SANTO TOMÁS DE AQUINO

La imperiosa necesidad de volver a la filosofía tomista

Biografía del “Doctor Angélico”

Lo que pretende la Santa Iglesia al honrar a ciertos santos con la distinción de Doctor, no es más que tratar de garantizarnos su doctrina manifestándonos que sus escritos tienen la plena aprobación de la Iglesia. Un santo doctor significa un héroe en la virtud y en el amor a Dios que, además, es un maestro de doctrina segura a quien podemos seguir con plena seguridad. Más ahora que antaño necesitamos acudir al pensamiento de Santo Tomás de Aquino, para librarnos de las telarañas mentales con las que el modernismo ha ido esclavizando nuestro entendimiento hasta el punto de desfigurar la fe. Acudamos pues al estudio de su monumental obra y sobre todo a su intercesión ante Nuestro Señor Jesucristo, para que no quedemos eternamente confundidos. Gran negocio para la salvación de nuestras almas es ser fieles devotos de Santo Tomás. Con el ánimo de promover su devoción y sistema, he aquí un breve sobre su vida y obra.

Santo Tomás de Aquino, ruega por nosotros.

I. Vida

Se conocen los acontecimientos principales de su vida, pero los biógrafos difieren en cuanto a algunos detalles y fechas. Henry Denfile falleció antes de poder cumplir su proyecto de escribir una vida crítica del santo. El amigo y alumno de Denfile, Dominic Prümmer, O. P., profesor de teología en la Universidad de Friburgo, Suiza, se encargó de la obra y publicó el “Fontes Vitae S. Thomae Aquinatis, notis historicis et criticis illustrati”; y el primer fascículo (Toulouse, 1911) ya ha aparecido, dando la vida de Santo Tomás por Peter Calo (1300), publicado ahora por primera vez. Tolomeo de Lucca … dice que cuando murió el santo, se dudaba sobre su edad exacta (Prümmer, op. cit. 45). Normalmente se da el fin de 1225 como el momento de su nacimiento. El P. Prümmer, basándose en Calo, cree que 1227 es la fecha más probable (op. cit., 28). Hay un acuerdo general en que su muerte ocurrió en 1274.

Landolfo, su padre, era Conde de Aquino. Teodora, su madre, Condesa de Teano. Su familia estaba emparentada con los Emperadores Enrique VI y Federico II, y los Reyes de Aragón, Castilla y Francia. Calo cuenta que un santo ermitaño predijo su carrera, diciéndole a Teodora antes de su nacimiento: “Entrará en la Orden de los Frailes Predicadores, y su conocimiento y santidad serán tan grandes que en vida, no se encontrará nadie que le iguale”. (Prümmer, op. cit., 18). A los cinco años, según las costumbres de la época, fue enviado a recibir su primera formación con los monjes Benedictinos de Monte Casino. Diligente en sus estudios, desde muy pequeño se observó su buena disposición para la meditación y la oración, y su maestro se sorprendió al oírle preguntar repetidas veces: “¿Qué es Dios?”

Alrededor del año 1236, le enviaron a la Universidad de Nápoles. Calo dice que el traslado se hizo por iniciativa del Abad de Monte Casino, quien escribió al padre de Tomás que un chico de su talento no debe ser dejado en la sombra (Prümmer, op. cit., 20). En Nápoles, sus maestros fueron Pietro Martín y Petrus Hibernos. El cronista dice que pronto superó a Martín en gramática y fue transferido a Pedro de Irlanda quién le formó en Lógica y ciencias Naturales. Las costumbres de la época dividían Filosofía y Letras en dos cursos: el Trivium, que cubría Gramática, Lógica y Retórica; el Quadrivium, que se componía de Música, Matemática, Geometría y Astronomía… Tomás repetía las lecciones con mayor profundidad y lucidez que sus maestros. El corazón del joven se había conservado puro en medio de la corrupción que le rodeaba, y decidió abrazar la vida religiosa.

Entre 1240 y 1243 recibió el hábito de la Orden de Santo Domingo, atraído y dirigido por Juan de San Julián, un conocido predicador del convento de Nápoles. La ciudad estaba asombrada al ver a un noble joven como él tomar el hábito de un pobre fraile. Su madre, con sentimientos de alegría y tristeza a la vez, se apresuró a ir a Nápoles a ver a su hijo. Los Dominicos, temiendo que se lo llevaran, le enviaron a Roma, aunque su destino final sería París o Colonia. Teodora convenció a los hermanos de Tomás, que eran soldados del Emperador Federico, capturaron al novicio cerca del pueblo de Aquependente y le recluyeron en la fortaleza de San Juan de Rocca Secca. Allí estuvo detenido casi dos años, mientras sus padres, hermanos y hermanas hacían todo lo posible para destruir su vocación. Sus hermanos incluso tendieron trampas a su virtud, pero el puro novicio echó de la habitación a la tentadora con un tizón que sacó del fuego. Hacia el fin de su vida, Santo Tomás le confió a su fiel amigo y compañero, Reinaldo de Piperno, el secreto de un favor especial que recibió entonces. Cuando echó a la tentadora de la habitación, se arrodilló y ardientemente imploró a Dios que le concediera la integridad de mente y cuerpo. Cayó en un sueño ligero, y mientras dormía, dos ángeles se le aparecieron para asegurarle que su oración había sido escuchada. Le ciñeron un cinturón, diciendo: “Te ceñimos con el cinturón de la virginidad perpetua.” Y desde ese día en adelante jamás experimentó el más leve movimiento de la concupiscencia.

El tiempo en cautiverio no fue perdido. Su madre empezó a ceder tras los primeros impulsos de ira y tristeza; se les permitió a los Dominicos proporcionarle nuevos hábitos, y con la ayuda de su hermana obtuvo algunos libros –las Sagradas Escrituras, la Metafísica de Aristóteles y las “Sentencias” de Pedro Lombardo. Tras año y medio o dos en prisión, sea porque su madre se dio cuenta de que la profecía del ermitaño se cumpliría o bien porque sus hermanos temían las amenazas de Inocencio IV y Federico II, fue puesto en libertad bajándolo en un cesto a los brazos de los Dominicos que se admiraron al darse cuenta de que durante su cautiverio “había progresado tanto como si hubiera estado en un studium generale” (Calo op. cit., 24).

Tomás enseguida hizo sus votos, y sus superiores le mandaron a Roma. Inocencio IV examinó con atención los motivos que le llevaron a entrar en la Orden de Predicadores, le despidió con una bendición y prohibió cualquier interferencia en su vocación. Juan el Teutón, cuarto Maestro General de la Orden, llevó al joven estudiante a París y según la mayoría de los biógrafos del santo, a Colonia, en 1244 o 1245, a cargo de Alberto Magno, el más famoso profesor de la Orden. En las escuelas, el carácter humilde y taciturno de Tomás fue mal interpretado como indicios de retraso mental, pero cuando Alberto escuchó su brillante defensa de una difícil tesis, exclamó: “Llamamos a este joven un buey mudo, pero su mugido doctrinal un día resonará hasta los confines del mundo.”

En 1245 enviaron a Alberto a París y Tomás le acompañó como alumno. En 1248 ambos volvieron a Colonia. Alberto había sido nombrado regente del nuevo studium generale, erigido aquel año por el Capítulo General de la Orden y Tomás debía enseñar bajo su autoridad como Bachiller. (Sobre el sistema de titulación en el siglo XIII ver ORDEN DE PREDICADORES — II, A, 1, d). Durante su estancia en Colonia, probablemente en 1250, fue ordenado sacerdote por Conrado de Hochstaden, arzobispo de esa ciudad. Durante toda su vida, con frecuencia predicó la Palabra de Dios en Alemania, Francia e Italia. Sus sermones se caracterizaban por su fuerza, piedad, solidez en la enseñanza y abundantes referencias bíblicas. En 1251 o 1252, el Maestro General de la Orden, aconsejado por Alberto Magno y Hugo de San Caro, nombró a Tomás Bachiller (subregente) del studium Dominico en París. Este nombramiento puede considerarse como el principio de su vida pública, ya que su enseñanza rápidamente llamó la atención tanto de profesores como de alumnos. Sus deberes consistían principalmente en explicar las “Sentencias” de Pedro Lombardo, y sus comentarios sobre ese texto teológico le proporcionaron el material y en gran parte, en esquema general para su obra magna, la “Summa Theologica”. En el transcurso del tiempo, se le ordenó prepararse para el Doctorado de Teología por la Universidad de París, pero aplazaron la concesión del título por una disputa entre la universidad y los frailes. El conflicto, en su origen una disputa entre la universidad y las autoridades civiles, surgió tras un incidente con la guardia de la ciudad que resultó en un estudiante muerto y otros tres heridos. La universidad, celosa de su autonomía, exigía una satisfacción que le fue negada. Los doctores cerraron sus facultades, juraron solemnemente que no las abrirían hasta ver satisfechas sus demandas y decretaron que en el futuro a nadie se le conferiría el título de doctor a menos que jurase seguir la misma línea de conducta en circunstancias similares. Los Dominicos y Franciscanos, que habían seguido enseñando en sus escuelas se negaron a hacer el juramento exigido, y de aquí surgió un amargo conflicto que estaba en su punto álgido cuando Santo Tomás y San Buenaventura estaban preparados para recibir sus doctorados. Guillermo de San Amour extendió la disputa más allá del tema original, atacó violentamente a los Frailes, de los que estaba evidentemente celoso, y les negó su derecho a ocupar cátedras en la universidad. Contra su libro “De periculis novissimorum temporum” (Los peligros de los Últimos Tiempos) Santo Tomás escribió el tratado “Contra impugnantes religionem”, una apología de las órdenes religiosas (Touron op. cit., II cc. vii sqq.). El libro de Guillermo de San Amour fue condenado por Alejandro IV en Anagni, el 5 de octubre de 1256 y el Papa ordenó que los frailes mendicantes fueran admitidos al doctorado.

Por estas fechas, Santo Tomás también combatió un libro peligroso, “El Evangelio Eterno” (Touron op. cit., II, cxii). Las autoridades universitarias no obedecieron inmediatamente; fueron necesarias la influencia de San Luis IX y once Breves papales para lograr de nuevo la paz. Santo Tomás recibió su doctorado en teología. La fecha que dan la mayoría de sus biógrafos es la del 23 de octubre de 1257. Su tema fue “La Majestad de Cristo”. Su texto, “Él riega los montes desde sus aposentos: del fruto de sus obras se sacia la tierra” (Salmo 103, 13) sugerido, según se cree, por un visitante celeste, fue profético de su vida futura. La tradición cuenta que San Buenaventura y Santo Tomás recibieron el doctorado el mismo día y que hubo una “lucha” de humildad entre los dos amigos para ver quién sería nombrado primero.

Desde entonces, la vida de Tomás puede resumirse en pocas palabras, orar, predicar, enseñar, escribir, viajar. La gente deseaba más escucharle a él que a Alberto, a quien Santo Tomás superaba en precisión, lucidez, concisión y fuerza de expresión, así como en universalidad de conocimientos. París le reclamaba como suyo; los Papas deseaban tenerle junto a ellos; los studia de la Orden ansiaban disfrutar de los beneficios de su enseñanza; así, le encontramos sucesivamente en Anagni, Roma, Bolonia, Orvieto, Viterbo, Perugia y París de nuevo, y finalmente en Nápoles, siempre enseñando y escribiendo, viviendo en la tierra con una pasión, un celo ardiente por exponer y defender la verdad Cristiana. Tan dedicado estaba a su sagrada misión que con lágrimas pedía que no le obligaran a aceptar la titularidad del Arzobispado de Nápoles, que le fue conferido por Clemente IV en 1265. Si hubiese aceptado este nombramiento, muy probablemente nunca habría escrito la “Summa Theologica.”

Cediendo a las peticiones de sus hermanos, en varias ocasiones participó en las deliberaciones de los Capítulos Generales de la Orden. Uno de dichos capítulos tuvo lugar en Londres en 1263. En otro, celebrado en Valenciennes (1259) colaboró con Alberto Magno y Pedro de Tarentasia (que sería el Papa Inocencio V) a formular un sistema de estudios que substancialmente permanece hasta hoy en los studia generalia de la Orden Dominicana. (cf. Douais, op. cit.)

No sorprende leer en las biografías de Santo Tomás que frecuentemente se abstraía y quedaba en éxtasis. Hacia el final de su vida éstos momentos de éxtasis se sucedían con mayor frecuencia. Una vez en Nápoles, en 1273, tras completar su tratado sobre la Eucaristía, tres hermanos le vieron levitar en éxtasis, y oyeron una voz que venía del crucifijo del altar que decía: “Has escrito bien de mí, Tomás, ¿qué recompensa deseas?” Tomás respondió: “Nada más que a ti, Señor”. (Prümmer, op. cit., p.38). Se dice que esto se repitió en Orvieto y París.

Y el 6 de diciembre de 1273, dejó su pluma y no escribió más. Ese día, durante la Misa, experimentó un éxtasis de mucha mayor duración que la acostumbrada; sobre lo que le fue revelado sólo podemos conjeturar por su respuesta al Padre Reinaldo, que le animaba a continuar sus escritos: “No puedo hacer más. Se me han revelado tales secretos que todo lo que he escrito hasta ahora parece que no vale para nada” (modica, Prümmer, op. cit., p. 43). La Summa Theologica había sido terminada solo hasta la pregunta 90 de la tercera parte (De partibus poenitentiae).

Tomás comenzó su preparación inmediata para la muerte. Gregorio X, habiendo convocado un concilio general a celebrar en Lyon el primero de mayo de 1274, invitó a Santo Tomás y San Buenaventura a participar en las deliberaciones, ordenó al primero traer al concilio su tratado “Contra errores Graecorum” (Contra los Errores de los Griegos). Intentó obedecer y salió a pie en enero de 1274, pero le fallaron las fuerzas; cayó desplomado cerca de Terracina, desde donde le llevaron al Castillo de Maienza, hogar de su sobrina la Condesa Francesca Ceccano. Los monjes cistercienses de Fossa Nuova, insistieron para que se alojara con ellos, y así fue trasladado a su monasterio, y al entrar, le susurró a su compañero: “Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré porque lo deseo” (Salmo 131:14). Cuando el P. Reinaldo le pidió que se quedase en el castillo, el santo replicó: “Si el Señor desea llevarme consigo, será mejor que me encuentre entre religiosos que entre laicos”. Los Cistercienses le brindaron tantas atenciones y bondad, que abrumaron el sentido de humildad de Tomás. “¿A qué viene tanto honor”, exclamó, “que siervos de Dios lleven la leña para mi hoguera?” Ante la insistencia de los monjes, el santo dictó un breve comentario sobre el Cantar de los Cantares.

El final se acercaba; se le administró la Extremaunción. Cuando entraron con el Sagrado Viático a su habitación, pronunció el siguiente acto de fe:

Si en este mundo hubiese algún conocimiento de este sacramento mas fuerte que el de la fe, deseo ahora usarlo en afirmar que creo firmemente y sé de cierto que Jesucristo, Dios Verdadero y Hombre Verdadero, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María está en este Sacramento… Te recibo a Ti, el precio de mi redención, por cuyo amor he velado, estudiado y trabajado. A Ti he predicado, a Ti he enseñado. Nunca he dicho nada en Tu contra: si dije algo mal, es sólo culpa de mi ignorancia. Tampoco quiero ser obstinado en mis opiniones, así que someto todas ellas al juicio y enmienda de la Santa Iglesia Romana, en cuya obediencia ahora dejo esta vida.

Murió el 7 de marzo de 1274. Numerosos milagros atestiguaron su santidad. Fue canonizado por Juan XXII, el 18 de julio de 1323. Los monjes de Fossa Nuova querían a toda costa quedarse con sus sagrados restos, pero Urbano V ordenó que el cuerpo fuera entregado a sus hermanos Dominicos, siendo trasladado solemnemente a la iglesia Dominica de Toulouse, el 28 de enero de 1369. La magnífica capilla erigida en 1628 fue destruida durante la revolución francesa y su cuerpo trasladado a la iglesia de San Sernin, donde reposa hasta el día de hoy en un sarcófago de oro y plata, que fue solemnemente bendecido por el Cardenal Desprez el 24 de julio de 1878. El hueso mayor de su brazo izquierdo se conserva en la catedral de Nápoles. El brazo derecho, donado a la Universidad de París y originalmente conservado en la Capilla de Santo Tomás de la iglesia Dominicana, se guarda actualmente en la iglesia Dominicana de Santa María sopra Minerva en Roma a donde llegó tras la revolución francesa.

Calo (Prümmer, op. cit., p. 401) dio una descripción de la apariencia del santo: dice que sus rasgos se correspondían con la grandeza de su alma. Era alto y corpulento, erguido y bien proporcionado. Su tez era “como el color del trigo nuevo”; su cabeza era grande y bien formada, y era algo calvo. Todos los retratos lo representan con porte noble, meditativo, dulce y a la vez fuerte. San Pío V proclamó a Santo Tomás Doctor de la Iglesia en 1567. En la Encíclica “Aeterni Patris” del 4 de agosto de 1879 sobre la restauración de la filosofía cristiana, León XIII le declaró “príncipe y maestro de todos los doctores escolásticos”. El mismo ilustre pontífice, mediante una Breve del 4 de agosto de 1880, le designó patrono de todas las universidades, academias y escuelas católicas de todo el mundo.

II. Escritos

A. Comentarios Generales

Aunque Santo Tomás vivió menos de cincuenta años, escribió más de sesenta obras, algunas cortas, otras muy largas. Esto no significa que toda la producción auténtica haya sido escrita directamente a mano; le ayudaron secretarios, y sus biógrafos aseguran que podía dictar a varios escribientes a la vez. Le han sido falsamente atribuidas otras obras, que fueron en realidad escritas por sus discípulos.

En “Scriptores Ordinis Praedicatorum” (París 1719) el P. Echard dedica ochenta y seis folios a la obra de Santo Tomás, las diversas ediciones y traducciones (I, pp. 282-348) Touron (op. cit., pp. 69 sqq.) dice que se encontraron copias manuscritas en casi todas las bibliotecas de Europa, y que tras la invención de la prensa, se multiplicaron las ediciones en Alemania, Francia e Italia, siendo la “Summa Theologica” una de las primeras obras importantes impresas. Peter Schoeffer, editor de Mainz, publicó “Secunda Secundae” en 1467. Esta es la primera copia impresa conocida de las obras de Santo Tomás. La primera edición completa de la “Summa” fue editada en Basilea, en 1485. Muchas otras ediciones de ésta y otras obras salieron a la luz en los siglos XVI y XVII, especialmente en Venecia y Lyon. Las ediciones principales de la Obra Completa (Opera Omnia) son: Roma, 1570, Venecia, 1594, 1612, 1745; Amberes, 1612; París, 1660, 1871-80 (Vives); Parma, 1852-73; Roma 1882 (la Leonina). La edición romana de 1570, llamada “la Piana” llamada así por Pío V, quien la mandó editar, fue la norma durante muchos años. Además de un texto cuidadosamente revisado, contenía los comentarios del Cardenal Cayetano y la valiosa “Tabula Aurea” de Pedro de Bergamo. La edición veneciana de 1612 fue muy estimada porque el texto iba acompañado de los comentarios “Cayetano-Porrecta”… La edición Leonina, comenzada baja el patrocinio de León XIII, continuaría entonces bajo el Maestro General de los Dominicos, sin duda la más perfecta de todas. Se insertarían comentarios críticos de cada sección, se emprendería una revisión muy cuidadosa del texto y se comprobarían todas las referencias. Por orden de León XIII (Motu Proprio del 18 de enero de 1880) la “Summa contra gentiles” se editaría con los comentarios de Silvestre Ferrariensis, mientras que los comentarios de Cayetano van con la “Summa Theologica”.

Esta última obra se ha publicado, siendo los volúmenes IV-XII de la edición (el último en 1906). La obra de Santo Tomás puede clasificarse como filosófica, teológica, escriturística y apologética. Esta división, sin embargo, no siempre se mantiene. La “Summa Theologica”, por ejemplo, contiene mucha filosofía, mientras que la “Summa contra Gentiles” es principalmente, aunque no exclusivamente, filosófica y apologética. Sus obras filosóficas son principalmente comentarios a Aristóteles y sus primeros escritos teológicos fueron comentarios de los cuatro primeros libros de “Sentencias” de Pedro Lombardo. Pero no sigue servilmente ni al Filósofo, ni al Maestro de las Sentencias (para comentarios sobre el Lombardo rechazado por los teólogos, véase Migne, 1841, edición de la “Summa Theologica” I, p. 451).

B. Sus obras principales en detalle

Entre las obras que muestran la personalidad y método de Santo Tomás, las siguientes merecen destacada atención:

(1) “Quaestiones disputatae” (Cuestiones Disputadas): Tratados más completos sobre temas que no quedaron lo bastante claros en sus conferencias y clases y sobre los cuales había recibido preguntas solicitando su opinión. Son valiosos porque en ellos, el autor, libre de los límites del tiempo y espacio, se expresa libremente y proporciona todos los argumentos, en pro y en contra de las opiniones en cuestión. Estos tratados, que contienen las Cuestiones “De potentia”, “De malo”, “De spirit. creaturis”, “De anima”, “De unione Verbi Incarnati”, “De virt. in communi”, “De caritate”, “De corr. fraterna”, “De spe”, “De virt. cardinal.”, “De veritate”, fueron editadas a menudo, por ejemplo, recientemente por la Asociación de San Pablo (2 volúmenes, París y Friburgo, Suiza, 1883).

(2) “Quodlibeta” (Temas Varios) presenta cuestiones o argumentos propuestos y sus respuestas, dadas dentro o fuera de las salas de conferencias, principalmente en los ejercicios escolásticos más formales, denominados “circuli”, “conclusiones” o “determinationes”, que tenían lugar una o dos veces al año.

(3) “De unitate intellectus contra Averroístas”: Este opúsculo refuta un error muy peligroso y difundido, a saber, que existía una sola alma para todos los hombres, una teoría que eliminaba la libertad y responsabilidad individual. (Ver AVERROES)

(4) “Commentaria in Libros Sententiarum” (antes mencionado): Esta y la obra siguiente fueron los predecesores inmediatos de la “Summa Theologica”.

(5) “Summa de veritate catholicae fidei contra gentiles” (Tratado sobre la Verdad de la Fe Católica contra los Infieles): Este obra escrita en Roma, entre 1261 y 1264, la compuso bajo demanda de San Raimundo de Peñafort, que quería una exposición filosófica y defensa de la Fe Cristiana, para utilizarla contra los Judíos y Moros en España. Es un modelo perfecto de apologética sólida y paciente, en la que prueba que ninguna verdad demostrable (ciencia) se opone a la verdad revelada (fe). Las mejores ediciones recientes son la de Roma 1878 (de Ucelli), la de París y Friburgo, Suiza, 1882, y la de Roma de 1894. Se ha traducido a muchos idiomas. Se divide en 4 libros: I. De Dios como es en Sí mismo; II. De Dios y el Origen de las Criaturas; III. De Dios y el Fin de las Criaturas; IV. De Dios en Su Revelación. Es digno de mención que los Padres del Concilio Vaticano, tratando sobre la necesidad de la revelación (Coast. “Dei Filius”, c. 2) emplearon casi las mismas palabras de Santo Tomás escritas por el Santo en esta obra (I, cc. iv, V) y en la “Summa Theologica” (I, Q. i. a. 1).

(6) Tres obras escritas por orden de Urbano IV

El “Opusculum contra errores Graecorum” refutaba los errores de los griegos sobre doctrinas en disputa entre ellos y la Iglesia Romana, tales como la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, el primado del Romano Pontífice, la Sagrada Eucaristía y el Purgatorio. Se utilizó contra los griegos con gran efecto en el Concilio de Lyon (1274) y en el Concilio de Florencia (1493). En el ámbito de los razonamientos humanos sobre temas profundos, no puede encontrarse algo tan sublime como el argumento aducido por Santo Tomás para demostrar que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (cf. Summa Theol., I, Q. xxxvi, a. 2); pero recuérdese que nuestra fe no depende solamente de este razonamiento.

