunión con él son necesarias para la pertenencia a la Iglesia Católica, la cual, a su vez, es necesaria para la salvación. No se puede entonces decir: “él es probablemente el papa, y por ende asentiré a sus enseñanzas, me le someteré, y profesaré comunión con él”. Si él es sólo probablemente papa, luego la Iglesia de la cual él es la cabeza es sólo probablemente la Iglesia Católica. Pero no es admisible en buena conciencia unirse o adherirse a lo que sea sólo probablemente la Iglesia Católica, porque no es admisible aplicar el probabilismo a las cosas pertinentes a la salvación eterna. [4] Pero la adhesión a la Iglesia verdadera pertenece a la salvación eterna, y por consiguiente hay que seguir la “pars tutior”(parte más segura) respecto de un papa dudoso, tal como habría que seguir la pars tutior de una iglesia dudosa. Ubi Petrus, ibi Ecclesia, y por consiguiente, Ubi Petrus dubius,ibi Ecclesia dubia. Pues Pedro es el principio de unidad de la Iglesia Católica, lo que quiere decir que la unión con él es unión con la Iglesia Católica. Si alguien está en unión con un papa dudoso, luego está dudosamente en unión con la Iglesia verdadera, y porconsiguiente se juega su salvación eterna.

Además, al aceptar a un papa dudoso la Iglesia podría desertar, es decir, la Iglesia admitiría la posibilidad de que tuvo un papa falso, de que profesaba doctrinas falsas y promulgaba leyes malas, con lo cual dejaría de ser la columna de verdad como San Pablo la describe. La certeza de la identidad del papa es necesaria para la indefectibilidad de la Iglesia, pues de otra manera reduce la enseñanza de la Iglesia a meras probabilidades. Porque si él es sólo un papa probable, luego sus enseñanzas son sólo probablemente verdaderas. ¡Si el papa Pío XII hubiera sido no más que probablemente papa, resultaría que la doctrina de la Asunción no sería más que probablemente verdadera, lo cual significaría que podría ser falsa! Esto es absolutamente incompatible con la infalibilidad y la indefectibilidad, que son garantías divinas de verdad y de la perseverancia de la Iglesia hasta la consumación de los siglos con la misma naturaleza con la cual Dios la dotó. ¿Qué ocurría a la apostolicidad de la Sede de Roma si la Iglesia admitiera algunos “papas probables”? Por esta razón el cardenal Billot habla del principio de convalidación de una elección papal, lo cual quiere decir que, cualesquiera que fueran los defectos o la nubosidad concernientes a un elegido como papa, él sería papa si la Iglesia entera lo reconociera papa. Esto es cierto porque la Iglesia, por virtud de la indefectibilidad, no puede errar en lo concerniente a la identidad del papa. [5]

Cappello [6] , De Groot [7] , y Cayetano defienden a una el principio de que un papa dudoso no puede ser reconocido como papa verdadero. “Papa dubius, nullus papa”. Esta duda, sin embargo, debe existir desde el momento preciso de la elección, dado que una vez que la elección es concedida por la Iglesia entera, no se la puede poner en duda después. Una vez que el papa posee el poder, no puede ser depuesto del cargo por una duda posterior levantada respecto de su elección. Sin embargo no rige el mismo principio para una duda pública y universal de la Iglesia respecto de su ortodoxia, dado que un papa verdadero y válido podría caer del papado ya poseído si él cayera en herejía. Sería una renuncia tácita al Cuerpo Místico, y por consiguiente una renuncia tácita a cualquier jurisdicción tenida en él, máxime tratándose de la jurisdicción universal de la Iglesia como vicario de Jesucristo. Por lo tanto una duda pública y universal de parte de la Iglesia entera tocante a la ortodoxia de un papa obligaría a la Iglesia a denegarlo como papa dudoso, tal como la duda pública y universal de parte de la Iglesia entera tocante a la elección de un papa obligaría a la Iglesia a denegarlo como papa dudoso. Porque si el principio rige para la elección, a fortiori rige para la duda sobre su ortodoxia. La falta de ortodoxia es por lejos un obstáculo mayor para el papado que una elección dudosa, porque por falta de ortodoxia un candidato es intrínsecamente incapaz de asumir o de mantener el papado, mientras que una elección dudosa es sólo un óbice extrínseco. Por lo tanto, si de una elección surgiera un candidato cuya ortodoxia estuviera en duda seria e insoluble, tendría que ser denegado por la Iglesia, pues es inconcebible que la infalible e indeficiente Iglesia algunavez aceptara como papa a alguien que pudiera ser un hereje. [8]

Pero es importante entender que este principio de la imposibilidad de su papado resulta, por lógica, aún de la sola duda sobre la ortodoxia del VaticanoII o de la bondad de las leyes generales de la religión reformada. Prescinde de la ortodoxia personal de Wojtyla, porque aunque sean muchas las herejías que pronuncie o las serpientes que adore, alguien siempre podría decir que él está en buena conciencia, y por ende no es hereje formal, y por ende todavía es católico, y por ende todavía es papa. El hecho de que él públicamente haya sostenido el Vaticano II y haya defendido la legalidad de la Misa Nueva, y haya promulgado el Código Nuevo de Derecho Canónico, es bastante prueba de que es imposible que sea papa, dado que la autoridad papal, por asistencia divina, no puede hacer cosas así, esto es, promulgar el error como magisterio ordinario de la Iglesia, o promulgar leyes dañinas a las almas.

Hay que elegir

Sí: el que piensa que el Vaticano II es ortodoxo y que la nueva misa, sacramentos y código no son dañinos, debe aceptarlos. Así las cosas, la elección a plantear ante laicos que vienen a la misa tradicional, es ésta: Ya sea aceptar a Juan Pablo II y sus reformas, o denegar a Juan Pablo II y sus reformas, pero la tercera posibilidad es imposible, es decir, aceptar a Juan Pablo II como papa pero denegar sus reformas como malas, pues esto destruiría la indefectibilidad de la Iglesia Católica. Los laicos tienen una tendencia a preocuparse sólo por sacramentos válidos y tradicionales, y no se dan cuenta de que hay que recibir los sacramentos de la Iglesia. Los ortodoxos griegos, por ejemplo, tienen sacramentos válidos y tradicionales, pero no son la Iglesia Católica, y está mal recibir sacramentos de ellos, pues con eso se da un signo de adhesión a ellos como si fueran la Iglesia verdadera. Así también los sacramentos tradicionales deben ser distribuidos por la Iglesia Católica y recibidos de la Iglesia Católica. Pero distribuir sacramentos tradicionales en contra de la voluntad del que es la Cabeza de la Iglesia Católica, el vicario de Jesucristo, es “levantar altar contra altar” y separarse de la comunión de culto de la Iglesia Católica; es recibir sacramentos de quienes están en una secta acatólica. Por esta razón la Misa del Indulto está mal, no porque no seala Misa tradicional, sino porque no la ofrece la Iglesia Católica. El Santo Sacrificio de la Misa es un acto eclesial de la Iglesia Católica entera, ofrecido principalmente por Jesucristo, el Sumo Sacerdote eterno, la Cabeza Invisible de la Iglesia Católica Romana. La mera asistencia activa a una Misa que no está en unión con Él —cuya es una misma con la del Romano Pontífice— es asistir a un culto cismático, acatólico, objetivamente sacrílego y blasfemo.

Porque las laicos tienen una tendencia a descuidar este aspecto importantísimo del culto católico, incumbe al clero enfatizar aun más la necesidad de denegar a Wojtyla, señalando que sería cismáticas dos opciones: (1) llevar adelante el apostolado tradicional si él es el papa, o (2)reconocerlo como papa si no lo es. También deberían señalar que aun la sola duda sobre los cambios los lleva necesariamente a la no-papalidad de Wojtyla, pues la papalidad de Wojtyla exigiría pura y simplemente que el Vaticano II sea necesariamente ortodoxo, que la misa y los sacramentos nuevos sean necesariamente católicos, y que el Código Nuevo de Derecho Canónico esté necesariamente libre de error y conduzca a la salvación eterna. En otras palabras, debe eliminarse la duda, no puede coexistir la papalidad de Wojtyla con la duda sobre la ortodoxia, la catolicidad, y la bondad de su magisterio y leyes.

Respecto de las conciencias de los fieles, es claramente imperativo informarlas en la manera que he descrito. No hacerlo sería dejarlos en espíritu de cisma. Entretanto, respecto de los casos individuales, o sea en los cuales esta realidad de la no-papalidad de Wojtyla es demasiado difícil de comprender, valdrían todas las reglas usuales de ignorancia invencible, de error común, y de dejar a alguien en buena conciencia. Pero no se puede hacer de estos casos la norma de la propia enseñanza. Un confesor puede juzgar prudente dejar a una persona escrupulosa en el error material respecto de una cierta obligación moral, pero no puede en virud de esta excepción particular alterar la enseñanza moral general, ni abstenerse de predicarla, ni decir que es mera cuestión de opinión. Yo creo que puede haber casos en los cuales ciertas personas más simples puedan encontrar el hecho de la no-papalidad de Wojtyla demasiado duro de entender, y se las pueda dejar en buena conciencia al respecto. Pero no se puede, sin dañar a la Iglesia y su doctrina, callarse acerca del asunto Wojtyla por miedo de ofender personas. [9] No se puede decir, por ejemplo, “Dado que para algunos la no-papalidad deWojtyla es demasiado difícil de entender o soportar, simplemente callaremos al respecto y cuando se nos pregunte diremos que es cuestión de opinión”.. Porque una opinión teológica es sólo legítima si no está en conflicto con la enseñanza de la Iglesia. Hemos visto, empero, que la opinión teológica de que Wojtyla es papa no puede coexistir con la negación de fe divina y católica en ese caso debida a la enseñanza del Vaticano II.

defienden ambos que un papa pueda autorizadamente enseñar doctrinas falsas o promulgar leyes malas

Porque no es una “opinión teológica legítima” que un papa pueda autorizadamente enseñar doctrinas falsas o promulgar leyes malas; al contrario, va en contra de la Fe. Tampoco es “opinión teológica legítima” que los cambios del Vaticano II no sean una corrupción sustancial de la Fe, pues si eso fuera verdad, querría decir que (1) se podría ser un católico perfectamente bueno y al mismo tiempo asentir a las reformas del Vaticano II y la iglesia nueva, y (2) que lo opuesto —que las reformas son heterodoxas y malas también sería meramente una “opinión teológica”. Pero si se puede ser un católico perfectamente bueno y aceptar las reformas de Vaticano II y la iglesia nueva, ¿entonces por qué no las aceptamos? Y si nuestra pelea en contra del VaticanoII y sus reformas se basa meramente en una opinión teológica, entonces no somos mejores que Lutero y Calvino, pues adherimos a nuestras “opiniones teológicas” en contra de la enseñanza y la práctica de la Iglesia universal. Por lo tanto, si no es una opinión teológica legítima que el papa pueda enseñar doctrinas falsas y promulgar leyes malas, y si no es opinión teológica legítima que las reformas del Vaticano II sean ortodoxas y buenas, entonces ¿cómo podría ser opinión teológica legítima que Wojtyla pueda ser papa? Al contrario, eso esimposible, dado que su no-papalidad está necesariamente vinculada al mal de las reformas del Vaticano II.

¿Una opinión probable?

Hay muchos que dicen que la no-papalidad de Wojtyla es una opinión probable, o sea una opinión que tiene ciertos motivos de asentimiento, pero que los motivos no vencen los motivos de asentir a la opinión opuesta. En otras palabras, la mente, al adherir a la no-papalidad de Wojtyla, de todos modos ve algunas fuertes razones para decir que él es el papa. O a la inversa, la mente puede adherir a la papalidad de Wojtyla, y entre tanto reservarse fuertes razones para decir que él no es el papa.

Si el asunto de la papalidad de Wojtyla se considera desde el punto de vista de su ortodoxia personal, es imposible salirse del ámbito de la probabilidad,al menos en el orden especulativo, dado que su privación de la papalidad dependería de la formalidad de su herejía, es decir, de la pertinacia con que él adhiera a las herejías que ha expresado que ha confirmado con su praxis absolutamente apóstata (por ejemplo culto de serpientes). Sin la intervención de la autoridad en este caso, parece inalcanzable el punto en que se pueda excluir cualquier posibilidad de que él no fuera pertinaz en sus errores. En todo caso, aun si se descartara como imposible que él sea sólo hereje material, no se podría, sin una declaración de la Iglesia, encontrar autoridad alguna en virtud de la cual hacer que todos observen un juicio respecto de él antes que otro juicio. Ésta creo que es la posición del grupo del P. Kelly: aún cuando todos ellos tienen certeza personal de la no-papalidad de Wojtyla, consideran que no pueden imponer su juicio a otros como si tuvieron autoridad clerical.

Pero esta posición entraña varios problemas serios. En primer lugar, aquí no está en cuestión un particular, como por ejemplo Hans Küng, sino el papa o presunto papa. Pero el papa es el principio de la unidad de fe, gobierno, culto y comunión de la Iglesia Católica Romana. Por ende, como dije arriba, la Iglesia no puede quedarse en la duda sobre él, sino que debe resolver la duda en uno de dos sentidos: sometiéndosele o rechazándolo. Como ya lo he señalado, si la Iglesia entera estuviera en duda sobre él, debería optarse por la “parstutior” y rechazárselo, aun en el orden especulativo: “El papa dubius, nullus papa”; si en cambio la Iglesia entera lo aceptara y alguien tuviera dudas meramente privadas respecto de él, entonces ese alguien tendría que seguir el juicio de la Iglesia entera y aceptarlo. Pero la Iglesia, y por consiguiente los miembros individuales de la Iglesia, no pueden someterse a un papa objetivamente dudoso. Por consiguiente sería gravemente nocivo para la Iglesia el decir: “dado que hay dos opiniones teológicas legítimas —dos opiniones que tienen una cierta probabilidad— respecto de esta pregunta, no importa en el orden práctico lo que Ud. piense al respecto, ni cómo se porte Ud. para con Wojtyla”. Porque una tal actitud estraga la unidad de la Iglesia Católica, su misma identidad, las verdades de Fe necesarias para la salvación, su unidad de fe, gobierno, y el culto.

Las consecuencias prácticas de plantear este tema con “libertad de conciencia” se vieron en ciertas ordenaciones sacerdotales donde el prelado que las confirió ofreció la misa de ordenación en unión con Juan Pablo II, en tantoque los nuevos sacerdotes se saltearon el nombre de Wojtyla en el Canon. Ésta es una pesadilla eclesiológica, porque en una misma Misa, acto central de culto del Cuerpo Místico de Cristo, el obispo ordenante declaró que Wojtyla era el principio de unidad del Cuerpo Místico, mientras los nuevos sacerdotes,salteando el nombre, declararon que Wojtyla no era el principio de unidad del Cuerpo Místico. Esto quiere decir que los nuevos sacerdotes, al paso que tomaban a Wojtyla por un impostor en el puesto de papa, igual tomaban por opinión teológica legítima que Wojtyla fuera el principio de unidad de la Iglesia Católica, y que esa unión con Wojtyla fuera por ende necesaria para la salvación eterna. También aparentemente consideran opinión teológica legítima ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa en unión con Wojtyla. Pero si es opinión teológica legítima reconocer a Wojtyla como papa, entonces automáticamente se convierte en opinión teológica legítima reconocer como católico todo lo que Wojtyla oficialmente aprueba como católico. Por lo tanto sería una opinión teológica legítima reconocer como católico el Vaticano II, la Misa Nueva, los sacramentos nuevos, el Código Nuevo de Derecho Canónico. Pero si es opinión teológica legítima que todo eso son producciones católicas, entonces oponerse a ellas se convierte en mera opinión teológica legítima.

Y éste es el segundo problema serio de esta posición: que ella arruina la base para oponerse a las reformas del Vaticano II, dado que oponerse a la jerarquía entera de la Iglesia por una “opinión teológica” es herético y cismático, y si alguna vez yo pensara que mi rechazo de las reformas no se basara en la Fe sino en alguna “opinión teológica” que vea algún peso en la contradictoria, no vacilaría en someterme a Wojtyla como papa y ejercer funciones en una diócesis. Todo es un mismo paquete.

Pero todo el esquema de sostener que Wojtyla no es papa por falta de ortodoxia personal no da al católico certeza inexpugnable sobre el status de Wojtyla. En cambio es acertado decir que su no-papalidad se evidencia a la luz del rechazo de fe del Vaticano II. La virtud de fe, lógicamente, no puedede negar al Vaticano II y aceptar a Wojtyla como papa. Porque la proposición delas verdades de Fe por el es la norma próxima de lo que toca a los católicos creer para su salvación eterna. El católico no puede decir al papa: “Lo acepto a Ud. como papa, pero deniego su autoridad docente”, dado que la misma noción de autoridad docente está contenida en la noción de papa. Por esta conexión con la fe, la conclusión de que Wojtyla es papa oblitera, por la certeza de la fe, cualquier eventual probabilidad de que el Vaticano II y sus reformas sean malas, y a la inversa, la conclusión que el Vaticano II y sus reformas son malos, oblitera, por la certeza de la fe, cualquier probabilidad de que Wojtyla pueda ser papa. Por consiguiente, cualquier ambivalencia en uno u otro sentido, respecto de este tema es objetivamente contraria a la Fe. Hay que aceptar a Wojtyla con el Vaticano II, o rechazar Wojtyla con el Vaticano II. Todo es un mismo paquete.

Se podría adicionalmente objetar que, aunque la conclusión sea necesaria, no puede elevarse al plano dogmático como para vincular las conciencias de los fieles. Respondo: (1) que yo no vinculo la conciencia de nadie, dado que no tengo autoridad para eso, sino que me limito a señalar que objetivamente esta conclusión es objetivamente vinculante, dado que va lógicamente adjunta a la Fe, y (2) hay los sacerdotes tradicionales insisten en muchas doctrinas y prácticas no respaldadas por la autoridad de la Iglesia, por ejemplo, la maldad de la Misa Nueva. ¿Es opinión teológica legítima que la Misa Nueva sea católica? Si lo es, ¿entonces por qué no aceptarla? Y con todo, la autoridad de la Iglesia nunca ha condenado la Misa Nueva. El “sensus fidelium” la ha condenado y denegado, no como mera opinión teológica, sino como rito blasfemo, sacrílego, y heterodoxo al que los católicos no pueden asistir. Pero si el sacerdote tradicional insiste en esta realidad —aunque no esté la autoridad de la Iglesia para enseñársela— él también debe insistir en la no-papalidad de Wojtyla, pues las dos cosas están necesariamente conectadas.

Dos posibilidades

La discusión entera puede resumirse de esta manera:

Hay dos formas posibles de reconciliar la anticatolicidad doctrinaria del Vaticano II y la papalidad de Wojtyla.

 

POSIBILIDAD A

POSIBILIDAD B

  • Juan Pablo II es el papa.
  • Las enseñanzas del Vaticano II no están en conformidad con la Fe y las reformas del Vaticano II son leyes malas.
  • * Pero es imposible que un papa autorizadamente enseñe lo que es contrario a la Fe o promulgue leyes dañinas.
  • Pero es imposible que un papa autorizadamente enseñe lo contrario a la Fe o promulgue leyes dañinas.
  • Luego las enseñanzas del Vaticano II están necesariamente en conformidad con la Fe y las reformas del Vaticano II son leyes buenas.
  • Luego, es imposible que Juan Pablo II sea el papa

 

La posibilidad A no existe, dado que implica un asentimiento a doctrinas condenadas por la autoridad docente de la Iglesia Católica Romana, es decir, implica la negación de la fe y la deserción de la Iglesia. Luego, sólo queda la posibilidad B. En otras palabras, la papalidad de Wojtyla depende de la conformidad del Vaticano II con la enseñanza de Pío IX, y no viceversa, esto es, la enseñanza de Pío IX no depende de la papalidad de Wojtyla. Vale decir que porque la enseñanza de Pío IX precedió al Vaticano II, hace falta que el Vaticano II se conforme a la enseñanza de PíoIX.

Si falta a ese requisito, no puede llamarse enseñanza de la Iglesia, dado que es una misma autoridad —la de la Tercera Persona de la SantísimaTrinidad— la que enseña en el magisterio universal ordinario de la Iglesia. Dado que el Vaticano II contradice palabra por palabra la enseñanza d ePío IX, debe ser denegado, y si Wojtyla, un electo para papa, sustentara el Vaticano II como enseñanza de la Iglesia enseñando (como lo hace), luego no se le puede atribuir autoridad papal, porque de otra manera se tendría que concluir que el Espíritu Santo se contradice. Admitir al Vaticano II como magisterio universal ordinario, es destruir la unidad de fe de la Iglesia Católica, así como también la autoridad infalible del Espíritu Santo. Admitir que Wojtyla, que promulga al Vaticano II como magisterio universal ordinario, posee la autoridad papal, es destruir esta misma unidad de fe de la Iglesia Católica, así como también la autoridad del Espíritu Santo, que le promete la asistencia al papa para que él no enseñe error a la Iglesia. Así las cosas, en la opción que se nos presenta, debemos sustentar la integridad de la enseñanza de Pío IX y rechazar la papalidad de Wojtyla.

