EL MAYOR ENEMIGO DE LA VIDA ESPIRITUAL

Padre Hernán Vergara

Ave María Purísima, sin pecado original concebida.

El mayor enemigo de la vida espiritual, según el sentir de los autores espirituales, no es el mundo con sus tentaciones, ni el demonio con sus asechanzas, sino el amor desordenado de sí mismo. Si en nosotros no tuviera lugar –el amor de sí mismo-, las tentaciones del mundo y las insidias del demonio serán fácilmente vencidas; por el contrario, existiendo aquél –el amor de sí mismo-, en él encuentran su más poderoso cómplice.

En primer lugar toma el disfraz del honor, o del cuidado del buen nombre y de la propia dignidad. Dice por ejemplo: El hombre, lo mismo que el ángel, se ama naturalmente a sí mismo, quiere el bien para sí; en esto no existe desorden alguno. Aún más; incluso la caridad sobrenatural exige que nos amemos a nosotros mismos más que al prójimo. Si embargo, este amor propio desordenado no dice que tanto en el ordena natural como en el sobrenatural el amor a nosotros mismos debe subordinarse al amor de Dios, autor de la naturaleza y de la gracia. Y si mueve a considerar tal subordinación será de un modo teórico y abstracto, pero no de un modo práctico y en un sentido concreto. De ahí que implícita pero realmente busquemos demasiado nuestro propio interés.

El amor propio desordenado puede causar, por así decirlo, cierto desorden en todos nuestros actos, incluso los más elevados, siempre que no los practiquemos por amor a Dios, sino por nosotros mismos, para satisfacer nuestro apetito natural. Poco a poco se vicia nuestra vida interior y la vida de Cristo en nosotros se hace imposible.

Muchos son por consiguiente, los que, en lugar de cultivar el amor de Dios, fomentan la estima exagerada de sí mismos; de sus cualidades; buscan la aprobación y alabanza de los demás; no ven los defectos propios, dedicados a aumentar los de los demás.

El amor desordenado de sí engendra la soberbia, la vanidad, e incluso, a veces, la concupiscencia de la carne y de los ojos; en consecuencia, todos los pecados capitales cuya fuente o principio es la concupiscencia, [en sentido estricto es: El apetito desordenado de satisfacer a los sentidos contra las normas de la razón].

Entonces es cuando se manifiesta la gran oposición entre el amor de Dios y el desordenado amor de sí. El verdadero amor de Dios busca, quiere el beneplácito de Dios, quiere agradarle. Por el contrario, el amor desordenado de sí busca la satisfacción personal, aun con desagrado de Dios.

El amor de Dios mueve a generosidad, a buscar verdadera y prácticamente la perfección; el amor desordenado de sí mismo tiende a evitar las molestias, rehúsa la abnegación, el trabajo, la fatiga. El amor de Dios tiende a destruir el interés propio, piensa que nunca ha hecho bastante por Dios y por las almas; pero el desordenado amor de sí cree que ya ha hecho demasiado por Dios y por el prójimo. El amor verdadero para con Dios quiere no sólo recibir, sino dar a Dios gloria y honor, con celo verdaderamente apostólico. El desordenado amor de sí no aspira a dar, sino a recibir; como si el hombre fuera el centro del universo, hace girar todo en torno a sí. 

El desordenado amor de sí camina a la destrucción en nuestra alma, del amor de Dios y del prójimo, lo cual sucede cuando se llega a cometer el pecado mortal, en particular si es repetido. Cada vez aumenta más la aversión a Dios y la conversión al bien creado y al amor de sí.

San Agustín describe con frecuencia esta oposición trágica entre el amor de Dios y el desenfrenado amor de sí: Dos amores hicieron dos ciudades; el amor de Dios, llevado hasta el desprecio de sí, hizo la ciudad de Dios;  y el amor de sí, llevado hasta el desprecio de Dios, hizo la ciudad de Babilonia o de la perdición (De Civ. Dei. Lib. 14, cap. Último).

Subterfugios del amor propio:

El sentimentalismo es la ficción sensible de un amor a Dios y del prójimo, que no existen como tales en la voluntad espiritual. El alma se busca a sí más que a Dios. Para borrar esta imperfección viene la purificación pasiva por la aridez sensible.

Si el alma, en medio de la sequedad, no es bastante generosa, cae en la pereza espiritual, en la tibieza, deja de caminar eficazmente a la perfección.

Igualmente el desordenado amor de sí desvirtúa nuestro trabajo intelectual o apostólico; buscamos en él la satisfacción personal, la alabanza más  que a Dios y a las almas.

Cómo combatirlo eficazmente:

1º Hemos de conocer el defecto predominante para poder combatirlo y lograr la victoria.

La virtud y el vicio opuesto no pueden coexistir al mismo tiempo en el mismo sujeto, aun cuando puedan coexistir como disposiciones en potencia. La lucha vendrá más tarde, y entonces, o prevalece la inclinación buena bajo la forma de virtud actual, o el defecto predominante en forma de vicio actual.

De este modo el defecto predominante inicial es aquello por lo que una virtud degenera en un vicio materialmente semejante, aunque realmente contrario; por ejemplo: la inclinación a la humildad degenera en pusilanimidad; la inclinación a la magnanimidad, en soberbia y ambición; la inclinación a la fortaleza, en ironía amarga y crueldad; la inclinación a la justicia, en rigorismo; la inclinación a la mansedumbre y misericordia, en debilidad.

 Considerar bajó que forma prevalece en nosotros el amor propio, es decir, ver si se aparece bajo el aspecto de soberbia, de vanidad, de pereza, de sensualidad, de gula o de ira; en otros términos, ver cual sea nuestro defecto predominante, que se manifestará en los pecado que más frecuentemente cometemos y que será como el alimento de nuestra fantasía.

En algunos la soberbia, por ejemplo, vence a la irascibilidad por conservar la estima humana; en otros la pereza domina a la soberbia, sin importarles nada la buena consideración de los demás.

 Vigilar para dominar el defecto predominante con tenacidad y perseverancia a fin de adquirir dominio sobre uno mismo, no por la estima de los hombres, sino por Dios.

En otros el defecto dominante no se manifiesta tan claramente, sino que el amor propio toma formas muy diferentes.

 El defecto dominante se ha de combatir de todas las maneras, sustrayendo lo que pueda alimentarlo y obrando cada vez más por amor de Dios, para agradarle: primero en todo lo exterior de obligación y de más fácil cumplimiento por espíritu de fe; luego en todo lo interior y cuyo cumplimiento es más difícil. 

 Tres cosas se requieren en esta lucha:

a)    Pureza de intención.- Así formaba San Benito a sus religiosos: Cumplid con pureza de intención, con espíritu de fe, de esperanza, de amor de Dios, para agradar a Dios, todos los actos determinados por la regla. Tales religiosos, incluso conversos, practicando con este espíritu y con esta pureza de intención los actos externos de la vida religiosa, alcanzaban una gran perfección, notable unión con Dios; lograban una perfecta victoria sobre el amor propio.

b)    Abnegación progresiva externa e interna.- El que quiere venir en pos de Mí niéguese a sí mismo. Se a de practicar siempre que la ocasión se presente para que el amor de Dios y del prójimo prevalezca sobre nuestro desordenado amor propio.

c)    Recogimiento habitual.- Disponerse a sí mismo, para que Cristo viva en uno, lo cual se manifestara en pureza de intención y en su abnegación progresiva externa e interna de su vida cotidiana, sin afectación o fingimiento teatral, sino como parte de su personalidad, lo cual se deberá ejercitar con mucha perseverancia. 

Consecuencias prácticas de un alma que vence el amor de sí:

1.    El alma ya no ora como lo hacia hasta este momento, limitando su oración a las exigencias del propio interés. Inicia una aceptación generosa de los sufrimientos y da gracias por los beneficios particulares y por el universal beneficio de la creación, de la elevación a la vida de la gracia, de la encarnación, de la redención, de la eucaristía.

2.    Comienza el alma a desechar una vida excesivamente personal, a despreciarse a sí misma, al compararse con Cristo. Comienza a gustar de las humillaciones y a aceptar los desprecios sin que le causen ansiedad. El alma termina por tener en poco sus propias virtudes, por ser limitadas, y comienza a amar, como bien propio las inmensas perfecciones propias del mismo Cristo. Lo que parece grande a los soberbios y ambiciosos, a ella le parece nada, porque a renunciado a su propia gloria.

3.    El alma considera a las demás personas como lo haría el mismo Cristo. En todos halla algo hermoso y digno de imitar, porque también en una florecilla silvestre se encierra la belleza. Ama particularmente a los pobres, por ser los miembros doloridos de Cristo; y a los niños, por su inocencia. Los ama de un modo semejante a como Cristo los amó. Ama a los ancianos abandonados, en quienes a menudo encuentra la sabiduría.

4.    Los dones ilustran muy vivamente la fe de esta alma. Entiende fácilmente el sentido espiritual de los sucesos de cada día y en bienes a que bienes superiores permite Dios el mal.

5.    Aumenta su confianza en Cristo, porque Cristo le comunica la suya propia. San Felipe Neri decía: Cuando desconfío de mí mismo es cuando más confío en la gracia de Dios.

6.    El amor de Dios aumenta notablemente. Comienza a causar en el alma un cierto éxtasis espiritual, no corporal; mientras el hombre natural piensa casi siempre en sí mismo, aunque de una manera confusa, en sus propios intereses, el alma espiritual piensa casi siempre en Dios; ama a Dios verdaderamente, y en el mismo Dios se ama a sí misma y al prójimo, para más glorificar a Dios estando llena de paz y alegría al menos en lo más profundo de su alma.

7.    Una aceptación generosa de la cruz. Si hay almas generosas que se ven impulsadas a ofrecerse a Dios como víctimas es porque Cristo, previendo estos futuros dolores, les inspiró tal resolución. De ahí que el mismo las conforta como si fuera Él mismo quien sufre en ellos. En este sentido Cristo está en agonía hasta el fin del mundo. Así fue Cristo fortaleza de los mártires, sufriendo en ellos durante los primeros tres siglos de la Iglesia. 

Dios le bendiga.

CRISTO Y EL PAPA, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA

En su Encíclica de marzo de 1246, el Papa Inocencio IV (Histoire des Conciles, V. 2, P. 1683. Helefe-Leclercq), escribe: «Al agredir Federico II a Pedro y a sus sucesores, ha agredido a Cristo». Para Inocencio IV, es lo mismo agredir a Cristo, a Pedro, o a cualquiera de sus sucesores. La agresión al papales una agresión a Cristo. Si Cristo dijo que si se rechazaba a los Apóstoles y a sus sucesores, era lo mismo que rechazarlo a Él, así como oírlos a ellos era oírlo a Él, ¿no es por antonomasia rechazar a Cristo el negarse a elegir al papa en sede vacante, privándose oír la palabra del Señor que por su boca habla, y evitando que Su voz llegue a toda la Iglesia?. La voz del papa es la de Cristo, y esto, ¿es solamente porque es Su representante?. Ciertamente que no. ¡Ahí hay algo más!. Ahí hay un misterio revelado. Pío XII en su Enc. Mystici Corporis, 35, dice: «Cristo y su Vicario constituyen una sola cabeza». San Roberto Belarmino, Cardenal y Doctor de la Iglesia, en Controversiarum de Summo Pontifice escribe: «Sólo con Pedro comunica Cristo Su nombre, el nombre que lo significa a El mismo para indicar que a Pedro lo hace fundamento y cabeza de la Iglesia con Él». También, el Papa San León (Ep. 89, Ad Vienn. Prov.) dice: «Esto lo dijo (Cristo) expresando una asociación de indivisible unidad, lo que era Él mismo, quiso significarlo diciendo: Tú eres piedra…». En su sermón para conmemorar tres años de su elevación al Trono, dijo: «Así como el Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tú eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra, invulnerable, yo la piedra angular, que de una y otra hago una sola, yo el fundamento en lugar del cual nadie puede ponerse, con todo, tú también eres piedra, y para que afirmado con tu virtud, las cosas que son propias- de mi poder, sean también tuyas en participación conmigo». Bonifacio VIII en su Bula Unam Sanctam (18 Nov. 1302) decía: «La Iglesia que es una y única, tiene un solo cuerpo, y una sola cabeza, y no dos como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor». Porque como dice San Juan Crisóstomo, citado por S. Tomás de Aquino (Catena Aurea) «le promete (a Pedro), lo que es propio de sólo Dios». San Hilario, citado por San Roberto Belarmino (Opera Omnia. Controvers. de Summo Pontifice, C. X, P. 492) dice: «Pedro, posee las llaves del Reino de los Cielos y desde entonces, sus juicios son celestiales».

LOS PAPAS LEGÍTIMOS SON LA LUZ DEL MUNDO.

     La conclusión de las doctrinas expuestas es muy clara. Si Cristo es la luz del mundo como El mismo lo afirma clara y contundentemente en los santos Evangelios, entonces, los papas, que con Cristo constituyen una sola Cabeza, pues la Iglesia no tiene dos cabezas, son igualmente la luz del mundo.

     Sin embargo, para el Dr. Wendland esto no es así. Él se atrevió a escribir y el Sr. Heller a publicar ¨( En Einsich) que: «Los papas y los obispos no son sin más, «la luz del mundo», aun cuando sean sucesores de los Apóstoles, y sean papas y obispos legítimos». Los obispos, también son la luz del mundo. Los obispos, unidos entre si y unidos a la cabeza que es el papa, son vicarios de los Apóstoles. Santo Tomás de Aquino escribe: «En la Iglesia el prelado hace las veces de Dios» (Sum. Theo. 2-2, q. 88, a. 12). ¿Y esto por qué?, el mismo Santo Tomás responde (Sum. Theo. 1, q. 106, a. 1): «…téngase presente que la luz, por lo que se refiere al entendimiento, no es más que cierta manifestación de la verdad, según esto de San Pablo: «todo lo descubierto, es luz». Iluminar, pues, no es otra cosa que dar a otro la manifestación de una verdad conocida y en tal sentido dice el Apóstol: «A mí, el menor de todos los santos, me fue otorgada una gracia: de dar luz a los gentiles acerca de la disipación del misterio oculto desde los siglos, en Dios». Así, pues, un ángel se dice que ilumina a otro, en cuanto que le manifiesta la verdad que él conoce».

     Pero no es necesario elevarnos por los altos mundos de la Teología para comprender (si no se es un imbécil) qué es iluminar, o dar luz, o ser la luz para otro. En el diccionario enciclopédico Sopena, en el vocablo «iluminar», leemos: «Alumbrar, bañar de luz. Adornar algo con muchas luces. Dar color a una figura, letras, etc., de libros, estampas fotografías, etc… ilustrar el entendimiento con conocimientos». En el Diccionario de Sinónimos de Alberto Ruiz Cárdenas, en el vocablo «ilustración» leemos: «Instrucción, cultura, luz, erudición…»

     No se necesita ser un intelectual, para comprender esto. Pero para el Dr. Wendland, los papas y los obispos, aun siendo legítimos sucesores de Pedro y de los Apóstoles, no son la luz del mundo. No les concede ni siquiera el derecho de enseñar, de predicar la Doctrina, así como Cristo les ordenó. ¿No es esta una herejía rayana en la estupidez?, ¿no se estará ya volviéndose estúpido el mundo tradicionalista?.

     Negar que los papas y los legítimos obispos son la luz del mundo, implica la negación de muchos dogmas definidos por la Iglesia.

     1) Niega que Cristo haya encomendado a Sus Apóstoles la misión de predicar el Evangelio.

     2) Niega que Cristo haya nombrado a Pedro y a sus sucesores, Sus Vicarios.

     3) Niega que Cristo y el Papa constituyen una sola cabeza.

     4) Niega la asistencia del Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico y especialmente sobre el Papa, que Cristo promete a Su Iglesia hasta el fin del mundo.

     5) Niega la infalibilidad pontificia.

     6) Niega a la Iglesia el derecho de definir las verdades de la Fe que se encuentran explícita o implícitamente contenidas en las sagradas Escrituras o en la Tradición.

     7) Niega a la Iglesia el derecho de gobernar y legislar.

     8) Niega que la Iglesia sea el Cuerpo místico de Cristo.

Cuando el Dr. Wendland dice a quienes desean tener unidad, obispos, papa: «O es que no os basta Jesucristo, que no solamente muestra el camino, sino que El mismo «ES el camino»?, ¿es que ya no entienden ciertas palabras de nuestro Señor?», se está ubicando a favor de las doctrinas de los protestantes, de los liberales y de los modernistas. Sus palabras recuerdan las de Harnack que predicaba que la Iglesia es una sociedad íntima y espiritual sin jerarquías, sin ritos obligatorios, que deja a cada uno en la amable libertad de pensar y de obrar a su gusto.

     Para el Dr. Wendland, (y para los acéfalos) ni el papa ni los obispos son la luz del mundo. Ellos no iluminan nada, ni tienen una asistencia especial del Espíritu Santo. ¿Para qué el papa y las jerarquías?. Sólo Cristo salva y basta y El directamente enseña a los fieles el camino a seguir que el papa y los obispos no pueden enseñar porque si en este momento de crisis y de falta de obispos ortodoxos y de sacerdotes, no hacen falta para nada, entonces es claro que los fieles laicos pueden dirigirse directamente a Cristo para que El los guíe, y esto parece suficiente. A los fieles que se quejan por no tener papa, ni siquiera un obispo, el Dr. Wendland y el Sr. Heller, les dicen: «¿No os basta Jesucristo?».

 Mons. Urbina Aznar; año 2002

EPIQUEYA Y SU DISCERNIMIENTO

INDEFECTIBILIDAD E INFABILIDAD DEL PAPA

Cuando San Agustín escribía la diferencia de los cimientos de las “dos ciudades”, se refería al mundo y a la Iglesia como opuestos e irreconciliables: “dos amores han construido dos ciudades”.

