LA IGLESIA CATÓLICA ES LA IGLESIA DE CRISTO

LA IGLESIA CATÓLICA ES LA ÚNICA
DEPOSITARIA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA 

Errores del Concilio Vaticano II sobre la santa Iglesia:
  A la Iglesia no se la concibe ya como la Iglesia única y verdadera de Cristo. Ahora en Lumen Gentium ( Concilio Vaticano II) se dice  que la “Iglesia de Cristo” “subsiste en la Iglesia católica”, igual que subsisten “fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad”, a título de “dones propios de la Iglesia de Cristo”. Lo que equivale a sostener, contra el dogma de la fe, que las almas se salvan también fuera de la Iglesia católica (…); (afirman) que también las comunidades heréticas y cismáticas son “medios de salvación”.
  Roma conciliar enseña que estas comunidades forman parte de la “Iglesia de Cristo”. Esto constituye la negación de la verdad de fe divina y católica según la cual sólo la Iglesia católica es la única y verdadera Iglesia de Cristo, inmutable y fiel en los siglos, y tal, que fuera de ella no hay salvación.
  Se lee en la Lumen Gentium, que “el Hijo de Dios” transformó al hombre “en una nueva criatura”, no porque creyera en Cristo, o se convirtiera, o se hiciera cristiano con la ayuda del Espíritu Santo… sino por el hecho mismo de la Redención (y) que el “Cuerpo Místico (la Iglesia) lo constituyen estas “nuevas criaturas”, sin necesidad del libre albedrío, de la fe y de las buenas obras. Este concepto coincide con el de “género humano”.
Como la formula sonaba herética a los oídos católicos, el entonces «Prefecto de la Fe», Ratzinger, se prestó a hacer un Declaratio, Dominus Iesus, que contentara al sensus católico, pero que a la vez mantuviera el error del Concilio Vaticano II, y avalara el «magisterio»y la práctica ecuménica, condena por la Iglesia, de Wojtyla; es decir, que La Dominus Iesus intentó ser menos burda que Lumen Genium. Como siempre, cual ocurre con las monedas falsas, la más parecida a la verdadera, es la más peligrosa; porque tiene más posibilidades de engañar.
Porque la moneda falsa, era muy parecida a la verdadera, muchos católicos se alegraron de la Declaratio Dominus Iesus, porque no la había leído con atención, pues  repitió el subsistit de la Iglesia de Cristo en la Iglesia católica de la Lumen Gentium, sólo que desde otro punto de vista. Sin embargo, para ser conforme con el depósito de la  fe, la Declaratio de Ratzinger habría debido decir que la Iglesia de Cristo subsiste sólo en la Iglesia católica, en lugar manifestar una  sintonía perfecta con el grave error del Concilio Vaticano II.
Para ver cuál es la verdadera doctrina, esto es, que la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo, les dejamos este escrito del del Padre Hilaire

LA IGLESIA CATÓLICA ES LA ÚNICA
DEPOSITARIA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA 

La Iglesia es el medio establecido por Jesucristo para conservar, propagar y hacer practicar la religión cristiana. —Fuera de la Iglesia católica no hay verdadero cristianismo.

Creemos útil recordar aquí las verdades ya demostradas [en La Religión Demostrada del Padre Hilaire]:

1º. Existe un Dios Creador de todas las cosas.

2º. El hombre creado por Dios posee un alma espiritual, libre e inmortal.

3º. Es necesaria una religión, porque el hombre, criatura de Dios, debe rendir sus homenajes a su Creador.
La religión natural no basta al hombre, puesto que Dios, Soberano Señor, se ha dignado revelarle una religión sobrenatural.

4º. Dios ha hecho al hombre tres revelaciones, que se llaman: primitiva, mosaica, cristiana. Las dos primeras, no eran más que la preparación de la revelación cristiana, la cual es su complemento definitivo, y permanece siendo la única verdadera, la única obligatoria.
Hemos expuesto ya las pruebas de la divinidad de la religión cristiana, que tiene por fundador a nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre: estas pruebas son numerosas e irrefutables.5º. No queriendo Jesucristo quedarse de una manera visible en la tierra, debió elegir un medio para transmitir su religión a todos los hombres hasta la consumación de los siglos. Es evidente que al manifestarse Dios al mundo en forma de hombre, su venida debía tener por objeto la salvación de todo el linaje humano.Este medio establecido por nuestro Señor Jesucristo es la Iglesia. Tal es la última verdad que nos queda por demostrar.

Podemos concluir inmediatamente:
1º. Que todo hombre razonable debe creer en Dios;
2º. Que todo hombre que cree en Dios debe ser cristiano;
3º. Que todo cristiano debe ser católico.
En este tratado, nuestros raciocinios se apoyarán en principios ya demostrados:

1º. En el hecho de la divinidad del cristianismo;

2º. En la verdad de las palabras divinas de nuestro Señor Jesucristo;

3º. En la autenticidad de los Evangelios que citan esas palabras.

La Iglesia es, en realidad, una institución que depende enteramente de la voluntad de Jesucristo, su fundador. Esta voluntad se nos ha manifestado: 1.º, por los Evangelios, cuyo valor histórico ya hemos probado; 2.º, por la Tradición o enseñanza oral de los apóstoles.

Después de su resurrección, Nuestro Señor permaneció cuarenta días en la tierra; se apareció con frecuencia a sus apóstoles para darles sus instrucciones acerca de la fundación de la Iglesia: «Loquens de regno Dei» (Hechos, r. 3) —Los apóstoles no escribieron estas enseñanzas de su divino Maestro, pero las transmitieron oralmente a sus sucesores. En eso consiste la Tradición, cuyas principales instrucciones fueron más tarde escritas por los primeros Padres de la Iglesia. Nos quedan por tratar las cuestiones siguientes:

I. Naturaleza, fundación, fin y constitución de la Iglesia de Jesucristo;

II. Identidad de la Iglesia católica con la Iglesia de Cristo;

III. Organización de la Iglesia católica;

IV. Relaciones de la Iglesia con las sociedades civiles;

V. Beneficios que la Iglesia Proporciona al mundo;

VI. Nuestros deberes para con la Iglesia, verdadera regla de la fe y de la moral.

I. La Iglesia tal como fue establecida por Jesucristo

135. P. ¿Qué medio estableció nuestro Señor Jesucristo para conservar y propagar la religión cristiana?

R. El medio establecido por Jesucristo es la Iglesia.

Jesucristo quiso unir a los hombres y a los pueblos entre sí, quiso unirlos a Él, y, por su intermedio, unirlos a su Padre. Con este fin, fundó una sociedad religiosa destinada a recoger a los que creyeran en Él, y, para gobernarla, instituyó un sacerdocio o cuerpo de pastores encargados de predicar su palabra y de administrar sus sacramentos.

Eligió doce apóstoles, los instruyó durante tres años, les comunicó sus poderes y los envió por todo el mundo a predicar el Evangelio.

El pueblo hebreo fue elegido para conservar la verdadera religión hasta la llegada del Mesías. La Iglesia fue establecida para propagarla hasta el fin de los siglos.

Jesucristo vino a traer al hombre los únicos bienes necesarios: la verdad y la gracia. Al salir de la tierra para volver al cielo, dejó: 1.º, las verdades reveladas y las leyes morales que debían ser transmitidas a los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones; 2.º, los tesoros de gracia que habían de ser distribuidos a las generaciones futuras. Para continuar en el mundo la obra de la Redención, Jesucristo fundó la Iglesia, sociedad religiosa, depositaria de su doctrina y de sus gracias.

Nada más grande que la Iglesia, ese reino del Mesías anunciado con tanta frecuencia en el Antiguo Testamento. David, Isaías, Ezequiel, cantaron sus glorias y sus triunfos. Daniel predijo su duración inmortal al explicar el sueño del rey Nabucodonosor. El plan de Dios es realmente espléndido: quiere divinizar a todos los hombres, unirlos a su Cristo y por mediación de su Cristo, a la Santísima Trinidad, a fin de hacerlos partícipes de la bienaventuranza infinita de las tres personas divinas.

§ 1.º Naturaleza de la Iglesia de Jesucristo

136. P. ¿Qué es la Iglesia?

R. La palabra Iglesia, derivada del griego, significa la asamblea de los llamados. Unas veces designa el lugar donde se reúnen los fieles para orar, y otras la sociedad de los fieles adoradores del verdadero Dios.

La Iglesia, corno sociedad, en su sentido más amplio, comprende el conjunto de los fieles de la tierra, de los justos del Purgatorio y de los santos del cielo: de ahí la división bien conocida de la Iglesia en militante, purgante y triunfante.

La Iglesia militante, considerada históricamente, comprende a todos los verdaderos adoradores de Dios, desde el origen del mundo hasta el fin de los tiempos; todos, en hecho de verdad, han creído o creerán en la religión revelada, esencialmente la misma en sus diversas fases; en este sentido se subdivide la Iglesia en patriarcal, mosaica y cristiana o católica.

La Iglesia católica es la sociedad de todos los discípulos de Jesucristo unidos entre sí por la profesión de la fe cristiana, la participación de los mismos sacramentos, la sumisión a los legítimos pastores, principalmente a la misma cabeza visible, el Vicario de Jesucristo.

Divídese en dos partes: la Iglesia docente, los pastores, y la Iglesia discente, los fieles. El nombre de Iglesia designa frecuentemente la Iglesia docente. En este sentido se dice: la Iglesia enseña, la Iglesia ordena, la Iglesia es infalible, etc.

Este tratado de la Iglesia está destinado a establecer la legitimidad de dicha definición. —Para pertenecer a esta sociedad exterior y visible, se requieren tres condiciones 1.º, ser bautizado; 2.º, creer en la doctrina de Jesucristo 3.º, estar sometido a los pastores que gobiernan la Iglesia en nombre del Hijo de Dios y, sobre todo, al jefe supremo de la Iglesia, que es el Vicario de Jesucristo.

La Iglesia y la religión. —La palabra religión designa el conjunto de las relaciones entre el hombre y Dios; la palabra Iglesia designa la sociedad de las personas que tienen estas relaciones con Dios. —La religión es el conocimiento, el servicio, el amor, el culto del verdadero Dios; la Iglesia es la sociedad de los hombres fieles que conocen y practican la religión.

La Iglesia y la religión son de institución divina y su unión constituye el cristianismo. No hay cristianismo sin Iglesia. Así como la humanidad no actúa o existe en el orden real más que en el hombre, así tampoco el cristianismo se realiza más que en la Iglesia. Entre ésta y aquél podemos establecer distinción, pero en la realidad son idénticos. Jesucristo, con un solo acto, funda la religión cristiana y la Iglesia.

137. P. La Iglesia ¿es verdadera sociedad?

R. Sí; la Iglesia es una verdadera sociedad, porque reúne todos los elementos constitutivos de tal.

Una sociedad es un conjunto de hombres unidos entre sí bajo la misma autoridad para alcanzar un mismo fin por medios comunes.

Es así que la Iglesia comprende: 1.º, pluralidad de miembros unidos entre sí; —.2.º autoridad que manda; 3.º, un fin común a los asociados; 4.º, medios comunes para alcanzar este fin.

Luego la Iglesia es una verdadera sociedad.

Los jefes de la Iglesia son los pastores: san Pedro, los apóstoles;

Los súbditos son los fieles que creen en las verdades reveladas;

El fin es la eterna bienaventuranza;

Los medios son la profesión de una misma fe, la participación de los mismos sacramentos, la obediencia a los legítimos pastores.

Toda sociedad supone cuatro elementos esenciales

1.º, pluralidad de miembros; 2.º, autoridad que forma el lazo moral de los asociados y los dirige hacia el fin común; 3.º, unidad del fin que hay que alcanzar; 4.º, empleo de los mismos medios.

Los dos primeros elementos son comunes a todas las sociedades; los otros dos las especifican. Así en toda sociedad civil hay necesariamente dos clases de ciudadanos: los que mandan en virtud de la autoridad de que son depositarios, y los que obedecen: si falta eso, se podrá tener una muchedumbre de hombres, pero no una sociedad.

El tercer elemento es el fin, el objeto que los asociados se proponen alcanzar; el cuarto, los medios, que deben ser siempre proporcionados al fin. —Este fin, este objeto, determina la naturaleza de toda sociedad, porque por razón del fin y objeto los asociados se unen y el poder dirigente está investido de tales y cuales prerrogativas.

§ 2.º Fundación de la Iglesia

138. P. Jesucristo ¿fundó directamente la Iglesia?

R. Sí; el mismo Jesucristo instituyó la Iglesia bajo la forma de una sociedad visible, exterior como las otras sociedades humanas, y gobernada por autoridades legítimas.

Reunió a todos sus discípulos bajo la autoridad de sus apóstoles para hacerles conseguir un fin común, su salvación eterna, mediante el empleo de los mismos medios, la práctica de la religión cristiana.

Tenemos como pruebas:

1º. Las palabras de Jesucristo referidas en el Evangelio;

2º. El testimonio diez y nueve veces secular de la historia;

3º. La misma existencia de esta sociedad fundada por Jesucristo.

1.º Las palabras de Jesucristo prueban la fundación de la Iglesia.

a) Jesucristo promete formalmente fundar una Iglesia, distinta de la Sinagoga, cuando le dice a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.» —Las imágenes o los emblemas con que se complacía nuestro Señor Jesucristo en describir su Iglesia futura son los de una sociedad: la Iglesia, en boca de Jesucristo, es un rebaño, una familia, el reino de Dios.

b) Durante los tres años de su vida pública, Jesucristo preparó los elementos de su Iglesia. De entre la muchedumbre que le seguía, eligió, desde luego, doce discípulos, a los que llamó Apóstoles o Enviados; los instruyó de una manera particular, y los consagró Obispos. —Eligió también discípulos de una categoría inferior, en número de setenta y dos, y los envió de dos en dos a predicar el Evangelio. —Finalmente, a la cabeza de sus apóstoles puso a san Pedro como fundamento de su Iglesia y pastor de los corderos y de las ovejas.

c) Antes de subir a los cielos dijo a sus apóstoles: «Como mi Padre me ha enviado, así yo os envío… Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues, enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo aquello que os he ordenado: y yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos».

Y en otro lugar: «Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a toda criatura: el que creyere y fuere bautizado se salvará; el que no creyere será condenado»

Con estas palabras, por una parte, Jesucristo da a sus apóstoles un triple poder:

a) El poder de enseñar: Id, enseñad a todas las naciones… predicad el Evangelio…

b) El poder de santificar: Bautizad a las naciones en el nombre del Padre… el bautismo es la puerta de los otros sacramentos.

c) El poder de gobernar o de dictar leyes: Enseñad a las naciones a guardar todo aquello que os he ordenado.

Jesucristo añade: Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los siglos; con lo cual imprime a los poderes de los apóstoles el carácter divino de la infalibilidad y de la perpetuidad hasta el fin de los tiempos.

— Por otra parte, Jesucristo impone a todos los hombres la obligación estricta de someterse a sus apóstoles, cuando dice: «Predicad el Evangelio… el que creyere se salvará; el que no creyere será condenado.» Por consiguiente, todos los hombres que quieran obtener la verdad, la gracia, la salvación eterna, deberán creer en la palabra de los apóstoles, recibir de sus manos los sacramentos y obedecer sus leyes… La Iglesia está allí toda entera con sus poderes y sus prerrogativas.

Hallamos, de hecho, en las palabras del Salvador los cuatro elementos constitutivos de una verdadera sociedad: la pluralidad de los fieles moralmente unidos entre sí por la autoridad de los apóstoles para un fin común, la salvación eterna, mediante el empleo de los mismos medios, la fe en la doctrina de Jesucristo, la recepción de los sacramentos y la obediencia a sus leyes.

Los apóstoles son los gobernantes, y los fieles los gobernados: la unión de unos y otros constituye una verdadera sociedad, que Jesucristo llama su Iglesia.

2.º El testimonio de la historia.

El día de Pentecostés, los apóstoles predican a Jesucristo: tres mil judíos al principio, cinco mil al siguiente día, creen en su palabra, y todos se someten a su autoridad. El número de fieles se multiplica, los apóstoles eligen ministros inferiores, presbíteros, diáconos, a los que imponen las manos para consagrarlos con el sacramento del orden.

Los apóstoles se separan y van a predicar el Evangelio en las diversas partes del mundo: consagran obispos y los establecen como pastores en las iglesias recientemente fundadas. A su muerte, dejan por todas partes sucesores, herederos de su autoridad. y de su ministerio. Éstos, a su vez, consagran otros sucesores, que hacen lo mismo en el transcurso de los siglos. Así la organización primitiva de la sociedad cristiana establecida por Jesucristo permanece indefectible.

3.º La existencia de la Iglesia prueba que Jesucristo es su fundador.

La existencia de la Iglesia es un hecho. Nosotros la hallamos viva en todas las épocas de la historia desde hace diez y nueve siglos. Pues bien, siempre, ya por su nombre, ya por sus instituciones, ya por la sucesión no interrumpida de sus pastores, esa Iglesia reconoce a Jesucristo por su fundador. Luego la misma existencia de la Iglesia, aun prescindiendo de los Evangelios, prueba que Jesucristo la ha fundado. —Véase Bossuet, Discurso sobre la historia universal.

139. P. ¿Por qué nuestro Señor Jesucristo eligió la Iglesia para conservar su religión?

R. Jesucristo eligió la Iglesia porque una sociedad es el medio más apropiado para conservar la religión y el más conforme a la naturaleza del hombre, —esencialmente sociable.

Una religión revelada debe ser enseñada o por Dios mismo, o por hombres delegados a este fin. Pero no conviene a la majestad divina instruir a cada individuo en particular por una revelación también particular, ya que esto sería multiplicar los milagros sin necesidad. Debía, pues, Jesucristo confiar a hombres elegidos el cuidado de transmitir a los otros la religión cristiana.

1.º Para conservar la religión primitiva, Dios no fundó una sociedad religiosa distinta de la familia. El padre era, a la vez, rey y sacerdote: como rey, velaba por la felicidad temporal de la familia; como sacerdote, ofrecía sacrificios a Dios y transmitía a sus descendientes las verdades reveladas. Y esto era tanto más fácil cuanto que estas verdades no eran muy numerosas y los patriarcas vivían mucho más de lo que se vive ahora. Así se conservó la religión primitiva.

2.º La tierra se puebla, las virtudes antiguas desaparecen, los hombres se pervierten, y no teniendo ya por salvaguardia la vida secular de los patriarcas, la familia es incapaz de conservar intacto el depósito de la revelación. Para conservarlo, Dios elige al pueblo judío. Sobre el monte Sinaí, da a ese pueblo la ley escrita, complemento de la revelación primitiva. Establece en esa nación una verdadera Iglesia, creando un sacerdocio distinto del poder paternal y del poder político. Este sacerdocio, encargado de las funciones del culto y de la custodia de los Santos Libros, se perpetúa de generación en generación, y conserva, hasta la venida del Mesías, el depósito de la religión revelada. Es la Sinagoga, la cual, por su constitución, es figura de la Iglesia de Cristo, como lo anuncian las profecías.

Dios pacta una alianza particular con la nación judía, porque en ella debe nacer el Mesías. Pero no por eso los demás pueblos quedan abandonados. Ellos recibieron también la revelación primitiva; mediante sus relaciones con el pueblo judío y la difusión de los Libros Santos participan, más o menos, de las luces de la revelación mosaica: si se pervierten y corrompen, suya es la culpa. Fuera de eso, Dios se propone llamarlos nuevamente al conocimiento de la verdad completa.

