MARTIROLOGIO DE AGOSTO
«La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)
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AGOSTO
MARTIROLOGIO DEL PAPA PÍO XII
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AGOSTO
Octava de Santiago Apóstol, Dm – Rojo
San Pedro ad Vincula Dm. – Blanco
En Roma, en el monte Esquilino, la Dedicación de san Pedro Apóstol ad Vincula.
Fue encarcelado San Pedro por orden de Herodes y los fieles oraban incesantemente a Dios para que librara al Jefe de la santa Iglesia. Sus súplicas fueron escuchadas. Mientras San Pedro, cargado de cadenas, dormía entre dos soldados, el ángel del Señor entró en la prisión y lo despertó diciéndole: “Levántate presto”. En el mismo instante, cayeron las cadenas de sus manos. El ángel condujo a San Pedro hasta la puerta que da a la ciudad, que se abrió ante ellos; avanzaron juntos hasta el final de una calle y el ángel desapareció, dejando al Apóstol lleno de admiración y agradecimiento ante favor tan grande. Fue enseguida San Pedro a llevar a los fieles la nueva de su liberación.
Oremos: Oh Dios, que después de haber roto las cadenas del Apóstol San Pedro, le habéis hecho salir de la prisión sano y salvo, romped, os lo suplicamos, las cadenas de nuestros pecados y alejad de nosotros por vuestra misericordia todos los males que nos amenazan. Por J. C. N. S. Amén.
Los Santos Macabeos, Martires
Conmemoración del triunfo de los siete santos hermanos mártires, que en Antioquía de Siria, por su invencible fidelidad en el cumplimiento de la ley del Señor, durante el reinado de Antioco Epifanes sufrieron un fin cruel, al igual que su madre, que presenció con dolor la muerte de cada uno de sus hijos, coronada de gloria en todos ellos, como se nos refiere en el libro de los Macabeos. Asimismo, conmemoración también de san Eleazar, uno de los escribas más destacados, varón de edad ya avanzada, que en la misma persecución se negó a comer carne prohibida para salvar su vida, aceptando una muerte gloriosísima antes que una vida ignominiosa, y se adelantó de buen grado al lugar del suplicio, mostrando un admirable ejemplo de virtud.
1.- En Verceli, el tránsito de san Eusebio, Obispo y Mártir, que por la confesión de la fe católica, de orden del Emperador Constancio, fue desterrado a Escitópolis de Palestina, y de allí a Capadocia; y vuelto después a su Iglesia, perseguido de los arrianos, padeció el martirio. De él se hace también solemne conmemoración el 15 de Diciembre, día en que fue ordenado Obispo; su fiesta se celebra el 16 de Diciembre.
2.- En Nocera de Campania, el tránsito de san Alfonso María de Ligorio, Fundador de la Congregación llamada del santísimo Redentor, Obispo de santa Águeda de los Godos y Confesor, insigne por el celo de las almas, por sus escritos, predicación y ejemplo; al cual el Papa Gregorio XVI puso en el número de los Santos; y Pío IX declaró Doctor de la Iglesia universal; y Pío XII le constituyó celestial Patrono ante Dios de todos los Confesores y Moralistas. Su fiesta se celebra el día siguiente.
3.- En Roma, en la vía Latina, los santos Mártires Bono, Presbítero, Fausto y Mauro, con otros nueve; de los cuales se hace mención en las Actas de san Esteban Papa.
4.- En Roma también, el suplicio de las santas Vírgenes Fe, Esperanza y Caridad, hijas de santa Sofía, las cuales, en el imperio de Adriano, consiguieron la corona del martirio.
5.-En Filadelfia de Arabia, los santos Mártires Cirilo, Áquila, Pedro, Dorniciano, Rufo y Menandro, en un mismo día coronados.
6.- En Perge de Panfilia, los santos Mártires Leoncio, Accio, Alejandro y otros seis labradores, que en la persecución de Diocleciano, de orden del Presidente Flaviano fueron degollados.
7.- En Gerona de España, el triunfo de san Félix, Mártir, al cual, después de diversos tormentos, mandó Daciano despedazar, hasta que dio su invencible espíritu a Cristo.
8.- En territorio de París, san Justino, Mártir.
9.- En Viena de Francia, san Vero, Obispo.
10.- En Wíncester de Inglaterra, san Etelwoldo, Obispo.
11.- En la aldea de Liéven en Francia, san Nemesio, Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia D. – Blanco
San Alfonso María de Ligorio, Fundador de la Congregación Ilamada del santísimo Redentor, Obispo de Santa Águeda de los Godos, Confesor y Doctor de la Iglesia, que descansó en el Señor en el día de ayer. n. 27 de septiembre de 1696 en Nápoles, Italia; † 1 de agosto de 1787 en Nocera, Italia.
Patrono de los confesores; teólogos de moral; personas escrupulosas. Protector contra los escrúpulos y la artritis. Se lo invoca para que asista en la perseverancia final y en las vocaciones.
San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, dejó el foro por el sacerdocio. Obró un gran número de conversiones y fundó la Congregación del Redentor. Toda su vida estuvo consagrada a ganar almas para Jesucristo, a inspirar a los fieles una tierna devoción a la Pasión del Salvador, a la Santa Eucaristía y a la Virgen Madre de Dios. Empleó los momentos que le dejaba la predicación de la palabra de Dios en la composición de gran número de obras de teología y piedad, que lo hicieron elevar al rango de los Doctores de la Iglesia, por disposición de Pío IX. Murió en 1787.
Oración: Oh Dios, que habéis inflamado de celo apostólico al bienaventurado Alfonso María, vuestro confesor pontífice, y os servisteis de su ministerio para dar una nueva familia a la Iglesia, haced, os lo suplicamos, que instruidos por sus saludables consejos y fortificados con sus ejemplos, podamos llegar a Vos dichosamente. Por J. C. N. S. Amén.
Conmemoración de San Esteban, Papa y Mártir
En Roma, en el cementerio de Calixto, el triunfo de san Esteban, Papa y Mártir, el cual, en la persecución de Valeriano, mientras celebraba la santa Misa, y sorprendido por los soldados, sin turbarse ni moverse consumaba ante el altar los divinos Misterios, fue en su silla degollado.
1.- En Nicea de Bitinia, el martirio de santa Teódota, con sus tres hijos; de los cuales el primogénito, llamado Evodio, confesando animosamente a Cristo, fue apaleado por orden de Nicecio, Prefecto de Bitinia, y luego la madre con todos sus hijos fueron consumidos en la hoguera.
2.- En África, san Rutilio, Mártir, que, huyendo muchas veces de un lugar a otro por la persecución, y habiendo algunas evadido el peligro hasta con dinero, al cabo, apresado de improviso y conducido ante el Presidente, fue con muchísimos suplicios atormentado, y, finalmente, arrojado al fuego, recibió la corona de un ilustre martirio.
3.- En Padua, san Máximo, Obispo de aquella ciudad, el cual, esclarecido en milagros, descansó con dichoso fin.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Invención o hallazgo del cuerpo de San Esteban, Protomártir, Sd. – Rojo
En Jerusalén, la Invención del cuerpo del gloriosísimo Proto-Mártir Esteban y de los santos Gamaliel, Nicodemo y Abibón, según revelación del cielo al Presbítero Luciano, en tiempo del Emperador Honorio.
Bajo el imperio de Honorio, se encontró cerca de Jerusalén el cuerpo de San Esteban, de Gamaliel y de Nicodemo. Un sacerdote llamado Luciano había sido instruido por una visión acerca del lugar en que yacían y había recibido la orden de pedir al arzobispo de Jerusalén, llamado Juan, de colocarlos en más honroso lugar. Se trasladó el patriarca, con su clero, al lugar indicado, y encontró los cuerpos de los santos. Exhalaban un delicioso perfume y varios enfermos fueron sanados a su contacto.
Oración: Señor, concedednos la gracia de imitar a los que honramos, y enseñadnos a amar a nuestros enemigos, ya que celebramos el Hallazgo de aquél que imploró, para sus perseguidores, la misericordia de J. C. N. S. Amén.
1.- En Filipos de Macedonia, santa Lidia, mercadera de púrpura, la cual, predicando en aquella ciudad el Apóstol san Pablo, como lo refiere san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, fue la primera que creyó en el Evangelio.
2.- En Nápoles de Campania, san Asprén, Obispo, el cual fue por el Apóstol san Pedro curado de una enfermedad, y después bautizado y ordenado Obispó de aquella ciudad.
3.- En Constantinopla, el triunfo de san Hermelo, Mártir.
4.- En la India confinante con Persia, el martirio de los santos Monjes y otros fieles, a quienes el Rey Abenner, perseguidor de la Iglesia de Dios, hizo matar con diversos géneros de suplicios.
5.- En Autún, el tránsito de san Eufronio, Obispo y Confesor.
6.- En Anagni, san Pedro, Obispo, el cual, esclarecido primeramente por la observancia monástica y después por la vigilancia pastoral, descansó en el Señor.
7.- En Berea de Siria, las santas mujeres Marana y Cira.
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Santo Domingo de Guzmán, Presbítero, Fundador y Confesor de la Fe. Dm. Blanco
Santo Domingo de Guzmán, Confesor, Fundador de la Orden de Frailes Predicadores, el cual descansó en paz el día 6 de este mes. n. 1170 en Caleruega, Burgos; † 4 de agosto de 1221 en Bolonia
Patrono de la astronomía y los astrónomos; científicos; personas falsamente acusadas; República Dominicana.
Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, frailes, monjas, laicos y religiosas (la gran Familia Dominicana), es representado con un lirio en la mano, símbolo de la virginidad que conservó durante toda su vida. El can que su madre vio en sueños llevando una antorcha encendida, representa la guerra que hizo a los herejes y la luz que difundió en el corazón de los pecadores por la pureza de su doctrina y la santidad de su vida. Acaeció su muerte en 1221.
Oración: Oh Dios, que os dignasteis esclarecer la Iglesia por los méritos y la doctrina de vuestro confesor Santo Domingo, haced, por su intercesión, que nunca se vea privada de los socorros temporales, y que siempre logre nuevos progresos en las obras espirituales. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En la aldea de Ars, diócesis de Belley en Francia, el tránsito de san Juan Bautista María Vianney, Presbítero y Confesor, insigne en el ministerio parroquial, a quien el Papa Pío XI puso en el número de los Santos y le instituyó celestial Patrono de todos los Párrocos. Su fiesta se celebra el 8 de Agosto.
2.- En Salónica, el triunfo de san Aristarco, que fue discípulo y compañero de san Pablo, de quien el mismo Pablo escribe a los Colosenses: «Os saluda Aristarco, mi compañero en la prisión». Ordenado por el mismo Apóstol Obispo de Tesalónica, finalmente, después de muchos combates en tiempo de Nerón, coronado por Cristo descansó.
3.- En Roma, santa Perpetua, la cual, bautizada por el Apóstol san Pedro, convirtió a la fe de Cristo a Nazario, su hijo, y a Africano, su marido, enterró muchos cuerpos de santos Mártires, y, por último, colmada de méritos y santas obras, pasó al Señor.
4.- En Roma asimismo, en la vía Latina, el suplicio de san Tertulino, Presbítero y Mártir, que, imperando Valeriano, después de bárbaramente apaleado, quemados los costados, deshecha a golpes la boca, extendido en el potro y azotado con nervios, por sentencia del Juez cortada la cabeza, consumó el martirio.
5.- En Constantinopla, san EleuterioMártir, del orden Senatorio, que en la persecución de Maximiano fue, por Cristo, degollado.
6.- En Persia, las santas Mártires Ía y sus Compañeras, las cuales, con nueve mil Cristianos cautivos, en tiempo del Rey Sapor, afligidas con varios tormentos, pasaron el martirio.
7.- En Verona, san Agabio, Obispo y Confesor.
8.- En Tours de Francia, san Eufronio, Obispo.
9.- En Colonia, la conmemoración de san Protasio, Mártir, que junto con su hermano Gervasio padeció el martirio el día 19 de Julio.
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Dedicación de Santa María de las Nieves (Basílica de Santa María la Mayor) Dm. – Blanco
En Roma, en el monte Esquilino, la Dedicación de la Basílica de santa María de las Nieves.
Juan, patricio romano, como careciese de hijos, decidió, con su mujer, consagrar sus bienes a la Santísima Virgen. Durante un buen tiempo le rogaron que les hiciese conocer qué empleo habrían de dar a sus riquezas. La Santísima Virgen se les apareció y les ordenó construir una iglesia en el lugar que, al día siguiente, encontrasen cubierto de nieve. El Papa Liberio tuvo la misma revelación, y, en pleno verano, se encontró una parte del monte Esquilino cubierto de nieve. Se edificó allí una iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves o basílica Liberiana, hoy Santa María la Mayor. En el siglo VII fue en ella depositado el Pesebre de Belén.
Oración: Dignaos, Señor, concedernos la salud del alma y del cuerpo; y acordadnos, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, que seamos librados de los males de la vida presente y que gocemos en el cielo de la eterna felicidad. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Chalons de Francia, san Memmio, ciudadano Romano, que, consagrado Obispo de aquella ciudad por san Pedro Apóstol, trajo a la verdad del Evangelio el pueblo que se le había encomendado.
2.- En Roma, el triunfo de veintitrés santos Mártires, que, en la persecución de Diocleciano, fueron decapitados en la vía Salaria Vieja, y allí mismo, en la cuesta del Cohombro, sepultados.
3.- En Áscoli del Piceno, san Emigdio, Obispo y Mártir, el cual, ordenado Obispo por el Papa san Marcelo y enviado allá a predicar el Evangelio, allí mismo, confesando a Cristo, en tiempo del Emperador Diocleciano, recibió la corona del martirio.
4.- En Antioquía, san Eusignio, soldado, que siendo ya de ciento diez años, como echase en cara a Juliano Apóstata la fe de Constantino el Grande, a cuyas órdenes había peleado, y le reprendiese como desertor de la piedad de sus padres, fue, por orden del mismo, decapitado.
5.- Igualmente los santos Mártires Egipcios Cantidio, Cantidiano y Sobelo.
6.- En Augsburgo de Baviera, el triunfo de santa Afra, Mártir, que de gentil se convirtió a Cristo por la enseñanza de san Narciso Obispo, y con toda su familia fue por él bautizada; más tarde, por confesar a Cristo, arrojada a la hoguera, consumó felizmente su martirio, siete días antes que su madre santa Hilaria y tres criadas suyas fuesen con el mismo tormento coronadas.
7.- En Autún, san Casiano, Obispo.
8.- En Teano de Campania, san Páris, Obispo.
9.- En Inglaterra, san Oswaldo, Rey, cuyos hechos conmemora san Beda el Venerable.
10.- En el mismo día, santa Nona, que fue madre de los santos Gregorio Nacianceno, Cesáreo y Gorgonia.
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Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo D. 2ª. cl. – Blanco
En el monte Tabor, la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo. Jesús, habiendo subido al monte Tabor con tres de sus apóstoles, se transfiguró en su presencia. Su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras blancas como la nieve. Entonces aparecieron a su lado Moisés y Elías y conversaban con Él. San Pedro, extasiado por el esplendor insólito de su Maestro, le dijo: “Señor, bueno es estarnos aquí; si os parece, formemos aquí tres pabellones, uno para Vos, otro para Moisés y otro para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos, y oyose una voz que dijo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien he puesto todas mis complacencias: ¡escuchadle!”.
Oración: Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de vuestro Hijo unigénito, habéis confirmado los misterios de la fe en el testimonio de vuestros profetas, y que, mediante una voz celestial surgida de una nube resplandeciente, habéis anunciado de admirable manera la perfecta adopción de vuestros hijos, concedednos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria, y participar un día de su reino. Por el mismo J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Apia y cementerio de Calixto, el triunfo de san Sixto II, Papa y Mártir, el cual, en la persecución de Valeriano, muerto con la espada, recibió la corona del martirio.
2.- Igualmente en Roma, los santos Mártires Felicísimo y Agapito, Diáconos del mismo san Sixto; Jenaro, Magno, Vicente y Esteban, Subdiáconos. Todos ellos, juntamente con el mismo Pontífice, fueron degollados y sepultados en el cementerio de Pretextato. Padeció también con ellos san Cuarto, según escribe san Cipriano.
3.- En Bolonia, el tránsito de santo Domingo, Confesor, que fue Fundador de la Orden de Frailes Predicadores. Este varón, muy esclarecido en santidad y doctrina, conservó sin mancilla perpetua virginidad, y por la singular gracia de sus méritos resucitó tres muertos; y habiendo con su predicación reprimido las herejías e instruido a muchísimos para la vida religiosa y piadosa, descansó en paz. Su fiesta se celebra el día 4 de Agosto por una constitución del Papa Paulo IV.
4.- En el monasterio de san Pedro de Cardeña, de la Orden de san Benito, cerca de Burgos, en España, el martirio de doscientos monjes con Esteban su Abad, que por la fe de Cristo fueron muertos a manos de los Sarracenos, y enterrados por los cristianos en aquel claustro.
5.- En Alcalá de Henares en España, los santos Mártires Justo y Pastor, hermanos, los cuales, siendo aún niños y aprendiendo a leer, arrojadas en la escuela las cartillas, corrieron espontáneamente al martirio, y al punto mandados prender y azotar con varas por el Presidente Dáciano, exhortándose el uno al otro y animándose a permanecer constantes, fueron llevados a las afueras de la ciudad y degollados por el verdugo.
6.- En Roma, San Hormisdas, Papa y Confesor.
7.- En Amida de Mesopotamia, Santiago, Ermitaño, esclarecido en milagros.
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San Cayetano, Presbítero y confesor de la Fe D. – Blanco
En Nápoles de Campania, san Cayetano de Tiëne, Confesor, Fundador de los Clérigos Regulares; el cual, por su extraordinaria confianza en Dios, dio a sus hijos por regla la primitiva forma de vida apostólica, y, esclarecido en milagros, fue puesto por el Papa Clemente X en el número de los Santos. n. octubre de 1480 en Vicenza, Italia; † 7 de agosto de 1547 en Nápoles, Italia
Patrono de los desempleados y de quienes buscan empleo.
San Cayetano, nacido en Vicenza, llamó la atención desde su infancia por una inocencia tan grande de costumbres, que se le llamaba el Santo. Como supiera que el Papa Julio II quería elevarlo a las dignidades eclesiásticas, dejó la corte de Roma y fundó una Orden de Clérigos Regulares, llamados Teatinos, a los cuales estableció como regla que nada poseyesen, ni pidiesen y que viviesen únicamente de las limosnas espontáneamente ofrecidas por los fieles. Se consagró a Dios con Pedro Caraffa, mediante votos solemnes. Pedro Caraffa, obispo de Teati, fue después elegido Papa con el nombre de Pablo IV. San Cayetano murió siendo superior de su Orden, en Nápoles, el 7 de agosto de 1547.
Oración: Oh Dios, que habéis concedido a San Cayetano la gracia de imitar la manera de vivir de los Apóstoles, acordadnos, siguiendo su ejemplo y por su intercesión, la gracia de poner siempre en Vos nuestra confianza y no desear más que los bienes del cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Arezo de Toscana, el triunfo de san Donato, Obispo y Mártir, que, según escribe san Gregorio Papa, entre otros milagros, con la oración compuso un sagrado cáliz que habían roto los Gentiles. En la persecución de Juliano Apóstata, fue preso por Cuadraciano Augustal, y rehusando sacrificar a los ídolos, consumó el martirio por la espada. Con él fue también martirizado san Hilarino Monje, cuya festividad se celebra el 16 de julio, cuando fue trasladado su cuerpo a Ostia Tiberina.
2.- En Roma, los santos Mártires Pedro y Julián, con otros dieciocho.
3.- En Milán, san Fausto, soldado, que en tiempo de Aurelio Cómodo, al cabo de muchos suplicios alcanzó la palma del martirio.
4.- En Como, el suplicio de los santos Mártires Carpóforo, Exanto, Casio, Severino, Segundo y Licinio, que por la confesión de Cristo fueron decapitados.
5.- En Nísibe de Mesopotamia, san Domecio, Monje Persa, el cual, con dos discípulos suyos, en tiempo de Juliano Apóstata, murió apedreado.
6.- En Ruan, san Victricio, Obispo, el cual, siendo soldado en tiempo del mismo Juliano, arrojando, por confesar a Cristo, el cinto militar, fue atormentado por el Tribuno con muchos suplicios y condenado a muerte; pero herido repentinamente de ceguera el verdugo que iba a ejecutar la sentencia, el Santo, sueltas las prisiones, se fue libre. Más tarde, creado Obispo, convirtió con su predicación a la fe de Cristo las indómitas gentes de Morinia y de Henao, y, por último, Confesor descansó en paz.
7.- En Chalons de Francia, san Donaciano, Obispo.
8.- En Mesina de Sicilia, san Alberto, Confesor, de la Orden de Carmelitas, esclarecido en milagros.
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San Juan María Vianney, Presbítero y Confesor de la Fe D. – Blanco
San Juan Bautista María Vianney, Presbítero y Confesor, celestial Patrono de todos los Párrocos, de cuyo tránsito se hace mención el día 4 de Agosto. n. 8 de mayo de 1786 en Dardilly (Lyón), Francia; † 4 de agosto de 1859 en Ars, Francia
Patrono de los párrocos y de los confesores.
El que habría de ser cura de Ars nació en 1786; tales dificultades encontró en el estudio que, humanamente, no se hubiera esperado que llegara a la ordenación sacerdotal. En 1818, fue encargado de una humilde parroquia de aldea. Habría de hacerla célebre en todo el mundo por las maravillas que en ella obró su celo, tanto en las almas de sus ovejas cuanto en la de numerosos extranjeros que acudían, de todas partes, a confesarse con él para recibir sus consejos y gozar del espectáculo de sus virtudes. El cura de Ars recibió de Dios la gracia de los milagros y el don de leer en los corazones, pero nunca dejó de vivir en la humildad, en la pobreza y en la penitencia. Murió en 1859.
Oración: Dios omnipotente y misericordioso, que hicisteis al bienaventurado Juan María admirable por el celo pastoral como por el fervor de la oración y de la penitencia, concedednos que siguiendo su ejempl y por su intercesión ganemos para Cristo las almas de nuestros hermanos y lleguemos con ellos a la gloria eterna. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Los santos Mártires Ciríaco, Diácono, Largo y Esmaragdo, los cuales, con otros veinte Compañeros, fueron martirizados el 16 de Marzo. Sus cuerpos, sepultados por el Presbítero Juan en la vía Salaria, fueron por san Marcelo Papa trasladados, tal día como hoy, a una heredad de Lucina, en la vía Ostiense, y más tarde llevados a Roma y sepultados en la Diaconía de santa María, en la vía Lata. † decapitados hacia el año 304 en Roma. Se lo invoca contra las posesiones diabólicas y las tentaciones (en especial en el momento de la muerte).
San Ciriaco era diácono de la Iglesia romana durante el pontificado de San Marcelo. Recibió la corona del martirio en Roma, en la persecución de Diocleciano, el 16 de marzo del año 304.
Largo, Esmeragdo y otros veinte cristianos padecieron juntos. Sus cuerpos fueron inhumados, primero cerca del lugar de su ejecución, sobre la vía Salaria, por el presbítero Juan. Poco después fueron trasladados junto a una granja perteneciente a la piadosa Lucina, en la vía Ostiense, el 8 de agosto.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la fiesta de vuestros mártires Santos Ciriaco, Largo y Esmeragdo, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, imitemos el valor de que dieron prueba en sus sufrimientos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Anazarbo de Cilicia, san Marino el Viejo, el cual, en tiempo del Emperador Diocleciano y del Presidente Lisias, fue cruelmente azotado, colgado de un madero y descarnado; y echado finalmente a las fieras, acabó la vida.
2.- Igualmente los santos Mártires Eleuterio y Leónidas, que consumaron el martirio en el fuego.
3.- En Persia, san Hormisdas, Mártir, en tiempo del Rey Sapor.
4.- En Cícico del Helesponto, san Emiliano, Obispo, que, por el culto de las sagradas imágenes, padeció mucho de parte del Emperador León, y al fin acabó sus días en el destierro.
5.- En Creta, san Mirón, Obispo, esclarecido en milagros.
6.- En Viena de Francia, san Severo, Presbítero y Confesor, el cual desde la India emprendió una trabajosa peregrinación para predicar el Evangelio, y llegado a dicha ciudad, convirtió, por medio de su predicación y milagros, gran muchedumbre de paganos a la fe de Cristo.
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Vigilia de San Lorenzo, Diácono y Mártir S. – Morado
La Vigilia de san Lorenzo, Mártir. La fiesta de este insigne mártir español va precedida, como la de los Apóstoles, de una vigilia.
Los textos de la Misa celebran la espléndida caridad del Santo Diácono, que, valiéndose de un piadoso fraude, para entregar al perseguidor los tesoros de la Iglesia, los repartió entre los pobres.
1.- En Roma, san Román, soldado y Mártir, el cual compungido por la constante confesión de san Lorenzo, le pidió el bautismo; después, declarándose cristiano, fue apaleado y degollado.
2.- En Toscana, el triunfo de los santos Mártires Secundino, Marceliano y Veriano; los cuales, en tiempo de Decio y por orden del Consular Promoto, fueron primero azotados, después suspendidos en el potro, desgarrados con uñas de hierro, quemados con fuego los costados, y finalmente, cortadas las cabezas, merecieron la palma triunfal del martirio.
3.- En Verona, los santos Mártires Firmo y Rústico, los cuales, en tiempo del Emperador Maximiano, y siendo Juez Anolino, como rehusasen sacrificar a los ídolos y perseverasen constantes en la fe de Cristo, superados otros tormentos, fueron ambos apaleados y después decapitados.
4.- En África, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que en la persecución de Valeriano, mientras san Numídico los exhortaba a la constancia, arrojados a las llamas, alcanzaron la corona del martirio. El mismo Numídico, aunque arrojado con los demás a la hoguera y cubierto de piedras, fue de entre ellas sacado por una hija suya, que hallándole todavía vivo, le curó. Más tarde mereció por su virtud ser designado por san Cipriano Presbítero de la Iglesia de Cartago.
5.- En Constantinopla, los santos Mártires Julián, Marciano y otros ocho, los cuales, por haber colocado una imagen del Salvador en la puerta de bronce, todos por orden del impío Emperador León, al cabo de muchos suplicios fueron muertos con la espada.
6.- En Chalons de Francia, san Domiciano, Obispo y Confesor.
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San Lorenzo, Diácono y Mártir 2ª. cl. c. Oct. simple. – Rojo
En Roma, en la vía Tiburtina, el triunfo de san Lorenzo Arcediano, el cual, en la persecución de Valeriano, después de muchísimos tormentos de cárcel, varios azotes, varas, plomadas y láminas candentes, por último asado en unas parrillas de hierro, consumó el martirio. Su cuerpo fue sepultado por san Hipólito y el Presbítero Justino en el cementerio de Ciríaca, en el campo Verano. n. en Huesca, España; † martirizado hacia el año 258.
