LA NOVEDOSA TESIS DEL PAPA MATERIALITER
Nota Previa: Lo afirmado en esta entrada y en otras que seguirán con explicaciones de las diferentes posiciones sobre el debate de cómo se ha de elegir un Papa en la situación actual de Sede vacante, es responsabilidad sólo del autor que firma; Sededelasabiduría sólo hace suyas las que aparezcan firmadas por Sededelasabiduría, Sofronio o teresita; éstos, salvo que aparezcan sus firmas al pie del artículo sólo son los editores de las entradas y nada más. Si bien estamos fundamentalmente de acuerdo con la crítica del autor a la tesis del papa materialiter porque ésta se aleja sustancialmente de la ontología de Santo Tomás de Aquino, que en multitud de documentos ha hecho suya la Iglesia, no podemos compartir las calificaciones que el autor hace sobre los que sostienen esa tesis novedosa, ni ningún argumento ad hominem. No obstante, nos parece un valioso documento fundado en la filosofía católica tomista,- que nadie ha contestado con seriedad, hasta hoy, que sepamos- y a la cual ha de sujetarse todo buen espíritu, si no se quiere errar y terminar Dios sabe dónde.
LA NOVEDOSA TESIS DEL PAPA MATERIALITER
«La Iglesia no es una verdadera y perfecta sociedad»
(Doctrina condenada por la Iglesia: Pio IX DS. 2919)
Introducción Metafísica
0.1 – Definición Errónea de Materia
0.2 – Concepción Errónea de Ente Accidental
0.3 – La Consideración Mental «Materialiter»
0.4 – El Falso «Carácter Analógico» del «Papa Materialiter»
Primera Parte – La Teología del «Papa Materialiter»
1. 1 – De los Errores Ontológicos a los Teológicos
1.2 – El «PapaMaterialiter» «por Analogía»
1.3- Vacancia Formal por Falta de Intención Oculta
1.4 – La Ocupación ilícito de la Santa Sede
1.5 – La Dependencia de la Declaración de Vacancia
1.6 – El Sentido Camaleónico del «Papa Materialiter»
Segunda Parte – Perversión de la Fe sobre la Iglesia
2.1 – La Extinción del Primado Papal
2.2 – El Orden sin la Jurisdicción Ordinaria
2.3 – Eclipse de la Visibilidad de la Iglesia Conclusión
La Prioridad del Acto sobre la potencia
La potencia por su esencia está ordenada para el acto. Nadie puede expresar lo que es la potencia para ser papa sin antes saber y definir lo que es ser papa. Ontológicamente también, pues escribe el Angélico: «Aunque lo que a veces es in potentia y a veces in actu, sea primero temporalmente in potentia que en acto (no necesariamente sino sólo por lo menos en cuanto a naturaleza), con todo, el acto simplemente tiene prioridad sobre la potencia porque la potencia no se reduce a sí misma al acto, pero es necesario que sea reducida al acto por algo que sea en acto». «Lo que puede ser puede no ser» (S. C. Gent. 1,16).
Ignorancia Sobre la Materia
Son principios de Ontología: esse non invenitur in definitione essentiae Posibilis (El ser no se encuentra en la definición de una esencia posible), idem secundum ídem non potest esse actus et potentia (Lo mismo según la misma consideración, no puede estar en acto y en potencia); esse et non esse simultáneamente no tiene razón de cosa posible, ni Dios puede hacer tal cosa. Luego, porque el todo substancial de un hombre preexiste en cuanto hombre, no puede G. L. afirmar que tal hombre preexiste en cuanto al todo accidental, en cuanto papa, aunque tal hombre esté in potentiarelativamente a la forma papal. El hereje es miembro de la Iglesia in potentia, no in actu.
1. – El Uso Verdadero de la Distinción
2. – Abstracción Total
3. – Afirmación Falsa
1. – Término Unívoco y Término Equivoco
LA TEOLOGIA DEL «PAPA MATERIALITER»
Ahora bien:
1. Metafísica del Sentido Común
2. De la Falsa Metafísica a la Deformación del Derecho
3. Pretendido Apoyo en Teólogos
1. Falsa Analogía
2. Diferencia entre Disposición y Condición
3. Contradicción al Magisterio de la Iglesia
Así, enseñar la Libertad Religiosa, revela falta de intención de recibir el cargo y que no es papa formaliter «. Luego, no es papa formaliter.
Ahora bien:
1. Derecho Divino y de la Iglesia
2. Falta de Lealtad
3. Herejía de Wyclef
4. Juicio Ilícito
5 – Nexo Innecesario
6 – Argumentos contra la Fe
Así habla G.L. Ahora bien:
1. Imposibilidad de Otro ocupante
Afirma G. L. que «es necesario ignorar» a tal papa, pero no lo ignora.
2. Contradicción al Magisterio
Luego G. L. con su Ontología inepta encubre errores mayores contra la fe.
Ahora bien:
1 – G. De Lauriers hace declaración Privada
2 – «Sine ulla declaratione»
3 – Declaración de la Ilicitud de la Ocupación
4 – Dato de Orden Ontológico
5 – La Declaración de Nulidad del Matrimonio
PERVERSION DE LA FE SOBRE LA IGLESIA
Consecuencia esencial de la falsa doctrina del papa materialiter es la afirmación: «no puede haber otro ocupante de la Santa Sede». Y suponiendo falsamente que la vacancia no se produce «sine ulla declaratione», G. L, levanta otra barrera de hecho: «nadie está calificado para declarar que el papa Materialiter dejó de serlo». Y coloca una norma esencial e imperiosa: «la persona o institución calificada para declarar la vacancia del papa materialiter es la misma que está calificada para proveer el cargo.
Por lo tanto, esos papa materialiter en breve serán comparsas.» Así G. L.
Ahora bien:
1. Contra la Perpetuidad del Primado
2. Falsa Identidad de Poderes
Es falsa la «norma esencial e imperiosa de G.L, el derecho de elegir gobernante difiere del poder
«En caso de necesidad el poder superior desciende al poder inmediatamente inferior» porque esto es indispensable para la sobrevivencia de la Sociedad y para evitar las tribulaciones de la extrema necesidad» (Billot, De Ecclesia Christi).
Lo que es de necesidad de medio para el fin para el cual existe la Sociedad está por encima de lo que es de necesidad de precepto para el ordenamiento de los actos sociales. Así papas, Jerarquía, ciertos Sacramentos(Orden, Penitencia, Bautismo) son de necesidad de medio para la existencia de la Iglesia como medios de salvación. Luego, el precepto humano contra ese fin: «secundum quod ab hoc déficit virtutem obligandi non libet« (En la medida en que se aparta de ello no tiene poder de obligar) (Santo Tomas S. T. 1-2. 96. 6).
2.- La iglesia Materialiter»
4.- Extinción De la Iglesia
La Jurisdicción «non confetur per ordinationum» (no conferido por la ordenación); una persona recibiendo la consagración episcopal recibe jurisdictione gaudere» (de ninguna jurisdición). «Por muchos lados», escribe el Cardenal Ottaviani. «se puede demostrar que los poderes son distintos e independientes: origen, fines inmediatos, propiedades…
1. – Perpetuidad de la Apostolicidad
1 – La Visibilidad es Nota Permanente de la Iglesia
2. La Iglesia de Cristo en «Eclipse»
3. El Gran Cisma de Occidente
LAS INDULGENCIAS
Debemos ayudar a los que se hallan en el purgatorio. Demasiado insensible seria quien no auxiliara a un ser querido encarcelado en la tierra; mas insensible es el que no auxilia a un amigo que esta en el purgatorio, pues no hay comparación entre las penas de este mundo y las de allí.
Santo Tomás
Sobre el Credo, 5, 1. c., p. 73
Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos (…) es una costumbre observada en el mundo entero. Por eso creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios.
San Isidoro de Sevilla
Sobre los oficios eclesiásticos, 1
Un tesoro al alcance de los católicos, más necesario hoy en día, dada la apostasía de la iglesia conciliar que,
al fin y al cabo es cada vez más claro una secta protestante, entre los que no se cree en el Purgatorio.
La palabra indulgencia (del latín indulgentia, de indulgeo, «ser amable» o «compasivo») significa, originalmente, bondad o favor; en el latín post-clásico llegó a significar la remisión de un impuesto o deuda. En la Ley Romana y en la Vulgata del Antiguo Testamento (Is. LXI, 1) se usaba el término para expresar la liberación de una cautividad o castigo. En el lenguaje teológico también se suele usar en su sentido original para significar la bondad o el favor de Dios. Pero en el sentido estricto del término -sentido en el que se lo considera en este artículo- «indulgencia» es la remisión del castigo temporal debido al pado cuya culpabilidad ha sido ya perdonada. Entre los términos equivalentes usados en la antigüedad se encuentran: pax, remissio, donatio, condonatio.
- Qué cosa no es una Indulgencia
- Qué es una Indulgencia
- . Varios tipos de Indulgencias
- Quien puede conceder Indulgencias
- Disposiciones necesarias para ganar una Indulgencia
- Enseñanza Autoritativa de la Iglesia
- Bases de la Doctrina
- El Poder de Conceder Indulgencias
- Abusos
- Efectos Saludables de las Indulgencias
Qué cosa no es una Indulgencia
A fin de facilitar la explicación, puede ser provechoso comenzar por afirma lo que NO es una indulgencia. No es un permiso para par, ni un perdón para pecados futuros: ninguna de estas dos cosas pueden ser concedidas por poder alguno. No es tampoco el perdón de la culpa del pecado, y supone que el pecado ha sido ya perdonado con anterioridad. No es una excepción que exima de alguna ley o precepto, ni mucho menos de una obligación contraída por algún pecado, como por ejemplo, la restitución de la cosa robada; al contrario, significa una satisfacción más completa de la deuda que el pecador tiene ante Dios. No confiere ninguna inmunidad con respecto a posibles tentaciones ni elimina la posibilidad de subsecuentes caídas en el pecado. Y de ninguna manera la indulgencia puede entenderse como la compra del perdón de los pecados que aseguraría la salvación al comprador o la salida de algún alma del Purgatorio. Lo absurdo de todas estas nociones será evidente para cualquiera que tenga una idea correcta sobre lo que la Iglesia Católica verdaderamente enseña sobre el tema. Ir al inicio.
Una indulgencia es una remisión extra-sacramental de la pena temporal debida -según la justicia de Dios- por el pecado que ha sido ya perdonado, remisión que es otorgada por la Iglesia en consecuencia del poder de las llaves, mediante la aplicación de los méritos sobreabundantes de Cristo y de los santos, y por justos motivos. Para entender esta definición, hay que tener en cuenta los siguientes puntos:
- En el Sacramento del Bautismo se perdona no solamente la culpa del pecado, sino también toda la pena adjunta al pecado. En el Sacramento de la Penitencia se remueve la culpa del pecado y, conjuntamente con ella, también la pena eterna merecida por el mismo; pero el castigo temporal requerido por la justicia divina permanece, y este requerimiento debe ser satisfecho sea en esta vida o en la vida futura, es decir, en el Purgatorio. La indulgencia ofrece al pecador arrepentido la posibilidad de saldar o aligerar esta deuda durante su vida en la tierra
- Algunos escritos indulgenciales -ninguno de ellos, sin embargo, emitido por algún papa o concilio (Pesch, Tr. Dogm., VII, 196, no. 464)- contienen la expresión «indulgentia a culpa et a poena», es dir, liberación de la culpa y del castigo; esto ha producido considerable confusión (cf. Lea, «History» etc., III, 54ss). El verdadero significado de la fórmula es que las indulgencias, presuponiendo el Sacramento de la Penitencia, hace que el penitente, después de recibir el perdón sacramental de la culpa de su pecado, se libera también, por la indulgencia, del castigo temporal (Bellarmine, «De Indulg.», I, 7). En otras palabras, el pecado es totalmente perdonado, es decir, sus efectos totalmente borrados, sólo cuando se ha realizado la completa reparación, lo que significa perdón de la culpa y remisión de la pena. De aquí que el papa Clemente V (1305-1314) condenara la práctica de aquellos proveedores de indulgencias que pretendían absolver «a culpa et a poena» (Clement, l. v, tit. 9, c. ii); el Concilio de Constanza (1418) revocó (sesión XLII, n. 14) todas las indulgencias que contenían esa fórmula; Benedicto XIV (1740-1758) las trataba como indulgencias espurias concedidas con esta fórmula, que él atribuye a las prácticas ilícitas de los «quaestores» o proveedores (De Syn. dioes., VIII, viii.7)
- La satisfacción, comúnmente llamada «pena», impuesta por el confesor cuando éste administra la absolución es parte integral del Sacramento de la Penitencia; una indulgencia, por el contrario, es extra-sacramental: presupone los efectos obtenidos por la confesión, la contrición y la satisfacción sacramental. También se distingue de las obras penitenciales que se puedan realizar por iniciativa del penitente -como son la oración, el ayuno y la limosna-, dado que estas son obras personales del penitente, y su valor depende del mérito de éste, mientras que la indulgencia brinda al penitente los méritos de Cristo y de los santos, que son el «Tesoro» de la Iglesia.
- La indulgencia es válida tanto en el tribunal eclesiástico cuanto en el tribunal de Dios. Esto significa que no sólo libra al penitente de sus deudas ante la Iglesia o de la obligación de cumplir con una pena canónica, sino que también lo libra del castigo temporal del que sea ha hecho merecedor ante Dios, castigo que, sin la indulgencia, el pecador debería recibir a fin de satisfacer la justicia divina. Esto no significa, sin embargo, que la Iglesia pretenda dejar de lado los reclamos de la justicia divina, o que ella permita al pecador despreciar su la deuda contraída con su pecado. Como dice Sto. Tomás (Suppl., xxv. a. 1 ad 2um): «El que gana indulgencias no se libra absolutamente de la pena que merece, sino que se le conceden los medios para saldarla». La Iglesia, entonces, no deja al penitente irremediablemente en su deuda, ni lo libra de tener que responsabilizarse por sus obras; al contrario, la Iglesia le permite cumplir con las obligaciones que contrajo.
- Al conceder una indulgencia, el que la otorga (papa u obispo) no ofrece sus méritos personales en lugar de lo que Dios pide al pecador, sino que obra según su autoridad oficial como quien tiene jurisdicción en la Iglesia, de cuyo tesoro espiritual se conceden los medios con los cuales se salda la deuda adquirida. La Iglesia en sí misma no es la dueña sino la administradora de los méritos sobreabundantes que contiene ese tesoro. Aplicándolos, la Iglesia no pierde de vista tanto los designios de la misericordia de Dios como los requerimientos de la justicia de Dios. Así, ella determina la cantidad de cada concesión, como también las condiciones que el penitente debe cumplir si desea ganar la indulgencia.Ir al inicio.
Una indulgencia que puede ganarse en cualquier parte del mundo es una indulgencia universal, mientras que la que se puede ganar en un sitio determinado (Roma, Jerusalén, etc.) es indulgencia local. Otra distinción es entre indulgencias perpetuas, que pueden ganarse en cualquier momento, e indulgencias temporales, que se ganan solamente en determinados días o en un determinado período de tiempo. Las indulgencias reales se conceden en relación con el uso de ciertos objetos (crucifijo, rosario, medalla); las personales son las que no requieren del uso de ningún objeto, o bien que se conceden a una determinada clase de personas, como por ejemplo a los miembros de una orden o confraternidad. Sin embargo, la distinción más importante es la que distingue entre indulgencia plenaria e indulgencia parcial. Por indulgencia plenaria se entiende la remisión de toda la pena temporal merecida por el pecado, de tal modo que no es necesaria ninguna otra expiación en el Purgatorio. Indulgencia parcial condona sólo una parte de la pena; la porción que se condona se determina según la disciplina penitencial de la Iglesia primitiva. Decir que se concede una indulgencia de una cantidad determinada de días o de años significa que se cancela una cantidad de pena de Purgatorio equivalente con lo que hubiese sido cancelado, en la presencia de Dios, por la práctica de tantos días o años según la antigua disciplina penitencial. En este caso, evidentemente, la computación no pretende ser exacta, sino más bien posee un valor relativo.
Sólo Dios sabe la cantidad de pena que debe ser saldada y cuál es su preciso valor en severidad y duración. Finalmente, algunas indulgencias se conceden a favor de los vivos solamente, mientras que otras pueden aplicarse a favor de los que ya murieron. Debe notarse, sin embargo, que la aplicación no tiene la misma significación en ambos casos. La Iglesia, al conceder una indulgencia a los vivos, ejerce su jurisdicción; sobre los difuntos ella no tiene ninguna jurisdicción, y por lo tanto hace disponible la indulgencia para ellos a modo de sufragio (per modum suffragii), es decir, la Iglesia pide a Dios que acepte las obras satisfactorias y, en consideración de estas, que mitigue o acorte los sufrimientos de las almas en el Purgatorio. Ir al inicio.
Quien puede conceder Indulgencias
La distribución de los méritos contenidos en el tesoro de la Iglesia es un ejercicio de autoridad (potestas iurisdictionis), no del poder concedido por el Sacramento del Orden Sagrado (potestas ordinis). De este modo el Papa, como cabeza suprema de la Iglesia en la tierra, puede otorgar todo tipo de indulgencias a todos y cada uno de los fieles, y sólo él puede otorgar indulgencias plenarias. El poder de los obispos, previamente irrestringido, fue limitado por Inocencio III (1215) al poder de otorgar una año de indulgencia por la dedicación de una iglesia, y de cuarenta días en otras ocasiones. León XIII (Rescripto del 4 de Julio de 1899) autorizó a los arzobispos de Sudamérica el poder de otorgar ocho días (Acta S. Sedis, XXXI, 758). Pío X (28 de Agosto de 1903) permitió a los cardenales en sus iglesias titulares y diócesis otorgar 200 días, a los arzobispos 100 y a los obispos 50. Estas indulgencias no son aplicables a los fieles difuntos. Pueden ser ganadas por personas que no pertenecen a esa diócesis, pero temporalmente y dentro de sus límites; también por los súbditos del obispo que las concede, sea que se encuentre en la diócesis o fuera de ella, excepto si la indulgencia es local. Los sacerdotes, vicarios generales, abades y generales de órdenes religiosas no pueden conceder indulgencias, a menos que se les autorice a hacerlo específicamente. Por otro lado, el Papa puede permitir a un clérigo no sacerdote conceder alguna indulgencia (St. Tomás, «Quodlib.», II, q. viii, a. 16).Ir al inicio.
Disposiciones necesarias para ganar una Indulgencia
El sólo hecho que la Iglesia conceda una indulgencia no significa que la misma pueda ganarse sin esfuerzo por parte del fiel. De lo que se dijo más arriba es claro que el que recibe le indulgencia debe estar libre de la culpa del pecado mortal. Además, para la indulgencia plenaria habitualmente se requiere confesión y comunión, mientras que para las indulgencias parciales la confesión no es obligatoria, aunque es prescripción habitual que el que las quiera ganar tenga «al menos un corazón contrito» (corde saltem contrito). Con respecto al tema, debatido entre los teólogos, si una persona en pecado mortal puede ganar una indulgencia aplicable a los difuntos, véase el vocablo PURGATORIO [de la Encl. Católica]. También es necesario tener la intención, aunque sea de modo habitual, de ganar las indulgencias. Finalmente, por la misma naturaleza del caso, es obvio que se deben realizar las buenas obras, oraciones, limosnas, visita de una iglesia, etc., que han sido prescritas para la adquisición de una indulgencia. Ir al inicio.
Enseñanza Autoritativa de la Iglesia
El Concilio de Constanza condenó entre los errores de Wyclif la siguiente proposición: «Es necio creer en las indulgencias concedidas por el papa o los obispos» (Sess. VIII, 4 de Mayo de 1415; ver Denzinger-Bannwart, «Enchiridion», 622). En la bula «Exsurge Domine», del 15 de Junio de 1520, León X condenó la afirmación de Lutero según la cual «las indulgencias son píos fraudes de los fieles», y que «las indulgencias no aprovechan a aquellos que las ganan para la remisión de la pena debida al pecado actual ante la justicia de Dios» (Enchiridion, 75S, 759). El Concilio de Trento (Sess. XXV, 3-4 de Diciembre de 1563) declaró: «Dado que el poder de conceder indulgencias fue dado por Cristo a la Iglesia, y dado que la Iglesia desde los primeros tiempos ha hecho uso de este poder dado por Dios, el santo sínodo enseña y manda que el uso de las indulgencias, muy provechoso para los cristianos según ha sido aprobado por la autoridad de los concilios, deberá ser mantenido en la Iglesia; además [este sínodo] pronuncia el anatema contra los que declaran que las indulgencias son inútiles, o bien niegan que la Iglesia tenga el poder para concederlas (Enchiridion, 989). Por lo tanto es de fe (de fide)
- que la Iglesia ha recibido de Cristo el poder de conceder indulgencias y
- que el uso de las indulgencias es de provecho para los fieles. Ir al inicio.
Un elemento esencial en las indulgencias es la aplicación a una persona de la satisfacción hecha por otras. Este traspaso se basa en tres cosas: la Comunión de los Santos, el principio de la Satisfacción Vicaria y el Tesoro de la Iglesia.
- La Comunión de los Santos
Nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros unos de otros» (Rom., xii, 5). Como cada órgano participa de la vida de todo el cuerpo, así cada uno de los fieles aprovecha de las oraciones y buenas obras de todos los demás, un beneficio que enrique, en primer lugar, a los que están en gracia de Dios, pero también, aunque con menos plenitud, a los miembros en pecado.
- El principio de la Satisfacción Vicaria.
Cada obra buen que realiza el hombre tiene un doble valor: uno de mérito, otro de satisfacción o expiación. El mérito es personal, y por lo tanto no puede transferirse; pero la satisfacción puede aplicarse a otros, como escribe S. Pablo a los Colosenses (i, 24) hablando de sus mismas obras: «Me alegro ahora en mis sufrimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por su Cuerpo, que es la Iglesia» (ver SATISFACCIÓN).
- El Tesoro de la Iglesia.
Cristo, como lo declara San Juan en su Primera Epístola (ii,2) «es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los pecados de todo el mundo». Dado que la satisfacción de Cristo es infinita, constituye un recurso inextinguible, que es más que suficiente para pagar la deuda ocasionada por el pecado. Además, están las obras satisfactorias realizadas por la Santísima Virgen María, que no han sufrido ninguna mengua debida a la pena del pecado, y las virtudes, penitencias y sufrimientos de los santos que exceden abundantemente todo castigo temporal que estos siervos de Dios han podido merecer. Estos se añaden al Tesoro de la Iglesia de modo secundario, no independiente del mérito de Cristo, sino más bien adquirido en base a éste. La explicitación de esta doctrina se debe al trabajo de grandes escolásticos, particularmente Alejandro de Hales (Summa, IV, Q. xxiii, m. 3, n. 6), Alberto Magno (In IV Sent., dist. xx, art. 16), y Santo Tomás (In IV Sent., dist. xx, q. i, art. 3, sol. 1). Como lo declara el Aquinate (Quodlib., II, q. vii, art. 16): «Todos los santos pretendieron que todo lo que ellos hacían o sufrían sería provechoso no sólo para ellos, sino también para toda la Iglesia». Y luego señala (Contra Gent., III, 158) que lo que uno sufre en beneficio de otros, siendo una obra de caridad, es más aceptable como satisfacción a los ojos de Dios que lo que uno sufre en beneficio propio, dado que en este último caso se trata de una obra necesaria. La existencia de una tesoro infinito de méritos en la Iglesia ha sido declarado dogmáticamente en la bula «Unigenitus», publicada por Clemente VI el 27 de Enero de 1343, y más tarde insertada en el «Corpus Iuris» (Extrav. Com., lib. V, tit. ix. c. ii): «Sobre el altar de la Cruz -dice el Papa- Cristo derramó no solamente una gota de su sangre, aunque ello hubiese sido suficiente, por razón de su unión con el Logos, para redimir a todo el género humano, sino que derramó un copioso torrente… fundando así un tesoro infinito a favor de la humanidad. Este tesoro Cristo no sólo no lo envolvió en un manto y lo escondió en el campo, sino que lo encomendó a Pedro, el portador de las llaves, y a sus sucesores, de modo que ellos pudiesen, por justas y razonables causas, distribuirlo a los fieles en forma de remisión plena o parcial de la pena temporal debida por el pecado». De aquí brota la condenación por parte de León X de la afirmación de Lutero que «los tesoros de la Iglesia del cual el papa concede indulgencias no son los méritos de Cristo y los santos» (Enchiridion, 757). Por el mismo motivo, Pío VI (1794) catalogó como falso, temerario e injurioso a los méritos de Cristo y de los santos el error del sínodo de Pistoya, según el cual el tesoro de la Iglesia era una invención de sutileza escolástica (Enchiridion, 1541).
Según la doctrina católica, por lo tanto, la fuente de las indulgencias se constituye por los méritos de Cristo y de los santos. Este tesoro ha sido entregado en custodia no al fiel en particular, sino a la Iglesia. Consecuentemente, para hacerlo disponible al fiel, se requiere un ejercicio de autoridad que determine, sólo él, de qué modo, bajo qué condiciones y hasta qué punto se conceden las indulgencias. Ir al inicio.
El Poder de Conceder Indulgencias
Una vez que se admite que Cristo dejó a su Iglesia el poder de perdonar los pados (ver PENITENCIA), el poder de conceder indulgencias se infiere lógicamente. Dado que el perdón sacramental se extiende tanto a la culpa como al castigo eterno, se sigue sin dificultad que la Iglesia puede también librar al penitente de la pena menor o temporal. Esto se vuelve más claro aún, sin embargo, cuando consideramos la amplitud del poder concedido a Pedro (Mat., xvi,19): «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que atares sobre la tierra será atado también en el cielo, y todo lo que desatares sobre la tierra será también desatado en el cielo.» (Cf. Mat., xviii,18, donde un poder semejante es concedido a todos los Apóstoles). No se pone límite a este poder de desatar, «el poder de las llaves» como se lo llama; por tanto debe extenderse a todas y cada uno de las ataduras contraídas por el pado, tanto de la pena como de la culpa. Cuando la Iglesia, por lo tanto, mediante una indulgencia, remite esta pena, su acción -según las palabras de Cristo- es ratificada en los cielos. Que este poder, como afirma el Concilio de Trento, haya sido ejercido desde el inicio, se muestra por las palabras de San Pablo (II Cor., ii, 5-10), cuando trata del caso del hombre incestuoso de Corinto. El pecador había sido excluido, por orden de San Pablo, de la compañía de los fieles, pero se había arrepentido sinceramente; por ello el Apóstol juzga que a aquél hombre «este castigo, impuesto por varios, le es suficiente», y agrega: «a quien habéis perdonado algo, yo también lo perdono; porque en verdad, lo que yo he perdonado, si algo he perdonado, lo hice por vosotros en la persona de Cristo». Pablo había sujetado al culpable con los lazos de la excomunión; ahora libra al penitente del castigo por un acto de autoridad -«en la persona de Cristo»-. Aquí tenemos todos los elementos esenciales de una indulgencia.
Estos elementos esenciales permanecen en la práctica subsiguiente de la Iglesia, aunque los elementos accidentales varían según van surgiendo nuevas condiciones. Durante las persuciones, aquellos cristianos que habían caído y que deseaban ser readmitidos a la comunión con la Iglesia, fruentemente obtenían de los mártires una nota (libellus pacis) que presentaban al obispo, de modo que éste, en consideración de los sufrimientos del mártir, pudiese admitir al penitente a ser absuelto de su pecado, librándolo consuentemente del castigo en el que habían incurrido. Tertuliano se refiere a esto cuando dice (Ad martyres, c. i, P.L., I, 621): «La cual paz algunos, no teniéndola en la Iglesia, suelen suplicarla de parte de los mártires en la prisión; por lo tanto tú debes poseerla, apreciarla y preservarla en ti, de modo que, si es necesario, puedas concederla a otros.» Más luz se ha sobre este asunto si consideramos el vigoroso ataque que el mismo Tertuliano hizo después de haberse vuelto Montanista. En la primera parte de su tratado «De pudicitia», ataca al papa por su supuesta relajación al admitir a los adúlteros a la penitencia y al perdón, y desdeña el perentorio edicto del «pontifex maximus episcopus episcoporum». Al final del tratado se queja de que el mismo poder de remisión se concede ahora también a los mártires, y argumenta que debería ser suficiente que los sufrimientos de los mártires sirvan para purgar sus propios pecados – «sufficiat martyri propria delicta purgasse». Y también, «¿Cómo puede el aceite de tu pequeña lámpara bastar para ti y para mí?» (c. xxii). Es suficiente notar que muchos de sus argumentos aplicarían con la misma mucha o poca fuerza a las indulgencias de las edades posteriores.