3.º Los profetas anuncian que el Redentor reunirá en su reino a los judíos y a los gentiles; el reino del Mesías es la Iglesia, la cual sucede a la Iglesia mosaica. El Antiguo Testamento era sombra y figura del Nuevo… Es así que en tiempo de Moisés había una sinagoga encargada de conservar el depósito de la revelación; luego era conveniente que Jesucristo fundara una Iglesia, encargada del depósito de la doctrina cristiana y destinada a comunicar a todos los pueblos los frutos de la redención consumada en el Calvario.

La Iglesia nueva es más perfecta que la Iglesia antigua. Posee la perfección de la verdad más clara y enriquecida con nuevas revelaciones; la perfección de la ley impulsando a la práctica de virtudes más sublimes; la perfección de los sacramentos, constituidos en señales que causan la gracia; la perfección del sacerdocio, marcado con un carácter más divino, investido de funciones más nobles y de una autoridad más fuerte; la perfección de expansión y de duración: sus límites son los del universo y su duración es la del mundo.

1.º ¿Por qué Jesucristo eligió hombres para la enseñanza de su religión?

a) Una religión revelada debe ser enseñada, porque comprende verdades que creer, leyes que observar y un culto que rendir a Dios. Pero para que el hombre crea verdades, observe leyes o rinda un culto, es menester, previamente, que los conozca.

¿Cómo los conocerá? El hombre puede ser instruido por Dios o por sus semejantes. No es conveniente que Dios renueve la revelación para cada hombre en particular; luego es necesario que el hombre sea instruido por sus semejantes.

El hombre puede ser instruido de viva voz o por escrito. La enseñanza oral es la más conforme a su naturaleza: conviene a todo el mundo. —Es la única posible para los niños, para los hombres que no saben leer y para todos aquellos, y son muchísimos, que no tienen ni gusto ni tiempo para estudiar en los libros.

— Aun los hombres instruidos necesitan de una autoridad segura que les enseñe el verdadero sentido de las enseñanzas escritas. Un libro es letra muerta: es menester que alguien lo explique. «El libro es mudo, dice Platón, es un niño al que se le hace decir todo lo que se quiere, porque su padre no está allí para defenderlo.»

La razón exige para el conocimiento de la religión, como para todas las otras ciencias, un sistema de enseñanza accesible a todos, proporcionado a la edad y a la inteligencia de todos. Sólo la enseñanza oral, dada con autoridad, llena estas condiciones.

Además, la revelación consta de una doble ley: ley para la inteligencia, las verdades que es preciso cree; ley para la voluntad, los deberes que deben ser practicados. Pues bien, estas leyes necesitan interpretación. Todas las sociedades han instituido cuerpos de magistrados encargados de interpretar los códigos. Una ley que dejara de ser explicada, una ley cuya observancia no fuera mantenida por una autoridad visible, dejaría de ser ley. Y como Dios no puede ser inferior en sabiduría a los hombres, debe tomar las mismas precauciones.

b) Aparte de esto, de hecho, Dios ha obrado así durante todo el transcurso de los siglos.

1.º La revelación primitiva, hecha a Adán en el paraíso terrestre, es transmitida por hombres, de generación en generación, hasta Moisés (2.500 años).

2.º En el monte Sinaí, Dios promulga la ley escrita. ¿Quién será el encargado de guardarla, de interpretarla hasta la venida del Mesías? Serán hombres. Aarón y sus descendientes conservan este precioso depósito durante quince siglos.

3.º Jesucristo viene a explicar, desenvolver y perfeccionar la religión. ¿A quién confiará la guarda de ese tesoro? A sus apóstoles, dándoles autoridad infalible para que enseñen su doctrina, promulguen sus leyes y confieran su gracia.

Antes de volver al cielo, reúne a sus apóstoles y les dice: «Como mi Padre me ha enviado, yo os envío. Id, pues, y enseñad a todo el mundo; predicad el Evangelio a toda criatura… Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.» Con estas palabras, Jesucristo da a sus apóstoles el poder de enseñar su religión de una manera infalible y perpetua.

2.º ¿Por qué Jesucristo reunió a sus apóstoles y discípulos en una sociedad religiosa?

Para conformarse a la naturaleza humana. El hombre es un ser esencialmente sociable. No puede nacer sin la sociedad de la familia, no puede ser criado sino en el seno de la sociedad, y no puede vivir sin la sociedad de sus semejantes. —Al hombre, compuesto de cuerpo y alma, le convienen dos sociedades distintas: una que cuide de los intereses del cuerpo, y es la sociedad temporal, el Estado, la Nación, y otra para que vele por los intereses del alma. y es la sociedad espiritual y religiosa.

Además, esta necesidad natural del hombre la vemos traducida en la práctica en el transcurso de todos los siglos y en todos los pueblos. En todas partes el hombre ha creído en Dios, y en todas partes se ha asociado con sus semejantes para rendirle un culto público y social. Por consiguiente, si Dios no hubiera organizado su religión en forma de sociedad, esa religión no habría estado de acuerdo con las tendencias de la naturaleza humana.

El Redentor obra en el orden de la gracia, como el Creador en el orden de la naturaleza. Al principio Dios mismo crió al primer hombre y a la primera mujer, los unió en una sociedad íntima, la familia, y les dijo: «Creced y multiplicaos, y poblad la tierra.» Con estas palabras, Dios proveyó a la conservación de la especie humana hasta el fin del mundo.

De la misma manera, cuando Jesucristo quiso engendrar a sus elegidos, dijo a sus apóstoles: «Id Por todo el universo, Predicad el Evangelio a todas las criaturas… Yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos.» Con estas palabras, el Salvador crea la Iglesia y asegura a los hombres, hasta el fin del mundo, la transmisión de la vida sobrenatural.

De esta suerte, Dios Creador con una sola ordenación de su voluntad funda la familia, y el niño recibe en esta sociedad la vida natural. Dios Redentor también con una sola disposición crea la Iglesia, y en esta sociedad religiosa y divina el mismo niño recibe la vida sobrenatural.

En virtud de estas dos sentencias creadoras, la orden de Dios se cumple sin cesar: hay hombres que se unen para poblar el mundo, y otros que se asocian para evangelizarlo. Dios, principio de vida, ha hecho brotar dos fuentes de ella: la familia, que da la vida natural y puebla la tierra, y la Iglesia, que comunica su vida sobrenatural y puebla el cielo. Hay perfecta analogía entre el orden de la naturaleza y el de la gracia.

La Religión Demostrada del Padre Hilaire.

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

NOÉ Y EL DILUVIO. — En el transcurso de la semana que comienza ofrece la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración, la historia de Noé y el diluvio universal. A pesar de la severidad de sus avisos, no logró recabar Dios la fidelidad y sumisión del linaje humano. Se ve forzado a echar mano de un castigo terrible contra este nuevo enemigo. Ha encontrado, sin embargo, un hombre justo, y trabará nuevamente en su persona alianza con nosotros. Antes, empero, quiere que nos persuadamos que es dueño soberano, y en el instante por El escogido, se anegará el hombre, tan ufano de su ser prestado, bajo las ruinas de su morada terrenal.

Daremos aquí, por de pronto, como base de las enseñanzas de esta semana, algunas líneas del Génesis, sacadas del oficio de maitines del día.

GENESIS (VI, 5-12)

Viendo Yavé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y cómo todos sus pensamientos y deseos sólo y siempre tendían al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón y dijo: «Voy a exterminar al hombre que hice de sobre la faz de la tierra; al hombre, a los animales, a los reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yavé.

Estas son las generaciones de Noé: Noé era varón justo y perfecto entre sus contemporáneos, y siempre anduvo con Dios. Engendró tres hijos, Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida ante Dios, y llena de toda iniquidad. Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, dijo a Noé: «Veo venir el fin de todos, pues la tierra está llena de sus iniquidades y voy a exterminarlos a ellos con la tierra.»

La catástrofe que entonces se abatió sobre el linaje humano fue también fruto del pecado; pero hallóse al menos un hombre justo, y él fue quien salvó el mundo de la ruina total, por él y su familia. Después de dignarse renovar su alianza, permitió Dios ser repoblada la tierra y los tres hijos de Noé fueron padres de las tres grandes razas que la pueblan.

Este es el misterio del oficio durante esta semana. El de la Misa, que está figurado por el precedente, es aún más importante. En el sentido moral, ¿no está sumergida la tierra en un diluvio de vicios y de errores? Menester es se pueble de hombres temerosos de Dios como Noé. La palabra de Dios, simiente de vida hace que nazca esta nueva generación. Y esa palabra de Dios produce estos hijos de que habla el discípulo amado, «que no son nacidos de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de Dios, sino de Dios mismo» [1] . Esforcémonos a entrar en esta ifamilia, y, si por ventura somos ya miembros de ella, guardemos mimosamente nuestra dicha. Se trata estos días de esquivar las olas del diluvio, de buscar asilo en el arca de salvación; se trata de llegar a ser esa buena tierra en que la semilla da el ciento por uno. Procuremos huir de la cólera futura para no perecer con pecadores, y mostrémonos ávidos de la palabra de Dios -que ilumina y convierte las almas[2] .

MISA

Celébrase en Roma la estación en la basílica de S. Pablo Extramuros. En derredor de la tumba del Doctor de las naciones, del propagador de la semilla divina, del padre de tantos pueblos por su predicación, reune a sus fieles hoy la Iglesia romana; quiere recordarles que el Señor libró a la tierra con la condición de que se pueble de verdaderos creyentes y adoradores de su nombre.

El Introito, sacado del libro de los Salmos, implora el socorro del Señor. La raza humana se ve reducida a los últimos extremos, se va a acabar; pide a su autor que de nuevo la fecundé. La santa Madre Iglesia se asocia a este angustioso grito pidiendo al divino Salvador multiplique hoy los hijos de la palabra celestial como en los tiempos primitivos.

INTROITO

Levántate: ¿por qué duermes, Señor? Levántate, y no te alejes para siempre. ¿Por qué apartas tu cara, y te olvidas de nuestra tribulación? Nuestro vientre se ha pegado a la tierra: levántate, Señor, ayúdanos, y líbranos. — Salmo: Oh Dios, lo oímos con nuestros oídos: nuestros padres nos lo anunciaron. 7. Gloria al Padre.

En la Colecta expresa la Iglesia su confianza en la intercesión de S. Pablo, poderoso ministro de la divina semilla, que trabajó más que todos los otros en esparcirla entre los gentiles.

ORACION

Oh Dios, que ves que no confiamos en ninguna acción nuestra: concédenos propicio la gracia de ser protegidos, con el patrocinio del Doctor de las gentes, contra toda adversidad. Por el Señor.

La Epístola es un paso de la carta del gran Apóstol, en que, forzado por el honor y eficacia de su ministerio a echar mano de la propia apología contra sus enemigos, nos muestra con cuántos trabajos han sembrado la palabra divina los varones apostólicos en los eriales de la gentilidad, y operado la regeneración cristiana.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios.

Hermanos: Sufrís con gusto a los necios, siendo vosotros sabios. Porque lo toleráis, si alguien os reduce a servidumbre, si alguien os devora, si alguien os roba, si alguien se engríe, si alguien os hiere en la cara. Lo digo con vergüenza, como si nosotros hubiésemos sido flacos en este punto. Pero en lo que otro tuviere osadía (lo digo con locura), también la tendré yo. ¿¡Son Hebreos? También yo. ¿Son Israelitas? También yo. ¿Son raza de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (hablo como menos sabio) : más lo soy yo: he sufrido más trabajos, más cárceles, azotes sin medida, frecuentes peligros de muerte. He recibido de los Judíos cinco veces cuarenta azotes menos uno. He sido azotado tres veces con varas, he sido apedreado una vez, he estado una noche y un día en lo profundo del mar, he sufrido tres naufragios, he vivido en continuos viajes y en peligros sin cuento: peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez. Además de estos males, que son exteriores, hay lo que me preocupa cada día: el cuidado de todas las iglesias. ¿Quién enferma, y no enfermo yo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo? Si es necesario gloriarse, yo me gloriaré de lo que es de mi flaqueza. El Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el prefecto de la gente del rey Aretas custodiaba la ciudad de los Damascenos, para prenderme: y fui descolgado en una cesta por una ventana del muro, y así escapé de sus manos. Si es preciso gloriarse (aunque ello no conviene), hablaré también de las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo. Dios lo sabe) hasta el tercer cielo. Y sé que dicho hombre fue arrebatado (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe) al paraíso, donde oyó palabras secretas, que al hombre no le es lícito decir. De este tal me gloriaré; de mí, en cambio, no me gloriaré nada, si no es de mis enfermedades. Aunque, si quisiera gloriarme, no sería insensato, pues diría la verdad. Pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve u oye de mí. Y, para que la magnitud de las revelaciones no me ensoberbezca, me ha sido dado el aguijón de mi carne, ángel de Satanás, para que me azote. Por lo cual he rogado tres veces a Dios que lo alejara de mí: y El me dijo: Bástate mi gracia: porque la virtud se perfecciona en la enfermedad. Por eso, me gloriaré gozoso de mis enfermedades, para que habite en mí la virtud de Cristo.

Implora la Iglesia en el Gradual la ayuda del Señor contra los que se enfrentan a la misión que ha recibido de suscitar por doquier adoradores del verdadero Dios, esto es: un nuevo pueblo.

GRADUAL

Sepan las gentes que tu nombre es Dios: tú sólo el Altísimo sobre toda la tierra. V. Dios mío, ponlos, como una rueda o como una viruta, ante el soplo del viento.

En medio de las conmociones de la tierra, de esas violentas revoluciones, que, a veces, reproducen las espantosas escenas del diluvio en las naciones en que se desarrollan, pide la Iglesia sean exentos de tan grandes catástrofes sus queridos hijos, y que no perezca en ellos la esperanza del mundo. Este es el ñn del Tracto que precede al Evangelio.

TRACTO

Agitaste, Señor, la tierra, y la conturbaste. V. Sana sus quebraduras, porque se ha movido. V. Para que huyan a la vista del arco: para que sean librados tus elegidos.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.

En aquel tiempo, como se hubiera reunido una gran muchedumbre, y acudieran de las ciudades a Jesús, dijo por comparación: Salió, el que siembra, a sembrar su semilla: y, mientras sembraba, una (semilla) cayó junto al camino, y fue pisoteada, y los pájaros del cielo la comieron. Y otra cayó sobre piedra: y, nacida, se secó, porque no tenía jugo. Y otra cayó entre espinas, y nacieron con ella las espinas, que la sofocaron. Y otra cayó en buen terreno: y, nacida, dio el ciento por uno de fruto. Esto diciendo, clamaba: El que tenga oídos, que escuche. Y le preguntaron sus discípulos qué significaba esta parábola. A los cuales dijo El: A vosotros os ha sido dado conocer el misterio del reino de Dios, pero a los demás en parábolas: para que, viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. Esta es, pues la parábola: La semilla es la palabra de Dios. La que (cayó) junto al camino, son aquellos que la oyen: después viene el diablo, y arranca la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo. Pues la que (cayó) sobre la piedra, son los que, al escuchar, reciben con gozo la palabra: y éstos no tienen raíces: creen algún tiempo, pero en el momento de la tentación retroceden. Mas, la que cayó entre espinas, son los que escucharon y, yéndose, son ahogados por las preocupaciones, y riquezas, y placeres de la vida, y no dan fruto. Pero, la que (cayó) en buen terreno, son aquellos que, escuchando la palabra con bueno y óptimo corazón, la retienen, y dan fruto con paciencia.

VIGILANCIA Y FIDELIDAD. — Observa acertadamente S. Gregorio Magno que la parábola que acaba de leerse no ha menester explicación, puesto que la sabiduría eterna se encargó de darnos por sí misma la clave de ella. Nos toca a nosotros aprovechar tan preciada enseñanza, y recibir en buena tierra la semilla celestial que nos cae encima. ¿Cuántas veces la hemos dejado hasta hoy pisotear por los viandantes o arrebatar por los pájaros del cielo? ¿Cuántas otras se ha secado encima de la losa de nuestro corazón o se ha sofocado en los matorrales de funestas espinas? Escuchábamos la palabra divina; tenía sus encantos para nosotros y eso nos tranquilizaba. A menudo la oíamos con gozo y solícito entusiasmo; pero si, por acaso, germinaba en nosotros, pronto se paralizaba su desarrollo. En adelante es menester produzcamos y fructifiquemos y la fuerza germinativa de la simiente, que se nos confía, es tal que el divino sembrador espera el ciento por uno. Si la tierra de nuestro corazón es buena, si nos preocupamos de prepararla poniendo a contribución las ayudas que nos brinda la Santa Madre Iglesia, abundante será la cosecha el día en que el Señor, saliendo vencedor de su sepulcro, venga a asociar a sus fieles creyentes a los esplendores de su Resurrección.

Alentados por esta esperanza y henchidos de confianza en Aquel que se digna sembrar de nuevo una tierra tantos años rebelde a sus cuidados, cantemos el Ofertorio en que a favor nuestro pide la Iglesia firmeza y perseverancia.

OFERTORIO

Dirige mis pasos por tus caminos, para que no vacilen mis pies: inclina tu oído, y escucha mis palabras: glorifica tus misericordias, tú que salvas a los que esperan en ti, Señor.

SECRETA

Haz, Señor, que este Sacrificio, a ti ofrecido, nos vivifique siempre, y nos defienda. Por el Señor.

La visita del Señor en el Sacramento del amor es el gran medio que fertilizará nuestra alma y la hará fecunda. Por eso mismo la Iglesia nos invita en la antífona de la Comunión a acercarnos al altar de Dios; nuestro corazón recuperará su vigor nativo y florida juventud.

COMUNION

Entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud.

POSCOMUNION

Rogárnoste humildemente, oh Dios omnipotente, hagas que, los que tú alimentas con tus Sacramentos, te sirvan alegremente con sus buenas costumbres. Por el Señor.

LOS PADRES DE LA IGLESIA (3): LOS PADRES APOSTÓLICOS

LOS PADRES APOSTÓLICOS

TESTIGOS DE LOS COMIENZOS
(SIGLOS I-II)

   Después de la Ascensión del Señor al Cielo y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles, cumpliendo el mandato de Cristo, se dispersaron por todo el mundo entonces conocido para llevar a cabo la misión que el Señor mismo les había confiado: id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta elf n del mundo (Mt 28, 19-20). Muy pronto, comenzando por Jerusalén y por Judea, el Cristianismo se extendió por toda Palestina y llegó a Siria y Asia Menor, al norte de Africa, a Roma y hasta los confines de Occidente.

En todas partes, los Apóstoles y los discípulos de la primera hora transmitieron a otros lo que ellos habían recibido, dando así origen a la Tradición viva de la Iglesia. Los primeros eslabones de esta larga cadena que llega hasta nuestros días son los Apóstoles; de ellos penden, como eslabones inmediatos, los Padres y escritores de finales del siglo I y primera mitad del siglo II, a los que habitualmente se denomina apostólicos por haber conocido personalmente a aquellos primeros. El nombre proviene del patrólogo Cotelier que, en el siglo XVI, hizo la edición príncipe de las obras de cinco de esos Padres, que según él «florecieron en los tiempos apostólicos». En esa primera edición, figuran la Epístola de Bernabé (que entonces se supuso equivocadamente que había sido escrita por el compañero de San Pablo en sus viajes apostólicos); Clemente Romano (que efectivamente, según el testimonio de San Ireneo, conoció y trató a los Apóstoles Pedro y Pablo); Hermas (a quien erróneamente se identificó con el personaje de ese nombre citado por San Pablo en la Epístola a los Romanos); Ignacio de Antioquía (que muy bien pudo conocer a los Apóstoles), y Policarpo (de quien San Ireneo testimonia explícitamente que había conocido al Apóstol San Juan).

