CATECISMO HISTÓRICO LITÚRGICO SOBRE LA MISA. 1/10
Capitulo I.- Excelencias- Frutos y Nombres de la Misa.
«Sin la verdad, la piedad es débil e inconsistente; y sin la piedad, la verdad es estéril y huera»
(Fco. SUAREZ)
1. ¿Cuál es el acto más importante del culto católico?
La Santa Misa.
2. ¿Por qué?
Porque la misa es:
3. ¿Por qué la Misa es un recuerdo de Jesús?
4. ¿Y por qué es un recuerdo vivo?
5. ¿Por qué la Misa es el Sacrificio de la Iglesia Católica?
6. ¿Por qué la Misa es un sacrificio?
7. ¿Y por qué es un sacrificio perpetuo?
8. ¿Por qué llamamos a la Misa, el Sacrificio de la Nueva Ley?
9. ¿El Sacrificio de la Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz?
11. ¿Pero en algo se distinguen el Sacrificio de la Misa y el de la Cruz?
12. ¿De qué modo se representa en la Misa el Sacrificio sangriento de la Cruz?
13. ¿Qué signo o señal exterior es ése?
14. ¿Y la muerte de Jesucristo también se representa en la misa?
17. ¿El Sacrificio de la Misa fué anunciado por los Profetas?
Fué anunciado por el último de los Profetas: Malaquías.
18. ¿Y ese vaticinio se refiere al Sacrificio de la Misa?
Ahora bien, todos estos caracteres sólo convienen al Sacrificio de la misa: que es, un sacrificio: a) nuevo, pues viene a suceder a los antiguos; b) universal, pues se celebra en toda la redondez de la tierra, por sacerdotes de todas las razas y naciones, y en todos los momentos del día y de la noche; y c) infinitamente puro y agradable a Dios, por ser el mismo Jesucristo el sacerdote y la víctima de este Sacrificio. (cfr-Nicaise-Gevelle : L Histoire Sainte commetée. pág. 256).
19. ¿Cuáles son los frutos o bienes que produce la Misa?
Pueden distinguirse cuatro clases de frutos: 1. un fruto general, del que participan absolutamente todos los fieles, aunque el celebrante no piense en ellos o pretendiera excluir a alguno; fruto tan general que también se extiende indirectamente a los mismos infieles para que sean hechos miembros de la Iglesia; 2, otro fruto especial, que se aplica a cuantos cooperan a la celebración del Sacrificio, como son los que asisten devotamente a él, los que ayudan a Misa y los que recitan las mismas oraciones que el celebrante, o se unen con la intención a lo que él ejecuta ; 3, otro especialísimo, que es tan propio del sacerdote, que a ningún otro puede aplicarse, por lo menos, totalmente; y 4, el fruto ministerial, fruto que el sacerdote, como ministro de Jesucristo y dispensador de los divinos misterios, aplica por la intención de aquellos por quienes nominalmente celebra la Misa. (Cf. 216 y 217.)
¿Puede impedirse el fruto de la Misa? No puede impedirse por parte del sacerdote que la celebra: pues el celebrante no es más que el ministro secundario (v. n. 10); es cierto que a la santidad y fervor del sacerdote celebrante responde un fruto especial, pero este fruto no es más que accesorio, que le pertenece a él.
Pero por nuestra parte puede impedirse o hallar obstáculo si no estamos dispuestos y preparados a recibirlo. No podemos, por ejemplo, obtener el perdón de un pecado y la íemisión de la pena debida por él, mientras conservemos afecto al mismo pecado.
20. ¿Cuál es el mejor sufragio que podemos ofrecer por los tieles difuntos?
El mejor sufragio es la Santa Misa, que con frecuencia se ofrecía aún antes de que muriesen los enfermos, cuando ya se hallaban en estado más o menos grave.
Esta última circunstancia puede explicar satisfactoriamente algunas expresiones del Ofertorio de la Misa de Difuntos: expresiones misteriosas que, a primera vista, pudieran parecer inexactas y aun erróneas: «libra a las almas de todos los fieles difuntos de las penas del infierno y de aquel profundo lago; líbralas de la boca del león: no las absorba el abismo, ni caigan en las tinieblas…».
Así lo comprendió perfectamente desde un principio la Iglesia Católica; por eso, además de que nunca en ninguna de sus liturgias faltó, durante la Misa, una oración por los difuntos — después veremos, v. n. 225, cuan hermosa es la de nuestra liturgia romana —; muy pronto se compuso una Misa especial para ellos, Misa que presenta todos los caracteres de la más remota antigüedad con su Introito entretejido con palabras que ya aparecen en los epitafios antenicenos, con su Ofertorio tan misterioso y que más que Ofertorio parece una oración, y, en fin, con su misma prosa «Dies irae», que, aunque posterior, es el mejor modelo de todas las de su género y que al principio se cantaba en la Misa del Primer Domingo de Adviento – Evangelio del fin del mundo y Juicio Universal — para la que está muy bien adaptada, y después trasladóse a la Misa de Difuntos con la adición del último verso: «Pie Jesu Domine, dona eis réquiem. Amen». Es interesante advertir que, en sus orígenes, los funerales cristianos no tenían el carácter de tristeza que después revistieron; ni siquiera en la Misa de Difuntos faltaba elAleluia, y con el cántico del inmortal Aleluia se despedía en la sepultura a los muertos cristianos.
En cuanto a la aplicación de la Misa en sufragio por los difuntos, notemos lo siguiente: aunque los difuntos en nada pueden impedir la aplicación de los frutos de la Misa a sí mismos, pues fuera de esta vida el alma no puede conservar el afecto al pecado, y por eso bastaría una sola Misa para expiar cualquier deuda de pena temporal; sin embargo, como los frutos de la Misa sólo son aplicables per modum suffragii, es decir, a modo de sufragio, o lo que es lo mismo, se ofrece la Misa a Dios, y Dios distribuye los frutos según las normas de su justicia y sabiduría, normas que nosotros no podemos conocer; por eso no se puede tener seguridad que una sola Misa baste a satisfacer enteramente por el alma de un difunto.
21. ¿Y por qué la Misa es el mejor sufragio?
Porque el sacrificio es la mejor obra satisfactoria, y la Misa es el más excelente de todos los sacrificios.
La Misa no puede ofrecerse por difuntos: 1, incapaces de recibir sus frutos, como son los condenados, los niños muertos sin el bautismo, los santos del cielo; 2, por aquellos a quienes la Iglesia niega sepultura eclesiástica, como son los herejes, cismáticos, masones, suicidas, muertos en duelo, los que mandan quemar sus cuerpos, los excomulgados, etc.
22. ¿Por qué el sacrificio es la mejor obra satisfactoria?
Porque el sacrificio se opone radicalmente al pecado: pues el pecado niega prácticamente el dominio supremo de Dios sobre las criaturas, así como aquél afirma también prácticamente este mismo dominio.
Dios dice al hombre: —Guarda mi ley… —. Y el hombre responde con el pecado: —No quiero —. Y el sacrificio confiesa prácticamente ese dominio supremo, pues el hombre al ofrecer a Dios un sacrificio, se priva de una cosa suya, la destruye en honor de Dios, como si dijera con este acto: —Señor, esta cosa es tuya y porque es tuya no debe ser empleada ni en provecho mío ni de nadie, sino que ha de consumirse toda ella en tu honor… y en tu honor la destruyo, y le quito la vida, y la convierto en cenizas: y lo que hago con esta res debería hacerlo conmigo mismo, porque soy tuyo, y todas las criaturas tuyas son, como quiera que tú eres, por excelencia, el Señor… Cf. Coloma, Gonzalo, S. J.; Sermones varios, tom. V: El Purgatorio y los Sufrag., serm. 6.
Y la Misa es el más excelente de todos los sacrificios, porque, como ya hemos visto, en ella ofrecemos a Dios la preciosísima sangre de Jesucristo, y esta sangre tiene infinito valor satisfactorio.
23. ¿Qué nombres ha recibido el Santo Sacrificio?
San Pablo lo llama «Cena del Señor». Entre los primeros cristianos, se decía «Convivium Dominicvm: Convite del Señor», o simplemente «Dominicum».
Y así, aquellos treinta y un mártires de Cartago que, el 12 de febrero del año 304, fueron conducidos ante el procónsul Amulio, acusándoles de haber asistido al sacrificio del Domingo, cuando los estaban desgarrando con uñas de hierro y el procónsul les echaba en cara haber violado la ley de los emperadores, respondían ellos, con valor: «—Nosotros no podemos omitir el Domingo, poque es ley de Dios»; y como el procónsul insistiese en su acusación, ellos contestaban siempre lo mismo: «—No, no podemos vivir sin el Dominicum». (Pablo Allard; La Persecution de Diocletian, tom. 1, c. 4, 3).
25. ¿Pero, cuál fué el nombre más usado en la Iglesia primitiva?
Fué el de FRACCIÓN DEL PAN.
Jesús partió el Pan, nos dicen los Evangelios; Mt. 26, 26; Me. 14, 22; Le. 22, 19; y San Pablo 1 Cor. 10, 16 y 11, 24.
Con el mismo nombre lo designan los Hechos de los Apóstoles; 2, 42; 2, 46; 20, 7 y 20, 11.
<íEI día del Señor — el domingo — nos dice la Didajé, escrita entre los años 80 y 90, congregándoos en el lugar citado,partid el pan y dad gracias, después de confesar vuestros pecados para que sea limpio vuestro Sacrificio». V. n. 62.
26. ¿Y por qué se llamó Misa?
Misa era lo mismo que missio o dimissio, y estas palabras significan el envió, la despedida o término de una reunión o asamblea. Así decían los romanos: «Senatum mittere o dimitiere», levantar o terminar sus sesiones el Senado». (Cf. n. 254.)
Designándose con esta palabra la despedida o el término de una reunión cualquiera civil, también se aplicó al fin o despedida de las reuniones eclesiásticas; y como durante el Santo Sacrificio tenían lugar dos envíos o despedidas, la primera, de los catecúmenos y penitentes después del Evangelio, y la segunda, de los fieles, al terminar e! Sacrificio, la primera se llamó Misa o despedida de los catecúmenos…, y la segunda, Misa o despedida de los fieles. (Cf. n. 140.)
Después, cuando ya no hubo catecúmenos, cesó la primera despedida y con ella la distinción de las dos partes de la reunión: y comenzó a llamarse a toda la asamblea simplemente «Misa», nombre que prevaleció en Occidente desde el siglo VI.
27. ¿De qué otros nombres o explosiones alegóricas se valían los cristianos para designar la Eucaristía?
Para designar a N. S. Jesucristo en la Eucaristía, se valían del pez, pues por una feliz coincidencia las cinco letras que forman en griego este nombre, vienen a ser precisamente otras tantas iniciales de cada una de las palabras de esta frase: «Jesús-Cristo — de Dios—Hijo-Salvador».
Así, en las catacumbas, hallamos escenas como éstas, alusivas a la Eucaristía: un trípode y sobre él colocados un pan y un pez; el pez figura en las dos mult¡plicaciones de los panes y en las dos comidas que tuvo Jesús con sus discípulos después de su resurrección.
Este pez se daba a Abercius como alimento para todo su camino; «Ciudadano de población distinguida he levantado este monumento durante mi vida para tener un día en él lugar para mi cuerpo. Soy discípulo de un santo pastor — Cristo — que apacienta sus ovejas en los montes y llanuras, de amables ojos, cuya mirada se extiende a todas partes… La fe me guio por todas partes: en todas me ofreció como alimento un pescado de un manantial muy grande y puro, obra de una Virgen santa que lo dio y lo da sin cesar a comer a sus amigos; posee un vino delicioso que les prepara y se lo da con el pan. Mandé escribir esto, yo Abcrcius, durante mi vida, a la edad de setenta y dos años. El hermano que lea estas palabras niegue por Abercius». De un célebre epitafio de fines del siglo II o principios del III, hecho grabar por un obispo de Hierápolis, en Frigia, como recuerdo de su viaje a Roma. Kirch: Enchirid. font. hist. eccl. antiquae, n. 133.
