LA CONFESIÓN GENERAL
CONFESIÓN GENERAL
D.—¿Es necesaria la confesión general?
D.—¿ Cuándo es necesaria?
D.— ¿Y cuándo son sacrilegas y cuándo nulas?
D.—Tenga la bondad de explicarme con ejemplos todas estas cosas.
D.—¡Por Dios!
D.—Padre, ¿estos tales son pocos o son muchos?
Cierto día, estando la santa en oración, fue arrebatada en éxtasis, durante el cual vio en medio del infierno un palacio todo de fuego, y oyó una voz que le dijo: «Inés, este palacio es de tu bienhechor, y cuanto antes vendrá a habitarlo». Vuelta en sí Inés muy asombrada mandó llamar a aquel señor que viniese a verla. Vino, en efecto, contóle la santa la espantosa visión que había tenido. Aquel señor tembló, palideció y como desvanecido, declaró sinceramente que hacía como treinta años que se confesaba mal, a causa de haber permanecido siempre voluntariamente en ocasión próxima de pecado. Entonces la santa lo animó a hacer una buena confesión general. Obedeció aquel señor y he aquí, que Inés, tuvo luego otra visión en la que vio aquel palacio en el Paraíso, y oyó la misma voz que le decía : «bien pronto vendrá tu bienhechor a habitarlo».
M.—En este caso expónganse al confesor las dudas que se tengan, y sígase su resolución.
D.—Gracias, Padre; y ahora dígame: ¿para quiénes será útil la confesión general?
D.—¿Cuándo, Padre, puede intervenir el pecado en el matrimonio?
M.—1. Cuando se prolonga mucho el noviazgo.
2. Cuando se permiten los novios ciertas libertades en sus conversaciones y en sus tratos.
D.—Padre ¿cuál es el tiempo más propicio para hacer una confesión general?
Quien piensa disponer de tiempo (para su conversión), no se demore, dice el proverbio.
D.—¿Y se deben escribir los pecados para mejor recordarlos?
—¿Qué te pasa, Jaimito? ¿estás enfermo? ¿tienes algún disgusto? ¿te han pegado?
Mas Jaimitos pensando que no había sido comprendido, se explicó diciendo:
—¡He perdido el cuaderno en que los tenía escritos!
Entonces, D. Bosco, sacando del bolsillo el gran secreto, le dice:
—Está tranquilo, querido, que tus pecados han caído en buenas manos; ¡ élos aquí!
Al verlos el pobrecito se sosegó y sonriendo añadió:
D.—Entonces, pues, cuando el confesor no permite la confesión general, ¿debe ser obedecido ?
Un hecho semejante lo refiere Cesáreo, Obispo de Arles. Era cierto estudiante de París, el cual, habiendo sido gran pecador, pero queriéndose convertir de veras y a toda costa, fue a hacer confesión general con un buen confesor de la Orden Cisterciense. Mas no pudiendo declarar sus pecados, por la abundancia de lágrimas y suspiros, el confesor le exhortó a que los escribiese en un papel, lo que el joven hizo de muy buena gana. Púsose luego el confesor a leerlos y encontró allí casos tan enormes, y complicados que no se atrevió a resolverlos por sí mismo, por lo que pidió y obtuvo del penitente la licencia necesaria para consultar acerca de ellos con el Superior. Mas cuando el Abad tomó aquel papel para leerlo, al punto exclamó: «Pero, ¿qué cosa he de leer si no hay nada escrito?» —En efecto, Dios milagrosamente había borrado del papel todos los pecados de aquel joven, así como los había también borrado de su alma.
D.—Gracias, Padre, lo he entendido todo muy bien, y le agradezco cordialmente su doctrina; la estamparé en mi corazón.
CONFESAOS BIEN
LA CRITICA DEL BORGHESE DE LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA


El volumen denuncia la existencia de una verdadera y propia «mafia internacional», que ha sabido infiltrarse en los sectores vitales del Vaticano, para condicionar sus decisiones y para imponer el viraje hacia la izquierda, en Europa, lo mismo que en el Continente latinoamericano. El caso de Chile es sintomático: «La democracia cristiana, un fuerte partido de fachada cristiana y fondo comunista, ha abierto las puertas al marxismo. . . La victoria de Salvador Allende se debe, en gran parte, a los grupos activistas de los eclesiásticos, cuya actitud está inspirada en los documentos redactados en Medellín, durante la segunda Asamblea General del (CELAM, inaugurada por Paulo VI… Esta ha sido, pues, la victoria del Papa Montini, de su dialéctica, de sus compromisos con los organismos internacionales de la mafia Sionista.

Al advenimiento de Paulo VI, Mons. Tondi y su concubina, volvieron a Roma; él se instaló en el Vaticano en calidad de empleado civil; ella fue elevada a muy altas funciones del Partido Comunista. Pronto, Paulo VI, sin ninguna retractación ni reparación, y confesando Tondi que aún guardaba la Cédula del Partido Comunista, legitimó su matrimonio civil por «sanatio in rádice», es decir, sin necesidad de tener que presentarse ante ningún sacerdote. (C.F. «Aurore», del 12 de Marzo de 1965).
¿Había abjurado de su ateísmo la ex secretaria de Togliatti? Para nada. Cuando murió, en 1979, su sepelio dio lugar a una enorme manifestación del Partido Comunista, como si se tratase del mismísimo Togliatti o de Enrico Berlinguer. Sobrevenido Wojtyla, alias besacoranes o también Juan Pablo II, se perdió por un tiempo el rastro de este individuo, cuando súbitamente, aparece en el primer plano de las noticias religiosas. La prensa italiana hace saber que Mons. A. Tondi, pide al Cardenal Seper, en Octubre de 1980, ser reintegrado al sacerdocio. Y, en diciembre de 1980, el besacoranes Juan Pablo II, lo reintegró al Sacerdocio sin condiciones. Y quizá para honrar su anterior actividad como profesor de ateísmo, fue designado prelado de honor… No abundan los espías conocidos en la historia de la Santa Sede; seguramente ninguno de ellos tuvo la insólita fortuna de Alighiero Tondi.
Con gran estupor, han visto católicos a Mons. A. Tondi decir misa en público, la misa del Ordo-Bugnini, claro está; pero sin casulla y adornado con mil caprichos
El intrépido Cardenal, en 1956, después de 7 años de dura cárcel, no había cesado un solo momento de pedir a Dios y dar valor a los que afuera combatían por la liberación de su patria y de la Iglesia. Pero hoy se ha visto obligado por un mandato que él no podía desobedecer, a ceder al fin en su simbólica resistencia, en el XV aniversario de una revolución gloriosa, aunque no victoriosa, contra la esclavitud intolerable del comunismo ateo. ¡Quince años de refugiado en la Embajada Americana!
¡»Romanos! ¡Amados hijos e hijas!:
La condenación lanzada, contra la unánime reprobación del mundo civilizado en las riberas del Danubio, a un eminente cardenal de la Santa Romana Iglesia, ha provocado en las riberas del Tíber, un grito de indignación de la Urbe. Pero el hecho de que un régimen enemigo a la religión haya golpeado esta vez a un príncipe de la Iglesia, venerado por la inmensa mayoría de su pueblo, no es un caso insólito; es tan solo un eslabón de una larga cadena de persecuciones que algunos Estados dictatoriales han desatado contra la doctrina y la vida cristiana. Una nota
—Una Iglesia que calla cuando debe hablar;
¿Podemos Nos callar cuando en una nación se trata de separar con la violencia o con la astucia del centro de la Cristiandad, de Roma, a la Iglesia que le está unida; cuando se encarcelan a todos los obispos grecocatólicos, por el único crimen de negarse a apostatar de su fe; cuando se persiguen o se encarcelan a sacerdotes y a fieles porque se rehusan a separarse de su verdadera madre la Iglesia?
¿Puede el Papa callar, cuando se llega al punto de encarcelar a un sacerdote, reo de no haber querido violar el más sagrado e inviolable de los secretos, el secreto de la confesión sacramental?
¿CISMA O FE?
LA PSICASTENIA. POR MONS. DERISI ( Y 2/2)
La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. III (II de II)
Gentileza de En Gloria y Majetad
3) Aplicación de la teoría psicasténica a los fenómenos de la obsesión
Aplicando esta teoría de Janet a los fenómenos de la obsesión, antes descriptos, encontramos una explicación suficiente de su constitución y manifestación. De ahí su valor científico: se verifica y explica los hechos.
Según esta teoría de la psicastenia, los fenómenos de la obsesión no son sino la manifestación de un estado de depresión general de la tensión psíquica que los determina y en que reside la esencia del mal. Semejante descenso de la fuerza anímica trae como consecuencia inmediata un desequilibrio o desnivel entre la intensidad de la actividad psíquica y la exigida por determinados actos colocados en los primeros puestos de la jerarquía de Janet. Es decir, que en el sujeto enfermo la fuerza anímica se encuentra por debajo del nivel requerido para la resolución y adaptación de ciertas situaciones, morales sobre todo. En circunstancias excepcionales, según dijimos, el desequilibrio podría estar causado no precisamente por el descenso de la tensión, sino por la dificultad extraordinaria y desmedida del acto, que exigiría una intensidad de la actividad psíquica superior a la común. Pero tales casos son pasajeros y no constituyen en modo alguno un caso anormal propiamente tal. Es lo que ocurre a veces con personas de normal tensión psíquica, que al principio de su vida espiritual, cuando quieren escalar de inmediato las cimas de la santidad heroica, experimentan transitoriamente los escrúpulos. Tal es el caso de algunos santos (S. Ignacio, por ejemplo, S. Agustín, Sta. Teresita del Niño Jesús) y de muchas almas al comienzo de su conversión. Que sea la situación y no la tensión lo anormal, lo demuestra el futuro de esas vidas, enteramente equilibradas una vez desaparecida la causa extraordinaria que dificultaba sobremanera su acomodación justa a la situación real y que provocaba el desequilibrio consiguiente de la tensión normal frente a ella, cosa que dista de suceder cuando la causa del mal radica en el descenso de la intensidad de la actividad psicológica misma.
Ordinariamente el desequilibrio entre la tensión y la situación real a que debe adaptarse y enfrentar el escrupuloso, tiene su raíz en la depresión de la propia actividad, bien que en no pocos casos, por no decir casi siempre, no llega a un grado tal que constituya una anormalidad propiamente tal.
La depresión de la tensión psíquica es el hecho fundamental del estado psicasténico, que determina inmediatamente el desequilibrio del sujeto frente a la situación real con la consiguiente incapacidad o dificultad máxima de asimilarla y ajustarse a ella con objetividad, precisión y firmeza.
Por eso, producida la depresión, inmediatamente van desapareciendo o dificultándose en el enfermo todas aquellas funciones de coordinación con la realidad, de acuerdo al orden jerárquico de intensidad psicológica por ellas exigida, comenzando por las que se refieren a la realidad más compleja y que más intensamente le afectan. De este decrecimiento de la tensión nace en el enfermo —mediante el desequilibrio y consiguiente falta de adaptación a la vida práctica, moral sobre todo, porque más difícil— esa su indecisión frente a los hechos, que a las veces puede degenerar en abulia; de ahí también ese no saber aplicar los principios morales generales a cada situación concreta, sin poder eliminar los hechos que evidentemente no entran dentro de las exigencias de aquéllos, con la consiguiente incrustación en la conciencia de la idea obsesionante; de ahí esa falta de memoria, esos «eclipses mentales» de la rememoración, amnesias y obscurecimientos de los recuerdos referentes a los hechos reales, ese obscurecimiento de las normas y de su alcance justo, precisamente en los momentos en que más las necesita para resolver la situación presente; de ahí esa turbación cuando ha de obrar, principalmente en público o decididamente, y más todavía si de dicha decisión depende un asunto de relativa importancia, por carecer de la visión precisa de la realidad y del modo de ensamblarse con ella, en un orden moral sobre todo. Por eso también se explica que los escrúpulos aparezcan precisamente en momentos de la vida, en que el horizonte moral se extiende y abarca una realidad más compleja con nuevos y más difíciles problemas (así, v. gr.: en la pubertad), o en que se agudiza la delicadeza de la conciencia moral y se aplica a situaciones a las que antes poca atención se prestaba (así, v. gr.: en la primera confesión o en la confesión de unos ejercicios, en los que se ha ahondado y afirmado en el sentido de la vida cristiana), o en otras circunstancias excepcionales en las que hay que decidir la adaptación de nuestra vida, no ya a una situación presente y transitoria, sino a todo un estado general de cosas de repercusión duradera para toda nuestra existencia temporal y aun eterna (así, por ejemplo, en la elección de estado: sucederá entonces, que llegado el momento decisivo de tomarlo, quien nunca dudó de su vocación durante años, comience a dudar y a turbarse con escrúpulos de todo género).