A estas obras se unieron poco a poco las de otros Padres o escritores de esa época que se fueron descubriendo: la «Didaché» («Doctrina de los Doce Apóstoles»), que es el más antiguo de estos escritos; la homilía llamada «Secunda Clementis» (se atribuyó por algún tiempo a aquel gran Obispo de Roma), y otras obras, como las «Odas de Salomón» o los pocos fragmentos de Papías de Hierápolis que se conservan.

Característica común de este grupo de escritos, no muy numeroso, es que nos transmiten la predicación apostólica con una frescura e inmediatez que contrasta con su vetusta antigüedad. Son escritos nacidos en el seno de la comunidad cristiana, casi siempre por obra de sus Pastores, destinados al alimento espiritual de los fieles. La Iglesia estaba entonces recién nacida y, aunque desde el principio tuvo que sufrir contradicciones (basta leer el libro de los Hechos de los Apóstoles), no permitió el Señor que la asaltaran, en esta época tan joven, grandes herejías como las que surgirían más tarde. Como escribe el antiguo historiador de la Iglesia, Hegesipo, sólo «cuando el sagrado coro de los Apóstoles hubo terminado su vida, y había pasado la generación de los que habían tenido la suerte de escuchar con sus propios oídos a la Sabiduría divina, entonces fue cuando empezó el ataque de errores impíos, por obra del extravío de los maestros de doctrinas extrañas».

Estos, como los hemos llamado, no se proponen defender la fe frente a paganos, judíos o herejes (aunque algún eco de tal defensa se encuentra de vez en cuando), ni pretenden desarrollar científicamente la doctrina, sino que tratan de transmitirla como la han recibido, con recuerdos e impresiones a veces muy personales. Su estilo es, por eso, directo y sencillo; hablan de lo que viven y de lo que han visto vivir a los primeros discípulos: aquellos que conocieron a Cristo cuando vivía entre los hombres y tocaron—como afirma San Juan—al mismo Verbo de la vida (cfr. 1 Jn 1, 1).

La datación de estos escritos va desde el año 70 (en vida, por tanto, de algunos de los Apóstoles) hasta mediados del siglo II, cuando muere Policarpo de Esmirna, que había conocido al Apóstol San Juan. Un largo arco de tiempo, cuya parte final se superpone a los comienzos de la segunda etapa, la de los apologistas y defensores de la fe, que pondrán los fundamentos de la teología y pasarán el relevo de la Tradición—superando numerosas persecuciones, de dentro y de fuera—a los que serían las luminarias de los grandes Concilios ecuménicos de la antigüedad.

JOSÉ ANTONIO LOARTE
El tesoro de los Padres
Rialp, Madrid, 1998

Suelen llamarse padres apostólicos los autores de los escritos más antiguos del cristianismo (fuera de los que constituyen el Nuevo Testamento), que pertenecen a la generación inmediata a la de los apóstoles. En su mayor parte son cartas, instrucciones o documentos de carácter muy concreto y ocasional. No hay en ellos pretensión de exponer de manera ordenada o sistemática el mensaje cristiano, sino que responden a determinadas exigencias concretas de las cristiandades en un determinado momento. De ahí que predominen los temas más bien morales, disciplinares o cultuales sobre los propiamente dogmáticos, y que su contenido doctrinal no aparezca como muy rico o profundo. Sin embargo, se insinúan algunas de las que habían de ser líneas fundamentales del pensamiento cristiano: la Iglesia fundada sobre la tradición de los apóstoles, claramente diferenciada del judaísmo y con cierta organización cultual y administrativa; el valor soteriológico de la encarnación y muerte de Cristo, Hijo de Dios; el bautismo y la eucaristía como sacramentos fundamentales, etc.

Suelen incluirse entre los padres apostólicos: Clemente Romano, el desconocido autor de la Didakhe o Doctrina de los doce apóstoles, Ignacio de Antioquía, Policarpo de Esmirna, el autor de la llamada carta de Bernabé, Papías de Hierápolis y Hermas. Algunos de sus escritos, particularmente la primera carta de Clemente Romano, la carta de Bernabé y el Pastor de Hermas, parece que llegaron a tener en ciertas cristiandades una autoridad y consideración análogas a las de los escritos apostólicos que se incluyen en el canon del Nuevo Testamento.

JOSEP VIVES
Los Padres de la Iglesia
Ed. Herder, Barcelona, 1982

 

5 PSICOLOGÍA RACIONAL: El estado de unión o el comercio entre el alma y el cuerpo

El estado de unión o el comercio entre el alma y el cuerpo

La unión del alma racional con el cuerpo lleva consigo y da origen a lo que los filósofos llaman comúnmente comercio del alma con el cuerpo, fenómeno cuya existencia y realidad se halla al alcance de todos; porque todos saben, experimentan y observan, que a ciertos y determinados actos o afecciones del alma, corresponden ciertos y determinados accidentes y movimientos en el cuerpo, y viceversa.

Fenómeno es éste incontestable y evidente en cuanto a su realidad, pero de difícil explicación en cuanto al modo y causas inmediatas de su realización; y digo causas inmediatas, porque no cabe duda que la mediata o primera es la unión del alma con el cuerpo. Esta dificultad ha dado origen a variedad de sistemas o teorías, entre las cuales son las principales las siguientes, que examinaremos con la posible brevedad.

A) Sistema de las causas ocasionales. [368]

Fue excogitado, o al menos indicado este sistema por Descartes, desarrollado y completado por sus discípulos, y con particularidad por Mallebranche. Pretende este

a) Que la voluntad de los espíritus, y por consiguiente la nuestra, no posee fuerza o poder alguno para mover un cuerpo, por pequeño que sea: de donde infiere que entre la volición del hombre y el movimiento de su brazo no existe conexión alguna necesaria o natural.

b) Los actos de la voluntad, los pensamientos y las sensaciones, son meras ocasiones de los actos o movimientos del cuerpo, los cuales son producidos directa e inmediatamente por Dios, el cual también produce en nosotros los actos de la voluntad, del entendimiento y las sensaciones, con ocasión de ciertos y determinados movimientos del cuerpo.

c) Por consiguiente, ni el cuerpo influye activamente en el alma, ni ésta en aquél. «Los que afirman, escribe el oratoriano francés, que tenemos verdadera potencia para mover el brazo, deben confesar también que Dios puede comunicar a las almas la potencia de crear, de aniquilar, de hacer o producir todas las cosas posibles, en una palabra, que puede hacerlas omnipotentes.»

La falsedad de semejante sistema se halla demostrada, por decirlo así: 1º en virtud de su misma exageración: porque exageración antifilosófica, peligrosa y contraria al sentido común es, sin duda, suponer que Dios no puede comunicar a las criaturas ninguna potencia o fuerza activa, o que este poder llevaría consigo el de comunicarles la facultad de crear, o sea la omnipotencia: 2º esta teoría conduce a la negación de la libertad humana, la cual es incompatible con la pasividad universal que Mallebranche supone en las criaturas; pues, según él, no solo los cuerpos, sino las almas o espíritus más nobles «no pueden ser verdaderas causas de ninguna cosa», lo cual vale tanto como decir que las acciones que llamamos libres, no proceden de nuestra voluntad, como de su verdadera causa eficiente: y una vez admitido esto, ¿a qué queda reducida la libertad humana más que a un hombre sin sentido real y filosófico? [369]

B) Sistema de la armonía preestablecida.

a) Según esta concepción de Leibnitz, el alma y el cuerpo son dos sustancias completamente extrañas la una a la otra bajo el punto de vista de la influencia activa recíproca. Unidas y armónicas por una especie de casualidad prevista de antemano por Dios, ni las operaciones y determinaciones del alma influyen en nada ni para nada en los movimientos y afecciones del cuerpo, ni las de éste en las funciones o afecciones del alma. Son dos relojes que marchan acordes, pero cuyos movimientos son independientes entre sí.

b) No contento con esto, el filósofo alemán enseña además, que el alma y el cuerpo son como dos autómatas formados por Dios de tal manera, que la serie de actos y movimientos que ejecutan, se hallan encadenados de tal suerte que los que anteceden contienen la razón suficiente, y son causa necesaria de los siguientes.

La teoría de Leibnitz es más insostenible y absurda que la de los cartesianos. En primer lugar, se halla en completa y abierta contradicción con el sentido común del género humano, al cual jamás podrán persuadir, ni Leibnitz, ni todos los filósofos juntos, que entre el alma y el cuerpo no existe más relación ni mayor influencia, que la que existe entre dos relojes que marchan acordes accidentalmente, y en virtud de la uniformidad prevista por el artífice.

En segundo lugar, esta teoría es absolutamente incompatible con la libertad humana, toda vez que la determinación o volición B de la voluntad tiene una relación necesaria con la determinación o volición A, que la precede. En buena filosofía, y prescindiendo de cavilaciones, esto vale tanto como decir que el hombre no es dueño de poner o no poner tal acto, tal volición, tal pensamiento, o tal sensación. Esto sin contar que la experiencia misma rechaza semejante doctrina. El amor y el odio, el deleite y el dolor se suceden en nuestra alma con respecto al mismo objeto. Por otra parte, puede suceder que a la mediación o pensamiento sobre un problema abstracto de la filosofía o de la geometría, suceda inmediatamente la percepción del estruendo producido por un cañón, [370] la sensación de ver a un amigo, de un dolor reumático, &c. ¿Puede admitirse seriamente que la especulación del problema contiene la razón suficiente y es la causa de las percepciones y sensaciones indicadas?

Añádase a esto, que en la teoría de Leibnitz, si es que tal sistema merece el nombre de teoría, será preciso admitir que cuando la mano de santo Tomás escribía la Suma Teológica, la de san Agustín la Ciudad de Dios y la de Virgilio la Eneida, la mano ejecutaba movimientos necesarios y puramente mecánicos, sin dependencia alguna real y efectiva del alma inteligente de sus autores. Esta sola consecuencia bastaría para condenar el sistema del filósofo alemán (1).

{(1) Y no se crea que estas son deducciones forzadas o aplicaciones violentas del sistema que combatimos. Óigase lo que escribe el mismo Leibnitz. «L’ame de Virgile produirait l’Eneide, et la main ecrivait le meme poeme, sans que sa main obeit en aucune façon á l’intention de l’auteur; mais Dieu avait reglé de tout temps, que l’ame de Virgile ferat des vers, et qu’une main attaché au corps de Virgile, les mettrait par ecrit.» Este solo pasaje basta para juzgar la armonía preestablecida como teoría filosófica.}

C) Sistema de un mediador plástico.

a) Prescindiendo de lo que algunos antiguos entendieron por mediador plástico, es lo cierto que algunos modernos han pretendido explicar la unión y comercio del alma racional con el cuerpo, por medio de un principio viviente que sirve de intermedio entre las dos sustancias.

b) Este principio o mediador plástico carece de conocimiento, al menos reflejo: el alma racional no tiene conciencia tampoco del mismo ni de sus funciones; pero esto no obsta para que sirva como de mensajero que trasmite al cuerpo las operaciones y afecciones del alma, y recíprocamente las del cuerpo al alma.

Este sistema no merece una refutación seria. Basta tener presente: 1º que es completamente gratuito, inventado a placer, o mejor dicho, a imaginación, y sin fundamento alguno racional ni experimental, toda vez que se confiesa que [371] no tenemos conciencia alguna de la existencia del mediador plástico: 2º destruye la unidad sustancial de naturaleza y de persona, resultante de la unión inmediata del alma con el cuerpo o materia, como forma sustancial: 3º es inútil para el fin de su invención o admisión, que no es otro que salvar la distancia que media entre el cuerpo como sustancia material, y el alma como sustancia espiritual; porque ese mediador, o es sustancia material, o es espiritual; en cualquiera de las dos hipótesis subsistirá la misma dificultad que se pretende explicar o eludir.

D) Sistema del influjo físico.

a) El influjo físico puede entenderse por acción y reacción, de manera que el alma y el cuerpo se conciban como dos agentes distintos, completos en sí mismos e independientes, que obren el uno sobre el otro a la manera que un hombre obra sobre otro. En este sentido es inadmisible, porque es incompatible con la unidad de naturaleza y de persona en el hombre, y supone la unión accidental entre los dos, en el sentido de la teoría de Platón, teoría que no puede sostenerse en buena filosofía, según dejamos demostrado.

b) Puede entenderse el influjo físico por concomitancia, y en este sentido y bien explicado o comprendido, es el sistema más racional y filosófico para dar razón del comercio del alma con el cuerpo durante el estado de unión. Para convencerse de ello, y formar idea más o menos exacta de la naturaleza y condiciones de este influjo físico, medítese sobre las reflexiones siguientes:

1ª Por el mero hecho de que el alma racional se une al cuerpo como su forma sustancial y como determinación esencial del hombre, resulta de los dos una naturaleza específica completa, o sea la naturaleza humana, y una persona completa.

2ª En donde hay una naturaleza hay un ser, y en donde hay un supuesto o persona hay un principio y un sujeto total y adecuado de las acciones, modificaciones y afecciones de aquel supuesto; toda vez que, según el axioma filosófico, las acciones de los supuestos: actiones sunt suppositorum. [372]

3ª Luego todas las acciones y modificaciones de este hombre, traen su origen o radican en su alma y cuerpo en cuanto unidos, o sea en cuanto constituyen una naturaleza y una persona; de donde se sigue que proceden de toda la naturaleza humana como de su principio radical y primitivo quo, y de la persona como de su principio quod: la naturaleza humana est id quo homo operatur; la persona est id quod operatur. De aquí se colige que, en rigor filosófico, las operaciones y modificaciones que se verifican en el hombre, no pertenecen exclusivamente ni al alma sola ni al cuerpo solo, sino a los dos simultáneamente, según que, en virtud de su unión sustancial, constituyen una naturaleza y una persona.

4ª Sin embargo, teniendo en cuenta 1º que la unión entre el alma y el cuerpo no es una verdadera mixtión o mezcla, y que bajo este punto de vista la unión no impide que cada cual conserve en alguna manera las condiciones propias y peculiares de su naturaleza: 2º que aunque el hombre o persona humana es el principio completo y adecuado de las operaciones y modificaciones, algunas de estas le convienen primo et principaliter por razón del cuerpo, como el caminar, mover el brazo, hablar, &c.: otras, por el contrario, le convienen primo et principaliter por razón del cuerpo, como el caminar, mover el brazo, hablar, &c.: otras, por el contrario le convienen primo et principaliter por razón del alma, como las funciones de ver, imaginar, conocer, amar, &c., se comprende sin gran dificultad, que cuando el cuerpo ejerce alguno de los movimientos indicados, es afectada necesariamente por concomitancia del alma, por lo mismo que ésta y aquél constituyen un principio total y adecuado de esos movimientos, en virtud de la unidad de naturaleza y de persona que resulta de su unión. Lo mismo sucede proporcionalmente con las operaciones y afecciones que pertenecen primaria y principalmente al alma.

5ª El alma es el principio vital de todas y cada una de las facultades o fuerzas que en el hombre existen y obran, desde las más inferiores, como la locomotriz y la de nutrición, hasta las puramente intelectuales, como el entendimiento y la voluntad. Estas facultades, aunque distintas realmente entre sí, ya por razón de sus actos y objetos, ya también [373] según que unas dependen de órganos materiales para obrar y otras no, todas convienen y se aúnan, por decirlo así, en la unidad de su primer principio, que es la sustancia del alma, y por este lado tienen cierto enlace natural e íntimo entre sí.

6ª Luego no es imposible, antes es muy natural que estas facultades enlazadas por parte de su común principio, refluyan recíprocamente las unas sobre las otras, de manera que las materiales y orgánicas determinen afecciones y modificaciones en el alma, y las inorgánicas en el cuerpo, ya sea inmediatamente, ya sea por el intermedio de otras facultades inferiores o más próximas a la materia. Añádase también, que los órganos en los cuales residen o mediante los cuales funcionan muchas de estas potencias, se hallan relacionados con uno o más centros comunes.

7ª Luego si queremos elevarnos sobre las representaciones imaginarias, y atender a la razón pura, debemos admitir que el comercio entre el alma y el cuerpo, cuya existencia la experiencia demuestra y revela, se verifica en virtud del influjo físico de concomitancia o de unidad de ser, y esto bajo dos puntos de vista principales: 1º porque las operaciones, modificaciones y afecciones y afecciones del alma y del cuerpo, se hacen mutuas, recíprocas y necesariamente refluentes del uno a la otra y viceversa, por lo mismo que la unión entre los dos es tan íntima, sustancial y esencial, que constituyen una naturaleza, una persona y consiguientemente un ser, principio total y adecuado de todas esas operaciones y modificaciones: 2º en cuanto que las potencias y fuerzas mediante las cuales se realizan o ejecutan esas operaciones y movimientos diversos, todas proceden o radican en un solo y mismo principio sustancial, que es el alma racional; y por consiguiente es natural que las unas refluyan sobre las otras, y que las funciones de las unas exciten y modifiquen en diferentes sentidos el ejercicio de las otras. [374]

 

RESPUESTA A LA PREGUNTA DE LA SEMANA

La siguiente pregunta se encuentra en el menú de la derecha 

PREGUNTÁBAMOS:

¿ Quién podría creer con fe sobrenatural?

Y DÁBAMOS SEIS OPCIONES:

1.- Los herejes.

2.- Los apóstatas.

3.- Los infieles

4.- Los impíos.

5.- El que está en pecado mortal.

6.- No sé

LAS RESPUESTAS HAN SIDO:

24% Han respondido la opción 3, los infieles: errando.

14% Han respondido la opción 6, no sé.

63% Han respondido la opción 5, El que está en pecado mortal, siendo verdadera.

¿Por qué?

La respuesta la tomamos del Catecismo de la Suma Teológica, que puede verse aquí, en el capítulo titulado De la naturaleza de la fe. Fórmula y cualidades de su acto. El Credo. Pecados opuestos a la fe: infidelidad, herejía, apostasía y blasfemia, página 95 y ss., las cuales resumimos al efecto de responder a la cuestión:

¿Quiénes pueden hacer actos de fe?

