CÁNONES DEL CONCILIO DE TRENTO SOBRE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

CÁNONES DEL CONCILIO DE TRENTO SOBRE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

PREÁMBULO

Carta de los cardenales Ottaviani y Bacci al usurpador de la Sede de San Pedro, Montini [Pablo VI]

Después de haber examinado el Novus Ordo Missae preparado por los peritos del «Consilium…»; después de haber largo tiempo reflexionado y orado, sentimos que es nuestro deber, ante Dios y Vuestra Santidad,  expresar las consideraciones siguientes:

   1º –  Como lo prueba suficientemente el examen crítico adjunto, por breve que sea, obra de un grupo escogido de teólogos, liturgistas y pastores de almas, el Novus Ordo Missae, si se consideran los elementos nuevos, susceptibles de apreciaciones muy diversas, que aparecen subentendidos o implicados, SE ALEJA DE MANERA IMPRESIONANTE, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa que cual fue formulada en la XXII Sesión del Concilio de Trento,– el cual, al fijar definitivamente los «canones» del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio.

   2° –  Las razones pastorales aducidas para justificar tan grave rompimiento, aun si tuviesen el derecho de subsistir frente a razones doctrinales, no parecen suficientes. Tantas novedades aparecen en el Novus Ordo Missae, y, en cambio, tantas cosas de siempre se encuentran relegadas a un sitio menor o a otro sitio, –  por si acaso encuentran todavía lugar , – que podría resultar reforzada y cambiada en certidumbre la duda, – que desgraciadamente se insinúa en numerosos ambientes, – según la cual verdades siempre creídas por el pueblo cristiano podrían cambiar o silenciarse sin que haya infidelidad a! depósito sagrado de la Doctrina al que la fe católica está ligada para la eternidad..

  Las recientes reformas han demostrado suficientemente que nuevos cambios en la liturgia no podrán hacerse sin llevar a la desorientación más total de los fieles, que ya manifiestan que les resultan insoportables y disminuyen incontestablemente su fe. En la mejor parte del clero esto se nota por una crisis de conciencia torturadora de la que tenemos testimonios innumerables y cotidianos.

   3° –  Estamos seguros de que estas consideraciones directamente inspiradas, por lo que escuchamos, por la voz vibrante de los pastores y de la grey, no podrán menos de encontrar eco en el corazón paternal de Vuestra Santidad, siempre tan profundamente preocupado por las necesidades espirituales de los hijos de la Iglesia.
Siempre los súbditos, para bien de quienes se promulga una ley, tienen derecho y más que derecho. deber. – si la ley se revela al contrario nociva, – de pedir al legislador, con filial confianza, su abrogación.
Por todo esto, suplicamos insistentemente a Vuestra Santidad no querer que nos sea quitada,- en un momento en que la pureza de la fe y la unidad de la Iglesia sufren tan crueles laceraciones y peligros cada vez mayores, – la posibilidad de seguir utilizando el íntegro y fecundo MISSALE ROMANUM de San PIO V, tan altamente alabado por Vuestra Santidad y tan profundamente venerado y amado por el mundo católico entero.

                                                                                         Alfredo Cardenal Ottaviani
Antonio Cardenal Bacci

La Santa Misa

Can. 1. Si alguno dijere que en el sacrificio de la Misa no se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofrecerlo no es otra cosa que dársenos a comer Cristo, sea anatema.
Can. 2. Si alguno dijere que con las palabras: Haced esto en memoria mía [Lc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24], Cristo no instituyó sacerdotes a sus Apóstoles, o que no les ordenó que ellos y los otros sacerdotes ofrecieran su cuerpo y su sangre, sea anatema.
Can. 3. Si alguno dijere que el sacrificio de la Misa sólo es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades, sea anatema.
Can. 4. Si alguno dijere que por el sacrificio de la Misa se infiere una blasfemia al santísimo sacrificio de Cristo cumplido en la cruz, o que éste sufre menoscabo por aquél, sea anatema.
Can. 5. Si alguno dijere ser una impostura que las Misas se celebren en honor de los santos y para obtener su intervención delante de Dios, como es intención de la Iglesia, sea anatema.
Can. 6. Si alguno dijere que el canon de la Misa contiene error y que, por tanto, debe ser abrogado, sea anatema.
Can. 7. Si alguno dijere que las ceremonias, vestiduras y signos externos de que usa la Iglesia Católica son más bien provocaciones a la impiedad que no oficios de piedad, sea anatema.
Can. 8. Si alguno dijere que las Misas en que sólo el sacerdote comulga sacramentalmente son ilícitas y deben ser abolidas, sea anatema.
Can. 9. Si alguno dijere que el rito de la Iglesia Romana por el que parte del canon y las palabras de la consagración se pronuncian en voz baja, debe ser condenado; o que sólo debe celebrarse la Misa en lengua vulgar, o que no debe mezclarse agua con el vino en el cáliz que ha de ofrecerse, por razón de ser contra la institución de Cristo, sea anatema.

SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

Can. 1. Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como en señal y figura o por su eficacia, sea anatema.
Can. 2. Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transubstanciación, sea anatema.
Can. 3. Si alguno negare que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema.
Can. 4. Si alguno dijere que, acabada la consagración, no está el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en el admirable sacramento de la Eucaristía, sino sólo en el uso, al ser recibido, pero no antes o después, y que en las hostias o partículas consagradas que sobran o se reservan después de la comunión, no permanece el verdadero cuerpo del Señor, sea anatema. (…)
Can. 6. Si alguno dijere que en el santísimo sacramento de la Eucaristía no se debe adorar con culto de latría, aun externo, a Cristo, Hijo de Dios unigénito, y que por tanto no se le debe venerar con peculiar celebración de fiesta ni llevándosele solemnemente en procesión, según laudable y universal rito y costumbre de la santa Iglesia, o que no debe ser públicamente expuesto para ser adorado, y que sus adoradores son idólatras, sea anatema.
Can. 7. Si alguno dijere que no es lícito reservar la Sagrada Eucaristía en el sagrario, sino que debe ser necesariamente distribuída a los asistentes inmediatamente después de la consagración; o que no es lícito llevarla honoríficamente a los enfermos, sea anatema.
Can. 8. Si alguno dijere que Cristo, ofrecido en la Eucaristía, sólo espiritualmente es comido, y no también sacramental y realmente, sea anatema.
Can. 9. Si alguno negare que todos y cada uno de los fieles de Cristo, de ambos sexos, al llegar a los años de discreción, están obligados a comulgar todos los años, por lo menos en Pascua, según el precepto de la santa madre Iglesia, sea anatema. (…)
Can. 11. Si alguno dijere que la sola fe es preparación suficiente para recibir el sacramento de la santísima Eucaristía, sea anatema. Y para que tan grande sacramento no sea recibido indignamente y, por ende, para muerte y condenación, el mismo santo Concilio establece y declara que aquellos a quienes grave la conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesión sacramental, habida facilidad de confesar. Mas si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado.

Visto en católicosalerta

ORACIÓN DE SAN PEDRO CANISIO PARA CONSERVAR LA FE

Oración de San Pedro Canisio para conservar la verdadera Fe.

Oración escrita por San Pedro Canisio (1521-1597), de la Compañía de Jesús, apóstol de la Contrarreforma en Alemania, llamado “martillo de los herejes”. Fue beatificado por el Papa Pío IX en 1868 y canonizado por Pío XI en 1925, que lo nombró doctor de la Iglesia.

Para mi salvación, confieso en voz alta todo lo que los católicos, con razón han creído siempre en sus corazones. Aborrezco a Lutero, odio a Calvino, maldigo a todos los herejes; no quiero tener nada en común con ellos, porque no hablan ni escuchan rectamente, y no poseen la única regla de la verdadera fe propuesta por la Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana. Me uno en comunión con Ella, abrazo la fe, sigo la religión y apruebo la doctrina de los que escuchan y siguen a Cristo, no sólo cuanto se enseña en las Escrituras, sino incluso en los Concilios Ecuménicos y lo que se define por boca de la Cátedra de Pedro, testificándola con la autoridad de los Padres. También me declaro hijo de la Iglesia Romana, a la que los impíos y blasfemos persiguen, desprecian y abominan como si fuera anticristiana; no me alejo en ningún punto de su autoridad, ni me niego a dar la vida y derramar mi sangre en su defensa. Creo que la salvación por los méritos de Cristo sólo podemos alcanzarla en unidad de esta misma Iglesia.

Con San Jerónimo, declaro permanecer unido con todos los que están unidos a la Cátedra de Pedro, con San Ambrosio, prometo seguir en todo a la Iglesia Romana a la que reconozco respetuosamente, con San Cipriano, como la raíz y madre de la Iglesia universal. Me baso en esta fe en la doctrina que aprendí de niño, que de joven confirmé como me la enseñaron los adultos y que, hasta ahora, con mis débiles fuerzas defendí. Para hacer esta profesión no me mueve otra razón que la gloria y el honor de Dios, la conciencia de la verdad, la autoridad canónica de la Santa Escritura, el consenso de los Padres de la Iglesia, el testimonio de fe que debo dar a mis hermanos y, finalmente, la salvación eterna en el Cielo y la felicidad prometida a los verdaderos creyentes.

Si se da el caso de que, debido a mi fe soy despreciado, maltratado y perseguido, lo consideraré como una extraordinaria gracia y favor, porque significará que Vos, mi Dios, me concedéis la oportunidad de sufrir por la justicia y no queréis que me sean benévolos aquellos que, como enemigos declarados de la Iglesia y de la verdad católica, no pueden ser vuestros amigos. Sin embargo, perdonadlos, Señor, porque instigados por el diablo, y cegados por el brillo de una doctrina falsa, no saben o no quieren saber lo que hacen.

Concededme esta gracia, tanto en la vida y como en la muerte, y que siempre sea testigo fidedigno de la sinceridad y fidelidad que os debo a Vos, a la Iglesia y a la verdad, que no me aleje de vuestro santo amor y que permanezca en comunión con aquellos que temen y guardan vuestros preceptos en la Santa Iglesia Romana, a cuyo juicio me someto yo y todas mis obras, con ánimo pronto y respetuoso. Que todos los santos, triunfantes en el cielo o militantes en la tierra, unidos indisolublemente en el vínculo de la paz con la Iglesia Católica exaltando vuestra inmensa bondad, rueguen por mí. A Vos, que sois el principio y fin de todos mis bienes, sea todo honor y gloria por los siglos de los siglos.

Amén.

 

San Pío V y San Carlos Borromeo aplastando la herejía mahometana y protestante.

SANCTE PIE V, ORA PRO NOBIS

SANCTE CAROLE BORROMEO, ORA PRO NOBIS

Cosmología tomista 14/18. Naturaleza del principio vital.

Naturaleza del principio vital.

De la doctrina consignada en al artículo anterior se deduce, que en los seres vivientes hay algo real que constituye la vida in actu primo o en su razón primaria, que da origen a las varias manifestaciones y funciones vitales, y que es el principio y razón suficiente del ser viviente como tal, y de su distinción de los seres no vivientes.

Empero la filosofía no se satisface con reconocer la existencia de ese algo real, no con saber que es una fuerza activa, sino que aspira además a descubrir la naturaleza propia de esa fuerza o actividad interna que contiene la razón suficiente de la vida y sus manifestaciones. Y de aquí las [260] controversias y opiniones de los filósofos sobre la naturaleza y atributos de esa actividad, denominada ordinariamente y estas controversias principio vital, y también alma, aunque esta denominación se refiere propiamente al principio vital de los animales y del hombre.

Omitiendo, en gracia de la brevedad que esta obra exige, la exposición y discusión de las opiniones varias encontradas de los filósofos sobre esta materia, expondremos sumariamente nuestra teoría, contenida en las siguientes proposiciones:

Tesis 1ª
El principio vital es algo real que pertenece a la esencia del viviente.

Por principio vital entendemos aquella realidad que es la razón primera por qué el ser A que la tiene, es viviente y se distingue del ser B no viviente; es así que el ser o sustancia viviente se distingue esencialmente del ser o sustancia no viviente: luego el principio vital de cada viviente, principio y razón suficiente de la naturaleza propia de éste, como sustancia viviente, y origen de su vitalidad, es algo que pertenece a la esencia del viviente.

Que las sustancias vivientes se distinguen esencialmente de las no vivientes, es una de aquellas verdades de sentido común y de experiencia, que sólo podrá negar el que tenga por razonable el gran descubrimiento de Descartes, que convierte a los animales en máquinas. Por lo demás, si necesario fuera demostrar esta verdad, bastaría reflexionar que las propiedades, efectos y movimientos de los vivientes, como la nutrición, la reproducción por semilla, la visión, imaginación, sueño y vigilia, producción de flores y frutos, &c., son completa y absolutamente diferentes de las propiedades, movimientos y efectos de las sustancias no vivientes e inorgánicas. Luego si tiene algún valor el principio racional de que las propiedades, operaciones y efectos, se hallan en relación con la esencia de que dimanan, y revelan los caracteres [261] de su naturaleza propia, es preciso admitir que la esencia propia de los vivientes es muy distinta y diversa de la esencia de los seres no vivientes.

Tesis 2ª
El principio vital es diverso de las fuerzas físicas y químicas que obran en los cuerpos.

La verdad de esta afirmación se halla demostrada evidentemente por las diferencias, tan multiplicadas como profundas, que distinguen y separan los cuerpos orgánicos o vivientes de los inorgánicos. Indicaremos algunas de estas diferencias.

a) Organización. Los minerales constan de partes generalmente homogéneas y similares, y no presentan variedad de miembros y órganos destinados a diversas funciones y fines especiales. Lo contrario sucede en los cuerpos vivientes u orgánicos, en los cuales, además de la variedad de miembros y órganos destinados a fines y funciones especiales, existe notable heterogeneidad de las partes componentes; y esto no solo en los vivientes de un orden superior, como los animales, sino en los mismos vegetales compuesto de tronco, corteza, hojas, flores frutos, &c.

b) Figura. Los cuerpos inorgánicos y minerales afectan con frecuencia determinadas figuras geométricas, si no hay algún impedimento externo, como consta por los fenómenos de la cristalización; también puede decirse, que están sujetas a multiplicidad y diversidad de figuras, sea por accidentes externos, sea por defecto de alguna condición que impida la marcha de la cristalización. Los vivientes afectan siempre y constantemente la misma figura y la misma disposición relativa de partes externas, y en general, formas más o menos redondeadas.

c) Origen. Los cuerpos inorgánicos deben su origen a la reunión de moléculas, realizada, o fortuitamente, o mediante el influjo y cooperación compleja y más o menos casual de varias causas. El origen de los vivientes se verifica por medio [262] de semillas determinadas y propias de cada especie, de manera que comienzan a existir por generación y nacimiento, y lo que es más aún, tienen la facultad de producir individuos semejantes en especie.

d) Incremento. Mientras que los cuerpos inorgánicos se aumentan y crecen por la simple agregación de nuevas moléculas, los vivientes crecen y se aumentan a sí mismos, por intususpección, es decir, absorbiendo, alterando y asimilándose diversas sustancias, por medio de una elaboración compleja que exige y supone una actividad sui generis, tan poderosa y enérgica, como superior a la que supone y exige la simple yuxtaposición de moléculas en los animales.

e) Magnitud y conservación. En los minerales, el volumen y masa pueden aumentarse indefinidamente: en los vivientes sucede todo lo contrario, no pasando nunca de cierto límite en orden a la magnitud. Igualmente, los minerales pueden permanecer en su ser indefinidamente, si algún agente externo no determina su descomposición y corrupción. Los vivientes, a causa de la elaboración compleja que gasta y disminuye su fuerza o actividad radical, no pueden conservar su ser sino por un espacio de tiempo que no pasa de ciertos límites. De aquí es también, que mientras los cuerpos inorgánicos dejan de ser por simple corrupción, los vivientes mueren o dejan de existir por muerte, que es una especie determinada de corrupción.

Tesis 3ª
El principio vital es la forma sustancial del viviente.

Esta tesis

1º Tiene en su apoyo todas las razones aducidas al tratar de los principios esenciales de los cuerpos, puesto que todos los fundamentos sobre que se apoya la teoría de la materia prima y de la forma sustancial, tienen fuerza y aplicación especial respecto de los vivientes, por lo mismo que en [263] estos se revela y aparece más manifiesta la unidad de esencia y la actividad radical y primitiva.

2º Viene a ser un corolario lógico de la doctrina expuesta en el artículo anterior y de las dos tesis precedentes. Porque si el principio vital es algo que pertenece a la esencia propia del viviente, como se probó en la primera tesis, y por otro lado es una fuerza sui generis, absolutamente distinta y superior respecto de las fuerzas físicas y químicas, síguese de aquí que es la misma forma sustancial del viviente, toda vez que la forma sustancial no es otra cosa, como queda dicho, sino una entidad sustancial incompleta, por razón de la cual la sustancia completa constituida por ella, en unión con la materia, se distingue esencialmente de otras sustancias, y que es la razón suficiente primera y el principio radical de las propiedades características, y sobre todo de las fuerzas o potencias activas y operaciones propias de aquella sustancia. Luego al principio vital le cuadra perfectamente la noción propia de la forma sustancial, puesto que ya hemos visto y demostrado: 1º que es una realidad que pertenece a la esencia del viviente: 2º que es aquello por medio o por razón de lo cual las sustancias vivientes se distinguen de las no vivientes: 3º que es el principio radical y la razón suficiente primaria de las propiedades características del viviente, y de las funciones u operaciones vitales.

De la doctrina expuesta en esta tesis y en las dos anteriores, se desprenden los siguientes

Corolarios

1º En cada viviente no existe más que un solo y único principio vital. Este corolario se sigue necesariamente de la tesis antecedente, porque en cada sustancia específica, no puede haber más que una forma sustancial, como se dijo al hablar de ésta.

Por otra parte, e independientemente de la teoría sobre la materia y forma, este corolario tienen en su apoyo la experiencia y la observación psicológica, las cuales nos enseñan que entre las varias funciones vitales existe cierta mancomunidad originaria y cierta refluencia mutua, puesto que [264] el ejercicio intenso de unas lleva consigo la disminución de intensidad en otras, y lo que es más, el desarrollo y ejercicio de unas cede en perjuicio del desarrollo de otras. Las sensaciones vehementes e intensas de la sensibilidad, sean de dolor o de placer, impiden en todo o en parte el ejercicio de las facultades intelectuales, y a su vez, el ejercicio intenso y continuado de éstas cede en perjuicio de las funciones de nutrición y digestión, &c. Esto indica que todas estas fuerzas y funciones vitales, a pesar de sus diferencias, radican todas en un mismo principio, en una actividad fundamental y única, que es el alma racional, forma sustancial del hombre. Y si esto tiene lugar en el hombre, en el cual la variedad de potencias y operaciones vitales es tan notable, a fortiori sucederá en los animales y vegetales.

2º Luego se deben tener por falsas y erróneas todas las teorías vitalistas o antivitalistas que multiplican y distinguen las fuerzas vitales en los vivientes, sin reducirlas o referirlas a alguna fuerza primitiva, esencial y única, en la cual radiquen originariamente.

3º Es igualmente errónea e inadmisible la opinión de los que afirman que el principio formal de la vida en los vegetales es el organismo. A la verdad, prescindiendo de otras razones en contra, entre ellas la de que el organismo es una cosa pasiva más bien que activa, puede decirse que esta opinión identificada, o mejor dicho, toma el efecto por la causa, siendo indudable que el organismo es un efecto y un signo de la vida y no su principio o causa. De aquí es que cuando vemos un organismo, al instante deducimos que allí hay o ha habido una fuerza superior a las físicas y químicas, que produjo e informó aquel organismo.

Añádase a esto, que si se concede que el organismo es el principio formal de la vida en los vegetales, nada verdaderamente sólido se puede replicar al que afirme que también es el principio formal de la vida en los animales y el hombre. Porque es natural y lógico afirmar que si un organismo imperfecto, como es el de los vegetales, puede ser principio de la vida en estos, un organismo más perfecto, cual es sin [265] duda el de los animales y el hombre, puede ser principio formal de la vida que en estos se manifiesta, siquiera sea más perfecta que la que se revela en los vegetales.