El mundo-mundano siempre se opondrá a la Ciudad de Dios, eso forma parte del Misterio de Iniquidad que tiene como fuente y protector al “príncipe de este mundo” que es Satanás, por eso El Verbo Encarnado, Jesucristo, no “ruega por el mundo”, y tendrá como culminación de su oposición voluntaria al espíritu del Evangelio y a los mandatos de Jesucristo, cuando el Inicuo, el Adversario de Cristo haga su entrada en el mundo y pretenda recibir culto de latría. El mundo-mundano tendrá su rey, y Satanás creerá haber triunfado con su Anticristo sobre Jesucristo.

A esto no se llega de un día para otro. No vamos a hacer un resumen de la Historia, pero la ciudad del mundo siempre ha ensayado subordinarse al Inicuo, y ha creado leyes e inventado sistemas contrarios a la Ciudad de Dios para acabar con la Iglesia.

Pero la Sagrada Escritura, que es Revelación de Dios, anuncia por San Pablo, que este personaje poseso diabólico, lleno del poder de Satanás, no aparecerá sin que antes se haya manifestado una gran apostasía, es decir un espíritu que impregna un cuerpo, cimentado en la pertinacia de la voluntad que se opone a la Causa y al Objeto de la Fe, que es Dios mismo.

Los ensayos de Satanás en el mundo-mundano para arrebatarle a Cristo el cetro de las Naciones siempre se vieron impedidos por la Fe de los cristianos, cuya Fe está cimentada y confirmada por el Pastor Supremo de la Iglesia: el Papa, Vicario de Cristo visible en esta tierra, Maestro Infalible contra el error y la herejía, tanto en su Magisterio Ordinario como extraordinario, pues en materias que atañen a la Fe y Costumbres está protegido por el mismo Espíritu Santo para no desviarse de la Fe ya sea que predique o que defina solemnemente, por eso Jesucristo le dijo y aseguró a San Pedro: “Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca….confirma a tus hermanos” . Esta oración de Cristo es la causa eficiente de la Fe de San Pedro como Roca inconmovible donde se apoya y sustenta la Fe de la Iglesia. Lo cual nos deja con absoluta tranquilidad a los cristianos porque sabemos que el Papa no puede desviarse de la Fe enseñando cosas contrarias a ella, y en el SUPUESTO CASO que lo hiciera ya no tendría la Promesa de Cristo ni las prerrogativas conferidas a San Pedro y a sus legítimos Sucesores, porque habría dejado de ser Papa, pues como un hereje no puede ser miembro de la Iglesia,  menos puede ser Cabeza, aunque lo más probable es que nunca haya llegado a ocupar el cargo en la Sede Romana, porque “la Sede Romana está exenta de error” como afirma el Dogma.

Entonces si sucediera –como efectivamente sucede desde la muerte de S S Pio XII- desde la Cátedra de Roma, que alguien predique novedades de doctrina o errores contrarios a la Fe, “ipso facto” y sin necesidad de ser depuesto, ha perdido todo cargo y jurisdicción sobre los fieles católicos, no tiene más autoridad y se ha convertido en “vitando”, o sea, alguien a quien hay que evitar, pues es hereje, y con los herejes no se debe tener trato ni comunicación en las cosas sagradas.

Esto ha sido siempre doctrina común en la Iglesia Católica. En la Cátedra Romana no puede haber nunca un Papa hereje, porque “Papa” y “hereje” son opuestos y contradictorios, es como afirmar que una cosa pueda ser blanca y negra, o viva y muerta al mismo tiempo. Pero si esto es metafísicamente imposible que suceda, más lo es con el Papado, por ser de institución divina, pues es el mismo Cristo quien lo instituyó, que siendo Dios no puede engañarnos con una falsa promesa, pues ha dicho: “He rezado por ti para que tu fe no desfallezca”, lo cual significa que la herejía es contraria al Papado. Nunca hubo un Papa hereje ni nunca lo habrá.

Por tanto, si alguien se presenta como Papa, pero sosteniendo herejías, ni aunque pudiera convertirse, y por el mismo hecho, devendría en Papa legítimo de la Iglesia Católica, porque al perder la Fe inmediatamente habría perdido el cargo, porque un hereje no puede ser Papa. Sería perder el tiempo rezar con la intención que si llegara a convertirse podría ser el Papa. Desde antes se habría depuesto él mismo. Y si sería inútil rezar por esa intención, es peor creer que a pesar de ser hereje podría seguir siendo el Vicario de Cristo y sin embargo llamarle la atención –como algunos hacen- por lo que diga o haga, pues, el “Papa – verdadero y legitimo- no puede ser juzgado por nadie”, por tanto, es temeridad y audacia reconocer su cargo y acusarlo.  Yendo más lejos aún, hay que decir que reconocer a un hereje por Papa es dar reverencia a un ídolo, contra el Primer Mandamiento. Y eso es abominable ante los ojos de Dios.

Es de absoluta inutilidad tratar de deponerlo o pedirle que renuncie, pues él mismo lo ha hecho, ya ha perdido el cargo, si es que alguna vez lo tuvo.

Apliquemos lo que venimos diciendo con los “Papas” de la secta conciliar o Ramera: todos desde Roncalli a Bergoglio no han cesado de proferir errores y herejías…es pura lógica concluir que no han sido nunca “Papas” católicos y que por tanto la Iglesia Católica no está en ellos ni ellos en Ella.

Recapitulemos un poco:

Hablábamos que San Pablo había anunciado una gran apostasía antes de la manifestación del Inicuo, y menciona que hay dos obstáculos: “el que retiene” y “lo que retiene”, obstáculos que era preciso quitar para que el Inicuo, fruto maduro de la apostasía, se manifestara al mundo. En consecuencia, algo muy engañoso en el orden religioso tuvo que suceder para que pudieran ser quitados los dos obstáculos, tan sutilmente que no haya sido percibido por la inmensa mayoría de los católicos, tanto clero como seglares, y que se fue constituyendo, con la astucia de la Serpiente, en canal religioso pervertido y vaciado de catolicismo, tan sólo conservando las apariencias, con la finalidad de hacer desaparecer aquello que impedía que hiciera su entrada al mundo el Anticristo. Y, en efecto, este canal religioso pervertido, hecho religión idolátrica, quitó de en medio los dos obstáculos: “lo que retiene”: El Santo Sacrificio con su centro: la Eucaristía, creando una nueva “misa” antropocéntrica y blasfema. Y, el otro: “el que retiene”: El Orden Sagrado con su cúspide que es el Papa, creando un nuevo ritual de “ordenación” y un nuevo ritual de “consagración”, que ambos son inválidos y sacrílegos.

La aprobación oficial de esta iniquidad y abominación tuvo que estar a cargo de una institución que reemplazara oficialmente a la Iglesia Católica, con un “Papa” oficial, pero no católico. La Iglesia Católica quedó replegada y con Sede vacante.

1er.Corolario:

Los católicos fieles NUNCA debemos ni creer ni esperar que de la Ramera pueda surgir un legítimo Sumo Pontífice, porque no es la Iglesia fundada por Jesucristo, sino una secta creada por hombres con la perversa intención de destruir a la Iglesia Católica.

2do. Corolario:

Los jerarcas de la Ramera NO POSEEN ni cargo ni jurisdicción sobre los fieles católicos. Son meras comparsas disfrazadas y algunos hasta con vestimenta que le pertenece como propia a la Iglesia Católica. Sus “sacramentos” nada producen, sus templos han quedado todos profanados con cultos sacrílegos. Hay obligación de denunciarlos y de apartarse de ellos y no comunicar en las cosas sagradas.

Conclusión:

Las “dos ciudades” que describía San Agustín, están hoy en máxima tensión. Por un lado, el mundo-mundano tiene su religión a pedido y gusto, sustentada por una Secta, bajo el poder de Satanás, y regenteada por el Falso Profeta, el Embaucador, el que pone la marca del Anticristo y hará que lo adoren –al Anticristo- como “dios”: es la secta conciliar o Ramera, el “cuerpo místico” del Anticristo, que se parece a la Iglesia Católica pero no es.

Por otro lado, y diametralmente opuesta, se encuentra la “Ciudad de Dios”, la Iglesia Católica, siempre igual a Sí misma, sin sombra de variación, ni mancha ni arruga, “eclipsada” por la Ramera, “debilitada” en Su Jerarquía desde la muerte del último Papa legítimo, sin Cabeza Visible, es decir, el Maestro Infalible de Fe indeficiente que la confirme en la Fe, cuyos miembros –clero y fieles- son como muchedumbre confusa y perturbada, pero que en extrema situación recurrió a la virtud de la epiqueya para continuar con la sucesión apostólica a fin de darle al Pastor Supremo, Principio y Fundamento de la Fe de la Iglesia y de quien procede toda autoridad y jurisdicción como de Fuente primera y NECESARIA.

Hasta la filosofía señala esta NECESIDAD, porque, así como es imposible que no exista un primer motor inmóvil que de movimiento a los que siguen, del mismo modo es imposible hallar autoridad en la Iglesia sin el Principio de autoridad que la posea como origen de toda ella y tenga poder de conferirla eficazmente.

Es de Fe que la Iglesia Católica no puede desaparecer, y es de Fe que San Pedro debe tener perpetuos sucesores. Sabemos también que, pese al encono y malicia de la Ramera, con poderes de seducción y engaño, no ha logrado hacer sucumbir en la apostasía a algunos fieles –clero y seglares- y que durante 60 años la Esposa de Cristo se ha visto desprovista de su Cabeza Visible. Tiene Ella en su Doctrina y en sus Leyes los medios necesarios y oportunos para acabar con este pesar. Sabemos que hay hombres –clérigos: Obispos y Sacerdotes, y fieles seglares- que, estudiando sobre la situación actual de la Iglesia, han decidido inspirados por Dios poner fin a este mal. Ningún católico tiene el derecho de estar ajeno a este combate. Así como hay obligación de apartarse del hereje, también existe la ley de la Caridad que impulsa a unir fuerzas contra la apostasía convertida en religión idolátrica, trabajando cada uno desde el lugar donde la Divina Providencia lo ha puesto para lograr este objetivo: Que los Obispos Católicos junto con los Sacerdotes que están con ellos, se unan como ejército en orden de batalla y den a la Iglesia al Papa, el Maestro Infalible, la Roca donde se fundamenta la Fe de la Iglesia, contra la cual, “las puertas del Infierno no prevalecerán”.

¡Nobleza obliga!

Simón Del Temple

LA POSICIÓN INSOSTENIBLE. (Y II)

