EL MAYOR ENEMIGO DE LA VIDA ESPIRITUAL
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.
El mayor enemigo de la vida espiritual, según el sentir de los autores espirituales, no es el mundo con sus tentaciones, ni el demonio con sus asechanzas, sino el amor desordenado de sí mismo. Si en nosotros no tuviera lugar –el amor de sí mismo-, las tentaciones del mundo y las insidias del demonio serán fácilmente vencidas; por el contrario, existiendo aquél –el amor de sí mismo-, en él encuentran su más poderoso cómplice.
En primer lugar toma el disfraz del honor, o del cuidado del buen nombre y de la propia dignidad. Dice por ejemplo: El hombre, lo mismo que el ángel, se ama naturalmente a sí mismo, quiere el bien para sí; en esto no existe desorden alguno. Aún más; incluso la caridad sobrenatural exige que nos amemos a nosotros mismos más que al prójimo. Si embargo, este amor propio desordenado no dice que tanto en el ordena natural como en el sobrenatural el amor a nosotros mismos debe subordinarse al amor de Dios, autor de la naturaleza y de la gracia. Y si mueve a considerar tal subordinación será de un modo teórico y abstracto, pero no de un modo práctico y en un sentido concreto. De ahí que implícita pero realmente busquemos demasiado nuestro propio interés.
El amor propio desordenado puede causar, por así decirlo, cierto desorden en todos nuestros actos, incluso los más elevados, siempre que no los practiquemos por amor a Dios, sino por nosotros mismos, para satisfacer nuestro apetito natural. Poco a poco se vicia nuestra vida interior y la vida de Cristo en nosotros se hace imposible.
Muchos son por consiguiente, los que, en lugar de cultivar el amor de Dios, fomentan la estima exagerada de sí mismos; de sus cualidades; buscan la aprobación y alabanza de los demás; no ven los defectos propios, dedicados a aumentar los de los demás.
El amor desordenado de sí engendra la soberbia, la vanidad, e incluso, a veces, la concupiscencia de la carne y de los ojos; en consecuencia, todos los pecados capitales cuya fuente o principio es la concupiscencia, [en sentido estricto es: El apetito desordenado de satisfacer a los sentidos contra las normas de la razón].
Entonces es cuando se manifiesta la gran oposición entre el amor de Dios y el desordenado amor de sí. El verdadero amor de Dios busca, quiere el beneplácito de Dios, quiere agradarle. Por el contrario, el amor desordenado de sí busca la satisfacción personal, aun con desagrado de Dios.
El amor de Dios mueve a generosidad, a buscar verdadera y prácticamente la perfección; el amor desordenado de sí mismo tiende a evitar las molestias, rehúsa la abnegación, el trabajo, la fatiga. El amor de Dios tiende a destruir el interés propio, piensa que nunca ha hecho bastante por Dios y por las almas; pero el desordenado amor de sí cree que ya ha hecho demasiado por Dios y por el prójimo. El amor verdadero para con Dios quiere no sólo recibir, sino dar a Dios gloria y honor, con celo verdaderamente apostólico. El desordenado amor de sí no aspira a dar, sino a recibir; como si el hombre fuera el centro del universo, hace girar todo en torno a sí.
El desordenado amor de sí camina a la destrucción en nuestra alma, del amor de Dios y del prójimo, lo cual sucede cuando se llega a cometer el pecado mortal, en particular si es repetido. Cada vez aumenta más la aversión a Dios y la conversión al bien creado y al amor de sí.
San Agustín describe con frecuencia esta oposición trágica entre el amor de Dios y el desenfrenado amor de sí: Dos amores hicieron dos ciudades; el amor de Dios, llevado hasta el desprecio de sí, hizo la ciudad de Dios; y el amor de sí, llevado hasta el desprecio de Dios, hizo la ciudad de Babilonia o de la perdición (De Civ. Dei. Lib. 14, cap. Último).
Subterfugios del amor propio:
El sentimentalismo es la ficción sensible de un amor a Dios y del prójimo, que no existen como tales en la voluntad espiritual. El alma se busca a sí más que a Dios. Para borrar esta imperfección viene la purificación pasiva por la aridez sensible.
Si el alma, en medio de la sequedad, no es bastante generosa, cae en la pereza espiritual, en la tibieza, deja de caminar eficazmente a la perfección.
Igualmente el desordenado amor de sí desvirtúa nuestro trabajo intelectual o apostólico; buscamos en él la satisfacción personal, la alabanza más que a Dios y a las almas.
Cómo combatirlo eficazmente:
1º Hemos de conocer el defecto predominante para poder combatirlo y lograr la victoria.
La virtud y el vicio opuesto no pueden coexistir al mismo tiempo en el mismo sujeto, aun cuando puedan coexistir como disposiciones en potencia. La lucha vendrá más tarde, y entonces, o prevalece la inclinación buena bajo la forma de virtud actual, o el defecto predominante en forma de vicio actual.
De este modo el defecto predominante inicial es aquello por lo que una virtud degenera en un vicio materialmente semejante, aunque realmente contrario; por ejemplo: la inclinación a la humildad degenera en pusilanimidad; la inclinación a la magnanimidad, en soberbia y ambición; la inclinación a la fortaleza, en ironía amarga y crueldad; la inclinación a la justicia, en rigorismo; la inclinación a la mansedumbre y misericordia, en debilidad.
2º Considerar bajó que forma prevalece en nosotros el amor propio, es decir, ver si se aparece bajo el aspecto de soberbia, de vanidad, de pereza, de sensualidad, de gula o de ira; en otros términos, ver cual sea nuestro defecto predominante, que se manifestará en los pecado que más frecuentemente cometemos y que será como el alimento de nuestra fantasía.
En algunos la soberbia, por ejemplo, vence a la irascibilidad por conservar la estima humana; en otros la pereza domina a la soberbia, sin importarles nada la buena consideración de los demás.
3º Vigilar para dominar el defecto predominante con tenacidad y perseverancia a fin de adquirir dominio sobre uno mismo, no por la estima de los hombres, sino por Dios.
En otros el defecto dominante no se manifiesta tan claramente, sino que el amor propio toma formas muy diferentes.
4º El defecto dominante se ha de combatir de todas las maneras, sustrayendo lo que pueda alimentarlo y obrando cada vez más por amor de Dios, para agradarle: primero en todo lo exterior de obligación y de más fácil cumplimiento por espíritu de fe; luego en todo lo interior y cuyo cumplimiento es más difícil.
5º Tres cosas se requieren en esta lucha:
a) Pureza de intención.- Así formaba San Benito a sus religiosos: Cumplid con pureza de intención, con espíritu de fe, de esperanza, de amor de Dios, para agradar a Dios, todos los actos determinados por la regla. Tales religiosos, incluso conversos, practicando con este espíritu y con esta pureza de intención los actos externos de la vida religiosa, alcanzaban una gran perfección, notable unión con Dios; lograban una perfecta victoria sobre el amor propio.
b) Abnegación progresiva externa e interna.- El que quiere venir en pos de Mí niéguese a sí mismo. Se a de practicar siempre que la ocasión se presente para que el amor de Dios y del prójimo prevalezca sobre nuestro desordenado amor propio.
c) Recogimiento habitual.- Disponerse a sí mismo, para que Cristo viva en uno, lo cual se manifestara en pureza de intención y en su abnegación progresiva externa e interna de su vida cotidiana, sin afectación o fingimiento teatral, sino como parte de su personalidad, lo cual se deberá ejercitar con mucha perseverancia.

Consecuencias prácticas de un alma que vence el amor de sí:
1. El alma ya no ora como lo hacia hasta este momento, limitando su oración a las exigencias del propio interés. Inicia una aceptación generosa de los sufrimientos y da gracias por los beneficios particulares y por el universal beneficio de la creación, de la elevación a la vida de la gracia, de la encarnación, de la redención, de la eucaristía.
2. Comienza el alma a desechar una vida excesivamente personal, a despreciarse a sí misma, al compararse con Cristo. Comienza a gustar de las humillaciones y a aceptar los desprecios sin que le causen ansiedad. El alma termina por tener en poco sus propias virtudes, por ser limitadas, y comienza a amar, como bien propio las inmensas perfecciones propias del mismo Cristo. Lo que parece grande a los soberbios y ambiciosos, a ella le parece nada, porque a renunciado a su propia gloria.
3. El alma considera a las demás personas como lo haría el mismo Cristo. En todos halla algo hermoso y digno de imitar, porque también en una florecilla silvestre se encierra la belleza. Ama particularmente a los pobres, por ser los miembros doloridos de Cristo; y a los niños, por su inocencia. Los ama de un modo semejante a como Cristo los amó. Ama a los ancianos abandonados, en quienes a menudo encuentra la sabiduría.
4. Los dones ilustran muy vivamente la fe de esta alma. Entiende fácilmente el sentido espiritual de los sucesos de cada día y en bienes a que bienes superiores permite Dios el mal.