EL SACERDOTE

El sacerdote. Por Fray. Mario José Petit de Murat O.P. † 1972

Sociedad Religiosa de San Luis Rey de Francia

Nuestra religión tiene sobre todas las otras la característica ésta: descubre y eleva ese tesoro que es nuestra alma. El cristianismo descubre y eleva ese tesoro que es nuestra alma. Descubre esa gran cautiva que llevamos dentro y conocemos tan poco. Esa maravilla creada por Dios a la que le dio su propia característica: el ser inmortal.
Si vemos el mundo tan desolado es porque falta en él la inteligencia y la voluntad que son como el eje del mundo. Todo parece desordenado y sin sentido cuando no está regulado por ellas.
El hombre es rey, soberano de todo lo creado. Nada debe pedir a las criaturas que, precisamente, están esperando que él justifique su existencia, elevándolas a Dios. El hombre es inmortal y las cosas que pasan no pueden ofrecerle más que muerte. Cuando surge el alma bañada por la Sangre del Cordero, límpida, pura, recobrada su virginidad, Dios la eleva y la corona con la adopción de hijo. Entonces puede erguir su cabeza y colocarse entre los coros de los ángeles. ¡Es tan bella el alma redimida! Jesús decía a Santa Teresa: “¡Es tan bella tu alma, que si no hubiera Cielo, lo crearía para ti”. Y no titubeó en hundirse en las afrentas más terribles con tal de rescatar esta cautiva, la única en el universo que puede ofrecerle un lugar de reposo.
La excelencia de las pasiones forma parte de la vida espiritual y Dios da la necesidad de ellas para la santificación. En los mandamientos encontramos uno que se refiere al amor de Dios y al prójimo “Amarás a tu Dios…” Todo lo reduce a esto: “Amarás”. Afiancemos bien la idea acerca de la castidad, desarraiguemos de nosotros la idea de que es contraria a la naturaleza humana. ¡No! La naturaleza humana está sedienta de castidad, está clamando por la castidad que purifica por dentro. Es necesaria no sólo para el sacerdote, sino para el célibe y para el casado. ¿Acaso no fueron verdaderos esposos la Sma. Virgen y San José? La carne es nada, es el calzado de nuestros pies. El verdadero connubio está en la maravillosa unión de las inteligencias. La castidad no es opresión. El hombre debe tener un completo dominio de sus apetitos. Los médicos se meten en camisas de once varas cuando opinan sobre estas cosas. Ellos observan sólo los cuerpos, y el hombre es cuerpo y espíritu. Observan cuerpos de hombres que no son normales porque el hombre normal es el santo y nosotros somos degenerados. Él médico no debe hablar de hombres sino de cuerpos y de las enfermedades del cuerpo. Hay que libertar al hombre. La castidad no es prorrogativa ni violencia impuesta al sacerdote sino una necesidad por la que está clamando la naturaleza humana. El apetito animal del hombre en cuanto a su modo debe ser racional. En el hombre la animalidad está abierta a lo sublime, aspirando a una perfección. Todo hombre tiene vocación de sacerdote. ¡Qué error cuando se dice, comentando una debilidad: “Es humano” ¡No! eso no es humano, eso va contra la naturaleza humana. ¡El hombre tiene sed de Dios! El sacerdote es el hombre en toda su plenitud. Es una locura de Dios. Dad gracias a Dios porque marcó con marca de fuego esa carne por amor a sus redimidos. ¡Qué cosa maravillosa es el sacerdote! Está en los torrentes vivificantes de Dios. ¿Habéis pensado alguna vez en estas palabras: “Yo te absuelvo”? No, “yo te pido Señor que lo absuelvas”, sino “Yo te absuelvo”. ¡Dios hizo locuras con el hombre! Es tan magnífico lo que hizo con el sacerdote, que si lo comprendiéramos, moriríamos. El sacerdote, siente circular a Cristo a través de sí. En el confesionario se sienta Dios. Surgen consejos, inspiraciones que jamás se le hubieran ocurrido a él. Cuando caemos de rodillas ante un sacerdote, lo hacemos porque vemos en él un instrumento de Dios. Al pronunciar las palabras de la consagración, el sacerdote desaparece, es Cristo que está allí. La Iglesia nos ha liberado del hombre. No veamos allí a la criatura sino a Dios.
Cuando comprendemos la dignidad excelsa del sacerdote, ¿podemos todavía apreciarlo por sus dotes personales? Esas dotes son nada al lado de su condición de sacerdote. Escuchemos con reverencia al más humilde cura de aldea: es sacerdote, es portador de Dios.
Y sabedlo: El sacerdote está dotado de una gran fecundidad espiritual. Su alma va cargada de multitud de almas, llevando en sí sus preocupaciones, sus problemas y sobre todo, sus destinos ante Dios.
Oh! Vosotros que comprendéis lo que es el sacerdote, miradlo con reverencia. Que vuestra manera de tratarlo, de dirigiros a él esté proclamando el respeto y la reverencia a su dignidad.
El sacerdote está en los torrentes de Dios y debe tener perfecta pureza. La fecundidad de la carne ha caducado. Ha sido desheredada de su fin supremo de elevar las criaturas a Dios, y ha sido dada la primacía a la fecundidad del espíritu.
Los Patriarcas conferían los poderes del espíritu al primogénito. Era como una ordenación sacerdotal. Pero la carne defraudó y Dios dio el poder al espíritu. Los hijos de Dios no son hijos de la carne sino del espíritu: “Te doy un retorno virginal, nuevo, al espíritu…” El que hizo voto de castidad se siente rey. No trabaja para una carne caduca, enferma, que exige tanto y dá tan poco. Por eso es que el sacerdote ha sido liberado.
Oídlo bien: Liberado de la servidumbre de la carne para que, libre de todo lazo carnal, pueda volar donde una necesidad lo llama. Defended siempre la castidad del sacerdote como una necesidad esencial. El sacerdote debe ser el verbo del Verbo. El Verbo nombra a Dios. Al sacerdote le han sido dados los poderes del Verbo para que continúe su obra sobre la tierra. El Oficio Divino que reza diariamente el sacerdote es el canto del Espíritu Santo. Es el canto de la Esposa que día y noche nombra al Esposo. Lo multiplica en la boca de sus hijos. Entremos en veneración del Oficio Divino. El que lo ha tenido en sus manos, ya no puede seguir rezando novenítas. ¡Cómo han cambiado los tiempos! San Bernardo oía cantar salmos a los labriegos. ¡Cantaban salmos mientras labraban la tierra!…
R. P. Fr. Mario José Petit de Murat O. P. † 1972

¡AYUDA A LA IGLESIA CATÓLICA EN CUBA!

FUTURA CAPILLA TRADICIONAL EN CUBA

A todos los lectores de nuestra página:

Desde hace mucho tiempo estábamos buscando una casa en venta para convertirla en la primera capilla católica tradicional de Cienfuegos (Cuba), después de la Reforma Litúrgica. Ahora acabamos de encontrar una casita en el mismo centro de la ciudad, en el Prado de Cienfuegos, que nos cuesta 8 000 CUC, lo equivalente a 8500 USD. Estamos buscando benefactores que por amor a la Iglesia y por caridad para con los fieles de Cienfuegos, nos ayuden a comprar dicha casa. No pedimos que nos envíe todo el dinero, sino que estamos haciendo una campaña para encontrar 80 benefactores que nos envíen a 100 USD cada uno, para así reunir entre todos la cantidad total. Si usted puede ser uno de ellos, se lo agradeceremos eternamente, pues habrá contribuido a que en Cienfuegos se celebre dignamente el Culto Público de la Iglesia. Si no puede llegar a 100 USD, considere ayudarnos con lo que pueda. Juntando muchas ayudas, podremos comprar nuestra futura capilla católica. Que la Virgen le acompañe siempre.

David Martínez Espinosa

damartinez900212@gmail.com

 

Los benefectores pueden hacer una donación directa a nombre de David Martínez Espinosa, bien por giro postal que es el sistema más económico, bien por Western Unión. Si desean usar Pay Pal para mayor comodidad pueden dirigir sus donativos al email pedidos@sededelasabiduria.es, y nosotros se lo remitiríamos luego a David por giro postal. En este caso deben poner como concepto: ayuda a Cuba, para saber que ese ingreso está destinado a esa finalidad.

Cosmología tomista 13/18. Los cuerpos vivientes

Los cuerpos vivientes

La Cosmología, que trata del mundo corpóreo y de sus partes, propiedades afecciones y relaciones generales y principales, debe tratar de la vida y de sus manifestaciones en las sustancias materiales vivientes, las cuales constituyen una parte muy importante del mundo de los cuerpos que nos rodea y que se halla sujeto a nuestras investigaciones.

Noción general y clasificación de la vida.

1º Noción general de la vida.

«Observando, dice santo Tomás, lo que tiene lugar en los seres que sin duda alguna son considerados como vivientes por todos generalmente es como podemos y debemos formar idea de lo que constituye la vida. Siendo, pues, indudable y manifiesto que la vida conviene o se halla en los animales, la distinción y diferencia entre los vivientes y los no vivientes, debe consistir en aquella cosa, según la cual y por razón de la cual, afirmamos que los animales viven, y esta cosa no es otra sino aquel fenómeno por el cual y con el cual primaria y originariamente se revela y manifiesta la [254] vida, primo manifestatur vita, y en el cual se manifiesta y revela últimamente la existencia o permanencia de la vida: et in quo ultimo remanet. Ahora bien: lo primero que nos sirve de indicio para reconocer que un animal vive, es el moverse a sí mismo. Por eso cuando comienza a moverse a sí mismo, decimos que comienza a vivir, y mientras descubrimos en el animal este movimiento propio e inmanente, juzgamos que tiene todavía vida. Por el contrario, cuando vemos que ya no tiene movimiento de por sí y de sí mismo, sino que si se mueve es porque otro le mueve, decimos que está muerto y que le falta la vida.»

Dudamos que se encuentre en ningún filósofo antiguo ni moderno un pasaje que encierre un procedimiento tan sencillo, tan experimental y tan filosófico a la vez, para llegar al análisis racional de la noción de la vida y determinar su naturaleza propia. Y en efecto; para obtener este resultado, bastará desarrollar esta doctrina de santo Tomás, basada sobre la experiencia, la observación y el sentido común, y deducir sus consecuencias naturales, que es lo que vamos a hacer a continuación.

a) Toda vez que nosotros no poseemos el conocimiento intuitivo ni comprensivo de lo que constituye la esencia íntima de la vida, como nos sucede también con respecto a la mayor parte de las esencias, es indudable que, considerada a posteriori et quoad nos, la vida consiste en una fuerza o actividad interna por medio de la cual el sujeto que la posee se mueve a sí mismo, es decir realiza movimientos, acciones y mutaciones inmanentes, o que se reciben en el sujeto operante. Por esta causa dice con razón el citado santo Tomás, que illa proprie sunt viventia, quae seipsa secundum aliquam speciem motus movent; ut sic viventia dicantur, quaecumque se agunt ad motum vel operationem aliquam: de manera que vivientes son los seres que se aplican o determinan a sí mismos, se agunt, a algún movimiento o alguna operación. Porque se debe tener presente, que cuando se habla de movimientos al analizar la noción de la vida y de los vivientes, se entiende, además del movimiento propiamente dicho o traslaticio, [255] cualquiera mutación, función y operación real inmanente o recibida en el sujeto, y procedente de un principio interno. Más todavía: el movimiento local o traslaticio tiene sobre sí otras manifestaciones superiores de la vida, como veremos después.

b) Si se quiere ahora definir la vida encerrando su noción en una fórmula más concisa, diremos que la vida es: Una fuerza o actividad interna sustancial por medio de la cual el sujeto ejecuta movimientos y operaciones inmanentes. Esta definición, cuyo sentido se desprende de lo que arriba dejamos dicho, es, sin duda, preferible a cuantas en los tratados de filosofía, de fisiología y de medicina se han aducido y suelen aducirse. Porque es fácil observar que esta definición (1) ofrece, entre otras, la ventaja: 1º de ser aplicable a toda clase de seres vivientes, sean materiales o espirituales: 2º de abarcar, no sólo las funciones y fenómenos vitales que constituyen las [256] manifestaciones secundarias y accidentales de la vida, sino el principio y razón suficiente de las manifestaciones vitales. En otros términos: esta definición contiene la definición de la vida in actu primo, como raíz y origen de la vida in acto secundo.

{(1) No hemos hallado hasta ahora en estos tratados una definición verdaderamente científica ni aceptable de la vida. Verdad es que esto no es de extrañar, cuando las eminencias, por decirlo así, de la medicina y la fisiología, nos ofrecen definiciones de la vida absolutamente inaceptables en el terreno de la ciencia y de la lógica. Sabido es, por ejemplo, que para Sthal la vida no es más que «conservación del cuerpo en su mezcla corruptible, sin la existencia o actual verificación de esta corrupción.» Un cadáver preservado por algún tiempo de la corrupción por medios artificiales, sería viviente con la vida definida por el médico alemán.
El célebre Bichat define la vida: el conjunto de las funciones que resisten a la muerte. Aparte de otros graves inconvenientes y reparos científicos, esta definición: 1º no conviene a los seres inmortales de su naturaleza, como Dios y los ángeles, a pesar de poseer vida, y vida más perfecta que los animales y los hombres: 2º explica la vida por la muerte, o sea la realidad por su ausencia y privación, lo cual envuelve un verdadero círculo vicioso. Ni es más exacta o científica la definición de Richerand, según la cual, la vida es «el conjunto de los fenómenos que se suceden en los cuerpos orgánicos en un espacio ilimitado de tiempo,» definición que, además del inconveniente primero de Bichat, ofrece el de ser definición del sujeto de la vida más bien que de ésta.}

c) La vida, pues, incluye y exige tres condiciones principales, las cuales sirven para determinar y fijar también el sentido de la definición propuesta: 1ª que el principio del movimiento u operación sea interno, es decir, que radique en la naturaleza o esencia misma de la sustancia viviente, de manera que ésta se determine y aplique a obrar en virtud de una actividad o fuerza innata e inherente en su ser. Por falta de esta condición, no es vital el movimiento del agua que sale continuamente de un caño, porque este movimiento trae su origen de la presión del aire u otros cuerpos: 2ª que el término de la acción vital sea el mismo viviente; la nutrición o crecimiento y fluorescencia de las plantas, la digestión y visión en los animales, la intelección y volición en el hombre, son funciones y operaciones que se reciben y terminan en el mismo sujeto que las pone, razón por la cual se llaman también inmanentes, porque la realidad que envuelven y la mutación que producen, se reciben y residen en el sujeto operante. Por defecto o falta de esta condición, no son acciones vitales la producida por el fuego en los cuerpos cercanos, la iluminación de la atmósfera por el sol, con otras acciones y mutaciones análogas: 3ª que el ejercicio de la vida envuelva perfección del viviente, condición que es un corolario necesario de las anteriores; porque si el viviente es el principio y el término a la vez del movimiento vital, claro es que el ejercicio o acto segundo de la vida lleva consigo una actualidad, y por consiguiente, una perfección subjetiva del viviente como viviente.

2º Clasificación general de la vida.

a) Si, como acabamos de ver, la razón esencial y propia de la vida consiste en la actividad o fuerza interna con que una sustancia se mueve a sí misma, es consiguiente y necesario decir: 1º que la vida será tanto más perfecta, cuanto más [257] perfecto sea el modo con que una cosa se mueve a sí misma. 2º que la diferencia y variedad de los grados generales de vida, deben señalarse en relación con la diferencia y variedad de modos con que un ser viviente se mueve a sí mismo.

b) Un viviente puede moverse o aplicarse a sí mismo a movimientos y operaciones vitales de tres maneras: 1ª de modo que la operación vital proceda de un sujeto se movente, o que tiene en su naturaleza el principio y razón suficiente de la ejecución del movimiento, pero no de la forma, ni del fin del movimiento: 2ª de modo que la operación vital de un sujeto se movente, no solo en cuanto a la ejecución, sino también en cuanto a la forma que determina y especifica el movimiento, pero no en cuanto al fin del mismo: 3ª de modo que la operación vital proceda de un sujeto se movente, en cuanto a la ejecución, la forma y el fin del movimiento u operación.

c) En conformidad y relación con estos tres géneros de actividad interna y vital, existen tres modos o grados de vida, y tres grados de vivientes, que son: 1º Vivientes con vida vegetativa, los cuales tienen la fuerza interna para moverse a sí mismos ejecutandomovimientos o funciones vitales, pero cuya forma y fin están predeterminados por la naturaleza, o mejor dicho, por su autor, y por consiguiente, aunque son verdaderos vivientes, porque tienen dentro de sí mismos actividad suficiente para realizar operaciones y mutaciones inmanentes, son, sin embargo, son, sin embargo, vivientes imperfectos relativamente, en cuanto reciben de fuera la forma y el fin de estos movimientos. 2º Vivientes con vida sensitiva o animal, los cuales se mueven a sí mismos, no solamente en cuanto y porque ejecutan operaciones radicadas en una actividad interna, sino por parte de la forma que determina el modo y la especie del movimiento, o sea la representación del objeto percibido por el animal, la cual está dentro de éste y determina la operación o función vital. 3º Vivientes con vida intelectual, los cuales tienen dentro de sí la fuerza ejecutiva de las operaciones vitales, la forma, o sea la idea del objeto con relación al cual se verifica la función vital, y [258] también el fin, es decir, el conocimiento del fin como tal, para cuya consecución ejecuta estos o aquellos movimientos; a diferencia de los animales, cuyos movimientos instintivos y necesarios se refieren a un fin predeterminado y recibido de antemano por la naturaleza (1). En resumen: todos los vivientes convienen en tener dentro de sí mismos el principio de sus operaciones y en moverse a sí mismos. Pero se diferencian entre sí, por cuanto este principio de los vegetales, es interno por parte de la ejecución, y externo por parte de la forma y del fin; pues aunque se dan a sí mismas el movimiento, si es lícito hablar así, en cuanto ejecutan operaciones vitales o inmanentes en virtud de una fuerza propia que tienen dentro de sí, no se dan a sí mismos la forma y el fin de estos movimientos y operaciones. En los animales, dicho principio es interno en cuanto a la ejecución y la forma, pero externo por parte del fin. En los seres inteligentes, este principio es interno por parte de la ejecución, de la forma y del fin: porque conociendo la razón formal de fin y su relación con los medios, pueden constituirse y señalarse a sí mismos el fin de la operación vital.

{(1) Esta teoría sobre la clasificación general de la vida y su fundamento filosófico, se halla en armonía con la doctrina de santo Tomás contenida en el siguiente pasaje: «Invenitur quaedam, quae movent seipsa, non habito respectu ad formam vel finem, quae insunt eis a natura, sed solum quantum ad executionem motus… Qaudam vero ulteris movent seipsa, non solum habitum respectu ad executionem motus, sed etiam quantum ad formam, quae est principium motus, quam per se acquiurunt. Et hujusmodi sunt animalia, quorum motus principium est forma, non a natura indita, sed per sensum accepta… Supra talia animalia sunt illa, quae movent seipsa etiam habito respectu ad finem, quem sibi praestituunt: quod quidem non fit nisi per rationem et intellectum, cujus est cognoscere proportionem finis, et ejus quod est ad finem, et unum ordinare ad alterum.» Loc. sup. cit., art. 3º.}

d) Dos consecuencias importantes se deducen de la doctrina hasta aquí expuesta: 1ª Que siendo la vida una [259] perfección real y positiva, en virtud de la cual el ser viviente es más noble y perfecto que el no viviente, en Dios existe la vida intelectual, que es la más perfecta de las tres: 2ª que la vida de Dios sólo conviene análogamente, pero no unívocamente con la vida aun intelectual de las criaturas; y esto no solamente por la razón general de ser perfectísimas e infinita, sino porque en ella únicamente se salva plenamente la noción y definición de la vida intelectual. La razón es, que de los vivientes intelectuales creados no puede decirse que se mueven a sí mismos, en un sentido perfecto y absoluto, por parte de la ejecución, ni de la forma, ni del fin. Por parte de la ejecución; porque necesitan del concurso y moción de Dios para obrar: por parte de la forma; porque reciben de fuera las ideas en algún sentido, a saber, los ángeles, de Dios, y los hombres de los objetos: por parte del fin, en cuanto reciben de la naturaleza o de su Autor la determinación y apetición necesaria del bien en común.