El pez era, además, una alusión al bautismo: «Nosotros, pececillos —decía Tertuliano-, según nuestro Jesucristo, nacen os en el agua».De Bapt. P. L. I, 1306.
Clemente de Alejandría aconsejaba a los cristianos que hicieran grabar en sus anillos la palabra ‘IXZi’i) para no olvidar su origen. Kn algunos museos todavía se conservan unos antiquísimos peces de bronce o de cristal que solían llevar consigo los cristianos para darse a conocer como tales; se llamaban testimonios de caridad. Cf. Kirch: o. c. n. 209.
28. Como este sacramento (advierte Sto. Tomás: 111 p. q. 73, art. 4) expresa la unidad de la Iglesia también se llamó «Comunión o Xynaxis». (Cf. 62, 63 y 287-238).
29. Los Padres, griegos llamaban a la Eucaristía el bien; o si se trataba de ambas especies, los bienes por excelencia.
30. Otros también llamaron a las especies sacramentales, símbolos: símbolo, en griego, es propiamente un objeto, por cuyo medio, se da uno a conocer, y la señal para reconocerse los cristianos era La Eucaristía, como lo fué el Credo, de donde también vino que a éste lo llamaran «símbolo», el Símbolo de los apóstoles.
31. En fín, entre otros preciosos nombres, los mismos griegos le llaman realización del misterio; o acción sagrada ; y, sobre todo, AElTOYPTIA o divina liturgia, como queriendo, con este nombre, concentrar en la Misa toda la liturgia y el culto oficial que la Iglesia rinde a Dios Nuestro Señor.
Diversas clases de Misas. Por las circunstancias diversas que pueden acompañar la celebración de algunas Misas, y según el uso o fines particulares por los que pueden ofrecerse, la Misa recibe estos nombres: Misa solemne, cuando se canta y se celebra con asistencia del diácono, del subdiácono y de otros ministros inferiores; rezada, la ordinaria, que se reza o recita en tono bajo de voz; conventual, es, estrictamente hablando, la que están obligados a celebrar cada día los rectores y canónigos de una catedral; parroquial, la que están obligados a aplicar por sus feligreses, todos los que tienen cura de almas, como son los obispos, párrocos, administradores y vicarios; votiva, la que no coincide con el oficio del día, así llamada por celebrarse para satisfacer los piadosos deseos, vota, del sacerdote o de los fieles; de réquiem, la que se celebra en sufragio de los fieles difuntos; nupcial, para bendecir y solemnizar el matrimonio cristiano; de praesantificados, la que se dice en la Iglesia Latina el día de Viernes Santo, con una Hostia consagrada el día anterior, y no tiene consagración. Además de éstas existieron en la antigüedad: la Misa aurea o Misa de oro, que se celebraba en honor de la Virgen los miércoles de las cuatro Témporas y del Adviento; estaba escrita en letras de oro y celebrábase con solemnísima pompa, distribuyéndose al pueblo en esta ocasión regalos, muchas veces costosísimos; Missa solitaria, la celebrada por sólo el celebrante, sin asistencia del pueblo y, aun a veces, sin el mismo ayudante; eran muy comunes en los Monasterios y Comunidades religiosas, y en su celebración empleaban a veces varias horas algunos piadosos varones; Missa vespertina; en África, en el s. V, se decía Misa la tarde del Jueves Santo en memoria de la institución de la Eucaristía, y se celebraba por un sacerdote que había roto el ayuno. En algunas partes prevaleció la costumbre de decir Misas por los difuntos en cualquier hora del día, en que moría algún fiel.
Pero, ¡qué desemejantes en sus caracteres y sentimientos! Los dos ofrecían sacrificios a Dios para adorarle, es decir, para reconocer su dominio soberano sobre todas las cosas: Caín, el hermano mayor, como labrador que era, ofrecía frutos de la tierra; Abel, como pastor, ofrecía las mejores ovejas de su rebaño.
Pero el Señor miraba con agrado a Abel y a sus ofrendas, porque según insinúa S. Pablo: Hebr. XI, 4. las disposiciones interiores de Abel en sus sacrificios, eran más perfectas que las de Cain.
Y aun parece que Dios manifestaba de modo visible esta complacencia, haciendo bajar fuego del cielo, que consumía las ofrendas del inocente Abel, lo cual no sucedía con las de Caín.
Irritado éste sobremanera, dejóse arrebatar por la envidia, y un día dijo a su hermano menor: —Salgamos fuera.
Y estando los dos en el campo, acometió Cain a su hermano Abel y lo mató.
Era la primera muerte que ocurría en el mundo.
—¿Dónde está tu hermano Abel?—preguntó en seguida Dios a Caín
Y Caín, con incalificable grosería, le respondió:
—No lo sé… ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?
— ¡Qué has hecho! — replicó el Señor —; la voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra.
Dios concedió a Adán otro hijo, Set, que vino a reemplazar a Abel y a perpetuar la raza de los hijos de Dios.
Abel es figura de Jesucristo: a) porque era pastor de ovejas; b) por el sacrificio que ofreció, y c) por razón de su muerte violenta. La aspersión de la sangre de Jesucristo, dice San Pablo, Hebr. XII, 24, habla mejor que la de Abel, pues es sangre de valor infinito, y al derramarse sobre el altar de la Cruz pide, no como la de Abel, venganza y castigo, sino misericordia y perdón.
33. El Sacrificio de Abrahán.
Mucho había rogado Abrahán a Dios, mucho le había pedido que le concediera algún hijo.
Y Dios, al fin, se lo había concedido cuando el viejo Patriarca acababa de cumplir los cien años.
A aquel niño, en quien debían realizarse las más estupendas promesas divinas, como la posesión de la tierra prometida, la posteridad numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar y, sobre todo, la BENDICIÓN que haría saltar de gozo al mundo entero, a aquel niño su anciano padre le llamó Isaac, nombre que significa «sonrisa, alegría», para sonreírse de gozo el buen anciano cada vez que le llamara por su nombre. Crecía Isaac, había llegado a la plenitud de la vida, cuando un día dice Dios a Abrahan:
—Abrahán, Abrahán.
—Aquí me tenéis, Señor — responde el obediente anciano.
—Toma a Isaac, tu hijo único, a quien tanto amas, y vete a la tierra de Moriah, y allí me lo ofrecerás en holocausto sobre un monte que yo te mostraré.
Abrahán levantóse antes del alba, aparejó su asnillo, cortó la leña para el sacrificio y llevando consigo a dos diados y a su hijo Isaac, emprendió el camino hacia el lugar que Dios le había mostrado.
Al tercer día de camino, alzó los ojos Abrahan y pudo ya divisar desde lejos el lugar del sacrificio.
Llega al monte, deja abajo en la falda de la montaña a los criados con el asnillo y, después de colocar la leña sobre las espaldas de su hijo, sube animoso por la pendiente con el cuchillo en la mano y la mirada, la última mirada, en su hijo.
Iban caminando juntos los dos, cuando Isaac rompe el silencio:
– ¡Padre mío!
—¿Qué quieres, hijo mío?
—Aquí está — dice candorosamente Isaac — la leña y el fuego… pero, ¿dónde está la víctima?
Qué tranquilo y qué sereno debía de estar el rostro de aquel anciano, cuando, ni aun su hijo pudo advertir en él señal alguna del profundo dolor, que ya hacía tres días venía desgarrando el corazón de su padre…
Y Abrahán, con fe inquebrantable en las promesas de Dios y con profética mirada, que tantos siglos abarcaba, contesta imperturbable:
—Hijo mió, Dios sabrá proveerse, de víctima para el holocausto.
Y caminando, caminando llegaron finalmente al lugar que Dios le había mostrado: con las piedras que allí había erigió un altar, acomodó encima la leña, tomó a su hijo Isaac, lo ató y lo colocó sobre el montón de leña.
Isaac, manso como un cordero, espera ya el golpe. Abrahán extiende entonces su mano firme y toma el cuchillo…
Pero en aquel mismo instante, el Ángel del Señor lanza un grito desde lo alto:
— ¡Abrahán, Abrahán!
—Aquí me tienes — respondió él.
—No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas daño alguno; que ahora conozco que temes a Dios, pues no has perdonado a tu hijo por mi amor.
Alzó los ojos Abrahán y vio detrás de sí a un carnero, enredado por las astas en un zarzal, y habiéndolo cocido, lo ofreció en holocausto en vez de su hijo.
Esta narración de Moisés es uno de los trozos literarios más sublimes.
Nunca el arte humano, arte aquí inspirado al fin por Dios, supo acumular en tan pocas palabras tantas delicadezas y hondas emociones.
Isaac es maravillosa figura de Jesucristo: Jesucristo llevando a cuestas su Cruz, como Isaac llevaba la leña del sacrificio; Jesucristo subiendo al monte Calvario, como subía Isaac al monte Moriah; Jesucristo dejándose prender, como Isaac se dejó atar por su padre, y en fin, Jesucristo dejándose inmolar en el altar de la Cruz con el consentimiento de su Padre, es la realidad a donde ya no podia llegar, con ser tan sublime, el Sacrificio de Isaac.
Dios tampoco perdonó a su propio Hijo, sino que le entregó a la muerte por nosotros; que de tal manera amó Dios al mundo, que le dió a su Hijo Unigénito. Rom. 8, 32 y S. Juan, 3, 16.
34. El Sacrificio do Melquisedec: Gen. 14. Cfr. Verbum Domini. vol. 13. 138-146; 167-172 y 209-214.
A oídos de Abrahán acaba de llegar una triste noticia.
Los príncipes de Sodoma, de Gomorra, de Adama, de Seboin y de Segor, se habían insurreccionado contra el rey de los Elamitas, Codorlahomor, de quien eran tributarios; y este príncipe, aliado a su vez con otros reyes, les había presentado batalla en el valle de las Selvas y los había derrotado completamente, llevándose prisioneros, entre otros, al sobrino de Abrahan. Lot y a la familia de éste, que vivían en Sodoma.
Sin perder tiempo, Abrahan, que tenía en su familia gran número de esclavos y de criados, nacidos en su casa, escoge trescientos dieciocho de éstos, los más valientes y aguerridos, los arma ligeramente y cae sobre sus enemigos en Hoba, cerca de Damasco, desbaratándolos y libertando a Lot y a todos los suyos.
La vuelta de Abrahan constituyó un verdadero triunfo: saliéronle a recibir el rey de Sodoma y MELQUISEDEC, rey de Salem o Jerusalén, quien ofreció un sacrificio de acción de gracias, con PAN Y VINO, porque era sacerdote del Dios excelso, y le bendijo diciendo: ¡Oh, Abrahán, bendito eres del Dios excelso, que creó el cielo y la tierra: y bendito sea el excelso Dios, por cuya protección a han caido en tus manos los enemigos!
Melquisedec es un personaje misterioso: por habernos callado a sabiendas la Escritura Divina su genealogía, por haber sido rey y sacerdote al mismo tiempo, por su nombre «Melquisedec, rey de justicia», y por su título «Salem, rey de paz», y, sobre todo, por su simbólico sacrificio de PAN Y VINO, es figura de N. S. Jesucristo que, bajo las apariencias de PAN Y VINO, en la Misa, se ofrece todos los días en sacrificio.
Sobre Cristo, sacerdote según el Orden de Melquisedec, véase el precioso comentario de S. Pablo en su carta a los Hebreos, (c. 7.)