En el primer estadio de la depresión la enfermedad se manifiesta, pues, por la desaparición de lo que podemos llamar la «función de lo real«, —de lo real en lo que el paciente está interesado, ante todo—que Janet coloca, según vimos más arriba, en el grado superior de la escala, y que en realidad no es un acto simple sino que encierra varios actos jerarquizados entre sí. Esto explica también porqué el escrupuloso, que no es capaz de eliminar su propia duda, su idea obsesionante, cuando el grado de su depresión no es muy grande, puede ser —y suele serlo, dada su capacidad intelectual y virtud moral— un excelente director de conciencia, incluso de escrupulosos; pues su inteligencia que llega a ver claro en hechos y circunstancias reales que no le afectan a él directamente y conserva una penetración no común en los dominios de la especulación, sólo se entenebrece cuando trata de resolver sus propias cuestiones, prácticas principalmente y morales ante todo. Sólo un descenso más profundo de la tensión podría llevar la perturbación hasta no saber discernir y no poder adaptar a otro en su función práctica o alcanzar a la misma contemplación teorética de la inteligencia.
Natural también que al carecer las facultades de enfermo de la coordinación con lo real, de «la presentificación del hecho«, a causa de la depresión psíquica, desaparezca ipso facto el sentimiento de satisfacción completa, que sigue a esa asimilación y adaptación a lo real por la comprehensión de la inteligencia y decisión de la voluntad y experimente el paciente los sentimientos de «incompletez«, de «inacabamiento«, que tan despiadadamente lo torturan y traen en desazón.
Todos los fenómenos hasta aquí enumerados comprendidos en la privación de la «función de la real«: falta de visión de la realidad en toda su complejidad, falta de decisión frente a ella, falta de adaptación al hecho, etc., son, por eso, losfenómenos directos secundarios del estado psicasténico (hecho fundamental) y son explicados directamente por la teoría de la psicastenia o depresión: su desaparición o entorpecimiento sucesivo y progresivo está determinado directamente por una insuficiencia de realización por parte de la actividad psíquica causada por el descenso de su tensión.
Pero hemos visto en la exposición de los fenómenos de la obsesión cómo este estado está acompañado por agitaciones mentales, emotivas y motrices, tanto sistematizadas como difusas. Todas ellas se explican también en esta teoría, pero como fenómenos secundarios derivados, es decir, indirectamente provocados por la depresión.Sucede con la energía psicológica algo análogo a lo que acaece con la energía física. La corriente de agua que no puede sobrepasar el nivel de un dique de contención, tiene fuerza para chocar contra él con grande estrépito y con movimientos en innumerables sentidos, desbordándose en todas direcciones donde encuentre un nivel inferior al suyo. La corriente eléctrica que no tiene suficiente intensidad para enrojecer un filamento, la tiene para producir un gran estrépito haciendo sonar, por ejemplo, una multitud de timbres. Del mismo modo, supuesta la depresión psíquica y el consiguiente desequilibrio entre ella y la acción por poner, la actividad vital, al chocar inútilmente con el acto cuyo nivel está sobre el suyo, se desborda, y a veces estrepitosamente, hacia fenómenos psíquicos inferiores inútiles, que requieren menor intensidad psicológica. Es lo que se llama en psicología el fenómeno de la derivación de la energía, así dispuesta por el Autor de la naturaleza para descargar una fuerza vital acumulada y evitar con ello los trastornos que, de no suceder así, sobrevendrían a la psique y al sistema nervioso. Conocido, por lo vulgar, es el ejemplo de cómo la consideración de una gran desgracia, que podría llevar a serias perturbaciones mentales si se fijase en la mente del paciente, se descarga derivándose en sollozos y lágrimas, es decir, en actos psicológicos inferiores inútiles. Otro tanto nos acontece en la vida diaria, cuando por la complejidad de la situación real la tensión queda por debajo de ella e insuficiente para realizar los actos adecuados y convenientes a dicha situación, la energía psíquica se desborda en movimientos inútiles de las manos y del cuerpo y de nuestra sangre (nos enrojece el rostro). La derivación de la energía es la natural válvula de escape, de «desahogo», con que el Creador nos libra de los daños consiguientes a una excesiva concentración psíquica y fisiológica.
Es cabalmente lo que acontece en nuestro enfermo, según la teoría de la psicastenia. Las fuerzas psíquicas al intentar un acto que exigiría un nivel de tensión superior al suyo y chocar inútilmente contra él, v. gr.: al no poder desalojar la duda que atormenta al paciente, se vuelcan hacia actos que están por debajo de su nivel, se aplican a ideas, emociones y movimientos inútiles, que nada tienen que ver con la realidad presente, y de este modo aparecen en la conciencia, primeramente las manías, las fobias, los tics (agitaciones intelectuales, emotivas y motrices sistematizadas), que con la acentuación de la depresión se acumulan y sobreponen, trocándose en rumiaciones mentales, angustias y semi-convulsiones (agitaciones intelectuales, emotivas y motricesdifusas). Toda la serie de fenómenos inútiles de orden intelectivo, emotivo y motor observados en el escrupuloso no son sino la derivación de un esfuerzo frustrado en dirección de la acomodación del sujeto a lo real. No alcanzado el fin del esfuerzo a causa del desnivel entre la tensión psíquica y el objeto intentado, la actividad psicológica se descarga aplicándose a actos que están por debajo de su tensión, y con el descenso de ésta a actos cada vez más inferiores. Todos los actos inútiles realizados por nuestro enfermo son, pues, el resultado de un esfuerzo fallido en cuanto a su objeto y desviado por la misma naturaleza hacia otra actividad más fácil a fin de evitar la concentración psíquica: son un simple fenómeno de derivación de la energía.
Como ha podido apreciarse a través de estas páginas, la teoría de Janet nos ofrece una explicación suficientemente clara tanto de la aparición de la idea obsesionante, como de los demás fenómenos de esta enfermedad: aquélla, enquistada en la síntesis mental por insuficiencia de la tensión para ver el alcance y aplicación precisa de los principios morales en el caso real presente y para decidirse a eliminarla; éstos, como hechos provocados por la derivación de la energía, determinada a su vez por la misma depresión psíquica. A la verdad, a la luz de esta teoría psicasténica comprendemos que ni la idea obsesionante como tal, ni los demás fenómenos anormales de la obsesión constituyen la esencia propiamente tal de la enfermedad, sino que son las manifestaciones tan sólo de un mal más profundo, fuente de donde ellas dimanan provocadas directa o indirectamente (por derivación de la energía): la falta de suficiente tensión, la depresión de la fuerza psíquica.
Preciosa conclusión, que hace vislumbrar y nos orienta en el camino de la terapéutica de esta dolorosa enfermedad.
DOCUMENTOS BÍBLICOS DEL SIGLO II AL AÑO 1549
DOCUMENTOS BÍBLICOS DEL SIGLO II AL AÑO 1549
3°. Los que se pueden leer en privado, pero no conviene leer en la Iglesia (el Pastor de Hermas); y
LA PSICASTENIA. POR MONS. DERISI (1/2)
Pensamos que este opúsculo puede ser una buena ayuda tanto para los fieles que son muy escrupulosos, como para sus confesores.
La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. IV (I de II)
CAPITULO IV
LA TERAPEUTICA DE LOS ESCRUPULOS
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Gentileza de en Gloria y Majestad
Si el escrúpulo está engendrado por un desequilibrio entre la tensión psíquica y la situación real moral a la que es preciso ajustarse, determinado por la depresión de aquélla, su curación consistirá esencialmente en la reconquista de ese perdido equilibrio, 1) disminuyendo la dificultad del acto por ejecutar mediante la simplificación de la situación moral y 2) elevando la intensidad de la fuerza anímica por remedios materiales y sobre todo psicológico-morales. Pero antes nos es indispensable decir dos palabras sobre el modo de proceder del director espiritual o confesor con el enfermo.
1) Conducta que debe observar el director con el enfermo
Es indispensable para su curación que el enfermo comience por elegirse un director fijo. Si para la vida espiritual ello es medio útil, para el caso del escrupuloso es un medionecesario. El cambio frecuente de director o confesor sólo contribuiría a agravar su dolencia, ya que, por una parte, la aplicación de los medios terapéuticos adecuados al enfermo solamente se pueden comenzar a emplear a fondo cuando el director ha llegado a la comprensión exacta del estado del paciente, y por otra, su eficacia depende de una constante y firme aplicación sin claudicaciones desastrosas para éste.
El enfermo deberá buscarse, pues, un director, que por su ciencia y virtud le merezcaplena confianza, y una vez haber dado con él, atenerse ciegamente a sus prescripciones. Toda duda o titubeo sobre la capacidad directora de su confesor comprometería por adelantado la eficacia y la presteza de su curación.
El director a su vez, deberá asentar su autoridad moral en el enfermo sobre el fundamento de su sabiduría, santidad y prudencia. Una vez cerciorado de que realmente se trata de un obseso, y no de una persona timorata y delicada de conciencia tan sólo, deberá poner en práctica la norma que para tales casos propusiera San Alfonso de Ligorio hace más de dos siglos basada sobre los principios más sólidos de la moral y a la vez en la experiencia psicológica más aguda: «Con esta clase de penitentes, el confesor sea paciente,benigno y firme«. El olvido de una de estas condiciones (vg., una excesiva bondad sin firmeza, o una excesiva firmeza sin bondad) serían fatales para el pobre enfermo.
Ha de ser, pues, ante todo paciente y benigno con la exposición interminable, intrincada y casi ininteligible de los casos de conciencia del enfermo (sobre todo al comienzo, hasta formarse una idea clara de su situación), no ha de mostrarse enfadado con las cavilaciones que le someterá a su juicio a cada momento su dirigido, así como tampoco con la insistencia sobre asuntos ya resueltos y con sus frecuentes e intempestivas visitas y consultas. Demasiado tiene que sufrir el pobre con su cruz, y una muestra de fastidio no haría sino amilanar más un ánimo ya deprimido. Hemos visto que, según el desnivel, la obsesión abarcará zonas más o menos grandes; y de hecho el escrúpulo se presenta a veces localizado en uno o varios puntos y sólo en casos más avanzados se extiende a todas las manifestaciones de la vida moral. Lo mismo acaecerá con los actos secundarios derivados, cuya aparición y desarrollo estarán en razón inversa con el nivel de la tensión. Todo esto deberá ir observando el director para formarse un juicio cabal del estado real de su dirigido. Como en las demás partes de la medicina, también en ésta y más que en aquélla vale el dicho de que «no existen enfermedades, sino enfermos«.
