PRECEDENTES DE LA HEREJÍA FABILISTA

PRECEDENTES HERÉTICOS DEL FALIBILISMO

Esta entrada tiene una importancia especial. No sólo responde al objeto del título, mostrando quiénes fueron los herejes de la historia los que negaron la enseñanza sin error de la Sede Romana, sino que demuestra cómo la opinión falibilista actual, no ha sido la mantenida en la historia de la Cristiandad. Demuestra dónde empezó a sostenerse tal opinión y como se mantuvo siempre por los herejes que han acosado a la Sede romana. En particular a muchos sorprenderá que la opinión falibilista ha sido condenada ex-cathedra por el papa Sixto IV. Algo desconocido en la actualidad. También es desconocido que a lo largo del siglo

  • los editores modernistas del Denzinger han ocultado cuidadosamente esta condena. [Léase en la edición de 1854 del Denzinger, en la página 157 ]. Incluso en el manual “La Fe de la iglesia” de Justo Collantes [puede verse en la barra lateral] no sólo se oculta la condena, sino que invierte los términos de ella para llegar a decir que el Papa Sixto IV había suprimido la condena del punto 7 de las proposiciones ya condenadas por los teólogos españoles, presididos por el Arzobispo de Toledo, en Alcalá, de Pedro de Osma como si el papa fuera de diversa o contraria opinión que ellos, cuando en realidad la condena ex-cathedra es de una fuerza pocas veces vista anteriormente.

PRECEDENTES HERÉTICOS DEL FALIBILISMO

Rogamos presten atención a la nota 14 bis, que el autor del blog añade como resultado de sus pesquisas sobre la omisión en el Denzinger y falsificación en Collantes, de la proposición 7, con dos más, de Pedro de Osma, en la Bula “Licet ea..” ex-cathedra de Sixto IV . La proposición 7 es la siguiente:

“Ecclesia urbis romanae errare potest”. ¡Condenada ex-cathedra!

2.5 LAS CORRIENTES HEREJES EN EL ORIGEN DE LA NEGACIÓN DE LA INFALIBILIDAD PAPAL

¿De dónde viene entonces esta idea de que un papa puede desviarse de la fe? Que el papa pueda errar en la fe es una tesis aparecida en la época moderna, bajo el impulso de corrientes heréticas (sobre todo el galicanismo y el protestantismo).

Todos los santos canonizados fueron favorables a la infalibilidad papal. “Frente a estos hombres que veneramos sobre los altares, percibimos en primer lugar en el campo de los adversarios de la infalibilidad papal todos los enemigos de la Iglesia que la han traicionado desde adentro (…). Pregunto; el sentido católico, él solamente, ¿no arrastraría a donde se encuentran los santos, aunque solo fuera por huir de la triste compañía de quiénes, es verdad, son enemigos de la infalibilidad del papa, pero que comprometen tan extremadamente a quiénes se aventuran con ellos?” (Dom Prosper Guéranger: La monarchie pontificale, Paris y Le Mans, p. 220-221).

2.5.1 LOS CORTESANOS DE LUIS DE BAVIERA

Por razones políticas, Luis IV de Baviera (1287-1347) quiso usurpar la autoridad del papado. La ambiciosa monarquía se apoyó sobre teólogos serviles de su entorno, que, por sus escritos, trataron de minar la autoridad del papa (ver nuestro capítulo 2.4). Uno de estos filósofos-cortesanos, Marsilio de Padua, pretendía que el papa era falible. Ahora bien, su tesis fue condenada como herética por la facultad de teología de París en 1330. Volver al índice.

2.5.2 EL ATENTADO CONTRA EL PAPA BONIFACIO VIII

El “galicanismo” transfiere el poder doctrinal y administrativo del papa al rey.

Esta herejía nació bajo el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (1268-1314)

Felipe el Hermoso, corto de dinero, decide confiscar injustamente ciertos ingresos del clero. El papa Bonifacio VIII le envía muchos legados para protestar. Especialmente hizo llegar al rey una carta titulada Ausculta filii, conteniendo una advertencia impregnada de dulzura paternal. Ahora bien, Pierre de la Flotte, uno de los próximos al rey, la ocultó y substituyó por otra, seca y punzante, con exigencias desmesuradas. Otro consejero del rey, Guillaume de Nogaret, levanta un acta de acusación contra Bonifacio VIII, al que consideraba como hereje, luego caído del pontificado. Felipe el Hermoso convoca a los estados [Cortes] del reino el 10 de abril de 1302. Pierre de la Flotte acusa allí al papa de diversos crímenes. “Pero sobre todo acusa a Bonifacio de pretender que el rey le estuviera sometido en lo temporal de su reino, y que debía reconocer haberlo obtenido de él; en prueba, Flotte presentó la carta que él mismo había fabricado” (Rohrbacher, t. VIII, p. 389).

En 1303, Bonifacio VIII se encontraba en la villa italiana de Anagni. Los soldados franceses arribaron. Nogaret se acerca a él y lo amenaza con conducirlo a Lyon para hacerlo destituir por un concilio general. El pontífice respondió dignamente: “He aquí mi cabeza, he aquí mi cuello, Estoy dispuesto a sufrir todo por la fe de Cristo y la libertad de la Iglesia; papa, legítimo vicario de Jesucristo, me veré pacientemente condenado y depuesto por los herejes” (in: Rohrbacher, t. VIII, p. 396). Esta última palabra aterra a Nogaret: su padre había sido quemado como albigense. Ejecutando las órdenes del rey, la soldadesca aprisiona al papa y lleva la desvergüenza hasta abofetearlo. Ahora bien, Dios castiga muy severamente este crimen de sacrilegio y de lesa majestad.

La “bofetada de Anagni”, es decir la bofetada dada a Bonifacio VIII en Anagni, atrae sobre esta villa la ruina. El sucesor de Bonifacio VIII, San Benedicto XI, excomulga a los autores y cómplices del atentado. “Un hecho memorable debe remarcarse aquí. El anatema pronunciado por le papa San Benedicto sobre la villa de Anagni, como aquél de David sobre la montaña de Gelboé, fue ejecutado por los acontecimientos. Esta villa, hasta entonces muy rica y muy populosa, no ha cesado de decaer desde esta época. He aquí como habla un viajero del siglo XVI, Alejandro de Boloña: ‘Anagni, villa muy antigua, está ruinosa y desolada. Pasando por allí en el año 1526, vimos con asombro inmensas ruinas, en particular las del palacio construido por Bonifacio VIII. Habiendo preguntado la causa, uno de los principales habitantes nos dijo: La causa es la captura del papa Bonifacio; desde ese momento, la villa siempre ha ido en decadencia: la guerra, la peste, el hambre, los odios civiles la han reducido al estado calamitoso que vosotros veis (…). Es por esto, no hace mucho tiempo, el pequeño número de ciudadanos que restaba todavía, habiendo buscado con ansiedad cuál podía ser la causa de tantas desgracias, reconocieron que era el crimen de sus ancestros, que habían traicionado al papa Bonifacio, crimen que no había sido expiado hasta entonces. En consecuencia, suplicaron al papa Clemente VII les enviara un obispo para absolverles del anatema incurrido por sus padres, por haber puesto la mano sobre el soberano pontífice’ “(Raynald, anno 1303, no 43) (Rohrbacher, t. VIII, p. 399).

El rey Felipe el Hermoso, autor principal del crimen, deja tres hijos. Ellos se sucedieron en el trono, pero ninguno de ellos tuvo hijos. Así se extinguió la dinastía de Felipe el Hermoso. Esta fue reemplazada, cosa asombrosa, por la posteridad de Carlos, conde de Valois, amigo y capitán general de Bonifacio VIII.

La villa de Roma, que había participado del crimen, fue privada de la presencia de los pontífices durante sesenta y ocho años. Después del atentado de Anagni, en efecto, los papas, no sintiéndose seguros en Italia, fijaron su residencia en Aviñón (de 1309 hasta 1377).

Francia había tomado parte en el crimen: fue castigada por la guerra de Cien Años (1337-1453): invasión por los ingleses y guerra civil seguida a la cesión (inválida) al rey de Inglaterra. Dios envía a santa Juana de Arco para salvar la monarquía de derecho divino y al pretendiente legítimo al trono, Carlos VII.

El castigo providencial de Francia fue reconocido oficialmente por el Consejo real de Carlos VI. En un consejo extraordinario de regencia, se buscó la causa de las desgracias del país. Uno de los asistentes dijo “que él había visto muchas historias y que había visto que todas las veces que los papas y los reyes de Francia habían estado unidos en buena relación, el reino de Francia había gozado de prosperidad; y que sospechaba que las excomuniones y maldiciones que hizo el papa Bonifacio VIII sobre Felipe el Hermoso, hasta la quinta generación, serían la causa de los males y calamidades que se veían. Lo que fue muy tenido en cuenta por los participantes de la asamblea” (Crónica de Carlos VI, escrita por Mons. Juvenal des Ursins, durante la vida de su padre Jean de Ursins, abogado del rey en el parlamento que había participado en la reunión; Mons. Juvenal des Ursins, arzobispo de Reims, juega un rol importante en el proceso de rehabilitación de Juana de Arco; hemos encontrado esta cita en la obra destacable del padre Marie Léon Vial: Juana de Arco y la monarquía, 1910, p. 121).

Dios envía a Santa Juana de Arco para salvar la monarquía, hemos dicho. Pero hay otro aspecto de su misión que merece ser meditado: su combate por la infalibilidad y la autoridad del pontífice romano. Es igualmente digno de atención que los mismos jueces inicuos que condenaron a la santa eran los peores enemigos del papa reinante y que llegaron hasta a deponerlo (inválidamente, se entiende) por (según ellos) crimen de herejía y de cisma. Este aspecto desconocido de la historia de santa Juana de Arco merece ser considerado.  Volver al índice.

2.5.3 LOS VERDUGOS DE SANTA JUANA DE ARCO

Santa Juana de Arco, mártir de los herejes fabilistas galicanos

Santa Juana de Arco fue entregada por Juan de Luxemburgo, que estaba a sueldo del duque de Borgoña, aliado de Inglaterra. Condenada en Ruán, su legajo fue enviado a la Facultad de teología de París. La Sorbona (¡200 teólogos más 16 obispos y sacerdotes!) la condenan injustamente.

Un historiador perspicaz compara la actitud de los doctores galicanos depravados con respecto a Santa Juana de Arco con la que tuvieron a la vista del papa reinante, Eugenio IV, cuando estuvieron reunidos en el conciliábulo cismático de Basilea. Este conciliábulo contaba solamente con 60 obispos o sacerdotes (contra 480 obispos reunidos en Ferrara, después en Florencia para sostener a Eugenio IV). Por el contrario, se contaba con 300-400 doctores, provenientes en su mayor parte de París, hogar del galicanismo:

En la persecución de la Doncella, los doctores parisienses despreciaban la sentencia de los obispos reunidos en Poitiers; en la sesión que intenta deponer al gran Eugenio IV, no había más que 39 prelados mitrados, la mayor parte sacerdotes; siete u ocho obispos solamente votaron por el crimen; pero había más de 300 doctores. Muchos de los motivos de la pretendida condenación del pontífice son idénticos a los de la pretendida condena de la Doncella: uno y otra son declarados violadores de los santos cánones, en rebelión contra el santo concilio, cismáticos, herejes, obstinados, etc.” (J. B. J. Ayroles: Juana de Arco en los altares y la regeneración de Francia, tercera edición, París, 1886, p. 168).

Muchos teólogos que condenaron a santa Juana de Arco tuvieron, en efecto, una parte preponderante en el concilio de Basilea, que sostenía la superioridad del concilio sobre el papa (“conciliarismo”) y llega hasta a deponer al papa legítimo Eugenio IV:

  • Guillaume Érard, que había atacado violentamente a santa Juana de Arco, lanza a la asamblea de Basilea a la funesta vía del cisma;
  • El padre Loyseleur, que había simulado amistad para arrancar a la cándida acusada los secretos de la confesión y perderla por pérfidos consejos, estaba en ruta a Basilea cuando murió repentinamente;
  • Midi el falsario, que había redactado los calumniosos doce artículos contra Juana de Arco, sostenía la cismática asamblea basilense ante el parlamento de París;
  • Beaupère, que había interrogado a Juana con animosidad, fue uno de los doctores de Basilea;
  • Courcelles, que hizo una requisitoria tan parcial que el tribunal rechaza la parte más extendida, propone someter a Juana a tormento (contrariamente al derecho, que impedía torturar a las mujeres, niños y ancianos); él fue el alma del conciliábulo de Basilea, y apóstol del galicanismo.

Conminada a retractarse de sus (pretendidos) errores, santa Juana de Arco, en muchas oportunidades hizo apelación al papa. Pero sus jueces, imbuidos de la herejía galicana antirromana, nunca lo tuvieron en cuenta. He aquí, a título de muestra, un diálogo en el que Juana apela al papa de Roma, apelación que sus jueces rehusaron transmitir por desprecio al papa:

“Yo me reporto a Dios y nuestro Santo Padre el papa”. ¿Qué respondieron los doctores? “Eso no es suficiente; no se puede ir a buscar al papa tan lejos; y también los ordinarios son jueces cada uno en su diócesis. Por esto es necesario que tú te remitas a nuestra madre la Santa Iglesia y que te atengas a lo que los clérigos y las gentes competentes dicen y han determinado de tus dichos y de tus hechos” (Proceso ordinario, sesión del 24 de mayo de 1431) [10]

. ¡En definitiva, Santa Juana de Arco fue llevada a la hoguera a causa del galicanismo!

Esta violación del derecho de apelación motiva la anulación del proceso por el papado veinticinco años después: “Visto las recusaciones, sumisiones (a la autoridad de la Iglesia), llamados y múltiples requerimientos por los cuales la dicha Juana reclama que todos sus dichos y hechos fuesen transmitidos a la Santa Sede apostólica y a nuestro muy santo Señor el soberano pontífice, al cual ella se sometía y sometía todos sus actos (…), declaramos que los dichos proceso y sentencias son tachados de dolo, calumnia, iniquidad, mentira, error manifiesto de derecho y de hecho, (…) nulos, inválidos, inexistentes y vanos” (Juicio del proceso de rehabilitación, Julio 7 de 1456).

Así se encontraba justificada, a título póstumo, la confianza absoluta de Santa Juana de Arco en la infalibilidad papal, expresada durante la sesión del 2 de mayo de 1434: “¡YO CREO FIRMEMENTE QUE LA IGLESIA MILITANTE NO PUEDE NI ERRAR NI FALLAR!”.  Volver al índice.

2.5.4 EL GRAN CISMA DE OCCIDENTE

Los cardenales franceses rehusaron reconocer al papa legítimo Urbano VI, que sin embargo habían elegido. Eligieron, contra el papa de Roma, un antipapa que fija su residencia en Aviñón. Este “gran cisma de Occidente” dura treinta y nueve años (1378- 1417).

El gran cisma de Occidente, en el que dos, incluso tres pretendientes se disputaban la tiara pontificia, sacude el prestigio del papado y fortalece las corrientes antiinfalibilistas en toda Europa. Como había sido el concilio ecuménico de Constanza el que había depuesto a muchos pretendientes a la tiara, y como este mismo concilio declaraba ser la autoridad suprema de la Iglesia (¡decreto no confirmado por Martín V!), los teólogos pretendieron que el concilio era superior al papa y que los decretos del soberano pontífice debían ser confirmados por el consentimiento de la Iglesia universal para entrar en vigor. Esta teoría herética se llama “conciliarismo”.

En verdad, el conciliarismo está basado sobre una falsificación en el escrito. En diciembre de 1865, un sacerdote descubrió en los archivos de la biblioteca vaticana los manuscritos originales de todas las sesiones del concilio de Constanza. Hace notar que los falsificadores habían recopiado infielmente las actas originales: habían reemplazado una palabra por otra, substituyendo la letra “n” por la letra “d”, Cambiando apenas una letra del alfabeto, transformaron la palabra “finem” en “fidem”, lo que da un sentido totalmente diferente. Pues el concilio de Constanza se reunió para poner “fin” al cisma, y no para juzgar la “fe” del papa (y luego sostener que el concilio sería superior al papa).

Este  sínodo,  legítimamente  reunido  en  nombre  del  Espíritu Santo, formando un concilio general representando a la Iglesia católica militante, tiene inmediatamente de Jesucristo su poder, al cual toda persona de todo estado, de toda dignidad, aún papal, debe obedecer, en lo que mira a la extinción y la extirpación del dicho cisma (obedire tenetur in his quae pertinent ad finem et extirpationem dicti schismatis)” (concilio de Constanza, 4o sesión. 30 de marzo de 1414).

FALSA versión: “debe obedecer en lo que mira a la fe y a la extirpación del dicho cisma”  Volver al índice.

2.5.5 LOS GALICANOS

El conciliarismo, herejía basada sobre una falsificación de escritura, devino lamentablemente la tesis oficial de los doctores galicanos en 1682, bajo el reinado de Luis XIV.

En el siglo XVII, en efecto, Luis XIV quiso expoliar al papa de un ingreso (11), y, para justificarse, hizo redactar por el clero francés la declaración de 1682, que negaba la infalibilidad del papa. La declaración del clero galicano de 1682 hacía depender del consentimiento de la Iglesia universal, reunida en concilio, el valor irreformable de los juicios doctrinales del papa.

Esta declaración estaba en contradicción con la creencia antigua de la Iglesia de Francia (leer los numerosos testimonios y citas en Mons. De Ségur: El soberano pontífice. La facultad de teología de París había ya condenado en muchas oportunidades como herética la opinión de ciertos doctores partidarios de “papa falible” (Marsilio de Padua en 1330, Jean Morand en 1534, Marc Antoine de Dominis más tarde).

La declaración de 1682 “no había sido emitida en total libertad y conciencia, sino más bien bajo el imperio del temor o en vista del favor real (…) No fue para la Iglesia galicana la fuente de ninguna gloria, de ninguna libertad, sino más bien una mancha y una verdadera servidumbre” (Pío IX: breve dirigido el 17 de febrero de 1869 a Charles Gérin, autor de muy interesantes Investigaciones históricas sobre la asamblea del clero de Francia de 1682, París 1869).

Tournély, que era sin embargo un teólogo partidario de la herejía galicana, admite no obstante que esta declaración había sido suscrita por temor al rey sol todopoderoso: “No podemos disimular, en presencia de la masa de testimonios reunidos por Belarmino, Launoy y otros, que es bien difícil no reconocer como cierta e infalible la autoridad de la Sede apostólica o de la Iglesia romana; pero es mucho más difícil todavía conciliar estos testimonios con la declaración del clero de Francia (de 1682), del cual no nos es permitido separarnos” (Tournely: Praelect. Theol. De Ecclesia Christi, q. 5, a. 3, París, 1727, 1- II, p. 134).

Por servilismo con respecto al rey, prácticamente todos los obispos de Francia (eran más de una centena) firmaron – salvo tres defensores de la fe intrépidos. Luis XIV despreciaba secretamente a los obispos-cortesanos y admiraba la firmeza de los tres prelados que habían osado resistirle. Dijo con un toque de humor: “Tengo tres obispos en mi reino”. (11)

El rey quiso privar a la Santa Sede de los ingresos de los obispados vacantes, llamados “anatas”. Las “anatas” son una renta de los productos anuales de ciertos beneficios eclesiásticos vacantes, a favor de la “Cámara apostólica”. La Cámara apostólica es un tribunal de la curia romana que administra el tesoro y el dominio del Estado eclesiástico, así como ciertas cuestiones de beneficios. Está presidida por un cardenal llamado “camarlengo”.

La declaración del clero galicano fue casada y anulada por Inocencio XI (breve Paternae caritati, 11 de abril de 1682) y por su sucesor Alejandro VIII (constitución Inter multiplices, agosto 4 de 1690). En un decreto del 7 de diciembre de 1690, Alejandro VIII condena 33 proposiciones heréticas, de las cuales la no 29: “el poder del pontífice romano por encima del concilio, y su infalibilidad en la decisión de cuestiones de fe, es una aserción fútil y cien veces refutada”. Esta proposición condenada resumía el pensamiento galicano.

En 1684, Luis XIV encarga a Mons. Bossuet defender los principios galicanos antiinfalibilistas. El papa Benedicto XVI critica severamente la Defensio cleri gallicani de Mons. Bossuet en un breve del 13 de julio de 1748, dirigido al inquisidor general de España: “Sería difícil encontrar una obra que sea tan contraria a la doctrina recibida en todas partes fuera de Francia, sobre la infalibilidad del soberano pontífice definiendo ex cathedra y sobre la superioridad por sobre todo concilio ecuménico. Desde el tiempo de Clemente XII, nuestro predecesor de feliz memoria, se ha considerado proscribir esta obra, y se ha terminado por concluir en no hacer nada, no solamente a causa de la reputación del autor, que ha contribuido al bien de la religión sobre tantos otros jefes, sino porque se tenía el temor fundado de excitar por esto nuevas perturbaciones”. Numerosas obras que alababan las “libertades de la iglesia galicana” (de hecho: su servilismo con respecto al rey de Francia) fueron puestas en el Index. En 1693, es cierto, los obispos de Francia se retractaron, dirigiendo una carta colectiva al papa Inocencio XIII. Luis XIV, también, terminó por revocar la declaración de 1682. No obstante, esta herética declaración tendría consecuencias funestas en el futuro:

  • Hizo nacer, en el siglo siguiente, el “febronianismo” (herejía que contamina el Imperio germánico: ver Infra);
  • Inspira la “Constitución civil del clero” que precipita a Francia en el cisma durante la Revolución francesa;
  • Fue difundida por los teólogos franceses (Napoleón Bonaparte da orden expresa a los profesores de seminario de enseñar la declaración de 1682 a los futuros sacerdotes), lo que refuerza considerablemente la corriente antiinfalibilista.

Destacadas obras fueron escritas en el siglo XIX contra el galicanismo. (12)

Esta herejía fue definitivamente aniquilada por Pío IX y los Padres de Vaticano I, que precisaron expresamente, contra los galicanos, que una decisión del soberano pontífice era “irreformable por ella misma, y no en virtud del consentimiento de la Iglesia” (Pastor aeternus, c. 4).  Volver al índice.

2.5.6 LOS HUSITAS

Otros adversarios de la infalibilidad del papa: los husitas. El concilio de Constanza (15o sesión, julio 6 de 1415, confirmada por Martín V el 22 de febrero de 1418) condena muchas proposiciones de Juan Hus (el día mismo de la sesión Hus fue quemado). 7o proposición reprobada: “Pedro no fue y no es la cabeza de la Santa Iglesia católica”.

29o: “Los apóstoles y los padres fieles a Cristo han dirigido firmemente a la Iglesia para las cosas necesarias a la salud antes que la función del papa fuera introducida; y ellos harían así hasta el día del juicio en caso de defección siempre posible del papa”.

¿Qué debe concluirse de la condenación de la proposición 29 de Hus? La iglesia ha comprometido LA INFALIBILIDAD de su magisterio solemne (concilio ecuménico aprobado por el papa) para certificar que ¡UNA DEFECCIÓN DEL ROMANO PONTÍFICE ES IMPOSIBLE!  Volver al índice.

2.5.7 LA HEREJÍA DE PEDRO DE OSMA

En el siglo XV, la Iglesia califica de “escandalosa y herética la proposición siguiente: “Ecclesiaurbis Romae errare potest” (“La Iglesia de la ciudad de Roma puede errar”). Esta proposición, extraída de las obras de un doctor español llamado Pedro de Osma, fue censurada el 15 de diciembre de 1476 por el vicario capitular de Zaragoza, y el 24 de mayo de 1478 por una comisión de teólogos presidida por el arzobispo de Toledo. El papa Sixto IV confirma su sentencia por una definición EX CATHEDRA:

“Nos, declaramos (…) que las proposiciones precitadas son falsas, contrarias a la santa fe católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas y que ellas contienen una herejía manifiesta” (Sixto IV: constitución apostólica bajo la forma de bula Licet ea de agosto 9 de 1478).

¿Qué debe concluirse de la condenación de Pedro de Osma por Sixto IV? La Iglesia ha comprometido su infalibilidad (juicio ex cathedra del pontífice romano) para certificar esto: ¡PRETENDER QUE UN PAPA PUEDE EQUIVOCARSE ES UNA HEREJÍA!

Cuando comenzamos nuestras investigaciones sobre la infalibilidad papal, consultamos el Diccionario de teología católica (artículo “infalibilidad del papa”) y conocimos la existencia de este juicio de Sixto IV. Ahora bien, un tiempo después, compramos la edición más reciente de la selección de

Heinrich Denzinger: Símbolos y definiciones de la fe católica, París 1996. Hicimos entonces un descubrimiento que nos dejó perplejos. ¡Sixto IV no habría condenado esta proposición de Pedro de Osma! La comisión teológica presidida por el arzobispo de Toledo, reunida en Alcalá, condena once proposiciones de Pedro de Osma. Ahora bien, los editores del Denzinger pretenden que “de las once proposiciones de Alcalá, tres no son mencionadas (por Sixto IV) (a saber: 7; 10; 11; mencionamos la proposición 7: “La Iglesia de la ciudad de Roma puede errar”, “Ecclesia urbis Romae errare potest”); las otras proposiciones son recogidas con variantes mínimas y en un orden diferente” (Denzinger, p. 396).

No habíamos dado una fe ciega a la edición moderna del Denzinger, dado que los editores mismos advierten gentilmente a los compradores que la verdadera recopilación de Denzinger ha sido profundamente modificada a partir de 1963. La 23o edición (1963) es la obra de Adolf Schönmetzer, que “suprime las exageraciones papistas (…) e introduce textos que tienen su importancia en la discusión ecuménica (…). Schönmetzer ha eliminado una serie de textos embarazosos dentro de la perspectiva ecuménica en razón de su inflexibilidad. (… Ha) minimizado la infalibilidad del magisterio de la Iglesia” (prefacio a la edición francesa, París 1996, p. XL).

Fuimos entonces a verificar las ediciones anteriores del Denzinger. El resultado de esta investigación fue muy instructivo. En una muy vieja edición (Enchiridion Symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei e morum, Friburgo 1913, p. 253, No 730), la proposición figura claramente entre las proposiciones condenadas por Sixto IV, y el tipógrafo ha tomado el cuidado de poner en valor la palabra “errar”:

“Ecclesia urbis Romae errare potest”.

¡Por el contrario, desde la edición de 1937, esta famosa proposición es citada solamente en nota al pie! Comienza ya a ser relegada a las mazmorras, porque es suprimida del cuerpo del texto y ubicada en un lugar que generalmente no es leído por la mayoría de los lectores.

Además, en la edición alemana de 1963, Schönmetzer pone en duda que esta proposición haya sido mencionada por el papa. La edición francesa de 1996 le sigue los pasos como hemos visto más arriba. (13)

Queriendo tener plena seguridad, hemos verificado este asunto remitiéndonos a las fuentes mismas, a saber la gran colección de nueve tomos de textos del magisterio reproducidos integralmente (¡!) por el cardenal Pietro Gasparri. Y allí, el fraude pérfido de Schönmetzer aparece a plena luz: el papa menciona muchas proposiciones heréticas de Pedro de Osma relativas a la confesión y a las indulgencias, después agrega (lo que Schönmetzer oculta!!!) que condena aun las otras proposiciones de Pedro de Osma:

“… y las otras (proposiciones) que Nos dejamos en silencio a causa de su enormidad (que aquéllos que las conocen las olviden, y que aquéllos que no las conocen no sean puestos al corriente por nuestra presente), Nos, las declaramos falsas, contrarias a la santa fe católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas, y conteniendo una herejía manifiesta” (14) (14 bis nota importante del autor del blog)

Así pues, contrariamente a lo que pretenden los editores modernos del Denzinger, el papa ha claramente mencionado la proposición de Pedro de Osma relativa a la inerrancia de la Iglesia. Más aun, ha juzgado tan enorme, grave y perniciosa esta proposición, que ha juzgado bien no indicar el contenido. Como dijo:¿No es mejor que solamente la comisión de teólogos y él mismo estén al corriente de una máxima tan perversa? Y la historia le dará la razón: la difusión de la herejía de Pedro de Osma en el curso de los siglos posteriores tuvo por efecto guerras de religión espantosas comenzadas por los protestantes y la apostasía de naciones enteras. Fue necesario convocar un concilio ecuménico expreso (Vaticano I) contra esta herejía.

Y en nuestro días, se cuenta con los dedos de la mano a los católicos que creen sin dudar que la proposición “La Iglesia de la ciudad de Roma puede errar” es una HEREJÍA CONDENADA EX CATHEDRA.

“Dios mío, yo creo firmemente TODO lo que Tú has revelado y que la Santa Iglesia Romana ME ORDENA creer, porque eres Tú, Verdad INFALIBLE QUIEN LA HA REVELADO y TÚ no puedes ni engañarnos ni errar” (oración de la mañana, “acto de fe”).

Los enemigos denunciados sin cesar por San Pío X han pues continuado su trabajo de zapa modificando de una edición a otra los textos de la Verdad. No hay que sorprenderse que sacerdotes o monjes de edad hayan ya recibido una enseñanza falsa desde los años de su formación teológica. [15]

Tomemos un ejemplo entre tantos otros: el rector del seminario francés en Roma, el padre Le Floch. Este profesor de seminario totalmente hereje tenía por divisa reducir lo más posible la infalibilidad papal. Afirmaba en 1926: “La herejía que viene será la más peligrosa de todas; ella consiste en la exageración del respeto debido al papa y la extensión ilegítima de su infalibilidad”.  Volver al índice.

El padre Floch tuvo por alumno a un seminarista que llevaría a hablar de él más tarde: Mons. Marcel Lefebvre, [Nota del editor: el cual- Lefebre- transmitió este mismo hereticismo a  su obra de la falsa resistencia, con sus ya 7 heréticos obispos: Falley, Galarreta, Tissiers, y Williansom con sus seguidores, Faure, Tomás, y Zendejas, los cuales ha contaminado de esa herejía la mente de muchos sacerdotes salidos de sus seminarios, sumisos o vagos.]

2.5.9 LOS PROTESTANTES

Los pensadores hostiles a la infalibilidad del papado fueron pronto secundados por nuevos aliados: El siglo XVI engendra a los protestantes. León X (bula Exsurge Domine , junio 15 de 1520) condena ciertas proposiciones de Martín Lutero, y especialmente: 7o: “Es cierto que no está de ninguna manera en el poder de la Iglesia o del papa establecer los artículos de fe, y menos todavía las leyes concernientes a las costumbres o las buenas obras”. 28o: “Si el papa pensara de tal o cual manera con una gran parte de la Iglesia, no se equivocaría; no obstante, no es ni un pecado ni una herejía pensar lo contrario, sobre todo en una cuestión que no es necesaria a la salvación, hasta que el concilio universal haya condenado una opinión y aprobado la otra”.

Los historiadores protestantes atacaron la infalibilidad papal, pretendiendo que tal o cual papa habría hecho naufragio en la fe: Lamentablemente, algunos teólogos católicos, en lugar de hacer investigaciones científicas (que les hubieran probado la inepcia de las invenciones protestantes), creyeron más hábil esquivar el golpe, inventando en todas sus partes una distinción aberrante entre el “doctor privado” (falible) y el “doctor público” (infalible). Según ellos, Honorio I habría desviado “solamente” en tanto que “doctor privado”. Esta forma torpe de defender la infalibilidad tuvo un efecto nefasto: ella acredita, en los medios católicos, la opinión de que un papa podía errar en la fe. Felizmente, hubo un San Roberto Bellarmino y el concilio Vaticano para pulverizar esta opinión herética.

2.5.10 LOS JANSENISTAS

En el siglo XVII, los jansenistas prosiguieron una lucha sorda y obstinada contra Roma. Se disputaba de mala fe por distingos engañosos: ¡se quería obedecer a la “sedes” (la Sede apostólica), pero no al “sedens” (el papa sentado sobre la Sede)! Decenas de obras jansenistas que predicaban la insubordinación contra el papa y el llamado (de allí el nombre de “apelantes”) al futuro concilio contra el papa, fueron puestos en el Index.

Los jansenistas y los galicanos redactaron la Constitución civil del clero (1790), que derribaba la jerarquía eclesiástica y precipitaba a Francia en el cisma.

2.5.11 LOS FEBRONIANOS

Iustinus Febronius (pseudónimo de Nikolaus von Hontheim, obispo auxiliar de Tréveris, 1701-1790) da nacimiento a la secta de los “febronianos”. Según él, el papa no sería infalible, pues Cristo habría conferido la infalibilidad solamente al concilio ecuménico, al cual el papa estaría completamente subordinado.

Además, si un papa se opone a los decretos de un concilio nacional y separa a un reino de su comunión, es necesario, según Febronius, proveer a esta Iglesia nacional de un “jefe extraordinario y temporario”: el rey o el emperador.

Es sobre todo esta proposición que sedujo a José II (1741-1790), emperador francmasón del santo imperio romano germánico. Deseoso de erigirse en jefe de la Iglesia austríaca, este monarca pretencioso se puso a reformar lo que el llamaba despreciativamente “la piedad barroca” (Barockfrömigkeit): prohibe las procesiones, introduce el vernáculo en la liturgia, modifica los textos litúrgicos, disminuye el número de cirios sobre el altar, traba el culto de los santos, etc. etc. Confisca los bienes de la Iglesia, suprime las órdenes religiosa e impide al clero austríaco comunicarse con Roma: José II llega hasta a ordenar que por medida de economía, las pompas fúnebres sean racionalizadas: ¡los difuntos debían ser enterrados obligatoriamente “totalmente desnudos”!

Las doctrinas de Febronius fueron puestas en práctica por el emperador no sólo en las provincias austríacas, sino también en Toscana, donde su hermano Leopoldo era gran duque. La introducción del febronianismo en Toscana tuvo lugar con la complicidad del obispo Escipión Ricci, que devino tristemente célebre por el famoso sínodo hereje que presidió en su villa episcopal de Pistoya en 1786 (ver cap. 3.2).

El libro de Febronius (De statu Ecclesiae et legitima potestate romani pontificis, 1763) provoca igualmente una decadencia casi general de la religión en Alemania, bien que los obispos alemanes lo hayan condenado por ser “pleno de escándalo y de peligro, un hijo de las tinieblas, la savia de las herejías y un producto de Satán” (citado por Pío VI en durante su respuesta al arzobispo de Maguncia, 1789). El libro de Febronius fue prohibido por la Santa Sede en muchas oportunidades (puesto en el Index el 27 de febrero de 1764, el 3 de febrero de 1766, el 24 de mayo de 1771 y el 29 de marzo de 1773). Clemente XIII presenta al autor como “un hombre artificioso y de malvada fe, que mezcla hábilmente herejía y apariencia católica”, y “cuyo libro era salido de la oficina de Satán” [16]

Febronius fue refutado por San Alfonso de Ligorio (Defensa del poder supremo del soberano pontífice contra Justin Febronius) y por un destacado erudito recomendado por los Padres de Vaticano I: François Antoine Zaccaria (Anti Febronio, 1767, traducción alemana Augsburgo 1768; traducción francesa París 1859-1860).

2.5.12 LOS FRANCMASONES

El siglo XVIII produjo los francmasones y los racionalistas, evidentemente hostiles a toda infalibilidad:

Lo que debemos imponer” se puede leer en una revista masónica, “es la convicción de que cada uno debe hacer por sí mismo sus opiniones, por los resultados de sus reflexiones o por las enseñanzas que ha recibido o que le han parecido buenas. Y si cada uno tiene la libertad de formar por sí mismo su opinión, debe respetar esta misma libertad en los otros, (…) diciéndose que, ya que el error es una debilidad común en la especie humana, podría muy bien ser él quién errara” (revista masónica Acacia, marzo de 1908).

Con el fin de disipar el error de los hombres contaminados por la ideología antiinfalibilista heredada del protestantismo, del galicanismo y de la francmasonería, el papa Pío IX, en el siglo XIX, convoca a un concilio en el Vaticano. En Pastor aeternus se indica el motivo de la reunión de este concilio:

Como en este tiempo (…) no faltan hombres que contestan la autoridad, Nos hemos juzgado absolutamente necesario afirmar solemnemente la prerrogativa (la infalibilidad) que el Hijo Único de Dios se ha dignado unir a la función pastoral suprema”.

La francmasonería replica convocando un “anti-concilio”. La corriente antiinfalibilista secular culmina, en efecto, en la tenida de un “anti-concilio”, que tuvo lugar el mismo día en que comenzaba el concilio Vaticano. Este anti-concilio de los francmasones se tuvo en Nápoles, el 8 de diciembre de 1869, es decir exactamente el día de la apertura del concilio vaticano en Roma.

La invitación fue concebida así: “A los librepensadores de todas las naciones. ¡Post tenebras lux!”.

El lugar de la reunión era Nápoles, porque esta villa, “tuvo la gloria de oponerse sin cesar a las pretensiones y a las usurpaciones de la Corte de Roma después de haber, durante los días más sombríos de la Edad Media. (…) rechazado constantemente y enérgicamente el infame tribunal de la Inquisición. (…) Así, el día mismo en que en la villa eterna se abrirá este concilio, cuyo fin evidente es ajustar las cadenas de la superstición, y hacernos retroceder hacia la barbarie, nosotros librepensadores (…), nueva francmasonería actuando a la luz del sol” etc. etc. (in: Schneemann: Acta…,col. 1254-1255).

El gran maestre de la francmasonería francesa aporta su sostén oficial. Los delegados franceses presentes durante el contra-concilio hicieron una declaración final escandalosa:

“Considerando que la idea de Dios es el sostén de todo despotismo y de toda iniquidad; Considerando que la religión católica es la más completa y la más terrible personificación de esta idea; (…) los librepensadores de París asumen la obligación de emplearse a abolir prontamente y radicalmente el catolicismo, y a solicitar su aniquilación, con todos los medios compatibles con la justicia, comprendido el medio de la fuerza revolucionaria, la cual es la aplicación a la sociedad del derecho de legítima defensa (ibídem, col. 1258-1259).

En la época del concilio Vaticano I, un alto dignatario de la masonería se regocijaba del “apoyo precioso que encontramos desde hace muchos años en un partido poderoso, que nos es como un intermediario entre nosotros y la Iglesia, el partido católico liberal. Es un partido que tenemos que cuidar, y que sirve a nuestras vías más que lo que piensan los hombres más o menos eminentes que le pertenecen en Francia, en Bélgica, en toda la Alemania, en Italia y hasta en Roma, alrededor del papa 77 mismo” (in: Mons. DelassusVerdades sociales y   errores  democráticos,  1909. reedición Villegenon 1986, p. 399).

Entre los Padres conciliares, había, en efecto, obispos opuestos a la infalibilidad. Formaban un verdadero clan, teniendo por jefe a Mons. Dupanloup. Los antiinfalibilistas tenían sus apoyos en la prensa, en el mundo político y aún en la francmasonería, como lo refiere un contemporáneo testigo ocular, el vizconde de Meaux (recuerdos citados por Jacques Ploncard d’Assac: La Iglesia ocupada,  segunda  edición,  Chiré-en-Montreuil  1983,  p. 100-102). Los antiinfalibilistas tenían a favor los carbonarios (francmasones italianos), que llegarían a despojar al papa de su soberanía temporal, así como a Napoleón III, que era carbonario él también. Viendo que los Padres conciliares iban a definir la infalibilidad papal, la masonería quiso interrumpir el concilio suscitando una guerra militar contra Pío IX. El papa, habiendo tenido noticia de este designio, hizo acelerar el proceso y la infalibilidad fue votada in  extremis, ¡con un día de anticipación! Votación de  Pastor aeternus, el 18 de julio de 1870; declaración de guerra de Francia a Prusia el día siguiente (19 de julio); evacuación de Roma por los franceses (con lo cual no más protección militar) el 5 de agosto, lo que permitió a los “patriotas” italianos tomar la Ciudad eterna el 20 de septiembre y expulsar al papa Pío IX de su Estado.

2.5.13 LOS VIEJOCATÓLICOS

Después de la definición del dogma de la infalibilidad papal, (18 de julio de 1870), ciertos antiinfalibilistas se obstinaron en su error y formaron la secta de los “viejocatólicos”.

Numerosas obras de los viejocatólicos fueron puestas en el Index.

2.5.13 LOS MODERNISTAS

En los siglos XIX y XX, los herejes llamados “modernistas” buscaron minar la Iglesia desde el interior, permaneciendo en sus plazas sin romper abiertamente con el papa. Pío IX, León XIII o San Pío X los condenaron en muchas oportunidades. Los modernistas esquivaron los golpes:

  • Primeramente, alterando el sentido de las encíclicas (una censura mutaba en una aprobación, un documento general se convertía en un escrito para la Iglesia de Italia sola), y
  • En segundo lugar buscando clasificar los escritos antimodernistas de los papas en la categoría “falible”, con el fin de minimizar la importancia.

Se hace hábito así establecer la ecuación (errónea): solemne = infalible; ordinario= falible “La infalibilidad del Syllabus que tuvo sus partidarios y es hoy casi abandonada”, puede leerse en el Diccionario de teología católica (artículo “infalibilidad del papa”) ¿Por qué esta puesta en duda de la infalibilidad del Syllabus ha predominado contra los partidarios de su infalibilidad? ¡Simplemente porque los modernistas condenados por el Syllabus se han multiplicado! En lugar de atacar de frente, criticando abiertamente el contenido, atacan al sesgo, pretextando que el modo por el que es vehiculizado el contenido no sería infalible. Y el giro se ha cumplido.