— Solamente los que poseen la correspondiente virtud sobrenatural (IV, V).
— Luego, ¿no pueden hacerlos los infieles?
No, señor; porque no creen en la Revelación, bien sea porque, ignorándola, no se entregan confiados en las manos de Dios ni se someten a lo que de ellos exige, o porque, habiéndola conocido, rehusaron prestarle asenti-miento (X).
¿Pueden hacerlos los impíos?
Tampoco, porque si bien tienen por ciertas las verdades reveladas fundados en la absoluta veracidad divina, su fe no es efecto de acatamiento y sumisión a Dios, a quien detestan, aunque a pesar suyo se vean obligados a confesarlo (V, 2, ad 2).
— ¿Es posible que haya hombres sin fe sobrenatural que crean en esta forma?
— Sí, señor; y en ello imitan la fe de los demonios (V, 2).
¿Pueden creer los herejes con fe sobrenatural?
No, señor; porque, aunque admiten algunas verdades reveladas, no fundan el asentimiento en la autoridad divina, sino en el propio juicio (V, 3).
— Luego, los herejes, ¿están más alejados de la verdadera fe que los impíos, y que los mismos demonios?
— Sí, señor; porque no se apoyan en la autoridad de Dios.
¿Pueden creer con fe sobrenatural los apóstatas?
No, señor; porque rechazan lo que habían creído bajo la palabra divina (XII).
¿Pueden creer los pecadores con fe sobrenatural?
Pueden, con tal que conserven la fe como virtud sobrenatural; y pueden tenerla, si bien en estado imperfecto, aun cuando, por efecto del pecado mortal, estén privados de la caridad (IV, 1-4).
— ¿Luego no todos los pecados mortales destruyen la fe?
— No, señor (X, 1, 4).
¿En qué consiste el pecado contra la fe llamado infidelidad?
— En rehusar someter el entendimiento, por respeto y amor de Dios, a las virtudes sobrenaturales reveladas (X, 1-3).
Y siempre que esto sucede, ¿es por culpa del hombre?
Sí, señor; porque resiste a la gracia actual con que Dios le invita e impulsa a someterse (VI, 1, 2).
100
— ¿Concede Dios esta gracia actual a todos los hombres?
— Con mayor o menor intensidad, y en la medida prefijada en los decretos de su providencia, sí, señor.
— ¿Es grande y muy estimable la merced que Dios nos hace al infundirnos la virtud de la fe?
— Es en cierto modo la mayor de todas.
— ¿Por qué?
— Porque sin fe sobrenatural nada podemos intentar en orden a nuestra salvación, y estamos perpetuamente excluidos de la gloria, si Dios no se digna concedérnosla antes de la muerte (II, 5-8, IV, 7).
— Luego cuando tenemos la dicha de poseerla, ¿qué pecado será frecuentar compañías, mantener conversaciones o dedicarse a lecturas capaces de hacerla perder?
Pecado gravísimo haciéndolo espontánea y conscientemente, y de cualquier modo acto reprobable, puesto que siempre lo es exponerse a semejante peligro.
— Luego, ¿nos importa sobremanera elegir con acierto nuestras amistades y lecturas para encontrar en ellas, no rémoras, sino estímulos para arraigar la fe?
— Sí, señor; y especialmente en esta época en que el desenfreno, llamado libertad de imprenta, ofrece tantas ocasiones y medios de perderla.
— ¿Existe algún otro pecado contra la fe?
— Sí, señor; el pecado de blasfemia (XIII).
— ¿Por qué la blasfemia es pecado contra la fe?
— Por ser directamente opuesto al acto exterior de fe, que consiste en confesarla de palabra, y la blasfemia consiste en proferir palabras injuriosas contra Dios y sus santos (XIII, 1).
— ¿Es siempre pecado grave la blasfemia?
— Sí, señor (XIII, 2-3).
— La costumbre de proferirlas, ¿excusa o atenúa su gravedad?
101
— En vez de atenuarla la agrava, pues la costumbre demuestra que se dejó arraigar el mal en lugar de ponerle remedio (XIII, 2, ad 3).

LOS PADRES DE LA IGLESIA (2): SIGLOS Iº Y IIº

LOS PADRES Y LOS DOCTORES DE LA IGLESIA

   Se habla de la importancia del magisterio ordinario y universal de la Iglesia como órgano de la tradición viviente en continuidad con la predicación apostólica. De este magisterio los Padres son testigos privilegiados. Obispos y doctores de los primeros siglos predicaron la fe, la defendieron frecuentemente al precio de su sangre contra el paganismo o la herejía y se esforzaron por darle su expresión racional. Individualmente considerados cada uno de ellos no tiene más valor que el de un testigo aislado, al cual la Iglesia, por lo demás, podrá reconocer una autoridad excepcional como en el caso de un San AtanasioSan BasilioSan Cirilo o San Agustín. Pero su testimonio unánime (se entiende unanimidad moral) representa lo que en cada época constituyó la fe común de la Iglesia «lo que fue creído en todas partes, siempre, por todos», dirá en el siglo v San Vicente de Lerins (Conmonitorio, lI, 6); testimonio tanto mas significativo y autorizado cuanto es más antiguo y representa, como en su fuente, la fe y tradición cristiana. Trataremos de dar aquí una visión de conjunto de la literatura patrística, desde sus orígenes hasta el siglo VIII, al mismo tiempo que del desarrollo del dogma cristiano en sus líneas esenciales, para que el lector esté en condiciones de situar históricamente a los Padres cuyos nombres aparecen a lo largo de la obra y reconocer, al mismo tiempo, la aportación de cada uno de ellos al tesoro común de la fe.

  1. I. –LOS PADRES APOSTÓLICOS(siglos I y lI)

Desde el siglo XVII se conoce con este nombre un grupo bastante determinado de autores, de los cuales, al menos los más antiguos, son contemporáneos del fin de la edad apostólica. Sus obras, escritos de circunstancias, sin preocupación teológica o literaria, son el testimonio más precioso de la fe y de la vida de las primeras generaciones cristianas. 

   SAN CLEMENTE ROMANO, tercer sucesor de San Pedro, escribió hacia el año 96 una carta a la Iglesia de Corinto, agitada por el cisma. Es una exhortación serena y vigorosa a la paz y a la concordia, a la sumisión a la jerarquía y, al mismo tiempo, un documento de la caridad que une a las Iglesias, de la constitución jerárquica de la Iglesia (obispos, presbíteros, diáconos), y un índice de la autoridad de la Iglesia de Roma. Una larga oración de acción de gracias (cap. 59-61) constituye un ejemplo de la oración litúrgica del siglo I, todavía muy afín a la oración de la sinagoga. El escrito llamado segunda epístola de Clemente a los corintios es una homilía (romana) que data del año 150, poco más o menos.

   SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, martirizado en Roma hacia el año 110, había escrito siete cartas a distintas Iglesias de Asia y a la Iglesia de Roma. Estas cartas, eco de un alma apasionada por Cristo y sedienta del martirio, son quizá el documento más precioso de la antigua literatura cristiana. «Contienen —dice San Policarpo— la fe y la paciencia y toda edificación que se apoye en Nuestro Señor.» Nos suministran una referencia completa acerca de la creencia y de la vida de la Iglesia en los primeros años del siglo II, ya sobre la fe en Cristo, en su doble naturaleza, en su nacimiento virginal, ya sobre la Iglesia y su jerarquía (episcopado monárquico), sobre el bautismo y la Eucaristía, sobre la tradición y la autoridad de la Escritura, sobre la reacción ante las herejías nacientes, finalmente, sobre la Iglesia romana.

   Se vincula también a los Padres Apostólicos el Pastor, obra de Hermas, fiel romano de la mitad del siglo II. Las visiones (de la Iglesia, del ángel de la penitencia) y las parábolas contenidas en esta obra obligan a encuadrarla en el género literario de los Apocalipsis. Posee una cristología todavía muy rudimentaria, pero es un eco interesante de las preocupaciones morales de la comunidad cristiana y un documento de los más importantes acerca del problema de la penitencia, que se ofrece al pecador como posibilidad de perdón, según él, una sola vez después del bautismo.

La Doctrina de los doce Apóstoles, DIDAJE, fue considerada durante mucho tiempo como el texto cristiano más antiguo, después de las Escrituras canónicas. La tendencia actual es de colocarla cuanto más hacia el año 150 (dependería de la Epístola apócrifa de BERNABÉ, que se remonta a la época de Adriano, 115-130), e, incluso, algunos la retrasan hasta principios del siglo III. Su autor, desconocido (¿sirio, egipcio?) pudo, por lo demás, hacer uso de documentos anteriores; las oraciones en ella conservadas (cuyo carácter propiamente eucarístico no ha sido plenamente demostrado) son conmovedoras y han sido adoptadas en las liturgias posteriores (anáfora de Serapión, Egipto, s. IV).

II SIGLO SEGUNDO
Los apologistas.
La literatura antignóstica

  1. Frente a la oposición creciente a la nueva religión (persecuciones de los emperadores, odiosas calumnias del vulgo, reacción intelectual de los medios cultos) los cristianos se esfuerzan por refutar las objeciones y calumnias, al mismo tiempo que por justificar racionalmente su fe. Se trata de una abundante literatura apologética que procede en gran parte de escritores laicos, con frecuencia filósofos convertidos, que hacen profesión de pertenecer a la escuela del cristianismo, comoJustino, «filósofo y mártir».

En sus obras se puede ver, más que una simple réplica a la contraofensiva pagana, bellas exposiciones de la transformación moral operada por la religión de Cristo, de la pureza de las nuevas costumbres, de la caridad de los cristianos. Así, por ejemplo, ARÍSTIDES «filósofo de Atenas» en la época de Adriano, y la Epistola a Diogneto, que quizá tenga por autor a QUADRATUS. Otros, por el contrario, como ATENÁGORAS (Súplica por los cristianos, I77) se entregan a la empresa de demostrar la falsedad e inmoralidad del paganismo, aunque permaneciendo siempre muy acogedores con respecto a la cultura y filosofía griegas. La oposición sistemática al helenismo es relativamente excepcional (TACIANOHERMAS).

Indudablemente, el más importante de los apologistas del siglo II es SAN JUSTINO, griego originario de Palestina, martirizado en Roma hacia el 165. En sus dos apologías (hacia el 155-161) se encuentran no solamente los temas ya clásicos de la apologética, sino también una exposición de conjunto de la fe cristiana y una demostración de la divinidad de Cristo, según las profecías. En esta obra, documento litúrgico de máxima importancia (descripción detallada de los ritos del bautismo y de la Eucaristía, I, 6I y 65-67, se siente la preocupación de tender un puente entre el cristianismo y la filosofía, merced a la teología del Logos, que en toda su plenitud se ha manifestado en Cristo, pero del cual participa también toda inteligencia humana, poseyendo como un germen de Él. Es éste el primer ejemplo de explotación racional de un dato bíblico merced a un elemento filosófico (en este caso el estoicismo). El Diálogo con el judío Trifón hay que situarlo (después de la Epístola de Bernabé) entre los escritos que intentan demostrar la caducidad del judaísmo, al cual debe ya sustituir la Iglesia de Cristo que llama a sí a todas las naciones.

Los tres libros dirigidos a Autólico por SAN TEÓFILO, obispo de Antioquía, exponen una teología del Verbo, que se desarrolla en dos tiempos: el Logos era al principio inmanente a Dios y se ha manifestado al exterior por medio de la creación del mundo. Teófilo es el primero en emplear el término Trinidad. Refutación del paganismo y demostración ardiente de la divinidad de la nueva religión, preocupación de hacer asimilable a los filósofos el cristianismo, primer diseño de una teología trinitaria: he aquí el balance del esfuerzo de los apologistas. Los siglos siguientes conocerán aún apologías doctas, brillantes y sólidas.

  1. La gnosis constituyó para la Iglesia del siglo II un notable peligro. Tratándose de un intento de conocimiento religioso superior a la fe, desaloja todo el contenido de la revelación para sustituirlo, bajo un vocabulario cristiano, por un conjunto de mitos sacados del misticismo greco-oriental. Fundado en un dualismo radical, una oposición entre Dios y el mundo, entre el Dios bueno y el demiurgo malo creador del mundo, establece un sistema de emanaciones y de intermediarios (los eones, cuyo conjunto forma el pleroma), y un mito de caída y reparación en que se desvanece el cristianismo auténtico. La difusión de esta doctrina fue considerable y abundante la literatura sobre ella; pero estas obras han perecido casi enteramente, y apenas nos son conocidas más que por las refutaciones que de ellas se hicieron en el ambiente católico, especialmente porSan Ireneo y San Hipólito, en los cuales, se inspiraron, en general, los heresiologos posteriores.

SAN IRENEO es el representante más destacado de la reacción ortodoxa contra los gnósticos y uno de los Padres más importantes de los tres primeros siglos. Originario de Asia Menor y discípulo de San Policarpo de Esmirna, por el cual enlaza con la tradición de San Juan, pasa luego a Roma donde conoce a San Justino y de allí a las Galias donde, después de la persecución del año 177, es consagrado obispo de Lyon. De sus numerosos escritos sólo queda, aparte de la Demostración de la predicación apostólica, breve catequesis, la gran obra Demostración y refutación de la falsa gnosis (Adversus Haereses) distribuida en cinco libros, publicados en varias veces, alrededor del año 180. El texto griego original se ha perdido en gran parte, pero poseemos una traducción latina muy antigua y muy literal.

Con la exposición y refutación de las diversas teologías gnósticas, se hallará en Ireneo la afirmación muy sólida de algunos principios fundamentales del pensamiento cristiano. Por ejemplo, que la tradición viviente de la Iglesia, proveniente de los Apóstoles, es la regla de fe, que la continuidad ininterrumpida de la sucesión episcopal a partir de los Apóstoles, garantiza la fe de las iglesias, según la expresión del credo bautismal; que entre las iglesias locales la Iglesia romana, en razón de su origen, posee la máxima autoridad. La salvación no consiste en una «gnosis» superior, sino en la revelación de Cristo que, consumando la larga pedagogía divina, nos da a conocer al Padre. No hay más que un solo Dios, creador y redentor. La naturaleza humana entera, carne y espíritu, debe ser salvada por el Verbo, que, tomando verdaderamente nuestra carne, «recapitula» en sí toda la humanidad, restaurándola y dándole su plenitud, para divinizarla y presentarla al Padre. Al lado del nuevo Adán, María es la nueva Eva (idea ya expuesta por San Justino).

No cabe exagerar la importancia de Ireneo, el cual, sin ser un teólogo muy personal, es un testigo fiel de la tradición, que bebe en sus fuentes auténticas, y que la expresa en fórmulas vigorosas y originales; a las especulaciones demoledoras de los gnósticos opone la firmeza de su sentido cristiano, de su sentido de Cristo y de la obra de nuestra salvación. La teología cristiana le debe alguna de sus tesis más fundamentales que, a través de Tertuliano, pasarán a Occidente y por Atanasio al Oriente.

4.1 PSICOLOGÍA RACIONAL: Tesis El alma racional es la forma sustancial del hombre, y por consiguiente se halla unida al cuerpo con unión sustancial

Tesis
El alma racional es la forma sustancial del hombre, y por consiguiente se halla unida al cuerpo con unión sustancial.

Para convencerse de la verdad de esta proposición, basta tener presente que se verifican aquí todas las condiciones arriba indicadas para la unión sustancial.

a) Porque el sentido común, de acuerdo con la razón, nos dice que el hombre no es, ni el cuerpo solo, ni el alma sola, sino el compuesto de los dos. Nos dice igualmente que el hombre es una naturaleza o una especie completa, como lo es un animal, o una planta, y que Pedro, individuo compuesto de cuerpo y de alma racional, es lo que llamamos una persona humana y lo que constituye el yo humano; nos dice, en fin, que la denominación de yo se aplica al alma sola impropiamente, tomando la parte principal por el todo. Luego la unión entre el alma racional y el cuerpo es y debe llamarse sustancial, en cuanto produce o lleva consigo unidad sustancial de naturaleza y persona. [362]

b) El alma y el cuerpo son sustancias incompletas cada una de por sí, y se perfeccionan y completan recíprocamente. Acabamos de ver, que ni el cuerpo solo, ni el alma sola constituyen el hombre, que es la sustancia completa o específica. Por otra parte, el cuerpo recibe su organización propia y es cuerpo humano, en virtud de la información actual del alma racional; y por su lado, el alma no puede desarrollar, perfeccionar, ni siquiera ejercer todas las funciones de que es capaz, sin la cooperación del cuerpo, del cual depende evidentemente en las funciones u operaciones sensibles y vegetativas u orgánicas, y hasta en las puramente intelectuales, puesto que no se realizan sino a condición de ser determinadas y recibir la materia u objeto de la sensibilidad. Luego ni el cuerpo, ni el alma se poseen a sí mismos completamente quoad esse et operationem. Luego el uno y la otra son sustancias esencialmente incompletas que se completan recíprocamente por medio de su unión. Luego esta unión es una unión verdaderamente sustancial, o lo que es lo mismo, es unión informativa, según que el alma y porque el alma es forma sustancial del hombre.

2ª Otra prueba no menos convincente de la verdad de la tesis la hallaremos en que el alma racional reúne las dos condiciones fundamentales y características de la forma sustancial. Estas condiciones son, como queda indicado: 1ª que la cosa que se dice informada por ella, reciba su ser propio o su determinación específica de la misma, como de su principio interno inmediato; porque no se trata aquí de los principios externos o eficientes de la cosa, sino de los constitutivos o formales: 2ª que lo que se llama forma sustancial, sea una sustancia incompleta, de manera que no pueda existir en sí misma y por sí misma en razón de naturaleza y de supuesto o individuo completo, sino que tenga aptitud para comunicarse a otra sustancia parcial, y al mismo tiempo necesidad de verificarlo para constituir un ser perfecto quoad esse et operari.

Que la primera condición conviene al alma racional con respecto al hombre, no puede ponerse en duda, toda vez que [363] el cuerpo humano y el hombre reciben el ser y la determinación específica y esencial de tales por razón de la misma; de manera que puede decirse que el cuerpo humano es humano, y que el hombre es ésta determinada especie de sustancia y no otra, por razón y en fuerza del alma racional que los constituye tales, siendo, como es, la razón suficiente formal e interna porque el hombre es hombre o una sustancia distinta de todas las demás, y su cuerpo es humano.

No es menos incontestable que le conviene igualmente la segunda condición; porque el alma racional, no obstante la facultad que tiene de existir por sí sola después de separada del cuerpo, en este estado de separación no constituye una naturaleza completa, o sea la naturaleza humana, para lo cual necesita unirse con el cuerpo; y sobre todo, en este estado de separación, además de ser comunicable al cuerpo, lo cual basta para quitarle la subsistencia y personalidad perfecta, no se posee a sí misma completamente; puesto que no puede presentar, ni menos desenvolver todas las manifestaciones posibles de su actividad, no pudiendo ejercer las funciones de la vida animal y sensible. Luego el alma racional por sí sola y de sí misma, es una sustancia esencialmente incompleta, y como tal, ordenada naturalmente a unirse con otra sustancialmente, para constituir con ella una sustancia completa.

Pondremos término a estas pruebas con las siguientes reflexiones, que las resumen en parte, a la vez que las desenvuelven y aclaran.

1ª Para nosotros, que no vemos las esencias íntimas de las cosas en sí mismas, el medio más racional y legítimo para llegar la conocimiento de la verdad respecto de la naturaleza del hombre y de sus atributos, es la observación de los fenómenos psicológicos revelados en el sentido íntimo, siendo una verdad filosófica de sentido común, que la naturaleza de una cosa y las condiciones esenciales de su ser se hallan en necesaria relación con sus operaciones; porque, como dice santo Tomás, operari sequitur esse, et juxta modum operandi est modus essendi. Ahora bien: si la idea ontológica de la [364] personalidad completa exige que la sustancia a quien se atribuye la subsistencia perfecta se posea a sí misma quoad esse et operari, es decir, que pueda existir y producir sus operaciones por sí misma, sin necesidad de comunicarse a otra sustancia, es a todas luces evidente que el alma racional no constituye por sí sola la personalidad completa del hombre. En éste, además de las operaciones y funciones puramente intelectuales e inmateriales, existen otras de un orden inferior, cuales son las de sensibilidad, las cuales no pertenecen exclusivamente al alma, como las primeras, sino que dependen de órganos materiales con cuya cooperación se verifican: luego, o es preciso negar la unidad personal del yo humano, admitiendo en el hombre dos personas, una de las cuales sea el principio y el sujeto propio de las operaciones puramente intelectuales y espirituales, y la otra de los fenómenos de la sensibilidad, o es preciso admitir que el cuerpo entra como elemento sustancial de la personalidad humana.