“Officium de festo Corporis Christi”. Mandonnet (Ecrits, p. 127) declara que es sin duda seguro que Santo Tomás es el autor del bello Oficio del Corpus Christi, en el que se combina la firme doctrina, la sentida piedad e instructivas citas de las Escrituras, expresado todo ello en un lenguaje de gran precisión, belleza, pureza y poesía. Aquí encontramos los conocidos himnos “Sacris Solemniis”, “Pange Lingua” (que concluye con el “Tantum Ergo”), “Verbum Supernum (que concluye con el “O Salutaris Hostia”) y en la Misa, la bella secuencia “Lauda Sion”. En los responsos del Oficio, Santo Tomás pone palabras del Nuevo Testamento que afirman la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento junto a textos del Antiguo Testamento que prefiguran ya la Eucaristía. Santeuil, un poeta del siglo XVII, dijo que daría todos sus versos por una estrofa del “Verbum Supernum”. “Se nascens dedit sociu, convescen in edulium: Se moriens in pretium, Se regnans dat in praemium”: “Del hombre naciendo fue su compañero, en la mesa su alimento, muriendo su Redentor y en el Reino su premio”. Quizás la joya del Oficio es la antífona “O Sacrum Convivium” (véase Conway, “St. Thomas Aquinas”, Londres y Nueva York, 1911, p. 61). Con “Catena Aurea”, aunque no alcanza la originalidad de sus otras obras, demuestra su íntimo conocimiento de los Padres de la Iglesia. La obra contiene una serie de pasajes seleccionados de los escritos de los varios Padres, ordenados de tal manera que los textos encadenados forman un comentario coherente al Evangelio. El comentario sobre San Mateo lo dedicó a Urbano IV. Hubo una traducción al inglés editada por John Henry Newman (4 vols., Oxford 1841-1845; véase Vaughan, op. cit., vol.II, pp. 529 sqq.)

(7) “Summa Theologica”. Esta obra inmortalizó a Santo Tomás. El autor mismo la consideraba sencillamente un manual de la doctrina Cristiana para estudiantes. En realidad es una completa exposición, ordenada con criterio científico de la Teología y a la vez un sumario de la Filosofía Cristiana. …. En el breve prólogo, Santo Tomás destaca las dificultades experimentadas por los estudiantes de la doctrina sagrada en su tiempo, citando como causas: la proliferación de cuestiones, artículos y argumentos inútiles; la falta de un orden científico; frecuentes repeticiones, “que engendran disgusto y confusión en la mente de los alumnos”. Entonces añade: “con ánimo de evitar estas dificultades, intentaremos, confiando en la ayuda Divina, tratar sobre cosas que pertenezcan a la sagrada doctrina de manera tan concisa y clara como la complejidad del tema permita.” En la cuestión introductoria “De la Doctrina Sagrada”, demuestra que además del conocimiento que proporciona la razón, la Revelación es necesaria también para salvarse, primero porque sin ella, el hombre no puede conocer el fin sobrenatural al que deben tender por sus actos voluntarios y segundo, porque sin la Revelación, incluso las verdades sobre Dios que pueden demostrarse con la razón serían conocidas “sólo por unos pocos, tras mucho tiempo, y con gran cantidad de errores”. Cuando se han aceptado las verdades reveladas, la mente del hombre puede explicarlas y sacar conclusiones de ellas. De aquí nace la Teología, que es una ciencia, porque procede de principios ciertos (a. 2). El objeto o el sujeto de esta ciencia es Dios; lo demás se considera sólo en cuanto a su relación con Dios (a. 7). La razón se usa en Teología no para demostrar las verdades de la fe, que se aceptan por autoridad divina, sino para defender, explicar y desarrollar las doctrinas reveladas (a. 8). Así, anuncia la división de la “Summa”: “Ya que el fin de esta sagrada ciencia es proporcionar el conocimiento de Dios, no solo como Él es en sí mismo, sino como el Principio y el Fin de todo, especialmente de las criaturas racionales, trataremos primero de Dios; en segundo lugar del progreso de la criatura racional hacia Dios (de motu creaturae rationalis in Deum); en tercer lugar de Cristo, quien como Hombre es el camino mediante el cual tendemos a Dios.” Dios en sí mismo, como Creador, como el Fin de todas las cosas, en especial del hombre; Dios como el Redentor: éstas son las principales ideas, las grandes categorías, bajo las que se contiene todo lo que es la Teología.

(a) Subdivisiones

La Primera Parte se divide en tres tratados: [alpha] De aquellas cosas que pertenecen a la Esencia de Dios; [beta] De la distinción de Personas en Dios (el misterio de la Trinidad); [gamma] De la producción de la criaturas por Dios y de las criaturas por Él producidas.

La Segunda Parte, De Dios en Sí mismo como Fin del hombre, se denomina a veces “la Teología Moral de Santo Tomás, es decir, su tratado sobre el fin del hombre y sobre los actos humanos. Se subdivide en dos partes, conocidas como la Primera Sección de la Segunda (I-II, o 1a 2ae) y la Segunda de la Segunda (II-II, o 2a 2ae.)

La Primera de la Segunda. Las cinco primeras cuestiones se dedican a demostrar que el último fin del hombre, su beatitud, consiste en la posesión de Dios. El hombre puede alcanzar o desviarse de ese fin mediante sus actos propiamente humanos, es decir, mediante actos libres y deliberados. Sobre los actos humanos trata primero, de manera general (en todas excepto las primeras cinco cuestiones de la I-II), en segundo lugar, en detalle (en toda la II-II). El tratado sobre los actos humanos en general se divide en dos partes: la primera, sobre los actos humanos en sí mismos; la otra sobre los principios o causas, extrínsecas o intrínsecas de esos actos. En estos tratados y en la Segunda de la Segunda, Santo Tomás, siguiendo a Aristóteles, ofrece una perfecta descripción y un análisis maravillosamente penetrante de los movimientos de la mente y el corazón del hombre.

La Segunda de la Segunda, considera los actos humanos, es decir, las virtudes y los vicios, en particular. En ella, Santo Tomás trata primero sobre aquellas cosas que afectan a todos los hombres, sea cual sea su estado social, y después sobre aquellas cosas que afectan sólo a algunos. Lo que afecta a todos se reduce a siete apartados: Fe, Esperanza y Caridad; Prudencia, Justicia, Fortaleza, y Templanza. En cada apartado, para evitar repeticiones, Santo Tomás trata no solo de la virtud misma, sino de los vicios opuestos a ella, los mandamientos para practicarla, y del don del Espíritu Santo que le corresponde. Lo que afecta a algunos solamente, se reducen a tres apartados: las gracias dadas libremente (gratia gratis datae) a ciertos individuos para el bien de la Iglesia, tales como el don de lenguas, de profecía o de milagros; la vida activa y la contemplativa; los estados de la vida y los deberes de cada estado, sobre todo de obispos y religiosos.

La Tercera Parte trata de Cristo y de los beneficios que ha dado al hombre, de ahí, tres tratados: De la Encarnación, y sobre lo que el Salvador hizo y padeció; De los Sacramentos, instituidos por Cristo y que derivan su eficacia de Sus méritos y sufrimientos; De la Vida Eterna, es decir, del fin del mundo, la resurrección de los muertos, el juicio, el castigo de los malos, la felicidad de los justos que mediante Cristo alcanzan la vida eterna en el cielo. Tardó ocho años en escribir la obra, que comenzó en Roma, donde escribió la Primera y la Primera de la Segunda Parte (1265-69). La Segunda de la Segunda, la comenzó en Roma y la acabó en París (1271). En 1272 Santo Tomás viajó a Nápoles, donde escribió la Tercera Parte hasta la cuestión 90 del tratado De la Penitencia (ver edición Leonina, I, p. xlii). La obra se ha “terminado” añadiendo un suplemento, basado en otros escritos de Santo Tomás, atribuidos en algunos casos a Pedro de Auvergne, en otros a Enrique de Gorkum. Atribuciones que son rechazadas por los editores de la edición Leonina (XI, pp. viii, xiv, xvii). Mandonnet (op. cit., 153) favorece la muy probable opinión que fue recopilado por el P. Reinaldo de Piperno, el fiel compañero y secretario del santo. La “Summa” contiene 38 Tratados, 612 Cuestiones, subdivididas en 3120 artículos, en los que se proponen y responden 10.000 objeciones. El orden prometido está tan perfectamente conseguido, que refiriéndose al comienzo de los Tratados y Cuestiones, se puede ver enseguida qué lugar ocupa en el plan general, que comprende todo aquello que es posible saber mediante la teología, sobre Dios, sobre el hombre y de su mutua relación… “Toda la Summa va ordenada según un plan uniforme. Cada tema se presenta como una cuestión y se divide en artículos… Cada artículo tiene también una disposición uniforme de partes. El tema se presenta como una pregunta para ser discutida, bajo el término Utrum, “Es que…”, por ejemplo, ¿Utrum Deus sit? Entonces, se presentan las objeciones contra la tesis propuesta. Son generalmente tres o cuatro en número, pero a veces se extienden a siete o más. La conclusión adoptada se presenta entonces con las palabras Respondeo dicendum. Al final de la tesis expuesta, se responden las objeciones, bajo las formas ad primum, ad secundum, etc.”… La Summa es doctrina Cristiana en forma científica; es la razón humana rindiendo el máximo servicio en la defensa y explicación de las verdades de la religión cristiana. Es la respuesta del maduro y santo doctor a la pregunta de su juventud: ¿Qué es Dios? La Revelación, conocida por las Escrituras y la Tradición; la razón y sus mejores logros; la solidez y plenitud de la doctrina; el orden, concisión y claridad de expresión, la abnegación, el amor de la verdad sola, de lo que se sigue una sorprendente equidad hacia los adversarios y una gran tranquilidad al combatir sus errores; sobriedad y firmeza de juicio, junto a una piedad abundante en ternura y claridad – todo ello se encuentra en esta “Summa” más que en sus otras obras, más que en las obras de sus contemporáneos, porque “entre los doctores escolásticos, destaca por encima de todos su jefe y maestro Tomás de Aquino, que como dice Cayetano (In 2am 2ae, Q 148, a. 4) ‘porque veneró los antiguos doctores de la Iglesia, parece haber heredado de alguna manera el intelecto de todos ellos’” (Encíclica “Aeterni Patris” de León XIII).

(b) Ediciones y Traducciones

Es imposible enumerar las varias ediciones de la “Summa”, que se han usado constantemente durante más de setecientos años. Muy pocos libros han tenido tantas reediciones. A la primera edición completa, impresa en Basilea en 1485, pronto le siguieron otros, por ejemplo, Venecia 1505, 1509, 1588, 1594; Lyon 1520, 1541, 1547, 1548, 1581, 1588, 1624, 1655; Amberes 1575. Estas se enumeran en Touron op. cit., p. 692, donde dice que a la vez otras ediciones salieron en Roma Amberes, Rouen, París, Douai, Colonia, Ámsterdam, Bolonia, etc. Los editores de la edición Leonina estiman dignas de mención las de París 1617, 1638, 1648; Lyon 1663, 1677, 1686; y una edición Romana de 1773 (IV, pp. xi, xii). De todas las ediciones antiguas consideran las más exactas las de Padua, 1698 y 1712, así como las Veneciana de 1755. De las más recientes, las mejores son: la Leonina, las Migne (París 1841 y 1877); el primer volumen de la edición de 1841 que contiene el “Libri quatour sententiarum” de Pedro Lombardo; la muy práctica edición de Faucher (5 tomos, tamaño cuartilla, París 1887), dedicada al Cardenal Pecci, enriquecida con valiosas notas; una edición Romana de 1894. La “Summa” ha sido traducida también a muchos idiomas modernos.

(C) Método y Estilo de Santo Tomás.

No es posible expresar el método tomista en una palabra, si no es con la palabra “ecléctico”. Es Aristotélico, Platónico y Socrático; es inductivo y deductivo; es analítico y sintético. Tomó lo mejor que encontró en aquellos que le precedieron, separando la paja del grano, aprobando lo cierto, rechazando lo falso. Su poder de síntesis era extraordinario. Ningún escritor le superó en la facultad de expresar en pocas, pero bien escogidas palabras la verdad recogida de una multitud de opiniones diversas y antagónicas; y en casi cada caso, el estudiante puede ver la verdad y quedarse perfectamente satisfecho con los sumarios y afirmaciones del santo. No es que quiera que sus estudiantes crean sin más la palabra del maestro. En filosofía, los argumentos basados en la autoridad son de importancia secundaria; la filosofía no consiste en saber lo que han dicho los hombres, sino en saber la verdad (In I lib. de Coelo, lect xxii; II Sent., D. xiv, a. 2 ad lum). Le da el lugar que le corresponde a la razón en la teología (véase más adelante, Influencia de Santo Tomás), pero la mantiene dentro de sus propios límites. Contra los Tradicionalistas la Santa Sede ha declarado que el método de Santo Tomás y San Buenaventura no lleva al Racionalismo (Denzinger-Bannwart, n 1652). Aunque no fue tan original al investigar la naturaleza como Alberto Magno y Roger Bacon, era un adelantado a su tiempo en la ciencia, y muchas de sus opiniones son de valor científico incluso en el siglo veinte. Veamos por ejemplo, lo siguiente: “En la misma planta hay una virtud doble, activa y pasiva, aunque algunas veces la activa se encuentra en una y la pasiva en otra, así que una planta dícese ser masculina y la otra femenina” (3 Sent., D. III Q ii, a 1).

El estilo de Santo Tomás es un término medio entre la ruda expresividad de algunos Escolásticos y la fastidiosa elegancia de Juan de Salisbury; es destacable por su exactitud, brevedad y plenitud. El Papa Inocencio VI (citado en la Enc. “Aeterni Patris” de León XIII) declaró que con la excepción de los escritos canónicos, las obras de Santo Tomás superan a todas las demás en “exactitud en su expresión y veracidad en sus afirmaciones” (habet proprietatem verborum, modum dicendorum, veritatem sententiarum). Los grandes oradores, como Boussuet, Lacordaire, Monsabre, han estudiado su estilo, y han sido influenciados por él, pero no han sido capaces de reproducirlo. Lo mismo es cierto de los escritores teológicos. Cayetano conocía el estilo de Santo Tomás mejor que ninguno de sus discípulos, pero éste no alcanza a su gran maestro en la claridad y exactitud de expresión, en la sobriedad y la solidez de sus juicios. Santo Tomás no logró esta perfección sin esfuerzo. Aunque era un genio singular, también era un trabajador infatigable, que con la práctica continua alcanzó el singular grado de perfección en el arte de escribir, en la que el “arte” desaparece. “El manuscrito del autor de la Summa Contra Gentiles existe todavía casi en su totalidad. Se encuentra en la Biblioteca Vaticana. El manuscrito es de tiras de pergamino de diversos matices de color, cubiertos por una antigua tapa también de pergamino a la que las páginas iban cosidas originalmente. La escritura es a dos columnas y difícil de descifrar, llena de abreviaturas, a menudo convirtiéndose en una especie de taquigrafía. Muchos pasajes están tachados.” (Rickaby, op. cit., prefacio, ver Ucelli ed., “Sum. coat. gent.” Roma, 1878).

III. Influencias recibidas por Santo Tomás

¿Cómo se formó este genio? Las causas que ejercieron su influencia en Santo Tomás fueron de dos clases: naturales y sobrenaturales.

A. Causas Naturales

(1) Como fundamento, “era un niño listo, y había recibido un buen corazón” (Sabiduría, 8, 19). Desde el principio se manifestó su precocidad, talento y carácter pensativo, siempre por delante de su edad.

(2) Su educación fue tal que se podían esperar grandes cosas de él. Su formación en Monte Casino, Nápoles, París y Colonia fue la mejor que el siglo trece podía ofrecer, siendo ese siglo la edad dorada de la educación. Es evidente que ofreció excelentes oportunidades para formar grandes filósofos y teólogos, como prueba recordemos el carácter de los contemporáneos de Santo Tomás , Alejandro de Hales, Alberto Magno, San Buenaventura, San Raimundo de Peñafort, Roger Bacon, Hugo de S. Caro, Vicente de Beauvais, y muchos más. Esto demuestra que eran días de auténticos estudiosos y sabios (véase Walsh, “The Thirteenth Greatest of Centuries” Nueva York, 1907). Los profesores de Santo Tomás fueron los de Monte Casino y Nápoles, pero entre ellos destaca Alberto Magno, con el que estudió en París y Colonia.

(3) Los libros que más le influyeron fueron la Biblia, los Decretos de los concilios y los Papas, las obras de los Padres, griegos y latinos, especialmente San Agustín, las “Sentencias” de Pedro Lombardo, los escritos de los filósofos, especialmente de Platón, Aristóteles y Boecio. Si de entre ellos destaca alguno, son sin duda Aristóteles, San Agustín y Pedro Lombardo. En otro sentido, sus escritos fueron influenciados por Averroes, el principal oponente a combatir para defender al auténtico Aristóteles.

(4) Recordemos que Santo Tomás poseía la bendición de una extraordinaria memoria y gran poder retentivo. El P. Daniel d’Agusta una vez le insistió para que dijera cuál consideraba la mayor gracia que había recibido, exceptuando, naturalmente la gracia santificante. “Creo que haber entendido todo aquello que he leído”, contestó Santo Tomás. San Antonino declaró que “recordaba todo lo que leía y que su mente era como una enorme biblioteca” (ver Drane op. cit., p. 427; Vaughan op. cit., II p 567). La relación de los textos bíblicos citados en la Summa Theologica llena ochenta columnas con letra pequeña en la edición de Migne, y muchos suponen no sin razón que se había aprendido de memoria la Biblia entera mientras estaba en la cárcel en el Castillo de San Giovanni. Como Santo Domingo, amaba de manera especial las Epístolas de san Pablo, de las que escribió comentarios (edición en 2 volúmenes de Torino, 1891).

(5) Un profundo respeto por la Fe, transmitida por la Tradición, caracteriza toda su obra. La práctica de la Iglesia (consuetudo ecclesiae) debe prevalecer sobre la autoridad de cualquier doctor (II-II Q x a 12). En la “Summa” cita 19 concilios, 41 Papas y 52 Padres de la Iglesia. Un somero conocimiento de su obra mostrará que entre los Padres, su favorito era San Agustín (sobre los Padres Griegos, ver Vaughan op. cit., II cc iii sqq).

(6) Como San Agustín, (II De doctr. Christ. c. xl), Santo Tomás mantenía que debemos tomar lo que haya de verdad de las obras de los filósofos paganos, en calidad de “injustos poseedores” y adaptarlo a las enseñanzas de la religión verdadera (Summa Theologica I, Q. lxxxiv a 5). Solo en la “Summa” cita de las obras de 46 filósofos y poetas, siendo sus autores favoritos Aristóteles, Platón y entre los autores cristianos, Boecio. De Aristóteles, aprendió ese amor por el orden y la exactitud de expresión que caracteriza su propia obra. De Boecio aprendió que se podían usar los escritos de Aristóteles sin causar detrimento al Cristianismo. Sin embargo, no siguió el vano intento de Boecio de reconciliar a Platón con Aristóteles. En general, el Estagirita fue su maestro, pera la elevación y grandeza de los conceptos de Santo Tomás y la majestuosa dignidad de su método hablan con gran fuerza del sublime Platón.

B. Causas Sobrenaturales

Incluso si no aceptamos literalmente la declaración de Juan XXII de que Santo Tomás realizó tantos milagros como artículos hay en la “Summa”, hemos de buscar más allá de las causas naturales para intentar explicar su extraordinaria carrera y maravillosos escritos.

(1) La pureza de mente y cuerpo contribuyen en gran medida a la claridad de visión (véase Santo Tomás , Comentarios sobre 1 Corintios, c.vii, Lección v). Mediante el don de la pureza, concedido milagrosamente en el episodio del cinturón místico, Dios hizo angélica la vida de Tomás; la perspicacia y hondura de su intelecto, con la ayuda de la gracia, le hizo el “Doctor Angélico”.

(2) El espíritu de oración, su gran piedad y devoción, atrajeron las bendiciones del cielo a sus estudios. Explicando por qué leía diariamente fragmentos de las “Conferencias” de Casiano, dijo: “En estas lecturas encuentro la devoción, mediante la cual asciendo rápidamente a la contemplación”. (Prümmer, op. cit., p. 32). En la lectura del Oficio Divino correspondiente a su festividad, se dice que nunca empezaba a estudiar sin invocar la ayuda de Dios en oración; y que cuando luchaba por entender oscuros pasajes bíblicos, añadía el ayuno a la oración.

(3) Testimonios de quienes le conocieron en vida o escribieron en el momento de su canonización, demuestran que recibió ayuda celestial. Declaró al P. Reinaldo que había aprendido más en oración y contemplación que de hombres y libros (Prümmer, op. cit., p. 36). Los mismos autores cuentan sobre ciertos misteriosos visitantes que le animaban e iluminaban. Se le apareció la Santísima Virgen para asegurarle que sus escritos eran aceptables ante Dios, y que se le concedería perseverar en su santa vocación. San Pedro y San Pablo vinieron a ayudarle a interpretar un difícil pasaje de Isaías. Cuando su humildad le hizo considerarse indigno del doctorado, un venerable religioso de su orden, (se cree que fue Santo Domingo) se le apareció para animarle y sugerirle el texto de su discurso de apertura (Prümmer op. cit., 29, 37; Tocco en “Acta SS.”, VII Mar.; Vaughan, op. cit., , II 91). Ya se han mencionado sus estados de éxtasis. Todos sus biógrafos relatan sus abstracciones en presencia del Rey Luis IX (San Luis) y de distinguidos personajes. De manera que incluso si admitimos un excesivo entusiasmo por parte de sus admiradores, hemos de concluir que su extraordinaria sabiduría no puede atribuirse meramente a causas naturales. Puede decirse que trabajó como si todo dependiera de sus propias fuerzas y oró como si todo dependiera de Dios.

IV. La influencia de Santo Tomás

A. Influencia en la Santidad

Los grandes Escolásticos eran hombres santos y sabios. Alejandro de Hales, San Alberto Magno, Santo Tomás y San Buenaventura demuestran que la sabiduría no seca necesariamente la devoción. El angélico Tomás y el seráfico Buenaventura representan los máximos ejemplos de la sabiduría Cristiana, combinando unos conocimientos eminentes con una santidad heroica. El Cardenal Bessarion llamó a Santo Tomás “el sabio más santo y el santo más sabio”. En sus obras alienta el espíritu de Dios, una tierna e iluminada piedad, basada en sólidos cimientos, es decir, en el conocimiento de Dios, de Cristo y del hombre. La Summa Theologica es un manual de piedad así como un texto teológico. (Ver Drane op. cit., p. 446). San Francisco de Sales, San Felipe Neri, San Carlos Borromeo, San Vicente Ferrer, San Pío V, San Antonino continuamente estudiaban a Santo Tomás . Nada más inspirado que sus tratados sobre Cristo, en su Sagrada Humanidad, en su Vida y sufrimientos. Su tratado sobre los sacramentos, especialmente los de la Penitencia y la Eucaristía, son capaces de derretir los corazones más endurecidos. Se esfuerza por explicar los diversos ritos de la Misa (“De Ritu Eucharistiae” en Summa Theologica III Q lxxxiii). Ningún autor ha expuesto con mayor claridad los efectos que produce en el alma humana este Pan celestial (ibid. Q lxxix). La Comunión frecuente, recomendada recientemente por Pío X (“Sacra Trid. Synodus”, 1905) se encuentran ya en Santo Tomás (Q lxxix a. 8; Q lxxx a. 10), aunque no sea tan explícito sobre este tema como lo es con la Comunión de niños. En el Decreto “Quam singulari” (1910) el papa cita a Santo Tomás que enseña que cuando el niño comienza a tener uso de razón, para que pueda desarrollar la devoción al Santísimo Sacramento, se les puede permitir comulgar (Q lxxx a. 9 ad 3um). Los aspectos espirituales y devocionales de la teología de Santo Tomás han sido destacados por el P. Contenson, O.P., en su “Teología mentis et cordis”. Se desarrollan más en la obra del P. Vallgornera O.P., en Teología Mystica D. Thomae, donde el autor conduce el alma a Dios a través de las vías purgativa, iluminativa y unitiva. La encíclica sobre el Espíritu Santo de León XIII se basa en gran medida en Santo Tomás , y los que han estudiado la “Prima Secundae” y la “Secunda Secundae” conocen cuán admirablemente el santo explica los dones y frutos del Espíritu Santo, así como las Bienaventuranzas y su relación con las diversas virtudes. Casi todos los buenos autores espirituales buscan en Santo Tomás las definiciones de las virtudes que ellos recomiendan.

B. Influencias en la Vida Intelectual.

Desde los días de Aristóteles, probablemente nadie ha ejercido tan poderosa influencia en el mundo del pensamiento como Santo Tomás. Su autoridad fue grande durante su vida. Los Papas, las universidades, los studia de su Orden deseaban aprovecharse de su sabiduría y prudencia. Varias de sus principales obras fueron escritas por encargo y todos buscaban su opinión. En diversas ocasiones los doctores de París le sometieron sus disputas y quedaron agradecidos de poderse dirigir por su dictamen (Vaughan op. cit., II 1 p. 544). Sus principios, dados a conocer en sus escritos, continúan ejerciendo su influencia hasta el día de hoy. Este tema no puede ser considerado en todos sus aspectos, ni sería necesario hacerlo. Su influencia en temas puramente filosóficos se explica en obras sobre la historia de la filosofía. (Los teólogos que siguieron a Santo Tomás se mencionan en TOMISMO. Ver también ORDEN DE PREDICADORES II, A, 2, d.) Su capital importancia e influencia puede explicarse si lo consideramos como el Aristóteles Cristiano, combinando en su persona lo mejor que el mundo ha conocido en filosofía y teología. Es en esta luz que León XIII le ha puesto como modelo en la famosa encíclica “Aeterni Patris”. La obra de su vida puede resumirse en dos enunciados: estableció la verdadera relación entre Fe y Razón; sistematizó la teología.