Patrono de los comediantes; archivistas; bibliotecarios; bibliotecas; carniceros; cocineros; diáconos; cristaleros; lavanderos; indigentes; seminaristas; niños escolares; viticultores.
San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, viendo al Papa San Sixto marchar a la muerte, le dijo con tristeza: “Oh padre mío, ¿adónde vas sin tu hijo?” “No te abandono –respondiole el pontífice–, me seguirás dentro de tres días”. En efecto, Lorenzo fue prendido; y como le pidiesen los tesoros de la Iglesia, llevó ante el tirano a los pobres a quienes se los había distribuido, diciendo: “He aquí los tesoros de la Iglesia”. Fue colocado sobre una parrilla ardiente, y, poco después, dijo al perseguidor: “Dadme vuelta, estoy bastante cocido de este lado”. Lo dieron vuelta, y añadió poco después: “Está bastante cocido; podéis comer”. Murió en el año 258, bajo Valeriano, dando gracias a Dios por la merced que le concedía de poder sufrir por Él.
Oración: Oh Dios omnipotente, que habéis dado a San Lorenzo la gracia de triunfar de las llamas que lo consumían, dignaos extinguir en nosotros el fuego de las pasiones culpables. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En España, la Aparición de santa María Virgen, llamada de la Merced, que con este título instituyó la Orden de Redención de Cautivos. Su fiesta se celebra el 25 de Septiembre.
2.- En Roma, el suplicio de ciento sesenta y cinco santos soldados Mártires, en tiempo del Emperador Aureliano.
3.- En Alejandría, la conmemoración de los santos Mártires que, en la persecución de Valeriano, de orden del Presidente Emiliano, atormentados por mucho tiempo con varios y refinados suplicios, lograron con diversos géneros de muerte la palma del martirio.
4.- En Bérgamo, santa Asteria, Virgen y Mártir, en la persecución de los Emperadores Diocleciano y Maximiano.
5.- En Cartago, las santas Vírgenes y Mártires Basa, Paula y Agatónica.
6.- En Roma, san Diosdado, Confesor, el cual, cuanto ganaba en la semana con el trabajo de sus manos, lo repartía el sábado a los pobres.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Santos Tiburcio y Susana, Mártires S. – Rojo
En Roma, entre los dos Laureles, el triunfo de san Tiburcio, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por sentencia del Juez Fabiano, como confesase con mayor constancia a Cristo mientras andaba sobre ascuas con los pies desnudos, fue conducido a tres millas de la ciudad y allí degollado.
Tiburcio fue convertido con Cromacio, su padre. Intimado por el juez Fabiano a sacrificar a los ídolos o a caminar con los pies descalzos sobre carbones encendidos, hizo él la señal de la cruz y, pisando las brasas: “Aprende –dijo al juez– que el Dios de los cristianos es el solo Dios verdadero. Estos carbones inflamados me parecen flores”. Fabiano, atribuyendo este prodigio a la magia, lo hizo decapitar.
En Roma igualmente, santa Susana, Virgen, la cual, siendo de noble linaje y sobrina del Papa san Cayo, en tiempo de Diocleciano, cortada la cabeza, mereció la corona del martirio.
Susana, virgen romana, el mismo día rehusó, por guardar su virginidad, aceptar por esposo a Galerio Máximo, hijo del emperador Diocleciano; fue sometida a crueles tormentos; y, al fin, decapitada en su palacio, hacia el año 295.
Oración: Haced, Señor, que seamos sostenidos por la asistencia continua de vuestros bienaventurados mártires Tiburcio y Susana, ya que no cesáis de mirar favorablemente a quienes acordáis tales socorros. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Asís de Umbría, el tránsito de santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, célebre por su vida y milagros, fue puesta por el Papa Alejandro IV en el número de las santas Vírgenes. Su fiesta se celebra el día siguiente.
2.- En Comana del Ponto, san Alejandro, Obispo, por sobrenombre el Carbonero, que de elocuentísimo filósofo, llegó a alcanzar la eminente ciencia de la humildad cristiana, y elevado por san Gregorio Taumaturgo a la sede de aquella Iglesia, fue ilustre, no sólo por la predicación, sino también por haber consumado en el fuego su martirio.
3.- En el mismo día, el martirio de los santos Rufino, Obispo de los Marsos, y sus Compañeros, en tiempo del Emperador Maximino.
4.- En Evreux de Francia, san Taurino, Obispo, el cual, ordenado Obispo de aquella ciudad por el Papa san Clemente, propagó la fe Cristiana con la predicación del Evangelio, y padecidos por esta causa muchos trabajos, esclarecido por la gloria de los milagros, descansó en el Señor.
5.- En Cambray de Francia, san Gaugerico, Obispo y Confesor.
6.- En la provincia de Valeria, san Equicio, Abad, de cuya santa vida da testimonio san Gregorio Papa.
7.- En Todi de Umbría, santa Digna, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Santa Clara, Virgen, D. – Blanco
Santa Clara, Virgen, primera planta de las Señoras Pobres de la Orden de Menores; la cual, tal día como ayer, fue llamada a las bodas eternas del Cordero. n. 16 de julio de 1194 en Asís, Italia; † 11 de agosto de 1253
Patrona de los ojos; joyeros que trabajan el oro; lavanderos; telégrafo, teléfono y televisión. Protectora contra las enfermedades de los ojos. Se la invoca para pedir buen tiempo.
Santa Clara, a ejemplo de San Francisco de Asís, su conciudadano, distribuyó todos sus bienes a los pobres, y formó, bajo la dirección de este gran santo, una sociedad de vírgenes decididas como ella a vivir en el recogimiento y en la penitencia. Habiendo los moros atacado su monasterio, los puso en fuga presentándose ante ellos precedida por el Santísimo Sacramento. Ayunaba a pan y agua todo el Adviento y la Cuaresma; durante mucho tiempo, pasó sin tomar alimento alguno los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Siempre llevaba un cilicio, andaba descalza y acostábase sobre sarmientos tirados en el suelo. Murió en 1253.
Oración: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Clara, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.
1.- El mismo día, los santos Mártires Porcario, Abad del monasterio de Lerins, y quinientos Monjes Compañeros suyos, que, muertos por los bárbaros en odio de la fe católica, fueron coronados del martirio.
2.- En Catania de Sicilia, el triunfo de san Euplio, Diácono, que, imperando Diocleciano y Maximiano, habiendo sido por la confesión del Señor muchísimo tiempo atormentado, finalmente al filo de la espada consiguió la palma del martirio.
3.- En Augsburgo de Baviera, santa Hilaria, que fue madre de santa Afra Mártir, y velando delante del Sepulcro de su hija, fue allí mismo, en odio a la fe de Cristo, echada en el fuego por los perseguidores juntamente con Digna, Euprepia y Eunomia, sus criadas. Padecieron también el mismo día y en la misma ciudad Quiriaco, Largión, Crescenciano, Ninmia y Juliana, con otros veinte.
4.- En Siria, los santos Mártires Macario y Julián.
5.- En Nicomedia, los santos Mártires Aniceto, Conde, y Fotino, su hermano, con otros muchos, en tiempo del Emperador Diocleciano.
6.- En Faleria de Toscana, el suplicio de los santos Graciliano y Felicísima, Virgen, a quienes primero, por la confesión de la fe, deshicieron con piedras la boca, y por último, degollados, recibieron la deseada palma del martirio.
7.- En Milán, el tránsito de san Ensebio, Obispo y Confesor.
8.- En Brescia, san Herculano, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Santos Pociano, Papa, Hipólito y Casiano, Mártires S. – Rojo
De san Ponciano sabemos mucho menos que de su compañero de martirio. Era probablemente romano, y sucedió a san Urbano I en la sede de Roma hacia el año 230. Convocó en Roma el sínodo que confirmó la condenación pronunciada en Alejandría de ciertas doctrinas que se atribuían a Orígenes. Cuando estalló la persecución de Maximino, el papa fue desterrado a la isla de Cerdeña, calificada de «insalubre», probablemente por razón de las minas que había en ella. Allí renunció al pontificado; pero no sabemos si vivió aún mucho tiempo, ni cómo murió. Según la tradición, pereció apaleado.
En Roma, san Hipólito, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Valeriano, para gloria de su confesión, después de otros tormentos, atado por los pies a los cuellos de caballos indómitos, arrastrado cruelmente por entre cardos y abrojos y despedazado todo el cuerpo, entregó su espíritu al Señor. Padecieron también el mismo día santa Concordia, su nodriza, la cual, antes que él herida con plomadas, pasó al Señor; y además otros diecinueve de su familia, que fueron degollados fuera de la puerta Tiburtina, y junto con él sepultados en el campo Verano.
En Forzila, el triunfo de san Casiano, Mártir, que como no quisiera adorar a los ídolos, el tirano, llamando a los muchachos, a quienes el Santo, por instruirlos, se había hecho aborrecible, les dio licencia para quitarle la vida; con que fue su martirio tanto más penoso cuanto más largo lo hicieron las débiles manos que lo ejecutaban.
1.- En Todi de Umbría, san Casiano, Obispo y Mártir, en tiempo del Emperador Diocleciano.
2.- En Burgos de España, las santas Centola y Elena, Mártires.
3.- En Constantinopla, san Máximo, Abad, insigne por su doctrina y celo de la verdad católica; al cual, por combatir acérrimamente contra los Monotelitas, el Emperador Constante Hereje, mandó cortar las manos y la lengua y lo desterró al Queroneso, donde esclarecido por su gloriosa confesión, entregó el espíritu a Dios. Entonces también, dos discípulos suyos, por nombre Anastasio, y otros muchos, padecieron diferentes tormentos y penosos destierros.
4.- En Frizlar de Alemania, san Wigberto, Presbítero y Confesor.
5.- En Roma, la dichosa muerte de san Juan Berchmans, escolar de la Compañía de Jesús y Confesor, insigne por la inocencia de vida y por la observancia de la disciplina regular, a quien el Sumo Pontífice León XIII decretó los honores de los Santos.
6.- En Poitiers de Francia, santa Radegunda, Reina, cuya vida resplandeció en virtudes y milagros.
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Vigilia de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos S -Morado
San Eusebio de Roma, Sacerdote y Confesor de la Fe
En Roma, el triunfo de san Eusebio, Presbítero y Confesor, a quien Constancio, Emperador arriano, por la defensa de la fe católica, mandó encerrar en un aposento de su casa, donde, perseverando constantemente siete meses en oración, durmió en el Señor. Su cuerpo lo recogieron los Presbíteros Gregorio y Orosio, y lo sepultaron en el cementerio de Calixto, en la vía Apia.
San Eusebio, presbítero romano, resistió valientemente a los arrianos. Para castigarlo por su fidelidad a Dios, el emperador Constancio lo hizo encerrar en una cárcel tan estrecha que apenas podía moverse en ella. Desde el fondo de su mazmorra, elevó al Cielo su corazón, rogando salir pronto de este destierro. Lo escuchó el Señor y lo llamó después de siete meses de prisión. Sobre su tumba se escribió este epitafio: Aquí yace Eusebio, varón de Dios.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Eusebio, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo, caminemos por sus huellas para llegar a Vos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Apamea de Siria, san Marcelo, Obispo y Mártir, que por haber derribado el templo de Júpiter fue asesinado por los Gentiles, enfurecidos contra él.
2.- En Todi de Umbría, san Calixto, Obispo y Mártir.
3.- En Iliria, san Ursicio, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Maximiano y del Presidente Arístides, al cabo de muchos y diversos tormentos, fue por el nombre de Cristo degollado.
4.- En África, san Demetrio, Mártir.
5.- En la isla de Egina, santa Atanasia, Viuda, ilustre por la observancia monástica y el don de milagros.
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La Asunción de Nuestra Señora D. Iª. cl. octava común. – Blanco
La Asunción de la santísima Virgen María, Madre de Dios. La vida de la Santísima Virgen, después de la Ascensión de Jesucristo, no estuvo exenta de sufrimiento. Sufrió al verse separada de su Hijo muy amado, y sin cesar suspiraba por el día en que podría reunirse con Él. Aumentaba su mérito al infinito mediante la práctica constante de las más heroicas virtudes. Llegó, por fin, el dichoso día de su muerte y su alma se separó de su castísimo cuerpo, sin dolor ni violencia. Mas, la noche siguiente al día en que se depositó ese cuerpo en el sepulcro, su alma descendió del cielo, reuniose con él y fue a colocarse en el cielo a la derecha de Jesucristo, en el trono que le había sido preparado.
Oración: Perdonad misericordiosamente, Señor, las faltas de vuestros servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradaros por nuestros propios méritos, concedednos la salvación por la intercesión de Aquélla que Vos elegisteis para que fuera la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo. Amén.
1.- En Cracovia de Polonia, el tránsito de san Jacinto, Confesor, de la Orden de Predicadores, que fue canonizado por el Papa Clemente VIII; su fiesta se celebra el 17 de Agosto.
2.- En Alba Real de Hungría, el tránsito de san Esteban, Rey de los Húngaros y Confesor, el cuál, adornado de celestiales virtudes, fue el primero que convirtió a la fe de Cristo a los Húngaros, y en el mismo día de la Asunción fue recibido por la Virgen Madre de Dios en el cielo. Su fiesta principal, por disposición del Papa Inocencio XI, se celebra el 2 de Septiembre, cuando, por intercesión del santo Rey, fue bizarramente recuperada por el ejército Cristiano la inexpugnable fortaleza de Buda.
3.- En Roma, en la vía Apia, san Tarsicio, Acólito, al cual, habiendo encontrado los Paganos cuando llevaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo, comenzaron a preguntarle qué llevaba; pero, teniendo él por cosa indigna descubrir las margaritas a los puercos, fue por ellos apaleado y apedreado hasta que expiró; y registrado por los sacrilegos pesquisidores el cuerpo, no hallaron ni en sus manos ni en sus vestidos rastro del Sacramento de Cristo. Los Cristianos recogieron el cuerpo del Mártir y lo enterraron honoríficamente en el cementerio de Calixto.
4.- En Tagaste de África, san Alipio, Obispo, discípulo que había sido de san Agustín, y después su compañero en la conversión, su colega en el oficio pastoral y su valiente conmilitón en los combates contra los herejes, y últimamente compartícipe en la gloria celestial.
5.- En Soisons de Francia, san Arnulfo, Obispo, y Confesor.
6.- En Roma, san Estanislao de Kostka, Polaco, novicio de la Compañía de Jesús y Confesor; el cual, consumado en breve, llenó por la angelical inocencia de vida largos años; y fue puesto por el Sumo Pontífice Benedicto XIII en el catálogo de los Santos. Su fiesta se celebra el 13 de Noviembre.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Joaquín, padre de la Inmaculada Virgen María. D. 2ª cl. – Blanco
Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye los nombres San Joaquín y Santa Anaa los padres de la Santísima Virgen María. El culto a santa Ana se introdujo ya en la Iglesia oriental en el siglo VI, y pasó a la occidental en el siglo X; el culto a san Joaquín es más reciente.
No conocemos de Joaquín y Ana con certeza mas que sus nombres y el hecho de que fueron los santos padres de la Madre de Dios. Lo que relatan sobre ellos los libros apócrifos no es todo confiable y es difícil distinguir lo cierto de la leyenda.
San Joaquín era venerado por los griegos desde muy temprano. En el Occidente su fiesta fue admitida al calendario mas tarde, algunas veces el 16 de septiembre, otras el 9 de diciembre. Julius II la puso en el 20 de marzo; mas tarde suprimida fue restaurada por Gregorio XV (1622). Clemente XII (1738) la fijó en el Domingo después de la Asunción. Con la reforma del calendario después del Concilio Vat II, San Joaquín se celebra junto con su esposa, Santa Ana, el 26 de Julio. Ellos son los patrones de los abuelos.
Oración: Glorioso San Joaquín, me pongo bajo vuestra protección. Ayúdame a imitar en todo a vuestra gloriosa hija,
La Santísima Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra. Que, imitándola a ella, llegue yo a conocer, amar y servir a Dios con todo mi corazón hasta mi último suspiro. Te lo pido por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
1.- En Roma, san Tito, Diácono, el cual, por distribuir dinero entre los pobres, cuando la ciudad se hallaba ocupada por los Godos, fue muerto de orden del bárbaro Tribuno.
2.- En Nicea de Bitinia, san Diomedes, médico, que, en la persecución del Emperador Diocleciano, por la fe de Cristo, pasado a cuchillo consumó el martirio.
3.- En Palestina, treinta y tres santos Mártires.
4.- En Ferentino de los Hérnicos, san Ambrosio, Centurión, que, en la persecución de Diocleciano, atormentado de varias maneras, y, últimamente, habiendo pasado ileso por el fuego, sumergido en el agua, llegó al refrigerio.
5.- En Milán, el tránsito de san Simpliciano, Obispo, célebre por testimonio de los santos Ambrosio y Agustín.
6.- En Auxerre, san Eleuterio, Obispo,
7.- En Nicomedia, san Arsacio, Confesor, el cual, en tiempo del perseguidor Licinio, abandonando la milicia, pasó la vida en un yermo, y fue tan esclarecido en virtudes, que se lee lanzó los demonios y mató un gran dragón con sus oraciones; finalmente, profetizando la futura ruina de la ciudad, puesto en oración, entregó su espíritu a Dios.
8.- En Montpeller de la Galia Narbonense, el tránsito de san Roque, Confesor, que, con1a señal de la cruz, libró de la peste muchas ciudades de Italia. Su cuerpo fue después trasladado a Venecia, y honoríficamente colocado en una Iglesia dedicada a su nombre.
9.- En Roma, santa Serena, que fue, algún tiempo, mujer de Diocleciano Augusto.
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San Jacinto, Religioso, presbítero y confesor de la Fe. D. – Blanco
San Jacinto, de la Orden de Predicadores, Confesor, que durmió en el Señor el día 15 de Agosto. n. 1185 en el Castillo de Lanka, Polonia; † 15 de agosto de 1257 en Cracovia, Polonia.
San Jacinto renunció a todas las ventajas que procura un noble nacimiento, la fortuna y el talento, para entrar en la orden que Santo Domingo acababa de fundar. Sus predicaciones, acreditadas por el don de milagros, produjeron en Polonia efectos maravillosos: hubiérase creído estar en los hermosos días del cristianismo naciente. Después de haber fundado varios monasterios en ese reino, recorrió Prusia, Dinamarca, Suecia y Noruega, que todavía en parte eran paganas: de allí pasó a Ucrania y a Rutenia y penetró hasta el Mar Negro, obrando a su paso numerosas conversiones y fundando monasterios para perpetuar su obra. De vuelta a Cracovia, cayó enfermo y expiró el día de la Asunción en 1257.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Jacinto, vuestro confesor, concedednos, por vuestra bondad, imitar los ejemplos de aquél cuyo nacimiento al cielo celebramos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cartago, los santos Mártires Liberado, Abad, Bonifacio, Diácono, Siervo y Rústico, Subdiáconos, Rogato y Séptimo, Monjes, y el niño Máximo; los cuales, en la persecución Vandálica y reinado de Hunerico, por la confesión de la fe católica y por la defensa de un solo Bautismo, fueron atormentados con varios e inauditos suplicios, y finalmente atravesados con clavos sobre leños para ser quemados en ellos, y aunque muchas veces encendido el fuego, siempre milagrosamente apagado, mandó el tirano golpearlos con los cuentos de los remos hasta triturarles las cabezas, con lo cual, coronados por el Señor, acabaron la carrera de tan hermoso combate.
2.- En Acaya, san Myrón, Presbítero y Mártir, a quien de orden del Presidente Antípatro, en Cícico, imperando Decio, después de muchos tormentos, cortaron la cabeza.
3.- En Cesarea de Capadocia, el triunfo de san Mamés, Mártir, hijó de los santos Mártires Teódoto y Rufina, que desde su primera infancia hasta la vejez sufrió un prolongado martirio, y al fin, siendo Emperador Aureliano y Presidente Alejandro, lo consumó felizmente. Los santos Basilio y Gregorio Nacianceno le celebran con grandísimas alabanzas.
4.- En Nicomedia, los santos Mártires Estratón, Felipe y Eutiquiano, los cuales, condenados a las fieras y no recibiendo daño, consumaron el martirio por el fuego.
5.- En Tolemaida de Palestina, el suplicio de los santos Mártires Pablo y Juliana, Virgen, su hermana; ambos de orden del Emperador Aureliano, porque perseveraban constantemente en la confesión de Cristo, fueron atormentados con diversas y muy crueles torturas y por último decapitados.
6.- En Roma, san Eusebio, Papa.
7.- En Terni, san Anastasio, Obispo y Confesor.
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4º día de la infraoctava de la Asunción de Nuestra Señora de Asunción, S, cl -Blanco
San Agapito, Mártir
En Palestrina, el triunfo de san Agapito, Mártir, que, siendo de quince años y ardiendo en el amor de Cristo, de orden del Emperador Aureliano fue preso y azotado primero largamente con crudos nervios; después, por mandado del Prefecto Antíoco, padeció más graves suplicios; y últimamente, de orden del mismo Emperador, arrojado a los leones y saliendo ileso, fue atravesado por la espada del verdugo para ser coronado. † decapitado hacia el año 274.
San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.
Oración: Que vuestra Iglesia, oh Dios mío, se regocije con el apoyo que encuentra en los sufragios del bienaventurado Agapito, vuestro mártir, y que, sostenida por su gloriosa intercesión, persevere en la piedad y se afiance en la paz. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, los santos Juan y Crispo, Presbíteros, que, en la persecución de Diocleciano, sepultaron con grandísima piedad muchos cuerpos de santos, de cuyos méritos hechos ellos también partícipes, se granjearon los goces de la vida eterna.
2.- En Roma igualmente, los santos Mártires Hermas, Serapión y Polieno, que, arrastrados por entre angosturas y ásperos peñascos, entregaron a Dios sus almas.
3.- En la Iliria, los santos Mártires Floro y Lauro, canteros, los cuales, en tiempo del Presidente Licinio, después del martirio de sus maestros Próculo y Máximo, ambos, al cabo de muchos tormentos, fueron sumergidos en un pozo profundo.
4.- En Mira de Licia, los santos Mártires León y Juliana.
5.- En Metz de Francia, san Fermín, Obispo y Confesor.
6.- En Roma, en la vía Lavicana, santa Elena, madre del religiosísimo Emperador Constantino el Grande, el primero que dio a los demás Príncipes ejemplo de defender y amplificar la Iglesia.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Juan Eudes, Presbítero, Fundador y confesor de la Fe D. – Blanco
En Caén de Francia, san Juan Eudes, Confesor, Misionero Apostólico, Fundador de la Congregación de Presbíteros de Jesús y María, y de la Orden de las Monjas de nuestra Señora de la Caridad, y promotor del culto litúrgico de los Sacratísimos Corazones de Cristo y de su Madre. El Papa Pío XI le puso en el catálogo de los Santos.
Oración: Oh Dios, que elegiste a san Juan Eudes para anunciar al mundo las insondables riquezas del misterio de Cristo, concédenos, te rogamos, que, por su palabra y su ejemplo, crezcamos en el conocimiento de tu verdad y vivamos según el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, san Julio, Senador y Mártir, el cual, entregado al Juez Vitelio, y por él encarcelado, fue, de orden del Emperador Cómmodo, apaleado hasta expirar. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Calepodio, en la vía Aurelia.
2.- En Anagni, san Magno, Obispo y Mártir, que fue muerto en la persecución de Decio.
3.- En Cilicia, el triunfo de san Andrés, Tribuno, y sus Compañeros soldados; los cuales, después de conseguida milagrosa victoria contra los Persas, se convirtieron a la fe de Cristo, y acusados por esto, fueron, de orden del Emperador Maximiano, bárbaramente muertos por el ejército del Presidente Seleuco en los desfiladores del monte Tauro.
4.- En Palestina, san Timoteo, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, después de sufridos muchos suplicios, fue quemado a fuego lento. Padecieron también allí mismo Tecla y Agapio: Tecla, expuesta a las fieras y despedazada entre sus dientes, pasó al Esposo; Agapio, superados muchísimos tormentos, fue reservado para mayores combates.
5.- En Roma, san Sixto III, Papa y Confesor.
6.- Junto a Briñoles, en la Provenza, el tránsito de san Luis, de la Orden de Menores, Obispo de Tolosa, ilustre por la santidad de vida y por los milagros; cuyo cuerpo, trasladado de allí a Marsella, fué honoríficamente colocado en la Iglesia de los Menores. Más tarde fue trasladado a Valencia de España y colocado en la Iglesia catedral.
7.- En la aldea Sisterón, en Francia, san Donato, Presbítero y Confesor, el cuál, dotado, desde los comienzos de la infancia, de admirable gracia de Dios, hizo muchos años vida anacorética, e insigne en el don de milagros, se fue con Cristo.
8.- En el territorio de Bourges, san Mariano, Confesor, cuyas virtudes y milagros celebró con grandes alabanzas san Gregorio, Obispo de Tours.
9.- En Mantua, san Rufino, Confesor.
10.- En Nuremberg, san Sebaldo, Ermitaño, muy esclarecido en milagros, que fue agregado al catálogo de los Santos por el Papa Martín V.
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San Bernardo, Abad y Doctor de la Iglesia D. – Blanco
En el territorio de Langres, el tránsito de san Bernardo, primer Abad de Claraval, glorioso en santidad, doctrina y milagros, a quien el Sumo Pontífice Pío VIII declaró Doctor de la Iglesia universal. n. 1090 en Fontaines-les-Dijon (Borgoña), Francia; † 20 de agosto de 1153 en Claraval.
Patrono de las abejas y los apicultores; fabricantes de velas.
San Bernardo, nacido en 1090 de noble familia en Fontaines-les-Dijon, entró en la abadía de Císter, acompañado de sus hermanos y otros veintiséis nobles. Más grande aun por sus virtudes que por su genio, rehusó los arzobispados de Reims, de Génova y de Milán, declarándose indigno de tal honor. Llegó a ser el árbitro de los obispos, de los reyes y de los papas. Predicó una cruzada con prodigioso éxito y fundó una multitud de monasterios. Al mismo tiempo fue un gran taumaturgo y el azote de las herejías. Escribió numerosas obras en las que brilla una doctrina totalmente celestial, que parece fruto de inspiración divina más que resultado del trabajo. Murió en 1153 y fue proclamado, por Pío VIII, Doctor de la Iglesia universal.
Oración: Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo los caminos de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Bernardo, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, el tránsito de san Pío X, Papa y Confesor, defensor invicto de la integridad de la fe y de la libertad eclesiástica, e insigne por el celo de la religión; cuya fiesta se celebra el 3 de septiembre.