Durante la época de S. Cipriano (m. 258) el herético Novaciano pretendía que ninguno de los lapsi sea readmitido a la Iglesia; otros, como Felicissimus, sostenían que tales pecadores debían ser readmitidos sin pena ninguna. Entre estos extremos, San Cipriano mantiene el punto medio, insistiendo en que esos pecadores debían ser readmitidos cumpliendo las condiciones propias. Por un lado, condena los abusos en conexión con el libellus, en particular la costumbre de los mártires de hacerlos en blanco para ser completados por cualquiera que lo nesitase. «Con respecto a esto debéis estar particularmente atentos» escribe a los mártires (Ep. xv), «a fin de designar por el nombre a aquellos a los que deseáis sea devuelta la paz.» Por otro lado ronoce el valor de estos memoriales: «Aquellos que han recibido un libellus de parte de los mártires y con su ayuda pueden, en la presencia del Señor, obtener la liberación en sus pecados, permitidles que, si están enfermos o en peligro, después de la confesión y la imposición de tus manos, partan hacia el Señor en aquella paz que le ha sido prometida por los mártires» (Ep. xiii, P.L., IV, 261). San Cipriano, por lo tanto, creía que los méritos de los mártires podían ser aplicados a los cristianos menos dignos por medio de una satisfacción vicaria, y que tal satisfacción era aceptable a los ojos de Dios como de la Iglesia.
Después que las persecuciones cesaron, la disciplina penitencial permaneció en uso, aunque se vio una más grande condescendencia en aplicarlas. El mismo San Cipriano fue acusado de mitigar la «severidad evangélica» sobre la cual él había insistido en un comienzo; a esto respondió (Ep. lii) que semejante severidad era exigida durante el tiempo de persecución, no sólo para estimular a los fieles en la práctica de la penitencia, sino también para apresurarlos a que busquen la gloria del martirio; cuando, por el contrario, la paz para la Iglesia fue asegurada, la relajación de la disciplina fue necesaria a fin de prevenir a los pecadores de no caer en desesperación ni de llevar la vida de los paganos. En el 380 San Gregorio de Nyssa (Ep. ad Letojum) declara que la penitencia debe ser acortada en los casos en los que se muestra sinceridad y celo en su práctica – «ut spatium canonibus praestitum posset contrahere» (can. xviii; cf. can ix, vi, viii, xi, xiii, xix). En este mismo espíritu San Basilio (379), después prescribir un tratamiento más condescendiente en relación a varios crímenes, estable el principio general que en todos los casos semejantes no es sólo la duración de la penitencia lo que debe considerarse, sino la manera en la que se lleva a cabo (Ep. ad Amphilochium, c. lxxxiv). La misma condescendencia se muestra en varios Concilios: Ancyra (314), Laodicea (320), Nicea (325), Aries (330). Llegó a ser muy común durante este período favorecer a aquellos que estaban enfermos o en peligro de muerte (ver Amort, «Historia», 28ss). Los antiguos penitenciales de Irlanda e Inglaterra, aunque si exigentes en lo que toca a disciplina, prevén la relajación en ciertos casos. San Cummian, por ejemplo, en su Penitencial (del séptimo siglo), tratando del pecado de robo (cap. v) prescribe que aquel que ha cometido hurtos en varias oportunidades deberá hacer penitencia por siete años o por tanto tiempo como lo considere oportuno el sacerdote, debe siempre reconciliarse con aquel al que provocó el daño y debe hacer restitución proporcionada al daño cometido, en cuyo caso su penitencia deberá acortarse considerablemente (multum breviabit poenitentiam ejus). Pero si la persona en cuestión muestra falta de interés o imposibilidad (en cumplir con estas condiciones), deberá cumplir la penitencia por todo el tiempo que le ha sido impuesta, y en todos sus detalles. (Cf. Moran, «Essays on the Early Irish Church», Dublin, 1864, p. 259.)
Otra práctica que muestra claramente la diferencia entre la absolución sacramental y la concesión de indulgencias era la solemne reconciliación de los penitentes. Estos, al inicio de la cuaresma, recibían de parte de los sacerdotes la absolución por sus pecados y la penitencia que imponían los cánones; el Jueves Santo se presentaban ante el obispo, que les imponía las manos, los reconciliaba con la Iglesia y los admitía a la comunión. Esta reconciliación estaba reservada al obispo, como está explícitamente declarado en el Penitencial de Teodoro, Arzobispo de Canterbury; en casos de necesidad el obispo podía delegar a un sacerdote para este propósito (lib. I, xiii). Dado que el obispo no oía sus confesiones, la «absolución» que él impartía debía ser una liberación de alguna penalidad en la que habían incurrido. En efecto, el resultado de esta reconciliación era restaurar al penitente a su estado de inocencia bautismal, y consecuentemente de libertad de todas las penalidades, según apare en las así llamadas Constituciones Apostólicas (lib. II, c. xli), donde se dice: «Eritque in loco baptismi impositio manuum» – es dir, la imposición de manos tiene el mismo efto que el bautismo (cf. Palmieri, «De Poenitentia», Roma, 1879, 459s).
En un período posterior (desde el siglo ocho al doce) se volvió costumbre permitir la substitución de alguna pena menor por aquello que prescribían los cánones. Así, el Penitencial de Egberto, Arzobispo de York, declara (XIII, 11): «Para aquel que puede realizar lo que prescribe el penitencial, está muy bien que lo haga; para aquel que no lo puede realizar, damos consejo según la misericordia de Dios. En vez de un día a pan y agua, que cante cincuenta salmos de rodilla o setenta salmos sin arrodillarse… Pero si no sabe los salmos y no puede ayunar, en lugar de un año a pan y agua que de veintiséis solidi en limosnas, que ayune hasta la hora de Nona en un día de cada semana, y hasta la hora de Vísperas en otro día, y en tres cuaresmas que de en limosnas la mitad de lo que recibe.» La práctica de sustituir la recitación de los salmos o la limosna por una parte del ayuno se estable también en el Sínodo de Irlanda, en el 807, el cual dice (c. xxiv) que el ayuno del segundo día de la semana puede «redimirse» cantando un salterio o dando un denarius a un pobre. Aquí tenemos los comienzos de las así llamadas «redenciones» que prontamente pasarán a ser de uso común. Entre otras formas de conmutación estaban las peregrinaciones a santuarios bien conocidos como el de San Albano en Inglaterra o el de Compostela en España. Pero el lugar más importante de peregrinación era Roma. Según Beda (674-735) la «visitatio liminum», o visita a la tumba de los Apóstoles, ya era vista como una buena obra de gran eficacia (Hist. cl., IV, 23). En un principio los peregrinos venían sólo a venerar las reliquias de los Apóstoles y mártires; pero con el paso del tiempo su objetivo principal fue ganar las indulgencias concedidas por el papa y colegadas a las Estaciones. Jerusalén, también, fue por mucho tiempo la destinación de estos viajes de piedad, y los relatos de los peregrinos sobre el modo en el que eran tratados por los infieles finalmente provocó las Cruzadas (q.v.). En el Concilio de Clermont (1095) la Primera Cruzada fue organizada, y se declaró (can. ii): «El que, por pura devoción y no por motivo de ganancia u honor, vaya a Jerusalén a liberar la Iglesia de Dios, que ese viaje le sea computado en lugar de todas las penalidades». Indulgencias semejantes se concedieron a lo largo de las cinco centurias siguientes (Amort, op. cit., 46s), siendo el objeto de ellas incentivar estas expediciones que significaban tantas penurias, pero que eran a la vez tan importantes para la Cristiandad y la civilización. El espíritu con el cual estas concesiones fueron hhas queda manifiesto en las palabras de San Bernardo, el predicador de la Segunda Cruzada (1146): «Ribe el signo de la Cruz, y obtendrás también la indulgencia por todo lo que has confesado con un corazón contrito» (ep. cccxxii; al., ccclxii).
Concesiones similares eran otorgadas fruentemente en ciertas ocasiones, como las dedicaciones de las iglesias, por ejemplo la de la antigua Iglesia del Temple en Londres, que fue consagrada en honor de la Santísima Virgen María el 10 de Febrero de 1185 por Lord Heraclius, que concedió sesenta días de indulgencia para las penas que hubiesen tenido a todos aquellos que visitasen el templo anualmente, como atestigua la inscripción sobre la entrada principal. La canonización de los santos estaba marcada fruentemente por la concesión de indulgencias, como por ejemplo en honor de San Laurencio O’Toole por parte de Honorio III (1226), en honor de San Edmundo de Canterbury por Inocencio IV (1248), y en honor de Santo Tomás de Hereford, por Juan XXII (1320). Una famosa indulgencia es la de la Portiuncula (q.v.), obtenida por San Francisco en 1221 de parte del papa Honorio III. Pero la más importante concesión durante este período es la indulgencia plenaria otorgada por Bonifacio VIII en 1300 a aquellos que, arrepentidos sinceramente y habiendo confesado sus pecados, visitasen las basílicas de los Santos Pedro y Pablo (ver JUBILEO).
Entre las obras de caridad que eran incentivadas por las indulgencias, el hospital tuvo un lugar prominente. Lea en su «History of Confession and Indulgences» (III, 189) menciona solamente el hospital de Santo Spirito en Roma, mientras que otro autor protestante, Uhlhorn (Gesc. d. Christliche Liebesthatigkeit, Stuttgart, 1884, II, 244) estable que «siempre que se repasan los archivos de cualquier hospital, se encuentran numerosas cartas de indulgencias». El hospital de Halberstadt en 1284 tenía no menos de catorce semejantes concesiones, cada una otorgando una indulgencia de cuarenta días. Los hospitales en Lucerna, Rothenberg, Rostock y Augsburgo tenían privilegios similares. Ir al inicio.
Parecería extraño que la doctrina de las indulgencias significase semejante piedra de escándalo y provocase tantos prejuicios y oposición. Pero la explicación de este hecho puede encontrarse en los abusos que poco felizmente se han asociado con lo que en sí mismo es una práctica saludable. En este sentido, claro está, las indulgencias no son una excepción: no existe institución, por más santa que sea, que haya escapado a los abusos que provocan la malicia y la indignidad de las personas. Incluso la misma Eucaristía, como lo declara San Pablo, implica el comer y beber la propia condenación para aquel que no discierne el cuerpo del Señor (1 Cor., xi, 27-29). Y, así como la paciencia de Dios es constantemente abusada por parte de los que raen en sus pecados, así también no es de sorprenderse que el ofrecimiento del perdón en la forma de las indulgencias haya conducido a malas prácticas. Estas han sido especial objeto de ataque debido, sin duda, a su conexión con la revuelta de Lutero (ver LUTERO). Por otro lado, no debe olvidarse que la Iglesia, mientras mantiene firmemente el principio e intrínseco valor de las indulgencias, ha condenado repetidamente sus abusos: de hecho, fruentemente nos enteramos de cuán grave esos abusos habían sido precisamente viendo la severidad de la condena por parte de la Iglesia.
Indulgencias Apostólicas
Las indulgencias conocidas como Apostólicas o apostolares, son esas que el Romano pontífice, el sucesor del Príncipe de los apóstoles, impone a las cruces, crucifijos, guirnaldas, rosarios, imágenes y medallas a las que bendice, también con su propia mano, o con esos de quienes fue delegada esta facultad. Los principios puestos en el artículo general de indulgencias aplica aquí también. Pero desde estas indulgencias apostólicas están entre las más fruentes y abundantes de esos ahora en uso a través de la Iglesia, ellas paren requerir un separado y más detallado tratamiento. Como el nombre implica, ellas son indulgencias garantizadas por el Papa mismo. Algunas de ellas son plenarias, otras indulgencias parciales. Podría ser observado que la posesión de la cruz o medalla u otro objeto de indulgencia no es solo o condición inmediata para ganar indulgencias ligadas a ello por la bendición del Santo Padre o su delegado. Pero la posesión habilita al reptor a ganar las varias indulgencias en la ejecución de ciertos trabajos buenos prescritos o actos de piedad. En este respecto, la posesión del objeto podría mirar como análogo a lo local o limitación personal u otras indulgencias. Para la bendición de objetos presentados a el, el Santo Padre, de ahí garantiza indulgencias, no a toda creencia indiscriminadamente, pero a ciertas personas, ingeniosas la actual o posesor prospectivo de estas cruces, medallas etc. Que podrían ser vistas como marcas o toques distinguiendo a esas personas de las que el privilegio especial ha sido dado. En el mismo tiempo desde que fue abierto a toda la fe, para obtener como objetos benditos, especialmente ahora cuando la facultad para dar esta bendición es prontamente garantizada al clero a través de la palabra, las indulgencias apostólicas pueden fuertemente ser reconocidas con esos que son meramente personal o local.Ir al inicio.
Efectos saludables de las indulgencias.
A través de los Papas ha sido en el hábito de garantizar indulgencias de muy temprana fecha, algunas a los que teniendo una limitación análoga o conexión con el llevar o traer un objeto bendito, las indulgencias apostólicas, como nosotros conocemos, datan solo del año 1587, hasta nuestros tiempos, después de la publicación de Lutero famosas estas indulgencias en contra. Y un curioso interés las liga al primer origen a esta práctica familiar. Antes esa fecha los Papas tenían simplemente medallas benditas u otros objetos presentados a ellos para este propósito. Pero como el Papa Sixto V, fijo en adelante en esta Bula «Laudemus viros gloriosos» (2 de diciembre 1587) los hombres trabajadores involucrados en su restauración y adorno de la Basílica Laterna, derribando algunas muy viejas paredes, trajo accidentalmente a brillar un numero de viejos rincones conduciendo a un lado de la cruz y en el otro como de uno a otro de los tempranos emperadores cristianos. Este remarcable descubrimiento permitió al pontífice en acuerdo con las palabras abiertas de esta Bula, cantar los rezos de esas viejas reglas de la Cristiandad, como Constantino, Teodosio y Marciano. Y por un feliz pensamiento que hace sus viejos rincones nuevamente paso corriente, como conduciendo, como fijando su nueva vida, no una mundana, pero fuertemente valores espirituales. En otras palabras, garantiza un numero de indulgencias en la ejecución de ciertas palabras pías, a todos los que se vuelven poseedores de los viejos rincones enriqueciendo con su nueva bendición. La lista de indulgencias especiales fijo en adelante en esta Bula como ligada a los rincones de emperadores cristianos en la primera instancia de las indulgencias apostólicas que los Papas ahora ligan a las medallas, etc., presentadas por su bendición. No puede ser supuesto sin embargo, que las indulgencias apostólicas, ahora son generalmente dadas en manera familiar, son en todo respecto a las mismas como esas garantizadas en esta espial ocasión por el Papa Sixto V. En comparación con la anticipada dicha Bula, «Laudemus viros gloriosos» con la lista en la instrucción anexa a la facultad costumbrista para bendecir rosarios etc. Ligando indulgencias de ahí, mostrara muchos puntos de diferencia, ambos en la extensión de las indulgencias y en los buenos trabajos prescritos como condiciones para ganarlas. Y será encontrado, como posibilidad anticipada, que en algunos casos las indulgencias dadas en la Bula Sixtina son más abundantes que las otras. En al menos un punto importante amas listas están de acuerdo. Estos serán vistas, que en ambos casos la indulgencia plenaria puede ser ganada con esos que devotamente invocan el Sagrado Nombre de Jesús en la hora de la muerte (Articulo mortis) Pero del otro lado, la indulgencia plenaria por confesión y comunión que los poseedores de los rincones lateranos pueden aparentemente ganas en un día con solo ser ganada por los poseedores de indulgencia ordinaria, objetos, en ciertos grandes festivales y que en la condición fija de rezar algunos rezos. Ir al inicio.
Enciclopedia Católica. W H. KENT Transcrito por Charles Sweeney. S. J.
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LA HEREJÍA



Salviano, (de Gubern. Del, L. 5, c. 2) hablando de los bárbaros que eran arríanos: «Son herejes, dice, pero lo ignoran…. Están en el error, pero de buena fe, no por odio, sino por el amor a Dios, creyendo honrarle y amarle: aunque no tengan una fe pura, creen tener una caridad perfecta. ¿Cómo serán castigados en el día del juicio por su error ? Nadie puede saberlo mas que el Juez soberano».
TRATADO DEL CISMA MODERNO, Y OTROS
Doctrina católica expuesta por San Vicente Ferrer, San Roberto Belarmino, San Alfonso María Ligorio, San Atanasio, San Pío V, etc, muy apropiada para que la mediten «conservadores» de cualquier pelaje, birritualistas perplejos, lefebvrianos de la diestra y de la siniestra, opinionistas, y toda la numerosa fauna de despistados «piadosillos».
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO III
En el que se declara ser muy peligroso para el alma cristiana
adherirse como a Papa al que no lo es, y apartarse,
aunque sea por ignorancia, del verdadero
El Papa legítimo es padre universal de los cristianos, y la Iglesia es la madre. Además, prestando obediencia a uno que no es papa y tributándole honores papales, se quebranta el primer precepto de la primera tabla, en el cual se ordena: No adores a dios extranjero, ni ídolo, ni estatua, ni semejanza alguna del cielo. ¿Qué otra cosa es el falso papa sino un dios extranjero en este mundo, un ídolo, una estatua, una imagen ficticia de Cristo?
* * *
Si existe el cisma, es necesario que haya cismáticos, que no son precisamente los que obedecen al papa verdadero, sino los que obedecen al falso cual si fuera legítimo. La ignorancia no excusa a los cismáticos, porque, según San Pablo: Si alguno lo desconoce, será él desconocido.
Con todo, hay que notar que en este género de ignorancia no todos pecan del mismo modo. Cuanto más excelentes son los hombres en ciencia o en algún oficio y grado, tanto mayor es su pecado de ignorancia. Y a causa de la misma ignorancia, cuanto más se adhieren al falso papa, defendiéndolo, honrándolo o predicándolo como papa; y más se apartan del verdadero impugnándolo, blasfemando contra él y seduciendo a los demás, tanto más gravemente pecan.
CAPÍTULO IV
En el que se declara que no basta, para la fe necesaria en la
Iglesia de Dios, creer bajo condición e indeterminadamente
en el verdadero Papa
Por tanto, respondiendo a la cuestión, digo que en nuestro caso no es suficiente, para salvar la fe que hemos de tener en la Iglesia de Cristo, creer bajo condición e indeterminadamente en el verdadero papa, del mismo modo que no basta creer incondicionalmente e indeterminadamente en la Iglesia.
Ya Se dijo que creer en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, es un artículo de fe. Por consiguiente, no basta al fiel cristiano la credulidad condicional e indeterminada en la Iglesia y, por tanto, en el verdadero papa, porque una cosa conlleva la otra, como queda dicho.
Pues bien, la fe condicional e indeterminada en el papa verdadero no dirige suficientemente al hombre en sus obras, sino que lo deja perplejo.
Si a ninguno obedece y permanece en la duda, está claro que dicha credulidad no le guía suficientemente en la observancia de los preceptos divinos.
CAPÍTULO V
En el que se declara que es necesario determinarse por el
verdadero Papa, mientras dura este cisma.
Mas para salvar el artículo de fe sobre la Iglesia, a la que todos hemos de creer y obedecer, no basta la credulidad condicional e indeterminada sobre el verdadero papa, como se dijo en el capítulo precedente. Luego es necesario para la salvación determinarse a creer en el papa verdadero.
Luego para la fe de la cristiandad y para alcanzar la salvación es necesario determinarse por el papa legítimo, vicario universal del Salvador.
Quienes no creen explícita y determinadamente en el papa verdadero no entran en una iglesia determinada y, por consiguiente, están fuera de la Iglesia.
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
En el que se declara que todos están obligados, como requisito
necesario para salvarse, a informar al prójimo de la legitimidad
de Clemente y de la Iglesia romana
Así dice el Samo: «Creí, y por eso hablé». Y la Glosa: «Quien cree, es necesario que haable, pues no cree rectamente quien no manifieste lo que cree«.
Sin embargo, esta información no obliga a todos de la misma manera, pues a quienes incumbe predicar de oficio están obligados a informar pública y solemnemente al pueblo cristiano de la verdad del sumo pontífice y de la Iglesia romana.
A éstos se les dice en San Mateo: Lo que yo os digo en la oscuridad decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, predicad lo sobre los tejados.
CAPÍTULO III
En el cual se declara que de ningún modo debe omitirse
en el presente caso la información o la defensa de la verdad,
a pesar de la prohibición de los príncipes.
Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. Es así que por precepto divino y de necesidad para salvarnos estamos obligados a informar al prójimo de la verdad del sumo pontífice y de la Iglesia romana, y a defender esta verdad, según se ha dicho.
PRINCIPIOS PARA DETERMINAR SI RONCALLI, MONTINI, WOJTYLA, RATZINGER, Y BERGOGLIO
SON PAPAS O ANTIPAPAS
Quien no tiene la fe católica no es miembro de la Iglesia. Y si no es miembro no puede ser cabeza. Esto lo afirman en forma terminante San Antonio de Florencia, San Roberto Belarmino, San Alfonso María de Ligorio. San Roberto dice: «principio de los más ciertos», «sentencia de todos los antiguos Padres».
El Papa que pierde la fe se auto-depone, deja de serlo. No puede ser depuesto por nadie.
«Sólo por la Fe puedo ser juzgado», decía el Papa Inocencio III. Pues al no tenerla deja de ser Papa y superior de nadie.
Y esta constatación la puede hacer todo cristiano que tenga la Fe. San Vicente de Lerins (1)se pregunta: » ¿cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, ante una novedad herética que no esté limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia entera?»
«En tal caso el cristiano deberá hacer todo lo posible para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por ninguna mentira.»
O sea, «mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre por y por todos»(2). Ello implica someterse al régimen tradicional de la Iglesia.
San Vicente de Lerins no habla a obispos o doctores sino a cualquier cristiano.
Y San Vicente Ferrer dice que es muy peligroso para el alma cristiana adherirse como a papa al que no lo es; el falso papa es como «un dios extranjero en este mundo, un ídolo, una estatua, una imagen ficticia de Cristo». La responsabilidad es mayor para el que tiene autoridad o ciencia, pero alcanza a todo cristiano (3).
Sobre la consagración de obispos dice el Derecho Canónico: «La consagración episcopal está reservada al Pontífice Romano, tal que no está permitido a ningún obispo consagrar a algún obispo, antes que el mandato del Pontífice haya sido reconocidamente establecido» (Can. D sobre 953).
Se invoca una pretendida situación excepcional, que no es la vacancia de la Santa Sede, para rechazar no ya un nombramiento de alguien que se considera que no tiene o no va a defender la Fe, sino de antemano a cualquiera que el actual «Pontífice» designe.
Y «someterse al Romano Pontífice es de toda necesidad de salvación para la humana creatura» (4). Quien niega esto no es católico.
Quien «reputando por verdadero un papa falso, rehusa someterse a él», incurre en pecado subjetivo de cisma.
NOTAS
- 1) El Conmonitorio, Apuntes para conocer la verdadera fe, Cap. 3, p. 19, Biblioteca Palabra, Madrid, 1976.
- (2) Id. ant., Cap. 2, p. 18.
- (3) «Tratado del Cisma moderno», Primera parte, cap. III, en «Biografías y escritos», ed. BAC. Madrid, 1956.
- (4) Bonifacio VIII, Bula Unam Sanctam, D. 469.
Estos son párrafos extractados del Tratado del epígrafe escrito por SAN VICENTE FERRER, cuando el Cisma de Occidente y editado por la BAC: «Biografía y escritos» (Madrid, 1956).
Dice la Introducción de esta edición: «Siendo el tratado una obra ocasional, la doctrina que en él se maneja, sobre todo en la primera parte, no puede llamarse circunstancial o temporal… La aplicación de estos principios al caso concreto le ha fallado a fray S. Vicente Ferrer `[ sabido es que luego, con esos mismos principios universales se sujetó al Papa verdadero], no precisamente por sus raciocinios y datos positivos a priori… Si le engañaron con astucia política, carece de toda responsabilidad.»
LA VERDAD Y EL NÚMERO
Homilía contra los que consideran al número como prueba de la verdad
o que no juzgan de la verdad sino por el número

De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para combatir la mentira y el error y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos dice en el fondo del corazón: «Yo soy la Verdad», Él sostiene nuestra esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: «Tened confianza, Yo he vencido al mundo.
Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la fuerza y el poder de la Verdad por el gran número? ¿Han olvidado por consiguiente, que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos, gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos, con una misericordia totalmente gratuita, al mundo entero y que no les dio, como única defensa, sino la confianza en Él? ¿Ignoran acaso que les dio como instrucción a estos doce enviados, no el seguir al gran número, y a esos millones de hombres que se perdían, sino ganar a esa multitud y comprometerla a seguirlos? ¡Cuán admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque no esté sostenida sino por un número muy pequeño.
No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las dificultades, es reconocer la debilidad de su causa, es convenir en la imposibilidad en que se está de defenderse, es, en una palabra, reconocerse vencido.
¿Qué pretendéis, en efecto, cuando nos objetáis vuestro gran número? ¿Queréis como en otro tiempo, levantar una segunda Torre de Babel, para tener a raya a Dios y atacarlo en caso de necesidad? ¡Qué ejemplo el de esa multitud insensata!
Que vuestro gran número me presente la Verdad en toda su pureza y su brillo, estoy dispuesto a rendirme y mi derrota es segura; pero que no me dé como prueba y razón nada más que su propio gran número y su autoridad: es querer causar terror y dar miedo, pero de ningún modo persuadirme
Cuando diez mil hombres se hubiesen reunido para hacerme creer en pleno día que es de noche, para hacerme aceptar una moneda de cobre por una moneda de oro, para persuadirme a tomar un veneno descubierto y conocido por mí, como un alimento útil y conveniente, ¿estaría obligado por eso a creerles?
Por consiguiente, puesto que no estoy obligado a creer en el gran número, que está sujeto a error en las cosas puramente terrestres, ¿Por qué cuando se trata de los dogmas de la religión y de las cosas del cielo, estaría yo obligado a abandonar a los que están apegados a la Tradición de sus Padres, a quienes creen con todos los que han sido antes que ellos, lo que se ha creído en los siglos más remotos, y confirmado además, por la Sagrada Escritura? ¿Por qué, digo, estaría yo obligado a abandonarlos para seguir a una multitud que no da ninguna prueba de lo que afirma? ¿Acaso el Señor mismo no nos dijo que había muchos llamados, pero pocos escogidos; que la puerta de la vida es pequeña, que la vía que lleva a ella es estrecha y que son pocos los que la encuentran? Por consiguiente, ¿cuál es el hombre razonable que no prefiriese ser de este pequeño número, que entra a la vida eterna por ese camino estrecho, a ser del gran número que corre y se precipita a la muerte por el camino ancho? ¿Quién de vosotros, si hubiese estado en los tiempos en que San Esteban fue lapidado y expuesto a los insultos del gran número, no hubiese preferido e incluso no hubiese deseado ser de su partido, aunque él estuviese solo, antes que seguir al pueblo, que por el testimonio y la autoridad de la multitud creía estar en la verdadera fe?
Un solo hombre de una probidad reconocida merece más fe y más atención que otros diez mil que no cuentan sino con su número y su poder. Buscad en las Escrituras y encontraréis las pruebas. Leed el Antiguo Testamento, allí veréis a Fineés [nieto de Aarón, Éxodo 6,25] quien se presenta solo ante el Señor, solo apacigua su cólera y hace cesar la matanza de los israelitas, de los que acababan de perecer veinticuatro mil. Si se hubiese contentado con decirse entonces, ¿quién osará oponerse aun número tan grande que está unido para cometer el crimen? ¿qué puedo yo contra la multitud? ¿de qué me serviría oponerme al mal que cometen con voluntad plena? ¿habría obrado valientemente y habría detenido el mal que cometía el gran número? No, sin duda, el resto de los israelitas habría perecido y Dios no habría perdonado a ese pueblo gracias al celo de Fineés. Es necesario, por consiguiente, que se prefiera el sentimiento de un hombre con probidad, que obra y habla con la libertad que da la Religión, a las opiniones y a las máximas corrompidas de una multitud.
En cuanto a vosotros, seguid si queréis al gran número que perece en las aguas y abandonad a Noé, el único que es conservado; pero al menos no me impidáis salvarme en el Arca con el pequeño número. Seguid si queréis al gran número de los habitantes de Sodoma; en cuanto a mí, yo acompañaré a Lot; y aunque él esté solo, no lo abandonaré para seguir a la multitud de la que se separó para buscar su salvación.
No creáis, sin embargo, que desprecio el gran número; no, lo respeto, y sé los miramientos que hay que tener con él: pero es ese gran número que da prueba y hace ver la verdad de lo que afirma, y no ese gran número que teme y evita la discusión y el examen; no ese gran número que parece siempre dispuesto al asalto y que ataca con orgullo, sino ese gran número que reprende con bondad; no ese gran número que triunfa y se complace en la novedad, sino ese gran número que conserva la heredad que sus Padres le han legado y está apegado a ella.
Pero, en cuanto a vosotros, ¿cuál es ese gran número del que os jactáis? Qué decir de los individuos vencidos, seducidos y ganados por las caricias, los presentes, de los individuos enceguecidos y arrastrados por su incapacidad y su ignorancia, de los individuos que, unos por timidez y otros por temor, sucumbieron ante vuestras amenazas y vuestro crédito, de los individuos que prefieren un placer de un momento, aunque pecando, a la vida que debe ser eterna.
¿Así, por consiguiente, pretendéis sostener el error y la mentira por medio del gran número, y establecerlo con perjuicio de la Verdad, que un grandísimo número no enrojeció en confesar públicamente a expensas de su vida? ¡Ah, por cierto, hacéis ver la magnitud del mal y hacéis conocer la profundidad de la llaga, pues la desgracia es tanto mayor cuanto más individuos se encuentran envueltos en ella!