Objeción: Hay una posibilidad C: que no fue infalible la enseñanza de PíoIX, o no lo fue la del Vaticano II, o ninguna de las dos, y que por lo tanto no hay negación de la fe ni deserción de la Iglesia en afirmar que Wojtyla es papa. La respuesta: Quanta Cura del papa Pío IX tiene todos los indicios extrínsecos de magisterio ordinario universal, lo que quiere decir que debe recibir asentimiento de Fe divina ycatólica según la enseñanza del Concilio Vaticano I y del Código de Derecho Canónico. Pero lo que recibe asentimiento de fe divina y católica debe ser infalible, dado que el motivo del asentimiento de fe divina y católica es la autoridad reveladora de Dios. Pero Dios no puede equivocarse. Y la posibilidad C tampoco da ninguna justificación moral para resistir el Vaticano II y sus cambios. Porque si tenemos la seguridad de fe de que nada es acatólico en el Vaticano II y sus cambios (seguridad que nos vendría de la papalidad de Montini, Luciani y Wojtyla), no habría absolutamente ninguna justificación, y hasta ni siquiera una razón para llevar adelante esta resistencia en gran escala al Vaticano II y sus reformas. En tal caso el único curso de acción lógico es la opción Ecclesia Dei: manejarse más o menos (más menos que más) tradicionalmente en el contexto del Novus Ordo, proporcionándole el consentimiento completo al Vaticano II y sus reformas. Sería mejor designada la “opción nostálgica”.

Hay que arrancarles su pretensión de autoridad católica

A base del anterior razonamiento, es imperativo que los católicos denieguen a Montini, Luciani, y Wojtyla como papas, porque una vez aceptados, lo que se hace imperativo es tomar el Vaticano II y sus reformas como católicas. Pero si lo son, hay dos conclusiones posibles: (1) que la Iglesia ha desertado; (2) que los católicos tradicionales han resistido la infalible autoridad docente y disciplinaria de la Iglesia Católica. La primera opción va en contra de la Fe,y por consiguiente no es una opción. Así quedaríamos inevitablemente con la segunda conclusión, es decir, que las reformas son verdaderamente católicas, y que nosotros “tradicionalistas” hemos formado una “petite église”, una contra-iglesia cismática.

De lo dicho salta a la vista que la identidad del Pontífice Romano está íntimamente vinculada con la identidad de la Iglesia Católica Apostólica Romana, con su unidad de fe, gobierno, y comunión, con su misma unicidad como única Iglesia verdadera. Decir que la identidad de Wojtyla como Pontífice Romano sea mera cuestión de opinión equivale a decir que la identidad de la iglesia del Novus Ordo como religión falsa es cuestión de opinión. Porque la papalidad de Wojtyla necesariamente implicaría la verdad del Novus Ordo, y el engaño del Novus Ordo necesariamente implica la no-papalidad de Wojtyta. Estas dos nociones están íntimamente conexas entre sí. Cuando alguien deniega las enseñanzas del Vaticano II, implícitamente deniega la autoridad de quien las ha promulgado. Cuando alguien deniega la Misa Nueva como mala, implícitamente deniega la autoridad de quien la ha promulgado. Hay que señalar a la gente esta conexión implícita y necesaria para prevenirlas contra el error de que la Iglesia Católica sería capaz de enseñar error y hacer leyes malas. Así pues, es imprescindible que los sacerdotes tradicionales —aún sin arrogarse ninguna autoridad— vigorosamente señalen a los creyentes la necesidad de denegar a Montini, Luciani y Wojtyla como Papas, y les inculquen la conexión íntima de esta conclusión con la Fe, y el hecho de que sería incoherente, irrazonable, y aun cismático que un laico acudiese a un sacerdote tradicional por sacramentos al tiempo que considera que estos hombres sean Papas.

Es esencial para la misma indefectibilidad de la Iglesia que estos hombres sean rechazados por quienes han resistido los cambios, pues es por la fidelidad de estas personas que la Iglesia no deserta. Es por la acción del Espíritu Santo en Su Iglesia que los fieles deniegan el Vaticano II, sus reformas, y los reformadores. El solo concebir que el Espíritu Santo desee un reconocimiento de Su autoridad en la promulgación de estas leyes y doctrinas perversas mientras inspira a los fieles denegarlas, es blasfemo. Con el mismísimo celo, perseverancia y determinación con que los sacerdotes tradicionales se oponen al Vaticano II y sus cambios, deben denodadamente arrancar a los autores de estos cambios, a estos falsos profetas, la autoridad católica que se arrogan.

Si quienes han permanecido fieles conceden a los modernistas que sean la autoridad católica, entonces la guerra entera está ya perdida. Porque la guerra ya no es por los sacramentos y la Misa tradicionales, dado que los modernistas ya han aceptado estas cosas: desde Ecclesia Dei ahora se puede tener a Wojtyla y la Misa tradicional. La guerra es ahora por la cuestión de la Iglesia: si la Nueva Iglesia es la Iglesia Católica o no. Si Wojtyla es el papa, entonces la Iglesia Nueva es la Iglesia Católica, pero si la Iglesia Nueva no es la Iglesia Católica, entonces Wojtyla no puede ser el papa. Comprometer este asunto diciendo que es una cuestión de opinión si Wojtyla es el papa o no, es reducir a una cuestión de opinión la lucha desesperada de los católicos para retener la Fe en estos tiempos de apostasía universal.

Traducción: Patricio Shaw

SOBRE EL PONTIFICADO

LOS «PAPAS» DEL CONCILIO

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  • [1] es decir, invocando laautoridad de la Iglesia, y no como doctor privado.
  • [2] es decir, invocando laautoridad de la Iglesia, y no como doctor privado.
  • [3] “Et hoc sit obiter dictumcontra eos qui certa tentamina schismatica tempore Alexandri VI facta hocnomine cohonestare volunt, quod ab eo fiebant qui de hæreticitate Alexandricertissimas probationes in Concilio generali revelandas habere se dictitabat.At vero, ut alia: nunc rationes omittantur quibus opinio ista facile possetconfutari, hæc una sufficit: Constat nempe quod tempore quo Savonarola suas adprincipes litteras scribebat, tota christianitas Alexandro adhærebat etobediebat tamquam vero pontifici. Ergo eo ipso, Alexander non erat pontifexfalsus, sed legitimus. Ergo non erat hæreticus, ea saltem hæreticitate qua:tollendo rationem membri Ecclesia:, pontificia potestate vel qualibet alia ordinariaiurisdictione ex natura rei consequenter privat.” De Ecclesia Christi, (Romæ: 1925) p. 636.
    Aquí se podría presentar la objeción de la bula Cum ex Apostolatus de Pablo IV, donde él diceque aun si la Iglesia entera hubiera reconocido a un hereje como papa, supapado igualmente tendría que estimarse nulo y sin valor, y nunca poseído porél. Esto ciertamente argumenta en contra de la teoría del cardenal Billot.Ahora bien: la bula no es una declaración doctrinal, sino una ley quedesafortunadamente caducó. Parecería que, sin embargo, que aun cuando esta leyestaba en vigor, habría sido necesaria alguna clase de reconocimiento jurídicodel hecho de la herejía del supuesto papa, sin lo cual la Iglesia por no seríadiferente de una turba. Por ende, sigue vigente el principio de que un católicoprivado que tuviera dudas sobre la papalidad de un papa particular, no podríaquedarse sencillamente en la duda sobre él, sino que tendría que resolver laduda a favor de papado del titular hasta que hubiera una declaración públicajurídica respecto de él.
  • [4] Cf. Prummer, Dominicus,O.P., Manuale Theologiae Moralis, ed. 15a (Barcinone: 1961), n. 333., ubi dicit nonpermitti probabilismo uti “Si agitur de necessariis ad salutem, e. gr. deveritatibus credendis necessitate medii, de baptismo suscipiendo, cum quisdubitat num fuerit valide baptizatus, de periculo proximo peccandi etc. Salusenim æterna obtinenda et damnatio æterna necessario vitanda est; unde si agiturde periculo vitæ æternæ, pars tutior eligenda est.” Pero el papa es la normapróxima de creencia tocante a las cosas que deben creerse para la salvacióneterna. Por eso no se puede decir: “otorgaré el beneficio de la duda a Wojtyla,y así aceptaré al Vaticano II y la Misa Nueva”. Más bien la duda debe resolverseeligiendo la “pars tutior” que dice él no es el papa, y que el Vaticano II noes la enseñanza de la Iglesia.
  • [5] “Sed quidquid demum depossibilitate vel impossibilitate præfatæ hypothesis adhuc sentias, id saltemveluti penitus inconcussum et extra omnem dubitationem positum firmitertenendum est: adhæsionem universalis Ecclesiæ fore semper ex se solainfallibile signum legitimitatis personæ Pontificis, adeoque et existentiæomnium conditionum quæ ad legitimitatem ipsam sunt requisitæ. Neque huius rei alonge repentenda ratio. Immediate enim sumitur ex infallibili Christipromissione atque providentia. Portæ inferi non pravalebunt adversum eam, etiterum: Ecce ego vobiscum sum omnibus diebus. Idem namque foret, Ecclesiamadhærere pontifici falso, ac si adhaereret falsae fidei regulae, cum Papa sitregula vivens quam Ecclesia in credendo sequi debet et semper de factosequitur, uti ex dicendis in posterum luculentius adhuc apparebit. Equidempermittere quoque potest Deus ut aliquando vacatio sedis diutius protrahatur.Permittere quoque potest ut de legitimitate unius vel alterius decti exoriaturdubium. Permittere autem non potest ut Ecclesia tota eum admittat pontificemqui verus et legitimus non sit. Ex quo igitur receptus est, et Ecclesiaeconiunctus ut corpori caput, non est amplius movenda quaestio de possibilivitio electionis vel defectu cuiuscumque conditionis ad legitimitatemnecessariae, quia praedicta Ecclesiae adhaesio omne vitium electionis radicitussanat et existentiam omnium requisitarum conditionum infallibiliter ostendit.” DeEcclesia Christi, (Romæ: 1925) p. 635.
  • [6] Summa Iuris Canonici, ed. 6a (Romæ: 1961) n. 301,para 3.
  • [7] “Banez, consideratis iisquæ in conc. Constantiensi acta sunt, ait ‘Potuit igitur Ecclesia proptererrorem communem facti deponere tres illos, qui dicebantur Pontifices, edamsiillorum aliquis esset verus Pontifex. Omnes enim tenebantur cedere juri suopropter Ecclesiæ communem utilitatem; alioquin, si nollent cedere, potueruntdeponi.’…Cajetanus, De auctor. Papa et Concil. cap. VIII. suam ita exponitsententiam: ‘sicut enim quod nescitur consecratum, pro non-consecrato habetur,sic qui nescitur legitime electus Papa, tamquam non-Papa obedire tenetur(Concilio) et hoc directe pertinet…quando erant tres Papæ et nullusindubitatus ex sua electione.” Simili modo casus Papæ dubii solveruntBellarminus, De Conc. II. 19. et Suarez, Tract. de Fide X. 6. 19. At auctores illiagere de eo solo casu videntur, quo totam Ecclesiam statim ab initio latueritet deinde latere minime desinat, utrum Pontificis electio legitima fueritnecne. Ideo Franzelin bene distinxisse putamus, hæc scribentem: ‘quod a multisad explicanda acta conventus Pisani et Constantiensis dicitur axiomatis instar:Pontifex dubius, Pontifex nullus; verum est dumtaxat si dubium et propterdubium secessio est totius Ecclesiæ; non autem potest admitti, si postquamPontifex legitime est constitutus, in parte, imo in parte etiam majori Ecclesiæpropter inductas perturbationes dubia et secessiones oriantur.’ De EcclesiaChristi,sect. II. th. XIII.” Summa Apologetica de Ecclesia Christi, (Ratisbonæ: 1906) p. 487.
  • [8] Objeción: Pero la Iglesiaentera acepta a Juan Pablo II como papa. Luego, Juan Pablo II debe serreconocido como el papa. Respuesta: Si por la “iglesia”, se entiende a quieneshan aceptado al Vaticano II y sus reformas, entonces digo: “concedo”, yaceptemos pues con la Iglesia al Vaticano II y sus reformas. Pero si por laIglesia se entiende a quienes han denegado el Vaticano II y sus reformas,entonces niego la afirmación de que la Iglesia entera lo ha aceptado. Porquehay muchos que categóricamente lo deniegan, y todavía más que están en dudasobre él. Muy pocos realmente lo aceptan. Ni siquiera puede decirse que elgrupo lefebvrista lo acepte, dado que dicen no estar en comunión con quienes seidentifican con la Misa Nueva, y, más importante aún, no lo obedecen, antesbien actúan como si él no existe. Así pues, a pesar de sus palabras ellos lodeniegan en el orden práctico.
  • [9] De hecho, me encuentro conque la mayoría de la gente entiende esto muy claramente y lo acepta con facilidad, precisamente por ver su conexión con la naturaleza de la Iglesia. Yrealmente pienso que para la mayoría de los católicos tradicionales es un alivio bienvenido para sus conciencias agobiadas por la contradicción fastidiosa de reconocer a Wojtyla como papa, pero al mismo tiempo desobedecerle. Por otra parte, echo de ver que quienes se resisten a lano-papalidad de Wojtyla son quienes todavía tienen lazos con la Iglesia NovusOrdo y de un modo u otro la perciben como si fuera la Iglesia verdadera. Si lo slaicos están poco instruidos en este tema, es porque el clero no les insistió al respecto y tornó su atención exclusivamente a la cuestión de la Misa y lo ssacramentos nuevos. Pero la Misa y los sacramentos nuevos son sólo parte del problema, dado que hay que recibirlos de la Iglesia Verdadera.

FIESTA DEL SMO. NOMBRE DE JESÚS

2 de enero

Para la celebración de esta fiesta fué escogido en su principio el segundo domingo después de Epifanía, que recuerda el banquete de las bodas de Caná. Es precisamente el día de la boda, cuando el nombre del Esposo pasa a ser propiedad de la Esposa; ese nombre significará que en adelante es suya. Queriendo honrar la Iglesia con un culto especial un nombre tan precioso, unió su recuerdo al de las bodas divinas. Hoy, une a la celebración de este augusto Nombre, el aniversario del día en que le fué impuesto, ocho días después del Nacimiento.

El Antiguo Testamento había rodeado el Nombre de Dios de un profundo terror; este nombre era entonces tan temible como santo, y no todos los hijos de Israel tenían el honor de pronunciarlo. Aún no había aparecido Dios en la tierra conversando con los hombres; todavía no se había hecho hombre uniéndose a nuestra débil naturaleza; no podíamos, pues, darle ese nombre amoroso y tierno que la Esposa da al Esposo. Pero, cuando llega la plenitud de los tiempos, cuando el misterio del amor está próximo a aparecer, el nombre de Jesús baja primeramente del cielo, como un anticipo de la presencia del Señor que lo ha de llevar. El Arcángel dice a María: «Le pondrás por nombre Jesús»; ahora bien, Jesús quiere decir Salvador. ¡Qué dulce será este nombre para el mortal perdido! y, ¡cómo acerca ese solo Nombre al cielo con la tierra! ¿Hay alguno más amable y más poderoso? Si, al sonido de ese divino Nombre, debe doblarse toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos ¿habrá algún corazón que no se conmueva de amor al oírlo? Mas, dejemos que nos describa San Bernardo el poder y la dulzura de ese bendito Nombre. He aquí cómo se expresa a este propósito en su Sermón décimoquinto sobre el Cantar de los Cantares.

«El Nombre del Esposo es luz, alimento, medicina. Ilumina, cuando se le publica; alimenta, cuando en él se piensa, y cuando en la tribulación se le invoca, proporciona lenitivo y unción. Detengámonos, si os place, en cada una de estas cualidades. ¿Cómo pensáis que pudo derramarse por todo el mundo esa tan grande y súbita luz de la fe, sino es por la predicación del Nombre de Jesús? ¿No nos llamó Dios a su admirable luz, por medio de la antorcha de su bendito Nombre? Al ser iluminados por ella, y viendo en esta luz otra luz, oímos a San Pablo que acertadamente nos dice: Erais antes tinieblas, mas ahora luz en el Señor.

Pero, el Nombre del Jesús no es sólo luz; es también alimento. ¿No os sentís reconfortados al recordar ese dulce Nombre? ¿Hay algo en el mundo que tanto nutra el espíritu de quien en El medita? ¿Qué hay asimismo como él que restaure la flojedad de los sentidos, que dé fortaleza a las virtudes, haga florecer las buenas costumbres y mantenga los puros y castos afectos? Todo alimento del alma es árido si no está empapado en este aceite, insípido si no está sazonado con esta sal.

Cuando me escribís, vuestro relato no tiene para mí ningún sabor si no leo allí el nombre de Jesús. Cuando conmigo habíais o disputáis, la conversación no tiene para mí interés alguno si en ella no oigo resonar el nombre de Jesús. Jesús es miel para mi boca, melodía para mi oído, júbilo para mi corazón; y además de todo esto, una benéfica medicina. ¿Está triste alguno? Venga Jesús a su corazón, salga de allí a su boca, y en seguida se disipará cualquier nublado, y volverá la serenidad, en presencia de ese divino Nombre que es una verdadera luz. ¿Cae alguien en el crimen, o corre desesperado al abismo de la muerte? Que invoque el Nombre de Jesús y comenzará de nuevo a respirar y a vivir. ¿Quién, en presencia de ese nombre, permaneció nunca con el corazón endurecido, con la incuria de la pereza, el rencor o la languidez del fastidio? ¿Quién, por ventura, teniendo seca la fuente de las lágrimas, no la sintió correr repentinamente más abundante y suave, en cuanto invocó el nombre de Jesús? ¿Qué hombre hay, que temeroso y temblando en lo más recio del peligro, haya invocado ese Nombre, y no haya sentido inmediatamente que nacía en él la confianza, y huía el miedo? ¿Quién es, os lo pregunto, el que sacudido y agitado por las dudas, no vió brillar la certidumbre, tan pronto como invocó ese luminoso Nombre? ¿Quién es el que, habiendo dado oídos a la desconfianza en tiempo de la adversidad, no recobró el valor cuando llamó en su ayuda a ese Nombre poderoso? Efectivamente, todas esas son enfermedades del alma, y él es su medicina.

Así es, y puedo probarlo con estas palabras: Invócame, dice el Señor, en el día de la tribulación, y te libraré de ella, y tú me honrarás. Nada sujeta tanto el ímpetu de la ira, ni calma tanto la hinchazón del orgullo. Nada cura tan radicalmente las heridas de la tristeza, reprime los excesos lúbricos, extingue las llamas de las pasiones, apaga la sed de la avaricia, y ahuyenta el prurito de los apetitos deshonestos. En efecto, cuando pronuncio el nombre de Jesús, me represento un hombre manso y humilde de corazón, benigno, sobrio, casto, misericordioso, en una palabra, un hombre radiante de pureza y santidad, el cual es al mismo tiempo Dios omnipotente que me cura con sus ejemplos, y me fortalece con su ayuda. Todo esto suena en mi corazón cuando oigo el Nombre de Jesús. De esta manera, si le considero como hombre, saco de él ejemplos pa^a imitarlos; si le considero como Dios Todopoderoso, una ayuda segura. Me sirvo de los referidos ejemplos como de hierbas medicinales, y de su ayuda como de un instrumento para triturarlas, elaborando con ellas una mezcla cual ningún médico sabría confecionarla.

¡Oh, alma mía, tienes un maravilloso antídoto encerrado, en este Nombre de Jesús como en un vaso! Jesús, es ciertamente un Nombre saludable y un medicamento que nunca resultará ineficaz para ninguna dolencia. Tenedlo siempre en vuestro seno, siempre a la mano, de tal modo que todos vuestros actos vayan siempre dirigidos hacia Jesús.»

Tal es, la virtud y la dulzura del santísimo Nombre de Jesús, nombre que fué impuesto al Emmanuel el día de su Circuncisión; pero, como el día de la Octava de Navidad está ya consagrado a celebrar la Maternidad divina, y el misterio del Nombre del Cordero exigía por sí solo una festividad propia, la Iglesia instituyó la fiesta de hoy. Su primer propulsor fué San Bernardino de Sena, en el siglo xv, el cual estableció y propagó la costumbre de representar, rodeado de rayos, el Santo Nombre de Jesús, reducido a sus tres primeras letras IHS, reunidas en monograma. Esta devoción se extendió rápidamente por Italia, favorecida por el ilustre San Juan Capistrano, de la Orden Franciscana, lo mismo que San Bernardino de Sena. La Santa Sede aprobó solemnemente esta devoción al Nombre del Salvador; y en los primeros años del siglo xvi, Clemente VII, a ruego de muchos, concedió a toda la Orden, de San Francisco el privilegio de celebrar una fiesta especial en honor del santísimo Nombre de Jesús. Sucesivamente extendió Roma este privilegio a las distintas Iglesias, y llegó el momento en que fué incluida en el calendario universal. Ocurrió esto en 1721 a petición de Carlos VI Emperador de Alemania; el Papa Inocencio XIII determinó que la fiesta del santísimo Nombre de Jesús se celebrase en toda la Iglesia, fijándola primitivamente en el domingo segundo después de Epifanía.

MISA

La Iglesia celebra la gloria del Nombre de su Esposo, desde el Introito. Cielo, tierra, abismos, temblad al oír ese Nombre adorable, porque el Hijo del hombre que lo lleva, es también el Hijo de Dios.

INTROITO

En el Nombre de Jesús debe doblarse toda rodilla, en los cielos, en la tierra y en los infiernos: y toda lengua debe confesar que Jesucristo, el Señor, está en la gloria de Dios Padre. Salmo: Señor, Señor nuestro: ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! — J. Gloria al Padre.