2.- Junto al monte Senario, en Etruria, el tránsito de san Manetes, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, el cual, cantándole himnos, expiró. Su fiesta, junto con la de sus Compañeros, se celebra el 12 de Febrero.
3.- En Judea, el santo Profeta Samuel, cuyos sagrados huesos, según escribe san Jerónimo, trasladó Arcadio Augusto a Constantinopla, y los colocó junto a Séptimo.
4.- En Chipre, san Lucio, Senador, el cual, vista la constancia en el martirio de Teodoro, Obispo de Cirene, se convirtió a la fe de Cristo y trajo también a la misma al Presidente Digniano, con quien partió a Chipre; allí, viendo a otros Cristianos ser coronados por la confesión del Señor, se presentó espontáneamente al tirano, y cortada la cabeza mereció la misma corona.
5.- En Tracia, treinta y siete santos Mártires, los cuales, de orden del Presidente Apeliano, después de cortados los pies y manos por la fe de Cristo, fueron arrojados en un horno encendido.
6.- Allí mismo, los santos Mártires Severo y Memnón, Centurión, los cuales, muertos con el mismo género de martirio, subieron vencedores al cielo.
7.- En Córdoba de España, los santos Mártires Leovigildo y Cristóbal, Monjes, los cuales, por la defensa de la fe cristiana, durante la persecución de los Árabes, encerrados en una cárcel, y después decapitados y arrojados al fuego, consiguieron la palma del martirio.
8.- En la isla de Herio, san Filiberto, Abad.
9.- En Roma, san Porfirio, varón de Dios, que instruyó a san Agapito, Mártir, en la fe y en la doctrina de Cristo.
10.- En Chinón de Francia, san Máximo, Confesor, discípulo de san Martín, Obispo.
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Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. Viuda
Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, Viuda, que fue Fundadora de la Orden de Monjas de la Visitación de santa María. Su tránsito se conmemora a 13 de Diciembre. n. 28 de enero de 1572 Dijon (Borgoña), Francia;
† 13 de diciembre de 1641 en Moulins, Francia.
Patrona de las viudas; padres separados de sus hijos; personas abandonadas por familiares o amigos; personas que han perdido sus padres. Se la invoca para resolver problemas con la familia política.
Santa Juana, durante su matrimonio, se dedicó al ejercicio de todas las virtudes: enseñaba en persona la religión a sus hijos y servidores, los formaba en la piedad y les daba ejemplo de una caridad sin límites. Jamás rehusaba una limosna pedida en nombre de Jesucristo. Después de la muerte de su marido, hizo voto de castidad y, para permanecer fiel, inscribió en su pecho con un hierro candente el nombre de Jesús. Resuelta a romper todo lazo con el mundo, se sometió a la dirección espiritual de San Francisco de Sales, y estableció con él la Orden de la Visitación. Afligida, al final de su vida, por espantosas penas interiores, soportó esta prueba con tanta resignación, que Dios la recompensó con un aumento de consolaciones. Murió el 13 de diciembre de 1641, casi a los setenta años de edad.
Oración: Oh Dios omnipotente y misericordioso, que, después de haber abrasado con vuestro amor a la bienaventurada Juana Francisca, la habéis dotado de admirable fortaleza para recorrer la vida por el sendero de la perfección, y habéis querido, por su intermedio, enriquecer a la Iglesia con una nueva familia, haced, por sus méritos e intercesión que, convencidos de nuestra debilidad y confiados en vuestro poder, lleguemos, con vuestra gracia a vencer todos los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en el campo Verano, santa Ciriaca, Viuda y Mártir, que durante la persecución de Valeriano, habiendo consagrado su persona y todos sus bienes al servicio de los Santos, por último, sufriendo por Cristo el martirio, le consagró también gustosa su propia vida.
2.- En el territorio de Gevaudán, san Privado, Obispo y Mártir, que padeció en la persecución de Valeriano y Galieno.
3.- En Salona de Dalmacia, san Anastasio, Soldado distinguido, el cual, viendo la constancia de san Agapito en los tormentos, se convirtió a la fe, y, por la confesión del nombre de Cristo, muerto de orden del Emperador Aureliano, pasó Mártir al Señor.
4.- En Cerdeña, el triunfo de los santos Mártires Luxorio, Ciselo y Camerino, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Delfio, fueron degollados.
5.- El mismo día, los santos Mártires Bonoso y Maximiano.
6.- En Fondi del Lacio, san Paterno, Mártir, el cual viajó de Alejandría a Roma a visitar los sepulcros de los Apóstoles, y luego se retiró a la campiña de Fondi; y allí, mientras enterraba los cuerpos de los Mártires, fue aprisionado por el Tribuno y murió en la prisión.
7.- En Edesa de Siria, los santos Mártires Bassa y sus tres hijos, Teogonio, Agapio y Fidel, a los cuales, en la persecución de Maximiano, la piadosa madre envió delante con sus exhortaciones a la palma del martirio, y ella, cortada la cabeza, les siguió alegre con la victoria.
8.- En Verona, san Euprepio, Obispo y Confesor.
9.- Igualmente, san Cuadrato, Obispo.
10.- En Auvernia de las Galias, san Sidonio, Obispo, esclarecido en doctrina y santidad.
11.- En Sena de Toscana, san Bernardo Tolomeo, Abad, Fundador de la Congregación del Monte Olivete.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María Dm. – Blanco
La fiesta del Inmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María. Después de consagrar en plena Guerra Mundial todo el género humano al Inmaculado Corazón de María, para ponerlo bajo la protección de la Madre del Salvador, decretó el Papa Pío XII, en 1944, que toda la Iglesia celebrase anualmente una fiesta en honor del Inmaculado Corazón de María, el 22 de agosto, día de la octava de la fiesta de la Asunción.
La devoción del Corazón de María es ya antigua. San Juan Eudes la propagó en el s. XVII, uniéndola a la del Sagrado Corazón de Jesús.
En el s. XIX, Pío VII, primero, y después Pío IX concedieron a muchas iglesias particulares una fiesta del Purísimo Corazón de María, señalada primeramente para el domingo después de la Asunción, y luego para el sábado que sigue a la fiesta del Sagrado Corazón. Al fijar el 22 de agosto la Fiesta del Inmaculado Corazón de María, y extenderla a toda la Iglesia, le asignó Pío XII como fin el obtener, por intercesión de la santísima Virgen, “la paz entre las naciones, la libertad de la Iglesia, la conversión de los pecadores, el amor a la pureza y la práctica de las virtudes”.
Oración: Oh Dios omnipotente y eterno, que has preparado en el Corazón de la Bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo; concédenos en tu bondad que, celebrando devotamente la fiesta de su Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Ostiense, el triunfo de san Timoteo, Mártir, el cual, detenido por Tarquino, Prefecto de la Ciudad, y maltratado en larga prisión, como no quisiese sacrificar a los ídolos, por tres veces azotado y atormentado con gravísimos suplicios, fue por fin degollado.
2.- En el Puerto Romano, san Hipólito, Obispo, muy esclarecido por su saber, el cual, en tiempo del Emperador Alejandro, por su admirable confesión de la fe, atado de pies y manos y precipitado en una profunda hoya llena de agua, consiguió la palma del martirio. Su cuerpo fue sepultado por los Cristianos junto al mismo lugar.
3.- En Autún, san Sinforiano, Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Aureliano, no queriendo sacrificar a los ídolos, fue primeramente azotado, después encerrado en una cárcel, y por último, cortada la cabeza, consumó el martirio.
4.- En Todi de la Umbría, el tránsito de san Felipe Benicio, Confesor, Florentino, que fue propagador de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, y varón de eximia, humildad, y por el Sumo Pontífice Clemente X puesto en el número de los Santos. Su fiesta se celebra el día siguiente.
5.- En Roma, san Antonino, Mártir, el cual, confesando libremente que era Cristiano, de orden del Juez Vitelio fue sentenciado a pena capital y enterrado en la vía Aurelia por el Presbítero Rufino.
6.- En Tarso de Cilicia, la conmemoración de los santos Atanasio, Obispo y Mártir, Antusa, noble señora, a quien él había bautizado, y dos siervos de ésta, Carisio y Neófito, Mártires; los cuales padecieron en tiempo del Emperador Valeriano.
7.- En el Puerto Romano, los santos Mártires Marcial, Saturnino, Epicteto, Mapril y Félix, con sus Compañeros.
8.- En Nicomedia, el martirio de los santos Agatónico, Zótico y Compañeros Mártires, imperando Maximiano y siendo Presidente Eutolmio.
9.- En Reims de Francia, los santos Mártires Mauro y sus Compañeros.
10.- En España, los santos Mártires Fabriciano y Filiberto.
11.- En Pavía, san Guniforte, Mártir.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Felipe Benizi, Presbítero Confesor de la Fe. D. – Blanco
San Felipe Benicio, Confesor, que fue propagador de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, y pasó al Señor el día de ayer. n. 15 de agosto de 1233 en Florencia, Italia; † 22 de agosto de 1285 en Todi, Italia.
San Felipe, muy joven aún, exhortó un día a su madre a que diese limosna a los servitas. Una vez que terminó sus estudios, tomó el hábito de esta Orden y recorrió Europa y una parte de Asia, obrando a su paso numerosas conversiones y estableciendo en todas partes cofradías en honor de Nuestra Señora de los Siete Dolores. A la muerte de Clemente IV, sabiendo que los cardenales pensaban elevarlo al solio de San Pedro, huyó a las montañas y allí permaneció escondido hasta la elección de Gregorio X. Murió en Siena, en el año 1285, abrazando el crucifijo que él llamaba su libro.
Oración: Oh Dios, que habéis proporcionado un modelo admirable de humildad en la persona delbienaventurado Felipe, vuestro confesor, concedednos la gracia de despreciar como él los bienes de la tierra para no aspirar sino a las cosas del cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Ostia del Tíber, los santos Mártires Quiríaco, Obispo, Máximo, Presbítero,Arquelao, Diácono, y sus Compañeros, que padecieron, por orden del Prefecto Ulpiano, en tiempo de Alejandro.
2.- En Antioquía, el triunfo de los santos Mártires Restituto, Donato, Valeriano y Fructuosa, con otros doce, los cuales fueron coronados con el preclarísimo honor de su confesión.
3.- En Egea de Cilicia, los santos Mártires Claudio, Asterio y Neón, hermanos, los cuales, acusados por su madrastra de ser Cristianos, en el imperio de Diocleciano y siendo Presidente Lisias, al cabo de acerbos tormentos, fueron clavados en la cruz, y en ella vencedores triunfaron con Cristo. Padecieron después de ellos Donvina y Teonila.
4.- En Reims de Francia, el triunfo de los santos Timoteo y Apolinar, los cuáles, consumado el martirio en la misma ciudad, merecieron el reino celestial.
5.- En Lyon de Francia, los santos Mártires Minervo y Eleazar, con ocho hijos.
6.- Igualmente, san Lupo, Mártir, el cual, siendo de condición esclavo, alcanzó la libertad de Cristo y fue además honrado con la corona del martirio.
7.- En Jerusalén, san Zaqueo, Obispo, que gobernó la Iglesia de Jerusalén el cuarto después del Apóstol Santiago.
8.- En Alejandría, san Teonás, Obispo y Confesor.
9.- En Útica de África, san Víctor, Obispo.
10.- En Autún, san Flaviano, Obispo.
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San Bartolomé, Apóstol D. 2ª. cl. – Rojo
San Bartolomé Apóstol, el cual predicó el Evangelio de Cristo en la India, y pasando de allí a la Armenia Mayor, habiendo convertido muchísimos a la fe, fue desollado vivo por los bárbaros, y decapitado por orden del Rey Astiages, consumó el martirio. Su sagrado cuerpo, trasladado primero a la isla de Lípari, después a Benevento, y finalmente a Roma, a la isla del Tíber, es allí venerado con gran piedad de los fieles.
Patrono de zapateros y fabricantes de zapatos; encuadernadores; carniceros; yeseros. Protector contra las enfermedades nerviosas y neurológicas.
San Bartolomé, Apóstol, llevó el Evangelio a las regiones más bárbaras de Oriente. Penetró hasta las extremidades de las Indias. Después de haber obrado allí numerosas conversiones y sufrido mucho por la causa de Jesucristo, volvió a la gran Armenia. Convirtió allá al rey Polemón, con doce ciudades de su reino. Los sacerdotes de los ídolos excitaron contra él a Astiages, hermano del rey, que lo hizo desollar vivo, después de lo cual fue decapitado. Refiérese que cien veces al día arrodillábase para orar a Dios.
Oración: Dios omnipotente y eterno, que nos inspiráis santa fe en la solemnidad del Apóstol San Bartolomé, os suplicamos que concedáis a vuestra Iglesia que ame lo que él ha creído y que predique lo que él ha enseñado. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Lima del Perú, el tránsito de santa Rosa de santa María Virgen, de la tercera Orden de santo Domingo. Su fiesta se celebra el 30 de Agosto.
2.- En Nepi, san Tolomeo, Obispo, que fue discípulo de san Pedro Apóstol, y enviado por él a predicar el Evangelio a Toscana, acabó en aquella ciudad glorioso Mártir de Cristo.
3.- En el mismo día, san Eutiquio, que fue discípulo de san Juan Evangelista, y después de sufrir, por la predicación del Evangelio en muchas regiones, cárceles, azotes y el fuego, descansó finalmente en paz.
4.- En Nepi, san Román, Obispo de la misma ciudad, el cuál, siendo discípulo de san Tolomeo, fue también su Compañero en el suplicio,
5.- En Cartago, trescientos santos Mártiresen tiempo de Valeriano y Galieno. Estos magnánimos Mártires, entre otros suplicios, como el Presidente mandase encender una caldera, y presentar ante él brasas con incienso, y les dijese: «Una de dos: u ofrecéis sobre esos carbones incienso a Júpiter, o se os arroja en la cal»; ellos, armados de fe y confesando a Cristo Hijo de Dios, se arrojaron con suma ligereza en el fuego, y entre los vapores de la cal se convirtieron en polvo, por lo que este hermoso ejército de Santos mereció el nombre de Masa Candida.
6.- En Isauria, san Tación, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, muerto con la espada, recibió la corona del martirio.
7.- Igualmente, san Jorge de Limnio, Monje, que, por haber reprendido al impío Emperador León, porque destruía las sagradas imágenes y quemaba las reliquias de los Santos, cortadas de orden de él las manos y quemada la cabeza, Mártir pasó al Señor.
8.- En Ostia Tiberina, santa Áurea, Virgen y Mártir, la cual, atada al cuello una piedra, fue sumergida en el mar. Su cuerpo, arrojado a la playa, fue por san Nonno sepultado.
9.- En Rúan, san Audoeno, Obispo y Confesor.
10.- En Nevers de Francia, san Patricio, Abad.
11.- En Nápoles de Campania, santa Antida Thouret, Virgen, Fundadora del Instituto de Hermanas de la Caridad; a la cual el Papa Pío XI puso en el catálogo de las santas Vírgenes.
12.- En Marsella de Francia, santa Emilia de Vialar, Virgen, Fundadora del Instituto de Hermanas de San José de la Aparición, insigne por la fortaleza, paciencia y caridad; a la cual el Sumo Pontífice Pío XII puso en el número de las Santas.
13.- En Valencia de España, el nacimiento de santa María Micaela, Virgen, Fundadora de la Congregación de Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, inflamada en ansias de padecer y en deseo de ganar almas para Dios; a la cual el Papa Pío XI puso en el número de las santas Vírgenes.
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San Luis, Rey, Confesor de la Fe Sd. – Blanco
En Cartago, san Luis IX, Rey de los Francos y Confesor, ilustre por la santidad de vida y por el don de milagros. Sus huesos fueron después llevados a París. n. 25 de abril de 1214 en Poissy, Francia; † 25 de agosto de 1270 en Túnez, Algeria.
Patrono de reyes y de la monarquía francesa; barberos y peluqueros; trabajadores de la construcción; cruzados; soldados; padres de familias numerosas; prisioneros; escultores; enfermos; terciarios. Protector contra la mortalidad infantil y las dificultades en el matrimonio.
San Luis, rey de Francia, fue dotado de todas las cualidades que hacen a los reyes grandes y a los santos ilustres. Nacido para gobernar a los hombres, fue un héroe en la paz y en la guerra. En toda su vida, según testimonio de su confesor, no cometió ni un solo pecado mortal. De ordinario llevaba un cilicio, y cuando se lo sacaba, daba cuarenta escudos de limosna. El viernes de cada semana ayunaba, se disciplinaba con cadenillas de hierro y servía a los pobres con sus propias manos. Dos veces salió de su reino a fin de conquistar Tierra Santa, y en esas expediciones mostró tanta piedad como coraje. Murió en 1270, en África, a la edad de 55 años.
Oración: Oh Dios, que hicisteis pasar al rey San Luis de un reino temporal a la gloria del reino eterno, haced, os lo suplicamos, que, por sus méritos y su intercesión, participemos un día con él de la gloría del Rey de reyes, vuestro Hijo Jesucristo, que vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, el tránsito de san José de Calasánz, Presbítero y Confesor, ilustre por la inocencia de vida y por los milagros; el cual, para instruir en la piedad y en las letras a la juventud, fundó la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. El Sumo Pontífice Pío XII le constituyó celestial Patrono ante Dios de todas las Escuelas populares cristianas existentes en todo el mundo. Su fiesta se celebra el 27 de Agosto.
2.- En Roma igualmente, los santos Mártires Eusebio, Ponciano, Vicente y Peregrino, los cuales, en tiempo del Emperador Cómmodo, fueron primero levantados en el ecúleo y descoyuntados con nervios, después apaleados y quemados con hachas los costados; mas, perseverando fidelísimamente en alabar a Cristo, los acotaron con plomadas hasta expirar.
3.- En Roma además, el triunfo de san Nemesio, Diácono, y su hija Lucila, Virgen, los cuales, no pudiendo ser apartados de la fe de Cristo, por orden del Emperador Valeriano fueron degollados. Sus cuerpos, sepultados por el Papa san Esteban y después colocados con más honor por san Sixto II en la vía Apia el 31 de Octubre, fueron por Gregorio V trasladados a la Diaconía de santa María la Nueva, juntamente con los santos Sinfronio, el Tribuno Olimpio con su mujer Exuperia e hijo Teodulo; todos los cuales, convertidos por san Sinfronio y bautizados por el mismo san Esteban, habían sido coronados del martirio. Estos cuerpos, hallados en el mismo paraje en tiempo del Papa Gregorio XIII, fueron más honoríficamente colocados bajo el altar de la misma Iglesia el 8 de Diciembre.
4.- En Roma también, san Ginés, Mártir, el cual, siendo Gentil y cómico, mientras se burlaba en el teatro de nuestros sagrados Misterios, delante del Emperador Diocleciano, de improviso se convirtió por divina inspiración a la fe, y fue bautizado. Al punto, por orden del Emperador, fue cruelísimamente apaleado, suspendido en el potro, desgarrado por mucho tiempo con uñas aceradas y quemado con hachas, y al cabo, como perseverase constante en la fe de Cristo, diciendo: «No hay más Rey que Cristo, y si por Él me quitáis mil veces la vida, no me le quitaréis de la boca ni del corazón», mereció, cortada la cabeza, la palma del martirio.
5.- En Arles de Francia, otro san Ginés, el cual, ejerciendo el oficio de notario, y no queriendo escribir los impíos edictos contra los Cristianos, antes arrojando en público los registros en prueba de que él también era Cristiano, fue preso y degollado, y así bautizado con su propia sangre, consiguió la gloria del martirio.
6.- En Siria, san Julián, Mártir.
7.- En Tarragona de España, san Magín, Mártir.
8.- En Itálica de España, san Geroncio, Obispo, que en tiempo de los Apóstoles, predicando en aquella provincia el Evangelio, al cabo de muchos trabajos murió en la cárcel.
9.- En Constantinopla, san Menas, Obispo.
10.- En Utrech, san Gregorio, Obispo.
11.- En Monte Falisco de Etruria, santo Tomás, Confesor, que fue Obispo de la Iglesia de Hereford en Inglaterra.
12.- En Nápoles de Campania, santa Patricia, Virgen.
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San Ceferino, Papa, Mártir S. – Rojo
San Ceferino, Papa y Mártir, cuyo tránsito se conmemora el 20 de Diciembre.
San Ceferino, sucesor de San Víctor en la Sede Apostólica, resistió valientemente a los herejes y a los paganos. Durante la persecución del emperador Severo fue el sostén y el consuelo de los fieles; su caridad le hacía experimentar sus sufrimientos como si fueran propios. Murió hacia el año 217.
Oración: Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y custodiadlo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Sumo Pontífice Ceferino, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cardona de España, el tránsito de san Ramón Nonato, Cardenal y Confesor, de la Orden de santa María de la Merced, Redención de cautivos, ilustre en santidad de vida y en milagros. Su fiesta se celebra el 31 de Agosto.
2.- En Roma, los santos Mártires Ireneo y Abundio, los cuales, en la persecución de Valeriano, por haber recogido el cuerpo de santa Concordia de una cloaca donde lo habían arrojado, fueron sumergidos en la misma cloaca. Sus cuerpos, sacados de allí por el Presbítero Justino, fueron sepultados en una cripta, junto a san Lorenzo.
3.- En Ventimilla, ciudad de Liguria, san Segundo, Mártir, varón distinguido y Capitán de la legión Tebea.
4.- En Bérgamo, san Alejandro, Mártir, que, siendo de la misma legión, y confesando constantísimamente el nombre de nuestro Señor Jesucristo, cortada la cabeza, consumó el martirio.
5.- En el país de los Marsos, los santos Simplicio y sus hijos Constancio y Victoriano, los cuales, imperando Antonino, atormentados primero de varios modos, y después degollados, consiguieron la corona del martirio.
6.- En Nicomedia, el suplicio de san Adrián, hijo del César Probo, el cual, echando en cara a Licinio la persecución que había movido contra los Cristianos, por orden del mismo fue muerto. Su cuerpo lo sepultó Domicio, Obispo de Bizancio, su tío paterno, en un suburbio de la misma ciudad, llamado Argyrópoli.
7.- En España, san Víctor, Mártir, el cual, muriendo a mano de los Moros por confesar a Cristo, recibió en premio la corona del martirio.
8.- En Capua, san Rufino, Obispo y Confesor.
9.- En Pistoya de Toscana, san Félix, Presbítero y Confesor.
10.- En la Puye, diócesis de Poitiers, santa Juana Isabel Bichier des Ages, Virgen, Fundadora, juntamente con san Andrés Huberto Fournet, de la Congregación de Hijas de la Cruz, esclarecida por la continua mortificación y por la inocencia de vida; a la cual el Papa Pío XII puso en el catálogo de las santas Vírgenes.
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San José de Calasanz, Presbítero y confesor de la Fe, D. – Blanco
San José de Calasanz, Presbítero y Confesor, que fue Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, y durmió en el Señor el 25 de Agosto. n. 11 de septiembre de 1556 en Peralta (Aragón), España; † 25 de agosto de 1648 en Roma, Italia.
Patrono de universidades; escuelas; escuelas rurales; alumnos de escuelas; estudiantes.
Este santo consagró su vida a la educación cristiana de la niñez. En su juventud, reunía ya a su alrededor a los niños para enseñarles las oraciones y los misterios de la religión. Ordenado sacerdote, se dedicó primero a la predicación en España, su patria; pero, sintiéndose llamado a vida más perfecta aun, se trasladó a Roma, donde la vista de un tropel de niños entregados a los vicios a los que arrastra la falta de educación, le inspiró el pensamiento de fundar escuelas pías. Asoció a su intento a varios eclesiásticos animados de los mismos sentimientos, y su congregación fue erigida por Gregorio XV en orden religiosa, bajo el nombre de Clérigos regulares de la Madre de Dios de las escuelas pías.
Oración: Oh Dios, que por San José de Calasanz, vuestro confesor, habéis dado a la Iglesia un nuevo auxilio para formar a la infancia en el espíritu de inteligencia y de piedad, concedednos, por sus ejemplos e intercesión, la gracia de practicar y enseñar vuestra doctrina, de modo que merezcamos las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Potenza de Lucania, el triunfo de los santos Aroncio, Honorato, Fortunato y Sabiniano, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, los cuales, imperando Maximiano, por orden del Juez Valeriano, fueron condenados a pena capital. Su fiesta, junto con la de los otros ocho hermanos, se celebra el día 1 de Septiembre.
2.- En Bérgamo, san Narno, que, bautizado por san Bernabé, fue por él ordenado primer Obispo de aquella ciudad.
3.-En Capua, el triunfo de san Rufo, Obispo y Mártir, que gozando la dignidad de patricio, fue con toda su familia bautizado por san Apolinar, discípulo de san Pedro.
4.- Allí mismo, los santos Mártires Rufo y Carpóforo, que padecieron en tiempo de Diocleciano y Maximiano.
5.- En Tomis del Ponto, los santos Mártires Marcelino, Tribuno, su mujer Manea, y sus hijos Juan, Serapión y Pedro.
6.- En Lentini de Sicilia, santa Eulalia, Virgen, la cual, por ser cristiana, acuchillada por su hermano Sermiliano, pasó al celestial Esposo.
7.- El mismo día, el triunfo de santa Antusa la menor, la cual sumergida en un pozo por la fe de Cristo, consiguió el martirio.
8.- En Arlés de Francia, san Cesareo, Obispo, varón de admirable santidad y religión.
9.- En Autún, san Siagro, Obispo y Confesor.
10.- En Pavía, san Juan, Obispo.
11.- En Lérida de la España Tarraconense, san Licerio, Obispo.
12.- En la Tebaida, san Pemón, Anacoreta.
13.- En Septémpeda del Piceno, santa Margarita, Viuda.
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San Agustín, Obispo, confesor y Doctor de la Iglesia, D. – Blanco
En Hipona de África, el tránsito de san Agustín, Obispo, Confesor y Doctor eximio de la Iglesia, el cual, convertido a la fe católica y bautizado por san Ambrosio, Obispo, la defendió después acérrimamente contra los Maniqueos y demás herejes, y habiendo prestado otros grandes servicios a la Iglesia de Dios, pasó a recibir los premios del cielo. Sus reliquias fueron primeramente trasladadas por causa de los bárbaros desde su ciudad a Cerdeña, y después, por disposición de Luitprando, Rey de los Longobardos, a Pavía, y allí honoríficamente depositadas. n. 13 de noviembre de 354 en Tagaste, Numidia (Argelia); † 28 de agosto de 430 en Hipona.