El escrupuloso, según dijimos más arriba, suele ser una persona inteligente y por eso mismo sensible. La enfermedad no ha hecho sino ensombrecer la paz y la alegría de su alma, sumergirla en una tristeza deprimente y agudizar su sensibilidad. Si la dureza no haría sino zaherirlo y desesperarlo, la afabilidad, en cambio, le dará más confianza en su director, le hará comprender mejor la norma de conducta por él dictada y, lo animará a abrazarse con fidelidad a ella y abrirá su corazón a la esperanza y la pre-dispondrá a la paz. La benignidad del confesor más fácilmente hará renacer en su alma la confianza en Dios y suavizará la aspereza y lo arduo de su vida, descargará un tanto el peso enorme de sus angustias y dolores. Dado el estado de postración y la delicada sensibilidad de estas almas, una muestra de fastidio o de impaciencia del director podría traer consigo la desesperación y el consiguiente derrumbe moral del enfermo.
Junto con la suavidad, el enfermo necesita la firmeza de su confesor. Ha de tener éste mano paternal: suave y fuerte a la vez. Deberá dar normas precisas, según diremos enseguida, que no permitirá discutir y cuyo cumplimiento deberá exigir. ¡Ay del confesor que admite la discusión y «peros» del escrupuloso y pretende darle razón de sus normas! Por eso no deberá transigir jamás que su penitente le discuta sus directivas, porque, a más de que es difícil convencerlo con argumentos, que su mismo estado de conciencia no le permite ver, se expone a quedarse sin respuesta y a ser arrollado por la fuerza dialéctica de su improvisado adversario. Fuera de que la fundamentación de tales normas implica una complejidad en las mismas, que el estado del paciente no puede asimilar en la vida práctica y se constituirán en otros tantos focos de obsesión. Por eso, es mejor ahorrarse toda explicación y ser categórico en sus respuestas. No vaya a titubear o a dudar cuando expone al paciente el modo de obrar que debe seguir, porque inmediatamente el enfermo pondría en tela de juicio su ciencia o su seguridad y correría el riesgo de perder su autoridad y la eficacia de su dirección: la duda se localizaría fácilmente en la competencia y sabiduría del director y anularía e impediría en su misma fuente los remedios dados para su curación. Para, ello es menester, naturalmente, haberse ganado la confianza del penitente por la autoridad de la ciencia, de la virtud y de la prudencia. En general, convendrá para lograrlo que hable claro, seguro y breve en cuanto a la norma. Lo restante de la dirección lo empleará con más provecho abriendo ese corazón a la confianza en Dios.
Una vez dada la norma precisa de su vida —que expondremos— y repetida varias veces cuando el enfermo vuelva a consultarlo sobre su extensión y valor, el director deberá exigir a su penitente que resuelva por sí mismo su duda, que pase por encima de ella y de sus angustias sin consultarle en cada caso. Con más razón todavía deberá ser firme en cuanto a no admitirlo a la confesión, fuera de la semanal y del caso en que el enfermo esté realmente cierto de haber cometido un pecado mortal. Aunque el enfermo le suplique y llore de angustia para que lo confiese, aunque para ello le afirme que él cree haber pecado gravemente, el confesor deberá ser lo suficientemente fuerte para no consentir en ello. Sería caridad mal entendida conmoverse ante tal situación y solucionar al paciente en cada caso sus dudas y darle la absolución en cada supuesto pecado mortal. Con semejante conducta el confesor, lejos de estimular, anulará los esfuerzos del penitente, los cuales le permitirían la cicatrización de su mal. Solventar su situación en cada caso, admitirlo en cada duda a la confesión, equivaldría a dar agua al hidrópico. Con ese procedimiento el mal del enfermo no hará sino agravarse y las exigencias de la idea invasora se extenderán más y más y serán cada día más tiránicas. Si el confesor no se siente con fuerzas suficientes para esta actitud, mejor es que deje a otras manos más firmes el timón de esa alma; su compasión mal entendida no haría sino dañarla en lugar de curarla. Naturalmente que esta intransigencia firme del director debe ir revestida siempre de bondad, haciendo comprender al enfermo que es precisamente para su bien que así se procede.
UNA PREGUNTA FRECUENTE
UNA PREGUNTA FRECUENTE
+ Mons. Donald Sanborn.
Nota de sededelasabiduría. El texto en rojo no pertenece al original de mons. Donald Sanborn y ha sido añadido por nosotros a la luz de las últimas prácticas de la FSSPX y de las pertinaces declaraciones de la «Resistencia».
La gente me pregunta de vez en cuando si está permitido confesarse con un sacerdote del Novus Ordo válidamente ordenado [ N. R.: es decir, ordenado antes de 1969].
Hay sacerdotes tradicionalistas, incluso sedevacantistas, que responden afirmativamente a esta pregunta. Lo permiten en caso de necesidad. Argumentan que un sacerdote del Novus Ordo, no estando excomulgado y no perteneciendo a una secta no católica, la Ley Canónica admite que podría acercarse a los sacramentos.
La posición de los sacerdotes del Seminario de la Santísima Trinidad es que uno no se puede acercar a un sacerdote Novus Ordo válidamente ordenado para confesarse, excepto en peligro de muerte.
Las razones son varias. La más importante es que daría crédito al Novus Ordo, que como he señalado muchas veces es una nueva religión substancialmente diferente a la Fe Católica. El hecho de que el sacerdote Novus Ordo no esté oficialmente excomulgado no tiene nada que ver, puesto que como dije en mi último boletín, vivimos en un momento en el que los procesos normales para el enjuiciamiento de la herejía se han venido abajo. El veneno del modernismo ha infectado la jerarquía de arriba abajo y consecuentemente es el catolicismo el que es perseguido como un crimen y la herejía protegida.
Por esta razón, en el orden práctico tratamos al Novus Ordo como una religión no-católica, tratamos a los seguidores de la religión del Novus Ordo como personas pertenecientes a una religión no-católica. Esto es así, aunque su adhesión fuera de buena fe. También hay muchos seguidores del Novus Ordo que verdaderamente detestan las reformas del Vaticano II, pero continúan adheridos a éstas porque consideran dichas reformas como provenientes de la jerarquía católica. En consecuencia invocan el verdadero principio católico de que la jerarquía católica no puede enseñar falsas doctrinas o promulgar leyes cuya observancia es pecaminosa. Concluyen pues que están obligados, les guste o no, a aceptar obedientemente todo lo que se ha hecho desde el Vaticano II. No obstante ello los lleva a vivir agónicamente puesto que son conscientes, día sí y otro también, de las constantes contradicciones que existen entre el catolicismo previo al Vaticano II y las reformas del Vaticano II.
Alguien del Novus Ordo que quiera volver a la Fe Católica debe pues rechazar el Vaticano II y sus reformas antes de poder recibir los sacramentos por parte nuestra. Esto es así, aunque consideremos que no haya que levantar ninguna excomunión, ya que el Concilio Vaticano II, la Nueva Misa, los nuevos sacramentos y la nueva disciplina no han sido nunca oficialmente condenados. Es verdad que éstos constituyen una desviación sustancial respecto de la doctrina tradicional, de la Misa, de los sacramentos y de la disciplina, pero nunca han sido condenados como tales.
Uno no puede alegar que por el hecho de no haber sido nunca censurado un sacerdote del Novus Ordo pueda por este motivo acercarse a él para recibir los sacramentos. Porque en tal caso lógicamente tendríamos que aceptar la religión del Novus Ordo en su totalidad, por no haber sido oficialmente censurada o condenada.
El Novus Ordo tiene toda la parafernalia de una secta no católica. Es una religión organizada con sus propias doctrinas, su propia liturgia, sus propias leyes y su propia disciplina. Lo único que no ha hecho es separarse de las instituciones católicas.
Han secuestrado dichas instituciones y las usan para un fin perverso. (I)
El conservador del Novus Ordo ve solamente la continuidad de la institución -la sucesión de “papas” y “obispos” en lugares ocupados anteriormente por la jerarquía católica- y por esta razón asume que debe haber continuidad en la religión de esta institución. Y no la hay.
Concluyo pues, que un católico no puede acercarse a un sacerdote Novus Ordo para confesarse o recibir cualquier otro sacramento, aunque estuviera válidamente ordenado, por la mera razón de que estaría dando su aprobación y credibilidad a una religión no católica; esto es contrario al Primer Mandamiento de la Ley de Dios.
¿Qué decir sobre confesarse con un sacerdote de la Fraternidad de San Pío X?
Se aplica el mismo principio. Si bien la FSSPX no es lo mismo que el Novus Ordo, sin embargo, es una organización que promueve ideas y principios no católicos.
- Primero: Aspiran y esperan ser reincorporados a la religión del Novus Ordo y durante los últimos cuarenta años han ido dando pasos hacia esa dirección. Además, profesan estar en comunión con la jerarquía modernista.
- Segundo: No rechazan el Vaticano II y están dispuestos a aceptarlo según su particular interpretación, que no es la de la persona que ellos consideran papa. [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Tercero: Profesan una noción herética sobre el magisterio ordinario universal de la Iglesia, sosteniendo que no es infalible a menos de que sea ratificado por los laicos cuando lo crean concordante con la tradición. (2) [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Cuarto, Ejercen un apostolado que es una desobediencia sistemática y mundial a la persona que dicen que es el papa, cayendo así en un espíritu de cisma. (3)(4) [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Quinto: Dicen tener tribunales matrimoniales, con autoridad para anular matrimonios, y esto a pesar de haber sido suprimidos por la persona que dicen que es el papa [ Lo cual es un pecado y delito de cisma capital].
- [ Nota: Añadimos la siguiente razón: En el presente bastantes «sacerdotes» novus ordo que no han sido ordenados válidamente se han incorporado a la red de la Fraternidad, la cual se niega a ordenarlos sub conditione, siendo el resultado que, en realidad, siguen siendo seglares sin ningún poder de conferir sacramentos]
Por estas y otras razones uno no debe acercarse a ellos [ Fraternidad y falsa resistencia] en busca de los sacramentos, ya que:
- Supone aprobar y dar credibilidad a una organización que dice estar en comunión con la jerarquía modernista y a la vez está imbuida de un espíritu de cisma debido a la postura de reconocer y resistir, esto es, reconocen a Bergoglio como papa pero hacen como si no existiera. Esta posición no es católica.
- Supone escandalizar a alguien que profese la Fe Católica.
- Existe el peligro de corrupción, ya que aquellos que frecuenten los sacerdotes de la FSSPX pueden ser influenciados por sus ideas.
En buena conciencia. A pesar de estos problemas intrínsecos de la FSSPX, los cuales son graves, debe afirmarse que sus seguidores lo están en buena conciencia. Están en este grupo o frecuentan sus misas porque encuentran aborrecibles los cambios del Vaticano II, y se les dijo, en última instancia por parte de monseñor Lefebvre, que reconociendo y resistiendo juntamente, a la vez que tamizando el magisterio para hallar qué hay de católico es la manera más apropiada para luchar contra la herejía modernista.
+ Mons. Donald Sanborn.
https://inveritateblog.com/2018/03/27/a-frequently-asked-question/#more-416
Notas a pie de página:
(I) Por esta razón rechazo la expresión “Iglesia del Novus Ordo”, ya que los modernistas no se han organizado en una nueva iglesia, sino que tratan de usar las estructuras del catolicismo para esparcir sus errores.
(2) Papa Pío IX: Porque aunque se tratara de aquella sujeción que debe prestarse mediante un acto de fe divina; no habría, sin embargo, que limitarla a las materias que han sido definidas por decretos expresos de los Concilios ecuménicos o de los Romanos Pontífices y de esta Sede, sino que habría también de extenderse a las que se enseñan como divinamente reveladas por el magisterio ordinario de toda la Iglesia extendida por el orbe y, por ende, con universal y constante consentimiento son consideradas por los teólogos católicos como pertenecientes a la fe. (Carta Tuas Libenter, 21 de diciembre de 1863).
(3) El Concilio Vaticano de 1870 bajo el Papa Pío IX: Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación.