5. Aumenta su confianza en Cristo, porque Cristo le comunica la suya propia. San Felipe Neri decía: Cuando desconfío de mí mismo es cuando más confío en la gracia de Dios.
6. El amor de Dios aumenta notablemente. Comienza a causar en el alma un cierto éxtasis espiritual, no corporal; mientras el hombre natural piensa casi siempre en sí mismo, aunque de una manera confusa, en sus propios intereses, el alma espiritual piensa casi siempre en Dios; ama a Dios verdaderamente, y en el mismo Dios se ama a sí misma y al prójimo, para más glorificar a Dios estando llena de paz y alegría al menos en lo más profundo de su alma.
7. Una aceptación generosa de la cruz. Si hay almas generosas que se ven impulsadas a ofrecerse a Dios como víctimas es porque Cristo, previendo estos futuros dolores, les inspiró tal resolución. De ahí que el mismo las conforta como si fuera Él mismo quien sufre en ellos. En este sentido Cristo está en agonía hasta el fin del mundo. Así fue Cristo fortaleza de los mártires, sufriendo en ellos durante los primeros tres siglos de la Iglesia.
Dios le bendiga.
CRISTO Y EL PAPA, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA
En su Encíclica de marzo de 1246, el Papa Inocencio IV (Histoire des Conciles, V. 2, P. 1683. Helefe-Leclercq), escribe: «Al agredir Federico II a Pedro y a sus sucesores, ha agredido a Cristo». Para Inocencio IV, es lo mismo agredir a Cristo, a Pedro, o a cualquiera de sus sucesores. La agresión al papales una agresión a Cristo. Si Cristo dijo que si se rechazaba a los Apóstoles y a sus sucesores, era lo mismo que rechazarlo a Él, así como oírlos a ellos era oírlo a Él, ¿no es por antonomasia rechazar a Cristo el negarse a elegir al papa en sede vacante, privándose oír la palabra del Señor que por su boca habla, y evitando que Su voz llegue a toda la Iglesia?. La voz del papa es la de Cristo, y esto, ¿es solamente porque es Su representante?. Ciertamente que no. ¡Ahí hay algo más!. Ahí hay un misterio revelado. Pío XII en su Enc. Mystici Corporis, 35, dice: «Cristo y su Vicario constituyen una sola cabeza». San Roberto Belarmino, Cardenal y Doctor de la Iglesia, en Controversiarum de Summo Pontifice escribe: «Sólo con Pedro comunica Cristo Su nombre, el nombre que lo significa a El mismo para indicar que a Pedro lo hace fundamento y cabeza de la Iglesia con Él». También, el Papa San León (Ep. 89, Ad Vienn. Prov.) dice: «Esto lo dijo (Cristo) expresando una asociación de indivisible unidad, lo que era Él mismo, quiso significarlo diciendo: Tú eres piedra…». En su sermón para conmemorar tres años de su elevación al Trono, dijo: «Así como el Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tú eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra, invulnerable, yo la piedra angular, que de una y otra hago una sola, yo el fundamento en lugar del cual nadie puede ponerse, con todo, tú también eres piedra, y para que afirmado con tu virtud, las cosas que son propias- de mi poder, sean también tuyas en participación conmigo». Bonifacio VIII en su Bula Unam Sanctam (18 Nov. 1302) decía: «La Iglesia que es una y única, tiene un solo cuerpo, y una sola cabeza, y no dos como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor». Porque como dice San Juan Crisóstomo, citado por S. Tomás de Aquino (Catena Aurea) «le promete (a Pedro), lo que es propio de sólo Dios». San Hilario, citado por San Roberto Belarmino (Opera Omnia. Controvers. de Summo Pontifice, C. X, P. 492) dice: «Pedro, posee las llaves del Reino de los Cielos y desde entonces, sus juicios son celestiales».
LOS PAPAS LEGÍTIMOS SON LA LUZ DEL MUNDO.
La conclusión de las doctrinas expuestas es muy clara. Si Cristo es la luz del mundo como El mismo lo afirma clara y contundentemente en los santos Evangelios, entonces, los papas, que con Cristo constituyen una sola Cabeza, pues la Iglesia no tiene dos cabezas, son igualmente la luz del mundo.
Sin embargo, para el Dr. Wendland esto no es así. Él se atrevió a escribir y el Sr. Heller a publicar ¨( En Einsich) que: «Los papas y los obispos no son sin más, «la luz del mundo», aun cuando sean sucesores de los Apóstoles, y sean papas y obispos legítimos». Los obispos, también son la luz del mundo. Los obispos, unidos entre si y unidos a la cabeza que es el papa, son vicarios de los Apóstoles. Santo Tomás de Aquino escribe: «En la Iglesia el prelado hace las veces de Dios» (Sum. Theo. 2-2, q. 88, a. 12). ¿Y esto por qué?, el mismo Santo Tomás responde (Sum. Theo. 1, q. 106, a. 1): «…téngase presente que la luz, por lo que se refiere al entendimiento, no es más que cierta manifestación de la verdad, según esto de San Pablo: «todo lo descubierto, es luz». Iluminar, pues, no es otra cosa que dar a otro la manifestación de una verdad conocida y en tal sentido dice el Apóstol: «A mí, el menor de todos los santos, me fue otorgada una gracia: de dar luz a los gentiles acerca de la disipación del misterio oculto desde los siglos, en Dios». Así, pues, un ángel se dice que ilumina a otro, en cuanto que le manifiesta la verdad que él conoce».
Pero no es necesario elevarnos por los altos mundos de la Teología para comprender (si no se es un imbécil) qué es iluminar, o dar luz, o ser la luz para otro. En el diccionario enciclopédico Sopena, en el vocablo «iluminar», leemos: «Alumbrar, bañar de luz. Adornar algo con muchas luces. Dar color a una figura, letras, etc., de libros, estampas fotografías, etc… ilustrar el entendimiento con conocimientos». En el Diccionario de Sinónimos de Alberto Ruiz Cárdenas, en el vocablo «ilustración» leemos: «Instrucción, cultura, luz, erudición…»
No se necesita ser un intelectual, para comprender esto. Pero para el Dr. Wendland, los papas y los obispos, aun siendo legítimos sucesores de Pedro y de los Apóstoles, no son la luz del mundo. No les concede ni siquiera el derecho de enseñar, de predicar la Doctrina, así como Cristo les ordenó. ¿No es esta una herejía rayana en la estupidez?, ¿no se estará ya volviéndose estúpido el mundo tradicionalista?.
Negar que los papas y los legítimos obispos son la luz del mundo, implica la negación de muchos dogmas definidos por la Iglesia.
1) Niega que Cristo haya encomendado a Sus Apóstoles la misión de predicar el Evangelio.
2) Niega que Cristo haya nombrado a Pedro y a sus sucesores, Sus Vicarios.
3) Niega que Cristo y el Papa constituyen una sola cabeza.
4) Niega la asistencia del Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico y especialmente sobre el Papa, que Cristo promete a Su Iglesia hasta el fin del mundo.
5) Niega la infalibilidad pontificia.
6) Niega a la Iglesia el derecho de definir las verdades de la Fe que se encuentran explícita o implícitamente contenidas en las sagradas Escrituras o en la Tradición.
7) Niega a la Iglesia el derecho de gobernar y legislar.
8) Niega que la Iglesia sea el Cuerpo místico de Cristo.
Cuando el Dr. Wendland dice a quienes desean tener unidad, obispos, papa: «O es que no os basta Jesucristo, que no solamente muestra el camino, sino que El mismo «ES el camino»?, ¿es que ya no entienden ciertas palabras de nuestro Señor?», se está ubicando a favor de las doctrinas de los protestantes, de los liberales y de los modernistas. Sus palabras recuerdan las de Harnack que predicaba que la Iglesia es una sociedad íntima y espiritual sin jerarquías, sin ritos obligatorios, que deja a cada uno en la amable libertad de pensar y de obrar a su gusto.
Para el Dr. Wendland, (y para los acéfalos) ni el papa ni los obispos son la luz del mundo. Ellos no iluminan nada, ni tienen una asistencia especial del Espíritu Santo. ¿Para qué el papa y las jerarquías?. Sólo Cristo salva y basta y El directamente enseña a los fieles el camino a seguir que el papa y los obispos no pueden enseñar porque si en este momento de crisis y de falta de obispos ortodoxos y de sacerdotes, no hacen falta para nada, entonces es claro que los fieles laicos pueden dirigirse directamente a Cristo para que El los guíe, y esto parece suficiente. A los fieles que se quejan por no tener papa, ni siquiera un obispo, el Dr. Wendland y el Sr. Heller, les dicen: «¿No os basta Jesucristo?».