35. Había dos clases de sacrilicios: los sangrientos y los no sangrientos.
LOS SACRIFICIOS SANGRIENTOS: primero se colocaba la víctima ante el altar, para significar que se ofrecía a Jehová; después, el sacerdote, solemnemente y en nombre de todo el pueblo, imponía sobre ella las manos, indicando con esta ceremonia que sobre aquella víctima pesaba la deuda de todos los pecados, ceremonia que todavía hoy, y con el mismo profundo significado, repiten nuestros sacerdotes sobre la oblata poco antes de la Consagración: (Cf. n. 219); y es que Jesucristo, al inmolarse en la Cruz. tomó sobre sí los pecados de toda la humanidad, y esta inmolación vuelve a reproducirse en el santo Sacrificio de la Misa: Puso Dios en El la iniquidad de todos nosotros. (Isai. 53, 6); tiene, las apariencias de un pecador: (Rom. 8. 3); es como una cosa maldita: (Gal. 3, 13); hecho pecado por nosotros. (II. Cor. 5, 21).
36. EL HOLOCAUSTO, en el cual, como indica la palabra, la víctima era completamente consumida por el fuego, sin que nada pudiera reservarse de ella. (Levit, 1, 13).
37. LAS HOSTIAS PACIFICAS: paz entre los hebreos era todo bien ya exterior, ya interior, o la salud del alma o del cuerpo; se ofrecían para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos, o por simple devoción y voluntad del que las ofrecía.
Las victimas, que aquí eran por lo regular bueyes, ovejas y cabras — no palomas ni tórtolas, que dificultosamente pudieran partirse—, se dividían en tres partes: la primera, con la grosura, los ríñones, etc., se quemaba toda en honor de la Divinidad; la segunda, que comprendía el pecho y la espaldilla derecha, era para los sacerdotes, y la tercera, es decir lo restante de la víctima, pertenecía al que la presentaba. Levit, 3, 1. (Cf. n. 232.)
38. EL SACRIFICIO POR EL PECADO (Sacrificio expiatorio o propiciatorio).
Antes de derramar al pie del altar la sangre de la víctima, el sacerdote mojaba el dedo en ella y teñía con la misma las puntas del altar. De esta víctima nada podía reservarse la persona por quien se ofrecía el sacrificio, porque como se ofrecía por sus pecados, mostraba con esta privación querer castigarse a sí misma. Toda la grosura se quemaba sobre el altar, y la carne se reservaba para los sacerdotes. Levit, 4, 5-12.
Cuando el sacerdote la ofrecía por sus propios pecados y por los del pueblo, se hacían con ella, con la sangre mezclada con agua para que no se coagulase, siete aspersiones delante del velo del Santuario, es decir, del velo que separaba el Santo del Santo de los Santos, y se derramaba lo restante al pie del altar de los holocaustos. Lev. 4, 17-19.
39. LOS SACRIFICIOS NO SANGRIENTOS consistían: 1, en oblaciones de harina, pan y aceite; 2, en libaciones de vino, y 3, en fumigaciones de incienso y de aromas.
40. FINES Y VALOR DE ESTOS SACRIFICIOS; Dios los había establecido para que su pueblo escogido le tributara el culto que le era debido y para que se mantuviera alejado de la idolatría.
En cuanto a su valor y eficacia: a) No eran más que imagenes sensibles de la contrición de corazón, sin la cual nada valían ni podían merecer; h) Librada de ciertas impurezas o manchas legales, impurezas legales que no presuponían falta alguna moral; c) Pero en cuanto a la remisión de los pecados propiamente dichos, no podían producirla directamente, sino muy indirectamente, en virtud del único y verdadero sacrificio expiatorio que había de cancelar de la manera más perfecta todos los pecados del mundo, desde el pecado original hasta los pecados personales de los hombres, en virtud del Sacrificio de la Cruz. (Cf. nn. 17-18.)
Entre los Sacrificios Antiguos, los dos que con más claridad anunciaban el Sacrificio de Jesucristo eran el de la solemne Fiesta de la Expiación (Levit. 16. 1-24) y. más que todos, el Sacrificio del Cordero Pascual (Exod. XII, 1-28).
EL CORDERO PASCUAL es la figura más viva y perfecta de Jesucristo: así lo reconocieron los mismos Apostóles, S. Pablo. 1 Cor. 5, 7-8, y S. Pedro en su primera carta 1, 19-20: S. Juan 1-29 y 86: Apocí 5.6: Isai. 53, 7 y Jer. 11, 19:
a) El Cordero Pascual debía ser sin tacha y sin defecto, y Jesucristo es llamado por S. Juan el Cordero de Dios, la misma pureza que viene a quitar y a llevar sobre si, según la fuerza del texto original, los pecados del mundo, b)Tenía que ser comido todo entero en una sola casa, y la carne de Jesús, todo entero con su sangre, alma y divinidad no se puede comer más que en la Iglesia Católica, c) No debía rompérsele ningún hueso, y sobre la Cruz, aunque se quebraron las piernas a los ladrones, pero no a Jesucristo, S. Juan, 19, 36. d) Había que comerlo con pan sin levadura, y nosotros no podemos comulgar con la levadura del pecado en el corazón: II Cor. 5, 7-8; y e) La sangre del Cordero preservó de la plaga exterminadora las casas de los israelitas, y la sangre de Jesucristo señala nuestras almas para la vida eterna y las preserva del infierno. (Cfr., Nicaise et Gevelle o. c. n. 89.)
«¿Cómo es posible — exclama S. Juan Crisóstomo — que la sangre de un animal, sin razón pudiera librar del pecado a las almas? No, eso no es posible; pero esta sangre era la figura, la imagen, de la sangre de Cristo…; lo mismo que el hombre que viene a refugiarse junto a la estatua de los emperadores es salvado, no a causa del vil metal, sino a causa de aquel de quien la estatua es la imagen, asi el signo figurativo, la sangre de la victima, no tenia valor sino porque era la representación de la sangre de Cristo.» Homilía a los Neófitos: Breviar. Rom. 1 julio: 5a. lecc. (cf. 239.)
CATECISMO HISTORICO-LITURGICO DE LA MISA
Febrero de 1948
LA CONFESIÓN GENERAL
CONFESIÓN GENERAL
D.—¿Es necesaria la confesión general?
D.—¿ Cuándo es necesaria?
D.— ¿Y cuándo son sacrilegas y cuándo nulas?
D.—Tenga la bondad de explicarme con ejemplos todas estas cosas.
D.—¡Por Dios!
D.—Padre, ¿estos tales son pocos o son muchos?
Cierto día, estando la santa en oración, fue arrebatada en éxtasis, durante el cual vio en medio del infierno un palacio todo de fuego, y oyó una voz que le dijo: «Inés, este palacio es de tu bienhechor, y cuanto antes vendrá a habitarlo». Vuelta en sí Inés muy asombrada mandó llamar a aquel señor que viniese a verla. Vino, en efecto, contóle la santa la espantosa visión que había tenido. Aquel señor tembló, palideció y como desvanecido, declaró sinceramente que hacía como treinta años que se confesaba mal, a causa de haber permanecido siempre voluntariamente en ocasión próxima de pecado. Entonces la santa lo animó a hacer una buena confesión general. Obedeció aquel señor y he aquí, que Inés, tuvo luego otra visión en la que vio aquel palacio en el Paraíso, y oyó la misma voz que le decía : «bien pronto vendrá tu bienhechor a habitarlo».
M.—En este caso expónganse al confesor las dudas que se tengan, y sígase su resolución.
D.—Gracias, Padre; y ahora dígame: ¿para quiénes será útil la confesión general?
D.—¿Cuándo, Padre, puede intervenir el pecado en el matrimonio?
M.—1. Cuando se prolonga mucho el noviazgo.
2. Cuando se permiten los novios ciertas libertades en sus conversaciones y en sus tratos.
D.—Padre ¿cuál es el tiempo más propicio para hacer una confesión general?
Quien piensa disponer de tiempo (para su conversión), no se demore, dice el proverbio.
D.—¿Y se deben escribir los pecados para mejor recordarlos?
—¿Qué te pasa, Jaimito? ¿estás enfermo? ¿tienes algún disgusto? ¿te han pegado?
Mas Jaimitos pensando que no había sido comprendido, se explicó diciendo:
—¡He perdido el cuaderno en que los tenía escritos!
Entonces, D. Bosco, sacando del bolsillo el gran secreto, le dice:
—Está tranquilo, querido, que tus pecados han caído en buenas manos; ¡ élos aquí!
Al verlos el pobrecito se sosegó y sonriendo añadió:
D.—Entonces, pues, cuando el confesor no permite la confesión general, ¿debe ser obedecido ?
Un hecho semejante lo refiere Cesáreo, Obispo de Arles. Era cierto estudiante de París, el cual, habiendo sido gran pecador, pero queriéndose convertir de veras y a toda costa, fue a hacer confesión general con un buen confesor de la Orden Cisterciense. Mas no pudiendo declarar sus pecados, por la abundancia de lágrimas y suspiros, el confesor le exhortó a que los escribiese en un papel, lo que el joven hizo de muy buena gana. Púsose luego el confesor a leerlos y encontró allí casos tan enormes, y complicados que no se atrevió a resolverlos por sí mismo, por lo que pidió y obtuvo del penitente la licencia necesaria para consultar acerca de ellos con el Superior. Mas cuando el Abad tomó aquel papel para leerlo, al punto exclamó: «Pero, ¿qué cosa he de leer si no hay nada escrito?» —En efecto, Dios milagrosamente había borrado del papel todos los pecados de aquel joven, así como los había también borrado de su alma.
D.—Gracias, Padre, lo he entendido todo muy bien, y le agradezco cordialmente su doctrina; la estamparé en mi corazón.
CONFESAOS BIEN
LA CRITICA DEL BORGHESE DE LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA


El volumen denuncia la existencia de una verdadera y propia «mafia internacional», que ha sabido infiltrarse en los sectores vitales del Vaticano, para condicionar sus decisiones y para imponer el viraje hacia la izquierda, en Europa, lo mismo que en el Continente latinoamericano. El caso de Chile es sintomático: «La democracia cristiana, un fuerte partido de fachada cristiana y fondo comunista, ha abierto las puertas al marxismo. . . La victoria de Salvador Allende se debe, en gran parte, a los grupos activistas de los eclesiásticos, cuya actitud está inspirada en los documentos redactados en Medellín, durante la segunda Asamblea General del (CELAM, inaugurada por Paulo VI… Esta ha sido, pues, la victoria del Papa Montini, de su dialéctica, de sus compromisos con los organismos internacionales de la mafia Sionista.

Al advenimiento de Paulo VI, Mons. Tondi y su concubina, volvieron a Roma; él se instaló en el Vaticano en calidad de empleado civil; ella fue elevada a muy altas funciones del Partido Comunista. Pronto, Paulo VI, sin ninguna retractación ni reparación, y confesando Tondi que aún guardaba la Cédula del Partido Comunista, legitimó su matrimonio civil por «sanatio in rádice», es decir, sin necesidad de tener que presentarse ante ningún sacerdote. (C.F. «Aurore», del 12 de Marzo de 1965).
¿Había abjurado de su ateísmo la ex secretaria de Togliatti? Para nada. Cuando murió, en 1979, su sepelio dio lugar a una enorme manifestación del Partido Comunista, como si se tratase del mismísimo Togliatti o de Enrico Berlinguer. Sobrevenido Wojtyla, alias besacoranes o también Juan Pablo II, se perdió por un tiempo el rastro de este individuo, cuando súbitamente, aparece en el primer plano de las noticias religiosas. La prensa italiana hace saber que Mons. A. Tondi, pide al Cardenal Seper, en Octubre de 1980, ser reintegrado al sacerdocio. Y, en diciembre de 1980, el besacoranes Juan Pablo II, lo reintegró al Sacerdocio sin condiciones. Y quizá para honrar su anterior actividad como profesor de ateísmo, fue designado prelado de honor… No abundan los espías conocidos en la historia de la Santa Sede; seguramente ninguno de ellos tuvo la insólita fortuna de Alighiero Tondi.