MONASTERIOS CERRADOS EN ESPAÑA [2000-2017]

Más de ciento treinta [130] monasterios se han cerrado en España en lo que llevamos de siglo. No hemos puesto las casas cerradas de religiosos/as de vida activa porque la lista sería interminable.

Las causas que podemos señalar:

1ª No hay vocaciones. ¿ Por qué? Porque Dios no es autor del mal; por lo tanto no va a conducir a las almas que llama a consagrarse a Él a congregaciones o institutos que han traicionado la Regla primitiva de los fundadores, donde se perderían irremediablemente.

2ª Porque han sido prácticamente todas las congregaciones abducidas por el espíritu anticatólico del Vaticano II y de los errores del «magisterio» de Roncalli, Montini, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio.

3ª Porque los mercenarios llevan más de 50 años predicando una fe que no es fe católica; esto es:

-El infierno no existe (Bergoglio)

-El infierno existe pero quizá esté vació ( Hans Urs von Balthasar, creado «cardenal» por Wojtyla)

-Fuera de la Iglesia hay salvación, hay cristianos anónimos ( Karl Rhaner: junto con Raztzinger, Chenú, Frink, Bea, Congar, H. Cámara, Montini, Liénart, etc. formaron el frente más heterodoxo del conciliábulo vaticano II)

-El budismo es una religión de salvación ( Wojtyla en Cruzando el Umbral de Esperanza: 84-85, 1994)

       -El plan de salvación incluye a los musulmanes. Catecismo de la Iglesia Católica, de Wojtyla: 841, 10/11/1992.
4º Porque los jefes de los mercenarios quieren un abrazo adúltero  con el mundo ( Ratzinger: La Iglesia tiene que reconciliarse con el liberalismo y el progreso. Principles of Catholic Theology (San Francisco: Ignatius Press, 1987).: 381
5º Porque han destruido todos los dogmas ( Ratzinger: Ni Cristo ni los Apóstoles definieron nunca un conjunto de dogmas. Introduction To Christianity, pág 96 -San Francisco : Ignatius Press, 2004-.
Apasionados cultores del ‘credo’ racionalista -que cuenta desde ya con sus propios ‘dogmas’ y ‘canonizaciones laicas’ y de herejes, empezando por Monini y siguiendo por WojtYla y Helder Cámara de este siglo , y muchos otros-;  terminan siempre, alarmados cuando no horrorizados, pidiendo más controles, más ayudas del estado, mayor seguridad, mejor respuesta por parte de los fieles, etc., etc., desconociendo por completo, con necia ignorancia, el origen de todos estos males, a saber, la profunda decadencia del hombre por el abandono de sus principios y fundamentos  espirituales  -como luminosamente lo advertía Soloviev. Con justicia se les pueden aplicar las oportunas palabras  del gran orador Bossuet, el cual decía: “Dios no puede tomar en serio a aquellos que deploran las consecuencias de causas que sin embargo aman”.

 Cum  exórti fuérint peccatóres sicut fænum et apparúerint omnes, qui operántur iniquitatem:ut intérreant in sæcum saæculi: tu autem Altssímus in æternum, Dómine.

Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. Tu, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos.

 HE AQUÍ LA LISTA de MONASTERIOS CERRADOS

FEMENINOS

Clarisas

– 2001: Monasterio de Santa Clara (Peñafiel, Valladolid).

– 2001: Monasterio de Santa Clara (Játiva, Valencia).

– 2003: Monasterio de Santa Clara (Vitoria, Álava).

– 2005: Monasterio de Santa Clara (Briviesca, Burgos).

– 2007: Monasterio de Ntra. Sra. de Gracia (Jerez de los Caballeros, Badajoz).

– 2009: Monasterio de la Santa Cruz (Córdoba).

– 2010: Monasterio de Ntra. Sra. de las Rivas (Nofuentes, Burgos).

– 2011: Monasterio de Santa Clara (Estella, Navarra).

– 2012: Monasterio de Santa Clara (Bergara, Gipuzkoa).

– 2013: Monasterio de San Juan Evangelista (Ciempozuelos, Madrid).

– 2013: Monasterio de Santa Cruz (Loiu, Bizkaia).

– 2014: Monasterio de la Trinidad (Valencia).

– 2015: Monasterio de Santa María de Jerusalén (Zaragoza).

– 2016: Monasterio de Santa Clara (Toledo).

– 2016: Monasterio del Santísimo Nombre de Jesús (Cintruénigo, Navarra).

– 2016: Monasterio de Santa Isabel (Córdoba).

– 2017: Monasterio de Santa Clara (Portugalete, Bizkaia).

– 2017: Monasterio de Santa Clara (Zarautz, Gipuzkoa).

– 2017: Monasterio de Santa Clara (Ciudad Rodrigo, Salamanca).

– 2017: Monasterio de Santa Clara (Pontevedra).

– 2017: Monasterio de la Purísima Concepción (Medina de Rioseco, Valladolid).

– 2017: Monasterio de Santa Clara (Fortiá, Gerona).

Santa Clara, ora pro nobis

Carmelitas Descalzas

– 2003: Monasterio de Ntra. Sra. del Carmen (Murgia, Álava).

– 2003: Monasterio de la Virgen de la Antigua (Orduña, Bizkaia).

– 2007: Monasterio de San José y Santa Teresa (Valencia).

– 2008: Monasterio de San José (Zumaia, Gipuzkoa).

– 2009: Monasterio del Niño Jesús de Praga (Durango, Bizkaia).

– 2010: Monasterio de Santa Ana (Tarazona, Zaragoza).

– 2010: Monasterio de Cristo Rey (Tordesillas, Valladolid).

– 2013: Monasterio del Corpus Christi (Valencia).

– 2015: Monasterio de San José (Écija, Sevilla).

– 2016: Monasterio de la Madre de Dios (Lerma, Burgos).

– 2017: Monasterio de Ntra. Sra. del Carmen (Corella, Navarra).

– 2017: Monasterio de El Salvador (Ledesma, Salamanca).

Dominicas

– 2006: Monasterio de San Miguel Arcángel (Málaga).

– 2007: Monasterio de Santa Catalina de Siena (Gerona).

– 2007: Monasterio de San Ildefonso (Santillana del Mar, Cantabria).

– 2008: Monasterio del Corpus Christi (Vila-real, Castellón).

– 2008: Monasterio de San Juan Bautista (Quejana, Álava).

– 2009: Monasterio de Santa Catalina de Siena (Valladolid).

– 2009: Monasterio del Stmo. Rosario (Jumilla, Murcia).

– 2010: Monasterio del Corpus Christi (Carcaixent, Valencia).

– 2013: Monasterio de Ntra. Sra. de Altagracia (Ciudad Real).

– 2015: Monasterio de San José (Calatayud, Zaragoza).

Concepcionistas Franciscanas

– 2001: Monasterio de la Inmaculada Concepción (Tarazona, Zaragoza).

– 2004: Monasterio de la Concepción (Fuente del Maestre, Badajoz).

– 2004: Monasterio de la Purísima Concepción (Olmedo, Valladolid).

– 2005: Monasterio de la Purísima Concepción (Los Arcos, Navarra).

– 2007: Monasterio de la Purísima Concepción (Tortosa, Tarragona).

– 2007: Monasterio de San Miguel (Calamocha, Teruel).

– 2008: Monasterio de la Purísima Concepción (Zamora).

– 2008: Monasterio de la Purísima Concepción (Ciudad Real).

– 2009: Monasterio de la Purísima Concepción (Mérida, Badajoz).

– 2009: Monasterio de la Purísima Concepción (Eibar, Gipuzkoa).

– 2014: Monasterio de la Stma. Trinidad y Purísima Concepción (Écija, Sevilla).

– 2015: Monasterio de la Concepción y San Blas (Miedes de Aragón, Zaragoza).

– 2015: Monasterio de la Santísima Encarnación (Escalona, Toledo).

– 2015: Monasterio de San Antonio y de la Misericordia (El Pardo, Madrid).

– 2015: Monasterio de la Purísima Concepción (Benicarló, Castellón).

– 2016: Monasterio de la Inmaculada Concepción (Sineu, Mallorca).

– 2016: Monasterio del Sagrado Corazón (Yecla, Murcia).

– 2016: Monasterio de la Concepción (Alfaro, La Rioja).

Clarisas Capuchinas

– 2009: Monasterio de Ntra. Sra. del Pilar (Huesca).

– 2011: Monasterio de Monte Calvario (Málaga).

– 2011: Monasterio de la Inmaculada (Tudela, Navarra).

– 2012: Monasterio de la Preciosísima Sangre (Castellón).

– 2013: Monasterio de la Sagrada Familia (Villamañán, León).

– 2017: Monasterio de Ntra. Sra. del Rosario (San Fernando, Cádiz).

Agustinas

– 2003: Monasterio de la Madre de Dios (Antequera, Málaga).

– 2006: Monasterio de Ntra. Sra. de los Dolores (Bocairent, Valencia).

– 2007: Monasterio de San Agustín (Almansa, Albacete).

– 2008: Monasterio de San Pedro (Pamplona, Navarra).

– 2009: Monasterio de Santa Susana (Durango, Bizkaia).

– 2015: Monasterio de la Consolación (Aretxabaleta, Gipuzkoa).

– 2016: Monasterio de Santa Úrsula (Toledo).

– 2017: Monasterio de Ntra. Sra. de Gracia (Ávila).

Agustinas Recoletas

– 2007: Monasterio de la Asunción (Ágreda, Soria).

– 2008: Monasterio de Santa Úrsula (Jaén).

Agustinas Descalzas

– 2003: Monasterio de San Felipe Neri y Santa Mónica (Jávea, Alicante).

– 2009: Monasterio de San José y Santa Ana (L´Olleria, Valencia).

– 2013: Monasterio del Santo Sepulcro (Alcoy, Alicante).

Justinianas

– 2012: Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús (Agullent, Valencia).

Jerónimas

– 2014: Monasterio de Santa Isabel (Palma de Mallorca, Mallorca).

Salesas

– 2001: Monasterio de la Visitación (Calatayud, Zaragoza).

– 2003: Monasterio de la Visitación (Pamplona, Navarra).

– 2012: Monasterio de la Visitación (Orihuela, Alicante).

– 2017: Monasterio de la Visitación (Godella, Valencia).

Brígidas

– 2007: Monasterio de la Magdalena (Vitoria, Álava).

Monjas Cistercienses

– 2008: Monasterio de Santa María la Real (Villarcayo, Burgos).

– 2009: Monasterio de Santa Ana (Málaga).

– 2015: Monasterio de Santa María de Jesús (Salamanca).

– 2017: Monasterio de la Purísima Concepción (Córdoba).

– 2017: Real Monasterio de San Quirce y Santa Julita (Valladolid).

Monjas Redentoristas

– 2008: Monasterio de Cristo Redentor (Burlada, Navarra).

– 2017: Monasterio de Cristo Redentor (Madrid).

Comendadoras de San Juan de Jerusalén

– 2008: Monasterio de San Juan de Jerusalén (Zamora).

MASCULINOS

Cartujos

– 2012: Cartuja de Aula Dei (Peñaflor de Gállego, Zaragoza).

Benedictinos

– 2017: Abadía de Nuestra Señora de Valvanera (Anguiano, La Rioja).

Franciscanos OFM

– 2004: Convento de San Antonio (Alcoy, Alicante).

– 2006: Convento de San Francisco (Segovia).

– 2007: Convento de Ntra. Sra. de La Encarnación (Cullera, Valencia).

– 2007: Convento de la Concepción (Valencia).

– 2008: Convento de San Francisco (Baza, Granada).

– 2008: Convento de San Francisco (Hellín, Albacete).

– 2008: Convento de Santiago Apóstol (Almansa, Albacete).

– 2012: Convento de San Antonio (Alicante).

– 2012: Convento de San Francisco (Vic, Barcelona).

– 2013: Convento de San Antonio (Avilés, Asturias).

– 2013: Convento de San Antonio de Herbón (Padrón, A Coruña).

– 2013: Convento de San Francisco (Jerez, Cádiz).

– 2013: Convento de San Francisco (Carcaixent, Valencia).

– 2013: Convento de San Lorenzo (Valencia).

– 2014: Convento de San Francisco (Olite, Navarra).

– 2014: Convento de Ntra. Sra. del Carmen (Pastrana, Toledo).

– 2014: Convento de San Francisco (Berga, Barcelona).

– 2015: Convento de la Virgen de Linarejos (Linares, Jaén).

– 2015: Convento de San Agustín (Caspe, Zaragoza).

– 2017: Convento de San Francisco (Lebrija, Sevilla).

– 2017: Convento de la Purísima Concepción (Benissa, Alicante).

– 2017: Convento de Ntra. Sra. del Carmen (Guadalajara).

– 2017: Monasterio de Santa María la Real (Nájera, La Rioja).

Franciscanos Capuchinos

2013: Convento de Ntra. Sra. de la Paz (Valladolid).

2014: Convento de San Francisco y Ntra. Sra. de Rocamador (Estella, Navarra).

Carmelitas Descalzos

– 2012: Convento de Ntra. Sra. del Carmen (Palafrugell, Gerona).

– 2014: Convento de la Madre de Dios del Carmen (Tarragona).

– 2016: Convento de Ntra. Sra. del Carmen (El Burgo de Osma, Soria).

– 2016: Convento de Ntra. Sra. del Carmen (Reinosa, Cantabria).

– 2016: Convento de Sta. María del Monte Carmelo (Cádiz).

Dominicos

– 2012: Convento de La Encarnación (Bilbao, Bizkaia).

– 2015: Convento de Santo Domingo de Guzmán (Burgos).

– 2017: Convento de la Asunción (Almagro, Ciudad Real).

– 2017: Convento de Ntra. Sra. de la Peña de Francia (El Cabaco, Salamanca).

– 2017: Convento del Sagrado Corazón de Jesús (Gerona).

LA LISTA ES GENTILEZA DEL BLOG DIVINAS VOCACIONES

Cosmología tomista 12/18. El magnetismo contemporáneo y el espiritismo

El magnetismo contemporáneo y el espiritismo.

En atención a la importancia excepcional que en nuestros días ha llegado a adquirir el magnetismo, principalmente en sus manifestaciones espiritistas, no es posible pasar en silencio esta cuestión, y es preciso examinar y discutir, siquiera sea con brevedad, sus fenómenos principales y manifestaciones múltiples, toda vez que la incredulidad sistemática de nuestro siglo, toma ocasión de estos fenómenos, unas veces para atacar la doctrina revelada, y otras para negar o poner en duda la existencia de los milagros.

 

§ I
Idea, clasificación y fenómenos del magnetismo.

1ª Idea del magnetismo.

Entendemos aquí por magnetismo, el conjunto de fenómenos extraordinarios que bajo el nombre de manifestaciones magnéticas y espiritistas se realizan principalmente en el hombre, aplicando al efecto varios medios, ya físicos y materiales, ya morales y espirituales. Aunque algunos de estos fenómenos se realizan en otros seres, como los movimientos de algunos cuerpos, es lo cierto que la mayor parte y los más principales tienen lugar en el hombre, o con relación al hombre, y en este sentido decimos que se realizan principalmente en el hombre.

Los procedimientos y medios empleados para la producción de los fenómenos del magnetismo, son muy varios y [235] diferentes, según las escuelas y magnetizadores. Al paso que Mesmer, que puede considerarse como el padre del magnetismo, se servía de varitas de hierro, Puysegur, Faria y otros empleaban y emplean los tratamientos o pases de manos, y los mandatos. Otros dicen que basta la voluntad y la fe en la eficacia del magnetismo. Quien se contenta con la sola voluntad, con tal que sea enérgica, y Dupotet hasta afirma que no es necesaria la fe, ni en el magnetizante, ni en el magnetizado.

2º División del magnetismo.

A tres puede reducirse las especies de magnetismo, que son el vulgar, el transcendental y el hipnótico.

a) El magnetismo vulgar u ordinario es el que emplea medios materiales y sensibles, cuales son los tocamientos o pases de manos, los gestos, fijeza en la mirada, insuflaciones, &c. Sus manifestaciones principales son la rotación de las mesas, movimientos mecánicos de los cuerpos, pandiculaciones y movimientos de los miembros, el sonambulismo, el sueño magnético, la transposición de los sentidos con otros por este estilo.

b) Transcendental llamamos aquí el magnetismo que se refiere al comercio o comunicación con seres espirituales e invisibles, y se practica principalmente en la evocación de los espíritus, o seres invisibles, ya sean estos los ángeles buenos, o los demonios, o las almas de hombres difuntos. En resumen; el magnetismo transcendental abraza los fenómenos que se realizan en la evocación y por la evocación de los espíritus, y es el que constituye lo que conocemos hoy bajo el nombre de espiritismo.

c) El magnetismo hipnótico apenas se distingue del vulgar, sino en que determina los fenómenos magnéticos por medio de la fijeza de la vista sobre objetos luminosos o brillantes, sin necesidad de emplear los tocamientos, pases y demás medios de que hace uso el magnetismo vulgar.

3º Clasificación de los fenómenos magnéticos.

No permitiendo la variedad y multiplicidad casi infinita de los fenómenos atribuidos al magnetismo, hacer una [236] enumeración completa de los mismos, las reduciremos a cuatro clases, que son:

A) Fenómenos mecánicos, cuales son la rotación de mesas, los movimientos varios y hasta locales del cuerpo humano y de sus miembros, la elevación y traslación de mesas, sillas u otros muebles, los golpes de martillo (1), suspensión de [237] cuerpos, bailes y danzas de muebles con otros fenómenos análogos.

{(1) Son casi innumerables los fenómenos de este género producidos por el magnetismo, tanto vulgar, como espiritista o transcendental. En el primero, el magnetizado sigue al magnetizador por todas partes, y hasta ejecuta movimientos idénticos a los que ejecuta el magnetizador, aunque se hallen en habitaciones distintas y separadas. El magnetizado, según Pigeaire, se inclina a derecha e izquierda, hacia delante, o hacia atrás, siguiendo y ejecutando como un autómata los movimientos que el magnetizante imprime a una moneda o una varita de hierro que tiene en la mano a cierta distancia de la persona magnetizada. El doctor Ricard refiere que la esposa de Mr. Pourrat, de Grenoble, habiendo sido magnetizada, se elevó en el aire desde el lecho en que yacía con gran asombro de los circunstantes.
Por lo que hace al espiritismo, bastará citar los siguientes hechos aducidos por Bizouard en su obra Des Rapports de l’homme avec le Demon, obra notable por más de un concepto, si bien su autor revela excesiva credulidad, en nuestra opinión, con respecto a algunos hechos particulares. He aquí sus palabras: «Le courrier des Etats-Unis du 18 juin 1852 contient une lettre datée de Saint-Louis, dans laquelle on raconte que les demoiselles Fox ont comparu dans l’amphithéatre de l’Ecole de médicine de l’université de Missouri devant cinq á six cent personnes. La réunión était présidée par un ancient maire de la ville opposé á la doctrine nouvelle. Ces demoiselles furent placées sur la table de dissection, de maniére à ce que e moindre de leurs mouvements ne put echaper à personne. L’assemblée muette dans son attente les comtemplait. Un dialogue par oui et non s’est alors etabli entre le doyen de la faculté et les esprits qui ont répondu fort á propos aux questions scientifiques par de légers coups de marteau… Les demoiselles Fox étant isolées ensuite sur de tabourets de verre, les bruits ont continué, et on á vu que le galvanisme et le magnetisme terrestre n’y etait pour rien. M. le doyen, vieux materialiste, a declaré qu’il croyait à la présence des esprits.
Un pasteur potestant, M. Hammond, raconte ce qu’il a vu chez [237] les demoiselles Fox. A peine assis, on entendit des bruits qui augmentèrent de rapidité, et d’intensité, jusqu’ à ce que la salle entière fut agitée d’un tremblement…
Ayant tous les mains posées sur la table, celle-ci s’eleva en l’air; voulant la retenir, elle s’echappa, et fut transportée à une distance de six pieds. Il n’y avait ni fil, ni corde pour la trainer: la table revint. La famille Fox entonna le chant des esprits, et cette table battait la mesure; une main transparente se présenta dévant le visage du pasteur, une main tres-froide, s’appliqua sur son visage; il sentit plusieurs coups sur la genou gauche, et les epaules, sa chaise fut entrainée avec lui. Un morceau du carton parcourunt la chambre en tous sens… un sopha dansa violemment, &c.» Bizouard, op. cit., t. VI, págs. 147 y 148.}

B) Fenómenos fisiológicos, a los que pueden reducirse la contracción y dilatación de la pupila, las convulsiones y temblor de los miembros y de los nervios, el sueño magnético, la debilitación o aumento de la sensibilidad, el sonambulismo lúcido, la transposición de los sentidos, como la visión o audición por el occipucio, por medio del epigastrio, &c.