Mons. Urbina Aznar; año 2002
EPIQUEYA Y SU DISCERNIMIENTO
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Lo siguiente es un extracto de Il Nuovo Osservatore Cattólico del Dr. Stephano Filiberto, Doctor de Historia Eclesiástica:
Aquí hay algunos ejemplos de obispos consagrados en el tiempo de la vacancia de la Sede Apostólica:
A estas alturas, aquellos que se oponen a LICITUD la consagración de obispos católicos tradicionalistas en nuestros tiempos, podrían objetar que el precedente histórico citado ocurrió hace 700 años y que, el Papa Pío XII, en vista de las consagraciones ilícitas de obispos en la cismática Iglesia Nacional de China, decretó que cualquier consagración de obispos hecha sin mandato papal llevaba consigo la pena de excomunión ipso facto para el consagrante y el consagrado. Para contestar esta objeción, es necesario entender la naturaleza de la ley. Es precisamente por la falta de un conocimiento claro de sus principios que muchos católicos tradicionalistas caen en el error. Santo Tomás de Aquino define la ley como una ordenanza de la justa razón hecha para el bien común, promulgada por uno que tiene autoridad en esa sociedad. Notemos “hecha para el bien común”. En la época del Papa Pío XII, ningún obispo podía lícitamente consagrar a otro obispo sin un mandato, y esto era para el bien común de la Iglesia. Sin embargo, una ley puede por el curso del tiempo y por un cambio radical de las circunstancias, cesar de ser para el bien común y, como tal, deja de obligar. Una ley puede cesar de dos maneras: por cesación extrínseca (el legislador abroga la ley) e intrínseca (cesa de ser ley, pues ya no es para el bien común). Como el Arzobispo Amleto Giovanni Cicognani, Profesor de Derecho Canónico en el Instituto de Derecho Canónico y Civil en Roma, enseñó en sus comentarios:
Así, en nuestros tiempos la observancia del decreto del Papa Pío XII, sobre la prohibición de la consagración de obispos sin mandato papal, sería perjudicial a la salvación de las almas. Sin obispos, eventualmente no habrían sacerdotes, no habría Misa ni sacramentos. ¿Fue esta la intención del legislador, el Papa Pío XII? ¿Hubiera él deseado que su decreto fuera tan estrictamente interpretada de suerte que eventualmente se causara el fin de la sucesión Apostólica? Obviamente no. Concerniente a otro aspecto de la ley, el Arzobispo Cicognani explica — una vez más, en su Comentario a la Ley Canónica — la naturaleza de Epikeia:
Los siguientes autores nos proveen con definiciones adicionales para este aspecto de la ley — Epikeia:
Una última consideración en este asunto del decreto del Papa Pío XII se encuentra en la misma palabra ley (en latín, jus). Deriva de las palabras latinas justitia (justicia) y justum (justo), pues todas las leyes están destinadas a ser buenas, equitativas y justas. ésta es precisamente su característica. Y de todas ellas, la máxima es la de la salvación de las almas, “salus animarum, suprema lex”. El Papa Pío XII dijo en su informe a los estudiantes religiosos de Roma el 24 de junio de 1939:
A fin de sobrevivir espiritualmente hoy, necesitamos las gracias del Santo Sacrificio de la Misa y los sacramentos. Pero para obtenerlas, necesitamos sacerdotes, y para tener sacerdotes, necesitamos obispos. Para aplicar la Epiqueya legítimamente deben darse los siguientes principios:
1º La existencia de la ley humana. No se puede aplicar la epiqueya a la Ley divina. ( por ejemplo, la elección de un papa por los cardenales, es ley humana, ya que en la Iglesia ha habido más de 20 formas de elección distinta; porque Cristo no nos dejó ninguna forma de elegir al Papa; pero nos dejó divinamente que debe haber papas a perpetuidad -dogma-. )
2º Que dicha ley humana no haya previsto un caso particular ( Por ejemplo que todos los cardenales hayan abrazado las herejías del Segundo Concilio Vaticano, por lo que salen fuera de la Iglesia ipso facto, sin necesidad de la declaración de la Iglesia y pierden su oficio: el de elegir Papa: canon 188).
3º Que al aplicar la epiqueya se busque siempre el fin del legislador y no la letra que no se puede cumplir ( Por ejemplo, si la ley humana no ha previsto que en ciertas situaciones no se puede cumplir con el mandato de esperar a la confirmación del papa para considerar lícita la consagración de obispos, en este caso porque los que ocupan la Sede de San Pedro desde hace 60 años no son verdaderos papas; el caso que hemos expuesto más arriba).
4º. Que al aplicar la Epiqueya se busque el mismo bien común que buscó el legislador ( Por ejemplo, al consagrar obispos, el consagrante y consagrado deben buscar el fin del legislador, que es la confección de los sacramentos para el bien de las almas, cuyo fin es de origen divino, y por encima de cualquier ley humana mudable, “salus animarum, suprema lex”).
5º. Que la aplicación de la Epiqueya es sólo para un hecho particular que el legislador no haya previsto, o por la imposibilidad de aplicar la ley.
6º. Que quien aplica la epiqueya se sujete al legislador y al espíritu de la Ley en potencia y acto ( por ejemplo, dado que la ley humana de Pío XII para la elección del papa es que debe hacerse a través de los cardenales, y que no existiendo éstos por haber caído en herejía pública al abrazar las herejías del II Concilio Vaticano y perdido el Oficio, la única legitimidad para aplicar la epiqueya es hacer todo lo posible para cumplir con el deber gravísimo- Así lo califica Pío XII- que la Iglesia tiene en periodos de sedevacancia: elegir un papa; y como el colegio de cardenales es de ley humana y no habiendo éstos por haber abrazado todos la herejía, es obligatorio cumplir con la mente de la ley ¿ Cuál era la mente del legislador, Pío XII, en su decreto sobre la Sede Vacante? ¿ Que la Iglesia no pudiera nunca elegir un papa, si los cardenales habían salido todos ellos de la Iglesia? No, por supuesto, ya que es doctrina infalible del Concilio Vaticano I que debe haber papas a perpetuidad; la mente del legislador, fue asegurar según las circunstancias que él vivió la provisión de la Silla de Pedro; no obstante, no tenía el don de profecía, y no pudo prever la dimensión de la apostasía. No se puede decir, por lo tanto, que la intención de la ley del legislador fuera dejar para siempre, sin proveer los medios humanos para ello, a la Iglesia sin cabeza visible y destruir asi la Iglesia, porque iría contra el dogma).
7º Que la aplicación de la Epiqueya esté orientada a la unidad de la Iglesia. La unidad de la Iglesia radica en dos cosas, es decir, en la conexión o comunicación de los miembros de la Iglesia entre sí y en la ordenación de todos ellos a una misma cabeza, a tenor de lo que escribe el Apóstol: Vanamente hinchado por su mente carnal, sin mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión para realizar su crecimiento en Dios (Col 2, 18-19). Pues bien, esa Cabeza es Cristo mismo, cuyas veces desempeña en la Iglesia el Sumo Pontífice. Por eso se llama cismáticos a quienes rehúsan someterse al Romano Pontífice y a los que se niegan a comunicar con los miembros de la Iglesia a él sometidos.(Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q. 39, a. 1).
Si faltase uno sólo de estos principios la Epiqueya es ilegitima y el uso un abuso de los «pastores», que son mercenarios, no enviados por Cristo, sino por su propia soberbia.
Por lo dicho, sólo pueden aplicar la Epiqueya aquellos obispos válidamente consagrados y sacerdotes válidamente ordenados que estén orientados a una misma cabeza, y hacer todo lo posible para su elección cumpliendo con el fin de la Ley, fin de urgencia gravísima. Cabeza que una vez elegida, tiene jurisdicción sobre toda la Iglesia; jurisdicción que le viene directamente de Jesucristo, y al cual hay que someterse, porque quien no se somete se quedará confundido eternamente, ya que no hay salvación sin la unidad con Pedro. A esa cabeza todos los consagrados u ordenados válidamente han de presentar su situación para que el Papa les conceda o no la jurisdicción, como en el ejemplo histórico que hemos visto más arriba. Los que no cumplen esto pecan cada vez que confeccionan sacramentos, si que están verdaderamente consagrados u ordenados, pero además no son ni siquiera válidos sus sacramentos de la Penitencia y matrimonio salvo en grave peligro.
¿Hay o no hay al presente obispos y sacerdotes que pueden aplicar la virtud de la Epiqueya legítimamente? Sí, hay unos cuantos legítimos: Aquellos que obispos que estando válidamente consagrados y aquellos sacerdotes que estando válidamente ordenados, luchan por la elección del Sumo Pontífice y está dispuestos, una vez elegido, a someter sus consagraciones y órdenes para que el Pontífice les conceda o les niegue toda jurisdicción. El resto no pueden aplicar la Epiqueya y no confeccionan los sacramentos legítimamente y algunos ni válidamente, como la confesión y el matrimonio. Estos últimos están vanamente hinchados por su mente carnal, sin mantenerse unidos a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión para realizar su crecimiento en Dios, y que visiblemente se manifiesta en el Vicario de Cristo. Piense cada cual, pues, si de quien está recibiendo los sacramentos, es buen pastor o, aún con atolondrada intención, un mercenario lacayo de su dueño: Satanás. Busquen los pastores legítimos, que sí los hay, aunque muy pocos. Y piensen que es necesario distinguir, para no sucumbir en medio de esta tribulación y quedar eternamente confundidos. A todos les digo lo que San Pablo a los corintios: no se trata de recibir sacramentos en cualquier condición, «Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación».