Con gran estupor, han visto católicos a Mons. A. Tondi decir misa en público, la misa del Ordo-Bugnini, claro está; pero sin casulla y adornado con mil caprichos
El intrépido Cardenal, en 1956, después de 7 años de dura cárcel, no había cesado un solo momento de pedir a Dios y dar valor a los que afuera combatían por la liberación de su patria y de la Iglesia. Pero hoy se ha visto obligado por un mandato que él no podía desobedecer, a ceder al fin en su simbólica resistencia, en el XV aniversario de una revolución gloriosa, aunque no victoriosa, contra la esclavitud intolerable del comunismo ateo. ¡Quince años de refugiado en la Embajada Americana!
¡»Romanos! ¡Amados hijos e hijas!:
La condenación lanzada, contra la unánime reprobación del mundo civilizado en las riberas del Danubio, a un eminente cardenal de la Santa Romana Iglesia, ha provocado en las riberas del Tíber, un grito de indignación de la Urbe. Pero el hecho de que un régimen enemigo a la religión haya golpeado esta vez a un príncipe de la Iglesia, venerado por la inmensa mayoría de su pueblo, no es un caso insólito; es tan solo un eslabón de una larga cadena de persecuciones que algunos Estados dictatoriales han desatado contra la doctrina y la vida cristiana. Una nota
—Una Iglesia que calla cuando debe hablar;
¿Podemos Nos callar cuando en una nación se trata de separar con la violencia o con la astucia del centro de la Cristiandad, de Roma, a la Iglesia que le está unida; cuando se encarcelan a todos los obispos grecocatólicos, por el único crimen de negarse a apostatar de su fe; cuando se persiguen o se encarcelan a sacerdotes y a fieles porque se rehusan a separarse de su verdadera madre la Iglesia?
¿Puede el Papa callar, cuando se llega al punto de encarcelar a un sacerdote, reo de no haber querido violar el más sagrado e inviolable de los secretos, el secreto de la confesión sacramental?
¿CISMA O FE?
LA PSICASTENIA. POR MONS. DERISI ( Y 2/2)
La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. III (II de II)
Gentileza de En Gloria y Majetad
3) Aplicación de la teoría psicasténica a los fenómenos de la obsesión
Aplicando esta teoría de Janet a los fenómenos de la obsesión, antes descriptos, encontramos una explicación suficiente de su constitución y manifestación. De ahí su valor científico: se verifica y explica los hechos.
Según esta teoría de la psicastenia, los fenómenos de la obsesión no son sino la manifestación de un estado de depresión general de la tensión psíquica que los determina y en que reside la esencia del mal. Semejante descenso de la fuerza anímica trae como consecuencia inmediata un desequilibrio o desnivel entre la intensidad de la actividad psíquica y la exigida por determinados actos colocados en los primeros puestos de la jerarquía de Janet. Es decir, que en el sujeto enfermo la fuerza anímica se encuentra por debajo del nivel requerido para la resolución y adaptación de ciertas situaciones, morales sobre todo. En circunstancias excepcionales, según dijimos, el desequilibrio podría estar causado no precisamente por el descenso de la tensión, sino por la dificultad extraordinaria y desmedida del acto, que exigiría una intensidad de la actividad psíquica superior a la común. Pero tales casos son pasajeros y no constituyen en modo alguno un caso anormal propiamente tal. Es lo que ocurre a veces con personas de normal tensión psíquica, que al principio de su vida espiritual, cuando quieren escalar de inmediato las cimas de la santidad heroica, experimentan transitoriamente los escrúpulos. Tal es el caso de algunos santos (S. Ignacio, por ejemplo, S. Agustín, Sta. Teresita del Niño Jesús) y de muchas almas al comienzo de su conversión. Que sea la situación y no la tensión lo anormal, lo demuestra el futuro de esas vidas, enteramente equilibradas una vez desaparecida la causa extraordinaria que dificultaba sobremanera su acomodación justa a la situación real y que provocaba el desequilibrio consiguiente de la tensión normal frente a ella, cosa que dista de suceder cuando la causa del mal radica en el descenso de la intensidad de la actividad psicológica misma.
Ordinariamente el desequilibrio entre la tensión y la situación real a que debe adaptarse y enfrentar el escrupuloso, tiene su raíz en la depresión de la propia actividad, bien que en no pocos casos, por no decir casi siempre, no llega a un grado tal que constituya una anormalidad propiamente tal.
La depresión de la tensión psíquica es el hecho fundamental del estado psicasténico, que determina inmediatamente el desequilibrio del sujeto frente a la situación real con la consiguiente incapacidad o dificultad máxima de asimilarla y ajustarse a ella con objetividad, precisión y firmeza.
Por eso, producida la depresión, inmediatamente van desapareciendo o dificultándose en el enfermo todas aquellas funciones de coordinación con la realidad, de acuerdo al orden jerárquico de intensidad psicológica por ellas exigida, comenzando por las que se refieren a la realidad más compleja y que más intensamente le afectan. De este decrecimiento de la tensión nace en el enfermo —mediante el desequilibrio y consiguiente falta de adaptación a la vida práctica, moral sobre todo, porque más difícil— esa su indecisión frente a los hechos, que a las veces puede degenerar en abulia; de ahí también ese no saber aplicar los principios morales generales a cada situación concreta, sin poder eliminar los hechos que evidentemente no entran dentro de las exigencias de aquéllos, con la consiguiente incrustación en la conciencia de la idea obsesionante; de ahí esa falta de memoria, esos «eclipses mentales» de la rememoración, amnesias y obscurecimientos de los recuerdos referentes a los hechos reales, ese obscurecimiento de las normas y de su alcance justo, precisamente en los momentos en que más las necesita para resolver la situación presente; de ahí esa turbación cuando ha de obrar, principalmente en público o decididamente, y más todavía si de dicha decisión depende un asunto de relativa importancia, por carecer de la visión precisa de la realidad y del modo de ensamblarse con ella, en un orden moral sobre todo. Por eso también se explica que los escrúpulos aparezcan precisamente en momentos de la vida, en que el horizonte moral se extiende y abarca una realidad más compleja con nuevos y más difíciles problemas (así, v. gr.: en la pubertad), o en que se agudiza la delicadeza de la conciencia moral y se aplica a situaciones a las que antes poca atención se prestaba (así, v. gr.: en la primera confesión o en la confesión de unos ejercicios, en los que se ha ahondado y afirmado en el sentido de la vida cristiana), o en otras circunstancias excepcionales en las que hay que decidir la adaptación de nuestra vida, no ya a una situación presente y transitoria, sino a todo un estado general de cosas de repercusión duradera para toda nuestra existencia temporal y aun eterna (así, por ejemplo, en la elección de estado: sucederá entonces, que llegado el momento decisivo de tomarlo, quien nunca dudó de su vocación durante años, comience a dudar y a turbarse con escrúpulos de todo género).
En el primer estadio de la depresión la enfermedad se manifiesta, pues, por la desaparición de lo que podemos llamar la «función de lo real«, —de lo real en lo que el paciente está interesado, ante todo—que Janet coloca, según vimos más arriba, en el grado superior de la escala, y que en realidad no es un acto simple sino que encierra varios actos jerarquizados entre sí. Esto explica también porqué el escrupuloso, que no es capaz de eliminar su propia duda, su idea obsesionante, cuando el grado de su depresión no es muy grande, puede ser —y suele serlo, dada su capacidad intelectual y virtud moral— un excelente director de conciencia, incluso de escrupulosos; pues su inteligencia que llega a ver claro en hechos y circunstancias reales que no le afectan a él directamente y conserva una penetración no común en los dominios de la especulación, sólo se entenebrece cuando trata de resolver sus propias cuestiones, prácticas principalmente y morales ante todo. Sólo un descenso más profundo de la tensión podría llevar la perturbación hasta no saber discernir y no poder adaptar a otro en su función práctica o alcanzar a la misma contemplación teorética de la inteligencia.
Natural también que al carecer las facultades de enfermo de la coordinación con lo real, de «la presentificación del hecho«, a causa de la depresión psíquica, desaparezca ipso facto el sentimiento de satisfacción completa, que sigue a esa asimilación y adaptación a lo real por la comprehensión de la inteligencia y decisión de la voluntad y experimente el paciente los sentimientos de «incompletez«, de «inacabamiento«, que tan despiadadamente lo torturan y traen en desazón.
Todos los fenómenos hasta aquí enumerados comprendidos en la privación de la «función de la real«: falta de visión de la realidad en toda su complejidad, falta de decisión frente a ella, falta de adaptación al hecho, etc., son, por eso, losfenómenos directos secundarios del estado psicasténico (hecho fundamental) y son explicados directamente por la teoría de la psicastenia o depresión: su desaparición o entorpecimiento sucesivo y progresivo está determinado directamente por una insuficiencia de realización por parte de la actividad psíquica causada por el descenso de su tensión.
Pero hemos visto en la exposición de los fenómenos de la obsesión cómo este estado está acompañado por agitaciones mentales, emotivas y motrices, tanto sistematizadas como difusas. Todas ellas se explican también en esta teoría, pero como fenómenos secundarios derivados, es decir, indirectamente provocados por la depresión.Sucede con la energía psicológica algo análogo a lo que acaece con la energía física. La corriente de agua que no puede sobrepasar el nivel de un dique de contención, tiene fuerza para chocar contra él con grande estrépito y con movimientos en innumerables sentidos, desbordándose en todas direcciones donde encuentre un nivel inferior al suyo. La corriente eléctrica que no tiene suficiente intensidad para enrojecer un filamento, la tiene para producir un gran estrépito haciendo sonar, por ejemplo, una multitud de timbres. Del mismo modo, supuesta la depresión psíquica y el consiguiente desequilibrio entre ella y la acción por poner, la actividad vital, al chocar inútilmente con el acto cuyo nivel está sobre el suyo, se desborda, y a veces estrepitosamente, hacia fenómenos psíquicos inferiores inútiles, que requieren menor intensidad psicológica. Es lo que se llama en psicología el fenómeno de la derivación de la energía, así dispuesta por el Autor de la naturaleza para descargar una fuerza vital acumulada y evitar con ello los trastornos que, de no suceder así, sobrevendrían a la psique y al sistema nervioso. Conocido, por lo vulgar, es el ejemplo de cómo la consideración de una gran desgracia, que podría llevar a serias perturbaciones mentales si se fijase en la mente del paciente, se descarga derivándose en sollozos y lágrimas, es decir, en actos psicológicos inferiores inútiles. Otro tanto nos acontece en la vida diaria, cuando por la complejidad de la situación real la tensión queda por debajo de ella e insuficiente para realizar los actos adecuados y convenientes a dicha situación, la energía psíquica se desborda en movimientos inútiles de las manos y del cuerpo y de nuestra sangre (nos enrojece el rostro). La derivación de la energía es la natural válvula de escape, de «desahogo», con que el Creador nos libra de los daños consiguientes a una excesiva concentración psíquica y fisiológica.