(4) Papa Pío IX: La Iglesia Católica siempre ha considerado cismáticos a todos aquellos que obstinadamente resisten la autoridad de sus legítimos prelados, especialmente al Supremo Pastor de todos, y cualquiera que rechace ejecutar las órdenes o reconocer su autoridad. A los miembros de la facción armenia de Constantinopla, siguiendo esta línea de conducta, nadie bajo ningún pretexto podrá considerarlos inocentes del pecado de cisma, aunque no hubiesen sido condenados como tales por la autoridad apostólica. (Encíclica Quartus supra dirigida a los armenios, 6 de enero de 1873) [El subrayado es nuestro]
MONJE BUDISTA ASEGURA: «VI A GAUTAMA BUDA EN EL INFIERNO»
Hace aproximadamente un mes, justo antes de Pascua, Bergoglio concedió una entrevista a Eugenio Scalfari, el nonagenario periodista ateo y amigo de Bergoglio. En 2015 ya concedió otra entrevista a Scalfari en la cual negó la existencia del infierno, afirmando que la gente mala realmente no va al infierno después de morir, sino que es simplemente destruida, dejando de existir.
Scalfari publicó que este mismo comentario fue el que le hizo Bergoglio en la entrevista de 2018. Al día siguiente el Vaticano emitió una nota diciendo que lo que Scalfari había publicado no correspondía con las palabras exactas del “pontífice”. Los siempre bien pensantes conservadores del Novus Ordo lo aceptaron como un “desmentido”.
Ahora imagine que una mujer se entera de que su marido dijo: – “¡Mi mujer es una bruja!”- tras lo cual ella le pediría explicaciones y él respondería – “Bueno, no fueron exactamente esas palabras”-. Seguramente él acabaría con un sartenazo en la cabeza. ¿Por qué? Porque eso no es desmentirlo.
De la misma manera Bergoglio el único desmentido válido que podría haber hecho, es el de afirmar que dicha declaración fue una total fabricación y que nunca dijo tal cosa, ni nunca lo diría. Y debería añadir que Scalfari se comportó como un mentiroso o un demente.
Cualquiera que esté familiarizado ya sea con el catecismo de su Primera Comunión, es decir alguien de siete años de edad, sabe que la existencia del infierno es materia de Fe Católica y negarlo supone una herejía.
Por lo tanto, queda claro que Bergoglio es un hereje público y es moralmente cierto (cierto en el orden práctico) que se obstina y es pertinaz en la herejía, puesto que no puede argüir que era por ignorancia. Sería totalmente absurdo afirmar que este hombre ignora la doctrina sobre el infierno. Consecuentemente, aquél que no se da cuenta de que este hombre es un hereje público es él también un loco, intelectualmente deshonesto o vive en un mundo imaginario.
San Alfonso dice: “Si no hay infierno, entonces no hay cielo.” ¿Por qué esto? Porque ambos se fundamentan en la justicia de Dios. Igual que Dios premia los méritos del justo, también castiga los deméritos o pecados del injusto. Aún más, el infierno es eterno ya que si el pecador pudiese ser liberado algún día del infierno esto supondría que habría arrebatado la victoria final al mismo Dios.
Bergoglio también niega la inmortalidad del alma, otro dogma de la Fe Católica, ya que afirma que aquellos que son malos son aniquilados después de la muerte. Esta es otra herejía que añadir a la lista de Bergoglio.
+Mons. Donald Sanborn.
VI A GAUTAMA BUDA EN EL INFIERNO,
DICE MONJE BUDISTA RESUCITADO

Pero resulta que como siempre ha dicho la Iglesia el infierno sí existe, y ahora un monje budista afirma que ha visto a Buda en él, desmintiendo a Bergoglio y a sus predecesores conciliares usurpadores de la Sede de San Pedro.
El artículo siguiente es gentileza de Amor a la Verdad
Al rico epulón atormentado en medio de las llamas del infierno, Dios Todopoderoso no le concedió que Lázaro volviese a la vida y apareciera a sus hernanos para que no cayeran en aquél lugar de tormentos. Abrahán le dijo:¡ Que oigan a los profetas ¡ No, padre Abrahán, dijo epulón, sólo si un muerto les avisa se arrepentirán. Pero Abrahán le dijo No se arrepentirán AUNQUE UN MUERTO RESUCITE.
Dios misericordioso ha concedido lo que no concedió al rico epulón, a la ingentes masas budistas asiáticas (y de paso a nosotros también), que uno de los suyos resucitara y les dijera lo que nunca hubieran imaginado : Los budistas, aunque lleguen a una elevada posición moral, caerán, pasada esta vida, en el infierno, en donde también yace miserablemente Gautama, el Buda a quien dan culto, desde hace siglos.
Mensaje tremendo que también se dirige a la falsa “Iglesia” conciliar y a sus atolondradas masas de seguidores. Ellos neciamente profesan las falsedades de su concilio vaticano II,
En el Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior. Así también los demás religiones que se encuentran en el mundo, es esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados.
La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres.
Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen.DECLARACIÓN
NOSTRA AETATE
SOBRE LAS RELACIONES DE LA IGLESIA
CON LAS RELIGIONES NO CRISTIANASRoma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica.
¿Quiėn, seducido por estas líneas que astutamente mezclan el error con la verdad, no se dejará seducir, y caerá en un cierto grado de indiferentismo religioso, y abandonando la eterna verdad, que asegura que sólo en la Iglesia fundada por Cristo, la Iglesia católica, puede encontrarse la salvación eterna, deja de tomar en serio la voz de esa misma Eterna Verdad que cuando pasó su vida entre nosotros gritó a los que quisieron oirle, “NO HE VENIDO A JUZGAR SINO A SALVAR. PERO EL QUE NO CREE EN MÍ YA ESTÁ CONDENADO”. Y también “SI NO CREÉIS QUE “YO SOY” [anagrama de Yawé] MORIRÉIS EN VUESTROS PECADOS”.
Ya antes de que el Creador viniera a nosotros en la Persona de Jesucristo, nuestro adorable Salvador, era obligatorio, creer en el Eterno Dios y Creador para salvarse. Éste fue el caso de Gautama que enseñó un sistema que eliminaba de las conciencias a Dios Creador. Por eso habló así de Buda, Yama, el Rey del infierno
‘No es importante lo bueno que era. Él no creía en Dios Eterno, y por eso está en el infierno “.
Y también dijo Yama, el Rey del infierno, a propósito del gigante Goliat,[que simbolizaba el orgullo pagano adorador de sus falsos dioses, frente al pequeño Israel] lo que relata el monje resucitado:
Ví a otro hombre, que era muy alto, que llevaba armadura, con espada y escudo. Tenía una herida en la frente. Era más grande que cualquier otra persona que yo hubiese visto antes, medía unos ocho pies de altura [2 metros y medio aproximadamente] . El Rey del Infierno me dijo: “Ese es Goliat. Está en el Infierno porque se burló del Dios eterno y de su siervo David
A continuación una narración (en vídeo y por escrito) de muy recomendada lectura. No sólo por los budistas sino por todo el que siente en sí mismo el Amor de la Verdad, y más por quien carece de él. Particularmente está dirigida a las atolondradas masas conciliares, que amparándose en un concilio nunca aprobado por un verdadero sucesor de San Pedro, siguen incautas sus torpes y ambiguas enseñanzas y por el camino que les trazan sus falsos pastores y profetas, CREEN EN LA SALVACIÓN UNIVERSAL o en la inmoral enseñanza de que “las almas malas al final de la vida serán aniquiladas” (Francisco dixit), como hacen los budistas que aseguran que el destino del honbre es la perfecta iluminación, la cual no alcanzarán las almas pecadoras cuyo destino es la aniquilación.
[Pueden activarse subtítulos en inglés]

Monje budista resucita y afirma que Jesús es la única verdad. ¡ Vio a Buda en medio de las llamas del Infierno!
En 1998, murió un monje budista. Unos días más tarde, se celebró su funeral en el que iba a ser cremado. Por el olor, era obvio que su cuerpo ya había comenzado a descomponerse, ¡ clarísimamemente estaba muerto! como informa la agencia misionera de Asia Outorch. “Hemos intentado verificar esta noticia que proviene de diferentes fuentes, y ahora estamos convencidos de que es precisa”, escriben. Cientos de monjes y familiares de los muertos participaron en el funeral. Justo cuando el cuerpo estaba a punto de ser quemado, el monje muerto de repente se sentó, y dijo llorando, “¡Todo es mentira! Vi a nuestros antepasados quemarse y ser torturados en una especie de fuego. También he visto a Buda y muchos otros santos hombres budistas. ¡Todos estaban en un mar de fuego! “Debemos escuchar a los cristianos”, continuó enérgicamente, “¡ellos son los únicos que conocen la verdad!”
Estos eventos sacudieron toda la región. Más de 300 monjes se hicieron cristianos y comenzaron a estudiar la Biblia. El hombre resucitado continuó advirtiendo a todos que creyeran en Jesús, porque él es el único Dios verdadero. Cintas de audio del relato del monje se distribuyeron por todo Myanmar. La jerarquía budista y el gobierno pronto se alarmaron y arrestaron al monje. Desde entonces ya no se lo ha visto más, y se teme que lo hayan matado para que se calle. Ahora es un crimen grave escuchar las cintas de audio, porque el gobierno quiere sofocar los sentimientos que produce su audición “.
“Hemos escuchado por primera vez lo sucedido de la boca de varios líderes de la iglesia de Birmania, que investigaron las noticias y no tienen dudas sobre su autenticidad. El monje, Athet Pyan Shintaw Paulu, ha cambiado su vida y sufre y se arriesga mucho a contar su historia [Puede oirse en el vídeo adjunto]. Nadie soportaría estas contrariedades por nada. Ha convertido a cientos de monjes a Jesús, fue encarcelado, despreciado por sus familiares, amigos y colegas, y fue amenazado de muerte si no dejara de proclamar esta noticia. Actualmente no se sabe a ciencia cierta dónde se encuentra: una fuente de Birmania afirma que él está en la cárcel y podría haber muerto, otra fuente dice que es libre y está predicando.
Relato del ex monje
Mi nombre es Athet Pyan Shintaw Paulu, nací en 1958 en Bogale, en el Delta del Irrawaddy, Myanmar del Sur (Birmania). Cuando tenía 18 años, mis padres budistas me enviaron como novicio a un monasterio. A los 19 años, profesé como monje en el monasterio de Mandalay Kyaikasan Kyaing, donde fui duscípulo de T Zadila Kyar Ni Kan Sayadaw, probablemente el más famoso maestro budista de nuestro tiempo, quien murió en un accidente de coche en 1983. Cuando entré en el monasterio Me dieron un nuevo nombre; U Nata Pannita Ashinthuriya. Traté de sacrificar mis propios pensamientos y deseos egoístas: incluso cuando los mosquitos descansaban sobre mi brazo, en lugar de ahuyentarlos, permitía que me picaran.
Los doctores se dan por vencidos
Me puse muy enfermo y los médicos diagnosticaron una combinación de malaria y fiebre amarilla. Después de un mes en el hospital, me dijeron que no podían hacer nada más por mí y me dieron la baja del hospital para poder prepararme a morir. De vuelta en el monasterio, me fui volviendo cada vez más débil, y finalmente perdí los sentidos. Sólo más tarde me di cuenta que había muerto: mi cuerpo comenzó a pudrirse y olía a putrefacto , mi corazón había dejado de latir. Mi cuerpo pasó por los ritos de purificación del budismo.