San Agustín, hijo de un pagano de Numidia, que se convirtió al final de su vida, enseñó primero brillantemente retórica en Cartago, Roma y Milán, donde la lectura de un pasaje de San Pablo lo convirtió y donde San Ambrosio lo bautizó. De vuelta a África, después de haber perdido a Santa Mónica, su madre, en Ostia, retirose a la soledad, y después fue ordenado sacerdote y llegó a ser obispo de Hipona. Entró en correspondencia con San Jerónimo y fue el azote de los herejes. Toda su vida lloró su juventud hasta humillarse por ella en el libro de las Confesiones. Su poderoso genio y su maravillosa ciencia brillan sobre todo en su célebre obra la Ciudad de Dios. Murió en su ciudad episcopal cercada por los vándalos, en el año 430, a la edad de 75 años.
Oración: Dios omnipotente, escuchad benigno nuestras súplicas y puesto que os servís permitirnos esperar en vuestra bondad, dignaos, por la intercesión del bienaventurado Agustín, vuestro confesor pontífice, derramar sobre nosotros la abundancia de vuestra inagotable misericordia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, el triunfo de san Hermes, varón ilustre, el cual, según se lee en las Actas de san Alejandro Papa, primeramente encarcelado, y después, con muchísimos otros, degollado de orden del Juez Aureliano, consumó el martirio.
2.- En Venosa de la Pulla, el martirio de los santos Septimino, Jenaro y Félix, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, a quienes el Juez Valeriano mandó degollar en el imperio de Maximiano. Su fiesta, junto con la de otros nueve hermanos suyos, se celebra el día 1 de Septiembre.
3.- En Brioude de Auvernia, el suplicio de san Julián, Mártir, que siendo compañero del Tribuno San Ferréolo y sirviendo ocultamente a Cristo en traje de militar, en la persecución de Diocleciano fue detenido por los soldados, y cortada la garganta, acabó con horrible muerte.
4.- En Constanza de Germania, san Pelagio, Mártir, el cual, siendo Emperador Numeriano y Juez Evilasio, decapitado recibió la corona del martirio.
5.- En Salerno, los santos Mártires Fortunato, Cayo y Antés, los cuales, en tiempo del Emperador Diocleciano y del Procónsul Leoncio, fueron degollados.
6.- En Constantinopla, san Alejandro, Obispo, glorioso anciano, por cuya oración Arrio, condenado en el juicio divino, reventó por medio y arrojó las entrañas.
7.- En Santonges de Francia, san Viviano, Obispo y Confesor.
8.- Igualmente, san Moisés, Etíope, el cual, trocado de insigne ladrón en insigne Anacoreta, convirtió muchos ladrones y los llevó consigo al monasterio.
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Degollación de San Juan Bautista Dm. – Rojo
La Degollación de San Juan Bautista, a quien Herodes, cerca de la fiesta de Pascua, mandó cortar la cabeza; pero la memoria de este martirio se celebra solemnemente el día de hoy, cuando por segunda vez fue hallada la sagrada cabeza, la cual, trasladada más tarde a Roma, se conserva en la Iglesia de san Silvestre, en el campo Marcio con suma devoción del pueblo.
San Juan Bautista había dejado el desierto para amonestar a Herodes que no le era lícito tener como esposa a Herodías, la mujer de su hermano. Irritado el tirano de su audacia, lo hizo arrojar en una prisión. Un día, mientras daba un festín, la hija de Herodías danzó en presencia de los convidados con tanta gracia, que Herodes le prometió concederle todo lo que le pidiese. Pidió ella la cabeza de Juan Bautista. Un soldado, enviado a la prisión, cortó la cabeza al Precursor y la trajo en una bandeja, como si fuese el último plato de este fúnebre festín.
Oración: Haced, os lo suplicamos, Señor, que la piadosa solemnidad del bienaventurado Juan Bautista, vuestro precursor y mártir, nos obtenga gracias eficaces de salvación. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis en unidad con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, en el monte Aventino, el triunfo de santa Sabina, Mártir, la cual, en tiempo del Emperador Adriano, pasada a cuchillo, alcanzó la palma del martirio.
2.- En Veliniano, en los confines de la Pulla, el triunfo de los santos Vidal, Sator y Repósito, hijos de los santos Bonifacio y Tecla, los cuales, en el imperio de Maximiano, por el Juez Valeriano fueron degollados. Su fiesta, y de los otros nueve hermanos suyos, se celebra el 1 de Septiembre.
3.- En Roma, santa Cándida, Virgen y Mártir, cuyo cuerpo trasladó san Pascual I, Papa, a la Iglesia de santa Práxedes.
4.- En Constantinopla, los santos Mártires Ipacio, Obispo de Asia, y Andrés, Presbítero; a los cuales, en tiempo de León Isáurico, por defender el culto de las sagradas Imágenes, untaron con pez la barba y les pegaron fuego; luego les desollaron la cabeza y los degollaron.
5.- En Antioquía, el triunfo de los santos Mártires Niceas y Pablo.
6.- En Metz de Francia, san Adelfo, Obispo y Confesor.
7.- En París, el tránsito de san Mederico, Presbítero.
8.- En Perusa, san Eutimio, Romano; el cuál, huyendo con su mujer y su hijo Crescendo, de la persecución de Diocleciano, se retiró a aquella ciudad y en ella poco después descansó en el Señor.
9.- En Inglaterra, san Sebbo, Rey.
10.- En Sirmio, el tránsito de santa Basila, Virgen.
11.- En una aldea de Troyes, santa Sabina, Virgen, gloriosa en virtudes y milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
Santa Rosa de Santa María (Rosa de Lima), Virgen D. – Blanco
Santa Rosa de santa María, de la tercera Orden de santo Domingo, Virgen, cuyo tránsito se celebra el 24 de este mes. n. 1586 en Lima, Perú; † 24 de agosto de 1617 en Lima, Perú.
Patrona Principal de Iberoamérica; Lima, Perú; Filipinas; bordadores; floristas; jardineros; personas ridiculizadas por su piedad. Protectora contra la vanidad.
Santa Rosa, así llamada porque, estando en su cuna, un día apareció radiante como una rosa, fue la primera flor de santidad que la América del Sur dio a la Iglesia en el Perú. Desde sus primeros años, demostró un amor extraordinario por la mortificación. “Señor –decía cuando sufría– aumentad mis sufrimientos, siempre que al mismo tiempo aumentéis vuestro amor en mis corazón”. Tuvo la dicha un día de oír al Salvador que le dirigió estas palabras: “Rosa de mi Corazón, sé mi esposa”. Fue a reunirse con su celestial Esposo el 24 de agosto de 1617, a los 31 años de edad.
Oración: Oh Dios poderoso, dispensador de todos los bienes, que habéis provisto a la bienaventurada Rosa con el rocío de la gracia celestial, y que la habéis hecho brillar en América con el fulgor de la virginidad y de la paciencia, concedednos la gracia a nosotros servidores vuestros, de correr tras el olor de sus perfumes, y merecer así llegar a ser un día el buen olor de vuestro Hijo, que, con Vos y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, en la vía Ostiense, el martirio de san Félix, Presbítero, en tiempo de los Emperadores Diocleciano y Maximiano; al cual, después de torturado en el ecúleo, mientras, dada la sentencia de muerte, iba a ser degollado, le salió al encuentro un Cristiano, quien, haciendo espontáneamente profesión de Cristiano, al punto fue, juntamente con él, degollado. Pero ignorando su nombre los Cristianos, le llamaron Adaucto, porque se había asociado a san Félix en la corona.
2.- En Roma también, santa Gaudencia, Virgen y Mártir, con otros tres.
3.- En Suffétula de África, sesenta santos Mártires, muertos por el furor de los Gentiles.
4.- En Bolonia, san Bononio, Abad.
5.- En Roma, san Pamaquio, Presbítero, que fue insigne en doctrina y santidad.
6.- En Adrumeto de África, los santos Bonifacio y Tecla, que fueron padres de doce hijos santos Mártires.
7.- En Salónica, san Fantino, Confesor, el cual, habiendo padecido mucho de los Sarracenos, que lo arrojaron del monasterio en que vivía con maravillosa abstinencia, después de traer a muchísimos al camino de la salvación, descansó en santa ancianidad.
8.- En territorio Meldense, san Fiacrio, Confesor.
9.- En Trebi del Lacio, san Pedro, Confesor, el cual, ilustre en muchas virtudes y milagros, pasó allí al Señor, y es reverenciado honoríficamente.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
San Ramón Nonato, Presbítero cardenal y confesor de la Fe D. – Blanco
San Ramón Nonato, de la Orden de nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos, Cardenal y Confesor, cuyo tránsito se conmemora el 26 de Agosto. n. 1204 en Portell (Cataluña), España; † 31 de agosto de 1240 en Cardona, España.
Patrono de los recién nacidos; obstetras; parteras; partos; niños; embarazadas; personas falsamente acusados. Protector contra la fiebre.
San Ramón pidió a la Santísima Virgen que le hiciese conocer el camino que debía seguir para llegar al cielo; María le ordenó entrar en la Orden recientemente fundada de la Redención de los cautivos (de la Merced). Enviado a Berbería, rescató a gran número de cautivos, y cuando se le agotaron los recursos, se dio a sí mismo en prenda para la libertad de muchos otros. Vuelto a España, fue nombrado cardenal por Gregario IX. Murió en el año 1240, yendo a Roma, donde el Papa lo llamara para utilizarlo en el gobierno de la Iglesia.
Oración: Señor, que habéis dado al bienaventurado Ramón, vuestro confesor, un celo admirable por la redención de los fieles cautivos de los bárbaros, concedednos por su intercesión que, libres de las cadenas de nuestros pecados, cumplamos con perfecta libertad de espíritu todo lo que os sea más agradable. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Junto al monte Senario, en Etruria, él tránsito de san Bonaiunta, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María; el cual, hablando a sus hermanos de la Pasión de Cristo, entrego su espíritu en las manos del Señor. La fiesta de él, y de sus Compañeros, se celebra el 2 de Febrero.
2.- En Tréveris, el triunfo de san Paulino, Obispo, que en tiempo de la persecución arriana fue por la fe católica desterrado de orden de Constancio, Emperador arriano, y fatigado de destierro en destierro fuera de la Cristiandad hasta la muerte, por fin, muriendo en Frigia, recibió del Señor la corona de tan glorioso martirio.
3.- En Trasacco de los Marsos, junto al lago Fúcino, el triunfo de los santos Mártires Cesidio, Presbítero, y sus Compañeros, coronados del martirio en la persecución de Maximino.
4.- Igualmente, los santos Mártires Robustiano y Marcos.
5.- En Cesarea de Capadocia, los santos Teodoro, Rufina y Anmia; los dos primeros fueron padres del Mártir san Mamés, a quien Rufina dio a luz en la cárcel y Anmia educó.
6.- En Auxerre, san Optato, Obispo y Confesor.
7.- En Inglaterra, san Aidano, Obispo de Lindisfarne, cuya alma, viéndola san Cutberto, pastor de ovejas, ser llevada al cielo (cuya memoria se celebra el 20 de Marzo), dejadas las ovejas, se hizo Monje.
8.- En Nusco, san Amato, Obispo.
9.- En Atenas, san Arístides, esclarecidísimo en fe y en doctrina, que presentó al Emperador Adriano un egregio volumen acerca de la religión Cristiana, en el cual daba razón de nuestros dogmas, y defendió en un elocuentísimo discurso delante del mismo Emperador, que sólo Cristo Jesús es Dios.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias. Volver al índice
EL ARRIANISMO
El arrianismo, y el semiarrinismo, han vuelto a reaparecer con descaro en el «magisterio» de la doctrina conciliar y postconciliar. A fin de cuentas, si buscan, como lo hacen en efecto, la unidad de todas todas las religiones, una sola cosa necesita la falsa iglesia surgida del Vaticano II a ese fin: renegar de la divinidad de Jesucristo, es decir de la consustancialidad con el Padre. De esta forma, el Hijo de Dios, pasa a ser una criatura, la más excelente si se quiere, pero sin la misma consustancialidad con el Padre. Lo cual sería aceptable a algunas de las falsas religiones. No tiene otro sentido hacer repetir a los católicos del Novus Ordo Missae en lengua vernácula y cada domingo la herejía arriana o semiarriana de que el Padre y el Hijo son de la misma naturaleza, censurando la palabra «consustancial» en el Credo. Porque si decimos, por ejemplo, que dos seres son de la misma naturaleza no decimos que son necesariamente de la misma sustancia. Así, por ejemplo, dos hombres, dos caballos, dos perros son de la misma naturaleza, pero cada uno de ellos es una sustancia distinta, precisamente porque son dos y no uno. Pero nuestra fe católica confiesa que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son tres Personas en una misma substancia, que es la divina. Tres personas consustanciales, un sólo Dios. Para ir comprendiendo la perfidia de la iglesia conciliar cuya fornicación con las religiones falsas clama al cielo, puede resultarles de interés el siguiente artículo sobre el arrianismo.
Arrianismo
Arrio, sacerdote de Alejandría, primer autor de la herejía, a la cual dió nombre, comenzó a publicarla el año 319. Descontento con una explicación que Alejandro su obispo habia dado del misterio de la Santísima Trinidad en una reunion de sacerdotes, sostuvo que el Hijo de Dios o el Verbo divino, era una criatura sacada de la nada que Dios Padre había producido antes de todos los siglos, y de la cual se habia servido para criar el mundo; que el Hijo de Dios era de una naturaleza y de una dignidad muy inferior a la del Padre; que no se llamaba Dios sino en un sentido impropio. Condenado al principio por su obispo en un concilio de Alejandría y en otro segundo celebrado el año 321, se retiró a la Palestina, y escribió a los obispos mas célebres quejándose del rigor con que se le trataba, y supo disfrazar su doctrina y hacer odiosa la de Alejandro como también su conducta; se hizo de esta suerte muchos partidarios, principalmente a Eusebio de Nicomedia, cuyo crédito era grande en aquella época, tanto en la Iglesia como en la corte. Alejandro por su parte publicó los errores de Arrio y las causas de su condenación; y desde entonces empezó a acalorarse la disputa por una y otra parte.Pero el anatema pronunciado contra el error no le destruyó; la mayor parte de los que no habían firmado la decisión del concilio sino para evitar el destierro permanecieron adictos al partido de Arrio. Constantino mismo seducido por un sacerdote arriano, recomendado por su hermana Constancia al tiempo de morir y que había ganado su confianza, consintió en llamar a Arrio de su destierro en 328; y este hereje reunido a sus partidarios, volvió a sembrar sus errores con mas calor que antes. Pero San Atanasio que habia sucedido al patriarca Alejandro en la silla de Alejandría rehusó constantemente recibir a Arrio en su comunión, y por esta firmeza incurrió en la indignación de Constantino.
Desde entonces los arrianos se hicieron un partido formidable: celebraron muchos concilios en los cuales se encontraron los señores. Lograron hacer desterrar a muchos obispos los mas adictos a la fe de Nicea, en particular a San Atanasio y a San Eustaquio obispo de Antioquía. Interpretaron en mal sentido la doctrina del concilio de Nicea, principalmente el término consubstancial; decian que esta palabra podia hacer confundir la persona del Hijo con la del Padre, y renovar el error de Sabelio, y tuvieron gran cuidado de quitarla de todas las profesiones de fe que redactaron. Pero sin disputa, sus variaciones en estas confesiones de fe en las que no podían convenir, y que cambiaron por lo menos veinte veces, probaban demasiado la necesidad de un término que cortara de raiz todos sus subterfugios.
El mismo Constantino no pudo hacer que Alejandro, obispo de Constantinopla, recibiese a Arrio en su comunion; este hereje murió de una manera trágica en estas mismas circunstancias el año 336; los que acusan a los católicos de haberle envenenado, los calumnian sin fundamento y por pura malignidad.
Después de la muerte de Constantino ocurrida el año 337, el partido de los arrianos tan pronto era fuerte como débil, según se encontraban protegidos o proscriptos por los emperadores. Bajo el imperio de Constancio que los favorecía, tenían a todo el Oriente en conmocion con sediciones y violencias; pero Constantino el joven y Constante que reinaban en el Occidente, impidieron al arrianismo que hiciera muchos progresos allí. En 331 Constancio, dueño de todo el imperio por la muerte de sus dos hermanos, protegió la herejía mucho mas que antes; se celebraron muchos concilios en Italia, en los que dominaron losarrianos; otros en los cuales triunfaron los católicos, condenaron a Arrio y sus partidarios, y confirmaron la fe de Nicea. En el concilio de Arlés en 353, en el de Milán celebrado en 355, en el de Rimini en 359, muchos obispos vencidos por violencia, suscribieron a la condenación de San Atanasio, y firmaron unas confesiones de fe en las cuales la palabraconsubstancial estaba suprimida. Los que dedujeron de esto que aquellos obispos habían firmado el arrianismo, abusaron de los términos; las profesiones de fe a que suscribieron, no expresaban con bastante exactitud el dogma católico, pero tampoco expresaban el error de Arrio, pues que decían o que el Hijo es semejante al Padre en sustancia, o que le essemejante en todas las cosas, o que le es semejante según las Escrituras, etc. Estas no son herejías aunque los arrianos abusaban maliciosamente de estas expresiones vagas para sembrar su error.
Lo mismo acontece con la fórmula que el papa Liberio firmó por debilidad en su destierro el año 357. Es constante por otra parte que durante todas las disputas de los obispos, los pueblos que no comprendían nada de ellas, continuaban creyendo y profesando el dogma de la divinidad de Jesucristo. Los mismos obispos arrianos no se atrevían a predicar en público, como Arrio, que el Hijo de Dios es una criatura sacada de la nada; que es inferior en naturaleza al Padre; que no es Dios en todo el rigor de la palabra. ¿Cómo pues puede sostenerse que en la época de que hablamos, el arrianismo había sofocado la fe católica, y dominaba en la Iglesia?
Juliano, que subió al imperio el año 362, dejó disputar a los arrianos y a los católicos: su reinado no duró mas que dos años, el de Joviano fue de algunos meses. Valente, dueño del imperio el año 364, favoreció y abrazó el arrianismo; Valentiniano su hermano, trabajóeficazmente en extirparle en el Occidente; Graciano y despues Teodosio le proscribieron en todo el imperio, de suerte que hacia el año 380, esta herejía, despues de 60 años de tumultos no osó ya manifestarse. A principios del siglo V, los godos, los vándalos y los bárbaros que estaban infectados con ella, quisieron restablecerla en las Galias y en Africa; ejercieron muchas violencias, é hicieron un gran número de mártires; los visogodos la introdujeron en España, en donde subsistió por mas tiempo bajo la protección de los reyes que la habían abrazado; pero habiéndola abjurado estos por último, desapareció hacia el año 660. La veremos renacer de sus cenizas en el siglo XVI.
Los semi-arríanos, que acaso pensaban del mismo modo en el fondo, disimulaban sus verdaderas opiniones. De ningún modo podemos conocer mejor sus artificios y rodeos, que examinando la conducta de Eusebio de Cesarea, que parece haber pertenecido constantemente a este partido. No ponía ninguna dificultad en decir, como el concilio de Nicea, que Jesucristo es el Verbo, la razón o la sabiduría divina, Dios de Dios, luz de luz, engendrado por el Padre antes de todos los siglos, y que ha hecho todas las cosas; pero no confesaba que este Verbo fuese engendrado ab aeterno, y coeterno al Padre; pretendía como lo hacen aun los socinianos que el Padre había dado el ser al Hijo antes de la creación; y cuando decía que este no es una criatura, entendia que no es una criatura semejante a las demás, sino de una naturaleza mucho mas perfecta, y tan semejante a Dios como una criatura puede serlo. Por esto mismo es por lo que los semi-arrianos, en lugar de la palabrahomoousios, consubstancial, substituían la de homoiousios, semejante en substancia.
Eusebio, aun profesando en el símbolo de Nícea, que el Hijo es consubstancial al Padre, entendía que el Hijo ha salido del Padre, no por división o por separación, como un cuerpo que forma parte de otro cuerpo, sino sin cambio y sin disminución de la substancia del Padre; así por consubstancial no entendía siempre mas que una semejanza imperfecta en la substancia, y no una perfecta igualdad con el Padre. No rehusaba el condenar a Arrio ni el pronunciar anatema a todos los que enseñaban que el Verbo ha salido de la nada, o de lo que no era; que hubo un tiempo en que aun no existía, porque decía que estas expresiones no estaban en la Escritura santa. Así se explica en la carta que escribe al pueblo de Cesarea, despues del Concilio de Nicea. (Sócrates, Hist.ecles. I. 1, c. 8). En las demás obras suyas ha negado mas de una vez la eternidad del Verbo y su igualdad con el Padre. (Petavio, Dogm. théol. t. 2, l. 1, c. 11 y 12). Muchos socinianos se sirven todavía de los mismos artificios, para paliar la impiedad de su opinion respecto de la divinidad de Jesucristo.
Este abuso continuo de los términos, estas explicaciones sutiles para alterar el sentido de las palabras de la Escritura santa, estas expresiones ambiguas en las profesiones de fe de losarrianos, estas disputas siempre renacientes entre ellos, demostraban suficientemente el doblez de su carácter y la falsedad de su opinion. Creian haber obtenido una gran victoria, cuando por medio de la intriga o de la violencia conseguían hacer firmar a los obispos católicos una profesión de fe en la que no se encontraba la palabra consubstancial. ¡Qué diferencia cubre esta marcha tortuosa de la herejía y la conducta franca y firme de la Iglesia católica! El concilio de Nicea desde luego y con una sola palabra, fijó la creencia de una manera irrevocable. La palabra consubstancial expresaba toda la energía y verdadero sentido de las expresiones de la Sagrada Escritura; prevenía todas las equivocaciones y sutilezas de los arrianos; la Iglesia, despues de haberla adoptado una vez, jamás la abandonó; se conservó en todas las profesiones de fe y en los diversos concilios en que los católicos estuvieron en libertad de exponer sus creencias: a pesar de todos los ataques de la herejía, en el espacio de catorce siglos, la consubstancialidad del Verbo es todavía la fe de esta misma Iglesia.
1° Es evidente que si las tres Personas divinas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no son un solo Dios en el sentido mas exacto y rigoroso, el cristianismo, tal como subsiste en todas las comuniones que no son arrianas ó socinianas, es un verdadero politeísmo, pues que rendimos a estas tres Personas divinas el mismo culto supremo. Entre los paganos y nosotros no habrá mas diferencia, sino el que ellos admitían mayor número de dioses que nosotros, y que nosotros sabemos disfrazar nuestro politeísmo con sutilezas que a ellos les eran desconocidas. En este caso, el mahometismo, que se limita al culto de un solo Dios, es una religión mas pura que el cristianismo. Abbadie ha llevado esta consecuencia hasta la demostración, en su Tratado de la divinidad de Jesucristo. Se encuentra confirmada con el asentimiento de todos los socinianos, que no cesan de vituperarnos el triteismo ó la adoracion de tres dioses.
¿Es creíble que Dios, que en el antiguo Testamento se mostró tan zeloso del culto supremo exclusivo, que repetía continuamente a los judíos: Yo soy solo Dios, no hay mas Dios que yo, haya permitido que el universo fuese trastornado para establecer una religión, que no tiende mas que a ofuscar por su creencia y su culto el dogma capital de la unidad de Dios, sin el cual no puede existir la verdadera religión?
En este mismo caso, los judíos se fundan bien para permanecer en la incredulidad. El dogma de la unidad de Dios es el escudo que el judío Orobio no deja de oponer á los argumentos de Limborch; este, que era un sociniano disfrazado, afectando dejar a un lado el dogma de la Trinidad y el de la divinidad de Jesucristo, hacia evidentemente traición a la causa del cristianismo que quería defender.
3° Cuando citamos las palabras de San Pablo, (Philip, II, 6): «Imitad a Jesucristo, que estando en la forma de Dios no ha considerado como una usurpación el igualarse a Dios, etc.» Los socinianos nos dicen que traducimos mal, que el texto dice: «Jesucristo que estando en la forma de Dios, no ha hecho su presa de igualarse a Dios» o no se ha atribuido la igualdad con Dios.
Decimos que esta explicación sociniana es falsa. En primer lugar, no es cierto que Jesucristo no se haya igualado a Dios, dice «Mi Padre y yo somos una misma cosa» (Joan, X, 31); «El que me ve, ve a mi Padre» (XIV, 9); «Todo lo que es de mi Padre, es mio» (XVI, 15):«Quiere que todos honren al Hijo, como honran al Padre» (v, 21) Querer ser honrado como Dios, es seguramente igualarse a Dios: tal ha sido el crimen y la locura de todos aquellos que se hanhecho rendir honores divinos. En segundo lugar, si Jesucristo no es igual a Dios, ¿en dónde está la humildad de no pretender el serlo? Tener solo este pensamiento seria una impiedad. En tercer lugar, en esta hipótesis, San Pablo y los demás apóstoles son prevaricadores: han igualado a Jesucristo con Dios, pues que le han dado todos los atributos de la Divinidad, la existencia antes de todos los siglos, la omnipotencia, el poder criador, la ciencia y la sabiduría divina, el nombre mismo de Dios, han contradicho el ejemplo de Jesucristo, exhortando a los fíeles a imitarle.
4° Desde que los nuevos arrianos desconocieron la divinidad de Jesucristo, les ha sido necesario destruir sucesivamente todos los dogmas del cristianismo, la Trinidad, la encarnación, la redención de los hombres por Jesucristo, el pecado original, la necesidad del bautismo para los niños, la eficacia de los sacramentos, las obras satisfactorias, etc. han hecho consistir la religión cristiana en creer solo la unidad de Dios; en considerar a Jesucristo como un enviado de Dios, sin informarse de lo que es personalmente; en tomar el Evangelio como regla de fe y de conducta, según cada uno lo comprenda. Esto es el deismo puro. No es de admirar que esta licencia haya abortado todos los sistemas posibles de incredulidad.
¿Es pues este el sistema sublime de religión que Dios había preparado por espacio de 4,000 años, para cuyo establecimiento obró tantos prodigios, y cambió la faz del universo? Jamás seremos tan insensatos que lo creamos.
Se nos dice en el dia que antes del concilio de Nicea, la doctrina respecto a las tres Personas divinas no estaba fijada; que nada se habia prescrito a la fe de los cristianos sobre este articulo, ni determinado las expresiones que tenían que emplearse al hablar de este misterio; que los doctores cristianos opinaban de diferente modo sobre este objeto, sin que nadie se escandalizara de ello, etc. Acaso se creerá que es un sociniano el que se expresado esta manera: no, es Mosheim. (Hist. ecles. del siglo IV, 2a part. c. 5, § 9). Beausobre le habia dado ejemplo. (Hist. del manich. I. 3, c. 1).