(1) Fe y Razón

Los principios de Santo Tomás sobre la relación entre Fe y Razón se proclamaron solemnemente en el Concilio Vaticano. Los capítulos 2, 3 y 4 de la Constitución “Dei Filius” tienen un enorme parecido a los escritos del Doctor Angélico. En primer lugar, la sola razón no basta para guiar a los hombres: necesitan la Revelación; hemos de distinguir cuidadosamente las verdades conocidas por la razón de las verdades más elevadas (misterios) conocidas por la Revelación. En segundo lugar, la razón y la Revelación, aunque distintas, no se oponen entre sí. En tercer lugar, la Fe preserva la razón del error; la razón debe servir a la causa de la Fe. Y en cuarto lugar, este servicio se realiza en tres formas:

– La razón debe preparar la mente humana para recibir la Fe demostrando las verdades que la Fe propone (praeambula fidei);

– La razón debe explicar y desarrollar las verdades de la Fe y exponerlas de forma científica;

– La razón debe defender las verdades reveladas por Dios Todopoderoso.

Esto es un desarrollo de la famosa frase de San Agustín (De Trin., XIV s i), en la que dice que el recto uso de la razón es “aquel que engendra…nutre, defiende y refuerza la Fe”. Estos principios los propone Santo Tomás en muchos lugares, especialmente en “In Boethium d a Trin. Proem.”, Q ii a. 1; “Sum. Cont. gent.”, I cc I iii-ix; “Summa”, I, Q. i aa. 1, 5, 8; Q xxxii, a. 1; Q I lxxxiv, a. 5. El servicio de Santo Tomás a la Fe lo resume León XIII en la encíclica “Aeterni Patris”: “Ganó esta distinción por sí mismo: que él sólo combatió victoriosamente los errores de tiempos antiguos y dio armas invencibles para vencer cualquiera que en el futuro pudieran surgir. Distinguiendo con claridad, como debe ser, la razón y la fe, preservó y consideró los derechos de cada una, tanto así que la razón remontada en las alas de Tomás puede apenas elevarse más, mientras que la fe difícilmente puede esperar mayores o más potentes auxilios de la razón que los que ya ha obtenido por medio de Tomás”. Santo Tomás no combatió enemigos imaginarios; atacaba adversarios vivos. Las obras de Aristóteles habían llegado a Francia en malas traducciones llenas de comentarios engañosos de filósofos judíos y musulmanes. Ello dio lugar a una ola de errores que tanto alarmaron las autoridades que la lectura de la Física y Metafísica de Aristóteles fue prohibida por Roberto de Courçon en 1210, siendo moderado el decreto por Gregorio IX en 1231. En la Universidad de París se introdujo subrepticiamente el espíritu insidioso de irreverencia y “Racionalismo”, representado especialmente por Abelardo y Raimundo Lullus, quienes mantenían que la razón podía conocer y demostrar todas las cosas, incluso los misterios de la Fe. Averroes propagó doctrinas peligrosas, destacando dos perniciosos errores: el primero, que en filosofía y religión, siendo dos cosas diferentes, lo que es cierto en una puede ser erróneo en la otra; y el segundo, que todos los hombres tienen una sola alma. Averroes era llamado comúnmente “El Comentador”, pero Santo Tomás dice que “era, más que un Peripatético, un corruptor de la filosofía Peripatética”. (Opuse. De unit. Intell.) Aplicando un principio de San Agustín, (véase I Q lxxxiv, a. 5) siguiendo los pasos de Alejandro de Hales y Alberto Magno, Santo Tomás decidió tomar lo verdadero de los “injustos poseedores”, para ponerlo al servicio de la religión revelada. Las objeciones contra Aristóteles cesarían si se conociese el verdadero Aristóteles; por eso su primer interés fue obtener una traducción nueva de las obras del gran filósofo. Había que purificar a Aristóteles, refutar los falsos comentaristas, de los que Averroes es el más influyente, por eso Santo Tomás continuamente se emplea en refutar sus falsas interpretaciones.

(2) La Teología Sistematizada

El próximo paso fue poner la razón al servicio de la Fe, dando forma científica a la doctrina Cristiana. La Escolástica no consiste, como algunos imaginan, en inútiles discusiones y sutilezas, sino en expresar la verdadera doctrina en lenguaje exacto, claro y conciso. En la encíclica “”Aeterni Patris”, León XIII, citando a Sixto V (Bula “Triumphantis”, de 1588) declara que mucho le debemos al uso recto de la filosofía por “esos nobles dones que hacen de la teología Escolástica tan formidable contra los enemigos de la verdad” porque “la inmediata coherencia entre causa y efecto, el orden y la disposición de un ejército disciplinado en la batalla, esas claras definiciones y distinciones, aquellos poderosos argumentos y agudas discusiones por las que la luz se distinguen de las tinieblas, lo verdadero de lo falso, exponen y desnudan las falsedades de los herejes envueltas en una nube de subterfugios y falacias”. Cuando los grandes Escolásticos escribían, había luz donde antes había tinieblas, había orden donde antes prevalecía la confusión. La obra de San Anselmo y Pedro Lombardo fue perfeccionada por los teólogos Escolásticos. Desde entonces, no se ha hecho ninguna mejora substancial en el plan y sistema de la teología, aunque el campo de la apologética de ha ensanchado, y la teología positiva ha cobrado mayor importancia.

C. Seguimiento de la Doctrina Tomista

Poco después de su muerte, los escritos de Santo Tomás eran universalmente estimados. Los Dominicos naturalmente fueron los primeros en seguir al Santo. El Capítulo General de París se 1279 prometió grandes penas para todo aquel que se atreviese a hablar irreverentemente de él o de sus obras. Los Capítulos de París de 1286, de Burdeos de 1287 y de Lucca de 1288, expresamente dispusieron que los frailes tenían que seguir la doctrina de Tomás, que en aquel momento no había sido canonizado (Const. Ord. Praed. N. 1130). La Universidad de París, coincidiendo con la muerte de Tomás, envió una misiva oficial de pésame al capítulo general de los Dominicos, diciendo que con los hermanos, la universidad expresaba su dolor por la pérdida de aquél que era como suyo propio por sus muchos títulos (véase el texto de la carta en Vaughan op. cit., II, p. 82). En la encíclica “Aeterni Patris”, León XIII menciona las Universidades de París, Salamanca, Alcalá, Douai, Toulouse, Lovaina, Padua, Bolonia, Nápoles, Coimbra, como “las sedes del conocimiento humano donde Tomás reinaba supremo, y donde las mentes de todos, maestros y discípulos, disfrutaban de una maravillosa armonía bajo la tutela y autoridad del Doctor Angélico”. A esta relación, podemos añadir Lima y Manila, Friburgo y Washington. Los seminarios y escuelas siguieron a las universidades. La “Summa” gradualmente sustituyó a las “Sentencias” como texto de teología. Las mentes se formaban según los principios de Santo Tomás; se convirtió en un gran maestro, ejerciendo una vasta influencia universal sobre las opiniones de los hombres y sus obras; porque incluso los que no adoptaban todas sus conclusiones, quedaban obligados a considerar sus opiniones. Se estima que se han escrito unos seis mil comentarios sobre la obra de Santo Tomás. Durante los últimos 600 años, se han publicado manuales de teología y filosofía, compuestos con la intención de impartir su enseñanza; traducciones, estudios o resúmenes (études), de partes de sus obras, y hasta hoy, su nombre se honra en todo el mundo (véase TOMISMO). En cada uno de los Concilios Generales que han tenido lugar después de su muerte, Santo Tomás siempre ha ocupado un lugar de honor. En el Concilio de Lyon su obra “Contra errores Graecorum” fue utilizado con gran efecto contra los Griegos. En disputas posteriores, antes y durante el Concilio de Florencia, Juan de Montenegro, el campeón de la ortodoxia Latina, encontró en Santo Tomás una fuente inagotable de argumentos irrefutables. El “Decretum pro Armenis” (Instrucción para los Armenios) emitido por la autoridad de ese concilio, está tomado casi literalmente de su tratado “De fidel articuli et septem sacramentis (véase Densinger-Bannwart n. 695). “En los Concilios de Lyon, Vienne, Florencia y el Vaticano”, escribe León XIII (encíclica “Aeterni Patris”), “casi podríase decir que Tomás participó y presidió las deliberaciones y decretos de los Padres contendiendo contra los errores de los Griegos, herejes y Racionalistas, con una fuerza invencible y con los más felices resultados. Pero la mayor y más especial gloria de Tomás, que no comparte con ningún otro Doctor Católico, es que los Padres de Trento hicieron parte del orden del cónclave poner sobre el altar, junto al códice de las Sagradas Escrituras y los Decretos de los Sumos Pontífices, la Summa de Tomás de Aquino, para buscar consejo, razones e inspiración. Mayor influencia, nadie puede tener. Antes de concluir esta sección, debemos mencionar dos libros muy conocidos y apreciados, inspirados por y basados en los escritos de Santo Tomás. El Catecismo del Concilio de Trento, compuesto por discípulos del Doctor Angélico, es en realidad un compendio de su teología, presentada en forma apropiada para uso de los párrocos. La Divina Comedia de Dante se ha llamado “la Summa de Santo Tomás en verso”, y los comentaristas hacen derivar las divisiones y descripciones de las virtudes y los vicios del gran poeta florentino a la “Secunda Secundae”.

D. Aprecio de Santo Tomás.

(1) En la Iglesia

La estima de que disfrutaba en vida no ha disminuido, sino aumentado, en el transcurso de los seis siglos transcurridos desde su muerte. El lugar que ocupa en la Iglesia lo explica el gran León XIII en la encíclica “Aeterni Patris”, en la que recomienda el estudio de la filosofía escolástica: “Es sabido que casi todos los fundadores y legisladores de órdenes religiosas ordenaron a sus frailes estudiar y hacer suyas las enseñanzas de Santo Tomás… Además de la familia Dominica, que justamente reclama como suyo a éste gran maestro, los estatutos de los Benedictinos, Carmelitas, Agustinos, Jesuitas y muchos otros, dan testimonio de su acatamiento de esta ley.” Entre los “muchos otros”, Servitas, Pasionistas, Bernabitas y Sulpicianos se han dedicado de manera especial al estudio de Santo Tomás. Las principales universidades donde Santo Tomás brillaba como gran maestro han sido enumeradas más arriba. Los doctores parisinos le llamaban estrella del alba, sol luminoso, luz de la Iglesia entera. Esteban, Obispo de París, reprendiendo a aquellos que se atrevían a atacar la doctrina de aquel “excelentísimo Doctor, el bendito Tomás”, le llama “la gran luminaria de la Iglesia Católica, la joya del sacerdocio, la flor de los doctores, el lustroso espejo de la Universidad de París” (Drane, op. cit., p. 431). En la antigua Universidad de Lovaina, los doctores tenían que descubrirse e inclinarse cuando pronunciaban el nombre de Tomás (Goudin, op. cit., p. 21).

“Los concilios ecuménicos, donde florecen las flores de todo el conocimiento terrenal, siempre han procurado honrar de manera singular a Santo Tomás (León XIII en la encíclica “Aeterni Patris”). Este tema ha sido tratado con detalle más arriba. El “Bullarium Ordinis Praedicatorum”, publicado en 1729-39, cita 38 bulas en las que 18 soberanos pontífices alabaron y recomendaron la doctrina de Santo Tomás (véase también Vaughan op. cit., II, c, ii; Berthier op. cit., pp. 7 sqq). Estas aprobaciones las repite y renueva León XIII, que pone especial énfasis en “el destacado testimonio de Inocencio VI: ‘Su enseñanza, por encima de todas, exceptuando sólo los cánones, posee tal elegancia en sus frases, un método en sus afirmaciones, una verdad en sus proposiciones, que aquellos que la siguen, nunca se desviarán del camino de la verdad, y el que se atreva a refutarla, siempre será sospechoso de error (ibid.) León XIII sobrepasó a sus predecesores en su admiración por Santo Tomás, y declaró que en sus obras se encuentra el remedio para los muchos males que afligen a nuestra sociedad (véase Berthier, op. cit., , introducción). Las Encíclicas de ese ilustre Pontífice demuestran que había estudiado las obras del Doctor Angélico. Esto es evidente en las epístolas sobre el matrimonio Cristiano, la constitución Cristiana de los Estados, la condición de las clases trabajadoras, y el estudio de la Sagrada Escritura. El Papa Pío X, en varias Epístolas, por ejemplo en “Pascendi Dominici Gregis” (septiembre 1907), insiste en observar las recomendaciones de León XIII sobre el estudio de Santo Tomás. Intentar dar los nombres de los escritores católicos que han expresado su admiración por Santo Tomás sería una tarea imposible, porque la lista incluiría a casi todos los autores de filosofía o teología desde el siglo XIII, además de cientos de autores de otros temas. En los capítulos introductorios de todo buen comentario, encontramos alabanzas y elogios. Una relación incompleta de autores que han recogido estos testimonios la da el P. Berthier (op. cit., p. 22).

(2) Fuera de la Iglesia

(a) Antiescolásticos – Algunas personas han sido y siguen siendo opuestos a todo lo que se llame Escolástica, que dicen es sinónimo de sutilezas e inútiles discusiones. Del prólogo de la “Summa” se desprende con claridad que Santo Tomás se oponía a todo lo superfluo y confuso en los estudios Escolásticos. Cuando se entiende lo que realmente significa la verdadera Escolástica, desaparecen las objeciones.

(b) Herejes y Cismáticos – “Un último triunfo se reservaba para este hombre incomparable – el obligado homenaje, las alabanzas y la admiración incluso de los mismísimos enemigos de la palabra Católico” (León XIII, ibid.). La ortodoxia de Santo Tomás atrajo sobre sí mismo el odio de todos los Griegos opuestos a la unión con Roma. Los Griegos unidos, sin embargo, admiran a Santo Tomás y estudian sus obras (véase más arriba, “Traducciones de la “Summa”). Los líderes de la revolución del siglo XVI honraron a Santo Tomás con sus ataques, en especial el mismo Lutero, con sus violentas invectivas contra el gran Doctor. Citando el alegato de Martín Bucer, “Quitad a Tomás y yo destruiré la Iglesia”, León XIII (ibid.) comenta: “La esperanza era vana, pero el testimonio tiene su valor”. Calo, Tocco, y otros biógrafos cuentan que Santo Tomás, viajando de Roma a Nápoles, convirtió a dos célebres rabinos Judíos que conoció en la casa de campo del Cardenal Richard. (Prümmer, op. cit., p. 33; Vaughan, op. cit., , I, p. 705). El Rabino Pablo de Burgos, en el siglo XV, se convirtió leyendo las obras de Santo Tomás. Teobaldo Thamer, discípulo de Melanchton, abjuró de su herejía tras haber leído la “Summa” con el propósito de refutarla. El Calvinista Duperron se convirtió de manera similar, y llegó a ser Arzobispo de Sens y cardenal (véase Conway op. cit., p. 96). Pasada la amargura del primer período de Protestantismo, los protestantes vieron la necesidad de conservar muchas partes de la filosofía y teología Católicas, y los que legaban a conocer a Santo Tomás no tenían más remedio que profesarle su admiración. Uberweg dice que “Elevó la Escolástica a su más alto grado de desarrollo, efectuando la más perfecta acomodación posible de la filosofía aristotélica a la ortodoxia eclesiástica” (op. cit., p 440). R. Seeberg, en la “New Schaff-Herzog Religious Encyclopedia” (New York, 1911) dedica 10 columnas a Santo Tomás, y dice que “en todo logró defender la doctrina de la Iglesia como creíble y razonable (XI, p. 427). Durante muchos años, especialmente desde el tiempo de Pusey y Newman, Santo Tomás ha sido muy considerado en Oxford. Recientemente la “Summa Contra Gentiles” figura en la lista de temas que pueden ser ofrecidas por un candidato en las “final honour schools” de Litterae Humaniores de esa Universidad (cf. Walsh, op. cit., c. xvii). Durante varios años, el P. De Groot, O.P., ha sido profesor de filosofía Escolástica en la Universidad de Ámsterdam, y se han instituido cursos de filosofía Escolástica en algunas de las principales universidades no católicas de Estados Unidos. Los Anglicanos profesan una gran admiración por Santo Tomás. Alfred Mortimer, en el capítulo “The Study of Theology” de su obra titulada “Catholic Faith and Practice” (2 tomos, Nueva York, 1909), se queja de que el sacerdote o ministro inglés no tiene conocimientos científicos de la Reina de las Ciencias”, y ofreciendo un remedio, afirma, “El esquema más simple y perfecto de la teología universal se encuentra en la Summa Theologica de Santo Tomás ” (vol. II, pp. 454, 465).

V. Santo Tomás y el pensamiento moderno

En el Syllabus de 1864 Pío IX condenó una afirmación que decía que los métodos y principios de los antiguos doctores escolásticos no se adaptaban a las necesidades de nuestro tiempo y al progreso científico (Denzinger-Bannwart, n. 1713). En la encíclica “Aeterni Patris”, León XIII señala los beneficios que se derivan de “una reforma práctica de la filosofía, restaurando las reconocidas enseñanzas de Santo Tomás de Aquino”. El Papa exhorta a los obispos a “restaurar la sabiduría áurea de Tomás y difundirla por todas partes en defensa y para mayor belleza de la Fe Católica, para el bien de la sociedad y para el avance de todas las ciencias. En las páginas de la Encíclica que preceden inmediatamente a esas palabras, explica por qué la enseñanza de Santo Tomás llevarían a tal deseable resultado: Santo Tomás es el gran maestro para explicar y defender la Fe, porque suya es “la sólida doctrina de los Padres y Escolásticos, que con tanta claridad y vigor demuestran los firmes fundamentos de la Fe, su origen Divino, su certera Verdad, los argumentos que la sostienen, los beneficios que ha dispensado a la humanidad, y su perfecto acuerdo con la razón de tal manera que satisface completamente las mentes abiertas a la persuasión, aunque estén indispuestas para ello”. La carrera de Santo Tomás en sí misma habría justificado a León XIII cuando aseguró a los hombres del siglo XIX que la Iglesia Católica no se oponía al recto uso de la razón. También se destacan los aspectos sociológicos de Santo Tomás: “Las enseñanzas de Santo Tomás sobre el verdadero significado de la Libertad, que ahora se está convirtiendo en libertinaje, sobre el origen Divino de toda autoridad, sobre las Leyes y su fuerza, sobre el justo y paternal gobierno de los príncipes, sobre la obediencia a las máximas autoridades, sobre la mutua caridad fraterna, en fin, sobre todos estos y otros temas, poseen una gran e invencible fuerza para conquistar y vencer aquellos principios del “nuevo orden” que hacen peligrar el pacífico orden de cosas y la seguridad pública”. (ibid.) Los males que afectan la sociedad moderna han sido señalados por el Papa en la epístola “Inescrutabili” del 21 de abril de 1878, y en la que versa sobre el Socialismo, Comunismo y Nihilismo. (“Las Grandes Encíclicas de León XIII”, pp. 9 sqq.; 22 sqq.) De qué manera los principios del Doctor Angélico proveerán un remedio para estos males, se explica aquí de manera general, y de manera más particular en las epístolas sobre la constitución Cristiana de los estados, la libertad humana, los principales deberes de los cristianos como ciudadanos, y sobre las condiciones de las clases trabajadoras (ibid., pp. 107, 135, 180, 208).

Es en relación a las ciencias, que algunos dudan de la actualidad de los escritos del Santo; se refieren a las ciencias físicas y experimentales, ya que en la metafísica, los escolásticos son reconocidos maestros. León XIII llama la atención a las siguientes verdades: (a) Los Escolásticos nunca se opusieron a la investigación. Sosteniendo como principio antropológico “que la inteligencia humana es llevada al conocimiento de las cosas sin cuerpo y materia sólo mediante las cosas sensibles, entendieron bien que nada era más útil a un filósofo que la indagación diligente en los misterios de la naturaleza, y la constancia en el estudio de los fenómenos físicos” (ibid. p. 55). Este principio se llevaba a la práctica: Santo Tomás, San Alberto Magno, Roger Bacon, y otros, “prestaron gran atención al conocimiento de la naturaleza” (ibid., p. 56). (b) La investigación sola no basta a la verdadera ciencia. “Cuando se establecen los hechos, es necesario aplicarnos al estudio de los objetos corpóreos, para indagar las leyes que les gobiernan y los principios de los que surgen su orden y unidad diversa” (p. 55). ¿Pretenderán los científicos de hoy día razonar o sintetizar mejor que Santo Tomás? León XIII recomienda el método y los principios del Santo: “Si algo es tratado con demasiada sutileza por los doctores escolásticos; si hay algo que no concuerda con los descubrimientos modernos, o en una palabra, es de alguna manera indemostrable, no se nos ocurriría proponerlo como ejemplo para nuestro tiempo” (p.56). De la misma manera que Santo Tomás en su día asistió a un movimiento hacia Aristóteles y la filosofía, incontrolable, pero susceptible de ser dirigido para servir a la causa de la verdad, León XIII, viendo en el mundo de su época un espíritu de estudio e investigación que podía producir tanto bien como mal, no quiso ahogarlo, sino que se propuso presentar un moderador y maestro que pudiera guiarlo por los caminos de la Verdad.

Y ningún otro podía haberse escogido más que Santo Tomás de Aquino, el maestro de la mente clara, del análisis, de la síntesis, de la comprensión. Su paciencia extraordinaria y equidad al tratar con los filósofos equivocados, su aprobación de todo lo verdadero en sus escritos y su delicadeza en condenar sus falsedades, su claridad de visión al señalar la ruta hacia el conocimiento en todas sus ramas, su aptitud y precisión al expresar la Verdad, estas cualidades le distinguen como un gran maestro no solo del siglo XIII, sino de todos los tiempos. Si alguien le considera demasiado sutil, es porque no saben lo claro, conciso y sencillo de sus definiciones y divisiones. Sus dos “Summae” son obras maestras de la pedagogía, y le otorgan el título de “el más grande de los maestros humanos”. Incluso tuvo que lidiar con errores muy similares a los que hoy día se encubren con los apelativos de filosofía o ciencia. El Racionalismo de Abelardo y otros engendraron los luminosos y eternos principios sobre la verdadera relación entre fe y razón. El ontologismo fue sólidamente refutado por Santo Tomás casi seis siglos antes de Malebranche, Gioberti y Ubaghs (véase Summa Theologica I, Q lxxxiv, a, 5). La verdadera doctrina sobre los primeros principios y universalidades, dados por él y por otros escolásticos, es la mejor refutación a la crítica de Kant de las ideas metafísicas (véase por ejemplo, “Post. Analyt.”, I, lect. Xix, “De ente et essentia”, c, iv; Summa Theologica, I Q xvii, a. 3, corp. y ad 2um; Q lxxix, a. 3; Q lxxxiv, a. 5, a. 6, corp. y ad 1um, Q lxxxv, a. 2, ad 2um, a. 3, ad 1um, ad 4um. Véase en el índice a la “Summa”, “Veritas”, “Principium”, “Universale”). El Panteísmo psicológico moderno no difiere substancialmente de la teoría de “una sola alma para todos los hombres” de Averroes (véase “De unit. Intell.” Y Summa Theologica, I, Q lxxvi, a, 2; Q lxxix, a. 5). El error Modernista que distingue al Cristo de la Fe del Cristo de la Historia, tuvo su precursor en el principio Averroísta de que una cosa puede ser cierta en la filosofía y falso en la religión.

En la encíclica “Providentissimus Deus” (18 de noviembre de 1893) León XIII extrae de las obras de Santo Tomás los principios y sabias reglas de deben gobernar la crítica científica de la Sagrada Escritura. De la misma fuente, los escritores modernos han sacado principios muy útiles para la solución de problemas relacionados con el Espiritismo y el Hipnotismo. ¿Debemos concluir, entonces, que la obra de Santo Tomás, tal y como él la dejó, ofrece suficiente instrucción para los científicos, filósofos y teólogos de nuestros días? De ninguna manera. Vetera novis augere et perficere –”Reforzar y completar lo Viejo con la ayuda de lo Nuevo”- es el lema de la restauración propuesta por León XIII. Si Santo Tomás viviese hoy, adoptaría sin dudarlo todos los datos y hechos desvelados por las recientes investigaciones científicas e históricas, pero sopesando con esmero toda la evidencia ofrecida a favor de tales hechos. En nuestros días, una teología positiva es más necesaria que en el siglo XIII. León XIII defiende su validez en su Encíclica y su afirmación se confirma y renueva en la Epístola sobre el Modernismo de Pío X. Pero ambos pontífices declaran que la teología positiva no debe ser entronizada relegando a un segundo plano la teología Escolástica. En la Encíclica “Pascendi”, al ofrecer remedios contra al Modernismo, Pío X, siguiendo a su ilustre predecesor, pone en primer lugar “la filosofía Escolástica, especialmente como fue enseñada por Tomás de Aquino”. Santo Tomás sigue siendo “El Ángel de las Escuelas”.