Lago de fuego
Pero mi espíritu estaba completamente despierto. Me encontré en medio de un potente torbellino que hacía que todo volara a mi alrededor. Ni un solo árbol, nada quedaba en pie. Estaba en medio de una llanura vacía. Después de un tiempo, crucé un río y vi ante mí un terrible lago de fuego. Todo esto me confundía porque el budismo no sabe de nada parecido. No sabía que era el Infierno hasta que conocí a Yama, el Rey del Infierno. Su cara era la de un león, sus pies eran como serpientes, y tenía muchos cuernos en la cabeza. Cuando le pregunté su nombre, él dijo: ‘Yo soy el Rey del Infierno, soy el Destructor’. Luego vi las túnicas color azafrán de los monjes de Myanmar en el fuego, y mirando más de cerca vi la cabeza afeitada de U Zadila Kyar Ni Kan Sayadaw. “¿Por qué está él en el lago de fuego?”, le pregunté [a Yama]. Él era un óptimo maestro; su audiocasete ‘¿Eres un ser humano o un perro?’ ha ayudado a miles de personas a reconocer que valen más que un perro “. “Sí, era un buen maestro”, dijo Yama, “pero él no creía en Jesucristo”. ¡Por eso está en el infierno!
Buda en el infierno
Luego me mostraron a otro hombre, con el cabello largo atado en un moño al l lado izquierdo de la cabeza. También vestía el atuendo [típico budista], y cuando le pregunté quién era, me dijo : Soy Gautama, a quien tú das culto (Buda)’. Me sentí enojado. Pregunté a Yama ¿Buda en el infierno, con toda su ética y todo su carácter moral? ‘No es importante [respondió Yama] lo bueno que era. Él no creía en Dios Eterno, y por eso está en el infierno “, respondió el Rey del Infierno. También vi a Aung San, el líder revolucionario. “Él está aquí porque persiguía y mataba a los cristianos, pero principalmenteporque no creía en Jesucristo”, me dijo. Ví a otro hombre, que era muy alto, que llevaba armadura, con espada y escudo. Tenía una herida en la frente. Era más grande que cualquier otra persona que yo hubiese visto antes, medía unos ocho pies de altura [2 metros y medio aproximadamente] [1 pie = 30,48 centímetros]. El Rey del Infierno me dijo: “Ese es Goliat. Está en el Infierno porque se burló del Dios eterno y de su siervo David”. Yo nunca había oído hablar de Goliath o David. Otro ‘Rey del Infierno’ se me acercó y me preguntó: ‘¿Vas al lago de fuego también?’ ‘No, dije, estoy aquí solo para mirar’. ‘Tienes razón’, me dijo: ‘Viniste solo a mirar, por eso no puedo encontrar tu nombre. Tendrás que volver al lugar de donde has venido.
Dos sendas
En el camino de regreso, vi dos calles, una ancha y otra estrecha. La calle estrecha, por lo que caminé, aproximadamente durante una hora, de repente se volvió de se oro puro bruñido. ¡Podía ver perfectamente mi propia imagen reflejada en él! Un hombre llamado Peter me dijo: ‘Regresa [a la vida terrena] y di a las personas que dan culto a Buda [y creen en él] y adoran otros dioses [¿hinduistas?] que terminarán en el infierno si no se convierten. Deben creer en Jesús. Luego me dio un nuevo nombre: Athet Pyan Shintaw Paulu (Paul, el que volvió a la vida). Lo siguiente que escuché fue a mi madre gritando: “Hijo mío, ¿por qué nos has dejado?” Comprendí entonces que estaba tendido en el ataúd. Cuando tuve la mudanza [y resucité], mis padres empezaron a gritar: “¡Está vivo!”, Pero los que les rodeaban no les creyeron. Cuando me veían, se llenaron de miedo y comenzaron a gritar: “¡Es un fantasma!” Noté que estaba sentado ante tres tazas y media de un líquido que hedía y que debía de haber salido de mi cuerpo mientras yacía en el ataúd. Me dijeron que iban a incinerarme. Cuando un monje muere, su nombre, su edad y el número de años de su servicio como monje se graban en el ataúd. Ya me habían registrado como muerto, pero como pueden ver, ¡estoy vivo!
De La Luce di Mariaa>
JANSENISMO
Se escuchan muchas acusaciones con frecuencia de «jansenistas» entre las distintas capillas de la tradición.Sin embargo, cabe preguntarse si quien las profiere sabe lo que quiere decir. Sobre qué es la herejía jansenista, le informamos de forma somera en este artículo.
Jansenismo
LA “NUEVA IGLESIA”, REINO DE LA MENTIRA Y DEL FRAUDE
Por el Dr. Homero Johas
INTRODUCCIÓN
Quien quiera hacer una síntesis de la naturaleza de la “nueva iglesia católica”nacida en el Concilio Vaticano II no se equivocaran afirmando que ella se apartó de la verdad absoluta divina y que quiere establecer en la tierra el culto del hombre, sin el único Dios verdadero.
* Gregorio XVI, notó que los enemigos de la Iglesia querían cambiar la“obra divina” por “una” obra humana.
* San Pio X afirmó que los hombres de las logia masónicas querían quitar de la tierra el catolicismo y establecer una “iglesia de la humanidad”.
* Pio IX mostró que los racionalistas querían conformar la Iglesia de Cristo con liberalismo.
* San Pio X notó que los agnósticos llamados modernistas querían apartar el cristianismo dogmático y cambiarlo por una religión liberal.
* El Sr. Montini, el 07-12-1960, en el Vaticano, clausurado el Concilio, proclamó un “nuevo Humanismo”, el “culto del hombre”.
* Es lo que querían los racionalistas absolutos; la razón humana, sin Dios, es el único arbitro de la verdad y de la falsedad, del bien y del mal, es ley para sí; por sus fuerzas naturales, ella basta para cuidar del bien de los hombres y de los pueblos (D.S.2903).
* Esto corresponde al “non serviam” de Lucifer (Jer. II, 20); el apartamiento de la obediencia humana al único Dios verdadero.
Esto corresponde a la “abominación de la desolación en el lugar Santo” (San Mateo XXIV); al “hombre de pecado en el templo de Dios”, con la “operación del error” de los que“no aman la verdad” y “consienten la iniquidad” (2 Tes. II, 1-11).
Se muda la verdad en error; y el error en verdad (Is. V, 20).
Esto se resume en dos puntos:
- a) Por fraude se niega la existencia de la verdad absoluta, universal, necesaria.
- b) Se pretende que todo poder viene del hombre y no de Dios.
Esto es hecho a través de mentiras, fraudes, simulaciones; una bestia del Apocalipsis aparentaba tener los cuernos del cordero, pero “loquebatur sicut draco”hablaba como el Dragón (Apoc. XIII, 11). Es el reino de la hipocresía.
En ese “habla como Dragón” están las “nuevas doctrinas” de la “nueva iglesia”; son las seculares doctrinas de los ateos, agnósticos, paganos, herejes, judíos, enemigos de la Iglesia.
- La fe divina fue sustituida por la opinión humana
- Los ministros de Dios fueron sustituidos por ministros de los hombres.
- El Sacrificio de Cristo fue sustituido por las reuniones del pueblo.
- El Derecho Divino fue sustituido por el Derecho humano.
- La verdad divina fue sustituida por el arbitrio humano.
- El Concilio Vaticano II profesa: “lo que quieren los hombres de nuestra época”.
- El Templo de Dios fue sustituido por el templo de todos los falsos ídolos.
- Se niega la Divinidad de Cristo.
- LA NEGACIÓN DE LA VERDAD ABSOLUTA
Esta es la base de todo en la “nueva iglesia”. Todo se vuelve opinión individual y libre; meramente humana, incierta, subjetiva, insegura; se aparta de la verdad absoluta, necesaria, divina, cierta, objetiva, independiente del juicio y voluntad de cada sujeto.
Esto entró fraudulentamente en la Ciencia natural, así mismo en la Ciencia divina.
Las opiniones pasaron a ser nuevas “verdades”.
Por lo tanto cada uno tiene su “propia verdad” o su “propio juicio”, su “propia posición”, o su propio Dios, su propia religión; su moral propia, su “propio derecho individual”, su “propio deber”…
Todo individual y libre, meramente humano.
Y entre esos “derechos individuales”, está el de: “no cumplir la obligación de seguir la verdad y el adherirse a ella”.
Sin la verdad necesaria en el conocimiento racional, la “adhesión” o no“adhesión” a la verdad se haría la norma del obrar psicológico, de la libertad a adherirse o no a lo que es verdadero y bueno.
Se eliminan las normas divinas de los “deberes” en el creer y el obrar.
Se eliminan las verdades de fe mandadas por la autoridad del único Dios verdadero y sus mandamientos imperados a ser observados.
Se elimina la Monarquía divina, se levanta el estandarte de la democracia contra la autoridad del único Dios verdadero.
El número de las voluntades humanas libres decidirá lo que es verdad o error; lo que es el bien o el mal (D.S. 2903).
Desaparece la verdad divina, aparece el arbitrio humano.
Desaparecen la Lógica, la Ontología, la Teología Natural, el Dogma y la Ética revelada; aparece una Ética arbitraria, sin verdad, sin Dios. Desaparecen los principios absolutos de la Ontología: de identidad, de no contradicción, de causalidad, de finalidad.
El arbitrio humano individual, sin verdad y sin Dios, será la norma suprema de todo.
Se apartan de este modo de los fundamentos divinos de la fe cristiana, del único Dios verdadero.
De Cristo que dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Del Espíritu Santo: el “Espíritu de verdad”.
Del Magisterio de la Iglesia: de la “Cátedra de la verdad”.
Tal es la doctrina llamada del Agnosticismo; Relativismo, Liberalismo, Humanismo; Anti-intelectualismo.
Podría ser llamado Anticristianismo.
Es la doctrina de la “nueva iglesia católica” originada de los ateos, agnósticos, herejes, paganos, disfrazados de “católicos”.
Existirán tantas “verdades” diferentes cuantas cabezas humanas.
Se apartan de la unicidad de la verdad.
- ORIGEN HUMANO DEL PODER
Enseña la Revelación divina: “todo poder viene de Dios”; “No hay poder sino viene de Dios” (Rom. XIII, 1). “Sin Mi nada podéis hacer”.
En sentido opuesto, junto a los ateos y racionalistas, el “nuevo humanismo”quiere una humanidad sin el Dios verdadero; sin Dios.
Tal “nuevo humanismo” de la secta de los masones, proclama: “Todo poder viene del hombre y en su nombre será ejercido”.
Niegan la palabra de Dios, el origen divino de todo poder.
Esto no es solo en el orden civil; sino también en el orden espiritual, dentro de la “nueva iglesia”: quieren que el poder de jurisdicción y el poder de orden vengan del hombre.
Para disfrazar, dicen que viene de Dios, pero a través del pueblo, de los fieles, de las iglesias, de las comunidades.
El padre, el obispo y el papa serán “ministros de la iglesia”; no ministros de Dios. Serán vicarios del pueblo, no de Dios.
Rebajan a Cristo a simple hombre, no lo reconocen como verdadero y único de Dios.
Por lo tanto el poder supremo en la iglesia vendrá del “colegio” de representantes de las iglesias; del consenso de los hombres; de la opinión pública; del mayor número de votos.
Cristo no será Rey de reyes, el Legislador divino, cabeza monárquica. El gobierno de la iglesia será el de la democracia agnóstica, sin Dios.
El papa será el “siervo de los hombres”, no “siervo de Dios”.
Será siervo de la “opinión pública”, no siervo de las verdades absolutas de Dios.
Se apartan de los Mandamientos de Dios, establecidos por Moisés y Cristo, el Decálogo, será mudado por los “derechos individuales del hombre” sin Dios.
Observar las leyes y verdades de Dios será ilícito, autoritarismo, imperialismo, dictadura; pero las dictaduras, el autoritarismo, y el imperialismo de los ateos es respetado.
Por lo tanto, tal concepto de “dignidad del hombre” no incluye la verdad absoluta; la autoridad del único Dios verdadero, la subordinación y obediencia a Dios y a los ministros verdaderos de Dios, a la jerarquía instituida en la Iglesia por la autoridad de Cristo.
En lugar de la obediencia y sumisión se habla de una “adhesión” libre, venida del consenso.