Para evitar las condenas, los modernistas evitaron las afirmaciones de principios (un escrito herético es fácil de descubrir y de poner en el Index), pero inauguraron una práctica que consistía en no tener en cuenta las condenas doctrinales establecidas por los soberanos pontífices. Es hasta en estas peligrosas trincheras que Pío XI los va a perseguir, denunciando a aquéllos que “actúan exactamente como si las enseñanzas y las órdenes promulgadas en tantas oportunidades por los soberanos pontífices, notablemente por León XIII, Pío X y Benedicto XV, hubieran perdido su valor primero o aún no debieran más ser tomadas en consideración”. El papa concluye por un juicio formal: “Este hecho revela una suerte de modernismo moral, jurídico y social; Nos lo condenamos tan formalmente como al modernismo dogmático” (Pío XI: encíclica Ubi arcano, 28 de diciembre de 1922).

2.5.14 CONCLUSIÓN

Despreciar la enseñanza “solamente” ordinaria o admitir la eventualidad de un fallo posible del papa es una mentalidad herética, condenada muchas veces por la Iglesia.

RESUMIDO: aquéllos que piensan que un papa puede errar marchan sobre las huellas de los herejes antiguos: galicanos, husitas, protestantes, jansenistas, francmasones, viejocatólicos, modernistas.

NOTAS

10 Largos extractos del proceso han sido publicados en francés: El Proceso de condena y el Proceso de rehabilitación de Juana de Arco traducidos, presentados y anotados por Raymond Oursel, París 1959.

11 El rey quiso privar a la Santa Sede de los ingresos de los obispados vacantes, llamados “anatas”. Las “anatas” son una renta de los productos anuales de ciertos beneficios eclesiásticos vacantes, a favor de la “Cámara apostólica”. La Cámara apostólica es un tribunal de la curia romana que administra el tesoro y el dominio del Estado eclesiástico, así como ciertas cuestiones de beneficios. Es presidida por un cardenal llamado “camarlengo”.

12.(Dom Prosper Guéranger: la monarquía pontificia, París y Le Mans 1869 Joseph de Maistre: Del papa (numerosas ediciones). (Joseph de Maistre: De la Iglesia galicana en su relación con el soberano pontífice, Lyon y París 1821.) (Mons. De Ségur: El soberano pontífice, en Obras completas, París 1874, t. III. 71)

  1. N del T: Disponemos del Denzinger versión en español: editorial Herder, tercera ed., Barcelona 1963, versión directa de los textos originales por Daniel Ruiz Bueno”, aunque a vuelta de página se indica algo muy distinto: la versión española se ha hecho sobre la 31o edición publicada en 1958. En ella, la condena de los errores de Pedro de Osma menciona ocho proposiciones, todas relativas al sacramento de la penitencia, numeradas desde 724 a 732. Se saltea la número 730 (la numeración pasa de 729 a 731):

“Ecclesia urbis Romae errare potest”. Transcribe bajo el número 733 el texto de la condena papal de la bula Licet ea, sin incluir la mención a las proposiciones que por su gravedad no se explicitan.

En el prólogo de esta edición se explica que las cinco primeras ediciones fueron dirigidas por el autor. Las sucesivas fueron dirigidas por: I Stahl: 6 a 9 (1888-1900), C. Bannwart, s.j.: 10 a 13 (1908-1921), J. B Umberg s.j.: 14 a 27 (1922-1951), C. Rahner, s.j.: 28-30 (1952-1955)

14 He aquí el fin de la lista de las herejías condenadas: Et romanum pontificem purgatorii poenam remitiere, et super his quae Universalis Ecclesia statuit, dispensare non posse. Sacramentum quoque poenitentiae, quantum ad collationem gratiae, naturae,. Non autem institutionis novi aut veteris testamenti exsistere, et alias quas propter earum enormitatem (ut illi qui de eis notitiam habent oblivisccantur earum, et qui de eis notitiam non habent ex praesentibus non instruantur in eis) silentio praetereundas ducimus, falsas, sanctae catholicae fidei contrarias, erroneas, et scandalosas, ac a fidei veritate alienas, ac Santorum Patrum decretis, et Apostolicis constitutionibus contrarias fore, manifestam haeresim continere, dictarum literarum, et per illas sibi concessae facultatis vigore, declaravit, et pro talibus haberi, et reputari debere decrevit, prout in quibusdam authenticis scripturis desuper confectis, plenius continetur » (Sixto IV : constitución apostólica bajo forma de bula Licet ea, agosto 9 de 1478, § 3, in Pietro Gasparri (ed) : Codicis juri canon ici fontes, cura emi. Petri card. Gasparri editi, Roma 1947, t.I, p. 85-87, no 58).

14 bis. [no están en el texto del libro. Añadida por el autor del blog] El autor del blog en el que se trae este capítulo ha hecho por su cuenta pesquisas sobre esta omisión en las ediciones españolas del Denzinger en latín y castellano. He aquí lo que ha encontrado:

  1. En la edición latina de 1955, de Friburgo-Barcelona, Editio 30 a cura de Carolus Rhaner, en la página 270 se lee en nota 1. Errores suos intra quos “Ecclesiae Urbis Romanae errare potest” [n. 730 in priotibus editionibus etc.. (pero añadiendo que )iam ante Bullae emissionem publice retractavit ( como si esto afectara al hecho de la condenación del error por Sixto IV. Parece que quiere decir que al haberse retractado Pedro de sus de sus errores, la condenación de éstos, entre los cuales, el del punto 7, esta condenación careciera de valor.

¡Argumento más que excesivo ¡estúpido! )

  1. En la edición de 1963, traducción de Daniel Bueno del original latino que es la que circula por internet [no se dice de que edición, aunque es la 31] en el número 730 se lee. “No existe en el original” ]Pero en la edición de 1913 sí existía la claúsula a “evitar” y en la latina de 1955 , la edición 30-como hemos visto- existía en nota en letra pequeña.

 

  1. En la edición de 1999, 2a ed. 2000, de Denzinger-Hünermann, Herder-Barcelona, ya no aparece la famosa proposición 7.En su lugar en la página 1426, en el no 1417, aparece otra proposición 7 de Pedro de Osma, condenada por Sixto IV en “Licet ea.” ésta: et super his quae universalis Ecclesia statuit, dispensare non posse. Es decir que la 7 de la edición de 1913 del Nº 730, ya no parece en absoluto. Y se suprimen las 3 que no son citadas en la bula “expresis verbis”, aunque a ellas se hace una referencia indiscutible con palabras fortísimas pocas veces vistas en el magisterio(enorme,escandalosas, que no conviene que lleguen a oídos.. y por esta razón NOS las callamos)

 

  1. Por otra parte en el manual la “Fe de la Iglesia” de Justo Collantes, que puede consultarse en la barra lateral del blog, en el Capítulo IX, Los Sacramentos de la iglesia, en el apartado V, “Sacramento de la Penitencia” en el párrafo 10) bula Licet ea, de Sixto IV (9-VIII-1479) se lee: Sixto IV confirmó la sentencia de Alcalá en la bula “Licet ea quae de nostro mandato” pero suprimió 3 de las 11 proposiciones de Alcalá. Una de las suprimidas en la bula es la 7 : “Ecclesia Urbis Romanae errrare potest” . Comentario: Mayor tergiversación no se puede concebir. De la mera ocultación se pasó a enunciar una positiva supresión , como si al papa Sixto IV no le hubieran parecido bien las condenas de las tres citadas en la condenación de Alcalá y en particular la 7. En realidad el papa condenó todas y en particular la 7 diciendo que las que cita Nos, declaramos (…) que las proposiciones precitadas son falsascontrarias a la santa fe católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas y que ellas contienen una herejía manifiesta” y las tres que no cita dice de ellas: y las otras (proposiciones) que Nos dejamos en silencio a causa de su enormidad (que aquéllos que las conocen las olviden, y que aquéllos que no las conocen no sean puestos al corriente por nuestra presente), Nos, las declaramos falsas, contrarias a la santa fe católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas, y conteniendo una herejía manifiesta”.

Véase cómo los manuales como el Denzinger ocultan la verdad de las condenaciones de la bula o bien como es el caso del manual de Justo Collantes falsifican impúdicamente el texto diciendo lo contrario de lo que fue la bula: Una condenación ex-cathedra de la dicha `proposición 7: Ecclesia Urbis Romanae errare potest . Así pues la proposición ocultada ha sido condenada con términos enérgicos, y además no la nombra por su enormidad, y para que no llegue a conocimiento de aquéllos a quienes pudiera escandalizar. Pero las declara indiscutiblemente e inequívocamente falsas, contrarias a la fe católica,erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la Fe, contrarias etc…

  1. del T. En apoyo de esta observación de los autores, nos permitimos transcribir parte de una carta de Mons. Alfonso María Buteler, arzobispo de Mendoza, Argentina , fechada en mayo de 1964, mientras estaba en Argentina, en un paréntesis de sus actividades en Roma respecto al concilio que estaba en plena realización. Allí exponía su visión acerca de hechos de rebeldía por parte de sacerdotes en una diócesis argentina. Mons. Buteler fue ordenado sacerdote en Roma en el año 1915, donde realizó sus estudios. Mons, Filemón Catellano, aludido en la carta, también cursó sus estudios de seminario en Roma, y fue ordenado en 1930 en Argentina:

“…El poco clero que hoy rodea con devoción filial a Mons. Castellano ha recibido mis enseñanzas teológicas hace 25 años. Siempre me esforcé por transmitirles todo lo bueno que yo asimilé hace 50 años en Roma. Pero aquella Roma de hace 50 años pasó a la historia. Y es allá donde hay que buscar a la madre del cordero. Los tres muchachones alzados hoy contra su Pastor y actores principales de tremendo escándalo, vienen de la Roma actual, es decir de una universidad afrancesada y lamentable tobogán al protestantismo. Eso se notaba ya en los alumnos que venían de allá hace treinta años. Hablo de Filemón (Mons. Castellano) (…) No habían asimilado las grandes verdades de nuestra Teología. Eran exponentes de un historicismo teológico, pero no cultores enamorados de verdades inmutables…”

  1. « Callidus fraudum artifex, (…) sive haereticus, qualem ex ipso libro possumus suspicari, sive catholicus, qualis Viteri vult. (…) Ejusmodi libri, qui fortasse in officina Satanae cuduntur » (Clemente XIII : Carta al obispo de Wurzburgo, marzo 24 de 1764).

Fuente. Misterio de iniquidad. Cap. 2. 5. Gentileza de Amor  la verdad.

CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 7/10

MISA DE LOS FIELES PARTE PRIMERA

Números 190-206

Preparados en la ANTE-MISA
con la purificación del alma y
con la ilustración de la fe, entramos
ya en la Misa propiamente dicha,
es decir, en el SANTO SACRIFICIO.

190. El Santo Sacrificio ¿de cuántas partes consta?
De tres partes:
I. Del Ofertorio u ofrecimiento de la materia del sacrificio.
Desde el mismo Ofertorio hasta el Prefacio.
II. De la Consagración o realización del sacrificio.
Desde el Prefacio hasta antes del Pater Noster.
III. De la Comunión o banquete del sacrificio.
Desde el Pater Noster hasta el fin.

191. OFERTORIO.

Plegarias
(Antífona-restos del Salmo de la procesión de las Ofrendas)
A Dios Padre

1 OFRENDA del PAN: «Súscipe Sancte Pater»
2 Mezcla del agua con el vino: «Deus, qui humanae» 3 OFRENDA del VINO: «Offerimus tibi» 4 OFRENDA DE NOSOTROS MISMOS: «In spiritu humilitate»

A Dios Espíritu Santo

5 INVOCACION al Espiritu Santo «Veni… Sanctificator» 6 Lavatorio de las manos: «Lavabo inter innocentes»

A la Santísima Trinidad

7 RESUMEN de las plegarias del Ofertorio: «Suscipe, S. Trin.»

INVITACIÓN a orar y respuesta de los fieles: «Orate Fratres» y «Sucipiat»
8 ORACION sobre las ofrendas separadas; SECRETA

AMEN-FINAL

192. ¿Cómo empieza la Misa de los Fieles?
La Misa de los Fieles empieza con el acostumbrado saludo cristiano: «Dominus vubiscum» y la invitación a orar: «Oremus».
En la Liturgia primitiva, después de este saludo e invitación a orar — invitación que ahora queda sin respuesta y claramente indica que existe aquí un vacío—, tenía lugar toda una serie de oraciones por el Papa, el Obispo, los enfermos, los cautivos, etc., como en las hermosas plegarias del Viernes Santo. Así sucede en las demás Liturgias, que tienen todas, en este momento, esta oración colectiva de los fieles, y así lo colegimos de los documentos litúrgicos más antiguos; véase p. e., a 8. Justino: n. 136 (4).

Hoy, a esta invitación a la plegaria sigue una antífona sencilla y ordinaria en apariencia… pero cuánta historia encierra esta antífona y cuán herniosos recuerdos evoca: es el OFERTORIO.

193. Durante muehos siglos ¿quiénes eran los que ofrecían la materia para el sacrificio y para la comunión de los fieles?
Eran los mismos fieles. Una vez terminada la misa de los catecúmenos, y despedidos éstos del templo, se dirigían los fieles en procesión hacia el altar, primero los hombres y después las mujeres, llevando unos el pan y el vino — vino tinto era el único que entonces se consagraba — que habían de servir para el sacrificio, y otros también otras ofrendas, o en especie, como cera, aceite, frutas, lana, o en dinero. También era costumbre presentar algunas flores, como rosas y azucenas.
Después de los fieles solían hacer su ofrenda los reyes o emperadores, luego los diáconos, sacerdotes y, por fin, el mismo Obispo celebrante. Teodoreto, hablando del emperador Teodosio, nos dice: «Al llegar el momento de ofrecer los dones a la Sagrada Mesa, Teodosio, levantándose y con lágrimas en los ojos, subió al santuario, y ofrecidos los dones, quedóse junto a la reja, como solía. Mas entonces no se calló el gran Ambrosio, sino que le enseñó la diferencia de lugares… «La entrada — le dijo — a los lugares más interiores, oh emperador, a solos los sacerdotes les está permitida: para todos los demás invia sunt et intacta… por lo tanto, sal y ponte con los demás: nam purpura imperatores facit, non sacerdotes, porque la púrpura hace emperadores, pero no sacerdotes». Citado por Cirera: o. c., página 491. Teodoreto: Histor, eccl., 1. V., c. 17. P. G. t. 82, c. 1235.

Colocábanse estas ofrendas sobre un blanco mantel, en la mesa del sacrificio — prothesis—, situada a un lado del altar; los diáconos separaban el pan y vino que debía consagrarse, y reservaban lo demás para los pobres, los enfermos, las viudas y para las diversas necesidades de la Iglesia.
Léase esta emocionante enumeración de los necesitados, a quienes socorría la Iglesia en el siglo III. «Cada uno de nosotros aporta todos los meses su módico tributo, cuando y como quiere, según sus posibilidades, pues a nadie se le obliga, todo es voluntario, y forma como un depósito de piedad que no se gasta en banquetes ni en estériles disipaciones, sino que se emplea en alimentar a los pobres, en darles sepultura, en el sustento de los infelices huérfanos, de los criados extenuados por la edad y de los náufragos, en alivio de los condenados a las minas, dg los desterrados lejos de su patria, o de los detenidos en las cárceles por la Cansa de Dios». Tertul. apolog. c. 93. P. L. t.. I, col. 533. Ya a mediados del siglo III, en tiempos de San Cornelio, la Iglesia de Roma mantenía a más de 1500 pobres. Jaffé: Eegest. Pontif. n. 106, p. 17.
Parte de los panes, no consagrados, después de recibir una bendición especial — por eso se llamaban «Eulogios o pan bendito» —, se distribuían a los catecúmenos, ya que éstos no podían comulgar, y también se remitían a los ausentes en señal de unidad y caridad cristiana. Reminiscencias de estas ofrendas en especie, son todavía en la Misa de la consagración de los Obispos los dos cirios, dos panes y dos barrilitos de vino que, el que va a ser consagrado, ofrece al Obispo consagrante lo mismo que los cirios que ofrecen en sus ordenaciones los nuevos sacerdotes y demás ministros del altar. 194. ¿Qué significación tenían estas ofrendas espontáneas de los fieles?

Con estas ofrendas se unían los fieles al Santo Sacrificio y participaban activamente en su celebración; de este modo la Misa aparecía lo que es, un acto verdaderamente colectivo y social.
Además, la ofrenda representando a los mismos fieles era símbolo de la entrega que hacían éstos de sus personas a Dios — la ofrenda particular e insignificante de cada fiel, al unirse y fundirse con las de los demás, se transformaba en un solo y grandioso donativo de la comunidad—, y, en fin, el pan y vino que ofrecían se les devolvía después divinizado y transformado en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo: esta transformación era símbolo de la que en ellos obraba la Eucaristía: «No vivían ya ellos, sino que Cristo vivía en ellos»».
Para comprender el Ofertorio, que es hoy concretamente el ofrecimiento del pan y del vino que ha de servir como materia del sacrificio, hay que tener presente que es un acto de adoración: es decir, un acto por el cual reconocemos a Dios como soberano Señor de todas las cosas y, en particular, del pan y del vino, que son el alimento ordinario de nuestra vida.
En el Ofertorio hay, pues, una substitución: el pan nos sustituye, está en nuestro lugar… Y el pan, ¿no representa nuestra vida? ¿No decimos con mucha verdad que ganamos el pan, o ganamos la vida?
En estos momentos del Ofertorio, en que se realiza el acto más humano de toda la Misa, la entrega de lo que tenemos y de lo que somos, hemos de colocar sobre la patena y junto al pan candeal, fruto de nuestros trabajos y sudores, todas nuestras oraciones, nuestros deseos, nuestras penas, nuestros sufrimientos y también nuestros pecados, para que sean lavados con la sangre inmaculada de la Victima Divina.

195. Durante esta procesión de las ofrendas, ¿qué solía cantarse?

Aunque al principio — hasta el siglo IV— el Ofertorio se hacía en silencio, pero pronto se vió la conveniencia de amenizar religiosamente estas procesiones, muchas veces de larga duración, cantando, como en el Introito, algún salmo antifonado que despertara el alegre fervor de los donantes.
Este es el origen de nuestro actual Ofertorio, que, al cesar la ofrenda popular, quedó reducido a sólo la antífona, sacada siempre de algún salmo en las misas antiguas y que cambia como el mismo Introito en cada misa, para reflejar mejor el ambiente y espíritu de la solemnidad del día.
La Misa del Sábado Santo es la única que carece de Ofertorio; pues siendo en sus orígenes una Misa nocturna — la Misa que ahora se celebra el Sábado Santo, se decía antiguamente en las primeras horas del domingo de Resurrección —, los fieles no traían a ella sus acostumbradas ofrendas.
196. ¿Hasta cuándo duraron estas ofrendas en especie?

Hasta el siglo XI: en el cambio de la naturaleza de las ofrendas influyeron, entre otras, estas dos causas:
1, la introducción del pan ázimo o pan sin levadura, pues hasta entonces se consagraba indiferentemente con pan ordinario o fermentado — y esto era lo más común—, o con pan ázimo.
2, la gradual disminución del número de los comulgantes. De esta manera fueron quedando casi solamente las ofrendas en dinero.
Hoy la ofrenda popular consiste ordinariamente en los estipendios que los fieles ofrecen voluntariamente a sus sacerdotes, y también en la colecta que se verifica durante la Misa.
Por supuesto que en estos estipendios, o limosnas, o intenciones de misas que los buenos católicos entregan al sacerdote, no hay ni asomos de sórdida simonía: «no hay compra de valores espirituales por un precio temporal en que se tasara la Misa; todo el oro del mundo no bastara a pagar condignamente la menor miguita de la gracia divina, cuánto menos el tesoro inagotable de bienes que encierra una sola misa. El estipendio, además de ser un sacrificio meritorio hecho a la divinidad, resulta un acto de caridad, y 3 veces de justicia para con el sacerdote, sobre todo si es nuestro párroco o pastor. El que sirve al altar, debe vivir del altar, dice S. Pablo, y nada tiene de extraño que si el sacerdote nos da los bienes espirituales, nosotros le respondamos alargándole siquiera un mendrugo de pan y aquello que necesita para su congrua sustentación.» G. Prado: Curso Popular de Liturgia, n. 169.
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OFERTORIO

S. El Señor sea con vosotros.
P. Y con tu espíritu.

S. Oremos: Como recibías el holocausto de carneros y de toros, y los sacrificios de millares de pingües corderos, así sea grato hoy nuestro sacrificio en tu acatamiento: pues no son confundidos los que en Ti confian. (Dan. 3, 40).

197. ¿Cómo ofrece el sacerdote el pan y el vino que va a consagrar?

EL PAN.—El sacerdote toma en sus manos consagradas el plato de oro o patena, que contiene una hostia grande y redonda marcada con un ligero relieve de la imagen del Crucifijo, sostiene levantada esta patena a la altura de los ojos y, acompañando con el gesto las palabras que pronuncia, alza los ojos hacia la Cruz del altar, los baja en seguida sobre la Hostia Inmaculada — ya ahora, por anticipación, se llama así a la hostia que en seguida va a ser el Cuerpo del Cordero sin mancilla—, mientras recita la oración: «Recibe, Padre santo», anterior al siglo X y la más rica y substanciosa de todas las del Ofertorio.
Antes de depositar la Hostia sobre el altar, traza, con la patena que la contiene, una cruz sobre los corporales — así en forma de cruz se colocaban los panes que iban a ser consagrados —, deja sobre aquéllos la Hostia y coloca a su lado derecho, parcialmente cubierta con los corporales, la patena ya vacía, o, si es misa solemne, la toma el subdiácono y la sostiene envuelta con el velo humeral: véase n. 109.

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OFRECIMIENTO DEL PAN: Recibe, oh Padre santo, omnipotente y eterno Dios, esta inmaculada hostia, que yo, indigno siervo tuyo, ofrezco a ti, Dios mio y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; para que a mi y a ellos nos aproveche para la salvación y vida eterna. Amén.
Esta oración es como un breve programa de todo lo que puede decirse sobre el Sacrificio de la Misa, pues nos declara: 1, A quién se ofrece el sacrificio; 2, Qué se ofrece; 3, Quién lo ofrece; 4, Por quiénes se ofrece; 5, Con qué fines lo ofrece.
198. EL VINO.—Después, fuera de los corporales, prepara el CALIZ limpiando su copa e infundiendo en ella un poco de vino; lo mezcla en seguida con algunas gotas de agua que previamente bendice con la señal de la cruz — si no es Misa de difuntos—, al mismo tiempo que recita una de las más bellas oraciones: «¡Oh, Dios, que creaste de modo admirable!…» — véase n. 119—; vuelve al centro del altar y con las mismas ceremonias con que ofreció la Hostia, pero ahora sin bajar los ojos en toda la oración, hace la oblación del Cáliz, diciendo la oración: «Ofrecémoste, Señor, el Cáliz de salud», oración también muy antigua y perteneciente al rito mozárabe o español, y no en singular como el pan, porque esta oración la decían juntos, celebrante y diácono, mientras este último le ayudaba a sostener el gran cáliz antiguo, del que debían comulgar los fieles. V. n. 107.
La materia del Sacrificio de la Misa es el pan de trigo y el vino de vid completamente fermentado, no corrompido. Siendo verdadero pan lo mismo el pan ázimo que el fermentado, con uno u otro puede válidamente consagrarse, si bien está mandado que los sacerdotes de la Iglesia latina usen pan ázimo y los de la griega pan fermentado donde quiera que celebren. Der. Can.: cc. 814. 816.

199. ¿Qué origen y qué significación tiene esta mezcla del agua con el vino?

Tiene un origen histórico: en la época de Jesucristo no se bebía el vino puro o «merum» que llamaban los romanos. Solían éstos aguar sus vinos fuertes mezclándolos casi en partes iguales; sólo hacia el fin del convite aumentaban la cantidad de vino: tres cuartas partes de vino por una de agua.
Pero esta mezcla pronto sugirió a los fieles preciosos simbolismos: el vino representa la naturaleza divina de Jesucristo, y el agua, la naturaleza humana; la mezcla del vino y del agua simbolizarán la unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona de Jesucristo… Y así como las pequeñas gotitas de agua desaparecen en la masa del vino y en seguida son cambiadas, como el mismo vino, en la sangre de Jesucristo, así nosotros debemos anegarnos, perdernos, desaparecer en Jesucristo, divinizados y transformados en El por la participación de su Cuerpo y de su Sangre.
Para los griegos esta agua es símbolo de la que brotó del costado de Jesús, atravesado por la lanza: por eso en la «Proskomidia» o preparación de la ofrenda, sus sacerdotes atraviesan con una especie de lanceta el pan del Sacrificio.
La oración: «Deus qui humanae substantiae», que con ocasión de este rito recita el sacerdote, es antiquísima, pues ya se encuentra en el Sacramentario Leoniano: V. n. 119. Sobre el estilo, la profundidad y el ritmo de esta oración clásica romana puede verse a Cabrol: Les Origines Liturgiques, pp. 110-111.
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OFRECIMIENTO DEL VINO «(al mezclar el vino y el agua)»: Oh Dios, que maravillosamente criaMe la naturaleza humana y más maravillosamente la reformaste, concédenos que, por el misterio que representa la mezcla de esta agua y vino, participemos de la divinidad de aquel que se dignó participar de nuestra humanidad, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que, siendo Dios, vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

200. ¿Cómo se ofrece a sí mismo el sacerdote?

Colocada ya la ofrenda sobre el ara — el Cáliz hacia el centro de los corporales, cubierto con la palia, y la Hostia delante del mismo Cáliz—, el celebrante, algo inclinado, con las manos juntas y apoyadas sobre el altar, se ofrece a si mismo y con él a los fieles, valiéndose de aquella bellísima plegaria que resonó por vez primera entre las gigantescas llamas del horno de Babilonia.
Aquellos tres jóvenes hebreos, Ananias, Misael y Azarias, se habían negado valerosamente a adorar la estatua del soberbio rey de Babilonia; arrojados en el horno encendido, lo convirtieron en templo ardiente y llevaron su heroísmo hasta las cumbres más sublimes… Pues mientras paseaban ilesos y victoriosos entre las llamas, generosamente se ofrecían a si mismos «con espíritu humilde y ánimo contrito», como víctimas expiatorias por los pecados de su nación, de su desgraciada nación que allí, en el destierro de Babilonia, no podía ofrecer los sacrificios que su santa ley les imponía…; «y los tres, como si no tuvieran sino una sola boca, alababan, y glorificaban, y bendecían a Dios en medio del horno, diciendo: «Bendito seas tú, oh Señor, Dios de nuestros padres…» Dan. 3. Hazaña gloriosa de jóvenes heroicos que la Iglesia Católica, con altísima inspiración, ha sabido situar en el preciso momento de la misa donde debe realizarse el sacrificio propio, la ofrenda mas costosa de nosotros mismos a Dios

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(Al ofrecerse el cáliz): «Ofrecémoste, Señor, el cáliz de salud, implorando tu clemencia, para que, en olor de suavidad, suba hasta la presencia de tu divina Majestad, por nuestra salvación y por la de todo el mundo.
201. Mientras el celebrante recitaba estas oraciones, el coro cantaba tres veces el «Ven, Santificador, Todopoderoso Dios», invocación al Espíritu Santo, para que así como El santificó la virginal fecundidad de María, formando en su seno la Humanidad de Jesucristo, y sigue con sus dones santificando a la Iglesia y a las almas, así ahora santifique — santificar es retirar, apartar — el pan y el vino cambiándolos en el Cuerpo Eucarístico de Jesús.
Hoy esta invocación — especie de «epiclesis» o llamada al Espíritu Santo — la dice el sacerdote mientras con verdaderas ansias levanta hacia el cielo sus brazos para atraer la bendición del Espíritu Santificador sobre el Santo Sacrificio ya preparado. Cfr. 224.

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OFRECIMIENTO DE SI MISMO: «Con espíritu humillado y corazón contrito recíbenos, Señor, y de tal manera sea ofiegido hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que sea agradable a Ti, oh Señor Dios».
INVOCACION AL ESPIRITU SANTO: «Ven, Santificador Todo poderoso, eterno Dios: y bendice este sacrificio, preparado para lu gloria de tu santo nombre.»
202. Después que el celebrante ha ofrecido el pan y el vino, y a si mismo con los fieles, ¿qué ceremonia realiza?
EL LAVATORIO DE LAS MANOS: para lo cual se encamina hacia el lado de la Epístola, donde lava las extremidades de los dedos que van a tocar el Cuerpo de Jesucristo, recitando mientras tanto los últimos versos del salmo 25. Este lavatorio fue en sus orígenes una medida de orden práctico: convenía lavar las manos que habían estado recibiendo las ofrendas, pero ya desde entonces simbolizó la pureza de corazón con que hay que acercarse a los divinos misterios.
Fue un día Fray Diego de Yepes a celebrar misa en el convento de las Carmelitas de Medina del Campo; y las monjas, para el Lavabo, le pusieron un lienzo muy fino y muy bien perfumado. Esto parecióle al buen Padre un lujo excesivo e impropio de la pobreza religiosa, y asi no dejó de manifestarlo después de la misa. Santa Teresa lo sabe y, tomando en el momento la pluma, le escribe estas saladísimas palabras: «Sepa, Padre, que esa imperfección han tomado mis hijas de mi. Pero cuando me acuerdo que Nuestro Señor se quejó al fariseo, en el comité que le hizo, porque no le habia recibido con mayor regalo, querría desde el umbral de la puerta de la iglesia que todo estuviese bañado en agua de ángeles; y mire, mi Padre, que no le dan ese paño por amor de V. R., sino porque ha de tomar en esas manos a Dios, para que se acuerde de la limpieza y buen olor que ha de llevar en la conciencia, y si esa no fuere limpia, váyanlo siquiera las manos.» Ribera: Vida de Santa Teresa de Jesús, lib. 4, c. 12, pg. 423.
Antiguamente se lavaban por completo las manos, no como ahora sólo las extremidades: pues además de haber recibido en ellas las ofrendas, el Obispo, al despedir a los catecúmenos, se las ponía sobre sus cabezas, y muchos de ellos eran obreros y esclavos.
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SEGUNDA INCENSACION: de la Hostia, del Cáliz, del Crucifijo, del altar, del preste, del coro, del subdiácono y, en fin, de toda la asamblea cristiana.
LAVATORIO DE LAS MANOS (del salmo 25): Lavaré mis manos entre los inocentes, y rodearé, Señor, tu altar. Para oír la voz de tu alabanza y pregonar tus maravillas. Señor, he amado la hermosura de tu casa y el lugar donde reside tu gloria. No pierdas, Dios mio, mi alma con los impíos, ni mi vida con los hombres sanguinarios. Cuyas manos están llenas de iniquidades, y cuya diestra está colmada de presentes. Mas yo he caminado en la inocencia; sálvame y ten misericordia de mi. Mi pie ha permanecido firme en el camino recto: en las asambleas de los fieles te bendeciré. Señor.

Gloria al Padre…

203. Terminado el lavatorio de las manos, que ha interrumpido momentáneamente las plegarias del Ofertorio, ¿qué oración recita el celebrante cuando regresa al centro del altar?
Inclinado en actitud suplicante y con las manos juntas y apoyadas en el borde del altar, recita la oración: «Recibe, ¡oh, Santa Trinidad!», que ya forma parte de la liturgia ambrosiana, aunque hasta el siglo XVI no fue obligatorio el rezarla.
Esta oración, que se dirige no ya sólo al Padre o al Espíritu Santo, como las anteriores, sino a la Santísima Trindad, viene a ser como el resumen de las plegarias del Ofertorio, y nos indica con todo orden los fines primordiales del Santo Sacrificio, que son:
1, recordar la vida de Jesús (Haced esto en memoria mía), en sus tres grandes misterios: Pasión, Resurrección y Ascensión,
2, honrar a todos los Santos, nombrando entre éstos particularmente a los mismos del Confíteor y aquellos cuyas reliquias están en el ara, pues como se sabe, siendo la Misa un sacrificio impetratorio, obtiene de Dios, para los Santos, un acrecentamiento de gloria accidental;

3, conseguir nuestra salvación, y

4, lograr especialmente que intercedan por nosotros en el cielo aquellos santos cuya memoria y festividad celebramos aquel día en la tierra.

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HESUMEN DE LAS PLEGARIAS DEL OFERTORIO: «Recibe, oh Trinidad Santa, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la Pasión, Resurrección y Ascensión de Jesucristo N. Señor, y en honor de la bienaventurada siempre Virgen Maria y del bienaventurado San Juan Bautista, y de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de éstos (cuyas reliquias están en el ara), y de todos los Santos para que a ellos les sirva de gloria y a nosotros para nuestra salva ción, y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos cuya memoria veneramos en la tierra. Por el mismo J. C. N. Si Amén.

204. ¿Cómo termina el Ofertorio?
Termina con el «ORATE, FRATRES» y con la oración llamada «SECRETA».

El «ORATE, FRATRES» que el celebrante recita volviéndose a los fieles y completando el círculo por la parte del Evangelio — no se vuelve por el mismo lado porque ahora va a leer inmediatamente en el libro que está en el otro lado — es:
1, una invitación a orar, la más solemne y persuasiva que existe en toda la Misa ; y
2, es como la despedida que antes de penetrar en el Santo de los Santos dirige el celebrante a los fieles, pues ya no se volverá hacia ellos hasta después de la comunión.
En otros tiempos, a semejanza de lo que se practicaba en la Antigua Ley, cuando el sacerdote se internaba en el Santo de los Santos, se corría ahora, después del «Orate, fratres», un velo o cortina entre el celebrante y el pueblo, o se cerraba el presbiterio por medio de una puerta; era ésta una precaución, dictada por la disciplina del arcano, vigente en los primeros siglos.
205. LA «SECRETA»: es ahora la última oración del Ofertorio, y era antes, en los orígenes de la misma, la UNICA ORACION que se recitaba sobre las ofrendas SEPARADAS — eso significa «secreta»… cosas separadas, escogidas—, pues ya hemos visto que no todas las ofrendas eran escogidas para la Consagración. (V. n. 193.)
La «Secreta» es, por consiguiente, la oración más antigua del Ofertorio, y todas las que hasta aquí le han precedido, no son más que hermosas variedades o diversos motivos inspirados en el mismo tema de esta oración venerable. La idea que encierran las «Secretas» de estilo antiguo, podemos, decir con Cabrol que es siempre «la de que Dios acoja favorablemente las ofrendas, y correspondiendo a ellas conceda su gracia o sus dones a los fieles. Casi me atrevería a decir que es la idea de un canje entre la tierra y el cielo; los fieles ofrecen dones materiales que ven santificarse, y piden en cambio los dones celestiales». La Oración de la Iglesia, c. 7. p. 117.
Parecía muy natural que esta oración se recitara en voz alta y aun se cantera, como así se hacía antiguamente y sigue ahora haciéndose en el Oremus que inicia el Ofertorio y el Per omnia saecula saeculorum, que eran el principio y conclusión de esta oración; pero desde hace no pocos siglos se viene diciendo en voz baja, secreta, sin duda por haberse olvidado la verdadera etimología de esa palabra («secreta», de secerno, separar), después que cesó el primitivo rito de las ofrendas.
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S. ORAD, HERMANOS: para que este sacrificio mío y vuestro sea aceptable a Dios Padre Todopoderoso.
P. El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre y también para utilidad nuestra y de toda su santa Iglesia. Amén.
206. Como afirmación solemne a lo que el sacerdote acaba de decir en voz baja a Dios N. S., resuena ahora en todo el templo un AMEN sonoro y unánime de la asamblea cristiana reunida en torno al altar.
LAS OFRENDAS, es decir, el pan, el vino y nosotros mismos hemos recibido ya como una primera consagración que nos ha separado del uso común y profano y nos ha aproximado cerca, muy cerca de Dios… Tan cerca que divisamos ya el Calvario, con la Cruz y la Victima del Sacrificio…
¡Muy alta está la cumbre!, ¡la Cruz muy alta!
para llegar al cielo, ¡cuan poco falta! (Fdez. Grilo.)

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ORACION SOBRE LAS OFRENDAS SEPARADAS (SECRETA): Oh, Dios, que quisiste reemplazar las diferentes hostias de la antigua Ley por un solo y perfecto Sacrificio, recibe el que te ofrecen tus devotos siervos, y santifícalo con la misma bendición con que bendijiste al de Abel; y lo que cada cual ha ofrecido en honor de tu Majestad, aproveche a todos para su salvación. Por N. S. J. C…. (última parte de la conclusión en voz alta): POR TODOS LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. —P. AMEN.
Antonio Rubinos S.J.
CATECISMO HISTORICO LITURGICO DE LA MISA

EL ACTO HEROICO DE CARIDAD

El Acto heroico de caridad

Rvdo. P. Benedict Hughes, CMRI

El padre Gaspar Olider, sacerdote teatino devoto que vivió a principios del siglo XVIII, predicó la práctica de un tipo de caridad conocido como el Acto heroico de caridad hacia las almas en el purgatorio. Esta devoción fue aprobada por la Iglesia y fue altamente indulgenciada por los papas Benedicto XIII, Pío VI y Pío IX. A fin de que entendamos mejor este Acto heroico, examinemos primero lo que se entiende por la palabra sufragio.

Sufragios para los difuntos

Toda obra buena que realizamos en el estado de gracia posee un valor triple: Tiene poder meritorio, impetrante y satisfactorio. El valor meritorio de nuestras buenas obras indica su capacidad para ganar un incremento en el mérito, el cual es un derecho a la recompensa celestial. Por consiguiente, toda buena dádiva le gana al que la realiza un incremento en la gloria celestial. Nuestros méritos son incomunicables: no podemos cederlos a los demás.

Las impetraciones y satisfacciones, por el otro lado, sí son aplicables a los demás. El valor impetrante de nuestras buenas dádivas indica su poder para obtener de Dios un poco de su gracia. Como sucede con cualquier oración, podemos ofrecer nuestras impetraciones por los demás. De igual manera, el valor satisfactorio de nuestras buenas obras, que es el poder que poseen para expiar el castigo temporal que se debe al pecado, puede aplicarse a las almas en el purgatorio o pueden usarse para nuestro propio beneficio.

Los sufragios es una palabra usada para incluir tanto las impetraciones como las satisfacciones: el doble valor de nuestras buenas acciones que pueden aplicarse a los demás. Las almas en el purgatorio no pueden orar por sí mismas ni ganar indulgencias, no pueden asistir a misa ni recibir los sacramentos. No pueden sino sufrir para expiar el castigo temporal que se debe a sus pecados. Mediante nuestros sufragios, podemos aliviarles de sus sufrimientos y satisfacer por sus pecados. La caridad cristiana nos inspira, como miembros de la Iglesia militante, a hacer todo lo que podamos por estos nuestros hermanos de la Iglesia purgante.

Los elementos del acto heroico

El Acto heroico es una donación total a las almas del purgatorio de todo lo que podemos darles. Un decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 18 de diciembre (1885) describe esta donación de la siguiente manera: “El Acto heroico de caridad, a favor de las almas detenidas en el purgatorio, consiste en esto: que un miembro de la Iglesia militante […] ofrece a Dios todas las obras satisfactorias que realizará durante su vida por las almas en el purgatorio, y asimismo todos los sufragios que puedan acumulársele tras la muerte.”

El heroísmo de este acto en esto consiste: que por medio de él damos a las almas purgantes no solo el valor satisfacorio de todas las obras de nuestra vida, sino también todos los sufragios que se nos darán después de nuestra muerte, sin resevar nada con lo cual saldemos nuestra propia deuda. Por ello, el acto es uno de caridad desinteresado. Además, depositamos estos tesoros en las manos de la Santísima Virgen María, para que pueda ella distribuirlos, según le plazca, a todas aquellas almas que desea librar del purgatorio. Al hacer eso, sacrificamos también la libertad de aplicar nuestros sufragios a los difuntos de nuestra elección. Con ello entregamos a favor de todas las almas purgantes aun el placer de denotar el beneficiario de nuestra caridad. Por medio de esta devoción renunciamos a todo lo que se pueda renunciar: sin duda, una acción magnánima.

¿Cómo, entonces, se hace este Acto heroico? La Sagrada Congregación contesta en el decreto ya mencionado que un miembro de la Iglesia militante hace esta donación, “ya usando una fórmula hecha, ya simplemente por un acto de su voluntad.” Es importante, sin embargo, que uno comprenda todo lo que hace antes de realizar el Acto heroico, y, por lo tanto, debería consultarse al confesor antes de emprenderlo. Si alguno, después de realizar el Acto, llegara a lamentar haberlo hecho, puede revocarlo por un simple acto de su voluntad.

Objeciones a esta devoción

Todas las objeciones formuladas contra esta devoción giran en torno al miedo de que, al realizarla, se pone en riesgo la salvación de el alma propia. Ciertos cristianos de buen corazón temen que por tan perfecta renuncia se quedarán sin los auxilios necesarios para la salvación. Asimismo temen que, habiendo sacrificado todos sus sufrimientos, serán condeanados tras la muerte al purgatorio por un tiempo indefinido, quizá hasta el fin del mundo.