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INDEFECTIBILIDAD E INFABILIDAD DEL PAPA
Cuando San Agustín escribía la diferencia de los cimientos de las “dos ciudades”, se refería al mundo y a la Iglesia como opuestos e irreconciliables: “dos amores han construido dos ciudades”.
El mundo-mundano siempre se opondrá a la Ciudad de Dios, eso forma parte del Misterio de Iniquidad que tiene como fuente y protector al “príncipe de este mundo” que es Satanás, por eso El Verbo Encarnado, Jesucristo, no “ruega por el mundo”, y tendrá como culminación de su oposición voluntaria al espíritu del Evangelio y a los mandatos de Jesucristo, cuando el Inicuo, el Adversario de Cristo haga su entrada en el mundo y pretenda recibir culto de latría. El mundo-mundano tendrá su rey, y Satanás creerá haber triunfado con su Anticristo sobre Jesucristo.
A esto no se llega de un día para otro. No vamos a hacer un resumen de la Historia, pero la ciudad del mundo siempre ha ensayado subordinarse al Inicuo, y ha creado leyes e inventado sistemas contrarios a la Ciudad de Dios para acabar con la Iglesia.
Pero la Sagrada Escritura, que es Revelación de Dios, anuncia por San Pablo, que este personaje poseso diabólico, lleno del poder de Satanás, no aparecerá sin que antes se haya manifestado una gran apostasía, es decir un espíritu que impregna un cuerpo, cimentado en la pertinacia de la voluntad que se opone a la Causa y al Objeto de la Fe, que es Dios mismo.
Los ensayos de Satanás en el mundo-mundano para arrebatarle a Cristo el cetro de las Naciones siempre se vieron impedidos por la Fe de los cristianos, cuya Fe está cimentada y confirmada por el Pastor Supremo de la Iglesia: el Papa, Vicario de Cristo visible en esta tierra, Maestro Infalible contra el error y la herejía, tanto en su Magisterio Ordinario como extraordinario, pues en materias que atañen a la Fe y Costumbres está protegido por el mismo Espíritu Santo para no desviarse de la Fe ya sea que predique o que defina solemnemente, por eso Jesucristo le dijo y aseguró a San Pedro: “Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca….confirma a tus hermanos” . Esta oración de Cristo es la causa eficiente de la Fe de San Pedro como Roca inconmovible donde se apoya y sustenta la Fe de la Iglesia. Lo cual nos deja con absoluta tranquilidad a los cristianos porque sabemos que el Papa no puede desviarse de la Fe enseñando cosas contrarias a ella, y en el SUPUESTO CASO que lo hiciera ya no tendría la Promesa de Cristo ni las prerrogativas conferidas a San Pedro y a sus legítimos Sucesores, porque habría dejado de ser Papa, pues como un hereje no puede ser miembro de la Iglesia, menos puede ser Cabeza, aunque lo más probable es que nunca haya llegado a ocupar el cargo en la Sede Romana, porque “la Sede Romana está exenta de error” como afirma el Dogma.
Entonces si sucediera –como efectivamente sucede desde la muerte de S S Pio XII- desde la Cátedra de Roma, que alguien predique novedades de doctrina o errores contrarios a la Fe, “ipso facto” y sin necesidad de ser depuesto, ha perdido todo cargo y jurisdicción sobre los fieles católicos, no tiene más autoridad y se ha convertido en “vitando”, o sea, alguien a quien hay que evitar, pues es hereje, y con los herejes no se debe tener trato ni comunicación en las cosas sagradas.
Esto ha sido siempre doctrina común en la Iglesia Católica. En la Cátedra Romana no puede haber nunca un Papa hereje, porque “Papa” y “hereje” son opuestos y contradictorios, es como afirmar que una cosa pueda ser blanca y negra, o viva y muerta al mismo tiempo. Pero si esto es metafísicamente imposible que suceda, más lo es con el Papado, por ser de institución divina, pues es el mismo Cristo quien lo instituyó, que siendo Dios no puede engañarnos con una falsa promesa, pues ha dicho: “He rezado por ti para que tu fe no desfallezca”, lo cual significa que la herejía es contraria al Papado. Nunca hubo un Papa hereje ni nunca lo habrá.
Por tanto, si alguien se presenta como Papa, pero sosteniendo herejías, ni aunque pudiera convertirse, y por el mismo hecho, devendría en Papa legítimo de la Iglesia Católica, porque al perder la Fe inmediatamente habría perdido el cargo, porque un hereje no puede ser Papa. Sería perder el tiempo rezar con la intención que si llegara a convertirse podría ser el Papa. Desde antes se habría depuesto él mismo. Y si sería inútil rezar por esa intención, es peor creer que a pesar de ser hereje podría seguir siendo el Vicario de Cristo y sin embargo llamarle la atención –como algunos hacen- por lo que diga o haga, pues, el “Papa – verdadero y legitimo- no puede ser juzgado por nadie”, por tanto, es temeridad y audacia reconocer su cargo y acusarlo. Yendo más lejos aún, hay que decir que reconocer a un hereje por Papa es dar reverencia a un ídolo, contra el Primer Mandamiento. Y eso es abominable ante los ojos de Dios.
Es de absoluta inutilidad tratar de deponerlo o pedirle que renuncie, pues él mismo lo ha hecho, ya ha perdido el cargo, si es que alguna vez lo tuvo.
Apliquemos lo que venimos diciendo con los “Papas” de la secta conciliar o Ramera: todos desde Roncalli a Bergoglio no han cesado de proferir errores y herejías…es pura lógica concluir que no han sido nunca “Papas” católicos y que por tanto la Iglesia Católica no está en ellos ni ellos en Ella.
Recapitulemos un poco:
Hablábamos que San Pablo había anunciado una gran apostasía antes de la manifestación del Inicuo, y menciona que hay dos obstáculos: “el que retiene” y “lo que retiene”, obstáculos que era preciso quitar para que el Inicuo, fruto maduro de la apostasía, se manifestara al mundo. En consecuencia, algo muy engañoso en el orden religioso tuvo que suceder para que pudieran ser quitados los dos obstáculos, tan sutilmente que no haya sido percibido por la inmensa mayoría de los católicos, tanto clero como seglares, y que se fue constituyendo, con la astucia de la Serpiente, en canal religioso pervertido y vaciado de catolicismo, tan sólo conservando las apariencias, con la finalidad de hacer desaparecer aquello que impedía que hiciera su entrada al mundo el Anticristo. Y, en efecto, este canal religioso pervertido, hecho religión idolátrica, quitó de en medio los dos obstáculos: “lo que retiene”: El Santo Sacrificio con su centro: la Eucaristía, creando una nueva “misa” antropocéntrica y blasfema. Y, el otro: “el que retiene”: El Orden Sagrado con su cúspide que es el Papa, creando un nuevo ritual de “ordenación” y un nuevo ritual de “consagración”, que ambos son inválidos y sacrílegos.
La aprobación oficial de esta iniquidad y abominación tuvo que estar a cargo de una institución que reemplazara oficialmente a la Iglesia Católica, con un “Papa” oficial, pero no católico. La Iglesia Católica quedó replegada y con Sede vacante.
1er.Corolario:
Los católicos fieles NUNCA debemos ni creer ni esperar que de la Ramera pueda surgir un legítimo Sumo Pontífice, porque no es la Iglesia fundada por Jesucristo, sino una secta creada por hombres con la perversa intención de destruir a la Iglesia Católica.
2do. Corolario:
Los jerarcas de la Ramera NO POSEEN ni cargo ni jurisdicción sobre los fieles católicos. Son meras comparsas disfrazadas y algunos hasta con vestimenta que le pertenece como propia a la Iglesia Católica. Sus “sacramentos” nada producen, sus templos han quedado todos profanados con cultos sacrílegos. Hay obligación de denunciarlos y de apartarse de ellos y no comunicar en las cosas sagradas.
Conclusión:
Las “dos ciudades” que describía San Agustín, están hoy en máxima tensión. Por un lado, el mundo-mundano tiene su religión a pedido y gusto, sustentada por una Secta, bajo el poder de Satanás, y regenteada por el Falso Profeta, el Embaucador, el que pone la marca del Anticristo y hará que lo adoren –al Anticristo- como “dios”: es la secta conciliar o Ramera, el “cuerpo místico” del Anticristo, que se parece a la Iglesia Católica pero no es.