D.J. Kennedy

Transcrito por Kevin Cawley

Traducido por Rafael Corrales Pacheco

Enciclopedia Católica

Tercer domingo de Cuaresma

TERCER DOMINGO DE CUARESMA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

TERCER DOMINGO DE CUARESMA - Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

LA CUARESMA TIEMPO DE REFLEXIÓN. — La Santa Iglesia, que, en el primer domingo de Cuaresma nos ha propuesto la tentación de Jesucristo en el desierto para tema de nuestra meditación, con el fin de instruirnos a cerca de la naturaleza de nuestras propias tentaciones y del modo como debemos vencerlas, nos manda leer hoy un pasaje del evangelio de San Lucas, con cuya doctrina se propone completar nuestra instrucción, sobre el poder y artificios de nuestros enemigos invisibles. En el tiempo de Cuaresma el cristiano debe reparar el pasado y asegurar el porvenir; no podrá dar cuenta de lo primero, ni defender eficazmente lo segundo, si no tiene ideas claras sobre la naturaleza de los peligros en los que ha sucumbido y los que aún le amenazan. Los antiguos liturgistas han visto un rasgo de maternal sabiduría de la Iglesia, en la distinción con que propone hoy a hijos esta lectura, que centraliza las enseñanzas del día.

LA EXISTENCIA DEL DEMONIO. — Ciertamente seríamos los más ciegos y desgraciados de los hombres, si, rodeados como estamos de enemigos que trabajan furiosamente por perdernos y muy superiores a nosotros en fuerza y destreza, no hubiéramos pensado a menudo en su existencia, e incluso habérnoslo jamás imaginado. Sin embargo numerosos cristianos de nuestros días viven en este estado. «¡Cómo han disminuído las verdades entre los hijos de los hombres!'» Este estado de indiferencia y olvido de un punto que las Sagradas Escrituras nos recuerdan en cada una de sus páginas es tan general que no es raro encontrar personas, para quienes la acción continua del demonio a nuestro rededor no es otra cosa sino una creencia gótica y popular que no tiene que ver nada con los dogmas de la religión. Todo lo que se cuenta en la historia de la Iglesia y vida de los Santos, para ellos es como si no existiera. Para ellos Satanás es una pura abstracción, en la que se ha personificado el mal.

¿Se trata de explicar el pecado en ellos o en los demás? Os hablan de la inclinación que tenemos al mal, del mal uso de nuestra libertad; y no quieren ver que la doctrina de la Iglesia nos revela que en nuestras prevaricaciones interviene un agente malvado, cuyo poder es igual al odio que nos tiene. No obstante eso saben que Satanás condujo a nuestros primeros padres al mal. Creen tuvo la osadía de tentar al Hijo de Dios encarnado, que le llevó por los aires hasta el pináculo del templo y desde allí a una encumbrada montaña. Leen también el Evangelio y creen que uno de los infelices posesos que libró el Señor estaba asediado por una legión entera de espíritus infernales como se vió al cumplir el permiso obtenido de posesionarse de una piara de puercos y la precipitaron al lago de Genesareth. Estos y otros mil hechos constituyen el objeto de su fe; y con todo lo que oyen decir a cerca de su existencia, de sus artificios, su destreza en reducir las almas les parece cuento. ¿Son cristianos o han perdido el juicio? No es fácil responder, sobre todo porque se les ve entregarse hoy día a consultas sacrilegas del demonio, con la ayuda de los medios tomados de los siglos del paganismo, sin recapacitar, ni mucho menos saber que cometen un crimen que Dios, en la antigua ley, castigaba con la muerte y que la legislación de todos los pueblos cristianos durante muchos siglos castigó también con pena de muerte.

LA POSESIÓN DIABÓLICA. — Mas si hay algún tiempo del año en que los fieles deben meditar lo que la fe y experiencia nos enseñan a cerca de la existencia y artificios de los espíritus infernales, es ciertamente este tiempo en que estamos, durante el cual debemos reflexionar tanto sobre las causas de vuestros pecados, los peligros de nuestra alma, los medios para prevenirnos contra nuevas caídas y nuevos ataques. Escuchemos pues el Santo Evangelio. Primero nos enseña que el demonio se había apoderado de un hombre, y, a consecuencias de esta posesión, había quedado mudo. Jesús libra a este desgraciado y el haber recobrado el uso de la palabra demuestra que el enemigo ha sido arrojado. Así la posesión del demonio no sólo es un monumento de la misteriosa justicia de Dios; mas también puede producir efectos físicos en aquellos que son sus víctimas. La espulsión del espíritu maligno devuelve el uso de la lengua a aquel que gemía bajo sus garras. No insistimos ya más en la malicia de los enemigos del Salvador que quieren atribuir su poder en los demonios a la intervención de cualquier príncipe de la malicia infernal; sólo queremos probar el poder de los espíritus de las tinieblas sobre los cuerpos y combatir con el sagrado texto el racionalismo de algunos cristianos. Que aprendan a conocer el poder de nuestros adversarios y eviten no sean su presa, cegados por el orgullo de la razón.

Desde la promulgación del Evangelio, el poder de Satanás sobre los cuerpos ha sido, limita do mediante la virtud de la Cruz, en los países cristianos; pero recobra nueva extensión si la fe y las obras de piedad cristiana disminuyen. De ahí nacen todos esos odios diabólicos, que con diversos nombres más o menos científicos, se cometen primero a ocultas, después pasan en cierta medida a las personas honradas y llegan a trastornar a la sociedad si Dios y la Iglesia no interpusieran un dique. Cristianos de nuestros días, acordaos que habéis renunciado a Satanás y guardaos de que una ignorancia culpable os arrastre a la apostasía. No es a un ser de razón a quien habéis renunciado en las fuentes bautismales sino a un ser real, temible y de quien el mismo Jesucristo nos dice que fué homicida desde el principio

LA LUCHA CONTRA SATANÁS. — Pero si debemos temer mucho el poder terrible que puede ejercer en nuestros cuerpos y evitar todo contacto con él en las prácticas que preside, y que son el culto a que aspira, también debemos temer su influencia en nuestras almas. Considerad cuánto le ha costado a la gracia divina arrojarle de vuestra alma. En estos días la Iglesia nos ofrece todos los medios para salir vencedores: el ayuno acompañado de la oración y la limosna. Tendréis paz y vuestro corazón, vuestros sentidos purificados, se transformarán en templos de Dios: Pero no vayáis a creer que ya habéis aniquilado a vuestro enemigo. Está irritado, la penitencia le ha expulsado de su dominio y ha jurado tantear todos los medios para apoderarse. Temed, pues, en la recaída en el pecado mortal y para fortificar en vosotros este temor saludable, meditad el contenido de las palabras de nuestro Evangelio.

El Salvador nos enseña que este espíritu inmundo, arrojado de un alma, anda vagando por los lugares áridos y desiertos. Le devora el verse humillado y siente de antemano las torturas de este inñerno que lleva con él por todas partes del que quisiera distraerse si pudiera, perdiendo a las almas que Jesucristo rescató. El Antiguo Testamento nos habla de los demonios reunidos y que andan vagando por lugares desiertos. Así el Arcángel San Rafael relegó a los desiertos del alto Egipto al espíritu infernal que había hecho perecer a los siete maridos de Sara. Mas no siempre el enemigo del hombre se resigna a vivir alejado de la presa que ambiciona. Le impulsa el odio como al principio del mundo y se dice: «ya es hora que vuelva a la casa de donde salí». Pero no vendrá solo; quiere salir victorioso y para conseguirlo traerá, si es necesario, con él otros siete demonios peores aun que él. ¡Qué ataque prepara al alma si no está de sobreaviso y fortificada, si la paz que Dios le ha vuelto no es una paz firme! El enemigo explora la situación del lugar; con su habitual perspicacia examina los cambios que se han obrado en su ausencia.

¿Qué observa en esta alma con quien ha poco tenía amistad y su morada? Nuestro Señor nos lo dice: el demonio la encuentra indefensa, pronto a recibirle de nuevo; nada de resistencia. Parece que el alma ansiaba esta nueva visita. Entonces el enemigo, para asegurar más su conquista va a buscar refuerzos. El asalto está dado nada, se opone; y pronto en lugar de un huesped infernal, el alma recibe un tropel; «y añade el Salvador, el último estado de ese hombre es peor que el primero». Comprendamos el consejo que nos da la Santa Madre Iglesia al darnos a leer este pasaje del Evangelio.

Por todas partes hay conversiones a Dios; muchas conciencias se van a reconciliar y el Señor los va a perdonar sin medida; pero, ¿perseverarán todos? Cuando el año próximo llegue de nuevo la Cuaresma y convoque a los cristianos a la penitencia, todos estos que en estos días se van a sentir arrancados del poder de Satanás mantendrán sus almas limpias y libres de su yugo? Una triste experiencia no permite a la Iglesia esperar tal consuelo. Muchos recaerán poco después de su rescate en los lazos del pecado. ¡Oh, si se apoderase de ellos la justicia de Dios en este estado! Sin embargo esta será la suerte de muchos, tal vez de un gran número. Temamos, pues las recaídas; y para asegurar nuestra perseverancia, sin la cual de nada nos sirvió el recuperar algunos días la gracia de Dios, vigilemos en adelante, oremos, defendamos la situación de nuestra alma, luchemos; y el enemigo desconcertado por la tenacidad irá a otra parte avergonzado y furioso.

EL DOMINGO DE LOS ESCRUTINIOS. — Al tercer Domingo de Cuaresma se le llama Oculi por comenzar con esta palabra el Introito de la Misa. En la primitiva Iglesia se le denominaba Domingo de los Escrutinios, porque en este día se comenzaba el examen de los catecúmenos que debían admitirse al bautismo la noche de Pascua. Todos los fieles estaban invitados a presentarse en la Iglesia para informar de la vida y costumbres de estos aspirantes a la milicia cristiana. En Roma estos exámenes, a los que se daba el nombre de Escrutinios, se celebraban en siete sesiones a causa del gran número de aspirantes al bautismo; pero el escrutinio principal se celebraba el miércoles de la cuarta semana. Hablaremos de él más tarde.

El Sacramentarlo romano de S. Gelasio trae la fórmula de la convocación de los fieles a esta asamblea; está redactada en estos términos: «Carísimos hermanos, ya sabéis que se acerca el día del Escrutinio en que nuestros elegidos deben ser instruidos; debéis acudir pronto y con alegría tal día de esta semana, a la hora de sexta, con el fin de que estemos dispuestos con la gracia de Dios, a explicar, conforme a verdad, el misterio que franquea la puerta del reino de los cielos y arroja al demonio con todas sus pompas.» Esta invitación se repetía si era necesario, en los domingos siguientes. En el que hoy celebramos se procuraba admitir cierto número de candidatos, cuyos nombres se escribían en los Dípticos del altar, junto con los de sus padrinos y madrinas y se les recitaba en el Canon de la Misa,

La Estación tenía lugar y también hoy se celebra, en la basílica de San Lorenzo Extramuros. Con esto se pretendía actualizando el recuerdo del más célebre de los mártires de Roma, recordar a los catecúmenos los sacrificios que la fe que iban a abrazar podría tal vez exigirles.

Este domingo es célebre en la iglesia griega, por la solemne adoración de la cruz que precede a la semana llamada Mesomestime, es decir centro de los ayunos.

MISA

El catecúmeno admitido a la gracia del bautismo, el penitente que espera su próxima reconciliación manifiesta en el introito el ardor de sus deseos. Confiesan su desdicha con humildad, mas confían en Aquel que pronto desataría sus ligaduras.

INTROITO

Mis ojos miran siempre al Señor, porque El arrancará del lazo mis pies: mírame, y ten piedad de mí, porque estoy solo y soy pobre.— Salmo: A ti, Señor, elevo mi alma: en ti confío, Dios mío, no sea yo avergonzado. J. Gloria al Padre.

En el momento de presentar una batalla tan terrible al enemigo de los hombres, la Iglesia en la colecta, pide la asistencia del poder de Dios.

COLECTA

Suplicárnoste, oh Dios omnipotente, contemples los votos de los humildes, y extiendas la diestra de tu majestad para defensa nuestra. Por el Señor.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios.

Hermanos: Sed imitadores de Dios, como hijos carísimos: y caminad en el amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo a Dios por nosotros, como una oblación y una hostia suave y olorosa. Que no se nombre siquiera entre vosotros la forniñcación, ni ninguna inmundicia, ni la avaricia, como conviene a los santos: ni la torpeza, o las palabras estúpidas, o la chocarrería, que no venga al caso: antes reine siempre la acción de gracias. Sabed y comprended que ningún fornicador, o inmundo, o avaro, ni todo lo que sea servicio de los ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os seduzca con vanas palabras: porque por ellas vino la ira de Dios sobre -los hijos de la incredulidad. No os hagáis, pues, partícipes de su castigo. Porque en otro tiempo erais tinieblas; pero ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. El fruto de la luz consiste en una bondad, en una justicia y en una verdad absolutas.

IMITAR A DIOS. — El Apóstol al dirigirse a los fieles de Efeso, les recuerda que no ha mucho fueron tinieblas y ahora son luz del Señor. ¡Qué alegría para nuestros catecúmenos saber que les está reservada la misma suerte! Hasta ahora han vivido como paganos, mas ahora poseen las arras de la santidad mediante su admisión al Bautismo. Sometidos hasta el presente a los falsos dioses cuyo culto consistía en alimentar el vicio, oyen hoy que la Iglesia exhorta a sus hijos a imitar la santidad del Dios de los cristianos; y la gracia que les hará capaces de aspirar a reproducir en ellos las perfecciones divinas, está a punto de serles comunicada. Pero tendrán que luchar para mantenerse en este estado; contra dos enemigos tendrán que enfrentarse sobre todo: la impureza y la avaricia. Al primero de estos vicios no quiere el apóstol ni que se le nombre en adelante; y al segundo le desprecia comparándole al culto de los ídolos a quienes van a renunciar los elegidos. Tales son las enseñanzas que la Iglesia prodiga a sus futuros hijos; mas los que hemos sido santificados en los comienzos de nuestra vida, ¿hemos permanecido fieles a nuestro Bautismo? Fuimos luz; ¿por qué hoy somos tinieblas? ¿qué ha sucedido de las notas de la semejanza divina que se nos imprimieron en nuestra alma? Apresurémonos a hacerlas revivir, renunciando a Satanás y a sus ídolos y obremos de tal modo que la penitencia nos restablezca en este estado de luz, cuyo fruto consiste en toda clase de bondad, justicia y verdad.

El Gradual expresa los sentimientos del alma cercada de enemigos e implorando la ayuda del Señor que se apresura a socorrerla.

El Tracto está tomado del Salmo CXXII, canto de confianza y de humildad. La confesión sincera de nuestras culpas atrae siempre sobre nosotros la misericordia de Dios.

GRADUAL

Levántate, Señor, no prevalezca el hombre: sean juzgadas las gentes en tu presencia. J. Cuando el Señor ponga en fuga a mi enemigo, desfallecerán y perecerán ante tu vista.

TRACTO

A ti alzo mis ojos; a ti, que habitas en los cielos. J. Como los ojos de los siervos miran las manos de sus amos. J. Y como los ojos de la esclava miran las manos de su señora: así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que se compadezca de nosotros. Y. Ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.

En aquel tiempo estaba Jesús arrojando un demonio, y éste era mudo. Y, habiendo arrojado al demonio, habló el mudo, y se admiraron las turbas. Pero algunos de ellos dijeron: Por arte de Beelzebub, príncipe de los demonios, echa El los demonios. Y otros, tentándole, le pedían un milagro del cielo. Pero El, cuando vió sus pensamientos, les dijo: todo reino, que esté dividido entre sí, será desolado, y una casa caerá sobre otra casa. Pues, si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? Porque vosotros decís que yo arrojo los demonios por virtud de Beelzebub. Mas, si yo arrojo los demonios en virtud de Beelzebub: ¿vuestros hijos por virtud de quién los expulsan? Por lo tanto, ellos mismos serán vuestros jueces. Ahora bien, si yo lanzo los demonios con el dedo de Dios, es que ha llegado ya a vosotros el reino de Dios. Cuando un fuerte armado guarda la puerta de su casa, está seguro todo cuanto posee. Pero, si viniere otro más fuerte que él, y le venciere, le quitará todas sus armas, en quienes confiaba, y repartirá sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí: y, el que no recoge conmigo, dispersa. Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares sin agua, buscando descanso: y, no encontrándolo, dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y, cuando torna, la encuentra barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y, entrando, habitan allí, Y el fin de aquel hombre es peor que su principio. Y sucedió que, cuando decía estas cosas, alzando la voz una mujer de la turba, le dijo: Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que mamaste. Pero El dijo: Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios, y la practican.

DEMONIOS MUDOS. — El demonio del que libró Jesús al poseso de nuestro Evangelio dejó mudo a este hombre, y la salida fulminante, del espíritu de las tinieblas desató la lengua del paciente que maltrataba. Este hecho es imagen del pecador cautivo de su temible vencedor y reducido por él al mutismo. Si habla este pecador para confesar sus culpas, para pedir gracia, se verá libre. ¡Cuántos demonios mudos, diseminados por todas partes, impiden a los hombres hacer esta confesión salutífera que los salvaría! A pesar de eso, la Cuaresma pasa; transcurren los días de gracia; aprovechémonos de este tiempo favorable; si somos amigos de Dios, oremos insistentemente por los pecadores, para que hablen, se acusen de sus faltas y sean perdonados.

PODER DE LOS DEMONIOS. — Escuchemos también lo que nos enseña el Salvador de nuestros enemigos invisibles. ¿Quién podría hacer frente a su poder, a su astucia, a sus medios nocivos, si Dios no nos ayudase, si no hubiese ángeles encargados de velar por nosotros y combatir también con nosotros? Sin embargo, por el pecado nos habíamos entregado al poder de esos espíritus inmundos y odiosos; habíamos preferido su imperio tiránico al yugo suave y ligero de nuestro compasivo Redentor. Ahora somos libres o lo vamos a ser pronto; agradezcámoselo a nuestro libertador; pero vigilemos para no recaer en las garras del poder de esos huéspedes infernales. Volverán y tratarán de violar la morada de nuestra alma santificada por el Cordero Pascual. Si estamos vigilantes y somos fieles, se retirarán avergonzados; mas si somos tibios y relajados, si perdemos de vista el valor de la gracia y las obligaciones que nos unen con el que nos salvó, nuestra pérdida será cierta y según la terrible palabra de Jesucristo: «la segunda situación será peor que la primera».

ESTAR CON CRISTO. — ¿Queremos evitar tan gran mal? Meditemos estas otras palabras del Evangelio: «quien no está conmigo está contra mí». Esta es la situación del que recae en las garras del demonio, que olvida todo lo que debe a su divino libertador, que no acude con sinceridad a Jesucristo cuando se le presentan ocasiones en que el deber exige al cristiano portarse con entereza. Se lisonjea, se disimula, se contemporiza y poco a poco se va debilitando la energía del alma; Dios da ya las gracias medidas, en un principio tan abundantes y acaba en una caída inminente: Caminemos con paso firme y seguro y acordémonos que el soldado de Jesucristo debe sentirse orgulloso de su Caudillo divino.

El Ofertorio celebra la dulzura de los consuelos que el alma rescatada del poder de Satanás gusta siguiendo los caminos del Pastor divino.

OFERTORIO

Las justicias del Señor son rectas, y alegran los corazones, y sus juicios son más dulces que la miel y el panal: por eso tu siervo los practica.

En la Secreta, la Iglesia manifiesta la confianza que le inspira el sacrificio que se va a ofrecer, cuyo poder purificante en el Calvario borró los pecados de los hombres.

SECRETA

Suplicárnoste, Señor, hagas que esta hostia purifique nuestros pecados y, para poder celebrar este Sacrificio, santifique los cuerpos y las almas de tus súbditos. Por el Señor.

La Iglesia, sirviéndose también de las palabras de David, expresa en la antífona de la comunión la felicidad del alma unida a Dios por el sacramento del Amor. De esta suerte serán llamados pronto a participar los Catecúmenos cuya admisión al Bautismo acaba de determinarse; también será la de los penitentes que hayan lavado con lágrimas los borrones de la vida pasada.

COMUNION

El pájaro encontró casa y la tórtola nido, donde colocar sus polluelos: eso son tus altares, Señor de los ejércitos. Rey mío, y Dios mío: dichosos los que habitan en tu casa, pues te alabarán por los siglos de los siglos.

En la Poscomunión la Iglesia pide al Señor, en nombre de los misterios de que han participado, absuelva benignamente a los pecadores y los libre de los peligros eternos en que han tenido la desgracia de caer.

POSCOMUNION

Suplicárnoste, Señor, libres benigno de todos los pecados y peligros a los que nos has hecho partícipes de tan gran Misterio. Por el Señor.

ORIGEN JUDÍO DE LAS HEREJÍAS EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA – I/3

 Comenzamos el año 2018 en nuestro blog con un tema candente y complicado a la vez, ya que pondremos a la luz un tema que otros eminentes autores ya han demostrado, y que nos ha parecido oportuno publicarlo para una mejor comprensión del pasado, presente y futuro que le espera a nuestra pobre diáspora católica y a la sociedad occidental judaizada como tal. Para ningún cristiano ( e incluso no cristiano) es secreto que los judíos guardan un odio sobrenatural (ya que va más allá de lo que un hombre o sociedad pueden llegar a odiar desde el punto de vista natural, psicológico y espiritual) a Nuestro Señor Jesucristo  y a su Religión, los hechos de la Pasión y muerte de Jesucristo son una prueba de por sí confirmantes en cuanto a este postulado: «Y viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo; ¡allá vosotros! Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Entonces les soltó a Barrabás, pero a Jesús, después de hacerle azotar, le entregó para que fuera crucificado» (Mt. 27, 24- 26) Este pasaje bíblico nos muestra claramente (entre otros tantos) el odio profundo que la que fuera una vez la raza elegida de Dios – ahora raza maldita y enemiga de Dios- sentían y sienten aún por el Hijo de Dios, verdadero Mesías; al cual crucificaron inicuamente y encubriendo el hecho magnífico de su Resurrección pagaron a los soldados que custodiaban su tumba dándoles claras instrucciones de declarar que fueron los apóstoles quienes habían robado el cuerpo de Jesús; esto lo declara el Evangelio versículos más adelante.El anti-cristianismo judío se puede explicar como un odio diabólico, sobrenatural, parte de ese Mysterium Iniquitatis que nos hablara San Pablo (para mejor compresión del anti-cristianismo judío ver aquí ). El odio judío contra Cristo no sólo concibió la muerte del Salvador y la persecución externa del Cristianismo (en la que fueron aliados de los paganos romanos en las primeras centurias de la Cristiandad y después con los demás sistemas y gobiernos anticristianos) sino que planeó la destrucción del Cristianismo mediante la perversión de su doctrina mediante la infiltración de judíos en el seno de la Iglesia, como viene ocurriendo desde todos los tiempos más concreta y escandalosamente desde el siglo XIX hasta desembocar en nuestros turbios y apostaticos días. El rabino Lewis Browne asegura : «Terrible espina desparramada en todos los países de la Cristiandad, la Sinagoga era una verdadera red de pequeños aguijones que ofendían sin cesar la vanidad de la Iglesia» (La vie des Juifs (Stranger than fiction) pp. 191- 192 ed. Gallimard, Parías 1937 cit. por F. Rivanera Carlés).

La Judería siempre atacó a la Iglesia de Cristo ya sea desde fuera ( muy pocas veces dando la cara como la Sinagoga, las más de las veces detrás de los gobiernos que ellos manejan) o desde adentro ( judíos infiltrados en el clero, teorías y sectas judaizantes) tal como la asegura el escritor Maurice Pinay citando al historiador judío Cecil Roth: «El célebre escritor judío Cecil Roth declara -como se vió con anterioridad- que el criptojudaísmo (la postura de los hebreos que ocultan su identidad como tales, cubriéndose con la máscara de otras religiones y nacionalidades) es tan antiguo como el propio judaísmo (…) Si Cecil Roth -el Flavio Josefo de nuestros días- nos asegura que la casi totalidad de las conversiones de los judíos al cristianismo han sido fingidas, podríamos preguntarnos si sería concebible que dichos judíos pudieran engañar a Cristo Nuestro Señor que trató de convertirlos. La contestación tiene que ser negativa, ya que a Dios nadie puede engañarlo; y además los hechos lo demuestran. Jesús sentía mayor confianza en la conversión de los samaritanos, de los galileos y de otros habitantes de Palestina que en los judíos propiamente dichos, que despreciaban a los demás por considerarlos inferiores a pesar de que también observaban la Ley de Moisés». (Complot contra la Iglesia Tomo II pp. 185- 186).