«No sigáis la muchedumbre para obrar mal,
ni el juicio te acomodes al parecer del mayor número,
si con ello te desvías de la verdad»
SAN ATANASIO
Nulidad de todas las promociones o elevaciones de desviados en la Fe.

Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo PONTÍFICE ROMANO que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie.
Bula Cum ex apostolatus officio Papa PAULO IV (Año 1559)
CONFIRMACIÓN DE LA BULA CUM EX APOSTOLATUS POR SAN PÍO V
Y además siguiendo las huellas de nuestro predecesor, el Papa Paulo IV, de feliz recordación, renovamos con el tenor de las presentes, la Constituci6n contra los heréticos y cismáticos, promulgada por el mismo pontífice, el 15 de febrero de 1559, año IV de su pontificado, y la confirmamos de modo inviolable, y queremos y mandamos que sea observada escrupulosamente, según su contexto y sus disposiciones.
Motu Proprio Inter multiplices San PÍO V (21 de diciembre de 1566)
Gentileza de varios antiguos archivos de Católicos Alerta
SEDEVACANTOFOBIA
Análisis de un bloqueo mental …

¿Por qué tantos tradicionalistas
tienen miedo al sedevacantismo?
Es irracional y absurda la posición antisedevacantista, que considera que el error más condenable y peligroso del planeta, es pensar que un apóstata que blasfema patentemente, que astutamente socava la doctrina Católica, en cada ocasión que se le presenta, no es el Papa de la Iglesia Católica.
La Sagrada Escritura nos enseña que cuando Dios Todopoderoso creó al primer hombre, lo creó, como también a su progenie, a su imagen y semejanza: “Y él dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza …” (Gen 1: 26; cf. Gn 2, 7). Por “imagen y semejanza” se entiende con inteligencia y voluntad, cuya posesión nos distingue de los animales irracionales (cf. Papa León XIII, encíclica Exeunte Iam Anno, n. 14). Nuestro intelecto pertenece a nuestra alma racional, que Dios infunde en nuestros cuerpos. La función de nuestro intelecto es saber, y la función de nuestra voluntad es amar. Pero ¿qué debemos conocer y amar? Nuestro intelecto nos fue dado para conocer lo que es verdad, y nuestra voluntad nos fue dada para amar lo que es bueno. Así pues, la verdad y el bien son los objetos propios de nuestro intelecto y nuestra voluntad, respectivamente.
En este sitio web, una gran cantidad de contenido aborda el debate sobre la naturaleza de la crisis en la Iglesia Católica, específicamente con respecto al Pontificado Romano (papado). Todos los argumentos, por su propia naturaleza, pertenecen a la inteligencia, ya que pertenecen a la operación del intelecto llamado razonamiento discursivo. Es decir, el propósito de la argumentación es iluminar el intelecto, y entonces este intelecto iluminado puede mover a la voluntad – pero sólo en la medida en que no colocamos un obstáculo en la voluntad de prevenir o interferir con lo que nos ofrece el intelecto.
Para mucha gente, por desgracia, el intelecto ha sido durante mucho tiempo iluminado con pruebas suficientes, pero no están dispuestos a conceder que la Cátedra de San Pedro está vacante (o, en todo caso, que no está válidamente ocupada por Francisco o Benedicto XVI, aunque es posible, al menos en teoría, que no sea un Papa válido porque, por el motivo que sea, está impedido de manifestar de su existencia). Para estas personas, toda ulterior argumentación es inútil, porque, como hemos dicho, toda la argumentación se refiere al intelecto, mientras que su obstáculo no se encuentra en el intelecto, sino en la voluntad.
Tal voluntad terca y recalcitrante se muestra en las protestas conocidas, tales como: “Nunca seré sedevacantista”, o, “Nunca me convencerąs de que el sedevacantismo es cierto”. La gente que dice esas cosas están demostrando que han decidido que su posición no se rige por laevidencia, sino por su deseo de mantener su posición – condenando la verdad si fuere necesario. En otras palabras,son no-Sedevacantistas, no porque les falten pruebas, sino porque han decidido no permitir que ninguna prueba, aunque sea evidente, mueva su voluntad. Tales personas no pueden ser convencidos con una argumentación racional, porque ya han tomado la decisión, a priori, de que no van a dejar que cualquier argumentación haga mella en lo que creen. Es su voluntad la que necesita ser movida por la gracia, y para ello no existe un remedio diferente del que se lee en el Evangelio: “Esta clase de demonios no puede salir sino con oración y ayuno” (Marcos 09:28).
Los motivos que normalmente mueven la voluntad son numerosos, y pueden ser buenos o malos: el Amor de la Verdad, la pasión, el miedo, la ira, el placer, la cobardía, el respeto humano, el dinero, etc. No vamos a tratar de acusar a cualquier persona de nada en particular, sino que simplemente deseamos rogar a nuestros lectores que aún no son sedevacantistas que entren en sí mismos para ver si quizás no se trata de que simplemente no quieren aceptar que el sedevacantismo es cierto. En cierto modo, realmente no podemos culpar a nadie por no querer ser sedevacantista; no es algo agradable y a veces no es suficiente con no tener un Papa sino que ni siquiera hay una iglesia cercana. Pero no se trata de llegar a una posición porque nos resulta atractiva – hay que aceptarla porque se está convencido (en el intelecto). Por eso somos sedevacantistas, no porque nos gusta la posición, sino porque nuestra Fe y nuestra razón nos dicen que es la única posición correcta que puede adoptarse, sin importar las consecuencias. Si sirve de ayuda: Nosotros en Novus Ordo Watch somos unos convertidos.
En un video nuevo, un sacerdote sedevacantista, el P. Anthony Cekada hace la pregunta tan esperada: “¿Por qué este miedo irracional al sedevacantismo?” Sí, de hecho es irracional, incluso para el sentido común es absurdo pensar que el error más condenable y peligroso del planeta, sea el pensar que un apóstata que blasfema patentemente, que astutamente socava la doctrina Católica, en cada ocasión que se le presenta, pueda no ser el Papa de la Iglesia Católica. En este nuevo video, el padre Cekada no se limita a preguntar por qué hay tanto miedo al sedevacantismo sino que también responde, basado en la historia temprana del movimiento tradicionalista, en los principios teológicos, y en sus propias observaciones, dando consideraciones prácticas que a menudo hacen que los tradicionalistas se muestren reacios a la conclusión sedevacantista.
Aquí está el vídeo que pone las cosas en perspectiva – por favor asegúrese de compartirlo:
Vídeo: ¿Por qué los tradicionalistas tienen miedo al sedevacantismo?
No estamos más que a pocos días de distancia – o eso nos han dicho – de que salga la publicación de un libro de 700 páginas llamado “¿Verdadero o Falso Papa? Una refutación del sedevacantismo y otros errores modernos ” de John Salza y Robert Siscoe [en nuestro blog hay dos posts dedicados a refutar las ideas que los autores del libro vierten en una entrevista previa a su publicación, hecha a los autores por Louie Verrechio y que puede leerse en el blog “Adelante en la Fe”. Teniendo en cuenta la longitud extrema de esta obra, una cosa es evidente: El campo de reconocer-y-resistir, especialmente en la Sociedad de San Pío X (que es la editora), se siente afectada. El Sedevacantismo les está haciendo mella, en su posición, de lo contrario no verían la necesidad de gastar esta cantidad de tiempo, esfuerzo y energía para tratar de refutarla. Es divertidamente irónico que ahora que Francisco está destruyendo los últimos vestigios, incluso del aspecto del catolicismo en el Vaticano, la Fraternidad San Pío X está más cerca de la unión con Roma que nunca. Ninguno de los antipapas del Vaticano II ha sido un fraude tan evidente como. Jorge Bergoglio – su último reclamo indignante es que nuestro Señor “probablemente tuvo que pedir perdón” a María y a José por haberse quedado en el Templo – y sin embargo el “último bastión de la tradición “No puedo esperar más para ser aceptado por ellos en su iglesia con todo cariño, y ahora John Salza y Robert Siscoe están haciendo todo lo posible para asegurarse de que usted vaya a ser una parte de ella cuando esto suceda.
¿Que esta pasando aqui? ¿Sigue siendo razonable? No, claro que no lo es.
Para colmo de males, uno de los dos autores de ¿Verdadero o Falso Papa? Dice que él es un ex masón del grado 32, en otras palabras, un hombre que, según su propia confesión, estaba muy involucrado en una secta satánica, cuyo objetivo es la destrucción y eliminación del catolicismo, una sociedad secreta que fuecondenada y advertida de su peligro por numerosos papas en el pasado y que lleva consigo para sus adherentes la excomunión automática (ver Canon 2335). Seguramente uno se permitirá preguntarse si el Sr. Salza tuvo una conversión genuina de la masonería al catolicismo o si tal vez simplemente se puso bajo una nueva asignación de la logia- ahora actúa como un “ex” Freemason que trata de apagar la mecha humeante de los últimos restantes verdaderos católicos que quedan en el mundo, los Sedevacantistas.
Pero sea como fuere, el hecho es, sencillamente, que un gran número de personas que se niegan a aceptar o incluso estudiar el sedevacantismo – no porque estén convencidos de su posición sino que están de buena fe, ya que carecen de pruebas, (la mayoría de la gente casi no sabe lo suficiente sobre el tema)- porque no quieren que sea verdad. Esto es así ya sea porque les obligaría a admitir que han estado equivocados todo este tiempo (el orgullo), o porque tienen miedo de lo que otros puedan decir o pensar (respeto humano), o porque podría tener consecuencias indeseables en su familia o en su trabajo para vivir, o porque les causaría grave dificultad o desagrado (cobardía / afeminamiento), o porque realmente no se preocupan por el asunto (tibieza / pereza). Por supuesto, también puede haber una serie de otras razones, algunas de ellas muy legítimas como el deseo de que el sedevacantismo no sea verdad (por ejemplo, por el miedo a escandalizar a los conversos recientes o a los débiles en la fe) – pero sin embargo, en cualquier caso, sigue siendo insuficiente para que alguien pueda dispensarse de la obligación de abrazarlo.
Después de tanto esfuerzo hecho por los Sres. Salza y Siscoe para oponerse a la idea de que un manifiesto apóstata, apruebe todas las religiones falsas bajo el sol, blasfeme de nuestro Señor y de la Virgen, y declare abiertamente que su enseñanza sea “posiblemente herética’, que sea el jefe de la Iglesia Católica porque de la que ni siquiera es miembro, hay que preguntarse, si su libro de 700 páginas va contra el modernismo. Incluso si uno fuera a admitir la idea absurda de que el sedevacantismo es tan peligroso como el error del Modernismo, ¿no existen muchísimos más modernistas que Sedevacantistas? Es curioso que las mismas personas que hace dos años se burlaban del supuesto número infinitesimal de adherentes a la posición sedevacantista denominándolos como “aquellos sedevacantistas de las seis y media en Sheboygan” (palabras de Christopher Ferrara en un episodio del Foro de The Remnant) curiosamente necesiten respaldar (como si ellos no tuvieran ninguna credencial seria) un mamotreto de 700pgs, que mucha gente no va a comprar y aún menos a leer. (Para la revisión crítica de algunas de las personas que han dado su respaldo formal a “¿Verdadero o Falso Papa?”, pueden escuchar nuestro podcast informativo,TRADCAST 010).
Como hemos señalado antes en este sitio web, el sedevacantismo no es peligroso, sino totalmente seguro. ¿Por qué? Porque adhiriéndonos a él, no vamos a ser conducidos a la herejía, ni al cisma, porque nos mantendremos fieles a la enseñanza católica. Aun suponiendo, por el bien del argumento, que la posición fuera falsa, ¿dónde estaría el peligro? ¿De qué podría alguien ser acusado? Lo peor que se podría decir de uno es que se ha equivocado acerca de quién es el verdadero Papa. Usted creía, de buena fe, que no había Papa cuando en realidad lo había – pero usted actuó de manera consistente y de conformidad con la doctrina católica, con lo mejor de su capacidad y en paz con su conciencia. Usted podría ser acusado de haber cometido un error sincero, nada más; un error en cuanto a la identidad del verdadero Papa, como muchos otros lo hicieron antes en la historia de la Iglesia, y con total inocencia usted ha hecho todo lo posible por resolverlo. Este es lo peor que se puede decir de los sedevacantistas. Usted no podría ser acusado de adherirse a/o propagar la falsa doctrina (herejía), ni de negarse a someterse al hombre que reconoce que es el Papa (cisma).
Los defensores del “reconocer-y-resistir” continuamente retuercen el magisterio de la Iglesia católica sobre el papado con el fin de encajar a Jorge Bergoglio en ella. Pero la clavija cuadrada de Bergoglio no encaja en el agujero redondo del papado. ¿Solución de los resistentes? Ajustar y modificar el agujero hasta que pueda ser encajada la tuerca de Bergoglio. Como el Padre Cekada dice en su vídeo, están destruyendo el papado con el fin de “salvarlo”. No funcionará. Con el fin de “tener el Papa al que antes dieron golpes”, han negado durante mucho tiempo, han ignorado, minimizado, relativizado, reinterpretado, o neutralizado la enseñanza católica sobre la autoridad papal y magisterial.
Por ejemplo, en su encíclica Humani Generis, el Papa Pío XII puso en claro que la autoridad magisterial de la Santa Sede constituye la norma próxima y universal de la verdad para el teólogo católico: “…este sagrado cargo del Maestro en materia de fe y moral debe ser la norma próxima y el criterio universal de la verdad para todos los teólogos “(n. 18). Al final del párrafo, el Papa Pío también condenó la idea, tan popular entre los resistentes de hoy, que en asuntos no infalibles o no definitivos un católico puede (mucho menos debe!) echar a la basura el magisterio actual y en lugar de él seguir la Tradición : “Los Papas, [algunos] no han querido emitir un juicio sobre lo que es un asunto de controversia entre los teólogos, por lo que deberá recurrirse a las primeras fuentes, y las recientes constituciones y decretos de la Iglesia enseñanza debe se explica a partir de los escritos de los antiguos. Aunque estas cosas pueden parecen buenas, dijo, con todo no están libres de error “(nn. 18-19). El mismo Papa continuó: “Tampoco debe pensarse que lo que está expuesto en Encíclicas de por sí no exige el consentimiento, ya que las cartas de los Papas no ejercen el poder supremo de su magisterio” (n 20; cursiva. adicional). Y, por supuesto, todos sabemos cómo John Salza, Robert Siscoe, Chris Ferrara, John Vennari, y Michael Matt dan su “consentimiento” a lo que se enseña en los documentos postconciliares magistrales (guiño, guiño)
¿Todavía no está convencido? A continuación, vea este breve vídeo, que muestra que lo que sigue, sería enseñanza católica, si Francisco fuera un verdadero Papa.
¿Han prevalecido las puertas del infierno?
Para saber lo que usted está obligado a creer acerca de Francisco si usted piensa que él es un sucesor válido de San Pedro, estudie la doctrina pre-Vaticano II sobre el papado y reemplace “Papa”, “sucesor de San Pedro”, etc. , y ponga cada vez a “Francisco” (o cualquiera de sus predecesores fraudulentos) y vea lo absurdo que resulta.
Hace unos años, un representante de la resistencia, John Vennari escribió un artículo acerca de Francisco, y resulta que el mismo hombre que supuestamente mantiene que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, dice que no permitiría que Francisco enseñase religión a su ¡niños! Pues bien – puesto que Vennari insiste en que Francisco es el Vicario de Cristo, le tomamos la palabra y sustituimos la frase “Vicario de Jesucristo en la tierra” para cada mención de “Francisco” en su artículo. Así de histérico quedaría un párrafo suyo:
He estado siguiendo el Vicario de Jesucristo en palabras y acciones y leí todo el libro El Cielo y la Tierra que él co-escribió con el rabino Skorka.
El Vicario de Jesucristo en la tierra parece tener un buen corazón y algunos buenos instintos católicos, pero teológicamente el Vicario de Jesucristo en la tierra es un choque de trenes – muy descuidado.
Aunque esto pueda sorprender a algunos lectores, debo decir que nunca permitiría que el Vicario de Jesucristo en la tierra enseñase religión a mis hijos.
Por ejemplo, el Vicario de Jesucristo en la tierra recientemente afirmó que todos los hombres, católicos, no católicos y ateos, son todos igualmente hijos “de primera clase” de Dios. Hay chicos de 16 años de edad, católicos tradicionales, que se guardarían muy bien de hacer tal afirmación, pues saben que Escritura y la Tradición Católica enseñan que somos hijos adoptivos de Dios sólo a través del bautismo y estamos incorporados a la Iglesia por medio de la fe y de la gracia santificante. (Lea la Parte I de «Cristo Vida del Alma», de Marmion que describe esta verdad con clara doctrina y e inmensa belleza).
El Vicario de Jesucristo en la tierra es un seguidor a fondo de la orientación del Vaticano II. El Vicario de Jesucristo en la tierra fue formado en 1960 por los jesuitas, por lo que no se puede esperar de él mucho más. El Vicario de Jesucristo en la tierra, un hombre de los años 70, me recuerda a algunos de los nuevos sacerdotes que, en mi escuela secundaria (1972 a 1976), reclamaban “justicia social” a quienes yo encontraba repulsivos.
Cualquier persona que sea devota de la Virgen puede ser rescatada. Espero que la devoción que le tiene el Vicario de Jesucristo en la tierra le rescate de sí mismo.
El coautor del Vicario de Jesucristo en la tierra, el rabino Skorka asistió en Roma a un gran encuentro interreligioso de Focolares y puso al Vicario de Jesucristo en la tierra por las nubes, prometiendo que el Vicario de Jesucristo en la tierra será un “vicario de Jesúscristo en la tierra del cambio“
El National Catholic Reporter señaló recientemente que el Vicario de Jesucristo en la tierra no es tanto un Católica Lumen Gentium, sino un Gaudium et Spes católico. Creo que esta evaluación es correcta.
El Vicario de Jesucristo en la tierra admitió que hay un lobby gay en el Vaticano, pero también dijo que es demasiado desorganizado para promulgar una reforma, y dejará eso a su comité de cardenales.
En la Argentina, [el entonces “cardenal”] Bergoglio no pudiendo obtener permiso del Vaticano para practicar exorcismos, ¡enviaba a la persona que necesitaba un ‘exorcismo’ a un pastor luterano!
El Vicario de Jesucristo en la tierra es ecuménico hasta los huesos. No tiene sentido pretender lo contrario. Como dice el Mensaje de Fátima, “Oren mucho por el Santo Padre”.
Veo que la necesidad de intensificar nuestra resistencia al caos del Vaticano II es mayor que nunca, ya que los Vicarios de Jesucristo en la tierra tienen cada vez más arraigada la nueva orientación de la nueva norma. Muchos de los católicos de hoy creen que el “espíritu de Asís” y las reuniones ecuménicas constituyen el verdadero rostro del catolicismo.(La Fuente, aquí)
Eso fue en 2013. ¿Saben cuántas cosas pasaron desde entonces? Y a pesar de todo, el Sr. Vennari todavía no admite que Francisco no puede ser un Papa válido.
Lo que nos lleva directamente a nuestra tesis original: Para muchos, el rechazo del sedevacantismo es un asunto de la voluntad, no del intelecto. No es que la evidencia no es allí, es que ellos no quieren que sea así. Pero a la realidad no le importa lo que nosotros querramos. En 1912, los pasajeros del Titanic descubrieron esto por el camino difícil.
Sólo recuerden: Las personas que dicen que no son sedevacantistas, no están diciendo nada sobre sedevacantismo – sin embargo, están dice mucho acerca de sí mismos.
Gentileza de Amor a la verdad
EL PELIGRO GRAVÍSIMO DEL OPINIONISMO
Desde los años ochenta del pasado siglo una teoría lefebvrista invadió su institución, y a casi todos los que salieron de ella, bien expulsados, bien salidos por su propia iniciativa, y que siguen aún hoy engañando a las almas con esta teoría esperpéntica denominada opinionismo. Con este error teológico y moral se viene a decir que el hecho de que Bergoglio [y sus predecesores desde el C.V. II) sean o no papas, es una cuestión de opinión.
Este vídeo explica muy bien el gravísimo error del opinionismo, si se soslaya la rocambolesca teoría del papa materialiter y no formaliter del entrevistador, la cual no concuerda con la metafísica de Santo Tomás, para quien existe el compuesto – materia y forma -y jamás la materia sola. Esto es simple de entender; por ejemplo, nadie ha visto la madera; lo que ha visto es un banco de madera; una silla de madera, un árbol, etc., es decir, la madera bajo una forma, pero jamás la materia «madera» sola. Salvado este grave error metafísico, con graves consecuencias para la propuesta de la solución de esta crisis, el vídeo es muy válido y sencillo de entender.
Remarcar que moralmente nadie puede actuar en la duda práctica y debe llegar a una conciencia cierta. Esto es así porque actuar en la duda, es aceptar la posibilidad de ofender a Dios, y se peca, puesto que en la duda cabe el temor de que la opinión contraría sea cierta.
LOS DOS CONEJOS, Ó ¿CÓMO ESTAMOS TRAS EL CONCILIABULO?
CÓMO ANDAMOS DESPUES DEL CONCILIÁBULO POMPOSAMENTE LLAMADO VATICANO II
Y NULIDAD DE LOS TRES[5] ÚLTIMOS CÓNCLAVES»
O CASA EN SI DIVIDIDA NO SUBSISTIRÁ?
seguido de perros
(no diré corría)
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?
¿Que ha de ser? responde;
sin aliento llego…
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo.
Sí -replica el otro-
por allí los veo…
pero no son galgos
pues que son? – podencos.
¿Qué? ?Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
bien vistos los tengo.
Son podencos; vaya
que no entiendes de eso.
Son galgos te digo,
digo que son podencos.
En esta disputa
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa;
llevense este ejemplo.
Acapulco Guerrero, 10 de enero de 1989.
LA CONCIENCIA
La conciencia
Después del tratado de la ley, que es la norma remota, objetiva y extrínseca de los actos humanos, es preciso estudiar la norma próxima, subjetiva e intrínseca, que no es otra que la propia conciencia.
Dividimos la materia en los cuatro siguientes artículos:
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La conciencia en general.
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La conciencia en especial.
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Sistemas para la formación de la conciencia.
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La educación de la conciencia.
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ARTICULO I
La conciencia en general
150. I. Concepto. Vamos a dar su noción etimológica y real.
ETIMOLÓGICAMENTE, la palabra conciencia parece provenir del latín cum scientia, esto es, con conocimiento. Cicerón y Santo Tomás le dan el sentido de «conciencia común con otros»: Unde conscire dicitur quasi simul scire.
REALMENTE puede tomarse en dos sentidos principales:
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Para expresar el conocimiento que el alma tiene de sí misma o de sus propios actos. Es la llamada conciencia psicológica. Su función es testificar, e incluye el sentido íntimo y la memoria.
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Para designar el juicio del entendimiento práctico sobre la bondad o maldad de un acto que hemos realizado o vamos a realizar. Es la conciencia moral, que constituye el objeto del presente tratado.
151. 2. Naturaleza. La conciencia moral puede definirse: el dictamen o juicio del entendimiento práctico acerca de la moralidad del acto que vamos a realizar o hemos realizado ya, según los principios morales.
Expliquemos un poco la definición:
EL DICTAMEN O JUICIO DEL ENTENDIMIENTO PRÁCTICO. La conciencia, en efecto, no es una potencia (como el entendimiento) o un hábito (como la ciencia), sino un acto producido por el entendimiento a través del hábito de la prudencia adquirida o infusa. Consiste ese acto en aplicar los principios de la ciencia a algún hecho particular y concreto que hemos realizado o vamos a realizar. Esta aplicación consiste en el dictamen o juicio del entendimiento práctico. La conciencia, pues, no es un acto del entendimiento teórico o especulativo ni de la voluntad.
ACERCA DE LA MORALIDAD DEL ACTO. En esto se distingue de la conciencia meramente psicológica. La conciencia moral es la regla subjetiva de las costumbres. Todo lo que la conciencia juzga como conforme a las justas leyes es un acto subjetivamente bueno o, al menos, no malo; lo que juzga, en cambio, disconforme con aquellas leyes es subjetivamente malo, aunque acaso no contenga en sí mismo ninguna inmoralidad objetiva.
QUE VAMOS A REALIZAR O HEMOS REALIZADO YA. El oficio propio y primario de la conciencia es juzgar del acto que vamos a realizar aquí y en este momento; porque, como hemos dicho, es la regla próxima y subjetiva a la que hemos de ajustar nuestra conducta. Pero, secundariamente, pertenece también a la conciencia juzgar del acto ya realizado. En este último sentido se dice que la conciencia nos da testimonio (con su aprobación o su remordimiento) de la bondad o maldad del acto realizado.
SEGÚN LOS PRINCIPIOS MORALES. La conciencia supone verdaderos los principios morales de la fe y de la razón natural y los aplica a un caso particular. No juzga en modo alguno los principios de la ley natural o divina, sino únicamente si el acto que vamos a realizar se ajusta o no a aquellos principios. De donde se sigue que la conciencia de ningún modo es autónoma (como quieren Kant y sus secuaces) y que es falsa aquella libertad de conciencia proclamada por muchos racionalistas, que consideran a la propia conciencia como el supremo e independiente árbitro del bien y del mal.
Con lo dicho pueden comprenderse fácilmente las diferencias entre la conciencia y algunas otras cosas que se le parecen. Y así se distingue :
a) DE LA SINDÉRESIS, que es el hábito de los primeros principios morales, cuyo acto propio es dictaminar en general la obligación de obrar el bien y evitar el mal. La conciencia, en cambio, dicta lo que hay que hacer u omitir en un caso concreto y particular. La sindéresis nunca yerra; la conciencia puede equivocarse.
Hermosamente comparaba San Jerónimo la sindéresis a una «centellita» encendida por Dios en nuestro entendimiento, que luce y arde al mismo tiempo. Luce, mostrándonos los principios generales de las costumbres; arde, impulsándonos al bien y retrayéndonos del mal. Esta centellita nunca se apaga, ni en la tierra, aunque el hombre se envilezca por el pecado; ni en el cielo, ni en el infierno. Santo Tomás dice expresamente que la centella de la razón no puede extinguirse por el pecado mientras permanezca la luz del entendimiento. Esta sindéresis permanece en los condenados y es la causa primaria de aquel »gusano roedor» de que nos habla el Evangelio (Me. 9,43), y que no es otra cosa que una perpetua acusación y remordimiento de los pecados cometidos, que atormenta la conciencia de aquellos desgraciados.
b) DE LA CIENCIA MORAL, que deduce de los principios las conclusiones objetivas. La conciencia, en cambio, es algo puramente subjetivo que puede concordar o no con la ciencia moral. Y así puede darse el caso de un moralista con mucha ciencia y poca conciencia, y un alma de conciencia muy delicada con poca ciencia moral.
c) DE LA PRUDENCIA, que es un hábito, mientras que la conciencia es un acto, como hemos dicho. El juicio de la prudencia coincide con la propia conciencia.
d) DE LA LEY NATURAL, que incluye los principios objetivos de la moralidad como participación que es de la ley eterna. La conciencia aplica esos principios para dictaminar sobre el acto a realizar u omitir.
152. 3. División. En el siguiente cuadro esquemático aparecen con claridad las principales divisiones de la conciencia.
ARTICULO II
La conciencia en especial
Estudiada la noción y divisiones de la conciencia, veamos ahora cada una de sus diferentes clases en especial.
Seguiremos el orden del esquema que acabamos de poner.
A) Conciencia antecedente y consiguiente
153. Antecedente. Como su nombre indica, es la que recae sobre un acto que no se ha realizado todavía, precisamente para dictaminar sobre su moralidad. La conciencia ejerce aquí el papel de guía que inclina al bien y aparta del mal.
El dictamen de la conciencia antecedente resulta de un silogismo expreso o tácito en el que la premisa mayor es un principio general de moralidad; la menor es la aplicación de ese principio al acto que se va a realizar; y la conclusión es el fallo o dictamen de la propia conciencia, que manda hacerlo si es bueno u omitirlo si es malo. Por ejemplo:
La mentira es ilícita (principio general de la ley natural).
Pero esa respuesta que vas a dar es mentira (aplicación del principio). Luego esa respuesta es ilícita (dictamen de la conciencia propiamente dicha).
Ya se comprende que este juicio se hace a veces de una manera espontánea y rapidísima; otras veces, con mayor lentitud y trabajo. Depende del grado de evidencia o claridad que posean las premisas del silogismo en la mente de cada uno.
154. 2. Consiguiente. Es la que recae sobre un acto ya realizado, desempeñando el papel de testigo y de juez. Si el acto fué bueno, lo aprueba llenándonos de tranquilidad y de paz; si malo, lo reprueba llenándonos de remordimiento y de inquietud. San Agustín dice hermosamente que »la alegría de la buena conciencia es como un paraíso anticipado», mientras que el remordimiento de la mala conciencia es como la antesala del infierno.