En la Colecta, la Iglesia, que halla el consuelo de su destierro en el Nombre de su Esposo, pide el poder disfrutar pronto, de la visión de Aquel a quien ese Nombre querido representa.

ORACION

Oh Dios, que constituiste a tu Unigénito, Salvador del género humano, y ordenaste que se llamara Jesús: concédenos, propicio, la gracia de gozar en el cielo de la presencia de Aquel, cuyo santo Nombre veneramos en la tierra. Por el mismo Señor.

EPISTOLA

Lección de los actos de los Apóstoles. (IV, 8-12.)

En aquellos días, Pedro lleno del Espíritu Santo, dijo: Príncipes del pueblo y ancianos, oíd: Ya que en este día se nos pide razón del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera ha sido curado éste, sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que este hombre está en vuestra presencia sano en el Nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificásteis y Dios resucitó de entre los muertos. Esta es la piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual se ha convertido en piedra angular; y no hay salud en ningún otro. Ni se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo, por el cual podamos salvarnos. Ya lo sabemos ¡oh Jesús! ningún otro nombre sino el tuyo podía salvarnos, pues ese Nombre significa Salvador. Bendito seas, pues te dignaste aceptarlo: ¡bendito seas por habernos salvado! Eres del cielo y tomas un nombre de la tierra, un nombre que todos los labios mortales pueden pronunciar: unes, pues, para siempre la naturaleza divina con la humana. ¡Oh! haznos dignos de tan sublime alianza y no consientas que jamás la rompamos. La Santa Iglesia celebra a continuación con sus cantos, las glorias de este divino Nombre a quien bendicen todas las naciones, porque es el Nombre del Redentor del mundo.

GRADUAL

Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones: para que confesemos tu santo Nombre, y nos gloriemos en tus alabanzas. — Y. Tú, Señor, eres nuestro Padre y nuestro Redentor: tu Nombre exista desde siempre.

ALELUYA

Aleluya, aleluya. — J. Las alabanzas del Señor cantará mi boca; y bendiga toda carne su santo Nombre. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas. II, 21.)

En aquel tiempo, pasados los ocho días para circuncidar al Niño, llamaron su Nombre Jesús, el cual le fué puesto por el Angel antes de que fuese concebido en el vientre. ¡Oh Jesús! recibiste el Nombre al derramar en la Circuncisión tu primera sangre; así tenía que ser, ya que ese nombre quiere decir Salvador; y nosotros no podemos salvarnos tampoco si no es por medio de tu sangre. Algún día, esa feliz alianza que has venido a contraer con nosotros, te ha de costar la vida; el anillo nupcial que colocarás en nuestro dedo, estará templado en tu sangre, y nuestra vida inmortal será el precio de tu cruel muerte. Todas estas cosas nos las dice ya tu sagrado Nombre ¡oh Jesús, oh Salvador! Tú eres la Viña que nos invita a libar de su vino generoso; mas, todavía el celeste racimo ha de ser duramente pisado en el lagar de la justicia del Padre de los cielos, de manera que sólo después de haber sido violentamente arrancado de la cepa y desmenuzado, podremos nosotros embriagarnos con su divino jugo. Recuérdenos siempre este misterio, tu divino Nombre, oh Emmanuel, y guárdenos del pecado su memoria, conservándonos siempre fieles a Ti. Durante el Ofertorio canta la Iglesia todavía al Nombre divino, objeto de la presente festividad, ensalzando las gracias reservadas a los que le invocan.

OFERTORIO

Te alabaré, Señor, Dios mío, con todo mi corazón y glorificaré tu Nombre para siempre: porque Tú, Señor, eres suave y manso: y muy misericordioso con todos los que te invocan, aleluya.

SECRETA

Suplicárnoste, clementísimo Dios, hagas que tu bendición, con la que vive toda criatura, santifique este sacrificio nuestro, que te ofrecemos para gloria del Nombre de tu Hijo, Nuestro Señor J’esucristo, a fin de que tribute a tu Majestad una alabanza, agradable, y a nosotros nos aproveche para la salud. Por el mismo Señor. Después de haber recibido los fieles el alimento celestial del Cuerpo y sangre de Jesucristo, la Iglesia en agradecimiento, invita a todas las naciones a cantar y glorificar el Nombre de quien las creó y redimió.

COMUNION

Todas las gentes que hiciste vendrán a ti, y se humillarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu Nombre: porque Tú eres grande y haces maravillas: Tú sólo eres Dios, aleluya. Sólo queda ya a la Iglesia por expresar un deseo: que los nombres de todos sus hijos sean inscritos, a continuación del glorioso Nombre de Jesús, en el libro de la predestinación eterna. Tendremos esta dicha asegurada, si sabemos estimar siempre este Nombre salvador, conformando nuestra vida con las obligaciones que impone.

POSCOMUNION

Omnipotente y eterno Dios, que nos has creado y redimido: contempla propicio nuestros votos, y dígnate aceptar, con rostro plácido y benigno, el sacrificio de la: saludable Hostia que hemos ofrecido a tu Majestad, en honor del Nombre de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: para que, infundida en nosotros tu gracia, nos alegremos de ver escritos en el cielo nuestros nombres, bajo el glorioso Nombre de Jesús, con el título de la predestinación eterna. Por el mismo Señor.

SOBRE LA VIRGINIDAD: 18. VIRTUDES PRINCIPALES PROPIAS DE LA VIRGINIDAD.

 VIRTUDES PRINCIPALES PROPIAS DE LA VIRGINIDAD

Y si alguno juzga improcedente el aplicar las normas de vida de unos a otros, instrúyase acerca de este precepto con la consideración de sus enseres domésticos. No me pa­rece que un padre de familia sufrirá que se vean cosas in­convenientes o vergonzosas en su casa, como los lechos sin arreglar, la mesa rebosante de suciedad, la vajilla preciosa arrojada en el lugar de la basura, o, por el contrario, lo concerniente a servicios menos dignos colocado a la vista de los visitantes; sino que después de distribuirlo todo se­gún una disposición digna y un orden conveniente, colo­cada en su sitio debido cada una de las cosas, recibe con­fiadamente a sus huéspedes, sin experimentar vergüenza alguna aun cuando todo se ponga de manifiesto, como quien conoce el arreglo de la casa.

Del mismo modo ha de conducirse el dueño y adminis­trador de nuestra morada, quiero decir de nuestra mente, distribuyendo todo en nosotros, y usando de modo apto, para el bien, de cada una de las potencias del alma que en lugar de instrumentos y utensilios nos ha proporcionado el sumo Artífice de nuestra naturaleza.

Esperando que no se me tache de frivolidad y charla­tanería en el tratado, voy a explicar punto por punto cómo ha de emplear cada cual los bienes recibidos para adminis­trar su vida en orden a hacerla útil. Digo, pues, ser nece­sario tener un anhelo depositado en el fondo más puro del alma, como quien reserva para el Señor una ofrenda votiva o primicias de los bienes personales y guarda lo consagrado intacto, íntegro e incontaminado de cualquier impureza de la vida. Y que el ímpetu, la ira y el odio permanezcan, como perros guardianes de una puerta, vigilantes, sólo contra los ataques del pecado, dispuestos a utilizar los recursos de la naturaleza contra eli ladrón y el enemigo, que se introdu­cen furtivamente para arruinar el tesoro divino y se lan­zan al robo, al asesinato y al exterminio.

Es menester también armarse de audacia y de virili­dad, como de armas arrojadizas, para no aterrorizarse ante cualquier suceso temeroso que ocurra o ante las agresiones provenientes de los impíos; antes bien apoyarse en la espe­ranza y la paciencia, como en un bastón, cuando se sienta el agobio de las tentaciones; y si aconteciere esto con ocasión de hacer penitencia por los pecados, aprovecharse en­tonces del dolor, ya que éste no es útil en otras ocasiones, sino únicamente para los efectos de la penitencia.

La justicia será para estas cosas la norma de rectitud, que nos enseñe la limpieza de pecado en las palabras y las obras y nos indique cómo hay que disponer las potencias del alma y qué es lo que ha de adjudicarse a cada una según su propio valor.

Después, si se añadiese al anhelo de Dios esa ansia de as­pirar siempre a más que se encierra grande y sin medida en cada una de las almas, serían éstas felicísimas en ese su de­seo de obtener más por emplear el esfuerzo allí donde es laudable emplearlo. Y teniendo a la sabiduría y la prudencia como consultoras y administradoras de la vida, no se ven­dría a caer jamás en el engaño o en la necedad.

Por el contrario, si alguno no ejercita las virtudes enu­meradas según su propia naturaleza, sino que las dirige a lo que le conviene y orienta su apetito a cosas torpes, car­gándose de odio contra sus semejantes; o si ama la iniqui­dad, mostrándose duro con sus allegados, atreviéndose a necedades o esperando cosas vanas, ese tal, habiendo despe­dido de su compañía a la sabiduría y la prudencia, se que­dará con la gula y la intemperancia como compañeras. Y si procede del mismo modo con las demás virtudes, será un ne­cio y un monstruo, cuya deformidad no hay quien pueda de­clarar en términos apropiados.

Como si uno, armado sin tino ni concierto, bajara el cas­co para esconder el rostro e inclinase hacia atrás la cimera, metiese los pies en la coraza, se aplicase las grebas al pecho y, tomando en la derecha lo que es de la izquierda, se vistie­se la parte de la armadura derecha por la izquierda; pues lo que es verosímil tuviera que padecer ese soldado, eso mis­mo tendrá que padecer en la vida el que embrolla los cono­cimientos y trastrueca el uso de las facultades del alma.

Por consiguiente, hemos de procurar en todo esto la jus­ta proporción, que brota en nuestras almas gracias a la tem­planza. Y si hemos de estudiar la perfecta definición de esta última virtud, quizás pueda definirse con propiedad como una organización bien ordenada de todos los movimientos del alma, junto con la sabiduría y la prudencia. Esta orde­nación del alma no necesitará de trabajo ni fatiga alguna para elevarse a lo sublime y celeste, sino que con suma faci­lidad adquirirá gradualmente por sus propias fuerzas lo que parecía difícil, llegando así a poseer lo que buscaba con la eliminación de sus contrarios. Quien está fuera de las tinie­blas, por necesidad se halla en la luz, y quien no ha muerto, sin duda vive. Y en verdad que quien no haya recibido en vano su alma, se encontrará de lleno en el camino de la ver­dad, pues la prudencia y la sabiduría, para no declinar del camino, son como un guía diligente de la ruta verdadera.

Los esclavos recién libertados, cesando de servir ya a sus señores y hechos dueños de sí mismos, dirigen toda su diligencia a sus propias personas. Así creo yo que el alma, emancipada de su esclavitud para con el cuerpo, se ocupará en el conocimiento de aquellas actividades que le son propias y naturales. Porque la libertad consiste, como aprendimos del Apóstol, en no quedar uno uncido al yugo de la esclavitud ni quedar preso en los grillos del matrimonio como siervo fugitivo y malvado.

Mi disertación retorna ahora de nuevo a su punto de origen, porque la perfección de la libertad no está tan sólo en abstenerse del matrimonio (nadie estime tan exiguo y de escaso valor el estado de virginidad, que piense cumplir con esta empresa reprimiendo un poco la carne), sino que, como todo el que comete un pecado se hace siervo del pecado, así la inclinación hacia el mal que hay en todas las acciones y costumbres del hombre lo reduce a servidumbre y lo es­tigmatiza, llagando su carne con cicatrices y quemaduras mediante el pecado. Por tanto, quien desee alcanzar este ideal elevado de la virginidad debe hacerse semejante a sí mismo en todo y mostrar suma pureza siempre en las ac­tuaciones de su vida.

Si se cree necesario defender este pensamiento con pa­labras del Espíritu Santo, baste para confirmación de nues­tra verdad aquella misma sentencia del Evangelio que nos enseña algo semejante por medio de una parábola y com­paración . El arte de la pesca consiste en separar los peces buenos e idóneos para el alimento, de los malos y nocivos, no sea que cayendo en el cesto alguno de estos últimos in­utilice el goce de los pescados sanos. Este mismo es el come­tido de la verdadera templanza: escoger de todos los géne­ros de vida lo que es útil y puro, arrojar de sí lo contrario como inútil, relegándolo a la vida vulgar y mundana, lla­mada metafóricamente mar en las parábolas.

El Salmista, maestro de predicación, exhortándonos en uno de sus salmos, aplica a esta vida caduca, dolorosa y turbulenta los nombres de ola que invade el alma, abismo oceánico y tempestad. Vida en la que todo pensamiento se trastorna y que, como una piedra, se sumerge en el mar a semejanza de los egipcios. En cambio, lo que es grato a Dios y capaz de contemplar la verdad, aquello a que la his­toria dio el nombre de Israel, eso es lo único que atraviesa el mar desecado sin tropezar con ninguna de las amarguras y hieles de los acontecimientos humanos. Así sucede sirvien­do de guía la ley.

Moisés era, pues, el símbolo de la ley. El pueblo judío pasó el mar a pie enjuto, y el egipcio al franquearlo se su­mergió en él. Cada uno según su disposición: el uno lo atravesó ligero, el otro fue arrastrado al fondo. Virtud es, por consiguiente, una cierta acción ligera y que se remonta hacia arriba. Porque todos los que viven según las normas de la virtud, vuelan cual nubecillas, según dice Isaías, y se elevan como palomas con sus polluelos. El pecado, en cambio, es pesado y, como dice uno de los profetas, asién­tase sobre platillos de balanza de plomo.

Con todo, si alguno cree violenta y poco apropiada la explicación de este pasaje histórico y no admite haber sido consignado el hecho milagroso del paso del mar con vistas a nuestra utilidad, escuche al Apóstol: Lo que a ellos les sucedió tuvo lugar en figura y se escribió para enseñanza nuestra.

Martirologio de Enero

«La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)

Podrá consultar el Martirologio de cada mes en el menú al pie de esta pagina MARTIROLOGIO

MARTIROLOGIO DEL PAPA PÍO XII

ENERO DE 2018

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ENERO

1 de enero

La Circuncisión de nuestro Señor Jesucristo

Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús  D. 2ª cl. Blanco

Octava de Navidad

Oración: Oh Dios, que habéis constituido a vuestro Unigénito Salvador del género humano, y habéis ordenado que se le llamase Jesús, haced, por vuestra misericordia, que después de haber honrado su Santo Nombre en la tierra, tengamos la dicha de contemplarlo a Él mismo en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

1.- En Roma, el triunfo de santa Martina, Virgen y Mártir; que en el imperio de Alejandro, después de atormentada con diversos suplicios, finalmente degollada, consiguió la palma del martirio.

2.-En Cesarea de Capadocia, el tránsito de san Basilio, llamado el Grande, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia; el cual, en tiempo del Emperador Valente, señalado en doctrina y sabiduría, y adornado de todas las virtudes, resplandeció maravillosamente y defendió con inexpugnable constancia la Iglesia, contra los Arrianos y Macedonianos. dia en que fue consagrado Obispo.

3.-  En el monte Senario de Etruria, el tránsito de san Bonfilio, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María; el cual, como hubiese venerado sobre manera a la celestial Señora, fue por Ella de repente llamado al cielo. Su fiesta, junto, con la de sus compañeros, se celebra a 12 de Febrero.

4.- En Roma, san Almaquio, Mártir; el cual, diciendo a los gentiles: «Hoy es el octavo día del nacimiento del Señor, dejad las supersticiónes paganas y los sacrificios inmundos», de orden de Alipio, Prefecto de la Ciudad, fue muerto por los gladiadores.

5.- En Roma, asimismo, en la vía Apia, las coronas de treinta santos soldados Mártires, imperando Diocleciano.

6.- En Espoleto, san Concordio, Presbítero y Mártir, el cual, en los tiempos del Emperador Antonino, primeramente apaleado, después suspendido en el potro y maltratado con dura prisión, donde le visitaron y consolaron los Ángeles, terminó, por último, la vida al filo de la espada.

7.- El mismo día, san Magno, Mártir.

8.- En África, san Fulgencio, Obispo de la Iglesia de Ruspe; el cual, durante la persecución Vandálica, por la fe católica y su excelente doctrina, sufrió mucho de los Arrianos y fue confinado a Cerdeña; mas, al cabo, permitiéndosele volver a su Iglesia, esclarecido en la vida y en la predicación, descansó con santo fin.

9.- En Chieti del Abruzo, el nacimiento para el cielo de san Justino, Obispo de la misma ciudad, esclarecido en santidad de vida y milagros.

10.- En territorio de Lyon, en un monasterio del monte Jura, san Eugendo, Abad, cuya vida resplandeció llena de virtudes y milagros.

11.- En Souvigny de Francia, san Odilón, Abad de Cluny, el primero que mandó celebrar en los monasterios de su Orden la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, el día siguiente a la festividad de todos los Santos; rito que aprobó y recibió después la Iglesia universal.

12.- En Alejandría, el tránsito de santa Eufrósina, Virgen, la cual resplandeció en el monasterio con la virtud de la abstinencia y con milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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2 de enero

Octava de S. esteban protomártir. S. Rojo

  1. Adalardo

En el monasterio de Corbie, en la Galia Ambianense (hoy Francia), san Adalardo, abad, que dispuso las cosas para que todos tuviesen lo necesario, de modo que nadie abundase en lo superfluo o pereciese por la miseria, y así dieran alabanza a Dios (826).

1.- En Roma, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que, menospreciando el edicto del Emperador Diocleciano, que les mandaba a entregar los Libros sagrados, prefirieron dar sus cuerpos a los verdugos antes que las cosas santas a los perros.

2.- En Antioquía, el martirio de san Isidoro, Obispo.

3.- En Tomis del Ponto, los tres santos hermanos Argeo, Narciso y el niño Marcelino. Este último, en el imperio de Licinio, apresado entre soldados bisoños, y no queriendo seguir la milicia, fue por esto mortalmente herido con azotes y maltratado mucho tiempo en la cárcel, y, por último, sumergido en el mar, consumó el martirio; sus hermanos fueron pasados a cuchillo.

4.- En Milán, san Martiniano, Obispo.

5.- En Nitria de Egipto, san Isidoro, Obispo y Confesor.

6.- En el mismo día, san Siridión, Obispo.

7.- En la Tebaida, san Macario Alejandrino, Presbítero y Abad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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3 de enero

Octava de S. Juan Ap. y Evang. S. – Blanco

Sta. Genoveva

En París, santa Genoveva, Virgen, la cual, consagrada a Dios por san Germán, Obispo de Auxerre, resplandeció con admirables virtudes y milagros.

1.- En Roma, en la vía Apia, el triunfo de san Antero, Papa y Mártir, que padeció por orden de Julio Maximino y fue sepultado en el cementerio de Calixto.

2.- En Viena de las Galias, san Florencio, Obispo, el cual, en tiempo del Emperador Galieno, enviado al destierro, consumó allí el martirio.

3.- En la ciudad de Valona, en Palestina, el martirio de san Pedro, que murió en el suplicio de la cruz.

4.- En el Helesponto, los santos Mártires Cirino, Primo y Teógenes.

5.- En Cesarea de Capadocia, san Gordio, Centurión, Mártir; de cuyas alabanzas tenemos un excelente sermón, que el día de su festividad predicó san Basilio el Magno.

6.- En Cilicia, los santos Mártires Zósimo y Anastasio Notario.

7.- Asimismo los santos Teopempto y Teonás, que en la persecución de Diocleciano sufrieron un ilustre martirio.

8.- En Padua, san Daniel, Mártir.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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4 de enero

Octava de los SS. Inocentes. Mm.  S. – Rojo

Gregorio de Langres

En Langres de Francia, san Gregorio, Obispo, esclarecido en milagros.

Oración.- Os suplicamos, Dios todopoderoso, que esta solemnidad de San Gregorio, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Amén

1.- En Reims de Francia, san Rigoberto, Obispo y Confesor.

2.- En Creta, el nacimiento para el cielo de san Tito, el cual, ordenado por el Apóstol san Pablo Obispo de los Cretenses, y cumplido fidelísimamente el ministerio de la predicación, alcanzó dichoso fin y fue sepultado en la Iglesia donde el Apóstol le había puesto, cual digno ministro del Señor. Su fiesta se celebra el día 6 de Febrero.

3.- En Roma, los santos Mártires Prisco, Presbítero, Prisciliano, Clérigo, y Benita, mujer religiosa; los cuales, en tiempo del impiísimo Juliano, consumaron el martirio por la espada.

4.- En Roma también santa Dafrosa, mujer de san Flaviano Mártir, y madre de las santas Bibiana y Demetria, Vírgenes y Mártires; la cual, después del martirio de su marido, fue, de orden del mismo Emperador Juliano, primero desterrada y últimamente degollada.

5.- En Bolonia, los santos Hermes, Ageo y Cayo, Mártires; los cuales padecieron bajo el Emperador Maximiano.

6.- En Adrumeto de África, la conmemoración de san Mavilo, Mártir, que en la persecución del Emperador Severo, echado a las fieras por el cruelísimo Presidente Escápula, recibió la corona del martirio.

7.- En África igualmente, los preclarísimos Mártires Aquilino, Gémino, Eugenio, Marciano, Quinto, Teódoto y Trifón.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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5 de enero

Vigilia de Epifanía. Sd. 2ª cl. – Blanco.