Por otro lado, y diametralmente opuesta, se encuentra la “Ciudad de Dios”, la Iglesia Católica, siempre igual a Sí misma, sin sombra de variación, ni mancha ni arruga, “eclipsada” por la Ramera, “debilitada” en Su Jerarquía desde la muerte del último Papa legítimo, sin Cabeza Visible, es decir, el Maestro Infalible de Fe indeficiente que la confirme en la Fe, cuyos miembros –clero y fieles- son como muchedumbre confusa y perturbada, pero que en extrema situación recurrió a la virtud de la epiqueya para continuar con la sucesión apostólica a fin de darle al Pastor Supremo, Principio y Fundamento de la Fe de la Iglesia y de quien procede toda autoridad y jurisdicción como de Fuente primera y NECESARIA.
Hasta la filosofía señala esta NECESIDAD, porque, así como es imposible que no exista un primer motor inmóvil que de movimiento a los que siguen, del mismo modo es imposible hallar autoridad en la Iglesia sin el Principio de autoridad que la posea como origen de toda ella y tenga poder de conferirla eficazmente.
Es de Fe que la Iglesia Católica no puede desaparecer, y es de Fe que San Pedro debe tener perpetuos sucesores. Sabemos también que, pese al encono y malicia de la Ramera, con poderes de seducción y engaño, no ha logrado hacer sucumbir en la apostasía a algunos fieles –clero y seglares- y que durante 60 años la Esposa de Cristo se ha visto desprovista de su Cabeza Visible. Tiene Ella en su Doctrina y en sus Leyes los medios necesarios y oportunos para acabar con este pesar. Sabemos que hay hombres –clérigos: Obispos y Sacerdotes, y fieles seglares- que, estudiando sobre la situación actual de la Iglesia, han decidido inspirados por Dios poner fin a este mal. Ningún católico tiene el derecho de estar ajeno a este combate. Así como hay obligación de apartarse del hereje, también existe la ley de la Caridad que impulsa a unir fuerzas contra la apostasía convertida en religión idolátrica, trabajando cada uno desde el lugar donde la Divina Providencia lo ha puesto para lograr este objetivo: Que los Obispos Católicos junto con los Sacerdotes que están con ellos, se unan como ejército en orden de batalla y den a la Iglesia al Papa, el Maestro Infalible, la Roca donde se fundamenta la Fe de la Iglesia, contra la cual, “las puertas del Infierno no prevalecerán”.
¡Nobleza obliga!
Simón Del Temple
LA POSICIÓN INSOSTENIBLE. (Y II)
Y DESTRUIR A LA IGLESIA.
Seria muy bueno, que los católicos sinceros se dieran cuenta de la forma en que poco a poco, con sutileza y con muy diversos motivos aparentemente lógicos o prudentes, han hecho de ellos sus pastores o líderes que obedecen a los enemigos de la Iglesia, consciente o inconscientemente: ENEMIGOS DE QUIENES QUIEREN UN PAPA PARA LA IGLESIA.
LOS «PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SION», EN ACCIÓN.
LOS CATÓLICOS SEDEVACANTISTAS.
SINO EL ARDOR DE LA CARIDAD, EL ELEMENTO DETERMINANTE.
¿Puede esto pensarse sin el papa?
HAY QUE BUSCAR LA SOLUCIÓN Y EL TRIUNFO.
GRITOS DEL INFIERNO: A QUIEN SE HALLA EN PECADO MORTAL
GRITOS DEL INFIERNO 1
LA POSICIÓN INSOSTENIBLE. (I DE II)
En la primera Epístola del Apóstol San Juan, (II, 22) encontramos un texto poco comprendido. El dice: «¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo?». A esos que lo niegan, les llama San Juan «anticristos».

San Agustín nos aclara: Jesús es el nombre propio y Cristo Su oficio; negar su oficio como lo negaron los judíos, es estar fuera de la verdad (In Epist. Ioan, ad Parthos). No todos los herejes niegan a Jesús, sino que se creen todos ellos sus seguidores y muchos lo creen firmemente, pero ellos no dan oídos a la Iglesia, ni están unidos a Pedro que es el papa.
ESTAR ADHERIDO AL ROMANO PONTÍFICE.
LOS PAPAS HAN DE TENER PERPETUOS SUCESORES
ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO QUE EN LA IGLESIA HAYA UN PAPA.
Pero se puede pensar que Pedro y sus sucesores, necesariamente deben tener siempre su sede en Roma, confundiéndose así la ciudad con la Iglesia Romana, porque aunque es normal que la Iglesia Católica Romana tenga su sede en esta ciudad, no pueden estar ligadas, si acaso el papa pudiera estar en otro lugar.
Y SI NO HAY PAPA, NO HAY IGLESIA ROMANA.
JESUCRISTO Y EL PAPA, SON LA MISMA CABEZA.
Pedro EDIFICA, y lo hace Cristo por él, construyendo la Iglesia y no destruyéndola; elevándola, moralizándola, es decir, enseñando, legislando; fundando, saneando, es decir, defendiendo a la Iglesia de las herejías; obrando, es decir, estando presente como un centro de unidad; alzando, levantando, construyendo, encumbrando, exsaltando, engrandeciendo a la Iglesia que debe triunfar sobre todos sus enemigos; doctrinando, perfeccionando y afirmando, es decir, confirmando a todos en la Fe. Así es como Cristo gobierna a Su Iglesia. Mediante el magisterio vivo del Sumo Pontífice, que no es un acto puramente humano y natural, estando fundado en la Fe sobrenatural y regido por ella. «Esta potestad aunque se ha dado a los hombres, y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien, divina» (Denz. 874 y 469). La Causa primera que es Cristo, NO ELIMINA LAS CAUSAS SEGUNDAS. Solamente cuando se confieren las gracias sacramentales, es Dios el autor único. Pero por Su ley ordinaria se vale de ministros humanos a modo de causas instrumentales. «El derecho divino que procede de la gracia, no abroga el derecho humano, que se funda en la razón natural» (Sum. Theo. 2-2, 10, 10). Querer confundir las cosas, es querer corregir el plan divino y juzgar lo que El ha establecido. El habla por Pedro, gobierna por Pedro, construye por Pedro y combate por Pedro contra todos Sus enemigos. Gobierna invisiblemente por Pedro. Esperar que por medios sobrenaturales obre lo que no dijo, está lleno de fábula y de soberbia y es un gravísimo pecado de tentar a Dios: «NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS».
EL CABALLERO KADOSH: LIENART
En marzo de 1976, la revista tradicional católica italiana Chiesa Viva n. 51, publicó información sobre el tiempo de pertenencia secreta a la masonería por parte del cardenal Achille Liénart, quien había mantenido un alto perfil como líder liberal inspirando el Concilio masónico del Vaticano II, y fue identificado por un antiguo masón como adorador de satanás y un luciferino. En el momento de su muerte, en 1970, Liénart, aparentemente impenitente, se manifestó por haberse jactado de que: «humanamente hablando, la Iglesia Católica está muerta». ¡Él bien sabía por qué! Si alguien piensa que estas son acusaciones sin fundamento, calumnias libres, sacadas por algunos bromistas con ganas de represalias personales, obviamente no conoce, o finge no saber nada de la figura de Don Luigi Villa, el único sacerdote de la Iglesia católica que ha recibido de un Sumo Pontífice, SS Pío XII, a través del santo fraile Pio da Pietrelcina, la tarea de expulsar a los adeptos de la masonería infiltrados en la Iglesia Católica para desestabilizarla y finalmente para destruirla El sacerdote de Brescia ha trabajado bien en este sentido y su gran trabajo, evidentemente mal digerido por los informes de pertenencia y obediencia, es bien conocido en todo el mundo. De hecho, los artículos de su revista «Chiesa Viva» nacieron de información reflexiva, prudente y bien documentada. A quienes deseen cuestionarnos sobre este punto, les recomendamos cambiar de interlocutores y contactar directamente a los colaboradores de Don Luigi Villa, ya que él ha fallecido. Su santidad Pío XII, a través del santo fraile Pio de Pietrelcina, la tarea de desalojar a los adeptos de la mampostería se infiltraron en la Iglesia católica para desestabilizarla y finalmente destruirla. – A continuación se muestra una lista cronológica de eventos significativos en la vida de Achille Liénart, informada en el Boletín n. 72 del difunto Hugo Maria Kellner, Ph.D., 9 Iroquois Road, Caledonia, NY, julio de 1977:
Nació en Lille, Francia …………………… ..2-7-1884
Sacerdote ordenado. ………………………. 29 – 6 -1907
Ingresó a la logia masónica en Cambrai ………………… el 15 de octubre 1912
Se convirtió en «Visitante» en la masonería del siglo XVIII. Cav. Rosa + Cruz, .. …. 1919
llegó al grado 30. Kadosh ……………… 1924
“Obispo” consagrado ………………………… 12 – 8-1928
Nota: entrecomillamos “obispo” porque por bula “in eminénti apostolátus spécula”, se condena con excomunión ipso facto, sin necesidad de declaración de la Iglesia, a los que han dado su nombre a sociedades masónicas, cuya absolución está reservada al Sumo Pontífice salvo en artículo de muerte, lo que supone una irregularidad para recibir la plenitud del sacerdocio, además de la duda positiva que recae sobre la intención interna Lienart, lo que podría hacer no sólo ilegítima, sino inválida la recepción del episcopado, y por lo tanto, todos los sacramentos por él intentados, incluido el orden sacerdotal conferido a otros y el episcopado a terceros.