C) Fenómenos de conocimiento, entre los cuales se cuentan conocer intuitivamente las enfermedades, su asiento o, sus remedios, sus crisis y duración; conocer las cosas ocultas y que se verifican en lugares distantes; ver los objetos, interponiendo cuerpos opacos entre estos y los ojos; conocer y predecir las cosas futuras, no solamente las que dependen de causas naturales y necesarias, sino también las que dependen de la voluntad libre del hombre; formar raciocinios y discursos científicos sobre materias y ciencias que no se han estudiado, y finalmente, hablar lenguas desconocidas o que no se aprendieron (1). [238]

{(1) La existencia y realidad de estos fenómenos no puede ponerse en duda racionalmente, so pena de abrir la puerta al escepticismo histórico. El que quiera convencerse de ello, lea la obra citada de Bizouard, en donde hallará consignados estos hechos con todas las [238] circunstancias y condiciones de autenticidad. A causa de la concisión que pide este compendio, transcribimos solamente los siguientes pasajes: «Dans la longue maladie de la dame Comet, rapportée par le docteur Teste, celle-ci prédit qu’elle aura le 7 decembre de 1839 un point de côte. Sans avoir nul égard á ses régles, elle prescrivit une saignée de vingt onces. Le 7, en effet, vive douleur au côte gauche… Les extases, la catalepsie, la marche de la fluxion, tout est annoncé, et la delivrance prédite pour la mercredi 18 Decembre, eut lieu la jour dit.» Bizouard. op. cit., t. V, pág. 23.
«Madame Perier déjá citée, voyait les plaies qui allaient se fermer, celles qui se formeraient de tel et tel côte; elle voyait sa fistule se guerir, une nouvelle poche d’humeurs se former, montrait la place qu’elle occupait, &c.». Ibid., pág. 34.
«Voir á travers les corps opaques, jouer aux cartes les yeux bandées, lire dans un livre fermé ou lire une lettre plieé dans la poche, &c., sont des faits, si connus que bientot les plus ignorants en magnétisme ne les nieront plus. En présence de soixante personnes, le docteur Ricard met Calixte en somnambulisme chez M. Frapart. Calixte étant endormi les sceptiques de la societé lui placent sur les yeux un de ces bandeaux qui ne laissent pas d’espoir á la supercherie. Mais Calixte fait plusieurs partiés de cartes avec tous ceux qui se présentent; ces cartes avait eté achetées et apportées par les assistants, cependant le somnambule qui joue avec une rapidité incroyable, gagne constantment, parce qu’il connait le jeu de son adversaire.» Ibid., pág. 44.}

D) Fenómenos transcendentales o supra-sensibles, a cuya clase pertenecen: 1º varios de los fenómenos ya enumerados cuando o según que traen su origen de la evocación de los espíritus: 2º algunos especiales y propios del comercio con los espíritus, como son recibir respuestas por palabra, por golpes u otras señales convencionales a las preguntas; disertar acerca de las ciencias, artes y religión; revelar el estado de las almas humanas después de la muerte; hablar en nombre del espíritu o alma de este o aquel hombre ya difunto, y hasta escribir páginas enteras sobre las materias que se les consultan.

Excusado es añadir que aquí es donde se verifican la mayor parte de los fenómenos relativos al conocimiento de las [239] cosas ausentes y ocultas, a la presciencia de las cosas futuras, apariciones de rostros, manos y otros fantasmas.

La evocación de los espíritus y los fenómenos a que da origen, suele realizarse con el concurso de lo que los espíritus llaman medium; y son ciertos hombres que poseen la facultad o facilidad de comunicar habitualmente con los espíritus. Los espiritistas afirman que estos mediuns reciben esta facultad de repente y sin que ellos tuvieran conocimiento previo de su posesión. Lo que sí es cierto es que se manifiesta en toda clase de personas, varones o hembras, adultos o niños, creyentes o incrédulos, contándose entre ellos, ministros de diferentes religiones, y hasta un magistrado de un tribunal supremo.

Los que se dedican al estudio y práctica del espiritismo distinguen y señalan varios géneros de mediuns, describiendo a la vez sus diferencias, oficios, condiciones y grados de desarrollo. Nosotros nos limitaremos a indicar las tres clases principales que son: 1º aquellos que conversan con los espíritus por medio de golpes, cuyo número designa y corresponde a las letras del alfabeto: 2º aquellos cuyo cuerpo o miembros sirven de instrumento para la comunicación con los espíritus, los cuales contestan a las preguntas que se les hacen, o bien por medio de movimientos espasmódicos de la cabeza, de los pies, de los dedos, &c., o bien el brazo del medium, después de adquirir una rigidez tetánica, y puesta una pluma o lápiz entre los dedos, sirve de instrumento pasivo a los espíritus para escribir o revelar lo que quieren: 3º lo que los ingleses llaman speaking medium, que vienen a ser una especie de pitonisas, que con voz diferente de la natural o propia, pronuncian las palabras que los espíritus les ponen en la boca, ya sea en el estado de sueño o en el de vigilia. [240]

§ II
Opiniones y teorías acerca de los fenómenos magnéticos.

Muchas y muy diferentes son las teorías adoptadas por filósofos, teólogos y médicos para dar razón de la variedad de fenómenos magnéticos arriba indicados. Pueden, sin embargo, reducirse a cinco fundamentales y principales, que son:

1ª La negación de los fenómenos o sea la hipótesis negativa, que consiste en negar la realidad y autenticidad de los fenómenos magnéticos, atribuidos por los partidarios de esta teoría a la colusión, fraudes, prestidigitación y astucia de los magnetizadores y magnetizados. Algunos teólogos y no pocos médicos, entre ellos Delebreyne, pretendieron explicar los fenómenos del magnetismo por este medio.

2ª La teoría de los fluidos, según la cual los fenómenos del magnetismo no son más que manifestaciones y efectos de cierto fluido apellidado generalmente magnético, sin perjuicio de aplicarle otras denominaciones especiales, en relación con la opinión adoptada acerca de su naturaleza y de sus formas posibles. Así es que para unos, el fluido magnético coincide con el fuego o éter que, al penetrar las sustancias, reviste las propiedades y formas propias de cada una, pasando a ser fluido mineral en los cuerpos minerales, fluido nervioso en los animales y en el hombre, &c. Para otros, el fluido magnético es el calórico, el cual a su vez es una forma del fluido nervioso. Hay quien opina que es lumínico o fluido luminoso, origen y base primordial de todos los imponderables. Para algunos, en fin, el fluido magnético, es una sustancia universal, dotada de luz, de calor y hasta de inteligencia, y por consiguiente el [241] mismo Dios, el cual no es otra cosa que el sol (1). Y así no es extraño que por medio del fluido magnético pueda el hombre conocer las cosas ocultas y futuras.

{(1) Esta es una de tantas manifestaciones del panteísmo que viene a ser como la forma general de la filosofía moderna, revelada contra la Iglesia y la verdad divina; filosofía que, según se ve por la muestra, pretende realizar el progreso de la humanidad renovando los antiguos errores, sin excluir el fetichismo. «Existe una sustancia universal, escribe Gentil, que es luz, calor, inteligencia: Dios es esta sustancia. La luz y el calor que llevan en sí la inteligencia, no pueden menos de emanar del sol: luego el sol es Dios.» Initiat. aux myst. du magn., pág. 55.}

3ª La teoría del alma o el animismo, la cual pertenece a los que opinan que los fenómenos del magnetismo son el efecto de ciertas fuerzas ocultas y latentes del alma racional. Algunos explican la existencia de estas fuerzas latentes en sentido panteísta, identificando el alma del hombre con Dios, sustancia universal y alma del mundo. Otros admiten en el alma ciertas vibraciones orgánicas que la ponen en comunicación con los objetos externos, aunque éstos se hallen colocados a grandes distancias (1). La hipótesis de otros se reduce a una especie de animismo materialista; pues afirman que del alma del hombre se desprende cierta materia sutilísima, denominada od o fluido odilo, con cuyo auxilio se establece la comunicación entre el alma y los objeto externos. La comunicación recíproca de este od que se desprende de los cuerpos y del alma, es la causa y contiene la razón suficiente de todos los fenómenos del magnetismo (2), sin excluir los que pertenecen al espiritismo. [242]

{(1) Tal es la teoría que Morin expone y defiende en su obra Comment l’esprit vient aux tables, en la cual escribe lo siguiente: «Les actions de l’ame produisant une vibration organique en rapport avec elle-même, la communiquent par contatct à des objects quelconques, que ler rendent la vibration similaire ou l’accord; c’est ce qui constitute le langage des tables. Les même vibrations peuvent se communiquer à distance… de lá les auditions de bruits.» Pág. 169.
(2) He aquí cómo expone Bizouard esta extraña fase del animismo [242] magnético. «Este fluido (el od o fluido odilo), se desprende de ciertas sustancias y de ciertos lugares, y viene a obrar sobre el sistema nervioso: entre el mundo inorgánico y el organismo humano establece este fluido una simpatía, pero con más facilidad en las personas sensitivas: afectadas éstas de cierto estado nervioso, ejercen una reacción sobre dicho fluido, por medio del que se desprende de su centro nervioso. Produciéndose entonces los fenómenos que la religión considera como sobrenaturales; el od de las personas sensibles, escápase de su cerebro como un dardo, se precipita sobre el od del cerebro de otra persona, uniéndose o combinándose con él. ¿Qué sucede en seguida? El od más poderoso domina el alma de aquél, cuyo od es más débil, se la sujeta magnéticamente, hace ver a esta persona, a pesar de sus repugnancias, todo cuanto quiere, le dicta sus voluntades, sus palabras, &c.
Estos golpes débiles o fuertes que se oyen, esas melodías, esos conciertos que resuenan en una habitación, reconocen por causa este fluido odilo que desprenden los nervios enfermos; el sujeto sensitivo, lejos de apercibirse de esto, se espanta y atribuye estos fenómenos a los demonios, mientras que la verdadera causa es su propio od que se combina con las emanaciones universales o terrestres. Esta fuerza obra a lo lejos, lo mismo que de cerca, es la que hace dar vueltas a una mesa, la suspende en el aire, la pasea en él, apaga las bujías, toca el tambor, hiere, mata, incendia, cura, hace conocer muchas lenguas… Es también este od el que crea las apariencias de espectros, unas veces desprendiéndose del cerebro de un enfermo, otras de las partículas de un cadáver para reproducir la imagen del enfermo, o del difunto en un vapor luminoso; unas veces el espectro es objetivo, y hasta temible; otras existe solamente en el cerebro de los espectadores.» Op. cit., t. VI, pág. 291 y 92.}

4ª La teoría de los espíritus, cuyos partidarios defienden que los fenómenos magnéticos son producidos por los espíritus. En esta teoría entran los espiritistas y los espiritualistas, que no deben confundirse. Pertenecen a la primera clase los que, renovando en todo o en parte las doctrinas de Pitágoras, Platón y Orígenes, suponen que las almas humanas estás sujetas a una serie de encarnaciones y reencarnaciones sucesivas, morando en diferentes astros y lugares, en relación con los cuerpos más o menos sutiles y perfectos a que se hallan unidas: y estas almas son las que intervienen en la evocación y fenómenos del magnetismo transcendental. Esto [243] es lo que constituye propiamente el espiritismo, o la teoría espiritista; a diferencia de la teoría espiritualista, que atribuye los fenómenos magnéticos a la intervención de los ángeles o de los demonios.

§ III
Examen de estas teorías: verdadero origen y causas de los fenómenos magnéticos.

Antes de exponer nuestro juicio acerca del origen, causas y naturaleza de los fenómenos magnéticos, discutiremos con la posible brevedad las cinco teorías expuestas en el párrafo anterior.

a) Desde luego nos parece inadmisible y completamente infundada la teoría de la negación de la realidad de los fenómenos magnéticos. Sin negar que algunas veces haya habido colusión y fraude en esta materia, sería preciso echar por tierra las leyes morales de la vida social y adoptar un escepticisimo histórico, tan contrario a la razón como al sentido común, pretender que centenares y millares de hechos, verificados unos en presencia de hombres prevenidos contra su realidad, de médicos, de académicos, de sabios; realizados otros en presencia de multitud de hombres honrados y de personas de todas clases, estados y condiciones; y atestiguados los más por hombres serios, en periódicos, revistas y libros de todo género, no eran más que fraudes o ficciones vanas sin realidad alguna. Sería no solamente imprudente, sino temerario y absurdo negar la autenticidad de hechos que tienen en su apoyo el testimonio de magistrados, obispos, sacerdotes, médicos, profesores, sabios, escritores y hombres de todas clases y condiciones.

En segundo lugar, semejante teoría es hasta peligrosa para la religión y la Iglesia. Porque si es lícito poner en duda la realidad y autenticidad de fenómenos, que tienen en su [244] favor el testimonio presencial e histórico de muchos hombres doctos, serios y de probada veracidad, algunos de los cuales antes de presenciar dichos fenómenos se burlaban de ellos y negaban su realidad; si es lícito, repito, rechazar la autenticidad de semejantes hechos, ¿qué se podría responder al que pusiera en duda la autenticidad humana e histórica de los milagros del Evangelio? La verdad católica y la Iglesia de Cristo no necesitan, ni menos exigen, que se nieguen los hechos que la razón y el criterio histórico abonan; porque la Iglesia católica vive de la verdad y se alimenta con la verdad, con la cual, por consiguiente, jamás se pone en contradicción.

b) La teoría de los fluidos es también insuficiente para dar razón de los fenómenos del magnetismo espiritista; porque si bien es cierto que es muy posible y hasta probable, que algunos de los fenómenos que hemos apellidado mecánicos y fisiológicos pueden ser efecto de algún fluido puesto en acción por medio de determinados procedimientos, no es menos cierto que sería absurdo a los ojos de la razón, del sentido común y de la ciencia, atribuir a los fluidos materiales una gran parte de los fenómenos magnéticos, y con especialidad muchos de los que hemos denominado transcendentales, como son el conocimiento de las cosas ocultas y distantes, la presciencia y previsión de las cosas futuras, hablar lenguas y discurrir sobre ciencias desconocidas, recibir respuestas de los espíritus evocados, y esto por medio de palabras habladas y escritas, o por signos convencionales, siendo incontestable que estos y otros fenómenos análogos revelan la presencia y la intervención de agentes intelectuales, que nada pueden tener de común con los fluidos ponderables o imponderables de la naturaleza.

c) Por lo que hace a las teorías de la imaginación y del animismo, se hallan en el mismo caso que la anterior. Sin negar que algunos fenómenos menos importantes, como el discurrir con mayor elevación y exactitud acerca de alguna materia determinada, hablar idiomas que se poseen imperfectamente con más soltura que en estado ordinario, ejecutar [245] ciertos movimientos con el cuerpo, ciertas operaciones y espectros, un grado mayor de sensibilidad con respecto a ciertas funciones vitales, &c., pueden traer su origen, al menos parcial, de la imaginación y del alma que, en circunstancias y condiciones dadas, revelan sus fuerzas con más intensidad y energía que en circunstancias normales, es incontestable que esas teorías son inadmisibles e irracionales, consideradas como causa generalde todos los fenómenos que nos ocupan: 1º porque se reducen a una hipótesis puramente gratuita, que consiste en extender y agrandar pro libitu y sin aducir fundamento alguno científico, las fuerzas del alma racional y de la imaginación: 2º porque los grandes que se supongan las fuerzas latentes del alma y de la imaginación, jamás podrán explicarse racionalmente por ellas, siendo como son finitas, humanas y vitales, la visión por el epigastrio, o sea la sensación sin órgano correspondiente, la suspensión y elevación en el aire de mesas y otros cuerpos de gran peso, el conocimiento de hechos realizados a centenares de leguas de distancia, las respuestas obtenidas en la evocación de los espíritus y otros fenómenos análogos. Añádase a esto que estas teorías, como hemos visto, casi todas son, o panteístas, o materialistas.

d) Ya hemos dicho que la teoría de los espíritus se divide en espiritista y espiritualista. La primera debe rechazarse desde luego: 1º porque se halla basada toda sobre la hipótesis gratuita de la reencarnación o transmigración pitagórica de las almas humanas. Porque ya sea que esta reencarnación consista en la animación sucesiva de varios cuerpos en la tierra que habitamos, como pretenden algunos; ya sea que se verifique entrando las almas en otros cuerpos después de la muerte para habitar en los astros, pasando por una serie indefinida de animaciones e incorporaciones, como pretenden otros; ya sea que las almas al separarse del cuerpo humano lleven consigo un cuerpo sutil o aromático, como le apellida Fourier, llevando en el espacio y en la atmósfera que nos rodean una vida llena de delicias sensibles, no es posible desconocer que aquí no hay más que ficciones y teorías [246] fantásticas, más propias de poetas que de filósofos u hombres de ciencia. 2º Por otra parte, esta teoría es incompatible con la doctrina católica sobre los destinos del hombre en la vida futura, y por consiguiente inadmisible para todo católico, y hasta para todo hombre sensato, siquiera sea racionalista, que reconozca el fondo de verdad que encierra la solución cristiana del problema relativo al destino humano.

Pasando ahora a la teoría espiritualista, debe tenerse por cierto que los fenómenos magnéticos no proceden de los ángeles o espíritus buenos: 1º porque estos, en virtud de su subordinación y conformidad completa con la voluntad divina, no realizan cosas extraordinarias y prodigiosas, haciendo uso de sus fuerzas propias, sino con sujeción a la voluntad esencialmente santa de Dios, y por consiguiente con relación a algún fin bueno, necesario o útil en el orden moral, y no para fomentar o dar pábulo a la curiosidad de los hombres, ni sus pecados, pasiones e inmoralidad (1), como sucede en la práctica del magnetismo. La segunda y [247] principal razón es que los ángeles o espíritus buenos, no pueden enseñar doctrinas contrarias a las reveladas por Dios a su Iglesia, como lo verifican los espíritus evocados en el magnetismo, los cuales suelen también de vez en cuando manifestarse partidarios de las teorías internacionalistas (2). De manera que aquí debemos decir con el Apóstol: Licet nos, aut angelus de caelo evangelicet vobis praeterquam quod evangelizavimus vobis, anathema sit.