Nótese, sin embargo, que la conciencia consiguiente no influye para nada en la moralidad de un acto. Esta depende por entero de la conciencia antecedente. Y así, si se diera el caso de que sólo después de realizada una acción, y no antes, cayéramos en la cuenta de que era ilícita, no habríamos cometido pecado alguno y no estaríamos obligados a confesarla (a no ser que hubiera habido negligencia culpable en no haberlo advertido antes).
Dígase lo mismo con relación a la ciencia moral que se vaya adquiriendo. Esta ciencia no tiene efectos retroactivos, y, por lo mismo, hemos de juzgar de nuestras acciones pasadas según la conciencia antecedente que teníamos al tiempo de realizarlas; no según el mayor conocimiento de la ley que vayamos adquiriendo después.
B) Conciencia verdadera y errónea
Como es sabido, la verdad no es otra cosa que la adecuación del entendimiento a la realidad objetiva de las cosas. La falta de adecuación constituye el error.
Cuándo afirmamos que la mentira es ilícita, estamos en la verdad, porque ésa es, efectivamente, la realidad objetiva de las cosas; pero si dijéramos que el derecho nada tiene que ver con la moral, estaríamos en un error, porque nuestro juicio no coincidiría con la realidad objetiva de las cosas.
155. I. Nociones. Según estos principios elementales:
a) Conciencia verdadera es aquella que dictamina de acuerdo con los principios objetivos de la moralidad, rectamente aplicados al acto que se va a realizar.
b) Conciencia falsa o errónea es la que no coincide con la verdad objetiva de las cosas. Puede ser invencible o, venciblemente errónea.
a’. CONCIENCIA ERRÓNEA INVENCIBLE es aquella cuyo error no puede disiparse en modo alguno. Ya sea porque no vino a la mente del que obra, ni siquiera en confuso, la menor duda sobre la licitud de aquella acción, o porque, aunque le asaltó alguna duda, no pudo disiparla después de hacer todo cuanto pudo para ello.
b’. CONCIENCIA ERRÓNEA VENCIBLE es aquella cuyo error no se disipó por incuria o negligencia del que lo padecía, ya que advirtió de algún modo el error o, al menos, dudó si lo había, y, a pesar de ello, nada hizo, o demasiado poco, para disiparlo.
156. 2. Principios fundamentales. Los principios fundamentales que rigen el mecanismo y funcionamiento moral de estas dos clases de conciencia son éstos :
1º. La conciencia objetivamente verdadera es de suyo la única regla subjetiva y próxima de los actos humanos.
La razón es porque sólo esa clase de conciencia incluye el verdadero y auténtico dictamen de la ley eterna, origen y fuente de toda moralidad. Lo que se oponga a ella será siempre objetivamente malo, aunque pueda excusar de pecado formal una conciencia invenciblemente errónea.
De donde se sigue que el hombre tiene obligación de poner todos los medios a su alcance para adquirir una conciencia objetivamente verdadera. Los principales son:
a) Cuidadosa diligencia en enterarse de las leyes que rigen la vida moral. No se requiere, sin embargo, una diligencia suma o extraordinaria; basta la que se pone de ordinario en un negocio serio y de importancia.
b) Aconsejarse de los peritos (confesor o superior eclesiástico) en los casos dudosos. arduos o difíciles.
c) Oración, pidiendo con sinceridad a Dios que ilumine nuestra mente.
d) Remoción de los impedimentos que dificultan el juicio sereno e imparcial (v.gr., las pasiones desordenadas, el egoísmo, las malas costumbres, etc.).
2º. La conciencia invenciblemente errónea puede ser accidentalmente regla subjetiva de los actos humanos.
La razón es porque la conciencia invenciblemente errónea es subjetivamente recta (aunque objetivamente sea equivocada), y esto basta para que sea obligatoria cuando manda o prohibe y para que excuse de pecado formal cuando permite.
Esta conciencia errónea se dice que es recta accidentalmente (per accidens). En cuanto conciencia recta, obliga, aunque material u objetivamente fuese ilícito lo que manda hacer (v.gr., matar al tirano). La obligación le viene en virtud de una ley superior, de derecho natural, que nos manda hacer siempre lo que creemos obligatorio. O sea, no por sí misma (ya que no hay tal ley objetivamente), sino en virtud de esa otra ley superior de derecho natural. Y obliga hipotéticamente, o sea mientras esa persona permanezca en su error. Y en cierto sentido es incluso conciencia verdadera, porque hay adecuación o conformidad entre la mente y la ley que se cree de buena fe existir.
Unos ejemplos aclararán estas ideas. El que crea sin la menor duda que es obligatorio mentir para salvar a un inocente (error invencible), está obligado a mentir y peca si no lo hace. Si cree sin la menor duda que está prohibido tal espectáculo inocente, peca si asiste a él. Si, por el contrario, cree sin la menor duda que tal libro se puede leer, no peca leyéndolo aunque estuviera, acaso, incluido en el Indice de libros prohibidos.
Pero téngase en cuenta que, como ya hemos dicho, la conciencia invenciblemente errónea puede serlo por dos capítulos: o porque no vino a la mente del que obra, si siquiera en confuso, la menor duda sobre la licitud de aquella acción; o porque, aunque le asaltó alguna duda, hizo todo lo que pudo para disiparla (preguntando, reflexionando, etc.), sin poderlo conseguir.
En el primer caso valen los ejemplos que acabamos de poner. Pero en el segundo es obligatorio abstenerse de obrar (si se sigue dudando de la licitud de la acción) o de elegir lo más seguro para no quebrantar la ley, o, al menos, lo que parezca más probable, atendidas todas las circunstancias.
Por ejemplo: un viajero se encuentra de paso en un pueblo el día de la fiesta patronal. Le asalta la duda de si estará obligado a oír misa con los del pueblo. Pregunta a unos cuantos, y obtiene respuestas contradictorias. Puede hacer una de estas dos cosas: u oír misa, en cuyo caso no necesita seguir haciendo averiguaciones, o dejarla de oír si le parece más probable que aciertan los que le dicen que no tiene obligación.
3º. La conciencia venciblemente errónea nunca puede ser regla subjetiva de los actos humanos, sino que es obligatorio disipar el error antes de obrar.
Pueden ocurrir tres casos, según que la conciencia mande, prohiba o permita realizar una acción.
a) SI MANDA realizar una acción de cuya licitud se duda por otra parte, no se puede obrar en un sentido ni en otro hasta que se averigüe la verdad. Por ejemplo: el que cree, por una parte, que tiene obligación de mentir para salvar a un amigo, pero duda, por otra, si la mentira puede ser lícita jamás, peca si en esta situación de duda se decide por lo uno o por lo otro; porque en cualquiera de estos dos casos acepta la posibilidad de quebrantar la ley. Tiene obligación de averiguar la verdad antes de obrar, al menos echando mano de algún principio reflejo (como explicaremos al hablar de la cociencia dudosa) con el fin de llegar a una conciencia moralmente cierta en uno de los dos sentidos.
b) Si PROHIBE realizar una acción que, por otra parte, parece que es lícita, no se la puede realizar hasta que se averigüe la verdad al menos con certeza moral: porque, de lo contrario, se acepta la posibilidad de quebrantar una ley, y esto constituye ya un pecado contra la misma.
c) SI PERMITE realizar como lícita una acción, de cuya verdadera licitud se duda por otra parte, tampoco es lícito realizarla mientras permanezca la duda, por la misma razón que acabamos de indicar.
Regla práctica para el examen. En la práctica es muy fácil averiguar si se tuvo conciencia errónea vencible o invencible. Fue vencible: a) si se advirtió alguna indecencia en la tal acción; b) si la conciencia dictó que era menester preguntar al confesor o a una persona prudente; c) si se dejó de preguntar por miedo o vergüenza, etc. En cambio, fué invencible cuando no asaltó la menor duda sobre la licitud de tal acción o, habiendo surgido dudas, se hizo cuanto moralmente se pudo para disiparlas y se obró después lo más seguro o lo que parecía más probable con toda honradez y buena fe.
4º. La conciencia Invenciblemente errónea en la actualidad, pero venciblemente errónea en su causa, excusa del pecado actual, pero no del pecado en su causa.
Y así pecan más o menos en la causa: a) el confesor que resuelve mal un caso de conciencia por su negligencia en el estudio o repaso de la teología moral; b) el médico que perjudica o mata al enfermo por su desconocimiento culpable de la medicina; c) el juez que falla injustamente por no haberse tomado la molestia de estudiar mejor las leyes, etc.
El pecado no se comete por la acción realizada con conciencia en la actualidad invenciblemente errónea, sino por aquella antigua negligencia (y en la medida y grado de la misma) que persevera todavía mientras no se haga lo que se pueda para disiparla. San Alfonso María de Ligorio no vaciló en escribir las siguientes palabras: «Afirmo que se halla en estado de condenación el confesor que sin ciencia suficiente se aventura a oír confesiones» 5. Y lo mismo hay que decir, salvando las distancias y en la medida y grado de su negligencia, de todo aquel que ejerce sin la suficiente preparación técnica una profesión que puede perjudicar gravemente a los demás.
C) Conciencia recta y no recta
157. I. Nociones. Conciencia recta es la que se ajusta al dictamen de la propia razón, aunque no coincida, acaso, con la realidad objetiva de las cosas.
No recta es la que no se ajusta al dictamen de la propia razón, aunque coincida, acaso, con la verdad objetiva de las cosas.
Algunos autores identifican la conciencia recta con la conciencia verdadera, y la no recta con la errónea. Creemos que no es exacta esa identificación, que da, por lo mismo, origen a muchas confusiones. Una conciencia puede ser recta sin ser verdadera (v.gr., la conciencia invenciblemente errónea); y puede ser no recta siendo verdadera (v.gr., el que contra su conciencia omite una mentira que cree obligatoria para salvar a un inocente). Para la verdad se requiere la adecuación de la conciencia con la realidad objetiva de las cosas; para la rectitud basta la adecuación subjetiva, supuesta desde luego la absoluta buena fe.
158. 2. Principios fundamentales. He aquí los principios que regulan estas dos clases de conciencia:
1º. La conciencia recta siempre ha de ser obedecida cuando manda o prohibe, y siempre puede seguírsela cuando permite.
La razón de lo primero es porque el hombre está obligado en todas sus acciones a seguir el dictamen de su propia conciencia cuando le manda o prohíbe alguna cosa; y si no lo sigue, peca. Consta expresamente por:
a) LA SAGRADA ESCRITURA: Todo lo que no es según conciencia es pecado (Rom. 14,23). Como es sabido, San Pablo dice eso a propósito de los que creían que era pecado comer la carne ofrecida a los ídolos; y aunque declara él mismo que no hay tal pecado objetivo, porque el ídolo no es nada en el mundo (1 Cor. 8,4), sino tan sólo un pedazo de madera sin valor moral alguno, sin embargo peca el que la come contra el dictamen de su conciencia, porque ya no obra con rectitud (cf. Rom. 14,1-23; 1 Cor. 8,1-13; 10,14-33).
b) EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA. Inocencio III: «Todo el que obra contra su conciencia edifica para el infierno».
c) LA RAZÓN TEOLÓGICA. San Buenaventura expone hermosamente la razón cuando escribe: «La conciencia es como el pregonero y embajador de Dios; y lo que nos dice, no lo manda como de parte de sí misma, sino como de parte de Dios, como el pregonero cuando divulga el edicto del rey» .
De donde se deduce la primacía absoluta de la conciencia sobre la misma ley. En este sentido no hay inconveniente en admitir un cierto relativismo en la ley objetiva, porque en caso de conciencia invenciblemente errónea obliga la conciencia y no la ley.
Sin embargo, cuando la conciencia se limita a permitir alguna acción, no es obligatorio seguirla, porque nadie está obligado a hacer todo cuanto le está permitido. Sólo obliga su dictamen cuando manda o prohibe alguna cosa.
2º. No es lícito jamás obrar con conciencia no recta, o sea, contra el dictamen de la propia conciencia.
Se demuestra por las mismas razones del principio anterior. El que obra contra su conciencia peca siempre, tanto si hace lo que su conciencia le prohíbe (aunque se trate de una cosa objetivamente lícita) como si omite lo que su conciencia le impone como obligatorio (aunque se trate de una cosa objetivamente ilícita). Porque, en cualquier caso, no obra con conciencia recta.
Según este principio, peca el que asiste a un espectáculo de suyo inocente si su conciencia se lo presenta como pecaminoso. Y peca omitiendo una mentira si su conciencia se la impone como obligatoria para salvar a un inocente.
D) Conciencia preceptiva, consiliativa, permisiva y prohibitiva
159. Como sus mismos nombres indican, la conciencia preceptiva es la que impone o manda alguna acción; la consiliativa, la que aconseja; la permisiva se limita a permitirla, y la prohibitiva impone la obligación de omitirla.
La primera y la última obligan siempre bajo pecado, grave o leve según la materia de que se trate o la conciencia del que obra. La segunda aconseja la realización de un acto bueno; pero, por lo mismo que no se trata de un precepto (ni siquiera leve), sino de un simple consejo, su omisión no constituye pecado alguno, aunque sí una imperfección.La tercera permite una acción de suyo lícita (v.gr., un paseo por el campo); pero, por lo mismo que ni lo manda ni lo aconseja, su omisión no constituye ni siquiera imperfección.
E) Conciencia cierta, dudosa y perpleja
Es una división importantísima que hay que estudiar detalladamente.
a) La conciencia cierta
160. 1. Noción y división. Conciencia cierta es la que emite su dictamen de una manera categórica y firme, sin miedo a equivocarse. Es la del que hace una buena acción estando seguro de que es buena, o una mala acción a sabiendas de que es mala.
La certeza puede dividirse de múltiples maneras. El siguiente esquema recoge las principales:
161. 2. Principios fundamentales. Teniendo en cuenta estas diversas clases de certeza, establecemos los siguientes principios fundamentales:
1.° Sólo la conciencia cierta es norma legítima del bien obrar.
La razón es porque el que duda si lo que va a hacer es bueno o malo, acepta la posibilidad de ofender a Dios y, por lo mismo, peca realizando con duda esa acción. Es preciso llegar a la conciencia cierta en una forma o en otra, como vamos a explicar en seguida.
2.° Basta, sin embargo, la certeza moral, práctica e indirecta sobre la licitud de la acción.
Lo mejor sería, naturalmente, llegar siempre a una certeza absoluta en la que no cupiera el error (metafísica), a menos de un milagro (física). Pero como en el orden moral esto es casi siempre imposible, por tratarse muchas veces de cosas variables y contingentes, para poder obrar con toda seguridad y tranquilidad de conciencia es suficiente llegar a una certeza moral que excluya toda duda prudente sobre la licitud de la acción.
Ni se requiere tampoco la certeza especulativa sobre la norma general que legitimaría aquella acción. Basta la certeza práctica sobre su licitud concreta en este caso, habida cuenta de todas las circunstancias que le rodean. Puede llegarse a esta certeza práctica a base de principios reflejos (como veremos en seguida al estudiar la conciencia dudosa), permaneciendo la duda sobre el principio especulativo.
Finalmente, no es necesaria tampoco la certeza directa a base de razones intrínsecas, que sólo los técnicos pueden de ordinario alcanzar. Basta la certeza indirecta fundada en razones extrínsecas (v.gr., en la autoridad del confesor que declaró lícita tal acción).
b) La conciencia dudosa
262. I. Noción y división. Conciencia dudosa es la que vacila sobre la licitud o ilicitud de una acción sin determinarse a emitir su dictamen. Propiamente hablando, no es verdadera conciencia, puesto que se abstiene de emitir un juicio, que es el acto esencial de la conciencia. Se trata más bien de un estado de la mente, que sólo en sentido impropio puede llamarse conciencia.
La duda admite también múltiples divisiones. He aquí las principales en cuadro esquemático:
163. 2. Principios fundamentales. Los principios fundamentales que regulan la conciencia dudosa son los siguientes:
1º. No es lícito jamás obrar con duda positiva práctica de la licitud de la acción.
Nótese bien el sentido del principio. Se trata de una duda positiva, o sea apoyada en graves razones *; y práctica, o sea que se refiere al hecho concreto que se va a realizar. En estas condiciones jamás es lícito realizar ese acto.
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* La duda meramente negativa que no se apoya en razón ninguna o en razones muy ligeras e inconsistentes puede y debe despreciarse en la práctica, por ser una duda imprudente. Lo contrario nos haría la vida imposible, llenándonos continuamente de inquietud y de angustia, ya que sólo en muy contadas ocasiones se puede llegar a una certeza tan clara y evidente que excluya en absoluto la posibilidad de toda duda incluso imprudente.
La razón la hemos indicado ya varias veces. El que obra con conciencia dudosa acepta la posibilidad de la ofensa de Dios y, por lo mismo, peca tanto si en el orden real y objetivo aquella acción es realmente mala como si es inocente y buena. El pecado cometido es el mismo que constituye el objeto de la duda, revestido con todas sus circunstancias especiales: mortal o venial, de esta especie o de la otra, según se le previó en la duda.
¿Qué debe hacer, pues, el que se encuentra con duda positiva y práctica de la licitud de una acción? Una de dos: o elegir la parte más segura, que es la favorable a la ley (en cuyo caso no necesita hacer ninguna investigación para salir de la duda, porque ciertamente excluye la posibilidad de pecar), o debe llegar a una certeza práctica sobre la moralidad de la acción en la forma que vamos a explicar inmediatamente.
2.° Cuando no se puede disipar la duda especulativa sobre la moralidad de una acción por principios intrínsecos, es lícito obrar con certeza moral práctica deducida por principios reflejos o extrínsecos.
Ocurre, en efecto, muchas veces que es imposible llegar a una certeza especulativa y directa apoyada en principios intrínsecos, ya sea porque no aparece con claridad el principio que la justifique directamente, ya porque la duda se establece precisamente en torno al principio especulativo.
Por ejemplo: está discutidísimo entre los moralistas si el testamento informe (o sea, el desprovisto de las formalidades jurídicas) es válido en conciencia. En estas condiciones es inútil invocar ese principio para fallar sobre la validez del testamento concreto que se nos presenta delante, porque precisamente lo obscuro y difícil es averiguar si es cierto o no el principio que declara válido en conciencia los testamentos informes.
¿Qué hay que hacer en estas circunstancias? No hay más remedio que echar mano de argumentos extrínsecos para llegar a una certeza moral en el orden práctico, aunque continúe la duda en el orden puramente especulativo. Antes de llegar a esta certeza práctica no es lícito obrar; pero con ella queda perfectamente a salvo la moralidad de la acción.
Esos argumentos extrínsecos son varios. Por de pronto, para el simple fiel sería suficiente el argumento de la autoridad (v.gr., la respuesta del párroco o del confesor). Pero, sin necesidad de consulta alguna, podría llegar por sí mismo a la certeza moral práctica echando mano de los llamados principios reflejos, que vamos a explicar a continuación.
164. 3. Principios reflejos o indirectos. Se llaman así ciertas normas generales de moralidad que no recaen directamente y de por sí sobre la cosa misma que se trata de averiguar, pero que reflejan sobre ella su propia luz, hasta el punto de conducirnos a una certeza moral de orden práctico, aunque no disipen del todo las tinieblas especulativas.
Los principales principios reflejos o indirectos son los siguientes:
1º. En caso de duda práctica, hay que seguir la parte más segura.
Ya hemos explicado este principio al hablar de la ilicitud de obrar con duda práctica. Si después de haberlo intentado por todos los medios a nuestro alcance (reflexión, consultas, etc.) permanece en pie nuestra duda práctica, es obligatorio seguir la parte más segura, o sea, omitiendo el acto de cuya licitud seguimos dudando, o practicando el que seguimos creyendo que quizás nos obligue. De lo contrario, aceptaríamos prácticamente la posibilidad de quebrantar la ley y pecaríamos de hecho por esta torcida disposición.
2.° En caso de duda se ha de estar por aquel a quien favorece la presunción.
La razón es porque la presunción engendra por sí misma, la mayor parte de las veces, una certeza moral de la rectitud de la acción.
Y así, v.gr., el religioso que duda si le obliga una orden de su superior que le parece excesiva, puede y debe obedecer, pues la presunción está de parte del superior, que tiene derecho a ser obedecido mientras no conste claramente que se ha excedido en sus atribuciones.
El que duda si ha consentido en una tentación interna (v.gr., en malos pensamientos), puede pensar que no consintió si se trata de una persona de conciencia delicada que ordinariamente suele rechazar con energía las tentaciones; al revés de si se trata de un pecador de conciencia muy ancha, que suele fácilmente consentir en la tentación.
3º. En caso de duda es mejor la condición del que posee actualmente la cosa.
Este principio es verdadero y muy útil en materia de justicia (v.gr., a favor del poseedor de buena fe, mientras no se demuestre perfectamente lo contrario). Por analogía se extiende también a todas las demás materias, pero su aplicación en esta otra zona no deja de tener sus dificultades. Volveremos sobre esto al hacer la crítica de los sistemas de moralidad.
4º. En caso de duda hay que juzgar por lo que ordinariamente acontece.
Es una norma prudente que los moralistas usan a cada paso. Y así, v.gr., se presume que un niño no ha llegado todavía al uso de razón antes de los siete años, porque eso es lo corriente y normal, aunque quepan excepciones. En cambio, a esa edad comienzan a obligarle ciertas leyes de la Iglesia (cf. cn.12 y 88), pues se presume que ya tiene uso de razón porque así suele ordinariamente acontecer.
5º. En caso de duda se ha de suponer la validez del acto.
Este principio se puede aplicar únicamente cuando el hecho principal sea cierto y sólo se dude de alguna circunstancia del mismo. Por ejemplo: el que duda si se confesó con suficiente dolor de sus pecados puede pensar que sí, porque el hecho principal (la confesión) es cierto y sólo duda de la suficiente contrición.
6º. En caso de duda, lo odioso hay que restringirlo y lo favorable ampliarlo.
Se entiende por odioso: a) todo lo que tiene carácter de pena; b) lo que va contra el derecho de un tercero, y c) lo que se opone al derecho común. Y por favorable, todo lo que resulta en beneficio de la libertad o concede alguna gracia sin perjuicio de nadie.
La razón es porque se presume que el legislador no quiere gravar a nadie más de lo que expresa su ley odiosa, y acepta una interpretación benigna de su ley favorable en consonancia con la misma. El mismo Código de Derecho canónico recoge este modo de sentir cuando dice que alas leyes, aun irritantes e inhabilitantes, no urgen cuando la duda es de derecho» (cn.15) y cuando establece que »en las penas se ha de usar la más benigna interpretación» (cn.2.219,1.°).
7º. En la duda, el delito no se presume, sino que hay que probarlo.
Es otro principio muy en consonancia con los anteriores y con la simple equidad natural. Nadie ha de ser considerado malo o culpable mientras no se demuestre que lo es.
Otros muchos principios suelen utilizar los moralistas para resolver las dudas teóricas, convirtiéndolas en certezas prácticas que permitan obrar sin quebranto de la conciencia. A partir de la aparición del probabilismo, el más frecuente y socorrido de todos es el famoso aforismo la ley dudosa no obliga, que, si fuera cierto, resolvería efectivamente la casi totalidad de los casos prácticos; pero ha sido duramente combatido por gran número de moralistas eminentes, que ven en él una pura falacia altamente perjudicial para la moralidad de los actos humanos. Qué haya de pensarse, a nuestro juicio, acerca de él, lo diremos con serena imparcialidad en el capítulo siguiente, al hacer la crítica de los llamados sistemas de moralidad para la formación de la propia conciencia.
c) La conciencia perpleja
165. 1. Noción. Se llama así la del que cree pecar tanto si realiza como si omite una determinada acción. Por ejemplo, el encargado de cuidar a un enfermo grave que teme faltar a la caridad si le deja un rato para oír misa en domingo, o a la ley eclesiástica si no la oye. O el confesor que teme pecar si absuelve al penitente dudosamente dispuesto, lo mismo que si no le absuelve.
166. 2. Principios fundamentales. La conciencia perpleja se regula por los siguientes principios :
I.° Si no se trata de un caso urgente y se puede suspender su ejecución hasta consultar con personas competentes o estudiar por sí mismo la cuestión, debe hacerse así. La razón es porque tenemos obligación de emplear los medios a nuestro alcance para llegar a una conciencia verdadera y recta antes de obrar.
2.° Si esto es imposible, por tratarse, v.gr., de un caso urgente que no admite espera, debe elegirse lo que parezca menos malo; no con la intención de obrar el mal menor, sino con la de practicar el bien posible, teniendo en cuenta que la ley inferior ha de ceder el paso a la superior (v.gr., en el caso del que cuida al enfermo, la ley divina de la caridad prevalece sobre la eclesiástica de oír misa).
3.° Si el que se encuentra perplejo no acierta a distinguir o a decidirse sobre lo que será menos malo, puede elegir libremente lo que quiera, y no pecará (aunque a él le parezca que sí), porque nadie está obligado a lo imposible y nadie puede pecar necesariamente, pues todo pecado supone la libre voluntad de cometerlo.
Sin embargo, si esta perplejidad fuera culpable en la causa (v.gr., el caso del confesor que no sabe qué hacer por no haber estudiado suficientemente la teología moral), hay que aplicarle los principios que expusimos al hablar de la ignorancia vencible y culpable.
F) La conciencia escrupulosa, delicada, laxa, cauterizada y farisaica
Todas estas subdivisiones se refieren a la conciencia por razón de su modo habitual de juzgar. Vamos a examinarlas separadamente una por una.
a) La conciencia escrupulosa
167. I. Noción. La palabra escrúpulo viene del latín scrupulus, que significa pedrezuela. Se designaba con esa expresión una pesa pequeñísima que no hacía oscilar sino balanzas muy finas y sensibles, como las que se emplean en farmacia. Por extensión se ha trasladado al terreno moral para designar un tipo de conciencia que se deja vencer por razones fútiles y sin consistencia alguna. En este sentido, puede definirse la conciencia escrupulosa diciendo que es aquella que por insuficientes y fútiles motivos cree que hay pecado donde no lo hay o que es grave lo que sólo es leve.
Se distingue de la conciencia delicada en que ésta atiende a los detalles mínimos, pero con serenidad y verdad; y de la errónea, en que ésta emite un juicio falso, pero firme, mientras que la escrupulosa fluctúa continuamente, sin llegar a un juicio estable.
168. 2. Señales. La conciencia escrupulosa se manifiesta por multitud de signos. Los principales son los siguientes:
a) Miedo constante y perturbador a incurrir en un verdadero pecado si se permite ciertas cosas o acciones que ve realizar con toda tranquilidad de espíritu a otras personas prudentes y de buena conciencia.
b) Nimia ansiedad sobre la validez o suficiencia de una buena acción, principalmente acerca de las confesiones pasadas o de los actos internos.
c) Largas y minuciosas acusaciones de circunstancias que no vienen al caso y en las que el escrupuloso cree ver complementos indispensables, cuando no la misma esencia de su pecado.
d) Pertinacia de juicio en no tranquilizarse con las decisiones del confesor por miedo a no haberse explicado bien, a no haber sido comprendido, etc., lo que le obliga a mudar con frecuencia de confesor y a querer renovar sus confesiones generales o la acusación de pecados sometidos ya multitud de veces al tribunal de la penitencia, etc., etc.
169. 3. Clases. Los escrúpulos suelen revestir dos formas principales : una de tipo general, que abarca todo el campo de la conciencia y se refiere a toda clase de pecados; y otra especial, que se circunscribe a una determinada materia (v.gr., a la fe, la castidad, la validez de la confesión, etc.), dejando completamente en paz y tranquilidad todo el resto de la vida moral. A veces se da la increíble aberración de escrupulizar hasta minuciosidades ridículas en una determinada materia, al mismo tiempo que se cometen sin escrúpulo ninguno grandes pecados en otras materias mucho más importantes.
170. 4. Causas. Los escrúpulos pueden provenir de una triple fuente:
a) CAUSA NATURAL. La inmensa mayoría de las veces los escrúpulos obedecen a causas puramente naturales de tipo físico o moral.
Entre las causas físicas, unas son meramente fisiológicas, tales como la disposición patológica del paciente (perturbación del sistema nervioso, o cerebroespinal, por enfermedad o herencia, atavismo, etc.); la fatiga intelectual por exceso de trabajo, insomnio, etc.; la falta de alimentación, que produce una gran depresión nerviosa, y otras causas semejantes.
Otras son de tipo psicológico, tales como un temperamento melancólico predispuesto a la cavilosidad y al pesimismo; un espíritu misántropo y retraído, que huye del trato normal con la gente y de toda recreación honesta, reconcentrándose cada vez más en sus propios pensamientos; ciertas enfermedades psicológicas, tales como la psicastenia, la obsesión, las ideas fijas (de las que el escrúpulo es una simple variedad o forma), etc.