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“Cardenal” creado por el Papa Pío XI… .. …… .. 6 – 30-1930

Que ya 16 años antes de ser consagrado obispo, Liénart había sido miembro de la logia masónica, y 4 años antes había alcanzado el grado 30, el de caballero kadosh, el primer nivel en el que los iniciados son informados en detalle sobre los verdaderos objetivos de la masonería, como ya se informó y de acuerdo con lo que Albert Pike, el pontífice supremo de la masonería universal de la época admitió: «A la gente común debemos decir:» adoramos a un «dios», pero un dios que se adora sin superstición. A ustedes, grandes inspectores soberanos, les decimos lo que se puede repetir a los hermanos de los grados 32, 31 y 30: todos los iniciados de los grados altos debemos mantener la religión masónica en la «pureza de la doctrina de lucifer». Si Lucifer no era Dios, sino solo Adonay, el Dios de los cristianos, cuyas obras revelan su crueldad. ¿La perfidia y el odio del hombre, su barbaridad y repulsión por la ciencia, Adonay y sus sacerdotes lo calumniarían? Sí, lucifer es dios, y desafortunadamente Adonay también es Dios. La filosofía religiosa en su pureza y verdad consiste en la creencia en lucifer, como Adonay «(Albert Pike, citado en AC de la Rive: La Femme et l’Enfant dans la Franc-Maçonnerie Universelle, página 588.). – La cita anterior no representa especulación, pero es el testimonio, así como un manifiesto de intenciones, de un exponente masónico cuyas credenciales son indiscutibles. Albert Pike (1809-1891) fue el sumo sacerdote estadounidense de la masonería. En 1859, Pike fue elegido Soberano Gran Comandante del Consejo Supremo del Sur, del Antiguo y Aceptado Rito Escocés, y más tarde se convirtió en Gran Maestro Provincial de la Gran Logia de la Real Orden de Escocia en los Estados Unidos, y fue miembro honorario de casi todos los Consejos Supremos del mundo. En 1871, publicó su infame «Morale e Dogma», un compendio de filosofía masónica, terminología, procedimientos, rituales, simbolismo e historia. – A la luz de las admisiones de Pike y de lo que ya se ha informado en el artículo anterior del libro de Leon Meurin «Franc-Maçonerie, la sinagoga de Satanás», podemos creer que Liénart era un «luciferino» y «convencido» durante cuatro años. Antes de su consagración episcopal. De hecho, incluso las revelaciones más precisas sobre el siniestro «fondo» de Liénart fueron publicadas en 1970 por el Marqués de la Franquicia, en su libro: «La pontificia infalibilidad», que por primera vez se presentó a la atención de los católicos angloparlantes por el mencionado Dr. Hugo M. Kellner. Ahora citamos, del párrafo del libro del Marqués, presentado por el Dr. Kellner en el Boletín No. 72, el comentario introductorio del médico: «El nombre completo del autor es André Henri Jean, Marqués de la Franquicia. El marqués es un secretario pontificio, Chamberlain, que vive en Luçon, Vendea, Francia, y es reconocido como un conocido historiador con experiencia específica en el campo de la penetración de la Jerarquía católica en Francia, y de las actividades masónicas del Cardenal Rampolla, tales como Su libro mencionado anteriormente demuestra. El libro revela la actitud «tradicionalista» del autor. – «El marqués escribe, como se indica correctamente en» Chiesa viva «, del cardenal Liénart en las páginas 80 y 81 de su libro. En la página 80 dice que Liénart fue un satanista que participó en las «misas negras«. Después de la descripción del papel bien conocido en apoyo del modernismo [la suma de todas las herejías sec. S. Pio X] que jugó en la inauguración del Vaticano II, condenado prematuramente por la Bula «Execrabilis» de Pío II, y de la cual el autor dice que obtuvo, en ese momento, información exacta sobre lo que ocurría por orden de poder Oculto, escribe: «Esta actitud del cardenal no podía sorprender a los que sabían que pertenecía a las logias masónicas-luciferinas». Esta fue la razón por la que el autor de este estudio siempre se ha negado a acompañar al cardenal Liénart en las ceremonias oficiales como secretario de Chamberlain. – «‘El Cardenal había sido iniciado en una logia en Cambrai, cuyo Venerable Hermano era Debierre. Por lo general, asistía a un albergue en Cambrai, tres en Lille, uno en Valenciennes y dos en París, uno de los cuales estaba compuesto en particular por parlamentarios. En el año 1919 fue designado como «Visiteur» (grado 18 °), luego, en 1924, se convirtió en el grado 30. El futuro «cardenal» se reunió en el albergue el «Hermano» Debierre y Roger Solengro. Debierre fue uno de los informadores del cardenal Gasparri, quien también había sido iniciado en América, y del cardenal Hartmann, arzobispo de Colonia, un «hermano» Rosa + croce «… «¡Se le dio a conocer en Lourdes a un ex francmasón que, el 19 de julio de 1932, había sido curado milagrosamente de una herida supurada en su pie izquierdo durante catorce años! Una curación reconocida por la Oficina de Verificación. Este milagroso caballero, el Sr. B. …, nos dijo que en los días en que asistió a una logia de Lucifer, se reunió con el Cardenal [Liénart] a quien reconoció, quedándose estupefacto. ‘»– Liénart naturalmente habría caído en una apostasía cada vez más profunda de la fe, en los doce años transcurridos desde el día en que prestó juramento y se sometió a las obligaciones de la Francmasonería en 1912- una irregularidad para recibir las órdenes mayores, según el C.I.C.- . Además, estaría necesariamente dedicado al derrocamiento de la Iglesia, al menos desde el momento de su aceptación del grado 30, el de «Caballero Kadosh» examinado anteriormente, en 1924, cuatro años antes de su «consagración» como obispo. En vista de lo anterior, ¡Parece ser más que razonable dudar de las intenciones de Achille Liénart en recibir las órdenes episcopales asumidas en el momento de su consagración de una manera absolutamente sacrílega y usurpando la jurisdicción! – Es obviamente imposible exagerar la importancia de la correcta intención de invalidar la recepción del sacramento de la Orden, que por un contrario hace nulo el sacramento . En este sentido, la Iglesia enseña: «Cualquier hombre bautizado que tenga la intención de recibir el Sacramento [de las órdenes sacerdotales o episcopales] puede hacerlo válidamente» (William E. Addis y Thomas Arnold, «Diccionario Católico», página 627, 1885). Uno de los principales medios por los cuales la «logia» siempre ha tratado de destruir a la Iglesia fue invalidar sus sacramentos y hacerlos sacrilegios, ¡»la abominación ante los ojos de Dios»! Este hecho se estableció definitivamente en la obra clásica, «El cuerpo místico de Cristo y la reorganización de la sociedad» (1943), de Fr. Denis Fahey, CSSp., Que fue una de las principales autoridades y estudioso de la masonería durante el siglo XX. Por lo tanto, cualquier orden hecha por Liénart puede considerarse cuestionable [nula o, peor aún, sacrilegio], por dos razones: por las órdenes episcopales propias de Liénart y luego por su intención no correcta de administrar los Sacramentos de la Iglesia. Nunca olvidemos al mismo tiempo la Bula de Pablo IV «Ex cum Apostolatus officio«, confirmado en su totalidad por San Pío V, en el que se dice que: «Previniendo el Magisterio de error , debido al cargo del apostolado que Dios nos ha confiado, aunque con méritos inadecuados, nos incumbe tener cuidado general del rebaño del Señor. Y porque por esta razón, estamos obligados a velar diligentemente por la custodia fiel y por su salvación y diligentemente proporcionarnos como un Pastor vigilante, rechazar a aquellos que, en nuestro tiempo, son inducidos por sus pecados por el redil de Cristo. Inclinándose más allá de lo lícito en su prudencia, se levantan contra la disciplina de la verdadera ortodoxia y al pervertir el modo de entender las Santas Escrituras, mediante inventos ficticios, tratan de separar la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsciente del Señor, y así Los que han desdeñado a ser discípulos de la verdad no pueden continuar en el magisterio del error.1 – Propósito de la Constitución: Remover los lobos del rebaño de Cristo. – Nosotros, creemos que tal asunto es tan serio y peligroso que el Romano Pontífice, quien actúa en la tierra como Vicario de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo y ha tenido pleno poder sobre todos los pueblos y reinos, y todos juzgan sin ser juzgado por nadie, si se reconoce que se ha desviado de la fe, se lo puede reprochar (es posible que tenga un devius fide, redargui ), y que cuanto mayor sea el peligro, más diligentemente y de forma completa se debe proporcionar, con el propósito de para prevenir falsos profetas u otros las personas investidas con jurisdicción secular pueden atrapar de manera miserable almas simples y llevar consigo a la perdición y la muerte eterna a innumerables pueblos , confiados a su cuidado y gobierno para necesidades espirituales o temporales; ni sucede en ningún momento ver en el lugar santo la abominación desoladora predicha por el profeta Daniel, tan ansiosos como estamos, en la medida de lo posible con la ayuda de Dios y nuestro deber como Pastor nos impone capturar a los zorros. ocupado destruyendo la viña del Señor y manteniendo a los lobos alejados de las ovejas, para no parecer perros mudos que no tienen ganas de ladrar, para evitar ser condenados por malos agricultores o para ser asimilados a un mercenario. 