El P. Mumford, como lo cita el P. Shouppe en Purgatory, habla de cristianos que hacen esta total donación de todo el fruto de sus buenas obras que se encuentran a su disposición en favor de las pobres almas. Dice: “No creo que puedan hacer mejor uso de ellas, puesto que las vuelven más meritorias y más eficaces, tanto para obtener la gracia divina como para expiar sus propios pecados y acortar su estancia en el purgatorio, o aun de adquirir expiación total de ellos” (pp. 206-7).

Estas palabras indican las valiosísimas ventajas del Acto heroico. Entendamos que el Acto no nos impide orar por algunos difuntos en particular. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la aplicación de nuestros rezos está sujeta a la disposición de la adorable voluntad de Dios. Lejos de pensar que nuestra Santa Madre abandonaría a aquellos por los que rogamos, pensemos que le daría gusto conceder las peticiones de quien ha hecho este generoso sacrificio.

Por otro lado, como ya se dijo antes, el Acto puede revocarse en cualquier momento. Así como puede hacerse por medio una simple acción de la voluntad, también una acción de voluntad puede revocarlo. Aunque puede hacerse sin la ayuda de una fórmula en particular, sin embargo, vendría bien renovarlo a menudo utilizando la fórmula que se halla en esta página. Tal renovación estimula nuestro afán de aliviar a las pobres almas y nos sirve de recordatorio del sacrificio que hemos hecho en su favor.

Finalmente, no pensemos que nos someteremos a un largo y espantoso purgatorio con esta cesión de nuestros sufragios en favor de los difuntos. Si bien es cierto que, en esencia, esta práctica implica una disposición a asumir las terribles penas del purgatorio por amor del prójimo, es inconcevible que tan generosa alma sea abandonada a un purgatorio largo. Pensar de esta manera, como dice san Luis María de Montfort, es pensar indignamente de Jesús y María.

Este hecho se demuestra con una historia de santa Gertrudis contada por el P. Shouppe. La santa, estando en la hora de la muerte y considerando los pecados de su vida, temía que, habiendo hecho tanto por las almas en el purgatorio, ya hubiera agotado sus satisfacciones y sería abandonada a sufrir mucho en el purgatorio. Nuestro Señor se dignó a aparecérsele a fin de consolarla con estas palabras: “La generosa donación que de todas tus obras has hecho para las santas almas me han agradado singularmente; y para darte prueba de ello, declaro que todas las penas que habrías tenido que perdurar en la otra vida son condonadas; además, en recompensa por tu generosa caridad, de tal manera realzaré el valor de los méritos de tus obras que te aumentarán la gloria en el cielo” (p. 208).

Indulgencias concedidas

Los que están familiarizados con la consagración total a Jesús por medio de María, tal como fue enseñada por san Luis María de Montfort, hallarán que esta renuncia de satisfacciones es parte de la consagración que él enseña. Puede que se pregunten si sirve de algo hacer este Acto heroico si, en esencia, ya han entregado sus sufragios.

Recomiendo que hagan el Acto heroico de caridad, y esto por dos razones:

1) al realizarlo, se les recuerda de la donación de sus sufragios hecha por medio de la santa esclavitud, donación que quizá nunca entendieron del todo.

2) este acto se encuentra enriquecido con maravillosas indulgencias, y es muy importante que ganemos todas las indulgencias posibles para el alivio de las pobres almas.

Las dos indulgencias principales que se hallan anexadas a este acto son las siguientes: 1) los sacerdotes que la realizan reciben el privilegio personal de ganar una indulgencia plenaria para una alma de su gusto cada vez que dicen misa. 2) los fieles pueden ganar una indulgencia similar, aplicable únicamente a las almas en el purgatorio, cada vez que recibe la sagrada comunión y también cada lunes, día en que oyen misa para los difuntos. En todos los casos anteriores, se requieren las condiciones usuales para ganar estas indulgencias.

“Es, pues, un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados” (2 Mac. 12:46).

La fórmula del acto heroico

Oh santa y adorable Trinidad, deseando cooperar en la liberación de las almas en el purgatorio, y para testificar mi devoción a la Santísima Virgen María, cedo y renuncio en favor de esas santas almas toda la parte satisfactoria de mis obras, y todos los sufragios que puedan dárseme después de mi muerte, y las encomiendo enteramente en las manos de la Santísima Virgen, para que pueda aplicarlas según le plazca a esas almas de los fieles difuntos que desea librar de sus sufrimientos. Dígnate, Dios mío, aceptar y bendecir esta ofrenda que hago para ti en este momento. Amén.

LA BENDICIÓN PAPAL IN ARTICULO MORTIS

Casos de conciencia tomados de The Casuist
(Vol. III, Nueva York: Joseph F. Wagner, 1910)

Caso: Al debatir recientemente con algunos compañeros del sacerdocio la cuestión de la bendición papal in articulo mortis, parecía haber considerable diferencia de opinión en cuanto a las veces que puede darse a la misma persona durante el progreso de la misma enfermedad. Algunos del clero pensaban que podría darse o repetirse siempre que se diera la extremaunción o cuando la tal persona hiciera una buena confesión. Otros parecían pensar que si la enfermedad continuaba por un tiempo y el enfermo tenía la desgracia de caer, de vez en cuando, en pecado mortal, la bendición debía repetirse cada vez que el enfermo recibiera la absolución del pecado mortal. ¿Existe certeza en esta cuestión, o puede un sacerdote seguir lo que le parezca bueno y razonable?

Respuesta: No, un sacerdote no debe seguir lo que le parezca bueno en esta cuestión, puesto que la Sagrada Congregación de Indulgencias ha, en varias ocasiones, respondido a las preguntas de arriba. Empecemos con una a la vez. Primero, ¿puede darse la bendición papal más de una vez durante la misma enfermedad? O, cuando menos, ¿puede repetirse siempre que se repita la extremaunción durante una enfermedad prolongada? No, la bendición papal, in articulo mortis, no puede darse más de una vez durante la misma enfermedad, aun cuando se permita la repetición del sacramento de la extremaunción. San Alfonso y los teólogos generalmente permiten la repetición de la extremaunción durante la misma enfermedad a una vez al mes, porque si la persona enferma continúa viviendo por un mes o más tras haber sido ungida, se supone que la crisis original o el peligro de muerte, o periculum mortis, debió haber pasado y un nuevo peligro lo ha sustituido, lo cual vuelve legítima la nueva administración de la extremaunción. Mas lo mismo no puede decirse de la repetición de la bendición papal, pues la Congregación de las Indulgencias la prohibe. Al preguntársele si la última bendición puede darse “dos o más veces en la misma enfermedad, que se prolongó inesperadamente, aun si el enfermo no puede recuperarse,” la Sagrada Congregación contestó el 23 de septiembre de 1775: “Solo una vez en la misma enfermedad grave.” En 1838 se volvió a plantear la duda de si la bendición apostólica puede darse repetidas veces a los enfermos afectados con un nuevo peligro de muerte, y respondió la Sagrada Congregació el 24 de septiembre: “En la forma negativa, si el mismo peligro de muerte perdura; en forma afirmativa, si el enfermo se recupera y, a partir de entonces, vuelve a encontrarse en peligro de muerte.”

La razón de por qué no se permite repetir la bendición durante la misma enfermedad es porque tal repetición es inútil. La indulgencia plenaria concedida por el papa a los moribundos puede ganarse una sola vez y únicamente en el instante de la muerte. Si la enfermedad continúa, la indulgencia también continúa para ser ganada en el momento de la muerte. Si la persona enferma no muere, tampoco gana la indulgencia. Si el enfermo se recupera y luego contrae una nueva enfermedad, debe recibir una nueva bendición, pues la antigua pasó con el paso de la enfermedad, por la cual fue concedida.

La segunda cuestión a contestar es esta: Si la última bendición fue recibida en estado de pecado mortal, ¿debe repetirse si el enfermo es absuelto del pecado mortal? Nuevamente, la respuesta es no. Esta es la contestación que dio a esta pregunta la Congregación de Indulgencias el 20 de junio de 1836. Como la indulgencia plenaria no se gana cuando se da, sino solo en el momento de la muerte, no afecta quoad hoc, si el enfermo está en estado de gracia o en pecado mortal cuando se le dio la bendición. La indulgencia se gana en el instante de la muerte, en el momento que el alma deja el cuerpo, y, si en ese momento la persona moribunda se halla en estado de gracia y ha cumplido con las otras condciones para ganar la indulgencia, la gana, aun cuando estuvo en pecado mortal en el momento que el sacerdote le dio la bendición. Por tanto, el P. Schneider, S.J., en su obra, Rescripta Authentica, p. 701, tras recordar a sus lectores que la bendición puede darse solo una vez durante la misma enfermedad, añade: “Ninguna de estas cosas, por consiguiente, impide que se produzca el efecto, siempre y cuando la persona enferma esté adecuadamente dispuesta en el momento real de la muerte; la indulgencia se da para ese momento.”

Por las razones ya dadas se sigue que no es lícito repetir la última bendición, aunque el enfermo, después de haberla recibido en estado de gracia, caiga luego en pecado mortal. Como se dijo anteriormente, la indulgencia plenaria concedida por la bendición es solamente para el momento de la muerte. Lo único que el Soberano Pontífice requiere para ganar la indulgencia es que la persona moribunda que ha recibido la bendición estando en estado de gracia, y que luego tuvo la desgracia de caer en pecado mortal, se encuentre en estado de gracia en el momento de la muerte. Y por esta razón, la Congregación de Indulgencias, el 20 de junio de 1836, respondió que no era necesario, y, por tanto, que era ilícito repetir la bendición papal in articulo mortis, aun cuando el moribundo caiga en pecado mortal después de recibirla. Y esta es la tercer pregunta a contestar.

Para mayor ilustración del asunto, conviene recordar que todas las personas que están en peligro de muerte, y que son capaces de recibir la absolución sacramental, pueden y deberían recibir esta bendición papal. Por tanto, deben recibir la última bendición, en primer lugar, incluso los inconscientes y que, aun por culpa propia no han recibido la extremaunción; en segundo lugar, también los niños que nunca han ido a confesarse o a comulgar, con tal de que tengan la edad suficiente y sean capaces de cometer pecado; en tercer lugar, los condenados a muerte por crimen, si se arrepienten; en cuarto, soldados, antes de entablar batalla; en quinto, todas las personas en peligro de muerte, ya por enfermedad, ya por cualquier causa externa.

Las condiciones para ganar esta indulgencia plenaria son:

Primero, las mismas condiciones requeridas para ganar cualquier indulgencia: es decir, la persona debe estar en estado de gracia cuando se gane la indulgencia y debe tener la intención de ganar la indulgencia.

Segundo, debe resignarse completamente a la voluntad de Dios al estar muriendo.

Tercero, debe pronunciar el santo nombre de Jesús con sus labios, si es posible, y si no fuere capaz de hablar, al menos debe invocar el santo nombre de Jesús en su corazón.

Subráyese especialmente esta última condición de pronunciar el santísimo nombre de Jesús. La Congregación de Indulgencias la pidió el 22 de septiembre de 1892 para ganar la indulgencia plenaria in articulo mortis. Es algo que fácilmente se pasa por alto, y, por ello, le damos especial atención.

Finalmente, es costumbre dar esta bendición después de la confesión, del Viático y la extremaunción. No es necesario seguir este orden, pero por lo general sí se sigue. En cuyo caso es necesario repetir el Confíteor tres veces, esto es, una vez antes de dar el Viático, una segunda vez antes de la extremaunción, y la tercera antes de dar la última bendición.

En caso de necesidad extrema, cuando no debe perderse ni un segundo, se omite el Confíteor y el sacerdote comienza la bendición con las palabras “Que Nuestro Señor Jesucristo, etc…” Si hubiere peligro incluso en la demora requerida por esta fórmula, entonces el sacerdote debe comenzar con las palabras: “Por la facultad que me es dada por la Sede Apostólica, os concedo una indulgencia plenaria y la remisión de todos los pecados, en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.” Si no hubiere tiempo ni para esto de la fórmula prescrita, algunos teólogos son de la opinión de que la fórmula “Que Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo os bendiga. Amén” es suficiente para la comunicación de la bendición apostólica y la indulgencia plenaria (Cf. Schuch, O.S.B., Pastoral Theologie, p. 823).

Gentileza de CMRI

Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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DECLARACIÓNES DE MONS. THUC SOBRE LA SEDE VACANTE

DECLARACIONES DE MONS. DINH THUC PIERRE

SOBRE LA SEDE VACANTE

Por su interés histórico reproduzco las ya muy conocidas declaraciones de Mons. Thuc sobre la Sede Vacante. La primera en Munich el 25 de febrero de 1982 y la segunda en Acapulco el 26 de mayo de 1983.  El motivo de su reproducción en este  es meramente divulgativo y evangélico.

Piénsese lo que se piense sobre Mons. Thuc hay que reconocer el hecho de que sin las consagraciones de Mons. Thuc  casi se habría extinguido en el mundo la Sucesión Apostólica de la Iglesia Católica, con obispos libres de cualquier adhesión a la herejía o en unión a falsos papas, y lo mismo se diga de los Sacramentos válidos, particularmente el Sacramento del Orden, los cuales  todavía existen en el mundo, aunque en una mínima muestra, providencialmente preservada por Dios Nuestro Señor hasta que se digne levantar la dura prueba o castigo a que ha sometido a la humanidad, sin duda por los pecados y tibieza de los católicos, clero y laicos. Es consolador pensar que la “Oblatio Munda” de la Santa Misa Tridentina dicha “Non Una Cum” los apóstatas romanos, existe en la tierra aunque reducida a una mínima expresión, gracias a esas disposiciones providenciales de Dios Nuestro Señor. No sabemos cuánto tiempo durará todo esto, aunque bien pudiera ser menor de lo que aventura la prudencia mundana, pero nuestro deber de verdaderos católicos es sostener esta lucha, que envidian los ángeles y mártires del cielo, manteniendo intacta en el mundo la Antorcha de la Fe Católica, pura e íntegra, y la divina virtud de los Sacramentos. Ante todo y sobre todo, nuestro bendito y amado Dios sea alabado, reverenciado, obedecido y temido, sin importar nuestros sufrimientos en el empeño o sin que sintamos todavía el premio del divino  consuelo. Amén.

Mons. Thuc consagró varios obispos, que señalamos:

Los que, a su vez, han consagrado a otros obispos que continúan la sucesión apostólica ininterrumpida, únicos guardianes de la fe católica sin mancha ni arruga, ya que los lefebrvianos – Fraternidad y falsa resistencia- heredaron el heriticismo de su fundación, y siguen estando en comunión con el apóstata Bergoglio el lo más sagrado de la Misa.

 

 

DECLARACIÓN DE MUNICH DE 1982

¿Cómo es que la Iglesia Católica aparece hoy en día, tal como la observamos? En Roma, Juan Pablo II ( ayer Benedicto XVI, hoy Francisco I) reina como “Papa” rodeado por el cuerpo de Cardenales y de muchos obispos y prelados. Fuera de Roma, la Iglesia Católica parece estar floreciendo, junto con sus obispos y sacerdotes. El número de Católicos es grande. Diariamente la misa es celebrada en muchas iglesias y en domingos, las iglesias estan llenas de tantos fieles que vienen a escuchar la Misa y recibir la Sagrada Comunión.

Pero ante la vista de Dios, ¿cómo aparece la iglesia de hoy? ¿Son las nuevas misas —tanto las diarias como aquellas a las que la gente asiste los domingos— agradables a Dios? De ninguna manera, porque la misa nueva es lo mismo para los católicos que para los protestantes, por lo tanto ella es desagradable a Dios e inválida. La única Misa que agrada a Dios es la Misa de San Pío V, la cual es ofrecida por pocos sacerdotes y obispos, entre los que me cuento a mi mismo.

Por lo tanto, en lo que me sea posible, abriré seminarios para educar candidatos para este sacerdocio que es agradable a Dios.

Además de esta “Misa”, la cual no agrada a Dios, hay muchas otras cosas que Dios rechaza: por ejemplo, los cambios en la ordenación de sacerdotes, así como en los sacramentos de la Confirmación y de la Extremaunción.

Aún más, los “sacerdotes” ahora se apegan a:

  1. El modernismo
  2. El falso ecumenismo
  3. La adoración [o culto] al hombre;
  4. La libertad de abrazar cualquier religión;
  5. La resistencia a condenar herejía y a expulsara los herejes.
En consecuencia, porque soy hasta ahora un obispo de la Iglesia Católica Romana, Considero que la Sede de la Iglesia Católica Romana está vacante; y me corresponde a mi, como obispo, hacer todo lo que sea necesario para que la Iglesia Católica y Romana, perure en su misión por la salvación de las almas.

Febrero 25 de 1982
Munich

+ Pierre Martin Ngô-ding-Thuc, Arzobispo

DECLARACIÓN DE ACAPULCO, CONFIRMANDO

Y AMPLIANDO LA DECLARATORIA DE MUNICH

Después de una reunión en que fueron analizados los problemas de la Iglesia Católica derivados del Concilio Ecuménico Vaticano II que proclama el liberalismo religioso, adopta una nueva misa estructurada por protestantes, práctica el antropocentrismo sobre el Teocentrismo, se adhiere a los planes de la ONU y crea la diplomacia filo-marxista de la Ostpolitik, el arzobispo Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc y los obispos José de Jesús Roberto Martínez Gutiérrez, Adolfo Zamora Hernández, Benigno Bravo Valadés, Moisés Carmona Rivera y Luis Vezelis, O. F. M. afirmaron el 26 de mayo 1983 lo siguiente:

Los obispos católicos, reunidos en torno del Excelentísimo Señor Arzobispo Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc, arzobispo católico, declaramos:

I.- Que nos adherimos a él en sus valientes declaraciones públicas que hizo acerca de la vacancia de la Santa Sede y de la invalidez e ilicitud de Nueva Misa.

II.- Sostenemos como el Teólogo de Hierro, Padre Joaquín Sáenz Arriaga, que la Santa Sede está vacante desde la muere del Papa Pío XII, porque los que después de él fueron electos para sucederle, no reunían las condiciones necesarias para ser un legítimo Papa.

Además, tenemos abundantes pruebas de que estos cuatro antipapas cayeron en múltiples herejías.

ANGELO RONCALLI

a).- En sus años jóvenes fue acusado de modernista por el Santo Oficio(“Documentación inédita de las Cartas Cavallanti“).
b).- En sus clases como profesor de Historia de la Iglesia se valía del texto de Louis Duchesne, “Historia de la Iglesia Antigua”, obra que era considerada como modernizante hasta el punto que fue incluida más tarde en el INDICE (libros prohibidos por la Iglesia) .
c).- El cardenal De Lai llamó a Roncalli al Santo Oficio y le invitó severamente a observar la recta doctrina.
d).- En el Santo Oficio había con su nombre lo que se llama “FASCICOLO NERO” y allí una tarjeta que lo denunciaba en sus relaciones con los modernistas.
e).- En el libro “Las PROFECIAS DE JUAN XXIII” escrito por Pierre Carpi, se da a entender que Angelo Roncalli, estando en Turquía en el año 1935, se inició en la secta de los Rosacruces.Por todos estos motivos Angelo Roncalli no era papable, pues siendo el modernismo un conjunto de todas las herejías -como lo definió el Padre Santo San Pío X-, él por modernista, estaba fuera de la Iglesia Católica y por consiguiente no podía de ninguna manera ser Papa de la Iglesia Católica. Aún cuando haya sido electo, jamás podra ser considerado como un Papa legítimo. En efecto, tenemos un documento de gran valor que nulifica su exaltación y todos sus actos, este documento es nada menos que la Bula “CUM EX APOSTOLATUS OFICIO” de S. S. Paulo IV, de la que copiaremos solamente lo que interesa para nuestro objeto:
“… Agregamos también que si en algún tiempo cualquiera, aconteciese que un obispo, incluso de función de arzobispo, o de patriarca o de primado o un cardenal de la Iglesia Romana, incluso como se ha dicho en función de Legado; y también un Romano Pontífice, antes de su promoción o antes de su asunción a la dignidad de Cardenal o de Romano Pontífice, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en alguna herejía, o incurrido en cisma, o los hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido en acuerdo y unanimidad de todos los cardenales, es nula, irrita y sin efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirído validez por la aceptación del cargo y por su consagración, o por la consiguiente posesión o casi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización del Romano Pontífice, o su adoración, o por la obediencia que todos le han prestado, cualquiera que sea el tiempo transcurrido, después de los supuestos entredichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes… y cada uno de los pronunciamientos hechos, actos y resoluciónes y sus consecuentes efectos carecen de fuerza y no otorgan ninguna validez y ningún derecho a nadie“.
[La Bula se puede adquirir impresa aquí]
Por lo tanto, apoyados en esta Bula de S.S. Paulo IV, sostenemos que Angelo Roncalli nunca fue un legítimo Papa y sus actos, por lo mismo fueron también completamente nulos.
JUAN BAUTISTA MONTINI
Tampoco fue un legítimo Papa, porque si por la Bula “Cum ex Apostolatus Officio”, Angelo Roncalli no fue legítimo Papa, y todos sus actos eran nulos y no otorgaban ninguna validez, la elección que se hizo de Montini para el cardenalato, fue nula. Montini no fue nunca cardenal y por consiguiente no era papable. El hecho de que haya sido electo no le dio ninguna validez, aparte de haber sido hereje antes de su elección.
LUCIANI, EL DE LA SONRISA
Tampoco fue un Papa legítimo, porque aún en el supuesto de que no se hubiese desviado de la Fe, los cardenales, tanto los nombrados por Roncalli como los que nombró Montini -que no fueron legítimos Papas- no eran legítimos cardenales y por esta causa no podían elegir Papa, pues estaban incapacitados para ello.
WOJTYLA
Por la misma razón que no fueron legítimos Papas ni Roncalli ni Montini, ni Luciani, tampoco lo es Wojtyla. Su elección fue nula y nulos son también todos sus actos.
Queda pues, clara que la Santa Sede está vacante desde la muerte de Pío XII hasta nuestros días y no sabemos hasta cuando se irá a prolongar la vacancia.
INVALIDEZ DE LA NUEVA MISA
II.- Declaramos que la nueva misa es inválida para los católicos, porque toda ella es protestante y hecha por Max Thurián y Ronald Jasper, Smith y Kunneth, George y Shepherd, que son ministros protestantes.
¿PRUEBAS?
a).- Los cardenales Ottaviani y Bacci, en el “Examen Critico del Novus Ordo Missae” que presentaron al ilegítimo Papa Montini, declararon que esa misa se aparta en conjunto y en detalle de la teología católica y se acerca de una manera sorprendente a la teología protestante.
b).- Monseñor Francesco Spadafora, profesor de la Universidad Pontificia, cita una de las grandes revistas protestantes que escribe: “Las nuevas plegarias eucarísticas católicas han dejado caer la falsa perspectiva de un sacrificio ofrecido a Dios“. (“Lo Espechio” I2-VII-70).
Otros aseguran que esa misa es ambigua, es decir que es para los católicos y para los protestantes. Si es ambigua, es una misa que Dios detesta; pues en el libro de los Proverbios leemos que Dios detesta las ambigüedades.
Nosotros decimos y sostenemos que la aparición de esa nueva misa es también la aparición de una nueva religión, en la que ya no se adora a Dios, sino al hombre, en la que ya no importan los bienes del cielo, sino los de la tierra; en que la “felicidad”consiste en una sociedad sin clases. Los que han aceptado esa nueva misa en realidad y sin darse cuenta, han apostatado de la verdadera Fe. Se han apartado de la Verdadera Iglesia que Cristo instituyó y se están poniendo en peligro su salvación eterna. Por esta razón invitamos a los fieles a que reconsideren su actitud y vuelvan a su Fe, de la que han sido desviados.
EL FALSO ECUMENISMO
III.- Rechazamos ese ecumenismo judaico-masonico, que pretende la unión de todas las religiones en una sola Religión Universal, cada uno con su propio credo y con sus ritos. Ese ecumenismo no es el Ecumenismo de Cristo que quiere la unión de todos los hombres en su Verdad Divina. Ese ecumenismo nos está llevando al sincretismo y al desprecio de nuestra verdadera Fe.
LA LIBERTAD RELIGIOSA
IV.- Rechazamos el herético Decreto de la Libertad Religiosa, que pone en el mismo nivel la Religión Revelada con las falsas religiones y es el signo más claro de la ruptura de esa jerarquía apóstata y cismática con nuestras santas tradiciones.
EL COMUNISMO
V.- Declaramos -como ya la Iglesia lo ha declarado-, que el comunismo es “intrinsecamente perverso”, por lo que lo condenó el Sumo Pontífice Pío XI de santa memoria, y el Papa Pío XII lanzó excomunión sobre todos aquellos que con el colaborasen.
NUESTRAS “EXCOMUNIONES”
VI.- ¿Quienes en verdad, son los excomulgados: los que han renegado de La Fe Católica, los que han cambiado la Iglesia, los que enseñan ahora lo contrario de lo que antes enseñaban, los que han echado a la basura todos los sagrados Concilios y todas las enseñanzas de los Papas anteriores; o nosotros y los fieles que en nada nos hemos separado de esa Iglesia Santa, instituida por Cristo para que continuara su obra salvadora? Por otra parte ¿qué autoridad tienen los herejes para excomulgar a los que siguen fieles a la VERDAD DIVINA, que la Iglesia a predicado siempre y sin ninguna alteración predicando hasta la consumación de los siglos?
LA GRAN ESTAFA
VII.- Denunciamos la gran estafa que está cometiendo esa jerarquía que no siendo ya católica, se presenta ante los fieles como si lo fuerausurpando los templos que los católicos levantaron para el culto católico, que celebrando en ellos la “cena protestante”, hace creer a sus ingenuos seguidores que es la Misa Católica; que predicando verdaderas herejías las presenta como verdades divinas.
Denunciamos los sacrilegios y profanaciones que se están cometiendo en los templos(antes sagrados y dignos de respeto), con esas espantosas abominaciones que están acabando con la Verdadera Fe, sembrando ante los fieles la más terrible indiferencia, llegando muchos a creer que es lo mismo ser católico que de otra religión cualquiera.
Los fieles deben saber que esos obispos que dócilmente y sin ninguna protesta de su parte, obedecen a los usurpadores del Trono de San Pedro y le siguen en sus perversas desviaciones, han apostatado de la verdadera Fe y han dejado de ser los auténticos pastores de la Iglesia y con sus heréticas predicaciones están conduciendo a la apostasía universal.
Por último declaramos que nadie puede obligarnos a que nos separemos de la VERDADERA IGLESIA, de esa IGLESIA QUE CRISTO INSTITUYÓ y que tiene que durar hasta la consumación de los siglos, como El la instituyó y la única que debemos obedecer, so pena de eterna condenación. Por lo tanto, creemos todo cuanto ella, asistida por el Espiritu Santo y asistida por Cristo, su Divino Esposo, ha enseñado siempre y en todos los lugares, sin ninguna variación, porque la verdad es invariable, la verdad no cambia nunca, es inmutable, como inmutable es Dios.
Damos gracias a Dios por la integridad de nuestra Fe, que solamente con su ayuda conservamos y pedimos por quienes consciente o inconscientemente, la han perdido por aceptar los cambios fatídicos, que han dado origen a una nueva iglesia y por lo tanto, una nueva religión.
Acapulco, Guerrero. 26 de Mayo de 1983
+ José de Jesús Roberto Martínez Gutiérrez
Obispo.
+ Benigno Bravo Valadés
Obispo
+ Adolfo Zamora Hernández
Obispo
+ Moisés Carmona Rivera
Obispo.
+ Fray Louis Vezelis, OFM
Obispo.
+ Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc
Arzobispo.

LA IGLESIA NO ES LA BABEL DE LAS «IGLESIAS»

LA IGLESIA NO ES LA BABEL DE LAS IGLESIAS

 
    OBJECIÓN:  ¿Quién de nosotros ha visto, quién ha oído a Jesús? Es la Iglesia quien nos transmite su enseñanza, es la Iglesia quien nos presenta su Evangelio.
     Pero ¿qué Iglesia? En los congresos y en los periódicos protestantes se habla continuamente de Iglesia. Pero ellos entienden la suya; es más, las suyas, porque son cerca de doscientas denominaciones y organizaciones y doctrinas diversas. Luego están las Iglesias cismáticas, rusa, griega, etc. En esa babel es prácticamente imposible descubrir la verdadera Iglesia—supuesto que la haya— y la enseñanza de Jesús es, por tanto, inasequible y por eso inútil. (N.—Mondovi.)
 
     El que firma abreviadamente N. me parece muy férreo en cuestiones religiosas a juzgar por la precisión de su objeción y la exactitud con que descubre el condicionamiento del mensaje evangélico a la auténtica transmisión hecha de él por la Iglesia.
     El Evangelio escrito, efectivamente, no puede bastar por si solo, si falta un magisterio que garantice su genuinidad o, en los puntos discutibles, lo interprete autorizadamente. No debería ser, por tanto, difícil al ilustre interlocutor el hallar en el Evangelio, tomado no como libro inspirado, sino como puro documento histórico, la explícita institución de la sociedad jerárquica basada sobre el Papa, como sólo es la Iglesia católica. Bastaría recordase el célebre «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…» (Mateo, XVI, 18-19; véase Juan, XXI, 15-17). Y bastaría siguiese luego la evidente continuidad de la Iglesia romana en la Historia.
     Pero ¿quiere dispensarse incluso de esta fácil investigación evangélica e histórica? Escúcheme entonces un momento y escuchadme también vosotros todos, ilustres lectores, porque es cosa muy interesante. Veréis que las Iglesias de la babel se esfumarán inmediatamente al toque mágico de una sencillísima consideración. Y la Iglesia católica ganará necesariamente la apuesta…, porque es la única candidata.
     Dado el carácter absolutamente comprometedor —condición para salvarse eternamente— del mensaje del divino Redentor, Éste no pudo dejar de instituir un medio de transmisión infalible como su mensaje mismo. Es absurdo realmente que haya hablado infaliblemente para todos en el micrófono de Palestina, hace dos mil años, sin crear un indefectible hilo conductor que garantice la transmisión fiel de su enseñanza. De lo contrario, habiéndonos mandado que nos adhiramos a su palabra infalible, nos habría ordenado una cosa imposible, lo cual repugna a su infinita sabiduría.
     La necesidad de ese medio de transmisión fiel se presenta tanto más evidente si se piensa en la facilidad de que se deformen las noticias que se comunican libremente de unos labios a otros. ¡Figurémonos cuando se trata y se trata de tantos milenios y cuando está en juego una enseñanza que toca tan en lo vivo los intereses íntimos humanos, personales y sociales!
     Este medio de transmisión no puede concebirse sino de tres clases: o como iluminación directa de cada conciencia, o como misión privada de individuos privilegiados, o como misión de un organismo público jurídicamente organizado. El primero es absurdo, porque cada cual podría admitir como iluminación interior los partos de su loca fantasía. El segundo también, porque todo aventurero podría hacerse pasar por enviado de Dios; la moderna confusión protestante con sus varios centenares de sectas diversas y diversísimas es clara confirmación de estos dos absurdos. No queda más que el tercer medio. El hilo infaliblemente transmisor del mensaje de Jesús no puede ser más que una institución del tipo de la Iglesia católica.
     Pero ¿es precisamente ella? Sí; ¡por falta de otros candidatos! Realmente, por su naturaleza ese hilo transmisor debe unirse inenterrumpidamente con Jesús y ser infalible. Pero todos los cismas y herejías han aparecido después de muchos siglos, esto es, carecen de la ininterrumpida conexión con Jesús; además, sólo la Iglesia católica se proclama infalible —en sí y en su indispensable fundamento, el Papa —de acuerdo con la característica de esa ininterrumpida conexión que debe ser precisamente la infalibilidad.
     En otras palabras, si los movimientos cismáticos y heréticos hubiesen surgido al mismo tiempo que la Iglesia católica, en tiempo de Jesús, y se declarasen infalibles como la Iglesia católica, tendríamos desde el comienzo del cristianismo varios hilos conductores, incluso un enredo de hilos, que plantearían el problema de identificar el efectivamente conectado con el micrófono de Jesús; pero, en cambio, no existe ni uno solo de esos hilos y la identificación es inmediata.
     ¿Queréis tal vez objetar, como hacen los protestantes, que los otros movimientos surgieron precisamente para volver a la fidelidad en la transmisión el hilo gastado de la Iglesia católica, esto es, que esos movimientos se separaron del hilo católico porque éste se había vuelto deformador y engañador? Me permitiréis os responda que no habéis comprendido bien la fuerza de la predicha consideración.
     Hemos visto realmente que semejante hilo conductor ininterrumpido debe ciertamente existir y que su típica característica debe precisamente coexistir en la infalibilidad de la transmisión. La hipótesis del deterioro de ese hilo es, por tanto, imposible porque es contradictoria.
     Quien todavía insistiese en el hecho de ese hilo conductor para realizar las predichas características debería no sólo proclamarse, sino ser, infalible, lo cual se demostraría, tampoco habría comprendido el razonamiento. La necesidad de la prueba existiría si también otras Iglesias se proclamasen infalibles, mientras ninguna se proclama tal, aun pretendiendo que están en la verdad. Debe ser, por tanto, realmente infalible aquella única que se proclama tal.
[Nota añadida de Sededelasabiduría: Ergo, si se afirma que un hereje puede ser papa, como hacen los lefebrvianos de la FSSPX,  de la falsa resistencia de Mons. Williamson, o los clérigus vagus del mismo espíritu aprehendido en Econe, o en la Reja,  y los muchos conservadores «adelantados en la fe» o miembros de Ecclesia Dei, se está afirmando nada más y nada menos que es imposible la conexión con la Revelación divina que Cristo dejó a los Apóstoles ¿Por qué? Porque siendo el garante máximo del la infalibilidad el Vicario de Cristo, si se dice que este yerra,  y a la vez se le reconocen como Papa, no podrán evitar que otros se pregunten «si sólo estos últimos han errado, o además erraron otros en el transcurso de los siglos». Tal posición, pues, destruye la seguridad de la Revelación divina, y por lo tanto es herética y los expulsa de la Iglesia Católica ipso facto, por contribuir, además, a la incredulidad cada vez mayor y finalmente a la apostasía. Con la posición de todos estos ejemplares sedicentes católicos que destruyen la seguridad de la Revelación divina, se hunde,  también, la Teología Fundamental, y la Apologética católica.]  
Pier Carlo Landucci

CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 6/10

MISA DE LOS CATECUMENOS O ANTE-MISA
NUM. 143-189

A): PURIFICACION DEL ALMA

 

143. ¿Qué carácter tiene esta primera parte de la Misa?
Es una verdadera preparación de los que van a ofrecer el Santo Sacrificio, es decir, del sacerdote y de los fieles. Cfr. n. 217.

144. ¿En qué consiste esta preparación?

Consiste: 1, en purificar el alma por medio del fervoroso arrepentimiento de nuestros pecados; y 2, en ilustrar y robustecer nuestra fe por medio de lecturas y de la predicación.

 

145. ¿Cómo se trata de obtener la purificaeión del alma?
Con dos series de oraciones: a) unas que se recitan al pie del altar, y b) otras que se dicen ya en el mismo altar.

 

146. ¿Cuáles son las oraciones que se recitan al pie del altar?
Son, después de la señal de la cruz — véanse nn. 90 y 94: 1, el salmo 42; 2, el Confiteor con la absolución y algunos versículos; y 3, subiendo las gradas del altar, dos breves súplicas pidiendo el perdón de nuestros pecados.

El salmo y los versículos son dialogados; el Confiteor lo recitan también los asistentes.

Sacerdote y Fieles: En el nombre del Padre (santiguarse), y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
S. Me acercaré al altar de Dios.
P. Al Dios que es la alegría de mi juventud.
S. Hazme justicia, oh Dios, y defiende mi causa de la gente malvada: líbrame del hombre injusto y engañador.

147. ¿En qué circunstancias históricas se compuso el salmo 42?

Es el canto de un desterrado y de un perseguido injustamente por sus enemigos, que deja en las manos de Dios su causa, y en medio de su desgracia sólo le entristece verse alejado del Santuario de Jerusalén.
Absalón, el hermoso hijo de David, se ha rebelado contra su padre. David tiene que huir a toda prisa de Jerusalén y se dispone a pasar con toda su gente al otro lado del Jordán. Lloraba todo el pueblo con grandes sollozos; los sacerdotes querían llevarse el Arca Santa, y ya la habian sacado de Jerusalén, cuando el rey, dirigiéndose al Sumo Sacerdote, Sadoc, le dice: «Vuelve a llevar el Arca de Dios a la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos del Señor, El me hará volver y me dejará ver otra vez su Arca y su Tabernáculo».

Devolvieron, pues, el Arca a Jerusalén, y David partió llorando para su destierro; pero en su corazón entristecido llevaba una esperanza consoladora: «Volvería a ver el Arca de Dios y su Tabernáculo…». Y fue allá, en el destierro, donde se compuso este salmo, que tan bien expresa los temores y los deseos, la confianza y la alegría del sacerdote, que se acerca a celebrar los divinos misterios. Cfr. II Beg. 15; Zorell, S. J.: Psalterium, Ps, 42.

P. Pues que Tú eres, oh Dios, mi fortaleza, ¡por qué me has desechado, y por qué he de andar triste, mientras me aflige el enemigo?
S. Envíame tu luz y tu verdad; éstas me guiarán a tu monte santo y a tus tabernáculos.
P. Y me acercaré al altar de Dios; al Dios que es la alegría de mi juventud.
S. Te cantaré al son de la citara, oh Dios mío; ¡por qué estás triste, alma mía, y por qué me llenas de turbación?
P. Espera en Dios, porque todavía he de alabarlo, a El que es mi Salvador y mi Dios.
S. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
P. Como era en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos ile los siglos. Amén.
S. Me acercaré al altar de Dios.
P. Al Dios que es la alegría de mi juventud.

148. ¿Por qué se escogió este salmo para el comienzo de la Misa?

Se escogió, sobre todo, por el verso cuarto que es como la clave de todo el salmo: «Me acercaré al altar de Dios, — al Dios que es la alegría de mi juventud»; verso que refleja el pensamiento fijo — por eso lo repite tres veces — que absorbe en aquellos instantes al sacerdote: va a entrar en comunicación con el Altísimo, y a este contacto se despoja de la decrépita vejez del pecado para revestirse de la alegre juventud de la gracia, como ya en el siglo IV explicaba S. Ambrosio este verso a los neófitos cuando, después de recibir el bautismo, se dirigían con blancas vestiduras y cantando este salmo hasta el altar para recibir por vez primera la Sagrada Comunión. S. Ambrosio: Migne, P-L: t. 16, col. 437.

149. ¿En qué misas se omite este salmo?

Se omite — no la antífona «Me acercaré al altar de Dios…» que siempre se dice — en las Misas de difuntos y en las feriales, desde el Domingo de Pasión hasta el Jueves Santo; omisión que se explica por una razón histórica, porque esas Misas muy antiguas, no han sufrido influencias posteriores y se conservan según el rito primitivo, cuando la Misa comenzaba por el Introito. Cfr. nn. 141 y 159-161.

150. ¿Cómo se termina el salmo?

Se termina con el «Gloria Patri…» o doxologia menor, así como por oposición se llama doxologia mayor al «Gloria in excelsis…».
De sus dos partes, la primera, «Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto», es la más antigua. Después, los mismos griegos añadieron «et nunc et semper et in saecula», e insistiendo los españoles en esta última palabra, pusieron «in saecula saeculorum». Por fin, los latinos, para oponerse a los arríanos, interpusieron entre ambas expresiones el «sicut erat in principio».
«Quizá no hay en la liturgia otra fórmula alguna de más precioso valor dogmático: fue compuesta indudablemente en tiempo de los errores de Arrio y de Macedonio contra la Trinidad — siglo IV —, oponiéndola como respuesta a sus engaños. Realmente expresa en pocas palabras la fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, en su divinidad, en su igualdad, les honra con el mismo titulo; es una profesión de fe en la Trinidad lo más breve posible… En el siglo V, Casiano afirma que en todo el Occidente se decía el Gloria al fin de todos los salmos; rezábase también en Oriente y en Egipto, aunque no con tanta frecuencia. San Benito adoptó este uso, que pronto prevaleció en toda la Iglesia occidental. Esta confesión solemne de la Trinidad al fin de cada salmo, tiene gran importancia: es como imponerles el sello del bautismo cristiano, que es la confesión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Cabrol: La Oración de la Iglesia, c. 19, pág. 271.
Esta o parecidas fórmulas trinitarias se repiten en la Misa más de veinte veces; y en el Oficio divino de cada día, 85 veces. Cada día, pues, glorificamos a la SS. Trinidad más de cien veces, y cada año, por lo menos, 40.000 veces… y en veinticinco años de sacerdocio ¡UN MILLON DE VECES!

151. ¿Cuál es la principal de las oraciones que se recitan al pie del altar?