{(1) Sabido es, por todos, que la práctica del magnetismo no se halla exenta de inmoralidad y peligro, tanto por parte de los procedimientos empleados para la magnetización, como por parte del estado magnético resultante en el sueño, en el sonambulismo, la insensibilidad, excitación del sistema nervioso, de la imaginación, &c. Lo que tal vez no saben todos es que son bastante frecuentes y numerosos los casos de demencia y suicidio que deben su origen al magnetismo, y especialmente al trascendental o espiritista. «Les fourneaux des Etatas-Unis rapportent sans cesse des cas de suicide ou de folie amenés par ce commerce avec les esprits.
On lit dans le Courier and Inquirirer du 10 mai: Six personnes ont eté admises à l’hospital de fous de l’Etat d’Indiana le mois dernier; la cause est attribué aux esprits frappeurs.
Dans le Herald du 30 avril, no lit que M. Junius Alcott citoyen respectable d’Utica, s’est pour la mème cause velontairement précipité dans une roue de moulin, qui l’a instanement broyé.
Le Courier and Inquirirer du 18 juin dit que chaque jour les journeaux rapported des exemples de cette horrible influence.» Bizouard, t. 6º, pág. 157.

{(2) Son muchos los ejemplos que pudiéramos citar de respuestas espiritistas contrarias a la verdad católica y a la sociedad. La revista católica Le Correspondant, conocida por sus trabajos serios y severa crítica, decía ya en el número correspondiente al 10 de Agosto de 1852. «Los espíritus dicen que la Biblia es un tejido de imposturas, que todas las religiones son falsas, que los hombres deben proceder a una partición igual de las propiedades, &c., &c.
En una sesión de magnetismo espiritista verificada en Francia con solemnidad y en presencia de muchas personas en 1854, un espíritu evocado e interrogado dio las siguientes respuestas: «El cielo es una cosa imaginaria.-La muerte es nada.-Los malos no serán separados de los buenos.-El alma entra en la inmensidad.»
«Consultado un espíritu, dice Bizouard al historiar una sesión magnética, sobre el magnetismo, sobre el alma, sobre el infierno, &c., responde que el infierno verdadero está en la tierra: el pecador después de su muerte recibe de Dios una ligera reprensión: el culpable habita un lugar de expiación con una sociedad correspondiente a sus gustos; allí se purifica sin padecer nada.» Op. cit., t. VI, pág. 112.
No sería malo que reflexionaran sobre estos pasajes los que en nuestra patria se dedican a la práctica del espiritismo, pretendiendo no solamente pasar ellos por católicos, sino que nada hay en el espiritismo que se oponga a la religión cristiana.}

Luego aquellos fenómenos del magnetismo que, o exceden manifiestamente las fuerzas y medios que para su producción se emplean, o se obtienen mediante la evocación e intervención de espíritus, deben atribuirse a los demonios o espíritus malos.

He aquí ahora nuestra opinión acerca de este difícil [248] problema, cuya solución compleja reasumiremos en las siguientes proposiciones:

1ª En los experimentos y sesiones magnéticas, algunas veces, y acaso con frecuencia relativa, tienen lugar fraudes, colusiones, exageraciones, manipulaciones de prestidigitación, y hasta alucinaciones de la imaginación; pero las leyes del criterio histórico no permiten poner en duda la realidad y autenticidad en muchos casos de los fenómenos atribuidos al magnetismo, tanto vulgar, como transcendental o espiritista. Lo único que racionalmente puede hacerse, es suspender el juicio y poner en duda la realidad de éste o aquél hecho singular, principalmente cuando se trata de fenómenos aducidos y afirmados pocas veces, como la previsión y presciencia de futuros libres, hasta examinar con todo cuidado y rigor si tiene en su favor fundamentos ineludibles de autenticidad.

2ª Los espíritus puros o sea los ángeles buenos y malos, en virtud de la superioridad y perfección relativa de su naturaleza, pueden producir muchos fenómenos y conocer muchas cosas a que no alcanza la inteligencia del hombre en su estado presente de unión con el cuerpo. Como sustancias espirituales puras, simples e inextensas, pueden mover los cuerpos sin contacto cuantitativo; pueden existir y obrar en lugares distantes, si no simultáneamente, al menos en brevísimo espacio de tiempo, porque no están sujetos a las leyes del movimiento local de los cuerpos, consiguientes a la ocupación circunscriptiva de lugar, que las sustancias extensas exigen. De aquí es que pueden, por ejemplo, conocer casi instantáneamente lo que sucede en lugares distantes; pueden producir espectros y apariciones, bien sea cmbinando los fluidos y diferentes cuerpos de la naturaleza, bien sea influyendo sobre los órganos de los sentidos, o alterando el medio; pueden dar respuestas por palabra, por escrito y por señales convencionales, sirviéndose de los órganos y miembros del cuerpo humano, como acontece en los hombres que se denominan mediuns en el espiritismo; pueden producir sonidos armónicos, ruidos, con otros fenómenos análogos; pueden [249] finalmente, conocer las cosas futuras necesarias y libres, pero con la diferencia que el conocimiento de las primeras, entra en la esfera de sus fuerzas naturales y puede ser más o menos cierto y seguro; pero de las segundas, sólo pueden tener un conocimiento conjetural, no cierto o absoluto; porque esto es propio de Dios, único que puede penetrar en lo interior de la voluntad y tener presciencia de sus determinaciones libres. Sin embargo, el conocimiento perfecto que poseen de las causas naturales, de su conexión, de los fenómenos necesarios futuros, y consiguientemente de la influencia de estas causas y efectos necesarios han de ejercer en las determinaciones de la voluntad humana, son causa de que su conocimiento de los futuros contingentes y libres, aunque sin salir de la esfera de conjetural, sea mucho más seguro que el que alcanzar puede el hombre con su previsión y sus fuerzas.

3ª Entre los fenómenos magnéticos hay algunos que, absolutamente hablando, no repugna que sean producidos por causas materiales y humanas, según arriba indicamos; y aunque es difícil determinar con precisión cuáles sean estos, o cuál sea el límite absoluto de la actividad de estas causas, cosa que exige mucho pulso y sobriedad (1), no es menos [250] indudable que algunos de los fenómenos magnéticos, entre ellos el movimiento de elevación y suspensión de mesas de gran peso, sin contacto ni impulso visible de otros cuerpos, hablar lenguas completamente ignoradas, las respuestas orales, escritas, y por golpes convencionales, tan frecuentes en la evocación de los espíritus, la visión y conocimiento de lo que sucede a centenares de leguas de distancia, la predicción de cosas futuras necesarias, contingentes y libres, y otros fenómenos análogos, pertenecientes principalmente al magnetismo transcendental, solamente pueden ser producidos por seres espirituales, y dotados a la vez de una inteligencia superior a la del hombre.

{(1) La historia de las ciencias y los anales de la medicina ofrecen fenómenos y casos extraordinarios, debidos probablemente a ciertos estados morbosos y fisiológicos, en que se desarrollan y manifiestan las fuerzas de la imaginación y del alma de una manera sorprendente; por eso es preciso proceder con suma cautela en esto, y tener además presente que, según santo Tomás, el alma racional, cuando se halla abstraída de las cosas corporales y sensibles, como sucede en el sueño natural, y con más razón en el magnético, adquiere cierta aptitud y facilidad para percibir las impresiones más delicadas de la imaginación, las cuales pasan desapercibidas durante la vigilia; y que también recibe con más facilidad la influencia de los espíritus puros: «Anima, cuando abstrahitur a corporalibus, aptiorredditur ad percipiendum influxum spiritualium [250] substantiarum, et etam ad percipiendum subtiles motus, qui ex impressionibus causarum naturalium, in imaginatione humana relinquuntur, à quibus percipiendis anima impeditur, cum fuerit circa sensibilia occupata… scilicet, percipit tunc etiam modicas impressiones.» Sum. Theol., 2ª cuest. 172, art. I.}

4ª Ni los ángeles, ni las almas racionales pueden ser los autores de estos fenómenos, porque a ello se oponen, entre otras razones; a) lo gratuito de las teorías sobre reencarnación de las almas; b) su oposición e incompatibilidad con la doctrina católica sobre la vida futura; y c) hasta con la doctrina puramente racional de la Providencia y justicia de Dios; d) la santidad de Dios, que no permite a los ángeles buenos obrar cosas extraordinarias, sino por fines justos y necesarios en el orden moral; e) la subordinación perfecta de los ángeles a la voluntad divina, en orden a sus operaciones sobre el mundo corpóreo; f) la inconveniencia de que los ángeles produjeran estos fenómenos a voluntad de los hombres y para satisfacer su curiosidad; g) la inmortalidad, excesos y pecados relacionados con la práctica del magnetismo; y h) finalmente, las doctrinas antireligiosas y antisociales enseñadas por los espíritus.

5ª Luego al menos los fenómenos magnéticos que revelan y exigen la intervención de seres inteligentes, deben [251] su origen a los espíritus malos, es decir, a los demonios; a los cuales permite Dios esta intervención en justo castigo de la vana curiosidad, superstición e incredulidad de los hombres. He dicho al menos, porque dada la intervención del demonio en algunos fenómenos del magnetismo, es posible que intervenga en todos, o por lo menos en muchos de los que, absolutamente hablando y considerados en sí mismos, pudieran ser producidos por otras causas.

6ª Luego la práctica y ejercicio del magnetismo, es ilícita y contraria a la moral cristiana: 1º por los peligros de inmoralidad, pecados, demencia y suicidios a que da ocasión: 2º y principalmente, porque semejante práctica envuelve pacto, o explícito, o implícito con el demonio, o al menos peligro del último, toda vez que es cierto que muchos de sus fenómenos y con especialidad las manifestaciones espiritistas proceden de él. Por eso, sin duda, la inquisición de Roma dice que la práctica del magnetismo es una decepción enteramente ilícita, heretical, y un escándalo contra la honestidad de las costumbres (1). La verdad es que el magnetismo espiritista es una superstición como otra cualquiera, indigna de hombres formales y serios, cuanto más de católicos, por más [252] que sea muy propia de los espíritus incrédulos y racionalistas, en los cuales revela la historia una especie de propensión invencible a la superstición.

{(1) He aquí algunos pasajes de la Encíclica expedida por la Inquisición de Roma sobre el magnetismo: «Etinem compertum est, novum quoddam superstitionis genus invehi ex phoenomenis magneticis… Adeo crevit hominum malitia, ut neglecto licito studio scientiae, potius curiosa sectantes, magna cum animarum jactura, ipsusque civilis societatis detrimento, ariolandi, divinandive principium quodd se nactos glorientur. Hinc somnambulismi, et clarae intuitionis, uti vocant, praestigiis, mulierculae illae gesticulationibus non semper verecundis abrepatae, se invisibilia quaeque conspicere effutiunt, ac de ipsa religione sermones instituere, animas mortuorum evocare, responsa accipere, ignota, ac longunqua detegere, aliaque id genus superstitiosa exercere, ausu temerario praesumunt… In hisce omnibus, quamcumque demum utantur arte vel illusione, cum ordinentur media physica ad effectus non naturales, reperitur deceptio omnino ilicita, et haereticalis, et scandalum contra honestatem morum.»

Al terminar esta discusión del magnetismo, debemos decir que no consideramos completamente destituida de fundamento la opinión de los que sospechan que el magnetismo espiritista, tan difundido y acreditado hoy en las naciones civilizadas, es una preparación más o menos lejana y como una incoación del misterio de iniquidad que se revelará en los últimos días. Lo que no admite duda es que la Escritura nos dice que el hijo de perdición, o sea el Anticristo, según la interpretación general de los Padres y Doctores de la Iglesia, ofrecerá grandes señales y prodigios: dabit signa magna et prodigia. Y san Pablo añade, que «en los últimos tiempos se apartarán algunos de la fe, atendiendo a los espíritus del error y a las doctrinas de los demonios:» Quia in novissimis temporis, discendent quidam a fide, ottendentes spiritibus erroris, et doctrinis daemoniorum. Sobre esta sospecha, sin embargo, está la palabra de Jesucristo cuando nos dice, que ni los ángeles, ni los hombres saben el tiempo o época de la consumación final. [253]

LA OBSTINACIÓN DE LOS «TRADICIONALISTAS»

 Por Prof. Tomás Tello

Principiis obstat, sero medicina pararur, quum mala per longas convaluere moras.

– Ovidio —

     Me propongo hacer algunas consideraciones que podrían servir de base para la solución del problema – problema único – que, una vez resuelto, traerá la llave para la solución de todos los otros que lamentamos en la terrible crisis de la Iglesia, sin embargo son irreversibles los estragos ya causados.

     Esta crisis ya tiene raíces muy profundas, y las tiene por causa del tabú que consiste en que no se indica, de modo directo, al máximo responsable de ella.

     En cualquier sociedad jurídica, si algo anda mal, automáticamente, el responsable es el jefe.

     Esto es lógico y natural pues se juzga que el hecho es responsabilidad de él, o porque existió una falta al no cumplir dolosamente con el cuidado de la sociedad, o porque el hecho es debido a su ineptitud.

     En las dos suposiciones el efecto práctico es el mismo.

     Ese jefe debe dimitir o ser destituido; debe dejar de obrar o ser depuesto por el bien de la sociedad colocada bajo su dirección, dado que un jefe inepto no puede conseguir su fin.

     En toda sociedad de Derecho, luego de que la honradez del jefe está bajo sospecha, comienza a moverse la Justicia.

     Mientras tanto en la Iglesia, sociedad perfecta, a partir del Sr. Roncalli, los pretendidos “papas” destruían sus intocables estructuras externas y la multitud de multi-seculares tradiciones.

     Atacaron la Fe en las propias raíces y, a pesar de los clamores y denuncias de los clarividentes, que nunca faltan y, según la doctrina católica, nunca faltarán (D.S. 1501), la gran mayoría de los que se dicen“tradicionalistas”, de modo obstinado, se desvían de nombrar la persona responsable, y, como nuevos Don Quijotes, se dedican a combatir fantasmas como si fueran los causantes de la crisis.

     Así fue y así es.

     Si por el contrario, desde el primer momento, de modo unánime, los tiros hubiesen sido contra el responsable — por cuanto los fantasmas son invulnerables – otro gallo nos habría cantado.

     A pesar de esto, eso no nos impide acatar y adorar los altísimos juicios de Dios, que nos previno que así habría de ocurrir.

     De hecho, la apostasía sobre la cual San Pablo nos habla (2 Tess. II, 3),habría de ser general y no particular, como a través de los siglos muchas ya ocurrieron, siendo ella de pavorosas dimensiones (Ap. XIII),con una casi total eficacia de expansión, de tal modo será que habría de afectar también a los mismos electos; si posible fuese esto (Mt. XXIV, 14).

     El conocido comentarista J. Maldonado opina inclusive que muchos elegidos también serían engañados, sin embargo no de modo definitivo, pues, de otro modo, no serían elegidos, como es lógico. A su debido tiempo reconocerían su error.

     Por otro lado debemos ser realistas y reconocer que no podría ser de otro modo diverso del que ocurre; esto es, por la operación de la segunda Bestia, que trabaja en favor de la primera y del Dragón, ejecutando sus planes.

     Esta segunda Bestia es la que: “con la apariencia del Cordero, habla el lenguaje del Dragón”; o sea, no nos engañemos, un “presunto papa”;como el fueron todos a partir del Sr. Roncalli.

     Esta fue la jugada magistral de Satanás.

     Es el gran prodigio; el prodigio de los prodigios, de modo que se podría decir de ellos lo que — mutáveis mutandis – han dicho algunos sagaces sobre el mismo Cristo:

     “Cum venerite iste nunquid plura signa faciet quam quae hic facit?”(Jo VII, 31).

     Alguien podría pensar medio más sutil y eficaz para seducir inclusive a los elegidos?

     Esta aquí. Es una amenaza.

     Se puede concluir, en buena lógica, de todos estos datos seguros de la Revelación, que el Anti-Cristo será un pseudo-papa.

     Esto no es por tanto extraño y se armoniza con lo que dice Nuestra Señora de la Salette: ‘‘Roma perderá la fe” y será “la Sede del Anti-Cristo”.

     El prefijo griego “anti” significa ir en contrair en el lugar de.

     Mientras, el hecho es que diversos grupos de “tradicionalistas”cierran los ojos a la realidad y crean falacias de la causa de la crisis.

     Las disputas suscitadas por estos grupos de “tradicionalistas” no pasa de ser una estrategia táctica, introducida por el enemigo, para, con falacias y sofismas, no pongan atención sobre esta cuestión.

     Estas disputas sutiles, maculadas con una infinidad de ramas, fueron comparadas por el Dr. D. Wendland a un suculento hueso dado a un perro flaco para que se entretenga con él cuando los ladrones entran desapercibidos.

     Es evidente que el tabú para excusar al jefe, al presunto papa, para no encararlo y no perseguirlo y hasta aniquilarlo (canónicamente) no tiene la menor base canónica, teológica o racional.

     Son terribles las consecuencias derivadas de este modo de proceder, pues no cuestionar lo que es cuestionable, y cuestionar, sin el menor escrúpulo, por lo menos implícitamente, muchos puntos incuestionables: verdades evidentes a la razón; sentencias comunes de los teólogos; doctrinas inconcusas de la Iglesia; inclusive dogmas de fe.

     Principii obsta!

     Es fácil arrancar un arbolito pequeño de raíz; pero no es tan fácil después de que ha crecido y se ha convertido en un robusto árbol.

     Lo mismo ocurre, como lo dice el poeta con las heridas:

     “Vidi ego quod primo fuerat sanabile valnus, dilatum longae damnae tulisse morae”. Ovidio.

     O sea: la herida reciente en general es de fácil cura; pero, una vez infectada por negligencia en aplicar el remedio oportuno, puede traer consecuencias imprevisibles.

     Esto no ocurría en otras épocas de profunda fe, en las cuales los hombres se lanzaban, como perros de caza a la busca y captura de los herejes, autores de herejías y de los sospechosos.

     Y precisamente esto es lo que nos recomienda y de nosotros exige la Iglesia.

     Por ejemplo: Pio VI ante la ambigüedad no nos aconsejó a no pensar mal; sino, por lo contrario, consideró ser el mejor procedimiento:‘‘podar via inita est (…), ut perversa significatio notaretur”; esto es: de los rodeos de la ambigüedad hacer emerger el sentido perverso, opuesto a la doctrina católica, y censurarlo” (D.S. 2600).

     La Iglesia obliga a la denuncia (Canon 1935,2).

     Alejandro VII, papa, condenó la proposición siguiente:

     “Quamvis evidenter tibi constet Petrum haereticum esse, si probare non possis, non teneris denuntiare” (D.S. 2025).

     Es bastante citado y bien conocido el texto de Santo Tomás sobre la represión de los Superiores:

     “Sciendum est tamen quod, ubi immineret periculum fidei, etiam publice, praelad essent a subditis arguendi” (S.T. 2-2, 33, 4 ad 2).

     En el curso de la Historia hubo ejemplos de reacción contra a la cabeza suprema, tanto contra a herejía como contra los errores cometidos por debilidad, como por San Hilario y por San Jerónimo, contra el papa Liberio.

     Así San Columbano reprendió al papa San Bonifacio, por ciertas informaciones que llegaron a sus olvidos; y así le dice:

     “Si tuviera una falta, si estuviese desviado de la fe (…); vuestros súbditos podrían, con pleno derecho, oponerse y romper la comunión con usted; pero si todo esto es cierto y no es inventado y, por una completa inversión: vuestros hijos vendrían a ser la Cabeza y vos la cola” (Dt. 28,44).

     “Así, aquellos que mantuvieran la fe ortodoxa, serán vuestros jueces”. (Epist. 9, P.L. 80, col. 279).

     Los santos obispos Bruno de Segni, Godofredo de Amiens y Norberto de Magdeburgo dirigieron duras palabras de reprobación a Pascual II, por haber cedido en la cuestión de las investiduras.

     Y, sobre esto, bastante ilustrativa es la anécdota que se cuenta sobre el Cardenal Carafa, después papa Paulo IV: “Julio II, papa, envió un mensajero al Cardenal Carafa, que mantenía en prisión, como hereje, a un religioso, para que lo soltase”. Le respondió entonces el Cardenal Carafa al mensajero:

     “Diga al papa, en mi nombre, que si no permitir él que el Santo Oficio opere legítimamente según el Derecho, además de hacer una injuria a Dios, no podría ocupar la Sede que él ocupa” (Cfr. Pe. A. Caracciolo C.R.; De Vita Paulo IV; Collectanea Histórica – 1612 -p. 157).