2 – Aprobación y renovación de sanciones anteriores contra los herejes –Después de un examen minucioso de esta pregunta con nuestros venerables hermanos, los cardenales de la Santa Iglesia Romana, con su opinión y consentimiento unánime, nosotros, con autoridad apostólica, aprobamos y renovamos todas y cada una, las sentencias, las censuras y los castigos de excomunión, la suspensión, interdicción y privación, de cualquier manera pronunciada y promulgada contra herejes y cismáticos por cualquiera de los Romanos Pontífices, nuestros predecesores o que existan en su nombre, incluidas sus cartas no recogidas, o por los Concilios sagrados recibidos por la Iglesia de Dios, o por decretos de los Santos Padres, o de los cánones sagrados, o de las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, y deseamos y decretamos que se cumplan a perpetuidad y que vuelvan a su observancia actual cuando sea por casualidad en desuso, pero que tengan que estar vigentes;además, incurrir en los juicios, quejas y sanciones antes mencionados a todos aquellos que, hasta ahora, han sido sorprendidos o confesados o han sido convencidos o de haberse desviado de la fe , o haber caído en una herejía, o incurrido en un cisma, por haberlos promovido o cometido, de cualquier estado (estado uniuscuiusque), grado, orden, condición y preeminencia de que gozan, incluso si el episcopal (etiam episcopali) ), arzobispal, primacial o de otra dignidad mayor (aut alia maiori eclesiástica eclesiástica) como el honor del cardenalato o la comisión (munus) de la legación de la Sede Apostólica en cualquier lugar, tanto perpetuo como temporal; cuánto brilla con autoridad y excelencia mundana como el comité, el baronial, el marqués, el ducal, el real o el imperial. 3 – Sobre las sanciones que se impondrán a la jerarquía desviada por la fe. Ley y definición doctrinal: privación «ipso facto» de cargos eclesiásticos. –No menos importante considerando que aquellos que no se abstienen del mal por el bien de la virtud merecen ser distraídos por temor al castigo y los obispos, arzobispos, patriarcas, primates, cardenales, legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes y emperadores, que deben instruir a otros y dar un buen ejemplo para mantenerlos en la fe católica, evitando el pecado más gravemente que otros, porque no solo se condicionan a sí mismos, sino que se arrastran con ellos a la destrucción en el abismo de la muerte de otros innumerables pueblos. encomendados a su cuidado o gobierno, o sometidos de otra manera a ellos; Nosotros, en un aviso y consentimiento similar (de los cardenales) con nuestra Constitución válida a perpetuidad (» perpetuum valitura»), en el odio de un crimen tan grave, en relación con el cual nadie más puede ser más serio y pernicioso en la Iglesia de Dios, en la plenitud del poder apostólico (» De Apostolica potestatis plenitudine» ), sancionamos, establecemos, decretamos y definimos (» et definimus «), que las sentencias, censuras y sanciones mencionadas anteriormente se mantienen en su fuerza y eficacia y producen sus efectos, para todos y cada uno (» omnes et singuli «) de obispos, arzobispos, patriarcas, primates, cardenales, legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes y emperadores que, como se estableció hasta ahora, han sido capturados en el acto, o confesados o han sido convencido de haberse desviado de la fe o haber caído en una herejía o haber incurrido en un cisma por haberlo promovido o cometido, o aquellos que en el futuro están atrapados en el hecho de haberse desviado de la fe o haber caído en la herejía o incurrido en un cisma, por haberlo despertado o cometido, tanto si lo confiesan como si estuvieran convencidos de ello, ya que tales crímenes los hacen más inexcusables que los otros, además de las sentencias, censuras y sanciones mencionadas anteriormente, también son ( sint etiam ),para el mismo hecho (eo ipso) y «sin la necesidad de ningún otro procedimiento» de derecho o de hecho, (absque aliquo iuris aut facti minister) total y totalmente a perpetuidad («penitus et in totum perpetuo privacies») de sus Órdenes ,de sus iglesias catedrales, incluso metropolitanas, patriarcales y primaciales, de su dignidad cardinal y de todos los oficios de Legado, así como de todas las voces activas y pasivas y de todas las autoridades, así como de los monasterios, los beneficios y los despachos eclesiásticos (“ et officiis ecclesiasticis «) con o sin cuidado de las almas, ya sean seculares o regulares de cualquier orden que hayan obtenido para cualquier concesión o dispensación apostólica, u otros como titulares, elogiados, administradores o de cualquier otra forma y en los que se hayan beneficiado de algún derecho, aunque también serán privados de todos los frutos, rentas y ganancias anuales reservadas y asignadas a ellos, también condados, baronías, marquesados, ducados, reinos e imperios; además, todos estos serán considerados incapacitados e incapacitados ( habitables e incapacitados ) para funciones tales como » reincidentes» [rebeldes – nr. -] y de los subversivos en todos y para todos ( en ómnibus et per omnia ), por lo que, incluso antes de abjurar en juicio público tales herejías «,nunca, y en ningún momento pueden ser devueltos, remitidos, reintegrados y rehabilitados en su estado primitivo «en las catedrales, iglesias metropolitanas, patriarcales y primaciales o en la dignidad del Cardinalato o en cualquier otra dignidad mayor o menor» ( aut quamvis aliam maiorem vel menor) dignitatem «) en su voz activa o pasiva, en su autoridad, en sus monasterios y beneficios o en su condado, baronía, marquisado, ducado, reino e imperio; por el contrario, que sean abandonados a la voluntad del poder secular que reclama el derecho de castigarlos, a menos que al mostrar los signos del verdadero arrepentimiento y los frutos de la penitencia debida por la benignidad y la clemencia de la Sede, no sean relegados a algún monasterio u otro lugar sujeto a gobierno para entregarse a perpetua penitencia con el pan del dolor y el agua de la aflicción. – Serán considerados como tales (rebeldes y subversivos) por todos, cualquiera que sea su estado, grado, condición y preeminencia, y de cualquier dignidad, incluso episcopal, arzobispal, patriarcal, primacial o de otro tipo eclesiástico incluso cardenal,de esta especie se debe evitar (evitar) y excluir de cualquier consuelo humano «[» Vitandi «-ndp.] .-

Nunca hemos leído nada más claro, exhaustivo y autoritario, sin ninguna posibilidad de repetición. Por lo tanto, es una gran excomunión, ipso facto, con el nombre expreso «vitando», ¡el peor que se puede pronunciar! También veremos más adelante las penas canónicas impuestas por estos crímenes contra la fe, el Espíritu Santo: verdad cuestionada, obstinación e impenitencia final. – «
Otros argumentan que incluso si ésta fuera la condición de Lienart, sus personas consagradas no se quedarían sin la ordenación episcopal porque esto estaba asegurado por la presencia, en el momento de su consagración, de dos obispos co-consagrados junto con Liénart. Sin embargo, si un Obispo que se consagra no es previamente un Sacerdote, no puede ser Obispo consagrado. La verdadera esencia de la Consagración Episcopal se expresa en las palabras sacramentales, que confieren «la plenitud del sacerdocio». Así, ha sido afirmada por la abrumadora mayoría de las opiniones teológicas y durante mucho tiempo ha sido habitual en la Iglesia, que la posesión de órdenes sacerdotales válidas es un requisito indispensable e indispensable para la elevación al oficio de obispo Santo Tomás escribe sobre esto: «El poder episcopal depende del poder sacerdotal, ya que nadie puede recibir el poder episcopal si aún no tiene el poder sacerdotal. Por lo tanto, el episcopado no es una Orden «(Summa Theologica, Supp. 40, 5). – Por lo tanto, ¿no sería correcto cuestionar las órdenes episcopales de los «consagrados del caballero? … sí, así como es correcto desconfiar de cualquier sacramento incierto, o presunto sacrilegio, como en el caso de la llamada «nueva misa», en la que los frutos del trabajo del hombre se ofrecen al «señor del universo» – Estas preguntas son quizás demasiado difíciles de evaluar para aquellos que han depositado todas sus esperanzas en capellanes, institutos, sociedades «tradicionalistas» de «sacerdotes» que han pasado a primer plano, como los salvadores de los residuos fieles, a través del apoyo de una campaña sabiamente orquestada y preparada por los opositores de la