Entre las causas morales (íntimamente relacionadas con las psicológicas) hay que señalar una educación excesivamente rigorista, que, al sancionar severamente las menores faltas, atemoriza y encoge el espíritu del educando, empujándole hacia los escrúpulos; el trato con otras personas meticulosas y detallistas; la lectura de libros excesivamente rigoristas en materia de moralidad, que se complacen en pintar con negras tintas las acciones más inocentes; una oculta soberbia, que hace preferir el propio criterio al de otras personas sensatas y prudentes, etc.
b) CAUSA SOBRENATURAL. A veces, aunque muy pocas, los escrúpulos proceden de una disposición del mismo Dios (valiéndose de causas naturales o preternaturales) para ejercitar al alma en la paciencia, humildad y obediencia, o para efectos purificadores de sus pasadas faltas, o en vistas a un mayor incremento de perfección y santidad. Tal ocurrió con San Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales y hasta con la angelical Santa Teresita del Niño Jesús. Pero tales escrúpulos no suelen durar largo tiempo—almenos no toda la vida—, y, superada la terrible crisis, renace en el alma la tranquilidad y la paz.
c) CAUSA PRETERNATURAL. Otras veces, permitiéndolo Dios, es el demonio la causa de los escrúpulos, actuando directamente sobre la imaginación y sensibilidad de sus pacientes. Trata con ello de perturbar la paz del alma para que no se entregue a los ejercicios de piedad o apostolado, o de vengarse de ella si se trata de un alma muy avanzada en los caminos de Dios. Tampoco estos escrúpulos suelen ser muy duraderos y cesan con tanta mayor prontitud y facilidad cuanto mayor sea la obediencia ciega al director espiritual, a pesar de todas las sugestiones diabólicas. Cuando el demonio se convence de que sus manejos resultan contraproducentes, abandona fácilmente un campo en el que tiene perdida la partida.
171. 5. Efectos. Pocas cosas resultan tan perjudiciales al cuerpo y al alma como la terrible enfermedad de los escrúpulos.
a) PERJUDICAN AL CUERPO, empujándole hacia las enfermedades mentales y nerviosas o agravándolas considerablemente si ya se padecen. Pueden llevar hasta el delirium tremens y la completa enajenación mental.
b) PERJUDICAN AL ALMA, impidiéndola entregarse con tranquilidad y paz al servicio de Dios, a quien ya no se mira como al mejor de los Padres, que acoge con infinita dulzura y misericordia al hijo pródigo que vuelve a la casa paterna cubierto de harapos, sino como Juez vengador de las menores injurias. El alma se vuelve egoísta, desconfía de todo el mundo, su trato se hace intolerable, pierde la devoción y la paz y, a veces, siente fuertes impulsos de echarlo todo a rodar o incluso de cometer la increíble locura del suicidio.
172. 6. Remedios. Hay que fijarse, ante todo, en la causa y origen de los escrúpulos para acertar con su verdadera terapéutica.
1.° CUANDO SON UN EFECTO DE LA PERMISIÓN DE DIos con vistas a la purificación del alma, lo mejor es la perfecta conformidad con la voluntad divina por todo el tiempo que sea de su beneplácito. Esfuércese el alma por obedecer en todo al director; renuncie a sus propias luces, aunque le parezca ver claro lo contrario de lo que el director le manda; humíllese en la presencia de Dios y una sus sufrimientos morales a los de Jesús y María por la salvación de las almas. Ya sonará la hora de Dios cuando El lo estime conveniente, y el alma saldrá de su dolorosa prueba vigorizada y mejorada.
2.° CUANDO PROCEDEN DE LA ACCIÓN DIABÓLICA, siga la misma línea de conducta que acabamos de indicar. Desprecie las sugestiones del enemigo, tranquilícese, humíllese, obedezca ciegamente al director y tenga paciencia, que no tardará en volver la calma y serenidad.
3.° CUANDO PROCEDEN DE CAUSAS PURAMENTE NATURALES (O sea en el noventa y cinco por ciento de los casos), hay que contrarrestar, en primer lugar, la influencia del mal en su doble aspecto fisiológico y psicológico.
a) FISIOLÓGICAMENTE se evitará con cuidado todo gasto inútil de energías vitales, sobre todo el exceso de trabajo: los obsesionados, en general, son seres rendidos de fatiga. Hay que evitar a toda costa la fatiga física, las emociones fuertes, la falta de sueño, la alimentación deficiente, la atmósfera malsana (locales cerrados, humo de carbón, etc.).
El enfermo debe someterse a un régimen altamente reparador de sus energías vitales destrozadas. Alimentación sana y abundante, reposo prolongado (de ocho a nueve horas de sueño), ejercicios respiratorios al aire libre, gimnasia moderada, hidroterapia, medicamentos tonificantes bajo el control del médico, etc.
b) PSICOLÓGICAMENTE tiene que rodearse de una atmósfera de tranquilidad y de paz, evitar el trato con personas meticulosas o rigoristas, no leer libro alguno que pueda excitarle, o emocionarle excesivamente, o aumentarle sus preocupaciones. Ha de evitar a todo trance el desdoblamiento de sus ideas, su excesiva prolongación o rumiadura, el querer llegar a la certeza absoluta en todo cuanto hace. Ha de entregarse a un trabajo moderado (manual o intelectual) que le entretenga provechosamente; se distraerá con recreaciones sencillas y agradables que no supongan esfuerzo o fatiga para sus nervios (nada de deportes violentos o de juegos absorbentes, como el ajedrez, etc.).
Presupuestos estos remedios neutralizadores, habrá que atacar directamente los escrúpulos mediante un acertado tratamiento de dirección espiritual. Para ello es indispensable la colaboración del enfermo, pero sin pedirle nunca que dé de sí más de lo que pueda dar en el momento concreto de evolución en que se encuentre actualmente. Las principales normas a que deben ajustarse director y dirigido son las siguientes:
El director procurará principalmente:
a) Inspirar confianza al enfermo. Déjele hablar largamente la primera vez. Interrúmpale tan sólo de vez en cuando con una pregunta fácilmente aclaratoria, para que el enfermo se convenza de que se le va entendiendo muy bien. Al terminar la larga conversación, dígale con dulzura: *Amigo mío: le he entendido a usted admirablemente. Veo su alma con toda claridad como a través de unos rayos X. Y estoy seguro de que su enfermedad es perfectamente curable, con tal que me obedezca ciegamente en todo».
b) Exigir obediencia ciega. Tiene que decirle al enfermo que el único procedimiento para curarle es la obediencia ciega, hasta creer que es blanco lo negro si el director se 10 dice así. Tiene que convencerse el enfermo de que lleva unas gafas de cristales negros que le hacen ver la realidad distinta de como es. El director no debe permitirle al enfermo que discuta sus órdenes o que pida el fundamento o las razones de las mismas. Debe limitarse a decirle que obedezca ciegamente, bajo la exclusiva responsabilidad ante Dios del director. A lo sumo puede explicarle el principio de que, para obrar con conciencia inculpable ante Dios, basta la certeza moral práctica de la honestidad de una acción por razones extrínsecas (la simple autoridad del confesor), aunque persistan en la propia conciencia toda clase de dudas especulativas. Háblele siempre con firmeza, empleando un lenguaje categórico, sin incurrir jamás en la torpeza de dejar escapatorias con un *quizás*, *tal vez», *sería mejora, etc., que, lejos de curar al enfermo, agravarían su dolencia.
El enfermo, por su parte, se esforzará con el mayor empeño y energía en colaborar a su curación en la siguiente forma:
a) Oración a Dios, pidiéndole el remedio de su triste situación, aunque con plena sumisión a su divina voluntad.
b) Obediencia ciega al director en el sentido y forma que acabamos de explicar. Fíese únicamente de él y no consulte a otros confesores ni consejeros. Haga brevísimamente su examen de conciencia y no se confiese sino de las faltas que pueda jurar haber cometido ciertamente.
c) Empleo de los remedios físicos y psíquicos que hemos indicado más arriba.
b) La conciencia delicada
173. I. Noción. Es aquella que juzga rectamente de la moralidad de los actos humanos extendiendo su mirada hasta los detalles más pequeños.
Se distingue de la conciencia escrupulosa, como ya hemos dicho, en que esta última ve pecado donde no lo hay, mientras que la delicada lo ve donde existe realmente, aunque sea muy pequeño. Y se distingue también de la conciencia rígida en que esta última se fija demasiado en la materialidad de la ley, esclavizándose a ella; mientras que la delicada sabe adaptarse a una sana y prudente epiqueya cuando se presentan especiales circunstancias no previstas por el legislador.
La conciencia delicada es altamente laudable y deseable. Mantenida dentro de sus justos límites (o sea sin dejarla desviar hacia la conciencia escrupulosa o rígida), presta grandes servicios al alma, ayudándola a evitar hasta los pecados más mínimos y empujándola hacia las grandes alturas de la perfección cristiana.
174. 2. Medios de fomentarla. Ante todo hay que avivar el espíritu de fe para darse cuenta de la grandeza y majestad de Dios, ante la que siempre será poco el cuidado y esmero que pongamos en evitar el pecado o complacerle hasta en los menores detalles de nuestra vida. Recordar con frecuencia, aunque sin angustia ni escrúpulo, que Dios nos pedirá cuenta hasta de una palabra ociosa (Mt. 12,36) y que nos ha recomendado en el Evangelio cumplir toda la ley hasta en sus detalles más mínimos (Mt. 5,18-19).
Cuídese, sin embargo, de no dar en un egoísmo demasiado meticuloso que haga girar al alma en torno de sí misma, preocupándose tan sólo de sus propias responsabilidades, en vez de entregarse a Dios con el corazón dilatado por el amor, buscando únicamente su mayor gloria y el cumplimiento perfecto de su divina voluntad.
c) La conciencia laxa
175. 1. Noción y división. La conciencia laxa es el extremo opuesto a la conciencia escrupulosa. Es aquella que, bajo fútiles pretextos o razones del todo insuficientes, considera lícito lo ilícito, o leve lo grave.
Cuando, como ocurre casi siempre, el que obra con tanta superficialidad y ligereza se da perfecta cuenta o sospecha seriamente la inanidad de los principios en que se funda, coincide enteramente con la conciencia venciblemente errónea y es responsable ante Dios en la medida y grado de su culpable negligencia.
a) POR RAZÓN DEL ACTO se divide en antecedente y consiguiente. La primera se refiere a una acción ilícita que se va a realizar juzgando que es lícita, o al menos no grave. La segunda dice relación a una obra mala ya realizada, estimando con ligereza que no tiene importancia objetiva o que se la ha realizado con imperfecta advertencia y consentimiento.
b) POR RAZÓN DE LA EXTENSIÓN. Puede ser general, si se extiende a toda clase de materias, o particular, si se ciñe o circunscribe a una sola o a unas pocas determinadas.
176. 2. Causas y efectos. Ya se comprende que la causa principal que conduce a este estado tan lamentable es la falta de fe viva en la grandeza de Dios y gravedad del pecado. Pero al lado de este fallo fundamental se encuentran otros muchos, entre los que pueden señalarse los siguientes:
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Una vida muelle y sensual, que embota la sensibilidad del alma.
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El descuido de la oración mental y la falta absoluta de reflexión.
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La excesiva solicitud por las cosas mundanas y terrenas (espectáculos, diversiones, negocios, etc., etc.).
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La costumbre de pecar, que va disminuyendo el horror al pecado.
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El ambiente frívolo y trato con personas superficiales y ligeras.
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La lujuria, sobre todo, que entenebrece la claridad del juicio.
Poco a poco la conciencia laxa conduce a un estado de insensibilidad espiritual tan absoluto, que hace muy difícil su curación y pone en grave peligro la salvación eterna. Volveremos en seguida sobre esto al hablar de la conciencia cauterizada.
177. 3. Remedios. Es difícil reformar la conciencia laxa, pues afecta casi siempre a sujetos de una ligereza y superficialidad tan grandes, que es casi imposible hacerles reflexionar en serio sobre el gravísimo peligro a que se exponen. De todas formas, he aquí los principales remedios contra tan grave dolencia:
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Estudio serio de sus deberes y obligaciones en autores de toda responsabilidad y solvencia, excluida en absoluto la lectura de novelas frívolas y mundanas.
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Huida de las ocasiones peligrosas y del trato con personas superficiales y ligeras. Trato con gente de buena conciencia.
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Examen cotidiano de conciencia, frecuencia de sacramentos, lectura de libros piadosos, oración humilde y perseverante, meditación de los novísimos.
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Lo mejor, acaso, sería practicar una tanda de ejercicios espirituales internos bajo la dirección de un competente director. La experiencia ha demostrado muchas veces que es éste el procedemiento más eficaz para detener a uno de estos infelices en su loca carrera hacia el abismo y hacerle emprender una vida seriamente cristiana.
d) La conciencia cauterizada
178. Cuando el estado de cosas que acabamos de denunciar llega a su colmo y paroxismo, da origen a la llamada conciencia cauterizada. Es aquella que, por la costumbre inveterada de pecar, no le concede ya importancia alguna al pecado y se entrega a él con toda tranquilidad y sin remordimiento alguno.
El pecador ha descendido hasta el último extremo de la degradación moral. Peca con cínica desenvoltura, alardeando a veces de «despreocupación», «amplitud de criterio» y otras sandeces por el estilo. Se ríe de la gente honrada y piadosa. Es del todo insensible a toda reflexión moral, que ni siquiera suele irritarle: se limita a despreciarla cínicamente, lanzando una sonora carcajada.
Sólo un milagro de la divina gracia, que Dios realiza raras veces, podría salvar a este desdichado de la espantosa suerte que le espera más allá del sepulcro. La Sagrada Escritura dice de él que es un «ser odioso y corrompido que se bebe como agua la impiedad» (Iob 15,16) y que, «conforme a la dureza e impenitencia de su corazón, va atesorando ira para el día del justo juicio de Dios» (Rom. 2,5; cf. I Tim. 4,2-3).
e) La conciencia farisaica
179. Es una extraña mezcla de la conciencia escrupulosa y de la laxa, que parecen incompatibles entre sí. Es aquella que hace grande lo pequeño y pequeño lo grande. A imitación de los fariseos del Evangelio, cuela un mosquito y traga un camello (Mt. 23,24). No tiene inconveniente, v.gr., en lanzar una calumnia o en cometer el gravísimo crimen del aborto voluntario, pero le ocasionaría gran preocupación no asistir a misa el día de la Virgen del Carmen, aunque caiga en día de trabajo.
Salvando las distancias y acaso también su buena fe, aliada con su ignorancia, se parecen mucho a esta clase de fariseos ciertos falsos devotos que no podrían conciliar el sueño si no hubieran asistido a la novena o a la procesión y no tienen inconveniente en faltar continuamente a la caridad fraterna y a la justicia con críticas, murmuraciones, etc., que tienen bastante más importancia que aquellas prácticas exteriores. La fórmula serena y equilibrada nos la dió el Señor en el Evangelio: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que diezmáis la menta, el anís y el comino, y no os cuidáis de lo más grave de la Ley: la justicia, la misericordia y la lealtad! Bien sería hacer aquello, pero sin omitir esto» (Mt. 23,23).
Fuente Royo Marín, Teología Moral
LAS PRERROGATIVAS DEL PAPA
El error de Henri Le Floch,– quien se enfrentó contra el Papa Pío XI y fue retirado del Seminario Francés de Roma por defender al agnóstico Charles Maurras en sus errores y promover a la proscrita Action Francaise– cuyo discípulo más conocido fue Marcel Lefebvre, perdura a través de éste entre los lefebvrianos, sean oficiales, de la resistencia o capillistas clerigus vagus. Le Floch sostenía que “la peor de las herejías era la exageración del debido respeto al Papa” y realizar “una extensión ilegítima de su infalibilidad”. Precisamente usaba el mismo argumento del judío Jacobo Von Schwarzenberg Arenberg, hijo de cabalistas, quien organizó la resistencia en contra de la definición dogmática de la Infalibilidad y el Primado Papal durante el Concilio Vaticano Primero.
Evidentemente la doctrina errónea de Le Floch y sus secuaces de hoy en día no es católica. Por lo que vamos a exponer la explicación de la verdadera doctrina católica tomada de Puntos del Catecismo (1925) Tomo I (Dogma), del P. Remigio Vilariño Ugarte, s.i, a fin de que puedan ver la luz todos, especialmente los lefebvrianos que obstinadamente niegan el dogma católico de la infalibilidad del Papa o lo reducen a ocasiones muy excepcionales, para reconocer a un hereje – Montini, Wojtyla, ratzinger, Bergolio- como legítimo papa, al que, sin embargo desobedecen en todo; lo cual no tiene nada que ver con la doctrina católica sobre el Vicario de Cristo, ya que éste no puede ser hereje como lo son los citados-. A toda esta tribu le cae como anillo al dedo las siguientes palabras:
Todo el orbe católico creía que lo que el Papa definía era verdad, y nadie dudaba y vacilaba, sino los herejes. Mas luego, comenzaron a discutir sobre la autoridad del Papa varios heterodoxos; como galicanos, jansenistas y otros modernistas”: P. Vilariño Ugarte S.J.
Las prerrogativas del Papa y su verdadera potestad de jurisdicción:

“Esta jurisdicción del Papa es universal. El Papa es el Obispo de todos los fieles, ya sean simples fieles, sacerdotes, Obispos, Patriarcas, ya estén separados o unidos en congregación o Concilio, en todas las cosas que pertenezcan a la fe y a las costumbres y en todas las que pertenezcan al gobierno y régimen de la Iglesia. “Del orbe tendrá que salir, decía San Bernardo al Papa Eugenio III, quien quiera hallar algo que no esté bajo tu jurisdicción“. “El Papa es centro de la unidad de la fe y de comunión, al cual deben estar unidos para creer y para formar la Iglesia absolutamente todos los que quieran pertenecer a la Iglesia ortodoxa y católica. Los que se aparten de su doctrina son “herejes”; los que se aparten de su gobierno y obediencia son “cismáticos”.
“La potestad del Papa es inmediata porque la recibió inmediatamente de Cristo. No la dio Jesucristo a la Iglesia para que la Iglesia se la diese a Pedro y sus sucesores, sino que Él mismo se la dio a Pedro para que la trasmitiese a sus sucesores. Y por eso también en su ejercicio no depende de los Obispos, sino que puede ejercer su poder o por medio de éstos, o inmediatamente por sí, o por sus legados”.
“Su jurisdicción es plena, en cuanto que ninguna otra autoridad se puede sustraer al Papa y en cuanto a que nada de lo que es necesario para enseñar, regir y gobernar a la Iglesia deja de estar sometido a su autoridad ; puede todo lo que puede aquel a quién se dijo : “Te daré las llaves del reino de los cielos”.
“Esta jurisdicción es suprema, y no hay sobre el Papa ningún Juez, ni superior ; ni de él se puede apelar a nadie, ni al Concilio, por numeroso que sea y aunque sea todo lo universal que se quiera. Antes sólo el Papa tiene autoridad para “convocar” Concilios ecuménicos o universales para “presidirlos” y para “confirmarlos”, de tal manera que si falta la confirmación del Papa, el Concilio carecerá de fuerza y autoridad para obligar a la Iglesia universal”.
“Así pues, el Papa es el Primado de la Iglesia. “Ubi Petrus ibi Ecclesia”, (donde está Pedro, el Papa, allí está la Iglesia). Y como Pedro sobre los Apóstoles, así el Papa tiene autoridad sobre todos los demás Prelados, y con más razón sobre los fieles. Donde no está Pedro no está la Iglesia”.
“De donde se deduce cómo estamos obligados a obedecer al Papa, por ser superior de todos, y en todo. Y si bien debemos obedecer a los sacerdotes y a los Obispos, es en cuanto están en unión con el Papa ; porque si estuviesen separados de él, y mucho más si él ordenare algo en contra de éstos, deberíamos obedecer al Papa, y no a los Obispos, ni sacerdotes, ni a nadie contra aquel”.
En el Cap. XL de esta obra, se explica con mucha claridad todo lo relacionado con el dogma de la infalibilidad papal . Lo transcribo tal cual está escrito :
“A muchos les escandaliza este dogma, pero en parte es porque no lo entienden. He aquí lo que contiene la doctrina de la infalibilidad del Papa.
1º. Estamos obligados a creer al Papa en materias de fe y costumbres.
2º. Lo cual supone que es infalibleen estas materias.
3º. Pero sólo lo es en estas materias.
4º. Y sólo cuando habla como Papa, enseñando a toda la Iglesia y definiendo “ex cathedra”.
5º. Y esto no por su excelencia de entendimiento humano, ni por su ciencia, sino por asistencia especial del Espíritu Santo.
Siempre ha creído esto la Iglesia. Pero para cerrar los labios a algunos que lo negaban o tergiversaban o confundían, el Concilio Vaticano I definió expresamente: “Que es dogma de fe que el Romano Pontífice cuando habla “ex cathedra”, es decir, cuando ejerciendo el oficio de pastor y doctor de todos los cristianos con su suprema autoridad apostólica, define alguna doctrina que deba tener toda la Iglesia acerca de la fe o de las costumbres, en virtud de la asistencia divina que se le prometió en la persona de Pedro, tiene toda la infalibilidad que el divino Redentor quiso que tuviese la Iglesia para definir la doctrina de la fe y las costumbres”.
“En la Iglesia Católica siempre se ha tenido la creencia en el Papa como señal de ortodoxia y cristiandad. Los Papas siempre han reclamado para sí esta prerrogativa. Siempre, desde la antigüedad se la han respetado; por lo cual al Papa iban todas las consultas dificultosas, y el juicio del Papa se aceptaba como supremo e irreformable ; y los juzgados herejes por el Papa, quedaban declarados herejes definitivamente. Por eso vino a ser axioma aquel dicho insigne : “Roma locuta est, causa finita est” : Ha hablado Roma, se acabó la disputa.”
“Estainfalibilidad se la concedió Jesucristo a Pedro al decirle : “Tu es Petrus, etc”. Porque Jesucristo fundaba una Iglesia que se basa en la fe y se rige por la fe ; una Iglesia que es el reino de la verdad. Y si Pedro y sus sucesores, encargados de gobernar esta Iglesia, pudiesen equivocarse en la fe y doctrina de las costumbres, no podría ser fundamento de ella.”
“¿Qué esinfalibilidad? Infalibilidad es una imposibilidad de equivocarse o engañarse.Infaliblees lo mismo que inengañable. El que no puede engañarse es infalible. Esta infalibilidadpuede ser o por la suma sabiduría y ciencia de la persona, o por alguna condición exterior que acompaña a esta persona.
Dios esinfaliblepor su ciencia, esencialmente y por su propia naturaleza. Sin embargo, Dios puede comunicar a otro entendimiento tanta ciencia que sea infalible también, en todo o en determinado género de doctrina. Con su providencia también puede disponer las cosas de tal modo que una persona no se equivoque, porque Él, cuando hubiera de equivocarse esa persona, la guía y aparta del error y le impide pronunciarlo, (le impide caer en el error), por los medios que tiene su suave y fuerte providencia.Ésta última es la que tiene el Papa.“
“Lainfalibilidad se funda, no en la naturaleza o ciencia, o entendimiento de los hombres, o del Sumo Pontífice, sino en la providencia de Dios, que de tal modo guía a la Iglesia y al Papa, que no permitirá que se equivoquen aun cuando fuesen de poco talento. Lainfalibilidad se extiende a toda doctrina de la fe y de las costumbres. Mas no se piense que sólo se extiende a lo que es estrictamente de fe y está revelado, sino también a todo lo que está unido con la fe de tal modo, que sin ello no se pudiera conservar íntegra la fe.“
“Así el Papa esinfalible en definir cuáles son los Libros Sagrados y su interpretación, y cuáles son las tradiciones de fe, y su sentido y explicación. Es infalible en la redacción y explicación de los Credos y Cánones dogmáticos. Es infalibleen explicar los preceptos morales y consejos evangélicos. Es ademásinfalibleen la explicación de todos los puntos de filosofía que estén unidos con las verdades reveladas, y sean necesarios para explicarlas. Esinfalible, en sancionar las obligaciones necesarias para la salvación cristiana, por ejemplo, las maneras de administrar los Sacramentos. Esinfalible en la canonización solemne de los santos, y aún, según muchos, en la beatificación de los siervos de Dios.”
“Estainfalibilidadde la Iglesia, y lo mismo la del Papa, no sirve ya para nuevos dogmas o inspiraciones, sino para exponer y definir las verdades que ya fueron reveladas. No aumenta los dogmas, sino que únicamente, cuando alguno está oscuro y dudoso a los fieles, el Papa lo define claramente.
Lainfalibilidad no quiere decir que todo cuanto el Papa enseñe “ex cathedra” sea revelado, sino que cada doctrina definida por el Papa es lo que el Papa dice. Si se dice que es “revelada y de fe”, es revelada y de fe ; pero si se dice sencillamente que es cierta, será sólo cierta. Y así suele definir las cosas de distinto modo y con distinta calificación, así como los errores con distinta censura. Algunas veces declara a una doctrina como herética, otras errónea, otras próxima a la herejía, otras sospechosas de herejía, otras temeraria, blasfema y así con otras censuras.“
“Y lo mismo las verdades. Unas las propone como de fe divina, o de fe católica, o de fe eclesiástica, o como doctrina católica, o doctrina cierta, o piadosa creencia, o simplemente no improbable. También es de notar que no es lo mismo ser “infalible” que ser “impecable”. El Papa puede pecar aunque seainfalible.”
“Algunos suelen preguntar por qué una doctrina tan importante no se definió antes. No se definió antes, porque antes no era necesario. Todo el orbe católico creía que lo que el Papa definía eso era verdad, y nadie dudaba y vacilaba, sino los herejes. Mas luego, comenzaron a discutir sobre la autoridad del Papa varios heterodoxos, como galicanos, jansenistas y otros modernistas; era ya necesario dejar bien asentado este punto con una solemne y decisiva definición para que se creyese no sólo prácticamente, sino que teóricamente no hubiese lugar a dudas. Además, la providencia así lo dispuso, sin duda, para que en este tiempo de tantas vacilaciones, mudanzas de doctrinas, novedades y escepticismo hubiese más firmeza y claridad en la regla de la fe y de doctrina que es el Papa.”
Fuente F.C
MARTIROLOGIO DE AGOSTO
«La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)
Podrá consultar el Martirologio de cada mes en el menú al pie de esta pagina “MARTIROLOGIO“
AGOSTO
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AGOSTO
Octava de Santiago Apóstol, Dm – Rojo
San Pedro ad Vincula Dm. – Blanco
En Roma, en el monte Esquilino, la Dedicación de san Pedro Apóstol ad Vincula.
Fue encarcelado San Pedro por orden de Herodes y los fieles oraban incesantemente a Dios para que librara al Jefe de la santa Iglesia. Sus súplicas fueron escuchadas. Mientras San Pedro, cargado de cadenas, dormía entre dos soldados, el ángel del Señor entró en la prisión y lo despertó diciéndole: “Levántate presto”. En el mismo instante, cayeron las cadenas de sus manos. El ángel condujo a San Pedro hasta la puerta que da a la ciudad, que se abrió ante ellos; avanzaron juntos hasta el final de una calle y el ángel desapareció, dejando al Apóstol lleno de admiración y agradecimiento ante favor tan grande. Fue enseguida San Pedro a llevar a los fieles la nueva de su liberación.
Oremos: Oh Dios, que después de haber roto las cadenas del Apóstol San Pedro, le habéis hecho salir de la prisión sano y salvo, romped, os lo suplicamos, las cadenas de nuestros pecados y alejad de nosotros por vuestra misericordia todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.
Los Santos Macabeos, Martires
Conmemoración del triunfo de los siete santos hermanos mártires, que en Antioquía de Siria, por su invencible fidelidad en el cumplimiento de la ley del Señor, durante el reinado de Antioco Epifanes sufrieron un fin cruel, al igual que su madre, que presenció con dolor la muerte de cada uno de sus hijos, coronada de gloria en todos ellos, como se nos refiere en el libro de los Macabeos. Asimismo, conmemoración también de san Eleazar, uno de los escribas más destacados, varón de edad ya avanzada, que en la misma persecución se negó a comer carne prohibida para salvar su vida, aceptando una muerte gloriosísima antes que una vida ignominiosa, y se adelantó de buen grado al lugar del suplicio, mostrando un admirable ejemplo de virtud.
1.- En Verceli, el tránsito de san Eusebio, Obispo y Mártir, que por la confesión de la fe católica, de orden del Emperador Constancio, fue desterrado a Escitópolis de Palestina, y de allí a Capadocia; y vuelto después a su Iglesia, perseguido de los arrianos, padeció el martirio. De él se hace también solemne conmemoración el 15 de Diciembre, día en que fue ordenado Obispo; su fiesta se celebra el 16 de Diciembre.
2.- En Nocera de Campania, el tránsito de san Alfonso María de Ligorio, Fundador de la Congregación llamada del santísimo Redentor, Obispo de santa Águeda de los Godos y Confesor, insigne por el celo de las almas, por sus escritos, predicación y ejemplo; al cual el Papa Gregorio XVI puso en el número de los Santos; y Pío IX declaró Doctor de la Iglesia universal; y Pío XII le constituyó celestial Patrono ante Dios de todos los Confesores y Moralistas. Su fiesta se celebra el día siguiente.
3.- En Roma, en la vía Latina, los santos Mártires Bono, Presbítero, Fausto y Mauro, con otros nueve; de los cuales se hace mención en las Actas de san Esteban Papa.
4.- En Roma también, el suplicio de las santas Vírgenes Fe, Esperanza y Caridad, hijas de santa Sofía, las cuales, en el imperio de Adriano, consiguieron la corona del martirio.