LOS QUE DICEN QUE NO SE NECESITA UN PAPA, SON ENEMIGOS Y DEMOLEDORES DE LA IGLESIA.
Jaime Balmes, en la obra citada, T. 1, Pág. 927, escribe: «GUÁRDENSE LOS CATÓLICOS DE PRESTAR OÍDOS A LOS QUE INTENTAN PERSUADIRLES DE QUE LA SUPREMACÍA DEL PAPA, NO ES NECESARIA PARA NADA; entiendan que se trata nada menos que de un dogma de Fe reconocido como tal por toda la Iglesia…»
Por eso, es falaz el argumento de que si el Trono de San Pedro está vacante, de todas formas, Cristo gobierna a la Iglesia. La situación de sede vacante es anormal en la Iglesia. Para que Cristo gobierne invisiblemente a la Iglesia, es necesario que lo haga a través de Su Vicario en la tierra, que es el papa. El papa tiene por derecho divino sobre toda la Iglesia militante, Y SOLAMENTE DURANTE EL TIEMPO DE SU PONTIFICADO, no sólo el primado de honor, sino también la suprema y plena potestad de jurisdicción y de régimen, y los obispos gozan de potestad ordinaria, solamente si están subordinados al Sumo Pontífice, pero no a los que han muerto, sino al papa en funciones, que si no lo hay, están en la gravísima obligación de elegirlo, para no perder sus prerrogativas si acaso se oponen de cualquier manera. Porque esta es una herejía, y los que siguen esta NOVEDAD, son herejes. Esta era la doctrina del galicano Edmond Richer, Doctor de la Sorbona, a principios del siglo XVII, contra las palabras: sobre esta roca EDIFICARE, es decir, construiré, gobernaré, uniré.
Que lo apunten bien y lo recuerden, quienes siguiendo a Mons. Lefebvre en un principio, lo abandonaron cuando no supo romper completamente con la Roma apóstata, ni declarar la sede vacante, y quienes apoyaron al grupo del Padre Sáenz y Arriaga cuando organizaba el Concilio General Imperfecto, que si bien algunos dijeron, no daria los resultados deseados, manifestaban claramente el deseo de enfrentar al antipapa de Roma un papa verdadero que unificara a la Iglesia y hablara la verdad que estaba en peligro.
Todos ellos estaban perfectamente conscientes de la esencial necesidad que tiene la Iglesia de la dirección del Romano Pontífice, pues, ¿no es más necesario cuando la tormenta es más furiosa?, ¿no se necesita su palabra y dirección infalible cuando todo el edificio amenaza con desplomarse?.
Pero se ha perdido la fe en Dios. La Iglesia remanente en su casi totalidad, ha apostatado de Dios, y haciendo una labor conservatiba, ha querido confiar más en el hombre para salvar a la Iglesia. Se ha confiado en el poder de los hombres, en su dinero, en sus recursos, y esto para Dios es aberrante. Porque se ha negado la primordial obligación en sede vacante: elegir papa. Y no ha parecido al orgullo humano y a esa prudencia diabólica, hacer lo que Dios manda, solo porque les parece que en este momento no va a funcionar. Porque quieren que la Iglesia sujete sus doctrinas a las contingencias de cada momento y a la opinión y prudencia de los hombres.
Esta crisis no es querida por Dios. El nunca puede desear el mal para nadie, aunque a veces lo tolera, lo permite poniendo siempre a disposición de los hombres el remedio y el camino a la victoria que no se obtiene nunca fuera de Su voluntad soberana.
Dios no necesita de nadie para mantener Su Iglesia en el mundo contra la voluntad de todos Sus enemigos, pero ha querido tolerarles algunos triunfos para probar y enseñar a los fieles la eternidad e indestructibilidad de Sus obras. Se vale de los humildes, de los pequeños, de los pocos, para obrar portentosos resultados. Pero ahora, sin fe y sin la confianza a la que están obligados, la pequeña Iglesia remanente pide milagros. Sin tener fe, quiere milagros. Divididos, piden intervenciones sobrenaturales. Se olvidan del versículo 58 del capítulo 13 de San Mateo. Dios no obra si no hay fe, si no hay caridad. Jesucristo condenó duramente la prudencia humana y a los fariseos legistas (Mat. 11, 25; Luc. 10, 21; 11, 46 y 52).
QUIENES DICEN QUE NO SE NECESITA PAPA O QUE NO SE PUEDE ELEGIR ANTE CIERTAS CIRCUNSTANCIAS, SON HEREJES.
El Concilio de Constanza, (1414-1418), en la sesión XV del 6 de julio de 1415, condenó los errores de Juan Hus. Tres afirmaciones de este hereje, conviene ahora conocer que copiamos del Denz. 653, 654 y 655: «No tiene una chispa de evidencia, la necesidad de que haya una sola cabeza que rija a la Iglesia en lo espiritual, que haya de hallarse y conservarse siempre en la Iglesia militante». «Sin tales monstruosas cabezas, Cristo gobernaría mejor a Su Iglesia por medio de sus verdaderos discípulos esparcidos por toda la redondez de la tierra». «Los apóstoles y los fieles sacerdotes del Señor, gobernaron valerosamente a la Iglesia en las cosas necesarias para la salvación, antes de que fuera introducido el oficio de papa; y así lo harían si, por caso sumamente posible, faltara el papa, hasta el día del Juicio».
Estas son las doctrinas que han introducido los pastores de la Iglesia remanente entre sus filas y las predican con palabras o con los hechos, porque la caridad que no obra, es mero sentimentalismo y nunca caridad. Se han creído ortodoxos, porque conservan los Sacramentos y los ritos, pero han sido cegados por la vanidad colectiva, que logra imponerse al hombre religioso. «No busca la gloria personal, sino la de su cuerpo, de su grupo, de su institución, de su escuela. Procura la gloria de Dios, sí, pero a través del instrumento nuestro. Por donde queremos, a la par de la gloria de Dios, nuestra propia gloria. Surge así la vanagloria colectiva, la emulación colectiva, la envidia colectiva, la soberbia colectiva, con daño de la caridad, y escándalo de los buenos y sencillos, y regocijo del mundo y del infierno» (La Palabra de Cristo. T. I. Pág. 205. B.A.C.). Y así han venido a desechar la piedra fundamental, la piedra angular, imprescindible, sin la cual no pueden llamarse Iglesia Católica ni gozar de NINGUNA CLASE DE JURISDICCIÓN, que les viene de esa Piedra que han rechazado. Y habiendo sido escogidos por Dios, aún siendo pocos para ver el poder de Dios cuando obra contra Sus enemigos, confiando más en el poder de los hombres y en la propia prudencia, se han convertido en mayores culpables que los herejes del Vaticano, pues habiendo sido conservados en la ortodoxia, siendo el remanente de la Iglesia, estaban llamados al triunfo, no a la derrota, a la división y a la dispersión. A ellos se les confiaron los verdaderos Sacramentos y el tesoro de la Misa.
Pero al negarse a elegir al papa, han rechazado también a Cristo, porque «CRISTO Y SU VICARIO, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA» (Mystici Corporis), a quien no quieren oír, porque sobre Pedro, el Señor»EDIFICA» Su Iglesia, y han dejado de ser cristianos, «PORQUE NO NOS DECIMOS CRISTIANOS SOLO POR CRISTO, SINO POR LA PIEDRA» (Sto. Tomás), y quieren hacer de la Iglesia un «MONSTRUO» con dos cabezas (Bonifacio VIII), y quieren inventar una NOVEDAD HERÉTICA, mediante la cual debemos de suponer que hay situaciones, a juicio de los hombres en que no es necesario el papa en la Iglesia. Y en esta forma, todo el edificio amenaza ruina.
Algunos tal vez no fueron conscientes de que eran engañados por el falso espejismo de frases brillantes, de prudencias falsas difundidas por los hijos de la Sinagoga que se infiltraron, por la falsedad de la ciencia mundana tratando las cosas del espíritu; ni preveían las amargas consecuencias, que hoy vemos, de tan lamentable actitud, que cambiaba la verdad de la doctrina de la Iglesia con la doctrina de algún particular, a veces investido de alguna autoridad; ni pensaban que renunciaban a la Doctrina, infinitamente sabia y paterna, para entregarse al arbitrio de una doctrina humana o mundanamente prudente, indudablemente pobre y mudable. Y hablaron de triunfo, cuando eran arrastrado a la derrota; de lucha cuando eran maniatados y vencidos, porque Dios no estaba con ellos; y hablaron de progreso cuando retrocedían; de elevación, cuando se degradaban; de guardar y conservar la ortodoxia, cuando la iban perdiendo o se las arrebataban; de madurez, cuando eran esclavizados por pastores soberbios o infiltrados en el rebaño; y no percibían la vanidad de todo ese esfuerzo humano que sustituía la Ley de Cristo por algo que pudiera igualarla, y así, como dice San Pablo, «se entontecieron en sus razonamientos»(Rom. 1, 21).
Después del terrible desgarramiento que separa a la Iglesia alejándose de la apostasía del Vaticano, la reciben para consolidarla nuevamente, para estructurarla, para unirla bajo las llaves de San Pedro, pero la han aniquilado y han destruido hasta su casi desaparición total; toda posibilidad, humanamente hablando, de recuperación. Y han venido a ser los cumplidores de la profecía de San Victorino mártir: «La Iglesia será quitada», porque no hay Iglesia, donde no está el papa.
LA VANA PRETENSIÓN DE CONSTRUIR SIN EL PAPA Y SIN CRISTO.
Cristo «EDIFICA» Su Iglesia, a partir de Pedro. Cualquier construcción que aparte al Sumo Pontífice, que es UNA SOLA PIEDRA CON CRISTO, es una construcción sobre arena, y prepara la ruina total. No hay ningún momento en la historia que esto no pueda darse. Decirlo es adherirse a la herejía y a la apostasía. Cualquier doctrina o cualquier acción que prescinda de la piedra fundamental, sigue un falso camino que lleva al abismo, porque aunque se construya con una mano, con la otra mano se prepara todo lo que es propicio para la ruina más completa. Toda lucha por sacrificada que sea que no sea dirigida por Pedro, no lleva a ningún lado aunque la soberbia humana quiera ver otra cosa. No se puede cambiar la voluntad de Jesucristo: «EN VANO CONSTRUYEN LOS EDIFICADORES…». Porque el apartamiento de la Doctrina y de la prudencia de la Iglesia, trae la indigencia moral y espiritual y se extiende la tiniebla por todas partes. Donde se rechaza la Doctrina y se pretende elevar a la colectividad de obispos a la suprema autoridad que solamente le corresponde al Sumo Pontífice, y ademas estando separados y hasta enemistados, se está rechazando no solamente la razón y conciencia cristianas, sino la misma autoridad invariable de Cristo, que hecho uno con Pedro, gobierna invisiblemente, por él y a través de él. Y bien sabemos que donde se rechaza la dependencia a la suprema autoridad y se le niega en la forma más estupida el derecho que tiene de existir, se provoca el desmoronamiento más completo de todo el edificio.
Muchos se creen Iglesia, se creen jerarquía, se creen autoridad y la verdad es que no son nada más que «UNA MASA CONFUSA Y PERTURBADA», PERO NO IGLESIA CATÓLICA.
Un poder así apoyado sobre fundamentos tan débiles y vacilantes, por humanos, ciertamente puede conseguir alguna vez, por las contingencias de las circunstancias, algunos éxitos materiales de que se maravillan sus observadores menos profundos, pero viene el momento indiscutiblemente en que triunfa la ineluctable ley que sacude todo lo que con aparente éxito se pudo haber construido y lo destruye, para manifestarse así la monstruosa desproporción entre la magnitud del resultado material débilmente cimentado en el capricho, en la opinión o en el orgullo humano, y la magnificencia de lo que incluso con débiles recursos humanos, Dios puede lograr, cuando se hace Su voluntad siguiendo los dictados de la Doctrina.
Porque donde no está el papa, no está Jesucristo, y allá donde todos se niegan a elegirlo, incluso en las condiciones más adversas e incomprensibles, se reniega de Cristo y de Su poder, y se cierran voluntariamente los oídos a Su palabra y dirección.
La causa principal de la confusión reinante que estamos viendo en la Iglesia remanente, es la división porque no hay una cabeza. Dios ha dado a unos el episcopado, a otros el sacerdocio y así a muchos toda clase de recursos intelectuales o materiales. Porque quiere que la Iglesia reunida obtenga el triunfo con Su ayuda. Porque ese triunfo no se lo dará a una Iglesia dividida y rebelde a Sus deseos. Si hay esterilidad en el apostolado, si no hay un horizonte de oportunidades, si todo se ve oscurecido, si ha surgido la división y la enemistad entre los grupos tradicionalistas y sus jefes, si nadie se pone de acuerdo, si todos quieren salvar a la Iglesia según su parecer cerrando sus ojos a los dictados de la misma Iglesia, si vemos que a un mundo paganizado y a una Iglesia del Vaticano caída en la herejía es, en las condiciones actuales, algo imposible de convencer, es porque no hay unidad con Pedro, que no está en la Iglesia. Porque todos se han concentrado en la administración de los Sacramentos y se han sentado a esperar algún milagro del Cielo destruyendo así las bases de la unidad y de la caridad .
DISTINTOS GRADOS DE VERDAD PARA CAPTAR A LOS TONTOS 
Y DESTRUIR A LA IGLESIA.
Hace algunos años, el terremoto que causó el movimiento de Mons. Marcel Lefebvre, principalmente desde el año de 1976, y raramente apoyado por toda la prensa internacional, vendida en sus altas esferas a los lineamientos futuros del Vaticano, aunque en general por esos años poco conocidos, fue sin embargo para muchos, una esperanza que representaba el regreso a la ortodoxia y una lucha contra la herejía de Roma. Algunos avisaron, sin ser oídos, que el grupo de Lefebvre era colateral de la Roma apóstata y que solamente se pretendía la captación y nulificación de la protesta » tradicionalista».
Era muy lógico. Los grandes iluminados desde el siglo pasado habían anunciado no solamente la llegada al Trono pontificio de un individuo que actuara según los lineamientos del Poder Mundial, y la celebración de un concilio para introducir la Revolución dentro de la Iglesia, sino su rompimiento «en dos anillos»: el anillo de los progresistas y el anillo de los tradicionalistas.
Era lógica la preparación de un poderoso mecanismo para la nulificación de los inconformes que pretendieran continuar fieles a la ortodoxia. El grupo de Lefebvre «protestaría» contra las reformas, conservaría los ritos, hablaría para revelar duras verdades pero nunca declararía que el Trono de Roma está vacante, ni daría un paso para solucionar la situación, que era en última instancia, lo que al Vaticano y al Poder Mundial les interesaba, quienes mientras con gran rapidez e inmensos poderes, consolidarían a los enemigos de la Iglesia en sus más altas cumbres de mando. Los lefebvristas dicen que el individuo que ocupa el Trono de Roma, es verdadero papa, pero papa malo, y en esta forma, no se le debe obedecer. Así justifican para sus fieles mantener los ritos condenados por el Vaticano y les hacen creer que así están luchando contra la impiedad cuando en realidad lo han encerrado en una cárcel sin salida. No vamos a analizar la incongruente posición, sino solamente destacar que el grupo de Mons. Lefebvre, extendido por muchas naciones y con muchos dólares, ha sido hasta el día de hoy, sumamente efectivo para lograr los planes que desde el principio se pretendieron.
Sin embargo, durante todo este tiempo, desde el Concilio Vaticano II, (verdadero conciliábulo), no fue posible evitar que muchos declararan que la Sede romana estaba vacante y que en el Trono de San Pedro se sentaba un antipapa. Se dio esta situación que no se deseaba. Y fue más grave desde que Mons. Pierre Martín Ngo Dinh Thuc, a quien luego asesinaron en los Estados Unidos, alarmado con la invalidación de ordenaciones sacerdotales y consagraciones episcopales, consagra a seis obispos para conservar la sucesión apostólica en peligro de extinción por la alteración más estúpida de fórmulas y ritos sacramentales.
Era necesario de toda necesidad, controlar esta nueva forma de protesta que podría poner en peligro lo que la subversión había logrado. No era tiempo de hablar de Sede ocupada a quienes decían que estaba vacante. Y se siguió la política de la capilaridad. Se hizo cabeza con ellos, se les nominó «sedevacantistas», como si fuera posible que el catolicismo puede ser sedevacantista, y siendo los más pocos, se les infiltró por todos lados y se les nulificó mediante muy diversos medios. Se les dijo que sí, efectivamente eran la verdadera Iglesia remanente, PERO QUE, no era posible elegir papa por la pequeña cantidad que eran, debiéndose esperar a otros hasta tener una repre sentatividad mayor; que era necesario esperar que Dios obrara un milagro que salvaría a la Iglesia; que Elias y Enoc vendrían para elegir a un papa que con la ayuda de Dios les diera la victoria; que sucedería una aparición mariana que lograra el triunfo de la Iglesia; o simplemente que no era el momento adecuado para la elección, momento que evidentemente se daría con el tiempo, porque «las puertas del Infierno no pueden prevalecer contra la Iglesia»; etc.
Los seis obispos que Mons. Thuc consagró, fueron también consagrando a otros, pero todos ellos se fueron dividiendo y enemistando porque siempre encontraron muy cerca a quienes los enemistaron con los demás. O fueron surgiendo diversos grados de «ortodoxia» y doctrinas erradas que naturalmente nacen cuando no está Pedro gobernándolos. Y se metieron en sus filas antiguos activistas del grupo de Lefebvre, o judíos y todos juntos activando antiguas consignas de los «Protocolos de los Sabios de Sión», los mantuvieron divididos, enemistados y evidentemente nulificados. Y en esta forma, todos los grupos inconformes, maniatados por sus líderes que los controlan por los Sacramentos o los nulifican con la ocultación de medios para la lucha, quedaron condenados a sobrevivir, en el radio de influencia del Vaticano, a moverse siempre con relación a él, y a ser llamados»sedevacantistas».
Hay una prueba evidente de que la subversión ha podido controlar o influir todas las áreas de la ortodoxia o Iglesia remanente. Cuando algunos pocos hicieron el cónclave de Asís, porque querían elegir a un papa que los unificara, e invitaron a todos absolutamente, incluso a los grupos lefebvristas y progresistas, la condena fue general y llegaron cartas de reprobación e incluso insultos. Como si lo que se pretendía fuera algo malo y no la salvación de la Iglesia.
Fue significativa la represión del Vaticano que a las puertas de San Juan de Letrán en Roma ejerció contra los conclavistas, manifestando su acordidad con quienes desde el interior de la ortodoxia, habían condenado y combatido la idea de la elección papal.

Seria muy bueno, que los católicos sinceros se dieran cuenta de la forma en que poco a poco, con sutileza y con muy diversos motivos aparentemente lógicos o prudentes, han hecho de ellos sus pastores o líderes que obedecen a los enemigos de la Iglesia, consciente o inconscientemente: ENEMIGOS DE QUIENES QUIEREN UN PAPA PARA LA IGLESIA.

LOS «PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SION», EN ACCIÓN.

No es necesario hacer observaciones a los textos que tomamos del libro «Los Protocolos de los Sabios de Sión», publicado a principios de este siglo y comentado por Mons. E. Jouin.
«Es suficiente dar a las masas, dice el libro, el poder de gobernarse para que se conviertan inmediatamente en un tropel completamente desorganizado» (Pág. 44). «Es necesario fijarse en que el número de hombres con instintos perversos, es mucho más grande que aquéllos que tienen instintos nobles… Todo hombre tiene ansias de mando y de poder; a cada uno le gustaría ser un dictador… Y muy raros son aquéllos que no consentirían sacrificar el bienestar de otros, por satisfacer sus ambiciones personales», «…la fuerza de las masas es ciega, desprovista de razón y de discernimiento, porque tan pronto escucha a unos como a otros… Es suficiente dejarles que se gobiernen por sí un corto tiempo, para que todo se desorganice inmediatamente». (Págs. 184 y 185).
Se ha roto la estructura fundada por Jesucristo: doce Apóstoles y uno de ellos a la cabeza de todos, como Su representante infalible.
Ahora los jefes de la Iglesia de las catacumbas, abandonando la Iglesia apóstata del Vaticano, gobernada por un antipapa, lo cual reconocen todos, y reprobando la postura de los lefebvristas y grupos similares, se mantienen en el vacío sin querer lo que se ha dejado, pero sin querer tampoco adoptar la posición congruente que les correspondería como Iglesia de Jesucristo, evidentemente reducida a su mínima expresión, pero verdadera Iglesia de Jesucristo.
No pueden permanecer en esta situación, porque formando pequeñas «iglesias episcopales» no son la Iglesia y tienen que darse cuenta del manipuleo a que están siendo sometidos. Esta es una posición insostenible que no lleva a ningún lado. Que es el vacío lleno de fábulas, de intereses inconfesables de grupo, de prudencias mundanas y de soberbia.
Y es necesario despertar pronto, pastores desorientados o fieles engañados por lobos con pieles de ovejas, porque la Iglesia está en peligro y si no se actúa con prontitud, ciertamente Dios ha de hablar, pero no hará milagros, sino que enviará un castigo muy gran de que la cobardía merece.
La sociedad civil, necesita jefes, así como la Iglesia también los necesita. Todo se organiza en una armoniosa gradación jerárquica. Las luchas nunca se ganan si los ejércitos no están organizados y tienen un jefe que diga la última palabra. ¿Es lógica la batalla contra la herejía que combaten grupúsculos que cada uno hace lo que le viene en gana? ¿no se hace esto o estúpido o intencional?

LOS CATÓLICOS SEDEVACANTISTAS.

El solo término, es una tontería mayúscula. Dos cosas que como el agua y el aceite, no pueden mezclarse nunca. No existe ningún católico que sea «sedevacantista» y permanezca católico. Pueden estar vacantes las sedes episcopales; puede estar vacante la Sede de San Pedro, cuando falta un papa muerto o impedido, pero camino siempre a la pronta elección del siguiente. Y en el menor tiempo posible. Pero la Sede de San Pedro no puede estar «perpetuamente» vacante y además adoptarse el término «sedevacantista» para señalar a la Iglesia remanente. Esto es aberrante, y si hubiera esa clase de Iglesia, no sería definitiva y absolutamente Iglesia Católica.
A la verdadera Iglesia ahora la llaman «sedevacantista», porque dice que el «papa» de Roma es antipapa. La hacen girar siempre con respecto al Vaticano apóstata y a muchos han nulificado en esta forma, y esto no se puede permitir porque es un manipuleo judaico burdo y sucio. Y no es posible, porque la verdad no vive con referencia a la herejía, sino que el error es error, porque con referencia a la verdad se enseña diverso y errado.
EN LAS BATALLAS DE LA IGLESIA NO ES EL NUMERO, 
SINO EL ARDOR DE LA CARIDAD, EL ELEMENTO DETERMINANTE.
Así decía el Papa Pío XII al Episcopado Italiano sobre la Acción Católica un 25 de enero de 1950: «En las santas conquistas de la Iglesia, el número no es el elemento determinante; éste ha de buscarse, por el contrario, en el ardor de la caridad y en la seguridad con que se cree en la eficacia de la fiel obediencia y de la gracia divina. En la armonía admirable de las fuerzas católicas, aún los poquísimos socios de una pequeña parroquia aportarán, sin duda, una contribución benéfica cuando sus actividades, aún muy modestas y limitadas, sean el fruto de una preparación iluminada y fervorosa, de filial disciplina hacia la Jerarquía, de generosa e interior piedad, de auténtico espíritu de sacrificio».

¿Puede esto pensarse sin el papa?

ESPECIALMENTE EN LA CARIDAD,
HAY QUE BUSCAR LA SOLUCIÓN Y EL TRIUNFO.
Nunca había sido combatida la verdad y la Iglesia como hoy. Porque nunca había sido más cierta ni más convincente y soberana, y esto ha generado un odio exacerbado y la manifestación de los más ocultos pensamientos de los enemigos de Cristo y consecuentemente, nunca el hombre había abusado tan diabólicamente de la bondad de Dios.
Hay que temblar ahora que el Espíritu clemente del Señor está siendo ultrajado y la soberbia se enfrenta voluntad contra la Suya.
Cuando vemos muchedumbre de almas que voluntad, están realmente engañadas y oprimidas la miseria moral de nuestro siglo; cuando vemos por causas ajenas a su por la herejía y por a nuestra Iglesia remanente, sumergida en la más grande confusión y división, con gran temblor, no podemos más que aplicar el único remedio para la salud que se desea, que es una grande efusión de caridad, es decir, de caridad cristiana, en la que está compendiada toda la ley y todo el Evangelio.
Eligiendo al Pastor supremo, llega la hora de la acción, la hora de despertar, y de sacudir el funesto letargo, de dar los pasos definitivos para liberar a nuestra Iglesia de las fuerzas infernales, de los traidores que la han tomado desde sus puestos más elevados .
No es hora de lamentos, no es hora para la opinión personal, ni para el orgullo, ni para el capricho que engendra división. Es hora de la acción bajo las banderas eternas de Pedro visible, que nos ha de llevar al triunfo de Cristo.
Toca a los mejores y más selectos hijos de la Iglesia, el reunirse con el entusiasmo que en espíritu de verdad, de caridad y de justicia, reunió a los antiguos cruzados. Es tiempo de desoír las engañosas palabras de prudencia que algunos infiltrados o desorientados en las filas de la Iglesia remanente, han predicado para inhibir toda acción, y toda victoria cristiana. Nuestra posición no es vergonzante, sino de señorío y de victoria, pues Cristo ha vencido al mundo.
No es tiempo de aislarse, cuando se es testigo de tanta miseria y de tanta necesidad. Es ya tiempo de hacer llegar a los corazones de todos, los gritos de auxilio de tanto desheredado. Es tiempo de la fidelidad, al divino patrimonio de la verdad. Es la hora de la sumisión a la Doctrina eterna, que entraña en este momento mucho sacrificio y tal vez mucha sangre, y la renuncia a la propia voluntad para seguirse la palabra de la Iglesia, aunque parezca ilógica e irrealizable. No se puede concebir ni admitir una fría indiferencia frente a los graves deberes de esta hora. Si Dios nos ha favorecido con los verdaderos Sacramentos, con el verdadero Sacrificio, nos ha hecho más responsables que a los demás, que se fueron con los traidores del Vaticano.
¿Nos hemos olvidado acaso, de que la lucha es contra las potestades diabólicas y no precisamente contra los hombres malvados?, ¿nos atreveremos a enfrentar los poderes del Infierno sin la ayuda de Dios?. Si fuera esto verdad, ¡qué tan lejos ha llegado ya el orgullo y la ignorancia del hombre!. Y si queremos tener la dirección de Cristo y oír Su palabra, ¿nos negaremos a elegir a nuestro padre, para que él nos hable la palabra del Señor?. Si esto fuera así, siendo la primera vez en la historia que la Iglesia no quiere al papa, ¡qué cercano estaría ya el día del Juicio, y que tan avanzada estaría ya en el corazón de los hombres, la Apostasía y la corrupción!