2ª Aun cuando por medio de supremos esfuerzos del raciocinio o de cavilaciones más o menos sutiles, se pretendiera eludir la fuerza de la precedente demostración, bajo el pretexto de que las funciones de la sensibilidad proceden y residen en sola el alma, siempre quedaría en pie la dificultad con respecto a las funciones de la vida vegetativa u orgánica, las cuales radican también el alma, según se ha probado en el artículo anterior. Añádase a esto, que la hipótesis de que las funciones apellidadas orgánicas proceden de un principio vital distinto del alma, lleva consigo el grave inconveniente de dividir al hombre en dos sustancias vivientes, resultando de aquí que el hombre no podrá apellidarse un viviente, ni un ser vivo, sino dos sustancias o seres vivientes. Por otra parte, admitida esta hipótesis, no es fácil señalar la razón suficiente porqué al separarse al alma racional con sus facultades intelectuales y sensibles, el cuerpo queda privado también de toda función vital u orgánica. Ciertamente que si el principio vital de los fenómenos de la vida vegetativa es enteramente distinto del principio viviente, del cual proceden las funciones de la sensibilidad y del orden intelectual, como [365] se supone en la hipótesis indicada, los primeros podrán permanecer y manifestarse en el cuerpo humano después de la separación del alma racional.

3ª Finalmente, por grandes que sean las dificultades que presenta y presentará siempre el problema sobre la naturaleza de la unión entre el alma racional y el cuerpo, problema que es, sin disputa, uno de los más difíciles e importantes de la psicología, siempre será una verdad que la solución que dejamos consignada es preferible a la solución de la escuela platónica, o sea a la de todos los psicólogos antiguos o modernos, que coincidiendo en el fondo con esa teoría de Platón, reducen en realidad la unión del alma con el cuerpo a una unión accidental, incompleta e imperfecta, a la unión del motor al móvil, del agente principal al instrumento. Porque la verdad es que, según observa oportunamente santo Tomás, la unidad de naturaleza y la unidad personal del yo humano, desaparecen inevitablemente desde el momento que se supone verdadera semejante hipótesis.

El agente principal y su instrumento son dos sustancias, son dos naturalezas, son dos seres distintos entre sí, completos e independientes, de cuya unión jamás resulta ni puede resultar un solo supuesto, un solo individuo, una sola persona. El artífice que mueve o se sirve del martillo, el vapor que comunica el movimiento al buque, el fuego que calienta y agita el agua, solo se unen accidentalmente, solo se unen de una manera imperfecta y no sustancial e íntima, y por eso es que de su unión no resulta una sustancia, una naturaleza, un individuo, ni menos una persona. Luego si el alma racional sólo se une al cuerpo de alguno de los modos indicados, nos veremos precisados a admitir que el cuerpo es un supuesto o individuo completo, y el alma, a su vez, otro individuo, o sea una persona completa. Luego cuando decimos que Pedro raciocina, quiere y siente, la palabra Pedro solo significa el alma racional, y no el individuo compuesto de alma y cuerpo; y, sin embargo, a éste es a quien conviene la denominación de Pedro en el lenguaje y sentido común de los hombres. Además, si este nombre solo significa la [366] personalidad del alma racional, cuando queramos hablar de las operaciones o fenómenos propios del otro supuesto, será preciso inventar otro nombre, aplicable y correspondiente al cuerpo solo del hombre, puesto que las operaciones de un supuesto completo no se pueden atribuir a otro.

Concluyamos, pues, que si se han de evitar estos y otros graves inconvenientes y absurdos a que conduce la teoría platoniana en sus gradaciones y variedades, tanto el orden filosófico como en el teológico, es preciso reconocer que el alma racional se une al cuerpo como su forma sustancial. Lo cual no quiere decir otra cosa sino que el alma humana es una sustancia incompleta, incapaz por lo mismo de obrar completamente por sí sola, es decir, de ejercer y realizar independientemente de otra sustancia todas las operaciones o funciones vitales de que es capaz, todas las manifestaciones de su actividad: que no posee a sí misma perfectamente quoad esse et operari, condición necesaria para la subsistencia completa: finalmente, que tiene aptitud y como una tendencia necesaria a unirse con el cuerpo, para llegar por medio de esta unión al complemento específico de la naturaleza o esencia, o la subsistencia o personalidad completa, al ejercicio y desarrollo completo de su actividad y fuerzas vitales.

Escolio

Antes de terminar este artículo, bueno será advertir que cuando decimos que el alma racional se une al cuerpo humano como forma sustancial, no debe entenderse que se une al cuerpo organizado de antemano, de suerte que el cuerpo humano, o sea con organización humana, exista como tal, antes de ser animado y vivificado por el alma racional. Ésta, así como es causa y razón suficiente de la vivificación y animación del cuerpo, así también es causa de la organización humana y de todo lo que es actualidad o perfección en el hombre. La unión, pues, se verifica con la materia inmediatamente, materia prima, la cual recibe del alma racional, [367] como de forma sustancial, todo lo que hay en ella de actual, todas sus determinaciones, todo lo que tiene en acto; porque así lo exige el concepto de forma sustancial, según se verá el la Cosmología. Excusado es añadir, que esta doctrina es absolutamente independiente de la hipótesis que se adopte acerca del origen de la animación del feto humano; porque, bien sea que esta se verifique en su origen por el alma racional, bien sea que se verifique por medio de algún otro principio vital, siempre es necesario reconocer que cuando el alma racional entra en el cuerpo, entra como forma sustancial, es decir, como acto primero sustancial que actúa y determina esencialmente la materia; entra como principio vital único de todas las manifestaciones de la actividad humana.

Martirologio de Febrero

«La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)

Podrá consultar el Martirologio de cada mes en el menú al pie de esta pagina “MARTIROLOGIO

MARTIROLOGIO DEL PAPA PÍO XII

FEBERO DE 2018

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FEBRERO
1 de febrero
San Cecilio, Obispo y Mártir D. – Rojo.

San Cecilio fue el primer obispo de Granada cuando, bajo la dominación romana, se llamaba todavía Illíberis. Fue uno de los que la tradición llama «varones apostólicos» enviados a España por San Pedro y San Pablo a predicar el evangelio. Los otros seis son: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio y Hesiquio. La vida de todos ellos está oculta tras los velos de la leyenda transmitida oralmente. Se sabe a ciencia cierta que San Cecilio fue obispo de Illíberis, que escribió algunos tratados para instrucción de los fieles y que sufrió martirio bajo la dominación de Nerón, supuestamente quemado en el monte Illipulitano. Pero la larga dominación árabe destruyó todos los rastros de cristianismo. Granada estuvo bajo los sarracenos casi ochocientos años; no los suficientes para perderse la memoria y la tradición, pero sí para no quedar ni rastro de documentos ni reliquias. San Cecilio es patrón de Granada, y su fiesta se celebra el 1 de febrero.
Oración: Dios todopoderoso, ved cómo pesa sobre nosotros la carga de nuestras propias obras, y fortificad nos por medio de la gloriosa intercesión del Patrón de Granada San Cecilio, vuestro mártir y pontífice. Por N. S. J. C. Amén.
1.- San Ignacio, Obispo de Antioquía y Mártir, que gloriosamente consumó el martirio el 20 de Diciembre. San Ignacio, obispo de Antioquía, tenía en los labios, sin cesar, el nombre de Jesús. Este amor por Jesús encendió su deseo de asemejársele. Fue condenado a ser comido por los leones. Soy –dice el santo– trigo de Dios que debe ser molido por los dientes de las fieras para ser pan de Cristo. Murió pronunciando el nombre de Jesús, el año 110.
Oración: Omnipotente Dios, mirad nuestra debilidad, mirad cómo el peso de nuestras propias obras nos agobia, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Ignacio, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S.
2.- En Esmirna, san Pionio, Presbítero y Mártir, el cual, después de escribir apologías de la fe cristiana y sufrir una inmunda prisión, donde con sus exhortaciones esforzó a muchos hermanos al martirio, por fin, atormentado con muchos suplicios, traspasado con clavos y arrojado en una hoguera, recibió feliz muerte por Cristo. Padecieron juntamente con él otros quince.
3.- En Ravena, san Severo, Obispo, elegido a causa de sus preclaros méritos, por haberse posado sobre él una paloma.
4.- En Tres-Castillos, ciudad de Francia, san Pablo, Obispo, cuya vida resplandeció en virtudes, y su preciosa muerte atestiguan los milagros.
5.- En Kildare de Irlanda, santa Brígida, Virgen, la cual, tocando, en prueba de su virginidad, la madera del altar, la hizo súbitamente reverdecer.
6.- En Castro-Florentino de Toscana, santa Veridiana, Virgen reclusa, de la Orden de Valleumbrosa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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2 de febrero
Purificación de la Bieneventurada Virgen María, D. 2ª. cl. – Blanco

La Purificación de la bienaventurada Virgen María, que los Griegos llaman el Encuentro del Señor.
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la madre, según la ley de Moisés, llevaron el niño a Jerusalén, para presentarlo al Señor.
María va al templo a someterse a la ley de la purificación, aunque esté exenta de ella en su calidad de virgen y de Madre de Dios. Va al templo a presentar a Jesús a su Padre Eterno; lo rescata ofreciendo por él dos tortolitas. Simeón, a quien el Señor ha revelado que no morirá sin haber visto al Mesías, lo reconoce en los brazos de María, lo adora, y predice a su santísima Madre todo lo que Ella deberá sufrir.
Oración: Dios todopoderoso y eterno, escuchad benigno las súplicas que dirigimos a vuestra suprema Majestad, y así como vuestro Unigénito fue hoy presentado al templo, revestido de carne semejante a la nuestra, haced que nos presentemos ante Vos con un corazón purificado. Por J. C. N. S.
1.- En Cesarea de Palestina, san Cornelio, Centurión, a quien el Apóstol san Pedro bautizó y elevó al honor del Episcopado en dicha ciudad.
2.- En Roma, en la vía Salaria, el martirio de san Aproniano, Alcaide, que, Gentil aún, como sacase de la cárcel a san Sisinio para presentarle al Prefecto Laodicio, y oyese una voz del cielo que decía: «Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que os está preparado desde el principio del mundo», creyó y fue bautizado, y después, confesando al Señor, condenado a pena capital, recibió la muerte.
3.- En Roma igualmente, los santos Mártires Fortunato, Feliciano, Firmo y Cándido.
4.- En Orleáns de Francia, san Flósculo, Obispo.
5.- En Cantórbery de Inglaterra, el tránsito de san Lorenzo, Obispo, que después de san Agustín gobernó aquella Iglesia e hizo cristiano al mismo Rey.
6.- En Prato de Toscana, santa Catalina de Riccis, Virgen Florentina, de la Orden de Predicadores, insigne por la abundancia de dones celestiales; a la cual, el Sumo Pontífice Benedicto XIV puso en el catálogo de las santas Vírgenes.
7.- En Burdeos, santa Juana de Lestonnac, Viuda, Fundadora del Instituto de las Hijas de la Virgen santa María, insigne por su amor a la caridad y por la solicitud en la educación de las niñas; a la cual el Papa Pío XII agregó al número de las santas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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3 de febrero
San Blas, Obispo y Mártir S – Rojo

En Sebaste de Armenia, el triunfo de san Blas, Obispo y Mártir, obrador de muchos milagros; el cual, siendo Presidente Agricolao, después de prolongados golpes y ser colgado de un palo, en que le desgarraron las carnes con garfios de hierro, fue encerrado en lóbrego calabozo y sumergido en un lago, del que salió incólume, y finalmente, por sentencia del mismo Juez, en compañía de dos niños, murió decapitado. Antes de él, siete mujeres, que recogían las gotas de sangre que el Mártir derramaba en los tormentos, presas por Cristianas, fueron todas, después de crueles suplicios, pasadas a cuchillo.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de alegría con la solemnidad de vuestro mártir y pontífice San Blas, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, experimentemos aquí abajo los efectos de su protección. Por J. C. N. S.
1.- En África, san Celerino, Diácono, que por diecinueve días encerrado en la cárcel, en el cepo, cadenas y varios tormentos, confesó gloriosamente a Cristo; de modo que, venciendo al adversario con su inexpugnable constancia en el combate, abrió a los demás el camino de la victoria.
2.- Allí mismo, tres santos Mártires consanguíneos del mismo san Celerino Diácono, a saber: Laurentino, su tío paterno; Ignacio, tío materno, y Celerina, su abuela, que habían sido antes que él coronados del martirio; de cuyas gloriosas alabanzas queda una carta de san Cipriano.
3.- Igualmente en África, los santos Mártires Félix, Sinfronio, Hipólito y sus Compañeros.
4.- En la ciudad de Gap, en Francia, los santos Tigido y Remedio, Obispos.
5.- En Lyon de Francia, los santos Lupicino y Félix, también Obispos.
6.- En Bremen, san Anscario (Oscar), Obispo primeramente de Hamburgo y luego, a la vez, de Bremen; el cual convirtió a la fe de Cristo los Suecos y Dinamarqueses, y fue nombrado por el Papa Gregorio IV Legado Apostólico de todo el Septentrión.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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4 de febrero
S. Andrés Corsini, Obispo y Confesor D. – Blanco.

San Andrés Corsino, de la Orden Carmelitana, Obispo de Fiésole y Confesor, cuya dichosa muerte se conmemora el día 6 de Enero.
Este santo no respondió al principio a los cuidados de que lo hicieron objeto sus padres; pero a raíz del relato que le hizo su madre de un sueño maravilloso que tuvo a su respecto, fue Andrés a arrojarse a los pies de la Santísima Virgen y tomó la resolución de entrar en la orden del Carmelo. Nombrado a pesar de sus resistencias, obispo de Fiésole, redobló sus austeridades. Todos los días recitaba los salmos penitenciales y las letanías de los santos disciplinándose sin compasión. Murió el 6 de enero de 1373, a los 72 años de edad y a los 13 de su episcopado.
Oración: Oh Dios, que sin cesar nos dais en vuestra Iglesia nuevos ejemplos de virtud, conceded a vuestro pueblo la gracia de seguir con perfección las huellas del bienaventurado Andrés, vuestro confesor pontífice, de modo que pueda un día participar en su recompensa. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, san Eutiquio, Mártir, el cual consumó un ilustre martirio y fue sepultado en el cementerio de Calixto; san Dámaso Papa honró más tarde su sepulcro con un epitafio en verso.
2.- En Thmuis de Egipto, el martirio de san Fileas, Obispo de dicha ciudad, y Filoromo, Tribuno militar; los cuales, en la persecución de Diocleciano, no pudiendo ser persuadidos por los parientes y amigos a que mirasen por la propia vida, presentando ambos el cuello al cuchillo, merecieron del Señor la palma del martirio. Con ellos innumerable multitud de fieles de la misma ciudad, siguiendo el ejemplo de su Pastor, recibieron la corona del martirio.
3.- En Fosombrone, los santos Mártires Aquilino, Gemino, Gelasío, Magno y Donato.
4.- En el reino de Malabar, en la India oriental, san Juan de Britto, Sacerdote de la Compañía de Jesús; el cual, habiendo convertido muchos infieles a la fe, fue coronado con glorioso martirio.
5.- En Troyes de Francia, san Aventino, Presbítero y Confesor.
6.- En Pelusio de Egipto, san Isidoro, Presbítero y Monje, señalado en méritos y doctrina.
7.- En Sempringham de Inglaterra, san Gilberto, Presbítero y Confesor, Fundador de la Orden de Sempringham.
8.- En el pueblo de Amatrice, en el Abruzzo, el nacimiento para el cielo de san José de Leonisa, Sacerdote de la Orden de Menores Capuchinos y Confesor; el cual, habiendo padecido crueles tormentos de los Mahometanos por predicar el Evangelio, ilustre en trabajos apostólicos y milagros, fue puesto en el catálogo de los Santos por el Sumo Pontífice Benedicto XIV.
9.- En Bremen, la conmemoración de san Remberto, que fue discípulo de san Anscario, y, en este día, el siguiente a la muerte de su maestro, fue elegido, en su lugar, Obispo de Hamburgo y Bremen.
10.- En Bourges de Aquitania, santa Juana de Valois, Reina de Francia, Fundadora de la Orden de la santísima Anunciación de la Virgen santa María, ilustre por la piedad y por la singular participación de la Cruz, inscrita por el Papa Pío XII en el catálogo de las santas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias

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5 de febrero
Sta. Agueda, Virgen y Mártir D. – Rojo

En Catania de Sicilia, el triunfo de santa Águeda, Virgen y Mártir, la cual, imperando Decio, por sentencia del Juez Quinciano, después de torturada, abofeteada, descoyuntada en el potro y cercenados los pechos, la revolcaron sobre tejuelas y brasas; y, finalmente, en la cárcel, mientras oraba al Señor, acabó su vida.
Qué hermoso espectáculo para Jesús, ver a Águeda despreciar los halagos y amenazas del pretor, a fin de conservar su castidad y su fe! Se le quema el pecho, pero San Pedro se le aparece en la prisión y la sana. Se la desnuda y se la arrastra sobre trozos de vasijas rotas y brasas encendidas, y he aquí que un temblor derriba varios edificios y aplasta bajo sus escombros a dos miembros de la familia del tirano. Asustado el gobernador de las murmuraciones del pueblo, la hace conducir de nuevo a la prisión, en la cual expira, después de una breve oración, hacia el año 251.
Oración: Oh Dios, que entre otros milagros de vuestro poder, habéis hecho obtener la victoria del martirio al sexo más débil, haced por vuestra bondad que, celebrando la nueva vida que ha recibido en el cielo la bienaventurada Águeda, vuestra virgen mártir, saquemos provecho de sus ejemplos para marchar por el camino que conduce a Vos. Por J. C. N. S.
1.- En Nangasachi del Japón, el suplicio de veintiséis Mártires: de ellos tres Sacerdotes, un Clérigo y dos Legos pertenecían a la Orden de los Menores; otros tres, uno de ellos Clérigo, a la Compañía de Jesús, y diecisiete a la Orden tercera de san Francisco. Todos ellos, crucificados y alanceados por la fe católica, mientras alababan al Señor y predicaban la misma fe, acabaron gloriosamente. El Sumo Pontífice Pío IX los puso en el catálogo de los Santos.
2.- En el Ponto, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, en la persecución de Maximiano; de ellos unos, bañados en plomo derretido; otros, atormentados en las uñas con cañas agudísimas y vejados con muchos y horrendos suplicios varias veces repetidos, merecieron del Señor, con tan ilustre martirio, las palmas y coronas.
3.- En Alejandría, san Isidoro, soldado y Mártir, a quien, en la persecución de Decio, Numeriano, General del ejército, cortó la cabeza por la fe de Cristo.
4.- En Viena, san Avito, Obispo y Confesor, por cuya fe, celo y admirable doctrina se preservaron las Galias de la herética peste del Arrianismo.
5.- En Seben de la Recia segunda, san Ingenuíno, Obispor, cuya vida fue ilustre en milagros. Su sagrado cuerpo fue más tarde trasladado a Brixen, donde se guarda honoríficamente
6.- En Brixen, san Albuíno, Obispo, el cual trasladóla Cátedra Episcopal de Seben a dicha ciudad, donde, esclarecido en milagros, pasó al Señor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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6 de febrero
S. Tito, Obispo y Confesor D. – Blanco.