Es el Confíteor con su preludio: «Nuestro auxilio está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra». El sacerdote, con este arranque valiente, con esta innovación magnífica que sintetiza todo el poder de Dios y todo el poder del hombre cuando se apoya en Dios, vence al fin sus temores y vacilaciones, arma su frente y su pecho con la señal de la Cruz, victoriosa en tantos combates, y se inclina profundamente con las manos juntas y los ojos bajos para hacer su apología o justificación, como se llamaba antiguamente al Confíteor.

 

S. Nuestro auxilio (santiguándose) en el nombre del Señor.
P. Que hizo el cielo y la tierra.
S. Yo, pecador, me confieso…
P. Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna.
S. Amén.

152. ¿Qué escena se representa en el Confíteor?
Se representa la escena de un juicio en dos actos:

Primer acto: El sacerdote, como reo encadenado — recuérdese la segunda adición: S. Ignacio de Loyola: Ejercicios Espir.: Adiciones para mejor hacer los Ejercicios—, se siente trasladado ante el tribunal de Dios todopoderoso, a quien acompañan la Sma. Virgen, S. Miguel, S. Juan Bautista, los Príncipes de los Apóstoles y todos los Santos… todos ellos le señalan y acusan como reo culpable; consciente él de sus delitos, se golpea repetidamente el pecho agravando y exagerando su culpa… es el momento más emocionante.
Segundo acto: Al ver el dolor y la contrición del reo, los Santos, de acusadores que, antes eran, se truecan en intercesores y abogados del pobre pecador, y todos con él ruegan y obtienen de Dios N. S. la indulgencia, la absolución y la remisión de todos sus pecados.

 

P. Yo, pecador, me confieso a Dios Todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra: por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa.
Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, y a ti, Padre, que roguéis por mi a Dios nuestro Señor.
S. Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
P. Amén.
S. El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda el perdón, la absolución y remisión de nuestros pecados.
P. Amén.
S. Oh, Dios, volviéndote hacia nosotros, nos darás la vida.
P. Y tu pueblo se regocijará en Ti.
S. Muéstrame, Señor, tu misericordia.
P. Y danos tu Salvador.
S. Escucha, Señor, mi oración.
P. Y llegue hasta Ti mi clamor.
S. El Señor sea con vosotros.
P. Y con tu espíritu.

 

Aquí, en Klosteneuburg — nos dice el eminente liturgista Pio Parsch — destino cada semana una hora de liturgia a nuestros muchachos…; a fin de que se fijasen mejor, hicimos una representación real — un niño era Dios Padre; otro, la Madre de Dios; el tercero, S. Miguel, y así siguiendo—. Uno, empero, había de ser el pobre pecador: mientras tanto pronunciábamos todos la oración. En la primera parte, los Santos miraban sombríamente al pobre pecador, como si quisieran condenarle. Pero en el momento de golpearse éste el pecho y pronunciar las palabras: Por mi culpa…, cambió de expresión el semblante de los Santos, quienes se volvieron a Dios levantando sus manos hacia el Juez eterno en demanda de indulgencia y misericordia. Desde entonces nuestros muchachos comprenden muy bien el Confíteor. Parsch: Sigamos la santa Misa, p. 43. El Confíteoraparece en los misales hacia el siglo VIII; aunque la mutua confesión de los pecados, al comienzo de las asambleas religiosas, es tan antigua como el mandato del apóstol Santiago: «Confesaos mutuamente vuestros pecados y orad unos por otros para que seáis salvos». 5. 16. El Confíteor es un «Sacramental», y, por lo tanto, tiene virtud de borrar los pecados veniales de los que se tiene contrición.

 

153. Después del Confiteor y de los clamores de confianza, que en animado diálogo brotan del corazón del sacerdote y de los fieles, ya aliviados de sus pecados, ¿qué saludo dirige el celebrante a la asamblea cristiana?
Les dirige el antiguo y hermoso saludo que ya Booz dirigió a sus segadores, y el Arcángel a la Sma. Virgen, y los Apóstoles a los primeros cristianos: «El Señor sea con vosotros» (Cfr. II Timot. 4, 22; Tesal. 3, 16-18: Golos. 4, 23, etc.).

154. ¿Y qué signilica este saludo en labios del celebrante?

Viene a expresar esta idea: «Voy a hablar a Dios en nombre de todos: unios conmigo para expresarle juntos los mismos anhelos y la misma oración…».
Por eso, este saludo precede generalmente a una oración colectiva, repitiéndolo el sacerdote en la Misa hasta ocho veces; y por eso, cuando aquél ha terminado su oración, el pueblo responde con solemne afirmación: «AMEN, ASI ES… muy bien has expresado nuestra oración». «Si tú alabas a Dios — dice S. Pablo: I Cor. 14, 16 — solamente con el espíritu (usando una lengua que no se entiende), el que está en la clase del pueblo sencillo, ¿cómo ha de decir: Amen, esto es; asi sea, al fin de tu acción de gracias?; puesto que no entiende lo que tú dices». Texto que también prueba el empeño que se debe poner en que el pueblo entienda las oraciones públicas.

155. ¿Y cómo corresponde el pueblo a este saludo?

El pueblo corresponde al saludo del sacerdote deseándole lo mismo… «Y CON TU ESPIRITU». Pero en esta respuesta hay, además, una delicada alusión al poder sagrado que el sacerdote ha recibido del Espíritu Santo; por eso el «Dominus vobiscum» sólo pueden pronunciarlo los sacerdotes y los diáconos; no los demás, porque no se les puede contestar con esta alusión. De suyo la frase «et cum spiritu tuo» es un hebraísmo, y significa sencillamente: «y contigo», pues el hebreo gusta de substituir con frecuencia el pronombre personal con expresiones como estas: «con tu espíritu… con tu alma».

156. Subiendo ya a las gradas del altar, ¿qué oración recita el sacerdote?

Recita una de las oraciones más antiguas, como que es del Sacramentario Leoniano, siglo V (n. 119): es uno de los últimos toques a nuestra purificación, y con él entramos ya con paso firme en el Santo de los Santos, como se llama aquí al altar cristiano, con mucha más razón que al recinto misterioso de Moisés. Cfr. 98.

S. Oremos.

Te suplicamos, Señor, que quites de nosotros nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con conciencia pura en el Santo de los Santos. Por Cristo, N. S. Amén.
Te rogamos, Señor, por los méritos de tus Santos, cuyas reliquias están aqui (besa el ara), y por los de todos los Santos, que te dignes perdonarme todos mis pecados. Amén.

157. ¿Qué es lo primero que hace el sacerdote cuando llega al altar?

Lo besa, con una oración a las reliquias de los Santos, contenidas en el ara: este beso es para esas reliquias y para Jesucristo, de quien es figura el altar. ¡Feliz encuentro! En la entrada misma del Santuario nos encontramos con los Santos, con los amigos de Dios que vienen a acompañarnos y a concelebrar con nosotros el Santo Sacrificio de la Misa. (Véase n. 87.)
Y en efecto, el sacerdote, dirigiéndose a la izquierda del Crucifijo, vuelve a persignarse, porque ahora es cuando comienza la Misa; pues las oraciones precedentes, por no pertenecer propiamente a ella, solían decirse más o menos privadamente en la sacristía, en el camino o en otro altar.

 

158. ¿Cuáles son las oraciones, que con el mismo fin de purificar el alma, se recitan ya en el altar?

Son: 1, El Introito; 2, Los Kyries; 3, El Gloria, y 4. La Oración solemne o Colecta.

159. ¿Qué era el Introito primitivamente?

Como indica su nombre — entrada—, era un salmo o cántico de entrada que el coro cantaba alternando con el pueblo, mientras el Pontífice hacía su entrada solemne en el templo y se dirigía, acompañado de su clero, desde la sacristía o secretarium—situada entonces a la entrada del templo — hasta el altar. Algunas veces suplía al salmo una aclamación, que recibía el mismo nombre, como por ejemplo, el Gaudeamus de algunas de nuestras Misas. Cfr. 141.

160. ¿Y qué es ahora el Introito?

Ahora ya no es un cántico de entrada, ni consta de todo un salmo; pues primero se introdujeron las preces al pie del altar, en la Edad Media, y más tarde, al suprimirse la entrada solemne del clero — por haberse colocado la sacristía junto al altar mayor—, se fue abreviando hasta quedar reducido, hacia el siglo VIII, a una antífona, a un verso del salmo con el Gloria Patri y a la repetición de la antífona.

161. ¿Es importante el Introito en la liturgia?

Es muy importante porque suele condensar en pocas palabras el carácter general de la Misa del día, y también porque viene a ser, por sus preciosas y variadas melodías, como la abertura o pieza musical, que sitúa nuestra alma en el ambiente propio del misterio o fiesta que se celebra.

 

162. Después del Introito regresa el sacerdote al centro del altar, y ¿qué plegaria recita?
Recita los Kyries. Los Kyries son restos venerables de una de las más populares y antiguas formas de la oración cristiana, de la oración llamada litánica o súplica dialogada entre el clero y el pueblo.
Reunidos previamente los fieles en una iglesia — iglesia de la reunión—, se dirigían procesionalmente a la basílica estacional, donde debía celebrarse la misa; en el trayecto, un diácono o sacerdote iba enumerando diversas súplicas, a las que el pueblo o un coro de niños contestaba: KYRIE ELEIS0N, SEÑOR TENED PIEDAD DE NOSOTROS. Recuérdense las letanías del Sábado Santo: son una verdadera oración litánica con sus súplicas contestadas por el pueblo: Te rogamos, óyenos… líbranos, Señor; muchas de estas invocaciones es verdad que son modernas, como los nombres de los Santos; pero en el fondo, como hacen notar Duchesne y Cabrol, es muy antigua, es ciertamente la letanía de los siglos IV y V. La misma forma de oración, tan sencilla y popular, han adoptado las letanías de la Virgen y otras mucho más modernas. Cfr. Cabrol: o. c. cap. 5, pág. 83. Cfr. 141.

 

PRIMERA INCENSACION DEL ALTAR, EN LAS MISAS SOLEMNES, NO DE DIFUNTOS
INTROITO: (del domingo 7 después de Pentecostés).
ANTIFONA: todas las gentes aplaudid con las manos: vitoread al Señor con voces de júbilo. Salmo 46, 2.
VERSO: del salmo con el Gloria Patri: «Porque el Señor es excelso y terrible; es el Rey grande de toda la tierra». GLORIA AL PADRE…
REPETICION de la Antífona: «Todas las gentes»…

163. ¿Y por qué se dicen en lengua griega esas invocaciones?

Porque la lengua litúrgica de los tres primeros siglos fue el griego: tan popular era esa invocación, que se ha respetado en la Misa, en su lengua original. Otro vestigio de la primitiva lengua oficial de la Iglesia, son los Improperios del Viernes Santo. Recuérdese la frase de Cicerón: Graeca leguntur in omnibus fere gentibus. Latina suis finibus, exiguis sane, continentur. Pro Arch. 23.

 

164. Al suprimirse la procesión a la basílica estacional, ¿qué sucedió con la oración litanica?
Que se abrevió notablemente y los Kyries se colocaron después del Introito; y aunque al principio se repetían alternando con el Christe Eleison — este último ya de origen romano — un número indeterminado de veces; ya a fines del siglo VI, el Papa, San Gregorio el Grande, los redujo a nueve: tres Kyries a Dios Padre; tres Christe a Dios Hijo, y tres Kyries a Dios Espíritu Santo. Desde entonces, los Kyries son en todas las Misas el clamor incesante de la miseria humana, son la oración más breve, sencilla y emocionante del pueblo cristiano, son el eco de las humildes plegarias de la cananea, del ciego de Jericó, de los leprosos del Evangelio: Mt. 15, 22; Lc. 18, 39 y 17, 13.

KYRIES.
AL PADRE
Señor, misericordia.
Señor, misericordia.
Señor, misericordia.
AL HIJO
Cristo, misericordia.
Cristo, misericordia.
Cristo, misericordia.
AL ESPIRITU SANTO
Señor, misericordia.
Señor, misericordia.
Señor, misericordia.

165. Al terminar el rezo de los Kyries, ¿qué ceremonia o gesto muy expresivo ejecuta el sacerdote, allí mismo, en el centro del altar?

El sacerdote extiende sus manos, como las alas del alma para elevarse en la oración, las levanta hacia el cielo, vuelve a juntarlas e inclinando la cabeza entona la doxologia mayor o el «Gloria in excelsis Deo». Cfr. 150.

166. ¿Qué es el Gloria?

El Gloria es la jubilosa respuesta del cielo a los Kyries suplicantes de la tierra, es el alegre cántico de la Redención del mundo, es la más viva explosión de gozo y alabanza que ha resonado en la tierra.
Sobre su autor, el Liber Pontificalis y S. Anastasio lo atribuyen a S. Telesforo, s. II, quien, al instituir la Misa de media noche de Navidad, lo habría compuesto. El sacerdote, cuando recita el Gloria, hace una pequeña inclinación de cabeza al pronunciar el nombre de Jesús, lo mismo que al indicar los fines primordiales de la Misa: latréutico: «os adoramos»; eucaristico: «os damos gracias por vuestra gloria», e impetratorio y expiatorio: «recibid nuestras súplicas».

167. ¿De cuántas partes consta este cántico?

Consta, primero, de una introducción: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad: introducción que fue el cántico de Belén y la canción de cuna, con que los ángeles arrullaron al Niño-Dios en aquella noche, en que los cielos destilaban miel y dulzura; introducción que ofrece el doble tema del cántico: Gloria a Dios — Paz a los hombres, y que es al mismo tiempo el programa de la Redención de Jesucristo, el fin de la Iglesia Católica en la tierra y también el fin del mismo Sacrificio de la Misa.
Después, la Iglesia, ya por su cuenta, pero con la misma inspiración y en el mismo tono que le han dado los Angeles, consagra la primera parte del cántico a Dios Padre, y le tributa alabanzas y acción de gracias por su gran gloria, es decir, por su obra creadora, redentora y santificadora del género humano; obra que a Dios rinde infinita gloria y a nosotros los mayores beneficios; la segunda parte está dedicada a Dios-Hijo, a quien no sólo se tributa homenaje de alabanza, sino que además se hacen humildes, repetidas y crecientes súplicas, hasta llegar a su divino Corazón con los epítetos más gloriosos para El y más hermosos para nosotros… Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo; y en fin, en la tercera parte se invoca a Dios Espíritu Santo, glorificándole juntamente con el Padre y con el Hijo.
El Gloria, de origen griego como el Kyrie, se introdujo hacia el siglo V, en la primera Misa de la Navidad del Señor, para la que está maravillosamente adaptado. A principios del siglo VI, el Papa Simaco lo señaló también para los domingos y fiestas de los Mártires, pero sólo para las Misas de los obispos; más tarde — hacia el siglo IX— fue extendiéndose este privilegio episcopal a los sacerdotes y a mayor número de fiestas, hasta que, en el siglo XVI, el Papa S. Pio V reglamentó su uso. El Gloria no se dice cuando se usan ornamentos morados y negros, ni en ]as ferias — si no es tiempo pascual —, ni, en fin, en las Misas votivas ordinarias. Cfr. n. 254.

 

GLORIA.
INTRODUCCION

Gloria a Dios en las alturas; y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

AL PADRE
Alabámoste. Bendecímoste. Adorámoste. Glorificámoste. Gracias te damos por tu excelsa gloria. Oh, Señor Dios, Itcy celestial, Dios Padre omnipotente.
AL HIJO
Oh, Señor, Hijo unigénito. Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Tú, que quitas los pecados del mundo, recibe nuestras súplicas. Tú, que estás sentado a la diestra del Padre, ten misericordia de nosotros. Porque Tú solo eres Santo, Tú solo Señor, Tú solo Altísimo, oh Jesucristo.
AL ESPIRITU SANTO

Con el Espíritu Santo (santiguarse) en la gloria de Dios Padre. A mén.

168. ¿Cuál es la oración que reúne los deseos de todos los que asisten al Santo Sacrificio?
Es la solemne oración llamada «Colecta»: para la cual, el sacerdote, después del Gloria (o del Kyrie), nos prepara con el saludo cristiano: «El Señor sea con vosotros…» y con la invitación a orar: «Oremos».
Antiguamente, en vez del Oremus se empleaban también otras fórmulas, como: «silentium facite… aures ad Dominum»; y solía, además, añadirse una admonición indicando el objeto de la plegaria, como aún se hace el Viernes Santo.

169. ¿Y por qué se llama «Colecta» esta oración?

Se llama así, porque esta palabra significa «reunida», y era antiguamente la oración que se recitaba sobre la asamblea cristiana reunida — Collecta — en una iglesia para ir desde aquí en procesión a la iglesia estacional. V. n. 141. Cfr. Bona: Rer. liturg. I-II, c-5. De hecho, aun hoy día continúa siendo verdadera oración colecta, pues reúne y funde en una sola plegaria los votos y deseos de todos los asistentes al Santo Sacrificio. Durante muchos siglos no hubo en la Misa más que una sola colecta, como todavía se observa en las fiestas principales del año litúrgico, en los días de primera y segunda clase.
Si había una segunda fiesta se celebraba una segunda Misa: ese es el origen de la segunda Misa de Navidad, que primitivamente era la Misa de Santa Anastasia. Suprimida esta segunda Misa, vinieron a sustituirla las Conmemoraciones.

170. ¿De qué partes constan generalmente las Colectas?

Constan: 1, de una invocación o saludo; 2, de alguna alusión al misterio o fiesta del dia; 3, de la súplica, en consonancia con la fiesta o misterio, y 4, de una fórmula final, que es como el sello oficial y la firma favorable de N. S. Jesucristo a nuestra súplica: «Si algo pidiereis al I’adre en mi nombre, os lo dará». S. Jo. 16, 22.
He aquí una de las colectas más antiguas, la de la Epifanía del Señor, con sus diversas partes: 1, oh, Dios; 2, que por medio de una estrella revelaste tu Unigénito Hijo a los gentiles; 3, concédenos propicio que, los que ya te conocemos por la fe, seamos conducidos hasta contemplar tu hermosura y tu grandeza; 4, por el mismo Señor nuestro, Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. AMEN.
En su inmensa mayoría las oraciones se dirigen al Padre Celestial, por medio del Hijo; hay alguna que otra dirigida al Hijo, pero ninguna al Espíritu Santo. La conclusión «que contigo vive y reina» (Cristo Rey), es una fórmula de fe en la SSma. Trinidad.

171. ¿Es muy grande el valor de estas oraciones?

Tienen un valor sin igual, porque son la verdadera oración oficial de la Iglesia Católica: es decir, la oración que el Papa, los Obispos y, en su nombre, todos los sacerdotes, dirigen a Dios en cuanto son los representantes auténticos de Cristo, que es nuestro Abogado ante Dios en los cielos.
«Es oración pública, ya que emana de una sociedad visible; pero también es oración interna, particular y más intensa que otras cualesquiera, porque en el sentido completo de su nombre es la oración de todo el cuerpo místico de Cristo: del Jefe y de los miembros. Oración una, santa, católica, apostólica, romana, la reza la Iglesia de la tierra dependiente enteramente del«gran Pontífice, que posee un sacerdocio eterno…» (Hebr. 7, 24. 25); Cfr. Lefebvre: Para comprender la Misa, pág. 32.
Además de que su estructura es generalmente muy rítmica y armoniosa, estas oraciones se distinguen: 1, por su brevedad, 2, por su profunda sencillez; 3, por su vigor y sobriedad de afectos, y 4, por su venerable antigüedad muchas de ellas son de los Sacramentarlos Leoniano, Gelasiano y Gregoriano, es decir, de los siglos VI al VIII. Si rezamos con especial devoción las oraciones atribuidas a los Santos, a un S. Bernardo, a un Sto. Tomás de Aquino o a un S. Ignacio de Loyola, con qué fervor debemos recitar estas plegarias de la Misa, que han pasado por el corazón y los labios de tantas generaciones de Santos.

 

ORACION O COLECTA.

S. El Señor sea con vosotros.
P. Y con tu espíritu.
S. Oremos: «1. Oh, Dios, 2, cuya providencia no se engaña jamás en sus disposiciones; 3, humildemente te suplicamos que apartes de nosotros todo lo dañoso y nos concedas todo lo saludable, 4, por nuestro Señor Jesucristo… (Del mismo domingo 7 después de Pentec.).

 

172. TRANSICION: DE LA PURIFICACION DEL ALMA A LA ILUSTRACION DE LA FE.
a) Nuestra madre la Iglesia, queriendo prepararnos para el Santo Sacrificio, ha tratado hasta aquí de purificar nuestra alma por medio del fervoroso arrepentimiento de nuestros pecados, y ha logrado levantarnos desde la miseria y bajeza de nuestras culpas hasta la misma presencia de Dios N. S., a quien acabamos de exponer nuestras súplicas en la solemne oración de la «Colecta». El procedimiento, que ha usado la Iglesia para esta sublime ascensión, no ha podido ser más natural y sencillo: pretendíamos acercarnos a Dios… Lo hicimos como si nos presentáramos ante un señor poderoso para dirigirle una petición. En el umbral limpiamos el calzado, pusimos orden en nuestros vestidos — el Confíteor — y llamamos a la puerta con mesura — los Kyries—. Al entrar y ser admitidos a la presencia del Señor poderoso, le saludamos — Gloria—, y por fin le expusimos nuestra demanda — Colecta—. Mas, para que nuestra súplica sea verdaderamente escuchada, sacamos una carta de recomendación o tarjeta de visita del señor párroco, o de otro conocido: esto cabalmente hicimos en la Colecta, refiriéndonos a Jesucristo… «Por Jesucristo…», al final de la oración. Parsch: o. c. pág. 65.
b) Dios N. S., infinitamente amable, se ha dignado recibir muy complacido nuestra visita y nuestra súplica ; pero ahora, es El quien va a hablarnos a nosotros — pues hasta ahora hemos sido sólo nosotros los que hemos hablado a Dios—, y va a hablarnos primero por medio de sus legados y embajadores, los Profetas y los Apóstoles— en la EPISTOLA—, y después, por medio de su propio Hijo — en el EVANGELIO—, es decir, va a hablarnos con la lectura de los libros sagrados, con la BIBLIA… He aquí el libro de texto del Cristianismo, el libro incomparable y divino que la Iglesia pone en nuestras manos para ilustrar y robustecer nuestra fe; por eso la Misa, donde se lee y se comenta ese libro, es también la escuela y la cátedra popular donde Dios mismo es el maestro soberano que enseña, que corrige, que educa a su pueblo.

173. ¿Qué nos recuerdan estas lecturas?

Las lecturas de la Epístola y del Evangelio, separadas por el canto del Gradual y del Aleluia — o del Tracto — y seguidas de la predicación, nos recuerdan las asambleas de las sinagogas judias, donde se tenían también dos clases de lecturas, separadas por el canto de los salmos y seguidas de la interpretación o explicación de lo leído. Cfr. 126 y 127.

174. ¿Cómo comenzaba la Misa en los tiempos más remotos?

Comenzaba por estas lecturas, como puede verse en la descripción de S. Justino 136 (2) y en la Misa del ViernesSanto, que es el ejemplo más genuino y primitivo que conservamos de la Misa de los catecúmenos. El Introito, como se sabe, se añadió en el siglo V y se atribuye al Papa Celestino (+ 432). V. 141 (3) y 159.
Entonces, además de leerse «las memorias de los Apóstoles (el Evangelio) y los escritos de los Profetas», como dice S. Justino, también se leían a veces las cartas de los Papas, de los Obispos y de otras iglesias; cartas que solían llamarse«pacificas o comunicatorias», porque tendían a conservar la unión y la paz entre los Obispos y el Papa. Era también frecuente leer las actas de los mártires. «Por ahí se ve cuán llena de vida era esta parte de la Misa, aun me atreveré a decir, que ésta era la que le daba la nota de actualidad. Imagínense, por ejemplo, los sentimientos que habían de experimentar los fieles al escuchar la lectura de una carta recibida entonces mismo de sus hermanos de Lyon, que se hallaban encarcelados por Cristo, algunos de los cuales habían ya sufrido la tortura, el potro o las uñas de hierro, u oían ya los rugidos de los leones, destinados a devorarlos dentro de algunos días, quizá de algunas horas: «Lectura de las cartas de las iglesias de Viena y Lyon: los siervos de Cristo, que están en Viena y en Lyon, en la Galia, a los hermanos de Asia y de Frigia, que tienen la misma fe y la misma esperanza de redención que nosotros, paz y gracia y gloria a Dios Padre y a Cristo, nuestro Maestro». Cabrol: o. c., cap. 7, pág. 111.
Hasta el siglo V, en que comenzaron a fijarse para cada Misa fragmentos escogidos de la Biblia, las lecturas seguían un solo trazo, es decir, se continuaba al día siguiente en el punto donde se había dejado en la última asamblea, siguiendo siempre la dirección del Obispo.

175. Actualmente en nuestras misas, ¿cuántas lecturas suele haber?

Suele haber, por lo regular, dos lecturas: 1, la Epístola (de epistello, enviar), o sea algún trozo escogido de una carta o misiva de los Apóstoles, o algún pasaje del Antiguo Testamento, y 2, el Evangelio.
Decimos por lo regular, porque hay Misas que, por ser muy antiguas — Cuatro Témporas, Vigilias, Semana Santa…—, tienen tres y aun siete lecturas: como antiguamente estas epístolas no se cantaban, sino que sólo se leían, el misal les da siempre el título de lectura… Lectura de la Epístola… Lectura del libro de la Sabiduría.

176. ¿Cuáles son las epístolas que con más frecuencia se leen en la Misa?

Aunque en las Misas de algunos Santos y, sobre todo, en las ferias de Cuaresma no faltan preciosas lecturas del Antiguo Testamento; pero, en general, son las epístolas inmortales del gran Apóstol de las Gentes, San Pablo, las que forman el fondo doctrinal de nuestras lecturas.
San Pablo es, por excelencia, el Apóstol de Jesucristo, y es también nuestro apóstol. Desde el momento en que el mismo Jesucristo le llamó de entre sus más encarnizados perseguidores para convertirle en instrumento elegido que anunciase su nombre a todas las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel, Pablo no pensó, ni respiró, ni vivió más que para Cristo… IN CHRISTO JESU es la fórmula sublime que, con estas o parecidas palabras, repite hasta 164 veces en sus cartas. Y es nuestro apóstol, porque nosotros tenemos la gloria de haber sido los gentiles a quienes él vino a predicar a Cristo. Sus catorce cartas, desarrollando, entre otros, estos tres temas favoritos suyos: la necesidad de la fe, lo gratuito de la justificación y, sobre todo,la universalidad del cristianismo no pueden envejecer y presentan hoy la misma actualidad que cuando se escribieron. «Entregado asiduamente a la lectura de las cartas del bienaventurado Pablo — decía S. Juan Crisóstomo, confesando que les debía toda su elocuencia —, lo que siento y me llega al alma es que no todos, como sería justo, conocen a tal varón; y algunos lo desconocen hasta el punto de no saber ni el número de sus epístolas. Esto no proviene de su incapacidad, sino de que no quieren tener continuamente en sus manos los escritos de este santo varón.» Pref. a las Epist. de San Pablo (Breviar. Rom: Domin. 11 post Epiphan., 2 Noct.)

EPISTOLA.

Lectura de la Epístola del Bienaventurado Apóstol Pablo a los Romanos (VI, 19-23). Hermanos: Hablaré a lo humano, en atención a la flaqueza de vuestra carne: asi como habéis empleado los miembros de vuestro cuerpo para servir a la impureza y a la iniquidad, asi ahora empleadlos para que sirvan a la justicia, para la santificación. Porque érais esclavos del pecado sacudisteis el yugo de la justicia. ¿Y qué fruto sacasteis entonces de üquellos desórdenes, de que ahora os avergonzáis? En verdad que la muerte es el fin a que conducen. Por lo contrario, ahora que estáis libres del pecado y que habéis sido hechos siervos de Dios, cogéis por fruto vuestro la santificación, que tiene como fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es la muerte; el galardón de la virtud es la vida eterna, en J. C. N. S.

P. Gracias a Dios.

177. ¿Con qué fórmulas litúrgicas responde el pueblo a la lectura de la Epístola y del Evangelio?
A la lectura de la Epístola responde con esta fórmula de origen apostólico: 1 Cor. XV, 57; II Cor. II, 14; Tesal. V, 18, y que fue respuesta de muchos mártires cuando recibían la sentencia de muerte: DEO GRATIAS, GRACIAS A DIOS; fórmula tradicional en tantos actos de la vida religiosa y tan arraigada en nuestro pueblo cristiano que, a un «muchas gracias», sabe todavía responder con nobleza: «A Dios sean dadas».
Hasta los niños cristianos sabían responder con el DEO GRATIAS al oír la sentencia de los tiranos: el año 304, en Cartago, los perseguidores sorprenden al niño Hilarión en una asamblea eucarística junto con sus padres y hermanos. El procónsul, después de haber martirizado a muchos, reservó para el último lugar al pequeño Hilarión. Ni caricias, ni halagos pudieron arrancarle la fe a aquel valiente niño. Al fin le amenazó con hacerle arrancar el pelo, la nariz y las orejas. Pero el intrépido niño le contestó:«Haz como quieras: yo soy cristiano». Y cuando por fin el procónsul mandó llevarlo a la cárcel, el niño se contentó con replicar: DEO GRATIAS. Acta Sanct. Saturnini, Dativi, etc., 17: Ruinart, pág. 346.
A la lectura del Evangelio precede el «GLORIA A TI, SEÑOR», ya de uso corriente en el siglo IV, y a su terminación se añade esta otra fórmula, también muy antigua: «ALABANZA A TI, CRISTO».

 

178. Terminada la lectura de la Epístola, ¿qué suele cantarse en las misas solemnes o leerse en las privadas?
Suele cantarse o leerse el GRADUAL y el ALELUIA, o en lugar de este último, el TRACTO.
EL GRADUAL, más antiguo que el Introito, era en otros tiempos todo un salmo que cantaba un cantor desde las gradas del pulpito — de ahí su nombre—, y que venía a expresar con sencilla melodía los sentimientos que despertaban la Epístola que acababa de leerse, o la fiesta del día. Hoy ha quedado reducido a un versículo con su respuesta.

179. «La historia del ALELUIA es todo un poema» (Cardenal Pitra).

Palabra hebrea, compuesta, que significa «Alabad o alabanza a Dios», ha pasado inalterable a todas las lenguas: para los mártires era el grito que los animaba en su postrer combate (Cornel. A. Lapide: Comment. in Ep. ad Eph. V, 20); para el labrador era grito de alegría en sus faenas del campo; para los bretones recién convertidos — año 429 — fué lo primero que aprendieron a cantar (S. Gregorio: I 27 c-8), y el canto de victoria con que triunfaron de sus enemigos. De persecut. vandal. I (Migne: P. L. 58, 108.) Por su carácter de gozo se omite en los días de penitencia: en este caso le sustituye a veces el TRACTO: o sea un canto de tristeza y de penitencia formado por algunos versículos que se cantaba — como indica su nombre tractos, arrastrado, seguido — seguidamente, todo de una vez, sin modulaciones en la voz.

180. El canto del Aleluia dio origen a las SECUENCIAS.

La última a se alargaba con multitud de notas musicales: en seguida, a cada nota se añadió una sílaba, y a cada grupo de notas una palabra, una frase… ; así nacieron las SECUENCIAS, o sea las cosas que siguen.
Antes, casi cada fiesta y cada domingo tenían sus secuencias; se han llegado a contar 900 de estas composiciones de muy diverso mérito y gusto literario; la reforma del misal admitió cinco, que escogió entre las más bellas: «Victimae paschali laudes», que se atribuye a Wipo, 1050, capellán de Conrado II y de Enrique III; «Veni, Sáncte Spiritus», atribuida a Inocencio III (1198-1216); «Lauda Sion, Salvatorem», de Sto. Tomás de Aquino (1226-1274); «Dies irae», de Tomás de Celano (1260), y «Stabat Mater», de Iacopone de Todi (+ 1306), aunque no se introdujo en el misal hasta 1727.

 

GRADUAL

VERSO (del salmo 33): Venid, hijos, y oídme: yo os enseñaré el temor del Señor.
RESPUESTA (del mismo salmo): Acercáos a El, y seréis iluminados: y vuestros rostros no serán confundidos.
ALELUIA
Aleluia, aleluia. Todas las gentes aplaudid con las manos; vitoread al Señor con poces de júbilo. Aleluia.

181. ¿Cuál es el punto culminante de la Misa de ios catecúmenos?
Es la lectura del EVANGELIO.

Aunque los encargados de leer el Evangelio fueron desde la antigüedad los diáconos, en muchas iglesias, en las fiestas principales, le leía algún sacerdote, y a veces hasta los mismos reyes y príncipes cristianos. «En el día santo de la Natividad del Señor — nos dice Alberto Argentinense en su Cronicón —, el Rey Garlos comulgó y leyó en la Misa del Gallo, en voz alta y teniendo en la mano la espada desenvainada, el Evangelio: «Exiit edictum a Caesare Augusto». Este texto (advierte oportunamente Diez Gut. O’Neil) nos recuerda la costumbre de la Edad Media, en la que todos los militares oían el Evangelio con la espada desnuda y levantada en alto. ¡Espectáculo impresionante para todos los cristianos, quienes comprendían perfectamente su significado!: todos los presentes estaban decididos a defender con las armas las verdades del Evangelio. De aquel uso nació la tan popular y gráfica manera de expresar la amistad entre la Iglesia y el Estado, en la España Imperial del tiempo de los Reyes Católicos, con la frase: «CRUZ Y ESPADA».

182. ¿Cómo se prepara el sacerdote para este acto?

En medio del altar, con las manos juntas y profundamente inclinado, recita en voz baja una plegaria pidiendo a Dios que purifique su corazón y sus labios como purificó los labios del profeta Isaías.
Con grandiosa inspiración, inmediatamente antes del Evangelio, la liturgia Católica nombra a Isaías, al mayor de los profetas, al «Profeta-Evangelista», como se le ha llamado, sobre todo, por sus sorprendentes visiones de los dolores y de la Pasión de N. S. Jesucristo…— ¡Ay de mi! —, exclamó Isaías, cuando Dios le llamaba al ministerio profético — ¡Ay de mi!, que soy hombre de labios impuros y estoy viendo con mis propios ojos al Rey, Señor de los Ejércitos. Pero uno de los serafines, que planeaba en torno del Señor, vino volando hacia mi, y en su mano tenía una brasa ardiente que con las tenazas, había tomado del altar. Con ella tocó mi boca y dijo: —Tu iniquidad ha sido quitada… Asi tiembla el sacerdote cuando va a cumplir el oficio del heraldo del Evangelio, y suplica a Dios renueve en su favor el milagro del carbón ardiente. Cfr. Isai. 6.

 

EVANGELIO

PREPARACION: «Purifica mi corazón y mis labios, oh Dios todopoderoso, que purificaste los labios del profeta Isaías con un carbón encendido; dígnate por tu grata misericordia purificarme del mismo modo, para que pueda anunciar dignamente tu santo Erangelio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Dame, Sefior, tu bendición.
El Señor esté en mi corazón y en mis labios, para que pueda anunciar digna y competentemente su Evangelio. Amén.

183. ¿Por qué el Evangelio se lee en el lado derecho del altar?

Porque es universalmente considerado como el lugar más honorífico; y también por esta razón simbólica: ese lado en las basílicas antiguas venía a coincidir con el Norte, pues se construían generalmente de tal manera que los fieles orasen cara al Oriente — del Oriente vino Jesucristo, los Profetas le llamaron «Oriente, Luz Verdadera, Sol de Justicia»—; y como en la S. Escritura el lado Norte, región fría y obscura, simboliza al paganismo y, en cambio, el Sur representa a los adoradores del verdadero Dios, por eso el Evangelio, que viene a iluminar las tinieblas del paganismo, se lee en el lado Norte, así como la Epístola, que es para los ya cristianos, se lee en el lado Sur.

 

184. ¿Con qué honores y ceremonias ha rodeado la Iglesia la lectura del Evangelio?
Como para ella el libro de los Evangelios representa al mismo Jesucristo, que vive siempre y palpita en sus páginas, la Iglesia le rinde los mayores honores.
Los Evangelios son los principales documentos que refieren la buena noticia — eso significa en griego la palabra —, o sea, la salvación del mundo traída por Jesús, el hecho de la revelación cristiana, la vida y doctrina de N. S. Jesucristo. Decimos que son los principales, porque entre los documentos cristianos, que hablan sobre lo mismo, hay, además, otros, como los Hechos de los Apóstoles y los demás escritos del Nuevo Testamento; y entre los no cristianos, están los escritos de los judíos, Josefo y Filón: y los latinos, de Plinio, el joven — su famosa carta 97—, los de Suetonio— vidas de Claudio y de Nerón — y, sobre todo, Tácito. —Anuales, lib. XV.
En el curso del año Litúrgico, la Iglesia nos ofrece en su Misal cerca de doscientos trozos evangélicos diferentes:

65 de San Mateo. — 63 de San Juan. — 58 de San Lucas. — 12 de San Marcos.

Después del Smo. Sacramento, nada puede haber para nosotros más precioso que el «Verbum vitae», la palabra de vida, encerrada en este libro sagrado por excelencia.

 

185. ¿Dónde se despliegan con toda su magnificencia esos honores al libro de los Evangelios?
En la Misa solemne: el diácono toma el Evangeliario y lo coloca sobre el altar, manifestando así la identidad que existe entre el Verbo de Dios, que vamos a oír en el Evangelio, y Nuestro Señor, de quien el altar es representación o imagen. Bendecido el incienso por el celebrante, el diácono se arrodilla sobre el peldaño más elevado del altar y recita la oración «Purifica mi corazón»; se levanta, vuelve a tomar el Evangeliario que, Jesucristo, figurado por el altar, parece confiarle, y prosternado a los pies del celebrante le pide su bendición: se la da en nombre de la Sma. Trinidad, y el diácono besa la mano del sacerdote, mano que éste ha colocado sobre el libro en ademán de entregárselo y de que lo lea en nombre suyo. Se organiza en seguida la procesión para el canto del Evangelio: Cfr. 251: hacia el atril o pulpito avanza el turiferario, dos acólitos con sendos ciriales, el sub-diácono y, por fin, el diácono llevando con respeto y con cariño delante del pecho el Evangeliario… Saludo a la asamblea:Dominus vobiscum, anuncio del trozo evangélico que va a leerse, cruces sobre el libro y sobre sí mismo: en la frente; el cristiano no debe avergonzarse del Evangelio: en la boca, debe confesarlo en todas partes: en el pecho, debe llevarlo siempre impreso en el corazón… Aclamación entusiasta del pueblo a Jesucristo: Gloria a Ti, Señor… tres golpes de incienso al Evangeliario y, por fin, la lectura alegre, reposada, del texto evangélico. Un beso de amor al libro de los Evangelios y de agradecimiento a Cristo, que acaba de hablarnos, viene a cerrar todo el magnífico ceremonial con que la Iglesia quiere honrar a su libro más querido. Cfr. Gueranger: La Santa Misa, explicada, pág. 48-54. Antiguamente también los fieles besaban ahora — mientras se recitaba el CREDO — el Evangeliario, que ante ellos iba pasando un sub-diácono: los seglares lo besaban cerrado, y los clérigos abierto.

186. ¿En qué actitud debe oírse la lectura del Evangelio?

En señal de respeto al Evangelio y de obediencia pronta y enérgica a sus enseñanzas, debe oírse de pie.
Los Obispos se quitan la mitra, y en otros tiempos los caballeros cristianos y las Ordenes militares presentaban armas, desenvainando sus espadas, y hasta los emperadores, los reyes y sus esposas deponían en este momento sus brillantes diademas.
¡Con qué cariño miraba el pueblo cristiano al libro de los Evangelios! «¿No ves — nos dice S. Juan Crisóstomo — cómo las mujeres y los niños pequeñitos llevan los Evangelios suspendidos del cuello, como un escudo de defensa?» Homil, 19 ad pop. Cfr. n. 257. Y de Santa Cecilia nos dicen las Actas de su martirio, que siempre llevaba en el pecho, como la más preciosa reliquia, el Evangelio de Cristo. Todavía hoy este libro, que ricamente encuadernado presidió los Concilios y recibió los más solemnes juramentos de los fieles, de los caudillos y de los jefes supremos de los pueblos, sigue ahora testificando las afirmaciones más graves de la vida, recibiendo la profesión de los sacerdotes y de los doctores. —¿Existe alguna relación entre las dos lecturas: entre la Epístola y el Evangelio?: Aunque no siempre, pero en muchos casos podemos hallar alguna de estas relaciones: de la promesa al cumplimiento, o de la moral al dogma…

 

LECTURA DEL EVANGELIO:

S. El Señor sea con vosotros.
P. Y con tu espíritu.
S. Continuación del santo Evangelio, según S. Mateo (7, 15-21):
P. Gloria a Ti, Señor.
S. En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discipulos: Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los zarzales? Asi, todo árbol bueno da buenos frutos; y todo árbol malo produce frutos malos. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no da fruto será cortado y echado al fuego. Asi, pues, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará por eso en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará ni el reino de los cielos.
P. Alabanza a Ti, oh Cristo.