Telesforo, Papa y Mártir. S. – Rojo

En Roma, san Telésforo, Papa y Mártir; el cual, en el imperio de Antonino Pío, al cabo de muchos trabajos, por confesar a Cristo consiguió un ilustre martirio.

San Telésforo, griego de nacimiento, sucedió al Papa Sixto I, y fue el octavo obispo de Roma. Tuvo el dolor de ver los estragos causados en la Iglesia por la persecución del emperador Adriano. Sabemos, por San Ireneo, que terminó gloriosamente su vida con el martirio, cerca del año 136; por espacio de diez años había ocupado la cátedra de San Pedro.

Oración: Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro rebaño, y cuidadlo con protección constante por me dio de vuestro bienaventurado Mártir y Soberano Pontífice Telésforo, a quien constituiste pastor de toda la Iglesia. Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Inglaterra, el tránsito de san Eduardo, Rey de los Ingleses y Confesor, insigne por la virtud de la castidad y la gracia de los milagros. Su fiesta se celebra, por decreto del Papa Inocencio XI, el 13 de Octubre, día en que fue trasladado su santo cuerpo.

2.- En Egipto, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que en la Tebaida, durante la persecución de Diocleciano, fueron muertos con diversos géneros de tormentos.

3.- En Antioquía, san Simeón, Monje, que vivió muchos años de pie en una columna, por lo cual recibió el sobrenombre de Estilita; cuya vida y conversación fue admirable.

4.- En Roma, santa Emiliana, Virgen, tía de san Gregorio Papa; la cual, llamada por su hermana Tarsilá, que había ido antes a gozar de Dios, tal día como hoy pasó al Señor.

5.- En Alejandría, santa Sinclética, Virgen, cuyos maravillosos hechos consignó en sus escritos san Atanasio.

6.- En Egipto, santa Apolinaria, Virgen.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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6 de enero

Epifanía del Señor D. 1ª. cl. c. oct. privil. de 2º orden. – Blanco

Hallaron al Niño con María, su Madre, y prosternándose lo adoraron; y abiertos sus cofres le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. Unos magos de Oriente reciben aviso del nacimiento del Hijo de Dios por medio de la aparición de una estrella milagrosa. Dejan su reino y van a Jerusalén a buscar a ese Dios. Túrbase Herodes ante la noticia; disimula sin embargo su pavor, y ruega a los magos que regresen a Jerusalén después que hayan adorado al recién nacido, en Belén. Pero éstos, advertidos en sueños de que no vuelvan a Herodes, retornan a su país por otro camino.

Oración: Oh Dios que en este día hicisteis que los gentiles conocieran a vuestro Unigénito, dándoles una estrella por guía, haced que, conociéndoos ya por la fe, nos elevemos a la contemplación de vuestra gloria. Por J. C. N. S.

1.- En Florencia, el tránsito de san Andrés Corsino, hijo de la misma ciudad, de la Orden de Carmelitas, Obispo de Fiésole y Confesor, al cual, esclarecido en milagros, canonizó el Papa Urbano VIII. Su festividad se celebra el 4 de febrero.

2.- En Barcelona de España, el tránsito de san Raimundo de Peñafort, de la Orden de Predicadores, Confesor, célebre en doctrina y santidad. Su fiesta se celebra el 23 de este mes.

3.- En África, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que en la persecución de Severo, fueron amarrados a sendos palos y consumidos por el fuego.

4.- En el territorio de Reims, el martirio de santa Macra, Virgen, la cual, en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Riciovaro, precipitada en el fuego y quedando ilesa, después, cercenados los pechos y atormentada con espantosa prisión, revolcada sobre carbones encendidos y cascos agudísimos, finalmente, puesta en oración, pasó al Señor.

5.- En Rennes de Francia, san Melanio, Obispo y Confesor, que después de innumerables milagros, fija siempre la vista en el cielo, pasó glorioso de esta vida.

6.- En Gera de Egipto, san Nilamón, recluso, el cual, cuando iba confra su voluntad a ser consagrado Obispo, puesto en oración, entregó el alma a Dios.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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7 de enero

La vuelta del Niño Jesús de Egipto.

En Nicomedia, el triunfo de san Luciano, Presbítero de la Iglesia de Antioquía y Mártir, que, esclarecido en doctrina y elocuencia, en la persecución de Galerio Maximiano, por confesar a Cristo, fue martirizado y está sepultado en Helenópolis de Bitinia. Celebró sus alabanzas san Juan Crisóstomo.

1.- En Antioquía, san Clero, Diácono, que, para gloria de su confesión, fue siete veces atormentado, largo tiempo maltratado en la cárcel, y, al fin, degollado, consumó el martirio.

2.- En la ciudad de Heraclea, los santos Mártires Félix y Jenaro.

3.- El mismo día, san Julián, Mártir.

4.- En Dinamarca, san Canuto, Rey y Mártir.

5.- En Pavía, san Crispín, Obispo y Confesor.

6.- En Dacia, san Nicetas, Obispo; el cual, con la predicación del Evangelio, hizo mansas y tratables aquellas gentes, fieras y bárbaras.

7.- En Egipto, san Teodoro, Monje, que en tiempo de Constantino Magno floreció en santidad, y de quien hace mención san Atanasio en la Vida de San Antonio.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias

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8 de enero

San Apolinar

1.- En Venecia, el tránsito de san Lorenzo Justiniano, primer Patriarca de aquella ciudad y Confesor; al cual, sobreabundantemente colmado de doctrina y soberanos carismas de divina sabiduría, puso en el catálogo de los Santos el Papa Alejandro VIII. Su fiesta se celebra el 5 de Septiembre, día en que fue elevado a la Cátedra episcopal.

2.- En Beauvais de las Galias, los santos Mártires Luciano, Presbítero, Maximiano y Julián; los dos últimos fueron pasados a cuchillo por los verdugos; pero san Luciano, que junto con san Dionisio había ido a las Galias, después de sufrir horrible carnicería, como no se arredrase de confesar en alta voz el nombre de Cristo, pasó por la misma sentencia de los primeros.

3.- En Libia, los santos Mártires Teófilo, Diácono, y Eladio, los cuales lacerados primero, y punzados con muy agudos cascos, y últimamente arrojados al fuego, entregaron sus almas a Dios.

4.- En Antón, san Eugeniano, Mártir.

5.- En Hierápolis de Asia, san Apolinar, Obispo, que en tiempo de Marco Antonino Vero floreció en santidad y doctrina.

6.- En Nápoles de Campania, el tránsito de san Severino, Obispo, que fue hermano de san Victorino Mártir, y después de obrar muchos milagros, lleno de santidad descansó en el Señor.

7.- En Metz de Francia, san Paciente, Obispo.

8.- En Pavía, san Máximo, Obispo y Confesor.

9.- En Ratisbona de Baviera, san Erardo, Obispo.

10.- En el país de los Nóricos, san Severino, Abad, que propagó entre aquéllas gentes el Evangelio y fue llamado Apóstol de los Nóricos. Su cuerpo, milagrosamente llevado a Luculano, junto a Nápoles en la Campania, de allí fue después trasladado al monasterio de san Severino.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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9 de enero

San Adriano

En la ciudad de Canterbury, en Inglaterra, san Adriano, abad, el cual, nacido en África, llegó a Inglaterra desde la ciudad de Nápoles, de la Campania, y muy preparado en ciencias eclesiásticas y civiles, educó egregiamente a gran número de discípulos (710).

1.- En Antioquía, en el imperio de Diocleciano y Maximiano, el triunfo de los santos Julián, Mártir, y Basilisa, Virgen, esposa del mismo Julián. Ésta, habiendo guardado virginidad con su marido, acabó en paz sus días; Julián (después de abrasados en la hoguera gran multitud de Sacerdotes y Ministros de la Iglesia de Cristo, que, por lo atroz de la persecución, se habían allí refugiado), por sentencia del Presidente Marciano, fue atormentado con muchísimos suplicios y sentenciado a muerte. Padecieron también con él Antonio Presbítero, y Anastasio, a quien el mismo Julián había resucitado y hecho participante de la gracia de Cristo; el niño Celso, juntamente con su madre Marcionila, y siete hermanos, y otros muchísimos.

2.- En Esmirna, los santos Mártires Vidal, Revocato y Fortunato.

3.- En África, los santos Mártires Epicteto, Jocundo, Segundo, Vidal, Félix y otros siete.

4.- En la Mauritania Cesariense, santa Marciana, Virgen; la cual, echada a las fieras, consumó el martirio.

5.- En Sebaste de Armenia, san Pedro, Obispo, hijo de los santos Basilio y Enmelia, y hermano también de los santos Obispos Basilio Magno y Gregorio Niceno, y de santa Macrina, Virgen.

6.- En Ancona, san Marcelino, Obispo, que, según escribe san Gregorio Papa, por divina virtud libró de un incendio aquella ciudad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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10 de enero

San Pablo primer ermitaño

En la Tebaida, el nacimiento para el cielo de san Pablo, primer Ermitaño, el cual desde la edad de dieciséis años permaneció solo en el yermo hasta los ciento trece; cuya alma vio san Antonio, entre coros de Apóstoles y profetas, se llevada por los Ángeles al cielo. Su fiesta se celebra el 15 del presente mes.

1.- En Chipre, san Nicanor, que fue uno de los siete primeros Diáconos; y admirable por la gracia de la fe y por la santidad, fue gloriosísimamente coronado.

2.- En Roma, san Agatón, Papa, el cual, esclarecido en santidad y doctrina, murió en paz.

3.- En Bourges de Aquitania, san Guillermo, Obispo y Confesor, insigne en virtudes y milagros, que fue canonizado por el Papa Honorio III.

4.- En Milán, san Juan Bueno, Obispo y Confesor.

5.- En Constantinopla, san Marciano, Presbítero.

6.- En el monasterio de Cosenza, en Francia, la dichosa muerte de san Pedro Urséolo, Confesor, antes Dux de Venecia y después Monje de la Orden de san Benito, célebre por su piedad y virtudes.

7.- En Arezzo de Toscana, el beato Gregorio X, natural de Placencia, que de Arcediano de Lieja elegido Papa, celebró el Concilio segundo de Lyon, y por haber recibido a los Griegos en la unidad de la fe, compuesto las discordias de los cristianos y emprendido la reconquista de la Tierra Santa, fue benemérito de la Iglesia universal, que gobernó santísimamente.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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11 de enero

San Higinio

En Roma, san Higinio, Papa y Mártir, que en la persecución de Antonino consumó gloriosamente el martirio.

San Higinio, sucesor del mártir San Telésforo en la cátedra de San Pedro, desplegó gran celo en la defensa de la ortodoxia contra los heresiarcas Cerdón y Valentino. Tuvo que sufrir mucho durante los cuatro años que ocupó el trono pontificio. Por eso fue puesto entre los mártires. Murió en el año 142.

Oración: Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro rebaño y conservadlo con protección constante, por vuestro bienaventurado Mártir y Soberano Pontífice Higinio a quien constituiste pastor de la Iglesia universal. Por J. C. N. S.

1.- En Roma también el triunfo de san Melquíades, Papa y Mártir, que en la persecución de Maximiano padeció muchas penalidades, y restituída la paz a la Iglesia, descansó en el Señor. Su fiesta se celebra el 10 de Diciembre.

2.- En Fermo del Piceno, san Alejandro, Obispo y Mártir.

3.- En Amiéns de Francia, san Salvio, Obispo y Mártir.

4.- En África, san Salvio, Mártir, en cuya fiesta predicó san Agustín un sermón al pueblo de Cartago.

5.- En Alejandría, los santos Mártires Pedro, Severo y Leucio.

6.- En Brindis, san Leucio, Obispo y Confesor.

7.- En Judea, san Teodosio Cenobiarca, natural de Magariaso, aldea de Capadocia; el cual, habiendo padecido mucho por la fe católica, al fin descansó en paz en el monasterio que él había edificado sobre un monte solitario de la diócesis de Jerusalén.

8.- En la Tebaida, san Palemón, Abad, que fue maestro de san Pacomio.

9.- En Supentonia, al pie del monte Soractes, san Anastasio, Monje, y sus Compañeros, los cuales, llamados del cielo, pasaron felizmente al Señor.

10.- En Pavía, santa Honorata, Virgen.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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12 de enero

San Arcadio, Mártir, esclarecido en linaje y milagros.

San Arcadio se retiró a la soledad durante la persecución, mas no lo hizo sino para adquirir en ella fuerzas a fin de combatir con mayor coraje. Presentóse al tirano. Fue cortado en pedazos, pero los suplicios le resultaron dulces, porque lo hacían semejante a Jesucristo en la tierra, y le aseguraban su dicha en el cielo.

Oración: Os suplicamos, oh Dios omnipotente, que hagáis que por la intercesión del bienaventurado Arcadio, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, seamos fortificados en el amor de vuestro Nombre.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Roma, santa Taciana, Mártir, la cual, imperando Alejandro, despedazada con garfios y peines acerados, expuesta a las fieras, y echada al fuego, pero quedando ilesa, finalmente pasada a cuchillo, voló al cielo.

2.- En Constantinopla, los santos Tigrio, Presbítero, y Eutropio, Lector, los cuales, en tiempo del Emperador Arcadio, calumniosamente acusados de haber incendiado la Iglesia principal y la curia del Senado, para vengar el destierro de san Juan Crisóstomo, padecieron el martirio por orden de Optato, Prefecto de la ciudad, que adoraba a los falsos dioses y aborrecía la religión Cristiana.

3.- En Acaya, san Sátiro, Mártir, que al pasar por delante de un ídolo, de un soplo y signándose en la frente, al punto lo derribó en tierra; por lo cual fue degollado.

4.- En África, los santos Mártires Zótico, Rogato, Modesto, Cástulo y las coronas de cuarenta soldados.

5.- En Tívoli, san Zótico, Mártir.

6.- En Efeso, el suplicio de cuarenta y dos santos Monjes, que por el culto de las sagradas imágenes, en tiempo de Constantino Coprónimo, cruelísimamente atormentados, consumaron el martirio.

7.- En Ravena, san Juan, Obispo y Confesor.

8.- En Verona, san Probo, Obispo.

9.- En Inglaterra, san Benito, Abad y Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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13 de enero

Conmemoración del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo. Blanco

Estaba San Juan Bautista en las orillas del Jordán bautizando y exhortando a penitencia, cuando llegó a él el Salvador del mundo, de treinta años de edad. Al acercarse al Bautista, conoció éste, por luz sobrenatural, que el que venía a pedirle el bautismo era el Mesías verdadero; y así, al ver al Salvador, exclamó: Pues qué, Señor, ¿Vos venís a mí a ser bautizado, cuando debo yo ser bautizado de Vos? EL Señor le contestó que convenía sujetarse a los decretos de la divina Sabiduría. Abrióse el Cielo y vio San Juan que el Espíritu Santo bajaba sobre Jesucristo en figura de paloma, y al mismo tiempo oyó una voz que decía: Este es mi Hijo querido, en el que tengo Yo todas mis complacencias.

1.- En el monasterio de Ilbenstad, en Alemania, san Godofredo, que, siendo conde de Cappenberg, deseó una vida más perfecta, para lo cual convirtió su castillo en monasterio y, habiendo tomado el hábito canonical, se entregó a servir a pobres y enfermos (1127).

2.- En Poitiers de Francia, el tránsito de san Hilario, Obispo y Confesor, que por la fe católica, que valerosamente defendió, desterrado cuatro años en Frigia, allí, entre otros milagros, resucitó un muerto. El Sumo Pontífice Pío IX le declaró y confirmó Doctor de la Iglesia universal. Su fiesta se celebra el día siguiente.

3.- En Reims de Francia, el tránsito de san Remigio, Obispo y Confesor, el cual convirtió a Cristo la nación de los Francos, bautizando e instruyendo en los misterios de la fe a su Rey Clodoveo, y cumplidos muchos años de Episcopado, célebre en santidad y por la gloria de los milagros, pasó de esta vida. Su fiesta se celebra el 1 de octubre, día en que fue trasladado su sagrado cuerpo.

4.- En Roma, en la vía Lavicana, las coronas de cuarenta santos Soldados que en el imperio de Galieno, por la confesión de la verdadera fe, merecieron recibirlas.

5.- En Córdoba de España, los santos Mártires Gumersindo, Presbítero, y Servideo, Monje.

6.- En Cerdeña, san Potito, Mártir, el cual siendo Emperador Antonino y Presidente Gelasio, después de muchos tormentos, consiguió finalmente el martirio por la espada.

7.- En Singidón de la Misia Superior, los santos Mártires Hérmilo y Estratónico, los cuales, después de crueles tormentos, imperando Licinio, fueron sumergidos en el río Danubio.

8.- En Cesarea de Capadocia, san Leoncio, Obispo, que luchó denodadamente, en tiempo de Licinio, contra los Gentiles, y en el de Constantino contra los Arrianos.

9.- En Tréveris, san Agricio, Obispo.

10.- En el monasterio de Vergy, en Francia, san Vivencio, Confesor.

11.- En Amasea del Ponto, santa Gláfira, Virgen.

12.- En Milán, en el convento de santa Marta, la beata Verónica de Binasco, Virgen, de la Orden de San Agustín.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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14 de enero

Hilario, Ob., Conf. y Doct. D. – Blanco

Felix, Presb. y Márt. S. – Rojo

San Hilario, Obispo de Poitiers, Confesor y Doctor de la Iglesia, que tal día como ayer voló al cielo.

En Nola de Campania, el tránsito de san Félix, Presbítero, a quien, según escribe el Obispo san Paulino, primero atormentaron y echaron en una prisión los verdugos; mas, cuando le tenían atado y extendido sobre conchas y cascos, de noche un Ángel le desató y sacó libre; después, pasada la persecución, habiendo allí mismo convertido muchos con su santa vida y doctrina a la fe de Cristo, esclarecido en milagros, murió en paz.

1.- En Judea, san Malaquías, Profeta.

2.- En el monte Sinaí, treinta y ocho santos Monjes, martirizados por los Sarracenos, en odio a la fe de Cristo.

3.- En la región de Raiti, en Egipto, cuarenta y tres santos Monjes, que, en odio a la religión Cristiana, fueron muertos por los Blemios.

4.- En Milán, san Dacio, Obispo y Confesor, de quien hace mención san Gregorio Papa.

5.- En África, san Eufrasio, Obispo.

6.- En Neocesarea del Ponto, santa Macrina, discípula de san Gregorio Taumaturgo, y abuela de san Basilio, la cual educó en la fe al mismo Basilio.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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15 de enero

Pablo, primer Ermitaño. D. – Blanco

San Pablo, primer Ermitaño, Confesor, que el día 10 de este mes, entre coros de Angeles, fue trasladado al cielo.

 Ilustre fundador de los eremitas, ¡cuán hermoso resultaba veros en vuestra gruta, vestido con un manto de hojas de palma, alimentado con un medio pan que un cuervo os traía cada día! Una fuente os daba de beber, la roca os servía de lecho, y estabais más contento en esa gruta que los reyes en sus palacios. ¡Gran Santo, haced que meditando vuestra vida aprendamos a despreciar el mundo y sus falsas máximas! 

Oración: Oh Dios, que cada año nos proporcionáis un nuevo motivo de alegría con la solemnidad del bien aventurado Pablo, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que recibió en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En territorio de Anjou, san Mauro, Abad, discípulo de san Benito, en cuya escuela adoctrinado desde la niñez, aprovechó tanto, que, entre otras maravillas obradas estando con él, anduvo a pie sobre las aguas, cosa nueva y casi inusitada después de San Pedro. Enviado por el mismo san Benito a las Galias, allí, después de fundar un célebre monasterio, que gobernó cuarenta años, esclarecido por la gloria de los milagros, descansó en paz.

2.- En Judea, los santos Habacuc y Miqueas, Profetas, cuyos cuerpos, en tiempo de Teodosio el Mayor, fueron hallados por revelación divina.

3.- En Cáller de Cerdeña, san Efisio, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, siendo Juez Flaviano, superados con la virtud divina muchísimos tormentos, por último, decapitado, subió vencedor al cielo.

4.- En Anagni, santa Secundina, Virgen y Mártir, que padeció en el imperio de Decio.

5.- En Nola de Campania, san Máximo, Obispo.

6.- En Auvernia de Francia, san Bonito, Obispo y Confesor.

7.- En Egipto, san Macario, Abad, que fue discípulo de san Antonio, y en vida y milagros celebérrimo.

8- En Alejandría, san Isidoro, esclarecido por la santidad de su vida, fe y milagros.

9.- En Constantinopla san Juan el de la Choza, el cual vivió algún tiempo en un rincón de la casa paterna, y luego en una choza, sin ser conocido de sus padres; reconocido de ellos al morir, resplandeció en milagros. Su cuerpo fue después trasladado a Roma y colocado en una iglesia erigida en su honor en la isla del Tíber.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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16 de enero

Marcelo, Papa y Mártir Sd. – Blanco

Este mismo día en España:

Fulgencio, Ob., Conf. y Doct.

En Roma, en la vía Salaria, el triunfo de san Marcelo I, Papa y Mártir, el cual, por la confesión de la fe católica, de orden del tirano Majencio, fue primeramente apaleado, después condenado a cuidar bestias con un centinela de vista, y allí mismo, cuidando de ellas vestido de cilicio, acabó su vida.