Fuera o dentro el judío siempre persiguió con diabólica contumacia la religión católica y todo lo que fuera de nombre cristiano; más es nuestro propósito aquí exponer las heterodoxias y herejías nacidas en el seno de la Iglesia (por lo menos las más resonantes)  ya sea por judíos infiltrados (marranos, criptojudíos) o por sectas judaizantes (filojudíos), estudio que dividiremos en tres partes: Herejías de los primeros siglos del Cristianismo, Herejías Pre- Reforma, Reforma y Post Reforma y La Gran Herejía Moderna.

Cabe aclarar antes de comenzar con la exposición de las herejías, que la mayoría (por no decir todas) de las herejías se inspiran más que en las Sagradas Escrituras en una perversión de estas mismas, y más que en esto residen en las enseñanzas del Talmud y más especialmente del Toledot Yeshu, que es como el Evangelio pero contado por los maestros del Rabinato, lleno de blasfemias e injurias contra Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre.

Una de las tantas representaciones gráficas de los «misterios cabalísticos»

HEREJÍAS DE LOS PRIMEROS SIGLOS DEL CRISTIANISMO

 (Siglos II d.c- IX dc. inclusive)

 
 
 
1. ADOPCIONISMO 
 
Doctrina: Niega la filiación divina de Cristo con Dios Padre reafirmando la doctrina judaica de la unidad de Dios y de la Revelación; Jesús sería hijo natural de José y de Maria y Dios Padre lo adoptaría en el Bautismo del Jordán, mas la corriente del adopcionismo hispánico afirma que esta adopción se daría en la Resurrección. Niega la Santísima Trinidad, la Divinidad de Cristo y el Parto Virginal de María.
 
Exponentes: Esta herejía nació en la secta ebionita, que entre otras cosas se distinguía por observar al pie de la letra la Ley judía. Los heresiarcas del adopcionismo hispánico fueron Félix Obispo de Urgel (s. VIII d.c) y Elipando Arzobispo de Toledo (708- 802).
 
Condenas: Concilios de Narbona (788), Ratisbona (792), Frankfurt (794), Frejus (796) y Roma (799) éste último presidido por el Papa San León III (795- 816).
 
2. DOCETISMO
 
Doctrina: Niega la humanidad de Cristo al afirmar que su cuerpo es aparente y no real, de ahí toma el nombre (del gr. dokein, aparentar), por la tanto Cristo no nació, ni padeció, ni murió en la Cruz, ni resucitó, ya que su cuerpo no era real, y el dolor que mostraba sería un mero fingimiento. Niega como tal a Cristo y su Obra Redentora.
 
Exponentes: Valentino y Julio Casiano, éste fue su máximo exponente, a tal punto que Clemente alejandrino lo llama «princeps sectae Docetarum». Casiano además de ser doceta era encratista, la secta encratista era un derivado del judeocristianismo sirio que predicaba la abstención en todas sus formas, especialmente sexual, considerando al matrimonio y a la procreación como una abominación.
 
Condenas:San Ignacio de Antioquía es el primero en denunciar la herejía doceta como una herejía judaizante en sus siete epístolas, especialmente la que va dirigida a los esmiornitas. El Concilio Ecuménico de Nicea lo condena en su Profesión de Fe.

3.MONARQUIANISMO

Doctrina: (Siglo II) Niega a la Santísima Trinidad en nombre de la Monarquía Suprema y única de Dios, revive aquí la doctrina judaica de la Unidad de Dios. Se divide en dos corrientes: Monarquianismo Dinámico (o ebionita, secta judaizante del siglo II) y modalista (o patripasiano). El primero afirma que Cristo tiene el poder (dynamis) más niega la Divinidad de Cristo, la Santísima Trinidad pasaría a ser nominal, más sería Una en esencia y Una en personas. El Monarquismo modalista acepta (aparentemente) la Divinidad de Cristo pero niega la Santísima Trinidad al afirmar que el Hijo es una modalidad de Dios Padre, una faceta de Él más no otra persona divina, por eso se los llamó «patripasianos» a estos herejes. El monarquismo modalista es culminado por la herejía sabeliana que incluye también como modalidad del Padre al Espíritu Santo.

Exponentes: Monarquismo Dinámico: Teodoto Coriario «El Curtidor», Artemón y Teodoto «El Banquero», quienes eran miembros de la comunidad judía de Roma; y Pablo de Samosata, acusado por San Atanasio de ser discípulo de judíos, y a quien la Encyclopaedia Judaica califica de «pensador judeocristiano» (Encyclopaedia Judaica vol. 15, 1319, cit. por F. Rivanera Carlés). Pablo de Samosata ocupó la sede episcopal de Palmira alrededor del año 260 a pesar de las negativas emitidas por los demás obispos quienes lo condenaron en el Sínodo de Antioquía del año 268, aunque no tuvo efecto ya que la Reina de Palmira, Zenobia, protegió a Pablo de Samosata hasta la caída de ésta en el año 273 con la toma de la ciudad por los ejércitos romanos. Cabe destacar que la reina Zenobia se había convertido al judaísmo poco antes de acoger a Pablo como protegido. Del monarquismo modalista y sabeliano son exponentes Noeto de Esmirna, Práxeas, Cleómenes y Sabelio.

Condenas: Fue denunciado por San Juan Crisóstomo  y San Atanasio, fue condenada esta herejía en todas sus formas por el Sínodo de Antioquía (268) y por el Concilio de Alejandría (362).

4. ARRIANISMO

Doctrina: Es una de las herejías más abominables y difundidas en la historia de la Iglesia. Esta herejía niega sutilmente la Divinidad de Cristo y reafirma con más ahínco la doctrina hebrea de la Unidad de Dios, el arrianismo en su base común (ya que después el arrianismo adopta otras formas) enseña que el Hijo es adoptado del Padre (adopcionismo), el Hijo sería la criatura más perfecta y hermosa que Dios haya podido crear… más niega su condición de Hijo de Dios; por supuesto niega el dogma de la Santísima Trinidad. San Atanasio (Gran Padre de la Ortodoxia Católica y acérrimo defensor de la Fe contra los arrianos) aseguró de esta herejía que: «Doctrina tota sit judaica» «toda su doctrina es judaica» (S. Atanasio Oratio III contra Arianos). A raíz de esta herejía se originaron persecuciones atroces contra los católicos fieles, es el caso de San Atanasio quien fue «excomulgado» por los herejes arrianos y desterrado, o como el valiente martirio de San Hermenegildo, entre otros miles de casos.

Exponentes: El más importante e iniciador de esta herejía fue el criptojudío Arrio procedente de Libia; en su juventud se adhirió al cisma de Melesio, quien usurpó la sede episcopal de Alejandría. Al ver la inconveniencia de este cisma Arrio fingió arrepentimiento y fue admitido de nuevo en el seno de la Iglesia. Fue ordenado sacerdote, gozando de fama de buen predicador, místico y ascético, teniendo una fina retórica que halagaba incluso a miembros del clero, siendo el primer adepto de su secta herética el obispo Eusebio de Nicomedia , siendo éste a su vez amigo del emperador Constantino le puso en contacto con él, teniendo contacto con el emperador se le abre el camino para ser consagrado obispo; siendo obispo difundió con más libertad sus herejías, atrayendo a ésta a gran parte de la Cristiandad. Muchos teólogos califican al arrianismo como el primer intento serio de judaización del Cristianismo. Arrio murió en un momento de particular gloria para él, ya que el emperador le había alcanzado la readmisión pública en la Iglesia de la cual había sido excomulgado por sus herejías (si bien Constantino nunca profesó la herejía arriana, tuvo siempre en su favor a Arrio, especialmente influenciado por su hermana Constancia, quien si era arriana), readmisión que sería llevada a cabo en el Foro de Constantino en Constantinopla, poco antes de llegar a dicho lugar reventaron sus entrañas, como señal de la venganza divina.

Condenas: Fue enérgicamente condenado por los Concilios de Nicea (325), Antioquía (341) y Constantinopla (381).

5. MILENARISMO

Doctrina: Cabe aclarar que el milenarismo judaico que la Iglesia condena es el milenarismo carnal, el milenarismo espiritual no es condenado ni contrario a la doctrina católica. El milenarismo carnal es básicamente una interpretación judaica del Apocalipsis, enseñando que el reinado de Cristo sobre la Tierra será un reinado de placeres sensibles, nota que llevaría aquel reinado: un reinado netamente sensible. Algunos teólogos llaman a las pretensiones del milenarismo carnal como: «un cumplimiento talmúdico de la supremacía del pueblo elegido». Las últimas condenas que recibió el milenarismo carnal fueron en 1944, por SS. el Papa Pío XII a través del Santo Oficio.

6. NESTORIANISMO

Doctrina: Negación de la unión hipostática de Cristo ( es decir: la unión de la naturaleza humana y divina en Cristo, Cristo por lo tanto es verdadero Dios y verdadero hombre) afirmando implícitamente dos hipóstasis: admite la conjunción (synápheia) o unión moral entre Cristo y el Verbo, quien habita en Él como en un templo, por eso, Dios nombra a Cristo como su Hijo y como Señor. Reconoce esta herejía el Parto Virginal de María, más durante el Concilio de Éfeso (431) fue la facción nestoriana la que luchó para imponer a la Santísima Virgen el título de Khristotokos (Madre de Cristo) en lugar del título de Theotokos (Madre de Dios). El nestorianismo tiene una fuerte influencia de la secta judaizante de los ebionitas.

Exponentes: Nestorio (380- 451) Patriarca de Constantinopla

Condenas: Concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451).

7. PELAGIANISMO

Doctrina: Niega el pecado original o pervierte el significado original de éste (semipelagianismo), por lo tanto niega la niega la necesidad de la Gracia y de la obra redentora de Cristo. San Agustín define a ésta herejía como judaizante (S. Agustín Epístola 196 a Aséllico, año 418) por seguir la doctrina judaica que respecta al pecado original. La Enciclopedia Judaica Castellana nos dice al respecto: «el judaísmo desconoce el mito del pecado original o del pecado en sí». (EJC vol. IX, p. 85 cit. por F. Rivanera Carlés). El semipelagianismo admitía el pecado original pero pervertía su sentido, confundiendo la naturaleza y la gracia como efectos de la voluntad y no como don divino.

Exponentes: Pelagio y Celestino (ambos de lo que sería la actual Gran Bretaña). Del semipelagianismo es exponente principal el abad Juan Casiano.

8. ICONOCLASIA

Doctrina: Del griego eikon, imagen y klao, romper; la iconoclasia rechaza la veneración a las Sagradas imágenes y a las santas reliquias, tendiendo a destruirlas. Esta herejía nació en el Imperio Bizantino y fue uno de los principales motivos que daría origen al Cisma de Oriente. La herejía iconoclasta fue apoyada por los emperadores bizantinos León III el Isáurico (717- 741), Constantino V Coprónimo (741- 775), León IV el Kázaro (775- 780), León V el Armenio (813- 820), Miguel II el Tartamudo (820- 829) y Teófilo (829- 842) y seguidos por gran parte del clero bizantino, causando la persecución y martirio de los clérigos (especialmente monjes) que no se unieron a este movimiento herético. Esta corriente herética se se tomará fuerza en Occidente con motivo de la «Reforma» protestante (de la cual hablaremos en otro post)

Exponentes:  Los emperadores antes expuestos y la mayor parte del clero constantinopolitano. León III ordenó la destrucción de las sagradas imágenes y reliquias en el año 726 (siendo ésta la primera de varias persecuciones) basándose en las prohibiciones del Antiguo Testamento citando además (sin base alguna) al versículo del Evangelio de Juan 4, 24, muy seguramente para atenuar o disimular la postura judaizante de esa prohibición (obs. hecha por F.R. Carlés) . Vital es fijarse en el emperador Miguel II, quien en su juventud perteneció a una secta griega filojudía, que tenía por maestros a unos judíos de la ciudad de Amorio en la Frigia Menor; esta secta observaba en todo la Ley judaica- talmúdica salvo en la circuncisión.

Condenas: II Concilio de Nicea (787) y el Sínodo de Constantinopla (843) presidido por la emperatriz  Santa Teodora, quien restableció el culto a las sagradas imágenes y la fe católica a Bizancio.

9. GNOSTICISMO

Doctrina: El gnosticismo comenzó como una herejía, pero terminó siendo una religión pseudo-cristiana (obs. hecha por F.R. Carlés). Del griego gnósis, conocimiento, es una  secta que se definía como una pequeña porción de «elegidos» para alcanzar la perfección y la divinización; a pesar de que existen varias corrientes en el gnosticismo, todas tienen una misma fuente de creencias comunes:

a. Dualismo en Dios, habría un demiurgo, dios creador inferior en contraposición de un dios supremo y salvador, para la corriente valentiniana este dios inferior es un ser maligno a quien llaman Yahvé (¡!) .

b. Una versión pseudo- platónica de la realidad, en cuanto a que el mundo en que vive el hombre es un mundo material e inferior en contraposición de un mundo superior de luz y perfección, que no se engañe el lector, pues el gnóstico no se refiere al Paraíso como a ese mundo superior de luz, sino a un mundo ultraterrestre, suprasensorial y esotérico (aquí surgen los primeros esbozos de la New Age)

c. Carácter sectario, ya que para el Gnosticismo existían dos tipos de hombres en el mundo: los neumáticos o espirituales, capaces de llegar por la gnosis a la verdad, y los hílicos o el resto de los mortales, a los cuales niegan total posibilidad de salvación, pero podrán alcanzarla en otra vida y en otro cuerpo si nacen como neumáticos (concepto de transmigración y reencarnación). La corriente valentiniana (la nombramos seguido ya que este gnosticismo parece ser el más completo) sostiene un intermedio entre el hombre neumático y el hombre hílico: el hombre psíquico o anímico, que podrá salvarse pero nunca llegará al nivel de los neumáticos.

d. Influencia doceta, afirman que Cristo es el Redentor, pero sólo en cuanto maestro de la Revelación , puesto que como no tuvo cuerpo no se encarnó, ni padeció, ni murió. La corriente valentiniana afirma la humanidad de Cristo, pero afirma que ese cuerpo lo trajo ya del cielo, que lo único que habría hecho en la Encarnación fue introducir su cuerpo en el vientre de la Virgen, sin tomar la carne de sus purísimas entrañas.

e. Interpretación cabalística de las Sagradas Escrituras, reduciéndola a dos sentidos: exotérico, exterior y literal, y esotérico u oculto, éste solo accesible a los altos iniciados o neumáticos.

f. Prácticas rituales mágicas, ocultistas y alquimistas; todas éstas basadas en la Cábala judía. De estos rituales sólo eran participantes los neumáticos.

g. Su inherente desprecio de la materia les llevó a la prohibición de la procreación, que consideraban inmoral pues significaría traer al mundo más esclavos del mal y de la materia, lo que no cohibió a los neumáticos o «perfectos», que en muchos de los casos llevaron una vida licenciosa llena de los más pervertidos placeres sexuales.

Exponentes: Su fundador fue Simón el Mago (ver Hechos 8, 9- 20), y los principales exponentes de las diferentes corrientes gnósticas fueron Marción (85-160), Mani (215- 275), Basílides de Alejandría (siglo II), Valentín (100- 160), Carpócrates de Alejandría (siglo II) Priscialiano (340- 385) entre otros.

Condenas: Desde tiempos apostólicos viene la Iglesia condenando el gnosticismo, la más contundente de las condenas fue en el Concilio de Nicea (325)

10. MANIQUEÍSMO

Doctrina: Procede del Gnosticismo y lleva el dualismo en Dios y del cosmos, el alama del hombre procedería de Dios pero el cuerpo procedería del demonio, desprecio notable de la materia y d ela corporeidad.

Exponentes: Mani (215- 276), quien perteneció a la secta elkesaíta, secta judeocristiana en la que se formó y vivió desde los cuatro años hasta los veinticinco años según lo afirma el Códice de Colonia, practicó la ley judaica (incluyendo la circuncisión) y su excursión en el gnosticismo le llevó a crear esta nueva heterodoxia al aplicar en plenitud los principios judaicos al ya de por sí gnosticismo judaizante.

Condenas: Fue condenado junto al Gnosticismo en el Concilio de Nicea (325).

Hasta aquí llega nuestra exposición de la primera de las tres partes del estudio del origen judío de las herejías en la historia de la Iglesia, que no busca ser un ensayo académico- histórico sino una somera presentación de estudios y datos ya presentados por teólogos y otros autores de talla para la mejor compresión de estas herejías y la comprensión de la situación pasada, presente y futura para la Santa Iglesia. Esperamos, con la gracia de Dios, volver pronto con la segunda entrega de esta exposición dejando como cierre de esta primera un interesante comentario que nos dejara un lector, citando al gran San Juan Crisóstomo:

“Las sinagogas de los judíos son las casas de la idolatría y los demonios, aun cuando no tengan imágenes en ellas.” “Los judíos no adoran a Dios sino a los demonios.” “Todas sus solemnidades son inmundas.” «La sinagoga no es solamente un centro de prostitución y un teatro; es también una casa de ladrones y hospedaje para bestias salvajes. Ningún judío adora a Dios.»
«Los judíos son asesinos empedernidos, poseídos por el Diablo; su libertinaje y borrachera les da los modales de un cerdo.» – San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla y Doctor de la Iglesia

NOTA ACLARATORIA: Por caridad cristiana y por honestidad intelectual debe saber el lector que la mayoría de estos datos fueron sacadas de las siguientes obras: «Complot contra la Iglesia» de Maurice Pinay- 3 volúmenes, «La Judaización del Cristianismo y la Ruina de la Civilización» de Federico Rivanera Carlés- 3 volúmenes. También nos vemos en la obligación de recomendar a nuestros lectores, confiamos sean pocos, que quizá no están familiarizados con este tipo de lectura o que no están los bastante preparados para asumir el estudio y reflexión de este tipo e obras (extensas y densas) les recomendamos formarse primero en lo más elemental: la lectura de las Sagradas Escrituras, del Catecismo de San Pío X, etc para poder afrontar después este tipo de estudios. Pero en general recomendamos leer estas dos obras con particular atención, ya que podrían encontrarse ciertas cosas que, sin el debido estudio y reflexión, pueden llevar a gravísimos errores y malentendidos. Con esto no queremos descalificar las obras antes mencionadas, todo lo contrario, son éstas portadoras de datos reveladores y de un estudio profundo del asunto en cuestión, pero aún así, no dejan de haber cosas que, en menos o mayor nivel, se presten para malentendidos.

Esta nota aparecerá en cada una de las tres entregas de esta exposición.

REPROBACIÓN DEL CAMINO CETECUMENAL: «KIKOS»

Por el R. P. Enrico Zoffoli

A final del artículo pueden ver  una tabla en que se comparan el Catecismo del la Iglesia con el catecismo de los neocatecumenales

INTRODUCCIÓN

   Es cierto que el movimiento neocatecumenal no merece una aprobación sino una reprobación. 

   Así, no hay que definirlo como «un camino de formación católica» sino, más bien, como un “itinerario de perversión herética”. Es una severa condenación lo que merece y no un llamamiento a los obispos para que lo exalten. 

   «En realidad, no son muchos los textos programáticos de Kiko y Carmen (sus fundadores). Los pocos a disposición carecen de difusión comercial, están mecanografiados para uso de las comunidades o han aparecido en revistas de escasa tirada». En rigor existe sólo un texto «programático» reservado estrictamente a los catequistas, mecanografiado v multicopiado; es la transcripción de una serie de conferencias pronunciadas por Kiko Argüello y Carmen Hernández.  

   Cuando se logra, con gran dificultad, procurarse este documento, queda uno asombrado al leer las recomendaciones hechas a los propios adheridos, recomendaciones repetidas veces, de guardar secreto sobre los verdaderos objetivos de este movimiento. «Esto no lo digáis a la gente porque huirían a toda velocidad». Guardadas las proporciones, nos encontramos ante una asociación de tipo masónico: el programa real es sólo conocido por uno pocos y la masa es engañada. Y pese a que varios obispos en diversas partes del mundo habían lanzado su grito de alarma, el movimiento tiene la aprobación de Juan Pablo II.

   Como prueba de nuestras afirmaciones y para ayudar a nuestros lectores reproducimos seguidamente el artículo que publicamos en junio de 1983 (edición italiana) sobre los neocatecumenales. Recientemente ha aparecido un estudio crítico sobre ese movimiento escrito por el pasionista romano Padre Enrico Zoffoli que no ha vacilado en titular su libro «Herejías del movimiento neocatecremenal». 

   Nos proponemos hablar de él. Por el momento, una simple comparación entre los subtítulos de nuestro artículo y el índice del Padre Zoffoli basta para demostrar que el «catecismo» oficial, o mejor el catecismo secreto del movimiento, permanece el mismo, como por lo demás nos asegura el propio P. Zoffoli (p.8).

   Parece sobre todo que las muy graves herejías reconocidas por muchas personas en diversos momentos permanecen evidentes en un tal movimiento que, aun afirmando querer oponerse a la «descristianización» del mundo contemporáneo, «se orienta -como ha dicho el Padre Zoffoli- a minar el cristianismo».  

 EL MOVIMIENTO CATECUMENAL

 El «fondo» secreto del movimiento

   La opinión aproximada que me había hecho, de oídas, de este movimiento, era parcialmente favorable, sosteniendo que se trataba de grupos generosos que se entregaban a una actitud útil, si bien eran un poco demasiado autónomos y un poco demasiado aficionados a algunas de sus originalidades litúrgicas. Pero el análisis cuidadoso que ahora he podido acabar no me ha revelado otra cosa que un plan muy diferente y gravísimo. He podido estudiar atentamente el volumen de cerca de 400 páginas que contiene las «orientaciones» dadas a catequistas del movimiento, sacadas de las grabaciones de las «reuniones hechas por Kiko y Carmen» para orientar a los catequistas de Madrid en febrero de 1972. La historia, la finalidad y la práctica del Movimiento están condensadas en este volumen de la manera más auténtica. Todas mis citas entre comillas las he extraído cuidadosamente de este volumen; si no indico la página, es que se trata de afirmaciones a menudo repetidas; ya que el libro, mecanografiado y fotocopiado, no es fácil encontrarlo.

   Se trata, de hecho, de un texto reservado a los catequistas, que no deben cederlo a nadie. Tuve que recurrir a una estratagema para conseguirlo y fotocopiarlo. Lo que se observa enseguida es esta cualidad negativa del movimiento: “el secreto, el esoterismo”. En no pocos pasajes está escrito: «No digáis nada de eso». «Lo que voy a deciros no es para que lo digáis a la gente, sino para que os sirva de base, de fundamento». Pero es precisamente este fondo, esta base, que son inadmisibles. De hecho, los catecúmenos y los superiores eclesiásticos -a quienes los miembros del movimiento muestran tanto respeto- están engañados, pues no se les pone al corriente de este fondo. Y se trata, como lo mostraré, de graves desviaciones doctrinales y prácticas.

Acentos carismáticos y métodos fanatizantes

   En el marco dolorosamente estático de ciertas parroquias, los grupos catecumenales, con sus actividades semanales (reuniones bíblicas preparadas por tumo por ciertos miembros y larga reunión eucarística), con los cambios de experiencias efectuadas y el acento comunitario de las reuniones de cohabitación mensual, con la formación sistemática en el sostenimiento del prójimo y en el desprendimiento de los bienes, con la perspectiva ratificada de nos estar más que en camino de una nueva conversión a proseguir durante el precatecumenado y el catecumenado en el transcurso de siete años, dan en tales grupos, digo yo, una buena impresión de compromiso y de fervor. Pero en realidad, ¿es fervor o fanatismo?

   Kiko se presta a la pregunta: «No se trata, dice, de enganchar a quien quiera que quiere», pues no se practica ningún «lavado de cerebro por razonamientos». Pero esta especie de «lavado» y de «enganche» aparecen propiamente al contrario en ausencia de razonamientos claros reemplazados por un fuego arrollador de afirmaciones drásticas, sugestivas, en un tono carismático. Aparte de las diferencias evidentes de contenido, es por semejantes medios de sugestión e imponiendo radicalmente la fuerte autoridad del guía que se efectuó en América el enganche de masas puestas bajo el yugo de movimientos pseudo-religiosos y sociales osados y atrevidos, hasta el de Jim Jones, «el Templo del Pueblo», que concluyó con la trágica matanza de la Guayana el 18 de no­viembre de 1978. Las situaciones son por lo demás opuestas en todo ello, sin duda alguna, pero el método para subyugar es el mismo. He aquí lo que dice Kiko: «El cristianismo tra­dicional, que consiste en bautismo, …primera comunión, …misa dominical, …no matar, no hurtar… no tenía nada de cristianismo era basura… Nosotros somos «precristianos»… sin haber recibido el espíritu nuevo venido del cielo… Ahora, Dios nos ha llamado para lanzar un Catecumenado orientado hacia el renacimiento»; «aun siendo poco numerosos, señalamos una piedra miliar… volviendo presente el hecho de que el reino de Dios ha llegado sobre la tierra»; para la «renovación del Concilio», fue necesario el «descubrimiento del Catecumenado»; «os hablo en nombre de la Iglesiaen nombre de los obispos,… los catequistas Catecumenales poseen un carisma confirmado por los Obispos»; «yo soy Juan Bautista en medio de vosotros; convertios, pues el Reino de Dios está muy cerca de vosotros»; «os doy la vida mediante la palabra de Dios depositada en mi; la explicación de la palabra, soy yo quien la da»; «como Moisés lo que en el desierto, somos nosotros quienes somos vuestra ayuda»; «que Jesús ha resucitado, está atestiguado por los Apóstoles: yo también os lo atestiguo,… doy de ello mi vida en prenda»; «así como Abrahán caminaba,… habéis de caminar vosotros también: según la palabra, nosotros os remitiremos el Espíri­tu Santo»; «seréis convocados en asamblea por el Espíritu Santo;… Dios os hablará»; «todos vosotros habéis sido señalados por el dedo de Dios»; «ninguna comunidad fundada por nosotros ha fallado:… yo os aseguro que Dios está aquí».