GRITOS DEL INFIERNO: A QUIEN SE HALLA EN PECADO MORTAL

GRITOS DEL INFIERNO 1

A quien se halla en pecado mortal
DEDICATORIA
Vilísima Persona :
     Ya es hora que desmienta una dedicatoria con oprobios lo que mienten tantas con lisonjas. Rara te parecerá esta idea, pero no impropia, porque hallo en ti (¡oh pecador!) todos los motivos que suelen justificar una dedicatoria.
     Aunque seas el señor mas esclarecido del mundo, eres en lo moral tan mal nacido y tan mal emparentado, que el demonio es tu padre y la soberbia encarnada en una sierpe es tu madre, tus hijos son víboras y tu generación es adúltera, y declarada infame en públicos pregones por la ciudad de Dios: todo esto es la soberbia, y aun con todo esto es soberbia.
     No solo desciendes del demonio sino que, según Cristo, lo eres: uno de vosotros (dijo) es diablo (Joan. 6). Y aunque hablaba de Judas, pero San Bernardo dice, que son tantos los Judas como son los que pecan mortalmente. El Crisóstomo dice, que el pecado es un demonio voluntario y una voluntaria locura.
     San Vicente en un sermón dice, que entran y salen los demonios en quien está en pecado, con la espesura que salen y entran las abejas en un colmenar, de modo (¡oh qué horror!) que si ahora mismo te conjurasen, hablarían los espíritus malignos que encierras en tu alma, si estás en pecado mortal. Aquí hace una aguda reflexión San Gregorio Niceno. Este dice, que no sin acuerdo se puso en la oración del Padre nuestro la cláusula que estás en los cielos; porque si no se advirtiera que se habla con el Padre que está en los cielos, cuando el que está en pecado dijera: Padre nuestro, al punto le respondería el demonio: ¿Hijo, qué quieres? Tan cierto es que mientras estás en pecado estás endemoniado, y que hablarían esos demonios que guarnecen tu pecho, y tan cierto es, que eres hijo de Satanás (Nisenus, lib. de Beati).
     Pero ¡ay infelicísimo de ti! que aun siendo tal tu padre eres peor que él, porque aun te trata el Crisóstomo de mas diablo, que el mismo diablo; sino vé sumando el exceso de tu malicia: el diablo pecó una vez, tú muchas; el diablo pecó solo de pensamiento, tú de pensamiento, palabra y obra; el diablo pecó contra su Criador, tú contra tu Criador y Redentor; el diablo pecó antes de ver que condenaban por pecar, tú después de saber cuántos son los que por eso se condenan; el diablo pecó sin que procediese haber muerto Cristo por el pecador, tú después de haber muerto Cristo por el pecado y por ti; el diablo ahora ni peca, ni puedo arrepentirse de lo pecado: tú pecas, y pudiendo no te arrepientes. ¿Pues cómo no tiemblas de ser peor que Satanás? ¿Cómo no te aflige la nueva que te doy, de que hierven en tu alma ahora mismo tantos infernales dragones como pecados tienes? con ellos comes, con ellos te acuestas y con ellos te atreves a dormir. ¡Oh locura voluntaria, no beberías el agua si hubiese en ella una víbora, y sabiendo que en cada pecado hay un demonio, te bebes como agua los pecados! Qui bibit quasi aquam iniquitatem. (Job. XV, 10).
     No hay ruindad, traición o villanía en que no estés comprendido; pues por la profesión de cristiano juraste un Rey y una ley, y con tu culpa quiebras esta ley, y te vuelves contra ese Rey; te alistaste a sus banderas, y te pasas fugitivo a su contrario, desde donde haces guerra al mismo de quien estás cobrando el sueldo del ser que gozas, y con la misma mano que recibes estos bienes y con sus mismos bienes tiras a destruir a quien te los da; mira si hay vileza que sea comparable a esta vileza.
     Noble era para con el mundo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y el pecado lo trasformó en una horrible fiera, o por mejor decir, en un monstruo artejado de muchos monstruos; cabeza y puntas de buey, rostro, melena y cola de león, cabellos de plumas de águila, nariz de elefante, uñas de ave de rapiña, el vientre lleno de un enjambre de vivas ranas que de mil modos le afligían: comía en el campo heno; y amarrados pies y manos, pisaba con las manos y los pies, etc. Estas y otras particularidades (que omito por curiosas) traen entre otros, (Alápide, in 4. Dan., y Osio sobre Tertuliano, tit. 2, c. 13). Así pacía en las selvas su R. M. siendo siete años comensal de las bestias y espanto de los hombres; y si esta fue hechura del pecado, ya tienes la materia para que Dios te mude en esta forma: diferénciase tu miseria de la suya, no en el ser sino en que aquella se dejó ver, y la tuya es aun invisible, mira qué fácil es a Dios correr la cortina; y denigrar aun la estimación de hombre que tienes con los hombres, y trasponerte en formidable bruto.
     El otro fin porque suele dedicarse un libro es por los beneficios recibidos, y no son pocos los que ocasionalmente hace a los otros tu pecado; pues tu engañada temeridad causa en los demás cautela, y hace la costa a sus escarmientos. Como en palacio azotan al hijo del esclavo porque tema el hijo del rey, así Dios te castiga a ti, como esclavo que eres de Satanás, para que los justos, que son hijos de Dios lo teman; ejecuta este castigo en el cadalso portátil de tu pecho, donde da tantas y tan apretadas vueltas el torcedor de tu conciencia, que a poderse oír tus tristes latidos, compungirían tanto como los hondos gritos del infierno; y triste de ti si esto no te tiene triste, pues es señal que ni sientes, ni sientes que no sientes, que es el último grado de la insensibilidad mas desahuciada; ne dixeris peccavi, et quid mihi accidit? etc. (Eccles. 5). Estudia pues, oh pecador, en el daño de estos gritos que te presento, miéntras los justos quedan estudiando cautelas en tu peligro y escarmientos en tu daño.
     Si el fin de un autor en dedicar un libro a una persona suele ser el que lo lea, esto (¡oh pecador!) es también mi fin, para que despiertes con estos gritos. A quien duerme solamente le despierta, o algún gran ruido o algún gran fuego que se avecina, pues si a su lado se enciende una hoguera no puede tardar, o a levantarse del sueño o a quedar abrasado en ella. Aquí pues, te ofrezco los dos despertadores de un gran sueño, el ruido en los gritos de los condenados y la hoguera en el fuego que los abrasa, y así no hay medio, o despertar del sueño del pecado ahora o quedar ardiendo en él para siempre.
     Los réprobos mas impíos confiesan ahora en el tormento, que lo fueron por no haber conocido de vista u oído algún condenado del infierno: Non est qui agnitus sit reversus ab inferís. (Sapient. 2). No dicen porque ninguno haya vuelto de allá, sino porque no llegó a su conocimiento: Quia non est agnitus, significando, que a tener esta noticia, o no hubieran pecado o se hubieran luego arrepentido. Mira tú en este libro cuántos han vuelto del infierno apareciéndose a los vivos, y cuando no veas sus figuras, oirás sus voces, y podrás conocerlos por sus gritos, y no tendrás aun la disculpa insuficiente que tuvieron los pecadores mas impíos.
     Solo se diferencia esta dedicatoria de las otras, en que aquellas acaban pidiendo a Dios guarde la vida de sus Mecenas, y yo en esta concluyo pidiendo a Dios, que si has de repetir mañana ese pecado y morir en él, te quite hoy la vida, y hoy mismo te condene: Melius est in peccato mori, quam ad peccatum vivere. (S. Ambros. 2. de Abel cap. 17). Petición que es buena en sí, y conveniente a ti, pues a Dios se le ahorra esa ofensa, y a ti ese nuevo titulo para padecer mas en el infierno; y para que veas que no te engaño ni deseo para ti lo que no pido para mí, quedo yo rogando a Dios para mí lo mismo; en primer lugar, que no permita le ofenda, pero en caso que prevea que he de caer en una sola culpa grave y morir en ella, le pido, que por excusar esta nueva ofensa suya, me quite luego la vida hoy mismo en este día 4 de Enero do 1700.
Criatura la mas abominable, 
y abominada de Dios.
Quien mas compadece tu mal, 
y desea tu remedio.
El Dr. José Boneta
GRITOS DEL INFIERNO

LA POSICIÓN INSOSTENIBLE. (I DE II)

En la primera Epístola del Apóstol San Juan, (II, 22) encontramos un texto poco comprendido. El dice: «¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo?». A esos que lo niegan, les llama San Juan «anticristos».

Sin cabeza, cada cual como le place.

San Agustín nos aclara: Jesús es el nombre propio y Cristo Su oficio; negar su oficio como lo negaron los judíos, es estar fuera de la verdad (In Epist. Ioan, ad Parthos). No todos los herejes niegan a Jesús, sino que se creen todos ellos sus seguidores y muchos lo creen firmemente, pero ellos no dan oídos a la Iglesia, ni están unidos a Pedro que es el papa.

Y no son pocos los que estando dentro de la misma Iglesia Católica remanente, en nuestro día, la ÚNICA VERDADERA, pueden ser inscritos con el término de «anticristos». Si se les predica algo contra lo que ellos creen, querrán convencerte de que todo lo que dices es cosa tuya, pero si resulta y les demuestras que todo lo que dices ha sido enseñado por los santos, por los papas, por los Padres de la Iglesia, por el Magisterio, entonces comenzarán a retorcer y a murmurar contra la misma Iglesia, anteponiendo sus falsas ideas, sus falsas prudencias o pareceres humanos o mundanos, que en nada pueden cambiar la Doctrina que la Iglesia ha enseñado de ella misma.
Con la seguridad de ser cuestionado por muchos, he de exponer ante los soberbios e ignorantes de nuestro tiempo, de los que ya hay tantos entre los fieles y entre los pastores, doctores oscuros e improvisados, la doctrina de LA ABSOLUTA NECESIDAD DE QUE LA IGLESIA TENGA SIEMPRE Y SIN FALTAR UN PAPA PARA QUE LA DIRIJA Y UNIFIQUE, especialmente durante este tiempo de máximo desconcierto. Y también la he de exponer ante esos prudentes y legistas tan claramente condenados por nuestro Señor Jesucristo en Mat. 11, 25, en Luc. 10, 21, y en 11, 46.
PARA SER CATÓLICO ES INDISPENSABLE
ESTAR ADHERIDO AL ROMANO PONTÍFICE.
San Ambrosio, (330-397), dice en «De poenitentia», I, Cap. VII, lo siguiente: «No se puede tener parte en la herencia de Pedro, sino a condición DE PERMANECER ADHERIDOS A SU SEDE».
En el «Diccionario de la Fe Católica» de la Editorial JUS, 1953, encontramos en: «PAPA, primacía del:»… el papaES EL CENTRO DE LA UNIDAD y de la comunión, siendo la comunión con el papa, LA SEÑAL CARACTERÍSTICA DE LA ORTODOXIA CATÓLICA». Es también, como veremos después, la señal característica que distingue al verdadero cristiano.
La Iglesia siempre ha considerado a todo aquel que se separa de la Sede de San Pedro, cismático.
El Papa San León XI (1049-1054), en carta del 8 de septiembre del año de 1053 a Miguel Cerulario, decía: «…si no estás unido a la cabeza (el papa), NO PUEDES PERTENECER AL CUERPO DE LA IGLESIA». (Hefele-Leclercq, Historia de los Concilios, T. IV, 2a. parte, Pág. 1097).
El Papa Bonifacio VIII (1294-1303), en su Bula «Unam Sanctam» de noviembre de 1302, dice: «Definimos y abiertamente proclamados COMO DE NECESIDAD ABSOLUTA PARA LA SALVACIÓN, LA SUBORDINACIÓN AL ROMANO PONTÍFICE DE TODA HUMANA CREATURA». Bonifacio VIII toma este texto de Santo Tomás de Aquino en «Contra Errores Graecorum», II, 27.
Y San Roberto Belarmino, en Dottr. Crist. No. 54, dice: «La Iglesia es la sociedad de todos los fieles, gobernada por nuestro Santo Padre el Papa» y en esta forma, decía el Papa San León Magno, (440-461), «…en Pedro se asegura la fortaleza de todos» (Serm. 3 de assumpt. sua ad Pontif.)
Innumerables son los textos que se pueden aportar para afirmar esta doctrina, cosa que ahora no haremos, porque para los detractores actuales de la ortodoxia, esta sigue siendo una verdad confesada, por lo menos de dientes para afuera, y no se necesitan grandes comprobaciones.
Se deben suceder, sin embargo, en el sagrado Trono de San Pedro, EN FORMA CONSTANTE, otros papas hasta el fin del mundo.

LOS PAPAS HAN DE TENER PERPETUOS SUCESORES

El primer Concilio Vaticano, (ses. IV, en. 1), dice: «Si alguno dijere, pues, que no es institución de Cristo mismo, es decir, DE DERECHO DIVINO, que el bienaventurado Pedro tenga PERPETUOS sucesores en el Primado sobre la Iglesia universal sea anatema».
Quiero anotar aquí a modo de paréntesis, que he oído de un Obispo tradicionalista decir, que nunca entendió el dogma de la infalibilidad pontificia; que ella es darle las prerrogativas de Dios a un hombre; que no es necesario el papa actualmente, porque hay «jerarquía», Sacramentos y todo lo necesario. ¡Este es un hereje formal!.
Jaime Balmes en su obra «La Religión Demostrada», que escribió en 1841, T. 1, Pág. 927, dice: «…la autoridad que la ha de regir y gobernar (a la Iglesia), no puede ser una autoridad intermitente».
Y el «Catecismo Romano», edición de la B. A. C., Pág. 227, dice: «El Primado debe ser perenne en la Iglesia… Como consecuencia las afirmaciones precedentes, deducimos que en la Iglesia ha de existir una autoridad suprema que ostente el Primado que Cristo fundó».
PERPETUO, según el Diccionario de la lengua, es «que dura permanece para siempre». PERENNE, es «continuo e incesante». INTERMITENTE es, «que se interrumpe o cesa, y vuelve a proseguir». ¿Se están verdaderamente entendiendo los términos, y una vez entendidos, se aplican y practican?
Porque los hombres, y no Dios, han de elegir al papa. Y ellos tienen la gravísima obligación de hacerlo. Jesucristo no bajará para elegir ni para decir en qué momento hacerlo. Los hombres son los que deben de cumplir este precepto de Jesucristo, EN EL MISMO MOMENTO QUE HAYA SEDE VACANTE, sin que ninguna contingencia humana, pretexto o razón, por grave que sea, dispense de hacerlo o cambie esta obligación.
La Revelación nos dice: «Donde no hay gobierno, va el pueblo a la ruina» (Prov., 11, 14), y el Magisterio nos enseña que Pedro tendrá PERPETUOS SUCESORES por lo que es herética, la afirmación de que es posible que se extinga en la Iglesia, el poder y el deber de elegir papa. LA CONSTITUCIÓN DIVINA DE LA IGLESIA ES INMUTABLE, enseña San Pío X (Denz. 3453 y 2053), y por lo tanto, NO ES VARIABLE como las situaciones o los delitos, ni es relativa a las variaciones situacionales. Afirmar lo contrario es herejía.
Esta perpetuidad, es muy claro, debe ser porque la Iglesia siempre y en todo momento necesita de una dirección y de un centro de unidad. Nuestro Salvador, imponiendo a Pedro con solemne investidura e mandato de apacentar Su grey, lo constituyó cabeza y pastor de la gran familia cristiana.

ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO QUE EN LA IGLESIA HAYA UN PAPA.

El Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga en su libro «Donde está el papa, allí está la Iglesia», Pág. 90 y 91, dice: «UN REBAÑO QUE NO TENGA PASTOR, VA A LA RUINA Y A LA MUERTE… Pedro, pues, en cuanto Pedro, en cuanto fundamento de la Iglesia, Pastor de los pastores, Vicario de Cristo sobre la tierra, ES UN CARGO, UN OFICIO, UN MINISTERIO DEL CUAL LA IGLESIA NUNCA PUEDE CARECER». ¡Que apunten muy bien estas palabras, sus antiguos colaboradores y actuales detractores!.
San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, (1542-1621), dice en su «Explicación más copiosa de la Doctrina Cristiana Breve», que escribió por órdenes del Papa Clemente VIII y que se tradujo al Español por órdenes del Card. Lorenzana a fines del siglo XVIII, lo siguiente: «…es menester creer y confesar la santa ley de Cristo, según la enseñan los Prelados y Predicadores de la misma Iglesia; pero esto NO BASTA, sino que es necesario estar en la obediencia del Sumo Pontífice Romano, reconocerle, Y TENERLE POR SUPERIOR SUPREMO, y Vicario en lugar de Cristo». Es decir, que debe estar presente en la Iglesia, porque la Piedra es el papa vivo y su magisterio vivo y no el conjunto de papas que ya han muerto.
El «Catecismo Romano» de la B.A.C, dice en la Pág. 231: «UNA IGLESIA VISIBLE NECESITA TAMBIÉN, UN JEFE VISIBLE».
Jaime Balmes en la obra citada antes, T. 1, Pág. 924, dice: «Me parece a mí que si Jesucristo no hubiera establecido sobre la tierra UNA AUTORIDAD VIVIENTE para enseñarnos la verdad, apartarnos del error y aclarar nuestras dudas, nos habría dejado en una confusión tal, QUE NO NOS HUBIERA SERVIDO DE MUCHO LA LUZ DE LA VERDAD DIVINA».
El «Catecismo Romano» mencionado antes dice: «Particular atención merecen las notas y propiedades QUE CARACTERIZAN A LA VERDADERA IGLESIA… 3) Porque uno es el JEFE VISIBLE, el que ocupa la Cátedra de Roma, como legítimo sucesor de San Pedro, príncipe de los Apóstoles» (Pág. 225). Y en la Pág. 226: «Ha sido siempre unánime el sentir de los Padres, SOBRE LA NECESIDAD DE UNA CABEZA VISIBLE, para establecer y confirmar la unidad de la Iglesia. San Jerónimo escribe así a Joviniano: Uno solo es el elegido, para que constituida la cabeza, SE QUITE TODA OCASIÓN DE CISMA».
Porque, efectivamente, la presencia de Pedro, QUE ES EL PAPA REINANTE Y NO LOS PAPAS QUE HAN MUERTO, es un antídoto puesto por el mismo Cristo para evitar los cismas. Porque, «NO BASTA HABLAR DE SOLIDARIDAD, dice el «Catecismo Romano», Pág. 232, nota 174, Y DE COMPAÑERISMO. SI NO QUEREMOS TERGIVERSAR Y DESTRUIR NUESTRO EVANGELIO, ES PRECISO LLEGAR A LA INTELIGENCIA, A LA APASIONADA ELABORACIÓN DE UNA UNIDAD VIVIENTE».
«Al anteponer al bienaventurado Pedro a los demás Apóstoles, en él instituyó (Cristo), UN PRINCIPIO PERPETUO DE UNA Y OTRA UNIDAD (de Doctrina y gobierno) y un fundamento visible, sobre cuya rortaleza se construyera un templo eterno», dice (sesión IV del 18 de julio de 1870, del Concilio Vaticano I), la «Constitución Dogmática I sobre la Iglesia de Cristo».
Así también el Papa León XIII en su Encíclica Satis Cognitum del 29 de junio de 1896, dice: «…es de todo punto NECESARIA la verdadera autoridad y autoridad suprema, a la que ha de someterse toda la comunidad…».
Por ese motivo, en la Constitución del Papa Pío VI (1775-1799), Auctorem Fidei, contra el Sínodo de Pistoya del 28 de agosto le 1794, se condenan ciertos derechos atribuidos a los obispos, contra la autoridad del papa. Dice a este respecto: «La doctrina del Sinodo por la que profesa: estar persuadido que el obispo recibió de Cristo todos los derechos necesarios para el buen régimen de su diócesis, como si para el buen régimen de cada diócesis no fueran necesarias las ordenaciones superiores que miran a la Fe y a las costumbres, o a la disciplina general, cuyo derecho reside en el Sumo Pontífice y en los Concilios universales para toda la Iglesia, es cismática, o por lo menos errónea».
EL PAPA ES EL CENTRO DE LA UNIDAD CONTRA LA DIVISIÓN.
Esta es una doctrina mantenida en toda la historia de la Iglesia. San Jerónimo, por ejemplo, (340 o 350-420), en»Contra los luciferianos» , 26, carta 41, dice: «La Iglesia está fundada sobre Pedro, el único escogido entre los doce Apóstoles, a fin de que la autoridad de un jefe universal, IMPIDA TODO PELIGRO DE ESCISIÓN».
San Pedro Crisólogo (405-450), Arzobispo de Rávena, en su Carta 25, escribe:»…es en él, (en el papa), donde el bienaventurado Pedro, sobre su propia Sede, sobrevive y preside a fin de asegurar A LAS ALMAS LEALES, la verdad de la Fe, y sin el consentimiento del cual, NINGÚN OBISPO PUEDE CONOCER LAS CAUSAS DE LA IGLESIA Y DE LA FE»
San Ignacio de Antioquía desde el año 69, en su Epístola a los romanos, dice que la Iglesia de Roma, es»cabeza de la alianza de la caridad». (G. Rauschen, Compendio de Patrología. Herder. Pág. 39. 1909). Y el Papa Pío IX(Denz. 1686), dice: «No hay otra Iglesia Católica, SINO LA QUE SE EDIFICA SOBRE EL ÚNICO PEDRO, se levanta por la unidad de la Fe y la caridad en un solo cuerpo conexo y compacto».
En el T. III, Pág. 297, del «Catecismo de Perseverancia» del Abate J. Gaume, leemos: «LA UNIDAD ES EL CARÁCTER ESENCIAL DE LA VERDAD, porque Dios es uno, y la verdad es Dios revelado al hombre. El Salvador ha querido que Su Iglesia fuese una, y la representa bajo la forma de un rebaño que tiene un solo pastor, de una casa donde habita un solo jefe, de un cuerpo cuyos miembros están perfectamente unidos. Por eso, la verdadera Iglesia, debe ser una; una en su Fe, una en sus leyes, una en su esperanza, UNA EN SU JEFE». Por eso la Iglesia organiza en perfecta gradación jerárquica, uniendo a todos, y así, «los obispos (dice en el T. III, Pág. 300), todos se encuentran sometidos al Sumo Pontífice, jefe supremo de la Iglesia, el cual, revestido de una primacía de honor se muestra más elevado que todos, a fin de que todos vean en él, EL CENTRO DE LA UNIDAD al que se reúnen todos los radios».
También, el Papa León XIII, en su Encíclica «Satis Cognitum» antes mencionada, dice: «Mas, en cuanto al orden de los obispos, entonces se ha de pensar que está debidamente unido a Pedro, como Cristo mandó, cuando a Pedro está sometido y obedece; en otro caso, NECESARIAMENTE, SE DILUYE EN UNA MUCHEDUMBRE CONFUSA Y PERTURBADA».
El Papa Pío XII, en su Encíclica «Mystici Corporis» también decía: «…los que están separados entre sí, por la Fe O POR EL GOBIERNO, no pueden vivir en este único cuerpo (la Iglesia), y en este único espíritu».
A este respecto, el «Catecismo Romano», ya mencionado, Pág. 229, apunta: «San Optato de Milevi dice: No te puede excusar la ignorancia porque tu bien sabes que en Roma tiene sentada su Cátedra episcopal, sobre la cual él se sentó como cabeza de todos los Apóstoles, para que todos tuvieran en él sólo, la unidad de la Cátedra, y no pretendieran cada uno de los Apóstoles IMPONER LA SUYA PROPIA. Y así sea cismático y prevaricador quien contra esta suprema y única Cátedra, pretendiera levantar otra».

Pero se puede pensar que Pedro y sus sucesores, necesariamente deben tener siempre su sede en Roma, confundiéndose así la ciudad con la Iglesia Romana, porque aunque es normal que la Iglesia Católica Romana tenga su sede en esta ciudad, no pueden estar ligadas, si acaso el papa pudiera estar en otro lugar.

LA IGLESIA ROMANA, ES EL PAPA, 
Y SI NO HAY PAPA, NO HAY IGLESIA ROMANA.
San Pedro Damián, (1007-1072), dice: «VOS MISMO, SOIS LA IGLESIA ROMANA; no es a la mole de piedra de la que está formada a la que yo recurro, sino solamente a aquél en quien reside toda la autoridad de esa misma Iglesia» (D’Ales. Dictionnaire Apologetique de la Foi Catholique, T. III, Col. 1487).
También San Hilario escribe: «Hacéis muy mal en amar tanto los muros, en fincar así en los edificios vuestro respeto por la Iglesia, y cubriros de este pretexto para invocar una pretendida paz: ¿Puede dudarse que el Anticristo, se sentará en los mismos lugares?» (Biblia de Mons. Straubinger. Ediciones Progreso. Tlalnepantla, Edo. de México. Pág. 199. 1969).
Por esto, el Beato Papa Benedicto XI (1303-1304), al abandonar Roma en 1303, exclamó: «¡Roma, no está ya en Roma: toda entera está, donde yo esté!». Y así decía León XIII en su Carta Testem benevolentiae, al Cardenal Gibbons, un 22 de enero de 1899: «…con razón se llama (la Iglesia) Romana; pues donde está Pedro, allí está la Iglesia», misma doctrina, que enseñó San Ambrosio.

JESUCRISTO Y EL PAPA, SON LA MISMA CABEZA.

En el «Catecismo de Perseverancia» mencionado antes, t. III Pág. 311, leemos: «En el cuerpo humano, existe una cabeza que rige todos los demás miembros, que influye en cada uno de ellos por las emanaciones que le envía; un corazón de donde la sangre parte y a donde vuelve para purificarse y tomar calor y para partir otra vez; además, el cuerpo está animado, vivificado por un alma que le comunica el movimiento, la hermosura y el vigor. Así mismo, en el cuerpo de la Iglesia, hay una cabeza, nuestro Señor Jesucristo, el cual rige todos los miembros, que influye en cada uno de ellos, por medio de Sus gracias; un corazón que es la santa Eucaristía, de donde el amor parte y a don de vuelve para purificarse, para tomar calor y para partir de nuevo; finalmente un alma, el Espíritu Santo, el cual diseminándose por todas partes en tan admirable cuerpo, le comunica la hermosura, la fuerza, la vida de gracia en la tierra y la vida de la gloria en la eternidad».
De estas doctrinas, se han basado muchos para predicar el gravísimo error de que Cristo gobierna a la Iglesia, cuando no hay papa, y por lo tanto, no habiéndolo ahora El gobierna a Su Iglesia, de lo que concluyen que el papa no es necesario. No ha de efectuarse, pues, un cónclave que se presenta temerario, apresurado, imprudente. Se han de esperar mejores condiciones, mejores tiempos, o situaciones que Jesucristo propicie para la elección que vendrá cuando El qui ra. Oración, paciente espera, y acatamiento de la divina Voluntad. Y esta es una herejía muy rayana en la protervia herética. Muchos ignorantes quieren doctorar en religión, como quien pretende curar a un enfermo con sólo leer el libro de medicina.
San Francisco de Sales (1567-1622), decía: «LA IGLESIA, NO PUEDE ESTAR SIEMPRE REUNIDA EN UN CONCILIO… En las dificultades que sobrevienen diariamente, ¿a quién sería mejor recurrir, de quién podría tenerse la ley más segura, la regla más cierta, que del jefe general y Vicario de Jesucristo?… LA IGLESIA TIENE SIEMPRE LA NECESIDAD DE UN CONFIRMADOR INFALIBLE AL CUAL NOS PODAMOS DIRIGIR, de un fundamento que las puertas del Infierno y principalmente el error no puedan echar abajo y que su pastor (o sea los obispos o sacerdotes), no pueda conducir al error a sus hijos». (R. Sineux. Los Doctores de la Iglesia. Pág. 394-395. Dictionnaire Apologetique de la Foi Catholique, de A. D’Ales, t. III, Cois. 1445-1446 que cita la fuente: Oeuvres, Ed. de Annecy, 1892, t. I, Pág. 305).
Jesucristo EDIFICA a Su Iglesia por medio del Sumo Pontífice, y no lo hace por medio de los papas que ya han muerto, o por el Derecho Canónico, o por los Cánones de los Concilios, o por las Encíclicas, o por medio de la Doctrina, o por las Sagradas Escrituras, o por la opinión de un lider firulete cualquiera. Antes que nada y por sobre todas las cosas, es necesario el papa y luego todo lo demás, porque si falta el papa, NO HAY IGLESIA.
Pues esto es lo que pretenden los nuevos herejes, yo no sé cuánto materiales, y cuánto formales, que pululan en el mundo «tradicionalista», engañando a muchos, con el truco diabólico de que por la crisis tan terrible que ahora padece la Iglesia, es necesario esperar mejores condiciones, y los seguidores de estos pastores, no se han dado cuenta, que precisamente la enormidad de la crisis hacen más urgente la presencia de Pedro, para unificar a todos y luchar contra los apóstatas del Vaticano.
Santo Tomás de Aquino, en su comentario al Evangelio de San Mateo, v. 18, del Cap. 16, dice: «…a éste (a Pedro) especialmente lo premia: A ti te digo que tu eres Pedro, etc.. Primero le dá el nombre, y en segundo lugar el poder… Y en cuanto a lo primero, primeramente dá el nombre y en seguida la razón del nombre: y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Pues a esto he venido al mundo, a fundar la Iglesia. Isaías, 28, 16: ‘He aquí que pongo por fundamento en Sión una piedra elegida, angular, preciosa y fundamental: quien tuviere fe en ella, no vacilará’. Marcada está como la piedra que sirvió de cabecera a Jacob y que él ungió, como dice el Gen. XXVIII… Y esta piedra es Cristo, y por esta unción, todos son llamados cristianos POR LO CUAL NO NOS DECIMOS CRISTIANOS SOLO POR CRISTO, SINO POR LA PIEDRA. Por lo cual especialmente le impuso el nombre (a Pedro): Tu eres Petrus, por la piedra que es Cristo… Propiedad de la piedra es que se ponga como fundamento y también para que dé firmeza… Sobre esta piedra, esto es, sobre tí, piedra: porque de mí que soy piedra, te viene que tu seas piedra. Y así como yo soy piedra, así, sobre tí, piedra, edificaré».
Sería bueno que apuntaran y reflexionaran muchos, las palabras de Sto. Tomás: «NO NOS DECIMOS CRISTIANOS SOLO POR CRISTO, SINO POR LA PIEDRA». Y a la luz de las doctrinas consagradas en la Revelación y recibidas por toda la Tradición y la Teología, que en parte mínima y suficiente hemos transcripto aquí, descubrieran la terrible desviación que es, negarse a tener en la Iglesia al papa pensando que Jesucristo la gobernará sin Su Vicario, cuando dijo otra cosa.
Por lo tanto, nuestro Señor Jesucristo y Pedro, SON LA MISMA PIEDRA. Por ese motivo, Pío XII (1939-1958), en su Encíclica «Mystici Corporis», 35, dice: «CRISTO Y SU VICARIO, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA» . Y así también en «Controversiarum de Summo Pontífice», Ed. de Vives, París, 1870, San Roberto Belarmino, dice que nuestro Señor Jesucristo puso a Pedro este nombre, porque con este mismo nombre El es designado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento: Isaías, 4, 14 a 28; Daniel, 2, 35 y 45; Salmo 107, 22; Mateo, 21, 42; Rom., 9, 1; Cor., 10, 1; Efe., 2, 1; I de Pedro, 2, 4, etc. «Sólo con Pedro, dice, comunica Cristo SU NOMBRE, el nombre que lo significa a El mismo, para indicar que a Pedro, LO HACE FUNDAMENTO Y CABEZA DE LA IGLESIA, CON EL».
Corrobora esta doctrina el Papa San León, que en su epístola 89 ad Vienn. prov. escribe: «Esto dijo, (Cristo),expresando una ASOCIACIÓN DE INDIVISIBLE UNIDAD, lo que era él mismo quiso significarlo diciendo: Tu eres Piedra…». Y en el sermón que pronunció para conmemorar el tercer aniversario de su elevación al sumo pontificado, dijo: ,»Así como mi Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tu eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra invulnerable, yo la piedra angular, QUE DE UNA Y OTRA, HAGO UNA SOLA, yo el fundamento, en lugar del cual ninguno puede ponerse, con todo, TU TAMBIEN ERES LA PIEDRA, y para que afirmado con mi virtud, las cosas que son propias de mi poder, sean también tuyas, en participación conmigo».
También el Papa Bonifacio VIII, en su Bula «Unan Sanctam», del 18 de noviembre de 1302, dice: «La Iglesia, pues, que es una y Unica, tiene un solo cuerpo, UNA SOLA CABEZA, Y NO DOS COMO UN MONSTRUO, ES DECIR, CRISTO Y EL VICARIO DE CRISTO, PEDRO Y SU SUCESOR, pues que dice el Señor: Apacienta a mis ovejas». Porque la Iglesia está gobernada POR EL SUCESOR, uno sólo, de San Pedro, y no todos los anteriores, que con Cristo hace UNA SOLA CABEZA Y SON LA MISMA PIEDRA, por voluntad del Señor. Doctrina tan firme enseñada siempre por la Iglesia, negada ahora por quienes quieren que Cristo los gobierne sin el papa para atenerse a libros, a inspiraciones o a la voluntad caprichosa de los obispos, divididos en muchos gobiernos. Deberían estudiar bien la Encíclica «Mystici Corporis» para averiguar DONDE QUEDA ESA PRETENDIDA JURISDICCION ORDINARIA QUE CREEN TENER CUANDO SE NIEGAN A ELEGIR AL SUMO PONTIFICE, Y COMO QUEDA TODO AQUELLO QUE ES CONSECUENCIA DE ESA JURISDICCION.
Se han convertido por esto, en estrellas errantes, sumergidos en su soberbia, que llevan a la desviación más grande a las almas confiadas a ellos. Porque si se han encontrado razones suficientemente poderosas para negarse a seguir la Doctrina, o si se piensa que no se está negando ninguna doctrina, o que es muy lógica su actuación debido a las contingencias sumamente especiales de nuestro tiempo, ENTONCES YA SE TIENE UNA PRUEBA INDISCUTIBLE DE QUE SE HA CAIDO EN LA HEREJIA. Con mucha razón San Pablo anunció que vendrían tiempos en los que la sana doctrina, NO SERIA SOPORTADA.
NO QUERER ELEGIR AL PAPA, ES NO QUERER ESCUCHAR A JESUCRISTO
Y DESPRECIAR SUS LEYES Y GOBIERNO
El Dr. Mons. José S. Correa, en su libro «La Infalibilidad del Romano Pontífice», escribe: «Es claro que quien se rehusa a escuchar al Pontífice, se rehusa en realidad, de verdad, a escuchar a Dios». y añade en la Pág. 101: «y ahora los herederos de la perfidia judaica, PONEN SOBRE EL ALTAR UN ANTICRISTO CUALQUIERA, POR NO PONER AL VICARIO DE CRISTO: «et nunc Antichristis multi facti sunt»: hay en la actualidad muchos anticristos, dijo San Juan en su Epístola (II, v. 18) como si lo hubiera dicho para nuestros tiempos actuales».
Hay una profunda ignorancia de los textos bíblicos. Nuestro Señor Jesucristo dijo, que El «EDIFICARIA» Su Iglesia sobre la Roca, sobre Pedro, y edificar es una palabra que tiene muchos y más amplios significados. Generalmente sólo se toma en este texto, por «construir».
EDIFICAR, según el Diccionario de sinónimos y palabras afines, es «construir, fabricar, levantar, elevar, obrar; ejemplarizar, moralizar; combinar, fundar». MORALIZAR, es: «sanear, educar, edificar, ejemplarizar». ELEVAR, es:»alzar, erigir, levantar, edificar, construir; encumbrar, exsaltar, realzar, engrandecer, ennoblecer, promover, aumentar, subir, ascender». EDUCAR, es: «enseñar, instruir, doctrinar, perfeccionar, afinar», etc. Muy sabia palabra utilizada por nuestro Señor Jesucristo. No es, pues, solamente construir la Iglesia.