Oración: Os suplicamos, Señor, que escuchéis las oraciones de vuestro pueblo, y que el bienaventurado Mar celo, vuestro pontífice mártir, cuyos padecimientos honramos, nos preste el socorro de sus méritos.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Marruecos de África, el suplicio de los cinco santos Proto-mártires de la Orden de Menores, a saber: Bernardo, Pedro y Otón, Sacerdotes; Acursio y Adyuto, Legos; los cuales por predicar la fe católica y reprobar la ley de Mahoma, después de varios tormentos y afrentas, cortadas con un cuchillo las cabezas, fueron muertos por el rey de los Sarracenos.

2.- En Rinocolura de Egipto, san Melas, Obispo, que en tiempo de Valente, habiendo padecido el destierro y otros graves trabajos por la fe católica, descansó en paz.

3.- En Arlés de Francia, san Honorato, Obispo y Confesor, cuya vida fue ilustre en doctrina y milagros.

4.- En Oderzo, en los confines de Venecia, san Ticiano, Obispo y Confesor.

5.- En Fondi del Lacio, san Honorato, Abad, de quien hace mención san Gregorio Papa.

6.- En un castillo llamado Maserolles, junto al río Authie, en Francia, san Furseo, Confesor, cuyo cuerpo fue más tarde trasladado al monasterio de Perona.

7.- En Roma, santa Priscila, que consagró su persona y sus bienes en piadoso obsequio de los Mártires.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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17 de enero

Antonio (Antón), Abad. D. – Blanco

En la Tebaida, san Antonio, Abad, que fue padre de muchos Monjes, preclarísimo por su vida y milagros, cuyos hechos narró en un excelente libro san Atanasio. Su sagrado cuerpo, hallado por revelación divina en tiempo del Emperador Justiniano, y traslado a Alejandría, fue enterrado en la Iglesia de san Juan Bautista.

Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes,y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo: ven después y sígueme. (Mateo 11, 21).

San Antonio, al oír estas palabras del Evangelio, se las aplicó como si hubieran sido dichas especialmente para él. Distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto. El demonio, para seducirlo, empleó toda la pompa de las grandezas, todo el brillo del oro y todos los atractivos de la voluptuosidad; pero su humildad lo libró de sus asechanzas, el temor al infierno extinguió los ardores impuros que encendía en su corazón, y la invocación a Jesús le dio la victoria sobre todos sus enemigos. Murió en el año 356.

Oración: Señor, os rogamos hagáis que la intercesión de San Antonio, abad, nos torne agradables a Vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por su asistencia lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S.

1.- En Langres de Francia, los tres santos gemelos Espeusipo, Eleusipo y Meleusipo; los cuales, con su abuela Leonila, fueron coronados del martirio en tiempo del Emperador Marco Aurelio.

2.- En Bourges de Aquitania, el tránsito de san Sulpicio, Obispo, llamado el Piadoso, cuya vida y preciosa muerte se recomienda por sus gloriosos milagros.

3.- En Roma, en el monasterio de san Andrés, los santos Monjes Antonio, Mérulo y Juan, de quienes escribe san Gregorio Papa.

4.- En los confines de la región Edesana, en Mesopotamia, san Julián, Ermitaño, por sobrenombre Sabas, el cual, en tiempo del Emperador Valente, restableció, con la virtud de los milagros, la fe católica, casi extinguida en Antioquía.

5.- En Roma, la Invención de los santos Mártires Diodoro, Presbítero, Mariano, Diácono, y sus Compañeros; los cuales, gobernando la Iglesia de Dios el Papa san Esteban, consiguieron el martirio el 1 de Diciembre.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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18 de enero

La Cátedra de S. Pedro en Roma.   Dm. – Blanco

La Cátedra de san Pedro Apóstol, cuando por primera vez la asentó en Roma.

Era antigua costumbre en la Iglesia de Occidente festejar el aniversario de la consagración del obispo. Era pues de esperar que se conmemorase de algún modo, desde los primeros tiempos, la entronización de San Pedro como obispo de Roma. Tal es el motivo de la solemnidad de este día, que encontramos mencionada en los libros litúrgicos desde fines del siglo VI.

Oración: Oh Dios, que acordasteis a vuestro bienaventurado Apóstol Pedro el poder de atar y desatar, concedednos, por su intercesión, ser libertados de las cadenas de nuestras culpas.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En el mismo lugar, el triunfo de santa Prisca, Virgen y Mártir; la cual en tiempo del Emperador Claudio, al cabo de muchos tormentos, fue coronada del martirio.

2.- En el Ponto, el triunfo de los santos Mártires Moseo y Amonio, soldados, los cuales fueron primeramente condenados a trabajar en las minas, y, por último, entregados a las llamas.

3.- Allí mismo, san Atenógenes, antiguo Teólogo, que, estando para consumar el martirio por el fuego, cantó gozoso un himno que dejó escrito a sus discípulos.

4.- En Tours de Francia, san Volusiano, Obispo, el cual, preso por los Godos, dio su espíritu a Dios en el destierro.

5.- En el monasterio de Lure, en Borgoña, san Deícola, Abad, natural de Irlanda, que fue discípulo de san Columbano.

6.- En Tours de Francia, san Leobardo, recluso, que resplandeció por su admirable abstinencia y humildad.

7.- En Como, santa Librada, Virgen.

8.- En Buda de Hungría, santa Margarita, Virgen, de la real familia de los Árpades, Monja de la Orden de santo Domingo, insigne por la virtud de la castidad y por la rigurosísima penitencia, a la cual el Sumo Pontífice Pío XII inscribió en el catálogo de las santas Vírgenes.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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19 de enero

Stos. Mario, Marta, Audifaz y Abaco, Mártires   S.  –  Rojo

Ejemplo de familias cristianas, San Mario, su mujer Marta y sus dos hijos, Abacuc y Audifaz, de la nobleza persa, dejaron su tierra y se dirigieron a Roma, para visitar los sepulcros de los mártires y consolar a los cristianos que sufrían en la prisión. Con la ayuda de un sacerdote, pudieron dar cristiana sepultura a 260 mártires, cuyos cuerpos estaban decapitados y permanecían en el campo expuestos a las inclemencias del tiempo. Pero mientras realizaban su buena obra, fueron sorprendidos por las autoridades romanas y llevados ante tribunal. El prefecto Flaviano y el gobernador Marciano, habrían realizado el interrogatorio.

Durante el imperio de Decio, éste había ordenado que aquellos que fueran sospechosos de ser cristianos, para no ser condenados a muerte debían hacer un acto de adhesión al culto pagano como adorar la estatua del emperador, o quemar un gramo de incienso ante la estatua de algún Dios. Por supuesto, Mario y su familia no aceptaron tal cosa y fueron decapitados.

Se les dio sepultura en un campo donde luego se edificó una iglesia, meta de innumerables peregrinaciones durante la Edad Media.

Pidamos por su intercesión que nos dé el Señor gozar de la paz en esta tierra y encontrar luego la alegría en la vida eterna.

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El mismo día:

Canuto, Rey y Mártir. S. –  Rojo

Apenas ascendido al trono de Dinamarca, obtuvo este rey insignes victorias sobre sus enemigos; no se dejó, empero, deslumbrar por la gloria militar, veíaselo, en medio de sus triunfos, poner humildemente su corona a los pies de Jesús crucificado, y ofrendar a este Rey de reyes su persona y su reino. Como supiese que atentaban contra su vida, fue a la Iglesia de San Albano y, con la mayor calma, se confesó y comulgó. Estaba orando por sus enemigos, cuando un venablo, que le arrojaron por una ventana, lo echó por tierra al pie del altar. Sucedió esto en el año 1086.

Oración: Oh Dios, que para ilustrar a vuestra Iglesia os dignasteis honrar al bienaventurado Canuto, rey, con la palma del martirio y con el don de milagros, ha ced, os suplicamos, que, marchando por las huellas de aquél que demostró ser imitador de la Pasión del Salvador merezcamos llegar a los júbilos eternos.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Esmirna, el triunfo de San Germánico, Mártir, que en tiempo de Marco Antonino y Lucio Aurelio, hallándose en la hermosa flor de la primera edad, condenado por el Juez, y venciendo, por virtud de la gracia divina, al miedo natural de la muerte, él, de suyo, provocó a la fiera, que le aguardaba, y triturado entre sus dientes, mereció, muriendo por Jesucristo, ser incorporado al mismo Señor, pan verdadero.

2.- En África, los santos Mártires Pablo, Geroncio, Jenaro, Saturnino, Suceso, Julio, Cato, Pía y Germana.

3.- En Espoleto, el triunfo de san Ponciano, Mártir, a quien, imperando Antonino, mandó el Juez Fabián, por odio a Cristo, azotar cruelísimamente con varas, y que después anduviese descalzo sobre brasas; pero, quedando ileso, suspendiéronle del potro y garfios de hierro, y, en tal estado lo arrojaron a la cárcel, donde mereció ser confortado de los Ángeles; echáronle luego a los leones, rociaron su cuerpo con plomo derretido, y, por último, le acabaron con la espada.

4.- En Lodi de Lombardía, san Basiano, Obispo y Confesor, que juntamente con san Ambrosio, combatió valerosamente contra los herejes.

5.- En Worcester de Inglaterra, san Vulstán, Obispo y Confesor, esclarecido en méritos y milagros, que fue canonizado por el Papa Inocencio III.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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20 de enero

Stos. Fabián, Papa, y Sebastián, Mártir.   D.   –   Rojo

En Roma, el triunfo de san Fabián, Papa y Mártir, que en tiempo de Decio padeció el martirio y fue sepultado en el cementerio de Calixto.

En Roma también, en las Catacumbas, san Sebastián, Mártir, que imperando Diocleciano, como mandase la primera cohorte, fue, por cristiano, atado a un palo en medio del campamento y asaetado por los soldados, y al fin apaleado hasta que expiró.

Fabián era un laico cuando fue elegido para suceder al Papa Antero, en el año 236. Una paloma bajó del cielo, se posó en su cabeza y lo señaló, con lo que fue elegido por el clero y el pueblo. San Cipriano le da el título de hombre incomparable, y dice que la gloria de su muerte ha correspondido plenamente a la pureza de su vida.

Sebastián, condenado por Diocleciano a ser atravesado con flechas, fue dejado por muerto en el lugar del suplicio. Recobrada la salud, se presentó al emperador y le reprochó abiertamente su impiedad. El tirano, exasperado por tanta audacia, lo condenó a ser apaleado hasta hacerlo expirar bajo los golpes. Una piadosa mujer, de nombre Lucina, recogió sus venerables restos y los colocó en las catacumbas, en el lugar donde hoy se levanta la basílica que lleva su nombre.

Oración: Oh Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, mirad cómo el peso de nuestras obras nos agobia, y fortifícanos por la gloriosa intercesión de vuestros bienaventurados mártires Fabián y Sebastián. Por J. C. N. S.

1.- En Nicea de Bitinia, san Neófito, Mártir, que, siendo de quince años de edad, fue azotado con varas, echado en un horno y expuesto a las fieras; pero quedando ileso, y confesando constantemente la fe de Cristo, por último fue muerto al filo de la espada.

2.- En Cesena, san Mauro, Obispo, esclarecido en virtudes y milagros.

3.- En palestina, la dichosa muerte de san Eutimio, Abad, que por su celo de la religión católica y por la virtud de los milagros floreció en la Iglesia, imperando Marciano.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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21 de enero

Santa Inés, Virgen y Mártir.    D.   –   Rojo

En Roma, el triunfo de santa Inés, Virgen y Mártir, la cual, por orden de Sinfronio, Prefecto de la Ciudad, arrojada en el fuego, que se apagó por la oración de la Santa, fue pasada a cuchillo. De ella escribe san Jerónimo estas palabras: «En los escritos y lenguas de todo el mundo, especialmente en las iglesias, es alabada la vida de Inés, porque venció a la tierna edad y al tirano, y consagró con el martirio el título de la castidad».

Oración: Dios todopoderoso, que elegís en el mundo a los más débiles para confundir a los más fuertes, haced, por vuestra bondad, que, celebrando la solemnidad de vuestra virgen Santa Inés, experimentemos los efectos de su protección junto a Vos.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Atenas, el triunfo de san Publio, Obispo, que gobernó noblemente la iglesia de Atenas después de san Dionisio Areopagita, y, esclarecido en virtudes y señalado en doctrina, martirizado por Cristo, fue gloriosamente coronado.

2.- En Tarragona de España, los santos Mártires Fructuoso, Obispo, Augurio y Eulogio, Diáconos, los cuales, en tiempo de Galieno, primeramente echados en la cárcel y después arrojados a las llamas, y, quemadas las ataduras, extendieron las manos en forma de cruz, y puestos en oración consumaron el martirio. En el día de su triunfo predicó san Agustín un sermón al pueblo.

3.- En el monasterio de Einsiedeln, en Suiza, san Meinrado, Presbítero y Monje, el cual, consagrado a la vida eremítica en aquel paraje, donde más tarde surgió dicho monasterio, fue muerto por unos ladrones. El cuerpo de este bienaventurado varón, sepultado antes en el monasterio Augiense de Alemania, fue llevado después al monasterio de Einsiedeln.

4.- En Troyes de Francia, san Patroclo, Mártir, que en tiempo del Emperador Aureliano merecio la corona del martirio.

5.- En Pavía, san Epifanio, Obispo y Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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22 de enero

Stos. Vicente y Anastasio, Mártires.    Sd.   –   Rojo

En Valencia de la España Tarraconense, san Vicente, Diácono y Mártir, el cual, por sentencia del impiísimo Presidente Daciano, habiendo padecido las cárceles y el hambre, el potro y el descoyuntamiento de los miembros, las planchas candentes, las parrillas de fuego y otras suertes de tormentos, voló al cielo a recibir el premio del martirio. Prudencio escribió en elegantes versos este noble triunfo, y san Agustín y san León Papa, lo celebran con grandísimas alabanzas.

 En Bethsáloen de Asiría, san Anastasio, Monje de Persia. que después de padecer en Cesárea de Palestina, muchísimos tormentos de cárcel, azotes y cadenas, fue luego, de parte de Cosroes, Rey de los Persas, afligido con muchas penalidades, y, por último, degollado, después de enviar delante al martirio setenta compañeros sumergidos en un río. Su cabeza fue trasladada a Roma a un lugar llamado Aquas Salvias. junto con una imagen suya muy venerada, a cuya vista (como atestiguan las Actas del segundo Concilio Niceno) huían los demonios y se curaban las enfermedades.

Oración: Señor, escuchad nuestros humildes ruegos, a fin de que, por la intercesión de los bienaventurados mártires Vicente y Anastasio, seamos librados de las iniquidades de que nos reconocemos culpables.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Embrún de la Galia, los santos Vicente, Oroncio y Víctor, que en la persecución de Diocleciano, fueron coronados del martirio.

2.- En Novara, san Gaudencio, Obispo y Confesor.

3.- En Sora, santo Domingo, Abad, esclarecido en milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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23 de enero

Raimundo de Peñafort, Conf. D. –   Blanco.

San Raimundo de Peñafort, de la Orden de Predicadores, Confesor cuyo tránsito se celebra el día 6 de este mes.

Este santo empleó una gran parte de su vida en la conversión de los sarracenos. Dios bendijo sus esfuerzos: en 1256 escribía el santo al general de su orden que diez mil sarracenos habían recibido el bautismo. Obró gran número de milagros. Como se le rehusase un navío para pasar de la isla de Mallorca a Barcelona, extendió su manto sobre las olas y re corrió así un trayecto de sesenta lenguas. Murió a los cien años de edad, el 6 de enero de 1275.

Oración: Oh Dios, que habéis elegido al bienaventurado Raimundo para hacer de él un ministro ilustre del sacramento del bautismo, y que le habéis hecho atravesar milagrosamente las aguas del mar, conceded nos, por su intercesión, la gracia de que produzcamos frutos de penitencia y lleguemos un día al puerto de la salvación eterna.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Roma, santa Emerenciana, Virgen y Mártir, la cual, todavía catecúmena, mientras oraba junto al sepulcro de santa Inés, de quien había sido hermana de leche, fue apedreada por los Gentiles.

2.- En Filipos de Macedonia, san Pármenas, uno de los siete primeros Diáconos; el cual, entregado a la gracia de Dios, y cumplido fidelísimamente el cargo de la predicación que sus hermanos le habían impuesto, alcanzó, imperando Trajano, la gloria del martirio.

3.- En Ancira de Galacia, san Clemente, Obispo, el cual, muchas veces atormentado, por último, en tiempo del Emperador Diocleciano, consumó el martirio.

4.- Allí mismo, san Agantángelo, que el mismo día fue martirizado por orden del Presidente Lucio.

5.- En Cesárea de Mauritania, los santos Mártires Severiano y Áquila, su mujer, que murieron quemados.

6.- En Antinóo, ciudad de Egipto, san Asclas, Mártir, que, al cabo de varios tormentos, precipitado en un río, entregó su alma, preciosa para Dios.

7.- En Alejandría, san Juan el Limosnero, Obispo de aquella ciudad, celebérrimo por su misericordia con los pobres.

8.- En Toledo de España, san Ildefonso, Obispo, el cual, por la singular integridad de vida, y por haber salido a la defensa de la virginidad de la santísima Madre de Dios contra los herejes que la combatían, fue de esta Señora regalado con una blanquísima vestidura, y, por último, célebre en santidad, llamado al cielo.

9.- En la provincia de Valeria, san Martirio, Monje, de quien hace mención san Gregorio Papa

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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24 de enero

Timoteo, Obispo y Mártir. D. –    Rojo.

En Éfeso, san Timoteo; que fue discípulo de san Pablo Apóstol; y por él ordenado Obispo de Éfeso, allí mismo, después de muchos combates por Cristo, como reprendiese a los que ofrecían sacrificios a Diana, fue apedreado poco después descansó en el Señor.

Oración: Dios todopoderoso, ved cómo pesa sobre nosotros la carga de nuestras propias obras, y fortificad nos por medio de la gloriosa intercesión de San Timoteo, vuestro mártir y pontífice.   Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Atioquía, san Babilas, Obispo, el cual, en la persecución de Decío, después de haber frecuentemente glorificado a Dios con los suplicios y tormentos, acabó gloriosamente la vida cargado de cadenas, con las cuales mandó que le enterrasen. Se dice padecieron juntamente con él los tres niños: Urbano, Prilidiano y Epolonio, a los que él había instruido en la fe de Cristo.

2.- En Foligno de la Umbría, san Feliciano, que, ordenado Obispo de aquella ciudad por el Papa san Víctor I, después de muchos trabajos, ya en la última vejez, imperando Decio, fue allí coronado del martirio.

3.- En Neo-Cesárea de Mauritania, los santos Mártires Mardonio, Musonio, Eugenio y Metelo, todos los cuales fueron quemados y sus cenizas arrojadas a un río.

4.- Asimismo los santos Mártires Tirso y Proyecto.

5.- En Cíngoli del Piceno, san Exuperancio, Confesor, Obispo de la misma ciudad, ilustre por la fama de los milagros.

6.- En Bolonia, san Zamas, que, ordenado por el Romano Pontífice san Dionisio, primer Obispo de aquella ciudad, propagó maravillosamente en ella la fe de Cristo.

7.- Asimismo, san Surano, Abad, el cual floreció en santidad en tiempo de los Longobardos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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25 de enero

Conversión de S. Pablo, Apóstol.   Dm.   –   Blanco.

La conversión de san Pablo Apóstol, que fue el año segundo, después de la Ascensión del Señor.

San Pablo es derribado en el camino a Damasco, y de perseguidor de cristianos se convierte en apóstol de Cristo. El Señor le envía a Ananías para devolverle la vista y administrarle el santo Bautismo. El Apóstol novel permanece algunos días con los discípulos de Damasco, y, enseguida, se pone a predicar a Jesús en las sinagogas, asegurando que es el Hijo de Dios.

Oración: Oh Dios, que habéis instruido al mundo entero por la predicación del apóstol San Pablo, haced, os lo rogamos, que honrando hoy su conversión, marchemos hacia Vos imitando sus ejemplos. Por J. C. N. S.

1.- En Damasco, el nacimiento para el cielo de san Ananías, que fue discípulo del Señor y bautizó a dicho Apóstol Pablo; y habiendo predicado el Evangelio en Damasco, en Eleuterópolis y en otras partes, finalmente azotado por sentencia del Juez Licinio, despedazado con nervios y apedreado, consumó el martirio.

2.- En Auvernia de Francia, los santos Proyecto, Obispo, y Amarino, Abad de Clerjus; los cuales fueron martirizados por los próceres de la misma ciudad.

3.- En Antioquía, los santos Mártires Juventino y Máximo, que fueron coronados del martirio en tiempos de Juliano Apóstata. En el día de su triunfo predicó san Juan Crisóstorno un sermón al pueblo

4.- Igualmente los santos Mártires Donato, Sabino y Ágape.

5.- En Tomis de Escitia, san Bretanión, Obispo, que imperando el Arriano Valente, a quien hizo fuerte oposición, floreció en la Iglesia con maravillosa santidad y celo por la fe católica.

6.- En Marchiennes de Francia, san Popón, Presbítero y Abad, esclarecido en milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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26 de enero

Policarpo, Obispo y Mártir D. –   Rojo

San Policarpo, Obispo de Esmirna y Mártir, el cual consiguió la corona del martirio el día 23 de Febrero.