   La opresión sugestiva y fanática se refuerza continuamente por el carácter radica excesivo de las afirmaciones y de las referencias bíblicas integralistas y despojadas de crítica. Por ejemplo, la«participación» (sobrenatural) de la naturaleza divina se dice que consiste en «llegar a ser Dios mismo», en «tener la naturaleza divina; resucitar con Cristo» corresponde a «tener la misma sangre redentora de Jesucristo», a llegar a ser también nosotros «Espíritu vivificante» con la obligación de repetir y de «manifestar a cada generación lo que ha sucedido una sola vez en el Calvario, al dejarnos matar»: la influencia deletérea del pecado personal se dice en la comunidad «destruir la Comunidad, la Iglesia»; cuando en el curso del precatecumenado «dice uno vender los bienes, deberá venderlos todos,… no pudiendo de otro modo entrar en el Reino, ni aun en el Catecumenado»; nuestro cristianismo de antes de nuestra conversión era basura, etc. Todo esto acentúa la presión y el fanatismo en quien se dejó agarrar, sobre todo en la perspectiva de la larga carrera de formación prometida (siete años).  

Grosero desprecio para con la Tradición

   Las lagunas y lo nocivo de este movi­miento aparece gravísimo si, de sus métodos, se pasa a su contenido. No hay posición doc­trinal o práctica católica que no se la deforme gravemente. Todo se presenta con confusiones teológicas y bíblicas que impresionan por así decirlo, junto con una actitud de ostentación de fines redescubiertos y de recuperación de las auténticas verdades cristianas, sepultadas y olvidadas siglos ha. Ello se acompaña también de impresionantes perspectivas de empeñó personal «elitista» (de ser la flor y nata) de sacrificio.

   El «redescubrimiento» de los valores cristianos primitivos y auténticos se presenta en plan fideísta, carismático, de fe «existencialmente» vivida. Muestra un cordial desprecio por las tesis «filosóficas» de la Iglesia y de lo que se llama el «juridicismo» de la llamada especulación «teológica», organizada en los diferentes tratados. «Ellos habían encajonado al Espíritu Santo, lo habían embotellado y puesto en tratado que pudiéramos dominar, donde todos tuviéramos las más puras joyas del conocimiento de Dios: de Dios, Uno y Trino, del Dios creador, etc., y sin darnos cuenta de que habíamos empobrecido la visión de Dios». Particularmente deplorable fue «el inmovilismo casi total determinado por el Concilio de Trento», que finalmente se hubiera superado por el Vaticano II.

    Semejantemente, toda la estructura, la práctica, la liturgia de la Iglesia hubieran decaído, después de la paz de Constantino y la irrupción de las masas en la Iglesia, en un «juridiscismo» de puros ritos y peticiones de favores celestiales, comunes a toda pobre «religiosidad natural», al perder la auténtica vitalidad de fe de la «Iglesia primitiva», que, finalmente, tras el Vaticano II, se «redescubre», se recupera, justamente gracias al movimiento catecumenal.

   El hecho de que hoy «las naciones salen de las Iglesias»constituiría respecto a ello una ventaja que neutralizaría el efecto de aquella irrupción de masas y nos conduciría a la época preconstantiniana. «Así el cristianismo podrá brillar en toda su pureza y su frescor. Así podremos reanimarnos ala Iglesia primitiva».

   Es trazar una cruz sobre siglos y más siglos de la vida de la Iglesia con la presunción de no tener cura, como es el hecho de quienes tienen como brillantes estrellas a tantos santos.

Concepción luterana de la salvación

   Se trata pues no de un movimiento de masas, sino un movimiento de élites. Sin embargo, su intención es totalmente otra que la de quedar replegado en sí mismo. Sin duda dicen: «Nosotros no conquistamos a nadie, no predicamos un cristianismo proselitista»; pero en realidad presionan para multiplicar sus grupos en las parroquias. Entienden constituir también la única y verdadera manera para la «salvación del mundo». 

   Se toca aquí una perspectiva fundamental del movimiento, estrechamente unido a una noción nebulosa e inadmisible de la «salvación», continua y confusamente repetida

   La salvación del mundo consistiría en anunciar y acoger por la fe la «buena nueva», la del «evento» salvífico que es la resurrección de Jesús, esta definitiva «victoria sobre la muerte» y, por ello, el perdón amorosamente acordado por Dios. Los catecumenales comunican esta «buena nueva» y manifiestan este «signo» al aceptar el «evento» y la renovación personal de la «victoria sobre la muerte». Esta victoria advendrá, como se dio el caso para Jesús, al «pasar a través de la muerte», es decir al «dejarnos matar» por amor paciente para con los demás, al responder con la «no violencia» a su oposición, al «acabar con la cruz de los derechos del prójimo que nos destruyen». Por tal testimonio, los catecumenales salvan al mundo: «los catecumenales son los guardianes de la Palabra que es el germen del Espíritu, son la presencia de Dios en el mundo, son la Iglesia: una comunidad de hermanos. Ahí tenemos un misterio impresionante: un grupo de hombres están deificados y forman el Cuerpo de Jesucristo resucitado, el Hijo de Dios. Si ésto se produce en un lugar, allí se reproduce la victoria sobre la muerte. Ahí está el anuncio constante de la Buena Nueva y que ya ha llegado la Vida Eterna, que el Reino de Dios está próximo. Y esto es lo que salva al mundo». 

   Estamos en presencia de afirmaciones alborotadas que, pese a algunas partecillas de verdad, no son aptas sino para sugestionar, embriagar, escondiendo del todo su real gra­tuidad é incoherencia. Enseguida aparece evi­dente que entre el Calvario de Jesús y el que el prójimo pueda procuramos, hay buena dife­rencia; que Jesús ha vencido la muerte, no sólo por el hecho de soportarla, sino al resuci­tar corporalmente, y que la solidaridad edifi­cante y el altruismo de un grupo, que no puede influir más que en un círculo restringido, no son en modo alguno suficientes para la difu­sión universal de la fe y de la salvación. 

   Pero a parte de esto, el más grave equívoco concierne en la noción fundamental de la salvación. Por cierto que, en el marco de tan gran confusión teológica. se registran también, al contrario, afirmaciones correctas. Pero se contradicen por otras innumerables afirmaciones, que reducen ese tan pequeño número estricto a varios retoques y a artificiosas escapatorias, medio de defensa contra el temor de condenaciones. Es en vano, por ejemplo, que se afirme incidentemente que también hay que «dar los signos de la fe. Nosotros no somos protestantes. La fe sin las obras está muerta» . Ante todo, las «obras» no se requieren sólo como un «signo», sino como conformidad obligatoria a la ley moral según la divina voluntad. Enseguida y sobre todo, tal afirmación se destruye por las innumerables repeticiones de la concepción netamente luterana al respecto: ningún esfuerzo ascético se ha unido con el sostenimiento de la gracia: la salvación se debe exclusivamente a la fe: «El hombre, habiéndose separado de Dios, se ha quedado radicalmente impotente para hacer el bien, esclavo del maligno»; «el hombre no se salva en modo alguno mediante las prácticas» ; «para un cristiano a lo San Luis según su divisa: «antes morir que pecar» es fundamental estar en gracia de Dios, no perder esta gracia, perseverar. La gracia es una cosa de la que no se sabe demasiado lo que es, pero que se tiene en el interior y con la cual hay que morir… Pero en seguida he comprendido que vivir en gracia es vivir en la gratuidad de Dios, quien persiste en perdonarte gracias a su amor»; «Dios perdona nuestros pecados y su Espíritu Santo nos convierte en santos hijos de Dios. Y esto gratuitamente para quien quiera que cree que Jesús es el enviado del Padre como Salvador» ; «el cristianismo no es una llamada a la conciencia a la honestidad, sirio la invitación de acoger el anuncio del perdón gratuito de todos nuestros pecados»; «el cristianismo no es un moralismo. Jesucristo no es exactamente un ideal, un modelo de vida, él no vino a darnos ejemplo»; «los sacramentos no constituyen una ayuda a tal fin»; «el Espíritu vivificante está bien lejos de incitarnos al perfeccionamiento, a las buenas obras, a la fidelidad a Cristo muerto»; «el cristianismo no exige nada de nadie, todo lo convierte en don» ; «al más pecador, al más vicioso. se convierte en don de vida eterna»: « Dios es amor del enemigo… Si hemos hecho cosas horribles, Dios nos ama y nos perdona… De tí, él no exige nada». La Palabra de salvación no exige, como la ley, «un esfuerzo de más, un esfuerzo íntimo, pues él nos lo da todo entero ». 

Negación de la Redención 

   Más grave todavía, y aun más allá de la concepción luterana, es la negación de todo lazo ontológico. sobrenatural, meritorio, entre la salvación y la inmolación de Jesús. 

   Con la noción de redención, de rescate, se derrumba uno de los frutos cardinales de la fe. Por su resurrección después de su muerte, Jesús simplemente hubiera notificado a los hombres que lo habían matado su voluntad de perdón. Con grosera ignorancia se osa afirmar que, «gracias a la renovación teológica operada por el Concilio, no se habla más del dogma de la Redención, sino del misterio de la Pascua de Jesús»; como si el uno contradijera el otro. Y con insistencia al fin subrayada con tosca ironía: «Las ideas sacrificiales entraron en la eucaristía por condescendencia, sugeridas por el momento histórico, para con la mentalidad pagana»; «en lugar del Dios justiciero de las religiones, quien, por más que te muevas, te da algún bastonazo en la cabeza, nosotros, descubrimos el Dios de Jesucristo»; «¿acaso tiene Dios necesidad de la sangre de su Hijo para apaciguarse? Hemos llegado a pensar que Dios apaciguaba su cólera por el sacrificio de su Hijo al modo de los dioses paganos».. 

Negación de la confesión 

   Como he dicho, todas las verdades teológicas fundamentales son gravemente deformadas, y naturalmente también los sacramentos. Me limitaré a algunos detalles acerca de éstos, en particular la Confesión y la Eucaristía. 

   La actitud de fondo, muy laudable en sí, de querer manifestarse serio, está continuamente excitada por la incomprensión y por el desprecio superficial y presuntuoso de todo lo que se ha enseñado v practicado hasta ahora. He aquí, por ejemplo, cómo se trata por Carmen la clásica y profunda distinción entre atrición y contrición: «Se empieza por dar importancia a la contriciónVerdaderamente daría risa pensar que sólo la atrición es necesaria si uno va a confesarse, la contrición si uno no se confiesa». He ahí ignorancia burlona. 

   Para la confesión, la afirmación superficial de obediencia a la Iglesia no falta: «Mantenemos la confesión individual, porque hay que conservarla, y además porque tiene su valor». Es probable que en cuanto a ello haya habido algún llamamiento explícito de parte de la autoridad. Pero es evidentemente una práctica que se soporta simplemente. Y está en contradicción con todo el contexto de la enseñanza 

   La noción de pecado, entendido como violación de la ley moral v como rebelión a la voluntad divina, está descartada por ser la «concepción legalista que mira el pecado como falta a una serie de preceptos». Se burlan del presunto automatismo de las «expiaciones» asignadas (la penitencia sacramental) para obtener el «perdón», pues se olvida su justo aspecto de reparación (que exige, ciertamente, el previo arrepentimiento. absolutamente esencial). Se menosprecia el arrepentimiento: «La conversión no consiste en arrepentirse de lo pasadosino en ponerse en camino para lo futuro». Como si la conversión pudiera considerar un nuevo porvenir sin reprobar lo pasado y sin entristecerse de la ofensa cometida contra Dios: ofensa que no se nombra jamás en tal catequesis. La conversión sin arrepentimiento de lo pasado empalma con la afirmación ya citada del perdón «gratuito» de Dios, sin «esfuerzo» personal, sin otra obligación que la de reconocerse pecador y aceptar ese perdón. Aunque en las reuniones penitenciales se admiten las confesiones particulares rápidas, oídas y absueltas por los padres, tales absoluciones, consideradas en sí mismas, se menosprecian en no pocas ocasiones reiteradas, y aún se critican, así como el Concilio de Trento que las ha prescrito, porque darían a la confesión un carácter «mágico» (incomprensión completa es ello de la eficacia de los sacramentos ex opere operato). Fundándose en un pequeño número de autores, unilaterales, seguidos paso a paso, se expone una especie de historia de la confesión sin referencia alguna al preciso relato de su institución dado por el Evangelio. 

   Una vez descartada la maduración teológica sancionada por el Concilio de Trento, la norma de la confesión se daría por la práctica, confusamente supuesta, de la Iglesia primitiva. Henos aquí en una reunión penitencial del movimiento catecumenal: «Todo cuanto os hemos anunciado acerca del amor de Dios y el perdón de los pecados va a realizarse ahora, pues Dios nos da el poder no sólo de anunciar el perdón, sino de comunicarlo mediante un signo»: «en la Iglesia primitiva, el perdón no se confería por la absolución, sino por la reconciliación con toda la comunidad por medio del signo de la readmisión en la asamblea en un acto litúrgico» ; «el valor del rito no reside en la absolución, ya que en Jesucristo ya estamos perdonados» ; «es la comunidad eclesial, allí presente, signo de Jesucristo para los hombres, que perdona concretamente». Nos hemos alineado con la negación protestante del verdadero sacramento. 

Groseras deformaciones 

   Todo ello se dice sin que se comprenda en lo más mínimo la verdadera naturaleza del sacramento católico, como se destaca de la grotesca exposición que se da de él: «Es así que hemos practicado, nosotros los católicos, la confesión, y de ahí porqué esta práctica está hoy en crisis. El perdón pasa al segundo plano, lo esencial subsiste simplemente en confesar los propios pecados y en recibir la absolución. La confesión se transforma en algo mágico. Se tiene una visión legalista del pecado, para la cual no importa tanto la actitud interior como el acto exterior de confesar, y en todos los detalles, todos los pecados en todo su género. Es visión individualista, completamente privada, donde la Iglesia no aparece en parte alguna, y es un hombre quien te perdona las pecados». 

   He aquí completa incomprensión de la confesión tridentina. Impresionante muestra de la grosería teológica del movimiento. En e! sacramento católico de la penitencia, el perdón ocupa de tal modo el primer plano, que de él se busca la seguridad en la absolución; ésta es tan poco mágica (obtenida por recurso a falsos poderes), que depende del divino poder de Jesús; el cuidado de los valores interiores está tan poco ausente, que el último arrepentimiento es condición de validez; la cual depende tan poco de cualquier hombre, que éste obra in persona Christi y por mandato de la Iglesia. También Lutero se lo tomaba así para atacar las verdades católicas: las deformaba. 

Negación del Sacrificio Eucarístico 

   Cuando tuve las primeras informaciones sobre las reuniones catecumenales pensé que tales originalidades rituales tan sólo consistían en libertades litúrgicas, en parte tolerables, en parte corregibles. Jamás me hubiera imaginado que tuvieran por lo contrario semejante término tan gravemente heterodoxo. Ahora también comprendo por qué hubo tanta resistencia a los recursos a la autoridad para conformar sus ritos a las normas litúrgicas prescritas. Tales actitudes de autonomía y de deformidad referentes a las normas prácticas comunes se enlazan doctrinal y psicológicamente oposiciones de fondo. Se pretende abiertamente «redescubrir» la verdadera eucaristía, pues lo hemos «menospreciado y empobrecido todo».  

   La Eucaristía no sería más que «la memoria de la Pascua de Jesús, o sea, su paso de la muerte a la vida, del mundo al Padre, acontecimiento que ensalza y en el cual nos formamos la experiencia de la resurrección de la muerte», es decir, «la proclamación de nuestro perdón y de nuestra salvación», pues esto es «el carro dé fuego que viene a trasla­darnos a la gloria». 

   La esencia de la Misa como sacrificio se niega claramente al modo luterano: «Las ideassacrificiales han entrado en la eucaristía por condescendencia para con la mentalidad pagana»: «la masa de paganos (que irrumpió después de Constantino) vio la liturgia cristiana según sus conocimientos religiosos vueltos hacia la idea del sacrificio»; «en el edificio que Dios construyó, las ideas sacrificiales que había tenido Israel, y que se habían superado por el mismo Israel en su liturgia pascual, eran las fundaciones: ahora que el edificio se ha construido, se ha vuelto a tales fundaciones, o sea, a las ideas sacrificiales y sacerdotales del paganismo»; «las discusiones medievales acerca del sacrificio concernían en cosas que no existían en la eucaristía primitiva, ya que no habla entonces sacrificio cruento alguno, ni nadie que se sacrificara, Cristo, el sacrificio de la cruz, el Calvario, sino nada más que un sacrificio de alabanza por comunión con la Pascua del Señor: dicho de otro modo, con su paso de la muerte (bajo la especie del pan) a la resurrección (el cáliz)». 

   Por estas últimas afirmaciones, mientras el sacrificio está ajusto título excluido del altar, con todo igualmente queda excluido el sacrificio incruento de Jesús sacramentalmente presente: se excluye pues la actualidad sacrificial de la Misa. 

   Esta exclusión, por otra parte, es plenamente coherente con la exclusión ya citada de la inmolación cruenta y salvífica de Jesús, proclamada para nuestra salvación Una vez excluidos los méritos redentores del Calvario, su aplicación por medio del calvario místico del altar no tendría sentido alguno para los catecumenales. Dolorosamente también coherente su hostilidad alas numerosas, repeticiones de Misas, ya que su fruto impetratorio se ignora por ellos como se ignora por Lutero. 

   También se oponen rotundamente a toda la parte del ofertorio. Si es Dios quien lo hace todo, quien «pasa como carro de fuego y arrastra a toda la humanidad», ¿para qué aceptar las ofrendas? «Ofrecer las cosas a Dios para serle propicio? ¡Qué lejos estamos de la Pascua!»; «es idea pagana la de aportar ofrendas para aplacar a Dios»; «se llega a la enormidad diciendo: ¡Con la hostia pura, santa e inmaculada, ofrécete tú mismo y tu trabajo y la jornada que comienza!»; «en la Eucaristía no ofrezcas nada: es Dios absolutamente presente quien da lo máximo: la victoria de Jesucristo sobre la muerte»; «las procesiones, las grandiosas basílicas, … los ofertorios… llenan la liturgia de ideas unidas a una mentalidad pagana». Todas estas tesis son tristemente coherentes con la negación de que Jesús se inmola y se ofrece sacramentalmente: toda otra ofrenda no puede concebirse más que en unión con la suya. 

   Se elimina así todo movimiento ascensional hacia Dios y todo coloquio íntimo con Jesús en el Santísimo Sacramento, como si no hubiera aquí más que humillación «estática» de la Eucaristía, que no debiera ser más que exultación para el «descenso» de la divina intervención y, al contrario, la proclamación de la victoria ya obtenida. «Hemos transformado la Eucaristía, que era canto a Cristo resucitadoen divino prisionero del Tabernáculo»; hemos hablado, como en las «primeras comuniones», de un «Jesusillo que nos metemos en el pecho cuando lo queremos… siendo la Eucaristía todo lo contrario… es Dios quien pasa y quien arrastra a la humanidad». 

Negación de la presencia real 

   Aquí ya se dibuja el oscurecimiento de la verdad fundamental de la presencia real, pues una vez admitida ésta, debiera al contrario aparecer el precio del Tabernáculo y de la presencia en quien ha comulgado así como el precio de la íntima conversación. Pero este oscurecimiento se manifiesta gravísimo y más directo en otras afirmaciones: oscurecimiento que manifiestamente se extiende al hecho de la consagración y a la naturaleza y valor de los poderes sacerdotales: «El sacramento, esto es el pan, el vino y la asamblea: es de la asamblea de la que surge la Eucaristía». Estas palabras se adecuarían para un rito puramente conmemorativo, pero en modo alguno para el sacramento eucarístico ni para los poderes sacerdotales. Y con ostentación presuntuosa de superioridad sobre toda la teología y la práctica católica, acosada hasta la ironía: «La Iglesia Católica se ha vuelto obsesa por causa de la presencia real, hasta tal punto que, para ella, la presencia real es todo»; (esto es falso: la considera no como el todo, sino como el fundamento del todo); «las discusiones teológicas obsesivas sobre la cuestión de saber si, de hecho, Cristo está presente en el pan y en el vino hacen reír»; «en cierto momento fue necesario insistir contra los protestantes acerca de la presencia real, pero ahora ya no es más necesario y no hay que insistir más en ello» (visto el desorden teológico y litúrgico actual, es, por lo contrario. más necesario que antes); «inútiles tentativas filosóficas se efectuaron para explicar cómo está presente Cristo, con sus ojos o sin ellos, físicamente, etc., o por la transfinalización holandesa… se ha pretendido explicar el misterio por la transubstanciación » (no explicarlo sino más bien precisarlo esencialmente, determinarlo, como lo hicieron, comprometiéndose en lo máximo, el Concilio de Trento y todo el Magisterio consecuentemente, menospreciados por los catecumenales); la indiferencia en cuanto a la presencia «física», que va a la par, en sentido inverso, con la transfinalización holandesa, revela en todo por lo menos la incomprensión de la verdadera presencia. Una vez excluido todo aspecto de sacrificio, y que todo se ha reducido á «banquete» de exultación (he aquí una concepción de los catecumenales, verdaderamente obsesiva, la que se incita hasta recibir la comunión sentados y a considerar como «inconcebible que alguien no comulgue, ya que a la cena pascual justamente se va para comer»), «todos los valores de adoración y de contemplación, extraños a la celebración del banquete, se eliminan» ; «el parí y el vino, no se conciben para que estén expuestos, pues así se echan a perder (!)»; la inquietud por las «migajas». que caracteriza a quien cree en la presencia real, se pone en ridículo: «no es cuestión de migajas, sino del sacramento de la asamblea»; «el Tabernáculo, el Corpus Christi, las exposiciones solemnes, las procesiones, las adoraciones, las genuflexiones, la elevación, las visitas al Santísimo Sacramento, todas las devociones eucarísticas, ir a Misa para comulgar y llevar a Jesús en el corazón, dar gracias después de la comunión, las misas privadas… (todo eso) minimiza la Eucaristía… y está muy lejos del sentimiento de la Pascua». 

   Otras continuas afirmaciones procuran devaluar el problema de la presencia, que es por lo contrario el fundamento de todo lo demás: «Lo importante no consiste en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía… sino en su meta: en la Eucaristía en tanto en cuanto es misterio de Pascua»Así multiplican afirmaciones evanescentes: «Así como Dios estaba presente en la Pascua, es decir en la liberación que fue la salida de Egipto, del mismo modo Jesús está presente por su espíritu resucitado de la muerte» (¿es la presencia de la acción sin la presencia de la persona?); «en lugar de poner el problema de la presencia de Cristo en la Eucaristía, hay que pensar que Cristo es realidad viva que realiza la Pascua y que arrastra a la Iglesia» ; «la presencia de Cristo es otra cosa. Es el carro de fuego que viene a llevarnos para la gloria, a hacernos pasar de la muerte a la resurrección». 

Negación de la resurrección 

  Esta misma evanescencia, justamente en los puntos que exigirían la máxima determinación, aparece también con respecto a la resurrección de Jesús: «El memorial que nos deja es su espíritu, resucitado de la muerte» ; «¿Cómo vieron los apóstoles a Cristo resucitado? ¿Cómo un fantasma? No, lo vieron en sí mismos… constituido Espíritu vivificante».Esta última expresión se repite a menudo. Ciertamente Jesús envió su Espíritu. Pero la resurrección concierne al cuerpo real de Cristo. 

Superficialidad – Presunción – Astucia 

   Tal evanescencia corresponde a la gran confusión teológica y bíblica y a la superficialidad, unida a presunción de sutileza y de ahondamiento crítico sin hablar de la presunción carismática. Como ya lo he dicho, no hay verdad teológica ni bíblica que no se haya deformado, entre otros motivos porque esos catequistas laicos carecen de toda sólida formación teológica y bíblica de base, dependen de un pequeño número de textos. escogidos de entre los menos seguros, los más atrevidos (por ejemplo la revista Concilium). Esa inconsistencia y esa confusión se encuadran luego en la doctrina catecuménica fundamental. que hemos visto al principió, acerca del anuncio pascual de la salvación, nebulosamente presentada, sin precisión alguna, inconsistente en cuanto al dogma de la redención. 