     Por tales ejemplos observamos que no esperaban estos santos hombres, para reprender a los papas, que si consumase el crimen de una herejía formal; les bastaba el hecho material del desvío de la fe, un simple indicio; o una simple sospecha.

     Evitaban así a que las cosas llegasen a ser mayores, a una herejía formal; o que se consolidasen los errores.

     Pero, ¿qué ocurre hoy?

     ¿Cómo fue posible que los “papas” conciliares, o posconciliares, pudiesen llegar a proclamar, en el ejercicio del papado, esto es, en su enseñanza oficial, no meramente privado, errores sin contar las herejías formales?

     Por no haber reprobado y rechazado sus principios oportunamente; por haber sido subestimados todos los indicios racionales de criminalidad y prevaricación.

     Principiis obsta!

     Los responsables —no me refiero a sus cómplices, sino a los incautos, cobardes y perplejos, tanto pastores, principalmente, como fieles ilustrados— no hicieron lo que debían de haber hecho: arrancar el mal de raíz, según las normas de la encíclica Pascendi, de San Pio X.

     Fueron subestimados los errores iniciales; de ese modo fueron excusando y admitiendo errores, después el error y los herejes fueron tomando aliento para, poco a poco, llegar a los fieles.

     Sin embargo, hay más:

     Existió no sólo pasividad y cobardía; sino surgieron también voces que se decían “tradicionalistas” que, sin misericordia, impugnaban los argumentos de los que, de modo clarividente y fuerte, se disponían a combatir el mal de raíz: Nos insultaban de modo más cruel, calificándonos como cismáticos.

     Estos “tradicionalistas”, diciéndose anti-sedevacantistas, furibundos, movidos por sus prejuicios, de buena o mala fe, interpretan el Derecho Canónico, como simple ley humana, llevando agua a su molino.

     De este modo reducirán al Canon 188, 4 a su mínima expresión, considerándolo, en todo, como mera ley de Derecho eclesiástico que, por eso, no afectaba al papa.

     Y en cuanto a la bula de Paulo IV, “Cum ex apostolatus”, la consideran como derogada.

     Estos “tradicionalistas” restringen el campo de la infalibilidad papal a los dogmas solemnemente definidos, para que se considere a alguien como hereje exigen la existencia de sentencia explícita y literal.

     La oposición al Magisterio ordinario y universal de la Iglesia no merece, de parte de ellos, la menor consideración o ninguna consideración.

     Tales “tradicionalistas” para hacer más difícil las cosas contra lo expresado por la ley, dislocan el centro de gravedad de la prueba de que un sujeto es herético, el “ónus probandi”, del reo, o del acusado, a quien incumbe las pruebas de su inocencia, al acusador, que debe demostrar, con evidencia absoluta, el dolo y pertinacia del acusado.

     Siguiendo estos principios, seria imposible considerar a alguien como hereje.

     En el caso de la crisis actual, sería imposible la solución del problema.

     Por lo tanto, resultaría que la Iglesia, una sociedad perfecta, como a fe nos enseña, se vería rebajada a la categoría de la más imperfeta de las sociedades, dado que cualquier sociedad civil tiene todos los recursos necesarios para solucionar sus problemas.

COMENTARIOS

     Este excelente artículo del católico profesor Tomás Tello, escrito hace cerca de 30 años, muestra bien la perversión de los que se dicen‘’católicos” y “tradicionalistas” que rechazan la unidad de fe de la Iglesia Católica, el Derecho divino sobre esta unidad (Ef. IV, 5), rechazan el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, en el creer y en el obrar(D.S. 3011); la Bula de Paulo IV; el Canon 188, 4; el deber de confesar públicamente la verdadera fe, única (Rom X, 10). Rechazan, como los jansenistas, la naturaleza de separado de la Iglesia “ipso facto”, por el delito de herejía. Vuelven a los papas nulos, por los delitos contra a fe, en papas válidos.

     Los anti-sedevacantistas, “padres de Campos”, de Dom Mayer, ya se unieron a los herejes, formalmente; los de Mons. Lefébvre persisten en la validez de los separados públicamente de la unidad de fe. Con ellos están también los anti-sacramentalistas (Zins) y los anti-conclavistas (Daly, Daniele, Pivarunas, Espina). Están contra la unidad de fe y de gobierno de la Iglesia Católica; contra el Magisterio de la Iglesia y contra el Derecho divino, contra la obediencia debida a la Sede de Pedro; son anti-Cristo contra Cristo; contra el único verdadero Dios. Aparentan hablar como el Cordero; pero hablan como el Dragón (Ap. XIII). La obstinación en la herejía; viene de varias décadas.

Dr. Homero Johas

Coetus fidelium

N° 10 Marzo del 2014

Traducción:

R.P. Manuel Martinez H.  F.S.V.F.

La Herejía Antilitúrgica de los Jansenistas a Juan XXIII (1668-1960)

Los tres siglos de gestación de las reformas conciliares

Fascímil del Breviaro de Isabel la Católica

Por el Padre Francesco Ricossa

Importancia de la cuestión litúrgica

La Liturgia, considerada en general, es el conjunto de símbolos, cantos y actos por medio de los cuales la Iglesia expresa y manifiesta su religión para con Dios” (Dom Guéranger, “Instituciones Litúrgicas”).

Esta definición de la Sagrada Liturgia nos permite mensurar la importancia capital del culto público que la Iglesia tributa a Dios.

En el Antiguo Testamento Dios mismo se hizo, por así decirlo, liturgista, precisando en los más pequeños detalles el culto que debían tributarle quienes lo honraran (cfr. Levítico y también Pío XII, “Mediator Dei”, 12).

Una tal importancia para un culto que no era más que la sombra (Hebreos, X, 1) de aquel sublime del Nuevo Testamento; el cual, por Voluntad de Jesús, Sumo Sacerdote, debe perdurar hasta el fin del mundo por medio de Su Iglesia…!

En la Divina Liturgia de la Iglesia Católica todo es grande, todo es sublime, hasta los más pequeños detalles; es esta verdad la que hizo pronunciar a Santa Teresa de Ávila aquellas célebres palabras: “Daría mi vida por la más pequeña de las ceremonias de la Santa Iglesia”.

Que el lector no se sorprenda entonces de la importancia que daremos en este artículo a las rúbricas litúrgicas, ni de la atención que prestaremos a las “reformas” (que se podrían juzgar menores) que precedieron a las del Concilio Vaticano II.

Por otra parte, los enemigos de la Iglesia siempre han sido concientes de la importancia de la Liturgia; ¿habrá que recordar que, desde siempre, la corrupción de la Liturgia fue un medio para los herejes de atentar contra la misma Fe?
Fue así con las antiguas herejías cristológicas, y después, poco a poco, con el luteranismo y el anglicanismo del siglo XVI, con las reformas iluministas y jansenistas del siglo XVIII… para concluir en el mismo Con-cilio Vaticano II, que comenzó sus trabajos de “Reforma” precisamente con el esquema so-bre Liturgia, desembocando en el “Novus Ordo Missæ”.

Orígenes de la “Reforma” litúrgica del Vaticano II

La “Reforma” litúrgica querida por el Vaticano II, y realizada en el posconcilio, es una verdadera revolución: “La vía abierta por el Concilio está destinada a cambiar radicalmente el rostro de las asambleas litúrgicas tradicionales”, admite Mons. Annibale Bugnini, uno de los principales artífices de la llamada “reforma”; él mismo agrega que se trata de una “real ruptura con el pasado” (Bugnini, “La Ri-forma Liturgica” [1948-1975], CLV Edizioni Liturgiche, 1983).

Ahora bien, ninguna revolución estalla de repente un buen día, sino que es el fruto de largos asaltos, caídas lentas y concesiones progresivas.

El objetivo de nuestro artículo es exponer al lector, después de una introducción de carácter histórico, los orígenes de la revolución litúrgica, especialmente según el exa-men de las reformas de las rúbricas realizadas en 1955 y 1960.

De hecho, si “en nuestros días se ha consumado, con la introducción del Novus Ordo Missæ y los nuevos libros litúrgicos, una ruptura radical con la Tradición (…), hay que preguntarse donde hunde sus raíces tal desolación litúrgica. Que no hay que buscarlas exclusivamente en el Concilio Vaticano II, parecerá claro a toda persona de buen sentido. La Constitución litúrgica del 4 de diciembre de 1963 representa la conclusión pasajera de una evolución cuyas múltiples causas, no todas homogéneas, remontan a un lejano pasado” (Mons. Klaus Gamber, “La Réforme de la Liturgie romaine. Histoire et Problématique”).

El Iluminismo

El pleno florecimiento de la vida eclesial en la época barroca (Contrarreforma y Concilio de Trento, n.d.r.) se vio afectado, hacia fines del siglo XVIII, por el frío Iluminismo. Se estaba insatisfecho de la Liturgia tradicional, ya que se estimaba que correspondía muy poco a los problemas concretos de la época (Mons. Gamber, op. cit.)

El Iluminismo racionalista halla el terreno preparado y un sólido aliado en la herejía jansenista, la cual, tal como el Protestantismo del que era la quinta columna, se oponía a la Liturgia Romana tradicional.

José II en el Imperio de los Habsburgo, el episcopado galicano en Francia, y el de Toscana en Italia, reunidos en el Sínodo de Pistoya, efectuaron reformas y experimentos litúrgicos “que se asemejan sorprendentemente a los actuales; éstos también estaban fuertemente orientados hacia el hombre y los problemas sociales” (Gamber, op. cit.).

“… Podemos pues afirmar que la actual desolación litúrgica halla su raíz más firme en el Iluminismo. Muchas ideas de esta época han hallado su plena aplicación solamente en nuestros tiempos, en los que asistimos a un nuevo Iluminismo”.

La aversión por la tradición, el frenesí por las novedades y reformas, el reemplazo progresivo del Latín por la lengua vulgar y el de los textos eclesiásticos y patrísticos por la sola Escritura, la disminución del culto a la Santísima Virgen y a los Santos, el racionalismo respecto de los milagros y hechos extraordinarios narrados en las lecturas litúrgicas de los Santos, la supresión del simbolismo litúrgico y del misterio; en fin, la reducción de la Liturgia, juzgada excesiva e inútilmente larga y repetitiva…

Volveremos a encontrar todos estos puntos de identificación de las reformas litúrgicas jansenistas en las reformas actuales, comenzando por la de Juan XXIII.

La Iglesia, en los casos más graves, condenó a los innovadores; así Clemente IX condena el Ritual de la Diócesis de Alet en 1668, Clemente XI condena al oratoriano Pasquier Quesnel (1634-1719) en 1713 (Denz. 1436), Pío VI anatematiza al Sínodo de Pistoya y al Obispo Scipión de Ricci con la Bula “Auctorem Fidei” de 1794 (Denz. 1531-1533).

El Movimiento Litúrgico

Una reacción al frío iluminista está representada por la restauración del siglo XIX. (…) Se alzaron entonces la gran abadía benedictina de Solesmes, en Francia, y la de la Congregación de Beuron. (Gamber)

Dom Prosper Guéranger (1805-1875), Abad de Solesmes, restaura en Francia la antigua liturgia latina y da nacimiento a un movimiento, después llamado “litúrgico”, que tiene por fin hacer amar y defender la liturgia tradicional de la Iglesia.

Dicho movimiento opera por el bien de la Iglesia hasta San Pío X, quien con sus decisiones volvió a poner en honor al canto gregoriano y halló un admirable equilibrio entre el ciclo temporal (fiestas de Nuestro Señor, Domingos y ferias) y el ciclo santoral (fiestas de los Santos).

Desviaciones del Movimiento Litúrgico

Después de San Pío X, poco a poco, el mencionado “Movimiento Litúrgico” se desvía de sus objetivos, para acercarse, por una revolución copernicana, a las tesis que combatía en sus comienzos.

Todas las ideas de la herejía antilitúrgica -Dom Guéranger llamó así a las tesis litúrgicas del siglo XVIII- fueron retomadas en los años ‘20 y ‘30 por liturgistas como Dom Lambert Beauduin (1873-1960) en Bélgica, en Francia, Dom Pius Parsch, y Romano Guardini en Austria y Alemania.

Partiendo de la “Misa dialogada”, a causa “de una excesiva importancia concedida a la participación activa de los fieles en las funciones litúrgicas” (Gamber), los reformadores de los años ‘30 y ‘40 llegaron (especialmente en los campamentos scouts y en las asociaciones de juventud y de estudiantes) a introducir de facto nada menos que la Misa en lengua vernácula, la celebración sobre una mesa de cara al pueblo, la concelebración…

Entre los jóvenes sacerdotes que se deleitaban con las experiencias litúrgicas, se hallaba en Roma, en 1933, el Capellán de la “Federación Universitaria Católica Italiana” (F.U.C.I.), Giovanni Battista Montini, feliz y fuertemente repren-dido por el Cardenal Vicario (Fappani-Molinari, “Montini, giovane”, ed. Marietti, 1980, págs. 282-292).

En Bélgica, Dom Beaudin dio al Movimiento Litúrgico un objetivo explícitamente ecuménico, presentando la hipótesis de una Iglesia anglicana “unida (a la Iglesia Católica) pero no absorbida”, y fundando un “Monasterio por la unión” con los “ortodoxos” orientales, que tuvo como resultado la “conversión” de muchos de sus monjes al cisma de Oriente.

Roma interviene: la Encíclica contra el Movimiento ecuménico, “Mortalium ani-mos” (1928) es seguida, en 1929 y 1932, por advertencias (muy) discretas que lo apartan por un tiempo de su actividad (cfr. Bonneterre, “El Movimiento Litúrgico”, ed. Fideliter, 1980, págs 35-42).

Un gran protector de Beaudin era -naturalmente- el Cardenal Mercier, pionero del ecumenismo “católico” y definido por “Sodalitium Pianum” como “ligado con todos los traidores a la Iglesia” (Poulat, “Intégrisme et catholicisme intégral”, Casterman, pág. 330).

En los años ‘40 el trabajo de sabotaje de semejantes liturgistas ya había obtenido el apoyo de una gran parte del episcopado, especialmente en Francia (con el C.P.L.: Centro de Pastoral Litúrgica) y en el Reich alemán.

A comienzos de 1943, el 18 de enero,

se lanzó el ataque más serio contra el Movimiento Litúrgico (…) por parte de un miembro elocuente y vigoroso del episcopado, el Arzobispo de Friburgo (Brisgau), Conrad Gröber. (…) En una larga carta dirigida a sus hermanos en el episcopado, Gröber resumía en 17 puntos sus preocupaciones respecto de la Iglesia. (…) Cri-ticaba la teología kerigmática, el movimiento de Schönstatt, pero sobre todo al Movimiento Litúrgico (…) asociando a éste implícitamente al Cardenal Theodor Innitzer. (…) Pocos saben que el Prof. Karl Rahner S.J., que residía entonces en Viena (diócesis del Cardenal Innit-zer, n.d.r.), escribió (…) una réplica a Gröber” (Robert Graham S.J., “Pío XII y la crisis litúr-gica en Alemania durante la guerra”, “La Ci-viltà Cattolica”, 1985, pág. 546).

Volveremos a ver a Karl Rahner como perito conciliar del episcopado alemán en el Concilio Vaticano II, al lado de Hans Küng y Schillebeeckx.

La cuestión llegó Roma: en 1947 la Encíclica de Pío XII sobre liturgia, “Mediator Dei”, habría debido decretar la condenación del Movimiento litúrgico desviado.

Pío XII

expone con fuerza la doctrina católica (…) pero el sentido de esta encíclica fue torcido por los comentarios que le hicieron los innovadores; y si Pío XII recordó los principios, no tuvo el coraje de tomar medidas eficaces contra las personas, tendría que haber disuelto el C.P.L. y prohibido un buen número de publicaciones. Pero estas medidas habrían supuesto un conflicto abierto con el episcopado francés” (Jean Crété, “El Movimiento Litúrgico”, “Itinéraires”, enero de 1981, págs. 131-132).

Habiendo comprobado la debilidad de Roma, los innovadores comprendieron que podían ir (prudentemente) adelante: de los experimentos se pasa a las reformas oficiales romanas.

Las reformas de Pío XII

Pío XII no consideraba de extrema gravedad el problema litúrgico que oponía a los obispos alemanes: “Tenemos una extraña impresión”, escribía a Mons. Gröber, “como si fuera del tiempo y del mundo, la cuestión litúrgica se presentara como el problema del momento” (Carta de Pío XII a Mons. Gröber del 22 de agosto de 1943, citada por R. Gra-ham, op. cit., pág. 549).

Si con estas palabras Pío XII desaprobaba a los representantes del Movimiento Litúrgico, no dejaba de minimi-zar el peligro.

Los innovadores pudieron así infiltrar su caballo de Troya en la Iglesia, haciéndolo pasar por la puerta, dejada casi sin defensa, de la Liturgia, y aprovechando la poca atención del Papa Pacelli en la materia.
Fueron apoyados por personas del entorno del Pontífice, como su propio confesor, Agustín Bea S.J., futuro Cardenal y defensor declarado del Ecumenismo.

Es esclarecedor el siguiente testimonio de Mons. Bugnini:

La Comisión (para la reforma de la Liturgia, creada en 1948) gozaba de la plena confianza del Papa, informado por Mons. Montini, e inclusive semanalmente, por el P. Bea, confesor de Pío XII. Por esta vía se pudieron registrar notables resultados, incluso en los períodos en que la enfermedad del Papa impedía que cualquiera se le acercara (op. cit., pág. 22).

El Padre Bea estuvo en el origen de la primera reforma litúrgica de Pío XII, a saber, la nueva traducción litúrgica de los Salmos, que reemplazó a la Vulgata de San Jerónimo, tan odiada por los protestantes por ser la traducción oficial de la Sagrada Escritura en la Iglesia declarada “auténtica” por el Concilio de Trento.

A esta reforma (Motu proprio “In cotidianis precibus”, del 24 de marzo de 1945) cuyo uso era, al menos en teoría, facultativo y que tuvo poco éxito, hicieron seguir otras reformas más durables y también más graves:

  • 18 de marzo de 1948: Constitución, con Annibale Bugnini como secretario, de una “Pontificia Comisión para la Reforma de la Liturgia” (que se parece, hasta en el nombre, al “Consilium ad exequendam constitutionem de Sacra Liturgia” instituido por Pablo VI en 1964 y que engendrará la “Nueva Misa”);
  • 6 de enero de 1953: Constitución Apostólica “Christus Dominus” sobre la reforma del ayu-no eucarístico;
  • 23 de marzo de 1955: Decreto “Cum hac nostra ætate”, reforma (no publicada en las Acta Apostolicæ Sedis y no impresa en los libros litúrgicos) de las rúbricas del Misal y del Breviario;
  • 19 de noviembre de 1955: Decreto “Maxima Redemptionis”, introduciendo el nuevo rito de Semana Santa, ya inaugurado en lo que res-pecta al Sábado Santo, “ad experimentum”, en 1951.

Consagraremos el capítulo siguiente a la reforma de la Semana Santa; por el momento, ¿qué pensar de la reforma de las Rúbricas y del Misal, realizada el mismo año por Pío XII?

Como éstas fueron declaradas facultativas, se tiende a olvidarlas; sin embargo, fueron una etapa considerable de la Reforma Litúrgica. Absorbidas y aumentadas por la Reforma de Juan XXIII, serán examinadas en detalle con las del sucesor.

Por ahora, es suficiente decir que la Reforma de 1955 tendía a abreviar el Oficio Divino y a disminuir el culto de los Santos: todas las fiestas de rito semidoble y simple se volvieron simples memorias, en Cuaresma y Pasión la elección entre el oficio de un Santo y el de la feria se volvía libre, se disminuyó el número de vigilias y octavas, reduciéndolas a tres.