 

187. CON LA HOMILIA o comentario familiar del Evangelio — eso significa homilía—, solía terminar la primera parte de la Misa, o Misa de los catecúmenos: era ahora cuando tenía lugar la despedida — missa — de los catecúmenos: «Después del sermón — nos dice San Agustín: Serm. 49, 8 — se despide a los catecúmenos, y quedan sólo los fieles». Cfr. nn. 127 y 138.

 

188. EL CREDO. Pero ya a principios del siglo VI, primero en Oriente, en Constantinopla, después en Occidente, en España — Concilio de Toledo, año 589—, y luego en toda la cristiandad, comienza a recitarse en la Misa EL CREDO, como afirmación pública y solemne, clara y distinta de las creencias católicas.
Antes, el CREDO, en su forma más antigua y simplificada — como el que aprendemos en el Catecismo, y que se llama«Símbolo de los Apóstoles» porque representa el fondo de la predicación apostólica—, estaba únicamente reservado para las ceremonias del BAUTISMO, donde realmente la profesión de fe, más aún que en la Misa, tiene su lugar propio y natural.
EL CREDO NO SE RECITA EN TODAS LAS MISAS: La Iglesia, al reglamentar su uso, ha tenido presente, sobre todo, estos dos motivos:

1. EL CONCURSO DEL PUEBLO: todos los domingos del año — Patronos principales —, Dedicación de las iglesias.
2. RELACION DEL CREDO CON LA FIESTA QUE SE CELEBRA: fiestas del Señor — de la Sma. Virgen —, de los Santos Angeles (invisibilium), Apóstoles y Doctores.

CREDO o Símbolo Niceno-Constantinopolitano.
CREO EN DIOS PADRE

Creo en un solo Dios (inclinación).
Padre Todopoderoso, creador del cielo y de, la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. (Angeles.)

CREO EN DIOS HIJO

Y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios.
Y nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no hecho, consubstancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas.
El cual por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó de. los cielos (arrodillándose) Y SE ENCARNO POR OBRA DEL ESPIRITU SANTO, DE MARIA VIRGEN: Y SE HIZO HOMBRE.
Fue crucificado también por nosotros: padeció bajo el poder de Poncio Pilotos, y fue sepultado.
Y resucitó al tercer día, según las Escrituras.
Y subió al cielo: está sentado a la diestra del Padre.
Y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; y su reino no tendrá fin.

CREO EN DIOS ESPIRITU SANTO

Creo en el Espíritu Santo, Señor y vivificador. Que del Padre y del Hijo procede.
Que con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado. Que habló por medio de los Profetas.

189. ¿Cómo se llama el Credo o Símbolo que recitamos en la Misa?

Se llama «SIMBOLO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO», porque viene a ser una fusión de los dos Símbolos redactados por esos Concilios, celebrados el de Nicea en el año 825, y el de Constantinopla en 381.
En realidad, en la Iglesia Católica nunca ha existido más que un solo Símbolo, firme e inalterable en cuanto al fondo; pero en cuanto a la forma, es decir, en cuanto al modo de proponer más explícitamente éste o aquél dogma, y de desarrollar uno u otro artículo, ya contenido en el Símbolo de los Apóstoles, pero que requería mayor declaración y más rotunda afirmación ante los ataques del error y de la herejía, estos dos Concilios Ecuménicos — o sea, Concilios a los que asisten Obispos de todo el mundo, al de Nicea asistieron 318, y ostentando la representación del PAPA, acudió nuestro célebre OSIO de Córdoba — dieron nueva forma al símbolo de los Apóstoles: el de Nicea, para combatir la herejía de Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo, explicó más detalladamente el segundo artículo del Credo; y el de Constantinopla confirmó plenamente la divinidad del Espíritu Santo para oponerse a Macedonio.
Como uno de los mejores comentarios del CREDO, recomendamos a nuestros lectores el original libro del Coronel Ignotus (José de Elola) «EL CREDO Y LA RAZON» (3 edic.).

 

CREO EN LA IGLESIA

Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Y espero la resurrección de los muertos.
Y la vida del siglo venidero (santiguándose). Amén.

CARTA DE LOS OBISPOS ESPAÑOLES CON MOTIVO DE LA GUERRA EN ESPAÑA

Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España

Como homenaje, en la conmemoración del 18 de julio de 1.936

Cardenal Segura y Saez, y el Caudillo de España, Francisco Franco Bahamonde

 

Advertencia previa: Toda similitud, semejanza, proporcionalidad o analogía entre los obispos españoles que redactaron esta carta , con los actuales seglares que se fingen  “obispos” de exquisita ortodoxia católica (al revés lo digo para que me entiendan) dirigidos desde la calle Añastro por el Comité ejecutivo de la C.E.E. a cuyo frente se encuentra el muy “ortodoxo” juanpablista Ricardo Blazquez como presidente y chupando rueda, su especialidad, el vicepresidente yl antes juanpablista y ahora bergogliano y lo que venga aunque niegue la divinidad de Cristo: Antonio Cañizares, y como miembro del Consejo: D.Carlos Osoro que, ya desde sus tiempos en Salamanca desempeñando el cargo de delegado de curso, mostró su rojerío capitaneando revueltas contra las escasas directrices católicas académicas de la Facultad, cajetilla de tabaco rubio en mano como buen seguidor de Gransci, es responsabilidad de la pura imaginación del lector.

Venerables hermanos:

1º. Razón de este documento

Suelen los pueblos católicos ayudarse mútuamente en días de tribulación, en cumplimiento de la ley de caridad de fraternidad que une en un cuerpo místico a cuantos comulgamos en el pensamiento y amor de Jesucristo. Órgano natural de este intercambio espiritual son los Obispos, a quien puso el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios. España, que pasa una de las más grandes tribulaciones de su historia, ha recibido múltiples manifestaciones de afecto y condolencias del Episcopado católico extranjero, ya en mensajes colectivos, ya de muchos Obispos en particular. Y el Episcopado español, tan terriblemente probado en sus miembros, en sus sacerdotes y en sus Iglesias, quiere hoy corresponder con este Documento colectivo a la gran caridad que se nos ha manifestado de todos los puntos de la tierra.

Nuestro país sufre un trastorno profundo: no es sólo una guerra civil cruentísima la que nos llena de tribulación; es una conmoción tremenda la que sacude los mismos cimientos de la vida social y ha puesto en peligro hasta nuestra existencia como nación. Vosotros los habéis comprendido, Venerables Hermanos, y “vuestras palabras y vuestro corazones nos han abierto” diremos con el Apóstol, dejándonos ver las extrañas de vuestra caridad para con nuestra patria querida. Que Dios os lo premie.

Pero con nuestra gratitud, Venerables Hermanos, debemos manifestaros nuestro dolor por el desconocimiento de la verdad de lo que en España ocurre. Es un hecho, que nos consta por documentación copiosa, que el pensamiento de un gran sector de opinión extranjera está disociado de la realidad de los hechos ocurridos en nuestro país. Causas de este extravió podría ser el espíritu anticristiano, que ha visto en la contienda de España una partida decisiva en pro o contra de la religión de Jesucristo y la civilización cristiana; la corriente opuesta de doctrinas políticas que aspiran a la hegemonía del mundo; la labor tendenciosa de fuerzas internacionales ocultas; la antipatria, que se ha valido de españoles ilusos que, amparándose en el nombre de católicos, han causado enorme daño a la verdadera España. Y lo que más nos duele es que una buena parte de la prensa católica extranjera haya contribuido a esta desviación mental, que podría ser funesta para los sacratísimos intereses que se ventilan en nuestra patria.

Casi todos los Obispos que suscribimos esta Carta hemos procurado dar a su tiempo la nota justa del sentido de la guerra. Agradecemos a la prensa católica extrajera el haber hecho suya la verdad de nuestras declaraciones, como lamentamos que algunos periódicos y revistas, que debieron (pf) ser ejemplo de respeto y acatamiento a la voz de los Prelados de la Iglesia, las hayan combatido o tergiversado.

Ello obliga al Episcopado español a dirigirse colectivamente a los Hermanos de todo el mundo, con el único propósito de que resplandezca la verdad, oscurecida por ligereza o por malicia, y nos ayude a difundirla. Se trata de un punto gravísimo en que se conjugan no los intereses políticos de una nación, sino los mismos fundamentos providenciales de la vida social: la religión, la justicia, la autoridad y la libertad de los ciudadanos.

Cumplimos con ello, junto con nuestro oficio pastoral- que importa ante todo el magisterio de la verdad – con un triple deber de religión, de patriotismo y de humanidad. De religión, porque, testigos de las grandes prevaricaciones y heroísmo que han tenido por escena nuestro país, podemos ofrecer al mundo lecciones y ejemplos que caen dentro de nuestro ministerio episcopal y que habrán de ser provechosos a todo el mundo; de patriotismo, porque el Obispo es el primer obligado a defender el buen nombre de su patria “terra patrum”, por cuanto fueron nuestros venerables predecesores los que formaron la nuestra, tan cristiana como es, “engendrando a sus hijos para Jesucristo por la predicación del Evangelio”; de humanidad, porque, ya que Dios ha permitido que fuese nuestro país el lugar de experimentación de ideas y procedimientos que aspiran a conquistar el mundo, quisiéramos que el daño se redujese al ámbito de nuestra patria y se salvaran de la ruina de las demás naciones.

2º. Naturaleza de esta carta

Este Documento no será la demostración de una tesis, sino la simple exposición, a grandes líneas, de los hechos que caracterizan nuestra guerra y la dan su fisonomía histórica. La guerra de España es producto de la pugna de ideologías irreconciliables; en sus mismos orígenes se hallan envueltas gravísimas cuestiones de orden moral y jurídico, religioso e histórico. No sería difícil el desarrollo de puntos fundamentales de doctrina aplicada a nuestro momento actual. Se ha hecho ya copiosamente, hasta por algunos de los Hermanos que suscriben esta Carta. Pero estamos en tiempos de positivismo calculador y frío y, especialmente cuando se trata de hechos de tal relieve histórico como se han producido en esta guerra, lo que se quiere – se nos ha requerido cien veces desde el extranjero en este sentido – son hechos vivos y palpitantes que, por afirmación o contraposición, den la verdad simple y justa.

Por esto tiene este Escrito un carácter asertivo y categórico de orden empírico. Y ello en sus dos aspectos: el de juicio que solidariamente formulamos sobre la estimación legítima de los hechos; y el de afirmación “per oppositum”, con que deshacemos, con toda caridad, las afirmaciones falsas o las interpretaciones torcidas con que haya podido falsearse la historia de este año de vida de España.

La visita ejemplarizante de Franco a Begoña el 20 de junio de 1937.

3º. Nuestra posición ante la guerra

Conste antes que todo, ya que la guerra pudo preverse desde que se atacó ruda e inconsideradamente al espíritu nacional, que el Episcopado español ha dado, desde el año 1931, altísimos ejemplos de prudencia apostólica y ciudadana. Ajustándose a la tradición de la Iglesia y siguiendo las normas de la Santa Sede, se puso resueltamente al lado de los poderes constituidos, con quienes se esforzó en colaborar para el bien común. Y a pesar de los repetidos agravios a personas, cosas y derechos de la Iglesia, no rompió su propósito de no alterar el régimen de concordia de tiempo atrás establecido. “Etiam dyscolis”: A los vejámenes respondimos siempre con el ejemplo de la sumisión leal en lo que podíamos; con la protesta grave, razonada y apostólica cuando debíamos; con la exhortación sincera que hicimos reiteradamente a nuestro pueblo católico a la sumisión legitima, a la oración, a la paciencia y a la paz. Y el pueblo católico nos secundó, siendo nuestra intervención valioso factor de concordancia nacional en momentos de honda conmoción social y política.

Al estallar la guerra hemos lamentado el doloroso hecho, más que nadie, porque ella es siempre un mal gravísimo, que muchas veces no compensan bienes problemáticos, porque nuestra misión es de reconciliación y de paz: “Et in terra pax”. Desde sus comienzos hemos tenido las manos levantados al cielo para que cese. Y el pueblo católico repetimos la palabra de Pío XI, cuando el recelo mutuo de las grandes potencias iba a desencadenar otra guerra sobre Europa: “Nos invocamos la paz, bendecimos la paz, rogamos por la paz”. Dios nos es testigo de los esfuerzos que hemos hecho para aminorar los estragos que siempre son su cortejo.

Con nuestros votos de paz juntamos nuestro perdón generoso para nuestros perseguidores y nuestros sentimientos de caridad para todos. Y decimos sobre los campos de batalla y a nuestros hijos de uno y otro bando la palabra del apóstol: “El Señor sabe cuánto os amamos a todos en las entrañar de Jesucristo”.

Pero la paz es la “tranquilidad del orden, divino, nacional, social e individual, que asegura a cada cual su lugar y le da lo que le es debido, colocando la gloria de Dios en la cumbre de todos los deberes y haciendo derivar de su amor el servicio fraternal de todos”. Y es tal la condición humana y tal el orden de la Providencia- sin que hasta ahora haya sido posible hallarle sustitutivo- que siendo la guerra uno de los azotes más tremendos de la humanidad, es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz. Por esto la Iglesia, aun siendo hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas (pf) de la guerra, ha fundado las Ordenes Militares y ha organizado Cruzadas contra los enemigos de la fe.

No es este nuestro caso. La Iglesia no ha querido esta guerra ni la buscó, y no creemos necesario vindicarla de la nota de beligerante con que en periódicos extranjeros se ha censurado a la Iglesia en España. Cierto que miles de hijos suyos, obedeciendo a los dictados de su conciencia y de su patriotismo, y bajo su responsabilidad personal, alzaron en armas para salvar los principios de religión y justicia cristiana que secularmente habían informado la vida de la Nación; pero quien la acuse de haber provocado esta guerra, o de haber conspirado para ella, y aun de no haber hecho cuanto en su mano estuvo para evitarla, desconoce o falsea la realidad.

Esta es la posición del Episcopado español, de la Iglesia española, frente al hecho de la guerra actual. Se la vejó y persiguió antes de que estallara; ha sudo víctima principal de la furia de una de las partes contendientes; y no ha cesado de trabajar, con su plegaria, con sus exhortaciones, con su influencia, para aminorar sus daños y abreviar los días de prueba.

Y si hoy, colectivamente, formulamos nuestro veredicto en la cuestión complejísima de la guerra de España, es, primero, porque, aun cuando la guerra fuese de carácter político o social, ha sido tan grave su represión de orden religioso, y ha aparecido tan claro, desde sus comienzos, que una de las partes beligerantes iba a la eliminación de la religión católica en España, que nosotros, Obispos católicos no podíamos inhibirnos sin dejar abandonados los intereses de nuestro Señor Jesucristo y sin incurrir el tremendo apelativo de “canes muti”, con que el Profeta censura a quienes, debiendo hablar, callan ante la injusticia; y luego, porque la posición de la Iglesia española ante la lucha, es decir, del Episcopado español, ha sido torcidamente interpretada en el extranjero: mientras un político muy destacado, en una revista católica extranjera la achaca poco menos que a la ofuscación mental de los Arzobispos españoles, a los que califica de ancianos que deben al régimen monárquico y que han arrastrado por razones de disciplina y obediencia a los demás Obispos en un sentido favorable al movimiento nacional, otros nos acusan de temerarios al exponer a las contingencias de un régimen absorbentes y tiránico el orden espiritual de la Iglesia, cuya libertad tenemos obligación de defender.

No; esta libertad la reclamamos ante todo, para el ejercicio de nuestro ministerio; de ella arrancan todas las libertades que vindicamos para la Iglesia. Y; en virtud de ella, no nos hemos atado con nadie- personas, poderes o instituciones – aun cuando agradezcamos al amparo de quienes han podido librarnos del enemigo que quiso perdernos, y estemos dispuestos a colaborar, como Obispos y españoles, con quienes se esfuercen en reinstaurar en España un régimen de paz y justicia. Ningún poder político podrá decir que nos hayamos apartado de esta línea, en ningún tiempo.

4º. El quinquenio que precedió a la guerra

Afirmamos, ante todo, que esta guerra la ha acarreado la temeridad, los errores, tal vez la malicia o la cobardía de quien hubiesen podido evitarla gobernando la nación según justicia.

Dejando otras causas de menor eficiencia, fueron los legisladores de 1931, y luego el poder ejecutivo del Estado con sus prácticas de gobierno, lo que se empeñaron en torcer bruscamente la ruta de nuestra historia en un sentido totalmente contrario a la naturaleza y exigencias del espíritu nacional, y especialmente opuesto al sentido religioso predominante en el país. La Constitución y las leyes laicas que desarrollaron su espíritu fueron un ataque violento y continuado a la conciencia nacional. Anulando los derechos de Dios y vejada la Iglesia, quedaba nuestra sociedad enervada, en el orden legal, en lo que tiene de más sustantivo la vida social, que es la religión. El pueblo español que, en su mayor parte, mantenía viva la fe de sus mayores, recibió con paciencia invicta los reiterados agravios hechos a su conciencia por leyes inicuas; pero la temeridad de sus gobernantes había puesto en el alma nacional, junto con el agravio, un factor de repudio y de protesta contra un poder social que había faltado a la justicia más fundamental, que es la que se debe a Dios y a la conciencia de los ciudadanos.

Junto con ello, la autoridad, en múltiples y graves ocasiones, resignaba en la plebe sus poderes. Los incendios de los templos en Madrid y provincias, en Mayo de 1931, las revueltas de Octubre de 1934, especialmente en Cataluña y Asturias, donde reinó la anarquía durante dos semanas; le período turbulento que corre en Febrero a Julio de 1936, durante el cual fueron destruidas o profanadas 411 iglesias y se cometieron cerca de 3000 atentados graves de carácter político y social, presagiaban la ruina total de la autoridad pública, que se vio sucumbir con frecuencia a la fuerza de poderes ocultos que mediatizaban sus funciones.

Nuestro régimen político de libertad democrática se desquició, por arbitrariedad del Estado y por coacción gubernamental que trastocó la voluntad popular, constituyendo una máquina política en pugna con la mayoría política de la nación, dándose el caso, en las últimas elecciones parlamentarias, Febrero de 1936, de que, con más de medio millón de votos de exceso sobre la izquierdas, obtuviesen las derechas 118 diputados menos que el Frente Popular, por haberse anulado caprichosamente las actas de provincias enteras, viciándose así en su origen la legitimidad del Parlamento.

Y a medida que se descomponía nuestro pueblo por la relajación de los vínculos sociales y se desangraba nuestra economía y se alteraba sin tino el ritmo del trabajo y se debilitaba maliciosamente la fuerza de las instituciones de defensa social, otro pueblo poderoso, Rusia, empalmando con los comunistas de acá, por medio del teatro y el cine, con ritos y costumbres exóticas, por la fascinación intelectual y el soborno material, preparaba el espíritu popular para el estallido de la revolución, que se señalaba casi a plazo fijo.

El 27 de Febrero de 1936, a raíz del triunfo del Frente Popular, el KOMINTERN ruso decretaba la revolución española y la financiaba con exorbitantes cantidades. El 1º de Mayo siguiente centenares de jóvenes postulaban públicamente en Madrid “para bombas y pistolas, pólvora y dinamita para la próxima revolución”. El 16 del mismo mes se reunía en la Casa del Pueblo de Valencia representantes de la URSS con delegados españoles de la III Internacional, resolviendo, en el 9º de sus acuerdos: “Encargar a uno de los radios de Madrid, el designado con el número 25, integrado por agentes de policía en activo, la eliminación de los personajes políticos y militares destinados a jugar un papel de interés en la contrarrevolución”. Entre tanto, desde Madrid a las aldeas más remotas aprendían las milicias revolucionarias la instrucción militar y se las armaba copiosamente, hasta el punto de que, al estallar la guerra, contaba con 150000 soldados de asalto y 100000 de resistencia.

Os parecerá, Venerables Hermanos, impropia de un Documento episcopal la enumeración de estos hechos. Hemos querido sustituirlo a las razones de derecho político que pudiesen justificar un movimiento nacional de resistencia. Sin Dios, que debe estar en el fundamento y a la cima de la vida social; sin autoridad, a la que nada puede sustituir en sus funciones creadoras del orden y mantenedora del derecho ciudadano; con la fuerza material al servicio de los sin Dios ni conciencia, manejados por agentes poderosos de orden internacional, España debía deslizarse hacia la anarquía, que es lo contrario del bien común y de la justicia y orden social. Aquí han venido a parar las regiones españolas en que la revolución marxista ha seguido su curso inicial.

Estos son los hechos. Cotéjense con la doctrina de Santo Tomás sobre el derecho a la resistencia defensiva por la fuerza y falle cada cual en justo juicio. Nadie podrá negar que, al tiempo de estallar el conflicto, la misma existencia del bien común, – la religión, la justicia, la paz -, estaba gravemente comprometida; y que el conjunto de las autoridades sociales y de los hombres prudentes que constituyen el pueblo en su organización natural y en sus mejores elementos reconocían el público peligro. Cuanto a la tercera condición (pf) que requiere el Angélico, de la convicción de los hombres prudentes sobre la probabilidad del éxito, la dejemos al juicio de la historia: los hechos, hasta ahora, no le son contrarios.

Respondemos a un reparo, que una revista extranjera concreta al hecho de los sacerdotes asesinados y que podría extenderse a todos los que constituyen este inmenso transtorno social que ha sufrido España. Se refiere a la posible de que, de no haberse producido el alzamiento, no se hubiese alterado la paz pública: “A pesar de los desmanes de los rojos- leemos- queda en pie la verdad que si Franco no se hubiese alzado, los centenares o millones de sacerdotes que han sido asesinados hubiesen conservado la vida y hubiesen continuado haciendo en las almas la obra de Dios”. No podemos suscribir esta afirmación, testigo como somos da la situación de España al estallar el conflicto. La verdad es lo contrario; porque es cosa documentalmente probada que en el minucioso proyecto de la revolución marxista que se gestaba, y que habría estallado en todo el país, si en gran parte de él no lo hubiese impedido el movimiento cívico-militar, estaba ordenado el exterminio del clero católico, como el de los derechistas calificados, como la sovietización de las industrias y la implantación del comunismo. Era por Enero último cuando un dirigente anarquista decía al mundo por radio: “Hay que decir las cosas tal y como son, y la verdad no es otra que la de que los militares se nos adelantaron para evitar que llegáramos a desencadenar la revolución”.

Quede, pues, asentado, como primera afirmación de este Escrito, que un quinquenio de continuos atropellos de los súbditos españoles en el orden religioso y social puso en gravísimo peligro la existencia misma del bien público y produjo enorme tensión en el espíritu del pueblo español; que estaba en la conciencia nacional que, agotados va los medios legales, no había más recurso que el de la fuerza para sostener el orden y la paz; que poderes extraños a la autoridad tenida por legítima decidieron subvertir el orden constituido e implantar violentamente el comunismo; y, por fin, que por lógica fatal de los hechos no le quedaba a España mas que esta alternativa: o sucumbir en la embestida definitiva del comunismo destructor, ya planeada y decretada, como ha ocurrido en la regiones donde no triunfó el movimiento nacional, o intentar, es esfuerzo titánico de resistencia, librarse del terrible enemigo y salvar los principio fundamentales de su vida social y de sus características nacionales.

5º. El alzamiento militar y la revolución comunista

El 18 de Julio del año pasado se realizó el alzamiento militar y estalló la guerra que aún dura. Pero nótese, primero, que la sublevación militar no se produjo, ya desde sus comienzos, sin colaboración con el pueblo sano, que se incorporó en grandes masas al movimiento que, por ello, debe calificarse de cívico-militar; y segundo, que este movimiento y la revolución comunista son dos hechos que no pueden separarse, si se quiere enjuiciar debidamente la naturaleza de la guerra. Coincidentes en el mismo momento inicial del choque, marcan desde el principio la división profunda de las dos Españas que se batirán en los campos de batalla.

Aún hay más: el movimiento no se produjo sin que los que lo iniciaron intimaran previamente a los poderes públicos a oponerse por los recursos legales a la revolución marxista inminente. La tentativa fue ineficaz y estalló el conflicto, chocando las fuerzas cívico-militares, desde el primer instante, no tanto con las fuerzas gubernamentales que intentaran reducirlo como con la furia desencadenada de unas milicias populares que, al amparo, por lo menos, de la pasividad gubernamental, encuadrándose en los mandos oficiales del ejército (pf) y utilizando, a más del que ilegítimamente poseían, el armamento de los parques del Estado, se arrojaron como avalancha destructora contra todo lo que constituye un sostén en la sociedad.

Esta es la característica se la reacción obrada en el campo gubernamental contra el alzamiento cívico-militar. Es, ciertamente, un contraataque por parte de las fuerzas fieles al Gobierno; pero es, ante todo, una lucha en comandita con las fuerzas anárquicas que se sumaron a ellas y que con ellas pelearán juntas hasta el fin de la guerra. Rusia, lo sabe el mundo, se injertó en le ejercito gubernamental tomando parte en sus mandos, y fue a fondo, aunque conservándose la apariencia del Gobierno del Frente Popular, a la implantación del régimen comunista por la subversión del orden social establecido. Al juzgar de la legitimidad del movimiento nacional, no podrá prescindirse de la intervención, por la parte contraria, de estas “milicias anárquica incontrolables” – es palabra de un ministro del Gobierno de Madrid – cuyo poder hubiese prevalecido sobre la nación.

Y porque Dios es el más profundo, cimiento de una sociedad bien ordenada- lo era de la nación española- la revolución comunista, aliada de los ejércitos del Gobierno, fue, sobre todo, antidivina. Se cerraba así el ciclo de la legislación laica de la Constitución de 1931 con la destrucción de cuanto era cosa de Dios. Salvamos toda intervención personal de quienes no han militado conscientemente bajo este signo; sólo trazamos la trayectoria general de los hechos.

Por esto se produjo en el alma una reacción de tipo religioso, correspondiente a la acción nihilista y destructora de los sin-Dios. Y España quedó dividida en dos grandes bandos militantes; cada uno de ellos fue como el aglutinante de cada una de las dos tendencias profundamente populares; y a su alrededor, y colaborando con ellos, polarizaron, en forme de milicias voluntarias y de asistencia y servicios de retaguardia, las fuerzas opuestas que tenían divida a la nación.

La guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de Febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del gobierno nacional dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no había logrado en las urnas, se transformó, por la contienda cívico-militar, en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió a la defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España, con todos sus factores, por la novísima “civilización” de los soviets rusos.

Las ulteriores complicaciones de la guerra no han variado más que accidentalmente su carácter: el internacionalismo comunista ha corrido al territorio español en ayuda del ejército y pueblo marxista; como, por la natural exigente de la defensa y por consideraciones de carácter internacional, han venido en ayuda de la España tradicional armas y hombres de otros países extranjeros. Pero los núcleos nacionales (pf) siguen igual aunque la contienda, siendo profundamente popular, haya llegado a revestir caracteres de la lucha internacional.

Por esto observadores perspicaces han podido escribir estas palabras sobre nuestra guerra: “Es una carrera de velocidad entre el bolchevismo y la civilización cristiana”. “Una etapa nueva y tal vez decisiva en la lucha entablada entre la Revolución y el Orden”. “Una lucha internacional en un campo de batalla nacional; el comunismo libra en la Península una formidable batalla, de la que depende la suerte de Europa”.

No hemos hecho más que un esbozo histórico, del que deriva esta afirmación: El alzamiento cívico-militar fue en su origen un movimiento nacional de defensa de los principios fundamentales de toda sociedad civilizada; en su desarrollo, lo ha sido contra la anarquía coaligada con las fuerzas al servicio de un gobierno que no supo o no quiso titular aquellos principios.

Consecuencia de esta afirmación son las conclusiones siguientes:

Primera:

Que la Iglesia, a pesar de su espíritu de paz, y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no podía ser indiferente en la lucha: se lo impedía su doctrina y su espíritu el sentido de conservación y la experiencia de Rusia. De una parte se suprimía a Dios, cuya obra a de realizar la Iglesia en el mundo, y se causaba a la misma un daño inmenso, en personas, cosas y derechos, como tal vez no la haya sufrido institución alguna en la historia; de la otra, cualesquiera que fuesen los humanos defectos, estaba el esfuerzo por la conservación del viejo espíritu, español y cristiano.

Segunda:

La Iglesia, con ello, no ha podido hacerse solidaria de conductas, tendencias o intenciones que, en el presente o en lo porvenir, pudiesen desnaturalizar la noble fisonomía del movimiento nacional, en su origen, manifestaciones y fines.

Tercera:

Afirmamos que el levantamiento cívico-militar ha tenido en el fondo de la conciencia popular de un doble arraigo: el del sentido patriótico, que ha visto en él la única manera de levantar a España y evitar su ruina definitiva; y el sentido religioso, que lo consideró como la fuerza que debía reducir a la impotencia a los enemigos de Dios, y como la garantía de la continuidad de su fe y de la práctica de su religión.

Cuarta:

Hoy, por hoy, no ha en España más esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas deriva, que el triunfo del movimiento nacional. Tal vez hoy menos que en los comienzos de la guerra, porque el bando contrario, a pesar de todos los esfuerzos de sus hombres de gobierno, no ofrece garantías de estabilidad política y social.

6º. Caracteres de la revolución comunista

Puesta en marcha la revolución comunista, conviene puntualizar sus caracteres. Nos ceñimos a las siguientes afirmaciones, que derivan del estudio de hechos plenamente probados, muchos de los cuales constan en informaciones de toda garantía, descriptivas y gráficas, que tenemos a la vista. Notamos que apenas hay información debidamente autorizada más que del territorio liberado del dominio comunista. Quedan todavía bajo las armas del ejército rojo, en todo o parte, varias provincias; se tiene aún escaso conocimiento de los desmanes cometidos en ellas, los más copiosos y graves.

Enjuiciando globalmente los excesos de la revolución comunista española afirmamos que en la historia de los pueblos occidentales no se conoce un fenómeno igual de vesania colectiva, ni un cúmulo semejante, producido en pocas semanas, de atentados cometidos contra los derechos fundamentales de Dios, de la sociedad y de la persona humana. Ni sería fácil, recogiendo los hechos análogos y ajustando sus trazos característicos para la composición de figuras crimen, hallar en la historia una época o un pueblo que pudieran ofrecernos tales y tantas aberraciones. Hacemos historia, sin interpretaciones de carácter psicológico o social, que reclamarían particular estudio. La revolución anárquica ha sido ‘excepcional en la historia’.

Añadimos que la hecatombe producida en personas y cosas por la revolución comunista fue ‘premeditada’. Poco antes de la revuelta habían llegado de Rusia 79 agitadores especializados. La Comisión Nacional de Unificación Marxista, por los mismos días ordenaba la constitución de las milicias revolucionarias en todos los pueblos. La destrucción de las iglesias, o a lo menos, de su ajuar, fue sistemática y por series. En el breve espacio de un mes se habían inutilizado todos los templos para el culto. Ya en 1931 la Liga Atea tenía en su programa un articulo que decía: ‘Plebiscito sobre el destino que hay que dar a las iglesias y casas parroquiales’; y uno de los Comités provinciales daba esta norma: ‘El local o locales destinados hasta ahora al culto destinarán a almacenes colectivos, mercados públicos, bibliotecas populares, casas de baños o higiene pública, etc.; según convenga a las necesidades de cada pueblo’. Para la eliminación de personas destacadas que se consideraban enemigas de la revolución se habían formado previamente las “listas negras” . En algunas, y en primer lugar, figuraba el Obispo. De los sacerdotes decía un jefe comunista, ante la actitud del pueblo que quería salvar a su párroco: “Tenemos orden de quitar toda su semilla”.

Prueba elocuentísima de que de la destrucción de los templos y la matanza de los sacerdotes, en forma totalitaria fue cosa premeditada, es su número espantoso. Aunque son prematuras las cifras, contamos unas 20.000 iglesias y capillas destruidas o totalmente saqueadas. Los sacerdotes asesinados, contando un promedio del 40 por 100 en las diócesis desbastadas en algunas llegan al 80 por 100 sumarán, sólo del clero secular, unos 6.000. Se les cazó con perros, se les persiguió a través de los montes; fueron buscados con afán en todo escondrijo. Se les mató sin perjuicio las más de las veces, sobre la marcha, sin más razón que su oficio social.

Fue “cruelísima” la revolución. Las formas de asesinato revistieron caracteres de barbarie horrenda. En su número: se calculan en número superior de 300.000 los seglares que han sucumbido asesinados, sólo por sus ideas políticas y especialmente religiosas: en Madrid, y en los tres meses primeros, fueron asesinados más de 22.000. Apenas hay pueblo en que no se haya eliminado a los más destacados derechistas. Por la falta de forma: sin acusación, sin pruebas, las más de las veces sin juicio. Por los vejámenes: a muchos se les han amputado los miembros o se les ha mutilado espantosamente antes de matarlos; se les han vaciados los ojos, cortado la lengua, abierto en canal, quemado o enterrado vivos, matado a hachazos. La crueldad máxima se ha ejercido en los ministros de Dios. Por respeto y caridad no queremos puntualizar más.

La revolución fue “inhumana”. No se ha respetado el pudor de la mujer, ni aún la consagrada a Dios por sus votos. Se han profanado las tumbas y cementerios. En el famoso monasterio románico de Ripoll se han destruido los sepulcros, entre los que había el de Wifredo el Velloso, conquistador de Cataluña, y el del Obispo Morgades, restaurador del célebre cenobio. En Vich se ha profanado la tumba del gran Balmes y leemos que se ha jugado al fútbol con el cráneo del gran Obispo Torras y Bages. En Madrid y en el cementerio viejo de Huesca se han abierto centenares de tumbas para despojar a los cadáveres del oro de sus dientes o de sus sortijas. Algunas formas de martirio suponen la subversión o supresión del sentido de humanidad.

La revolución fue “bárbara”, en cuanto destruyó la obra de civilización de siglos. Destruyó millares de obras de arte, muchas de ellas de fama universal. Saqueó o incendió los archivos imposibilitando la rebusca histórica y la prueba instrumental de los hechos jurídico y social. Quedan centenares de telas pictóricas acuchilladas (pf), de esculturas mutiladas, de maravillas arquitectónicas para siempre deshechas. Podemos decir que el caudal de arte, sobre todo religioso, acumulado en siglos, ha sido estúpidamente destrozado en unas semanas, en las regiones dominadas por los comunistas. Hasta el Arco de Bará, en Tarragona, obra romana que había visto veinte siglos, llevó la dinamita su acción destructora. Las famosas colecciones de arte de la Catedral de Toledo, del Palacio de Liria, del Museo del Prado, han sido torpemente expoliadas. Numerosas bibliotecas han desaparecido. Ninguna guerra, ninguna invasión bárbara, ninguna conmoción social, en ningún tiempo: una organización sabia, puesta al servicio de un terrible propósito de aniquilamiento, concentrado contra las cosas de Dios, y los modernos medios de locomoción y destrucción al alcance de toda mano criminal.

Conculcó la revolución lo más elementales principios del “derecho de gentes”. Recuérdense las cárceles de Bilbao, donde fueron asesinado por las multitudes, en forma inhumana, centenares de presos, las represalias cometidas en los rehenes custodiados en buques y prisiones, sin más razón que un contratiempo de guerra; los asesinatos en masa, atados los infelices prisioneros e irrigados con el chorro de balas de las ametralladoras; el bombardeo de ciudades indefensas, sin objetivo militar.

La revolución fue esencialmente ‘antiespañola’. La obra destructora se realizó a los giros de “¡Viva Rusia!”, a la sombra de la bandera internacional comunista. Las inscripciones murales, la apología de personajes forasteros, los mandos militares en manos de jefes rusos, el expolio de la nación a favor de extranjeros, el himno internacional comunista, son prueba sobrada del odio al espíritu nacional y al sentido de patria.

Pero, sobre todo, la revolución fue “anticristiana”. No creemos que en la historia del Cristianismo y en el espacio de unas semanas se haya dado explosión semejante, en todas las formas de pensamiento, de voluntad y de pasión, del odio contra Jesucristo y su religión sagrada. Tal ha sido el sacrilegio estrago que ha sufrido la Iglesia en España, que el delegado de los rojos españoles enviado al Congreso de los “sin – Dios”, en Moscú, pudo decir: “España ha superado en mucho la obra de los Soviets, por cuanto la Iglesia en España ha sido completamente aniquilada”.

Contamos los mártires por millares; su testimonio es una esperanza para nuestra pobre patria; pero casi no hallaríamos en el Martirologio romano una forma de martirio no usada por el comunismo, sin exceptuar la crucifixión; y en cambio hay formas nuevas de tormento que han consentido las sustancias y máquinas modernas.

El odio a Jesucristo y a la Virgen ha llegado al paroxismo, y en los centenares de Crucifijos acuchillados, en las imágenes de la Virgen bestialmente profanadas, en los pasquines de Bilbao en que se blasfemaba sacrílegamente de la Madre de Dios, en la infame literatura de las trincheras rojas, en que se ridiculizan los divinos misterios, en la reiterada profanación de las Sagradas Formas, podemos adivinar el odio del infierno encarnado en nuestros infelices comunista. “Tenía jurado vengarme de ti” – le decía uno de ellos al Señor encerrado en el Sagrario; y encañonado la pistola disparó contra él, diciendo: “Ríndete a los rojos; ríndete al marxismo”.

Ha sido espantosa la profanación de las sagradas reliquias: han sido destrozados o quemados los cuerpos de San Narciso, San Pascual Bailón, la Beata Beatriz de Silva, San Bernardo Calvó y otros. Las formas de profanación son inverosímiles, y casi no se conciben sin subestación diabólica. Las campanas han sido destrozadas y fundidas. El culto, absolutamente suprimido en todo el territorio comunista, si se exceptúa una pequeña porción del norte. Gran número de templos. Entre ellos verdaderas joyas de arte, han sido totalmente arrasados: en esta obra inicua se ha obligado a trabajar a pobres sacerdotes. Famosas imágenes de veneración secular han desaparecido para siempre, destruidas o quemadas. En muchas localidades la autoridad ha obligado a los ciudadanos a entregar todos los objetos religiosos de su pertenencia para destruirlos públicamente: pondérese lo que esto representa en el orden del derecho natural, de los vínculos de familia y de la violencia hecha a la conciencia cristiana.

Nos seguimos, venerables Hermanos, en la crítica de la actuación comunista en nuestra patria, y dejamos a la historia la fiel narración de los hechos en ella acontecidos. Si se nos acusaran de haber señalado en forma tan cruda estos estigmas de nuestra revolución, nos justificaríamos con el ejemplo de San Pablo, que no duda en vindicar con palabras tremendas la memoria de los profetas de Israelí que tiene durísimos calificativos para los enemigos de Dios; o con el de nuestro Santísimo Padre que, en su Encíclica sobre el Comunismo ateo habla de “una destrucción tan espantosa, llevada a cabo, en España, con un odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiese creído posible en nuestro siglo”.

Reiteramos nuestra palabra de perdón para todos y nuestro propósito de hacerles el bien máximo que podamos. Y cerramos este párrafo con estas palabras del “Informe Oficial” sobre las ocurrencias de la revolución en sus tres primeros meses: “No se culpe al pueblo español de otra cosa más que de haber servido el instrumento para la perpetración de estos delitos”… Este odio a la religión y a las tradiciones patrias, de las que eran exponente y demostración tantas cosas para siempre perdidas, ‘llegó de Rusia, exportando por orientales de espíritu perverso’. En descargo de tantas víctimas, alucinadas por “doctrinas demonios”, digamos que al morir, sancionados por la ley, nuestros comunistas se han reconciliado en su inmensa mayoría con el Dios de sus padres. En Mallorca han muerto impenitentes sólo un dos por ciento; en las regiones del sur no más de un veinte por ciento, y en las del norte no llegan tal vez al diez por ciento. Es prueba del engaño de que ha sido víctima nuestro pueblo.

7º. El movimiento nacional: sus caracteres

Demos ahora un esbozo del carácter del movimiento llamado “nacional”. Creemos justa esta denominación. Primero, por su espíritu; porque la nación española estaba disociada, en su inmensa mayoría, de una situación estatal que no supo encarnar sus profundas necesidades y aspiraciones; y el movimiento fue aceptado como una esperanza en toda la nación; en las regiones no liberadas sólo espera romper la coraza de las fuerzas comunistas que le oprimen. Es también nacional por su objetivo, por cuanto tiende a salvar y sostener para lo futuro las esencias de un pueblo organizado en un Estado que sepa continuar dignamente su historia. Expresamos una realidad y un anhelo general de los ciudadanos españoles; no indicamos los medios para realizarlo.

El movimiento ha fortalecido el sentido de patria, contra el exotismo de las fuerzas que le son contrarias. La patria implica una paternidad; es el ambiente moral, como de una familia dilatada, en que logra el ciudadano su desarrollo total; y el movimiento nacional ha determinado una corriente de amor que se ha concentrado alrededor del nombre y de la sustancia histórica de España, con aversión de los elementos forasteros que nos acarrearon la ruina. Y como el amor patrio, cuando se ha sobrenaturalizado por el amor de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, toca las cumbres de la caridad cristiana, hemos visto una explosión de verdadera caridad que ha tenido su expresión máxima en la sangre de millares de españoles que le han dado la grito de “¡Viva España!” “¡Viva Cristo Rey!”