Es cabalmente lo que acontece en nuestro enfermo, según la teoría de la psicastenia. Las fuerzas psíquicas al intentar un acto que exigiría un nivel de tensión superior al suyo y chocar inútilmente contra él, v. gr.: al no poder desalojar la duda que atormenta al paciente, se vuelcan hacia actos que están por debajo de su nivel, se aplican a ideas, emociones y movimientos inútiles, que nada tienen que ver con la realidad presente, y de este modo aparecen en la conciencia, primeramente las manías, las fobias, los tics (agitaciones intelectuales, emotivas y motrices sistematizadas), que con la acentuación de la depresión se acumulan y sobreponen, trocándose en rumiaciones mentales, angustias y semi-convulsiones (agitaciones intelectuales, emotivas y motricesdifusas). Toda la serie de fenómenos inútiles de orden intelectivo, emotivo y motor observados en el escrupuloso no son sino la derivación de un esfuerzo frustrado en dirección de la acomodación del sujeto a lo real. No alcanzado el fin del esfuerzo a causa del desnivel entre la tensión psíquica y el objeto intentado, la actividad psicológica se descarga aplicándose a actos que están por debajo de su tensión, y con el descenso de ésta a actos cada vez más inferiores. Todos los actos inútiles realizados por nuestro enfermo son, pues, el resultado de un esfuerzo fallido en cuanto a su objeto y desviado por la misma naturaleza hacia otra actividad más fácil a fin de evitar la concentración psíquica: son un simple fenómeno de derivación de la energía.
Como ha podido apreciarse a través de estas páginas, la teoría de Janet nos ofrece una explicación suficientemente clara tanto de la aparición de la idea obsesionante, como de los demás fenómenos de esta enfermedad: aquélla, enquistada en la síntesis mental por insuficiencia de la tensión para ver el alcance y aplicación precisa de los principios morales en el caso real presente y para decidirse a eliminarla; éstos, como hechos provocados por la derivación de la energía, determinada a su vez por la misma depresión psíquica. A la verdad, a la luz de esta teoría psicasténica comprendemos que ni la idea obsesionante como tal, ni los demás fenómenos anormales de la obsesión constituyen la esencia propiamente tal de la enfermedad, sino que son las manifestaciones tan sólo de un mal más profundo, fuente de donde ellas dimanan provocadas directa o indirectamente (por derivación de la energía): la falta de suficiente tensión, la depresión de la fuerza psíquica.
Preciosa conclusión, que hace vislumbrar y nos orienta en el camino de la terapéutica de esta dolorosa enfermedad.
DOCUMENTOS BÍBLICOS DEL SIGLO II AL AÑO 1549
DOCUMENTOS BÍBLICOS DEL SIGLO II AL AÑO 1549
3°. Los que se pueden leer en privado, pero no conviene leer en la Iglesia (el Pastor de Hermas); y
LA PSICASTENIA. POR MONS. DERISI (1/2)
Pensamos que este opúsculo puede ser una buena ayuda tanto para los fieles que son muy escrupulosos, como para sus confesores.
La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. IV (I de II)
CAPITULO IV
LA TERAPEUTICA DE LOS ESCRUPULOS
.
Gentileza de en Gloria y Majestad
Si el escrúpulo está engendrado por un desequilibrio entre la tensión psíquica y la situación real moral a la que es preciso ajustarse, determinado por la depresión de aquélla, su curación consistirá esencialmente en la reconquista de ese perdido equilibrio, 1) disminuyendo la dificultad del acto por ejecutar mediante la simplificación de la situación moral y 2) elevando la intensidad de la fuerza anímica por remedios materiales y sobre todo psicológico-morales. Pero antes nos es indispensable decir dos palabras sobre el modo de proceder del director espiritual o confesor con el enfermo.
1) Conducta que debe observar el director con el enfermo
Es indispensable para su curación que el enfermo comience por elegirse un director fijo. Si para la vida espiritual ello es medio útil, para el caso del escrupuloso es un medionecesario. El cambio frecuente de director o confesor sólo contribuiría a agravar su dolencia, ya que, por una parte, la aplicación de los medios terapéuticos adecuados al enfermo solamente se pueden comenzar a emplear a fondo cuando el director ha llegado a la comprensión exacta del estado del paciente, y por otra, su eficacia depende de una constante y firme aplicación sin claudicaciones desastrosas para éste.
El enfermo deberá buscarse, pues, un director, que por su ciencia y virtud le merezcaplena confianza, y una vez haber dado con él, atenerse ciegamente a sus prescripciones. Toda duda o titubeo sobre la capacidad directora de su confesor comprometería por adelantado la eficacia y la presteza de su curación.
El director a su vez, deberá asentar su autoridad moral en el enfermo sobre el fundamento de su sabiduría, santidad y prudencia. Una vez cerciorado de que realmente se trata de un obseso, y no de una persona timorata y delicada de conciencia tan sólo, deberá poner en práctica la norma que para tales casos propusiera San Alfonso de Ligorio hace más de dos siglos basada sobre los principios más sólidos de la moral y a la vez en la experiencia psicológica más aguda: «Con esta clase de penitentes, el confesor sea paciente,benigno y firme«. El olvido de una de estas condiciones (vg., una excesiva bondad sin firmeza, o una excesiva firmeza sin bondad) serían fatales para el pobre enfermo.
Ha de ser, pues, ante todo paciente y benigno con la exposición interminable, intrincada y casi ininteligible de los casos de conciencia del enfermo (sobre todo al comienzo, hasta formarse una idea clara de su situación), no ha de mostrarse enfadado con las cavilaciones que le someterá a su juicio a cada momento su dirigido, así como tampoco con la insistencia sobre asuntos ya resueltos y con sus frecuentes e intempestivas visitas y consultas. Demasiado tiene que sufrir el pobre con su cruz, y una muestra de fastidio no haría sino amilanar más un ánimo ya deprimido. Hemos visto que, según el desnivel, la obsesión abarcará zonas más o menos grandes; y de hecho el escrúpulo se presenta a veces localizado en uno o varios puntos y sólo en casos más avanzados se extiende a todas las manifestaciones de la vida moral. Lo mismo acaecerá con los actos secundarios derivados, cuya aparición y desarrollo estarán en razón inversa con el nivel de la tensión. Todo esto deberá ir observando el director para formarse un juicio cabal del estado real de su dirigido. Como en las demás partes de la medicina, también en ésta y más que en aquélla vale el dicho de que «no existen enfermedades, sino enfermos«.
El escrupuloso, según dijimos más arriba, suele ser una persona inteligente y por eso mismo sensible. La enfermedad no ha hecho sino ensombrecer la paz y la alegría de su alma, sumergirla en una tristeza deprimente y agudizar su sensibilidad. Si la dureza no haría sino zaherirlo y desesperarlo, la afabilidad, en cambio, le dará más confianza en su director, le hará comprender mejor la norma de conducta por él dictada y, lo animará a abrazarse con fidelidad a ella y abrirá su corazón a la esperanza y la pre-dispondrá a la paz. La benignidad del confesor más fácilmente hará renacer en su alma la confianza en Dios y suavizará la aspereza y lo arduo de su vida, descargará un tanto el peso enorme de sus angustias y dolores. Dado el estado de postración y la delicada sensibilidad de estas almas, una muestra de fastidio o de impaciencia del director podría traer consigo la desesperación y el consiguiente derrumbe moral del enfermo.
Junto con la suavidad, el enfermo necesita la firmeza de su confesor. Ha de tener éste mano paternal: suave y fuerte a la vez. Deberá dar normas precisas, según diremos enseguida, que no permitirá discutir y cuyo cumplimiento deberá exigir. ¡Ay del confesor que admite la discusión y «peros» del escrupuloso y pretende darle razón de sus normas! Por eso no deberá transigir jamás que su penitente le discuta sus directivas, porque, a más de que es difícil convencerlo con argumentos, que su mismo estado de conciencia no le permite ver, se expone a quedarse sin respuesta y a ser arrollado por la fuerza dialéctica de su improvisado adversario. Fuera de que la fundamentación de tales normas implica una complejidad en las mismas, que el estado del paciente no puede asimilar en la vida práctica y se constituirán en otros tantos focos de obsesión. Por eso, es mejor ahorrarse toda explicación y ser categórico en sus respuestas. No vaya a titubear o a dudar cuando expone al paciente el modo de obrar que debe seguir, porque inmediatamente el enfermo pondría en tela de juicio su ciencia o su seguridad y correría el riesgo de perder su autoridad y la eficacia de su dirección: la duda se localizaría fácilmente en la competencia y sabiduría del director y anularía e impediría en su misma fuente los remedios dados para su curación. Para, ello es menester, naturalmente, haberse ganado la confianza del penitente por la autoridad de la ciencia, de la virtud y de la prudencia. En general, convendrá para lograrlo que hable claro, seguro y breve en cuanto a la norma. Lo restante de la dirección lo empleará con más provecho abriendo ese corazón a la confianza en Dios.
Una vez dada la norma precisa de su vida —que expondremos— y repetida varias veces cuando el enfermo vuelva a consultarlo sobre su extensión y valor, el director deberá exigir a su penitente que resuelva por sí mismo su duda, que pase por encima de ella y de sus angustias sin consultarle en cada caso. Con más razón todavía deberá ser firme en cuanto a no admitirlo a la confesión, fuera de la semanal y del caso en que el enfermo esté realmente cierto de haber cometido un pecado mortal. Aunque el enfermo le suplique y llore de angustia para que lo confiese, aunque para ello le afirme que él cree haber pecado gravemente, el confesor deberá ser lo suficientemente fuerte para no consentir en ello. Sería caridad mal entendida conmoverse ante tal situación y solucionar al paciente en cada caso sus dudas y darle la absolución en cada supuesto pecado mortal. Con semejante conducta el confesor, lejos de estimular, anulará los esfuerzos del penitente, los cuales le permitirían la cicatrización de su mal. Solventar su situación en cada caso, admitirlo en cada duda a la confesión, equivaldría a dar agua al hidrópico. Con ese procedimiento el mal del enfermo no hará sino agravarse y las exigencias de la idea invasora se extenderán más y más y serán cada día más tiránicas. Si el confesor no se siente con fuerzas suficientes para esta actitud, mejor es que deje a otras manos más firmes el timón de esa alma; su compasión mal entendida no haría sino dañarla en lugar de curarla. Naturalmente que esta intransigencia firme del director debe ir revestida siempre de bondad, haciendo comprender al enfermo que es precisamente para su bien que así se procede.
UNA PREGUNTA FRECUENTE
UNA PREGUNTA FRECUENTE
+ Mons. Donald Sanborn.
Nota de sededelasabiduría. El texto en rojo no pertenece al original de mons. Donald Sanborn y ha sido añadido por nosotros a la luz de las últimas prácticas de la FSSPX y de las pertinaces declaraciones de la «Resistencia».
La gente me pregunta de vez en cuando si está permitido confesarse con un sacerdote del Novus Ordo válidamente ordenado [ N. R.: es decir, ordenado antes de 1969].
Hay sacerdotes tradicionalistas, incluso sedevacantistas, que responden afirmativamente a esta pregunta. Lo permiten en caso de necesidad. Argumentan que un sacerdote del Novus Ordo, no estando excomulgado y no perteneciendo a una secta no católica, la Ley Canónica admite que podría acercarse a los sacramentos.
La posición de los sacerdotes del Seminario de la Santísima Trinidad es que uno no se puede acercar a un sacerdote Novus Ordo válidamente ordenado para confesarse, excepto en peligro de muerte.
Las razones son varias. La más importante es que daría crédito al Novus Ordo, que como he señalado muchas veces es una nueva religión substancialmente diferente a la Fe Católica. El hecho de que el sacerdote Novus Ordo no esté oficialmente excomulgado no tiene nada que ver, puesto que como dije en mi último boletín, vivimos en un momento en el que los procesos normales para el enjuiciamiento de la herejía se han venido abajo. El veneno del modernismo ha infectado la jerarquía de arriba abajo y consecuentemente es el catolicismo el que es perseguido como un crimen y la herejía protegida.