San Tito nació gentil y parece que fue convertido por san Pablo, quien lo llama su hijo en Cristo. Su virtud y méritos le ganaron el afecto del apóstol, pues encontramos que lo empleaba como secretario. Pablo lo trata como a su hermano y socio en sus labores, ensalza su celo por sus hermanos y expresa el consuelo que en él encontraba. En una ocasión declaró que no estaba tranquilo, porque no había encontrado a Tito en Troas.
Oración: Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a san Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Cesarea de Capadocia, el triunfo de santa Dorotea, Virgen y Mártir; la cual, siendo Sapricio Presidente de aquella Provincia, primeramente fue extendida en el potro, después abofeteada mucho tiempo y, por último, sentenciada a pena capital. En su martirio se convirtió a la fe de Cristo un abogado llamado Teófilo, que, siendo al punto horriblemente atormentado en el ecúleo, fue, por último, pasado a cuchillo.
2.- En Emesa de Fenicia, san Silvano, Obispo, el cual, habiendo gobernado cuarenta años aquella Iglesia, por fin, en la persecución de Maximiano, echado a las fieras junto con otros dos, y despedazado miembro a miembro, recibió la palma del martirio.
3.- El mismo día, los santos Mártires Saturnino, Teófilo y Revocata.
4.- En Auvernia de Francia, san Antoliano, Mártir.
5.- En Arras de la Galia, san Vedasto (Gastón), Obispo de la misma ciudad, cuya vida y muerte fue gloriosa en muchos milagros.
6.- En Elne de Francia, san Amando, Obispo de Utrech, que en vida y en muerte resplandeció con ilustres milagros. De su nombre se llamó después la ciudad en que había edificado un monasterio y acabado su vida mortal.
7.- En Bolonia, san Guarino, Cardenal y Obispo de Palestrina, ilustre en santidad de vida.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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7 de febrero
San Romualdo, Abad D. – Blanco

San Romualdo, Abad, Padre de los Monjes Camaldulenses, cuya muerte se conmemora el día 19 de Junio, pero su fiesta, por la Traslación de su cuerpo, se celebra principalmente en este día.
San Romualdo, fundador de los camaldulenses, vivió desordenadamente sus primeros años; empero, habiendo acompañado a su padre a un duelo, la muerte del adversario, que era un pariente, tan hondamente lo impresionó, que se retiró a un monasterio y persuadió a su padre a hacer otro tanto. Al trabajo manual unía rigurosos ayunos e increíble fervor de oración. No podía soportar que se rezase con tibieza. “Es mejor –decía– recitar con fervor un solo salmo, que no cien con indolencia”. Murió en el año 1027.
Oración: Haced, os suplicamos, Señor, que la intercesión de San Romualdo, abad, nos haga agradables ante Vuestra Majestad, y que obtengamos, por sus oraciones, las gracias que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S.
1.- En Augusta de Bretaña, que ahora se llama Londres, el triunfo de san Áugulo, Obispo, el cual, coronando con el martirio el curso de su vida, mereció recibir los premios eternos.
2.- En Frigia, san Adauco, Mártir, de esclarecido linaje italiano, a quien los Emperadores honraron con casi toda suerte de dignidades; y por fin, desempeñando aún el oficio de Cuestor, fue ennoblecido, por defender la fe, con la corona del martirio.
3.- Allí mismo, el triunfo de muchísimos santos Mártires, todos conciudadanos, cuya cabeza era el mismo Adauco; los cuales, siendo todos Cristianos y persistiendo constantes en la confesión de la fe, fueron consumidos en las llamas por el Emperador Galerio Maximiano.
4.- En Heraclea del Ponto, san Teodoro, jefe del Ejército, el cual, imperando Licinio, después de muchos tormentos, cortada la cabeza, voló vencedor al cielo.
5.- En Egipto, san Moisés, Obispo venerable, que primero hizo en el yermo vida solitaria, y después, creado Obispo a petición de Mauvia, Reina de los Sarracenos, convirtió en gran parte a la fe aquella gente ferocísima, y, glorioso en méritos, descansó en paz.
6.- En Luca de Toscana, el tránsito de san Ricardo, Rey de los Ingleses, que fue padre de san Villebaldo, Obispo de Eichstadt, y de santa Walburga Virgen.
7.- En Bolonia, santa Juliana, Viuda.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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8 de febrero
S. Juan de Mata, Confesor D. – Blanco

San Juan de Mata, Presbítero y Confesor, que fue Fundador de la Orden de la Santísima Trinidad, Redención de cautivos, y durmió en el Señor el 17 de Diciembre.
Este santo es el fundador de la orden de la Santísima Trinidad, destinada, al igual que la que más tarde fundó San Pedro Nolasco, al rescate de los cristianos cautivos de los moros. Tan baja opinión tenía de sí mismo y un respeto tan grande por el sacerdocio, que no consintió en ser ordenado sino por obediencia a los insistentes requerimientos del arzobispo de París. En el mismo día de su primera misa Dios le inspiró la generosa resolución de trabajar para la salvación de los cristianos que gemían en la esclavitud.
Oracion: Oh Dios, que milagrosamente habéis instituido, por medio de San Juan de Mata, la orden de la Santísima Trinidad, para el rescate de los cautivos del poder de los sarracenos, haced, benignamente, que ayudados por sus méritos y por vuestra gracia, seamos librados de la cautividad del cuerpo y del alma. Por J. C. N. S.
1.- En Somasca, territorio de Bérgamo, el tránsito de san Jerónimo Emiliano, Confesor, que fue Fundador de la Congregación de Somasca; el cual, ilustre en vida y después de la muerte, con muchos milagros, fue canonizado por el Sumo Pontífice Clemente XIII y elegido y declarado por el Papa Pío XI universal Patrono ante Dios de los huérfanos y de la juventud abandonada. Su fiesta se celebra el día 20 de Julio.
2.- En Roma, los santos Mártires Paulo, Lucio y Ciríaco.
3.- En la Armenia Menor, el triunfo de los santos Mártires Dionisio, Emiliano y Sebastián.
4.- En Constantinopla, el triunfo de los santos Mártires, Monjes del monasterio de Dío, los cuales, por la defensa de la fe católica, y porque habían llevado cartas del Papa san Félix III contra Acacio, recibieron muerte cruelísima.
5.- En Persia, la conmemoración de los santos Mártires, que en tiempo de Cábadas, Rey de los Persas, por la fe cristiana fueron muertos con diversos suplicios.
6.- En Alejandría, el suplicio de santa Coínta, Mártir, en tiempo del Emperador Decio, a la cual arrebataron los Gentiles, y, conducida a los ídolos, la obligaban a adorarlos; mas rehusándolo ella con abominación, la ataron por los pies con una soga, y arrastrándola así atada por las plazas de la ciudad, la despedazaron con horrendo suplicio.
7.- En Pavía, san Juvencio, Obispo, que trabajó valerosamente por el Evangelio.
8.- En Milán, el dichoso tránsito de san Honorato, Obispo y Confesor.
9.- En Verdún de Francia, san Pablo, Obispo, ilustre por; el don de milagros.
10.- Junto a Muret, territorio de Limoges, el tránsito de san Esteban, Abad, Fundador de la Orden de Grandmont, ilustre en virtudes y milagros.
11.- En el monasterio de Vallehumbrosa, el beato Pedro, Cardenal y Obispo de Albano, de la Orden de Vallehumbrosa, llamado el ígneo, porque pasó ileso por el fuego.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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9 de febrero
S. Cirilo de Alejandría, Ob. Conf. y Doctor de la Iglesia D. – Blanco

San Cirilo, Obispo de Alejandría, Confesor y Doctor de la Iglesia, de cuyo tránsito se hace memoria el 28 de Enero.
San Cirilo, obispo y doctor de la Iglesia, que, elegido para ocupar la sede de Alejandría de Egipto, mostró singular solicitud por la integridad de la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió el dogma de la unidad y unicidad de las personas en Cristo y de la divina maternidad de la Virgen María.
Oración: Señor, tú que hiciste de tu obispo san Cirilo de Alejandría un defensor invicto de la maternidad divina de la Virgen María, concédenos a cuantos la proclamamos verdadera Madre de Dios llegar, por la encarnación de tu Hijo, a la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
El mismo día:
Santa Apolonia, Virgen y Mártir
En Alejandría, el triunfo de santa Apolonia, Virgen y Mártir, a quien, imperando Decio, primeramente arrancaron los verdugos todos los dientes, y después, preparada y encendida una hoguera, amenazaron con quemarla viva si no profería con ellos palabras impías; mas ella, deliberando un momento consigo misma, se desasió repentinamente de las manos de aquellos impíos, y encendida el alma en el fuego del Espíritu Santo, mayor del que le tenían preparado, espontáneamente saltó a la hoguera, dejando consternados aun a los mismos autores de la crueldad, al ver una mujer más pronta a morir que el verdugo a quitarle la vida.
Oración: Oh Dios, que entre los maravillosos efectos de vuestro poder habéis hecho obtener la victoria del martirio al sexo más débil, haced, os suplicamos, que celebrando el nacimiento al cielo de vuestra virgen y mártir Santa Apolonia, nos aprovechemos de sus ejemplos para marchar por el camino que conduce a Vos. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, el suplicio de los santos Alejandro y otros treinta y ocho, que fueron con él coronados.
2.- En el castillo de Lemela, en África, los santos Mártires Primo y Donato, Diáconos, los cuales, custodiando el altar en la Iglesia, fueron muertos por los Donatistas.
3.- En Soli de Chipre, los santos Mártires Ammonio y Alejandro.
4.- En Antioquía, san Nicéforo, Mártir, el cual, en tiempo de Valeriano, decapitado, recibió la corona del martirio.
5.- En el monasterio de Fontenelle, en Francia, san Ansberto, Obispo de Ruán.
6.- En Canosa de la Pulla, san Sabino, Obispo y Confesor; el cual, como refiere san Gregorio Papa, adornado del espíritu de profecía y don de milagros, estando ya ciego, como un criado sobornado con dádivas le ofreciese una copa envenenada, lo conoció por inspiración divina, y profetizando la venganza que Dios tomaría pronto del sobornador, y haciendo la señal de la cruz, bebió seguro el veneno sin recibir ningún daño.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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10 de febrero
Santa Escolástica, Virgen D. – Blanco

En Monte-Casino, santa Escolástica, Virgen, hermana de san Benito Abad; cuya alma vio el Santo, en forma de paloma, salir del cuerpo y volar al cielo.
Santa Escolástica iba cada año a visitar a su ilustre hermano San Benito. Éste, no tolerando que una mujer entrase en su monasterio, la recibía en una casa cercana al Monte Cassino. En su última visita, rogó a su hermano prolongase hasta el día siguiente su piadosa conversación. Habiéndole respondido el santo que no podía pasar la noche fuera de su claustro, apoyó Escolástica su cabeza en la mesa, prorrumpiendo en lágrimas, y de inmediato Dios envió una violenta tempestad, para impedir a Benito el regreso a su monasterio. Tres días después, vio el santo el alma de su hermana subir al cielo en forma de paloma.
Oración: Oh Dios, que para mostrar la inocencia de Escolástica, vuestra virgen, hicisteis subir su alma al cielo en forma de paloma, concedednos por sus méritos y oraciones que vivamos una vida tan pura, que merezcamos llegar a las alegrías eternas. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, los santos Mártires Zótico, Ireneo, Jacinto y Amancio.
2.- Allí mismo, en la vía Lavicana, diez santos soldados Mártires.
3.- También en Roma, en la vía Apia, santa Sotera, Virgen y Mártir, que, según escribe san Ambrosio, siendo de noble linaje, menospreció por Cristo los Consulados y Prefecturas de sus padres; y por no ofrecer sacrificios, como le ordenaban, fue cruel y prolongadamente abofeteada, y superados también otros géneros de tormentos, por último, pasada a cuchillo; voló alegre al celestial Esposo.
4.- En Campania, san Silvano, Obispo y Confesor.
5.- En el Establo de Rodas, territorio de Siena, san Guillermo, Ermitaño.
6.- En una aldea de Ruán, santa Austreberta, Virgen, célebre en milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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11 de febrero
Aparición de la Inmaculada. Dm. – Blanco

En Lourdes de Francia, la Aparicion de la bienaventurada Virgen María Inmaculada.
El 11 de febrero de 1858, la Santísima Virgen dignose mostrarse por primera vez a Santa Bernardita Soubirous; la última aparición tuvo lugar el 16 de julio de ese mismo año. Desde entonces, las peregrinaciones se han sucedido procedentes de todas las partes del mundo, y, en multitud, los enfermos han acudido a implorar a María Inmaculada. Muchos han obtenido una milagrosa curación, muchos otros han recibido la gracia de soportar sus padecimientos con espíritu de fe y de ofrecerlos a Dios.
Oración: Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen habéis preparado un digno santuario a vuestro Hijo, concedednos, os suplicamos, que, celebrando la aparición de María Santísima, obtengamos la salud del alma y del cuerpo. Por J. C. N. S.
1.- En Andrinópolis de Tracia, los santos Mártires Lucio, Obispo, y sus compañeros, en tiempo de Constancio. Lucio, habiendo padecido muchísimo de loas Arrianos, consumó el martirio en la prisión; los otros, los más nobles de la ciudad, por no querer comunicar con los Arrianos anatematizados a la sazón en el Concilio Sardicense, fueron condenados a muerte por el Conde Filagrio.
2.- En África, el triunfo de los santos Mártires Saturnino, Presbítero, Dativo, Félix, Ampelio y sus Compañeros; los cuales, en la persecución de Diocleciano, acudiendo, como de costumbre, a solemnizar el Domingo, presos por los soldados, padecieron el martirio por orden del Procónsul Anolino.
3.- En Numidia, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que, apresados en la misma persecución, y no queriendo, conforme al edicto imperial, entregar las divinas Escrituras, con atrocísimos suplicios fueron atormentados y muertos.
4.- En Roma, san Gregorio II, Papa, que resistió acérrimamente a la impiedad de León Isáurico, y envió a Alemania a san Bonifacio a predicar el Evangelio.
5.- También en Roma, san Pascual I, Papa, que sacó de las criptas muchos cuerpos de santos Mártires, y los colocó honoríficamente en diversas Iglesias de la Ciudad.
6.- En Ravena, san Calócero, Obispo y Confesor.
7.- En Milán, san Lázaro, Obispo.
8.- En Capua, san Castrense, Obispo.
9.- En Castro-Landón de Francia, san Severino, Abad del monasterio de Acauno, por cuyas oraciones el piadoso Rey Clodoveo curó de una larga enfermedad.
10.- En Egipto, san Jonás, Monje, esclarecido por sus virtudes.
11.- En Viena de Francia, la Traslación del cuerpo de san Desiderio, Obispo y Mártir, desde el territorio de Lyon, en que había padecido el martirio el 23 de Mayo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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12 de febrero
Los 7 Santos Fundadores de los Servitas, Confesores D. – Blanco

Los siete santos Fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María: Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benito, Gerardino, Ricovero y Alejo, todos mercaderes de Florencia, que se retiraron de común acuerdo al monte Senario para servir a la Santísima Virgen María, y fundaron para ello una Orden bajo la Regla de san Agustín. Son conmemorados en este día, en el que falleció, ya centenario, el último de ellos, Alejo.
Oración: Señor, infunde en nosotros el espíritu de amor que llevó a estos santos hermanos a venerar con la mayor devoción a la Madre de Dios, y les impulsó a conducir a tu pueblo al conocimiento y al amor de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
1.- Los siete santos Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, Confesores, cuya muerte se conmemora en sus días respectivos. En vida los asoció un espíritu de verdadera fraternidad, y después de muertos los unió el culto con que a todos juntos veneró el pueblo fiel, y el haberlos también canonizado a una el Papa León XIII.
2.- En África, san Damián, soldado y Mártir.
3.- En Cartago, los santos Modesto y Julián, Mártires.
4.- En Alejandría, los santos infantes Modesto y Ammonio, Mártires.
5.- En Barcelona de España, santa Eulalia, Virgen, la cual, en el imperio de Diocleciano, habiendo sufrido el potro, las uñas aceradas y el fuego, por último, clavada en una cruz, recibió la gloriosa corona del martirio.
6.- En Constantinopla, san Melecio, Obispo de Antioquía, el cual, habiendo sufrido muchas veces el destierro, por defender la fe católica, al fin pasó al Señor en aquella ciudad. San Juan Crisóstomo y san Gregorio Niseno celebraron sus virtudes con grandísimos encomios.
7.- También en Constantinopla, san Antonio, Obispo, en tiempo del Emperador León VI.
8.- En Verona, san Gaudencio, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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13 de febrero
S. Martiniano, Ermitaño D. – Blanco

En Atenas, en Grecia, san Martiniano, que había abrazado la vida eremítica cerca de Cesarea, en Palestina (c. 398).
San Martiniano se retiró al desierto a la edad de 18 años. Llegose allí el demonio a tentarlo. Estaba a punto de sucumbir y abandonar su celda, cuando fue detenido por este pensamiento: ¡Desdichado, Dios te ve! Rechazó la tentación y volvió a emprender, con mayor ardor, sus ejercicios de piedad. Redobló el demonio sus esfuerzos para arrancarlo de la soledad y arrojarlo al mundo, donde esperaba hacerlo abandonar el servicio de Dios: pero San Martiniano triunfó de sus ataques por medio del ayuno, la mortificación y la oración.
Oración: Oh Dios, que cada año nos proporcionáis un nuevo motivo de júbilo en la fiesta del bienaventurado Martiniano, vuestro confesor, haced, benignamente, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra. Por J. C. N. S.
1.- En Antioquía, el nacimiento para el cielo de san Agabo, Profeta, de quien escribe san Lucas en los Hechos de los Apóstoles.
2.- En Todi de la Umbría, san Benigno, Presbítero y Mártir; el cual, en tiempo de los Emperadores Diocleciano y Maximiano, como no cesase de predicar, con la palabra y el ejemplo, la fe cristiana, fue preso por los idólatras, y atormentado con varios suplicios, coronó el ministerio sacerdotal con la gloria del martirio.
3.- En Melitina de Armenia, san Polieuto, Mártir, que en la persecución de Decio, a costa de muchos tormentos, alcanzó la corona del martirio.
4.- En Lyon de Francia, San julián, Mártir.
5.- En Ravena, las santas Fusca, Virgen, y Maura, su nodriza; las cuales, en el imperio de Decio, habiendo padecido muchas penalidades por orden del Presidente Quinciano, finalmente, traspasadas con una espada, consumaron el martirio.
6.- En Lyon de Francia, san Esteban, Obispo y Confesor.
7.- En Rieti, san Esteban, Abad, varón de admirable paciencia, a cuyo tránsito, como refiere san Gregorio Papa, asistieron los santos Ángeles, que fueron vistos de los circunstantes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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14 de febrero
San Valentín, Presbítero y Mártir S. – Rojo

En Roma, en la vía Flaminia, el triunfo de san Valentín, Presbítero y Mártir, que, siendo insigne por el don de curaciones y por la doctrina, fue apaleado y degollado por orden del César Claudio.
San Valentín, en su prisión, rogaba a Jesús que iluminase a los gentiles con los rayos de su divina luz. Asterio, lugarteniente del prefecto de Roma, oyó su plegaria, y le prometió creer que Jesús es la luz del mundo si devolvía la vista a su hija. Púsose el santo en oración y restituyó la vista a la ciega, con lo que Asterio, con toda su familia, se convirtió. Algunos días después, Valentín fue azotado y, finalmente, se le cortó la cabeza.
Oración: Haced, os suplicamos, Dios omnipotente, que celebrando el nacimiento al cielo de vuestro bienaventurado mártir Valentín, obtengamos por sus oraciones ser librados de todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S.
1.- Allí mismo, el tránsito de san Cirilo, Obispo y Confesor; el cual, junto con su hermano san Metodio, también Obispo, cuyo tránsito se conmemora el 6 de Abril, trajo a la fe de Cristo a muchas naciones Eslavas y a sus Reyes. La fiesta de ambos se celebra el 7 de Julio.
2.- En Roma también, los santos Mártires Vidal, Felícula y Zenón.
3.- En Terni, san Valentín, Obispo y Mártir, a quien después de prolongados azotes, echaron en la cárcel; mas no pudiendo vencerle, sacáronle de ella en el silencio de la medianoche y le degollaron por orden de Plácito, Prefecto de la ciudad.
4.- En Alejandría, los santos Mártires Cirión, Presbítero, Basiano, Lector, Agatón, Exorcista, y Moisés, todos los cuales, abrasados en la hoguera, volaron al cielo.
5.- En Terni, los santos Próculo, Efebo y Apolonio, Mártires; los cuales, velando junto al cuerpo de san Valentín, presos de orden del Consular Leoncio, fueron muertos con la espada.
6.- En Alejandría, los santos Mártires Baso, Antonio y Protólico, que fueron sumergidos en el mar.
7.- También en Alejandría, los santos Mártires Dionisio y Ammonio, degollados.
8.- En Nápoles de Campania, san Nostriano, Obispo, que fue insigne en defender la fe católica contra la herejía.
9.- En Ravena, san Eleucadio, Obispo y Confesor.
10.- En Bitinia, san Auxencio, Abad.
11.- En Sorrento, san Antonino, Abad, que, retirándose del monasterio de Monte Casino, asolado por los Longobardos, a un lugar solitario de aquella ciudad, allí mismo, célebre en santidad, durmió en el Señor. Su cuerpo resplandece cada día con muchos milagros, principalmente en librar energúmenos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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15 de febrero
Santos Faustino y Jovita, Mártires. S. – Rojo