Suprimidos los “Pater, Ave et Credo” a recitar antes de las horas li-túrgicas, la antífona final de la Santísima Virgen también fue suprimida (salvo la de Completas), igualmente el símbolo de San Atanasio (fuera de una vez al año).

Bonneterre, en su obra citada, aunque reconoce que las reformas del fin del pontificado de Pío XII son “las primeras etapas de la autodemolición de la Liturgia Romana” (no vemos cómo la Liturgia puede “autodemolerse”, n.d.r.), trata de garantizar su perfecta legitimidad a causa de la “santidad” de quien las promulgó.

Pío XII -escribe- emprendió entonces, con total pureza de intención, reformas exigidas por las necesidades de las almas, sin darse cuenta -y no lo podía- que quebrantaba la Liturgia y la disciplina en uno de los períodos más críticos de su historia y, sobre todo, sin ver que ponía en práctica el programa del ‘Movimiento Litúrgico’ desviado (págs. 105, 106, 111)

Jean Crété comenta:

El Padre Bonneterre reconoce que este decreto marca el comienzo de la subversión de la liturgia, pero trata de excusar a Pío XII diciendo que, en la época, nadie, fuera de los hombres del partido subversivo, podía darse cuenta de esto.

Por el contrario, puedo aportar sobre el punto un testimonio categórico.

Me di cuenta muy bien de que este decreto no era sino el comienzo de una subversión total de la liturgia; y no fui el único.

Todos los verdaderos liturgistas, todos los sacerdotes apegados a la Tradición estaban consternados.

La Congregación de Ritos no era en absoluto favorable a este decreto, obra de una comisión especial.

Cuando, cinco semanas más tarde, Pío XII anuncia la introducción de la fiesta de San José Artesano, la oposición se manifiesta abiertamente: durante más de un año, la Congregación de Ritos rehúsa componer el oficio y la misa de la nueva fiesta.

Fueron necesarias varias intervenciones del Papa para que la Congregación de Ritos se resigne, de mala gana, a publicar, a fines de 1956, un oficio tan mal compuesto que uno se pregunta si no fue saboteado deliberadamente.

Y fue solamente en 1960 que fueron compuestas las melodías (que son modelos de mal gusto) del oficio y de la misa. Traemos este episodio poco conocido para dar una idea de las fuertes reacciones suscitadas por las primeras reformas litúrgicas de Pío XII.

(Crété, op. cit., pág. 133)

El nuevo rito de Semana Santa

La renovación (litúrgica) mostró clara-mente que las fórmulas del Misal Romano debían ser revisadas y enriquecidas. La renovación ha sido iniciada por el mismo Pío XII con la restauración de la Vigilia Pascual y del Ordo de Semana Santa, que constituye la primera etapa de la adaptación del misal romano a las necesidades de nuestra época.

Estas son las propias palabras de Pablo VI en la “promulgación” del nuevo misal (Const. Apost. “Missale Romanum”, del 3 de abril de 1969).

De manera análoga, pero viniendo de la otra orilla, esto escribe Mons. Gamber:

El primer pontífice en haber aportado un cambio verdadero y real en el Misal tradicional fue Pío XII, con la introducción de la nueva liturgia de Semana Santa.
Volver a poner la ceremonia del Sábado Santo en la noche de Pascua hubiera sido posible sin grandes modificaciones.

Juan XIII prosiguió la tarea con el nuevo código de rúbricas.
Por lo demás, en esa ocasión el Canon de la Misa permaneció intacto (casi, recordamos la introducción en el Canon del nombre de San José, querida por Juan XXIII durante el Concilio, contra la Tra-dición que quiere en el Canon únicamente nombres de Mártires, a unir con el Gran Mártir Jesús en Su Sacrificio, n.d.r.) y no fue para nada alterado, pero después de estos pre-cedentes, es verdad que fueron abiertas las puertas a un ordenamiento de la Liturgia Ro-mana radicalmente nuevo.

(op. cit., pág. 22)

El decreto “Maxima Redemptionis”, por el cual se introdujo en 1955 el nuevo rito, habla exclusivamente del cambio de horario de las ceremonias del Jueves, Viernes y Sábado Santos, con el fin de facilitar a los fieles la asistencia a los Ritos Sagrados, vueltos a poner en la tarde después de siglos; pero en ninguna parte del decreto hay la menor alusión al dramático cambio de textos y de las ceremonias mismas, operado gracias al nuevo rito y en nada justificado por ningún motivo pastoral!

En realidad, el nuevo rito de Semana Santa fue un ensayo general de la reforma, como lo testimonia el dominico modernista Chenu:

El Padre Duployé siguió todo esto con una lucidez apasionada. Recuerdo que me dijo una tarde: ‘Si conseguimos restaurar la vigilia pascual a su esplendor primitivo, el movimiento litúrgico habrá vencido; me doy diez años para eso’. Diez años después el asunto era un hecho.

(“Un teólogo en libertad, J. Dunquesne entrevista al P. Chenu”, Le Centurion, 1975; págs. 92-93)

De hecho, el nuevo rito de Semana Santa, al insertarse como un cuerpo extraño en el resto del Misal todavía tradicional, obedecía a los principios que reencontraremos en las reformas de Pablo VI de 1965.

Citemos algunos ejemplos:

Pablo VI suprimirá en 1965 el último evangelio; en 1955 se lo suprime de la Semana Santa.

Pablo VI suprimirá el Salmo “Judica me” con las oraciones al pie del altar; la Semana Santa de 1955 ya lo había anticipado.

Pablo VI (siguiendo a Lutero) querrá la celebración de la Misa “cara al pueblo”; el Novus Ordo de Semana Santa comienza con la introducción de tal uso tanto como es posible (especialmente el Domingo de Ramos).

Pablo VI quiere ver la disminución del papel del sacerdote, reemplazado de una punta a la otra por los ministros; ya en 1955 el celebrante no lee más las lecturas, epístolas y Evangelios (Pasión), que son cantados por los ministros y, aunque participa de la Misa, va a sentarse en un rincón, olvidado.

Pablo VI, siempre en la Nueva “Misa” de 1969, bajo pretexto de restaurar el antiguo rito romano, suprime de la Misa todos los elementos de la liturgia “galicana” (anterior a Carlo-magno), siguiendo el desgraciado “arqueologismo” condenado por Pío XII. Así desapareció el ofertorio (con gran alegría de los protestantes), reemplazado por un rito talmúdico que nada tiene que ver con el antiguo rito romano.

Según el mismo principio, el nuevo rito de Semana Santa suprime todas las oraciones de bendición de los ramos (salvo una), la epístola, el ofertorio y el prefacio que la preceden; así como el Viernes Santo, la misa de presantificados.

Pablo VI, desafiando los anatemas del Concilio de Trento, suprime el Orden Sagrado del Subdiaconado; el nuevo rito de Semana Santa presenta a un Subdiácono cada vez más inútil, ya que lo reemplaza por el Diácono (al “levate” de las Oraciones del Viernes Santo) o por el coro y el celebrante (en la adoración de la Cruz).

¿Pablo VI quiso el ecumenismo? La nueva Semana Santa lo inaugura, llamando a la oración del Viernes Santo para la conversión de los herejes: “oración por la unidad de la Iglesia”, e introduciendo la genuflexión en la oración por los judíos que la Iglesia negaba en rechazo al deicidio perpetrado el Viernes Santo.

Los simbolismos medievales son suprimidos (apertura de la puerta de la iglesia al canto del “Gloria Laus”, por ejemplo), la lengua vernácula es introducida (promesas del Bautismo), el “Pater Noster” recitado por todos (Viernes Santo), las oraciones por el Imperio reemplazadas por otras por los que gobiernan la “cosa pública”, de sabor muy moderno.

En el Breviario se suprime el tan conmovedor “Miserere”, repetido en todas las horas. El “Exultet” Pascual es trastornado por la supresión de simbolismo de sus palabras; también el Sábado Santo, ocho lecturas de doce son suprimidas.

El canto de la Pasión, tan emocionante, sufre gravísimas censuras: desaparece hasta la Última Cena, en la que Jesús, ya traicionado, celebró por primera vez en la historia el Sacrificio de la Misa.

El Viernes Santo se administra la comunión, contrariamente a la tradición de la Iglesia y a la condena de San Pío X para quienes pretendieran instaurar tal uso (Decreto “Sacra Tridentina Synodus”, de 1905).

Además, todas las rúbricas del nuevo rito de 1955 insisten continuamente en la “participación” de los fieles, por una parte, mientras que por la otra, censuran como abusos muchas devociones populares (tan caras a los fieles) que acompañan la Semana Santa.

Aunque sintético, este examen de la reforma de la Semana Santa permite al lector -al menos así lo creemos- darse cuenta de la manera en que los “expertos” que fabricaron 14 años después la Nueva “Misa” hubieron de utilizar -y aprovechar- la Semana Santa, para realizar en ella -como “in corpore vili”- sus experimentos litúrgicos, que más tarde iban a aplicar a toda la liturgia.

Juan XXIII

A Pío XII lo sucede Juan XXIII, Angelo Roncalli.

Profesor en el Seminario de Bérgamo, fue hostigado por seguir los textos de Duchesne, prohibidos bajo San Pío X en todos los seminarios italianos, cuya obra “Historia antigua de la Iglesia”, fue puesta en el Index (Poulat, “Catholicisme, démocratie et socialis-me”, pág. 246 y 346; Maccarrone, “Mgr Du-chesne et son temps”, 1975, págs. 469-472).

Nuncio en París, Roncalli revelará su adhesión a las tesis de Le Sillon, condenadas por San Pío X, con una carta a la viuda de Marc Sagnier, fundador del movimiento proscripto, en la cual, entre otras cosas, escribe: “La poderosa fascinación de su palabra, de su alma, me había atrapado, y guardo de su persona y de su actividad política y social el recuerdo más vivo de toda mi juventud sacerdotal” (carta del 6 de junio de 1950, cfr. “Itinéraires” nº 247, no-viembre de 1980, págs. 152-153).

Nombrado Patriarca de Venecia, dará públicamente la bienvenida a los socialistas, llegados a su ciudad para un congreso del partido.

Convertido en Juan XXIII, crea Cardenal a Mons. Montini, anuncia el Concilio Vaticano II y escribe la encíclica “Pacem in terris”, en la que ya afirma, camuflándolo con una frase voluntariamente ambigua, la libertad religiosa que proclamará el Concilio, como atestigua el neo-cardenal Pavan, colaborador de Juan XXIII.

La actitud de Juan XXIII, a la muerte de Pío XII en 1958, no podía ser diferente en materia litúrgica de la ostentada en otros campos.

Dom Lambert Beauduin, al que el lector ya conoce como prácticamente el promotor del movimiento litúrgico modernista y amigo de Roncalli de larga data (desde 1924), lo sabía bien. El P. Bouyer atestigua que Dom Beauduin le dijo el día de la muerte de Pío XII:

Si eligiesen a Roncalli, todo estaría salvado; sería capaz de convocar un Concilio y consagrar el Ecumenismo… (Bouyer, “Dom Lam-bert Beauduin, un homme d’Eglise”, 1964, págs. 180-181)

El 25 de julio de 1960 Juan XXIII publica el Motu Proprio “Rubricarum Instructum”. Ya había decidido convocar el Concilio Vaticano II y proceder a la reforma del Derecho Canónico; con este Motu Proprio Juan XXIII añade y agrava las reformas de las rúbricas de 1955-56: “Hemos decidido -escribe- que se debía presentar a los Padres del futuro Concilio los principios fundamentales de la reforma litúrgica, y que no se debía diferir más tiempo la reforma de las rúbricas del Breviario y Misal Romanos”.

En este cuadro poco ortodoxo, con artificios tan dudosos, en un clima ya “conciliar”, nacieron el Breviario y el Misal de Juan XXIII, concebidos como “Liturgia de transición” destinada a durar -tal como duró- tres o cuatro años: transición entre la liturgia católica consagrada en el Concilio de Trento y la liturgia heterodoxa preconizada por el Vaticano II.

“La herejía antilitúrgica” en la reforma de Juan XXIII

Hemos visto anteriormente como el gran Dom Guéranger definió “herejía antilitúrgica” al conjunto de falsos principios litúrgicos del siglo XVIII, inspirados por el iluminismo y el jansenismo.

Quisiera mostrar en este capítulo la semejanza -a veces literal- entre las reformas de aquel siglo y las de Juan XXIII.

Reducción de Maitines a tres lecciones

El Arzobispo (tripartista, o sea filojansenista) de París, Vintimille, en su reforma del Breviario de 1736 “redujo la mayor parte de los oficios a tres lecciones, a fin de hacerlos más cortos” (Guéranger, “Instituciones Litúrgicas”, Extrac-tos, ed. de Chiré, pág. 171).

Juan XXIII, en 1960, redujo también a 3 únicas lecciones la casi totalidad de los oficios.

De esto resulta la supresión de un tercio de la Sagrada Escritura, de dos tercios de vidas de Santos y de casi tres tercios (la totalidad) de comentarios de los Pa-dres a la Escritura.

Con el fin de ayudar al lector, mostraremos en un pequeño esquema lo que queda de Maitines (salvo para las fiestas de 1ra. y 2da. clase) después de la reforma, sin olvidar que los Maitines son una parte considerable del Breviario:

En gris las partes suprimidas en los Maitines del domingo:

Y en aquellos de las fiestas de Santos:

Disminución de las fórmulas de estilo eclesiástico en provecho de la Sagrada Escritura

El segundo principio de la secta antilitúrgica es el reemplazo de las fórmulas de estilo eclesiástico por lecturas de la Sa-grada Escritura (Dom Guéranger, op. cit., pág. 107)

Mientras que el Breviario de San Pío X hacía el comentario de la Sagrada Escritura por los Padres, el de Juan XXIII guarda prác-ticamente intactas las lecciones escriturarias, como vimos arriba, y las deja sin el comentario de la Iglesia, al suprimir el comentario patrís-tico (se suprime el comentario del Antiguo Testamento o de las Epístolas, permanecen 5 o 6 líneas del comentario al Evangelio del do-mingo).

Sacar del domingo las fiestas de los santos

Es su (de los jansenistas, n.d.r.) gran principio que la santidad del domingo no admite que se rebaje el día consagrándolo al culto de un santo, ni siquiera de la Santísima Virgen (…) Con mayor razón, las dobles ma-yores o menores que modifican tan agrada-blemente para el pueblo fiel la monotonía de los domingos, recordándole a los amigos de Dios, sus virtudes y su protección; ¿tendrían que enviarse para siempre a los días feriales, en los que su fiesta pasaría silenciosa y desa-percibida? (Dom Guéranger, pág. 163).

Juan XXIII, yendo mucho más allá que la reforma equilibrada de San Pío X, realiza casi a la letra el ideal de los herejes jansenistas: solamente nueve fiestas de Santos pueden prevalecer sobre el domingo (San José, en marzo y mayo; tres fiestas marianas: la Anunciación, la Asunción y la Inmaculada Concepción; San Juan Bautista; San Pedro y San Pablo; San Miguel; y Todos los Santos), contra las 32 que traía el calendario de San Pío X, de las cuales muchas eran antiguas fiestas de precepto.

Además, Juan XXIII abolió las conmemoraciones de los Santos en domingo.

Para realizar estos objetivos, la reforma de 1960 quita a todos los domingos el rango de 1ra. y 2da. clase, y junta casi todos los santos en una 3ra. clase creada ex novo, anulando así (como vemos en el siguiente esquema) las fies-tas de rango doble mayor o menor, que alaba Dom Guéranger.

Favorecer el oficio de la feria en detrimento de las fiestas de los Santos

Dom Guéranger describe así las maniobras jansenistas:

El calendario será en adelante expurgado, y el objetivo admitido de Grancolas (1727) y sus cómplices es hacer que el clero prefiera el oficio de la feria al de los Santos.

¡Qué espectáculo lamentable el ver penetrar en nuestras iglesias máximas manchadas de calvinismo, tan groseramente opuestas a las de la Sede Apostólica, que no ha cesado desde dos siglos de fortalecer el calendario de la Iglesia con la inclusión de nuevos protectores!

(op. cit., pág. 163)

Juan XXIII suprimió totalmente 10 fiestas del calendario (11 en Italia, con la fiesta de Ntra. Sra. de Loreto), redujo 29 fiestas de rito simple y 9 de rito más elevado al rango de memoria, haciendo así prevalecer el oficio ferial; con la supresión de casi todas las octavas y vigilias, sustituyó con otras 24 ferias oficios de Santos (calculando por defecto, no teniendo en cuenta el calen-dario particular y las fiestas móviles); finalmente, con las nuevas reglas de cuaresma que veremos enseguida, otros 9 Santos, oficialmente en el calendario, no serán nunca más festejados.

En conclusión, la reforma de 1960-1962 sacrificó por un “principio calvinista”, expurgándolas, alrededor de 81 a 82 fiestas de Santos.

Dom Guéranger precisa que los Jansenistas suprimieron las fiestas de los Santos en Cuaresma (op. cit., pág. 163).

De la misma manera se comportó Juan XXIII, salvando solamente las fiestas de 1ra. y 2da. clase; como su fiesta cae siempre en Cuaresma, no se festejará más a un Santo Tomás de Aquino, a un San Gregorio Magno, San Benito, San Patricio, San Gabriel Arcángel, etc…

Censurar los milagros de las vidas de los Santos que parecen legendarios

Las vidas de los Santos fueron despojadas de una parte de sus milagros y de sus piadosos relatos. Dom Guéranger, pág. 171

Era el principio de los liturgistas iluministas.

Hemos visto que la reforma de 1960 suprimió 2 de las 3 lecciones del 2do. nocturno, donde se lee la vida de los Santos.

Pero esto no era suficiente.

Como dijimos, 11 fiestas fueron totalmente suprimidas, probablemente por ser “legendarias” para los racionalistas preconciliares: por ejemplo, San Vital, la Invención de la Santa Cruz, el martirio incruento de San Juan en la Puerta Latina, la aparición de San Miguel en el monte Gargano, San Anacleto, San Pedro ad vincula, la Invención (= descubrimiento) de San Esteban, Ntra. Sra. de Loreto (¡¡Una casa que vue-a!! ¿Se puede creer en el siglo veinte?); entre las fiestas votivas, Sta. Filomena (¡qué tonto fue el Cura de Ars al creer en eso!).

Otros Santos poco iluministas fueron eliminados más discretamente: Ntra. Sra. del Carmen y de la Merced, San Jorge, San Alejo, San Eustaquio, los estigmas de San Francisco, permanecen como memoria en un día ferial.

Igualmente, dos Papas parten, aparentemente sin motivo: San Silvestre (¿demasiado constantiniano?) y San León II. Este último, quizás por condenar a Honorio y a Juan XXIII…

Finalmente, señalamos una “obra maestra” que nos toca de cerca.

De la oración de la Misa de Ntra. Sra. del Buen Consejo, la reforma de 1960 quitó las palabras que relataban la aparición milagrosa de su imagen. Si la Casa de Nazareth no pudo volar hasta Loreto, imaginamos que tampoco un cuadro que estaba en Albania pudo volar hacia Genazzano.

Espíritu antiromano

Los Jansenistas suprimieron una de las dos fiestas de la Cátedra de San Pedro, el 10 de enero; así como también la octava de San Pedro (Dom Guéranger, pág. 170).

Idénticas medidas con Juan XXIII.

Supresión del “Confiteor” antes de la comunión de los fieles

(Misal de Troie: Dom Guéranger, págs. 149, 150, 156). La misma cosa en 1960.

Reforma del Jueves, Viernes y Sábado Santos

En 1736, con el Breviario de Vintimille,

hecho muy grave y además muy doloroso para la piedad de los fieles. (Dom Gué-ranger, págs. 170, 171)

Aquí Juan XXIII fue precedido, como hemos visto!