Policarpo va a Roma a consultar al Papa Aniceto, y es recibido por éste con muestras del mayor respeto. Marción lo encuentra y le pregunta si lo conoce. «Sí, responde el santo al hereje, yo te conozco como al hijo mayor de Satanás». De vuelta a Esmirna, se lo quiere forzar a que injurie a Jesucristo. «Hace ochenta y seis años que lo sirvo, responde, y ningún mal me ha hecho. ¿Cómo, pues, podría injuriar a mi Rey y Salvador?» Se lo pone en la hoguera, cúrvanse como un arco a su alrededor las llamas. Se le da un lanzazo, y la sangre brota de la herida en tan gran cantidad que apaga el fuego.

Oración: Oh Dios, que cada año nos dais un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Policarpo, vuestro pontífice mártir, haced que celebrando su nacimiento al cielo, experimentemos los efectos de su protección.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Hipona de África, los santos Teógenes, Obispo, y otros treinta y seis, que en la persecución de Valeriano, menospreciando la muerte temporal, alcanzaron la corona de la vida eterna.

2.- En Belén de Judá, el tránsito de santa Paula, Viuda; la cual, siendo del linaje nobilísimo de los Senadores, renunciando al siglo juntamente con su hija santa Eustoquio, Virgen de Cristo, repartió sus bienes a los pobres y se retiró al santo Pesebre del Señor, de donde, rica en virtudes y coronada de un prolongado martirio, pasó al reino celestial. La vida de esta santa, admirable por sus virtudes, la escribió san Jerónimo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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27 de enero

Juan Crisóstomo, Ob. Conf. y Doctor de la Iglesia D. –   Blanco

San Juan Crisóstomo, Obispo de Constantinopla, Confesor y Doctor de la Iglesia, celestial Patrono de los Oradores sagrados, que descansó en el Señor el día 14 de Septiembre. Su sagrado cuerpo, trasladado tal día como hoy, en tiempo de Teodosio el Joven, a Constantinopla, y de allí, más tarde, a Roma, fue depositado en la Basílica del Príncipe de los Apostóles.

He aquí el modelo del orador cristiano; escucha sus palabras, imita sus ejemplos. A nadie deja de fustigar, porque a nadie teme; sus palabras son de oro todas, de oro abrasado por el fuego del Espíritu Santo. Su elocuencia es divina, inquebrantable su paciencia, su vida toda celestial. Aconteció su muerte en el año 407.

Oración: Señor, dignaos difundir cada vez más las riquezas de vuestra gracia en vuestra Iglesia, que habéis querido ilustrar con los gloriosos méritos y doctrina de vuestro confesor San Juan Crisóstomo.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Brescia, el tránsito de santa Ángela Mérici, Virgen, de la tercera Orden de san Francisco, que fundó la Congregación de Vírgenes de santa Úrsula, cuyo principal cargo fuese enderezar a las niñas por los caminos del Señor. Su festividad, por decreto del Papa Pío IX, se celebra el 31 de Mayo.

2.- En Mans de Francia, el tránsito de san Julián, primer Obispo de aquella ciudad, enviado allá por san Pedro a predicar el Evangelio.

3.- En Sora, san Julián, Mártir, el cual, en la persecución de Antonino y siendo Presidente Flaviano, fue preso, y habiéndose caído el templo de los ídolos mientras él era atormentado, cortada la cabeza, recibió la corona del martirio.

4.- En África, san Avito, Mártir.

5.- Allí mismo los santos Mártires Dacio, Reatro y sus Compañeros, martirizados en la persecución Vandálica.

6.- Igualmente, los santos Dativo, Julián, Vicente y otros veintisiete Mártires.

7.- En Roma, san Vitaliano, Papa.

8.- En el monasterio de Bovon, en Francia, san Mauro, Abad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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28 de enero

Pedro Nolasco, Confesor D. –  Blanco

San Pedro Nolasco, Confesor y Fundador de la Orden de santa María de la Merced, redención de cautivos; el cual durmió en el Señor el 25 de Diciembre.

San Pedro Nolasco fue toda su vida un modelo de caridad. Consagró su fortuna entera al rescate de los cristianos que caían en manos de los infieles. La Santísima Virgen se le apareció, y le ordenó fundara una orden cuya principal finalidad sería la de ejercer la caridad para con los pobres cautivos. Emprendió el santo la obra, y a la nueva orden llamó la de la Merced. Murió el día de Navidad del año 1256.

Oración: Oh Dios, que enseñasteis a San Pedro Nolasco a imitar vuestra caridad, inspirándole fundara en vuestra Iglesia una nueva familia para el rescate de los cautivos, concedednos por su intercesión que, libres de la servidumbre del pecado, gocemos en el cielo de libertad perpetua. Por N. S. J. C. Amén.

El mismo día:

Santa Inés (segunda fiesta).    S.   –   Rojo

En Roma, la segunda fiesta de santa Inés, Virgen y Mártir.

1.- En Alejandría, el tránsito de san Cirilo, Obispo de la misma ciudad, Confesor y Doctor de la Iglesia, el cual, preclarísimo defensor de la fe católica e ilustre en santidad y doctrina, descansó en paz. Su fiesta se celebra el 9 de Febrero.

2.- En Roma, san Flaviano, Mártir, que. padeció en tiempo de Diocleciano.

3.- En Alejandría, el suplicio de muchísimos santos Mártires, los cuales, celebrando tal día como hoy en la Iglesia los sagrados misterios, fueron muertos con varias clases de suplicios por la facción de Siriano, Caudillo Arriano.

4.- En Apolonia, los santos Mártires Leucio, Tirso y Calinico, atormentados de muchas maneras en el imperio de Decio; el primero y el último de ellos consumaron el martirio, siendo degollados; Tirso, llamado por una voz celestial, entregó su alma a Dios.

5.- En la Tebaida, los santos Mártires Leónides y sus Compañeros; los cuales, en tiempo de Diocleciano, consiguieron la palma del martirio.

6.- En Zaragoza de España, san Valerio, Obispo.

7.- En Cuenca de España, el nacimiento para el cielo de san Julián, Obispo, el cual, distribuyendo a los pobres los bienes de la Iglesia y buscando para sí el sustento con el trabajo de sus manos, a imitación de los Apóstoles, esclarecido en milagros, descansó en paz.

8.- En un monasterio de Riomé, en Francia, la dichosa muerte de san Juan, Presbítero, varón consagrado a Dios.

9.- En Palestina, Santiago el Ermitaño, que, después de haber caído en pecado, vivió mucho tiempo escondido en un sepulcro, haciendo penitencia, y, esclarecido en milagros, pasó al Señor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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29 de enero

Francisco de sales, Obispo, Confesor y Doctor. D. –   Banco.

San Francisco de Sales, Obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia, Patrono principal delante de Dios de todos los Escritores católicos, que en los diarios y otros escritos destinados al público, ilustran, propagan y defienden la Cristiana sabiduría; el cual subió al cielo el día 28 de Diciembre; pero su fiesta se celebra principalmente en este día, por causa de la Traslación de su cuerpo.

Este santo ha sido la gloria de su siglo, el modelo de los hombres apostólicos y de los obispos, el doctor universal de la piedad y del amor de Dios. Su cuerpo en Annecy y su corazón en Lyon han obrado infinidad de milagros devolviendo la salud a los cuerpos; pero su espíritu, siempre vivo en sus libros, obra maravillas mucho más sorprendentes convirtiendo a los pecadores. Tan llena está su vida de nobles acciones, que es difícil resumirla; tan conocida de todos, por otra parte, que no es necesario referirla. Murió en Lyón en 1622.

Oración: Dios, que habéis querido que el bienaventurado Francisco de Sales, vuestro confesor Y pontífice, fue se todo para todos para salvar a las almas, difundid en nosotros la dulzura de vuestra caridad, y haced que, dirigidos por sus consejos y asistidos por sus méritos, lleguemos al gozo eterno.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Tréveris, el tránsito, de san Valerio, Obispo, que fue discípulo del Apóstol san Pedro.

2.- En Roma, en la vía Nomentana, el triunfo de los santos Mártires Papías y Mauro, soldados, imperando Diocleciano, a los cuales el Prefecto de la ciudad, Laodicio, la primera vez que confesaron a Cristo, mandó golpear la boca con piedras, y así arrojarlos a la cárcel, después apalearlos y últimamente herirlos con plomadas, hasta que expirasen.

3.- En Perusa, san Constancio, Obispo y Mártir, el cual, juntamente con sus Compañeros, en tiempo de Marco Aurelio, por defender la fe, recibió la corona del martirio.

4.- En Milán, san Aquilino, Presbítero, al cual los Arrianos atravesaron con una espada la garganta, y así fue coronado del martirio.

5.- En Edesa de Siria, los santos Mártires Sarbelio y Bárbea, su hermana, los cuales, habiendo sido bautizados por san Barsimeo Obispo, en la persecución de Trajano, siendo Presidente Lisias, fueron ambos coronados del martirio.

6.- En el territorio de Troyes, san Sabiniano, Mártir, que de orden del Emperador Aureliano por la fe de Cristo fue degollado.

7.- En Bourges de Aquitania, san Sulpicio Severo, Obispo, esclarecido en virtudes y erudición.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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30 de enero

Santa Martina, Virgen y Mártir   Sd.   –   Rojo.

Santa Martina, Virgen y Mártir, cuyo triunfo se conmemora el primero de Enero.

 Santa Martina, virgen romana, quedó huérfana a una edad todavía tierna, y distribuyó entre los pobres los cuantiosos bienes que le habían dejado sus padres. Por rehusarse a sacrificar a los ídolos fue sometida a horribles torturas y, después, condenada a ser arrojada a las fieras. Respetada por éstas y habiendo, en seguida, pasado sana y salva por las llamas en las que fuera arrojada, fue, finalmente, decapitada. En el momento de su muerte, un terrible temblor sacudió la ciudad de Roma, y muchos idólatras se convirtieron a la fe cristiana.

Oración: Oh Dios, que, entre otros milagros de vuestro poder, habéis hecho obtener la victoria del martirio a una tierna niña, haced que celebrando el nacimiento al cielo de la bienaventurada Martina, virgen y mártir, nos aprovechemos de sus ejemplos para llegar hasta Vos.  Por N. S. J. C. Amén.

1.- En Edesa de Siria, san Barsimeo, Obispo, que, habiendo convertido a la fe muchos Gentiles y enviádolos delante de sí a la corona, los siguió, en el imperio de Trajano, con la palma del martirio.

2.- En Antioquía, el martirio de san Hipólito, Presbítero, el cual, engañado algún tiempo por el cisma de Novato, muy pronto, enmendado por 1a gracia de Cristo, volvió a la unidad de la Iglesia, y por ella y en ella consumó después un ilustre martirio. Preguntado por sus discípulos cuál fuese la secta verdadera, execró el dogma de Novato, y, afirmando que debía conservarse la fe que la cátedra de Pedro custodiaba, presentó el cuello al verdugo.

3.- En África, el triunfo de los santos Mártires Feliciano, Filapiano y otros ciento veinticuatro.

4.- Igualmente san Alejandro, el cual fue apresado en la persecución de Decio, y siendo ilustre por las canas venerables de su ancianidad y por haber dos veces confesado la fe, entregó su espíritu en medio de los tormentos.

5.- En Edesa de Siria, san Barsen, Obispo, ilustre por el don de curaciones; el cual, de orden de Valente, Emperador Arriano, relegado por la fe católica a lejanas tierras y fatigado con mudar tres veces el lugar de su destierro, acabó la vida.

6.- En Jerusalén, el nacimiento para el cielo de San Matías, Obispo, de quien se narran hechos maravillosos y llenos de fe; el cual, en el imperio de Adriano, habiendo padecido mucho por Cristo, por último descansó en paz.

7.- En Pavía, san Armentario, Obispo y Confesor.

8.- En Maubeuge, monasterio de Henao, santa Aldegunda, Virgen, en tiempo del Rey Dagoberto.

9.- En Viterbo, santa Jacinta de Mariscottis, Virgen, de la tercera Orden de san Francisco, insigne en penitencia y caridad, que fue canonizada por el Papa Pío VII.

10.- En Milán, santa Sabina, mujer religiosísima, que haciendo oración junto al sepulcro de los santos Mártires Nabor y Félix, descansó en el Señor.

11.- En territorio de París, santa Batilde, Reina, ilustre por la santidad y por la gloria de los milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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31 de enero

Juan Bosco, Confesor D. –   Blanco

En Turín. el nacimiento al cielo de san Juan Bosco, Confesor, Fundador de la Sociedad Salesiana y del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora; insigne por el celo de las almas y por la propagación de la fe: al cual el Sumo Pontífice Pío XI puso en el catálogo de los Santos.

Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.

Oración: Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sirvamos sólo a Vos. Por J. C. N. S.

1.- En Roma, en la vía Portuense, los santos Mártires Ciro y Juan, que por confesar a Cristo, después de muchos tormentos, fueron decapitados.

2.- En Alejandría, el triunfo de san Metrano, Mártir, a quien imperando Decio, por negarse a proferir, como los paganos le mandaban, palabras impías, molieron a palos todo el cuerpo, y taladrándole ojos y rostro con cañas agudísimas, sin cesar de atormentarle, le arrojaron fuera de la ciudad, y allí le apedrearon hasta expirar.

3.- Allí mismo, los santos Mártires Saturnino, Tirso y Víctor.

4.- También en Alejandría, los santos Mártires Tarsicio, Zótico, Ciríaco y sus Compañeros.

5.- En Cícico del Helesponto, santa Trifena, Mártir, la cual, superados muchos tormentos, finalmente muerta por un toro, mereció la palma del martirio.

6.- En Módena, san Geminiano, Obispo, ilustre por la gloria de los milagros.

7.- En territorio de Milán, san Julio, Presbítero y Confesor, en tiempo del Emperador Teodosio.

8.- En Nápoles, san Francisco Xavier María Bianchi, Confesor, Clérigo Regular de san Pablo, ilustre por los prodigios, dones celestiales y su admirable paciencia; al cual el Papa Pío XII elevó a los supremos honores de los santos.

9.- En Roma, santa Marcela, Viuda, cuyas preclaras alabanzas escribió san Jerónimo.

10.- También en Roma, la beata Luisa Albertonia, Viuda Romana, de la tercera Orden de san Francisco, esclarecida en virtudes.

11.- El mismo día, la Traslación de san Marcos Evangelista, cuando su sagrado cuerpo, de Alejandría, ocupada a la sazón por los bárbaros, conducido a Venecia, fue allí solemnísimamente colocado en la Iglesia mayor, dedicada a su nombre.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR Y OCTAVA DE NAVIDAD

Día 1 de enero

LOS MISTERIOS DE ESTE DÍA. — Ha llegado el octavo día del Nacimiento del Salvador; los Magos se acercan a Belén; cinco días más y la estrella se detendrá sobre el lugar donde descansa el divino Niño. Hoy, el Hijo del hombre debe ser circuncidado, subrayando con este primer sacrificio de su carne inocente, el octavo día de su vida mortal. Hoy, le van a poner un nombre; y este nombre será el de Jesús, que quiere decir Salvador. En este gran día, se aglomeran los misterios; recojámoslos todos, y honrémoslos con toda la devoción y ternura de nuestros corazones

Pero, este día no está únicamente dedicado a celebrar la Circuncisión de Jesús; el misterio de esta Circuncisión forma parte de otro mayor todavía, el de la Encarnación e Infancia del Salvador; misterio que absorbe continuamente a la Iglesia no sólo durante esta Octava, sino en los cuarenta días del Tiempo de Navidad. Por otra parte, es conveniente que honremos con una fiesta especial la imposición del nombre de Jesús, fiesta que pronto celebraremos. Este solemne día conmemora aún otro objeto digno de excitar la piedad de los fieles. Este objeto es María, Madre de Dios. La Iglesia celebra hoy de un modo especial ese augusto privilegio de la Maternidad divina, otorgado a una simple criatura, cooperadora en la gran obra de la salvación de los hombres.

Antiguamente, la Santa Iglesia romana celebraba dos misas el día 1 d e enero: una por la Octava de Navidad, otra en honor de María. Más tarde, las reunió en una sola, del mismo modo que unió en el Oficio de este día los testimonios de su admiración hacia el Hijo, con las expresiones de su admiración y tierna confianza para con la Madre. En su afán de rendir el tributo de sus homenajes a la que nos dió al Emmanuel, la Iglesia griega no espera al octavo día del Nacimiento del Verbo hecho carne. En su impaciencia, consagra a María el mismo día siguiente de Navidad, el 26 de diciembre, con el título de Sínaxis de la Madre de Dios, reuniendo esas dos fiestas en una sola, y celebrando a San Esteban el día 27 de diciembre.

LA MATERNIDAD DIVINA. — Por lo que toca a nosotros, hijos primogénitos de la Santa Iglesia romana, volquemos hoy en la Virgen Madre todo el amor de nuestros corazones, y unámonos a la felicidad que ella experimenta por haber dado a luz a su Señor que es también nuestro. Durante el santo Tiempo de Adviento la hemos contemplado encinta del Salvador del mundo; hemos realzado la excelsa dignidad de esta Arca de la nueva Alianza que ofrecía su casto seno, a la Majestad del Rey de los siglos, como si fuera otro cielo. Ahora acaba de dar a luz a este Niño Dios; le adora, pero es también su Madre. Tiene derecho a llamarle Hijo suyo; y El, aun siendo verdadero Dios, le llamará de verdad Madre. No nos cause, pues, extrañeza, que la Iglesia cante con tanto entusiasmo a María y a sus glorias. Pensemos más bien, que todos los elogios que puede tributarle, todos los homenajes que en su culto puede ofrecerle, quedan siempre muy por debajo de lo que realmente es debido a la Madre del Dios encarnado. Ningún mortal llegará nunca a describir, ni aun a comprender, la gloria que encierra en sí ese sublime privilegio. Efectivamente, dimanando la dignidad de María de su cualidad de Madre de Dios, sería necesario para abarcarla en toda su extensión, que comprendiésemos previamente a la misma Divinidad. Es a Dios a quien María dió la naturaleza humana; es a Dios a quien tuvo por Hijo; es Dios quien tuvo a gala el estarla sujeto, en cuanto hombre; el valor de tan alta dignidad en una simple criatura, no puede, por tanto, ser apreciado sino es relacionándolo con la infinita perfección del soberano Señor que se digna ponerse a sus órdenes. Anonadémonos, pues, en presencia de la Majestad^ divina, y humillémonos ante la soberana dignidad de la que escogió por Madre.

Si nos ponemos ahora a pensar en los sentimientos que embargaban a María ante una situación semejante con respecto a su divino Hijo, quedaremos pasmados ante la sublimidad del misterio. Ella ama a ese Hijo a quien da el pecho, a quien tiene en sus brazos, a quien aprieta contra su corazón, le ama porque es el fruto de sus entrañas; le ama porque es su madre, y la madre ama a su hijo como a si misma y más que a sí misma; pero cuando considera la infinita majestad del que así se confía a su amor y a sus caricias, tiembla y se siente desfallecer, hasta que su corazón de Madre le tranquiliza con el recuerdo de los nueve meses que ese Niño pasó en su seno, y de la filial sonrisa que tuvo para ella en el momento de darlo a luz. Estos dos sublimes sentimientos de la religión y de la maternidad, tienen en su corazón un solo y divino objeto. ¿Puede imaginarse algo más excelso que esta dignidad de Madre de Dios? ¿No teníamos razón al decir, que para comprenderla tal como es en realidad, habríamos de comprender al mismo Dios, el único que pudo concebirla en su infinita sabiduría y hacerla realidad con su poder ilimitado?

¡Una Madre de Dios! ese es el misterio cuya realización esperaba el mundo desde hace tantos siglos; la obra, que a los ojos de Dios, sobrepasaba infinitamente en importancia a la creación de millones de mundos. Una creación no es nada para su poder; habla, y todas las cosas son hechas. Mas, para hacer a una criatura Madre de Dios, tuvo no sólo que trastornar todas las leyes de la naturaleza, haciendo fecunda la virginidad, sino sujetarse El mismo con relaciones filiales a la feliz criatura que se escogió. Le concedió derechos sobre El y aceptó deberes para con ella; en una palabra, se hizo su Hijo, e hizo de ella su Madre.

De aquí se sigue que, los beneficios de la Encarnación que debemos al amor del Verbo divino, podemos y debemos en justicia referirlos también a María en sentido verdadero, aunque secundario. Si es Madre de Dios, lo es por haber consentido en serlo. Dios se dignó no sólo aguardar ese consentimiento, sino también hacer depender de él la venida en carne de su Hijo. Así como el Verbo eterno pronunció sobre el caos la palabra FIAT, y la creación salió de la nada para obedecerle; del mismo modo, Dios estuvo esperando a que María pronunciase la palabra FIAT, hágase en mi según tu palabra, para que su propio Hijo bajase a su casto seno. Por consiguiente, después de Dios, a María debemos el Emmanuel. Esta necesidad ineludible, en el plan sublime de la redención, de que exista una Madre de Dios, debía desconcertar los artificios de los herejes, resueltos a privar de su gloria al Hijo de Dios. Para Nestorio, Jesús no era más que un simple mortal; su Madre no era por tanto, más que la madre de un hombre: quedaba destruido el misterio de la Encarnación. De ahí el odio de la sociedad cristiana a tan pérfido sistema. El Oriente y el Occidente proclamaron con unanimidad la unidad de persona del Verbo hecho carne, y a María como verdadera Madre de Dios, Deipara, Theotocos, por haber dado a luz a Jesucristo. Era, pues, justo que en memoria de esta señalada victoria alcanzada en el concilio de Efeso, y para manifestar la tierna devoción de los pueblos cristianos hacia la Madre de Dios, se elevaran solemnes monumentos que lo atestiguaran.