5.-En Filadelfia de Arabia, los santos Mártires Cirilo, Áquila, Pedro, Dorniciano, Rufo y Menandro, en un mismo día coronados.
6.- En Perge de Panfilia, los santos Mártires Leoncio, Accio, Alejandro y otros seis labradores, que en la persecución de Diocleciano, de orden del Presidente Flaviano fueron degollados.
7.- En Gerona de España, el triunfo de san Félix, Mártir, al cual, después de diversos tormentos, mandó Daciano despedazar, hasta que dio su invencible espíritu a Cristo.
8.- En territorio de París, san Justino, Mártir.
9.- En Viena de Francia, san Vero, Obispo.
10.- En Wíncester de Inglaterra, san Etelwoldo, Obispo.
11.- En la aldea de Liéven en Francia, san Nemesio, Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia D. – Blanco
San Alfonso María de Ligorio, Fundador de la Congregación Ilamada del santísimo Redentor, Obispo de Santa Águeda de los Godos, Confesor y Doctor de la Iglesia, que descansó en el Señor en el día de ayer. n. 27 de septiembre de 1696 en Nápoles, Italia; † 1 de agosto de 1787 en Nocera, Italia.
Patrono de los confesores; teólogos de moral; personas escrupulosas. Protector contra los escrúpulos y la artritis. Se lo invoca para que asista en la perseverancia final y en las vocaciones.
San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, dejó el foro por el sacerdocio. Obró un gran número de conversiones y fundó la Congregación del Redentor. Toda su vida estuvo consagrada a ganar almas para Jesucristo, a inspirar a los fieles una tierna devoción a la Pasión del Salvador, a la Santa Eucaristía y a la Virgen Madre de Dios. Empleó los momentos que le dejaba la predicación de la palabra de Dios en la composición de gran número de obras de teología y piedad, que lo hicieron elevar al rango de los Doctores de la Iglesia, por disposición de Pío IX. Murió en 1787.
Oración: Oh Dios, que habéis inflamado de celo apostólico al bienaventurado Alfonso María, vuestro confesor pontífice, y os servisteis de su ministerio para dar una nueva familia a la Iglesia, haced, os lo suplicamos, que instruidos por sus saludables consejos y fortificados con sus ejemplos, podamos llegar a Vos dichosamente. Por J. C. N. S. Amén.
Conmemoración de San Esteban, Papa y Mártir
En Roma, en el cementerio de Calixto, el triunfo de san Esteban, Papa y Mártir, el cual, en la persecución de Valeriano, mientras celebraba la santa Misa, y sorprendido por los soldados, sin turbarse ni moverse consumaba ante el altar los divinos Misterios, fue en su silla degollado.
1.- En Nicea de Bitinia, el martirio de santa Teódota, con sus tres hijos; de los cuales el primogénito, llamado Evodio, confesando animosamente a Cristo, fue apaleado por orden de Nicecio, Prefecto de Bitinia, y luego la madre con todos sus hijos fueron consumidos en la hoguera.
2.- En África, san Rutilio, Mártir, que, huyendo muchas veces de un lugar a otro por la persecución, y habiendo algunas evadido el peligro hasta con dinero, al cabo, apresado de improviso y conducido ante el Presidente, fue con muchísimos suplicios atormentado, y, finalmente, arrojado al fuego, recibió la corona de un ilustre martirio.
3.- En Padua, san Máximo, Obispo de aquella ciudad, el cual, esclarecido en milagros, descansó con dichoso fin.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Invención o hallazgo del cuerpo de San Esteban, Protomártir, Sd. – Rojo
En Jerusalén, la Invención del cuerpo del gloriosísimo Proto-Mártir Esteban y de los santos Gamaliel, Nicodemo y Abibón, según revelación del cielo al Presbítero Luciano, en tiempo del Emperador Honorio.
Bajo el imperio de Honorio, se encontró cerca de Jerusalén el cuerpo de San Esteban, de Gamaliel y de Nicodemo. Un sacerdote llamado Luciano había sido instruido por una visión acerca del lugar en que yacían y había recibido la orden de pedir al arzobispo de Jerusalén, llamado Juan, de colocarlos en más honroso lugar. Se trasladó el patriarca, con su clero, al lugar indicado, y encontró los cuerpos de los santos. Exhalaban un delicioso perfume y varios enfermos fueron sanados a su contacto.
Oración: Señor, concedednos la gracia de imitar a los que honramos, y enseñadnos a amar a nuestros enemigos, ya que celebramos el Hallazgo de aquél que imploró, para sus perseguidores, la misericordia de J. C. N. S. Amén.
1.- En Filipos de Macedonia, santa Lidia, mercadera de púrpura, la cual, predicando en aquella ciudad el Apóstol san Pablo, como lo refiere san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, fue la primera que creyó en el Evangelio.
2.- En Nápoles de Campania, san Asprén, Obispo, el cual fue por el Apóstol san Pedro curado de una enfermedad, y después bautizado y ordenado Obispó de aquella ciudad.
3.- En Constantinopla, el triunfo de san Hermelo, Mártir.
4.- En la India confinante con Persia, el martirio de los santos Monjes y otros fieles, a quienes el Rey Abenner, perseguidor de la Iglesia de Dios, hizo matar con diversos géneros de suplicios.
5.- En Autún, el tránsito de san Eufronio, Obispo y Confesor.
6.- En Anagni, san Pedro, Obispo, el cual, esclarecido primeramente por la observancia monástica y después por la vigilancia pastoral, descansó en el Señor.
7.- En Berea de Siria, las santas mujeres Marana y Cira.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Santo Domingo de Guzmán, Presbítero, Fundador y Confesor de la Fe. Dm. Blanco
Santo Domingo de Guzmán, Confesor, Fundador de la Orden de Frailes Predicadores, el cual descansó en paz el día 6 de este mes. n. 1170 en Caleruega, Burgos; † 4 de agosto de 1221 en Bolonia
Patrono de la astronomía y los astrónomos; científicos; personas falsamente acusadas; República Dominicana.
Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, frailes, monjas, laicos y religiosas (la gran Familia Dominicana), es representado con un lirio en la mano, símbolo de la virginidad que conservó durante toda su vida. El can que su madre vio en sueños llevando una antorcha encendida, representa la guerra que hizo a los herejes y la luz que difundió en el corazón de los pecadores por la pureza de su doctrina y la santidad de su vida. Acaeció su muerte en 1221.
Oración: Oh Dios, que os dignasteis esclarecer la Iglesia por los méritos y la doctrina de vuestro confesor Santo Domingo, haced, por su intercesión, que nunca se vea privada de los socorros temporales, y que siempre logre nuevos progresos en las obras espirituales. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En la aldea de Ars, diócesis de Belley en Francia, el tránsito de san Juan Bautista María Vianney, Presbítero y Confesor, insigne en el ministerio parroquial, a quien el Papa Pío XI puso en el número de los Santos y le instituyó celestial Patrono de todos los Párrocos. Su fiesta se celebra el 8 de Agosto.
2.- En Salónica, el triunfo de san Aristarco, que fue discípulo y compañero de san Pablo, de quien el mismo Pablo escribe a los Colosenses: «Os saluda Aristarco, mi compañero en la prisión». Ordenado por el mismo Apóstol Obispo de Tesalónica, finalmente, después de muchos combates en tiempo de Nerón, coronado por Cristo descansó.
3.- En Roma, santa Perpetua, la cual, bautizada por el Apóstol san Pedro, convirtió a la fe de Cristo a Nazario, su hijo, y a Africano, su marido, enterró muchos cuerpos de santos Mártires, y, por último, colmada de méritos y santas obras, pasó al Señor.
4.- En Roma asimismo, en la vía Latina, el suplicio de san Tertulino, Presbítero y Mártir, que, imperando Valeriano, después de bárbaramente apaleado, quemados los costados, deshecha a golpes la boca, extendido en el potro y azotado con nervios, por sentencia del Juez cortada la cabeza, consumó el martirio.
5.- En Constantinopla, san EleuterioMártir, del orden Senatorio, que en la persecución de Maximiano fue, por Cristo, degollado.
6.- En Persia, las santas Mártires Ía y sus Compañeras, las cuales, con nueve mil Cristianos cautivos, en tiempo del Rey Sapor, afligidas con varios tormentos, pasaron el martirio.
7.- En Verona, san Agabio, Obispo y Confesor.
8.- En Tours de Francia, san Eufronio, Obispo.
9.- En Colonia, la conmemoración de san Protasio, Mártir, que junto con su hermano Gervasio padeció el martirio el día 19 de Julio.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Dedicación de Santa María de las Nieves (Basílica de Santa María la Mayor) Dm. – Blanco
En Roma, en el monte Esquilino, la Dedicación de la Basílica de santa María de las Nieves.
Juan, patricio romano, como careciese de hijos, decidió, con su mujer, consagrar sus bienes a la Santísima Virgen. Durante un buen tiempo le rogaron que les hiciese conocer qué empleo habrían de dar a sus riquezas. La Santísima Virgen se les apareció y les ordenó construir una iglesia en el lugar que, al día siguiente, encontrasen cubierto de nieve. El Papa Liberio tuvo la misma revelación, y, en pleno verano, se encontró una parte del monte Esquilino cubierto de nieve. Se edificó allí una iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves o basílica Liberiana, hoy Santa María la Mayor. En el siglo VII fue en ella depositado el Pesebre de Belén.
Oración: Dignaos, Señor, concedernos la salud del alma y del cuerpo; y acordadnos, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, que seamos librados de los males de la vida presente y que gocemos en el cielo de la eterna felicidad. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Chalons de Francia, san Memmio, ciudadano Romano, que, consagrado Obispo de aquella ciudad por san Pedro Apóstol, trajo a la verdad del Evangelio el pueblo que se le había encomendado.
2.- En Roma, el triunfo de veintitrés santos Mártires, que, en la persecución de Diocleciano, fueron decapitados en la vía Salaria Vieja, y allí mismo, en la cuesta del Cohombro, sepultados.
3.- En Áscoli del Piceno, san Emigdio, Obispo y Mártir, el cual, ordenado Obispo por el Papa san Marcelo y enviado allá a predicar el Evangelio, allí mismo, confesando a Cristo, en tiempo del Emperador Diocleciano, recibió la corona del martirio.
4.- En Antioquía, san Eusignio, soldado, que siendo ya de ciento diez años, como echase en cara a Juliano Apóstata la fe de Constantino el Grande, a cuyas órdenes había peleado, y le reprendiese como desertor de la piedad de sus padres, fue, por orden del mismo, decapitado.
5.- Igualmente los santos Mártires Egipcios Cantidio, Cantidiano y Sobelo.
6.- En Augsburgo de Baviera, el triunfo de santa Afra, Mártir, que de gentil se convirtió a Cristo por la enseñanza de san Narciso Obispo, y con toda su familia fue por él bautizada; más tarde, por confesar a Cristo, arrojada a la hoguera, consumó felizmente su martirio, siete días antes que su madre santa Hilaria y tres criadas suyas fuesen con el mismo tormento coronadas.
7.- En Autún, san Casiano, Obispo.
8.- En Teano de Campania, san Páris, Obispo.
9.- En Inglaterra, san Oswaldo, Rey, cuyos hechos conmemora san Beda el Venerable.
10.- En el mismo día, santa Nona, que fue madre de los santos Gregorio Nacianceno, Cesáreo y Gorgonia.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo D. 2ª. cl. – Blanco
En el monte Tabor, la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo. Jesús, habiendo subido al monte Tabor con tres de sus apóstoles, se transfiguró en su presencia. Su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras blancas como la nieve. Entonces aparecieron a su lado Moisés y Elías y conversaban con Él. San Pedro, extasiado por el esplendor insólito de su Maestro, le dijo: “Señor, bueno es estarnos aquí; si os parece, formemos aquí tres pabellones, uno para Vos, otro para Moisés y otro para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos, y oyose una voz que dijo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien he puesto todas mis complacencias: ¡escuchadle!”.
Oración: Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de vuestro Hijo unigénito, habéis confirmado los misterios de la fe en el testimonio de vuestros profetas, y que, mediante una voz celestial surgida de una nube resplandeciente, habéis anunciado de admirable manera la perfecta adopción de vuestros hijos, concedednos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria, y participar un día de su reino. Por el mismo J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Apia y cementerio de Calixto, el triunfo de san Sixto II, Papa y Mártir, el cual, en la persecución de Valeriano, muerto con la espada, recibió la corona del martirio.
2.- Igualmente en Roma, los santos Mártires Felicísimo y Agapito, Diáconos del mismo san Sixto; Jenaro, Magno, Vicente y Esteban, Subdiáconos. Todos ellos, juntamente con el mismo Pontífice, fueron degollados y sepultados en el cementerio de Pretextato. Padeció también con ellos san Cuarto, según escribe san Cipriano.
3.- En Bolonia, el tránsito de santo Domingo, Confesor, que fue Fundador de la Orden de Frailes Predicadores. Este varón, muy esclarecido en santidad y doctrina, conservó sin mancilla perpetua virginidad, y por la singular gracia de sus méritos resucitó tres muertos; y habiendo con su predicación reprimido las herejías e instruido a muchísimos para la vida religiosa y piadosa, descansó en paz. Su fiesta se celebra el día 4 de Agosto por una constitución del Papa Paulo IV.
4.- En el monasterio de san Pedro de Cardeña, de la Orden de san Benito, cerca de Burgos, en España, el martirio de doscientos monjes con Esteban su Abad, que por la fe de Cristo fueron muertos a manos de los Sarracenos, y enterrados por los cristianos en aquel claustro.
5.- En Alcalá de Henares en España, los santos Mártires Justo y Pastor, hermanos, los cuales, siendo aún niños y aprendiendo a leer, arrojadas en la escuela las cartillas, corrieron espontáneamente al martirio, y al punto mandados prender y azotar con varas por el Presidente Dáciano, exhortándose el uno al otro y animándose a permanecer constantes, fueron llevados a las afueras de la ciudad y degollados por el verdugo.
6.- En Roma, San Hormisdas, Papa y Confesor.
7.- En Amida de Mesopotamia, Santiago, Ermitaño, esclarecido en milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Cayetano, Presbítero y confesor de la Fe D. – Blanco
En Nápoles de Campania, san Cayetano de Tiëne, Confesor, Fundador de los Clérigos Regulares; el cual, por su extraordinaria confianza en Dios, dio a sus hijos por regla la primitiva forma de vida apostólica, y, esclarecido en milagros, fue puesto por el Papa Clemente X en el número de los Santos. n. octubre de 1480 en Vicenza, Italia; † 7 de agosto de 1547 en Nápoles, Italia
Patrono de los desempleados y de quienes buscan empleo.
San Cayetano, nacido en Vicenza, llamó la atención desde su infancia por una inocencia tan grande de costumbres, que se le llamaba el Santo. Como supiera que el Papa Julio II quería elevarlo a las dignidades eclesiásticas, dejó la corte de Roma y fundó una Orden de Clérigos Regulares, llamados Teatinos, a los cuales estableció como regla que nada poseyesen, ni pidiesen y que viviesen únicamente de las limosnas espontáneamente ofrecidas por los fieles. Se consagró a Dios con Pedro Caraffa, mediante votos solemnes. Pedro Caraffa, obispo de Teati, fue después elegido Papa con el nombre de Pablo IV. San Cayetano murió siendo superior de su Orden, en Nápoles, el 7 de agosto de 1547.
Oración: Oh Dios, que habéis concedido a San Cayetano la gracia de imitar la manera de vivir de los Apóstoles, acordadnos, siguiendo su ejemplo y por su intercesión, la gracia de poner siempre en Vos nuestra confianza y no desear más que los bienes del cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Arezo de Toscana, el triunfo de san Donato, Obispo y Mártir, que, según escribe san Gregorio Papa, entre otros milagros, con la oración compuso un sagrado cáliz que habían roto los Gentiles. En la persecución de Juliano Apóstata, fue preso por Cuadraciano Augustal, y rehusando sacrificar a los ídolos, consumó el martirio por la espada. Con él fue también martirizado san Hilarino Monje, cuya festividad se celebra el 16 de julio, cuando fue trasladado su cuerpo a Ostia Tiberina.
2.- En Roma, los santos Mártires Pedro y Julián, con otros dieciocho.
3.- En Milán, san Fausto, soldado, que en tiempo de Aurelio Cómodo, al cabo de muchos suplicios alcanzó la palma del martirio.
4.- En Como, el suplicio de los santos Mártires Carpóforo, Exanto, Casio, Severino, Segundo y Licinio, que por la confesión de Cristo fueron decapitados.
5.- En Nísibe de Mesopotamia, san Domecio, Monje Persa, el cual, con dos discípulos suyos, en tiempo de Juliano Apóstata, murió apedreado.
6.- En Ruan, san Victricio, Obispo, el cual, siendo soldado en tiempo del mismo Juliano, arrojando, por confesar a Cristo, el cinto militar, fue atormentado por el Tribuno con muchos suplicios y condenado a muerte; pero herido repentinamente de ceguera el verdugo que iba a ejecutar la sentencia, el Santo, sueltas las prisiones, se fue libre. Más tarde, creado Obispo, convirtió con su predicación a la fe de Cristo las indómitas gentes de Morinia y de Henao, y, por último, Confesor descansó en paz.
7.- En Chalons de Francia, san Donaciano, Obispo.
8.- En Mesina de Sicilia, san Alberto, Confesor, de la Orden de Carmelitas, esclarecido en milagros.
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San Juan María Vianney, Presbítero y Confesor de la Fe D. – Blanco
San Juan Bautista María Vianney, Presbítero y Confesor, celestial Patrono de todos los Párrocos, de cuyo tránsito se hace mención el día 4 de Agosto. n. 8 de mayo de 1786 en Dardilly (Lyón), Francia; † 4 de agosto de 1859 en Ars, Francia
Patrono de los párrocos y de los confesores.
El que habría de ser cura de Ars nació en 1786; tales dificultades encontró en el estudio que, humanamente, no se hubiera esperado que llegara a la ordenación sacerdotal. En 1818, fue encargado de una humilde parroquia de aldea. Habría de hacerla célebre en todo el mundo por las maravillas que en ella obró su celo, tanto en las almas de sus ovejas cuanto en la de numerosos extranjeros que acudían, de todas partes, a confesarse con él para recibir sus consejos y gozar del espectáculo de sus virtudes. El cura de Ars recibió de Dios la gracia de los milagros y el don de leer en los corazones, pero nunca dejó de vivir en la humildad, en la pobreza y en la penitencia. Murió en 1859.
Oración: Dios omnipotente y misericordioso, que hicisteis al bienaventurado Juan María admirable por el celo pastoral como por el fervor de la oración y de la penitencia, concedednos que siguiendo su ejempl y por su intercesión ganemos para Cristo las almas de nuestros hermanos y lleguemos con ellos a la gloria eterna. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Los santos Mártires Ciríaco, Diácono, Largo y Esmaragdo, los cuales, con otros veinte Compañeros, fueron martirizados el 16 de Marzo. Sus cuerpos, sepultados por el Presbítero Juan en la vía Salaria, fueron por san Marcelo Papa trasladados, tal día como hoy, a una heredad de Lucina, en la vía Ostiense, y más tarde llevados a Roma y sepultados en la Diaconía de santa María, en la vía Lata. † decapitados hacia el año 304 en Roma. Se lo invoca contra las posesiones diabólicas y las tentaciones (en especial en el momento de la muerte).
San Ciriaco era diácono de la Iglesia romana durante el pontificado de San Marcelo. Recibió la corona del martirio en Roma, en la persecución de Diocleciano, el 16 de marzo del año 304.
Largo, Esmeragdo y otros veinte cristianos padecieron juntos. Sus cuerpos fueron inhumados, primero cerca del lugar de su ejecución, sobre la vía Salaria, por el presbítero Juan. Poco después fueron trasladados junto a una granja perteneciente a la piadosa Lucina, en la vía Ostiense, el 8 de agosto.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la fiesta de vuestros mártires Santos Ciriaco, Largo y Esmeragdo, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, imitemos el valor de que dieron prueba en sus sufrimientos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Anazarbo de Cilicia, san Marino el Viejo, el cual, en tiempo del Emperador Diocleciano y del Presidente Lisias, fue cruelmente azotado, colgado de un madero y descarnado; y echado finalmente a las fieras, acabó la vida.
2.- Igualmente los santos Mártires Eleuterio y Leónidas, que consumaron el martirio en el fuego.
3.- En Persia, san Hormisdas, Mártir, en tiempo del Rey Sapor.
4.- En Cícico del Helesponto, san Emiliano, Obispo, que, por el culto de las sagradas imágenes, padeció mucho de parte del Emperador León, y al fin acabó sus días en el destierro.
5.- En Creta, san Mirón, Obispo, esclarecido en milagros.
6.- En Viena de Francia, san Severo, Presbítero y Confesor, el cual desde la India emprendió una trabajosa peregrinación para predicar el Evangelio, y llegado a dicha ciudad, convirtió, por medio de su predicación y milagros, gran muchedumbre de paganos a la fe de Cristo.
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Vigilia de San Lorenzo, Diácono y Mártir S. – Morado
La Vigilia de san Lorenzo, Mártir. La fiesta de este insigne mártir español va precedida, como la de los Apóstoles, de una vigilia.
Los textos de la Misa celebran la espléndida caridad del Santo Diácono, que, valiéndose de un piadoso fraude, para entregar al perseguidor los tesoros de la Iglesia, los repartió entre los pobres.
1.- En Roma, san Román, soldado y Mártir, el cual compungido por la constante confesión de san Lorenzo, le pidió el bautismo; después, declarándose cristiano, fue apaleado y degollado.
2.- En Toscana, el triunfo de los santos Mártires Secundino, Marceliano y Veriano; los cuales, en tiempo de Decio y por orden del Consular Promoto, fueron primero azotados, después suspendidos en el potro, desgarrados con uñas de hierro, quemados con fuego los costados, y finalmente, cortadas las cabezas, merecieron la palma triunfal del martirio.
3.- En Verona, los santos Mártires Firmo y Rústico, los cuales, en tiempo del Emperador Maximiano, y siendo Juez Anolino, como rehusasen sacrificar a los ídolos y perseverasen constantes en la fe de Cristo, superados otros tormentos, fueron ambos apaleados y después decapitados.
4.- En África, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que en la persecución de Valeriano, mientras san Numídico los exhortaba a la constancia, arrojados a las llamas, alcanzaron la corona del martirio. El mismo Numídico, aunque arrojado con los demás a la hoguera y cubierto de piedras, fue de entre ellas sacado por una hija suya, que hallándole todavía vivo, le curó. Más tarde mereció por su virtud ser designado por san Cipriano Presbítero de la Iglesia de Cartago.
5.- En Constantinopla, los santos Mártires Julián, Marciano y otros ocho, los cuales, por haber colocado una imagen del Salvador en la puerta de bronce, todos por orden del impío Emperador León, al cabo de muchos suplicios fueron muertos con la espada.
6.- En Chalons de Francia, san Domiciano, Obispo y Confesor.
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San Lorenzo, Diácono y Mártir 2ª. cl. c. Oct. simple. – Rojo
En Roma, en la vía Tiburtina, el triunfo de san Lorenzo Arcediano, el cual, en la persecución de Valeriano, después de muchísimos tormentos de cárcel, varios azotes, varas, plomadas y láminas candentes, por último asado en unas parrillas de hierro, consumó el martirio. Su cuerpo fue sepultado por san Hipólito y el Presbítero Justino en el cementerio de Ciríaca, en el campo Verano. n. en Huesca, España; † martirizado hacia el año 258.
Patrono de los comediantes; archivistas; bibliotecarios; bibliotecas; carniceros; cocineros; diáconos; cristaleros; lavanderos; indigentes; seminaristas; niños escolares; viticultores.
San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, viendo al Papa San Sixto marchar a la muerte, le dijo con tristeza: “Oh padre mío, ¿adónde vas sin tu hijo?” “No te abandono –respondiole el pontífice–, me seguirás dentro de tres días”. En efecto, Lorenzo fue prendido; y como le pidiesen los tesoros de la Iglesia, llevó ante el tirano a los pobres a quienes se los había distribuido, diciendo: “He aquí los tesoros de la Iglesia”. Fue colocado sobre una parrilla ardiente, y, poco después, dijo al perseguidor: “Dadme vuelta, estoy bastante cocido de este lado”. Lo dieron vuelta, y añadió poco después: “Está bastante cocido; podéis comer”. Murió en el año 258, bajo Valeriano, dando gracias a Dios por la merced que le concedía de poder sufrir por Él.
Oración: Oh Dios omnipotente, que habéis dado a San Lorenzo la gracia de triunfar de las llamas que lo consumían, dignaos extinguir en nosotros el fuego de las pasiones culpables. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En España, la Aparición de santa María Virgen, llamada de la Merced, que con este título instituyó la Orden de Redención de Cautivos. Su fiesta se celebra el 25 de Septiembre.
2.- En Roma, el suplicio de ciento sesenta y cinco santos soldados Mártires, en tiempo del Emperador Aureliano.
3.- En Alejandría, la conmemoración de los santos Mártires que, en la persecución de Valeriano, de orden del Presidente Emiliano, atormentados por mucho tiempo con varios y refinados suplicios, lograron con diversos géneros de muerte la palma del martirio.
4.- En Bérgamo, santa Asteria, Virgen y Mártir, en la persecución de los Emperadores Diocleciano y Maximiano.
5.- En Cartago, las santas Vírgenes y Mártires Basa, Paula y Agatónica.
6.- En Roma, san Diosdado, Confesor, el cual, cuanto ganaba en la semana con el trabajo de sus manos, lo repartía el sábado a los pobres.
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Santos Tiburcio y Susana, Mártires S. – Rojo
En Roma, entre los dos Laureles, el triunfo de san Tiburcio, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por sentencia del Juez Fabiano, como confesase con mayor constancia a Cristo mientras andaba sobre ascuas con los pies desnudos, fue conducido a tres millas de la ciudad y allí degollado.
Tiburcio fue convertido con Cromacio, su padre. Intimado por el juez Fabiano a sacrificar a los ídolos o a caminar con los pies descalzos sobre carbones encendidos, hizo él la señal de la cruz y, pisando las brasas: “Aprende –dijo al juez– que el Dios de los cristianos es el solo Dios verdadero. Estos carbones inflamados me parecen flores”. Fabiano, atribuyendo este prodigio a la magia, lo hizo decapitar.
En Roma igualmente, santa Susana, Virgen, la cual, siendo de noble linaje y sobrina del Papa san Cayo, en tiempo de Diocleciano, cortada la cabeza, mereció la corona del martirio.
Susana, virgen romana, el mismo día rehusó, por guardar su virginidad, aceptar por esposo a Galerio Máximo, hijo del emperador Diocleciano; fue sometida a crueles tormentos; y, al fin, decapitada en su palacio, hacia el año 295.
Oración: Haced, Señor, que seamos sostenidos por la asistencia continua de vuestros bienaventurados mártires Tiburcio y Susana, ya que no cesáis de mirar favorablemente a quienes acordáis tales socorros. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Asís de Umbría, el tránsito de santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, célebre por su vida y milagros, fue puesta por el Papa Alejandro IV en el número de las santas Vírgenes. Su fiesta se celebra el día siguiente.
2.- En Comana del Ponto, san Alejandro, Obispo, por sobrenombre el Carbonero, que de elocuentísimo filósofo, llegó a alcanzar la eminente ciencia de la humildad cristiana, y elevado por san Gregorio Taumaturgo a la sede de aquella Iglesia, fue ilustre, no sólo por la predicación, sino también por haber consumado en el fuego su martirio.
3.- En el mismo día, el martirio de los santos Rufino, Obispo de los Marsos, y sus Compañeros, en tiempo del Emperador Maximino.
4.- En Evreux de Francia, san Taurino, Obispo, el cual, ordenado Obispo de aquella ciudad por el Papa san Clemente, propagó la fe Cristiana con la predicación del Evangelio, y padecidos por esta causa muchos trabajos, esclarecido por la gloria de los milagros, descansó en el Señor.
5.- En Cambray de Francia, san Gaugerico, Obispo y Confesor.
6.- En la provincia de Valeria, san Equicio, Abad, de cuya santa vida da testimonio san Gregorio Papa.
7.- En Todi de Umbría, santa Digna, Virgen.
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Santa Clara, Virgen, D. – Blanco
Santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, tal día como ayer, fue llamada a las bodas eternas del Cordero. n. 16 de julio de 1194 en Asís, Italia; † 11 de agosto de 1253
Patrona de los ojos; joyeros que trabajan el oro; lavanderos; telégrafo, teléfono y televisión. Protectora contra las enfermedades de los ojos. Se la invoca para pedir buen tiempo.
Santa Clara, a ejemplo de San Francisco de Asís, su conciudadano, distribuyó todos sus bienes a los pobres, y formó, bajo la dirección de este gran santo, una sociedad de vírgenes decididas como ella a vivir en el recogimiento y en la penitencia. Habiendo los moros atacado su monasterio, los puso en fuga presentándose ante ellos precedida por el Santísimo Sacramento. Ayunaba a pan y agua todo el Adviento y la Cuaresma; durante mucho tiempo, pasó sin tomar alimento alguno los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Siempre llevaba un cilicio, andaba descalza y acostábase sobre sarmientos tirados en el suelo. Murió en 1253.