Por lo tanto, se rechaza toda “coacción exterior” del “ministro de Dios” contra los malos, los criminales contra Dios; contra ellos solo se admite el dialogo, la libre persuasión, el libre consentimiento, la libre adhesión.
Así cada uno podrá “adherirse” a la verdad o al error; al bien o al mal, a Cristo o a Lucifer, a Cristo o al anti-Cristo.
Por lo tanto cada uno podrá ser libremente: anti-intelectualista, anti-sacramentalista; anti-conclavista, anti-imperialista, anti-monarquista, sin distinguir si la fuerza usada es contra el bien y la verdad o si es contra el mal y la falsedad.
Por lo tanto, los hombres libres podrán ir igualmente al culto de Cristo o al culto de Lucifer; al culto del único Dios verdadero, o al culto de Shiwa; podrá ir libremente a un templo de Dios o a una mezquita o culto luterano.
Será igual y libre ser verdadero o falso; será “derecho” adorar al Dios cristiano o al “dios de los musulmanes”.
La ordenación social por tanto no será la “ordenación de Dios” (Rom. XIII, 1-3), sino un acuerdo, o pacto, resultado del dialogo y de la opinión pública, del“consenso”.
Por lo tanto, en la “nueva iglesia católica” la cabeza suprema no recibe “directo e inmediato” de de Nuestro Señor Jesucristo el poder supremo (Vaticano I, D.S. 3055); pero“recibe de la iglesia el poder de ministerio”, como decían los jansenistas (D.S. 2603). La herejía retira a Dios fuente directa e inmediata del poder, lo coloca en el hombre o a través del hombre.
No se confiesa que los fieles de Cristo poseen la verdad absoluta y que la Iglesia de Cristo es la única verdadera. Ahora la “única verdadera” es la “iglesia del hombre”, la del Ecumenismo, sin la unicidad de la verdadera fe. Ahora los hombres“buscan” la verdad, pero no confiesan la verdad absoluta.
Cada uno tiene “su propia verdad”, su propio deber moral, sin Dios, fundado en la negación de la verdad absoluta.
Por esto, la “paz” entre los hombres no será la “paz de Cristo”, fundada en la verdad divina absoluta, universal; será la “paz” agnóstica, fundada en el acuerdo libre, en la opinión pública, en el consenso de las voluntades humanas, en“opiniones” inciertas, dudosas, como la acefalia.
Son dos “iglesias” diametralmente opuestas.
FRAUDE Y MENTIRA
Quieran o no quieran los hombres falsos, existe la verdad absoluta y todo poder viene de Dios, y no del libre arbitrio humano.
Es fácil probar el fraude, la mentira y la falsedad de estas personas. Los errores no se convierten en verdades, ni las verdades en errores. Un pacto social, un acuerdo humano, un consenso entre los hombres, la opinión pública mayoritaria, no cambia las verdades objetivas y las leyes de las Ciencias naturales, de la Física o de la química, de la biología o de la botánica, de la Genética o de la Geometría, de la Lógica o de la Ontología.
La negación de las verdades en estas Ciencias es tan falsa como el origen humano de todo poder; los hombres nada cambian en el curso del sol o de los planetas; no crean las leyes de la materia y las operaciones naturales de los elementos químicos; las leyes de la genética vegetal y animal; las leyes de la vida natural y la muerte natural.
Los hombres no ignoran que existen verdades absolutas independientes de su propio arbitrio. Las leyes geométricas abstractas, las leyes de la lógica, los principios de Ontología no vienen del arbitrio de cada uno. Ellos no resucitan los muertos y ni impiden que existan la muertes.
No mandan a los vientos y a las lluvias, ni andan sobre los mares.
Ellos abren escuelas por la necesidad de conocer las cosas que no proceden de su libre arbitrio.
Las plantaciones de alimentos y frutas, y las creaciones del ganado y las gallinas no siguen reglas arbitrarias.
Los mares y los terremotos, los volcanes y las tempestades no proceden del arbitrio de los agnósticos, de los ateos.
Ellos no nacen ni mueren por su libre arbitrio.
Los hombres no aumentan sus saldos bancarios por su libre arbitrio.
Por lo tanto el agnosticismo es mentira y fraude, también decir que todo poder viene del arbitrio de los hombres, es mentira y fraude.
Y nadie tiene derecho a mentir y de ser fraudulento.
Por lo tanto las verdades individuales libres de la “nueva iglesia católica” proceden de la mentira y del fraude.
Proceden de la “operación del error”, de Satanás, de los que “no aman la verdad, sino que consienten en la iniquidad”, según la profecía de San Pablo (Tes. II, 11).
N° 10
Marzo del 2014
TRADUCCIÓN:
R.P. Manuel Martinez Henández F.S.V.F.
Cosmología tomista; y18 de18. El darwinismo.
El darwinismo.
La teoría expuesta y desarrollada por Carlos Darwin para explicar el origen, los grados y las manifestaciones diferentes de la vida sobre la tierra, es lo que aquí apellidamos darwinismo. Esta teoría, acariciada hoy por los partidarios de lo que se llama prehistoria, y más todavía por los adeptos del materialismo disfrazado bajo el pseudónimo de positivismo, es una teoría esencialmente transformista, es el transformismo aplicado a la idea y al fenómeno de la vida. Por lo demás, preciso es reconocer que la explicación de la vida por medio del transformismo dista mucho de ser una teoría original de Darwin, el cual no ha hecho más que desarrollar, modificar y completar las teorías y doctrinas de Lamark, Bory Saint-Vincent, Naudin y algunos otros, sin contar las relaciones más o menos lejanas de afinidad y analogía entre la hipótesis darwiniana y las de Maillet, de Robinet y de algunos enciclopedistas del pasado siglo, que señalaban los monos como progenitores del hombre. Pero sea de esto lo que se quiera, lo que aquí importa consignar es que el darwinismo o la teoría sobre la vida, contenida en las obras de Darwin y profesada por sus principales discípulos, puede condensarse en las afirmaciones siguientes:
1ª Las múltiples y diferentes manifestaciones de la vida; las especies, los géneros, las familias, los reinos, lo mismo que las razas y variedades de los vivientes animales y vegetales que pueblan la tierra, son el resultado y la expresión de una serie lenta y sucesiva de transformaciones acumuladas en millones de años, de manera que todas las especies, géneros, familias, &c., de vegetales y animales, representan la [284] evolución transformativa y progresiva de un prototipo primitivo dotado de vida, o cuando más, de tres o cuatro tipos primordiales.
2ª En cada especie, la vida tiende a multiplicarse en progresión geométrica, progresión que se halla representada por el número de hijos que puede engendrar una madre en la respectiva especie, durante toda su vida. De aquí resulta lo que llama Darwin ley de lalucha por la existencia, la misma que otros apellidan ley de la concurrencia vital; porque no siendo posible que existan medios de subsistencia, ni siquiera espacio material para todos los individuos posibles y exigidos por la progresión geométrica, se establece por necesidad una lucha continua y una especie de guerra a muerte entre los diferentes seres vivientes, en virtud de la cual, los que son inferiores bajo cualquier punto de vista, sucumben en la proporción que es necesaria para la conservación de los géneros superiores y de los individuos más robustos dentro de la misma especie. En suma: la lucha por la existencia tiene por resultado destruir los individuos más débiles e inferiores por cualquier título, conservando al propio tiempo los que poseen alguna superioridad relativa.
3ª De aquí nace la otra ley fundamental que preside a la evolución transformista, y es la ley apellidada por Darwin selección natural o inconsciente, en virtud de la cual la naturaleza acumula sucesivamente en los individuos por medio de transmisión hereditaria, las cualidades especiales y las perfecciones particulares de organismo poseídas por los padres, siempre que presenten ventajas y utilidad para la lucha por la existencia.
4ª Es posible y muy probable que la formación o aparición del hombre sobre la tierra, se haya realizado en virtud de la transformación evolutiva indicada, y en fuerza de las mismas leyes (1) señaladas para vegetales y animales. Es, [285] pues, no solamente posible, sino muy verosímil, que el hombre descienda del mono, como de su progenitor inmediato y directo (2).
{(1) Sabido es que Darwin hace intervenir en su teoría transformista algunas otras leyes, como la de correlaciones del crecimiento, [285] la selección sexual, &c., pero las que constituyen lo esencial y como la base de la teoría, son las dos indicadas en el texto.
(2) Después de haber presentado su teoría transformista en la obra que trata del Origen de las especies en general, el escritor inglés escribió su libro Origen del hombre, dedicado exclusivamente a aplicar al hombre dicha teoría.}
En resumen: para el darwinismo, todas las especies vegetales y animales, desde el musgo hasta la encina, desde el zoófito y el infusorio hasta el mamífero más perfecto, deben su origen a la transformación sucesiva de tres o cuatro tipos originales, y probablemente a un solo prototipo. En otros términos; los géneros y hasta los dos grandes reinos de la naturaleza viviente, las clases, las familias, las especies, sin excluir al hombre, deben su origen y formación a las mismas causas y leyes que determinan la formación y existencia de las variedades. Tal es la tesis fundamental que reasume la teoría darvinista.
Excusado es advertir aquí que las condiciones de una obra elemental no permiten entrar en una discusión detallada y extensa del darwinismo, por más que este halla llegado a formar hoy un ramo especial de literatura. Lo que dejamos consignado en los artículos que preceden; la doctrina expuesta en el tomo primero, al tratar de la distinción esencial y primitiva entre las facultades puramente intelectuales y las del orden sensible, así como también al tratar de la naturaleza y origen del alma racional, es más que suficiente para reconocer que la tesis darwiniana es esencialmente materialista, antifilosófica y anticristiana. Esto no obstante, apuntaremos aquí con la posible brevedad algunas razones y reflexiones, encaminadas a poner más de manifiesto su falsedad, porque así lo reclama la importancia que, con razón o sin ella, alcanza hoy esta teoría. [286]
1ª Dos vicios radicales se descubren por de pronto en la doctrina de Darwin que nos ocupa. Refiérese el primero al punto de partida de la teoría, y el segundo al método general empleado en su desarrollo. Y comenzando por este último, léanse las obras en que expone su teoría, y se le verá acudir con demasiada frecuencia a lo desconocido, a lo imprevisto, al acaso, para dar razón de las transformaciones evolutivas exigidas por la teoría; confundiendo además, a cada paso lo posible con lo real. «Darwin, escribe a este propósito Quatrefages, insiste casi a cada página de su libro sobre la posibilidad de estas transformaciones.»
No es menos viciosa la teoría darwiniana, considerada con relación a su punto de partida. Bajo reservas más o menos explícitas, y a pesar de aparentes hesitaciones, lo cierto es, que la base primordial del darwinismo consiste o se busca en la existencia hipotéticade lo que Darwin denomina prototipo primitivo, prototipo cuya existencia supone, pero que no se cuida de explicar, ni mucho menos de demostrar. De aquí es, que toda la teoría darwiniana queda viciada en su origen y reducida a una hipótesis gratuita, como basada sobre la existencia de ese prototipo, germen primordial de todo lo que vive en la naturaleza, especie de misterio inexplicado e inexplicable, en expresión de Quatrefages. Y bueno será notar de paso, que bajo este punto de vista, Lamark es superior a Darwin; pues mientras este se coloca de golpe y arbitrariamente en su prototipo, sin relacionarlo con ninguna causa primera, ni distinta de la naturaleza, el naturalista francés, al hablarnos del protorganismo, y de las leyes naturales que presiden a su desarrollo, considera estas leyes como la expresión de la voluntad suprema que las estableció, cuidando a la vez de consignar la distinción real que existe entre la «naturaleza y su supremo autor.»