Así comenzó en las Iglesias griega y latina la piadosa costumbre de unir en la fiesta de Navidad, el recuerdo de la Madre con el culto del Hijo. Fueron diversos los días dedicados a esta conmemoración; pero la intención religiosa era la misma.

En Roma, el santo Papa Sixto III hizo decorar el arco triunfal de la Iglesia de Santa María ad Praesepe, la admirable Basílica de Santa María la Mayor, con un inmenso mosaico en honor de la Madre de Dios. Ese precioso testimonio de la fe del siglo v ha llegado hasta nosotros; en medio del amplio conjunto en el que figuran en su misteriosa simplicidad, los sucesos narrados en la Sagrada Escritura y los símbolos más venerables, se puede leer todavía la inscripción, que atestigua la veneración del santo Pontífice hacia María, Madre de Dios, y que dedica al pueblo fiel: SIXTUS EPISCOPUS PLEBI DEI.

También se compusieron en Roma cantos especiales para celebrar el gran misterio del Verbo hecho carne en María. Magníficos Responsorios y Antífonas sirvieron de expresión a la piedad de la Iglesia y de los pueblos, trasmitiéndola a todos los siglos venideros. Entre estas piezas litúrgicas hay antífonas que la Iglesia griega canta en su lengua en estos días con nosotros, las cuales ponen de manifiesto la unidad de la fe y de sentimientos ante el gran misterio del Verbo encarnado.

MISA

La Estación se celebra en Santa María al otro lado del Tiber. Era justo honrar esta Basílica, venerable por siempre entre todas las que consagró a María la devoción de los católicos. La más antigua de las Iglesias de Roma dedicada, a la Santísima Virgen, fué consagrada por San Calixto en el siglo m, en la antigua Taberna Meritoria, lugar famoso, aun entre los autores paganos, por la fuente de aceite que de allí brotó, bajo el reinado de Augusto, y corrió hasta e r Tiber.-La piedad popular vió en este suceso un símbolo de Cristo (unctus) que debía pronto nacer, la Basílica lleva hoy todavía el título de Fons olei [1],

El Introito, como la mayor parte de las piezas que se cantan en la Misa, es el de Navidad, en su Misa Mayor. Celebra el Nacimiento del Niño Dios, que cumple hoy sus ocho días.

INTROITO

Un niño nos ha nacido, y nos ha sido dado un Hijo: en sus hombros descansa el Imperio; y se llamará su nombre: Angel del gran consejo.

En la Colecta, la Iglesia celebra la fecunda virginidad de la Madre de Dios y nos muestra a María como fuente de que Dios se ha servido para derramar sobre el género humano el beneñcio de la Encarnación, presentando ante el mismo Dios nuestras esperanzas fundadas en la intercesión de esta privilegiada criatura.

ORACION

Oh Dios, que, por la fecunda virginidad de la Bienaventurada María, diste al género humano los premios de la salud eterna: suplicárnoste, hagas que sintamos interceder por nosotros, a aquella que nos dió al Autor de la vida, a Jesucristo, tu Hijo, N. S. El cual vive y reina contigo.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a Tito. (II, 11-15.)

Carísimo: La gracia de Dios, nuestro Salvador, se ha aparecido a todos los hombres, para enseñarnos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos debemos vivir sobria y justa y piadosamente en este siglo, aguardando la bienaventurada esperanza y el glorioso advenimiento del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se dió a sí mismo por nosotros, para redimirnos de todo pecado y purificar para sí un pueblo grato, seguidor de las buenas obras. Predica y aconseja estas cosas en Nuestro Señor Jesucristo. En este día en que ponemos el principio de nuestro año civil, vienen a propósito los consejos del gran Apóstol, advirtiendo a los fieles la obligación que tienen de santificar el tiempo que se les concede. Renunciemos, pues, a los deseos mundanos; vivamos con sobriedad, justicia y piedad; nada debe distraernos del ansia de esa bienaventuranza que esperamos. El gran Dios y Salvador Jesucristo, que se nos revela estos días en su misericordia para adoctrinarnos, volverá un día en su gloria para recompensarnos. El correr del tiempo nos advierte que se acerca ese día; purifiquémonos y hagámonos un pueblo agradable a los ojos del Redentor, un pueblo dado a las buenas obras. El Gradual celebra la venida del divino Niño, invitando a todas las naciones a ensalzarle a El y a su Padre que nos le había prometido y nos le envía.

GRADUAL

Todos los confines de la tierra vieron la salud de nuestro Dios: tierra toda, canta jubilosa a Dios. — 7. El Señor manifestó su salud: reveló su justicia ante la faz de las gentes.

ALELUYA

Aleluya, aleluya. — 7. Habiendo hablado Dios muchas veces a los Padres en otro tiempo por los Profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del Evangelio según San Lucas. (II, 21.)

En aquel tiempo, pasados los ocho días para circuncidar al Niño, llamaron su nombre JESÚS, el cual le fué puesto por el Angel antes de que fuese concebido en el vientre.

Es circuncidado el Niño; no sólo pertenece ya a la naturaleza humana; por medio de este símbolo se hace miembro del pueblo elegido, y se consagra al servicio divino. Se somete a esta dolorosa ceremonia, a esta señal de servidumbre, con el fin de cumplir toda justicia. Recibe encambio el nombre de JESÚS; y este nombre quiere decir SALVADOR; nos salvará, pues, mas a costa de su propia sangre. Esa es la voluntad de Dios, por El aceptada. La presencia del Verbo encarnado en la tierra tiene por finalidad llevar a cabo un Sacrificio; este Sacrificio comienza ahora.

Esta primera efusión de sangre del Hijo de Dios podría bastar para que ese sacrificio fuera pleno y perfecto; pero la insensibilidad del pecador, cuyo corazón ha venido a conquistar el Emmanuel, es tan profunda, que con frecuencia sus ojos contemplarán sin conmoverse arroyos de esa sangre divina corriendo por la cruz en abundancia. Unas pocas gotas de la sangre de la circuncisión hubieran bastado para satisfacer la justicia del Padre, pero no bastan a la miseria del hombre, y el corazón del divino Niño trata ante todo de curar esa miseria. Para eso viene; amará a los hombres hasta la locura; no en vano llevará el nombre de Jesús.

El Ofertorio celebra el poder del Emmanuel. En este momento en que aparece herido por el cuchillo de la circuncisión, cantemos con mayor fervor su poderío, su riqueza y su soberanía. Celebremos también su amor, porque si viene a compartir nuestras heridas, es por el afán de sanarlas.

OFERTORIO

Tuyos son los cielos, y tuya es la tierra: tú fundaste el orbe de las tierras y su redondez: justicia y juicio son la base de su trono.

SECRETA

Aceptadas nuestras ofrendas y nuestras preces, suplicárnoste, Señor, nos purifiques con tus celestiales Misterios y nos escuches clemente. Por el Señor.

Durante la Comunión, la Iglesia se regocija en el nombre del Salvador que viene, y que llena todo el significado de este nombre, rescatando a todos los habitantes de la tierra. Suplica a continuación, por medio de María, que el divino remedio de la comunión cure nuestros corazones del pecado, para que podamos ofrecer a Dios el homenaje de esa circuncisión espiritual de que habla el Apóstol.

COMUNION

Todos los confines de la tierra vieron la salud de nuestro Dios.

POSCOMUNION

Que esta Comunión, Señor, nos purifique del pecado: y, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, nos haga partícipes del celestial remedio. Por el mismo Señor.

En este octavo día del Nacimiento del divino Niño, consideremos el gran misterio de la Circuncisión que se opera en su carne. Hoy, la tierra ve correr las primicias de la sangre que la va a rescatar; hoy, el celestial Cordero que va a expiar nuestros pecados, comienza ya a sufrir por nosotros. Compadezcamos al Emmanuel, que se somete con tanta dulzura al instrumento que le imprimirá una señal de servidumbre.

María, que ha velado por El con tan tierno cuidado, ha visto venir esta hora de los primeros sufrimientos de su Hijo, con un doloroso desgarro de su corazón maternal. Sabe que la justicia de Dios podría prescindir de este primer sacrificio, o bien contentarse con el valor infinito que encierra para la salvación del mundo; y a pesar de eso, es preciso que sea lacerada la carne inocente de su Hijo y que corra su sangre por sus delicados miembros.

Contempla con dolor los preparativos de esa sangrienta ceremonia; no puede huir, ni consolar a su Hijo en la angustia de este primer sufrimiento. Tiene que oír sus suspiros, su gemido quejumbroso, y ver cómo corren las lágrimas por sus tiernas mejillas. «Y llorando El, dice San Buenaventura, ¿crees tú, que su Madre puede contener sus lágrimas? Llora, pues, también ella. Al verla así llorando, su Hijo, que estaba sobre su regazo, ponía su manecita en la boca y en el rostro de su Madre, como para pedirle por esa señal que no llorase; pues El, que la amaba con tanta ternura, quería que no llorase. Por su parte, esta dulce Madre cuyas entrañas estaban totalmente conmovidas por el dolor y las lágrimas de su Hijo, le consolaba probablemente con sus gestos y palabras. En realidad, como era muy prudente conocía muy bien su voluntad aunque no le hablara, y así le decía: Hijo mío, si quieres que acabe de llorar, termina tú también, porque llorando tú, yo no puedo menos de llorar. Y entonces, por compasión hacia su Madre, dejaba de gemir el pequeñuelo. La Madre le enjugaba el rostro, y secábase también el suyo; luego acercaba su cara a la del niño, le daba el pecho, y le consolaba de cuantas maneras podía» 2].

¿Con qué pagaremos nosotros ahora al Salvador de nuestras almas, por la Circuncisión que se ha dignado sufrir para demostrarnos el amor que nos tiene? Debemos seguir el consejo del Apóstol (Col., II, 11), y circuncidar nuestro corazón de todos sus malos afectos, estirpar el pecado y sus concupiscencias, vivir finalmente de esa nueva vida, cuyo sencillo y sublime modelo nos viene a traer Jesús desde lo alto. Procuremos consolarle en este su primer dolor, y estemos cada vez más atentos a los ejemplos que nos ofrece.

[1] Hasta el siglo VIII, el primer día del año se conmemoraba con una fiesta pagana. La Iglesia, la reemplazó, entre (600 y 657), por una fiesta cristiana: la Octava Domini: era una nueva fiesta de Navidad con un recuerdo especial para María, Madre de Jesús, y la Estación se hacía en Santa María ad Martyres, el Panteón de Agripa. Según algunos, esta fiesta sería la primera fiesta de María en la Liturgia romana (Ephem. Liturg, t. 47, p. 430). Los calendarios bizantinos de los siglos vil y ix, y con anterioridad el canon 17 del Concilio de Tours en 567, y el Martirologio jeronimiano (fin del siglo vi) señalan para el primero de enero, la fiesta de la Circuncisión. Además, en Francia se ayunaba ese día para alejar a: los fieles de las fiestas paganas del primero de enero. Solamente en el siglo ix aceptó la Iglesia romana la fiesta de la Circuncisión: hubo entonces doble Estación, una de ellas en San Pedro.
[2] Meditaciones sobre la Vida de Jesucristo, por S. Bienaventura,

«CURA» DE LA IGLESIA CONCILIAR: «YO NO CREO EN EL CREDO»

PRESBÍTERO DE LA IGLESIA CONCILIAR: «NO CREO EN EL CREDO»

Chiaffredo Olivero,
«No debería tolerarse curas o confesores,, menos aún cuando no han recibido válidamente las órdenes, que estén tildados de herejía; y a los convencidos en ella habría de despojarlos en seguida de todas las rentas eclesiásticas; que MÁS VALE ESTAR LA GREY SIN PASTOR, QUE TENER POR PASTOR A UN LOBO». (San Ignacio de Loyola, Carta a San Pedro Canisio, 13 de Agosto de 1554)
LOS MIEMBROS DE LA NUEVA RELIGIÓN CREADA EN EL CONCILIO VATICANO II
A CARA DESCUBIERTA EN SUS INVÁLIDAS MISAS
¡YA  SIN VERGÜENZA ALGUNA, TRAS SUS JEFES
Tres últimos jefes de la iglesia conciliar manifestando en lo que verdaderamente creen ellos.
Traducción de la noticia publicada por Andrea Zambrano para LA NUOVA BUSSOLA QUOTIDIANA.
Crónicas de la neoiglesia: «Yo en el Credo no creo». Los fieles de la iglesia de San Roque en Turín, congregados para la misa de medianoche dejaron fugar una risotada de complicidad. Y así el párroco, don Chiaffredo Olivero, ha anunciado en sustitución la canción Dolce sentire, que en resúmen es un canto inspirado en el Cántico de las creaturas como sustituto del Credo que representa el fundamento de la fe de todo bautizado.
Ahora, se podría también refutar diciendo: «Bueno, con estas premisas, él salió vencedor. Años y años de intentar camuflar artículos incómodos o partes de la misa demasiado complicadas, y luego llega él con la solución gordiana: ¿Por qué no suprimirlos del todo?». Chapeau! (Para quitarse el sombrero), efectivamente… La mala teología que se come la doctrina ha llegado a un punto alto la otra noche durante una misa que sería eufemístico definirla como show: liturgia eucarística modificada sobre la marcha, comunión distribuida solo por los ministros extraordinarios, que también fue tomada por las manos de los fieles que personalmente la han mojado en el cáliz, un Padre nuestro compartido con la canción españolizante más profana calcada de Sound of silencede Simon & Garfunkel. Liturgia años ’70 en estado puro, faltando solamente los animadores de canto con pantalones de campana.
En cambio es el año del Señor 2017 que nos muestra la última frontera de la misa bricolaje, presentada con el rostro fresco y tranquilo de un párroco con 50 años de misa a sus espaldas (fue ordenado el 25 de Junio de 1967) que se proclama muy activo en lo social y que en aquellas latitudes es llamado en terminología eclesialmente correcta “un cura de calle”, porque se encarga de los migrantes y porque también ha dicho recientemente que quiere modificar el concepto de transubstanciación.
Obviamente criticarlo no se puede, un poco porque no se puede criticar a los clérigos que se dedican a lo social, también si en el tratar las cosas divinas utilizan azadón y pala, y también porque hoy, en la neoiglesia, no se puede poner la mira a quienes atentan contra la doctrina. Si acaso, se necesita punir a quienes sumisamente hacen notar que algo no marcha bien, como lo testifican las providencias tomadas frente a don Alessandro Minutella; o frente a una verdad inmutable de Dios sobre el hombrque no cambia, como a don Massimiliano Pusceddu.
La sorpresa arriva al minuto 26:50, luego de una homilía apostando a invitar a los padres a transmitir la fe a los hijos, pero «evitando hablarles del Infierno, que no aprovecha a nadie y hace mal».
El animador anuncia el canto del Credo: «Dolce sentire, página 39». Don Fredo ataca primero: «¿Sabéis por qué no digo el Credo? Porque no lo creo». Risotadas de los fieles. Luego reprende: «Si alguno lo entiende…, pero despues de tantos años concluí que es algo que no entiendo y que no puedo aceptar. Cantemos alguna otra cosa que diga las cosas esenciales de la fe».
En Turín las cosas no andaban tan mal. En Génova, por ejemplo, otro cura de frontera, pero con rúbrica fija en La Repubblica, don Paolo Farinella, ha anunciado en su columna del diario que canceló por este año las celebraciones de la Navidad, del 1 de Enero [Santa María Madre de Dios -en el calendario montiniano-] y del 6 de Enero (la Epifanía). En la práctica, dijo NO a las fiestas de precepto. ¿Por qué? Porque -dixit- la Navidad se ha convertido en «una fábula de pesebres con canciones de cuna y zampoñas, exclusivo apoyo de una economía capitalista y consumista, transformando por entero al Cristianismo en “religión civil”».
Curioso. También hace diez años, un pasado no muy lejano, un presbítero que se negaba a afirmar las verdades principales de la Fe Católica, o que aboliera a su placer las fiestas de precepto habría sido suspendido a divínis. Hoy, en cambio, quieren hacerle monseñor. O muchas veces no le sucederá nada. Quizá su obispo levante los brazos y suspire: «Sí, lo conozco, le he reclamado veinte veces, pero él procede así. En el fondo él es también un hijo mío». Humanamente comprensible, pero ¿seguros que no lo es del otro? En cambio el problema es tremendamente serio y no sólo para este pobre clérigo que admitiendo no aceptar las verdades de la Fe Católica reconoce simplemente que no tiene fe.
Pero también para las ovejas que le son confiadas: ¿Qué enseñar a los niños de catecismo si él admite primero que no tiene esta fe? ¿Y cuál fe? ¿De qué estamos hablando? ¿De un sentimiento vago y melifluo en la enseñanza de que amemos el bien?
La cuestión del Credo a su vez está estrechamente ligada con la Fe. Y no es casual que la Iglesia Católica dedique la primera parte del Catecismo al Símbolo de la Fe. Porque el Credo es “la respuesta del hombre a Dios”. Una respuesta que es la fe con la cual el hombre se somete plenamente a Dios, y que el primer artículo del Credo exhorta a la obediencia de la fe al ejemplo de Abrahán y de María. Creer en un solo Dios, en Jesucristo Hijo de Dios, en el Espíritu Santo. Y luego creer en todas las otras verdades bajo la forma de profesión de fe, desde la Encarnación a la Resurrección hasta la Comunión de los Santos y la Vida eterna.
¿Don Fredo y don Farinella quieren renunciar a toda esta colección orgánica de verdades que están bajo el nombre de Símbolo? Que lo hagan, pero ¿por qué utilizar el papel de pastores de almas para esto? Una vez se dijo: “ciegos que guían a otros ciegos”. ¿Qué le queda a un sacerdote que públicamente desconoce todo esto? Queda probablemente sólo su narcisista voluntad de poder imponer una religión en forma ideológica, que sin embargo es tremendamente humana, pero con el candor y el pacífico vigor del buen párroco tan comprometido. Es de lobos de este tenor travestidos cual cándidos corderitos que el fiel debe evitar. Porque están lentamente cortando la rama en la cual está sentado con ellos.

DOMINGO DE LA INFRAOCTAVA DE NAVIDAD

Sólo se dice el Oficio, si cae el 29, 30 o 31 de diciembre.

Este es el único de todos los días de la Octava de Navidad que no está ocupado con una fiesta. En las Octavas de Epifanía, Pascua y Pentecostés, la Iglesia se halla de tal manera embebida en la grandeza del misterio, que aleja de sí todo recuerdo que pudiera distraerla; en la de Navidad, por el contrario, abundan las fiestas, apareciendo el Emmanuel rodeado siempre del cortejo de sus siervos. De este modo la Iglesia, o más bien Dios mismo, primer autor del ciclo, nos ha querido mostrar cuán accesible se presenta en su Nacimiento el divino Niño, el Verbo hecho carne, a la humanidad a la que va a salvar.

M I S A

Fué en medio de la noche, cuando el Señor libertó a su pueblo de la cautividad en la tierra de los Egipcios, por medio de su Angel armado de la espada; de modo semejante, en medio del silencio de la noche, el Angel del Gran Consejo bajó de su real trono para traer la misericordia a la tierra. Es justo que la Iglesia, al celebrar esta última venida, cante al Emmanuel, revestido de fortaleza y hermosura, el cual viene a tomar posesión de su Imperio.

INTROITO

Cuando todas las cosas dormían en profundo sueño, y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu omnipotente Verbo, Señor, vino del cielo, desde su trono real. Salmo: El Señor reinó, se vistió de hermosura: el Señor se vistió y ciñó de fortaleza. — V. Gloria al Padre.

En la Colecta, pide la Iglesia ser dirigida conforme a la excelsa regla que nos ha sido dada en nuestro divino Sol de justicia, con el fin de iluminar y conducir todos nuestros pasos por el camino de las buenas obras.

ORACION

Omnipotente y sempiterno Dios, dirige nuestros actos conforme a tu beneplácito: para que, en nombre de tu amado Hijo, merezcamos abundar en buenas obras. El cual vive y reina contigo.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Gálatas. (IV, 1-7.)

Hermanos: Mientras el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es el señor de todo, sino que está bajo tutores y celadores, hasta el tiempo señalado por el Padre. Así también nosotros cuando éramos niños, servíamos bajo los rudimentos del mundo. Mas, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, hecho de mujer, sujeto a la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Mas, porque sois hijos, envió Dios el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones, el cual clama: ¡Abba, Padre! Ya no hay, pues, siervo sino hijo; y, si hijo, también heredero por Dios.

El Niño, nacido de María, recostado en el pesebre de Belén, eleva su débil voz hacia el Padre de los siglos, y le llama ¡Padre mío! Se vuelve a nosotros y nos dice ¡Hermanos míos! Por consiguiente, también nosotros podemos decir Padre nuestro, al dirigirnos a su eterno Padre. Este es el misterio de la adopción divina que se nos revela estos días. Todo ha cambiado en el cielo y en la tierra: Dios no tiene solamente un Hijo, sino muchos; en adelante, no somos en su presencia simples criaturas sacadas de la nada, sino hijos de su amor. El cielo no es sólo el trono de su gloria; sino también herencia nuestra; tenemos allí nuestra parte asegurada junto a la de Jesús, nuestro hermano, hijo de María, hijo de Eva, hijo de Adán por su naturaleza humana, como es al mismo tiempo en unidad de persona, Hijo de Dios por su naturaleza divina, Pensemos sucesivamente en el bendito Niño que nos ha merecido todos estos bienes, y la herencia a que nos ha dado derecho. Maravíllese nuestro espíritu de tan alta distinción concedida a simples criaturas, y demos gracias a Dios por tan incomprensible beneficio.