Oración: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Clara, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.
1.- El mismo día, los santos Mártires Porcario, Abad del monasterio de Lerins, y quinientos Monjes Compañeros suyos, que, muertos por los bárbaros en odio de la fe católica, fueron coronados del martirio.
2.- En Catania de Sicilia, el triunfo de san Euplio, Diácono, que, imperando Diocleciano y Maximiano, habiendo sido por la confesión del Señor muchísimo tiempo atormentado, finalmente al filo de la espada consiguió la palma del martirio.
3.- En Augsburgo de Baviera, santa Hilaria, que fue madre de santa Afra Mártir, y velando delante del Sepulcro de su hija, fue allí mismo, en odio a la fe de Cristo, echada en el fuego por los perseguidores juntamente con Digna, Euprepia y Eunomia, sus criadas. Padecieron también el mismo día y en la misma ciudad Quiriaco, Largión, Crescenciano, Ninmia y Juliana, con otros veinte.
4.- En Siria, los santos Mártires Macario y Julián.
5.- En Nicomedia, los santos Mártires Aniceto, Conde, y Fotino, su hermano, con otros muchos, en tiempo del Emperador Diocleciano.
6.- En Faleria de Toscana, el suplicio de los santos Graciliano y Felicísima, Virgen, a quienes primero, por la confesión de la fe, deshicieron con piedras la boca, y por último, degollados, recibieron la deseada palma del martirio.
7.- En Milán, el tránsito de san Ensebio, Obispo y Confesor.
8.- En Brescia, san Herculano, Obispo.
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Santos Pociano, Papa, Hipólito y Casiano, Mártires S. – Rojo
De san Ponciano sabemos mucho menos que de su compañero de martirio. Era probablemente romano, y sucedió a san Urbano I en la sede de Roma hacia el año 230. Convocó en Roma el sínodo que confirmó la condenación pronunciada en Alejandría de ciertas doctrinas que se atribuían a Orígenes. Cuando estalló la persecución de Maximino, el papa fue desterrado a la isla de Cerdeña, calificada de «insalubre», probablemente por razón de las minas que había en ella. Allí renunció al pontificado; pero no sabemos si vivió aún mucho tiempo, ni cómo murió. Según la tradición, pereció apaleado.
En Roma, san Hipólito, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Valeriano, para gloria de su confesión, después de otros tormentos, atado por los pies a los cuellos de caballos indómitos, arrastrado cruelmente por entre cardos y abrojos y despedazado todo el cuerpo, entregó su espíritu al Señor. Padecieron también el mismo día santa Concordia, su nodriza, la cual, antes que él herida con plomadas, pasó al Señor; y además otros diecinueve de su familia, que fueron degollados fuera de la puerta Tiburtina, y junto con él sepultados en el campo Verano.
En Forzila, el triunfo de san Casiano, Mártir, que como no quisiera adorar a los ídolos, el tirano, llamando a los muchachos, a quienes el Santo, por instruirlos, se había hecho aborrecible, les dio licencia para quitarle la vida; con que fue su martirio tanto más penoso cuanto más largo lo hicieron las débiles manos que lo ejecutaban.
1.- En Todi de Umbría, san Casiano, Obispo y Mártir, en tiempo del Emperador Diocleciano.
2.- En Burgos de España, las santas Centola y Elena, Mártires.
3.- En Constantinopla, san Máximo, Abad, insigne por su doctrina y celo de la verdad católica; al cual, por combatir acérrimamente contra los Monotelitas, el Emperador Constante Hereje, mandó cortar las manos y la lengua y lo desterró al Queroneso, donde esclarecido por su gloriosa confesión, entregó el espíritu a Dios. Entonces también, dos discípulos suyos, por nombre Anastasio, y otros muchos, padecieron diferentes tormentos y penosos destierros.
4.- En Frizlar de Alemania, san Wigberto, Presbítero y Confesor.
5.- En Roma, la dichosa muerte de san Juan Berchmans, escolar de la Compañía de Jesús y Confesor, insigne por la inocencia de vida y por la observancia de la disciplina regular, a quien el Sumo Pontífice León XIII decretó los honores de los Santos.
6.- En Poitiers de Francia, santa Radegunda, Reina, cuya vida resplandeció en virtudes y milagros.
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Vigilia de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos S -Morado
San Eusebio de Roma, Sacerdote y Confesor de la Fe
En Roma, el triunfo de san Eusebio, Presbítero y Confesor, a quien Constancio, Emperador arriano, por la defensa de la fe católica, mandó encerrar en un aposento de su casa, donde, perseverando constantemente siete meses en oración, durmió en el Señor. Su cuerpo lo recogieron los Presbíteros Gregorio y Orosio, y lo sepultaron en el cementerio de Calixto, en la vía Apia.
San Eusebio, presbítero romano, resistió valientemente a los arrianos. Para castigarlo por su fidelidad a Dios, el emperador Constancio lo hizo encerrar en una cárcel tan estrecha que apenas podía moverse en ella. Desde el fondo de su mazmorra, elevó al Cielo su corazón, rogando salir pronto de este destierro. Lo escuchó el Señor y lo llamó después de siete meses de prisión. Sobre su tumba se escribió este epitafio: Aquí yace Eusebio, varón de Dios.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Eusebio, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, caminemos por sus huellas para llegar a Vos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Apamea de Siria, san Marcelo, Obispo y Mártir, que por haber derribado el templo de Júpiter fue asesinado por los Gentiles, enfurecidos contra él.
2.- En Todi de Umbría, san Calixto, Obispo y Mártir.
3.- En Iliria, san Ursicio, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Maximiano y del Presidente Arístides, al cabo de muchos y diversos tormentos, fue por el nombre de Cristo degollado.
4.- En África, san Demetrio, Mártir.
5.- En la isla de Egina, santa Atanasia, Viuda, ilustre por la observancia monástica y el don de milagros.
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La Asunción de Nuestra Señora D. Iª. cl. octava común. – Blanco
La Asunción de la santísima Virgen María, Madre de Dios. La vida de la Santísima Virgen, después de la Ascensión de Jesucristo, no estuvo exenta de sufrimiento. Sufrió al verse separada de su Hijo muy amado, y sin cesar suspiraba por el día en que podría reunirse con Él. Aumentaba su mérito al infinito mediante la práctica constante de las más heroicas virtudes. Llegó, por fin, el dichoso día de su muerte y su alma se separó de su castísimo cuerpo, sin dolor ni violencia. Mas, la noche siguiente al día en que se depositó ese cuerpo en el sepulcro, su alma descendió del cielo, reuniose con él y fue a colocarse en el cielo a la derecha de Jesucristo, en el trono que le había sido preparado.
Oración: Perdonad misericordiosamente, Señor, las faltas de vuestros servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradaros por nuestros propios méritos, concedednos la salvación por la intercesión de Aquélla que Vos elegisteis para que fuera la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo. Amén.
1.- En Cracovia de Polonia, el tránsito de san Jacinto, Confesor, de la Orden de Predicadores, que fue canonizado por el Papa Clemente VIII; su fiesta se celebra el 17 de Agosto.
2.- En Alba Real de Hungría, el tránsito de san Esteban, Rey de los Húngaros y Confesor, el cuál, adornado de celestiales virtudes, fue el primero que convirtió a la fe de Cristo a los Húngaros, y en el mismo día de la Asunción fue recibido por la Virgen Madre de Dios en el cielo. Su fiesta principal, por disposición del Papa Inocencio XI, se celebra el 2 de Septiembre, cuando, por intercesión del santo Rey, fue bizarramente recuperada por el ejército Cristiano la inexpugnable fortaleza de Buda.
3.- En Roma, en la vía Apia, san Tarsicio, Acólito, al cual, habiendo encontrado los Paganos cuando llevaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo, comenzaron a preguntarle qué llevaba; pero, teniendo él por cosa indigna descubrir las margaritas a los puercos, fue por ellos apaleado y apedreado hasta que expiró; y registrado por los sacrilegos pesquisidores el cuerpo, no hallaron ni en sus manos ni en sus vestidos rastro del Sacramento de Cristo. Los Cristianos recogieron el cuerpo del Mártir y lo enterraron honoríficamente en el cementerio de Calixto.
4.- En Tagaste de África, san Alipio, Obispo, discípulo que había sido de san Agustín, y después su compañero en la conversión, su colega en el oficio pastoral y su valiente conmilitón en los combates contra los herejes, y últimamente compartícipe en la gloria celestial.
5.- En Soisons de Francia, san Arnulfo, Obispo, y Confesor.
6.- En Roma, san Estanislao de Kostka, Polaco, novicio de la Compañía de Jesús y Confesor; el cual, consumado en breve, llenó por la angelical inocencia de vida largos años; y fue puesto por el Sumo Pontífice Benedicto XIII en el catálogo de los Santos. Su fiesta se celebra el 13 de Noviembre.
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San Joaquín, padre de la Inmaculada Virgen María. D. 2ª cl. – Blanco
Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye los nombres San Joaquín y Santa Anaa los padres de la Santísima Virgen María. El culto a santa Ana se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X; el culto a san Joaquín es más reciente.
No conocemos de Joaquín y Ana con certeza mas que sus nombres y el hecho de que fueron los santos padres de la Madre de Dios. Lo que relatan sobre ellos los libros apócrifos no es todo confiable y es difícil distinguir lo cierto de la leyenda.
San Joaquín era venerado por los griegos desde muy temprano. En el Occidente su fiesta fue admitida al calendario mas tarde, algunas veces el 16 de septiembre, otras el 9 de diciembre. Julius II la puso en el 20 de marzo; mas tarde suprimida fue restaurada por Gregorio XV (1622). Clemente XII (1738) la fijó en el Domingo después de la Asunción. Con la reforma del calendario después del Concilio Vat II, San Joaquín se celebra junto con su esposa, Santa Ana, el 26 de Julio. Ellos son los patrones de los abuelos.
Oración: Glorioso San Joaquín, me pongo bajo vuestra protección. Ayúdame a imitar en todo a vuestra gloriosa hija,
La Santísima Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra. Que, imitándola a ella, llegue yo a conocer, amar y servir a Dios con todo mi corazón hasta mi último suspiro. Te lo pido por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
1.- En Roma, san Tito, Diácono, el cual, por distribuir dinero entre los pobres, cuando la ciudad se hallaba ocupada por los Godos, fue muerto de orden del bárbaro Tribuno.
2.- En Nicea de Bitinia, san Diomedes, médico, que, en la persecución del Emperador Diocleciano, por la fe de Cristo, pasado a cuchillo consumó el martirio.
3.- En Palestina, treinta y tres santos Mártires.
4.- En Ferentino de los Hérnicos, san Ambrosio, Centurión, que, en la persecución de Diocleciano, atormentado de varias maneras, y, últimamente, habiendo pasado ileso por el fuego, sumergido en el agua, llegó al refrigerio.
5.- En Milán, el tránsito de san Simpliciano, Obispo, célebre por testimonio de los santos Ambrosio y Agustín.
6.- En Auxerre, san Eleuterio, Obispo,
7.- En Nicomedia, san Arsacio, Confesor, el cual, en tiempo del perseguidor Licinio, abandonando la milicia, pasó la vida en un yermo, y fue tan esclarecido en virtudes, que se lee lanzó los demonios y mató un gran dragón con sus oraciones; finalmente, profetizando la futura ruina de la ciudad, puesto en oración, entregó su espíritu a Dios.
8.- En Montpeller de la Galia Narbonense, el tránsito de san Roque, Confesor, que, con1a señal de la cruz, libró de la peste muchas ciudades de Italia. Su cuerpo fue después trasladado a Venecia, y honoríficamente colocado en una Iglesia dedicada a su nombre.
9.- En Roma, santa Serena, que fue, algún tiempo, mujer de Diocleciano Augusto.
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San Jacinto, Religioso, presbítero y confesor de la Fe. D. – Blanco
San Jacinto, de la Orden de Predicadores, Confesor, que durmió en el Señor el día 15 de Agosto. n. 1185 en el Castillo de Lanka, Polonia; † 15 de agosto de 1257 en Cracovia, Polonia.
San Jacinto renunció a todas las ventajas que procura un noble nacimiento, la fortuna y el talento, para entrar en la orden que Santo Domingo acababa de fundar. Sus predicaciones, acreditadas por el don de milagros, produjeron en Polonia efectos maravillosos: hubiérase creído estar en los hermosos días del cristianismo naciente. Después de haber fundado varios monasterios en ese reino, recorrió Prusia, Dinamarca, Suecia y Noruega, que todavía en parte eran paganas: de allí pasó a Ucrania y a Rutenia y penetró hasta el Mar Negro, obrando a su paso numerosas conversiones y fundando monasterios para perpetuar su obra. De vuelta a Cracovia, cayó enfermo y expiró el día de la Asunción en 1257.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Jacinto, vuestro confesor, concedednos, por vuestra bondad, imitar los ejemplos de aquél cuyo nacimiento al cielo celebramos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cartago, los santos Mártires Liberado, Abad, Bonifacio, Diácono, Siervo y Rústico, Subdiáconos, Rogato y Séptimo, Monjes, y el niño Máximo; los cuales, en la persecución Vandálica y reinado de Hunerico, por la confesión de la fe católica y por la defensa de un solo Bautismo, fueron atormentados con varios e inauditos suplicios, y finalmente atravesados con clavos sobre leños para ser quemados en ellos, y aunque muchas veces encendido el fuego, siempre milagrosamente apagado, mandó el tirano golpearlos con los cuentos de los remos hasta triturarles las cabezas, con lo cual, coronados por el Señor, acabaron la carrera de tan hermoso combate.
2.- En Acaya, san Myrón, Presbítero y Mártir, a quien de orden del Presidente Antípatro, en Cícico, imperando Decio, después de muchos tormentos, cortaron la cabeza.
3.- En Cesarea de Capadocia, el triunfo de san Mamés, Mártir, hijó de los santos Mártires Teódoto y Rufina, que desde su primera infancia hasta la vejez sufrió un prolongado martirio, y al fin, siendo Emperador Aureliano y Presidente Alejandro, lo consumó felizmente. Los santos Basilio y Gregorio Nacianceno le celebran con grandísimas alabanzas.
4.- En Nicomedia, los santos Mártires Estratón, Felipe y Eutiquiano, los cuales, condenados a las fieras y no recibiendo daño, consumaron el martirio por el fuego.
5.- En Tolemaida de Palestina, el suplicio de los santos Mártires Pablo y Juliana, Virgen, su hermana; ambos de orden del Emperador Aureliano, porque perseveraban constantemente en la confesión de Cristo, fueron atormentados con diversas y muy crueles torturas y por último decapitados.
6.- En Roma, san Eusebio, Papa.
7.- En Terni, san Anastasio, Obispo y Confesor.
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4º día de la infraoctava de la Asunción de Nuestra Señora de Asunción, S, cl -Blanco
San Agapito, Mártir
En Palestrina, el triunfo de san Agapito, Mártir, que, siendo de quince años y ardiendo en el amor de Cristo, de orden del Emperador Aureliano fue preso y azotado primero largamente con crudos nervios; después, por mandado del Prefecto Antíoco, padeció más graves suplicios; y últimamente, de orden del mismo Emperador, arrojado a los leones y saliendo ileso, fue atravesado por la espada del verdugo para ser coronado. † decapitado hacia el año 274.
San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.
Oración: Que vuestra Iglesia, oh Dios mío, se regocije con el apoyo que encuentra en los sufragios del bienaventurado Agapito, vuestro mártir, y que, sostenida por su gloriosa intercesión, persevere en la piedad y se afiance en la paz. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, los santos Juan y Crispo, Presbíteros, que, en la persecución de Diocleciano, sepultaron con grandísima piedad muchos cuerpos de santos, de cuyos méritos hechos ellos también partícipes, se granjearon los goces de la vida eterna.
2.- En Roma igualmente, los santos Mártires Hermas, Serapión y Polieno, que, arrastrados por entre angosturas y ásperos peñascos, entregaron a Dios sus almas.
3.- En la Iliria, los santos Mártires Floro y Lauro, canteros, los cuales, en tiempo del Presidente Licinio, después del martirio de sus maestros Próculo y Máximo, ambos, al cabo de muchos tormentos, fueron sumergidos en un pozo profundo.
4.- En Mira de Licia, los santos Mártires León y Juliana.
5.- En Metz de Francia, san Fermín, Obispo y Confesor.
6.- En Roma, en la vía Lavicana, santa Elena, madre del religiosísimo Emperador Constantino el Grande, el primero que dio a los demás Príncipes ejemplo de defender y amplificar la Iglesia.
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San Juan Eudes, Presbítero, Fundador y confesor de la Fe D. – Blanco
En Caén de Francia, san Juan Eudes, Confesor, Misionero Apostólico, Fundador de la Congregación de Presbíteros de Jesús y María, y de la Orden de las Monjas de nuestra Señora de la Caridad, y promotor del culto litúrgico de los Sacratísimos Corazones de Cristo y de su Madre. El Papa Pío XI le puso en el catálogo de los Santos.
Oración: Oh Dios, que elegiste a san Juan Eudes para anunciar al mundo las insondables riquezas del misterio de Cristo, concédenos, te rogamos, que, por su palabra y su ejemplo, crezcamos en el conocimiento de tu verdad y vivamos según el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, san Julio, Senador y Mártir, el cual, entregado al Juez Vitelio, y por él encarcelado, fue, de orden del Emperador Cómmodo, apaleado hasta expirar. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Calepodio, en la vía Aurelia.
2.- En Anagni, san Magno, Obispo y Mártir, que fue muerto en la persecución de Decio.
3.- En Cilicia, el triunfo de san Andrés, Tribuno, y sus Compañeros soldados; los cuales, después de conseguida milagrosa victoria contra los Persas, se convirtieron a la fe de Cristo, y acusados por esto, fueron, de orden del Emperador Maximiano, bárbaramente muertos por el ejército del Presidente Seleuco en los desfiladores del monte Tauro.
4.- En Palestina, san Timoteo, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, después de sufridos muchos suplicios, fue quemado a fuego lento. Padecieron también allí mismo Tecla y Agapio: Tecla, expuesta a las fieras y despedazada entre sus dientes, pasó al Esposo; Agapio, superados muchísimos tormentos, fue reservado para mayores combates.
5.- En Roma, san Sixto III, Papa y Confesor.
6.- Junto a Briñoles, en la Provenza, el tránsito de san Luis, de la Orden de Menores, Obispo de Tolosa, ilustre por la santidad de vida y por los milagros; cuyo cuerpo, trasladado de allí a Marsella, fué honoríficamente colocado en la Iglesia de los Menores. Más tarde fue trasladado a Valencia de España y colocado en la Iglesia catedral.
7.- En la aldea Sisterón, en Francia, san Donato, Presbítero y Confesor, el cuál, dotado, desde los comienzos de la infancia, de admirable gracia de Dios, hizo muchos años vida anacorética, e insigne en el don de milagros, se fue con Cristo.
8.- En el territorio de Bourges, san Mariano, Confesor, cuyas virtudes y milagros celebró con grandes alabanzas san Gregorio, Obispo de Tours.
9.- En Mantua, san Rufino, Confesor.
10.- En Nuremberg, san Sebaldo, Ermitaño, muy esclarecido en milagros, que fue agregado al catálogo de los Santos por el Papa Martín V.
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San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia D. – Blanco
En el territorio de Langres, el tránsito de san Bernardo, primer Abad de Claraval, glorioso en santidad, doctrina y milagros, a quien el Sumo Pontífice Pío VIII declaró Doctor de la Iglesia universal. n. 1090 en Fontaines-les-Dijon (Borgoña), Francia; † 20 de agosto de 1153 en Claraval.
Patrono de las abejas y los apicultores; fabricantes de velas.
San Bernardo, nacido en 1090 de noble familia en Fontaines-les-Dijon, entró en la abadía de Císter, acompañado de sus hermanos y otros veintiséis nobles. Más grande aun por sus virtudes que por su genio, rehusó los arzobispados de Reims, de Génova y de Milán, declarándose indigno de tal honor. Llegó a ser el árbitro de los obispos, de los reyes y de los papas. Predicó una cruzada con prodigioso éxito y fundó una multitud de monasterios. Al mismo tiempo fue un gran taumaturgo y el azote de las herejías. Escribió numerosas obras en las que brilla una doctrina totalmente celestial, que parece fruto de inspiración divina más que resultado del trabajo. Murió en 1153 y fue proclamado, por Pío VIII, Doctor de la Iglesia universal.
Oración: Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo los caminos de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Bernardo, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, el tránsito de san Pío X, Papa y Confesor, defensor invicto de la integridad de la fe y de la libertad eclesiástica, e insigne por el celo de la religión; cuya fiesta se celebra el 3 de septiembre.
2.- Junto al monte Senario, en Etruria, el tránsito de san Manetes, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, el cual, cantándole himnos, expiró. Su fiesta, junto con la de sus Compañeros, se celebra el 12 de Febrero.
3.- En Judea, el santo Profeta Samuel, cuyos sagrados huesos, según escribe san Jerónimo, trasladó Arcadio Augusto a Constantinopla, y los colocó junto a Séptimo.
4.- En Chipre, san Lucio, Senador, el cual, vista la constancia en el martirio de Teodoro, Obispo de Cirene, se convirtió a la fe de Cristo y trajo también a la misma al Presidente Digniano, con quien partió a Chipre; allí, viendo a otros Cristianos ser coronados por la confesión del Señor, se presentó espontáneamente al tirano, y cortada la cabeza mereció la misma corona.
5.- En Tracia, treinta y siete santos Mártires, los cuales, de orden del Presidente Apeliano, después de cortados los pies y manos por la fe de Cristo, fueron arrojados en un horno encendido.
6.- Allí mismo, los santos Mártires Severo y Memnón, Centurión, los cuales, muertos con el mismo género de martirio, subieron vencedores al cielo.
7.- En Córdoba de España, los santos Mártires Leovigildo y Cristóbal, Monjes, los cuales, por la defensa de la fe cristiana, durante la persecución de los Árabes, encerrados en una cárcel, y después decapitados y arrojados al fuego, consiguieron la palma del martirio.
8.- En la isla de Herio, san Filiberto, Abad.
9.- En Roma, san Porfirio, varón de Dios, que instruyó a san Agapito, Mártir, en la fe y en la doctrina de Cristo.
10.- En Chinón de Francia, san Máximo, Confesor, discípulo de san Martín, Obispo.
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Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. Viuda
Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, Viuda, que fue Fundadora de la Orden de Monjas de la Visitación de santa María. Su tránsito se conmemora a 13 de Diciembre. n. 28 de enero de 1572 Dijon (Borgoña), Francia;
† 13 de diciembre de 1641 en Moulins, Francia.
Patrona de las viudas; padres separados de sus hijos; personas abandonadas por familiares o amigos; personas que han perdido sus padres. Se la invoca para resolver problemas con la familia política.
Santa Juana, durante su matrimonio, se dedicó al ejercicio de todas las virtudes: enseñaba en persona la religión a sus hijos y servidores, los formaba en la piedad y les daba ejemplo de una caridad sin límites. Jamás rehusaba una limosna pedida en nombre de Jesucristo. Después de la muerte de su marido, hizo voto de castidad y, para permanecer fiel, inscribió en su pecho con un hierro candente el nombre de Jesús. Resuelta a romper todo lazo con el mundo, se sometió a la dirección espiritual de San Francisco de Sales, y estableció con él la Orden de la Visitación. Afligida, al final de su vida, por espantosas penas interiores, soportó esta prueba con tanta resignación, que Dios la recompensó con un aumento de consolaciones. Murió el 13 de diciembre de 1641, casi a los setenta años de edad.
Oración: Oh Dios omnipotente y misericordioso, que, después de haber abrasado con vuestro amor a la bienaventurada Juana Francisca, la habéis dotado de admirable fortaleza para recorrer la vida por el sendero de la perfección, y habéis querido, por su intermedio, enriquecer a la Iglesia con una nueva familia, haced, por sus méritos e intercesión que, convencidos de nuestra debilidad y confiados en vuestro poder, lleguemos, con vuestra gracia a vencer todos los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en el campo Verano, santa Ciriaca, Viuda y Mártir, que durante la persecución de Valeriano, habiendo consagrado su persona y todos sus bienes al servicio de los Santos, por último, sufriendo por Cristo el martirio, le consagró también gustosa su propia vida.
2.- En el territorio de Gevaudán, san Privado, Obispo y Mártir, que padeció en la persecución de Valeriano y Galieno.
3.- En Salona de Dalmacia, san Anastasio, Soldado distinguido, el cual, viendo la constancia de san Agapito en los tormentos, se convirtió a la fe, y, por la confesión del nombre de Cristo, muerto de orden del Emperador Aureliano, pasó Mártir al Señor.
4.- En Cerdeña, el triunfo de los santos Mártires Luxorio, Ciselo y Camerino, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Delfio, fueron degollados.
5.- El mismo día, los santos Mártires Bonoso y Maximiano.
6.- En Fondi del Lacio, san Paterno, Mártir, el cual viajó de Alejandría a Roma a visitar los sepulcros de los Apóstoles, y luego se retiró a la campiña de Fondi; y allí, mientras enterraba los cuerpos de los Mártires, fue aprisionado por el Tribuno y murió en la prisión.
7.- En Edesa de Siria, los santos Mártires Bassa y sus tres hijos, Teogonio, Agapio y Fidel, a los cuales, en la persecución de Maximiano, la piadosa madre envió delante con sus exhortaciones a la palma del martirio, y ella, cortada la cabeza, les siguió alegre con la victoria.
8.- En Verona, san Euprepio, Obispo y Confesor.
9.- Igualmente, san Cuadrato, Obispo.
10.- En Auvernia de las Galias, san Sidonio, Obispo, esclarecido en doctrina y santidad.
11.- En Sena de Toscana, san Bernardo Tolomeo, Abad, Fundador de la Congregación del Monte Olivete.
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Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María Dm. – Blanco
La fiesta del Inmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María. Después de consagrar en plena Guerra Mundial todo el género humano al Inmaculado Corazón de María, para ponerlo bajo la protección de la Madre del Salvador, decretó el Papa Pío XII, en 1944, que toda la Iglesia celebrase anualmente una fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María, el 22 de agosto, día de la octava de la fiesta de la Asunción.
La devoción del Corazón de María es ya antigua. San Juan Eudes la propagó en el s. XVII, uniéndola a la del Sagrado Corazón de Jesús.
En el s. XIX, Pío VII, primero, y después Pío IX concedieron a muchas iglesias particulares una fiesta del Purísimo Corazón de María, señalada primeramente para el domingo después de la Asunción, y luego para el sábado que sigue a la fiesta del Sagrado Corazón. Al fijar el 22 de agosto la Fiesta del Inmaculado Corazón de María, y extenderla a toda la Iglesia, le asignó Pío XII como fin el obtener, por intercesión de la santísima Virgen, “la paz entre las naciones, la libertad de la Iglesia, la conversión de los pecadores, el amor a la pureza y la práctica de las virtudes”.
Oración: Oh Dios omnipotente y eterno, que has preparado en el Corazón de la Bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo; concédenos en tu bondad que, celebrando devotamente la fiesta de su Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Ostiense, el triunfo de san Timoteo, Mártir, el cual, detenido por Tarquino, Prefecto de la Ciudad, y maltratado en larga prisión, como no quisiese sacrificar a los ídolos, por tres veces azotado y atormentado con gravísimos suplicios, fue por fin degollado.
2.- En el Puerto Romano, san Hipólito, Obispo, muy esclarecido por su saber, el cual, en tiempo del Emperador Alejandro, por su admirable confesión de la fe, atado de pies y manos y precipitado en una profunda hoya llena de agua, consiguió la palma del martirio. Su cuerpo fue sepultado por los Cristianos junto al mismo lugar.
3.- En Autún, san Sinforiano, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Aureliano, no queriendo sacrificar a los ídolos, fue primeramente azotado, después encerrado en una cárcel, y por último, cortada la cabeza, consumó el martirio.
4.- En Todi de la Umbría, el tránsito de san Felipe Benicio, Confesor, Florentino, que fue propagador de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, y varón de eximia, humildad, y por el Sumo Pontífice Clemente X puesto en el número de los Santos. Su fiesta se celebra el día siguiente.
5.- En Roma, san Antonino, Mártir, el cual, confesando libremente que era Cristiano, de orden del Juez Vitelio fue sentenciado a pena capital y enterrado en la vía Aurelia por el Presbítero Rufino.
6.- En Tarso de Cilicia, la conmemoración de los santos Atanasio, Obispo y Mártir, Antusa, noble señora, a quien él había bautizado, y dos siervos de ésta, Carisio y Neófito, Mártires; los cuales padecieron en tiempo del Emperador Valeriano.
7.- En el Puerto Romano, los santos Mártires Marcial, Saturnino, Epicteto, Mapril y Félix, con sus Compañeros.
8.- En Nicomedia, el martirio de los santos Agatónico, Zótico y Compañeros Mártires, imperando Maximiano y siendo Presidente Eutolmio.
9.- En Reims de Francia, los santos Mártires Mauro y sus Compañeros.
10.- En España, los santos Mártires Fabriciano y Filiberto.
11.- En Pavía, san Guniforte, Mártir.