En Brescia, el triunfo de los santos Mártires Faustino y Jovita, hermanos, que en el imperio de Adriano, al cabo de muchos y gloriosos combates sostenidos por la fe de Cristo, recibieron la victoriosa corona del martirio.
Faustino y Jovita [nombre masculino], que eran hermanos, habían nacido en Brescia, de noble cuna. Las «Actas» de estos mártires son de autoridad dudosa, de suerte que lo único cierto son sus nombres y el hecho de su martirio. Según la tradición de Brescia, ambos santos predicaron valientemente el cristianismo, en tanto que el obispo de la ciudad se había escondido por temor. Su celo excitó la furia de los paganos. Un poderoso señor pagano, llamado Julián, les aprehendió. Los mártires fueron torturados y enviados a Milán. Roma y Nápoles, de donde volvieron finalmente a Brescia. Citaremos un hecho para ilustrar el carácter extravagante de estas novelas hagiográficas: Se cuenta que durante el viaje de Roma a Nápoles, los santos bautizaron a 191,128 personas; 42,118 en Lubras, 22,600 en el Puente Milvio, 73,200 en Roma y 53,210 en Nápoles. En vista de que ni las torturas ni las amenazas consiguieron doblegar su constancia, el emperador Adriano, que se hallaba de paso en Brescia, ordenó que fuesen decapitados. La ciudad de Brescia les venera como sus principales patronos y pretende poseer sus reliquias.
1.- En Roma, san Cratón, Mártir, que bautizado con su esposa y toda su familia por san Valentín, Obispo, no mucho después, juntamente con ellos, consumó el martirio.
2.- En Terni, el nacimiento para el cielo de los santos Mártires Saturnino, Cástulo, Magno y Lucio.
3.- Allí mismo, santa Ágape, Virgen y Mártir.
4.- En Vaison de las Galias, san Quinidio, Obispo, cuya muerte atestiguan que fue preciosa en el acatamiento del Señor los frecuentes milagros.
5.- En Capua, san Decoroso, Obispo y Confesor.
6.- En la provincia de Valeria, san Severo, Presbítero, el cual, como escribe san Gregorio Papa, con sus lágrimas devolvió la vida a un difunto.
7.- En Antioquía, san José, Diácono.
8.- En Auvernia de Francia, santa Georgia, Virgen.
9.- En Paray-le-Monial, de Borgoña, en Francia, san Claudio La Colombière, presbítero de la Compañía de Jesús, que siendo hombre entregado a la oración, con sus consejos dirigió a muchos en su esfuerzo para amar a Dios (1682).
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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16 de febrero
Santa Juliana, Virgen y Mártir – Rojo

En Nicomedia, santa Juliana, Virgen y Mártir; la cual, imperando Maximiano, fue primero azotada cruelmente por su padre Africano, después atormentada de varias maneras por el Prefecto Evilasio, con quien había rehusado casarse, y luego encerrada en una cárcel, donde visiblemente luchó con el demonio; últimamente, habiendo vencido el suplicio del fuego y el de una caldera hirviendo, degollada consumó el martirio. Su cuerpo fue más tarde trasladado a Cumas, en Campania.
Oración: Que la bienaventurada Juliana, virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, Señor, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valor en confesar vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, san Onésimo, de quien escribe el Apóstol san Pablo a Filemón, y a quien después de san Timoteo consagró Obispo de Éfeso, y encomendó la predicación del Evangelio. Conducido preso a Roma, y apedreado por la fe de Cristo, fue primero sepultado allí mismo; mas luego fue trasladado su cuerpo al lugar donde había sido ordenado Obispo.
2.- En Egipto, san Julián, Mártir, con otros cinco mil.
3.- En Cesarea de Palestina, los santos Mártires Egipcios Elías, Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel; los cuales, habiendo servido espontáneamente a los Confesores de Cristo condenados a las minas de Cilicia, presos al volver de allí, fueron cruelmente atormentados por el Presidente Firmiliano, en el imperio de Galerio Maximiano, y, finalmente, pasados a cuchillo. Después de ellos, san Porfirio, criado del Mártir Panfilo, y san Seleuco de Capadocia, que habían muchas veces vencido en repetidos combates, fueron de nuevo atormentados, y el uno en el fuego y el otro por la espada recibieron la corona del martirio.
4.- En Brescia, san Faustino, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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17 de febrero
San Alejo, Confesor S – Blanco

En Florencia, san Alejo de Falconeri, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María; el cual, siendo de edad de ciento diez años, regalado con la presencia de Jesucristo y de los Ángeles, descansó con santo fin. Su fiesta, con la de sus Compañeros, se celebra el 12 de este mes.
1.- En Roma, el martirio de san Faustino, a quien siguieron a la corona otros cuarenta y cuatro.
2.- En Persia, el triunfo de san Policromo, Obispo de Babilonia; el cual, en la persecución de Decio, herido en la cara con piedras, extendidas las manos y levantados los ojos al cielo, entregó su espíritu.
3.- En Concordia, en los confines de Venecia, los santos Mártires Donato, Secundiano y Rómulo, con otros ochenta y seis compañeros de la misma corona.
4.- En Cesarea de Palestina, san Teodulo, anciano; el cual, siendo de la familia del Presidente Firmiliano, movido con el ejemplo de los Mártires, confesó constantemente a Cristo, y, clavado en una cruz, mereció, con tan distinguido triunfo, la palma del martirio.
5.- En el mismo lugar, san Julián de Capadocia, que, por besar los cuerpos de los dichos Mártires, acusado de Cristiano y conducido al Presidente, fue, por orden de éste, quemado a fuego lento.
6.- En la aldea de Therouanne, en Francia, san Silvino, Obispo de Tolosa.
7.- En el monasterio de Clonenagh, en Irlanda, san Fintano, Presbítero y Abad.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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18 de febrero
San Simeón, Obispo y Mártir S. – Rojo

En Jerusalén, el triunfo de san Simeón, Obispo y Mártir, de quien es tradición fue hijo de Cleofás, y pariente del Salvador, según la carne. Ordenado Obispo de Jerusalén después de Santiago, el llamado hermano del Señor, y sufridos, en la persecución de Trajano, muchos tormentos, consumó el martirio, admirándose todos los presentes, y hasta el mismo Juez, de ver un anciano de ciento veinte años sufrir con tanta fortaleza y constancia el suplicio de la cruz.
Este santo, que era pariente de Jesucristo según la carne, y que tuvo el honor de morir en una cruz como Él, nos enseña que las cruces son favores conque Jesús honra a los que ama. Sucedió el santo a Santiago como obispo de Jerusalén, y después de haber dado admirables pruebas de su celo por la salvación de las almas, rubricó su paciencia padeciendo el suplicio de la cruz.
Oración: Dios todopoderoso, mirad nuestra debilidad, ved cuán agobiados estamos bajo el peso de nuestros pecados, y fortificadnos por la intercesión de San Simeón, vuestro pontífice mártir. Por J. C. N. S.
1.- En Ostia del Tíber, los santos Mártires Máximo y Claudio, hermanos, y Prepedigna, mujer de Claudio, con dos hijos, Alejandro y Cucia, todos de muy esclarecido linaje; los cuales, por orden de Diocleciano, fueron presos y desterrados, y, por fin, quemados en la hoguera, ofrecieron a Dios, en suave olor, el sacrificio del martirio. Sus reliquias, arrojadas al río y buscadas con suma diligencia por los Cristianos, recibieron sepultura junto a la misma ciudad.
2.- En África, los santos Mártires Lucio, Silvano, Rútulo, Clásico, Secundino, Frúctulo y Máximo.
3.- En Constantinopla, san Flaviano, Obispo, que, por defender la fe católica en Éfeso, fue herido a puñadas y coces por la facción del impío Dióscoro, y, arrojado al destierro, a los tres días terminó allí mismo la vida.
4.- En Toledo de España, san Eladio, Obispo y Confesor, a quien san Ildefonso, Obispo Toledano, celebra con muchas alabanzas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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19 de febrero
San Gabino, Mártir D. – Rojo

En Roma, el triunfo de san Gabino, Presbítero y Mártir, que fue hermano del Papa san Cayo, el cual, aherrojado largo tiempo en la cárcel por Diocleciano, con una preciosa muerte se granjeó los gozos celestiales.
San Gabino, después de la muerte de su esposa, fue ordenado sacerdote. Fue de gran ayuda para el gobierno de la Iglesia, al lado de San Cayo, su hermano, que Sucedió al Papa Eutiquio. Recorría los bosques, penetraba en las cavernas, donde la persecución obligaba a refugiarse a los cristianos; con frecuencia pasaba las noches en el hueco de las rocas y, para fortificar a esos generosos atletas, allí ofrecía el Sacrificio divino. Su celo le mereció la palma del martirio.
Oración: Dios todopoderoso, haced, os suplicamos, que celebrando el nacimiento al cielo del bienaventurado Gabino, vuestro mártir, seamos fortificados por sus oraciones en el amor de vuestro Nombre. Por J. C. N. S.
1.- En África, los santos Mártires Publio, Julián, Marcelo y otros.
2.- En Palestina, la conmemoración de los santos Monjes y otros Mártires que, en odio a la fe cristiana, fueron cruelísimamente muertos por los Sarracenos que acaudillaba Almondir.
3.- En Nápoles de Campania, san Quod-vult-Deus, Obispo de Cartago, el cual, junto con su Clero, puesto por el Rey Arriano Genserico en unas naves rotas, sin remos ni velas, llegó, contra toda esperanza, a Nápoles, y, allí desterrado, murió Confesor.
4.- En Jerusalén, san Zambdas, Obispo.
5.- En Soles de Chipre, san Auxibio, Obispo.
6.- En Benevento, san Barbato, Obispo, que, célebre en santidad, convirtió a los Longobardos y a su Caudillo a la fe de Cristo.
7.- En Milán, san Mansueto, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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20 de febrero
Santos Mártires en número desconocido

En Tiro de Fenicia, la conmemoración de los santos Mártires, cuyo número sólo es conocido de Dios. Todos ellos, imperando Diocleciano, fueron muertos por Veturio, general del Ejército, a poder de multiplicados y sucesivos tormentos: porque primero les desgarraron con azotes todo el cuerpo, después los echaron a varias clases de fieras; pero saliendo, por divina virtud, completamente ilesos, finalmente, en el bárbaro suplicio del fuego y del cuchillo consumaron el martirio. Animaban a la victoria a esta gloriosa multitud los Obispos Tiranión, Silvano, Peleo y Nilo, y el Presbítero Zenobio, los cuales, con feliz combate, en compañía de los demás, alcanzaron la palma del martirio.
1.- En Constantinopla, san Eleuterio, Obispo y Mártir.
2.- En Persia, el triunfo de san Sadot, Obispo, y otros ciento veintiocho; los cuales, en tiempo de Sapor, Rey de Persia, negándose a adorar al Sol, se granjearon, con muerte cruel, ilustres coronas.
3.- En Chipre, los santos Mártires Potamio y Nemesio.
4.- En Catania de Sicilia, san León, Obispo, que resplandeció en virtudes y milagros.
5.- En el mismo día san Euquerio, Obispo de Orleáns, que, tanto más resplandeció por sus milagros cuanto con más calumnias le acusaban sus émulos.
6.- En Tournay de las Galias, san Eleuterio, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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21 de febrero
San Seberiano

En Escitópolis de Palestina, san Severiano, Obispo y Mártir, que, oponiéndose acérrimamente a los Eutiquianos, fue muerto al filo de la espada.
1.- En Sicilia, el triunfo de setenta y nueve santos Mártires, que, imperando Diocleciano, por diversos tormentos, merecieron recibir la corona de su confesión.
2.- En Adrumeto de África, los santos Mártires Vérulo, Secundino, Siricio, Félix, Sérvulo, Saturnino, Fortunato y otros dieciséis, los cuales, en la persecución de los Vándalos, por la confesión de la fe católica fueron coronados del martirio.
3.- En Damasco, san Pedro Mavimeno, el cual, por haber dicho a unos Árabes que le visitaron estando enfermo: «Todo el que no abraza la fe Cristiana católica se condena, como también se condenó vuestro falso profeta Mahoma», fue muerto por ellos.
4.- En Metz de Francia, san Félix, Obispo.
5.- En Brescia, san Paterio, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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22 de febrero
La Cátedra de San Pedro en Antioquía Dm. – Blanco

En Antioquía, la Cátedra de san Pedro Apóstol, donde por primera vez comenzaron los fieles a llamarse Cristianos.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella; y a ti te daré las llaves del reino de los cielos.
La Iglesia celebra en este día la toma de posesión, por San Pedro, del obispado de Antioquía. Bien merecido tenía esta ciudad de que su primer obispo fuese el Príncipe de los apóstoles y Vicario de Jesucristo, pues en ella los fieles hacíanse cada vez más numerosos, y allí, por vez primera, tomaron el bello nombre de cristianos que han conservado después. San Pedro trasladose posteriormente a Roma y estableció en ella su sede episcopal definitiva.
Oración: Oh Dios, que al confiar a San Pedro, vuestro Apóstol, las llaves del reino de los cielos, le disteis el poder de atar y desatar, concedednos por su intercesión la gracia de ser librados de las cadenas que nos sujetan al pecado. Vos, que siendo Dios, vivís y reináis por todos los siglos de los siglos.
1.- En Faenza de la Emilia, el triunfo de san Pedro Damián, Cardenal y Obispo de Ostia y Confesor, de la Orden Calmaldulense, célebre en doctrina y santidad, a quien el Papa León XII declaró Doctor de la Iglesia. Su fiesta se celebra el día siguiente.
2.- En Salamina de Chipre, san Aristión, que, según atestigua san Papías, de quien enseguida se hará mención, fue uno de los setenta y dos discípulos de Cristo.
3.- En Hierápolis de Frigia, san Papías, Obispo de la misma ciudad, que fue discípulo de san Juan el Anciano, y compañero de san Policarpo.
4.- En Arabia, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, a quienes, imperando Galerio Maximiano, quitaron la vida cruelísimamente.
5.- En Alejandría, san Abilio, Obispo, que constituido segundo Obispo de aquella ciudad después de san Marcos, desempeñó con insigne virtud el ministerio pastoral.
6.- En Viena de Francia, san Pascasio, Obispo, preclaro por la doctrina y santidad de vida.
7.- En Ravena, san Maximiano, Obispo y Confesor.
8.- En Cortona de Toscana, santa Margarita, de la tercera Orden de san Francisco, que con admirable penitencia y copiosísimas lágrimas lavó incesantemente las manchas de su vida pasada. Su cuerpo, milagrosamente incorrupto, despide un olor suavísimo, y, esclarecido con frecuentes milagros, es allí mismo honrado con gran veneración.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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23 de febrero
San Pedro Damián, obispo, confesor y doctor. D. – Blanco

San Pedro Damián, de la Orden Camaldulense, Cardenal y Obispo de Ostia, Confesor y Doctor de la Iglesia, que voló al cielo el día de ayer.
Pedro quedó huérfano desde muy joven y fue enviado a casa de uno de sus hermanos, ya casado, quien lo trató duramente y lo mandó a cuidar cerdos. Un día encontró una moneda de plata y la empleó en hacer celebrar una misa por el alma de su padre. Dios recompensó su piedad filial. Otro de sus hermanos, llamado Damián, lo recibió en su casa y lo hizo estudiar. Más tarde, Pedro se unió a los Ermitaños de la Santa Cruz, entre los cuales se distinguió por la austeridad de su vida. Esteban IX lo nombró cardenal obispo de Ostia. Después de haber ilustrado su sede con sus eminentes virtudes, volvió a la soledad de Fuente Avellana. Murió en Faenza, en 1072, volviendo de Ravena, adonde el Papa lo había enviado a restablecer el orden y la obediencia a la autoridad pontificia.
Oración: Oh Dios todopoderoso, dignaos concedernos la gracia de seguir los consejos y ejemplos del bienaventurado Pedro, tu confesor pontífice, a fin de que por el desprecio de las cosas terrenales obtengamos los gozos eternos. Por J. C. N. S.
1.- En Esmirna, el triunfo de San Policarpo, discípulo de San Juan Apóstol, y por él consagrado Obispo de aquella ciudad, que fue el Principal de toda el Asia. Después, en tiempo de Marco Antonino y de Lucio Aurelio Cómmodo, en presencia del Procónsul, y vociferando contra él todo el pueblo en el anfiteatro, fue arrojado a la hoguera; pero no recibiendo daño del fuego, atravesado con la espada recibió la corona del martirio. Junto con él fueron martirizados en la misma ciudad otros doce que habían llegado de Filadelfia. La fiesta de san Policarpo se celebra el 26 de enero.
2.- En Sirmio, san Sireno, Monje y Mártir, el cual, preso de orden del Emperador Maximiano y confesando que era Cristiano, fue degollado.
3.- Allí mismo, el triunfo de setenta y dos santos Mártires, que, consumando en dicha ciudad el combate del martirio, entraron en el reino perdurable.
4.- En la ciudad de Astorga, en España, santa Marta, Virgen y Mártir; la cual, siendo Emperador Decio y Procónsul Paterno, fue, por la fe de Cristo, cruelmente atormentada, y muerta finalmente por la espada.
5.- En Constantinopla, san Lázaro, Monje, que, por pintar Imágenes sagradas, fue, de orden del Emperador Teófilo Iconoclasta, atormentado con atroces suplicios y le quemaron la mano con un hierro candente; pero curado por virtud divina, volvió a pintar las sagradas Imágenes que le habían raído, y últimamente descansó en paz.
6.- En Brescia, san Félix, Obispo.
7.- En Roma, san Policarpo, Presbítero; el cual, en unión de san Sebastián, convirtió muchísimos a la fe de Cristo, y con sus exhortaciones los condujo a la gloria del martirio.
8.- En Sevilla de España, san Florencio, Confesor.
9.- En Todi de Umbría, santa Romana, Virgen, que, bautizada por el Papa san Silvestre, pasó en grutas y cuevas vida celestial y resplandeció con gloriosos milagros.
10.- En Inglaterra, santa Milburga, Virgen, hija del Rey de los Hercios.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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24 de febrero
Vigilia de San Matías Apóstol S. – Morado (en año bisiesto)