GRADUAL

Eres el más hermoso de los hijos de los hombres: la gracia está pintada en tus labios. — V. Mi corazón rebosa palabras buenas, dedico mis obras al Rey: mi lengua es como la pluma de un escribiente veloz.

ALELUYA

Aleluya, aleluya. — V. El Señor reinó, se vistió de hermosura: el Señor se vistió de fortaleza y se ciñó de poder. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas. OI, 33-40.)

En aquel tiempo, José y María, la Madre de Jesús, estaban admirados de las cosas que se declan de El:, Y les bendijo Simeón, y dijo a su Madre María. He aquí que éste ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para señal a la que se contradecirá; y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Y estaba (allí) Ana, profetisa, hija de Fanuel. de la tribu de Aser, la cual era de edad avanzada, y habla vivido siete años con su marido desde su virginidad. Y era ya viuda de ochenta y cuatro años, y no se apartaba del templo, sirviendo en él día y noche con ayunos y oraciones. También ella, llegando a la misma hora, alababa al Señor, y hablaba de El a todos los que esperaban la redención de Israel. Y, cuando cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el Niño crecía, y se fortalecía, lleno de sabiduría: y la gracia de Dios estaba con él.

El curso de los relatos evangélicos obliga a la Iglesia a presentarnos ya al divino Niño en brazos de Simeón, quien profetiza a María la suerte futura del hijo que ha dado al mundo. Aquel cocorazón de madre, completamente sumergido en las alegrías de tan maravilloso nacimiento, siente ya la espada que la anuncia el anciano del templo. El hijo de sus entrañas habrá de ser, por tanto, una señal de contradicción en la tierra; el misterio de la adopción divina del género humano no podrá realizarse sino por medio del sacrificio de este Niño cuando llegue a hombre. Mas, nosotros, redimidos por su sangre, no debemos precipitar demasiado los acontecimientos. Tiempo tendremos de contemplar al Ernmanuel en medio de los trabajos y sinsabores; hoy se nos permite todavía no ver en El más que al Niño que nos ha nacido y alegrarnos con su venida. Oigamos a Ana que nos habla de la redención de Israel. Consideremos la tierra, regenerada con el nacimiento de su Salvador; admiremos y estudiemos con humilde amor, a Jesús, lleno de sabiduría y de gracia y que acaba de nacer ante nosotros.

Durante el Ofertorio, la Iglesia canta la maravillosa renovación operada en este mundo, al que ha librado de la ruina; celebra al Dios poderoso que ha bajado al establo, sin que por eso deje su trono eterno.

OFERTORIO

Dios afirmó el orbe de la tierra, que no se conmoverá: tu asiento, oh Dios, está seguro, desde entonces; tú existes eternamente.

SECRETA

Suplicárnoste, oh Dios omnipotente, hagas que el don ofrecido ante los ojos de tu majestad, nos obtenga la gracia de una piadosa devoción, y nos adquiera la posesión de una eternidad dichosa. Por el Señor.

Durante la distribución del sagrado manjar, a los fieles, la Iglesia canta las palabras del Angel a José. Les entrega ese Niño, para que le lleven en sus corazones, y les recomienda que le protejan contra las emboscadas que le tienden sus enemigos. Cuide, pues, el cristiano de que no se lo arrebaten; aniquile, con su vigilancia y buenas obras, al pecado que podría hacer morir a Jesús en su alma. Por eso, en la Oración siguiente, pide la Iglesia la destrucción de nuestros vicios y la realización de nuestros virtuosos deseos.

COMUNION

Toma al Niño y a su Madre, y vete a la tierra de Israel: porque ya han muerto los que buscaban la vida del Niño.

POSCOMUNION 

Haz, Señor, que, por la virtud de este Misterio, sean purificados nuestros pecados y se realicen nuestros justos anhelos. Por el Señor.

SOBRE LA VIRGINIDAD: 17. TODAS LAS FUERZAS DEL ALMA HAN DE ESTAR ORIENTADAS HACIA LA VIRTUD.

TODAS LAS FUERZAS DEL ALMA HAN DE ESTAR ORIENTADAS HACIA LA VIRTUD

Lo dicho por el Señor en el último texto citado es pre­cepto común a todos los estados de vida, pero en especial para los que sirven a Dios en virginidad, de modo que, fijando sus ojos en la conducta recta, no sólo se guarden de todos sus contrarios, sino que espiguen además lo bueno de todas partes y así doten a su vida de sólida seguridad.

No expondrá el soldado a peligro todo el cuerpo deján­dolo al descubierto por defender con sus armas una sola parte de él. Porque ¿de qué le serviría tener una parte bien guarecida, si en la desnuda recibe una herida mortal? Y ¿quién llamará hermoso al hombre a quien por un ac­cidente se le amputó alguno de los miembros que contri­buyen a la belleza del aspecto? La deformidad producida por la parte cortada disminuye la gracia de lo demás.

Ahora bien, si cae en ridículo, como se dice en el Evan­gelio, el que, habiendo comenzado a levantar una torre y puesto todo su empeño en echar los fundamentos, no ter­mina su obra, ¿qué otra cosa debemos aprender de esta parábola, sino que, una vez propuesta alguna cosa elevada, hay que apresurarse a concluirla, llevando a cabo la obra de Dios en las diversas construcciones de los mandamien­tos? No es una sola piedra todo el edificio de la torre, ni conduce un solo precepto al grado de perfección buscado, sino que ante todo es menester echar los cimientos y edi­ficar sobre oro y piedras preciosas, como dice el Apóstol. Así se denomina la obra de los mandamientos, según dijo el profeta: He amado tus preceptos mucho más que el oro y ¡as piedras preciosas.

Póngase, por tanto, como fundamento para una vida virtuosa el ideal de la virginidad, y edifíquense sobre esta piedra angular todas las construcciones de la virtud. Pero aun creyendo que esta decisión es muy honorable y conve­niente a Dios, como ciertamente lo es y se cree, sin embar­go, si no concuerda con este buen propósito toda la vida o se manchan otras partes del alma con algún desorden, tal conducta recuerda los zarcillos de oro puestos en el ho­cico de los cerdos o la margarita preciosa hollada por las patas de los puercos. Y basta sobre este particular.

Cefas: Simón bar Jona (Negado por Lumen Gentium del C.V. 2)

Sería demasiado largo examinar aquí o enumerar siquiera todas las doctrinas y teorías concernientes a la Iglesia y su constitución. Pero si se quiere saber la verdad pura y simple, en este problema fundamental de la religión positiva, sorprende la facilidad providencial con que se puede averiguarlo.

Están perfectamente de acuerdo los cristianos entre sí sobre este punto: que la Iglesia ha sido instituida por Cristo; pero se trata de ver cómo y en qué términos lo hizo. Ahora bien, no hay más que un solo y único texto evangélico que habla directa, explícita y formalmente de la institución de la Iglesia. Este texto constitutivo vuélvese más y más luminoso a medida que la Iglesia se desarrolla acrecentando las formas determinadas de su organismo, y así, los adversarios de la verdad, no encuentran hoy nada mejor que truncar la palabra creadora de Cristo para adaptarla a su punto de vista confesional (1).
«Y vino Jesús a las partes de Cesarea de Philippo; y preguntaba a sus discípulos, diciendo:
¿ Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? — Y ellos respondieron: Los unos, que Juan el Bautista, los otros, que Elías, y los otros, que Jeremías, o uno de los Profetas. – Y Jesús les dice: ¿Y vosotros quién decís que soy yo?— Respondió Simón Pedro, y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios el vivo. — Y respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres Simón bar Jona, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre; que está en los cielos. Y yo te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que ligares sobre la tierra, ligado será en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en 1os cielos». (Math. XVI, 13-19).

La unión de lo divino y de lo humano que es el objeto de la Creación, se ha cumplido individualmente (hipostáticamente) en la Persona única de Jesucristo, «Dios perfecto y Hombre perfecto, que une las dos naturalezas de una manera perfecta, sin confusión ni división» (2).

En adelante la obra histórica de Dios entra en una nueva fase; ya no se trata de una unidad física e individual, sino de una reunión moral y social. El Hombre-Dios quiere unir a El, con unión perfecta, al género humano sumergido en el pecado y los errores. ¿Y cómo va a proceder? ¿ Se dirigirá separadamente a cada alma humana ? ¿ Se limitará a un lazo puramente interior y subjetivo? No, responde, no: Oikodomiso tin ekklesian mon. Edificaré mi Iglesia .

Una obra real y objetiva nos es anunciada. Pero, ¿ la someterá a todas las divisiones naturales del género humano? ¿Se unirá, El, a las naciones particulares como tales, dándoles iglesias nacionales independientes ?
No, puesto que su palabra no es: «Edificaré mis iglesias», sino: Mi iglesia, tin ekklesian mou. La humanidad reunida a Dios debe formar un solo edificio social y se trata de encontrar una base sólida para esta unidad.
Una unión verdadera consiste en la unión recíproca de los que se unen. El acto de la verdad absoluta que se revela en el Hombre-Dios (o el Hombre perfecto) debe encontrar de parte de la humanidad imperfecta un acto de adhesión. irrevocable que la. vincule al principio divino. El Dios encarnado no quiere que su verdad sea aceptada de una manera pasiva y servil, pide, en su nueva dispensación, ser reconocido por un acto libre de la humanidad.
Pero es necesario que este acto libre esté absolutamente en la verdad, que sea infalible. Se trata de fundar en la humanidad caída un punto fijo e inquebrantable sobre el cual pueda apoyarse de inmediato la acción edificadora de Dios; un punto donde la espontaneidad humana coincida con la Verdad divina en un acto sintético, puramente humano en cuanto a la forma, divinamente infalible en cuanto al fondo.

En la producción de la humanidad física e individual de Cristo, el acto de la omnipotencia divina no exigía para su eficacia más que una adhesión eminentemente pasiva y receptiva de la naturaleza femenina, en la persona de la Virgen Inmaculada. La edificación de la humanidad social o colectiva de Cristo, de su cuerpo universal (la Iglesia) pide menos y, a la vez, más que eso.

Menos, porque la base humana de la Iglesia no tiene necesidad de estar representada por una persona absolutamente pura e inmaculada, pues no se trata aquí de crear una relación substancial e individual o una unión hipostática y completa de dos naturalezas, sino, solamente, de fundar una conjunción actual y moral. Pero este nuevo vínculo (el que une a Cristo con la Iglesia) menos profundo y menos íntimo que el precedente (entre el Verbo divino y la naturaleza humana, en el seno de la Virgen Inmaculada) es más positivo — humanamente hablando — y más vasto. Más positivo, porque esta nueva conjunción en el Espíritu y la Verdad exige una voluntad viril que vaya al encuentro de la revelación y una inteligencia viril que dé forma determinada a la verdad que acepta. Más extenso, porque al formar la base constitutiva de un ser colectivo no puede limitarse a una relación personal sino que debe ser perpetuado como función social permanente.

Era preciso, pues, buscar en la humanidad un punto de cohesión activa entre lo divino y lo humano, para formar la base o piedra fundamental de la Iglesia. Jesús, en su presciencia sobrenatural, había indicado de antemano esa piedra. Pero para mostrarnos que su elección está exenta de capricho, empieza por buscar en otros lados el correlativo humano de la verdad revelada.

Se dirige primero al sufragio universal; quiere ver si no puede ser aceptado, afirmado, reconocido, por la opinión de la multitud, por la voz del pueblo. «Quem dicunt homines esse Filium Hominis, ¿por quién Me toman los hombres?» La verdad es una e idéntica, al paso que las opiniones de los hombres son múltiples y contradictorias. La voz del pueblo que (según pretenden) sería la voz de Dios, sólo ha respondido con errores arbitrarios y discordantes a la pregunta del Hombre-Dios. No hay conjunción posible entre la verdad y los errores; la humanidad no puede entrar en relación con Dios por el sufragio universal; la Iglesia de Cristo no puede estar fundada sobre la democracia.

Y no hallando la afirmación humana de la verdad divina por medio del sufragio universal, Jesucristo se dirige a sus elegidos, al colegio de los apóstoles, a ese concilio ecuménico primordial. «Vos autem quem me esse dicitis, ¿y vosotros por quién me tomáis?,..» Pero los apóstoles callan. Cuando se trató de exponer las opiniones humanas, los doce hablaron todos a la vez; ¿ por qué dejan ahora la palabra a uno solo cuando se trata nada menos que de afirmar 1a verdad divina? Quizá no estén entre ellos completamente de acuerdo. Quizá Felipe no perciba exactamente la relación esencial entre Jesús y su Padre celeste. Quizá Tomás tiene dudas sobre e1 poder mesiánico de su Maestro.

El último capítulo de San Mateo nos enseña que ni en la montaña de Galilea adonde fueron llamados por Jesús resucitado, se mostraron unánimes los Apóstoles, ni firmes en la fe: «quidam autem dubitaverunt». (Math., XXVIII, 17).

Para que el Concilio atestigüe unánime la verdad pura y simple es preciso que el Concilio esté conciliado; el acto decisivo debe ser un acto absolutamente individual, el acto de uno solo. No es, ni la multitud de los creyentes, ni el concilio apostólico, es Simón bar Jona sólo quien responde a Jesús. «Respondens Simon Petrus dixit: Tu es Filius Dei vivi». Responde por todos los Apóstoles, pero habla por su propia cuenta, sin consultarlos, sin esperar su asentimiento. Cuando los Apóstoles repitieron, hace un momento, las opiniones del pueblo sólo expresaron errores. Si Simón no hubiera querido decir más que las opiniones de los Apóstoles, seguramente que no hubiera acertado con la verdad pura y simple. Pero siguió el impulso de su espíritu, la voz de su propia conciencia, y Jesús, al aprobarlo solemnemente, declara que ese movimiento, por muy individual que fuera, provenía sin embargo del Padre, es decir, que era un acto humano y divino a la vez; una verdadera conjunción entre el Ser absoluto y el sujeto relativo.

El punto firme, la roca o piedra inquebrantable para apoyar la operación divino-humana, está encontrado; un solo hombre que asistido por Dios responde en nombre del mundo entero, esa es la base constitutiva de la Iglesia universal. No reposa ni en la unanimidad imposible de todos los creyentes, ni en el acuerdo siempre dudoso de un concilio, sino en la unidad viva y real del príncipe de los Apóstoles. Y en adelante, cada vez que la cuestión de la verdad sea planteada ante la humanidad cristiana, no será, ni del sufragio universal, ni del consejo de los elegidos, que recibirá respuesta determinada y decisiva. Las opiniones arbitrarias de los hombres sólo harán nacer herejías; y la jerarquía descentralizada y abandonada al poder secular se abstendrá de hablar, o se manifestará en concilios como el «pillaje» de Efeso [Ver nota]. Únicamente en su unión con la piedra sobre la cual está fundada, la Iglesia puede reunir verdaderos concilios y, por medio de fórmulas auténticas, fijar la verdad. Y no es esto una opinión; es un hecho histórico de tal manera impresionante que en épocas solemnes ha sido confesado por el mismo episcopado de Oriente, envidioso, como era, de los sucesores de San Pedro. No ya sólo el admirable tratado dogmático de San León el Grande ha sido reconocido como obra de San Pedro por los Padres griegos del cuarto concilio ecuménico, sino que a Pedro se refirió igualmente, en el sexto concilio, la carta de Agatón (papa que estaba lejos de tener la autoridad personal de San León).

«El jefe y Príncipe de los Apóstoles, decían los Padres orientales, combatía con nosotros. .. Se veía la tinta (de su carta) y Pedro hablaba por Agatón». (Kai melan ephaineto, kai dí Agathonos ó Petros ephthéngeto) (3).
Y si no fuera así, si en la manifestatién activa de la verdad pudiera la Iglesia Universal prescindir de Pedro, que se nos explique esa mudez indecible del episcopado de Oriente (que conserva, empero, la sucesión apostólica) desde el momento que se separó de la cátedra de San Pedro. ¿Será simple accidente? ¡Un accidente que dura desde hace mil años! A los anticatólicos que no quieren ver cuánto los separa su particularismo de la vida universal de la Iglesia, sólo tenemos que proponerles esto: que reúnan, sin el concurso del sucesor de San Pedro, un concilio que ellos mismos puedan reconocer como ecuménico; y únicamente entonces habría lugar a examinar si tienen razón.
Siempre y por doquiera que Pedro no hable, sólo las opiniones humanas levantan la voz y los apóstoles callan. Jesús no ha aprobado, ni los sentimientos vagos y discordantes del pueblo, ni el silencio de los elegidos; es la palabra decisiva, autoritaria y firme de Simón bar Jona la que El ratifica. Y ¿no es evidente que esa palabra que ha satisfecho al Señor, no necesitaba de ninguna confirmación humana? ¿ No es evidente que guardaba todo su valor etiam sine consensu Ecclesiae, «aun sin el consentimiento de la Iglesia», según la fórmula del Concilio Vaticano?
Pedro formuló el dogma fundamental de la Iglesia, no mediante una deliberación colectiva sino (como Jesús mismo lo atestigua) con la inmediata asistencia del Padre celeste. Su palabra estableció la fe cristiana por su fuerza propia, no por el consentimiento de los otros: ex sese, non autem ex consensu Ecclesiae.

A las incertidumbres de la opinión la palabra de Pedro opone la firmeza y la unidad de la verdadera fe; a las mezquindades del sentimiento nacional concerniente al Mesías, opone la idea mesiánica en su forma absoluta y universal.

La idea del Mesías crecida en el terreno de la conciencia nacional de Israel, tiende a exceder ese límite en las visiones de los Profetas posteriores al Destierro; pero el sentido real de esas visiones llenas de misterios y enigmas, apenas fue adivinado por los mismos escritores inspirados. En cuanto a la opinión pública de los judíos, continuaba siendo exclusivamente nacionalista; no podía ver en Cristo sino a un gran profeta nacional (como Elías, Jeremías, Juan Bautista) o, a lo sumo, un dictador omnipotente, libertador y jefe del pueblo escogido, como David o Moisés. Esta era la opinión más exaltada que profesaba sobre Jesús el pueblo que le seguía; sabemos que los mismos elegidos, aun al fin de la vida terrestre del Maestro, compartieron los sentimientos populares. (Evang. Luc., XXIV, 19-21).

Sólo en la confesión de Pedro la idea mesiánica se des-liga de todo elemento nacionalista y por vez primera reviste su forma universal definitiva: «Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo». No se trata ya de un profeta o rey nacional; ya no es el Mesías un segundo Moisés o David, pues lleva en adelante el Nombre único de Aquel que, por ser Dios de Israel, no lo es menos de todas las naciones de la tierra.

Esta confesión de Pedro que trasciende al nacionalismo judío inauguró la Iglesia Universal de la Nueva Alianza. Y es ésta una razón más para que Pedro sea el fundamento de la Cristiandad y para que el Papado ( soberano poder jerárquico que, sólo él, ha mantenido siempre el carácter universal o internacional de la Iglesia), sea el heredero indiscutible de Pedro, el poseedor real de todos los privilegios que Cristo concedió al Príncipe de los Apóstoles.

 Este texto es autor Vladimir Solovyov, es una colaboración de Juan Luis, desde Mexico, aparecido en el blog  El Poder y la Gloria
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Nota sobre de lo que se ha dado en llamar el «pillaje» de Efeso. 

En el Concilio de Efeso, del año 449, se distribuyó entre los obispos ortodoxos tablillas que no tenían nada escrito y en las que estaban obligados a poner sus firmas. Ellos sabían que en seguida se inscribiría allí una fórmula herética. La mayor parte firmó sin protestar. Algunos quisieron agregar reservas, pero los clérigos egipcios les arrancaron por la fuerza las tablillas, rompiéndoles los dedos a palos. Por último Dióscoro, hereje monofisista, y de carácter violento, se levantó y pronunció en nombre del Concilio sentencia de condenación contra San Flaviano, quien quedaba depuesto, excomulgado y entregado al brazo secular. San Flaviano quiso protestar, pero los clérigos de Dióscoro se echaron sobre él y lo maltrataron hasta tal punto que dos días después expiró.

En el momento en que San Flaviano caía maltrecho por la brutalidad de los servidores de Dióscoro, cuando los obispos heréticos aclamaban ruidosamente el triunfo de su jefe, en presencia de los obispos ortodoxos temblorosos y mudos, Hilario, diácono de la Iglesia romana, exclamó: «Contradicitur! [=¡Me opongo!]»No era, por cierto, la aterrorizada y silenciosa muchedumbre de los ortodoxos orientales lo que representaba en ese momento a la Iglesia de Dios. Toda la potencia inmortal de la Iglesia se había concentrado, para la cristiandad oriental, en aquel simple término jurídico pronunciado por un diácono romano: Contradicitur.
Notas numeradas.

1) Así ha sido truncado el texto en cuestión en el mismo catecismo «ortodoxo» de Mons. Filareto, de Moscú.
2) Fórmula del papa San León el Grande y del concilio de Calcedonia.
3) ‘‘CoIlectio conciliorum’’ (Mansi), t. XI, col. 658.