Por esta razón, en el orden práctico tratamos al Novus Ordo como una religión no-católica, tratamos a los seguidores de la religión del Novus Ordo como personas pertenecientes a una religión no-católica. Esto es así, aunque su adhesión fuera de buena fe. También hay muchos seguidores del Novus Ordo que verdaderamente detestan las reformas del Vaticano II, pero continúan adheridos a éstas porque consideran dichas reformas como provenientes de la jerarquía católica. En consecuencia invocan el verdadero principio católico de que la jerarquía católica no puede enseñar falsas doctrinas o promulgar leyes cuya observancia es pecaminosa. Concluyen pues que están obligados, les guste o no, a aceptar obedientemente todo lo que se ha hecho desde el Vaticano II. No obstante ello los lleva a vivir agónicamente puesto que son conscientes, día sí y otro también, de las constantes contradicciones que existen entre el catolicismo previo al Vaticano II y las reformas del Vaticano II.
Alguien del Novus Ordo que quiera volver a la Fe Católica debe pues rechazar el Vaticano II y sus reformas antes de poder recibir los sacramentos por parte nuestra. Esto es así, aunque consideremos que no haya que levantar ninguna excomunión, ya que el Concilio Vaticano II, la Nueva Misa, los nuevos sacramentos y la nueva disciplina no han sido nunca oficialmente condenados. Es verdad que éstos constituyen una desviación sustancial respecto de la doctrina tradicional, de la Misa, de los sacramentos y de la disciplina, pero nunca han sido condenados como tales.
Uno no puede alegar que por el hecho de no haber sido nunca censurado un sacerdote del Novus Ordo pueda por este motivo acercarse a él para recibir los sacramentos. Porque en tal caso lógicamente tendríamos que aceptar la religión del Novus Ordo en su totalidad, por no haber sido oficialmente censurada o condenada.
El Novus Ordo tiene toda la parafernalia de una secta no católica. Es una religión organizada con sus propias doctrinas, su propia liturgia, sus propias leyes y su propia disciplina. Lo único que no ha hecho es separarse de las instituciones católicas.
Han secuestrado dichas instituciones y las usan para un fin perverso. (I)
El conservador del Novus Ordo ve solamente la continuidad de la institución -la sucesión de “papas” y “obispos” en lugares ocupados anteriormente por la jerarquía católica- y por esta razón asume que debe haber continuidad en la religión de esta institución. Y no la hay.
Concluyo pues, que un católico no puede acercarse a un sacerdote Novus Ordo para confesarse o recibir cualquier otro sacramento, aunque estuviera válidamente ordenado, por la mera razón de que estaría dando su aprobación y credibilidad a una religión no católica; esto es contrario al Primer Mandamiento de la Ley de Dios.
¿Qué decir sobre confesarse con un sacerdote de la Fraternidad de San Pío X?
Se aplica el mismo principio. Si bien la FSSPX no es lo mismo que el Novus Ordo, sin embargo, es una organización que promueve ideas y principios no católicos.
- Primero: Aspiran y esperan ser reincorporados a la religión del Novus Ordo y durante los últimos cuarenta años han ido dando pasos hacia esa dirección. Además, profesan estar en comunión con la jerarquía modernista.
- Segundo: No rechazan el Vaticano II y están dispuestos a aceptarlo según su particular interpretación, que no es la de la persona que ellos consideran papa. [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Tercero: Profesan una noción herética sobre el magisterio ordinario universal de la Iglesia, sosteniendo que no es infalible a menos de que sea ratificado por los laicos cuando lo crean concordante con la tradición. (2) [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Cuarto, Ejercen un apostolado que es una desobediencia sistemática y mundial a la persona que dicen que es el papa, cayendo así en un espíritu de cisma. (3)(4) [ Nota: Lo mismo cabe decir de la falsa resistencia de Mons. Wiliamson, Faure, Zendejas, o francotiradores como el Padre Pancracio Pfeiffer, y tantos capillistas y clerigus vagus en la misma posición lefebrvista]
- Quinto: Dicen tener tribunales matrimoniales, con autoridad para anular matrimonios, y esto a pesar de haber sido suprimidos por la persona que dicen que es el papa [ Lo cual es un pecado y delito de cisma capital].
- [ Nota: Añadimos la siguiente razón: En el presente bastantes «sacerdotes» novus ordo que no han sido ordenados válidamente se han incorporado a la red de la Fraternidad, la cual se niega a ordenarlos sub conditione, siendo el resultado que, en realidad, siguen siendo seglares sin ningún poder de conferir sacramentos]
Por estas y otras razones uno no debe acercarse a ellos [ Fraternidad y falsa resistencia] en busca de los sacramentos, ya que:
- Supone aprobar y dar credibilidad a una organización que dice estar en comunión con la jerarquía modernista y a la vez está imbuida de un espíritu de cisma debido a la postura de reconocer y resistir, esto es, reconocen a Bergoglio como papa pero hacen como si no existiera. Esta posición no es católica.
- Supone escandalizar a alguien que profese la Fe Católica.
- Existe el peligro de corrupción, ya que aquellos que frecuenten los sacerdotes de la FSSPX pueden ser influenciados por sus ideas.
En buena conciencia. A pesar de estos problemas intrínsecos de la FSSPX, los cuales son graves, debe afirmarse que sus seguidores lo están en buena conciencia. Están en este grupo o frecuentan sus misas porque encuentran aborrecibles los cambios del Vaticano II, y se les dijo, en última instancia por parte de monseñor Lefebvre, que reconociendo y resistiendo juntamente, a la vez que tamizando el magisterio para hallar qué hay de católico es la manera más apropiada para luchar contra la herejía modernista.
+ Mons. Donald Sanborn.
https://inveritateblog.com/2018/03/27/a-frequently-asked-question/#more-416
Notas a pie de página:
(I) Por esta razón rechazo la expresión “Iglesia del Novus Ordo”, ya que los modernistas no se han organizado en una nueva iglesia, sino que tratan de usar las estructuras del catolicismo para esparcir sus errores.
(2) Papa Pío IX: Porque aunque se tratara de aquella sujeción que debe prestarse mediante un acto de fe divina; no habría, sin embargo, que limitarla a las materias que han sido definidas por decretos expresos de los Concilios ecuménicos o de los Romanos Pontífices y de esta Sede, sino que habría también de extenderse a las que se enseñan como divinamente reveladas por el magisterio ordinario de toda la Iglesia extendida por el orbe y, por ende, con universal y constante consentimiento son consideradas por los teólogos católicos como pertenecientes a la fe. (Carta Tuas Libenter, 21 de diciembre de 1863).
(3) El Concilio Vaticano de 1870 bajo el Papa Pío IX: Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor. Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación.
(4) Papa Pío IX: La Iglesia Católica siempre ha considerado cismáticos a todos aquellos que obstinadamente resisten la autoridad de sus legítimos prelados, especialmente al Supremo Pastor de todos, y cualquiera que rechace ejecutar las órdenes o reconocer su autoridad. A los miembros de la facción armenia de Constantinopla, siguiendo esta línea de conducta, nadie bajo ningún pretexto podrá considerarlos inocentes del pecado de cisma, aunque no hubiesen sido condenados como tales por la autoridad apostólica. (Encíclica Quartus supra dirigida a los armenios, 6 de enero de 1873) [El subrayado es nuestro]
MONJE BUDISTA ASEGURA: «VI A GAUTAMA BUDA EN EL INFIERNO»
Hace aproximadamente un mes, justo antes de Pascua, Bergoglio concedió una entrevista a Eugenio Scalfari, el nonagenario periodista ateo y amigo de Bergoglio. En 2015 ya concedió otra entrevista a Scalfari en la cual negó la existencia del infierno, afirmando que la gente mala realmente no va al infierno después de morir, sino que es simplemente destruida, dejando de existir.
Scalfari publicó que este mismo comentario fue el que le hizo Bergoglio en la entrevista de 2018. Al día siguiente el Vaticano emitió una nota diciendo que lo que Scalfari había publicado no correspondía con las palabras exactas del “pontífice”. Los siempre bien pensantes conservadores del Novus Ordo lo aceptaron como un “desmentido”.
Ahora imagine que una mujer se entera de que su marido dijo: – “¡Mi mujer es una bruja!”- tras lo cual ella le pediría explicaciones y él respondería – “Bueno, no fueron exactamente esas palabras”-. Seguramente él acabaría con un sartenazo en la cabeza. ¿Por qué? Porque eso no es desmentirlo.
De la misma manera Bergoglio el único desmentido válido que podría haber hecho, es el de afirmar que dicha declaración fue una total fabricación y que nunca dijo tal cosa, ni nunca lo diría. Y debería añadir que Scalfari se comportó como un mentiroso o un demente.
Cualquiera que esté familiarizado ya sea con el catecismo de su Primera Comunión, es decir alguien de siete años de edad, sabe que la existencia del infierno es materia de Fe Católica y negarlo supone una herejía.
Por lo tanto, queda claro que Bergoglio es un hereje público y es moralmente cierto (cierto en el orden práctico) que se obstina y es pertinaz en la herejía, puesto que no puede argüir que era por ignorancia. Sería totalmente absurdo afirmar que este hombre ignora la doctrina sobre el infierno. Consecuentemente, aquél que no se da cuenta de que este hombre es un hereje público es él también un loco, intelectualmente deshonesto o vive en un mundo imaginario.
San Alfonso dice: “Si no hay infierno, entonces no hay cielo.” ¿Por qué esto? Porque ambos se fundamentan en la justicia de Dios. Igual que Dios premia los méritos del justo, también castiga los deméritos o pecados del injusto. Aún más, el infierno es eterno ya que si el pecador pudiese ser liberado algún día del infierno esto supondría que habría arrebatado la victoria final al mismo Dios.
Bergoglio también niega la inmortalidad del alma, otro dogma de la Fe Católica, ya que afirma que aquellos que son malos son aniquilados después de la muerte. Esta es otra herejía que añadir a la lista de Bergoglio.
+Mons. Donald Sanborn.
VI A GAUTAMA BUDA EN EL INFIERNO,
DICE MONJE BUDISTA RESUCITADO

Pero resulta que como siempre ha dicho la Iglesia el infierno sí existe, y ahora un monje budista afirma que ha visto a Buda en él, desmintiendo a Bergoglio y a sus predecesores conciliares usurpadores de la Sede de San Pedro.
El artículo siguiente es gentileza de Amor a la Verdad
Al rico epulón atormentado en medio de las llamas del infierno, Dios Todopoderoso no le concedió que Lázaro volviese a la vida y apareciera a sus hernanos para que no cayeran en aquél lugar de tormentos. Abrahán le dijo:¡ Que oigan a los profetas ¡ No, padre Abrahán, dijo epulón, sólo si un muerto les avisa se arrepentirán. Pero Abrahán le dijo No se arrepentirán AUNQUE UN MUERTO RESUCITE.
Dios misericordioso ha concedido lo que no concedió al rico epulón, a la ingentes masas budistas asiáticas (y de paso a nosotros también), que uno de los suyos resucitara y les dijera lo que nunca hubieran imaginado : Los budistas, aunque lleguen a una elevada posición moral, caerán, pasada esta vida, en el infierno, en donde también yace miserablemente Gautama, el Buda a quien dan culto, desde hace siglos.
Mensaje tremendo que también se dirige a la falsa “Iglesia” conciliar y a sus atolondradas masas de seguidores. Ellos neciamente profesan las falsedades de su concilio vaticano II,
En el Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior. Así también los demás religiones que se encuentran en el mundo, es esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados.
La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres.
Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen.DECLARACIÓN
NOSTRA AETATE
SOBRE LAS RELACIONES DE LA IGLESIA
CON LAS RELIGIONES NO CRISTIANASRoma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica.