2ª Aun admitido este prototipo, cuya existencia no se prueba con argumento alguno científico-positivista, a pesar de las pretensiones y promesas más o menos explícitas de su inventor en orden a mantenerse en este terreno; aun aceptada la realidad misteriosa de ese ser envuelto en las [287] sombras de la hipótesis, los hechos, y hechos innegables, se hallan en abierta contradicción con las leyes que deben presidir al desarrollo transformativo de ese germen primordial, según la teoría de Darwin. ¿Cómo conciliar, en efecto, la existencia de millares y millares de esos representantes inferiores de la vida, con la ley de la lucha por la existencia y la de la selección natural? ¿Cómo es que esa lucha y esa selección no han hecho desaparecer esa multitud de infusorios, de pólipos, de gusanos, que reúnen tantas y tales condiciones de inferioridad relativa? Y esta dificultad se presenta con extrañas proporciones, si se tiene en cuenta que el naturalista inglés admite el transcurso de millones y millones de años, durante los cuales viene transformándose el prototipo primitivo. ¿Cómo se explica que después de una lucha encarnizada y perseverante al través de siglos y siglos, y a pesar de la acción atribuida a la selección natural, conserven su existencia millones de seres vivientes, dotados de organización tan sencilla y rudimentaria en el reino animal? El autor de la Filosofía zoológica, que admite las generaciones espontáneas, podría dar razones más o menos plausibles de este fenómeno, inexplicable ciertamente e incompatible con la doctrina de Darwin, puesto que rechaza la generación espontánea.
3ª La teoría darwiniana exige necesariamente la existencia sucesiva de una serie muy numerosa de especies intermedias, o si se quiere, de variedades y razas que debieron servir de transición entre una especie perfecta ya y completa hoy, y la que le sirvió de madre. Así lo exigen las leyes que señala la teoría transformista para explicar el origen de las especies, y así lo reconoce el mismo Darwin, cuando escribe que «el número de variedades intermediarias que existieron en tiempos anteriores sobre la tierra, debe ser enorme. Y, sin embargo, la observación y la experiencia nos ponen de manifiesto la ausencia casi completa de tipos de transición, y de variedades intermedias en las diferentes formaciones geológicas exploradas hasta hoy, en vez de esa multitud enorme que debiera existir, según Darwin, y en armonía con [288] los principios y leyes fundamentales de su teoría. Bien es verdad que el fundador del darwinismo, para librarse de esta dificultad y para desvanecer la fueza de objeción tan seria y tan positivista, como basada sobre la observación y la experiencia, se contenta con acudir aquí, como en tantas otras ocasiones, a lo desconocido, a lo posible y a lo hipotético, suponiendo que las capas estratificadas y sobrepuestas bajo apariencias de formación continua, paulatina y sucesiva, fueron sobrepuestas, no continuamente, sino con interrupción de siglos innumerables, durante los cuales pudieron existir los tipos de transición y las variedades intermedias, exigidas imperiosamente por su teoría. ¡Casualidad rara y coincidencia verdaderamente extraña! Los millares y millones de razas y variedades intermedias que debieron existir necesariamente durante épocas de duración casi inmensa, según el darwinismo, se desarrollaron y vivieron precisamente en períodos larguísimos de tiempo, durante los cuales no se formaron terrenos, ni se depositaron capas estratigráficas, entre las muchas que registra y tiene exploradas la geología. Y ¡cosa más extraña aún! ni siquiera se encuentran apenas vestigios notables de los millones de variedades y especies intermediarias exigidas por la teoría que nos ocupa, en las diferentes y variadas formaciones geológicas, anteriores y posteriores a los períodos designados como posibles para su existencia. A falta de otras razones, bastaría esta sola reflexión para reconocer todo lo que hay de gratuito, de inexacto y de falso en la teoría transformista de Darwin.
4ª Ni son menos concluyentes contra la misma, los hechos y deducciones a que conduce la observación y el estudio de los monumentos históricos. En los templos e hipogeos del antiguo Egipto principalmente, templos e hipogeos cuyo origen se remonta, al menos con respecto a algunos de ellos, hasta la cuarta dinastía, vense hoy pinturas y esqueletos de plantas y animales, que representan, no solamente las mismas especies, sino hasta las mismas razas y variedades contemporáneas. Dígase de buena fe, si es posible conciliar esta identidad de especies y razas, esta fidelidad de tipos y [289] variedades a través de un período de más de cinco mil años, con las leyes de la evolución progresiva, de la lucha por la existencia, y especialmente con la selección natural que obra continuamente para acumular en razas y variedades los caracteres y cualidades que accidentalmente aparecen en los individuos.
5ª Esta misma ley de la selección natural, que constituye, como se ha dicho, una de las bases fundamentales del transformismo darwiniano, se halla en abierta contradicción, o mejor dicho, se halla evidentemente desmentida por otro hecho innegable e indiscutible, cual es la existencia en ciertas especies animales de un número considerable de individuos neutros, como se verifica en las abejas y las hormigas. En fuerza de la transmisión hereditaria, expresión y aplicación concreta de la selección natural, los padres transmiten a los hijos caracteres y perfecciones relativas que poseen, especialmente cuando estas perfecciones y cualidades son permanentes en ellos. En virtud de esta ley y por confesión de los darwinistas, los padres deben transmitir y transmiten a sus hijos la fecundidad o facultad de propagarse con tanta más razón, cuanto que esta facultad es una de las más permanentes y connaturales. Sin embargo, la observación y la experiencia nos revelan que existen en la naturaleza especies animales que engendran hijos estériles e infecundos en su inmensa mayoría, como sucede con las abejas y las hormigas; que existen en éstas y otras especies padres y madres que, a pesar de poseer la fecundidad y de haberla recibido de sus antepasados a través de numerosas y no interrumpidas generaciones, producen, no obstante, millares y millares de individuos privados de fecundidad, al paso que son relativamente poco numerosos los hijos fecundos. Es, pues, incontestable que la existencia de los individuos neutros, en las condiciones y circunstancias con que se presenta en el reino animal, bastaría para dar en tierra con la teoría de Darwin, cuando no hubiera otras pruebas e indicios evidentes de su falsedad.
Excusado es añadir, que la brevedad y concisión impuestas [290] por la naturaleza de esta obra, no nos permiten alegar, ni siquiera indicar otras muchas razones, que demuestran lo infundado y erróneo de la teoría darwinista, entre las cuales ocupan preferente lugar y envuelven notable importancia las pruebas que se apoyan sobre los caracteres de la propagación o reproducción de mestizos y sobre los fenómenos relativos de la hibridación.
Pasando ahora a examinar brevemente la teoría darwiniana en sus aplicaciones al origen del hombre, lo cual constituye el punto de vista más culminante y transcendental del darwinismo en sus relaciones con la filosofía cristiana, apuntaremos solamente, ya que otra cosa no permite la índole de esta obra, algunas razones y consideraciones, encaminadas a reconocer y demostrar que la doctrina darwiniana acerca del origen del hombre es tan falsa en sí misma, como contraria a la razón y la experiencia: esto aun cuando se quiera hacer caso omiso y prescindir de su incompatibilidad con las enseñanzas y dogmas del cristianismo.
1ª Según la teoría de Darwin, la selección natural conserva y desarrolla las modificaciones accidentales que aparecen en el individuo, siempre que éstas envuelvan alguna ventaja y utilidad en orden a la lucha por la existencia y permanencia en la vida. De aquí se infiere lógicamente, que si el hombre desciende del bruto por medio y en virtud de la transformación evolutiva profesada por Darwin, siquiera los monos antropomorfos constituyan una etapa de esa transformación, en el hombre deben hallarse acumulados y perfeccionados los caracteres que en los animales son útiles bajo el punto de vista de la lucha por la existencia, facilitando su resistencia y victoria en la concurrencia vital. Luego si en el hombre no se descubren esos caracteres, y aparecen en él, por el contrario, los que llevan consigo una debilidad e inferioridad relativas de cualidades físicas en orden a la lucha por la existencia, será preciso reconocer que el hombre no desciende, ni puede descender del bruto, aun admitidas las leyes principales que presenta el darwinismo para explicar esta transformación evolutiva. El papel importante y la [291] influencia decisiva que en la teoría darwiniana se atribuyen a la selección natural e inconsciente, se hallan en flagrante contradicción con los caracteres y adaptaciones del hombre con respecto a la concurrencia vital; porque nadie podrá poner en duda que la desnudez relativa del cuerpo humano, desnudez que le deja sin defensa y protección contra las influencias atmosféricas, la carencia de dientes y armas a propósito para la prehensión y defensa, la imperfección del oído y del olfato respecto de muchos animales, la lentitud relativa de su marcha o velocidad, &c., &c., son otros tantos caracteres de inferioridad y debilidad física, que colocan al hombre en una situación muy desventajosa para la concurrencia vital, si esa inferioridad física no estuviera compensada por la parte moral e intelectual.
Y téngase presente, que Darwin no tiene derecho alguno para acudir a esta compensación moral e intelectual, según lo hace, apremiado por la fuerza de la objeción: 1º porque necesitaba demostrar que las facultades morales e intelectuales vienen al hombre en virtud de la selección natural, hipótesis absurda, como veremos después: 2º porque, aun admitida esta peregrina hipótesis, sería necesario probar, so pena de faltar a lo que exige la teoría y principalmente la ley de la selección natural, que la posesión de mayor vigor corporal, la de armas y defensas naturales más fuertes, la perfección mayor de los sentidos externos, &c., son cosas, o dañosas, o por lo menos, inútiles para la lucha por la existencia, o sea para facilitar la conservación de la vida, afirmación que a fuerza de ser absurda, se convertiría en ridícula (1). [292]
{(1) Wallace, que es considerado con justicia como cofundador del darwinismo transformista, del cual se aparta, no obstante, en puntos capitales, entre otros y principalmente al reconocer la subordinación de la evolución transformista a la influencia y dirección de inteligencias superiores al hombre, reconoce y confiesa que es absolutamente imposible dar razón de los fenómenos a que alude la objeción, ateniéndose a los principios y leyes del sistema de [292] Darwin. He aquí cómo se expresa con respecto a uno de los caracteres indicados, y eso que no es el más importante: «Il me semble done ABSOLUTEMET CERTAIN que la sélection naturelle ne pourrait avoir produit la nudité du corps humain par l’accumulation de variations à partir d’un ancêtre velu. Tous les faits conspirent à montrer que de telles variations ne pourraient avoir été utiles, mais doivent, au contraire, avoir été jusqu’à un certain point nuisibles. Si même, par suite d’une corrélation inconnue avec d’autres qualités nuisibles, la couverture de poils avait disparu chez les descendants de l’homme tropical, nous ne pouvons concevoir comment, à mesure que l’homme se répandait en des climats plus froids, il ne serait pas retourné sous l’influence puissante de la réversion au type ancestral si longtemps persistant. Mais il n’est pas sérieusement possible d’émettre une supposition de cette sorte. Car nous ne pouvons supposer qu’un caractère qui, comme le tégument velu, existe dans toute la série des mamifères, peut être devenu, chez une forme animale seulement, lié à une particularité nuisible avec essez de constance pour conduire à sa suppresion permanente, suppresion si complète et si efficace, qu’il ne reparaît jamais ou presque jamais dans les métis des races humaines les plus differentes.»