Iglesia. Si tal escenario parece demasiado horripilante para admitir que Dios lo permite, considere esto: el Papa León XIII declaró inválidas las Órdenes Anglicanas debido a que «mala intención «, 350 años después de su introducción por la Iglesia de Inglaterra. Millones de almas durante muchas generaciones han sido influenciadas negativamente antes de que Roma expresara un juicio definitivo sobre el asunto. De la misma manera, las ordenaciones sacerdotales puestas en marcha con el rito de ordenación de la contra-iglesia «conciliar», (una copia del rito anglicano, y en algunos aspectos aún peor), en uso hoy, ciertamente requerirán una declaración radical de nulidad por parte de la «verdadera» iglesia católica. – Algunos argumentan que, dado que la Iglesia siempre ha aceptado las órdenes conferidas por el Mason Talleyrand, incluso las de Liénart deben ser reconocidas. Pero todo esto es falso, como puede demostrarse fácilmente: Talleyrand, fue consagrado obispo de Autun, en Francia, en 1789, El mismo año de la revolución francesa. Inicialmente se opuso a la revuelta porque había «desmembrado a Francia», pero dos años más tarde– Sin embargo Lienart era grado 30 de la masonería antes de ser “obispo”-, capituló ante el movimiento democrático, y aprobó públicamente la «constitución civil revolucionaria del clero», que llevó a la confiscación de su sede en 1791, y la excomunión de Roma, luego revocado debido a su arrepentimiento en su lecho de muerte. Talleyrand, quien también está acusado de haber alcanzado los niveles más bajos de la francmasonería- Lieneart los más altos, ya luciferinos-, había consagrado a varios obispos, que sin embargo fueron reconocidos por el Vaticano. Ni antes ni después de su propia Consagración, se señaló que Talleyrand había intentado alguna vez realizar un «drama» con ropas episcopales, para favorecer el derrocamiento de la Iglesia, pero sus acciones fueron en todo caso a la luz del sol y fueron motivados por el mero oportunismo. En lugar de ser un «agente secreto» unido a los enemigos de la Iglesia, Talleyrand era un oportunista consumado que se cambió de sombreros como mejor se adaptaba a sus ambiciones políticas, y luego se retractó de sus errores en su lecho de muerte. Su oficio de obispo se ejercitó durante solo dos años, lo que le permitió tiempo solo para la introducción de un aprendiz de masón y luego para la consagración de obispos comunes. Así, los obispos consagrados por Talleyrand y sus co-consagradores (que no eran masones), se consideraron válidamente válidos porque ya habían sido ordenados «legítimamente» sacerdotes años antes, ya que nunca se les atribuyeron las deficiencias sacerdotales que habían sugerido su contraria. – Por otro lado, entre un círculo muy amplio de católicos, la nulidad o ilegalidad eventual del clero de varias «fraternidades» o «institutos» se considera la mejor explicación para la inestabilidad de estos «sacerdotes» y la alta tasa de filtraciones del propio grupo, (como en la nueva «iglesia») «), o la transición de un grupo a otro. Involucrar escándalos, luchas internas, divisiones, acciones femeninas, causas destructivas de propiedad, calumnias y enajenaciones de buenas familias, disputas partidistas, procedimientos irregulares, sin contar las tendencias jansenistas, galicanas y falibilistas, son características de este cuerpo de «sacerdotes» de casi desde el comienzo de la actividad misionera de la sociedad, que comenzó a mediados de la década de 1970. Estos males, de los cuales se ven afectados invariablemente, generalmente se atribuyen a excesos «juveniles» o «capacitación deficiente». «Pero ahora es claramente evidente que hay algo mucho más profundo que estropeado e incorrecto en el clero de la sociedad: el sacrilegio flagrante. – Esto no es muy probable que sea un «golpe de suerte» o un «accidente», pero es probable que sea un golpe de «maestro» al enemigo, que, en la escena política, siempre ha intrigado a establecer su propia oposición falsa; una estratagema similar solo tendría sentido en la esfera eclesiástica. – ¿Qué debe hacer un católico durante esta terrible crisis? Primero, evite todo lo que sea cuestionable con respecto a los Sacramentos. El Papa Inocencio XI declaró que al conferir y recibir los Sacramentos, nunca se le permite al fiel adoptar una línea de conducta «probable» para su validez, abandonando a los más seguros. (Ver: Denzinger, # 1151; Teología moral y pastoral, Vol. 3, «Los sacramentos, el uso de opiniones probables», pág. 27). En segundo lugar, tener fe en el Dios Todopoderoso, que sabe todas las cosas y protege a su Iglesia del olvido a su manera y en su momento. Reza el rosario todos los días. Finalmente, ore al Cielo incesantemente para que, por el bien de los elegidos, estos días se acorten y la Iglesia vuelva a su verdadero esplendor, como lo desea Dios.
Fuente Gloria TV (continua en la fuente)
OPUSCULO DE TASCIO CECILIO CIPRIANO A DONATO
OPUSCULO DE TASCIO CECILIO CIPRIANO A DONATO
El tratado de Cipriano a Donato es el primero o de los primeros que escribió no mucho después de su conversión al cristianismo. Con efusión de nuevo cristiano, que recuerda su ceguedad moral antes del bautismo y se siente liberado de sus pasiones y transformado en sus sentimientos más íntimos, describe los efectos maravillosos de la gracia divina en su propia alma. Quiere comunicar y hacer participante a su amigo Donato, cristiano como él, de la renovación admirable que ha obrado en él la nueva fe. Desde una montaña le hace contemplar toda la perspectiva de una vida humana: su corrupción encubierta, sus inquietudes, sus diversiones, teatros, juegos, ajetreo en los tribunales y el esplendor aparente de sus palacios. Por el contrario, al que se apoya en Dios el Espíritu Santo le trae la paz. El cuadro que describe es un retrato de su alma regenerada, que confiesa sus caídas anteriores.
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4. Esto me decía una y mil veces a mí mismo. Pues, como me hallaba retenido y enredado en tantos errores de mi vida anterior, de los que no creía poder desprenderme, yo mismo condescendía con mis vicios inveterados y, desesperando de enmendarme, fomentaba mis males como hechos ya naturaleza en mí. Más después que quedaron borradas con el agua de regeneración las manchas de la vida pasada y se infundió la luz en mi espíritu transformado y purificado, después que me cambió en un hombre nuevo por un segundo nacimiento la infusión del Espíritu celestial, al instante se aclararon las dudas de modo maravilloso, se abrió lo que estaba cerrado, se disiparon las tinieblas, se volvió fácil lo que antes parecía difícil, se hizo posible lo que se creía imposible, de modo que pude reconocer que provenía de la tierra mi anterior vida carnal sujeta a los pecados, que era cosa de Dios lo que ahora estaba animado por el Espíritu Santo. Tú mismo puedes comprender y reconocer a una conmigo de qué nos ha despojado y qué nos ha traído esta muerte de los vicios y esta vida de las virtudes. Tú bien lo sabes, sin que yo lo pregone. Siempre es odiosa la jactancia en propio elogio; si bien no puede decirse jactancia, sino gratitud, el atribuirlo a don de Dios y no a las fuerzas del hombre, de manera que el no pecar ahora es favor de la gracia, y el haber pecado antes fue efecto de la miseria humana. Don de Dios es, digo, todo lo que ahora podemos. De El vivimos, por El tenemos fuerzas, de El recibímos y sentimos aquel vigor por el cual, aun permaneciendo en esta vida, nos anticipamos a gustar los preludios de la futura. Solamente debemos tener temor de perder la inocencia, para que el Señor, que por su misericordia infundió su gracia celestial en nuestras almas, permanezca complacido merced a nuestras buenas obras en nuestro espíritu, como en su morada, no sea que la seguridad concedida nos haga descuidados y se introduzca de nuevo el antiguo enemigo.
Este finge un testamento; aquél falsifica una escritura bajo fraude del título; aquí se les quita a los hijos la herencia; allí se dan a extraños los bienes; el enemigo acusa, se levanta una calumnia, el testigo depone falsamente. De una y otra parte acuden esos venales que prostituyen su lengua para fingir crímenes, y entretanto no mueren con los inocentes los delincuentes. No hay respeto a las leyes, ningún temor al instructor de causas ni al juez; para qué temer a lo que puede lograrse por cohecho. Es ya un delito ser inocente entre los malos; y el que no imita a los malos, los ofende. Ya contemporizan las leyes con los delitos y empieza a ser lícito lo que es oficial. ¿Qué pudor, qué integridad puede haber allí donde falta quien condene a los malvados y solo existen quienes deben ser condenados?
P. DANIEL. SERMÓN DOMINICA IN ALBIS
SERMÓN DEL P. DANIEL
Dominica in Albis in Octava Paschæ
El P. Daniel es un santo sacerdote con un gran carisma para el apostolado, y pertenece a la Fundación San Vicente Ferrer que lidera el muy católico obispo Mons. Juan José Squetino.