Pedro EDIFICA, y lo hace Cristo por él, construyendo la Iglesia y no destruyéndola; elevándola, moralizándola, es decir, enseñando, legislando; fundando, saneando, es decir, defendiendo a la Iglesia de las herejías; obrando, es decir, estando presente como un centro de unidad; alzando, levantando, construyendo, encumbrando, exsaltando, engrandeciendo a la Iglesia que debe triunfar sobre todos sus enemigos; doctrinando, perfeccionando y afirmando, es decir, confirmando a todos en la Fe. Así es como Cristo gobierna a Su Iglesia. Mediante el magisterio vivo del Sumo Pontífice, que no es un acto puramente humano y natural, estando fundado en la Fe sobrenatural y regido por ella. «Esta potestad aunque se ha dado a los hombres, y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien, divina» (Denz. 874 y 469). La Causa primera que es Cristo, NO ELIMINA LAS CAUSAS SEGUNDAS. Solamente cuando se confieren las gracias sacramentales, es Dios el autor único. Pero por Su ley ordinaria se vale de ministros humanos a modo de causas instrumentales. «El derecho divino que procede de la gracia, no abroga el derecho humano, que se funda en la razón natural» (Sum. Theo. 2-2, 10, 10). Querer confundir las cosas, es querer corregir el plan divino y juzgar lo que El ha establecido. El habla por Pedro, gobierna por Pedro, construye por Pedro y combate por Pedro contra todos Sus enemigos. Gobierna invisiblemente por Pedro. Esperar que por medios sobrenaturales obre lo que no dijo, está lleno de fábula y de soberbia y es un gravísimo pecado de tentar a Dios: «NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS».

EL CABALLERO KADOSH: LIENART

En marzo de 1976, la revista tradicional católica italiana Chiesa Viva n. 51, publicó información sobre el tiempo de pertenencia secreta a la masonería por parte del cardenal Achille Liénart, quien había mantenido un alto perfil como líder liberal inspirando el Concilio masónico del Vaticano II, y fue identificado por un antiguo masón como adorador de satanás y un luciferino. En el momento de su muerte, en 1970, Liénart, aparentemente impenitente, se manifestó por haberse jactado de que: «humanamente hablando, la Iglesia Católica está muerta». ¡Él bien sabía por qué! Si alguien piensa que estas son acusaciones sin fundamento, calumnias libres, sacadas por algunos bromistas con ganas de represalias personales, obviamente no conoce, o finge no saber nada de la figura de Don Luigi Villa, el único sacerdote de la Iglesia católica que ha recibido de un Sumo Pontífice, SS Pío XII, a través del santo fraile Pio da Pietrelcina, la tarea de expulsar a los adeptos de la masonería infiltrados en la Iglesia Católica para desestabilizarla y finalmente para destruirla El sacerdote de Brescia ha trabajado bien en este sentido y su gran trabajo, evidentemente mal digerido por los informes de pertenencia y obediencia, es bien conocido en todo el mundo. De hecho, los artículos de su revista «Chiesa Viva» nacieron de información reflexiva, prudente y bien documentada. A quienes deseen cuestionarnos sobre este punto, les recomendamos cambiar de interlocutores y contactar directamente a los colaboradores de Don Luigi Villa, ya que él ha fallecido. Su santidad Pío XII, a través del santo fraile Pio de Pietrelcina, la tarea de desalojar a los adeptos de la mampostería se infiltraron en la Iglesia católica para desestabilizarla y finalmente destruirla. – A continuación se muestra una lista cronológica de eventos significativos en la vida de Achille Liénart, informada en el Boletín n. 72 del difunto Hugo Maria Kellner, Ph.D., 9 Iroquois Road, Caledonia, NY, julio de 1977: 

Nació en Lille, Francia …………………… ..2-7-1884 

Sacerdote ordenado. ………………………. 29 – 6 -1907 

Ingresó a la logia masónica en Cambrai ………………… el 15 de octubre 1912 

Se convirtió en «Visitante» en la masonería del siglo XVIII. Cav. Rosa + Cruz, .. …. 1919 

llegó al grado 30. Kadosh ……………… 1924 

“Obispo” consagrado ………………………… 12 – 8-1928 
Nota: entrecomillamos “obispo” porque por bula “in eminénti apostolátus spécula”, se condena con excomunión ipso facto, sin necesidad de declaración de la Iglesia,  a los que han dado su nombre a sociedades masónicas, cuya absolución está reservada al Sumo Pontífice salvo en artículo de muerte, lo que supone una irregularidad para recibir la plenitud del sacerdocio, además de la duda positiva que recae sobre la intención interna Lienart, lo que podría hacer no sólo ilegítima, sino inválida la recepción del episcopado, y por lo tanto, todos los sacramentos por él intentados, incluido el orden sacerdotal conferido a otros y el episcopado a terceros.

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“Cardenal” creado por el Papa Pío XI… .. …… .. 6 – 30-1930

 

Achille Liénart, en la consagración de Marcel Lefebvre
Lienart y su hijo «sacramental» Marcel Lefebre

Que ya 16 años antes de ser consagrado obispo, Liénart había sido miembro de la logia masónica, y 4 años antes había alcanzado el grado 30, el de caballero kadosh, el primer nivel en el que los iniciados son informados en detalle sobre los verdaderos objetivos de la masonería, como ya se informó y de acuerdo con lo que Albert Pike, el pontífice supremo de la masonería universal de la época admitió: «A la gente común debemos decir:» adoramos a un «dios», pero un dios que se adora sin superstición. A ustedes, grandes inspectores soberanos, les decimos lo que se puede repetir a los hermanos de los grados 32, 31 y 30: todos los iniciados de los grados altos debemos mantener la religión masónica en la «pureza de la doctrina de lucifer». Si Lucifer no era Dios, sino solo Adonay, el Dios de los cristianos, cuyas obras revelan su crueldad. ¿La perfidia y el odio del hombre, su barbaridad y repulsión por la ciencia, Adonay y sus sacerdotes lo calumniarían? Sí, lucifer es dios, y desafortunadamente Adonay también es Dios. La filosofía religiosa en su pureza y verdad consiste en la creencia en lucifer, como Adonay «(Albert Pike, citado en AC de la Rive: La Femme et l’Enfant dans la Franc-Maçonnerie Universelle, página 588.). – La cita anterior no representa especulación, pero es el testimonio, así como un manifiesto de intenciones, de un exponente masónico cuyas credenciales son indiscutibles. Albert Pike (1809-1891) fue el sumo sacerdote estadounidense de la masonería. En 1859, Pike fue elegido Soberano Gran Comandante del Consejo Supremo del Sur, del Antiguo y Aceptado Rito Escocés, y más tarde se convirtió en Gran Maestro Provincial de la Gran Logia de la Real Orden de Escocia en los Estados Unidos, y fue miembro honorario de casi todos los Consejos Supremos del mundo. En 1871, publicó su infame «Morale e Dogma», un compendio de filosofía masónica, terminología, procedimientos, rituales, simbolismo e historia. – A la luz de las admisiones de Pike y de lo que ya se ha informado en el artículo anterior del libro de Leon Meurin «Franc-Maçonerie, la sinagoga de Satanás», podemos creer que Liénart era un «luciferino» y «convencido» durante cuatro años. Antes de su consagración episcopal. De hecho, incluso las revelaciones más precisas sobre el siniestro «fondo» de Liénart fueron publicadas en 1970 por el Marqués de la Franquicia, en su libro: «La pontificia infalibilidad», que por primera vez se presentó a la atención de los católicos angloparlantes por el mencionado Dr. Hugo M. Kellner. Ahora citamos, del párrafo del libro del Marqués, presentado por el Dr. Kellner en el Boletín No. 72, el comentario introductorio del médico: «El nombre completo del autor es André Henri Jean, Marqués de la Franquicia. El marqués es un secretario pontificio, Chamberlain, que vive en Luçon, Vendea, Francia, y es reconocido como un conocido historiador con experiencia específica en el campo de la penetración de la Jerarquía católica en Francia, y de las actividades masónicas del Cardenal Rampolla, tales como Su libro mencionado anteriormente demuestra. El libro revela la actitud «tradicionalista» del autor. – «El marqués escribe, como se indica correctamente en» Chiesa viva «, del cardenal Liénart en las páginas 80 y 81 de su libro. En la página 80 dice que Liénart fue un satanista que participó en las «misas negras«. Después de la descripción del papel bien conocido en apoyo del modernismo [la suma de todas las herejías sec. S. Pio X] que jugó en la inauguración del Vaticano II, condenado prematuramente por la Bula «Execrabilis» de Pío II, y de la cual el autor dice que obtuvo, en ese momento, información exacta sobre  lo que ocurría por orden de poder Oculto, escribe: «Esta actitud del cardenal no podía sorprender a los que sabían que pertenecía a las logias masónicas-luciferinas». Esta fue la razón por la que el autor de este estudio siempre se ha negado a acompañar al cardenal Liénart en las ceremonias oficiales como secretario de Chamberlain. – «‘El Cardenal había sido iniciado en una logia en Cambrai, cuyo Venerable Hermano era Debierre. Por lo general, asistía a un albergue en Cambrai, tres en Lille, uno en Valenciennes y dos en París, uno de los cuales estaba compuesto en particular por parlamentarios. En el año 1919 fue designado como «Visiteur» (grado 18 °), luego, en 1924, se convirtió en el grado 30. El futuro «cardenal» se reunió en el albergue el «Hermano» Debierre y Roger Solengro. Debierre fue uno de los informadores del cardenal Gasparri, quien también había sido iniciado en América, y del cardenal Hartmann, arzobispo de Colonia, un «hermano» Rosa + croce «… «¡Se le dio a conocer en Lourdes a un ex francmasón que, el 19 de julio de 1932, había sido curado milagrosamente de una herida supurada en su pie izquierdo durante catorce años! Una curación reconocida por la Oficina de Verificación. Este milagroso caballero, el Sr. B. …, nos dijo que en los días en que asistió a una logia de Lucifer, se reunió con el Cardenal [Liénart] a quien reconoció, quedándose estupefacto. ‘»– Liénart naturalmente habría caído en una apostasía cada vez más profunda de la fe, en los doce años transcurridos desde el día en que prestó juramento y se sometió a las obligaciones de la Francmasonería en 1912- una irregularidad para recibir las órdenes mayores, según el C.I.C.- . Además, estaría necesariamente dedicado al derrocamiento de la Iglesia, al menos desde el momento de su aceptación del grado 30, el de «Caballero Kadosh» examinado anteriormente, en 1924, cuatro años antes de su «consagración» como obispo. En vista de lo anterior, ¡Parece ser más que razonable dudar de las intenciones de Achille Liénart en recibir las órdenes episcopales asumidas en el momento de su consagración de una manera absolutamente sacrílega y usurpando la jurisdicción! – Es obviamente imposible exagerar la importancia de la correcta intención de invalidar la recepción del sacramento de la Orden, que por un contrario hace nulo el sacramento . En este sentido, la Iglesia enseña: «Cualquier hombre bautizado que tenga la intención de recibir el Sacramento [de las órdenes sacerdotales o episcopales] puede hacerlo válidamente» (William E. Addis y Thomas Arnold, «Diccionario Católico», página 627, 1885). Uno de los principales medios por los cuales la «logia» siempre ha tratado de destruir a la Iglesia fue invalidar sus sacramentos y hacerlos sacrilegios, ¡»la abominación ante los ojos de Dios»! Este hecho se estableció definitivamente en la obra clásica, «El cuerpo místico de Cristo y la reorganización de la sociedad» (1943), de Fr. Denis Fahey, CSSp., Que fue una de las principales autoridades y estudioso de la masonería durante el siglo XX. Por lo tanto, cualquier orden hecha por Liénart puede considerarse cuestionable [nula o, peor aún, sacrilegio], por dos razones: por las órdenes episcopales propias de Liénart y luego por su intención no correcta de administrar los Sacramentos de la Iglesia. Nunca olvidemos al mismo tiempo la Bula de Pablo IV «Ex cum Apostolatus officio«, confirmado en su totalidad por San Pío V, en el que se dice que: «Previniendo el Magisterio de error , debido al cargo del apostolado que Dios nos ha confiado, aunque con méritos inadecuados, nos incumbe tener cuidado general del rebaño del Señor. Y porque por esta razón, estamos obligados a velar diligentemente por la custodia fiel y por su salvación y diligentemente proporcionarnos como un Pastor vigilante, rechazar a aquellos que, en nuestro tiempo, son inducidos por sus pecados por el redil de Cristo. Inclinándose más allá de lo lícito en su prudencia, se levantan contra la disciplina de la verdadera ortodoxia y al pervertir el modo de entender las Santas Escrituras, mediante inventos ficticios, tratan de separar la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsciente del Señor, y así Los que han desdeñado a ser discípulos de la verdad no pueden continuar en el magisterio del error.1 – Propósito de la Constitución: Remover los lobos del rebaño de Cristo. – Nosotros, creemos que tal asunto es tan serio y peligroso que el Romano Pontífice, quien actúa en la tierra como Vicario de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo y ha tenido pleno poder sobre todos los pueblos y reinos, y todos juzgan sin ser juzgado por nadie, si se reconoce que se ha desviado de la fe, se lo puede reprochar (es posible que tenga un devius fide, redargui ), y que cuanto mayor sea el peligro, más diligentemente y de forma completa se debe proporcionar, con el propósito de para prevenir falsos profetas u otros las personas investidas con jurisdicción secular pueden atrapar de manera miserable almas simples y llevar consigo a la perdición y la muerte eterna a innumerables pueblos , confiados a su cuidado y gobierno para necesidades espirituales o temporales; ni sucede en ningún momento ver en el lugar santo la abominación desoladora predicha por el profeta Daniel, tan ansiosos como estamos, en la medida de lo posible con la ayuda de Dios y nuestro deber como Pastor nos impone capturar a los zorros. ocupado destruyendo la viña del Señor y manteniendo a los lobos alejados de las ovejas, para no parecer perros mudos que no tienen ganas de ladrar, para evitar ser condenados por malos agricultores o para ser asimilados a un mercenario. 2 – Aprobación y renovación de sanciones anteriores contra los herejes –Después de un examen minucioso de esta pregunta con nuestros venerables hermanos, los cardenales de la Santa Iglesia Romana, con su opinión y consentimiento unánime, nosotros, con autoridad apostólica, aprobamos y renovamos todas y cada una, las sentencias, las censuras y los castigos de excomunión, la suspensión, interdicción y privación, de cualquier manera pronunciada y promulgada contra herejes y cismáticos por cualquiera de los Romanos Pontífices, nuestros predecesores o que existan en su nombre, incluidas sus cartas no recogidas, o por los Concilios sagrados recibidos por la Iglesia de Dios, o por decretos de los Santos Padres, o de los cánones sagrados, o de las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, y deseamos y decretamos que se cumplan a perpetuidad y que vuelvan a su observancia actual cuando sea por casualidad en desuso, pero que tengan que estar vigentes;además, incurrir en los juicios, quejas y sanciones antes mencionados a todos aquellos que, hasta ahora, han sido sorprendidos o confesados ​​o han sido convencidos o de haberse desviado de la fe , o haber caído en una herejía, o incurrido en un cisma, por haberlos promovido o cometido, de cualquier estado (estado uniuscuiusque), grado, orden, condición y preeminencia de que gozan, incluso si el episcopal (etiam episcopali) ), arzobispal, primacial o de otra dignidad mayor (aut alia maiori eclesiástica eclesiástica) como el honor del cardenalato o la comisión (munus) de la legación de la Sede Apostólica en cualquier lugar, tanto perpetuo como temporal; cuánto brilla con autoridad y excelencia mundana como el comité, el baronial, el marqués, el ducal, el real o el imperial. 3 – Sobre las sanciones que se impondrán a la jerarquía desviada por la fe. Ley y definición doctrinal: privación «ipso facto» de cargos eclesiásticos. –No menos importante considerando que aquellos que no se abstienen del mal por el bien de la virtud merecen ser distraídos por temor al castigo y los obispos, arzobispos, patriarcas, primates, cardenales, legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes y emperadores, que deben instruir a otros y dar un buen ejemplo para mantenerlos en la fe católica, evitando el pecado más gravemente que otros, porque no solo se condicionan a sí mismos, sino que se arrastran con ellos a la destrucción en el abismo de la muerte de otros innumerables pueblos. encomendados a su cuidado o gobierno, o sometidos de otra manera a ellos; Nosotros, en un aviso y consentimiento similar (de los cardenales) con nuestra Constitución válida a perpetuidad (» perpetuum valitura»), en el odio de un crimen tan grave, en relación con el cual nadie más puede ser más serio y pernicioso en la Iglesia de Dios, en la plenitud del poder apostólico (» De Apostolica potestatis plenitudine» ), sancionamos, establecemos, decretamos y definimos (» et definimus «), que las sentencias, censuras y sanciones mencionadas anteriormente se mantienen en su fuerza y ​​eficacia y producen sus efectos, para todos y cada uno (» omnes et singuli «) de obispos, arzobispos, patriarcas, primates, cardenales, legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes y emperadores que, como se estableció hasta ahora, han sido capturados en el acto, o confesados ​​o han sido convencido de haberse desviado de la fe o haber caído en una herejía o haber incurrido en un cisma por haberlo promovido o cometido, o aquellos que en el futuro están atrapados en el hecho de haberse desviado de la fe o haber caído en la herejía o incurrido en un cisma, por haberlo despertado o cometido, tanto si lo confiesan como si estuvieran convencidos de ello, ya que tales crímenes los hacen más inexcusables que los otros, además de las sentencias, censuras y sanciones mencionadas anteriormente, también son ( sint etiam ),para el mismo hecho (eo ipso) y «sin la necesidad de ningún otro procedimiento» de derecho o de hecho, (absque aliquo iuris aut facti minister) total y totalmente a perpetuidad («penitus et in totum perpetuo privacies») de sus Órdenes ,de sus iglesias catedrales, incluso metropolitanas, patriarcales y primaciales, de su dignidad cardinal y de todos los oficios de Legado, así como de todas las voces activas y pasivas y de todas las autoridades, así como de los monasterios, los beneficios y los despachos eclesiásticos (“ et officiis ecclesiasticis «) con o sin cuidado de las almas, ya sean seculares o regulares de cualquier orden que hayan obtenido para cualquier concesión o dispensación apostólica, u otros como titulares, elogiados, administradores o de cualquier otra forma y en los que se hayan beneficiado de algún derecho, aunque también serán privados de todos los frutos, rentas y ganancias anuales reservadas y asignadas a ellos, también condados, baronías, marquesados, ducados, reinos e imperios; además, todos estos serán considerados incapacitados e incapacitados ( habitables e incapacitados ) para funciones tales como » reincidentes» [rebeldes – nr. -] y de los subversivos en todos y para todos ( en ómnibus et per omnia ), por lo que, incluso antes de abjurar en juicio público tales herejías «,nunca, y en ningún momento pueden ser devueltos, remitidos, reintegrados y rehabilitados en su estado primitivo «en las catedrales, iglesias metropolitanas, patriarcales y primaciales o en la dignidad del Cardinalato o en cualquier otra dignidad mayor o menor» ( aut quamvis aliam maiorem vel menor) dignitatem «) en su voz activa o pasiva, en su autoridad, en sus monasterios y beneficios o en su condado, baronía, marquisado, ducado, reino e imperio; por el contrario, que sean abandonados a la voluntad del poder secular que reclama el derecho de castigarlos, a menos que al mostrar los signos del verdadero arrepentimiento y los frutos de la penitencia debida por la benignidad y la clemencia de la Sede, no sean relegados a algún monasterio u otro lugar sujeto a gobierno para entregarse a perpetua penitencia con el pan del dolor y el agua de la aflicción. – Serán considerados como tales (rebeldes y subversivos) por todos, cualquiera que sea su estado, grado, condición y preeminencia, y de cualquier dignidad, incluso episcopal, arzobispal, patriarcal, primacial o de otro tipo eclesiástico incluso cardenal,de esta especie se debe evitar (evitar) y excluir de cualquier consuelo humano «[» Vitandi «-ndp.] .-