   El método, simplista y astuto, de esos maestros no preparados e improvisados, para eludir toda inquisición seria, toda discusión teológica. es procurar despreciarla desde el punto de partida y reemplazarla por afirmaciones categóricas. Su método, para evitar las condenaciones y la ruptura con los superiores, consiste en la recomendación del secreto. la nebulosidad de ciertas expresiones (cortinas de humo) y la protesta de sumisión al magisterio, insertado acá v allá (como si fuera polvareda que enceguece), pero que continuamente se contradice por el contexto.   

Conclusión 

   Nos hallamos, para concluir, en presencia de un deplorable y muy nocivo lavado de cerebro, de tipo fanatizante, en el plano doctrinal, práctico, litúrgico, usado en grupos de fieles, de los que algunos quizá estén animados de mejores intenciones, pero víctimas de ilusiones y desviaciones del recto camino de seguridad ascética, del ejemplo de los santos, y sobre todo de la ortodoxia. 

   Entre la gente sencilla, tales grupos suscitan la admiración, confrontados como es­tán con ciertos ambientes tan grises y apáticos, porque se presentan como generosos y com­prometidos. Parecen presentarlo auténtico, lo diferente, lo sumo, frente a tanta grisalla. Pero lo que es «diferente» se entiende… como re­pulsa de la madurez doctrinal y práctica de la Iglesia desde Constantino, retomo obsesivo á la Iglesia primitiva (inexactamente interpretada), aversión a las estructuras jerárquicas; en las reuniones la presidencia dada al sacerdote es ficticia, pues la dirección real es de los catequistas, aun en las reuniones bíblicas. 

   Las interpretaciones literales despojadas de espíritu crítico de la Santa Escritura, por ejemplo para vender todos los bienes propios, la absoluta pasividad no violenta, la misma perspectiva de morir por los demás, pueden dar la impresión de grande y admirable fervor. Pero si esto puede estar equilibrado y ser real entre algunos, en conjunto refleja un falso proceso de fanatización y falaz construcción en la arena, con gran perjuicio del abandono doctrinal y disciplinar. También Valdo, el iniciador de los valdenses, se lanzó, guardada toda proporción, y lanzó a sus catequistas laicos empezando por la puesta en práctica de «vende lo que tienes», y suscitó discípulos fervientes, pero acabó en la rebelión y en la herejía.

COMPARACIÓN ENTRE EL CATECISMO CATÓLICO

Y EL CATECISMO DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

CATECISMO CATÓLICO

CATECISMO NEOCATECUMENAL

1/.- Cristo ha redimido el mundo.   1/.- Cristo no ha llevado a cabo ninguna redención.  
2/.- La premisa fundamental de la obra redentora de Cristo es la realidad histórica del pecado.   2/.- El pecado no es posible porque el hombre no puede evi­tarlo.  
3/.- La gracia, aun siendo necesaria, respeta sin embargo la libertad humana.   3/.- No hay ningún problema en las relaciones entre gracia y libre‑arbitrio, puesto que el hombre no puede no pecar.  
4/.- Jesús ha satisfecho a la justicia de Dios en tanto que Mediador de la familia humana pecadora.   4/.- Jesús no puede haber satisfecho a la justicia de Dios por­que El es solamente misericordia que perdona.  
5/.- Jesús ha satisfecho a la justicia de Dios ofreciéndose libremente como víctima por los pecados del mundo sobre el altar de la Cruz.   5/.– Jesús no se ha ofrecido como víctima por los pecados del mundo. Sobre la Cruz no ha realizado ningún «sacrificio».  
6/.- Jesús ha salvado al mundo por los méritos de su pasión y de su muerte.   6/.- Jesús ha salvado al mundo en virtud de su resurrección.  
7/.- Jesús continúa su obra de salvación por medio de la Iglesia, como sociedad visible y jerárquica.   7/.- La Iglesia no es una sociedad jerárquica jurídicamente constituida, sino una sociedad carismática.
8/.- La Iglesia cumple su misión en virtud del sacerdocio, fundamento de la Jerarquía, haciendo la distinción entre el «sacerdocio» de los ministros de culto recibido en el sacramento del Orden, y el «sacerdocio» de los simples fieles incorporados a Cristo por el Bautismo.   8/.- En la Iglesia, no se confiere un sacerdocio derivado del sacramento del orden puesto que el Bautismo basta para incorporar todo el mundo a Cristo, único y supremo sacerdote.  
9/.- La Iglesia, sobre el altar, celebra un «sacrificio» verdadero y real, como «sacramento» del único y perfectísimo sacrificio ofrecido por Jesús en la Cruz. 9/.- Sobre el altar, no se ofrece ningún «sacrificio» porque no ha sido jamás celebrado por Jesús.  
10/.- La Misa es un verdadero Sacrificio celebrado por Cristo por medio de su ministro visible independientemente de la presencia y participación de los fieles…   10/.- « No hay Eucaristía sin asamblea que la proclame (…). Es de esta asamblea que surge la Eucaristía…».  
11/.- El Sacrificio eucarístico depende esencialmente de la consagración distinta del pan y del vino tranubustanciados en Cuerpo y Sangre de Cristo.   11/.- La « Transubstanciación» no es un dogma de fe, sino una mera tentativa de los teólogos, destinada a explicar el «modo» de presencia de Cristo.
12/.- La Iglesia adora a Cristo, verdadera, real y substancialmente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad bajo las especies del pan y del vino consagrados.   12/.- La presencia verdadera, real y substancial de Cristo en la Eucaristía no puede aceptarse, así como no es creíble el pretendido prodigio de la «transubstanciación»: las partículas que sobran o que caen del altar no contienen esta «presencia», y no son pues «adorables».  
13/.- La presencia eucarística enseñada por la Iglesia justifica el culto del Santísimo Sacramento, de ahí la práctica de la Comunión frecuente, las visitas al Santísimo Sacramento, las bendiciones, las procesiones, las adoraciones solemnes, los congresos (Eucarísticos); como también el deber de observar las normas concernientes al modo de comportarse en presencia de Cristo y todas las reglas destinadas a cultivar la piedad eucarística de los fieles, etc.   13/.- Negada la presencia de Cristo, todas las prácticas relativas al culto, que se siguen, son vanas y ridículas.  
14/.- El sacramento de la Penitencia es realmente distinto del sacramento del Bautismo.   14/.- La Penitencia se reduce al Sacramento del Bautismo: la distinción del uno y del otro no se remonta a la Iglesia primitiva.  
15/.- La «conversión» del pecador, que precede al sacramento de la penitencia, es un hecho eminentemente personal.   15/.- «La Iglesia (…) lleva y conduce a la conversión…».  
16/.- Dios concede el perdón de los pecados por la absolución del sacerdote…   16/.- «Lo importante no es la absolución». «El valor esencial (… ) del sacramento de la penitencia es: comunitario y religioso».  
17/.- La acusación de los pecados es secreta, auricular … .   17/.- La confesión es pública, comunitaria.  
18/.- La Iglesia cree en la realidad del infierno que amenaza a los pecadores obstinados en el trance de la muerte. 18/.-En virtud de la Misericordia de Dios, al fin de los tiempos, todo el mundo será salvo.
19/.- Fuera de la Iglesia no hay Salvación.   19/.- Para salvarse, no es necesario que todos pertenezcan a la Iglesia, o estén dispuestos a entrar en ella como dentro del único Rebaño de Cristo.  
20/.- Jesús, así como es el único redentor y maestro, es también el único Modelo de santidad que los creyentes deben esforzarse en imitar.   20/.- Él no se ha presentado como «Modelo» de vida.  
21/.- El Concilio Vaticano II está lleno de errores 21/.- Vaticano II es el único Concilio válido para la Iglesia de hoy y de mañana, en tanto que el Concilio de Tiento representa una regresión en la vida de la Iglesia.  
22/.- Sólo el Magisterio de la Iglesia es competente para interpretar la Biblia.   22/.- «La Biblia se interpreta por ella misma a través dé los paralelismos».  

De: Cruzamante

Segundo domingo de Cuaresma

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

LA TRANSFIGURACIÓN. — Propone hoy la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración un asunto de capital importancia para el tiempo en que estamos. La lección que el Salvador dió un día a tres de sus Apóstoles, nos la aplica a nosotros en este segundo Domingo de la Santa Cuaresma. Esforcémonos por estar más atentos a lo que estuvieron los tres discípulos del Evangelio de hoy cuando su maestro se dignó preferirles a los demás para honrarlos con favor tan señalado.

LA CONDESCENDENCIA DE JESÚS. — Preparábase Jesús a pasar de Galilea a Judea para ir a Jerusalén donde debía hallarse en la fiesta de la Pascua. Era esta la última Pascua que iba a comenzar con la inmolación del cordero figurativo y acabarse con el sacrificio del Cordero de Dios que borra los pecados del mundo. Jesús no debía ser ya desconocido a sus discípulos. Sus obras habían dado testimonio de él a los ojos de los mismos extraños; su palabra de tan calificada autoridad, su bondad tan atractiva, su paciencia en sufrir la grosería de los hombres que se había escogido por compañeros; todo debió contribuir a unírseles a él hasta la muerte. Habían oído a Pedro, uno de ellos, declarar por inspiración divina que era Jesús el Cristo, el Hijo de Dios vivo; la prueba, sin embargo, que se les venía encima iba a ser tan espantosa, dada su flaqueza, que Jesús quiso antes de someterles a ella procurarles un último socorro para armarles contra la tentación.

EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ — No sólo para la Sinagoga, desgraciadamente, iba a ser la Cruz motivo de escándalo; Jesús en la última Cena decía delante de sus apóstoles reunidos en torno suyo: «Todos os escandalizaréis esta noche por mi causa». ¡Qué prueba cruel para hombres carnales como ellos el verle arrastrado y cargado de cadenas por mano de soldados, conducido de un tribunal a otro, sin pensar en defenderse; el ver salir adelante aquella conspiración de pontífices y fariseos tan frecuentemente confundidos por la cordura de Jesús y el brillo de sus milagros; ver al pueblo que poco antes gritaba Hosanna, reclamar apasionadamente su muerte; verle finalmente expirar en patíbulo infame entre dos ladrones y servir de trofeo a los odios reconcentrados de sus enemigos! ¿No se desalentarán a la vista de tantas humillaciones y sufrimientos esos hombres que desde hace tres años siguen sus pasos? ¿Se acordarán de cuanto han visto y oído? ¿El pavor y cobardía no paralizarán sus almas el día en que se cumplan las profecías que les hizo sobre su persona? Jesús, no obstante quiere ensayar un último esfuérzo en tres de ellos que le son especialmente queridos: Pedro, a quien ha hecho fundamento de su futura Iglesia, Santiago, el hijo del trueno, que será el primer mártir en el colegio apostólico, y Juan su hermano, que es llamado el discípulo amado. Jesús quiere tomarlos aparte y mostrarles por unos instantes el esplendor de la gloria que oculta a los ojos de los mortales hasta el día de la manifestación.

LA TRANSFIGURACIÓN. — Deja, pues, a los otros discípulos en la llanura cerca de Nazareth, y se dirige con los tres escogidos hacia una alta montaña llamada Tabor, que se encadena a las estribaciones del Líbano de que el salmista nos dice que debía exultar al nombre del Señor. Apenas llega Jesús a la cima de esta montaña, de repente desaparece su mortal aspecto a los ojos maravillados de los tres Apóstoles; su cara resplandece como el sol, sus vestidos brillan con la blancura deslumbrante de la nieve. Dos personajes inesperados están allí ante los Apóstoles y platican con su Maestro sobre los sufrimientos que le esperan en Jerusalén. Son Moisés, el legislador, coronado de rayos y Elias el profeta arrebatado en un carro de fuego, sin pasar por la muerte. Estos dos grandes potentados de la religión mosaica—la Ley y la Profecía—se inclinan humildemente delante de Jesús de Nazareth. Y no sólo los ojos de los tres apóstoles son iluminados del resplandor que rodea a su Maestro y sale de El, sino que sus corazones se ven sobrecogidos de vivo sentimiento de felicidad que les encadena a la tierra. Pedro no quiere ya bajar de la montaña; con Jesús, con Moisés y Elias quiere sentar allí sus reales. Y para que nada faltara a esta escena en que las grandezas de la humanidad de Jesús se manifiestan a los apóstoles, el testimonio del Padre celestial sale de una nube luminosa que acaba de cubrir la cima del Tabor, y oyen proclamar a Dios que Jesús es su hijo eterno.

Este instante de gloria para el Hijo del hombre duró poco; su misión de sufrimientos y humillaciones le llamaba a Jerusalén. Retiró, pues, dentro de sí ese resplandor sobrenatural; y cuando volvió en sí a los apóstoles a quienes la voz del Padre había dejado como anonadados, ya no vieron más que a su Maestro. La nube luminosa desde la que había resonado la palabra de Dios se había desvanecido. Moisés y Elias habían desaparecido. ¿Recordarán siquiera lo que vieron y oyeron esos hombres honrados con tan insigne favor? ¿Quedará en adelante impresa en su memoria la divinidad de Jesús? Cuando llegue la hora de la prueba, ¿no desconfiarán, por ventura, de su divina misión? ¿No se escandalizarán de su humillación voluntaria? Los relatos evangélicos que siguen nos contestarán.

LA AGONÍA DE GETSEMANÍ. — Poco tiempo después, habiendo celebrado con ellos su última Cena, guía Jesús a sus discípulos a otra montaña, la de los Olivos al este de Jerusalén; deja a la entrada de un jardín a la mayoría de ellos, y tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan se adentra en aquel lugar solitario; «triste está mi alma hasta la muerte, les dice, quedaos aquí, velad conmigo un poco'». Y se aleja a cierta distancia para rogar a su Padre. Sabemos qué inmenso dolor oprimía entonces el corazón del Redentor. Cuando vuelve hacia sus tres discípulos la agonía ha pasado por él; un sudor de sangre ha empapado sus vestiduras. En medio de crisis tan atroz ¿velan al menos entonces ardorosos en espera del instante en que han de sacrificarse por él? No; se han dormido; sus ojos se han vuelto abrumados de sueño. Dentro de poco todos huirán, y Pedro el más animoso jurará que no le conoce.

LECCIÓN DE FE. — Más tarde los tres apóstoles testigos de la Resurrección de su Maestro retractaron su conducta con sincero arrepentimiento y reconocieron la previsora bondad con que el Salvador quiso armarles contra la tentación, haciéndose ver de ellos en su gloria tan poco tiempo antes de su Pasión. Por lo que a nosotros cristianos atañe, no aguardemos a abandonarle y traicionarle para reconocer su grandeza y divinidad. Estamos en puertas del aniversario de su sacrificio; nosotros también le vamos a ver humillado por sus enemigos y aplastado bajo el brazo de Dios. No desfallezca nuestra fe ante ese espectáculo; el oráculo de David que nos le representa semejante a un gusano al que se pisotea; la profecía de Isaías que nos le describe como un leproso, como el último de los hombres, el varón de dolores, todo esto se va a cumplir a la letra. Acordémonos entonces de los resplandores del Tabor, de los homenajes de Moisés y Elias, de la nube luminosa, de la voz del Padre. Cuanto más Jesús va a anonadarse a nuestra vista más debemos ensalzarle con nuestras aclamaciones, diciendo con las milicias angélicas, con los veinte y cuatro ancianos que San Juan, uno de los testigos del Tabor, oyó en el cielo: «Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición».

El segundo domingo de Cuaresma se apellida Reminiscere, primera palabra del Introito de la Misa, y también se le llama domingo de la Transfiguración con ocasión del Evangelio que acabamos de explanar.

La Estación en Roma se celebra en la Iglesia de Santa María in Dominica en el monte Celio. Una leyenda nos cuenta que esta basílica es la antigua Diaconía habitada por San. Ciríaco donde San Lorenzo distribuía las limosnas de la Iglesia.

MISA

La Iglesia nos espolea en el Introito a la confianza en la misericordia de Dios que nos librará de nuestros enemigos, si le invocamos de corazón. Ansiamos alcanzar dos beneficios de él en la Cuaresma: El perdón de nuestros pecados y su protección para no volver a caer en ellos.

INTROITO

Acuérdate, Señor, de tus piedades y de tu misericordia, que son eternas: para que nunca nos dominen nuestros enemigos: líbranos, oh Dios de Israel, de todas nuestras angustias. — Salmo: A ti, Señor, elevo mi alma: en ti confío, Dios mío; no sea yo avergonzado. V. Gloria al Padre.

En la Colecta pedimos por nuestras necesidades interiores y exteriores; Dios nos dará el correspondiente remedio si nuestra plegaria es humilde y sincera; estará al tanto de nuestros menesteres corporales y defenderá nuestras almas contra las sugestiones del enemigo que pretende profanar hasta nuestros pensamientos.

COLECTA

Oh Dios, que nos ves destituidos de toda fuerza: guárdanos interior y exteriormente; para que seamos protegidos contra toda adversidad en el cuerpo, y seamos purificados de los malos pensamientos en la mente. Por el Señor.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Tesalonicenses.

Hermanos: Os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que, habiendo aprendido de nosotros la manera cómo debéis caminar y agradar a Dios, caminéis de modo que siempre progreséis más y más. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos de parte del Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación: que cada uno de vosotros sepa conservar su vaso con santificación y honor, y no con afecto de concupiscencia, como los gentiles que ignoran a Dios: que ninguno oprima, ni engañe a su hermano porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os lo hemos dicho y atestiguado. Porque no nos ha llamado Dios a la inmundicia, sino a la santificación, en Jesucristo, Nuestro Señor.

LA SANTIDAD DEL CRISTIANO. — insiste el Apóstol en este paso sobre la santidad de costumbres que debe brillar en el cristiano; y la Iglesia que nos propone estas palabras exhorta a los fieles a aprovechar el tiempo en que estamos para restaurar en ellos la imagen de Dios en la que fueron renovados por la gracia bautismal. El cristiano es un vaso de honor, preparado y embellecido por la mano de Dios; guárdese, pues, de la ignominia que le degradaría y haría digno de ser quebrado y arrojado al muladar con las inmundicias. Gloria es del cristianismo el haber hecho partícipe al cuerpo de la santidad del alma; no obstante nos advierte su doctrina celestial, que esta santidad del alma se empaña y pierde por la sordidez del cuerpo. Restauremos, pues, en nosotros al hombre entero con la ayuda de la práctica de esta santa Cuaresma. Purifiquemos nuestras almas por la confesión de los pecados, por la compunción del corazón, el amor al Señor misericordioso, y rehabilitemos nuestro cuerpo haciéndole llevar el yugo de la expiación a fin de que en adelante sea servidor del alma y su dócil instrumento, hasta que, posesionándose esta de la felicidad sin fin y sin medida, vierta sobre aquel la sobreabundancia de delicias en que se verá felizmente anegada.

En el Gradual, el hombre, a la vista de los peligros que le asedian, clama al Señor su sólo amparo, que puede hacerle triunfar del enemigo casero cuyos insultos frecuentemente soporta. El Tracto es un cántico inspirado por la confianza en la divina misericordia, y al propio tiempo una petición que dirige la Iglesia a su Esposo en favor del pueblo fiel a quien se dignará visitar y salvar con la gran festividad todavía lejana pero a la que nos acercamos, sin embargo, cada día.

GRADUAL

Se han multiplicado las tribulaciones de mi corazón: líbrame, Señor, de mis necesidades. J. Mira mi humildad y mi trabajo: y perdona todos mis pecados.

TRACTO

Alabad al Señor, porque es bueno: porque su misericordia es eterna. Y. ¿Quién expresará las maravillas del Señor, y quién contará sus alabanzas? V. Bienaventurados los que guardan la ley, y practican la justicia en todo tiempo. V. Acuérdate de nosotros, Señor, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítanos con tu salud.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.

En aquel tiempo tomó Jesús a Pedro, y a Santiago, y a Juan, su hermano, y los llevó aparte, a un elevado monte: y se transfiguró ante ellos. Y resplandeció su cara como el sol: y sus vestidos se tornaron blancos como la nieve. Y he aquí que se les aparecieron Moisés y Elias, hablando con El. Y, respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, es bueno estarnos aquí: si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés, y una para Elias. Aun hablaba él, cuando una nube lúcida les envolvió. Y he aquí una voz de la nube, diciendo: Este es mi amado Hijo, en el que me he complacido bien: oídle a El. Y, al oírlo los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron mucho. Y se acercó Jesús, y les tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y, alzando sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y, al descender ellos del monte, les ordenó Jesús, diciendo: A nadie diréis esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. — Credo.

BONDAD DE JESÚS Y FLAQUEZA DE LOS APÓSTOLES. — De este modo acudía Jesús en ayuda de sus Apóstoles en vísperas de la prueba, y quería estampar profundamente su imagen gloriosa en sus almas, previendo el día en que el ojo carnal no vería en él más que flaqueza e ignominia. ¡Oh previsión de la gracia divina, que jamás falta al hombre y que justifica siempre la bondad y justicia de Dios! Hemos pecado como los Apóstoles, y como ellos hemos desaprovechado la ayuda que el cielo nos deparaba, hemos cerrado voluntariamente los ojos a la luz y olvidado el resplandor que nos había antes extasiado, y hemos caído de bruces. No hemos, pues, sido tentados por encima de nuestras fuerzas y nuestros pecados nos son en verdad cosa propia. Los tres apóstoles se vieron expuestos a tentación violenta el día en que su Maestro pareció haber perdido toda su grandeza, les era, no obstante, fácil fortalecerse con un recuerdo glorioso y reciente. Olvidados de esto se entregaron al desaliento, y no pensaron en reanimar su fortaleza con la oración; y los testigos afortunados del Tabor se mostraron cobardes y desleales en el Huerto de los Olivos. No les quedó más remedio que echar mano a la clemencia cuando triunfó de sus despreciables enemigos; y lograron el perdón del corazón generoso de su Maestro.

CONFIANZA EN LA MISERICORDIA DIVINA. — Nosotros también acudimos a implorar esa misericordia sin tasa. Hemos abusado de la divina gracia; la hicimos estéril por nuestra deslealtad. La fuente de esa gracia, fruto de la sangre y de la muerte del Redentor, no se ha agotado para nosotros, mientras vivimos en este suelo; estemos dispuestos cada día a acudir a su refrigerio. Nos solicita a la enmienda de nuestra vida, y desciende abundosa a nuestras almas en el tiempo en que nos hallamos; mana abundantemente de los santos ejercicios de Cuaresma. Subamos al monte con Jesús; en esas alturas no se oye ya la baraúnda de la tierra. Fijemos allí nuestra tienda durante cuarenta días en compañía de Moisés y Elias, quienes como nosotros y antes que nosotros santificaron ese número con sus ayunos; y cuando el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos, publicaremos los favores con que se dignó agraciarnos en el Tabor. Exhórtanos la Iglesia en el ofertorio a meditar los divinos mandamientos. ¡Ojalá nos sea dado amarlos como los amó el profeta rey cuyas palabras relatamos! e.

OFERTORIO

Meditaré en tus mandamientos que mucho amo: y elevaré mis manos a tus preceptos, que mucho estimo.

Saquemos de la asistencia a la Misa, al soberano Sacrificio, la entrañable devoción cuya fuente inagotable es, conforme lo pide a favor nuestro la Iglesia en la Secreta. Esta hostia que pronto va a ofrecerse es la prenda y pago de nuestra salvación; merced a ella nuestros corazones fielmente preparados alcanzarán lo que puede aún faltarles para reconciliarse con el Señor.

SECRETA

Suplicárnoste, Señor, mires aplacado los presentes sacrificios: para que aprovechen a nuestra devoción y salud. Por el Señor.

A la vista de aquel que es su Salvador y su Juez, presente en este inefable misterio, el alma penitente exclama quejumbrosa con ardor y confianza. Eso intentan las palabras del salmista que constituyen la antífona de la Comunión.

COMUNION

Escucha mi clamor: atiende a la voz de mi oración, oh Rey mío y Dios mío: porque a ti oraré, Señor.

Recomienda especialmente a Dios la Iglesia en la Poscomunión a sus hijos que acaban de participar de la víctima que se ha inmolado. Jesús les ha sustentado con su propia carne; justo es le honre con la renovación de su vida.

POSCOMUNION

Suplicárnoste humildemente, oh Dios omnipotente, hagas que, los que tú alimentas con tus sacramentos, te sirvan también con buenas costumbres. Por el Señor.