Mientras tanto Bullus, en su defensa, de la fe de Nicea, M. Bossuet, en su sexta advertencia a los protestantes, y otros han probado de una manera invencible que antes del concilio de Nicea, los Padres de los tres primeros siglos profesaron manifiestamente la eternidad Verbo y su consubstancialidad con el Padre. Una prueba positiva de este hecho es que nunca han querido referirse Arrio ni sus partidarios al juicio de los antiguos doctores, y que tenian la pretensión de entender mejor la Escritura que todos aquellos que los habían precedido. El patriarca de Alejandría, que habia condenado a Arrio, se lo reprochaba ya Teodoreto, (Hist. ecles. l. 1 , c. 4).
Asimismo en el V concilio de Constantinopla, bajo el imperio de Teodosio, el año 383, rehusaron ser juzgados según el sentir de los antiguos Padres. (Sócrates, Hist. ecles. I. 5, c. 40). Por lo tanto estaban convencidos de que los Padres de los tres primeros siglos no pensaban como ellos, y los católicos lo sostenian de la misma suerte. ¿Se sabe mas en el siglo XVIII acerca de este punto que en el IV?
Por otra parte, o el dogma de la eternidad y de la igualdad perfecta del Verbo con el Padre está clara y terminantemente revelado en la Sagrada Escritura, o no lo está. Si lo está, luego era ya una creencia en los tres siglos primeros, y no podía dejar de creerse sin ser hereje: sí no lo está, tanto antes del concilio de Nicea como en el dia, nunca ha sido un dogma de fe para los protestantes, porque no reconocían como dogma de fe sino lo que está clara y terminantemente enseñado en la Sagrada Escritura; no pueden pues, aun en el dia, considerar a los socinianos como herejes. No sin justicia les vituperamos su connivencia con los enemigos de la divinidad de Jesucristo.
Convenimos en que la Iglesia no habia consagrado todavía la palabra consubstancial para expresar este dogma, pero de esto no se deduce que este dogma no fuera aun creído, porque se expresaba por otros términos lo que este significa, diciendo que el Hijo o el Verbo es eterno y perfectamente igual al Padre. Si los arrianos hubieran querido expresarse de la misma manera, no se les habría condenado.
Mosheim añade que si se consideran los medios que emplearon los nicenianos y losarrianos para defender sus opiniones, apenas se podrá decidir cual de los dos partidos excedió mas los límites de la probidad, de la caridad y de la moderación, lbid. § lo.
No nos detendremos en refutar la indecencia del nombre de nicenianos que por desprecío se da a los católicos; Mosheim pudo llamarlos también homoousianos, como hacian losarrianos; pero sí les preguntaremos en qué han violado los católicos la probidad respecto de sus adversarios. Que los arrianos hayan estado en general de mala fe, nos parece incontestable: pero los católicos ¿han empleado como ellos los equívocos, las expresiones capciosas, las falsas protestas de zelo hacia el grado del dogma, las falsas promesas de paz, etc., de que se servían los primeros para conseguir sus fines? Es verdad que Mosheim ha tenido a bien acusar a San Ambrosio y otros obispos de haber supuesto falsas reliquias y milagros para imponer a los fieles y confundir a los arríanos; pero ¿está probaba esta acusación? Por lo que respecta a la falta de caridad, no vemos en que sean culpables los católicos porque se hayan defendido tanto como les fue posible contra herejes audaces, violentos, sediciosos, que abusaban de la autoridad de los emperadores a quienes habían seducido, y que hicieron los mayores esfuerzos para destruir la fe de la Iglesia. Leemos que los arrianos hicieron muchos mártires, pero en ninguna parte encontramos que los hubiera entre ellos: no es pues cierto que los católicos hayan violado tanto las reglas de la moderación como los arrianos. Despues de 70 años de turbulencias no podemos reprobar el que Teodosio dictara leyes severas contra estos últimos; no se vió obligado a derramar sangre para hacerlas ejecutar.
Los protestantes, avergonzados con esta posteridad que salió de su seno, trataron en vano de sofocarlos con todas sus fuerzas; en todas las conferencias y disputas que tuvieron con los socinianos, estos les han hecho ver que con solo la sagrada Escritura no les podían convencer nunca de error; y cuando han tratado de emplear contra ellos la tradición, el sentir de los Padres y la creencia constante de la Iglesia cristiana, echaron en cara con razón a los protestantes el contradecir el principio fundamental de la reforma, y de recurrir a un arma a que hicieron profesión de renunciar. La via de autoridad, las leyes penales, y los suplicios mismos que los protestantes emplearon mas de una vez hacia los nuevos arrianos, son una inconsecuencia todavía mas repugnante, pues que no han dejado de quejarse ellos mismos cuando los católicos echaron mano de estos medios contra ellos.
Todos produjeron muy poco efecto; no impidieron que los socinianos penetrasen en la Transilvania, en la Prusia, en la Alemania baja, en Holanda y en Inglaterra, ni que se multiplicasen entre las diferentes sectas que gozaban de la tolerancia civil. En el siglo XVIIIy XIX el arrianismo mitigado o el semi-arríanísmo ha encontrado muchos partidarios.
Efectivamente, los nuevos enemigos de la divinidad de Jesucristo han comprendido, como los del siglo IV, que el arrianismo puro jamás podría prevalecer; nunca podrán persuadir a los que respetan la sagrada Escritura, que el Hijo de Dios es una pura criatura sacada de la nada en tiempo, y que no existia antes del nacimiento del mundo; aun todavía menos que Jesucristo no es mas que un hombre, aunque mas perfecto que los demás. Fausto, Socino y otros se han atrevido a decirlo, y vituperar el culto rendido a Jesucristo, pero han tenido pocos sectarios acerca de este punto. Estos han adoptado en el dia el semi-arrianismo poco mas o menos como Eusebio de Cesarea y otros lo sostenian; por esta razón rechazan el nombre de socinianos porque no siguen en rigor las opiniones de Socino. Dicen que el Verbo divino fue criado antes de todas las cosas; algunos hasta han dicho que ha sido criado ab aeterno, otros, sin usar el término de creación, dicen que las tres personas divinas son iguales en perfección, pero que hay entre ellas una subordinación de naturaleza en punto a existencia y derivación. Asi se expresa el doctor Clarke acusado de semi-arriano.(Mosheim, Hist. ecles. deI siglo XVIII al fin, nota del traductor inglés). No somos bastante hábiles para entender lo que significan estos términos. En 1777 se ha sostenido también el semi-arrianismo en Ginebra, en una tesis pública, y un folleto titulado Dissertatio historico-theologica, de Christi deitate. Los arminianos de Holanda y muchos teólogos anglicanos pasan por tener la misma opinion. No es de admirar que los protestantes en general tengan mucha menos aversión a los socinianos que a los católicos.
LA CREMACIÓN: INSTRUCCIÓN DEL SANTO OFICIO
La cremación:
Instrucción del Santo Oficio a todos los obispos [1.926]

Puesto que se nos informa que la práctica de la cremación está en aumento en ciertas localidades, en menosprecio a las repetidas declaraciones y decretos de la Santa Sede, y con el fin de impedir que tan grave abuso se vuelva inveterado donde ya se ha prendido, y que lo mismo se extienda a otras partes, esta Suprema y Sagrada Congregación del Santo Oficio juzga deber suyo llamar una vez más, y con mayor formalidad, la atención de los ordinarios del mundo entero hacia este problema, con la aprobación del Santo Padre.
Y en primer lugar, puesto que no pocos entre los católicos tienen la osadía de sostener como uno de los mayores logros de lo que llaman progreso civil y de la ciencia de la salud esta práctica bárbara contraria no sólo a los cristianos sino hasta al respeto natural tenido por los cuerpos de los fallecidos, y totalmente opuesta a la disciplina constante de la Iglesia aún desde los primeros tiempos; esta Sagrada Congregación muy seriamente exhorta a los pastores del rebaño de Cristo a que instruyan a la gente que les ha sido encomendada de que los enemigos del cristianismo alaban y propagan la práctica de la incineración con ningún otro propósito que el de gradualmente borrar de su mente la idea de la muerte y la esperanza en la resurrección del cuerpo, y que de tal manera allanan el camino para el materialismo. Por tanto, aunque se permita la cremación de los cuerpos, pues no es mala en sí, y de hecho es permitida en ciertas circunstancias extraordinarias y graves relacionadas con el bien público; con todo, es totalmente evidente que adoptar o favorecer esta práctica regularmente, y como regla ordinaria, es acto impío y escandaloso, y, por ello, gravemente pecaminoso. De ahí que haya sido justamente condenada más de una vez por los supremos pontífices, y más recientemente por el nuevo Código de Derecho canónico (c. 1203, §1).
Y aun cuando el decreto del 15 de diciembre de 1886 diga que los ritos y preces de la Iglesia no están prohibidos “en el caso de aquellos cuyos cuerpos fueron cremados, no por decisión propia, sino a instancia de otros”; no obstante, por la claridad de los términos del mismo decreto, esa regla se aplica sólo cuando se evita eficazmente el escándalo con la oportuna declaración de que “la cremación fue decidida, no a petición del fallecido, sino a instancia de otros”; pero, si las circunstancias no proporcionan razones suficientes para esperar que se evitará el escándalo con dicha declaración, aún en este caso permanece en vigor la prohibición del sepelio eclesiástico.
Evidentemente se encuentran lejos de la verdad quienes, basándose en la ilusión de que el difunto, estando vivo, practicó habitualmente algún acto de religión, o que tal vez se haya retractado de su mala intención en el último instante de su vida, creen permisible realizar ritos funerarios de la Iglesia como usual sobre el cuerpo, el cual ha de ser después incinerado de acuerdo a los arreglos hechos por el mismo fallecido. Y como nada puede saberse por cierto en cuanto a esta supuesta retractación, se sigue que no puede dársele consideración alguna en el foro externo.
Apenas si parece necesario observar que en todos estos casos en los que está prohibido celebrar los ritos funerarios de la Iglesia por el fallecido, ni siquiera está permitido honrar sus cenizas con entierro eclesiástico, ni preservarlas en manera alguna en un cementerio bendito; sino que han de guardarse en un lugar separado de acuerdo al c. 1212. Y si las autoridades civiles de la región, siendo hostiles a la Iglesia, requieren a la fuerza el curso contrario, conviene que los sacerdotes responsables del caso no fallen en resistir esta abierta violación de los derechos de la Iglesia con decoroso valor, y, habiendo hecho la debida protesta, se abstengan de toda cooperación. Luego, cuando se ofrezca la ocasión, que no cesen de proclamar, privada y públicamente, la excelencia, las ventajas y la sublime significancia del entierro eclesiástico, de tal manera que los fieles, bien instruidos en cuanto al pensar de la Iglesia, puedan ser disuadidos de la impía práctica de la cremación…
AAS18-282; Santo Oficio, Instrucción, junio 19 de 1926.
Congregatio Mariae Raginae Inmaculatae (CMRI)
INVALIDEZ DEL NOVUS ORDO MISSAE
Invalidez del Novus Ordo Missae
* Este artículo apareció originalmente en la edición No. 29 de otoño de 1977, del Reinado de María (The Reign of Mary). Fue reimpreso recientemente en una edición especial y conmemorativa (No. 100) de la misma revista, junto con varios de los más importantes artículos de las últimas tres décadas.
Una Contestación a William Most por su Defensa del Novus Ordo
Al editor se le pidió que contestara y comentara sobre una serie de artículos escritos por William Most, S.J., en los que defendía al Novus Ordo Missae contra las objeciones. Hemos tomado la libertad de publicar porciones de la contestación en esta edición, ya que muy bien puede servir para contestar las preguntas de muchos que tienen dudas sobre el tema. El Sr. Most, veréis, tiene en sus argumentos por premisa mayor (y la repite muchas veces) la suposición de que la Autoridad Docente de la Iglesia ha decidido que el Novus Ordo es una Misa válida; y como debemos obedecer a la Iglesia, él concluye que debemos aceptar el Novus Ordo. Todos los argumentos que añade después son meramente, por propia admisión, para reforzar lo ya declarado, siendo en sí mismos inconclusos. Obviamente, sus argumentos son bastante fuertes en contra de los pseudo-conservadores que aceptan a Paulo VI y a los obispos heréticos, carentes ellos de toda autoridad. Nosotros, en esta publiación y en otras de nuestro catálogo, hemos demostrado concluyentemente que Montini era inelegible para el Papado debido a sus previas herejías y a la colaboración con gobiernos comunistas. Todo lo que nos resta es refutar los argumentos de apoyo del Sr. Most y, en ello, presentar alguna prueba importante para la invalidez del Novus Ordo.
Las Palabras de Consagración: ¿Qué es lo Esencial?
El Sr. Most arguye que puesto que las palabras “por muchos” se omiten en los relatos de la Última Cena del Evangelio de San Lucas y de la Primer Epístola de San Pablo a los Corintios, y también están ausentes en los escritos sobre la Misa de algunos Padres de la Iglesia, entonces no deben ser esenciales en las palabras de la Consagración (la forma del Sacramento de la Sagrada Eucaristía). Bien, de hecho, ninguno de los Evangelios, Epístolas, o escritos citados por el Sr. Most declaran tener alguna intención de dar las palabras precisas de la Consagración (aunque el hecho de que San Mateo y San Marcos sí tengan las palabras “por muchos,” prueba concluyentemente que Nuestro Señor en realidad las pronunció).
Lo que realmente importa, sin embargo, es la enseñanza de la Iglesia sobre las formas de los Sacramentos. Sencillamente, ella enseña que ambos la materia y la forma de cualquier Sacramento deben significar lo que el Sacramento efectúa. Esta doctrina se explica y se aplica en forma práctica en la Bula del Papa León XIII, Apostolicae Curae (sobre la Invalidez de las órdenes Anglicanas):
“Todos saben que los sacramentos de la Nueva Ley, como señales sensibles y eficientes de la gracia invisible, deben significar la gracia que efectúan, y efectuar la gracia que significan. Aunque la significación debe encontrarse en todo el rito esencial — es decir, en la materia y la forma — aún pertenece principalmente a la forma… las palabras que hasta recientemente eran sostenidas comúnmente por los Anglicanos como constityentes de la forma correcta de la Ordenación de sacerdotes — a saber, ‘Recibid el Espíritu Santo,’ ciertamente no expresan definitvamente, en lo más mínimo, la Sagrada órden del Sacerdocio, o su gracia y poder… Esa forma, consecuentemente, no puede considerarse apta o suficiente para el sacramento el cual omite lo que necesariamente debe de significar.”
En realidad, la cuestión fue resuelta hace mucho cuando la Iglesia definió, en el Decreto a los Jacobitas (citado más adelante) y en el Decreto De Defectibus, que la forma de la Sagrada Eucaristía es la que se da en el Missale Romanum.Concerniente a la forma, dice:
“Pueden surgir defectos con respecto a la forma, si algo falta para completar las verdaderas palabras de la consagración. Las palabras de la consagración, que son el principio formativo de este Sacramento, son las siguientes: ‘Porque esto es Mi Cuerpo,’ y ‘Pues este es el Cáliz de Mi Sangre del Nuevo y Eterno Testamento: Misterio de Fe: que será derramada por vosotros y por muchos en remisión de los pecados.’ Si se hace alguna omisión o alteración en la fórmula de la consagración del Cuerpo y la Sangre, misma que envuelve un cambio en el significado, la consagración es inválida. Una añadidura hecha sin alterar el significado no invalida la consagración, pero el celebrante comete un grave pecado.”
Así, omitir la palabra “por” (enim) no envuelve un cambio en el significado, pero este no es el caso con otras palabras, especialmente con “que será derramada por vosotros y por muchos en remisión de los pecados.” Pues estas palabras claramente significan la gracia que se confiere. Al contrario, las palabras, “Pues este es el Cáliz de Mi Sangre,” puestas solas, no significan la administración de la gracia del Sacramento.
“Muchos” vs. “Todos”
Lo que realmente está en cuestión con respecto al Novus Ordo es si el cambio de “por muchos” a “por todos los hombres” involucra o no un cambio del significado. El Sr. Most afirma que no. Argumenta que la palabra griega “polloi.” usada por los evangelistas en los relatos de la Última Cena (que significa “por muchos”), se usa en otras partes de la Escritura para significar “todos los de un gran grupo” (o, “todos que son muchos,” como el Sr. Most traduce); así, traducir “por todos” es en realidad lo mismo que “por muchos.”
Pero, si examinamos el uso actual en el Novus Ordo, veremos “por todos los hombres” en español. No encontraremos “por todos que son muchos,” sino “por todos los hombres,” punto. Ahora, por más que se esfurze la imaginación, no es posible que “por todos los hombres” signifique lo mismo que “por muchos” o aún “por todos que son muchos.” Estas dos últimas frases se refieren a los miembros de un gran y exclusivo grupo; “por todos los hombres” es exclusivo de nadie. “Por todos los hombres” es la traducción española oficial de la iglesia del Vaticano II.
El Catecismo del Concilio de Trento explca por qué se debe usar “por muchos,” i.e., el grupo exclusivo:
“Viendo la eficacia de la Pasión, creemos que el Redentor derramó Su Sangre para la salvación de todos los hombres; pero viendo las ventajas que la humanidad deriva de su eficacia, vemos, que no están extendidas a la totalidad, sino a una gran proporción de la raza humana… Con gran conveniencia, por tanto, fue que no se usaron las palabras ‘por todos,’ pues aquí (en el Sacramento de la Sagrada Eucaristía) solamente se habla del fruto de la Pasión, y a los elegidos únicamente trajo Su Pasión los frutos de salvación».”
Así, los “muchos” son aquellos que realmente reciben el fruto de la Sagrada Eucaristía y la Misa; pues la Misa es la renovación incruenta del Sacrificio de Cristo en el Calvario. (Referimos al lector a leer el artículo, Res Sacramenti, de Patrick Henry Omlor).
Ahora se vuelve más obvio que el “por todos los hombres” no guarda relación con los efectos del Sacramento; no todas las almas de los hombres reciben el fruto de la Pasión. Aquí hay una clara ilustración de otro Sacramento: si un sacerdote dijera al bautizar a un niño, “Bautizo a todos los hombres, en el Nombre del Padre, etc.”, aunque tuviera la intención correcta, ¿sería válido el bautismo? Seguramente que no, y el Sr. Most sería el primero en decirlo. Este punto debería ser claro: en el Novus Ordo, las palabras “por todos los hombres” no expresan a aquellos a quienes la Sagrada Eucaristía efectúa la gracia; así, por este solo defecto, es inválida.
¿Realmente quizo San Pío V decir “a perpetuidad”?
El Sr. Most insiste en su tercer premisa mayor que la Bula papal, Quo Primum, del Papa San Pío V, es mera legislación, y sujeta a los cambios de papas subsecuentes. Debe decirse que, de acuerdo a la definición de la Infalibilidad papal, un papa enseña infaliblemente en materias “que conciernen” la fe o la moral, etc. Ahora, Quo Primum, fue publicada para promulgar a perpetuidad el Misal Romano y el Ordinario de la Misa; y esto para salvaguardar las doctrinas contenidas en la Misa. San Pío V vio que Lutero había destruído la Misa al cambiar las doctrinas en ella contenidas. A fin de perpetuar la validez de la Misa, publicó este decreto perpetuo. Ciertamente, entonces, concierne a la fe, y debe aceptarse como libre de error. Todas las incoherencias del Sr. Most acerca de fórmulas de definción carecen de sentido. Este documento es esencialmente doctrinal, pues el Cánon de la Misa contiene el corazón de la doctrina Católica. Por tanto, este documento de ninguna manera puede compararse a las ordinarias leyes eclesiásticas, tales como las del ayuno, etc. San Pío V dice bien claro que este es un decreto solemne y perpetuo:
“Decretamos bajo pena de Nuestra indignación que nunca en ningún tiempo se añada, sustraiga, o cambie nada (en el Ordinario de la Misa); esto lo determinamos y ordenamos a perpetuidad por virtud de esta constitución… Asimismo determinamos y declaramos que ninguno sea compelido o presionado por nadie a cambiar este Misal, o que estas letras puedan en tiempo alguno ser retiradas o restringida su efectividad, sino que siempre pueda mantenerse firme y fuerte en todo su vigor.”
Si esto no es lo suficientemente solemne para el Sr. Most, el editor no sabe ya qué es.
Entonces, ¿San Pío V realmente quizo decir “a perpetuidad”? Si el lector cree que cuando un Papa habla, es Cristo quien habla a través de él, es obvio que San Pío V habló en serio.
La intención del Sacerdote: Ofrecer Sacrificio
A juicio del editor, la evidencia más concluyente contra del Novus Ordo es su definición oficial: “La Cena del Señor, o Misa, es una reunión o asamblea sagrada del Pueblo de Dios, reunidos bajo la presidencia del sacerdote, para celebrar el memorial del Señor (No. 7, Institution Generalis, c. 2: De Structura Missae).”
El Sr. Most dice que puede mostrarnos referencias al sacrificio en el Novus Ordo, aunque sean pocas. Pero en el Estudio Crítico del Novus Ordo Missae(presentado por el Cardenal Ottaviani a Paulo VI como protesta contra la Nueva Misa), se pregunta “¿A qué sacrificio se refiere? ¿Quién es el oferente?” Ni una sola respuesta.
Examinemos estas pocas referencias en las “Oraciones Eucarísticas.” En la Oración I (llamado el “canon romano,” porque es la menos herética), hay cerca de media docena de referencias a un tipo de sacrifico. Pero, ¿qué tipo de sacrificio es? ¿Uno de propiciación por los pecados, como la verdadera Misa debe ser? Seguramente que no; no hay ni una sola mención de la remisión de los pecados. En la Oración Eucarística II solamente se encuentra “… te ofrecemos, Padre, este pan de vida, esta copa de salvación.” La Oración Eucarística III suena como un servicio Bautista: la “ofrenda” ya nos ha “reconciliado” con el Padre. Ya ha “hecho nuestras paces” con Dios. ¿Es este un sacrificio de propiciación? No, es una “reunión de salvación” protestante. La Oración Eucarística IV es peor; ahora, el “sacrificio” trae la “salvación a todo el mundo” (a “todos los hombres”).
Si un sacerdote tiene la intención de ofrecer un “memorial” en lugar de un Sacrifico de propiciación, su intención es inválida. En Apostolicae Curae, el Papa León XIII enseñó:
“…si el rito [en este caso, de la Misa y la Sagrada Eucaristía] se cambia, con la manifiesta intención de introducir otro rito no aprobado por la Iglesia y de rechazar lo que la Iglesia hace, y lo que por institución de Cristo pertenece a la naturaleza del Sacramento, es entonces claro que no solamente falta la intención necesaria al sacramento, sino que la intención es adversa y destructiva del Sacramento.”
Papa Eugenio IV
El Sr. Most declara que el Papa Eugenio IV “ordenó que las palabras ‘pro multis’ se insertaran en las palabras de la consagración.” Él alega que entonces antes debieron de omitirse frecuentemente, y pregunta “¿Acaso abandonó Cristo a su Iglesia, dejando inválidas muchas Misas antes del siglo 15 y el Papa Eugenio?” Este un astuto sofisma. Pues Eugenio IV no ordenó que estas palabras se insertaran en la Misa Católica, sino que publicó estos decretos en unión con el Concilio de Florencia, para los cismáticos griegos y aremnios, y para los Jacobitas. Estos decretos (particularmente para los Jacobitas) demandan que se examine la ortodoxia de los cismáticos en cierto número de cuestiones antes de que se reconcilien con la verdadera Iglesia. De hecho, el Decreto a los Jacobitas definió:
“En la consagración del Cuerpo del Señor se usa esta forma de palabras: ‘Porque esto es Mi Cuerpo;’ pero para la Sangre: ‘Pues este es el Cáliz de Mi Sangre, del Nuevo y Eterno Testamento: Misterio de Fe: que será derramada por vosotros y por muchos en remisión de los pecados’.”
Congregatio Mariae Raginae Inmaculatae (CMRI)
CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. Y 10 de 10
MISA DE LOS FIELES
PARTE TERCERA
Números 230-257
COMUNION
231 COMUNIÓN o BANQUETE del SACRIFICIO
Preparación
a) Preparación general (fórmulas en plural)
Plegaria a DIOS PADRE:
1.- «Padrenuestro»
Pedimos a Nuestro Padre el Pan Eucaristico
«Padre Nuestro que estás en los cielos… el pan nuestro de cada día, dánosle hoy».
2.- «Fracción del Pan»
Nuestro Padre parte el Pan para distribuirlo entre sus hijos: «Tomad y comed…»
«Señor, danos siempre este Pan». (San Juan VI, 34)
Plegaria a DIOS HIJO :
3.- «Agnus Dei»
Clamores de misericordia al Cordero de Dios inmolado y desmenuzado ya sobre el altar
«Y perdónanos nuestras deudas»
4.-Beso de Paz
Como testimonio de que pertenecemos a la misma Familia nos besamos:
«SALUDAOS CON EL OSCULO SANTO» (I Petr. V,14)
b) Preparación privada (fórmulas en singular)
5.- «Señor mío Jesucristo… Hijo de Dios…»
los tres frutos de la Comunión
«Y no nos dejes caer en la tentación»
6.- «La Comunión de tu Cuerpo»
temores en el favor
«Mas líbranos del mal»
232. LA COMUNION, BANQUETE DEL SACRIFICIO.
Acabamos de realizar el Sacrificio: por medio de la Consagración que ha divinizado nuestras ofrendas de pan y de vino, hemos podido ofrecer a Dios una oblación, un don de valor infinito: el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que fueron ofrecidos sobre la Cruz. Cfr. nn. 5-14.
Realizado, pues, el Sacrificio, procede ahora celebrar el BANQUETE DEL SACRIFICIO: LA COMUNION.
¿No recordamos lo que se hacia en los sacrificios antiguos? v. n. 37: el cordero, la víctima ofrecida por una familia, después de ser inmolada por el sacerdote, se dividía en tres partes: todo él pertenecía ya a Dios, pero el Señor se contentaba con una de sus partes, con la primera que allí mismo, sobre el altar, consumida por el fuego, como «sacrificio de olor agradable», subía en espirales de humo hacia el cielo. Con las otras dos partes, la infinita amabilidad de Dios convidaba a los oferentes — al sacerdote y a los donantes —, los sentaba a su mesa y les hacía comer, participar, comulgar, de aquel manjar que era ya suyo, de Dios; y con este acto de «camaradería» — permítasenos la palabra, hoy algo rebajada, pero muy expresiva—, Dios manifestaba su agrado y complacencia en el sacrificio de aquel cordero.