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Nietos «sacramentales del masón caballero Kadosh Lienart

Nunca hemos leído nada más claro, exhaustivo y autoritario, sin ninguna posibilidad de repetición. Por lo tanto, es una gran excomunión, ipso facto, con el nombre expreso «vitando», ¡el peor que se puede pronunciar! También veremos más adelante las penas canónicas impuestas por estos crímenes contra la fe, el Espíritu Santo: verdad cuestionada, obstinación e impenitencia final. – «
Otros argumentan que incluso si ésta fuera la condición de Lienart, sus personas consagradas no se quedarían sin la ordenación episcopal porque esto estaba asegurado por la presencia, en el momento de su consagración, de dos obispos co-consagrados junto con Liénart. Sin embargo, si un Obispo que se consagra no es previamente un Sacerdote, no puede ser Obispo consagrado. La verdadera esencia de la Consagración Episcopal se expresa en las palabras sacramentales, que confieren «la plenitud del sacerdocio». Así, ha sido afirmada por la abrumadora mayoría de las opiniones teológicas y durante mucho tiempo ha sido habitual en la Iglesia, que la posesión de órdenes sacerdotales válidas es un requisito indispensable e indispensable para la elevación al oficio de obispo Santo Tomás escribe sobre esto: «El poder episcopal depende del poder sacerdotal, ya que nadie puede recibir el poder episcopal si aún no tiene el poder sacerdotal. Por lo tanto, el episcopado no es una Orden «(Summa Theologica, Supp. 40, 5). – Por lo tanto, ¿no sería correcto cuestionar las órdenes episcopales de los «consagrados del caballero? … sí, así como es correcto desconfiar de cualquier sacramento incierto, o presunto sacrilegio, como en el caso de la llamada «nueva misa», en la que los frutos del trabajo del hombre se ofrecen al «señor del universo» – Estas preguntas son quizás demasiado difíciles de evaluar para aquellos que han depositado todas sus esperanzas en capellanes, institutos, sociedades «tradicionalistas» de «sacerdotes» que han pasado a primer plano, como los salvadores de los residuos fieles, a través del apoyo de una campaña sabiamente orquestada y preparada por los opositores de la Iglesia. Si tal escenario parece demasiado horripilante para admitir que Dios lo permite, considere esto: el Papa León XIII declaró inválidas las Órdenes Anglicanas debido a que «mala intención «, 350 años después de su introducción por la Iglesia de InglaterraMillones de almas durante muchas generaciones han sido influenciadas negativamente antes de que Roma expresara un juicio definitivo sobre el asunto. De la misma manera, las ordenaciones sacerdotales puestas en marcha con el rito de ordenación de la contra-iglesia «conciliar», (una copia del rito anglicano, y en algunos aspectos aún peor), en uso hoy, ciertamente requerirán una declaración radical de nulidad por parte de la «verdadera» iglesia católica. – Algunos argumentan que, dado que la Iglesia siempre ha aceptado las órdenes conferidas por el Mason Talleyrand, incluso las de Liénart deben ser reconocidas. Pero todo esto es falso, como puede demostrarse fácilmente: Talleyrand, fue consagrado obispo de Autun, en Francia, en 1789, El mismo año de la revolución francesa. Inicialmente se opuso a la revuelta porque había «desmembrado a Francia», pero dos años más tarde– Sin embargo Lienart era grado 30 de la masonería antes de ser “obispo”-, capituló ante el movimiento democrático, y aprobó públicamente la «constitución civil revolucionaria del clero», que llevó a la confiscación de su sede en 1791, y la excomunión de Roma, luego revocado debido a su arrepentimiento en su lecho de muerte.  Talleyrand, quien también está acusado de haber alcanzado los niveles más bajos de la francmasonería- Lieneart los más altos, ya luciferinos-, había consagrado a varios obispos, que sin embargo fueron reconocidos por el Vaticano. Ni antes ni después de su propia Consagración, se señaló que Talleyrand había intentado alguna vez realizar un «drama» con ropas episcopales, para favorecer el derrocamiento de la Iglesia, pero sus acciones fueron en todo caso a la luz del sol y fueron motivados por el mero oportunismo. En lugar de ser un «agente secreto» unido a los enemigos de la Iglesia, Talleyrand era un oportunista consumado que se cambió de sombreros como mejor se adaptaba a sus ambiciones políticas, y luego se retractó de sus errores en su lecho de muerte. Su oficio de obispo se ejercitó durante solo dos años, lo que le permitió tiempo solo para la introducción de un aprendiz de masón y luego para la consagración de obispos comunes. Así, los obispos consagrados por Talleyrand y sus co-consagradores (que no eran masones), se consideraron válidamente válidos porque ya habían sido ordenados «legítimamente» sacerdotes años antes, ya que nunca se les atribuyeron las deficiencias sacerdotales que habían sugerido su contraria. – Por otro lado, entre un círculo muy amplio de católicos, la nulidad o ilegalidad eventual del clero de varias «fraternidades» o «institutos» se considera la mejor explicación para la inestabilidad de estos «sacerdotes» y la alta tasa de filtraciones del propio grupo, (como en la nueva «iglesia») «), o la transición de un grupo a otro. Involucrar escándalos, luchas internas, divisiones, acciones femeninas, causas destructivas de propiedad, calumnias y enajenaciones de buenas familias, disputas partidistas, procedimientos irregulares, sin contar las tendencias jansenistas, galicanas y falibilistas, son características de este cuerpo de «sacerdotes» de casi desde el comienzo de la actividad misionera de la sociedad, que comenzó a mediados de la década de 1970. Estos males, de los cuales se ven afectados invariablemente, generalmente se atribuyen a excesos «juveniles» o «capacitación deficiente». «Pero ahora es claramente evidente que hay algo mucho más profundo que estropeado e incorrecto en el clero de la sociedad: el sacrilegio flagrante. – Esto no es muy probable que sea un «golpe de suerte» o un «accidente», pero es probable que sea un golpe de «maestro» al enemigo, que, en la escena política, siempre ha intrigado a establecer su propia oposición falsa; una estratagema similar solo tendría sentido en la esfera eclesiástica. – ¿Qué debe hacer un católico durante esta terrible crisis? Primero, evite todo lo que sea cuestionable con respecto a los Sacramentos. El Papa Inocencio XI declaró que al conferir y recibir los Sacramentos, nunca se le permite al fiel adoptar una línea de conducta «probable» para su validez, abandonando a los más seguros. (Ver: Denzinger, # 1151; Teología moral y pastoral, Vol. 3, «Los sacramentos, el uso de opiniones probables», pág. 27). En segundo lugar, tener fe en el Dios Todopoderoso, que sabe todas las cosas y protege a su Iglesia del olvido a su manera y en su momento. Reza el rosario todos los días. Finalmente, ore al Cielo incesantemente para que, por el bien de los elegidos, estos días se acorten y la Iglesia vuelva a su verdadero esplendor, como lo desea Dios.

Fuente Gloria TV (continua en la fuente)

OPUSCULO DE TASCIO CECILIO CIPRIANO A DONATO

OPUSCULO DE TASCIO CECILIO CIPRIANO A DONATO

El mes pasado nos pidieron la publicación de la Carta de San Cipriano a Donato. Aqui la publicamos. Que Dios los bendiga.
  
    El tratado de Cipriano a Donato es el primero o de los primeros que escribió no mucho después de su conversión al cristianismo. Con efusión de nuevo cristiano, que recuerda su ceguedad moral antes del bautismo y se siente liberado de sus pasiones y transformado en sus sentimientos más íntimos, describe los efectos maravillosos de la gracia divina en su propia alma. Quiere comunicar y hacer participante a su amigo Donato, cristiano como él, de la renovación admirable que ha obrado en él la nueva fe. Desde una montaña le hace contemplar toda la perspectiva de una vida humana: su corrupción encubierta, sus inquietudes, sus diversiones, teatros, juegos, ajetreo en los tribunales y el esplendor aparente de sus palacios. Por el contrario, al que se apoya en Dios el Espíritu Santo le trae la paz. El cuadro que describe es un retrato de su alma regenerada, que confiesa sus caídas anteriores.
     En la forma literaria es un monólogo, en el que aflora todavía con soltura y elegancia la habilidad del rétor que sobrevive del hombre antiguo y, sobre todo, anuncia el género literario de las Confesiones de San Agustín. De ahí su estilo alambicado, sutil y a veces confuso, como no lo será en escritos posteriores. Parece se escribió hacia el año 249.
 Haga un pequeño esfuerzo el lector para sustituir los espectáculos propios de aquel tiempo y los medios de alienación por los actuales y verá que apenas hay diferencia entre aquella sociedad y la presente, entre aquellos hombres y los contemporáneos.