Darwin, es verdad, pretende libertarse de las mallas de esta objeción que le oprimen como los anillos de una serpiente, invocando la ley de la selección sexual, verdadero Deux ex machina de que acostumbra a echar mano en los casos apurados. Según el naturalista inglés, el hombre, o más bien la mujer, dejó de ser velluda en tiempos anteriores, arrastrada por el deseo de la ornamentación. No nos es dado detenernos a combatir una hipótesis tan gratuita, por no decir ridícula. Solamente desearíamos que Darwin nos dijera: 1º porqué la cola de la pava no se halla adornada con los colores espléndidos de la del pavo, toda vez que, según él, la selección sexual, es decir, el deseo del pavo de agradar a la hembra, determinó la aparición de aquellos colores, no habiendo razón alguna para negar a la hembra un deseo análogo de agradar al macho: 2º porqué y cómo se explica que el pecho del hombre se haya conservado más o menos velludo, al paso que la espalda carece completamente de este carácter; porque la verdad es que si este fenómeno es debido a la selección sexual, o sea al deseo de ornamentación, como pretende Darwin, esta deformidad o ausencia de ornamentación, debiera haberse realizado con mayor exactitud y rigor en el pecho que es más visible que es más visible que la espalda.}
2ª La observación y la experiencia demuestran palpablemente que entre el hombre y los antropoides que se le [293] quieren dar por ascendientes y progenitores, existe una diferencia esencial y primitiva, aun bajo el punto de vista anatómico, sobre el cual suelen apoyarse con cierta predilección los partidarios del darwinismo. En efecto: los trabajos tan notables como concienzudos de Vicq-d’Azyr, de Duvernoy, de Gratiolet y de Aliz, demuestran evidentemente que el tipo anatómico de los monos antropomorfos es esencialmente distinto del tipo anatómico correspondiente al hombre. Éste es un animal andador y andador sobre sus miembros posteriores, al paso que el mono, cualquiera que sea su perfección relativa es un animal trepador.
3ª Añádanse ahora las diferencias profundas e importantísimas que existen entre el cráneo del hombre y el del orangután. Según las experiencias hechas por Bianconi, el cráneo del mono adulto pesa 944 gr., más que el cráneo del mismo a la edad de tres años, mientras que el del hombre adulto sólo presenta una diferencia de 431 gr. respecto del cráneo del niño a la edad de tres años. En cambio, la capacidad del cráneo humano aumenta de una manera notabilísima con la edad, al paso que la del mono se realiza en proporciones relativamente insignificantes.
Resulta en efecto, de las experiencias practicadas por el citado Bianconi, que medidas por medio de arena las capacidades craneoscópicas del hombre y del mono, en los períodos de la infancia y de la edad adulta, dan los siguientes resultados en cifras redondas:
Cráneo del hombre a la edad de tres años — 1090 gr.
Cráneo del hombre adulto — 2086 gr.
Cráneo del orangután en los primeros años — 512 gr.
Cráneo del mismo, adulto — 587 gr.
Estas cifras son demasiado elocuentes para que ningún hombre de ciencia y de buen sentido, piense seriamente en establecer relaciones de filiación entre el hombre y el mono. [294]
4ª Si, como pretende el darwinismo, el hombre y los monos superiores tienen un tipo originario común: si el gorila, el chimpancé o el orangután, son los progenitores del hombre, ¿cómo y por qué el desarrollo y manifestaciones de los pliegues y circunvoluciones del cerebro, en el último y en los primeros, se verifican en sentido inverso? Porque ello es incontestable, que los pliegues y las circunvoluciones frontales aparecen y se desarrollan en el hombre antes que las circunvoluciones témporo-esfenoidales, siendo así que en los monos sucede precisamente lo contrario (1).
{(1) En corroboración de esto escribe Gratiolet: «Les circunvolutions temporo-sphénoïdales apparaisset les premières dans le cerveau des singes et s’achèvent par le lobe frontal; or, c’est précisément l’inverse qui a lieu dans l’homme: les circunvolutions frontales apparaissent les premières, les temporo-sphenoïdales se dessinent en dernier lieu: ainsi la mème série est répétée ici d’alfa en omega, là omega en alfa. De ce fait, constaté très rigoureusement, rèsulte une conséquence nécèssaire: aucun arrêt de développement ne saurait rendre le cervau humain plus semblable à celui des singes qu’il ne l’est dans l’âge adulte; loin de lá, IL EN DIFFÉRERA D’AUTANT PLUS QU’IL SERA MOINS DÉVELOPPÉ.»}
Si es, pues, una ley constante en la historia natural que lo semejante se desarrolla de una manera semejante, será preciso reconocer que los fenómenos embriogénicos, lo mismo que los datos anatómicos, establecen diferencias esenciales, profundas, radicales entre el hombre y el mono.
5ª ¿Y qué será si abandonando el terreno, por decirlo así, corporal y externo de la embriogenia y la anatomía, nos colocamos en el terreno superior del orden moral e intelectual? Si el estudio de la organización material, nos obliga a reconocer en el hombre una isla separada, según la gráfica expresión de Aeby, la cual no comunica por puente alguno con la tierra vecina de los mamíferos, no cabe poner en duda que [295] este aislamiento aparece más completo, más absoluto, más evidente, desde el momento en que las facultades morales e intelectuales del hombre se ponen en parangón con las que en el mono existen. Éste lo mismo que otras especies de animales, posee sensaciones, conoce o percibe objetos materiales y singulares; pero el hombre, además de las sensaciones, posee ideas, y sobre todo, ejerce su actividad sobre objetos universales y espirituales; se agita y mueve en un mundo inteligible, distinto del sensible y superior a él; conoce verdades absolutas y necesarias, sobre las cuales se apoya para raciocinar, descubrir cosas desconocidas y progresar, combinando ideas con ideas, juicios con juicios, y hechos con hechos. No hay, no es posible encontrar término de comparación posible entre el instinto necesario y estacionario del mono, y el movimiento progresivo del hombre realizado en y por los individuos, y utilizado por otros individuos y por la colectividad; entre la hesitación que a veces se observa en los animales, determinada por las atracciones y repulsiones sensibles ocasionadas por algún objeto, y entre la elección libre y refleja del hombre; entre los juicios instintivos de la estimativa natural, por medio de las cuales el animal percibe determinados objetos materiales y singulares como convenientes, útiles, dañosos, enemigos, &c., y el juicio universal, inteligible y abstracto, por medio del cual el hombre conoce la naturaleza y aplicaciones posibles de la utilidad, conveniencia, enemistad, &c., y sobre todo conoce la verdad.
6ª Finalmente, a los ojos de la sana razón y del sentido común, la prueba más convincente de la falsedad del darwinismo en sus aplicaciones al hombre, está en la manera con que explica el génesis de la idea de Dios, del sentimiento religioso, de la libertad y de la ley moral, así como en las deducciones a que conduce lógicamente. Para convencerse de ello, bastará hacer algunas ligeras indicaciones sobre estos puntos. Para el darwinismo:
a) La humanidad primitiva no tuvo idea alguna de Dios: la creencia en su existencia reconoce por origen la [296] interpretación equivocada de los sueños, el movimiento de las sombras, las alucinaciones de la imaginación, con otros hechos análogos, que inspiraron primeramente al hombre la idea de los espíritus, idea que sirvió de base y premisa para elevarse a la idea de Dios, después de transcurridos muchos siglos de cultura y desarrollo de las facultades intelectuales. Excusado es advertir, que esto equivale a negar explícitamente la existencia real y objetiva de Dios.
b) La ley moral, esa ley que lleva consigo la distinción esencial y primitiva, no solamente entre el bien y el mal, sino también entre lo bueno y lo útil, no es otra cosa que una transformación de los instintos sociales de los animales, realizada por medio de la selección natural o inconsciente. Como se ve, esto equivale a negar el orden moral, la distinción primitiva y esencial entre el bien y el mal, la realidad de la ley moral propuesta a la libre elección de nuestra voluntad.
c) Lo que llamamos sentimientos y deberes morales, son los hábitos e instintos de los animales robustecidos y perfeccionados en virtud de la selección natural; así es que el deber moral y lo que se apellida bondad y malicia, compete también a los animales: los perros que no obran según lo que piden sus instintos y hábitos, faltan a su deber y obran mal, escribe el mismo Darwin.
En vista de las indicaciones que anteceden, no es de extrañar, antes es muy natural y lógico, ver a los adeptos del darwinismo negar la libertad humana, distinguiéndose entre ellos Huxley y Häckel que lo verifican con toda franqueza y sin echar mano de reticencias y reservas, como hacer suelen otros darwinistas, o menos francos, o menos lógicos. «La voluntad del animal, escribe el citado Häckel, lo mismo que la del hombre, jamás es libre. El dogma tan extendido del libre albedrío, es absolutamente insostenible, en el terreno de la ciencia. El fisiologista que estudie científicamente los fenómenos de la voluntad en acción (der Willensthätigkeit) en los hombres y animales, alcanzará necesariamente la convicción de que la voluntad nunca es libre, sino que siempre [297] es determinada por influencias externas o internas.» {(1) Natürliche Schöpfungsgeschichte, pág. 212.}.
Tales son las deducciones lógicas y necesarias del darwinismo, deducciones que llevan en su seno la negación de la caridad cristiana y hasta de la simple beneficencia, el abandono brutal del enfermo y del desgraciado, el sacrificio del débil al fuerte, la santificación y la apoteosis del egoísmo y de la fuerza física. Y no se crea que estas son apreciaciones arbitrarias o destituidas de fundamento: son apreciaciones profesadas y reconocidas explícitamente por los partidarios más fervientes y lógicos del darwinismo. Óigase en prueba de ello cómo se expresa Clemencia Royer, entusiasta propagandista de la doctrina de Darwin, en el prólogo dedicado a su Origen de las especies: «La ley de la selección natural, aplicada a la humanidad, demuestra con sorpresa, con dolor, cuán falsas han sido hasta ahora, no solo nuestras leyes políticas y civiles, sino nuestra moral religiosa. Descúbrese uno de los vicios menos frecuentes, pero no menos graves. Tal es la caridad imprudente y ciega, en la que nuestra era cristiana ha buscado siempre el ideal de la virtud social, por más que su consecuencia directa fuese empeorar y multiplicar en la raza humana los males a que aspira poner remedio… ¿Qué resulta de esta protección absurda concedida exclusivamente a los débiles, a los achacosos, a los incurables, a los malos; en fin, a todos los desgraciados de la naturaleza? Resulta que los malos tienden a perpetuarse indefinidamente.»
¡Con cuánta justicia se ha dicho que la razón humana, cuando cierra sus ojos a la luz de la revelación cristiana, desciende rápidamente por la pendiente del error hasta abrazar y resucitar los grandes extravíos de la filosofía pagana! Porque ello es incontestable que en el pasaje anterior, se proclama la conveniencia y justicia de abandonar a los débiles y desgraciados, a fin de no debilitar ni retardar el [298] perfeccionamiento progresivo de la raza humana. Doctrina es esta cuyo espíritu es más repugnante y cuyas tendencias son más horribles, que la doctrina de ciertos filósofos y legisladores paganos sobre el infanticidio y abandono de las naturalezas deformes o débiles. En vista de esta y de otras consecuencias lógicas del darwinismo, ya no deben extrañarnos los lazos de afinidad, y las simpatías que existen entre el darwinismo y el positivismo materialista, ni menos la analogía, o mejor dicho, identidad de doctrina y tendencias sociales, políticas y religiosas, que es fácil reconocer entre los partidarios del sistema darvinista y los adeptos de la Internacional.
Después de lo que llevamos expuesto, creemos innecesario demostrar que el darwinismo encierra doctrinas y tendencias esencialmente anticristianas. Haciendo caso omiso de otras, la teoría darwiniana sobre el origen del hombre es incompatible con el dogma católico que nos enseña, que nuestros primeros padres Adán y Eva, fueron producidos por Dios inmediatamente. Los que pretenden conciliar el darwinismo con el cristianismo, dan fundamento para sospechar que no conocen a fondo, ni al primero ni al segundo. La citada Clemencia Royer, testigo nada sospechoso en la materia, lo confiesa además paladinamente, cuando escribe: «La doctrina de Darwin es la revelación racional del progreso, fundándose en su antagonismo lógico con la revelación irracional de la caída del hombre. Son dos principios, dos religiones en lucha, una tesis y una antítesis; y yo desafío al alemán más experto en evoluciones lógicas a que encuentre la síntesis de las mismas. Son un sí y un no muy categóricos entre los cuales es preciso elegir, y el que se declare a favor del uno está en contra del otro.» [299]