Idem con la supresión de casi todas las octavas (uso, que ya se encuentra en el Antiguo Testamento, de solemnizar las grandes fiestas durante ocho días), anticipado por los Jansenistas en 1736 (pág. 171) y repetido en 1955-60.

Hacer, en resumen, un Breviario muy corto y sin repeticiones

Era el sueño de los liturgistas del Renacimiento (Breviario de la Santa Cruz, abolido por San Pío V) y luego, de los iluministas.

Dom Guéranger comenta: ellos querían un Breviario

sin esas Rúbricas complicadas que obligan al Sacerdote a hacer del Oficio Divino un estudio serio; además, las Rúbricas son tradiciones y es normal que de-saparezcan.

(…) sin repeticiones

(…) es mucho más corto, este era el gran medio de triunfo!

(…)

Se quería un Breviario corto, se lo tendrá, y estarán los Jansenistas para redactarlo

(pág. 162 y también 159)

Los tres principios serán honrados públicamente por las Reformas de 1955 y de 1960: las largas Preces desaparecerán, las memorias, los sufragios, los Pater, Ave, Credo, las Antífonas de la Santísima Virgen, el Símbolo de San Atanasio, 2/3 de Maitines, ¡y se podría alargar la lista!

El Ecumenismo en la reforma de Juan XXIII

… Los Jansenistas no habían pensado en esto.

La Reforma de 1960 suprime de las oraciones del Viernes Santo el adjetivo latino perfidis (= sin fe) que calificaba a los judíos, y el sustantivo perfidiam (= impiedad) que calificaba a “judaica”.

Es la puerta abierta a las actuales visitas a las Sinagogas.

En el número 181 de las Rúbricas de 1960, se lee:

La Misa contra los paganos se llamará de ahora en más: por la defensa de la Iglesia; la Misa para suprimir el cisma: por la unidad de la Iglesia (¡siempre la misma herejía que niega que la Iglesia sea una! n.d.r.).

Estos cambios revelan el liberalismo, pacifismo y falso ecumenismo de quien los concibió.

Un último punto, pero de los más graves.

En el “Breve Examen Crítico” contra la “Nueva Misa” presentado por los Cardenales Ottaviani y Bacci, se declara justamente que

la supresión, cuando el sacerdote celebra sin ayudante (es decir, solo, n.d.r.) de todos los saludos (es decir, Dominus vobiscum, etc.) y de la bendición final, es un ataque evidente al dogma de la Comunión de los Santos. (pág. 18)

En efecto, aunque el sacerdote que celebra la Misa o recita el breviario esté solo, reza en nombre de toda la Iglesia y con toda la Iglesia.

Verdad negada por Lutero.

Ahora bien, este ataque al dogma ya había sido realizado por el Breviario de Juan XXIII, que impone al sacerdote que lo recita no decir más Dominus vobiscum (El Señor esté con vosotros) sino Domine exaudi orationem meam (Señor escucha mi oración), pensando, con una “profesión de pura fe racionalista” (Breve Examen Crítico, pág. 18), que el Breviario ya no es la oración pública de la Iglesia, sino una lectura privada.

Conclusión necesaria

La teoría no sirve de nada si no se la aplica.

Este artículo no puede concluir sin una calurosa invitación, ante todo a los sacerdotes, a volver a la liturgia “canonizada” por el Concilio de Trento y a las Rúbricas promulgadas por San Pío X.

Mons. Gamber escribe:

Muchas innovaciones promulgadas en materia litúrgica durante estos últimos 25 años -comenzando por el decreto de renovación de la Liturgia de Semana Santa del 9 de febrero de 1951 (todavía bajo Pío XII) y por el nuevo Código de Rúbricas del 25 de julio de 1960 (más adelante, nuevamente perimido) hasta la reforma, por continuas pequeñas reformas, del Ordo Missæ del 3 de abril de 1969- han demostrado ser inútiles y nocivas para la vida espiritual.

(op. cit., págs. 44-45)

Desgraciadamente, en el campo “tradicionalista” reina la confusión: unos se detienen en 1955, otros en 1965 o 1967; la Fraternidad San Pío X, después de haber adoptado la reforma de 1965 ha vuelto a la de 1960, de Juan XXIII (ahora concedida por el indulto de 1984), ¡aunque permitiéndose introducir usos anteriores y posteriores!

En los distritos de Alemania, Inglaterra o Estados Unidos, donde se rezaba el Breviario de San Pío X, fue impuesto el de Juan XXIII, y esto no solo por motivos legalistas sino de principio, mientras que el rezo privado del Breviario de San Pío X es tolerado a desgano.

¿Nos ilusionamos al esperar que este u otros estudios ayuden a que se comprenda que la Reforma es una, a pesar de las muchas etapas, y que hay que rechazarla toda sino se quiere (absit) aceptarla toda?

Solamente con la ayuda de Dios y las ideas claras se podrá obtener una restauración que no dure lo que un verano de San Juan.

Apéndice

El artículo que acaba de leer fue publicado en el número 11 de la edición italiana de Sodalitium (junio de 1986).

La revista norte-americana The Roman Catholic presentó la traducción inglesa en los números 2, 3 y 4 de 1987 (febrero, marzo, abril).

El Padre Murro me ha pedido para esta traducción francesa un apéndice sobre una cuestión que no había abordado: porqué no adecuarse a las reformas de Juan XXIII (y con más razón, a las de Pío XII) si eran verdaderos papas.

La objeción no es de poca importancia y no quiero eludirla: es la finalidad de esta “nota suplementaria”.

Todos los “católicos fieles” (los “tradicionalistas”) rechazan las reformas de Pablo VI que datan de 1969: la “misa nueva” y la reforma del rito de los sacramentos; pero su comportamiento está dividido cuando se trata de las reformas que precedieron al gran trastorno: se trate de las reformas que tuvieron lugar bajo Pío XII, bajo Juan XXIII, o bajo Pablo VI antes de 1969.

Para nosotros existe, en primer lugar, una certeza: Pablo VI, como hemos visto (Sodalitium nº 13, Cahiers de Cassiciacum nº 1), no era más Papa (formaliter) desde el 7 de diciembre de 1965: en consecuencia, todas las reformas que sigan a esta fecha no vienen de la Autoridad, ni vienen de la Iglesia, no existen en la Iglesia.

No hay entonces que obedecer.

Esta certeza no existe respecto de Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI antes de 1965, aunque la posición de estos tres pontífices sea muy diferente.

Pío XII era Papa. Es una evidencia, nadie lo contesta. Es un “hecho dogmático”. Él fue, de 1939 a 1958, la Autoridad.

Juan XXIII era dudosamente papa. La prueba de que no lo fuera no ha sido establecida.

Sin embargo, pienso que la duda sobre su legitimidad no es temeraria para el histo-riador y el fiel católicos.

Reléase cuanto he dicho en mi artículo o lo que nos revela su biógrafo, Peter Hebblethwaite (John XXIII, Pope of the Council, Geoffrey Chapman-Cossel ltd., Londres, 1989).

Fue Juan XXIII, por ejemplo, quien abrió las puertas al ecumenismo por la institución del secretariado para la unidad de los cristianos.

Finalmente, Pablo VI no fue probablemente nunca papa formalmente, aunque la prueba cierta de su falta de autoridad no vale sino a partir de 1965.

Un argumento ad hominem

Aquellos que nos objetan que no se puede seguir las rúbricas de San Pío X, afirman que debemos obedecer a las leyes litúrgicas de los Papas Pío XII y Juan XXIII.

Se les podría responder con un argumento ad hominem, que ellos mismos comiencen por seguir las de Pablo VI:

  • las anteriores a diciembre de 1965, para aquellos que, como nosotros, afirman que Pablo VI no era más la Autoridad después de esa fecha;
  • la “Nueva Misa” y las otras reformas, para los lefebvristas, que eran entonces una cum Papa nostro Paulo, como hoy son una cum Papa nostro Joanne Paulo.

Después de lo cual nos consideraríamos en deber de explicar porqué seguimos las rúbricas de San Pío X.

Pero no me limitaré a hacer esta invitación, seria, a la coherencia con sus principios…

Veamos entonces otros argumentos.

La respuesta de Forts dans la Foi

Estos son los argumentos presentados por la revista Forts dans la Foi (en el Calendario tradicional de la Iglesia Católica, años 1980 y 1981) para rechazar las reformas de Juan XXIII:

Tenemos en cuenta además los diversos oficios nuevos introducidos por Benedicto XV, Pío XI y Pío XII a continuación de nuevas canonizaciones, y también algunas reformas de Pío XII (Semana Santa, San José artesano, María Reina), de las que se puede discutir el espíritu, pero no, según nos parece, la fuerza obligatoria que quiso darles este Papa.

Sin embargo, no adoptamos las reformas que Pío XII quiso facultativas o no promulgó (nueva versión del salterio, simplificaciones de 1955).

La regla que seguimos en estas materias en que reina una cierta confusión y donde asecha un cierto riesgo de arbitrariedad, tiene la ventaja de la claridad: nos atenemos al calendario litúrgico y a los libros litúrgicos anteriores a la muerte del Papa Pío XII.

Se sabe que los demoledores de la liturgia, que habían conservado la discreción bajo el Papa de Mediator Dei, tuvieron el campo libre bajo el del aggiornamento.

Con su reforma de 1960 (libros litúrgicos de 1961), Juan XXIII dio la señal de los grandes cambios, al refundir todo el código de rúbricas según los principios caros a todos los innovadores y hacía mucho tiempo denunciados por Dom Guéranger como ‘herejía antilitúrgica’ (simplificaciones exageradas, supresiones lamentables, sospecha lanzada sobre el santoral en provecho del temporal, etc.).

Su reforma se quiso preparatoria de la reforma conciliar. De hecho, no tuvo más que una duración muy efímera (1961 a 1964, fecha de las primeras aplicaciones de la constitución del Vaticano II sobre la liturgia).

Sin condenar a aquellos que quieren seguir las reformas de Juan XXIII, nosotros preferimos pues no tenerlas en cuenta.

Jurídicamente, esta reforma efímera y de carácter expresamente preconciliar, es dudosa y no podría obligar (C.J.C., can. 15).

Por otra parte, la ausencia de recurso posible a la autoridad litúrgica, la autoridad papal, en esta situación confusa e imprevisible, nos pone en el deber de decidir según el espíritu de la legislación litúrgica, por lo tanto, en favor de la liturgia más segura, más católica y más tradicional, para la mayor gloria de Dios y edificación de las almas.

Luego de recordar que el canon invocado (can. 15) afirma que las leyes eclesiásticas in dubio juris non urgent (no obligan si su existencia jurídica es dudosa), podría contentarme con esta vieja explicación para recitar tranquilamente mi breviario “de San Pío X”.

Pero quiero ir más lejos, con el argumento más profundo, que puede justificar incluso el recurso a la Semana Santa anterior a Pío XII, el argumento de Mons. Guérard des Lauriers (también fiel a la liturgia de San Pío X).

La Iglesia en estado de privación

En primer lugar, hay que recordar que todos estamos viviendo un período excepcional para la Iglesia.

Esta se encuentra “en estado de privación”.

¿Y de qué está privada la Iglesia? De la suprema Autoridad.

Es un acontecimiento único en la historia de la Iglesia.

Es cierto que hubo períodos más o menos largos de vacancia de la Sede Apostólica.

Pero la situación actual difiere de aquellos, no solo porque la Sede está todavía materialmente ocupada, sino también porque todas las autoridades eclesiásticas que subsisten durante una vacancia normal de la Sede (a la muerte del Papa), al ser una cumMontini, Luciani y Wojtyla, han perdido, al mismo tiempo, su autoridad formaliter.

No se puede entonces aplicar a nuestra situación todas las reglas que rigen a la Iglesia durante la Sede vacante, y menos todavía las que la rigen cuando hay un Papa en el trono de Pedro.

Las leyes eclesiásticas en la Iglesia hoy

Las decisiones de Pío XII y Juan XXIII en materia litúrgica son leyes litúrgicas.

Las leyes litúrgicas, aunque el Código de Derecho Canónico no se ocupe de ellas (cfr. can. 2), son leyes eclesiásticas.

Nadie duda que las leyes de derecho divino o de derecho natural subsisten absolutamente también hoy, ya que la Autoridad de Dios que las ha promulgado jamás puede defeccionar o estar ausente.

¿Cuál es entonces la situación de las leyes eclesiásticas, las cuales han sido promulgadas por el Papa y dependen de su autoridad, en la Iglesia, cuando precisamente esta se encuentra en estado de privación de esa misma autori-dad?

La verdad se halla entre dos errores opuestos.

No hay que creer que, como la Sede está vacante (formaliter), no hay que obedecer más las leyes eclesiásticas.

Pero tampoco hay que creer que hay que obedecer como antes, es decir, que estas leyes conserven, como bajo la Autoridad de la Santa Sede, su valor coercitivo.

Esta postura simplista (no hay más Papa aquí, no hay más Congregaciones Romanas aquí, pero el derecho canónico obliga siempre, absolutamente como antes) se revela evidentemente falsa desde que es aplicada a la realidad de hoy, pues conduce a verdaderos callejones sin salida, a situaciones paradójicas.

El Código fulmina, por ejemplo, una excomunión latæ sententiæ (por el hecho mismo de la comisión del delito); según estas personas simplistas, la pena se aplica también hoy: el violador de tal ley está entonces excomulgado.

Pero esta censura es medicinal, y tiene por fin curar el alma de quien es condenado.

¿Qué sucederá cuando nuestro “excomulgado” se arrepienta de su delito? En tiempos normales, es la Autoridad que dictó la pena la que tiene el derecho de levantarla. Es suficiente recurrir a ella.

¡Pero precisamente esta Autoridad no existe hoy en acto! ¿Quién podrá entonces levantar la censura? ¡Nadie! Es un callejón sin salida, una paradoja… aún cuando se esté curado, no se puede uno salvar del (terrible) medicamento.

El callejón sin salida en realidad no existe, ya que la censura está como en suspenso, y no se aplica a causa de la ausencia de Autoridad; sostener lo contrario es pensar que la Iglesia es superior a su jefe, el Papa, y que puede su-plantar su Autoridad.

Esto dice Mons. Guérard des Lauriers:

Para comprenderlo bien, es necesario recordar que en la Iglesia militante considerada en cuanto colectivo humano, toda ley puramente eclesiástica (las modalidades respecto de la vacancia y de la provisión de la Sede Apostólica resultan de esta clase de leyes [esto vale también para las leyes litúrgicas en cuestión, n.d.r.]), incluso las que comportan penas latæ sententiæ, no tienen fuerza ejecutoria sino en virtud de la Autoridad actualmente ejercida.

Para que fuera de otra manera y pudieran existir en la Iglesia militante leyes puramente eclesiásticas con fuerza ejecutoria independientemente de la Autoridad, sería necesario que, al menos para estas leyes, la Autoridad reciba su propio mandato de la Iglesia militante en cuanto colectivo humano.

Ahora bien, esta doctrina está explícitamente condenada por Vaticano I como errónea (DS 3054). Toda ley puramente eclesiástica es pues radicalmente una ley humana, sin fuerza ejecutoria sino de parte de la Autoridad, la cual, por esencia, es monárquica.

De esto se sigue que toda ley puramente eclesiástica puede estar sometida, y está actualmente sometida, a las mismas vicisitudes de las leyes humanas.

Por una parte, la Autoridad que da fuerza a la ley, puede faltar; y es lo que sucede por la vacancia formal de la Sede Apostólica.

Por otra parte, se puede aplicar –per accidens– la letra de la ley perjudicial, en lugar de cumplir con el fin previsto por la ley. Es lo que sucede actualmente.

(Sodalitium nº 13, pág. 27)

Esto que Mons. Guérard des Lauriers afirma aquí respecto de la ley eclesiástica que prescribe el “mandato romano” para toda consagración episcopal, vale también para las le-yes eclesiásticas en cuestión.

Hay entonces que afirmar que:

  1. Las leyes puramente eclesiásticas no tie-nen más hoy su fuerza ejecutoria, ya que no pueden existir con fuerza ejecutoria independientemente de la Autoridad, la cual no es actualmente ejercida en tiempos de Mons. Wojtyla.
  2. Las leyes puramente eclesiásticas con-servan hoy su poder directivo: indican la vo-luntad de la Iglesia. Hay que adecuarse a ellas en conciencia.
  3. Si hoy aplicar la letra de la ley perjudica el fin previsto por la misma ley y por la Iglesia,

    entonces es virtud, la virtud de la epiqueya, no tener en cuenta la letra de la ley, en la estricta y sola medida en que es necesario para continuar asegurando el fin previsto por la ley.

    Los actos realizados por necesidad contra la letra de la ley en vista de asegurar el fin previsto por la ley, son llamados ‘lícitos’, aunque sean ilegales. Esta doctrina ha sido siempre admitida en la Iglesia.

    (Mons. Guérard, “Sodalitium”, ibidem)

Aplicación de los principios

La simplificación de las rúbricas por Pío XII era facultativa. El problema de la obedie-cia no se plantea.

La reforma de la Semana Santa es una ley litúrgica de la Iglesia. Obligaba bajo Pío XII.

La reforma de las rúbricas de Juan XXIII es (dudosamente) una ley litúrgica de la Iglesia. Obligaba (dudosamente) bajo Juan XXIII.

Pío XII y Juan XXIII no son más Papas vivos. Sus leyes permanecen hoy en cuanto a su fuerza directiva, pero no en cuanto a su fuerza ejecutoria.

Debemos seguirlas en conciencia, a menos que su aplicación hoy perjudique objetivamente el bien de la Iglesia y el fin buscado por el legislador.

Entonces, la virtud de la epiqueya nos autoriza a no tenerlas en cuenta, ya que en la duda no podemos recurrir a la Autoridad que falta.

La aplicación de las reformas litúrgicas en cuestión, ¿es perjudicial (i) hoy? Pienso que sí, y creo haberlo probado en mi artículo.

La reforma litúrgica es una.

No es casualidad que “Mons.” Bugnini (el padre de la “Nueva Misa”) haya escrito un libro con título revelador: “La reforma litúrgica (1948-1975)”; subrayo: 1948.

Son los mismos hombres los que trabajaron de 1948 a 1975 en la demolición de la liturgia católica.

Bajo Pío XII la Autoridad garantizaba la ortodoxia, la intención heterodoxa de quienes lo rodeaban (recordemos que el confesor de Pío XII era el Padre Bea, la máscara de proa del ecumenismo conciliar) era como contrariada por la existencia de un Papa divinamente asistido.

Eso ya no sucede hoy.

Si la reforma en 1956 o 1961 no era teológicamente nociva, lo es, en mi opinión, en 1990.

Hay que recurrir a lo más seguro y no hacer pasar a la vida litúrgica de nuestros fieles, desprovistos del auxilio de una Autoridad asistida por Dios, una liturgia que, según la mente de sus autores reales, tenía por fin la transformación gradual del culto católico en culto protestante.

En su decreto para la reforma de Semana Santa, Pío XII solo habla de cambio de horario.
No parece que se vaya contra su intención si no se tiene en cuenta hoy, en la situación actual, los otros cambios queridos por Bugnini y compañía.

En su decreto de reforma de las rúbricas, Juan XXIII expresa la intención de hacer una liturgia provisoria, esperando “la reforma general de la liturgia” por el Concilio Vaticano II.

Me parece exagerado pretender eternizar el valor legal de las rúbricas que el mismo Juan XXIII no quiso mantener más que 3 o 4 años! Y también me parece que, puesto que el mismo Juan XXIII liga su reforma con la reforma conciliar, no se puede menos que plantearse interrogantes…

Esta es mi posición, que es en definitiva la de Mons. Guérard des Lauriers y del Instituto, esperando la decisión de un futuro verdadero Papa.

Otros podrán no estar de acuerdo, y no utilizar la virtud de la epiqueya. Tienen el derecho, que planteen sus objeciones en una búsqueda común de la Verdad. Pero que no pretendan suplantar a la Autoridad, e imponernos opciones personales que no podemos aprobar.