¿Quiėn, seducido por estas líneas que astutamente mezclan el error con la verdad, no se dejará seducir, y caerá en un cierto grado de indiferentismo religioso, y abandonando la eterna verdad, que asegura que sólo en la Iglesia fundada por Cristo, la Iglesia católica, puede encontrarse la salvación eterna, deja de tomar en serio la voz de esa misma Eterna Verdad que cuando pasó su vida entre nosotros gritó a los que quisieron oirle, “NO HE VENIDO A JUZGAR SINO A SALVAR. PERO EL QUE NO CREE EN MÍ YA ESTÁ CONDENADO”. Y también “SI NO CREÉIS QUE “YO SOY” [anagrama de Yawé] MORIRÉIS EN VUESTROS PECADOS”.
Ya antes de que el Creador viniera a nosotros en la Persona de Jesucristo, nuestro adorable Salvador, era obligatorio, creer en el Eterno Dios y Creador para salvarse. Éste fue el caso de Gautama que enseñó un sistema que eliminaba de las conciencias a Dios Creador. Por eso habló así de Buda, Yama, el Rey del infierno
‘No es importante lo bueno que era. Él no creía en Dios Eterno, y por eso está en el infierno “.
Y también dijo Yama, el Rey del infierno, a propósito del gigante Goliat,[que simbolizaba el orgullo pagano adorador de sus falsos dioses, frente al pequeño Israel] lo que relata el monje resucitado:
Ví a otro hombre, que era muy alto, que llevaba armadura, con espada y escudo. Tenía una herida en la frente. Era más grande que cualquier otra persona que yo hubiese visto antes, medía unos ocho pies de altura [2 metros y medio aproximadamente] . El Rey del Infierno me dijo: “Ese es Goliat. Está en el Infierno porque se burló del Dios eterno y de su siervo David
A continuación una narración (en vídeo y por escrito) de muy recomendada lectura. No sólo por los budistas sino por todo el que siente en sí mismo el Amor de la Verdad, y más por quien carece de él. Particularmente está dirigida a las atolondradas masas conciliares, que amparándose en un concilio nunca aprobado por un verdadero sucesor de San Pedro, siguen incautas sus torpes y ambiguas enseñanzas y por el camino que les trazan sus falsos pastores y profetas, CREEN EN LA SALVACIÓN UNIVERSAL o en la inmoral enseñanza de que “las almas malas al final de la vida serán aniquiladas” (Francisco dixit), como hacen los budistas que aseguran que el destino del honbre es la perfecta iluminación, la cual no alcanzarán las almas pecadoras cuyo destino es la aniquilación.
[Pueden activarse subtítulos en inglés]

Monje budista resucita y afirma que Jesús es la única verdad. ¡ Vio a Buda en medio de las llamas del Infierno!
En 1998, murió un monje budista. Unos días más tarde, se celebró su funeral en el que iba a ser cremado. Por el olor, era obvio que su cuerpo ya había comenzado a descomponerse, ¡ clarísimamemente estaba muerto! como informa la agencia misionera de Asia Outorch. “Hemos intentado verificar esta noticia que proviene de diferentes fuentes, y ahora estamos convencidos de que es precisa”, escriben. Cientos de monjes y familiares de los muertos participaron en el funeral. Justo cuando el cuerpo estaba a punto de ser quemado, el monje muerto de repente se sentó, y dijo llorando, “¡Todo es mentira! Vi a nuestros antepasados quemarse y ser torturados en una especie de fuego. También he visto a Buda y muchos otros santos hombres budistas. ¡Todos estaban en un mar de fuego! “Debemos escuchar a los cristianos”, continuó enérgicamente, “¡ellos son los únicos que conocen la verdad!”
Estos eventos sacudieron toda la región. Más de 300 monjes se hicieron cristianos y comenzaron a estudiar la Biblia. El hombre resucitado continuó advirtiendo a todos que creyeran en Jesús, porque él es el único Dios verdadero. Cintas de audio del relato del monje se distribuyeron por todo Myanmar. La jerarquía budista y el gobierno pronto se alarmaron y arrestaron al monje. Desde entonces ya no se lo ha visto más, y se teme que lo hayan matado para que se calle. Ahora es un crimen grave escuchar las cintas de audio, porque el gobierno quiere sofocar los sentimientos que produce su audición “.
“Hemos escuchado por primera vez lo sucedido de la boca de varios líderes de la iglesia de Birmania, que investigaron las noticias y no tienen dudas sobre su autenticidad. El monje, Athet Pyan Shintaw Paulu, ha cambiado su vida y sufre y se arriesga mucho a contar su historia [Puede oirse en el vídeo adjunto]. Nadie soportaría estas contrariedades por nada. Ha convertido a cientos de monjes a Jesús, fue encarcelado, despreciado por sus familiares, amigos y colegas, y fue amenazado de muerte si no dejara de proclamar esta noticia. Actualmente no se sabe a ciencia cierta dónde se encuentra: una fuente de Birmania afirma que él está en la cárcel y podría haber muerto, otra fuente dice que es libre y está predicando.
Relato del ex monje
Mi nombre es Athet Pyan Shintaw Paulu, nací en 1958 en Bogale, en el Delta del Irrawaddy, Myanmar del Sur (Birmania). Cuando tenía 18 años, mis padres budistas me enviaron como novicio a un monasterio. A los 19 años, profesé como monje en el monasterio de Mandalay Kyaikasan Kyaing, donde fui duscípulo de T Zadila Kyar Ni Kan Sayadaw, probablemente el más famoso maestro budista de nuestro tiempo, quien murió en un accidente de coche en 1983. Cuando entré en el monasterio Me dieron un nuevo nombre; U Nata Pannita Ashinthuriya. Traté de sacrificar mis propios pensamientos y deseos egoístas: incluso cuando los mosquitos descansaban sobre mi brazo, en lugar de ahuyentarlos, permitía que me picaran.
Los doctores se dan por vencidos
Me puse muy enfermo y los médicos diagnosticaron una combinación de malaria y fiebre amarilla. Después de un mes en el hospital, me dijeron que no podían hacer nada más por mí y me dieron la baja del hospital para poder prepararme a morir. De vuelta en el monasterio, me fui volviendo cada vez más débil, y finalmente perdí los sentidos. Sólo más tarde me di cuenta que había muerto: mi cuerpo comenzó a pudrirse y olía a putrefacto , mi corazón había dejado de latir. Mi cuerpo pasó por los ritos de purificación del budismo.
Lago de fuego
Pero mi espíritu estaba completamente despierto. Me encontré en medio de un potente torbellino que hacía que todo volara a mi alrededor. Ni un solo árbol, nada quedaba en pie. Estaba en medio de una llanura vacía. Después de un tiempo, crucé un río y vi ante mí un terrible lago de fuego. Todo esto me confundía porque el budismo no sabe de nada parecido. No sabía que era el Infierno hasta que conocí a Yama, el Rey del Infierno. Su cara era la de un león, sus pies eran como serpientes, y tenía muchos cuernos en la cabeza. Cuando le pregunté su nombre, él dijo: ‘Yo soy el Rey del Infierno, soy el Destructor’. Luego vi las túnicas color azafrán de los monjes de Myanmar en el fuego, y mirando más de cerca vi la cabeza afeitada de U Zadila Kyar Ni Kan Sayadaw. “¿Por qué está él en el lago de fuego?”, le pregunté [a Yama]. Él era un óptimo maestro; su audiocasete ‘¿Eres un ser humano o un perro?’ ha ayudado a miles de personas a reconocer que valen más que un perro “. “Sí, era un buen maestro”, dijo Yama, “pero él no creía en Jesucristo”. ¡Por eso está en el infierno!
Buda en el infierno
Luego me mostraron a otro hombre, con el cabello largo atado en un moño al l lado izquierdo de la cabeza. También vestía el atuendo [típico budista], y cuando le pregunté quién era, me dijo : Soy Gautama, a quien tú das culto (Buda)’. Me sentí enojado. Pregunté a Yama ¿Buda en el infierno, con toda su ética y todo su carácter moral? ‘No es importante [respondió Yama] lo bueno que era. Él no creía en Dios Eterno, y por eso está en el infierno “, respondió el Rey del Infierno. También vi a Aung San, el líder revolucionario. “Él está aquí porque persiguía y mataba a los cristianos, pero principalmenteporque no creía en Jesucristo”, me dijo. Ví a otro hombre, que era muy alto, que llevaba armadura, con espada y escudo. Tenía una herida en la frente. Era más grande que cualquier otra persona que yo hubiese visto antes, medía unos ocho pies de altura [2 metros y medio aproximadamente] [1 pie = 30,48 centímetros]. El Rey del Infierno me dijo: “Ese es Goliat. Está en el Infierno porque se burló del Dios eterno y de su siervo David”. Yo nunca había oído hablar de Goliath o David. Otro ‘Rey del Infierno’ se me acercó y me preguntó: ‘¿Vas al lago de fuego también?’ ‘No, dije, estoy aquí solo para mirar’. ‘Tienes razón’, me dijo: ‘Viniste solo a mirar, por eso no puedo encontrar tu nombre. Tendrás que volver al lugar de donde has venido.
Dos sendas
En el camino de regreso, vi dos calles, una ancha y otra estrecha. La calle estrecha, por lo que caminé, aproximadamente durante una hora, de repente se volvió de se oro puro bruñido. ¡Podía ver perfectamente mi propia imagen reflejada en él! Un hombre llamado Peter me dijo: ‘Regresa [a la vida terrena] y di a las personas que dan culto a Buda [y creen en él] y adoran otros dioses [¿hinduistas?] que terminarán en el infierno si no se convierten. Deben creer en Jesús. Luego me dio un nuevo nombre: Athet Pyan Shintaw Paulu (Paul, el que volvió a la vida). Lo siguiente que escuché fue a mi madre gritando: “Hijo mío, ¿por qué nos has dejado?” Comprendí entonces que estaba tendido en el ataúd. Cuando tuve la mudanza [y resucité], mis padres empezaron a gritar: “¡Está vivo!”, Pero los que les rodeaban no les creyeron. Cuando me veían, se llenaron de miedo y comenzaron a gritar: “¡Es un fantasma!” Noté que estaba sentado ante tres tazas y media de un líquido que hedía y que debía de haber salido de mi cuerpo mientras yacía en el ataúd. Me dijeron que iban a incinerarme. Cuando un monje muere, su nombre, su edad y el número de años de su servicio como monje se graban en el ataúd. Ya me habían registrado como muerto, pero como pueden ver, ¡estoy vivo!
De La Luce di Mariaa>
JANSENISMO
Se escuchan muchas acusaciones con frecuencia de «jansenistas» entre las distintas capillas de la tradición.Sin embargo, cabe preguntarse si quien las profiere sabe lo que quiere decir. Sobre qué es la herejía jansenista, le informamos de forma somera en este artículo.
Jansenismo
LA “NUEVA IGLESIA”, REINO DE LA MENTIRA Y DEL FRAUDE
Por el Dr. Homero Johas
INTRODUCCIÓN
Quien quiera hacer una síntesis de la naturaleza de la “nueva iglesia católica”nacida en el Concilio Vaticano II no se equivocaran afirmando que ella se apartó de la verdad absoluta divina y que quiere establecer en la tierra el culto del hombre, sin el único Dios verdadero.
* Gregorio XVI, notó que los enemigos de la Iglesia querían cambiar la“obra divina” por “una” obra humana.
* San Pio X afirmó que los hombres de las logia masónicas querían quitar de la tierra el catolicismo y establecer una “iglesia de la humanidad”.
* Pio IX mostró que los racionalistas querían conformar la Iglesia de Cristo con liberalismo.