En Judea, el nacimiento para el cielo de san Matías, Apóstol, al cual, después de la Ascensión del Señor, eligieron por suerte los Apóstoles en lugar de Judas el traidor, y, por la predicación del Evangelio, padeció el martirio.
Cayó la suerte a Matías, con lo que fue agregado a los once Apóstoles.
San Matías fue elegido por los apóstoles después de la Ascensión del Salvador para reemplazar al pérfido Judas. Congregados, los fieles oraron al Espíritu Santo para que les diese a conocer la persona que Él había destinado para este ministerio; enseguida, echaron suertes, y cayó la suerte a Matías. El nuevo Apóstol predicó el Evangelio a los pueblos de la Judea y de la Etiopía; su celo le atrajo el odio de los judíos, que lo lapidaron y le cortaron la cabeza.
Oración: Oh Dios, que habéis puesto a San Matías en el número de vuestros Apóstoles, haced, por su intercesión, que sin cesar experimentemos los efectos de vuestra inagotable misericordia. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, santa Primitiva, Mártir.
2.- En Ruán, el suplicio de san Pretextato, Obispo y Mártir.
3.- En Cesarea de Capadocia, san Sergio, Mártir, cuyos hechos preclaros se conservan escritos.
4.- En África, los santos Mártires Montano, Lucio, Julián, Victórico, Flaviano y Compañeros, que fueron discípulos de san Cipriano, e imperando Valeriano consumaron el martirio.
5.- En Tréveris, san Modesto, Obispo y Confesor.
6.- Cerca de Stilo, en Calabria, san Juan, por sobrenombre Terestes, insigne por la observancia de la vida monástica y por la santidad.
7.- En Inglaterra, san Edilberto, Rey de los Kantios, a quien San Agustín, Obispo de los Ingleses, convirtió a la fe de Cristo.
8.- En Jérusalén, la primera Invención de la cabeza de san Juan Bautista, Precursor del Señor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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25 de febrero
San Matías, Apóstol. D. 2ª. cl. – Rojo

En Judea, el nacimiento para el cielo de san Matías, Apóstol, al cual, después de la Ascensión del Señor, eligieron por suerte los Apóstoles en lugar de Judas el traidor, y, por la predicación del Evangelio, padeció el martirio.
Cayó la suerte a Matías, con lo que fue agregado a los once Apóstoles.
San Matías fue elegido por los apóstoles después de la Ascensión del Salvador para reemplazar al pérfido Judas. Congregados, los fieles oraron al Espíritu Santo para que les diese a conocer la persona que Él había destinado para este ministerio; enseguida, echaron suertes, y cayó la suerte a Matías. El nuevo Apóstol predicó el Evangelio a los pueblos de la Judea y de la Etiopía; su celo le atrajo el odio de los judíos, que lo lapidaron y le cortaron la cabeza.
Oración: Oh Dios, que habéis puesto a San Matías en el número de vuestros Apóstoles, haced, por su intercesión, que sin cesar experimentemos los efectos de vuestra inagotable misericordia. Por J. C. N. S.
1.- En Egipto, el triunfo de los santos Mártires Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapión y Papías, en tiempo del Emperador Numeriano. Los dos primeros, sufridos constantemente, por la confesión de la fe, exquisitos géneros de tormentos, fueron degollados; Nicéforo, después de superar las parrillas encendidas y la hoguerá, fue cortado en menudos pedazos; Claudiano y Dióscoro fueron quemados; Serapión y Papías, pasados a cuchillo.
2.- En África, los santos Mártires Donato, Justo, Herena y sus Compañeros.
3.- En Constantinopla, san Tarasio, Obispo, insigne en doctrina y piedad, a quien el Papa Adriano I escribió una carta en defensa de las sagradas Imágenes.
4.- En Nazianzo de Capadocia, san Cesáreo, que fue hijo de santa Norma y hermano de los santos Gregorio el Teólogo y Gorgonia, y de quien el mismo Gregorio atestigua que le vio entre los coros de los Santos.
5.- En el monasterio de Heidenhem, diócesis de Eichstadt, en Alemania, santa Walburga, Virgen, que fue hija de san Ricardo, Rey de los Ingleses, y hermana de Villebaldo, Obispo de Eichstadt.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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26 de febrero
San Nestor, Obispo y Mártir S. Rojo

En Perga de Panfilia, el triunfo de san Néstor, Obispo; el cual, en la persecución de Decio, suplicando instantemente a Cristo día y noche que custodiase su grey, fue preso, y luego, por confesar con admirable libertad y alegría el nombre del Señor, fue atormentado cruelmente en el potro, de orden del Presidente Folión, y, por último, protestando constantemente que estaría siempre unido a Cristo, colgado de una cruz voló vencedor al cielo.
Como supiese San Néstor que se le buscaba para ser martirizado, dijo adiós a todos sus servidores y se presentó a los soldados que iban a prenderlo. Le prometieron hacerle sumo sacerdote de los ídolos, si quería renunciar a la fe. Mas prefirió el oprobio de la cruz a todos los honores de la gentilidad. Se le extendió en el potro y se le puso en una cruz; en todas partes alababa a Dios, e invitaba a los demás a que lo reconocieran y lo adoraran con él.
Oración: Dios todopoderoso, mirad nuestra flaqueza; ved cuán agobiados estamos bajo el peso de nuestros pecados, y fortificadnos por la intercesión del bienaventurado Néstor, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S.
1.- En la misma ciudad, el suplicio de los santos Papías, Diodoro, Conón y Claudiano, que precedieron a san Néstor en el martirio.
2.- También los santos Mártires Fortunato, Félix y otros veintisiete.
3.- En Alejandría, san Alejandro, Obispo, glorioso anciano, sucesor de san Pedro, Obispo de la misma ciudad, que, inflamado en el celo de la fe, arrojó de la Iglesia a su Presbítero Arrio, contaminado con la herética impiedad y convencido con la verdad divina; después, entre los trescientos dieciocho Padres del Concilio Niceno, condenó a dicho heresiarca.
4.- En Bolonia, san Faustiniano, Obispo; el cual, con la virtud de su predicación, confirmó y acrecentó aquella Iglesia, vejada por la persecución de Dioclecianó.
5.- En Gaza de Palestina, san Porfirio, Obispo, que, imperando Arcadio, echó por tierra el ídolo Marna y su templo, y, después de muchos tormentos, descansó en el Señor.
6.- En Florencia, san Andrés, Obispo y Confesor.
7.- En territorio de Arcis, en Francia, san Víctor, Confesor, cuyas alabanzas escribió san Bernardo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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27 de febrero
San Gabriel de la Dolorosa, Confesor D. – Blanco

El mismo día en España:
San Leandro, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia. Blanco
En Isola del Abruzzo, san Gabriel de la Virgen Dolorosa, Clérigo de la Congregación llamada de la Cruz y Pasión del Señor, y Confesor; el cual, esclarecido con grandes méritos en el breve curso de su vida, y con milagros después de la muerte, fue puesto en el catálogo de los santos por el Papa Benedicto XV.
1.- En Roma, el triunfo de los santos Mártires Alejandro, Abundio, Antígono y Fortunato.
2.- En Alejandría, el suplicio de san Julián, Mártir, que, padeciendo de gota hasta el punto de no poder andar ni mantenerse en pie, fue presentado al Juez con dos criados suyos, que le llevaban en una silla; de éstos, el uno negó la fe; el otro, llamado Euno, perseveró con su amo en la confesión de Cristo. Ambos, Julián y Euno, puestos en sendos camellos, fueron paseados por toda la ciudad, cruelmente azotados, y por último, encendida una hoguera, quemados en medio del pueblo, que lo contemplaba.
3.- En el mismo lugar, san Besa, soldado, el cual, como refrenase a los que insultaban a dichos Mártires, llevado al Juez y confesando constantemente la fe, fue decapitado.
4.- En Sevilla de España, el tránsito de san Leandro, Obispo de la misma ciudad, hermano de los santos Isidoro Obispo y Florentina Virgen; el cual, con su predicación e industria, y con la ayuda del Rey Recaredo, convirtió a la nación Visigoda, de la impiedad Arriana a la fe católica. De ordinario se representa a San Leandro teniendo en la mano un corazón envuelto en llamas, símbolo de su amor por Dios. Nombrado obispo de Sevilla, comunicó a su rebaño los ardores celestiales que consumían su alma e ilustró a los arrianos con sus sabios escritos. Sus elocuentes predicaciones convirtieron a la fe a Recaredo, que fue el primer rey católico de España. Murió en el año 596.
Oración: Oh Dios todopoderoso, haced que esta augusta solemnidad del bienaventurado Leandro, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.
5.- En Constantinopla, los santos Confesores Basilio y Procopio, que en tiempo del Emperador León combatieron valerosamente por el culto de las sagradas Imágenes.
6.- En Lyon de Francia, san Baldomero, Subdiácono, varón consagrado a Dios, cuyo sepulcro resplandece con frecuentes milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

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28 de febrero
Santos Mártires Macario, Rufino, Justo y Teófilo.

En Roma, el triunfo de los santos Mártires Macario, Rufino, Justo y Teófilo.
1.- En Alejandría, el martirio de los santos Cereal, Púpulo, Cayo y Serapión.
2.- Allí mismo, la conmemoración de los santos Presbíteros, Diáconos y otros muchísimos, los cuales, en tiempo del Emperador Valeriano, como cundiese una peste asoladora, sirviendo a los contagiados de la enfermedad, arrostraron de muy buena voluntad la muerte, y la religiosa piedad de los fieles acostumbra venerarlos como Mártires.
3.- En Roma, san Hílaro, Papa y Confesor.
4.- En el territorio de Lyon, en el monte Jura, el tránsito de san Román, Abad, el primero que vivió allí vida eremítica, y, esclarecido en muchas virtudes y milagros, fue después Padre de muchísimos Monjes.
5.- En Pavía, la Traslación del cuerpo de san Agustín, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, desde la isla de Cerdeña, por obra de Luitprando, Rey de los Longobardos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias

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29 de febrero
San Hilario papa

En Roma, en la vía Tiburtina, sepultura de san Hilario, papa, que escribió cartas sobre la fe católica, con las que confirmó los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia, enalteciendo el primado de la Sede Romana (468).
1.- En Worchester, en Inglaterra, san Osvaldo, obispo, que fue primero canónigo y después monje, presidió las sedes de Worchester y de York, introdujo en muchos monasterios la Regla de san Benito, siendo un maestro benigno, alegre y docto (992).
2.- En L’Aquila, en el Abruzo, beata Antonia de Florencia, viuda, después fundadora y primera abadesa del monasterio de Corpus Christi, siguiendo la primera Regla de santa Clara (1472).
3.- En la ciudad de Xilinxian, en la provincia china de Guangxi, san Agusto Chapdelaine, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, detenido por los soldados junto con muchos neófitos de esta región a los que había convertido, recibió trescientos azotes, fue encerrado en una reducido agujero y finalmente degollado (1856).
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

PADRES DE LA IGLESIA (1)

IMPORTANCIA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

   En el uso de la Biblia y de la antigüedad cristiana, la palabra «Padre» se aplicaba en un sentido espiritual a los maestros. San Pablo dice a los Corintios: «Aunque tengáis diez mil preceptores en Cristo, no teneis muchos padres, porque sólo yo os he engendrado en Jesucristo por medio del Evangelio»(1). Y San Ireneo de Lyon: «Cuando alguien recibe la enseñanza de labios de otro, es llamado hijo de aquél que le instruye, y éste, a su vez, es llamado padre suyo»(2). Como el oficio de enseñar incumbía a los obispos, el título de «Padre» fue aplicado originariamente a ellos.

   Coincidiendo con las controversias doctrinales del siglo IV, el concepto de «Padre» se amplía bastante. Sobre todo, el nombre se usa en plural—«los Padres», «los Padres antiguos», «los Santos Padres»—, y se reserva para designar a un grupo más o menos circunscrito de personajes eclesiásticos pertenecientes al pasado, cuya autoridad es decisiva en materia de doctrina. Lo verdaderamente importante no es la afirmación hecha por uno u otro aisladamente, sino la concordancia de varios en algún punto de la doctrina católica. En este sentido, el pensamiento de los obispos reunidos en el Concilio de Nicea, primero de los Concilios ecuménicos (año 325), adquiere enseguida un valor y una autoridad muy especiales: es preciso concordar con ellos para mantenerse en la comunión de la Iglesia Católica. Refiriéndose a los Padres de Nicea, San Basilio escribe: «Lo que nosotros enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que hemos aprendido de los Santos Padres»(3). A partir del siglo V, el recurso a «los Padres» se convierte en argumento que zanja las controversias.

Por qué conocer a los Padres

   ¿Por qué es tan importante, en el momento actual, el conocimiento de los escritos de los Padres? Se dan tres razones fundamentales:

  • 1) Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia.
  • 2) Los Padres nos han transmitido un método teológico que es a la vez luminoso y seguro.
  • 3) Los escritos de los Padres ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre.
  • 4. El análisis de estas afimnaciones puede servirnos para ilustrar cómo los escritos de estos autores constituyen un verdadero tesoro de la Iglesia; un tesoro cuyo conocimiento y disfrute no debería quedar reservado a unos pocos, ya que es patrimonio de todos los cristianos.

   La doctrina predicada por Jesucristo, Palabra de Dios dirigida a los hombres, fue consignada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo y entregada a la Iglesia. La Sagrada Escritura es, por eso, un Libro de la Iglesia: sólo en la Iglesia, a la luz de una Tradición que se remonta al mismo Cristo, puede ser adecuadamente entendida y transmitida a las generaciones posteriores. Las ciencias positivas de que hace uso la moderna exégesis constituyen, sin duda, un instrumento valiosísimo para profundizar en el contenido de la revelación, pero a condición de que no se utilicen fuera del sentir de la Iglesia, y menos aún, contra el sentir de la Iglesia. Cuando se cercena esta relación esencial existente entre la Biblia y la Iglesia, la Palabra de Dios queda desposeída de su virtud salvífica, transformadora de los hombres y de la sociedad, y se ve reducida a mera palabra de hombres.

Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición

   Los Santos Padres nos transmiten, con sus comentarios y escritos, la doctrina viva que predicó Jesucristo, transmitida sin interrupción por los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Por su cercanía a aquel tiempo, el testimonio de los Padres goza de especial valor.

   Habitualmente se considera que su época abarca los siete primeros siglos de la Era Cristiana. Naturalmente, cuanto más antiguo sea un Padre, más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado en sintonía con esas enseñanzas.

   Ortodoxia de doctrina y santidad de vida constituyen, pues, notas distintivas de los Padres. Algunos—no muchos en relación al total—han sido formalmente declarados tales por la Iglesia, al ser citados con honor por algún Concilio o en otros documentos oficiales del Magisterio eclesiástico. La mayoría, sin embargo, no han recibido esa aprobación explícita; el solo hecho de su antigüedad, unida a la santidad de su vida y a la rectitud de sus escritos, basta para hacerles merecedores del título de «Padres» de la Iglesia.

   Como se ve, esas dos notas resultan esenciales. Por esta razón, si falta alguna, a esos escritores no se les cuenta propiamente en el número de los Padres, aunque sean muy antiguos. Muchos de ellos, sin embargo, son tenidas en gran consideración por la Iglesia, que les reconoce incluso una especial autoridad en algún campo. Resulta obvio aclarar que nunca se trata de autores que voluntariamente se apartaron de la unidad de la fe, como es el caso de los que fueron declarados herejes por algún Concilio. Se trata más bien de personajes que, de buena fe, erraron en algún punto de doctrina no suficientemente aclarado en esos momentos; muchas veces ese error es achacable más bien a sus seguidores. En estos casos, aun sin darles el título de «Padres», la Iglesia los honra como escritores eclesiásticos cuyas enseñanzas gozan de especial valor en algunos aspectos.

Los Padres nos transmiten un método teológico luminoso y seguro

   Aunque a veces, desde el punto de vista técnico, los instrumentos de que disponían los Padres para el estudio científico de la Palabra de Dios eran menos precisos que los que ofrece la moderna exégesis bíblica, no hay que olvidar lo que poníamos de relieve al principio: que los Libros Sagrados no son unos libros cualquiera, sino Palabra de Dios entregada a la Iglesia, y sólo en la Iglesia y desde la Iglesia puede desentrañarse su más hondo contenido. En este nivel profundo, los Padres se constituyen en intérpretes privilegiados de la Sagrada Escritura: a la luz de la Tradición, de la que son exponentes de primer plano, y apoyados en una vida santa, captan con especial facilidad el sentido espiritual de la Escritura, es decir, lo que el Espíritu Santo —más allá de los hechos históricos relatados y de lo que se deduzca científicamente de unos concretos géneros literarios— ha querido comunicar a los hombres por medio de la Iglesia.

   Por otra parte, a los Santos Padres debemos en gran parte la profundización científica en la doctrina revelada, que es la tarea propia de la teología. No sólo porque ellos mismos constituyen una «fuente» de la ciencia teológica, sino también porque muchos Padres fueron grandes teólogos, personas que utilizaron egregiamente las fuerzas de la razón para la comprensión científica de la fe, con plena docilidad al Espíritu Santo. En algunos campos, sus aportaciones a la ciencia teológica han sido definitivas. Y todo esto, sin perder nunca de vista el sentido del misterio, del que tan hambriento se muestra el hombre de hoy, gracias precisamente a su sintonía con el espíritu de la Sagrada Escritura y a su experiencia personal de lo divino.

Los Padres son portadores de una gran riqueza cultural, espiritual y apostólica

   En los escritos de los Padres se encuentra una gran riqueza cultural, espiritual y apostólica. Predicaban o escribían con la mirada puesta en las necesidades de los fieles, que en gran medida son las mismas ayer que hoy; por eso se nos muestran como maestros de vida espiritual y apostólica. Constituyen además. Resulta impresionante comprobar, cómo los Santos Padres supieron fecundar con el mensaje evangélico la cultura clásica (griega y latina), cómo en algunos casos fueron creadores de culturas (en Armenia, en Etiopía, en Siria, por ejemplo), cómo sentaron las bases para la gran floración de la época medieval, pues prepararon la plena inserción de los pueblos germánicos, pertenecientes a una tradición cultural completamente diversa, en la raíz del Evangelio.

4 PSICOLOGÍA RACIONAL: El alma racional, forma sustancial del hombre

El alma racional, forma sustancial del hombre

Observaciones.

1ª Desde la más remota antigüedad los filósofos andan divididos acerca del modo con que el alma racional se halla unida al cuerpo. Son muchos los que adoptan de una manera explícita o implícita la antigua teoría de Platón, suponiendo que el alma se une al cuerpo humano como el motor al móvil, como el piloto a la nave que dirige, como el artífice al instrumento por medio del cual obra. Todos los que al hablar del alma humana le atribuyen la denominación de yo, diciendo, por ejemplo, el yo es una sustancia simple: el yo es indivisible e inmortal, &c., o siguen la teoría platónica sobre la unión del alma con el cuerpo, o hablan con notable impropiedad filosófica; porque se esta unión es más íntima y perfecta que lo que permite la teoría de Platón, semejantes locuciones son completamente inexactas, puesto que el yo no es el alma sola, sino el compuesto o persona resultante del alma y del cuerpo unidos; doctrina que por otro lado tiene en su apoyo el sentido o consentimiento general de los hombres.

2ª Otros filósofos han opinado, por el contrario, que [361] entre el alma racional y el cuerpo existe una unión más perfecta y superior a la que permite la teoría platónica con sus varias gradaciones, o sea una verdadera unión sustancial; lo cual vale tanto como decir que el alma y el cuerpo se unen como dos sustancias parciales e incompletas, destinadas por su misma naturaleza a completarse recíprocamente, constituyendo una sustancia completa, como naturaleza o esencia específica y como persona. Todo eso lo significaban con más concisión los Escolásticos, diciendo que el alma racional es forma sustancial del hombre; lo cual equivale a decir que el alma se une al cuerpo como el acto a la potencia, como la determinación esencial a la cosa determinable, como la actividad vital y organizante a la materia inerte e inorgánica, para constituir de esta manera una naturaleza sustancial, una persona, un hombre, en fin. En este sentido debe entenderse la siguiente