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San Felipe Benizi, Presbítero Confesor de la Fe. D. – Blanco
San Felipe Benicio, Confesor, que fue propagador de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, y pasó al Señor el día de ayer. n. 15 de agosto de 1233 en Florencia, Italia; † 22 de agosto de 1285 en Todi, Italia.
San Felipe, muy joven aún, exhortó un día a su madre a que diese limosna a los servitas. Una vez que terminó sus estudios, tomó el hábito de esta Orden y recorrió Europa y una parte de Asia, obrando a su paso numerosas conversiones y estableciendo en todas partes cofradías en honor de Nuestra Señora de los Siete Dolores. A la muerte de Clemente IV, sabiendo que los cardenales pensaban elevarlo al solio de San Pedro, huyó a las montañas y allí permaneció escondido hasta la elección de Gregorio X. Murió en Siena, en el año 1285, abrazando el crucifijo que él llamaba su libro.
Oración: Oh Dios, que habéis proporcionado un modelo admirable de humildad en la persona delbienaventurado Felipe, vuestro confesor, concedednos la gracia de despreciar como él los bienes de la tierra para no aspirar sino a las cosas del cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Ostia del Tíber, los santos Mártires Quiríaco, Obispo, Máximo, Presbítero,Arquelao, Diácono, y sus Compañeros, que padecieron, por orden del Prefecto Ulpiano, en tiempo de Alejandro.
2.- En Antioquía, el triunfo de los santos Mártires Restituto, Donato, Valeriano y Fructuosa, con otros doce, los cuales fueron coronados con el preclarísimo honor de su confesión.
3.- En Egea de Cilicia, los santos Mártires Claudio, Asterio y Neón, hermanos, los cuales, acusados por su madrastra de ser Cristianos, en el imperio de Diocleciano y siendo Presidente Lisias, al cabo de acerbos tormentos, fueron clavados en la cruz, y en ella vencedores triunfaron con Cristo. Padecieron después de ellos Donvina y Teonila.
4.- En Reims de Francia, el triunfo de los santos Timoteo y Apolinar, los cuáles, consumado el martirio en la misma ciudad, merecieron el reino celestial.
5.- En Lyon de Francia, los santos Mártires Minervo y Eleazar, con ocho hijos.
6.- Igualmente, san Lupo, Mártir, el cual, siendo de condición esclavo, alcanzó la libertad de Cristo y fue además honrado con la corona del martirio.
7.- En Jerusalén, san Zaqueo, Obispo, que gobernó la Iglesia de Jerusalén el cuarto después del Apóstol Santiago.
8.- En Alejandría, san Teonás, Obispo y Confesor.
9.- En Útica de África, san Víctor, Obispo.
10.- En Autún, san Flaviano, Obispo.
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San Bartolomé, Apóstol D. 2ª. cl. – Rojo
San Bartolomé Apóstol, el cual predicó el Evangelio de Cristo en la India, y pasando de allí a la Armenia Mayor, habiendo convertido muchísimos a la fe, fue desollado vivo por los bárbaros, y decapitado por orden del Rey Astiages, consumó el martirio. Su sagrado cuerpo, trasladado primero a la isla de Lípari, después a Benevento, y finalmente a Roma, a la isla del Tíber, es allí venerado con gran piedad de los fieles.
Patrono de zapateros y fabricantes de zapatos; encuadernadores; carniceros; yeseros. Protector contra las enfermedades nerviosas y neurológicas.
San Bartolomé, Apóstol, llevó el Evangelio a las regiones más bárbaras de Oriente. Penetró hasta las extremidades de las Indias. Después de haber obrado allí numerosas conversiones y sufrido mucho por la causa de Jesucristo, volvió a la gran Armenia. Convirtió allá al rey Polemón, con doce ciudades de su reino. Los sacerdotes de los ídolos excitaron contra él a Astiages, hermano del rey, que lo hizo desollar vivo, después de lo cual fue decapitado. Refiérese que cien veces al día arrodillábase para orar a Dios.
Oración: Dios omnipotente y eterno, que nos inspiráis santa fe en la solemnidad del Apóstol San Bartolomé, os suplicamos que concedáis a vuestra Iglesia que ame lo que él ha creído y que predique lo que él ha enseñado. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Lima del Perú, el tránsito de santa Rosa de santa María Virgen, de la tercera Orden de santo Domingo. Su fiesta se celebra el 30 de Agosto.
2.- En Nepi, san Tolomeo, Obispo, que fue discípulo de san Pedro Apóstol, y enviado por él a predicar el Evangelio a Toscana, acabó en aquella ciudad glorioso Mártir de Cristo.
3.- En el mismo día, san Eutiquio, que fue discípulo de san Juan Evangelista, y después de sufrir, por la predicación del Evangelio en muchas regiones, cárceles, azotes y el fuego, descansó finalmente en paz.
4.- En Nepi, san Román, Obispo de la misma ciudad, el cuál, siendo discípulo de san Tolomeo, fue también su Compañero en el suplicio,
5.- En Cartago, trescientos santos Mártiresen tiempo de Valeriano y Galieno. Estos magnánimos Mártires, entre otros suplicios, como el Presidente mandase encender una caldera, y presentar ante él brasas con incienso, y les dijese: «Una de dos: u ofrecéis sobre esos carbones incienso a Júpiter, o se os arroja en la cal»; ellos, armados de fe y confesando a Cristo Hijo de Dios, se arrojaron con suma ligereza en el fuego, y entre los vapores de la cal se convirtieron en polvo, por lo que este hermoso ejército de Santos mereció el nombre de Masa Candida.
6.- En Isauria, san Tación, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, muerto con la espada, recibió la corona del martirio.
7.- Igualmente, san Jorge de Limnio, Monje, que, por haber reprendido al impío Emperador León, porque destruía las sagradas imágenes y quemaba las reliquias de los Santos, cortadas de orden de él las manos y quemada la cabeza, Mártir pasó al Señor.
8.- En Ostia Tiberina, santa Áurea, Virgen y Mártir, la cual, atada al cuello una piedra, fue sumergida en el mar. Su cuerpo, arrojado a la playa, fue por san Nonno sepultado.
9.- En Rúan, san Audoeno, Obispo y Confesor.
10.- En Nevers de Francia, san Patricio, Abad.
11.- En Nápoles de Campania, santa Antida Thouret, Virgen, Fundadora del Instituto de Hermanas de la Caridad; a la cual el Papa Pío XI puso en el catálogo de las santas Vírgenes.
12.- En Marsella de Francia, santa Emilia de Vialar, Virgen, Fundadora del Instituto de Hermanas de San José de la Aparición, insigne por la fortaleza, paciencia y caridad; a la cual el Sumo Pontífice Pío XII puso en el número de las Santas.
13.- En Valencia de España, el nacimiento de santa María Micaela, Virgen, Fundadora de la Congregación de Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, inflamada en ansias de padecer y en deseo de ganar almas para Dios; a la cual el Papa Pío XI puso en el número de las santas Vírgenes.
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San Luis, Rey, Confesor de la Fe Sd. – Blanco
En Cartago, san Luis IX, Rey de los Francos y Confesor, ilustre por la santidad de vida y por el don de milagros. Sus huesos fueron después llevados a París. n. 25 de abril de 1214 en Poissy, Francia; † 25 de agosto de 1270 en Túnez, Algeria.
Patrono de reyes y de la monarquía francesa; barberos y peluqueros; trabajadores de la construcción; cruzados; soldados; padres de familias numerosas; prisioneros; escultores; enfermos; terciarios. Protector contra la mortalidad infantil y las dificultades en el matrimonio.
San Luis, rey de Francia, fue dotado de todas las cualidades que hacen a los reyes grandes y a los santos ilustres. Nacido para gobernar a los hombres, fue un héroe en la paz y en la guerra. En toda su vida, según testimonio de su confesor, no cometió ni un solo pecado mortal. De ordinario llevaba un cilicio, y cuando se lo sacaba, daba cuarenta escudos de limosna. El viernes de cada semana ayunaba, se disciplinaba con cadenillas de hierro y servía a los pobres con sus propias manos. Dos veces salió de su reino a fin de conquistar Tierra Santa, y en esas expediciones mostró tanta piedad como coraje. Murió en 1270, en África, a la edad de 55 años.
Oración: Oh Dios, que hicisteis pasar al rey San Luis de un reino temporal a la gloria del reino eterno, haced, os lo suplicamos, que, por sus méritos y su intercesión, participemos un día con él de la gloría del Rey de reyes, vuestro Hijo Jesucristo, que vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, el tránsito de san José de Calasánz, Presbítero y Confesor, ilustre por la inocencia de vida y por los milagros; el cual, para instruir en la piedad y en las letras a la juventud, fundó la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. El Sumo Pontífice Pío XII le constituyó celestial Patrono ante Dios de todas las Escuelas populares cristianas existentes en todo el mundo. Su fiesta se celebra el 27 de Agosto.
2.- En Roma igualmente, los santos Mártires Eusebio, Ponciano, Vicente y Peregrino, los cuales, en tiempo del Emperador Cómmodo, fueron primero levantados en el ecúleo y descoyuntados con nervios, después apaleados y quemados con hachas los costados; mas, perseverando fidelísimamente en alabar a Cristo, los acotaron con plomadas hasta expirar.
3.- En Roma además, el triunfo de san Nemesio, Diácono, y su hija Lucila, Virgen, los cuales, no pudiendo ser apartados de la fe de Cristo, por orden del Emperador Valeriano fueron degollados. Sus cuerpos, sepultados por el Papa san Esteban y después colocados con más honor por san Sixto II en la vía Apia el 31 de Octubre, fueron por Gregorio V trasladados a la Diaconía de santa María la Nueva, juntamente con los santos Sinfronio, el Tribuno Olimpio con su mujer Exuperia e hijo Teodulo; todos los cuales, convertidos por san Sinfronio y bautizados por el mismo san Esteban, habían sido coronados del martirio. Estos cuerpos, hallados en el mismo paraje en tiempo del Papa Gregorio XIII, fueron más honoríficamente colocados bajo el altar de la misma Iglesia el 8 de Diciembre.
4.- En Roma también, san Ginés, Mártir, el cual, siendo Gentil y cómico, mientras se burlaba en el teatro de nuestros sagrados Misterios, delante del Emperador Diocleciano, de improviso se convirtió por divina inspiración a la fe, y fue bautizado. Al punto, por orden del Emperador, fue cruelísimamente apaleado, suspendido en el potro, desgarrado por mucho tiempo con uñas aceradas y quemado con hachas, y al cabo, como perseverase constante en la fe de Cristo, diciendo: «No hay más Rey que Cristo, y si por Él me quitáis mil veces la vida, no me le quitaréis de la boca ni del corazón», mereció, cortada la cabeza, la palma del martirio.
5.- En Arles de Francia, otro san Ginés, el cual, ejerciendo el oficio de notario, y no queriendo escribir los impíos edictos contra los Cristianos, antes arrojando en público los registros en prueba de que él también era Cristiano, fue preso y degollado, y así bautizado con su propia sangre, consiguió la gloria del martirio.
6.- En Siria, san Julián, Mártir.
7.- En Tarragona de España, san Magín, Mártir.
8.- En Itálica de España, san Geroncio, Obispo, que en tiempo de los Apóstoles, predicando en aquella provincia el Evangelio, al cabo de muchos trabajos murió en la cárcel.
9.- En Constantinopla, san Menas, Obispo.
10.- En Utrech, san Gregorio, Obispo.
11.- En Monte Falisco de Etruria, santo Tomás, Confesor, que fue Obispo de la Iglesia de Hereford en Inglaterra.
12.- En Nápoles de Campania, santa Patricia, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Ceferino, Papa, Mártir S. – Rojo
San Ceferino, Papa y Mártir, cuyo tránsito se conmemora el 20 de Diciembre.
San Ceferino, sucesor de San Víctor en la Sede Apostólica, resistió valientemente a los herejes y a los paganos. Durante la persecución del emperador Severo fue el sostén y el consuelo de los fieles; su caridad le hacía experimentar sus sufrimientos como si fueran propios. Murió hacia el año 217.
Oración: Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y custodiadlo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Sumo Pontífice Ceferino, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cardona de España, el tránsito de san Ramón Nonato, Cardenal y Confesor, de la Orden de santa María de la Merced, Redención de cautivos, ilustre en santidad de vida y en milagros. Su fiesta se celebra el 31 de Agosto.
2.- En Roma, los santos Mártires Ireneo y Abundio, los cuales, en la persecución de Valeriano, por haber recogido el cuerpo de santa Concordia de una cloaca donde lo habían arrojado, fueron sumergidos en la misma cloaca. Sus cuerpos, sacados de allí por el Presbítero Justino, fueron sepultados en una cripta, junto a san Lorenzo.
3.- En Ventimilla, ciudad de Liguria, san Segundo, Mártir, varón distinguido y Capitán de la legión Tebea.
4.- En Bérgamo, san Alejandro, Mártir, que, siendo de la misma legión, y confesando constantísimamente el nombre de nuestro Señor Jesucristo, cortada la cabeza, consumó el martirio.
5.- En el país de los Marsos, los santos Simplicio y sus hijos Constancio y Victoriano, los cuales, imperando Antonino, atormentados primero de varios modos, y después degollados, consiguieron la corona del martirio.
6.- En Nicomedia, el suplicio de san Adrián, hijo del César Probo, el cual, echando en cara a Licinio la persecución que había movido contra los Cristianos, por orden del mismo fue muerto. Su cuerpo lo sepultó Domicio, Obispo de Bizancio, su tío paterno, en un suburbio de la misma ciudad, llamado Argyrópoli.
7.- En España, san Víctor, Mártir, el cual, muriendo a mano de los Moros por confesar a Cristo, recibió en premio la corona del martirio.
8.- En Capua, san Rufino, Obispo y Confesor.
9.- En Pistoya de Toscana, san Félix, Presbítero y Confesor.
10.- En la Puye, diócesis de Poitiers, santa Juana Isabel Bichier des Ages, Virgen, Fundadora, juntamente con san Andrés Huberto Fournet, de la Congregación de Hijas de la Cruz, esclarecida por la continua mortificación y por la inocencia de vida; a la cual el Papa Pío XII puso en el catálogo de las santas Vírgenes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San José de Calasanz, Presbítero y confesor de la Fe, D. – Blanco
San José de Calasanz, Presbítero y Confesor, que fue Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, y durmió en el Señor el 25 de Agosto. n. 11 de septiembre de 1556 en Peralta (Aragón), España; † 25 de agosto de 1648 en Roma, Italia.
Patrono de universidades; escuelas; escuelas rurales; alumnos de escuelas; estudiantes.
Este santo consagró su vida a la educación cristiana de la niñez. En su juventud, reunía ya a su alrededor a los niños para enseñarles las oraciones y los misterios de la religión. Ordenado sacerdote, se dedicó primero a la predicación en España, su patria; pero, sintiéndose llamado a vida más perfecta aun, se trasladó a Roma, donde la vista de un tropel de niños entregados a los vicios a los que arrastra la falta de educación, le inspiró el pensamiento de fundar escuelas pías. Asoció a su intento a varios eclesiásticos animados de los mismos sentimientos, y su congregación fue erigida por Gregorio XV en orden religiosa, bajo el nombre de Clérigos regulares de la Madre de Dios de las escuelas pías.
Oración: Oh Dios, que por San José de Calasanz, vuestro confesor, habéis dado a la Iglesia un nuevo auxilio para formar a la infancia en el espíritu de inteligencia y de piedad, concedednos, por sus ejemplos e intercesión, la gracia de practicar y enseñar vuestra doctrina, de modo que merezcamos las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Potenza de Lucania, el triunfo de los santos Aroncio, Honorato, Fortunato y Sabiniano, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, los cuales, imperando Maximiano, por orden del Juez Valeriano, fueron condenados a pena capital. Su fiesta, junto con la de los otros ocho hermanos, se celebra el día 1 de Septiembre.
2.- En Bérgamo, san Narno, que, bautizado por san Bernabé, fue por él ordenado primer Obispo de aquella ciudad.
3.-En Capua, el triunfo de san Rufo, Obispo y Mártir, que gozando la dignidad de patricio, fue con toda su familia bautizado por san Apolinar, discípulo de san Pedro.
4.- Allí mismo, los santos Mártires Rufo y Carpóforo, que padecieron en tiempo de Diocleciano y Maximiano.
5.- En Tomis del Ponto, los santos Mártires Marcelino, Tribuno, su mujer Manea, y sus hijos Juan, Serapión y Pedro.
6.- En Lentini de Sicilia, santa Eulalia, Virgen, la cual, por ser cristiana, acuchillada por su hermano Sermiliano, pasó al celestial Esposo.
7.- El mismo día, el triunfo de santa Antusa la menor, la cual sumergida en un pozo por la fe de Cristo, consiguió el martirio.
8.- En Arlés de Francia, san Cesareo, Obispo, varón de admirable santidad y religión.
9.- En Autún, san Siagro, Obispo y Confesor.
10.- En Pavía, san Juan, Obispo.
11.- En Lérida de la España Tarraconense, san Licerio, Obispo.
12.- En la Tebaida, san Pemón, Anacoreta.
13.- En Septémpeda del Piceno, santa Margarita, Viuda.
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San Agustín, Obispo, confesor y Doctor de la Iglesia, D. – Blanco
En Hipona de África, el tránsito de san Agustín, Obispo, Confesor y Doctor eximio de la Iglesia, el cual, convertido a la fe católica y bautizado por san Ambrosio, Obispo, la defendió después acérrimamente contra los Maniqueos y demás herejes, y habiendo prestado otros grandes servicios a la Iglesia de Dios, pasó a recibir los premios del cielo. Sus reliquias fueron primeramente trasladadas por causa de los bárbaros desde su ciudad a Cerdeña, y después, por disposición de Luitprando, Rey de los Longobardos, a Pavía, y allí honoríficamente depositadas. n. 13 de noviembre de 354 en Tagaste, Numidia (Argelia); † 28 de agosto de 430 en Hipona.
San Agustín, hijo de un pagano de Numidia, que se convirtió al final de su vida, enseñó primero brillantemente retórica en Cartago, Roma y Milán, donde la lectura de un pasaje de San Pablo lo convirtió y donde San Ambrosio lo bautizó. De vuelta a África, después de haber perdido a Santa Mónica, su madre, en Ostia, retirose a la soledad, y después fue ordenado sacerdote y llegó a ser obispo de Hipona. Entró en correspondencia con San Jerónimo y fue el azote de los herejes. Toda su vida lloró su juventud hasta humillarse por ella en el libro de las Confesiones. Su poderoso genio y su maravillosa ciencia brillan sobre todo en su célebre obra la Ciudad de Dios. Murió en su ciudad episcopal cercada por los vándalos, en el año 430, a la edad de 75 años.
Oración: Dios omnipotente, escuchad benigno nuestras súplicas y puesto que os servís permitirnos esperar en vuestra bondad, dignaos, por la intercesión del bienaventurado Agustín, vuestro confesor pontífice, derramar sobre nosotros la abundancia de vuestra inagotable misericordia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, el triunfo de san Hermes, varón ilustre, el cual, según se lee en las Actas de san Alejandro Papa, primeramente encarcelado, y después, con muchísimos otros, degollado de orden del Juez Aureliano, consumó el martirio.
2.- En Venosa de la Pulla, el martirio de los santos Septimino, Jenaro y Félix, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, a quienes el Juez Valeriano mandó degollar en el imperio de Maximiano. Su fiesta, junto con la de otros nueve hermanos suyos, se celebra el día 1 de Septiembre.
3.- En Brioude de Auvernia, el suplicio de san Julián, Mártir, que siendo compañero del Tribuno San Ferréolo y sirviendo ocultamente a Cristo en traje de militar, en la persecución de Diocleciano fue detenido por los soldados, y cortada la garganta, acabó con horrible muerte.
4.- En Constanza de Germania, san Pelagio, Mártir, el cual, siendo Emperador Numeriano y Juez Evilasio, decapitado recibió la corona del martirio.
5.- En Salerno, los santos Mártires Fortunato, Cayo y Antés, los cuales, en tiempo del Emperador Diocleciano y del Procónsul Leoncio, fueron degollados.
6.- En Constantinopla, san Alejandro, Obispo, glorioso anciano, por cuya oración Arrio, condenado en el juicio divino, reventó por medio y arrojó las entrañas.
7.- En Santonges de Francia, san Viviano, Obispo y Confesor.
8.- Igualmente, san Moisés, Etíope, el cual, trocado de insigne ladrón en insigne Anacoreta, convirtió muchos ladrones y los llevó consigo al monasterio.
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Degollación de San Juan Bautista Dm. – Rojo
La Degollación de San Juan Bautista, a quien Herodes, cerca de la fiesta de Pascua, mandó cortar la cabeza; pero la memoria de este martirio se celebra solemnemente el día de hoy, cuando por segunda vez fue hallada la sagrada cabeza, la cual, trasladada más tarde a Roma, se conserva en la Iglesia de san Silvestre, en el campo Marcio con suma devoción del pueblo.
San Juan Bautista había dejado el desierto para amonestar a Herodes que no le era lícito tener como esposa a Herodías, la mujer de su hermano. Irritado el tirano de su audacia, lo hizo arrojar en una prisión. Un día, mientras daba un festín, la hija de Herodías danzó en presencia de los convidados con tanta gracia, que Herodes le prometió concederle todo lo que le pidiese. Pidió ella la cabeza de Juan Bautista. Un soldado, enviado a la prisión, cortó la cabeza al Precursor y la trajo en una bandeja, como si fuese el último plato de este fúnebre festín.
Oración: Haced, os lo suplicamos, Señor, que la piadosa solemnidad del bienaventurado Juan Bautista, vuestro precursor y mártir, nos obtenga gracias eficaces de salvación. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis en unidad con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, en el monte Aventino, el triunfo de santa Sabina, Mártir, la cual, en tiempo del Emperador Adriano, pasada a cuchillo, alcanzó la palma del martirio.
2.- En Veliniano, en los confines de la Pulla, el triunfo de los santos Vidal, Sator y Repósito, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, los cuales, en el imperio de Maximiano, por el Juez Valeriano fueron degollados. Su fiesta, y de los otros nueve hermanos suyos, se celebra el 1 de Septiembre.
3.- En Roma, santa Cándida, Virgen y Mártir, cuyo cuerpo trasladó san Pascual I, Papa, a la Iglesia de santa Práxedes.
4.- En Constantinopla, los santos Mártires Ipacio, Obispo de Asia, y Andrés, Presbítero; a los cuales, en tiempo de León Isáurico, por defender el culto de las sagradas Imágenes, untaron con pez la barba y les pegaron fuego; luego les desollaron la cabeza y los degollaron.
5.- En Antioquía, el triunfo de los santos Mártires Niceas y Pablo.
6.- En Metz de Francia, san Adelfo, Obispo y Confesor.
7.- En París, el tránsito de san Mederico, Presbítero.
8.- En Perusa, san Eutimio, Romano; el cuál, huyendo con su mujer y su hijo Crescendo, de la persecución de Diocleciano, se retiró a aquella ciudad y en ella poco después descansó en el Señor.
9.- En Inglaterra, san Sebbo, Rey.
10.- En Sirmio, el tránsito de santa Basila, Virgen.
11.- En una aldea de Troyes, santa Sabina, Virgen, gloriosa en virtudes y milagros.
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Santa Rosa de Santa María (Rosa de Lima), Virgen D. – Blanco
Santa Rosa de santa María, de la tercera Orden de santo Domingo, Virgen, cuyo tránsito se celebra el 24 de este mes. n. 1586 en Lima, Perú; † 24 de agosto de 1617 en Lima, Perú.
Patrona Principal de Iberoamérica; Lima, Perú; Filipinas; bordadores; floristas; jardineros; personas ridiculizadas por su piedad. Protectora contra la vanidad.
Santa Rosa, así llamada porque, estando en su cuna, un día apareció radiante como una rosa, fue la primera flor de santidad que la América del Sur dio a la Iglesia en el Perú. Desde sus primeros años, demostró un amor extraordinario por la mortificación. “Señor –decía cuando sufría– aumentad mis sufrimientos, siempre que al mismo tiempo aumentéis vuestro amor en mis corazón”. Tuvo la dicha un día de oír al Salvador que le dirigió estas palabras: “Rosa de mi Corazón, sé mi esposa”. Fue a reunirse con su celestial Esposo el 24 de agosto de 1617, a los 31 años de edad.
Oración: Oh Dios poderoso, dispensador de todos los bienes, que habéis provisto a la bienaventurada Rosa con el rocío de la gracia celestial, y que la habéis hecho brillar en América con el fulgor de la virginidad y de la paciencia, concedednos la gracia a nosotros servidores vuestros, de correr tras el olor de sus perfumes, y merecer así llegar a ser un día el buen olor de vuestro Hijo, que, con Vos y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, en la vía Ostiense, el martirio de san Félix, Presbítero, en tiempo de los Emperadores Diocleciano y Maximiano; al cual, después de torturado en el ecúleo, mientras, dada la sentencia de muerte, iba a ser degollado, le salió al encuentro un Cristiano, quien, haciendo espontáneamente profesión de Cristiano, al punto fue, juntamente con él, degollado. Pero ignorando su nombre los Cristianos, le llamaron Adaucto, porque se había asociado a san Félix en la corona.
2.- En Roma también, santa Gaudencia, Virgen y Mártir, con otros tres.
3.- En Suffétula de África, sesenta santos Mártires, muertos por el furor de los Gentiles.
4.- En Bolonia, san Bononio, Abad.
5.- En Roma, san Pamaquio, Presbítero, que fue insigne en doctrina y santidad.
6.- En Adrumeto de África, los santos Bonifacio y Tecla, que fueron padres de doce hijos santos Mártires.
7.- En Salónica, san Fantino, Confesor, el cual, habiendo padecido mucho de los Sarracenos, que lo arrojaron del monasterio en que vivía con maravillosa abstinencia, después de traer a muchísimos al camino de la salvación, descansó en santa ancianidad.
8.- En territorio Meldense, san Fiacrio, Confesor.
9.- En Trebi del Lacio, san Pedro, Confesor, el cual, ilustre en muchas virtudes y milagros, pasó allí al Señor, y es reverenciado honoríficamente.
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San Ramón Nonato, Presbítero cardenal y confesor de la Fe D. – Blanco
San Ramón Nonato, de la Orden de nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, Cardenal y Confesor, cuyo tránsito se conmemora el 26 de Agosto. n. 1204 en Portell (Cataluña), España; † 31 de agosto de 1240 en Cardona, España.
Patrono de los recién nacidos; obstetras; parteras; partos; niños; embarazadas; personas falsamente acusados. Protector contra la fiebre.
San Ramón pidió a la Santísima Virgen que le hiciese conocer el camino que debía seguir para llegar al cielo; María le ordenó entrar en la Orden recientemente fundada de la Redención de los cautivos (de la Merced). Enviado a Berbería, rescató a gran número de cautivos, y cuando se le agotaron los recursos, se dio a sí mismo en prenda para la libertad de muchos otros. Vuelto a España, fue nombrado cardenal por Gregario IX. Murió en el año 1240, yendo a Roma, donde el Papa lo llamara para utilizarlo en el gobierno de la Iglesia.
Oración: Señor, que habéis dado al bienaventurado Ramón, vuestro confesor, un celo admirable por la redención de los fieles cautivos de los bárbaros, concedednos por su intercesión que, libres de las cadenas de nuestros pecados, cumplamos con perfecta libertad de espíritu todo lo que os sea más agradable. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Junto al monte Senario, en Etruria, él tránsito de san Bonaiunta, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María; el cual, hablando a sus hermanos de la Pasión de Cristo, entrego su espíritu en las manos del Señor. La fiesta de él, y de sus Compañeros, se celebra el 2 de Febrero.
2.- En Tréveris, el triunfo de san Paulino, Obispo, que en tiempo de la persecución arriana fue por la fe católica desterrado de orden de Constancio, Emperador arriano, y fatigado de destierro en destierro fuera de la Cristiandad hasta la muerte, por fin, muriendo en Frigia, recibió del Señor la corona de tan glorioso martirio.
3.- En Trasacco de los Marsos, junto al lago Fúcino, el triunfo de los santos Mártires Cesidio, Presbítero, y sus Compañeros, coronados del martirio en la persecución de Maximino.
4.- Igualmente, los santos Mártires Robustiano y Marcos.
5.- En Cesarea de Capadocia, los santos Teodoro, Rufina y Anmia; los dos primeros fueron padres del Mártir san Mamés, a quien Rufina dio a luz en la cárcel y Anmia educó.
6.- En Auxerre, san Optato, Obispo y Confesor.
7.- En Inglaterra, san Aidano, Obispo de Lindisfarne, cuya alma, viéndola san Cutberto, pastor de ovejas, ser llevada al cielo (cuya memoria se celebra el 20 de Marzo), dejadas las ovejas, se hizo Monje.
8.- En Nusco, san Amato, Obispo.
9.- En Atenas, san Arístides, esclarecidísimo en fe y en doctrina, que presentó al Emperador Adriano un egregio volumen acerca de la religión Cristiana, en el cual daba razón de nuestros dogmas, y defendió en un elocuentísimo discurso delante del mismo Emperador, que sólo Cristo Jesús es Dios.
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