También la gran familia humana ofrece a Dios, en el Sacrificio de la Misa, un cordero… ¡pero qué cordero! «el Cordero de Dios que quita y borra con su sangre todos los pecados del mundo», y cuya inmolación sangrienta sobre el ara de la Cruz, se reproduce ahora de modo incruento sobre nuestros altares… Dios, como no podía menos, quiere manifestar del modo más claro, palpable y emocionante sus divinas e infinitas complacencias sobre este Cordero que le ofrecemos — como que es SU PROPIO HIJO —; y nos invita al BANQUETE DEL SACRIFICIO, convidándonos, no ya como en los sacrificios antiguos, con un manjar que era de Dios, consagrado a Dios; sino con un manjar que es el mismo Dios, y todo entero y perfecto como está en el cielo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
Eso es la COMUNION: EL BANQUETE DEL SACRIFICIO.
Colocada aquí, en su sitio, la Comunión, dentro de la Misa y teniendo como marco el Santo Sacrificio, ¡cuánta más luz recibe y cuánta mayor sublimidad inspira!: cfr. n. 44.
233. PREPARACION PARA LA COMUNION O BANQUETE DEL SACRIFICIO.
«Todas las plegarias que van del Pater noster al Domine, non sum dignum, forman lo que en los manuales de devoción se ha llamado: Preparación para la Comunión, Pero cuán diversa de muchas preparaciones, hechas a base de puntos de exclamación, de puntitos suspensivos, de interjecciones más o menos sentimentales y de pensamientos no siempre fuertes. Aquí el estilo es siempre el mismo: el romano, esto es, sobrio, incisivo, robusto con un contenido siempre substancioso y nutritivo. Cada proposición una verdad». Ser. di Franza: o. c., p. 97.
PREPARACION GENERAL (fórmulas en plural).
234. EL PADRE NUESTRO.
¿Cuál es la primera, oración que pone en nuestros labios la liturgia católica para prepararnos a la Comunión?
Es la «Oración del Señor», el PADRE NUESTRO, con su PROLOGO y su EPILOGO.
El PADRE NUESTRO, ya desde un principio fue considerado como la plegaria eucarística por excelencia, sobre todo en los primeros siglos de la Iglesia, allá en la infancia del Cristianismo, cuando la Eucaristía era verdaderamente «el pan nuestro de cada día» con que crecían y se robustecían en la fe y en las virtudes más heroicas aquellas doradas generaciones de mártires, de vírgenes, de confesores; esta oración era muchas veces la única que acompañaba el rito consecratorio, como que llegó a atribuírsele hasta cierto poder de consagración; los asistentes al Sacrificio la recitaban en voz alta o la cantaban juntamente con el celebrante, uso que todavía subsiste entre los griegos; en ella veían una especial eficacia contra los pecados veniales y la mejor purificación del alma que se acercaba a los divinos misterios; y, en fin, era tal la veneración y cariño con que se miraba al Padre Nuestro, que solamente los bautizados tenían permiso para rezarlo: por eso se la llamaba «la oración de los creyentes», y por eso mismo se ocultaba a los paganos, no se la ponía por escrito y se enseñaba oralmente a los catecúmenos.
Fue el Fapa S. Gregorio Magno, quien señaló al Padre Nuestro el lugar que hoy ocupa en la Misa; pues al principio se decía después de la Fracción del Pan y antes del Beso de Paz: v. n. 48. Ahora, al colocarlo inmediatamente después del Canon, pretendía el Santo — como él mismo escribe a Juan de Siracusa—, «que se recitara sobre el Cuerpo y la Sangre del Redentor esta oración que El mismo había compuesto y que los Apóstoles decían al consagrar la hostia…»: Epist. IX, 12. No podía haberle señalado lugar más honorífico: como sello y complemento divino de todo el Canon, el Padre Nuestro con sus siete peticiones es el resumen y el compendio, HECHO POR EL MISMO JESUCRISTO, de todos los frutos del Santo Sacrificio… Ahora mismo va a desprenderse el más hermoso de esos frutos: la COMUNION.
Este mismo respeto y singular veneración al Padre Nuestro resalta de modo admirable en el breve PROLOGO o introducción que el celebrante, con las manos juntas, recita ahora, apenas se han apagado los ecos jubilosos del AMEN final del Canon. Es como un permiso, como una humilde excusa y una justificación, pues echamos por delante el precepto y las enseñanzas de Jesucristo: Mt. VI, 9-13 y Luc. II, 1-4…, al tratar a Dios con la familiaridad más intima que se conoce, como hijos con su Padre.
Para comprender aún mejor toda la razón de este PROLOGO, que en todas las Liturgias precede al Padre Nuestro, y que es mencionado ya por S. Cipriano (muerto el 258), no dejemos de colocarlo en su marco histórico: la antigüedad cristiana, recién salida del yugo servil de la Ley antigua, donde el trato del hombre con Dios era el del esclavo con su Señor, podía comprender todavía mejor que nosotros las sublimes alturas a donde nos elevaba el Padre nuestro; criada en el espíritu de temor y de servidumbre, al oír ahora de labios de los Apóstoles este lenguaje tan filial con Dios, despertaba a un mundo completamente nuevo y desconocido, y no acababa de salir de su asombro al poder llamar a Dios: «PADRE… PADRE NUESTRO». Cfr. Rom. 8, 15.
Un prólogo parecido se halla en todas las Liturgias: he aquí el empleado por los maronitas: «Señor Dios, abrid nuestra boca y nuestros labios, purificad nuestras inteligencias, para que, suplicantes, podamos clamar hacia Vos: |Oh, Dios, Padre de las misericordias!, a fin de que podamos orar y decir: Padre Nuestro, que estás en los cielos…» En la liturgia mozárabe variaba cada día, y la galicana poseía unas cincuenta fórmulas diversas.
El celebrante, pues, con los ojos fijos en ln Sagrada Hostia, y con las manos extendidas, comienza a recitar en voz alta el Padre Nuestro, o a cantarlo con una de esas melodías clásicas en la Liturgia por su sencillez y belleza.
BREVE EXPLICACION DEL PADRE NUESTRO por escenas o cuadros simbólicos:
INVOCACION: «Padre nuestro que estás en los cielos».
Escenas: Un niño, de rodillas, con las manos juntas y los ojos levantados hacia el Padre Celestial, qne aparece en el cielo, entre las nubes. Un niño en los brazos de su madre… Otro, huérfano, perdido en la calle…
PETICIONES: I. «Santificado sea el tu nombre».
Escena: Un globo terrestre: el mundo con sus mares, continentes, islas, montes, valles, ríos, pueblos y ciudades, y sobre ese globo como un sol esplendoroso, que quiere iluminarlo todo con su luz v su brillo, EL NOMBRE SANTO DE DIOS.
II. «Venga a nos el tu reino».
Escenas: Los cielos abiertos… Dios en su trono y alrededor los ángeles y gran multitud de santos con vestiduras blancas — santidad, inocencia—, y con palmas — martirio — y azucenas — pureza, virginidad — en sus manos. Un misionero con el Crucifijo en el pecho y una concha en la mano está bautizando a unos chinos… ; otro está predicando a los pieles rojas o a los esquimales… San Francisco Javier muriendo a la vista de la China y pidiendo: «¡Almas… Almas !».
III. «Hágase tu voluntad asi en la tierra como en el cielo». Escenas: Los ángeles volando de una parte a otra, cumpliendo las órdenes de Dios, y cantando alegres: GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS… IV. «El pan nuestro de cada día dánosle hoy».
Escenas: Una familia; se sientan a la mesa el padre, la madre, los hijos… se reza el Padre nuestro: el padre va partiendo y distribuyendo el pan a sus hijos… Un niño dando un pedazo de pan a otro niño pobre.
Primera Comunión: Un niño muy alegre, con su lazo de primera comunión, se arrodilla por vez primera en el comulgatorio…, comienza a alimentarse con «el Pan del cielo y el manjar de los fuertes»…, sus padres, tiernamente emocionados, le acompañan en este acto…, San Tarsicio estrechando fuertemente contra su pecho «el pan de los mártires».
V. «Y perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos a nuestros deudores…»
Escenas: N. S. Jesucristo en la CRUZ: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…». San Esteban, apedreado, mira al cielo y ruega por sus verdugos. Jesucristo perdonando a la Magdalena, al buen Ladrón, a San Pedro…; un sacerdote en el confesonario trazando una cruz y absolviendo a un penitente… El padre del Hijo Pródigo perdonando y abrazando a su hijo. VI. «Y no nos dejes caer en la tentación»
Escenas: Eva dando oidos a la serpiente que le ofrece la manzana… LA VIRGEN INMACULADA escoltada de ángeles y aplastando la cabeza de la serpiente… EL ANGEL DE LA GUARDA dando la mano a un niño que va a pasar un puente… UN VALIENTE condecorado con la Laureada de San Fernando…
VII. «Mas líbranos de mal».
Escenas: Una ovejita, perseguida del lobo y protegida por el BUEN PASTOR, que la toma con cariño y se la pone sobre sus hombros.Una serpiente… un precipicio… un automóvil… La CRUZ ROJA.
Esta última petición, que es como un resumen de todas las demás — pues al pedir la liberación de todo mal, pedimos por lo mismo la concesión de todo bien —, la canta o recita en voz alta todo el pueblo: es un vestigio del antiguo rito del Padre Nuestro, cuando era recitado a coro por todos los fieles y el celebrante. En tiempos del Papa Clemente III (1187-1191), cuando los Cruzados combatían por la conquista de la Tierra Santa, se acostumbraba a rezar aquí, después del Padre Nuestro, el salmo «Deus venerunt gentes». Más tarde Juan XXII (1316-1334) decretó que, en este mismo lugar, se recitase el salino «Lactatus sum», para extirpar cismas y herejías. El «Amén» que el celebrante añade ahora, en voz baja, es una adición de la Edad Media; como se ve, interrumpe momentáneamente el EPILOGO, que continúa con las mismas palabras y desarrolla la misma idea de esta séptima petición.
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EL PADRE NUESTRO
PROLOGO: Oremos: Amonestados con preceptos saludables e informados por la enseñanza divina, nos atrevemos a decir:
PADRE NUESTRO que estás en los cielos — santificado sea el tu nombre — venga a nos el tu reino — hágase tu voluntad asi en la tierra como en el cielo —. El pan nuestro de cada día dánosle hoy — y perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos a nuestros deudores — y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos de mal. (Amén, responde el sacerdote en voz baja.)
El celebrante toma ahora entre los dedos, índice y medio de la mano derecha, la patena qne en el Ofertorio había colocado a sn lado derecho, parcialmente cubierta con los Corporales, y apoyándola de canto sobre el purificador recita en voz baja — antiguamente, en voz alta, como en la Misa del Viernes Santo — el EPILOGO del Padre Nuestro, hermosa y antiquísima oración romana, recogida ya por los Ordines más primitivos.
El eco de la última petición el comentario detallado, minucioso de todos los males de que deseamos vernos libres: males pasados, como consecuencia o castigo del pecado, malas inclinaciones, debilidad en el bien, tibieza… ; males presentes que nos afligen a nosotros, que azotan a nuestra familia y a la sociedad, que preocupan y angustian a la Iglesia… ; males futuros que nos amenazan, que van a caer sobre la sociedad, sobre las naciones, sobre el mundo que se desliza en el materialismo, en la apostasía, en la impiedad…, y pidiendo al mismo tiempo la intercesión de los Santos — particularmente se nombran a los cuatro primeros del Comunicantes, y en la Edad Media se podían añadir otros más — se formula, en fin, la misma insistente plegaria por la PAZ: «DA PROPITIUS PACEM…», que aquí también, como en la Plegaria sacrif. I, v. n. 219—, insertó el gran Papa, San Gregorio I…; que siempre fue patrimonio de los Vicarios de Jesucristo en la tierra propiciar la PAZ entre los pueblos y repetir a las naciones el programa del PRINCIPE DE LA PAZ: «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra…». Esta Plegaría por la PAZ, por la PAZ interior, en nuestra conciencia, libre de pecado y de toda perturbación; y por la PAZ exterior en el inundo y en la Iglesia, la sella el celebrante con la CRUZ, santiguándose con la patena, pues con la CRUZ restableció Jesucristo la PAZ entre el cielo y la tierra: Colos. 1, 20; y añade, además, un beso a esa misma patena que, para el gran rito que se inicia ahora, va a recibir el Cuerpo de Jesucristo.
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EPILOGO del Padre Nuestro.
Líbranos, Señor, te rogamos, de todos los males pasados, presentes y venideros; y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa Virgen, Madre de Dios, María, con tus santos Apóstoles Pedro y Pablo y Andrés, y de todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días; para que ayudados con el auxilio de tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado, y seguros de toda perturbación.
235. FRACCION DEL PAN.
En el «Padre Nuestro» acabamos de pedir a nuestro Padre el Pan Eucaristico: y nuestro Padre inmediatamente se pone a partir ese Pan para distribuirlo entre sus hijos. Cfr. n. 47.
RITO PRIMITIVO: la Fracción del Pan era la escena más íntima y familiar de la Misa primitiva, el rito más popular y conocido en aquellos tiempos eucaristicos, en los que la Misa se llamaba así sencillamente: «la Fracción del Pan». V. n. 25.
Los fieles que asisten al Santo Sacrificio, todos de pie, en actitud firme y respetuosa — hay que notar que hasta el siglo XVII la costumbre era comulgar de pie—, están rodeando (circumstantes: v. n. 217, 2) la Mesa eucarística: en medio, un anciano obispo como padre de aquella gran familia, como Jesucristo en la Ultima Cena y en el Castillo de Emaús — la Fracción del Pan era, como se ve en estos casos, prerrogativa del Señor o del huésped:Mt. 26, 26; Mar. 14, 22… Luc. 24, 80—, va materialmente rompiendo, frangere, aquellos grandes y gruesos panes, colocados en anchos platos o patenas ministeriales (v. n. 109), y ayudado de los presbíteros y diáconos va separando para cada uno de los hijos de Dios su ración correspondiente; y esto con abundancia, con generosidad, pues además de que hay que llevar este «alimento que no disminuye: alimentum indeficiens» a los hermanos cautivos en las cárceles (v. n. 45) y a los enfermos e impedidos; muchos de los que asisten a la Fracción y viven muy lejos, quieren también llevárselo para comulgarse a sí mismos en sus casas. Cfr. nn. 45 y 54. Para más detalles, véase el capitulo 2: n. 47.
Este rito fue desapareciendo casi al mismo tiempo que la Ofrenda popular: v. n. 196; sobre todo, desde el siglo XI, al generalizarse en el Santo Sacrificio el uso del pan ázimo o sin levadura — y prevaleció en Occidente esta clase de pan, porque se sabía que con él había consagrado N. S. Jesucristo —, comenzaron a elaborarse, como ya se venía haciendo en los monasterios, panes pequeños y cada vez más menudos para la comunión de los fieles; de tal manera que ya en el siglo XII se nos dice que las hostias para la comunión tenían la forma y tamaño de un denario, es decir, que eran ya poco más o menos como las nuestras. Debió de introducirse también entonces la costumbre de dar la comunión directamente en la boca, por el peligro de que, siendo tan pequeñas y delgadas las hostias, se cayeran al suelo si seguían colocándose en las manos. Cfr. Rojo: o. c. p. 446.
La elaboración del pan que ha de servir para la Eucaristía fue siempre considerada cono un acto sagrado y religioso. «He visto con mis propios ojos — nos dice Paladio — a Cándida, mujer de Trajano, generalísimo de las armadas de Valero, trabajar toda la noche en moler con sus propias manos el pan de la oblación». S. Wenceslao, duque de Bohemia, cultivaba él mismo su campo, lo sembraba, recogía la mies, molía el grano y cocía los panes para el altar. Era ocupación reservada generalmente a los sacerdotes y con la que se honraban los príncipes y grandes personajes cristianos. En muchos monasterios había un campo especialmente escogido para el trigo de la Eucaristía, campo que se llamaba del Corpus Domini. Y según las «Costumbres de Udalrico», en Cluny, tres sacerdotes en ayunas y después de haber rezado Laudes y los siete salmos penitenciales, se revestían de albas para preparar las hostias.
RITO ACTUAL: Comprende: 1, la Fracción de la Hostia del sacerdote; 2, la mezcla de un trozo de esa Hostia con el Sanguis; y 3, el Agnus Dei.
236. 1. LA FRACCION DE LA HOSTIA:
El celebrante divide la Hostia en dos partes iguales, mientras dice estas palabras de la fórmula final del Epílogo del Padre nuestro: «por el mismo Señor nuestro, Jesucristo, Hijo tuyo»; y dejando una de estas mitades — la que ha quedado en su mano derecha — sobre la patena, corta de la parte inferior de la otra mitad, que tiene en la mano izquierda, un pedacito, diciendo estas otras palabras de la misma conclusión: «que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo».
Estas Fracciones de la Hostia, desde la Edad Media para mayor precaución, vienen realizándose sobre el Cáliz; pues antes la Fracción, lo mismo que la Consagración — esta última tiene ahora lugar sobre el Corporal —, se verificaban sobre la patena.
237. 2. LA MEZCLA DE LAS ESPECIES CONSAGRADAS:
Teniendo sobre el Cáliz la partícula que acaba de cortar, exclama, elevando la voz:
«Por todos los siglos de los siglos.» «Asi sea», responde el pueblo…
Y en seguida traza con esta partícula, de labio a labio del Cáliz, tres cruces con la siguiente fórmula que es ya un anuncio del BESO DE PAZ, rito que viene a cerrar la preparación general para la Comunión:
«La PAZ del Señor sea siempre con vosotros.» «Y con tu espíritu», contestan los fieles.
El celebrante deja caer entonces dentro del Cáliz la partícula sagrada para que se mezcle con la Sangre de Jesucristo.
238. Simbolismo de la fracción y de la mezcla de la Hostia con el Sanguis:
Para tratar de comprender el significado de estos dos ritos, a los que tan distintas interpretaciones se han dado, vamos a remontarnos a sus orígenes históricos. EN UN PRINCIPIO NO EXISTE MAS QUE UNA SOLA FRACCION: la Fracción del Pan Eucarístico para distribuirlo entre el clero y los fieles que asisten al Sacrificio.
EL SIMBOLISMO DE LA FRACCION estaba clara y hermosamente expresado en las oraciones que la acompañaban): SIMBOLIZABA LA UNION Y CARIDAD ENTRE TODOS LOS CRISTIANOS.
«El pan que partimos — nos dice San Pablo: I Cor. X, 16, 17—, ¿no es la participación del Cuerpo del Señor? Porque todos participamos del mismo pan, y aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo cuerpo.»
Y la Didaje — v. n. 62 — nos ha conservado la Fórmula más primitiva que se conoce para la Fracción del Pan: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y la ciencia que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu Hijo, gloria a Ti por los siglos. Como este pan fraccionado se halla disperso por las montañas, y reunido fue uno solo: de igual suerte reúnase tu Iglesia desde los confines de la tierra en tu reino. Porque tuyos son la gloria y el poder, por Jesucristo, durante los siglos. Nadie coma, ni beba de vuestra Eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor; que acerca de esto ha dicho el Señor: No déis lo santo a los perros».
MAS YA EN LA MISA PAPAL ROMANA de los siglos V al IX, hallamos TRES FRACCIONES del Pan y DOS MEZCLAS de las especies consagradas:
Primera mezcla:
Al comenzar la Misa, dos acólitos presentaban al Pontífice un cofrecito que guardaba un trozo de Pan consagrado en la Misa anterior: era lo que se llamaba «SANCTA»…
Proseguía la Misa, y al llegar la FRACCION DEL PAN, se anunciaba primero el BESO de PAZ con el «PAX DÓMINI»: el Papa echaba entonces en el Cáliz aquel «SANCTA» de la Misa anterior que se le había presentado al principio; esta mezcla fue, naturalmente, en sus orígenes, una medida práctica, pues el Pan fermentado, al cabo de algunos días, tenía que endurecerse, y para consumirlo era necesario ablandarlo en el vino consagrado.
Primera fracción:
Venía ahora el BESO DE PAZ, y a continuación también el Papa, por su parte, cortaba de su Hostia un pedazo que colocaba sobre el altar y que había de servir de «SANCTA» para la Misa siguiente.
Segunda fracción:
Inmediatamente tenía lugar la FRACCION PROPIAMENTE DICHA, la Fracción del Pan consagrado que iba a repartirse entre el clero y los fieles.
Tercera Fracción: Segunda mezcla:
Por fin, el Papa volvía a partir de su Hostia otra partícula que sumergía en el Cáliz al mismo tiempo que decía: «Esta mezcla y consagración…».
SIMBOLISMO DEL «SANCTA»: Como brote espontáneo y natural floración del primitivo rito de la FRACCION del PAN, el «SANCTA» venía también a poner de relieve la gran UNIDAD CRISTIANA: y asi como la FRACCION simbolizaba la unión entre todos los cristianos, el «SANCTA» representaba la UNION ENTRE TODOS LOS SACRIFICIOS, la continuidad del mismo y único Sacrificio a través del tiempo y del espacio, la soldadura y el enlace de todas las misas entre sí, desde la última hasta la primera celebrada el día de Jueves Santo: asi como para reafirmar y robustecer la unidad de la Iglesia e intercomunión del Santo Sacrificio, es decir, para mostrar a los sacerdotes todos celebrando sus Misas en comunión con sus Obispos, y a éstos celebrándolas en comunión con el Papa, se usó hasta el siglo IX el envío del FERMENTUM: v. n. 63.
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MEZCLA DE LAS ESPECIES CONSAGRADAS: S. Por todos los siglos de los siglos. P. Asi sea.
S. La Paz del Señor sea siempre con vosotros. P. Y con tu espíritu. S. Esta mezcla y consagración del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo sea para nosotros, que la recibimos, prenda de vida eterna. Amén.
EN NUESTRA MISA ACTUAL todas estas fracciones y mezclas de la Misa papal romana han venido a fusionarse en una sola fracción y en una sola mezcla.
Al omitirse la Fracción propiamente dicha — segunda Fracción —, nuestra Fracción corresponde a la vez a la primera y a la tercera Fracción de la Misa papal; y al desaparecer la costumbre del «SANCTA», nuestra mezcla de las especies consagradas ha venido, naturalmente, a ocupar el lugar de la primera mezcla, aunque la plegaria: «Esta mezcla… es la de la segunda mixtión. No se ha llegado aún a comprender en nuestros días toda la profundidad de la significación contenida en esta segunda mezcla… ¿Era una preparación para la comunión de los laicos, en la que el Cuerpo del Señor, mezclado con la sangre consagrada, se les presentaba, sacada del Cáliz con una cucharita?… Se comprenderían entonces las palabras del sacerdote: «Que la mezcla y la consagración del Cuerpo y de la Sangre de N. S. Jesucristo sea para nosotros, que la recibimos, prenda de vida eterna». Oh. Parsch: o. c., pp. 261-267.
239. 3. EL AGNUS DEI.
Rito: El celebrante cubre el cáliz, hace genuflexión, se levanta e inclinado hacia el Sacramento golpéase el pecho tres veces, diciendo el «Agnus Dei».
¿Cuándo y con qué fin se introdujo el Agnus Dei en la Misa romana? Se introdujo en tiempo del Papa Sergio I (697-701), con el fin de llenar el prolongado rito de la Fracción del Pan.
No es, como se ve, tan primitivo el Agnus Dei, por lo menos en la Misa romana: por eso no lo tiene la antiquísima del Sábado Santo, y algunas liturgias, p. e., la mozárabe, no lo conocen.
Era un verdadero «confractorium» — v. n. 47 — que clero y pueblo repetían indeterminado número de veces todo el tiempo que duraba la Fracción; más tarde, hacia el siglo XII, al simplificarse aquel rito, se limitó a tres el número de Agnus Dei, y por fin, el Papa Inocencio III (1198-1216), en vista de las serias perturbaciones que entonces agitaban a la Iglesia, cambió el tercer «miserere» por el «dona nobis pacem». De esta suerte alejóse un poco de su sitio el Agnus Dei y alteróse algún tanto su significación litúrgica, acercándolo y relacionándolo con el BESO DE PAZ.
¿Dónde está inspirado el Agnus Dei?
Este cántico de comunión, de origen griego, está inspirado en las palabras de San Juan Bautista: quien hallándose bautizando a las muchedumbres en las márgenes del Jordán, vió pasar ante sus ojos al Mesías, y al punto se lo señaló con el dedo a sus discípulos: «He ahí el Cordero de Dios, he ahí el que quita — el que lleva o carga sobre si, según el texto original — los pecados del mundo». Jo. I. 29 y 36. Y el Santo Precursor se inspiró a su vez, en los Profetas — Isai. 53, 7; Jerem. 11, 19—, quienes con los rasgos más patéticos describen a Jesucristo como CORDERO: «Cordero por la mansedumbre de su condición: mansedumbre que tiene asi en el trato como en el sufrimiento, asi en lo que por nosotros sufrió como en lo que cada día nos sufre; Cordero por la pureza e inocencia de su vida, y Cordero en fin, por la satisfacción de su sacrificio y ofrenda». Fr. L. de León: Los Nombres de Cristo, lib. III, c. 4.
La Liturgia católica, al colocar el Agnus Dei en la Fracción del Pan, en el momento del Sacrificio en que el verdadero Cordero de Dios está ya inmolado y desmenuzado sobre el altar para ser comido por los comulgantes, aludía al Cordero Pascual, que también era desmenuzado y comido por los que lo ofrecían. Cfr. n. 41.
LA SUPLICA «MISERERE NOBIS» es la de tantos enfermos y desgraciados, que al ver pasar a Jesús, gritaban con fe y confianza: «Jesús, hijo de David, ten misericordia de nosotros».
Así en la Misa se han ido engastando con acertado encaje y perfecto ajustamiento las perlas más bellas de los Libros sagrados.
240. EL BESO DE PAZ.
Antes de sentarnos a la Mesa Eucarística, como testimonio de que pertenecemos a la misma familia, nos damos el Beso de PAZ.
Rito primitivo: Ya queda descrito en el cap. II, n. 48.
Rito actual: El sacerdote, con las manos juntas sobre el altar, recita la «Oración por la Paz», oración ligada ahora al Agnus Dei por el «dona nobis pacem».
Esta bellísima oración de origen mozárabe o español, está inspirada en la cariñosa despedida de Jesucristo en el Cenáculo, To. 14, 27, y también en la primera oración del Canon: Te igitur (v. n. 216), en la que pedimos, como aquí y con las mismas palabras, «pacificare et adunare», la PAZ Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA.
Como sólo se aplica a la Iglesia militante, ella y el Beso de paz, se omiten en las Misas de difuntos. Tampoco se dice el Jueves Santo, sin duda por no evocar el triste recuerdo del beso traidor de Judas.
EN LAS MISAS SOLEMNES: Mientras el celebrante recita esta plegaria, el diácono va al lado derecho de aquél; besan los dos el altar — antes se besaba la misma Hostia, o el Cáliz, o la patena—, símbolo de Cristo, como para sacar de allí la corriente de Paz cristiana, mansa y fertilizadora que, en mutuos abrazos como en ondas sucesivas de caridad, va desde el celebrante hasta el diácono, desde el diácono hasta el subdiácono y desde este último hasta todos los demás, sacerdotes y fieles que llenan el templo en las grandes solemnidades católicas.