Dentro del movimiento nacional se ha producido el fenómeno, maravilloso, del martirio – verdadero martirio, como ha dicho el Papa – de millares de españoles, sacerdotes, religiosos y seglares; y este testimonio de sangre deberá condicionar en lo futuro, so pena de inmensa responsabilidad política, la actuación de quienes, depuestas las armas, hayan de construir el nuevo estado en el sosiego de la paz.

El movimiento ha garantizado el orden en el territorio por él dominado. Contraponemos la situación de las regiones en que ha prevalecido el movimiento nacional a las denominadas aún por los comunistas. De estas puede decirse la palabra del Sabio: “Ubi non est gubernatur, dissipabitur populus”; sin sacerdotes, sin templos, sin culto, sin hambre y la miseria. En cambio, en medio del esfuerzo y del dolor terrible de la guerra, las otras regiones viven en la tranquilidad del orden interno, bajo la tutela de una verdadera autoridad, que es el principio de la justicia, de la paz y del progreso que prometen la fecundidad de la vida social. Mientras en la España marxista se vive sin Dios, en las regiones indemnes o reconquistadas se celebra profusamente el culto divino y pululan y florecen nuevas manifestaciones de la vida cristiana.

Esta situación permite esperar un régimen de justicia y paz para el futuro. No queremos aventurar ningún presagio. Nuestros males son gravísimos. La relajación de los vínculos sociales; las costumbres de una política corrompida; el desconocimiento de los deberes ciudadanos; la escasa formación de una conciencia íntegramente católica; la división espiritual en orden a la solución de nuestros grandes problemas nacionales; la eliminación, por asesinato cruel, de millares de hombres selectos llamados por su estado y formación a la obra de la reconstrucción nacional; los odios y la escasez que son secuelas de toda guerra civil; la ideología extranjera sobre el Estado, que tiende a descuajarle la idea y de las influencias cristianas; serán dificultada enorme para hacer una España nueva injertada (pf) en el tronco de nuestra vieja historia y vivificada por su savia. Pero tenemos la esperanza de que, imponiéndose con toda su fuerza el enorme sacrificio realizado, encontraremos otra vez nuestro verdadero espíritu nacional. Entramos en él paulatinamente por una legislación en que predomina el sentido cristiano en la cultura, en la moral, en la justicia social y en el honor y culto que se debe a Dios.

Quiera Dios ser en España el primer bien servido, condición esencial para que la nación sea verdaderamente bien servida.

8º. Se responde a unos reparos

No llenaríamos el fin de esta Carta, Venerables Hermanos, si no respondiéramos a algunos reparos que se nos han hecho desde el extranjero.

Se ha acusado a la Iglesia de haberse defendido contra un movimiento popular haciéndose fuerte en sus templos y siguiéndose de aquí la matanza de sacerdotes y la ruina de las iglesias. – Decimos que no. La irrupción contra los templos fue súbita, casi simultánea en todas las regiones, y coincidió con la matanza de sacerdotes. Los templos ardieron porque eran casas de Dios, y los sacerdotes fueron sacrificados porque eran ministros de Dios. La prueba es copiosísima. La Iglesia no ha sido agresora. Fue la primera bienhechora del pueblo, inculcando la doctrina y fomentando las obras de justicia social. Ha sucumbido – donde ha dominado el comunismo anárquico – víctima inocente, pacífica, indefensa.

Nos requieren del extranjero para que digamos si es cierto que la iglesia en España era propietaria del tercio del territorio nacional, y que el pueblo se ha levantado para librarse de su opresión.- Es acusación ridícula. La Iglesia no poseía más que pocas e insignificantes parcelas, casas sacerdotales y de educación, y hasta de esto se había útilmente incautado el Estado. Todo lo que posee la Iglesia en España no llenaría la cuarta parte de sus necesidades, y responde a sacratísimas obligaciones.

Se le imputa a la Iglesia la nota de temeridad y partidismo la mezclarse en la contienda que tiene dividida a la nación.- La Iglesia se ha puesto siempre del lado de la justicia y de la paz, y ha colaborado con los poderes del Estado, en cualquier situación, al bien común. No se ha atado a nadie, fuesen partidos, personas o tendencias. Situada por encima de todos y de todo, ha cumplido sus deberes de adoctrinar y exhortar a la caridad, sintiendo pena profunda por haber sido perseguida y repudiada por gran número de sus hijos extraviados. Apelamos a los copiosos escritos y hechos que abonan estas afirmaciones.

Se dice que esta guerra es de clases, y que la Iglesia se ha puesto del lado de los ricos.- Quienes conocen sus causas y naturaleza saben que no. Que aun reconociendo algún descuido en el cumplimiento de los deberes de justicia y caridad, que la iglesia ha sido la primera en urgir, las clases trabajadoras estaban fuertemente protegidas por la ley, y la nación había entrado por el franco camino de una mejor distribución de la riqueza. La lucha de clases es más virulenta en otros países que en España. Precisamente en ella se ha librado de la guerra horrible gran parte de las regiones más pobres, y se ha ensañado más donde ha sido mayor el coeficiente de la riqueza y del bienestar del pueblo. Ni pueden echarse en el olvido nuestra avanzada legislación social y nuestras prósperas instituciones de beneficencia y asistencia pública y privada, de abolengo español, y cristiano. El pueblo fue engañado con promesas irrealizables, incompatibles no sólo con la vida económica del país, sino con cualquier clase (pf) de vida económica organizada. Aquí está la bienandanza de las regiones indemnes, y la miseria, que se adueñó ya de las que han caído bajo el dominio comunista.

La guerra de España, dice, no es más que un episodio de la lucha universal entre la democracia y el estatismo; el triunfo del movimiento nacional llevará a la nación a la esclavitud del Estado. La Iglesia de España – leemos en una revista extranjera – ante el dilema de la persecución por el Gobierno de Madrid o la servidumbre a quienes representan tendencias políticas que nada tiene de cristiano, ha optado por la servidumbre.- No es éste el dilema que se ha planteado a la Iglesia en nuestro país, sino éste: La iglesia, antes de perecer totalmente en manos del comunismo, como ha ocurrido en las regiones por él dominadas, se siente amparada por un poder que hasta ahora ha garantizado los principios fundamentales de toda sociedad, sin miramiento ninguno a sus tendencias políticas.

Cuanto a lo futuro, no podemos predecir lo que ocurrirá al final de la lucha. Si que afirmamos que la guerra no se ha emprendido para levantar un Estado autócrata sobre una nación humillada, sino para que resurja el espíritu nacional con la pujanza y la libertad cristiana de los tiempos viejos. Confiamos en la prudencia de los hombres de gobierno, que no querrán aceptar moldes extranjeros para la configuración del Estado español futuro, sino que tendrán en cuenta las exigencias de la vida íntima nacional y la trayectoria marcada por los siglos pasados. Toda sociedad bien ordenada basa sobre principios profundos y de ellos vive, no de aportaciones adjetivas y extrañas, discordes con el espíritu nacional. La vida es más fuerte que lo programas, y un gobernante prudente no impondrá un programa que violente las fuerzas íntimas de la nación. Seríamos los primeros en lamentar que la autocracia irresponsable de un parlamento fuese sustituida por la más terrible de una dictadura desarraigada de la nación. Abrigamos la esperanza legítima de que no será así. Precisamente lo que ha salvado a España en el gravísimo momento actual ha sido la persistencia de los principios seculares que han informado nuestra vida y el hecho de que un gran sector de la nación se alzara para defenderlos. Sería un error quebrar la trayectoria espiritual del país, y no es de creer que se caiga en él.

Se imputan a los dirigentes del movimiento nacional crímenes semejantes a los cometidos por los del Frente Popular. “El ejército blanco, leemos en acreditada revista católica extranjera, recurre a medios injustificado, contra los que debemos protestar… El conjunto de informaciones que tenemos indica que el terror blanco reina en la España nacionalista con todo el horror que representan casi todos los terrores revolucionarios… Los resultados obtenidos parecen despreciables al lado del desarrollo de crueldad metódicamente organizada de que hacen prueba las tropas”. – El respetable articulista está malísimamente informado. Tiene toda guerra sus excesos; los habrá tenido, sin duda, el movimiento nacional; nadie se defiende con total serenidad de las cosas arremetidas de un enemigo sin entrañas. Reprobando en nombre de la justicia y de la caridad cristianas todo exceso que se hubiese cometido, por error o por gente subalterna y que metódicamente ha abultado la información extranjera, decimos que el juicio que rectificamos no responde a la verdad, y afirmamos que va una distancia enorme, infranqueable, y entre los principios de justicia, de su administración y de la forma de aplicarla entre una y otra parte. Más bien diríamos que la justicia del Frente Popular ha sido una historia horrible de atropellos a la justicia, contra Dios, la sociedad y los hombres. No puede haber justicia cuando se elimina a Dios, principio de toda justicia. Matar por matar, destruir por destruir; expoliar al adversario no beligerante, como principio de actuación cívica y militar, he aquí lo que se puede afirmar de los unos con razón y no se puede imputar a los otros sin injusticia.

Dos palabras sobre le problema de nacionalismo vasco, tan desconocido y falseado y del que se ha hecho arma contra el movimiento nacional.- Toda nuestra admiración por las virtudes cívicas y religiosas de nuestros hermanos vascos. Toda nuestra caridad por la gran desgracia que les aflige, que consideramos nuestra, porque es de la patria. Toda nuestra pena por la ofuscación que han sufrido sus dirigentes en un momento grave de su historia. Pero toda nuestra reprobación por haber desoído la voz de la Iglesia y tener realidad en ellos las palabras del Papa en su Encíclica sobre el comunismo: “Los agentes de destrucción, que no son tan numerosos, aprovechándose de estas discordias (lo de los católicos), las hacen más estridentes, y acaban por lanzar a la lucha a los católicos los unos a los otros. – “Los que trabajando por aumentar las disensiones entre católicos toman sobre sí una terrible responsabilidad, ante Dios y ante la Iglesia”. – “El comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, los que quieren salvar la civilización cristiana”. – “Cuanto las regiones, donde el comunismo consigue penetrar, más se distingan por la antigüedad y grandeza de su civilización cristiana, tanto más devastador se manifestará allí el odio de los ‘sin – Dios’”.

En una revista extranjera de gran circulación se afirma que el pueblo se ha separado en España del sacerdote porque éste se recluta en la clase señoril; y que no quiere bautizar a sus hijos por los crecidos derechos de administración del Sacramento.- A lo primero respondemos que las vocaciones en los distintos Seminarios de España están reclutados en la siguiente forma: Número total de seminaristas en 1935: 7401; nobles, 6; ricos, con un capital superior de 10.000 pesetas, 115; pobres, o casi pobres, 7280. A lo segundo, que antes del cambio de régimen no llegaban los hijos de padres católicos no bautizados al uno por diez miel; el arancel es modicísimo, y nulo para los pobres.

9º. Conclusión

Cerramos, Venerables Hermanos, esta ya larga Carta rogándonos nos ayudéis a lamentar la gran catástrofe nacional de España, en que se han perdido, con la justicia y la paz, fundamento del bien común y de aquella vida virtuosa de la Ciudad de que nos habla el Angélicos, tantos valores de civilización y de vida cristiana. El olvido de la verdad y de la virtud, en el orden político, económico y social, nos ha acarreado esta desgracia colectiva. Hemos sido mal gobernados, porque, como dice Santo Tomás, Dios hace reinar le hombre hipócrita por causa de los pecados del pueblo.

A vuestra piedad, añadid la caridad de vuestras oraciones y las de vuestros fieles; para que aprendamos la lección del castigo con que Dios nos ha probado: para que se reconstruya pronto nuestra patria y pueda llenar sus destinos futuros , de que son presagio los que ha cumplido en siglos anteriores; para que se contenga , con el esfuerzo y las oraciones de todos, esta inundación de comunismo que tiende a anular al Espíritu de Dios y al espíritu hombre, únicos polos que han sostenido las civilizaciones que fueron.

Y completad vuestra obra con la caridad de la verdad sobre las cosas de España. “Non est addenda afflictio afflictis”; a la pena por lo que sufrimos se ha añadido la de no haberse comprendido nuestros sufrimientos. Más, la de aumentarlos con la mentira, con la insidia, con la interpretación torcida de los hechos. No se nos ha hechos siquiera el honor de considerarnos víctimas. La razón y la justicia se han pesado en lamisca balanza que la sinrazón u la injusticia, tal vez la mayor que han visto los siglos. Se ha dado el mismo crédito al periódico asalariado, al folleto procaz o al escrito del español prevaricador, que ha arrastrado por el mundo con vilipendio el nombre de su madre patria, que a la voz de los Prelados, al concienzudo estudio del moralista o a la relación auténtica del cúmulo de hechos que son afrenta de la humana historia. Ayudadnos a difundir la verdad. Sus derechos sin imprescriptibles, sobre todo cuando se trata del honor de un pueblo, de los prestigios de la Iglesia, de la salvación del mundo. Ayudadnos con la divulgación del contenido de estas Letras, vigilando la prensa y la propaganda católica, rectificando los errores de la indiferente o adversa. El hombre enemigo ha sembrado copiosamente la cizaña: ayudadnos a sembrar profusamente la buena semilla.

Consentidnos una declaración última. Dios sabe que amamos en las entrañas de Cristo y perdonamos de todo corazón a cuantos, sin saber lo que hacían, han inferido daño gravísimo a la Iglesia y a la Patria. Son hijos nuestros. Invocamos ante Dios y a favor de ellos los méritos de nuestros mártires, de los diez Obispos y de los miles de sacerdotes y católicos que murieron perdonándoles, así como el dolor, como de mar profundo, que sufre nuestra España. Rogad para que en nuestra patria se extingan los odios, se acerquen las almas y volvamos a ser todos unos en los vínculos de la caridad. Acordaos de nuestros Obispos asesinados, de tantos millares de sacerdotes, religiosos y seglares selectos que sucumbieron sólo porque las milicias escogida de Cristo; y pedid al Señor que dé fecundidad a su sangre generosa. De ninguno de ellos se sabe que claudicara en la hora del martirio; por millares dieron altísimos ejemplos de heroísmo. Es gloria inmarcesible de nuestra España. Ayudadnos a orar, y sobre nuestra tierra, regada hoy con sangre de hermanos, brillará otra vez el iris de la paz cristiana y se reconstruirán a la par nuestra Iglesia, tan gloriosa, y nuestra Patria, tan fecunda.

Y que la paz del Señor sea con todos nosotros, ya que nos ha llamado a todos a la gran obra de la paz universal, que es el establecimiento del Reino de Dios en el mundo por la edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, de la que nos ha constituido Obispos y Pastores.

Os escribimos desde España, haciendo memoria de los Hermanos difuntos y ausentes de la patria, en la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, 1º de Julio de 1937

 

ISIDRO, Card. GOMÁ Y TOMÁS, Arzobispo de Toledo; EUSTAQUIO, Card.

ILUNDAIN Y ESTEBAN, Arzobispo de Sevilla; PRUDENDIO, Arzobispo de

Valencia; MANUEL, Arzobispo de Burgos; RIGOBERTO, Arzobispo de Zaragoza;

TOMAS, Arzobispo de Santiago; AGUSTIN, Arzobispo de Granada, Administrador

Apostólico de Almería, Guadix y Jaén; ADOLFO, Obispo de Córdoba, Administrador

Apostólico del Obispado Priorato de Ciudad Real; JOSÉ, Arzobispo-Obispo de

Mallorca; LEOPOLDO, Obispo de Madrid-Alcalá; MANUEL, Obispo de Palencia; ENRIQUE, Obispo de Salamanca; VALENTIN, Obispo de Solsona; JUSTINO, Obispo de Urgel; MIGUEL DE LOS SANTOS, Obispo de Cartagena; FIDEL, Obispo de Calahorra; FLORENCIO, Obispo de Orense; RAFAEL, Obispo de Lugo; FELIX, Obispo de Tortosa; FR. ALBINO, Obispo de Tenerife; JUAN, Obispo de Jaca; JUAN, Obispo de Vich; NICANOR, Obispo de Tarazona, Administrador Apostólico de Tudela;

JOSÉ, Obispo de Santander; FELICIANO, Obispo de Plasencia; ANTONIO, Obispo de

Quersoneso de Creta, Administrador Apostólico de Ibiza; LUCIANO, Obispo de

Segovia; MANUEL, Obispo de Zamora; MANUEL, Obispo de Curio, Administrador

Apostólico de Ciudad Rodrigo; LINO, Obispo de Huesca; ANTONIO, Obispo de Tuy;

JOSÉ MARIA, Obispo de Badajoz; JOSÉ, Obispo de Gerona; JUSTO, Obispo de

Oviedo; FR. FRANCISCO, Obispo de Coria; BENAJAMIN, Obispo de Mondoñedo;

TOMÁS, Obispo de Osma; FR. ANSELMO, Obispo de Teruel-Albarracín; SANTOS,

Obispo de Avila; BALBINO, Obispo de Málaga; MARCELINO, Obispo de Pamplona; ANTONIO, Obispo de Canarias; HILARIO YABEN. Vicario Capitular de Sigüenza;

EUGENIO DOMAICA, Vicario Capitular de Cádiz; EMILIO F. GARCÍA, Vicario Capitular de Ceuta; FERNANDO ALVAREZ, Vicario Capitular de León; JOSÉ ZURITA, Vicario Capitular de Valladolid.

 

 

LA FABRICACIÓN DE FALSOS SANTOS

Estafa mística de Marta Robins

De cómo la iglesia conciliar, alejada de la Iglesia Católica, fabrica falsos santos.
Marta Robin puede calificarse como una mística “conciliar, carismática, ecuménica y partidaria de la salvación universal”. Ejerció influencia en la iglesia conciliar, especialmente sobre Pablo VI, vía Jean Guitton, autor del libro “Retrato de Marta Robin”. Incluso, sin equivocarnos, las ideas de Marta Robin sobre la instauración de la nueva Misa, le dieron a Montini la convicción de que sus propósitos eran aprobados “por el cielo”.
PRÓLOGO
Este artículo del Hermano Felipe de la Faz de Dios, de la Liga de Contra-reforma Católica (congregación que otrora fue pionera en el tradicionalismo, pero que tan prontamente volvió a la conciliar), fue publicado primero en LA CONTRE-RÉFORME CATHOLIQUE el 4 de Abril de 2015, y una semana después en LE CATHOLICAPEDIA BLOG.Marta Robin puede calificarse como una mística “conciliar, carismática, ecuménica y partidaria de la salvación universal -fuera de la iglesia y por medio de cualquier religión-”. Ejerció influencia en la iglesia conciliar, especialmente sobre Pablo VI, vía Jean Guitton, autor del libro “Retrato de Marta Robin”. Incluso, sin equivocarnos, las ideas de Marta Robin sobre la instauración de la nueva Misa, le dieron a Montini la convicción de que sus propósitos eran aprobados “por el cielo”. Por eso es que Francisco la declaró venerable, y pronto será beatificada, engrosando las filas de Non-sanctos que respaldan al Conciliábulo y sus dañosos frutos.

El artículo revela los fraudes de Marta Robín (como la tan publicitada inedia), su carácter heterodoxo, el apoyo a los mejores sacerdotes franceses impidiéndoles así salir de la “barca conciliar”, sus criterios laxistas en el tema de la salvación… so capa de unas “gracias” extraordinarias impresionantes (“conversión”, rosarios, ayunos, vocaciones “sacerdotales”, confesiones, etc.), que muestran los alcances de satanás el maldito en estos nuestros tiempos, que son apocalípticos: apariciones (Medjugorje, El Escorial, Bayside, Peñablanca, Betania, Soracá…), místicos, y escritos -automáticos o no- de estos.

Recomendamos este artículo a los asiduos de algunas célebres apariciones modernas cuyo argumento más socorrido por éstos son las gracias de “conversión”, rosarios, ayunos, vocaciones “sacerdotales”, confesiones, etc. Marta Robin hace recordar a otras falsas místicas en la historia de España:
  • Magdalena de la Cruz: la monja que confesó su pacto con el demonio en su juventud y que arrastró incontables peregrinaciones de toda España, hasta de la realeza. (San Ignacio de Loyola castigó severamente a un jesuita que fue a verla)
  • Una monja agustina en el convento de Nuestra Señora de Gracia, en Ávila, que recibía a muchos peregrinos y que deslumbraba a los teólogos de Salamanca por sus conocimientos escriturísticos (sin maestro alguno), pero que fue desenmascarada por San Juan de La Cruz.
  • María de la Visitación, la “monja de Lisboa”, que llegó a convencer a Fray Luis de Granada para escribir un opúsculo hagiográfico sobre ella (hecho que amargó su vejez) y que engañó a los mejores teólogos de su tiempo incluido el Papa entonces reinante (Sólo San Juan de la Cruz supo de su falsedad).

¡Cuánta falta nos hace la Santa Inquisición! ¡FORTALÉCENOS, SEÑOR JESÚS, EN TU VERDAD!

JORGE RONDÓN SANTOS
Agosto 3 de 2016
Invención de San Esteban
TODA LA VERDAD SOBRE MARTA ROBIN, MISTERIO DEL APOCALIPSIS
Felipe de la Faz de Dios, CRC.
Marta Robin, fundadora de los

Un dossier de 17.000 páginas concerniente a la vida y obras de la célebre mística francesa nacida en 1902 y muerta en 1981 fue analizado por las autoridades romanas. Finalizado este estudio, los teólogos emitieron un decreto proclamando la “heroicidad” de sus virtudes. El “papa” Francisco firmó el decreto el 7 de noviembre de 2014. Un milagro ha sido aceptado, nada se opone más a su “beatificación”.

Independientemente de éste o de cualquier otro milagro futuro, todos palidecen ante el milagro permanente que fue su vida.
LA SANTA MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS…
Marta Robin supera, y con creces, a los más extraordinarios de nuestros místicos católicos.
  1. Ella no podía comer ni beber (inedia) ¡durante más de cincuenta años! Su sólo alimento fue la Eucaristía, que ella recibía una sola vez a la semana (dos, excepcionalmente), y de una manera milagrosa, porque físicamente no podía deglutir.
  2. Estigmada después de 1930, ella revivirá cada semana la Pasión de Cristo. Sucedáneo a ésto, presenta un período de éxtasis, que no puede confundirse con el sueño, porque Cristo en persona le impuso la penitencia de no dormir jamás.
  3. Esta mística es también una enferma crónica. Luego de contraer una encefalitis letárgica en 1918, ella quedó con parálisis en las piernas (1928) y en los brazos (1929).
  4. En 1940, ya tetrapléjica, incapaz de comer, y también privada del sueño (agripnia), ella pide hacer el sacrificio de sus ojos en expiación de los pecados del mundo. El Padre Finet, su director, acepta. Marta deviene en ciega. Con todo, sus ojos quedaron muy sensibles ante la luz, por lo que ella vivirá después en la oscuridad, sin jamás asistir al Santo Sacrificio de la Misa.
  5. Marta Robin tuvo apariciones de la Santísima Virgen durante sesenta años. La tierna intimidad de sus relaciones con Nuestra Señora está más allá de todo parangón con los más célebres videntes: Santa Catalina Labouré, Santa Bernardita o los niños de Fátima. La Virgen Santísima la cuidaba a menudo y la llamaba «mi tesoro», Ella le ayudó a terminar sus bordados; Ella encendá una vela en los días tormentosos para que no se asustara, etc.
  6. Los combates del Cura de Ars con el “patas” no son nada en comparación a los tormentos que el Diablo le hace padecer a Marta durante toda su vida, cada semana… Y cuando el demonio la arroja al suelo, la Santísima Virgen la levanta y la conduce a su cama, etc.
  7. Todo ello dispuso que esta pobre chica ciega y tetrapléjica para una vida de soledad absoluta en la sola consolación de la unión con Dios. Ese no fue su caso, porque mediante el oído y sus palabras, ella pudo nuevamente romper récords. Más de cien mil personas entraron en su oscura habitación y recibieron consejos de parte de ella. Marta Robin está en el origen de numerosas conversiones, y sobre todo participó en la vida de la Iglesia en una época crucial de su historia…
¡PRECURSORA DEL CONCILIO MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS!
En efecto, todas las extraordinarias gracias místicas de la que se nos impone como la santa más grande de todos los tiempos no son más que medios tendientes a un fin. Ellas son garantes de una misión que se resume en tres puntos que son uno y el mismo: la preparación y la promoción del «concilio más grande de todos los tiempos»: EL VATICANO II.
Su fundación de los «Foyers de charité» (Hogares de Caridad) reposa en la promoción de un laicado consagrado y enviado en misión para una nueva evangelización…
«El Pentecostés de amor» que debía resultar del Vaticano II, fue profetizado por Marta mucho tiempo antes de los papas Juan XXIII y Pablo VI. Ella fue una profetisa poderosa en palabras y en obras. El fruto del Concilio, es ella misma; porque fue la inspiradora de la mayor parte de las comunidades carismáticas, más conocidas ahora bajo el término de “nuevas comunidades”…
Su devoción a la Santísima Virgen está a la vanguardia respecto de la del Vaticano II. Con Marta, la Santísima Virgen descendió de ese Empíreo donde la habían encumbrado la teología del Concilio de Trento y la piedad popular después de las grandes apariciones marianas del siglo XIX. Ya se acabó la “Divina María”; con Marta, la Virgen María deviene nuevamente a ser más cercana y más humana que celestial y lejana, más Madre que Reina, Ella es «Mamita María»…
El odio del demonio hacia ella refuerza el carácter sobrenatural y auténtico de su misión. Por eso, cuando ella murió en la noche del 5 de febrero de 1981, «asesinada por el demonio» y cuando la encontraron a los pies de su cama con sus zapatillas desgastadas, nadie se soprendió. Marta murió librando un úlltimo combate contra “el Adversario”, como la hija de la Iglesia que siempre ha sido.
Ni los obispos de Valence ni los curas de Châteauneuf-de-Galaure dudaron de sus visiones o de su vocación providencial en la Iglesia. Sus funerales ya están perfilando la gloria de los altares: cuatro obispos, más de doscientos presbíteros, seis mil personas y asistentes.

LA BIOGRAFÍA DEL POSTULADOR.

He aquí lo esencial de lo que se sabía sobre Marta Robin antes de la publicación de la biografía realizada por el postulador de su causa, el P. Bernard Peyrous, sacerdote de de “El Emmanuel”, y la vicepostuladora, Marie Thérèse Gille, miembro de los “Foyers de charité”. Esta biografía de 400 páginas: Vie de Marthe Robin (Vida de Marta Robin), publicada en 2006, es una obra de referencia. Uno bien puede señalar sus lagunas, sus omisiones calculadas, puede sorprenderse ante el retrato de una Marta Robin «lejana a los excesos atribuidos a los místicos», «désarmante de simplicidad», que nos quiso imponer, pero no puede recusar los hechos nuevos que ella revela bajo pretexto de que sus autores no citan sus fuentes. Si el postulador no los menciona, es porque en 2006 el expediente estaba aún en estudio, bajo el secreto pontificio.
1902-1921: UNA PAISANA CASI ORDINARIA
Marta nació el 13 de marzo de 1902 en Châteauneuf-de-Galaure en la Drôme, una gran ciudad muy trabajada por el anticlericalismo, y hasta por la francmasonería. Los Robin eran unos paisanos de buena condición, creyentes, pero no muy de iglesia.
Marta fue la sexta y la última hija de la familia, que ya tenía cuatro niñas y un varón. En 1908, su hermana mayor se casó; Marta se afectó mucho por esto, y quedó celosa de su cuñado durante mucho tiempo. De un temperamento alegre, muy pícaro, ella pasó mucho tiempo enferma, tanto que su escolaridad se resintió por ello.
Con la diferencia de su hermano Henri, Marta fue a las clases de Catecismo; pero «Marta estaa muy avergonzada cuando debía recitar sus lecciones de memoria, como se ahcía entonces». (Peyrous p. 29; edición de bolsillo) Confirmada en 1911, ella hizo su primera comunión el 15 de agosto de 1912.
Marta Robin no se distinguía por su piedad… El postulador está muy presionado para presentarnos un hecho edificante, sobrenatural, objetivamente constatado por las gentes del lugar o por su cura párroco. En la villa, las hijas Robin tenían la reputación de ser muy frívolas, complacientes, les gustaba mucho bailar al atardecer con los chicos invitados para la ocasión; la abuela Robin les habla sobre su estado de ąnimo. Marta amaba bailar y reír a carcajadas, sobre todo cuando contaba historias…
Los primeros dieciséis años de su vida son mundanos, mediocres, honestos de todos modos, como podría ser la vida de una campesina de la época, en una familia con poca fe o piedad. Si en algo se destaca Marta es en su frágil salud, y puede decirse en una palabra, “está muy delgada”: tiene una propensión a la anorexia, porque ella come muy poco. También es muy sensible, el más mínimo cambio en su universo emocional le llena de ansiedad. Lo vimos en la boda de su hermana mayor, y se producirá la misma situación, pero en grande, luego de la partida de su hermano Henri para la guerra, en mayo de 1918.
1918-1921: LOS GRANDES SUFRIMIENTOS DE UNA ENFERMEDAD EXTRAÑA
Este fue un shock emocional para Marta. Ella responde a la situación con la anorexia. Ella come muy, muy poco, pero esta vez, los límites son traspasados. El 1 de diciembre de 1918, ella se cae y nunca más podrá levantarse. Es verdaderamente el mayor sufrimiento: Ella no soporta más la luz, y padece una fuerte cefalea que la hace gritar de dolor día y noche. Ella le dice a su sobrina: «  Tu me plongerais dans ta lessive bouillante, je ne souffrirais pas davantage.  » (p. 33) Los médicos piensan que están ante un tumor cerebral, después creen que tiene una encefalitis letárgica; el Dr. Modrin de Hauterives, diagnostica inmediatamente histeria, y se lo hace saber…
La vida en el campo es dura. Marta era una boca que alimentar que no «gana ni el agua que bebe», como dicen su padre y su hermano. Ella ve bien que su padre tiene más consideración por su perro que por ella, y sufrió fuertemente por esto. Sin embargo, su madre y sus hermanas ayudan mucho, y algunos amigos también. Durante este tiempo de gran sufrimiento intercalados con remisiones, sigue estando muy sola, sin apoyo espiritual. Esta es una pobre muchacha que sufre como un animal, sin tener ni idea del valor redentor que podría tener su sufrimiento. Por el momento, no podemos decir que se trata de una santa, pero sin duda sufre un gran mal, muy castigada…
1921-1936: LA MÍSTICA DE MÍSTICAS
El 25 de marzo de 1921, según ciertos autores, en mayo de 1921 o el 25 de marzo de 1922, según Peyrous, Marta Robin es súbitamente sumergida en otro universo por la irrupción en su vida de una persona, de un espíritu, de alguien. «Alice, su hermana, que duerme en su recámara, es despertada por un gran ruido y ve una gran luz. “Sí, la luz es bella, le responde Marta, mas yo he visto también a la Santísima Virgen”».
Cuando se recibe una aparición del Cielo, aunque no hayan palabras expresadas, ella infunde gracias, luces espirituales, un entusiasmo en el corazón que determina al alma tomar una acción resuelta, un cambio de camino, una conversión radical. ¿Qué puede observarse en la vida de Marta? Aparentemente nada de eso. Una cosa cambia; todos los autores lo mencionan, pero su ahijada, Bernadette Galichet, tiene el mérito de no mentir sobre la cronología. Es a partir de 1921 que «Marta lee mucho» de autores espirituales, de vidas de santos, sobre todo de místicos. «En 1921, ella quedó impactada por una revelación recibida de Jesús por una visitandina italiana, sor Benigna Consolata Ferrero, fallecida en 1916:

«“Estoy preparando la obra de mi Misericordia; quiero un nuevo resurgimiento en la sociedad, quiero que éste sea realizado por el amor… No puede ponerse límites a esta fe en mi amor… Es a través del sacrificio que tú puedes darme almas. El mundo corre hacia un precipicio. Yo lo detendré en su curso vertiginoso por este pequeño batallón de almas generosas que luchan bajo mi liderazgo”». (Vénérable Marthe Robin, des témoins réagissent et parlent, p. 48)

Estas palabras, de hecho, tendrán una gran repercusión en la vida de Marta Robin.

Ella, pobre pequeña hija del campo, que no tuvo certificado de estudios, que no se aprendió bien su catecismo, ella que, a los ojos humanos, no tenía ningún futuro, se verá impulsada de una aparición del otro mundo, puesta a devorar, en forma autodidacta, los hechos, los gestos, los dicho de los más extraordinarios místicos de la Iglesia Católica. Peyrous nos da la lista impresionante de las obras que ella pudo consultar en la biblioteca parroquial, sin contar los que pudo obtener por otros.
Son estas lecturas, que durante los diez años por venir, transformarán poco a poco a «Marta la pobre campesina enferma» en «Marta la mística de místicas». Milagro de la gracia, dirán unos; ¡no! objetarán los otros, es por una reacción histérica que ella las asimilará, los incorporará a su propia personalidad… Hay que reconocer el hecho, y tener en cuenta que dicha transformación se produce al comienzo sin director espiritual, laboriosamente, como cuando dijo ver a la Virgen María en 1921, como también le confió al Dr. Assailly que los años 1923-1925 fueron dificiles: «He luchado con Dios». (Marthe Robin, témoignage d’un psychiatre, p. 70)… Dirá también a dos muchachas: «Todo el mundo puede y debe cumplir su vocación, pero yo no… He luchado con Dios… yo no le deseo a alguno de vosotros que tengan que luchar con Dios». (Peyrous p. 55)
1921-1930: VIDA OCULTA.
En 1921 Marta sueña con entrar en el Carmelo. Su padre se opone y abandona desde entonces toda práctica religiosa. Marta no insiste más y renuncia. Durante el verano, recupera el uso de sus piernas y hace una peregrinación a Nuestra Señora de Châtenay el 15 de agosto y a Nuestra Señora de Bonnecombe, el 8 de septiembre.
LOS “ BUENOS SAMARITANOS” DE MARTHA ROBIN
La Providencia, sin embargo, no la abandona. En 1923 Marta conoce a dos, o mejor, tres santas personas. «La primera es madame Du Baÿ, baronesa de Alboussière, en la Ardèche, que es una mujer de fe; con una bella biblioteca religiosa. Madame Du Baÿ fue ciertamente tocada por esta chica enferma, un poco perdida, que sabe cómo “integrar” su enfermedad en su vida de fe. Ella le habló sobre la Pasión de Jesús. Eso le dará a Marta una clave para comprender y sin duda influirá sobre ella. La segunda amiga fue madame Delatour de Saint-Claude, en la Jura, con quien sostuvo una muy privada correspondencia entre 1923 y 1928». (Peyrous, p. 44-45)
Si Marta encontró en madame Delatour una consolación humana a su soledad, un oído atento a sus grandes penas y a su llanto, madame Du Baÿ será para ella una compasiva, pero avisada primera “directora espiritual”… Ella no la guía estrictamente hablando, pero será la orientadora, la contención de su afecto sobrenatural. Las dos la ayudarán materialmente.
No hay que olvidar que el instrumento providencial fue el padre Faure, párroco de Châteauneuf-de-Galaure desde 1923. Los biógrafos de Marta concuerdan en juzgarle como un “hombre santo”, pero sin mucho juicio espiritual; él mismo tendrá la humildad de reconocer su incapacidad y su poca aptitud para todo lo que salga del “camino común”. Sin embargo, desde 1923 hasta 1930, ejercerá cierta paternidad sobre Marta, a pesar de ello. Si alguien se atrevía a decirle unas cuantas verdades –porque ella se lo permitía–, ese era el padre Faure. Entonces veremos en qué circunstancias se producirá el cambio de roles que lo convertirá en el secretario de las visiones y elevaciones de Martha…
¿Las suyas o las de los místicos que plagió? Todos se formulan la pregunta. Este es un punto espinoso del expediente.
ENFERMA Y MÍSTICA, ¿VERDADERA O FALSA?
El Padre Peyrous tiene en la mano la carpeta romana que trata del dramático estado psicológico de Marta Robin, y que explica su pasión por la lectura y la mística:
«Marta, dice, sufre un dolor terrible y una enfermedad terriblemente desestructurante. Su personalidad estaba a veces en gran tensión. Probablemente podemos decir que estaba entonces como perdida, rota por dentro. Ella podría haber caído en la locura o en la muerte. Ella tuvo que luchar para no hundirse, para controlar su persona, e incluso para recomponer su yo». (p. 98)
¿Dios era el medicamento útil, indispensable para la recomposición del «yo» de Marta Robin? Peyrous prevé el peligro de esta explicación. Buenamente nos afirma que la pobre falta de vocabulario para dar cuenta de las obras efectivas de Dios en ella. Es por esta razón que Marta pide prestado, sin falsificar ni mentir, precisa trabajosamente Peyrous, las experiencias de los santos. Ella es por ello una auténtica mística. Quod erat demonstrándum. (Como se quería demostrar).
El postulador se torna más serio, y nos pone en vías de una comprensión más profunda de la personalidad de Marta, apelando al doctor Cuvelier, neurosiquiatra especialista en literatura mística:
«Marta Robin pasa de la memorización a la memoración (evocación de recuerdos recientes), es decir que por medio de su enfermedad, ella incorpora en su personalidad los recuerdos aceptados como realidad actual. Un tal proceso debería llevar a la confusión mental en este caso, en que el “yo” sale fortalecido. He aquí, en nuestra opinión, que cómo se manifiesta la intervención de la gracia». (Peyrous, p. 102)
La opinión médica es muy pertinente. De hecho, hay una intervención de un espíritu superior que la dirige y la guarda de perder la cabeza en el dédalo de las experiencias místicas que ella integra e incorpora a medida que realiza las lecturas, sin estar preparada por una vida cristiana de piedad y de virtud, ni en tener prueba entonces, o en algún momento.
¿UNA NUEVA SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS?
Marta Robin señala el año 1925 como el fin de un tiempo de prueba para ella… ¿Es aquí cuando ella no lucha más con Dios? ¿Ella cedió? El 15 de agosto de 1925, ella fue en pererinaje a Lourdes; para sorpresa de todos, deja finalmente su lugar a una joven de la región… Todos los autores admiran la renuncia, pero Peyrous nos revela el descontento del padre Faure, y la desobediencia subyacente en el origen de este aparente acto de caridad. Tres años más tarde, otra oportunidad se presenta; ella rechaza; ella siempre se negará a ir a Lourdes. Esto es un tanto extraño, máxime cuando ella pretenda  comprender mejor la Inmaculada ­Concepción que cualquiera… Este rechazo, sea cual sea la interpretación que se dé, guiará a Marta sobre un “camino nuevo”; ella se dejará conducir y comienza un “carrera de gigante”…
El 15 de octubre de 1925, está en la creencia de que pronto va a morir, Marta escribe un acto de abandono y de Ofrenda al Amor y a la voluntad de Dios. Antes de la biografía del postulador, todos se extasiaban ante tanto fervor. Peyrous nos revela que esto es literalmente copiado de un escritor espiritual. Ella lo romperá para escribir un segundo, más místico, plagiado de Santa Teresa del Niño Jesús… Ésta fue canonizada en 1925, por lo que entonces se hablaba mucho en la Iglesia de ella. Marta lee la “Historia de un alma” y se impregna de ella, cree que pronto se convertirá en otra Santa Teresa.
El 3 de octubre de 1926, fiesta de la santa, Marta cayó en coma por tres semanas. Es durante ese estado patológico que santa Teresa del Niño Jesús se le aparece por tres veces para asegurarle que ella no morirá, porque ella, Marta, debe prolongar su misión, y hacer así amar el Amor en el mundo entero. Pero no es fácil, porque el “mundo” es furiosamente anticlerical, y Marta lo tendrá que experimentar.
Un día en que el padre Faure le llevó la communion a Marta, su hermano Henri explotó: «Si el cura ese vuelve aquí, le dispararé…» Peyrous nos revela que este hombre no es solamente el tímido que se presentaba ordinariamente, sino que era peligroso. Alcohólico y anticlerical también, a menudo golpeaba a su hermana. En 1951, se pegó un tiro en la cabeza con su escopeta; su cuerpo fue encontrado en el primer escalón, y Marta no supo nada al respecto. Estas extrañas circunstancias fueron y son actualmente uno de los puntos negros del dóssier “Marta Robin”. El doctor Assailly testifica que «Marta no se inquietó por su eternidad, porque él prácticamente jamás comulgó en su vida». Henry a nadie le importa, ni tampoco Marta … El hecho es que, por ahora, Marta cede a la presión de su hermano y le pidió al sacerdote que no vuelva. Seguirá durante mucho tiempo sin comulgar, semanas, meses, no está claro…
En 1927, tras un año de gracias místicas, vuelven de nuevo las apariciones de la Virgen María y de Santa Teresa, Marta Robin casi no come. Ella también ve al demonio [Teresita le hizo huir], a veces con los ojos del cuerpo; él está desnudo. A menudo Marta haría la confidencia: “¡Si supieras lo hermoso que es!” Pero el diablo, insensible al cumplido, la golpea y la lanza fuera de la cama…
Es en esta época de “gran fervor místico” que ella le escribe a madame Delatour:
«La vida no es más que una negra pesadilla para quien sufre (…) Qué puedo decirte de mí y sobre mí, la vida siempre es así, gris y monótona, que trae más tristeza que alegría; pero creo que nada me afecta ahora, veo que estoy destinada a beber a grandes tragos todos los cálices amargos». (Peyrous, p. 51)
«Este es más, hace remarcar justamente Peyrous, un lenguaje de una resignación extremadamente dolorosa que una ofrenda decidida». Volvamos a esta manifiesta indiferencia, pero antes de hundirnoos más en las profundidades del misterio de Marta Robin, respiremos un poco el aire fresco del aroma de Cristo en su pequeña Teresa: «El dolor se convirtió en mí una vocación con encantos que me habían deleitado… me sentí con el deseo de amar que Dios, al no encontrar gozo en Él» Así, ¿quién es la santa más grande de los tiempos modernos, Teresa o Marta?
En 1928, Marta queda definitivamente paralizada de las piernas, y el año siguiente, de los brazos. Ella acepta este estado serenamente. Semejante indiferencia al sufrimiento puede ser el indicio de una eminente santidad, como también una clara reacción histérica, muy conocida por los siquiatras: «Marta vio en los accesos sucesivos de parálisis una especie de tranquila felicidad: “Todo ocurrió por así decirlo, con una sonrisa”. Esto no es resignación, sino el reconocimiento de un evento que está en la naturaleza de las cosas que deben suceden, que es próximo de la indiferencia de los histéricos para los cuales la limitación de sus posibilidades corporales es vivida con desapego». (cf. doctor Gonzague Mottet: Marthe Robin, la stigmatisée de la Drôme, p. 44)
MARTA Y SAN FRANCISCO DE ASÍS
El 3 de diciembre de 1928, dos capuchinos, el Padre Marie-Bernard y el Padre Jean predicaron un retiro; y fueron a visitar a Marta Robin. Ellos regresan entusiastas y le dicen al padre Faure que tiene una santa en su parroquia. Peyrous nos cuenta que el padre Faure les respondió con toda naturalidad: «No sé de quién me hablais»
Marta está subyugada por el padre Marie-Bernard. Peyrous nos dice que esto alterará la vida religiosa de Marta. Él le ofrece entrar en la Tercera Orden de San Francisco. Ella acepta.
Se puede adivinar lo que sucederá en proporción a dos choques que ha recibido, con las dos personas que la impresionaron: Padre Marie-Bernard y San Francisco de Asís. Dos días después, Jesús se le aparece y le pregunta si quiere sufrir por la conversión de los pecadores. Él también quiere que el padre Faure se convierta en su director espiritual, y tenga con él una gran unión de almas. Todo esto es sólo el eco fiel de la sabia dirección del Padre Marie-Bernard. Cada respuesta positiva de Marta, se hunde como una espada en su corazón… El Padre Faure quien no se hizo ilusiones sobre su feligresa y se siente halagado por la invitación. Y aunque al principio se mostró reacio y serio, se convertirá poco a poco en el secretario de las revelaciones de Martha, pierde su buen sentido, pero no su humildad, aunque confesando que está «superado por los acontecimientos».
¡ESTIGMATIZADA POR CRISTO EN PERSONA!
A comienzos de octubre de 1930 (la fiesta de San Francisco se celebra el 4 de octubre), Jesús le preguntó: «¿Quieres ser como Yo?» Ella dijo que sí, y fue Cristo en persona quien la estigmatizó. Ella relató cómo. Jesús estaba delante de ella en su Humanidad doliente, y le pidió que le ofreciera sus pies. Ella dobla sus piernas paralizadas que se encuentran enroscadas bajo su persona y las coloca en la misma posició que la del Crucificado. Entonces del Corazón de Jesús salen saetas que los traspasa; igual que a las manos. Marta está con los brazos en cruz, y las piernas extendidas: «Jesús me invita a presentarle mi corazón, o mejor, mi seno (sic)…» y la traspasó de nuevo.
La señora Robin, quien no se sorprende por la relación cercana de su hija con la Santísima Virgen, esta vez se alarma (o parece estarlo), a causa de la efusión de sangre. Nadie quiere que se sepa la noticia, Marta es la primera, pero la noticia se riega como pólvora.
Desde entonces, ella revivirá la Pasión de Cristo cada semana. Jesús le dijo: «Tú eres la que Yo escogí para vivir más plenamente la Pasión después de mi Madre [sic]. De otro lado, después de ti, nadie más la vivirá totalmente, y para que puedas sufrir [sic] día y noche, ¡tú no dormirás jamás!» (L’Alouette -La Alondra, marzo de 1986, p. 30)
Ella no se alimenta más que de la Hostia consagrada que recibe solamente una vez por semana. Peyrous tranquiliza a sus lectores y se atreve a mencionar un tema tabú: ¡¿Por más de cincuenta años, Marta no asiste al Santo Sacrificio de la Misa?! «Ella es intransportable. En esa época, nos explica, solamente los padres Camilos tienen el derecho de decir misa en la recámara de los enfermos. Y de esos no hay en la región». ¡¿Y nadie, ni antes, ni durante, ni después del concilio Vaticano II, se animó a pedir la dispensa? ¿Dispensa que obviamente se hubiera concedido si la hubiesen solicitado?!…
Consiguientemente, los estigmas tomarán el lugar de la virtud, Marta es otro Cristo; ¿la Misa? Es ella quien la revive, le parece muy poco para oponerse a la ley de la Iglesia. Desde San Francisco de Asís, los estigmas han fascinado a los fieles cristianos ávidos de ver para creer. Mas en estos dominios, y sobre todo en este, los engaños diabólicos son abundantes.
Es de saber que  que solamente los estigmas formados por «excrecencias cutáneas» o las llagas profundas que traspasan los miembros de lado a lado, como las de San Francisco de Asís, dejan a los médicos sin palabras. Nada que ver con «los estigmas superficiales o sangrados sobre piel sana».
Los autores, afirma el doctor Mottet, todos están de acuerdo en reconocer la existencia de una sugestibilidad anormal…» Es la misma que aparece en los histéricos. Los estigmas de Marta son de esta última clase, y este es el por qué no impresionan del todo al amigo de Marta, el psiquiatra Paul-Louis ­Couchoud. Cuando besó la frente de Marta antes de despedirse, él observó que una gota de sangre brotó poco después. Eso no le impidió dormir, su amiga estaba gravemente enferma, eso es todo. Ignorante de las cosas religiosas, él no sospechaba que esas enfermedades mentales eran también terreno propicio para el demonio.
Lo veremos trabajando en sus pequeños trabajos sucios, los que son muy conocidos de todos, mas veamos qué tan lejos podrá conducir a la pobre Marta, y a su paso, nuestra desdichada Iglesia, en su cabeza y en sus miembros. Esto no es otra cosa que la desorientación del dogma de la fe y de la pastoral de la Iglesia Católica que él busca en este respecto…
1930-1936: VIDA PÚBLICA
La noticia de su estigmatización y de las Pasiones que se renuevan cada semana se difundirá, y traerá a Moïlles multitudes de personas. La intuitiva Guitton caracteriza perfectamente la ipseidad (el ser por el devenir) de la situación. Afluye la gente a Marta con la misma ilusión que los Griegos tenían al consultar la Pitia… Como en Delfos, Marta estará rodeada de un ritual, de una liturgia doméstica, de una gran simplicidad aparente, pero que contiene muchos aspectos sorprendentes.
Estas visitas devienen en una empresa familiar, porque es la señora Robin quien organiza las visitas, y quien recogerá los pequeños regalos que la gente deja. Como Marta no come, esos regalos no consisten en comida… Eso es llamado eufemísticamente la “canasta de Marta”, porque obviamente esos regalos son enviados a los pobres. Peyrous es más explícito, él dice la verdad desnuda y escandalosa, pero siempre encuentra las palabras necesarias para revestir de gala esta caridad. Este buen presbítero se excede en ésto, y no deja de sorprendernos:

«¿Cómo encontrar algunos recursos, al menos para hacer la caridad, para ayudar a los prisioneros o a los misioneros, que pronto se convirtieron en el centro de su atención? Ella se dedica entonces, por algunos años, a un pequeño negocio de piedad que le producirá algunos ingresos» (p. 81)

LOS PRIMEROS OPOSITORES
Demasiado, es demasiado, y si el Padre Faure es cambiado por Marta hasta el punto que a partir de 1931, nadie puede verla sin su permiso, entonces hay alguien que tiene miedo y se siente responsable de todo, es el Padre Marie-Bernard. Él pide consejo a Mons. Saudreau, capellán de las Hermanas del Buen Pastor de Angers, conocido por el discernimiento de espíritus.
«Para comprobar su vanidad, relata el Padre Marie-Bernard, yo le aconsejé que se hiciera fotografiar: fueron impresas dos fotografías. En una salió horrorosa, en la otra, revestida su frente con un velo de encaje de Valenciennes, ella más parecía Sarah Bernhardt que la pobre chica campesina que era. La tentación de vanidad y coquetería prevaleció: ella me ofreció a Sarah Bernhardt y olvidó darme su verdadero retrato». Peyrous se sonríe de la ingenuidad de este proceso, mas la simplicidad del test estaba perfectamente adaptada para la que iba a revivir la Pasión de Cristo cada semana, en la oscuridad de su habitación, pero también bajo los flashes de los fotógrafos…
El Padre Marie-Bernard desaprueba a Marta Robin, abandonándola igual que la señora Du Baÿ, y probablemente la señora Delatour. Pero ello no impedirá que las multitudes acudan a ella.
CUANDO LOS CURAS DEMÓCRATAS DISCIERNEN LOS ESPÍRITUS
En menos de diez años, Marta Robin ha construido una impresionante red de relaciones. A causa de su enfermedad que con justa razón movía a piedad, y sobre todo a causa del aura que se emanaba de ella en razón de su promoción autodidacta en «mística superior». Ella se impuso, sobre todo en Lyon, en el medio de las personas devotas y místicas. Marta se convirtió poco a poco en una autoridad religiosa que todos consultaban. Sacerdotes y teólogos también iban; al comienzo, con sospechas, pero luego volvieron entusiastas, y contaban a sus superiores lo que habían visto y oído…
El Padre Betton, por ejemplo, profesor en el seminario de Saint-Paul-Trois-Châteaux: «Es un intelectual versado en la teología mística [un discípulo entusiasta de Bergson]. También es un alma espiritual, que tiene “antenas” en este dominio». (Peyrous, p. 81-82) El Padre Betton sabe lo mismo que nosotros sabemos, la vez que entró en la habitación de Marta: «“Vine a esta habitación y de inmediato sentí como una presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que me sentí muy pequeño, muy pequeño”». En su primera conversación con Marta, él le mostró un error teológico en una de sus descripciones, y ella se sometió a su juicio con humildad. Con esta humildad, el Padre Betton juzgó a Marta como una auténtica mística. Él se convertirá en el profesor “sabelotodo” y le enseñará los diferentes tipos de visiones: «intelectuales, imaginativas, corpóreas». Marta le escuchará con un arrobo semejante al del Burgués gentilhombre que descubre que lo que no es verso es prosa y viceversa… Ella aprenderá muy bien la lección. Estamos confundidos ante  tanta puerilidad de parte de un hombre de Iglesia, y lo que es más, de un profesor de seminario…
François de Muizon en su libro Marthe Robin, le mystère décrypté (Marta Robin, el misterio descifrado), nos informa que «el obispo de Valence le pidió a un cura del valle, de formación filosófica [¿pudo ser este el Padre Betton?], que le hiciera un informe. Será favorable. No encontrará ningún exceso. Ni de Marta, ni de parte de su familia, ni de los sacerdotes que la rodean. El oispo está tranquilo». ¡Uno cree soñar!
Entre las prominentes personas consultadas y que después jugaron un rol determinante, señalemos algunos que menciona Peyrous: «El ilustre jesuita, Albert Valensin, una de las cabezas pensantes de la Compañía en Francia». Famoso por la certitud de su teología mística, este buen sacerdote es más conocido por su feroz oposición a  la Action française; estp lo omite el postulador.
Peyrous nos habla del Padre Charles Thellier de Poncheville (1875-1956): «Uno de los sacerdotes más conocidos de Francia, redactor en el diaro católico La Croix, él es uno de los fundadores de las Semanas sociales, y un orador apreciado y demandado donde vaya, predicando una religión de amor, de esperanza y de paz, de inspiración salesiana». Él agrega que era cercano al padre Finet, mas Peyrous no menciona que Thellier era mejor amigo e incondicional partidario de Marc Sangnier. Es con «Marc» y de renombrados curas y laicos engagés, todos apóstoles de la democracia cristiana, que continuarán con el manto de L’âme française (El alma francesa), a esparcir en la Iglesia la ideología democrática sillonista que fueluminosamente condenada por San Pío X en 1910 (cf. Ernest Pezet, Chrétiens au service de la cité, p. 70).
No podemos hacer aquí, en el marco de este estudio, un análisis más profundo y exhaustivo de las ideas eclesiales de los clérigos entusiastas de Marta Robin. Pero no encontrareis aquí a ningún discípulo de San Pío X con inteligencia penetrante, sabiduría consumada y celo apostólico esclarecido. Todos son democristianos. Estas son sus ideas, condenadas por San Pío X, que se impondrán por medio de la Acción Católica especializada de Pío XI. Este es el partido, los hombes y las ideas de este partido, que prevalecerán en el Concilio Vaticano II, manejados por un Espíritu común que les guiará con poder, encabezados por Marta Robin, a la más grande desorientación de la Iglesia.
1933-1981: FUNDADORA Y MEDIADORA
Después de la lectura de los místicos, los encuentros providenciales, las gracias místicas y sobre todo la estigmatización, la «mecánica-mística Marta Robin» está perfectamente a punto. Pero a este bólido le falta un piloto que sea capaz de conducirla adonde quiere el Espíritu que la anima, esto es, a una renovación de la Iglesia por medio de un Pentecostés de amor.
LOS FOYERS DE CHARITÉ
Para esto, una etapa preliminar. Jesús se le aparece en 1933 para instruirla. El Cristo le demanda fundar los «Foyers de charité» (Hogares de caridad). Esto no es nada menos que tener viviendo en un mismo complejo de edificios a laicos, hombres y mujeres, en familia o célibes, deseosos de imitar el ejemplo de los primeros cristianos y de formar entre ellos una comunidad. Ellos serán dirigidos por un sacerdote: «el Padre». Bajo su dirección el foyer deberá convertirse en un hogar de caridad, de luz y de amor…
Jesús llama a esto la «gran obra de su amor». Es en Châteauneuf donde se fundará su primer foyer, empezando por la creación de une escuela libre para niñas.
François de Muizon subraya con razón algo que Peyrous no menciona (ya comprenderemos del todo la razón):
«Jesús insiste en su mensaje a Marta sobre la originalidad de los lazos del Moviemiento con Marta y Él mismo: “¡Yo quiero hacer aquí algo nuevo y muy grande para nuestra Gloria, por causa tuya… A causa de todo esto es que hago y quiero hacer contigo, y por ti, en lo cual Yo quiero glorificarme infinitamente!

¡Yo quedé interdite! (dice Marta)… Apenas podía creer a las divinas palabras del Señor, tanto era el miedo de que fuera a equivocarme, adivinando toda la gravedad y las consecuencias inauditas de semejante communicación. Y lo que no podía llegar a comprender del todo, era la participación directa que me era impuesta ante todo esto. Mas yo no iba a discutir las órdenes de Dios, no tenía más que inclinarme y obedecer porque yo debía hacer todo lo que me había sido dicho. ¡Qué martirio y qué suplicio era esto para mí!… Tanto era el miedo que tenía que ahogaba de angustia de solo pensar lo que iba a responder. Pero el Señor había insistido con tanta autoridad esta vez, que no podía diferirlo más.

En ese momento Jesús abre los brazos en un gesto glorioso de bendición y de amor, mirando hacia la tierra que cubría majestuosamente con su sombra (¡sic!) considerándola con una ternura y complacencia inefables. Después de un momento en esa posición, Él me señala el lugar preciso donde quiere su Obra, y que la haga adquirir». (de Muizon, p. 111-112)

Marta confía esta misión al padre Faure, quien se sorprende. Él consulta con sus colegas, y todos, menos uno, le dicen que es una tontería. A pesar de esto, se lanza a la aventura: compra y restaura el castillo en ruinas de Châteauneuf-de-Galaure.
LA SEÑORITA ÉMILIE BLANK
Esta señorita, que en 1935 tenía sesenta años, va a tener un papel discreto, pero muy importante, y sobre todo inquietante, de lo que uno pensaría. Ella pertenecía, nos dice Peyrous, a este «ámbito místico» sobre el cual «el clero lionés tenía desconfianza» a causa de su «gusto por las cosas extraordinarias» (p. 115). Ella dirige la obra de propaganda del Sagrado Corazón y tiene vínculos con las Visitandinas de Côme donde vivió Consolata Ferrero. Tal como Marta, ella aspira al reinado del amor misericordioso del Sagrado Corazón, y Peyrous añade que quería «fundar alguna cosa». Ella pasará varios días con Marta, que califica dicha estadía como una «divina impresión».
Marta estaba tan (patológicamente) subjugada que ella misma reconocerá finalmente que la idea de los Foyers de charité «vino de la señorita Blank», y que esta le propuso su ayuda (?!)… Marta había olvidado las palabras de amor de Jesús, la voluntad de su Señor? Peyrous atenúa la extraña impresión que uno siente ante tanta indiferencia, atribuyéndola a su humildad; otros ven en cambio un signo de su enajenación mental
DE hecho, Peyrous revela, aunque tratando de disimularlo, que ellas conversaban de que algo importante le hacía falta a la obra y Marta: un hombre que sea de una envergadura mística y administrativa diferente a la del pobre padre Faure. Él le había dicho en confianza a la señorita Blank que era incapaz de dirigir espiritualmente a Marta, la señorita se comunica con su pequeño grupo de amigos, y su elección recae sobre el padre Finet, director espiritual y asistente de superintendente de la enseñanza cristiana de la diócesis de Lyon. ¿Pero cómo llegar a él? Peyrous responde ingenuamente: «Es posible que en esta ocasión haya sido montada una pequeña operación». (p. 120)
«La ocasión» es el cuadro de María Medianera que Marta quería instalar en la escuela de Châteauneuf. Mas como ella tenía ideas muy particulares sobre esta representación, la señorita Blank se encargaría: «Tengo lo qur tú quieres». Uno de sus amigos tenía una copia, y le fue pedido al padre Finet, gran devoto de la Virgen María, llevarla a una pobre enferma, y además estigmatizada. Él no se rehúsa.
EL PADRE FINET
(6 de septiembre de 1898 – 14 de abril de 1990)
Georges Finet (izquierda), junto a sus padres
Las páginas (p. 121-136) que el postulador le consagra fuerzan a la admiración. Todo lo que nos dice de su familia, de su infancia, de la eclosión de su vocación; del oficial de artillería durante la Gran Guerra; del joven sacerdote tan preocupado por la salvación de las almas de los más pobres y de la mejor manera de hacerse amar de ellos; de su carrera eclesiástica que se desarrolló sin ambición, en la obediencia y en perfecta concordia con sus hermanos; de su devoción a la Santísima Virgen, todo ello rinde homenaje a ese catolicismo generoso que se vivía en la Iglesia de Francia antes de la Segunda Guerra mundial. Georges Finet es entonces un hijo de la gran burguesía de Lyon, pero demócrata-cristiano, no lo olvidemos, lo que significa una ruptura con la sabiduría eclesial de San Pío X, una apertura a las modas del mundo y a sus desorientaciones…
«Cuando el padre Finet conoce a Marta Robin, él ya tenía una personalidad rica y bien desarrollada. Él ya había recibido mucho de su familia. Por el sacerdocio, y luego de su pertenencia a los Sacerdotes del Sagrado Corazón, él hace una decisión de vida radical. Su amor a María [imitando a San Luis María Grignion de Montfort] le dio un camino espiritual fructífero. Él se benefició del ejemplo de hombres y mujeres renombrados. Él comienza a tener la experiencia de las almas. Poco a poco elabora una doctrina teológica alegre y liberante, donde Dios es presentado como un Padre, Cristo como un hermano, un pariente y un amigo. Sus responsabilidades en el ejército y en la enseñanza cristiana le dan cualidades de liderazgo.
Tenía un temperamento entusiasta y confiado, que conserva y desea mantener toda la vida algunos aspectos del espíritu de niño. Era una persona vivaz, optimista, que veía el lado positivo de las cosas y de las personas, dotado de una excelente capacidad de adaptación (…). La mente y el corazón estaban bien equilibrados. Rechazaba cualquier repliegue: quiere construir y avanzar. Era el hombre indispensable para una fundación. Él lo haría hasta el final.
Los defectos son el otro lado de las virtudes. Cuando se involucra totalmente, intelectual y emocionalmente en una empresa, puede perder la perspectiva, y ser poco crítico de sí mismo y de los demás. Difícilmente se atribuye la culpa».
EL PRIMER ENCUENTRO
El 10 de Febrero de 1936, este hombre se dirige a Châteauneuf-de-Galaure. Primero pasa por el presbiterio del padre Faure, piensa dejarle el cuadro y partir. El cura le persuade de ir con Marta, el padre Finet se deja convencer, pero no demasiado. El padre Faure tiene una plática con él, luego se levanta y se dirige a su colega: “Marta quiere que le lleves personalmene el cuadro”. Primer encuentro; entre entre él y ella, esa extraña pintura; un gracias, una oración, y un encuentro posterior se agenda para la tarde. Luego, “el fuego prendió” durante tres horas de conversación.
Una hora sobre la Santísima Virgen: “Yo, que hago conferencias marianas, quedé maravillado de su manera de hablar de la Santísima Virgen. Ella la llama su “mamita querida”. Supuse que ellas se conocían muy bien” (p. 138). Una hora sobre el nuevo apostolado de los laicos: “Ella me dijo que la Iglesia será totalmente rejuvenecida por el apostolado de los laicos (…). Esto será una cosa nueva en la Iglesia; algo que nunca antes se había hecho. Ésta será de laicos consagrados, no una orden religiosa”. Durante la tercera hora, ellos hablarán del Pentecostés de amor: “El mundo será salvo, le dijo Marta, porque el Buen Dios intervendrá por la Santísima Virgen y el Espíritu Santo”, a fin de cumplir la profecía de Isaías sobre “la unión de los corazones y la unidad de los pueblos”». (François de Muizon, p. 101).
Después Marta le presenta su demanda con un tono de autoridad:

«“Tengo un mandato que comunicarte de parte de Dios. Eres tú quien debe venir aquí a Châteauneuf para fundar el primer foyer de charité” (…).
–“¿Para hacer qué?”, contesta estupefacto el padre Finet.
–“Sobre todo, para predicar los retiros. ¡Dios lo quiere!”

El padre Finet protesta, él es de la diócesis de Lyon, no de la de Valence.

Responde Marta: “No te preocupes, ¡la Virgen lo verá!”, y sin más preámbulo, fija la fecha del 7 de Septiembre para el primer retiro.

«Finet está conquistado, y sorprendido también: “Le comunicaré a mis superiores”». (cf. de Muizon, p. 101)

LA DIVISA DE LA MAFIA DEMOCRISTIANA
Mons. Bornet, director de las Escuelas Cristianas de la diócesis de Lyon, le escucha atentamente y le responde: «¡Debes aceptar!» La misma opinión del vicario general, Mons. Rouche.
El muy demócrata jesuita, Albert Valensin, su Padre espiritual, le afirma: «Marta Robin es Catalina de Siena. ¡Ella jamás nos engañará, ella es de la Iglesia! Debes hacer todo lo que ella te dirá, ella nunca te engañará. Siempre estaré contigo para ayudarte, sostenerte, y en la ocasión, defenderte, ¡adelante!» Él también pasó tres horas en compañía de Marta, llevado allí por el propio obispo de Valence, Mons. Pic. En cuanto a este último, es obvio que bendijo el proyecto; ¡el mismo, sin embargo, que el cardenal Louis-Joseph Maurin –que solo tuvo unos pocos meses de vida– consideraba una «locura»! El antiguo arzobispo de Lyon, discípulo de San Pío X y simpatizante de la acción francesa, era «escéptico sobre Marta» (p. 183).
EL ENTUSIASMO DE LAS PRESENTACIONES
El padre Finet se involucra como cofundador de los Foyers de charité con la capacidad de trabajo y el entusiasmo conocido en él. El primer retiro que predica en Châteauneuf-de-Galaure del 7 al 13 de septiembre de 1936, se desarrolla sobre el modelo que predicaba anteriormente, todo mariano y enfático en la consagración a Jesús por María.
Pero es sobre todo por su predicación sobre el amor del Padre Celestial, tan bueno, tan tierno, tan maternal, etc., que el padre toca los corazones, mientras que Marta hace descubrir a todos, en el curso de las visitas que algunos le hacen, «el lado tan maternal y maravilloso de María». Nunca faltan las dificultades. Manifestaciones diabólicas durante las noches; al día siguiente, el padre está a punto de ser estrangulado por una histérica, nada le sorprende, él está todos los días de buen humor. Se ocupa de todo, como tamborilero: la dirección de la escuela, el reclutamiento de las institutrices, la construcción del primer foyer de charité, en plena guerra, aunque no tenía un solo céntimo. El padre se oscurece. Una imprudencia semejante conllevaría una certera bancarrota. Un gran cheque llega a tiempo. Al padre jamás le faltará el dinero. Uno vería esto en la vida de los santos… pero desgraciadamente, ¡no es lo único!…
EL IDILIO
Châteauneuf en esos años de pre-guerra, es el idilio galileo… El padre Finet es, después del primer retiro, «el Padre» de Marta, dándole a todas horas el espectáculo del más puro amor filial y paternal. Se escuchan desde los lados de la granja horribles gritos y gemidos, pero se dice que es el demonio atormentando a Marta, o incluso que Marta revive la Pasión de Jesús, ese es el orden de las cosas, nadie se asusta… La vida se desarrolla así, apacible, feliz, a veces perfumada de suaves olores que se difunden misteriosamente; buen olor celestial que sobrepasa el de las canastas de frutas que se encuentran en la habitación de Marta. Es sobre todo por la palabra, y una palabra penetrante de sabiduría, de fineza, de simplicidad, o de alta consideración filosífica, con que Marta y el Padre tocan los corazones. ¡Todos dos son, cada uno a su manera, rebosantes de inteligencia, verdaderamente muy simpáticos!
Sin embargo, sabiendo que «nadie es profeta en su tierra», no es sorprendente constatar la profunda hostilidad de los lugareños de Châteauneuf hacia la familia Robin y a Marta en particular. Ninguna persona le presta atención a sus alegatos. Por eso mismo, los mejores y más cristianos entre los campesinos de los alrededores jamás se sintieron cómodos en Châteauneuf con la compañía de esas gentes de la “ciudad”, esas gentes de la “alta” que vienen de Valence o de Lyon, e incluso de París…
EL DÍA Y LA HORA DE LA VERDAD
De 1936 a 1944-1945, los arzobispos de Lyon, Maurin y Gerlier, exigirán al Finet que pase al menos dos días por semana en Lyon. Por eso él no puede consagrarse totalmente a la obra de los Foyers de Charité, pero él se entrega a fondo. Hasta noviembre de 1940, es la señora Robin quien monta la guardia sobre su hija. Después de dicha fecha, el Padre Finet va a velar por ella, día y noche, por decirlo así, gracias a dos misteriosas y muy discretas señoritas: Henriette Portier y Thérèse Rissoan. Ellas son las «guardianas» de Marta, ellas son de la devoción del Padre Finet y le obedecerán religiosamente…
En 1942, el Padre Finet, por razones de comodidad, nos dicen, decide hacer construir una nueva recámara para Marta, más tranquila. El 7 de agosto de 1943, una hábil advertencia de Mons. Pic, decepciona por igual a los detractores y los seguidores fanatizados de Marta Robin, al no pronunciarse a favor de nadie. El obispo no quiere que de vulgares panfletos se establezcan «implicaciones a los más respetables teólogos y los mismos cardenales».
«Por eso, nos explica François de Muizon, el Padre Finet aseguró un dispositivo muy estricto de difusión de la información, convirtiéndose, bajo autoridad del obispo, en el único portavoz de Marta. Todos los visitantes que son autorizados para reunirse con Marta Robin en su habitación tienen prohibido hablar de ella o de su familia. La ley del silencio se impone. Esta sería la regla hasta la muerte de Marta». (de Muizon, p. 137)
¿Qué tuvo lugar aquí? François de Muizon nos relata estos hechos en un capítulo cuyo título sorprende, pero es evocador: “La tentación de lo sobrenatural”.
EL ENGAÑO «FINET-ROBIN»
El 10 de febrero de 1936, no fue la primera tentación, la del “demonio del mediodía” que el padre Finet encontrará, sino la segunda, la de la extravagancia, de lo extraordinario. Con Marta,comenzará a atraer multitudes a los Foyers de charité, para enseñarles cómo el Buen Dios es bueno y cómo nosotros debemos amarle… Y a partir de la renovación de la Francia, recomponer el tejido de la Cristiandad. Todas estas teorías de apostolado, que tanto conversaba con su celoso hermano el canónigo Joseph Babolat, tomarán forma, y espíritu después que, con Marta, el Señor estará con él. sin duda alguna… Bella perspectiva de carrera para un apóstol hiperactivo y generoso. Pero tendrá que pagar un precio por su compromiso en ello, y el Padre Finet no se daba cuenta de ello, parece ser.
Un buen día, él no podrá menos que descubrir esta terrible verdad escrita en negro sobre blanco en la positio, bajo la fe de los testigos. El Padre Peyrous la ha revelado al mundo, casualmente, encubriéndola lo mejor que pudo. Esta verdad es la mentira de Marta Robin sobre su inedia y su parálisis, sin mencionar la cruda realidad de su histeria:

«La enfermedad de Marta está hecha de evoluciones, pero también de involuciones, de períodos de recuperación. Aunque sus piernas están paralizadas, es cierto que Marta intenta desplazarse cuando sus brazos le responden (…). Ella se arrastra sobre el piso de su habitación para satisfacer sus necesidades íntimas. Ella no está en un ambiente favorable: ella actúa de esta manera durante la noche, en los períodos en que le es posible. Ella mantiene de esta laya con sus movimientos, aunque muy limitados, parte de su libertad. Es probable que ella recuperara esta posibilidad, en ciertos períodos al mes, hasta el fin de su vida».

Dicho de otra manera: Marta se alimentaba, justo lo necesario para asegurar un mínimumvital.
EL DILEMA DEL PADRE FINET
Le Père Finet se encuentra en una encrucijada, de esas que te definen para toda la vida y comprometen la eternidad. En los años cuarenta, todo era posible todavía. Finet hubiera podido advertir a sus superiores, enviar a Marta Robin a una casa de reposo, tender “el manto de Noé ” sobre todo ese asunto que ya estaba oliendo mal… Pero, ¡¿el rubor sobre él y su familia?! Para un burgués lionés, eso cuenta…
Georges Finet, sobre todo, estaba tan comprometido con la obra de los foyers de charité que el defecto dominante de su rico temperamento, muy bien descrito por Peyrous, prevaleció: «Cuando se involucra totalmente, intelectual y emocionalmente en una empresa, puede perder la perspectiva, y ser poco crítico de sí mismo y de los demás. Difícilmente se atribuye la culpa».
EL ENGAÑO ROBIN-FINET ANTE LA CIENCIA MÉDICA
En la vida de Marta, encontramos tres clases de médicos. Les malheureux qui sont affolés par les symptômes de la maladie, et il y avait de quoi. Los psiquiatras renombrados, unos católicos convencidos, y otros no. La mayoría diagnosticó histeria, y por consiguiente, concluyeron que las apariciones de Marta eran superchería, pero nadie osó denunciarla. El único examen oficial ordenado por Mons. Pic tuvo lugar en 1942 por médicos amigos o parientes a la familia del Padre Finet. Ellos auscultaron a Marta, y analizaron su caso durante algunas horas solamente; examen y observación que no arrojó alguna conclusión, dando por sentado lo que su paciente les decía. Entre esos médicos amigos, hay que señalar a un siquiatra poco convencional, el doctor Alain Assailly. Él llegó a Châteauneuf en 1949, con la firme resolución de rebatir a un colega, católico, que le había dicho: «¡No te involucres en este asunto, te harás cómplice de una superchería magistral y nuestra Iglesia no ganaría nada con ello!»
Para mostrarle a su amigo que estaba equivocado, Assailly quiso hacer examinar a Marta en un hospital por un mes a propósito de estudiar su inedia, el hecho de que ella podía vivir sin comer ni beber. Esta vez, las cosas están serias. Marta lo eludirá con una habilidad prodigiosa, que supone también una gran complicidad del Padre Finet…
Marta le juró a Assailly que estaba presta para todo, que su regla era la obediencia, y que haría lo que su confesor, su obispo o el Santo Padre le dijeran.
El médico, que es un buen católico, baja la guardia, ¡está delante de una santa! Marta le explica que no logrará convertir a su amigo, más que los milagros de Lourdes en convertir a los médicos ateos…
«– ¿Los conoces?
– No, señorita.
– Llámame Marta, y me gustaría… que me colabores…»
De hecho, ellos colaboran. Para este neurosiquiatra católico que debe tratar casos de posesiones diabólicas, esto se revela muy interesante. Assailly olvida esta petición, y en cambio le envía pacientes. Marta les ayudó y participó remota, pero más eficazmente, a su recuperación, a su exorcismo inclusive… Pero en el ínterim, ella escapó por un mes del hospital de alta seguridad… Martita es muy, muy fuerte…
¡¿Comprendemos por qué el Padre Finet jamás quiso hacer verificar la inedia de Marta, por qué en el decreto promulgatorio de la heroicidad de sus virtudes, y que tampoco se le dé importancia?! ¿Los teólogos romanos de hoy habrán perdido completamente el sentido?
MARTA Y EL ESPÍRITU QUE LA DIRIGÍA
Por consecuente, el Padre Finet y Marta fueron cómplices en vida y en muerte. Es en vano el intentar disertar sobre la influencia que el uno ejercía sobre otro, sobre todo cuando se conoce la hipersensibilidad de Marta a la menor palabra de una persona que estimaba como enviada de Dios.
Pero el espíritu que manejaba a Marta modulaba sus efectos por medio de su voz, voz que tanto le encantaba a Guitton: «Voz juguetona, a veces traviesa. Voz discreta, voz siempre afectuosa (…). Pero de pronto y sin previo aviso, esta voz enclenque adquiría volumen: se hacía fuerte, capaz de llenar toda la habitación, como si Marta estuviera predicando la Cruzada. Entonces era una voz firme, voluminosa, oracular». (Jean Guitton: Retrato de Marta Robin, p. 30)
He aquí tres ejemplos escogidos entre tantos.El Padre Finet no estaba del todo opuesto al reconocimiento canónico de los Foyers de Charité, lo había conversado mucho antes con el canónigo Babolat. Las fundaciones se multiplicaron a una velocidad vertiginosa, Finet, hombre de Iglesia, comprendía bien que había que asegurar la continuidad de la obra, inclusive viendo futuros inconvenientes de carácter personal. Marta se opuso categóricamente a esta medida. En 1952, el canónigo Naz, célebre canonista, propuso a los Foyers de Charité el estatuto de instituto secular, que asimila a sus miembros casi en el estatus de los religiosos, sometidos a la jurisdicción de la Congregación de los Religiosos. Marta guarda silencio por mucho tiempo, y después explota:

«Un Foyer de charité, no es una máquina ajustada a otra. Es una cosa lo más de nueva en la Iglesia. Es la Iglesia la que debe aceptarnos tal y como somos. Jamás habrá constituciones en los Foyers. Las Cons­tituciones nos limitarían y nos asimilarían a las órdenes religiosas». (cf. Peyrous, p. 291-292)

Si Marta puso objeciones sobre este asunto puramente canónico, nuestra mística campesina fue mucho menos escrupulosa para sustraer el “querido dinero” de los Foyers de charité a los controles del fisco. ¿Quién le devolvía ese “querido dinero”? ¿Quién los exoneró de impuestos? (cf. Marthe Robin, Le mystère décrypté, p. 154) ¡Ese fue Edmond Michelet! Un futuro “beato”, Dios no lo quiera, por la sangre que carga sobre su conciencia: purgador en 1944, y ministro barbouze de justicia del general de Gaulle durante la guerra de Argelia (cf. Il est ressuscité, n° 149, marzo de 2015, p. 35-36). «Marta lo amaba bien»…
A inicios de los cincuenta, Mons. Urtasun, sucesor de Mons. Pic, se inquietó de ver a esta mística en perpetua oscuridad, y estaba resuelto a no dejarse engañar. El futuro de la obra está en peligro. El Padre Finet y Marta lo comprenden. El obispo sube a La Plaine, y vio a Marta a plena luz, con las ventanas abiertas. Esta vez, como excepción, Marta no grita de dolor. François de Muizon, ese gran estúpido, se pregunta por qué nadie pensó en darle lentes para el sol… Marta, perfectamente poseída por el espíritu que la dirige, le hace ojitos a Monseñor y le ofrece la suavidad de una conversación que lo hace regresar radiante de la granja, conquistado…
  
EL PADRE FINET, EL DIRECTOR MANIPULADO
El vino fue descorchado, y hay que beberlo. El Padre Finet no tenía otra alternativa que tomar los libros de cabecera de Marta: Catalina Emmerick, Gemma Galgani, Dina Bélanger, Lucie-Christine (Mathilde Boutle), etc., y reescribir con ella el romance seudo-místico de su pobre vida. ¿Quizá se lo terminó creyendo? En todo caso, en 1949, esto es lo que le predica a setenta sacerdotes que vinieron a escucharlo (cf. Vénérable Marthe Robin, p. 129)… y en la prolongación de esta vida, la fundación de los Foyers, una nueva de vivir y de pensar, que los dos iniciarían en la Iglesia antes que ella recibiera sus cartas de nobleza y obediencia luego del Vaticano II.
Desde noviembre de 1940, es Finet quien organiza las visitas, y preside las “pasiones” de Marta. Él solo es quien será capaz de hacerla venir de sus éxtasis o de expulsar al demonio… Él predicará los retiros en Châteauneuf, y presidirá la fundación de nuevos foyers de charité, más de sesenta a la muerte de Marta. Verdaderamente es una gran empresa.
En sus retiros, el Padre Finet insistiría a menudo sobre el amor misericordioso y casi incondicional de Dios… Es muy piadoso, muy chorreante de amor; el menor deseo de penitencia, de austeridad, es tachado de jansenismo, etc. Ellos seducirán a los buenos católicos tradicionalistas, desorientándolos y volviéndolos insensibles a los apelos de Nuestra Señora de Fátima.
Es esta religión radical, evangélica, tradicional qu aún era predicada por los Padres de ­Chabeuil (Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey), en la proximidad de Châteauneuf-de-Galaure. Nuestro Padre, el Abbé Georges de Nantes, que les conocía muy bien, nos decía siempre que esos buenos padres realizaron numerosas y sólidas conversiones, y que los retiros de Châteauneuf les había causado detrimento en su apostolado, sin producir los mismos buenos frutos…
AMBOS FUERON PRECURSORES DEL VATICANO II
Gracias a las relaciones del Padre Finet, la influencia de Marta tomará una dimensión nacional de alto nivel… Docenas de obispos, centenares de sacerdotes, teólogos, filósofos van a visitar a Marta, y entusiastas salen de la entrevista. El Papa Pío XII se interesa en su caso, y envió al Padre Garrigou-Lagrange. Ella le habla de la Santísima Virgen, y el buen padre sale con lágrimas en los ojos, confundido por su propia ignorancia, y admirado de la sabiduría de Marta.
La estigmatizada de Châteauneuf será sobre todo la inspiratriz de numerosas comunidades carismáticas… Si algunas causaron (y siguen causando) escándalo, no es a causa de la sola debilidad humana… sino a causa de una concepción quietista del amor de Dios y del prójimo aprendida en los retiros de Châteauneuf. El padre Marie-­Dominique Philippe predicó en Châteauneuf, y es amigo de Marta y del Padre Finet. Ella lo convencerá de fundar la Comunidad de San Juan. Il en va des conversions faites à Châteauneuf, comme de ces communautés nouvelles, elles participent de la même “debilidad”…
Durante el Vaticano II y los desórdenes que le siguieron, Marta y el Padre Finet adoptan el partido del orden, pero el orden conciliar. No son los progresistas los que van a Châteauneuf, sino los católicos más o menos tradicionalistas, como los de la tendencia “Homme Nouveau”, y autoridades morales en la Iglesia como los padres de Fontgombault, que le consultaron a propósito de la reforma litúrgica. Marta incluso alentó a Mons. Lefebvre en sus comienzos… Por cierto, ella sostiene las apariciones de Garabandal, aunque fueron condenadas por la Iglesia.
Marta practica a su manera un ecumenismo singular; la unidad de los cristianos, como la entiende el Concilio, ella la entendía mucho antes de éste. Peyrous nos revela que ella disuadió a los pastores protestantes que tenían la intención de convertirse al catolicismo. Ellos tenían rosarios en sus manos, y querían abjurar solemnemente su herejía. Esto pasó estando el papa Pío XII, antes del Concilio. Marta les dijo: «Este no es el momento». Después del Concilio, ella cambia de parecer. Cuando fue a visitarla el pastor Gérard ­Croissant, más conocido como Hermano Efraín, le dijo que no había problema: «El momento llegó». (p. 377)
¿MARTA ROBIN ES RIVAL DE LA INMACULADA?
Relatemos la historia de la singular relación de corazón a corazón que tenía Marta y su «mamita María» a la luz de los hechos objetivos que la puntualizan, debidamente constatados por testigos. De esta gran luz de 1921 o 1922, y de las dos peregrinaciones que ella hizo posteriormente, no sabemos nada; sabemos solamente que ella rechazó ir dos veces a Lourdes, en 1925 y 1928. Extraño. Inquietante. Sólo en 1935 pudo expresar un deseo de los más laudables. Su corazón latía de amor por María Medianera, ella quiso por tanto tener un cuadro que representara este privilegio de Nuestra Señora. Pero ella añadió inmediatamente: «No como la que vemos en todas partes…»
¿Con aquello de “como la que vemos en todas partes” hace alusión a la gran aparición mariana del siglo XIX: la Inmaculada Concepción, tallada en el anverso de la Medalla Milagrosa? Toda la luz de la gracia viene de Dios y se reparte sobre la tierra pasando por los brazos distendidos y las manos tendidas de una grande y toda celestial Virgen María, mientras que su pie aplasta la cabeza de la serpiente.
La señorita Blank comprendió perfectamente a Marta: «Tengo lo que necesitas». Y ella le hizo llegar, por el padre Finet, un cuadro que ella conservará siempre en su recámara. Una enorme inscripción bajo el cuadro inspira confianza: Marie Médiatrice (María Medianera).