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     1. Con razón me reconvienes, carísimo Donato; pues, en efecto, recuerdo que te di palabra y éste es tiempo oportuno de cumplirla, porque, con la bonanza de la vendimia el ánimo desembarazado logra para su descanso la acostumbrada y estable quietud después de las fatigas del resto del año. Además, el paraje dice bien con el tiempo; y la cara amena que presentan los jardines conspira con los suaves céfiros del otoño a regalar y halagar los sentidos. Es agradable pasar aquí el día en conversación e instruir el entendimiento con discursos que tiendan a los preceptos divinos. Y con el fin de que no interrumpa nuestra charla un interlocutor profano, ni nos perturbe el griterío descompasado del bullicio de los esclavos, vamos a aquel sitio; allí está más retirado por la soledad que le rodea; allí donde los pámpanos serpenteantes que trepan con sus rizos colgantes por los soportes de cañas formaron una pérgola con parras de frondosa cubierta. En ningún lugar tan a propósito para conversar, y a la par que contemplamos árboles y vides, que regocijan la vista con tan ameno espectáculo, el espíritu se alimenta con lo que entra por el oído, mientras se apacientan los ojos; si bien, no tienes otra ansia y preocupación que escuchar, sin cuidarte de la contemplación de encanto tan halagüeño; y por el afecto que me profesas, tienes los ojos puestos en mí y me prestas toda tu atención para escucharme.
     2. De otra parte, por poco y malo que sea lo que salga de mi para tu espíritu, pues la pequeñez de mi pobre talento produce escasa cosecha y no llega a cargarse con abundantes espigas del fecundo cereal, con todo pondré a contribución las fuerzas de que dispongo, pues, además, el tema dice bien conmigo. En las causas del foro, en la tribuna jáctase la oratoria ostentosa de sus fluidos recursos; mas, cuando se habla del Señor y de Dios, la sencillez auténtica de la palabra no debe apoyarse en las habilidades de la elocuencia como argumentos de la fe, sino en la sustancia del contenido. En fin, escucha no discursos grandilocuentes, sino sólidos; no adornados con las galas de piezas bien compuestas para halago de los oídos del público, sino de estilo llano, con la verdad escueta para anunciar las bondades de Dios. Lo que voy a decirte mejor se siente que se aprende. Escucha cosas que se sienten antes de aprenderlas, cosas que no se comprenden con largas especulaciones a fuerza de tiempo, sino que se extraen del poder de la gracia, que da sazón a nuestros conocimientos.
     3. Cuando estaba postrado en las tinieblas de la noche, cuando iba zozobrando en medio de las aguas de este mundo borrascoso y seguía en la incertidumbre el camino del error sinsaber qué sería de mi vida, desviado de la luz de la verdad, me imaginaba cosa difícil y sin duda alguna dura, según eran entonces mis aficiones, lo que me prometía la divina misericordia que uno pudiera renacer y que, animado de nueva vida por el baño del agua de salvación, dejara lo que había sido y cambiara el hombre viejo de espíritu y mente, aunque permaneciera la misma estructura de su cuerpo. ¿Cómo es posible, me decía, tal transformación, que de la noche a la mañana, tan de repente, se despoje uno de lo que es congénito a la misma naturaleza, o se ha endurecido por hábitos inveterados? Estos se han arraigado con raíces muy hondas. ¿Cuándo aprenderá la parsimonia quien se ha acostumbrado a espléndidas cenas y opíparos convites? y ¿cuándo se va a contentar con vulgar y sencillo atuendo quien siempre brilló por el oro y la púrpura de sus rozagantes vestidos? No puede reducirse a un particular sin pomposo aparato el que gozó de dignidades y cargos. Aquel que suele ir rodeado de una escolta de clientes, cortejado con numerosa comitiva de adulores, considera como un tormento el verse solo. A quienes se han apegado a los halagos de las pasiones es necesario, como de costumbre, que les arrastre la embriaguez, los hinche la soberbia, los exalte la ira, los despedace la codicia, los provoque la crueldad, los alucine la ambición, los precipite la lujuria.
     4. Esto me decía una y mil veces a mí mismo. Pues, como me hallaba retenido y enredado en tantos errores de mi vida anterior, de los que no creía poder desprenderme, yo mismo condescendía con mis vicios inveterados y, desesperando de enmendarme, fomentaba mis males como hechos ya naturaleza en mí. Más después que quedaron borradas con el agua de regeneración las manchas de la vida pasada y se infundió la luz en mi espíritu transformado y purificado, después que me cambió en un hombre nuevo por un segundo nacimiento la infusión del Espíritu celestial, al instante se aclararon las dudas de modo maravilloso, se abrió lo que estaba cerrado, se disiparon las tinieblas, se volvió fácil lo que antes parecía difícil, se hizo posible lo que se creía imposible, de modo que pude reconocer que provenía de la tierra mi anterior vida carnal sujeta a los pecados, que era cosa de Dios lo que ahora estaba animado por el Espíritu Santo. Tú mismo puedes comprender y reconocer a una conmigo de qué nos ha despojado y qué nos ha traído esta muerte de los vicios y esta vida de las virtudes. Tú bien lo sabes, sin que yo lo pregone. Siempre es odiosa la jactancia en propio elogio; si bien no puede decirse jactancia, sino gratitud, el atribuirlo a don de Dios y no a las fuerzas del hombre, de manera que el no pecar ahora es favor de la gracia, y el haber pecado antes fue efecto de la miseria humana. Don de Dios es, digo, todo lo que ahora podemos. De El vivimos, por El tenemos fuerzas, de El recibímos y sentimos aquel vigor por el cual, aun permaneciendo en esta vida, nos anticipamos a gustar los preludios de la futura. Solamente debemos tener temor de perder la inocencia, para que el Señor, que por su misericordia infundió su gracia celestial en nuestras almas, permanezca complacido merced a nuestras buenas obras en nuestro espíritu, como en su morada, no sea que la seguridad concedida nos haga descuidados y se introduzca de nuevo el antiguo enemigo.
     5. Por lo demás, si tú te asientas con pie firme en el camino de la inocencia, de la justicia, si uniéndote tan sólo a Dios con todas tus fuerzas y con toda tu alma, no eres más que lo que has empezado a ser, cuanto mayor fuere en ti el aumento de gracia, tanto mayor capacidad de fuerzas se te dará. No hay medida alguna en las mercedes que recibimos de Dios, como suele haberla en los beneficios de acá abajo. El Espíritu, que se derrama sobreabundantemente, no se ve oprimido por límites ni encerrado en estrecho espacio que lo frene. Fluye sin cesar, rebosa su abundancia; solamente tiene que abrirse nuestro corazón y estar sediento. Cuanta fe seamos capaces de presentar, tanta abundancia de gracia recogeremos. Entonces ya podemos, mediante una castidad austera, una alma pura, unas palabras limpias, remediar a los dolientes, destruir la ponzoña, purificar las almas de los enfermos devolviéndoles la salud, imponer la paz a los enemigos, la calma a los violentos, la mansedumbre a los iracundos; obligar a los espíritus inmundos y vagabundos que se introdujeron en los hombres para atormentarlos, a confesar increpándoles con amenazas, forzarlos con duros azotes a que salgan, aumentarles el castigo si se resisten; si aullan, si gimen, sacudirles con látigos, abrasarlos con el fuego. Esto se produce allí, pero no se ve. El efecto del castigo es oculto, aunque el castigo del exorcismo es manifiesto. Por eso, desde que empezamos a ser suyos, el Espíritu que hemos recibido obra con toda libertad; más porque no hemos cambiado todavía de cuerpo y miembros, nuestros ojos carnales están aún oscurecidos con las nubes del siglo. ¡Qué gran dignidad tiene el alma! ¡Qué grande su poder! No sólo ha quedado desprendido del pernicioso apego del mundo, hasta estar libre por su expiación y pureza de la peste esparcida por el enemigo, sino que ha adquirido mayor y más poderosa pujanza de fuerzas, que se impone con imperio a todas las legiones del enemigo atacante.
     6. Y para que resplandezcan con mayor brillo los efectos de la divina gracia mediante la manifestación de la verdad, te daré luz de conocimiento y, después de quitada la oscuridad de los vicios, disiparé las tinieblas en que está envuelto el mundo. Imagínate por un momento que subes a la cumbre de un elevado monte, que desde allí diriges una mirada al espectáculo de todo lo que está a tus pies, y que libre del contagio mundano, con la vista extendida en varias direcciones, contemplas las borrascas de este mundo anegado. Seguramente por ti mismo te compadecerás de este mundo, y estarás ya prevenido por tu parte; y a la vez, agradecido a Dios, te sentirás más satisfecho de haber escapado de sus peligros. Observa los caminos infestados de ladrones, los mares acechados por piratas, por todas partes divididos los pueblos por los horrores de sangrientas guerras. Todo el mundo está bañado en sangre de sus habitantes. Cuando alguno comete un homicidio, se considera como crimen; es virtud cuando se ejecuta oficialmente. Hace impune a la maldad no el título de inocencia, sino la magnitud de la crueldad.
     7. Si, además, vuelves la vista y la atención a las ciudades, encontrarás un tropel más lamentable que la misma soledad. Se organizan juegos de gladiadores para que la sangre apaciente la crueldad de los ojos. Se les engorda el cuerpo con los manjares más sólidos y se les engrasa con aceite los robustos músculos, para que al fin vendan caras sus vidas en la pelea. Se mata al hombre para causar placer a otros hombres. Y es pericia la habilidad en matar, es práctica, es un arte; y tal maldad no sólo se comete, sino que se enseña. ¿Qué puede haber más inhumano, más cruel? Es arte el saber matar a otro, y gloria el hacer que muera. Pues ¿qué dirás de aquello de que algunos se arrojen a las fieras, sin que hayan sido condenados, en plena edad, bien conformados de cuerpo, con vestidos costosos? Se preparan en la flor de su vida para hacerse sus propios funerales, y se glorían como desgraciados de su desdicha. Luchan con las fieras no por causa de un delito, sino por una locura. Los padres están mirando cómo combaten sus hijos; el hermano y la hermana se hallan en los asientos del anfiteatro, y, aunque el rumboso aparato del espectáculo aumente su magnificencia, para que la madre asista a sus propios sufrimientos, esto, ¡qué dolor! hasta lo paga la madre. Y aun creen los ojos que no son parricidas en tan impíos y bárbaros espectáculos.
     8. Vuelve luego tu rostro a otra maldad no menos abominable de otra clase de juegos: puedes ver en el teatro también lo que te causaría dolor y vergüenza. La altisonante tragedia sirve para reproducir las antiguas fechorías en verso. Se representan con la acción plástica, a semejanza de la realidad, los horrores de los Parricidios e incestos pasados, para que no perezca nunca en el curso de los siglos el recuerdo de la maldad cometida. Se enseña a todo el mundo a escuchar que puede hacer lo que antes se hizo. Así nunca mueren los delitos a pesar de los siglos, nunca se borran con el tiempo los crímenes, nunca quedan sepultados en el olvido. Las iniquidades que ya dejaron de existir se convierten en ejemplos presentes. Además, gusta en la comedia ver representar a un artista de torpezas lo que ha hecho en casa o escuchar lo que puede hacer. Se aprende el adulterio al verlo, y con el halago a los vicios proveniente del ejemplo de la autoridad pública, la matrona, que había acudido tal vez honesta al espectáculo, vuelve de él deshonesta. Añádase ¡qué estrago de las costumbres, qué incentivos de las obscenidades, qué pábulo de los vicios! La indecencia de los gestos de los comediantes; ver representar las torpezas e incestos contra las leyes de la naturaleza; hacerse eunucos los hombres; se debilita toda dignidad y vigor del sexo con la ignominia de un cuerpo afeminado; y el que más se haya transformado en mujer, más agrado causa. Cuanto más hábil en torpezas es uno considerado, tantos más aplausos recibe. Aquí se le contempla, ¡qué maldad!, con placer. Un hombre de tal jaez ¿a qué extremo no provocará? Despierta la sensualidad, halaga la pasión, ahuyenta de sí la conciencia honrada y viril; no le faltan autorizados ejemplos del vicio atrayente, para que, escuchándolo con menos rubor, tenga entrada el mal en los espectadores. Representan aquí a la Venus lasciva, a Marte adultero, a aquel Júpiter, su príncipe no tanto por el cetro como por sus vicios, ardiendo de amores terrenos con todos sus rayos, ya blanco como un cisne, ya cayendo con lluvia de oro, ya bájando en alas del águila para robar los jóvenes que apunta la pubertad. Mira, pues, ahora si puede haber alguien que contemple el teatro limpio y puro. No hace más que imitar a los dioses a quienes venera. Para estos desgraciados los delitos se cubren también con capa de religión. 
     ¡Oh, si, puesto en aquella elevada atalaya, dirigieres tus ojos a los lugares secretos y pudieres abrir las puertas cerradas de los aposentos y sacar a la luz lo más oculto de las casas! Verías cometer por los impúdicos lo que no pueden ni mirar unos ojos pudorosos; verías lo que sólo el mirar es ya un crimen; verías lo que niegan haber cometido los alocados por el frenesí de los vicios, y con todo se apresuran a hacerlo. Los varones se prostituyen unos a otros, con morboso apetito. Ejecutan lo que no pueden aprobar los mismos que lo cometen. No digo bien; el mismo que así obra, condena a los otros de su ralea; el deshonesto difama a los deshonestos y cree que, a pesar de ser consciente de su culpa, ha escapado, como si no fueran bastantes los remordimientos de su conciencia. Los mismos que son acusadores en público, en privado son reos, censores contra sí mismos a la vez que delincuentes; reprueban en lo exterior lo que en lo interior abonan con sus obras; cometen voluntariamente lo que recriminan después de cometido. Juntan la osadía, además, a los vicios, y la desvergüenza a la deshonestidad. No te espantes de que hablen éstos de esa forma; en sus bocas las palabras son su menor delito.
     10. Pero después de los caminos llenos de salteadores, despues de las luchas frecuentes por todo el orbe, después de los espectáculos sangrientos, obscenos, después de las ignominias de las pasiones, cometidas en lupanares o en el secreto de lugares privados, cuyo desenfreno se aumenta cuanto más secreto es el pecado, quizá te parezca el foro inmune, porque, libre de estas maldades provocativas, queda limpio del contacto de todo género de desórdenes. Vuelve, empero, tus ojos allá: muchas cosas encontrarás allí que detestar y tendrás que apartar la vista de aquel lugar. Bien que se hayan grabado las leyes de las doce tablas y se hayan expuesto al público en láminas de bronce; se peca dentro de las mismas leyes; no se salva la honradez ni allí donde se defiende. Un furor recíproco se ensaña entre los litigantes, y en el tribunal resuena el estrépito molesto de los pleitos sin lograr la paz. Allí están dispuestas las lanzas, y las espadas, y el verdugo, los garfios que desgarran, el potro que estira, el fuego que abrasa, siendo más los suplicios para atormentar a un solo cuerpo humano que sus miembros. Y ¿quién podrá acudir en ayuda entre estos tormentos? ¿El abogado ? Si él es el primero que prevarica y engaña. ¿El juez? Si se deja sobornar a cuenta de la sentencia. El magistrado que se sienta en el tribunal para castigar los delitos, él mismo los comete, y, a trueque de hacer perecer a un reo inocente, se hace delincuente el juez. Por todas partes cunden los delitos, y en todas las formas de delincuencias se impone por medio de los malvados la iniquidad.
     Este finge un testamento; aquél falsifica una escritura bajo fraude del título; aquí se les quita a los hijos la herencia; allí se dan a extraños los bienes; el enemigo acusa, se levanta una calumnia, el testigo depone falsamente. De una y otra parte acuden esos venales que prostituyen su lengua para fingir crímenes, y entretanto no mueren con los inocentes los delincuentes. No hay respeto a las leyes, ningún temor al instructor de causas ni al juez; para qué temer a lo que puede lograrse por cohecho. Es ya un delito ser inocente entre los malos; y el que no imita a los malos, los ofende. Ya contemporizan las leyes con los delitos y empieza a ser lícito lo que es oficial. ¿Qué pudor, qué integridad puede haber allí donde falta quien condene a los malvados y solo existen quienes deben ser condenados?
     11. Pero porque no parezca que elegimos las cosas peores y nos guía el deseo de hacer poner los ojos sobre las cosas que ofenden con su execrable y funesto aspecto la mirada y conciencia delicadas, te mostraré ahora lo que la ignorancia de los mundanos considera bueno. Ahí verás cosas no menos dignas de aborrecerse, eso que crees dignidades honoríficas, esos fasces, esa abundancia de riquezas, ese poderío militar, el brillo de la púrpura de los magistrados, el poder ilimitado del príncipe; en todas esas grandezas se oculta el veneno del mal acariciante; y la cara hermosa y sonriente de la maldad esconde el engaño atrayente de una miseria disimulada. Es como una ponzoña en la que la bebida que se toma, elaborada con jugos mortíferos, parece condimentada con falso dulzor; una vez apurada, se ha bebido la muerte. También aquel hombre que aparenta derramar fulgores de su espléndido manto, con qué bajezas no compró todo este fausto; qué desdenes ha tenido que soportar de los soberbios antes; a cuántas puertas de estos magnates habrá tenido que acudir de mañana para cumplimentarles el saludo; cuántas veces habrá ido precediendo los pasos humillantes de estos altivos entre los grupos de clientes, para que a él mismo, después de recibir el obsequio del saludo, le precediese la turba del cortejo ostentoso, debida, empero, a la dignidad más que a su persona, pues no merecían sus costumbres ese honor, sino las insignias de su cargo. Debes ver, en fin, los resultados ignominiosos de estos tales. Cuando el adulador, que sabe barruntar las ocasiones, se aparta de su lado;cuando sus seguidores abandonan y deshonran la compañía del que ven ya como particular, entonces atormentan su conciencia los golpes que han dejado malparada su casa; entonces se dan cuenta de los perjuicios y desgaste de su patrimonio, por granjearse el favor del pueblo y buscar su adhesión con vanas esperanzas. Necios, además, y fútiles derroches; se pretendió comprar con el atractivo de un espectáculo ficticio lo que no aprovecharía al pueblo y sería dañoso al magistrado.
     12. En cuanto a los que tienes por ricos, que añaden bosques a bosques y ensanchan sin límites sus fincas, arrojando al pobre de las heredades en su derredor; a éstos, entre el peso del oro y la plata y los montones de inmensas riquezas que se acumulan o se van enterrando, también acosa la inquietud y la zozobra en medio de sus tesoros, temiendo no las robe el ladrón, no las ataque un enemigo, no las ponga en litigio calumniosamente la envidia de un adversario más poderoso. No comen ni duermen con sosiego, suspiran hasta en los banquetes, aunque beban en vasos incrustados de perlas. Cuando recuesta su plácido cuerpo en los convites en blando y magnífico lecho, le abandona el sueño y no comprende el infeliz que estas cosas son bonitos suplicios, que está atado por el oro y que más bien están ellos poseídos por las riquezas que las poseen ellos; y, ¡oh detestable ceguera del espíritu, oh profundo letargo de una loca codicia!, pudiendo descargarse y aliviarse de tanto peso, buscan cada vez más riquezas que les producen angustia, y se pegan tenazmente a mayores tormentos. No tienen largueza para sus clientes, no distribuyen nada con los necesitados, y dicen que son suyos los caudales que guardan encerrados en su casa con tanta inquietud y cuidado como si fueran cosa ajena; no emplean nada de ellos ni para los amigos, ni para sus hijos, ni aun para sí mismos; tan sólo los poseen para que otro no pueda poseerlos; y, ¡oh qué confusión de cosas!, llaman bienes a aquello que no usan sino para el mal.
     13. ¿Acaso crees que estarán seguros y estables, aun entre las magnificencias de dignidades y poderíos, aquellos que, brillando con el esplendor del palacio regio, están rodeados de una escolta de centinelas armados y vigilantes? Estos precisamente tienen más miedo que los demás. Se ven en la necesidad de temer tanto cuanto ellos mismos son temidos. Las alturas del trono no eximen al poderoso de sobresaltos parejos, aunque se vea bien rodeado de una tropa de ministros y acompañado y protegido por numerosa guardia. En la medida en que él no deja tranquilos a sus subditos, en la misma no lo está él; antes causa temor su poder a los mismos a quienes hace temibles. Este le sonríe para ponerle furioso, le acaricia para engañarle, le ensalza para derribarle. Cuanto mayores fueren las dignidades y honras buscadas con codicia perniciosa, tanto mayor rédito de penas le exigirá.
     14. Así que sólo hay un medio de vivir tranquilo y confiado, sólo una firme y sólida seguridad: cuando uno, apartándose de estas inquietudes y borrascas del siglo, se acoge al amparo de un puerto favorable, levanta los ojos al cielo desde la tierra y, despues de recibir la gracia de Dios y puesto el corazón en El, se gloria de tener por vil todo lo que en los demás consideran los mundanos grande y elevado. Nada puede ya apetecer, nada puede desear de este mundo, quien es superior al mundo. ¡Qué defensa tan firme e inconmovible, qué protección tan celestial llena de imperecederos bienes, el liberarse de los lazos y redes del mundo, purificarse de las heces de acá abajo para mirar a la luz de la inmortalidad sin fin! Debería tenerse presente el daño que nos causó anteriormente la astucia del ataque del enemigo. Nada nos compele más a amar lo que hemos de ser que poder saber y reprobar lo que éramos. Y para esto no es preciso dinero, ni dádivas, ni recomendación, como para lograr el mayor tesoro del mundo, las más altas dignidades o poderes con gran esfuerzo; en cambio, los dones de Dios son gratuitos y fáciles de alcanzar. Así como el sol resplandece, el día da su luz, las fuentes sus aguas, la lluvia su riego, así se difunde el espíritu celestial. Después que el alma que tiene su corazón en el cielo ha conocido a su autor, como más alta que el sol y más elevada que todo poder terreno, empieza a ser lo que cree ser.
     15. Tú, que ya has sido alistado en el ejército espiritual por la milicia del cielo, procura guardar la ley incorrupta y sobria con las virtudes de la religión. Tu oración y lectura deben ser continuas. Unas veces habla con Dios, otras contigo. El te instruirá en sus preceptos; El ha de prepararte. A quien El hiciere rico, nadie hará pobre. No podrá haber penuria, una vez que el alimento del cielo sació su alma. Serán para ti basura los palacios con techos incrustados de oro y mármoles costosos, ya que sabes que mejor te has de arreglar y adornar a ti mismo, que esta tu casa es de más precio, porque el Señor habita en ella como en un templo, desde que el Espíritu Santo empezó a habitarla. Esta casa hemos de pintar con los colores de la inocencia e iluminar con las lámparas de la justicia. No hay que temer se derrumbe carcomida por los años, ni se ajará por desprenderse su pintura o su oro. Son caducos todos los barnices postizos, y no dan confianza segura a sus poseedores las posesiones que no tienen verdadera solidez. Esta casa permanecerá siempre hermosa y fresca, siempre con aspecto íntegro, con brillo perenne, no puede decaer ni extinguirse; sólo, sí, se restituirá a mejor perfección cuando resucite su cuerpo. 
     16. Esto he podido decirte en breves palabras por ahora, mi carísimo Donato; pues aunque tu paciencia tolerante para el bien, tu sólida adhesión al Señor, tu fe firme gusten de escuchar mis saludables palabras y nada te sea más agradable que lo que agrada al Señor, hemos de omitir bastantes cosas por decir, ya que solemos juntarnos y hemos de hablar con frecuencia. Y porque ahora son días de fiesta y descanso, todo lo que queda del día, al declinar ya el sol a su ocaso, pasémoslo en alegría, y ni la misma hora de la cena quede sin condimento espiritual. Resuenen los salmos durante el sobrio convite y, puesto que tienes feliz memoria y melodiosa voz, empieza según sueles hacerlo. Deleitarás mejor a tus amigos si recreas nuestros oídos con cantos espirituales de piadosa suavidad.