Todavía en las humildes iglesias de aldea, sigue usándose el «porta-paz», placa metálica con la Cruz u otro grabado religioso que, después de recibir del celebrante el primer beso de PAZ, la va repartiendo por los labios de todos los fieles.
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EL BESO DE PAZ: Señor mío Jesucristo que dijiste a tus Apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os doy», no mires mis pecados, sino la fe de tu Iglesia, y dignate pacificarla y aunarla según tu voluntad; Tú que como Dios vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén.
241. PREPARACION PRIVADA (Fórmulas en singular).
Hasta aquí la preparación que podernos llamar general: sus fórmulas, redactadas en plural, tienden a disponer a toda la asamblea para el banquete del Sacrificio. Esta preparación que, como acabamos de ver, se polariza toda ella en la PAZ Y EN LA UNIDAD CRISTIANA, acaba de llegar a su punto culminante en el BESO DE PAZ. Formando, pues, un solo corazón y una sola alma, la gran familia católica se sienta a la Mesa eucarística para comulgar, primero, el padre de familia, el sacerdote y, después, los hijos, los fieles…
Así era en los tiempos primitivos: la Comunión seguía inmediatamente al BESO DE PAZ; mas ya a partir del siglo IX aparecen en los Misales de la época varias oraciones preparatorias para la Comunión, dos de las cuales, las más antiguas y hermosas, fueron conservadas en el Misal oficial de S. PIO V.
242. ¿De dónde proceden estas oraciones?
De la devoción privada de piadosos sacerdotes, quienes durante el canto del Agnús y el Beso de Paz, se preparaban con ellas, recitándolas en particular.
Por eso estas oraciones presentan todos los caracteres de coloquios íntimos y privados con Jesucristo: son oraciones dirigidas a Dios Hijo, y sus fórmulas están en singular, aplicadas a una sola persona, contrastando así con todas las demás oraciones de la Misa que, además de ir generalmente dirigidas a Dios Padre, por Jesucristo, rebosan siempre amplitud de miras, catolicismo y universalidad en sus peticiones.
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PREPARACION PRIVADA
Señor mió Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por la voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, vivificaste al mundo con tu muerte; por este tu sacrosanto Cuerpo y Sangre líbrame de todos mis pecados y de todos los males: haz que siempre esté adherido a tus mandamientos y no permitas que jamás me aparte de Ti, que como Dios vives y reinas con el mismo Dios Padre en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
243. ¿Qué se pide en estas oraciones?
EN LA PRIMERA, después de una solenme invocación a Jesucristo «Hijo de Dios vivo», que recuerda la valiente profesión de fe de San Pedro, Mt. 16, 16, y después del motivo de la oración: la Redención obrada por toda la Santísima Trinidad, el Padre con su decreto, el Espíritu Santo con su cooperación y el Hijo con su muerte vivificadora, el comulgante pide para sí a Jesucristo:
1. La liberación de todos sus pecados y males.
2. Que no se desvie del recto sendero de sus mandamientos.
3. Que no permita que jamás se aparte de EL.
Son los tres frutos más preciosos de la Comunión: la última gracia, sobre todo, encierra el gran DON DE LA PERSEVERANCIA FINAL: perseverancia que supone la muerte en estado de gracia, y que por lo mismo es un don, un beneficio especialísimo de Dios, que nosotros no podemos merecer «de condigno», es decir, de justicia, porque se nos deba por derecho, en virtud de la promesa de Dios; pues Dios no ha prometido al hombre esa gracia; don tan grande que la Iglesia en sus colectas, en el Ave María y, sobre todo, aquí, en el momento de la Comunión, nos enseña a pedir insistentemente a Dios N. S.
En cuanto a la forma de esta oración vemos que presenta el mismo corte y estilo de las colectas — v. n. 170—: Invocación, Motivo, Súplica y Fórmula final.
En cuanto a su contenido, el «no permitas que jamás me separe de Ti» — que parece suponer que ya se ha comulgado — y el puesto que se le señaló en muchos misales antiguos, indican con bastante claridad que era una oración para después de la Comunión.
244. LA SEGUNDA ORACION es un eco de aquellas serias amonestaciones de S. Pablo a los fieles de Corinto: I Cor. XI, 27 – 30.
«El que comiere de este pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examínese el hombre a si mismo y de esta suerte, con la conciencia pura, coma de aquel pan y beba de aquel cáliz. Porque quien lo come y bebe indignamente se traga y bebe su propia condenación, no haciendo el debido discernimiento del cuerpo del Señor. Por eso — por haber recibido indignamente el cuerpo del Señor — hay entre vosotros muchos enfermos y sin fuerzas, y muchos mueren.»
Saludablemente estremecido por el horror a la Comunión sacrilega y a la eterna condenación con que aquélla se castiga — in judicium et condemnationem—, el cristiano que se atreve a recibir el Cuerpo del Señor, se abandona confiado a la bondad de Jesús — pro tua pietate—, y de ella espera que la Comunión sea: 1, defensa de su alma y de su cuerpo, y 2, medicina espiritual para su naturaleza caída y lisiada por el pecado.
Estos «temores en el favor», inspiraron al sacerdote-poeta uno de sus más delicados sonetos:
Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto,
y la piedad de vuestro pecho admiro.
Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.
Volved los ojos a mirarme humanos;
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos.
No sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.
Lope de Vega.
La percepción de tu cuerpo, oh Señor Jesucristo, que yo indigno me atrevo a recibir, no me sea motivo de juicio y de condenación; sino que por tu bondad me aproveche para defensa del alma y del cuerpo, y de medicina saludable. TU que, como Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
245. COMUNION.
Comunión del Celebrante
Oraciones jaculatorias I
Es el lenguaje de las emociones más vivas
Las emociones de la Comunión
1 – «Tomaré el Pan Celestial»———-Emoc. de confianza y fortaleza 2- «Señor, yo no soy digno» ———- » de humanidad y de fe
3-«El Cuerpo de N.S. J-C . .» ———– » de Vida eterna y divina
4 – «Qué daré yo en cambio»———– » de gratitud y asombro
———–
5- «Recibiré el Cáliz»——————- » de confianza y fortaleza
6- La Sangre de N.S. J-C .. «———– » de Vida eterna y divina
Comunión de los fieles
Rito Antiguo—————————- Véase cap. 2
Rito Actual ————————– Especie de misa abreviada
Procede originar, del rito de la Comunión de los enfermos.
246. Y llegó, por fin, el momento.
El celebrante, rodilla en tierra, adora a Jesucristo: alborozado porque va a tomar en sus manos el Pan Eucarístico, deja escapar de su pecho frases entrecortadas, ardientes jaculatorias… Las jaculatorias son el lenguaje de las emociones más vivas. ¡Qué bien lo sabe la liturgia católica y cómo las ha colocado — desde el siglo XI — en el momento de las emociones más puras e intensas que puede el alma recibir en esta vida… las emociones de la Comunión.
LA PRIMERA DE ESTAS JACULATORIAS ha sido, en parte, sacada de un salmo eucaristico o de acción de gracias, del salmo 115, v. 13.
«Tomaré el pan celestial e invocaré el nombre del Señor.»
Toma, en efecto, la Hostia y la patena con la mano izquierda, y algo inclinado hacia el Sacramento, golpéase con la mano derecha tres veces el pecho, al mismo tiempo que dice devota y humildemente:
«Señor, yo no soy digno…»
En verdad os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe…, había dicho Jesucristo, admirado al oír estas palabras de labios de un pagano: Mt. VIII, 8. Pues si tanto le agradaron estas palabras aplicadas entonces a una morada terrestre y a la curación de un criado, ¡cuánto más le complacería a Jesús oírlas desde la Hostia consagrada, tratándose ahora de la morada de nuestro pecho y de la curación de nuestra alma!
Por eso la Iglesia católica, que, como tantas veces hemos observado, al llegar los puntos más importantes de la Misa, nos toma como madre cariñosa en sus brazos para elevarnos con las más sublimes oraciones, ritos y ceremonias a las alturas del momento litúrgico en que nos hallamos, colocó aquí, y sólo modificándola ligerísimamente, esta magnífica profesión de fe y humildad, esta breve oración jaculatoria del Centurión romano de Cafarnaum.
Al «Domine non sum dignus» alude ya Orígenes en el siglo tu: «Cuando coméis el Cuerpo del Señor, entonces entra el Señor bajo vuestro techo. Debéis, pues, vosotros, también humillaros imitando al Centurión, y decir: Señor, yo no soy digno… «Homil, V. in Div. loca Evang; y en el s. IV, San Juan Crisóstomo: «Digamos a nuestro Redentor: Señor, yo no soy digno de que Vos entréis en la casa de mi alma, pero, sin embargo, porque Vos deseáis venir con nosotros, animados por vuestra misericordia, nos acercamos a Vos.» Homil, de Santo Tomás Ap. (Citados por Lefebvre: Para comprender la Misa, p. 107.)
En seguida el celebrante pasa a la mano derecha la sagrada Hostia, y dándose la bendición con ella a sí mismo — se signans, dice la rúbrica—, pronuncia la FORMULA DE LA COMUNION:
«El Cuerpo de N. S. Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna.»
Fórmula de VIDA, y de VIDA ETERNA y DIVINA que expresa el fin principal de la Comunión: «guardar el alma para la vida eterna».
Esta fórmula, sencilla y profunda sobre toda ponderación, repite y compendia lo que tantas veces inculcó Jesucristo: «Yo soy el Pan de vida que he descendido del cielo… Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día; porque mi carne verdaderamente es manjar y mi sangre verdaderamente es bebida… Este es el Pan que ha bajado del cielo: quien come este pan vivirá eternamente» (Cfr. Jo. 6). La fórmula completa— no su comienzo, «Cuerpo de Cristo», que como hemos visto (núm. 49) es de los primeros siglos — se remonta al siglo XI.
«Guarde mi alma»: como se guarda el tesoro más precioso que hay en el hombre: protegiéndola, santificándola, vivificándola y fecundándola a ella y a cada una de sus facultades… las espirituales: mi inteligencia y mi voluntad; las que posee en común con el cuerpo: mi memoria, mi imaginación y mi sensibilidad… influyendo en todo mi ser, que del alma recibe su vida.
«Para la vida eterna»: para la vida eterna del alma inmortal, contemplando, amando soberanamente a Dios… ; para la vida eterna del cuerpo resucitado, ya que la Comunión es la premia de la resurrección futura. Cfr. Vigourel: La Liturgie et la vie chretienne, pp. 205-206.
¡Qué momento aquél! — dice el P. Coloma, hablando del santo Viático—: ¡Jesucristo, la verdadera vida, está allí, en la hostia consagrada, frente a frente de la muerte! Y sobre aquella lengua seca, trabada, borrosa, que apenas si acierta a balbucir: ¡Señor, no soy digno de que entres en mi morada!…, se desliza la hostia pura, la hostia santa, la hostia inmaculada hasta ponerse junto a aquel corazón que bate el pecho con aleteos de pájaro moribundo, ¡Ay!, yo creo que si aplicáramos los oídos del alma en el momento mismo en que la hostia se sepulta en aquel semicadáver, oiríamos a Jesucristo decir con voz suavísima al moribundo: —¡No temas!, ego sum resurrectio ct vita…! Yo soy la resurrección y la vida. ¡Qué grandioso, qué sublime, qué divino ese dejar la Eucaristía, como semilla de vida entre las mismas garras de la muerte!… ¡Allí está la Eucaristía!: y porque está allí, aquellos ojos volverán a mirar, aquellas mejillas volverán a colorearse, aquella boca volverá a sonreír, aquellos brazos volverán a estrecharnos, aquella lengua volverá a hablarnos para decirnos: —¡No llores más, aquí estoy!… Si está allí, en la Eucaristía, la vida, ¡cómo ha de triunfar la muerte!…» Coloma, G., S. J. : Sermones varios, tom. IV: La Eucaristía, serna. 3, VII,
Y reclinado sobre el altar, se comulga a sí mismo… reposa unos instantes con las manos juntas en la meditación del Smo. Sacramento…: después descubre el cáliz, hace genuflexión y, mientras recoge con la patena las partículas que hayan podido desprenderse de la Hostia y purifica la misma patena sobre el Cáliz, respirando satisfacción y gratitud, manifiesta con otra jaculatoria del salmo 115, que no sabe cómo expresar al Señor todo su reconocimiento:
Qué daré yo en cambio al Señor por todos los beneficios que me ha hecho?…»
Mas al punto en su interior oye la respuesta: A Dios se pagan sus dones, disponiéndose a recibir de su mano otros mayores… Así es Dios de generoso y sólo para eso quiere El nuestro agradecimiento. Una comunión, sólo puede dignamente pagarse con otra comunión más fervorosa, y la comunión del Cuerpo de Jesucristo sólo puede pagarse con la comunión o participación de la Sangre del misino Jesucristo.
Esta es la acción de gracias que nos enseña la Liturgia de la Misa: y ¿puede haber otra más racional, más fructuosa, más sublime?…
Y eso es lo que expresa esta otra jaculatoria, también del mismo salmo:
«Recibiré el Cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor.» «Con alabanzas invocaré al Señor, y me veré libre de mis enemigos.»
Y en seguida, con la misma bendición y fórmula que usó para la comunión del Cuerpo, aplica sus labios a la Sangre preciosa de Jesucristo.
Pocos Santos han expresado con más ternura los efectos de la Comunión como el mártir S. Ignacio, obispo de Antioquía: «Mi amor, dice escribiendo a los fieles de Roma, se ha fijado en la cruz; el fuego que me consume es un fuego vivificador, que me repite sin cesar, desde el fondo del corazón: Ignacio, llega a tu Padre. Ya no hallo gusto en los manjares más exquisitos, ni en los vinos más deliciosos; el pan que yo deseo es la carne de Jesucristo, hijo de David; y el solo vino que puede templar mi sed es su sangre, principio de la inmortal caridad. Nada me retiene en la tierra, y ya no me considero como un viviente entre los hombres.» Epist. ad Rom., c. 7, P. G., t. V, c. 694.
247. COMUNION DE LOS FIELES.
«Ha comulgado el padre de familia, el sacerdote: ahora deben hacerlo los hijos, los fieles.
RITO PRIMITIVO: Véase cap. 2, nn. 49-50.
RITO ACTUAL: Hoy los fieles, al acercarse a comulgar, lo mismo fuera que dentro de la Misa, rezan el «Confíteor»; el sacerdote recita sobre ellos las fórmulas absolutorias, repite el «Agnus Dei», pronuncia tres veces el «Domine non sum dignus» y distribuye, en fin, la comunión con el mismo rito y fórmula que ya conocemos.
¿POR QUE ESTE GRUPO DE ORACIONES —nos ocurre preguntar en seguida — para preparar a los fieles que van a comulgar dentro de la Misa, y a quienes con toda razón suponemos plenamente identificados con el celebrante durante el Sacrificio?… ¿Por qué esta especie de Misa abreviada, que viene a repetir lo que ya se dijo antes?…
Si consultamos el «Ordinario de la Misa», que nada nos dice de estas oraciones y supone que los fieles, sin más, comulgan a continuación del celebrante, todavía se confirma más nuestra sospecha de que nos hallamos ante la curiosa intromisión, y bastante reciente por cierto, de un rito que en otra parte debe tener su plena razón y significado.
En efecto: estas oraciones comenzaron a decirse en la comunión de los enfermos; como éstos no habían podido asistir al Santo Sacrificio, nada mejor que prepararlos para la comunión con una especie de Misa abreviada… Confiteor, Absoluciones, Agnus Dei, Elevación de la Hostia, Domine non sum dignus, etc. ; de la comunión de los enfermos pasó a la comunión fuera de la Misa; y de aquí, sin duda por la disminución gradual de la parte activa de los fieles en la Misa, se introdujo este rito paulatina e insensiblemente en la Misa hacia el sigloXIV.
Los Cartujos, como conservan su antiguo rito, no dicen el «Confíteor» en la comunión: ni tampoco se dice en las Misas de ordenación, de consagración del obispo, de bendición del abad: ni lo recitan el diácono y subdiácono en la Misa pontificial.
248. Comunión: ACCION DE GRACIAS.
Acción de gracias Tiende a pedir la perseverancia en nosotros de los efectos de la Comunión.
Estos efectos se pedían en las oraciones preparatorias de la Comunión.
A).- PARTE INVARIABLE (durante las abluciones)
1 – «Haz, Señor, que recibamos con corazón puro»
Oración preparatoria 6 » La Comunión de tu Cuerpo… no me sea motivo de condenación»
«Que la Comunión sea remedio eterno»
«Que me aproveche para defensa y de medicina saludable»
2 – «Tu Cuerpo… adhiérase a mis entrañas…»
Oración prepar. 5 «No permitas que me aparte de Ti»
«Que no quede mancha alguna de pecado en mi»
«Líbrame de todos mis pecados»
B) : PARTE VARIABLE (Después de las abluciones)
3 – COMMUNIO: antes cántico durante la Común. ; hoy antif. restos de un Salm.
«Gustad y ved cuan suave es el Señor.»
4 – POSTCOMMUNION: «Oración ad complendum, o sea, complemento final del Sacrif.
PLEGARIA OFICIAL para que se cumpla en nosotros la gracia de la Comunión
La Misa termina ahora rápidamente: lo cual bajo el punto de vista psicológico, como advierten los liturgistas, está perfectamente fundado…: ¿no es la rápida caída del telón, en las representaciones dramáticas, el mejor punto final de las escenas más impresionantes? Con todo, en esta brevísima acción de gracias litúrgica de la Misa tenemos, claramente esbozada, la idea directriz de lo que debe ser toda acción de gracias después de la comunión: la perseverancia en nosotros de sus efectos maravillosos.
249. ¿Cuál es la razón de las abluciones o purificaciones de los dedos y del cáliz que ahora realiza el celebrante?
La razón estriba en esta verdad dogmática: que N. S. J. C. está presente todo entero bajo cada uno de los fragmentos o partículas de la Hostia consagrada, lo mismo que bajo cada una de las gotitas más menudas del Sanguis.
Recuérdese el diligente cuidado que en este punto recomendaba a sus fieles S. Cirilo de Jerusalén: v. n. 61. En la Edad Media las abluciones generalmente no tenían lugar en el altar, y el agua empleada en la purificación de las yemas de los dedos no se tomaba, sino que se vertía en la «piscina», lugar en que hoy se echan las materias residuos sacramentales.
250. ¿Qué oraciones de acción de gracias se recitan durante estas abluciones?
Durante la purificación del cáliz — sólo con vino—, se reza la oración: «Haz, Señor, que recibamos con corazón puro»; y en la ablución de los dedos — con vino y con agua — se recita la oración: «Tu Cuerpo, Señor, que he recibido».
Si comparamos ambas oraciones, observamos que la primera es de puro estilo romano por su forma – ritmo, paralelismo y antitesis —, y por su latín clásico; y tan antigua que ya se halla en el Sacramentario leoniano (v. n. 119); aunque en ese y en otros Sacramentarios figura como una «post-comunión», como todavía la vemos hoy en la Misa del Jueves de la Semana de Pasión. La segunda en cambio, es menos antigua, como lo prueba, entre otras razones, el uso del número singular, que, además de indicar que procede de la devoción privada, supone que en el tiempo en que fue introduicida en la Misa, ya era sólo el celebrante quien comulgaba bajo ambas especies.
_________________
ACCION DE GRACIAS Haz, Señor, que recibamos con corazón puro lo que hemos tomado con la boca; y que este don temporal se nos convierta en remedio eterno. Tu Cuerpo, Señor, que he tomado y tu Sangre que he bebido se adhieran a mis entrañas; y haz que no quede mancha alguna de pecado en mi, a quien han alimentado estos puros y santos sacramentos: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
251. LA ANTIFONA LLAMADA «COMUNIÓN»
El celebrante, después de haber cubierto el cáliz, se dirige al lado de la Epístola para leer en el Misal la antifona llamada «communión».
¿Cuál es el origen de esta antífona?
En la Misa primitiva había nada menos que cuatro procesiones, y cada una acompañada de su respectivo canto… ¡Así palpitaban aquellas Misas de animación y de vida por la participación activa que en ellas tomaba el pueblo!
Existia: 1. La procesión del INTROITO, es decir, la que se formaba al entrar solemnemente el Papa o el Obispo en la gran basílica cristiana. V. nn. 159-161.
Por cierto que el canto, correspondiente a esta procesión, aunque muy recortado hoy día y desencajado de su sitio en las Misas rezadas, todavía conserva su lugar de honor en las Misas cantadas, cuando los cantores, sin tener en cuenta las preces al pie del altar, entonan con reposada y majestuosa melodía la antífona del INTROITO, ya al salir el celebrante de la sacristía y aproximarse al altar.
2. La procesión del EVANGELIO con las alegres notas del ALELUIA y que todavía reviste máxima solemnidad en las misas cantadas: v. nn. 181-186.
3. La procesión del OFERTORIO, hoy ya imperceptible: v. n. 193; y por fin,
4. La procesión de la COMUNION; era la más alegre y esperada de los fieles: ¡cuántas veces ocurrían escenas tan deliciosas como aquella que nos refiere el autor de la Vida de S. Gregorio el Grande!: Una señora de la aristocracia romana que acostumbraba asistir los domingos a la Misa del Papa, al acercarse a comulgar y en el momento de ir a recibir en su dominical — v. n. 49 — el Pan Eucarístico, no pudo reprimir una espontánea sonrisa de satisfacción… San Gregorio, que advierte aquella irreverencia, pasa de largo y no le da la comunión. Pero al terminar la Misa ordena comparecer en su presencia a la matrona romana… «Es que cai en la cuenta— dijo ella algo ruborizada — que el Pan que ibais a darme era el mismo que yo con mis propias manos habia elaborado y traído para la OFRENDA». (Paul. diac.: Gregor. Vita, 23; citado por Rojo del Pozo; o. c., p. 444).
LOS FIELES SE ACERCABAN A COMULGAR CANTANDO UN SALMO, especialmente escogido para este acto: el 22 «Dominus regit me», el 84: «Benedixisti, Domine, terram tuam», y sobre todo el 33: «Benedicam Dominum in omni tempore», por su precioso verso 9: «Gústate el videte quoniam suavis est Dominus» (v. n. 47). Los versículos de esos salmos alternaban con una antífona que, a modo de estribillo, repetía el pueblo todo el tiempo que duraba la distribución de la comunión. Pero durante la Edad Media, con la gradual disminución del número de los comulgantes y la propagación de la comunión fuera de la Misa, fuése acortando el salmo hasta quedar sola la antífona, y ésta fuera de su lugar, aunque conservando su nombre de pila y, en la mayoría de los casos, su aplicación más o menos próxima a la Eucaristía.
Los Cominunios más antiguos se refieren al tiempo eclesiástico, o a la fiesta que se celebra, o se está preparando; muchos son frases selectas del Evangelio o de la epístola del día y vienen a subrayar una idea capital; pero la mayoría, casi la mitad (2/5), están tomados de los salmos.
LA POSTCOMUNION:
252. ¿Cuál es la plegaria olicial de la ACCION DE GRACIAS?
Es la oración llamada ahora «Postcommunio», porque se recita después de la Comunión y que, antiguamente, se denominaba «complenda», u «oratio ad complendum», porque con ella se terminaba el Sacrificio.
La «Postcommunio», que ya figura en el Sacramentado leoniano (v. n. 119), está estrechamente enlazada con la Colecta y la Secreta en cuanto a su número y a su conclusión, aunque difiere en su estructura, menos perfecta que la de las Colectas, y en su contenido, que, a la idea central de la fiesta o del tiempo eclesiástico, añade la representación sucinta, el ruego concreto para que en nosotros se cumpla la gracia de la Comunión.
Como un resumen magnifico de los varios motivos que la Liturgia va desarrollando en las diversas postcomuniones del año, véase la oración «por los vivos y los difuntos», que suele rezarse en tercer lugar, durante la Cuaresma, cuando no hay conmemoración de algún Santo: aquí también, como en las grandes oraciones de la Misa, aparecen cariñosamente abrazadas y unidas por la oración eucarística las tres Iglesias, la del cielo, la de la tierra y la del purgatorio: «Que nos purifiquen, te rogamos, Omnipotente y misericordioso Dios, las sacramentos que hemos recibido; y por la intercesión de todos tus santos haz que este tu sacramento no sea para nosotros reato de pena, es decir, ocasión de faltas que expiar, sino intercesión saludable de perdón; sea ablución de nuestros pecados, fortaleza para nuestra debilidad, protección contra todos los peligros del mundo, y para los vivos y difuntos remisión de todos sus pecados».
LA ORACION «SOBRE EL PUEBLO»
Esta oración que en Cuaresma, en las misas feriales, se añade a las poscomuniones, va precedida del aviso ritual: «Humiliate capita vestra Deo», o como se dice en el rito mozarabe: «Humiliate vos benedictioni: inclinaos para recibir la bendición»; como se ve por estas últimas palabras, era una bendición que solian darse a los que no habían comulgado, antes de introducirse la actual bendición con la señal de la Cruz. Cfr. 256.
253. FIN DE LA MISA. 1- «Ite Missa est»: Despedida del celebrante a los fieles 2- «Placeat tibi»: Resumen de los fines del Sacrificio 3- «Benedicat vos Omnipotens…» Despedida de Dios a sus hijos. Epílogo de la Misa:
ULTIMO EVANG. o Prólogo de S. Juan -JESUCRISTO- Lleno de gracia-Misa de los fieles
Lleno de verdad-Misa de los catecúmenos DEO GRATIAS
254. «ITE: MISSA EST».
Hasta el siglo XI, ¿cómo terminaba la Misa? Terminaba con el envío o despedida de los fíeles, anunciado solemnemente por el diácono que en nombre del Papa o del Obispo celebrante, invitaba a la asamblen a retirarse con esta fórmula, ya en uso desde el siglo II, y que dió su nombre al Santo Sacrificio (v. n. 26): ITE: MISSA EST; IDOS: ES EL ENVIO o despedida. A lo que el pueblo respondía con la fórmula litúrgica: DEO GRATIAS, tan significativa sobre todo en estos momentos, después de haber recibido de Dios el mayor de los beneficios: la Redención, cuyo recuerdo vivo acaba de conmemorarse en la Misa.
Los mismos gentiles usaban una fórmula de contenido parecido cuando se habían de alejar de sus templos, después de terminados los misterios paganos: «I LICET>, clamaba el heraldo, es decir, sin contracción: «IRE LICET», OS ES PERMITIDO PARTIR.