* San Pio X notó que los agnósticos llamados modernistas querían apartar el cristianismo dogmático y cambiarlo por una religión liberal.
* El Sr. Montini, el 07-12-1960, en el Vaticano, clausurado el Concilio, proclamó un “nuevo Humanismo”, el “culto del hombre”.
* Es lo que querían los racionalistas absolutos; la razón humana, sin Dios, es el único arbitro de la verdad y de la falsedad, del bien y del mal, es ley para sí; por sus fuerzas naturales, ella basta para cuidar del bien de los hombres y de los pueblos (D.S.2903).
* Esto corresponde al “non serviam” de Lucifer (Jer. II, 20); el apartamiento de la obediencia humana al único Dios verdadero.
Esto corresponde a la “abominación de la desolación en el lugar Santo” (San Mateo XXIV); al “hombre de pecado en el templo de Dios”, con la “operación del error” de los que“no aman la verdad” y “consienten la iniquidad” (2 Tes. II, 1-11).
Se muda la verdad en error; y el error en verdad (Is. V, 20).
Esto se resume en dos puntos:
- a) Por fraude se niega la existencia de la verdad absoluta, universal, necesaria.
- b) Se pretende que todo poder viene del hombre y no de Dios.
Esto es hecho a través de mentiras, fraudes, simulaciones; una bestia del Apocalipsis aparentaba tener los cuernos del cordero, pero “loquebatur sicut draco”hablaba como el Dragón (Apoc. XIII, 11). Es el reino de la hipocresía.
En ese “habla como Dragón” están las “nuevas doctrinas” de la “nueva iglesia”; son las seculares doctrinas de los ateos, agnósticos, paganos, herejes, judíos, enemigos de la Iglesia.
- La fe divina fue sustituida por la opinión humana
- Los ministros de Dios fueron sustituidos por ministros de los hombres.
- El Sacrificio de Cristo fue sustituido por las reuniones del pueblo.
- El Derecho Divino fue sustituido por el Derecho humano.
- La verdad divina fue sustituida por el arbitrio humano.
- El Concilio Vaticano II profesa: “lo que quieren los hombres de nuestra época”.
- El Templo de Dios fue sustituido por el templo de todos los falsos ídolos.
- Se niega la Divinidad de Cristo.
- LA NEGACIÓN DE LA VERDAD ABSOLUTA
Esta es la base de todo en la “nueva iglesia”. Todo se vuelve opinión individual y libre; meramente humana, incierta, subjetiva, insegura; se aparta de la verdad absoluta, necesaria, divina, cierta, objetiva, independiente del juicio y voluntad de cada sujeto.
Esto entró fraudulentamente en la Ciencia natural, así mismo en la Ciencia divina.
Las opiniones pasaron a ser nuevas “verdades”.
Por lo tanto cada uno tiene su “propia verdad” o su “propio juicio”, su “propia posición”, o su propio Dios, su propia religión; su moral propia, su “propio derecho individual”, su “propio deber”…
Todo individual y libre, meramente humano.
Y entre esos “derechos individuales”, está el de: “no cumplir la obligación de seguir la verdad y el adherirse a ella”.
Sin la verdad necesaria en el conocimiento racional, la “adhesión” o no“adhesión” a la verdad se haría la norma del obrar psicológico, de la libertad a adherirse o no a lo que es verdadero y bueno.
Se eliminan las normas divinas de los “deberes” en el creer y el obrar.
Se eliminan las verdades de fe mandadas por la autoridad del único Dios verdadero y sus mandamientos imperados a ser observados.
Se elimina la Monarquía divina, se levanta el estandarte de la democracia contra la autoridad del único Dios verdadero.
El número de las voluntades humanas libres decidirá lo que es verdad o error; lo que es el bien o el mal (D.S. 2903).
Desaparece la verdad divina, aparece el arbitrio humano.
Desaparecen la Lógica, la Ontología, la Teología Natural, el Dogma y la Ética revelada; aparece una Ética arbitraria, sin verdad, sin Dios. Desaparecen los principios absolutos de la Ontología: de identidad, de no contradicción, de causalidad, de finalidad.
El arbitrio humano individual, sin verdad y sin Dios, será la norma suprema de todo.
Se apartan de este modo de los fundamentos divinos de la fe cristiana, del único Dios verdadero.
De Cristo que dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Del Espíritu Santo: el “Espíritu de verdad”.
Del Magisterio de la Iglesia: de la “Cátedra de la verdad”.
Tal es la doctrina llamada del Agnosticismo; Relativismo, Liberalismo, Humanismo; Anti-intelectualismo.
Podría ser llamado Anticristianismo.
Es la doctrina de la “nueva iglesia católica” originada de los ateos, agnósticos, herejes, paganos, disfrazados de “católicos”.
Existirán tantas “verdades” diferentes cuantas cabezas humanas.
Se apartan de la unicidad de la verdad.
- ORIGEN HUMANO DEL PODER
Enseña la Revelación divina: “todo poder viene de Dios”; “No hay poder sino viene de Dios” (Rom. XIII, 1). “Sin Mi nada podéis hacer”.
En sentido opuesto, junto a los ateos y racionalistas, el “nuevo humanismo”quiere una humanidad sin el Dios verdadero; sin Dios.
Tal “nuevo humanismo” de la secta de los masones, proclama: “Todo poder viene del hombre y en su nombre será ejercido”.
Niegan la palabra de Dios, el origen divino de todo poder.
Esto no es solo en el orden civil; sino también en el orden espiritual, dentro de la “nueva iglesia”: quieren que el poder de jurisdicción y el poder de orden vengan del hombre.
Para disfrazar, dicen que viene de Dios, pero a través del pueblo, de los fieles, de las iglesias, de las comunidades.
El padre, el obispo y el papa serán “ministros de la iglesia”; no ministros de Dios. Serán vicarios del pueblo, no de Dios.
Rebajan a Cristo a simple hombre, no lo reconocen como verdadero y único de Dios.
Por lo tanto el poder supremo en la iglesia vendrá del “colegio” de representantes de las iglesias; del consenso de los hombres; de la opinión pública; del mayor número de votos.
Cristo no será Rey de reyes, el Legislador divino, cabeza monárquica. El gobierno de la iglesia será el de la democracia agnóstica, sin Dios.
El papa será el “siervo de los hombres”, no “siervo de Dios”.
Será siervo de la “opinión pública”, no siervo de las verdades absolutas de Dios.
Se apartan de los Mandamientos de Dios, establecidos por Moisés y Cristo, el Decálogo, será mudado por los “derechos individuales del hombre” sin Dios.
Observar las leyes y verdades de Dios será ilícito, autoritarismo, imperialismo, dictadura; pero las dictaduras, el autoritarismo, y el imperialismo de los ateos es respetado.
Por lo tanto, tal concepto de “dignidad del hombre” no incluye la verdad absoluta; la autoridad del único Dios verdadero, la subordinación y obediencia a Dios y a los ministros verdaderos de Dios, a la jerarquía instituida en la Iglesia por la autoridad de Cristo.
En lugar de la obediencia y sumisión se habla de una “adhesión” libre, venida del consenso.
Por lo tanto, se rechaza toda “coacción exterior” del “ministro de Dios” contra los malos, los criminales contra Dios; contra ellos solo se admite el dialogo, la libre persuasión, el libre consentimiento, la libre adhesión.
Así cada uno podrá “adherirse” a la verdad o al error; al bien o al mal, a Cristo o a Lucifer, a Cristo o al anti-Cristo.
Por lo tanto cada uno podrá ser libremente: anti-intelectualista, anti-sacramentalista; anti-conclavista, anti-imperialista, anti-monarquista, sin distinguir si la fuerza usada es contra el bien y la verdad o si es contra el mal y la falsedad.
Por lo tanto, los hombres libres podrán ir igualmente al culto de Cristo o al culto de Lucifer; al culto del único Dios verdadero, o al culto de Shiwa; podrá ir libremente a un templo de Dios o a una mezquita o culto luterano.
Será igual y libre ser verdadero o falso; será “derecho” adorar al Dios cristiano o al “dios de los musulmanes”.
La ordenación social por tanto no será la “ordenación de Dios” (Rom. XIII, 1-3), sino un acuerdo, o pacto, resultado del dialogo y de la opinión pública, del“consenso”.
Por lo tanto, en la “nueva iglesia católica” la cabeza suprema no recibe “directo e inmediato” de de Nuestro Señor Jesucristo el poder supremo (Vaticano I, D.S. 3055); pero“recibe de la iglesia el poder de ministerio”, como decían los jansenistas (D.S. 2603). La herejía retira a Dios fuente directa e inmediata del poder, lo coloca en el hombre o a través del hombre.
No se confiesa que los fieles de Cristo poseen la verdad absoluta y que la Iglesia de Cristo es la única verdadera. Ahora la “única verdadera” es la “iglesia del hombre”, la del Ecumenismo, sin la unicidad de la verdadera fe. Ahora los hombres“buscan” la verdad, pero no confiesan la verdad absoluta.
Cada uno tiene “su propia verdad”, su propio deber moral, sin Dios, fundado en la negación de la verdad absoluta.
Por esto, la “paz” entre los hombres no será la “paz de Cristo”, fundada en la verdad divina absoluta, universal; será la “paz” agnóstica, fundada en el acuerdo libre, en la opinión pública, en el consenso de las voluntades humanas, en“opiniones” inciertas, dudosas, como la acefalia.
Son dos “iglesias” diametralmente opuestas.
FRAUDE Y MENTIRA
Quieran o no quieran los hombres falsos, existe la verdad absoluta y todo poder viene de Dios, y no del libre arbitrio humano.
Es fácil probar el fraude, la mentira y la falsedad de estas personas. Los errores no se convierten en verdades, ni las verdades en errores. Un pacto social, un acuerdo humano, un consenso entre los hombres, la opinión pública mayoritaria, no cambia las verdades objetivas y las leyes de las Ciencias naturales, de la Física o de la química, de la biología o de la botánica, de la Genética o de la Geometría, de la Lógica o de la Ontología.
La negación de las verdades en estas Ciencias es tan falsa como el origen humano de todo poder; los hombres nada cambian en el curso del sol o de los planetas; no crean las leyes de la materia y las operaciones naturales de los elementos químicos; las leyes de la genética vegetal y animal; las leyes de la vida natural y la muerte natural.
Los hombres no ignoran que existen verdades absolutas independientes de su propio arbitrio. Las leyes geométricas abstractas, las leyes de la lógica, los principios de Ontología no vienen del arbitrio de cada uno. Ellos no resucitan los muertos y ni impiden que existan la muertes.
No mandan a los vientos y a las lluvias, ni andan sobre los mares.
Ellos abren escuelas por la necesidad de conocer las cosas que no proceden de su libre arbitrio.
Las plantaciones de alimentos y frutas, y las creaciones del ganado y las gallinas no siguen reglas arbitrarias.
Los mares y los terremotos, los volcanes y las tempestades no proceden del arbitrio de los agnósticos, de los ateos.
Ellos no nacen ni mueren por su libre arbitrio.
Los hombres no aumentan sus saldos bancarios por su libre arbitrio.
Por lo tanto el agnosticismo es mentira y fraude, también decir que todo poder viene del arbitrio de los hombres, es mentira y fraude.
Y nadie tiene derecho a mentir y de ser fraudulento.
Por lo tanto las verdades individuales libres de la “nueva iglesia católica” proceden de la mentira y del fraude.
Proceden de la “operación del error”, de Satanás, de los que “no aman la verdad, sino que consienten en la iniquidad”, según la profecía de San Pablo (Tes. II, 11).
N° 10
Marzo del 2014
TRADUCCIÓN:
R.P. Manuel Martinez Henández F.S.V.F.