El cuadro de Marie Médiatrice, que tanta devoción inspiró a Marta
Este cuadro representa una Virgen Santísima muy grande coronada que tiene la tierra bajo sus pies, pero no pisa la cabeza de la serpiente. La Virgen tiene una posición orante, de suplicante, como era representada en tiempos antiguos. Lo más sorprendente es que de la tierra, o de la serpiente surge un lirio surmontado de una hostia que se eleva hasta el corazón de la Virgen.
Guitton estuvo intrigado por este retrato que Marta persistía misteriosamente en considerar hermoso. El cuadro no pudo ser pintado, como lo señalara Muizon, por el pintor Elis Romagnolis, porque ese cuadro tenía diez años en 1935…
FÁTIMA SUBSUMIDA Y ANTICUADA
  
El 1 de agosto de 1942, el año de la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María por Pío XII, una visión le dio a Marta una representación distinta de la Santísima Virgen. Ella describirá la visión con una precisión de costurera, pero he aquí lo esencial de la misma:
«Esta Virgen cierra una etapa y abre otra. Ella cierra la etapa de las advertencias suplicantes, de las amenazas de Dios en el curso de sus múltiples apariciones en Francia y otras partes, en los últimos siglos. Ella abre los tiempos del desbordamiento de la misericordia de Dios en favor de sus hijos que no comprenden ni sus advertencias ni sus amenazas. No escuchamos las advertencias divinas, por eso sufrimos los castigos advertidos por la Virgen. La misericordia es inagotable, y la Virgen, sin tener en cuenta nuestras faltas, se hace la expresión, incluso el sacramento de la misericordia de Dios».
La visión de Marta nos transporta muy hábilmente a un mundo que no es el de Fátima. Hábilmente, porque ella incorpora todas las apariciones marianas, e incluso los castigos de Dios, pero para integrarlas mejor en su síntesis carismática, que rechaza la santidad de la justicia de Dios y que trivializa sus santidad de misericordia
Marta Robin es la anti-Lucía de Fátima, y su pretendida Virgen es una rival de Nuestra Señora de Fátima, la “medianera” de un amor carismático que no viene de Dios. Nos vemos confrontados ante una desorientación del Dogma de la Fe que ultraja lo más sagrado de la Revelación, el amor de Dios en sus Sagrados Corazones de Jesús y de María. Precisamente para prevenir esta desorientación que Nuestra Señora de Fátima bajó a la tierra, que Ella se apareció a tres auténticos niños santos: Jacinta, Francisco y Lucía.
ROMA ES INFORMADA DE LA VERDAD
  
Sabemos que el promotor de justicia, “el abogado del diablo”, Mons. Pierre Bouvier hizo bien su trabajo: compiló escrupulosamente las objeciones que pudieran poner obstáculo a la beatificación de Marta Robin. Este dossier fue confiado a los teólogos romanos que prometieron analizar una a una las cuestiones surgidas. El resultado es que en la posítiosobre Marta (2.000 páginas) «la parte reservada tradicionalmente para las objeciones es tres veces más larga que la que se halla habitualmente en los expedientes de beatificación, lo que significa claramente que los interrogantes suscitados son numerosos» (de Muizon, p. 20). La posítio fue publicada en 2010, el promotor de justicia no fue puesto en conocimiento de ello (¡¿?!), el obispo de Valence, el ordinario del lugar, lo tuvo en sus manos solamente pocas semanas (¡¡¿?!!), Todo lo relativo a la vida de Marthe es decididamente atípico.
LOS AMIGOS DE MARTA VEN FINALMENTE LA VERDAD PLENA
   
En diciembre de 2014, fue publicado un libro: “Vénérable Marthe Robin, des témoins réagissent et parlent” (La venerable Marta Robin: los testigos reaccionan y hablan). Fue escrito por varios autores, los amigos de Marta escandalizados por las alegaciones de Peyrous. Ellos inmediatamente vieron el problema:

«Si Marta Robin satisfacía su cuerpo alimentándose y disimulaba este hecho mintiendo, ella no vivía de la Hostia, ni Cristo, que mora en ella según la fe católica, la mantenía con vida. Consecuentemente, ella no tuvo ninguna misión verdadera para fundar los Foyers de Charité. No me parece que sean poca cosa las conclusiones de una obra que estudia la biografía de una mujer con reputación de santidad justificada a los ojos de las autoridades ecclesiásticas que quieren se le abra un proceso de beatificación ante los tribunales de Roma».

Para refutar a Peyrous, estos autores apelaron a un personaje central en toda esta historia: el Demonio. De hecho, lo era. Fue el demonio que tomaba las apariencias de Marta y que se desplazaba por su recámara… Ellos nos dan acceso a ciertos documentos, ¡pero que finalmente son más incriminatorios! Aquí algunos ejemplos:
  1. El informe de los exorcistas señala que «durante la vida de Marta… el pestillo interior de su cuarto estaba ¡a 40 centímetros del suelo!» (p. 76), y por ello, a su alcance.
  2. Interrogada su familia, contesta: «Marta conocía bien los cajones de su cómoda. Cuando uno buscaba, entre la semioscuridad, ella decía: No, está en el otro…» (p. 184) Para una persona ciega y sobre todo paralizada después de más de cincuenta años, si es verdadera, ¡esto es “ heroico”…
  3. Este libro nos muestra algunos testimonios de una guardiana, Thérèse Rissoan: «…Marta pudo estar molesta porque la descubrí»… «Tuve la impresión que yo la estaba molestando, me retiré luego de un momento»… «No me turbé por ello». Tan devotas al padre Finet, las «guardianas» (p. 77) no dirán nada. Ellas ejercieron confianza en el padre Finet y a lo que les decía, de que ellos veían al diablo en la apariencia de Marta…
EL MISTERIO DE LA RECÁMARA DE MARTA
  
En esta habitación, es revivido el capítulo 12 del libro del Apocalipsis, el único con una mujer y el Dragón. El penetrante espíritu de Jean Guitton capturó a esta mujer en una prodigiosa instantánea. Ella no gime con los dolores de parto, pero ella no sale de esa posición extraña… Ella da a luz así, a su manera. Guitton observa la posición de sus piernas paralizadas, enroscadas, los talones reposan sobre lo alto de sus muslos, en forma de una M invertida, anotó. Marta representa de esta guisa, el impresionante icono de la inversión diabólica del reverso de la Medalla Milagrosa, y del misterio eucarístico y mariano que representa, mientras que la pintura de María Medianera representa el anverso.
Esta recámara da testimonio del engaño de toda una vida, pero también sobre dos homicidios: El de su hermano Henri, que extrañamente ella no escuchó, y el suyo propio, algunos meses antes de afrontar un examen médico a profundidad, por orden de su obispo. Un grito interrumpe la noche del 5 de febrero de 1981, era el de Marta, que murió «sin derramamiento de sangre», en condiciones sórdidas, sobre el suelo, con la boca abierta, desesperada, como la serpiente de nuestra Inmaculada Concepción. Si ella fue «asesinada por el demonio» que le había prevenido: «¡Te tendré hasta el final!», o bien murió de muerte natural, poco importa. Dejemos los detalles de esto a la policía…
EL MISTERIO DE LA TUMBA DE MARTA ROBIN
  
Esto es escalofriante como lo atinente a su habitación, y se funda sobre la roca del testimonio. Durante la exhumación de su cadáver, «Marta Brosse, su sobrina, observó que el ataúd estaba al fondo de la bóveda, por tierra, aunque había sido puesto en alto el día de la sepultura, el 12 de febrero de 1981» (cf. p. 190). Señal fuerte y severa advertencia para los postuladores de su causa…
VERDAD – CARIDAD – CONTRARREFORMA CATÓLICA
  
La revelación de la más grande impostora mística y apostólica de todos los tiempos, y que ello sea por el postulador encargado de probar la santidad de aquella quien lo perpetró, es la señal obvia de que el Buen Dios aún obra en su Iglesia. Aunque hayan grupos de presión que dominen la Curia romana, y aquellos de la Renovación Carismática no sean los menos, la luz de la verdad disipó las tinieblas de la cámara oscura de Marta Robin, ella es conocida por todos los hombres de buena voluntad, nadie puede acallarla más.
Los hombres de Iglesia no pueden prescindir del gran juicio doctrinal demandado por nuestro Padre fundador, el abbé Georges de Nantes. Por la desorientación, y los escándalos sexuales y de dinero generados por el carismatismo, procedente de un espíritu diabólico de cisma y herejía que entró en la Iglesia a partir del Vaticano II. Cuando el papa Francisco se dé cuenta de toda su magnitud, no dudará en tomar los medios apropiados para liberar a su carísima Santa Madre, la Iglesia “Católica y jerárquica”.
¡Oremos, oremos mucho por el Santo Padre!
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CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 5/10

ORIGENES DE LA MISA
Números 125-142
«Haced esto en memoria mía»

A. MISA PRIMITIVA:
Reuniones de los primeros Cristianos.
Siglos I – III.
125. Después de Pentecostés, ¿cuántas clases de asambleas o reuniones observamos en los primeros cristianos?
Observamos dos clases de reuniones: unas sin Fracción del Pan o sin Eucaristía, dedicadas propiamente a la instrucción y a la oración; y otras con Fracción del Pan o Eucaristía, consagradas a conmemorar la Cena del Señor.

Acerca de las primeras reuniones véase, por ejemplo: Col. 3, 16; Kfes. 5, 19; 1 Tim, 2, 1 sig. ; 4, 13, etc.

De las segundas copiaremos en seguida algunos testimonios.

126. ¿Cuál era el origen de las primeras reuniones?
Procedían de las asambleas de las sinagogas judias.

LAS SINAGOGAS — literalmente reuniones — eran edificios, en general muy sencillos, situados en lugares elevados, o en valles bien regados por ríos o fuentes para las múltiples purificaciones de los judíos. Dentro, en el fondo de la sala, había una especie de armario, cubierto con un velo o cortina: aquello era el tabernáculo o santuario, el arca o «tebah», donde religiosamente se guardaban los libros sagrados.
Hacia el centro se levantaba una plataforma, donde estaba el pupitre para el lector y donde el rabino o doctor de la Ley, rodeado de los miembros más respetables de la asamblea, hacía sus explicaciones, desenrollando, a medida que iba leyendo, las largas hojas de pergamino que, enrolladas en un bastón de marfil o de madera, constituían los libros de entonces.

Los fieles, los hombres a un lado y las mujeres al otro, se situaban frente a esta tribuna.

No había, en fin, altar ni ornato alguno: sólo ardía una lámpara como en nuestras iglesias, se veía algún cepillo para las limosnas y alguna que otra alhacena para guardar ¡as trompetas y demás objetos litúrgicos.

127. ¿Qué actos se tenían en las sinagogas?
A la sinagoga acudían los judíos, sobre todo los sábados, para asistir a estos tres actos:

1. Oración. 2. Lecturas: una tomada de la LEY, y otra, de los PROFETAS. 3. Interpretación edificante y moral de lo leído por el escriba o doctor.

Entre una y otra lectura se cantaban Salmos.

Recuérdese la estancia de Jesús en la sinagoga de Nazaret: en aquella ocasión N. S. Jesucristo se levantó para hacer la segunda lectura, la de los PROFETAS, quizá por propia iniciativa o, tal vez, invitado por el jefe de la sinagoga. S. Lc. IV, 14.
128. ¿Los judíos cristianos seguían acudiendo al Templo y a los oficios de la sinagoga?

Al principio seguían acudiendo, pues ningún inconveniente podían ofrecer para ellos esas reuniones, y más bien brindaban a los Apóstoles y discípulos de Jesús ocasión muy oportuna de exponer el Evangelio a sus connacionales. Cfr. Act. Ap. XIII, 14-16.

129. ¿Pero qué innovación introdujeron muy pronto los cristianos en sus asambleas?
A las lecturas del Antiguo Testamento fueron añadiendo otras del Nuevo, como las Cartas de San Pablo, los Hechos de los Apóstoles y los Evangelios.

130. ¿Con qué nombre se designaron estas reuniones?
Se llamaron «VIGILIAS», porque tenían lugar por la noche, y la noche solían dividirla los romanos en cuatro vigilias o espacios de tiempo de unas tres horas cada uno.
De éstas y de las siguientes reuniones ya nos habla Plinio — entre los años 111-113 — en la famosa carta que dirigió a Trajano sobre los cristianos. Plinio: Epist, lib. 10, ep. 96. Kirch. 24.

131. ¿Cómo celebraban la segunda clase de reuniones, o sea, las consagradas a conmemorar la Cena del Señor?
Como Jesús había instituido la Eucaristía en un banquete o comida, en el banquete del Cordero Pascual, ellos comenzaron a hacer lo mismo: de este modo se originaron las que pudieran llamarse «MISAS-AGAPES».

132. ¿Qué eran los ágapes?
Los ágapes (del griego amar) eran los convites de amor de los primeros cristianos y que ordinariamente solían preceder a la Fracción del Pan.
«En nuestras comidas, decía Tertuliano, nada haya vil, o inmodesto. Nadie se eche en su lecho o triclinio sin haber comenzado orando a Dios; no comamos más que lo preciso para apagar el hambre; no bebamos más que lo suficiente a hombres modestos. Se come sin olvidar que Dios nos escucha. Después que se han lavado las manos y se han encendido las antorchas, se invita a cada uno a cantar en medio de la asamblea las alabanzas del Señor, recurriendo a las Santas Escrituras, o al propio impulso. Por ahí se conoce si ha guardado templanza en la bebida. Con la oración se termina igualmente la comida.» Apol. 31.

133. ¿De estas «Misas-Agapes», se eonservan en los Libros Sagrados algunas descripciones?
Podemos citar estas tres, pertenecientes al primer siglo del Cristianismo y que se refieren a diversos puntos del mundo: JERUSALEN, TROADE (Asia Menor) y CORINTO.
EN JERUSALEN, nos dicen los Hechos Apost. II, 46, que los creyentes asistían cada día largos ratos al Templo, unidos con un mismo espíritu, y PARTIENDO EL PAN POR LAS GASAS DE LOS PIELES, TOMABAN EL ALIMENTO CON ALEGRIA Y SENCILLEZ DE CORAZON.
EN TROADE: Como el primer día de la semada — ya el domingo, el dia de la Misa — nos hubiésemos congregado para partir y comer el Pan, Pablo que había de marchar al día siguiente, conferenciaba con los oyentes y alargó la plática hasta la media noche.
Es de advertir que, en el cenáculo donde estábamos congregados, había gran abundancia de luces — ya la luz litúrgica —; y sucedió que, a un mancebo llamado Eutico, estando sentado sobre una ventana, le sobrecogió un sueño muy pesado, mientras proseguía Pablo su largo discurso; y vencido al fin del sueño, cayó desde el tercer piso de la casa abajo, y le levantaron muerto. Pero habiendo bajado Pablo, echóse sobre él, y abrazándole dijo: «No os asustéis, pues está vivo…» Y subiendo luego otra vez, PARTIO EL PAN, y habiendo comido y platicado con ellos hasta el amanecer, después se marchó. Hechos Apost., XX. 7-11.
EN CORINTO: «Primeramente oigo — escribe S. Pablo a los fieles de Corinto — que al juntaros en la iglesia, hay entre vosotros parcialidades o desuniones. Y en parte lo creo… Ahora, pues, cuando os juntáis para los ágapes, ya no es para celebrar la Cena del Señor. Porque cada uno come allí lo que ha llevado para cenar, sin atender a los demás. Y así, sucede que los unos no tienen nada que comer, mientras los otros comen con exceso. ¿No tenéis vuestras casas para comer y beber? ¿o venís a profanar la iglesia de Dios, y avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué os diré sobre eso? ¿Os alabaré? En eso no puedo alabaros.
Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo enseñado, y es que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser entregado, tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo a sus discípulos: «TOMAD Y COMED: ESTE ES MI CUERPO, que por vosotros será entregado: HACED ESTO EN MEMORIA MIA». Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: «Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis en nombre mío… Por lo cual, hermanos míos, cuando os reunís para esas comidas, esperáos unos a otros». Si alguno tiene hambre — y no puede esperar la cena frugal del ágape —, coma en casa, a fin de que el juntaros no sea para condenación vuestra». 1 Cor. XI, 18-34.

134. ¿Qué observamos en esta última descripción, la más completa que conservamos de las «Misas-Agapes»?
Observamos que el apóstol San Pablo reprende los abusos a que ya entonces — hacia el año 56—daban lugar estas reuniones; abusos que se dieron no sólo en Corinto, sino también en otras partes y que obligaron, ya en el primer siglo, a separar el ágape de la misa, y, más tarde, a fines del siglo IV, a suprimirlo del todo. Concilio de Teodicea (entre 341 y 381), c. 27. Kirch, n. 470; Tercer Concilio de Cartago (391), c. 301. Como saludable reacción contra los abusos de los ágapes, prescribióse entonces el ayuno eucarístico, que permanece en vigor hasta nuestros días.
Del ayuno eucaristico ya nos habla la Tradición Apostólica, de Hipólito, compuesta hacia el 218, en estos términos: «Todo fiel debe vigilar atentamente para no tomar nada antes de recibir la Eucaristía. Porque cuando los fieles la reciben, aunque se le ofreciera a uno un veneno mortal, no podría causarles ningún efecto». C. 28.

135. ¿Qué sucedió al cabo de algún tiempo con estas dos clases de reuniones?
Que naturalmente terminaron por juntarse y formar una sola reunión litúrgica.
«Estos dos ritos, estan bien hechos el uno para el otro, debían encontrarse y unirse. Era muy natural que, después de la reunión en que se habían cantando salmos, leído la ley, los profetas, los Apóstoles y el Evangelio y se había predicado al pueblo, se tuviese la idea de celebrar la Eucaristía. No había preparación más conveniente. Desde el siglo II, por lo menos, esta adaptación está hecha, y llega a ser universal en una época en que todavía no existían las diferencias entre las diversas familias litúrgicas.» Cabrol: Les Origines Liturgiques, IV: La Messe, pág. 137.

136. ¿Dónde vemos ya juntas ambas reuniones?
En la célebre descripción, que nos dejó de la Misa de su tiempo, el gran apologista y mártir del siglo II, San Justino— murió entre 163 y 167—. En ella y ¡a diecinueve siglos de distancia de nosotros!, reconocemos los rasgos característicos de nuestra Misa: el orden ha permanecido esencialmente el mismo.
1. El día del sol — es decir, el domingo; ¡ya es el dia de la misal — todos los que viven en las ciudades o en los campos, se reúnen en un mismo sitio:
2. Y cuando lo permite el tiempo, se leen las Memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas (LECTURA DE LA SAGRADA ESCRITORA: EPISTOLAS Y EVANGELIOS).
3. Después, cuando ha cesado el lector, el presidente — el Obispo — toma la palabra para hacer una exhortación e invita a seguir tan hermosos ejemplos (PREDICACION: HOMILIA).
4. Luego, todos nos levantamos a un tiempo y recitamos oraciones por nosotros mismos… y por todos los otros de todas partes del mundo. (ORACIONES DEL VIERNES SANTO.)
5. Después que terminamos de rezar, nos saludamos mutuamente con el ósculo de paz. (Hoy EL OSCULO DE PAZ se da inmediatamente antes de la comunión: en otras liturgias, como se ve aquí, en S. Justino, y en las Constituciones de los Apost. — siglo V —, precedía a la Ofrenda u Ofertorio, según el mandato del Señor: San Mateo, V, 23-24.) V. 48.
6. Luego se lleva al que preside a los hermanos, pan y una copa con agua y vino, y éste, cogiéndola, da rienda suelta a la alabanza y gloria al Padre de todos, en nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y prosigue con prolongada eucaristía, o acción de gracias, por los dones recibidos de Aquél. Después que las oraciones y la eucaristía han terminado, todo el pueblo responde por aclamación: AMEN. (PLEGARIA EUCARISTICA: PREFACIO Y CANON.) Cfr. n. 212 y 230.
7. Entonces, los que entre nosotros se llaman diáconos — propios ayudantes—, reparten el pan, el vino y el agua con los que se ha dado gracias, los reparten entre los asistentes y lo llevan a los ausentes (COMUNION BAJO AMBAS ESPECIES). V. n. 45.
8. Los que viven en la abundancia y quieren hacer limosnas, dan cada uno lo que puede; lo recolectado se envía al presidente — Obispo—, quien los distribuye entre los huérfanos, las viudas, los enfermos, los necesitados, los prisioneros y los huéspedes extranjeros. (COLECTA, DERECHOS DEL CULTO, LIMOSNAS.) Cfr. 193.
9. Nos reunimos en el día del sol, porque es el primer día en el cual Dios, sacando la materia de las Tinieblas, creó el mundo, y en este mismo día, Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos (EL DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR, sustituyendo al sábado judío).

Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del que nadie puede participar, si no tiene por verdaderas nuestras doctrinas y recibido el baño para el perdón de los pecados y para un nuevo nacimiento y vive como Cristo ha enseñado; pues no recibimos esto como pan ordinario y vino común, sino que sabemos que el alimento consagrado en la acción de gracias, es la carne y sangre de Aquel encarnado. Porque los Apóstoles en sus comentarios, que se llaman Evangelios, enseñan que asi se lo encargó Jesús… S. JUSTINO: Primera Apología, dirigida al emperador Antonio Pío (138-161). Kirch, nn. 42, 44.

137. ¿De dónde salió, pues, nuestra misa actual?
De la combinación de las dos clases de reuniones, que celebraban los primeros cristianos: de las vigilias cristianas o antiguas asambleas de la sinagoga judía, prontamente remozadas y cristianizadas por el catolicismo naciente; y de las reuniones eucaristicas o reproducciones conmemorativas de la Cena del Séñor.

138. ¿Cómo se llamó la parte de la misa formada con los elementos de las vigilias cristianas?
Se llamó «ANTE-MISA» y también «MISA DE LOS CATECUMENOS», abarcando, en líneas generales, los mismos actos que las vigilias; es decir, 1, Oración (Preces al pie del altar, cantos, etc.); 2, Lecturas (dos, Epístola y Evangelio; y hasta el siglo VII, antes se leía la Profecía, o lectura del A. Testamento, como todavía se hace en ciertas Misas: miércoles de Témporas, miércoles tercero de Cuaresma, etc.), y 3, Predicación u Homilía.

139. ¿Por qué se llamó a esta parte «ante-misa»?
Se llamó «ante-Misa», porque se encuentra antes de la Misa, o sacrificio propiamente dicho, que comienza con el Ofertorio, y porque viene a ser la mejor preparación y el vestíbulo más digno del grandioso templo donde van a celebrarse los divinos misterios.

140. ¿Y por qué fué llamada «misa de los catecúmenos»?
Porque a esta parte de la Misa, podían asistir los catecúmenos, penitentes públicos y, aun a veces, los misnos gentiles pero al terminarse la homilía y al decir en voz alta el diácono: Recedant catechumeni, retírense los catecúmenos, salían todos éstos o se retiraban al atrio del templo.
EL CATECUMENADO, la gran institución de la Iglesia para la preparación o iniciación de los aspirantes al bautismo — que en su mayoría eran adultos —, comprendía escrutinios o exámenes sobre la vida de los conversos, exorcismo, unciones, signaciones y sobre todo CATEQUESIS (del griego, hacer resonar al oído, instruir de viva voz) se desarrolla durante los tres primeros siglos, alcanza su plena madurez en el siglo IV con la paz concedida a la Iglesia por Constantino y termina hacia el siglo VI, por la práctica, ya general, de administrar el bautismo a los niños — pues antes era frecuente retardar este sacramento hasta la edad adulta —, y también por razón de la modificación de la penitencia pública.
Los ritos principales del catecumenado persisten, sin embargo, en nuestro bautismo y vuelven a recobrar su antigua actualidad en las misiones entre infieles. Para completar la materia, véase: «Una Misa a principios del siglo III»: Cabrol: La Orac. de la Iglesia, c. VII.

B. MISA ESTACIONAL ROMANA:
Expansión y florecimiento de la Misa
(siglos IV-VI).

141. Al salir la Iglesia de las catacumbas y concederse libertad religiosa al Cristianismo, ¿cuáles son las innovaciones más importantes que hallamos en la celebración de la Misa?
En este período de verdadera revolución religiosa, es admirable el despliegue de la Misa y el crecimiento de sus ceremonias: imitando las fiestas estacionales, que ya venían celebrándose en los Santos Lugares de Jerusalén y de Belén — así también se explican los nombres que recibieron algunas de las basílicas romanas: Sta. Cruz de Jerusalén, Sta. María la Mayor—, comenzaron a tenerse en Roma las llamadas «Misas estacionales».
La palabra «estación», en latín: statio, es un término militar que puede traducirse por «centinela o puesto de guardia». Todavía nuestros misales siguen indicando al frente de las Misas la iglesia estacional: actualmente hay señalados 89 días de estación, la mayor parte de ellos en Adviento y en todas las ferias de Cuaresma.
Todas las Misas de Cuaresma tienen su Estación. El Papa iba celebrando sucesivamente la Misa solemne en las grandes Basílicas de Roma, en sus 25 parroquias. Estas parroquias, que existían ya en el siglo V, se llamaban «títulos», y los sacerdotes de Roma que las servían se llamaban Cardenales (incardinati), que quiere decir ligados a estas Iglesias. Por eso aun hoy día los Cardenales son titulares de cada uno de estos santuarios.

La Misa estacional dió origen, entre otras menos importantes, a las siguientes innovaciones:
1, Colecta. 2, Kyries. 3, Introito. 4, Gloria.
1. Reunión en la basílica de la Colecta.
En los días más señalados, la comunidad cristiana de Roma comienza por esta época a acudir a una de las basílicas de la Ciudad Eterna, para reunirse allí con el Papa y el clero romano; una vez reunida la asamblea de los fieles — ecclesia collecta—, se canta un salmo y el Papa recita una oración que se llama «COLECTA», es decir, «oración sobre la iglesia reunida». Cfr. 168-171.
2. Procesión hacia la basílica estacional: Kyries.
Da la bendición el Pontífice, y se organiza una solemnísima procesión, con la Cruz estacional al frente, llevada por un subdiácono —V. n. 90—; durante el trayecto se canta una oración litánica, o sea, una serie de breves y ardientes súplicas, seguidas de repetidos KYRIES. Cfr. 162-164.
3. Entrada del clero en la basílica: INTROITO.
Llega la procesión a la basílica estacional: el pueblo penetra en el templo y el Papa o el Obispo se desvía hacia un lado del atrio —V. n. 74-75— para entrar en el «secretarium o sacristía», situada entonces a la entrada de la iglesia; cuando el Pontífice y su cortejo, revestidos ya de preciosos ornamentos salen de la sacristía y avanzan por entre la compacta multitud de los fieles para dirigirse al altar, el mismo pueblo — más tarde una afinada schola cantorum — prorrumpe en un entusiasta cántico de entrada: el INTROITO. (V, n. 159-161.)
Durante los primeros siglos, como a la Misa precedía siempre la Vigilia — V. n. 130 —, no era necesario este cántico o salmo de entrada.
4. Comienzo de la Liturgia: GLORIA.
Comienza la liturgia, la Misa, con un cántico matinal, el GLORIA, ya usado en el Oriente en el Oficio divino. Cfr. n. 150.

LAS FIESTAS ESTACIONALES llegaron a su máximo esplendor bajo el pontificado de S. Gregorio Magno (590-604); comenzaron a decaer hacia el siglo VIII, y finalmente desaparecieron del todo a principios del s. XIV con el destierro de los Papas en Avignon.
LECTURAS

142. LA LENGUA DE LA LITURGIA
«Nuestras ceremonias, realmente, son hermosas, emocionantes, dignas de Dios — se me podría objetar —, pero sería mayor su eficacia si se hiciesen, no en lengua latina, sino en lengua vernácula. Antiguamente, cuando los hombres hablaban el latín, podía seguirse la liturgia. ¿Pero hoy? ¿Quién sabe el latín? Aun aquellos que lo estudiaron en el bachillerato, ¡cuán aprisa lo han olvidado! ¿No sería más lógico que la Iglesia permitiese a cada pueblo hacer las ceremonias culturales en su propio idioma? ¿No irían los hombres con más gusto a la iglesia y no sacarían más provecho de los actos del culto?…
Asi raciocinan muchos. Y nosotros hemos de contestar a estas cuestiones.
Ante todo, confesamos el hecho de que hoy día — descontándose el clero — son pocos los fieles que entienden la lengua latina de nuestras ceremonias. Pero la Iglesia no procedió en este punto según un plan preconcebido; lo que hay ahora en realidad, es el resultado de un desarrollo histórico. Al principio, la lengua latina era la lengua viva del pueblo en la parte occidental de la Iglesia; al principio, por tanto, la liturgia tenía la misma lengua del pueblo. El latín murió en los labios de nuestros mayores, pero la Iglesia lo conservó y lo conserva aún hoy, aunque dificulte la comprensión de la liturgia.
Nadie lleva más que la Iglesia Católica sobre el corazón, el que los hombres sean profundamente religiosos. Por tanto, si ella guardó con venerable piedad la lengua latina, tendrá sus motivos serios para ello.

¿Cuáles son éstos?
1. Ante todo, la Iglesia necesita una lengua universal, porque universal es ella; y para hacer patente por doquiera su unidad, necesita una lengua única, común a todos. En atención al desarrollo del comercio mundial se ha creado una lengua artificiosa, universal: el esperanto; ¡cuánto más necesaria es para la Iglesia Católica, que tiene fieles por todas partes, desde Groenlandia hasta el Cabo de Buena Esperanza, desde el Oriente hasta el Occidente!
Por otra parte, si la Iglesia universal necesita una lengua universal, es un consuelo para los pueblos pequeños, que la lengua de la Iglesia no sea ni el alemán, ni el francés, ni el inglés, sino el latín, que en la actualidad ya no es de ningún pueblo, y por lo mismo, no hiere la sensibilidad nacional de nadie. En este punto podríamos aducir un gran número de motivos sentimentales, que prueban el acierto con que procede la Iglesia. Veamos unos pocos casos. Un buque llega a América. Lleva emigrantes húngaros. Hombres de piel curtida, húngaros castizos de la región de Tisza, entran en la Babilonia del puerto americano… No conocen a nadie, no entienden una sola palabra… Con un sentimiento de amargura van y vienen por las calles desconocidas de la ingente metrópoli…, cuando un día se encuentran con una iglesia católica. Entran, y en seguida se sienten en casa… En casa, porque la lámpara del santuario brilla de la misma manera que allá lejos, en la pequeña aldea húngara, y el celebrante — inglés o español, o de otra nacionalidad cualquiera — canta el «Golria» de la misma manera, y los saluda con las mismas palabras que el viejo párroco allá en casa: «¡Dominus vobiscum! El Señor está con vosotros». ¡Qué oleadas de consuelo entran entonces en el corazón! ¡Sólo puede saberlo quien ha pasado mucho tiempo lejos, en el extranjero!…
Pero ¡qué satisfacción también para nosotros, sacerdotes, y qué prueba más contundente de la unidad de nuestra fe sacrosanta el ver que en cualquier punto del mundo, doquiera que vayamos, en todas partes, nuestra Misa es la misma! En cierta ocasión, yo viajaba por el Lago Maggiore, justamente cuando el pueblo de una pequeña isla, Isola Bella, celebraba la fiesta de su titular. El párroco me invitó a celebrar la Misa mayor. La iglesia estaba atestada de fieles italianos, y ni siquiera notaron que, entre los dos ministros italianos, un sacerdote húngaro celebraba la misa de fiesta.
De la misma manera, en una isla holandesa rodeaban el altar piadosos pescadores, y yo cantaba la Misa solemne. Y lo mismo en París, en la parroquia del XII distrito… En Chicago, los acólitos eran muchachos americanos, que no había visto en mi vida ; y todo iba con tanta precisión y ajuste como si me hubiesen ayudado durante años… Y podría aducir otros muchos ejemplos. Esta manifestación magnífica de la unidad, es uno de los motivo, por los cuales la Iglesia tiene apego a la liturgia unificada, a la lengua única, el latín.

2. Y no es este el motivo principal. Hay otro más profundo que aconseja este proceder a la Iglesia, y es: CONSERVAR LA PUREZA DE NUESTRA FE.
Supongamos, por ejemplo, que el Papa Silvestre II, al enviar la corona a San Esteban, le hubiese dado permiso de celebrar las funciones litúrgicas en húngaro. ¿Qué habrían hecho con este permiso los antiguos húngaros? ¡Qué apuro para ellos! ¿Cómo expresar en su idioma primitivo los pensamientos más difíciles de la filosofía y de la teología, aquellas sutilezas que muchas veces no son más que diferencias de matiz, pero que, en los dogmas, pueden tener una importancia suma?
Pero supongamos que se hubiese logrado expresarlo todo en la antigua lengua húngara de hace mil años. ¿Cómo estaríamos hoy? O tendríamos que usar las primitivas traducciones, y entonces todo el mundo se reiría durante la Misa, o habríamos de traducir continuamente, en consonancia con la evolución de la lengua, el texto de la Misa, y entonces habría tantas costumbres y tantos textos húngaros como iglesias. Este cambio continuo, ¿no sería en detrimento de la piedad? ¿No sacudiría la fe que tenemos en la invariabilidad de nuestra doctrina? ¿No quitaría a nuestro culto la fuerza y el encanto misterioso que le da justamente la pátina de la antigüedad?

3. Y llegamos al tercer pensamiento, a la tercera razón por la cual la Iglesia no quiere renunciar a la lengua latina. Y es: su antigüedad en la liturgia.
La Humanidad estuvo cegada durante cierto tiempo por la fiebre de la innovación. Había que innovar a toda costa. «Nada de lo antiguo es bueno, y todo lo nuevo trae la salvación», ésta era la divisa. Hoy día — después de amargos experimentos — ya estamos desengañados. Ya sabemos que «no todo lo que brilla es oro», y estamos convencidos, además, de que «no todo lo nuevo es bueno». Concedemos que el hombre no puede ser anticuado, que no es posible detenernos en las costumbres rancias de épocas pasadas; pero hacemos constar también que no podemos correr tan sin freno por los caminos de la innovación, que hayamos de echar por la borda tradiciones antiguas, que aun hoy día son valiosas.
El hombre de hoy va sabiendo apreciar de nuevo el pasado, y esto es un fenómeno alentador. Hay quienes se pavonean con la antigüedad de su prosapia. Guardamos con esmero la espada de gala, las alhajas de la familia, los retratos y .los muebles que nos vienen de nuestros antepasados. Hay millonario americano que darla un potosí para hacer remontar a cien o cincuenta años la antigüedad de su árbol genealógico.
Pues bien; la lengua latina de nuestras ceremonias tiene dos mil años. Supongamos por un momento que el gramófono existía hace ya cien años, y que de repente en el círculo familiar se oye la voz del bisabuelo o tatarabuelo. ¡Cómo se enturbiarían de pura emoción los ojos de los nietos! ¿Pues no hemos de sentir nosotros la misma emoción en las ceremonias de la santa Misa, en que llega a nuestros oídos la voz de nuestros mayores, cristianos de hace mil y dos mil años?
«CHRISTE, AUDI NOS, CHRISTE, EXAUDI NOS», «CRISTO, OYENOS…» ¿Quién pronunció estas palabras? Nuestros primeros mártires, al sentir en su cuerpo los zarpazos de fieras hambrientas, de fieras que tenían sed de sangre, allá en las arenas del circo romano, mientras el público aplaudía. «CHRISTE. AUDI NOS»
«DOMINUS VOBISCUM», «EL SEÑOR ESTA CON VOSOTROS». ¿Quién pronunció estas otras palabras? Nuestros mayores, los primeros mártires del cristianismo, cuando por la noche, en los corredores subterráneos de Roma, hincados de hinojos, rodeaban al Papa que celebraba la Misa y esperaban temblando el momento de ser acometidos por los verdugos que los perseguían…
¿Se puede renunciar con ligereza a esta preciosa herencia?
No ha mucho, en Alemania, hubo entre los no católicos un movimiento para suprimir de su culto las pocas palabras extranjeras que todavía quedaban, como, por ejemplo, «Aleluia», «Hosanna», «Kyrie eleison o Amén». ¿Cuál fué la solución? Un pastor protestante contestó…, entonando el panegírico del papado, por haber logrado extender por todo el mundo una lengua litúrgica común, y con todo, respetar los diferentes rasgos raciales. Aquel pastor protestante dijo textualmente: «La Misa en latín es un lazo que une a todos los católicos del mundo entero, mientras que nosotros, protestantes, al encontrarnos en un país cuya lengua desconocemos, nos sentimos extraños frente a las ceremonias de nuestra propia religión. El latín nunca debiera haber desaparecido de nuestro culto». «Osservatore Romano», 16 nov. 1927.
«Si lo observan los otros, nosotros tenemos motivo más que suficiente para estar orgullosos». Tihamer Toth: Los Diez Mandamientos, t. I, pp. 293-298.

El hecho de que la Iglesia Católica, para su Liturgia posea actualmente una lengua particular, el latín, ininteligible para quien no lo haya estudiado, no es un hecho insólito, raro o aislado. Nada de eso: todas las razas y pueblos han tenido y tienen su propia lengua litúrgica, y tan diversa de su lengua vulgar actual, que se requiere especial estudio para entenderlas: los coptos, por ejemplo, usan en su liturgia la lengua cóptica, pero tan diversa de la suya actual, que ha sido necesario traducir al árabe — lengua ahora vulgar en aquella región—: las rúbricas del misal, no ya para uso del pueblo menos instruido, sino de los mismos sacerdotes; algo parecido puede afirmarse de los griegos, de los sirios, caldeos, eslavos, armenios, etiópicos, etc. La lengua del Corán, el árabe clásico, en que está escrito este libro sagrado de los mahometanos, hace mucho tiempo que dejó de hablarse entre el pueblo. El Veda, de la India, a solos los Braemanes les está permitido leerlo, y a los ministros inferiores se les prohibe escuchar su lectura o hablar de él. Lo mismo que la lengua llamada Pali, lengua litúrgica de Ceilán, Maduré, de gran parte de Java y de la Indochina y de todo el Japón, hace muchos sigJos que dejó de hablarse… No hay que multiplicar más los ejemplos; es éste un fenómeno histórico, por otra parte muy natural y obvio: el escrupuloso cuidado y la sagrada veneración con que se aprenden de coro y se guardan y heredan de generación en generación las fórmulas, plegarias, ritos y ceremonias religiosas no permiten los cambios y alteraciones que producen la inestabilidad y evoluciones filológicas de las lenguas vivas modernas.

LA PRIMERA MISA DE N. S. J. C. tuvo su oblación u Ofertorio en la ULTIMA CENA; y su inmolación o Consagración dilatóse a través de toda la Pasión, consumándose, por fin, en el Calvario con la muerte de la VICTIMA en la Cruz.
En tiempo de N. S. J. C. se comía al estilo griego y romano, es decir, echados o reclinados sobre el costado izquierdo en lechos o divanes, muy parecidos a nuestros canapés, y que solían recibir tres, cuatro y aun cinco comensales; la mesa, generalmente cuadrada, era, por lo tanto, más baja que las nuestras. Todo parece indicar que Jesús, Pedro y Juan pertenecían al mismo lecho: Jesús, en el medio y apoyado en el codo izquierdo, tenía delante de sí a S. Juan y detrás a S. Pedro. Así se explican satisfactoriamente algunos detalles interesantísimos de la ULTIMA CENA. El lugar más honorífico era el lectus medius, y en éste, el puesto de honor destinado al convidado más distinguido, era el locus medius.

(Cf. LAURAND : Manual de Est. Grieg. y Lat,, I, 51 y IV, 125).
Antonio Rubinos S.J.
CATECISMO HISTORICO-LITURGICO DE LA MISA