El BENEDICAMITS DOMINO: En la antigua liturgia el anuncio del ITE Missa est revestía tal solemnidad, que era exclusivo de las Misas celebradas por el Papa o los Obispos; y como la recitación del GLORIA fue en aquellos tiempos algo también propio de la Misa episcopal — v. n. 167 —, establecióse entre ambos cierto relación que todavía subsiste en nuestros días; la supresión del GLORIA en la Misa, lleva también consigo la omisión del ITE MISSA EST.
En estos casos al ITE substituye el BENEDICAMUS DOMINO, aclamación con que terminan las HORAS del Breviario y que los simples sacerdotes, dejando el alto honor del ITE MISSA ÉST a los Obispos, comenzaron a usar también como conclusión de la Misa. Como se ve, pues, la omisión del ITE MISSA EST, aunque generalmente coincida con Misas de penitencia — Adviento, Cuaresma, Cuatro Témporas, Rogaciones, algunas vigilias… —, no implica de suyo ni tristeza ni alegría. El ITE MISSA EST también cede su lugar, en las Misas de difuntos, al «REQUIESCANT IN PACE», que expresa un deseo de circunstancias y es un inspirado resumen de toda la misa en favor de los difuntos.
255. «PLACEAT TIBI».
Con el ITE MISSA EST o una expresión parecida — «vayamos en paz en el nombre de Cristo —Id en paz —Gloria a Ti, Cristo, nuestro Dios y nuestra esperanza…», terminaba la Misa en los diez primeros siglos. Pero hacia el siglo XI aparecen en los misales de la época dos nuevos elementos: la oración de origen galicano «Placeat tibi» y la BENDICION.
¿De dónde procedía la oración «Placeat tibi»? Procedia, como se advierte por su carácter individual, del tesoro de la devoción privada, y solían recitarla los sacerdotes, en la sacristía, antes o después de haberse quitado los ornamentos. Es un brevísimo resumen de los fines del Santo Sacrificio y una como réplica de la plegaria del mismo origen galicano, dirigida también a la Santísima Trinidad, que se recitó en el OFERTORIO: véase núm. 203. _____________________________ ORACION «PLACEAT TIBI»: Séate agradable, ¡oh Santa Trinidad!, el homenaje de mi servidumbre: y haz Que el sacrificio Que yo, aunque indigno, he ofrecido a los ojos de tu majestad, te sea acepto; y Que por tu misericordia sea propiciatorio para mí y para todos aquellos por quienes lo he ofrecido. Por Cristo, Señor nuestro. Así sea.
256. LA BENDICION.
En seguida nos ocurre preguntar: ¿por qué a la BENDICION de la Misa ha precedido el ITE MISSA EST o despedida de los fieles? ¿No es más natural el orden inverso: primero la BENDICION y después la despedida?
Efectivamente, antes de introducirse la actual bendición con la Cruz en la Misa, la única bendición que en ésta se daba estaba colocada antes de la despedida de los fieles: ése, precisamente, era el objeto de la «Postcommunio», que tiene todo el carácter y forma de una bendición final — ad complendum — para los que han comulgado en la misa — y entonces eran todos los asistentes a ella —; más tarde, en tiempos de frialdad eucarística y cuando en las ferias de Cuaresma el concurso del pueblo que no comulgaba era más numeroso, para que éste no quedara sin alguna bendición, introdújose la Oración super populum, que, como ya dijimos — v. n. 251—presenta también el carácter de bendición, pero ya sin estar restringida a los que han comulgado.
Un hecho historico pone muy de relieve la alta estima que el pueblo cristiano tenía de esta bendición, contenida y como plasmada en la «poscomunión»: «Nadie era despedido de la Iglesia sin bendición, nos dice el Card. Schuster en su obra Líber Sacramentorum, I. p. 112 (cit. por Ser di Franza o. c., p. 128): tanto que, cuando los Bizantinos, el dia de Santa Cecilia, después de la comunión arrebataron al Papa Vigilio del altar de la Mártir Transtiberina y lo arrastraron a la nave que lo esperaba allí, cerca del rio, para conducirlo a Constantinopla, el pueblo, que sin embargo nada simpatizaba con Vigilio, levantó un tumulto para que se le concediese, al menos, tiempo para poner fin a la Misa estacional y recitar la última plegaria ad complendum, en que dejara su bendición a la asamblea. El Papa Vigilio (537-555) sobre el puente de la nave pronunció la última colecta (plegaria de la bendición), a la cual los circunstantes respondieron: AMEN. Sólo entonces pudo partir la nave para conducir al Pontífice al destierro».
¿De dónde procede la actual bendición con la Cruz?
Procede de una antigua costumbre de la Misa pontifical: entonces, como ahora, el pueblo fiel no salía inmediatamente del templo al terminar el Santo Sacrificio, sino que esperaba la salida del Obispo para recibir de él la bendición — bendición que al principio había comenzado a darse en la sacristía y únicamente a los clérigos que habían intervenido en la Misa.
Como esta bendición era entonces considerada como acto propio y exclusivo de los Obispos, al disminuir el número de éstos, se hizo a los fieles muy duro irse del templo sin aquélla, y así la reclamaron y obtuvieron de los simples sacerdotes, que comenzaron a darla antes de abandonar el altar y con el mismo rito de los Obispos, es decir, con tres cruces.
Esta misma bendición con tres cruces aparece prescripta en el misal de S. Pío V; pero ya su sucesor, Clemente VIII, reservó esta forma de bendición para uso exclusivo de los Obispos.
257. ULTIMO EVANGELIO.
La liturgia de la misa termina ahora, desde el siglo XVI, con la lectura de un segundo Evangelio, que suele ser, salvo rarísimas excepciones, el Prólogo del Evangelio de S. Juan.
Es la página más bella que se ha escrito: todas las revelaciones divinas están compendiadas en estas palabras: «Y EL VERBO SE HIZO CARNE».
La ENCARNACION aparece como el punto culminante de la teología, como la llave de la historia.
Ante estas pocas líneas confesaban su impotencia los ingenios más esclarecidos:
«Necesitaría — nos dice Orígenes — haber descansado sobre el pecho de Jesús, haber recibido a María por madre, ser otro Juan para penetrar el sentido del cuarto Evangelio, de su prólogo sobre todo». In. Jo. t. I, n. 6.
Y San Agustín: «Me atrevo a decir, hermanos míos, el mismo Juan no ha hablado de estos misterios como ellos son, sino en la medida que puede hacerlo un hombre». In .To. t. I, n. 1… «En el seno de Jesús es donde Juan ha sacado lo que nos da a beber; las palabras que nos dice son de la misma fuente donde él apagó su sed»… Ibid. n. 7. Y en «La Ciudad de Dios», nos habla de un filósofo platónico que deseaba se grabase este Prólogo en el frontispicio de las iglesias. De Civit. Dei. X, c. XXIX, 2.
Sabemos, en fin, por S. Juan Crisóstomo — s. IV— y por Santo Tomás (2-2, q. 96, a. 4), que los cristianos transcribían ciertas palabras, del Evangelio para llevarlas consigo; y Maldonado dice expresamente de su tiempo, que estas filacterias estaban casi siempre sacadas de los primeros versículos de S. Juan. Cfr. Durand, Alfred: Evang. S. Jo., Introduct. Cfr. n. 186.
Dada esta singularísima veneración al Prólogo de San Juan, nada de extraño tiene que en el siglo XIII comenzaran algunos sacerdotes a decirlo por devoción al terminar la misa, mientras venían del altar a la sacristía, y que muy pronto la devotísima plebe, algo así como ahora se hace con los responsos en favor de los difuntos, empezara a rogar a sus sacerdotes les leyeran por sus intenciones particulares esta página evangélica, a la que atribuían el valor de un sacramental; singularmente, las madres pedían a los sacerdotes la recitaran «sobre sus hijos», como una bendición o una suerte de exorcismo que alejara de sus pequeñuelos todo mal, y todavía en ciertos países se lee en familia durante las tempestades.
Esta fe popular en el poder y eficacia del Prólogo de San Juan fué desde un principio reconocida y estimulada por la Iglesia, que no se contentó con colocarlo en varias bendiciones, sobre todo en la bendición de los niños enfermos, sino que, en el siglo XVI, en la reforma del Misal de S. PIO V, prescribió oficialmente su lectura al fin de la Misa.
En España es costumbre recitarlo después de las ceremonias del Bautismo.
ULTIMO EVANGELIO
A — Texto.
JESUCRISTO
I.—Existiendo antes del mundo.
a) En el principio existia el Verbo. Y el Verbo estaba junto a Dios. Y el Verbo era Dios. El estaba al principio junto a Dios.
b) Todas las cosas han sido hechas por El y sin El nada se hizo de lo que fue hecho.
c) En El estaba la Vida, y la Vida era la luz de los hombres, y la luz brillaba entre las tinieblas.
Y las tinieblas no la sofocaron.
B) Comentario
a) Como Dios: eterno e igual al Padre.
b) Como Creador; crear es algo propio de Dios, y el Verbo, Jesucristo, es la causa ejemplar y como instrumental de la creación.
c) Como Redentor; es la VIDA, la VIDA DIVINA y fuente de la vida sobrenatural en nosotros, que logramos así la suprema aspiración del cristianismo: «VIVIR DE DIOS PARA DIOS» (San Agustín)
II — Entrando en el mundo.
a) Existió un hombre enviado por Dios: su nombre era Juan. Este vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos creyesen. El no era la luz; pero venía para dar testimonio de la luz.
b) Vino al mundo la luz verdadera que brilla, iluminando a todo hombre (asi el texto original). El estaba en el mundo. Y el mundo ha sido hecho por El. Y el mundo no le conoció.
c) Vino a los suyos. Y los suyos no le recibieron.
d) Pero a aquellos que le recibieron dióles poder de llegar a ser hijos de Dios; a los que creen en su nombre que han nacido no de la sangre ni del instinto de la carne ni de la voluntad de los hombres, sino de Dios.
Comentario
II— Entrando en el mundo.
a) Precedido de un Precursor: ésta era la misión del Bautista: ser testigo, decir la verdad — por ella ha de morir —: señalar con el dedo al Mesías, a la Luz en la que todos deben creer; y después, disminuir, irse desvaneciendo como la aurora que anuncia la aparición del sol.
b) Grandes progresos habían realizado los cuatro colosales imperios del mundo: los Asirios, los Persas, los Griegos, los Romanos… ¡Grandes pasos habian dado!, hay que reconocerlo, exclama San Agustín: Magnae vires, cursus celerrimus… praeter viam (Enarr. in Ps. 31; n. 4. M. L. 36), pero FUERA DEL CAMINO, de espaldas a la Luz verdadera que, sin embargo, iluminaba entonces y sigue iluminando ahora a toda razón natural y brilla y resplandece lo mismo en la estrella de mayor magnitud, que en la más diminuta de las luciérnagas… Cursus celerrimus… praeter viam! ¡Grandes pasos! Grande fué la sabiduría de los griegos, pero lo más que pudieron conocer de esta LUZ fue confesar que la desconocían; por eso, entre los mil altares que levantaron a sus errores — altares que eran tientos de ciego que, palpando a las criaturas, buscaba al Creador de todas ellas —, erigieron uno en el que escribieron estas dos palabras, triste compendio de la historia del paganismo: DEO IGNOTO: AL DIOS DESCONOCIDO…
c) Vino a los suyos, a los judíos, llamó a sus puertas, y… —No había lugar para El en la posada… No tenia donde reclinar su cabeza.
d) Pero a todos aquellos — judíos, muy pocos; paganos, muchísimos — que le recibieron, creyendo en El, les dió el poder sublime de llamarse y de ser HIJOS DE DIOS: mas esta filiación divina es efecto del poder de Dios; no intervienen en ella ni sangre o raza, ni poder o voluntad de hombres, pues los fariseos enseñaban erróneamente que nadie podía entrar en el cielo, ni participar de los dones mesiánicos, si no era judío, descendiente de Moisés.
III. — Viviendo en el mundo.
a) Y el Verbo se hizo Carne
b) Y estableció su tienda de campaña entre nosotros.
c) Y hemos visto su gloria, gloria como la del Unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.
Comentario
III. — Viviendo en el mundo.
a) ¡Rodilla en tierra! Adoración profunda… Es el mejor comentario: nos arrodillamos, seguimos el movimiento de bajada, de anonadamiento de Dios. Llegaremos tan abajo…
b) Alusión a las costumbres de los beduinos: asi como éstos despliegan y plantan su tienda en el desierto y al poco tiempo la levantan para irse a otro lugar, así Jesucristo vivió entre nosotros poco tiempo. A nosotros nos parecen algo 33 años… al Discípulo amado, que le vió y le trató, parecióle tan breve como una parada de los beduinos en el desierto.
c) Sus resplandores de Hijo de Dios, las señales de su divinidad, sus milagros, su doctrina… ,y esa gloria era tal cual convenía al Unigénito de Dios. Reunión y cúmulo de todas las gracias, Jesucristo es la Verdad: 1, como doctor y maestro, como luz de los hombres, a quienes descubre los misterios y verdades ; 2, como Mesías que cumplió las profecías, y 3, como BIEN verdadero para nosotros. Bien que no engaña «vitis vera, panis verus, lux vera».
Antonio Rubinos S.J.
CATECISMO HISTORICO LITURGICO DE LA MISA
LAS COSAS NECESARIAS PARA LA SALVACION
Por el Dr. Homero Johas
CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 9/10
PARTE SEGUNDA
Números 221-230
I. RELATO DE LA ULTIMA CENA.
¿Cómo se obra la Consagración?
La Consagración se obra mediante el RELATO LITURGICO de la ULTIMA CENA.
AL DECIR «RELATO LITURGICO» entendemos:
¿Cómo se compuso este RELATO LITURGICO?
Y apoyándose, como antes, en el altar, pronuncia las palabras consecratorias del vino:
222. PLEGARIAS DESPUES DE LA CONSAGRACION.
Ofrecimiento de la Víctima
Plegar. Memor. «UNDE ET MEMORES»
Aceptación de la Víctima
Plegar, sacr. III «SUPRA QUAE»
Entrega de la Víctima:
Plegar, sacr. IV «SUPPLICES»
Frutos del Sacrificio:
223. PLEGARIA MEMORIAL: OFRECIMIENTO DE LA VICTIMA.
Se llama «memorial» — en griego, memoria o recordación — por las palabras con que comienza: «Unde et MEMORES… Por tanto, RECORDANDO».
___________________
PLEGARIA MEMORIAL
¿Qué significación encierran las Cruces que traza ahora el sacerdote después de la Consagración?
ACEPTACION Y ENTREGA DE LA VICTIMA
______________________
Sobre los cuales dones dígnate mirar con rostro propicio y sereno y aceptarlos así como te dignaste aceptar los dones de Abel y el su crificio de nuestro patriarca Abrahán y el que te ofreció tu sumo sacerdote, Melquisedec — SACRIFICIO SANTO, Hostia inmaculada.
Otra oración que también presenta algunos caracteres de la EPICLESIS tradicional, es la Plegaria Sacrifica! II: «QUAM OBLATIONEM»: v. n. 220, Cfr. 201.-
_____________________
225. MEMENTO IV: FRUTOS DEL SACRIFICIO.
_____________
226. MEMENTO V: FRUTOS DEL SACRIFICIO.
___________
MEMENTO V
SEGUNDA LISTA DE SANTOS
Como en la primera parte de este díptico — v. n. 218 —, aquí también los Santos — Apóstoles y Mártires — pertenecen todos ellos a los cuatro primeros siglos; allí la proporción era 1-12-12 (Virgen María, Apóstoles, Mártires) ; aquí es 1-7-7 (S. Juan Bautista, Hombres. Mujeres).
227. CONCLUSION DEL CANON:
(o Fórmulas de GLORIFICACION)
Fórmula II: Glorificación del PADRE y del E. S.
por mediación de JESUCRISTO AMEN final del CANON
228. GLORIFICACION DE JESUCRISTO.
«Y CON EL MISMO», o sea, unidos todos con Jesucristo, como los sarmientos con la vid, como los miembros con su cabeza y como los granos de trigo con el pan y las uvas con el vino… Cfr. la Didaje: n. 62.
_____________________________
Y elevando juntos el CALIZ Y LA HOSTIA, ahora sólo un poco — cfr. 11. 221—, por eso se llama pequeña elevación; pero antiguamente mucho más para que los viera y adorara el pueblo, termina la doxológía con estas palabras:
230. AMEN FINAL DEL CANON.
«POR TODOS LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS».
ESTÁ PROHIBIDO A UN CATÓLICO COMUNICAR CON LOS HEREJES

Por dos razones, uno no debe mantener relaciones con herejes. Primero, debido a su excomunión ya que uno no debe tener relaciones con personas excomulgadas. Segundo , debido a su herejía, y esto por tres razones:
Primero , debido al peligro de que nuestras relaciones puedan llegar a corromper a otros, de acuerdo con lo que se enseña en la Primera Epístola a los Corintios: ‘Comunicaciones malvadas corrompen los buenos modales’. (15: 33)
Segundo, para no parecer que uno da ninguna aprobación a sus doctrinas perversas. En la segunda Epístola de San Juan se dice: ‘Si alguien viene a ti y no trae esta doctrina, no lo recibas en la casa ni le digas: Dios te apresure. Porque el que le dice: Dios te apresure, comunícate con sus obras inicuas «(1: 10-11). Con respecto a este verso, la glosa comenta: «Hablar con alguien revela comunión, a menos que la conversación sea una duplicidad, que no debería ocurrir entre los católicos».
Tercero, para que nuestra familiaridad [con los herejes] no brinde la oportunidad de errar por los demás. Otra Glosa comenta sobre este pasaje de San Juan: «Incluso si el hereje no te engaña, al ver tu familiaridad con él, otros pueden ser engañados imaginando que disfrutas de esas relaciones y crees en él». Todavía un tercera glosa agrega: «Los Apóstoles y Discípulos ejercitaron tanta vigilancia en asuntos religiosos que ni siquiera tuvieron un intercambio de palabras con aquellos que se habían apartado de la verdad».
La excepción a esta regla es cuando alguien habla sobre la salvación con un hereje con la intención de salvarlo.
[preguntas espontáneas], quodlibeto 10, q.7 , a.1 , 15, c.)
CUANDO LA MISERICORDIA ES UN PELIGRO…
En un país con una mentalidad saturada de liberalismo y protestantismo como la nuestra, es bastante común escuchar a los católicos decir que Dios siempre perdona al pecador, sin importar lo que haga y cuánto peca. Aquí hay algunas consideraciones de San Alfonsus de Ligorio que están destinadas a dar algo de reflexión a nuestros católicos liberales, o para nosotros mismos en la medida en que compartimos esa mentalidad.
San Agustín dice que el Diablo seduce a los hombres de dos maneras: a través de la desesperación y de la esperanza. Después de que el pecador comete su falta, lo arrastra a la desesperación por temor a la justicia divina; pero, antes de pecar, lo alienta a caer en la tentación mediante la esperanza de la misericordia divina. Por esta razón, el Santo nos advierte, diciendo: «Después de pecar, no pierdas la esperanza en la misericordia divina; antes de pecar, teme a la justicia divina.»
Esto se debe a que quien aprovecha la misericordia divina para ofender a Dios no se lo merece. La misericordia existe para aquellos que temen a Dios, y no para aquellos que pecan sin temerle. «Quien ofende a la justicia puede recurrir a la misericordia», dice el Abulensis, «pero, ¿a quién debe recurrir el que ofende la misericordia?»
Es difícil encontrar un pecador en tal estado de desesperación que realmente quiera ser condenado. Los pecadores quieren pecar, pero sin perder la esperanza de la salvación. Ellos pecan y dicen: «Dios es la bondad misma». Incluso si peco ahora, después confesaré «. Así piensan los pecadores y, como dice San Agustín,» así pensaron muchos que ahora están condenados «…
» Tengan cuidado «, dice San Juan Crisóstomo,» cuando el Diablo (y no Dios) te promete misericordia divina con el propósito de hacerte pecar «. Y San Agustín agrega,» ¡Ay del que confía en la misericordia con el objetivo de pecar! ¡Cuántas ilusiones engañaron y condujeron a la perdición! ¡Ay de aquel que abusa de la bondad de Dios para ofenderlo más!
Aunque Dios espera pacientemente al pecador, no espera por siempre. Porque si el Señor siempre nos tolera, nadie sería condenado, pero la puerta es amplia y amplia es el camino que conduce a la perdición, y hay muchos que lo eligen (Mateo 7:13).
La trampa que el Diablo establece para seducir a casi todos los católicos que se condenan a sí mismos es esta: «Peca libremente, porque a pesar de todos tus pecados, serás salvo». El Señor, sin embargo, maldice al que peca esperando el perdón.
Consideración 17, Punto 1
CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 8/10
MISA DE LOS FIELES
PARTE SEGUNDA
Números 207-220
con la purificación del alma y
con la ilustración de la fe, entramos
ya en la Misa propiamente dicha,
es decir, en el SANTO SACRIFICIO.
Se lleva a cabo según las preces, ritos y ceremonias prescritas por el CANON.
208. ¿Qué es el Canon?
209. EL CANON.
1
Cántico de acción de gracias y alabanzas a Dios.
Frutos del Sacrificio Plegarias sacrifícales
I-Aceptación de las ofrendas.
II-Transubstanciación de las ofrendas.
3
Relato de la última Cena
Consagración del pan y del vino.
Plegaria Memorial.
Ofrecimiento de la Víctima.
Plegarias Sacrifícales.
Mementos IV y V.
Frutos del Sacrificio.
Doxologias:
A Jesucristo.
Al Padre y ESPIRITU SANTO
¡AMEN!
210. EL CANON, ¿De cuántas partes consta?
Todos estos elementos litúrgicos sirven de marco incomparable y de riquísimo engarce a la CONSAGRACION, la cual, a su vez, se compone: 1, del RELATO DE LA ULTIMA CENA; 2, de la misma CONSAGRACION, seguida de la PLEGARIA MEMORIAL.
212. ¿Qué es el Prefacio?
En la actualidad aparece desligado del Canon por el canto del Sanctus y del Benedictus — el Sanctus se introdujo en la primera mitad del siglo II , y el Benedictus algo después—; pero este desligamiento es sólo aparente, como bien lo indican las palabras con que empieza el Canon: «TE IGITUR… A TI, PUES», y el espíritu eminentemente eucarístico de todo el Canon.
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PREFACIO:
S. El Señor sea con vosotros.
P. Y con tu espíritu.
S. Arriba los corazones.
P. Los tenemos elevados al Señor.
S. Demos gracias al Señor, Dios nuestro.
P. Digno y justo es.
(Prefacio común: días ordinarios.)
Por quien los Angeles alaban tu Majestad. La adoran las Dominaciones, tiemblan ante ella las Potestades. Los Cielos, y las Virtudes da los Cielos y los bienaventurados Serafines, La celebran con mutuos transportes de alegría. Rogamoste, pues, que juntamente con sus alabanzas, Te dignes aceptar las nuestras, Al decirte con humilde alabanza:
SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR DIOS DE LOS EJERCITOS. LLENOS ESTAN LOS CIELOS y LA TIERRA DE TU GLORIA.
¡HOSANNA EN LAS ALTURAS! ¡BENDITO SEA EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR ¡HOSANNA EN LAS ALTURAS!
213. ¿Cuántas partes podemos distinguir en el Prefacio?
—»Es digno y justo que asi lo hagamos», termina respondiendo el pueblo cristiano.
Procede de la primera letra con que comienza el Canon.
215. PLEGARIAS ANTES DE LA CONSAGRACION.
a) Para la Iglesia:
Paz-Proteccion-Unidad: «TE IGITUR»
b) Para los que encargan la MISA y asistentes a ella:
Perdón de sus pecados-salvación de sus almas y salud de sus cuerpos: «MEMENTO, DOMINE»
c) Para los mismos: Participación en los bienes espir. de los Santos: «COMMUNICANTES» ACEPTACION de la OFRENDA-APLICACION de sus frutos: «HANC IGITUR» TRANSUBSTANCIACION de la OFRENDA:
a) ¿Qué gestos o ceremonias ejecuta ahora el sacerdote?
b) ¿A quién va dirigida esta plegaria?
c) ¿Cual es el contenido de este primer Memento?
MEMENTO I
A Ti, pues, clementísimo Padre, por Jesucristo, nuestro Señor, tu hijo, humildemente te rogamos y pedimos que aceptes y bendigas estos dones, estos presentes, estos santos sacrificios inmaculados, que en primer lugar te ofrecemos por tu santa Iglesia Católica; para que te dignes darla paz, custodiarla, unificarla y gobernarla en toda la redondez de la tierra; juntamente con tu siervo, nuestro Papa N., con nuestro Obispo N., y con todos los ortodoxos y los que promueven la fe católica y apostólica.
EN LA PRIMERA PARTE: rogamos y pedimos humildemente la aceptación, que sean agradables a Dios; y la bendición, es decir, LA CONSAGRACION de las ofrendas del pan y del vino. Estas ofrendas se llaman dona, porque a Dios libremente se las ofrecemos; munera, porque, además, se las ofrecemos por razón de nuestro cargo, de sacerdotes, y por razón de nuestra naturaleza, de criaturas de Dios; y sacrificios, por anticipación, porque van a ser en seguida consagradas en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo.
¿A quiénes recuerda ahora el celebrante?
1. Mentalmente, a aquellas personas por quienes aplica el fruto ministerial de la Misa.
¿Qué pide para todos ellos?
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Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervos NN…; y de todos los circunstantes, cuya fe te es conocida y manifiesta su devoción, poi quienes te ofrecemos o ellos te ofrecen este sacrificio de alabanza por si y por todos los suyos, por la redención de sus almas, por la esperanza de su salvación y conservación, y rinden sus votos o Ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
218. TERCER MEMENTO: LOS SANTOS.
¿Qué título lleva en el Misal este Memento?
¿Cuál es el dogma católico que aquí se recuerda?
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MEMENTO III
¿A qué Santos particularmente invocamos en este Memento?
a) ¿Qué ceremonia ejecuta ahora el sacerdote?
Este rito de colocar las manos abiertas y juntas sobre la OBLATA fue extendido a toda la Iglesia en tiempos de PIO V, pues antes, el celebrante recitaba esta plegaria profundamente inclinado hacia el altar.
b) ¿Qué pedimos en esta oración?
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Te suplicamos, pues, Señor, que te dignes aceptar, benigno, esta oblación de nuestra servidumbre y también de toda tu familia, y dispongas en tu paz nuestros dias y haz que seamos libres de la eterna condenación y contados en la grey de tus escogidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
220. PLEGARIA SACRIFICAL, II: TRANSUBSTANCIACION DE LA OFRENDA.
¿Cómo se llama esta plegaria?
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La cual oblación te rogamos, oh Dios, que te dignes hacerla en todo bendita, legitima, ratificada, razonable y aceptable, a fin de que se convierta para nosotros en el Cuerpo y Sangre de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