MONSEÑOR SANBORN RESPONDE A LA TEOLOGÍA HERÉTICA DE MON. WILLIAMSON

RESPUESTA AL OBISPO DE LA FALSA RESISTENCIA,  MONS. WILLIAMSON

SOBRE LA VACANCIA DE LA SEDE ROMANA

Por Monseñor  obispo Sanborn

Sobre la herejía que niega la indefectibilidad del Vicario de Cristo sostenida por los obispos Williamson, Faure, Gerardo Zendejas, Dom Tomás, los dominicos de Avrillé …, y toda la teología de la FSSPX, 

Introducción de la Respuesta. (1)

 

Cada hereje apela a alguna forma de revelación, bien a las Escrituras o bien al obispo Williamson quien ha colocado recientemente en su blog Kyrie Eleison una serie de artículos que tratan de refutar el sedevacantismo. Después de haberse rodeado de los más acérrimos antimodernistas de la Fraternidad de San Pío X, el obispo Williamson, creo yo, ha hallado entre ellos cierta tendencia al sedevacantismo. Algunos de ellos se profesan sedevacantistas, aunque opinionistas en la mayoría de los casos. Esto significa que aunque ellos piensan que Bergoglio no es el Papa, reconocen que la opinión contraria, o sea que Bergoglio es el Papa, tiene algunos argumentos probables en su favor. Estoy seguro de que mi visita a Inglaterra agitó recientemente un poco estas cuestiones.

 

En este artículo, respondo a dos de los artículos del blog del obispo Williamson, el número 343 de  8 de febrero de 2014 y el 344 de 14 de Febrero de 2014. Déjenme decirles que no tengo ningún conflicto personal con Mons. Williamson, a pesar de nuestros muchos años de oposición en el pasado. Entonces se mantuvo la discusión en un nivel alto y racional, y tengo la intención de seguir haciendo lo mismo. He resumido y parafraseado sus argumentos en aras de la brevedad.

 

PRIMER ARGUMENTO

 

En el primer argumento [Tomado de N° 3431 Mons. Williamson defiende la postura de Mons. Lefebvre, de aceptar los papas Novus Ordo, pero al mismo tiempo tamizando sus enseñanzas y disciplinas en lo que es católico, y rechazando aquello que no es católico. Él dice que hacerlo por propia elección personal sería equivalente a la herejía, pero no sería equivalente a la herejía, si uno hiciera esta elección basándose en una tradición de dos mil años. Tradición a la que se acude para hacer la elección de una doctrina contraria a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Así pues, el acudir a la tradición católica para elegir la doctrina no es caer en el espíritu de la herejía. ¿Por qué? Porque él apela a la Tradición, la cual está por encima del Magisterio de la Iglesia. El Magisterio, sin embargo, es infalible, y a causa de ello es necesariamente tradicional. (2) La jerarquía católica es la garante de la conformidad de la enseñanza actual con la enseñanza tradicional. No podemos, por un lado considerarla como autoridad, y al mismo tiempo decir que su doctrina se desvía de la Tradición. Apartarse de la Tradición es estar en el error. Incluso la noción de infalibilidad incluye que la doctrina que enseñan está en conformidad con la Tradición. ¿Cómo podría ser no infalible si se apartara de la Tradición? Si su doctrina se apartase de la Tradición, sólo hay una cosa que decir: no es la autoridad, ya que manifiesta en ello que no recibe la asistencia de Cristo en la promulgación de la doctrina. Los católicos, en consecuencia, no necesitan y no pueden tamizar el Magisterio de la Iglesia para ver si hay error o herejía. El propósito mismo de la Iglesia Católica es enseñar a la raza humana, infaliblemente, en el nombre de Cristo, que da su asistencia permanente a la Iglesia para hacer exactamente esto. Además, el sistema consistente en cribar el Magisterio atendiendo a la Tradición despoja de autoridad a los supuestos papas y obispos. La autoridad en tal caso, en realidad, queda negada por el que hace esta criba ya que ella tiene la última palabra para decir lo que es católico o no. Al despojar así a la jerarquía del Novus Ordo, de su autoridad para enseñar, regir, y santificar a la Iglesia, Mons. Williamson, en realidad, está abogando por el sedevacantismo.

 

SEGUNDO ARGUMENTO

 

El obispo Williamson cita el argumento de los sedevacantistas alegando que los «papas» del Vaticano II han promulgado falsas doctrinas, disciplinas y culto. Al hacerlo, destruirían la indefectibilidad de la Iglesia, si fueran verdaderos papas. Para contrarrestar este argumento, aduce el caso del papa Liberio [352-366], que, según él, firmó un formulario herético. En este caso, dice, la indefectibilidad no se ejerció por medio del Papa, sino por medio de San Atanasio, quien permaneció ortodoxo. Asimismo, en nuestro tiempo, la indefectibilidad [de la Iglesia] está asegurada gracias al arzobispo Lefebvre y a los que le siguen.

 

Respuesta. Hay tres cosas que abordar aquí.

 

10 El Papa Liberio no firmó un formulario herético. Él firmó uno ambiguo, dando de él una interpretación ortodoxa. Pero incluso si uno concediese, por el bien del argumento, que firmó un formulario herético, lo cierto es que el Papa Liberio no enseñó esta doctrina a toda la Iglesia. Pero las falsas doctrinas del Concilio Vaticano II han sido promulgadas a toda la Iglesia por los «papas» del Vaticano II y sus «obispos». Este hecho constituye una diferencia esencial entre el caso de Liberio y el de los «papas» del Vaticano II. De ahí que la analogía sea falsa.

 

2°La indefectibilidad no puede salvarse con la fidelidad de un obispo o de algunos obispos a los que los fieles deben adherirse. La Iglesia Católica es esencialmente jerárquica, y por tanto uno no puede separar sus actos y sus atributos del Papa y de la jerarquía universal. Lo que hacen, queda hecho. Si ellos FALLAN [en la Fe], eso no deja de ser un fallo.

 

El don de profecía en el Antiguo Testamento, que fue la misión de enseñar infaliblemente la revelación de Dios a los judíos, ha sido trasladado por Cristo en el Nuevo Testamento a la jerarquía católica. Por tanto no puede haber un «profeta-obispo», como el arzobispo Lefebvre para tamizar la enseñanza de la jerarquía católica, y convertirse a sí mismo en la autoridad infalible. La infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia Católica se ejercen por el Papa y los obispos unidos a él. Ésta no queda asegurada por uno o unos pocos obispos que se arrogan el ser correctores del papa y del resto de la jerarquía. Sostener esta teoría arruina la misma constitución divina de la Iglesia Católica. La esencia del catolicismo es que está dotado de una jerarquía que tiene el poder de enseñar, regir, y santificar en el nombre de Cristo y con la misma e idéntica autoridad de Jesucristo. Si los fieles, para llegar a descubrir la verdad sobrenatural, tuvieran que correr a los profetas-obispos, como si éstos fueran los avisadores del error, ellos mismos se colocan contra esta jerarquía, cayendo por el suelo así la naturaleza y la esencia de la Iglesia Católica.

En otras palabras, nadie puede hablar en nombre de Dios por encima o al margen de la jerarquía católica.

 

3º El sistema utilizado por el Obispo Williamson, de cribar el magisterio con el fin de determinar su conformidad con la Tradición, arruina por completo la regla católica de la fe, que es el magisterio de la Iglesia Católica. Su sistema [el de Williamson] es esencialmente el de los protestantes. Ellos sostienen que cada individuo debe decidir por sí mismo lo que es la verdadera interpretación de las Escrituras. El Obispo Williamson dice que cada católico debe decidir por sí mismo lo que él considere que está en conformidad con la tradición o no. Tal regla de fe llevaría exactamente a lo que el protestantismo es: un conjunto de personas que no tienen en absoluto la unidad de la fe, que sin cesar disputan acerca de lo que dicen las Escrituras, y que se han dividido en una miríada de formaciones dogmáticas.

 

Hay muchos casos en la historia de la Iglesia Católica en el que esta apelación a la Tradición, como si fuera un tribunal superior, contra la cabeza del magisterio, ha llevado a graves errores. Los donatistas se convirtieron en cismáticos, por ejemplo, porque pensaban que la Iglesia se equivocó al aceptar como válidos los sacramentos de los que habían caído en la apostaría durante la persecución. Los griegos entraron en cisma en el siglo XI, porque decían, entre otras cosas, que el uso de los panes sin levadura, en el rito romano no era tradicional, y por lo tanto no era válido. También rechazaban la primacía del Papa con el argumento de que no era tradicional. Los viejos católicos en el siglo XIX rechazaron igualmente la infalibilidad papal alegando que no era tradicional.

 

También los modernistas sostienen que la Iglesia católica con el tiempo evolucionó hasta ser algo que no se encuentra en la Iglesia primitiva, y por tanto no es tradicional. La reforma litúrgica de la década de 1960 se basó en la falsa noción del arqueologismo, esto es, que los períodos medievales y el tridentino crearon una liturgia que no estaba en conformidad con la tradición primitiva. Los Feeneyitas afirman que la doctrina católica del bautismo de sangre y de deseo no puede conciliarse con la Tradición, sino que fue inventada en el siglo diecinueve.

 

La idea del Obispo Williamson, de tamizar el magisterio con la Tradición, lo cual es una invención cocinada en Ecóne, es un potencial nido de herejías y de cismas, y coloca a la Tradición Católica en las peores compañías.

 

TERCER ARGUMENTO

 

El obispo Williamson afirma correctamente: «Lo que los obispos del mundo enseñan, en unión con el Papa, es Magisterio de la Iglesia, el cual es infalible.» Entonces propone el argumento de los sedevacantistas que deducen que puesto que el Concilio Vaticano II ha sido promulgado por los «papas» y los «obispos» del Vaticano II, es imposible que sean verdaderos papas y verdaderos obispos. El obispo Williamson responde a esto diciendo que el Magisterio universal ordinario del Concilio Vaticano II y de los años siguientes no es conforme con la Tradición. Por tanto no es magisterio ordinario universal. Y en consecuencia, el argumento de los sedevacantistas es falso.

 

Respuesta. La noción del obispo Williamson sobre el magisterio ordinario universal (en adelante, MOU) es falsa. Proviene de una teoría que circulaba comúnmente en Ecóne cuando yo estaba allí, que establecía que una enseñanza no podía considerarse como MOU si no era conforme con la Tradición. En consecuencia, desde este punto de vista, sería posible, que el Romano Pontífice, junto con todo el cuerpo de obispos enseñaran a toda la Iglesia una doctrina que fuera, en realidad, una herejía. Tal afirmación, en sí misma, es una herejía.

 

En ninguna parte puede encontrarse esta idea Econiana (de tamizar el MOU) tanto en los manuales de teología dogmática como en la enseñanza de la Iglesia Católica. La definición del MOU dada por el P. Reginald-Maria Schultes OP, escrito en 1931, es como sigue: «El magisterio ordinario y universal se ejerce cuando la Iglesia predica la doctrina revelada, la enseña en sus escuelas, la publica por medio de los obispos, y dan testimonio de ella como perteneciente tanto los Padres de la Iglesia como a los teólogos en general.». 1

 

Todos los teólogos católicos coinciden en esta definición.

 

El P. Sylvester Berry escribe:

 

La autoridad de la enseñanza ordinaria de los obispos está en que dan la enseñanza de los fieles en sus respectivas diócesis mediante cartas pastorales, o en sermones predicados por ellos mismos o por otras personas autorizadas para tal fin, y mediante catecismos y otros libros de instrucción editados o aprobados por ellos. Cuando los obispos de la Iglesia, ejerciendo el deber de la instrucción de su gente, son prácticamente unánimes en proclamar una doctrina de fe o de moral, se dice que ejercen con autoridad la enseñanza universal y entonces son infalibles en cuanto a la doctrina. En otras palabras, una doctrina de fe o moral en la que prácticamente todos los obispos de la Iglesia están concordes, es una verdad infalible. La fe de la Iglesia creyente debe corresponder a la fe propuesta por los obispos que constituyen el cuerpo docente en la Iglesia. Por tanto, si los obispos como un cuerpo no fueran infalibles, toda la Iglesia podría ser inducida al error en cualquier momento, y consiguientemente deja de ser la Iglesia de Cristo, la columna y baluarte de la verdad. (2)

 

Para probar este punto, expongo a su atención el libro de texto de teología dogmática escrito por el padre. Francis Diekamp en 1917, titulado Theologiae Dogmatica Manuale. Allí dice:

 

Los obispos individualmente ejercen el dicho magisterio ordinario tanto en su instrucción religiosa ordinaria como en las instrucciones de este tipo que tienen lugar bajo su mando y bajo su vigilancia, y también en los juicios publicados por los Sumos Pontífices que ellos dan por escrito, en los Sínodos provinciales o diocesanos, en la condena de los errores, en las cartas pastorales, publicando catecismos y libros de devoción distribuidos en toda la diócesis, etc. Los libros litúrgicos prescritos por los obispos y sobre todo por los Romanos Pontífices son de gran importancia en las discusiones relativas a los dogmas. Las leyes, los ritos y las oraciones contenidas en ellas dan testimonio de la fe de los pastores y de los fieles. Con el consenso de todas las iglesias orientales y occidentales, en la fe, viene la obligación de dar el consentimiento de la fe. El Papa Celestino 1 [422-432] enseñó lo siguiente:

 

«Veámoslo dicho también en las oraciones de los sacerdotes transmitidas desde los Apóstoles [recitadas] en la celebración de los sagrados misterios, que son celebrados de manera uniforme por todo el mundo y por todas las iglesias católicas, cómo la ley de la oración establece la ley de la creencia». (Epist. 21, 11)

La doctrina de los obispos en conjunto, al igual que las definiciones ex cathedra del Romano Pontífice, no son infalibles por el asentimiento que la Iglesia creyente da a ellas, sino que son infalibles en sí mismas por razón de la divina asistencia, por la cual son preservadas de error.

 

La doctrina expuesta por estos autores, así como su comprensión del MOU, están en conformidad con la de todos los teólogos católicos. Está más allá del alcance de este artículo aportar las pruebas.

 

La noción del MOU del obispo Williamson, por otro lado, no se encuentra en ningún libro de cualquier teólogo católico o en el magisterio de la Iglesia. La idea del obispo Williamson del MOU requiere que los fieles analicen y juzguen la enseñanza universal de la Iglesia para ver si está conforme con la Tradición. En este escenario, es muy posible que pueda darse la herejía de que la jerarquía puede enseñar herejías acerca de cualquier determinado punto, pero que la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia se preservan gracias al rechazo de este magisterio, con el argumento de que a los fieles no les parece conforme con la Tradición. Esto es tan absurdo como decir «la Iglesia Católica es infalible, excepto cuando no lo es.» Por otra parte, en su sistema se requiere que los fieles decidan si aceptan o no el magisterio ordinario universal, fundándose en la creencia personal de que esté o no, en conformidad con la Tradición. En otras palabras, los fieles deben cribar la enseñanza de la Iglesia universal, cuando ésta enseña, para distinguir la verdad del error. Como he dicho anteriormente, tal noción despoja de autoridad al magisterio del Papa y de la jerarquía desplazándola al individuo, ya que él tiene la última palabra en cuanto a si la doctrina está conforme o no lo está, con la Tradición.

 

Lo que el obispo Williamson dice sobre la Tradición podría decirse también de la Escritura. ¿Qué se hace si se cree que algún acto del magisterio de la Iglesia no está en conformidad con la Sagrada Escritura? ¿Se tendría derecho a rechazarla, interpretando que la Escritura niega que el papa fuese el verdadero vicario de Cristo?

 

La realidad escalofriante es, que las ideas del obispo Williamson se ajustan perfectamente a lo que el hereje archimodernista Hans Küng dice en su libro de 1970 titulado ¿infalibilidad? Una investigación sobre ella, en el que dice que la infalibilidad de la Iglesia no está vinculada a fórmulas dogmáticas, que, según dice, en realidad pueden estar equivocadas, sino con el compromiso global y de largo plazo que tiene la Iglesia con la verdad. Küng señala:

 

La infalibilidad, la inerrancia, tomadas en este sentido radical, significan por tanto una fundamental permanencia de la Iglesia en la verdad, la cual no queda anulada por errores individuales.(3) Sin embargo, la permanencia de la Iglesia en la verdad no depende en absoluto de proposiciones infalibles definitivas, sino de su permanencia en la verdad en todas sus proposiciones – incluso cuando fueren erróneas -.4

 

Él cita Yves Congar, un colega archimodernista durante el Concilio, repitiendo: «Una u otra parte de la Iglesia puede equivocarse, incluso los obispos, incluso el Papa, la Iglesia puede ser embestida por la tormenta: Al final ella permanece fiel» 5 Pero esta afirmación de Küng se parece mucho a la postura del Obispo Williamson cuando dice:

 

«,Así pues, dónde, en estos tiempos oscuros, se manifiesta realmente la indefectibilidad de la Iglesia? No en la jerarquía, no en la teología, sino en esos innumerables y en gran parte desconocidos cristianos – siempre hay algunos obispos y teólogos también entre ellos – que incluso en los peores períodos de la Iglesia escucharon el mensaje cristiano, tratando de vivir de acuerdo con él, en la fe, la esperanza y el amor.»6. Ellos serían los verdaderos testigos de la verdad de Cristo.»7»

 

Küng cita a los cismáticos orientales con el fin de probar su punto:

 

Los patriarcas cismáticos escribieron a Pío IX en 1848: «Entre nosotros, ni los patriarcas, ni los Concilios jamás podrían introducir una enseñanza nueva, pues el guardián de la religión es el cuerpo mismo de la Iglesia, que es el pueblo (laos) en sí mismo. (8)

 

Küng cita también al teólogo cismático Alexei Khomiakov, que dice:

 

«La constancia invariable y la verdad infalible del dogma cristiano no depende de ningún orden jerárquico, sino que es custodiado por la totalidad, por todo el pueblo de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo» (9)

 

Y en los treinta y nueve artículos anglicanos leemos:

 

«Así como las Iglesias de Jerusalén, Alejandría y Antioquía han errado, así también la Iglesia de Roma ha cometido errores, no sólo en su vida y en la forma de las ceremonias, sino también en materia de fe.»

 

El obispo Williamson no puede dejar de reconocer su concordia con estos herejes protestantes, porque al mantener que la jerarquía modernista es la jerarquía católica, no puede obviar la conclusión de que «la Iglesia de Roma se ha equivocado.» Por otro lado, los sedevacantistas sostienen que las falsas enseñanzas y prácticas del Vaticano II no vienen de la Iglesia de Roma, sino de un grupo de eclesiásticos abusadores, herejes que pretenden ser la jerarquía católica. El deber de la Iglesia Católica en esta crisis es desenmascarar a estos usurpadores para denunciarlos como falsos jerarcas.

 

Es cierto que hay que comparar todo lo que cualquiera diga con la enseñanza tradicional de la Iglesia. De igual modo comparamos lo que oímos con los primeros principios del pensamiento, y rechazamos de inmediato lo que es contradictorio. En nuestro caso, cuando hemos visto que la aparente jerarquía católica enseña doctrinas falsas y promulga un falso culto y unas disciplinas erradas, nos es necesario llegar a la conclusión de que no son papas u obispos verdaderos, ya que es imposible que los papas verdaderos u obispos, considerados en su conjunto, hagan una cosa así. La deserción de Vaticano II de la verdad, y su enseñanza de la herejía a la Iglesia universal, son un signo infalible de que Pablo VI no era un verdadero Papa, y que nunca había sido verdadero Papa. Pues la autoridad de un concilio general depende de la del papa.

 

La doctrina que acabo de exponer está totalmente de acuerdo con la Sagrada Escritura, en la que San Pablo en Gálatas 1: 8-9 dice: «Mas si nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Tal como os dije, ahora os lo repito: Si alguno os predica un evangelio diferente al que habéis recibido, sea anatema.»

 

Observe que él no les dice que criben las falsedades del maestro para hallar lo que quede de buena doctrina, sino que les dice que le rechazen a él también. Que él sea anatema. Esta doctrina está también en conformidad con la bula del Papa Pablo IV Cum ex apostolatus de 1559, que aboga por el total rechazo de un pontífice romano que se hallare ser herético, pero no aboga por la criba de su doctrina.

 

Resumo mi respuesta: El magisterio ordinarios universal, que es la enseñanza relativa a la fe y a la moral de todos los obispos dispersos por el mundo, junto con el Romano Pontífice, es infalible. Esta doctrina fue definida en el Concilio Vaticano I de 1870, y se encuentra en el Código de Derecho Canónico de 1917. Por lo tanto es herético, incluso el poner en duda lo enseñado por el magisterio universal y ordinario. Si lo que parece ser magisterio ordinario universal contradice la enseñanza de la Iglesia, entonces la conclusión necesaria es que no puede haber venido de la verdadera jerarquía de la Iglesia Católica, ya que ese magisterio no está asistido por Cristo para cometer estos errores. Es contrario a la constitución de la Iglesia rechazar el magisterio ordinario universal como falso, mientras que al mismo tiempo se acepta la jerarquía que lo promulga como verdadera jerarquía católica romana. La idea del magisterio ordinario universal del obispo Williamson es falsa y muy peligrosa, ya que conduce al católico a creer que toda la Iglesia docente, el Romano Pontífice con todos los obispos, puede enseñar el error en asuntos que pertenecen a la fe. De ahí que los principios del obispo Williamson acerca del magisterio ordinario universal no pueden ser esgrimidos en contra de los argumentos del sedevacantismo, ya que estos principios son falsos.

 

CUARTO ARGUMENTO (tomado del Kyrie EleisoN, n° 433)

 

Aquí el obispo Williamson intenta desactivar el argumento de los sedevacantistas que establecen que puesto que los papas del Vaticano II son herejes públicos, no pueden ser papas.

 

Él responde que los Papas conciliares, a pesar de que han declarado herejías objetivas, subjetivamente no son culpables del pecado o del crimen de herejía, debido al hecho de que no podemos probar, fuera de un tribunal de justicia, que sean realmente conscientes de contradecir la enseñanza de la Iglesia.

 

Respuesta. En primer lugar, es necesario revisar la distinción entre pecado de herejía y delito de herejía. El pecado de herejía es el acto de dudar o negar una verdad de fe católica. Puede ser formal o material. Herejía formal es dudar o negar la verdad con el conocimiento de que lo que se está dudando o negando, es, de hecho, un dogma católico o una enseñanza moral, y no sólo una conclusión teológica u opinión de algunos teólogos. Herejía material es dudar o negar lo que es objetivamente un dogma católico o enseñanza moral sin conciencia de que esta enseñanza pertenece a la Fe.

 

La herejía es también un delito, es decir, una violación de la ley de la Iglesia, para la cual hay ciertas sanciones. 10

 

En ambos casos, sin embargo, la comisión del pecado o del delito, si se hace en público, lleva consigo una separación automática de la Iglesia Católica.

 

Los moralistas son claros al afirmar que lo único que excusa de la herejía formal es la ignorancia. Uno tiene que desconocer el hecho de que está contradiciendo una doctrina católica que pertenece al magisterio solemne de la Iglesia, o al magisterio ordinario universal.

 

El obispo Williamson nos quiere hacer creer que, una vez establecido el hecho de la herejía, es decir, que alguien ha pronunciado una herejía, hay que presumir la ignorancia, hasta que se pruebe lo contrario en un tribunal de justicia.

 

De hecho es todo lo contrario. Uno es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad en todos los tribunales de justicia en relación con el hecho de un delito, pero nunca en lo que respecta a la formalidad (culpa personal) del delito. Si esto fuera cierto, sería necesario contar con dos estudios para cada crimen: uno para demostrar el hecho, y el otro para demostrar que el autor realmente sabía lo que estaba haciendo cuando lo hizo. Toda ley presume la culpabilidad formal cuando es conocido el hecho de la delincuencia. Lo mismo es cierto para el pecado. La falta de formalidad en el pecado – que alguien sea inocente por falta de advertencia – tiene que ser probada.

 

Voy a dar algunos ejemplos. En el caso del tiroteo en una sala de cine de Colorado que tuvo lugar en 2012, los abogados de la defensa de este joven no cuestionaron, en modo alguno, el hecho de que su cliente llevó a cabo los tiroteos y asesinatos. Ellos trataron de probar que el tirador no estaba en su sano juicio, y por lo tanto, por razones de locura, no era realmente culpable del crimen ante la ley. La carga de la prueba recae sobre ellos, no hay presunción de ley a favor del joven.

 

También está el famoso caso en Oyster Bay Cove, Nueva York, en un edificio que ahora sirve como centro de misas de la Sociedad de San Pío V. Hace muchas décadas hubo un asesinato en ese edificio, realizado por la esposa de un hombre a quien ella supuestamente tomó por un merodeador en medio de la noche. Ella admitió que le disparó, pero sin darse cuenta de que era su esposo y por ello lo hizo por error. Fue absuelta. La carga de la prueba del error, sin embargo, recayó sobre ella, porque la presunción de ley estaba le era contraria.

 

Luego está el famoso caso de Washington durante la guerra civil americana, en la que alegándose demencia temporal, se logró una absolución. Un hombre llegó a su casa inesperadamente y encontró a su mujer con otro hombre. El marido se puso tan furioso que tomó un arma y disparó de inmediato al amante de su mujer. Admitió ante el tribunal que él realizó la acción, pero se declaró inocente por falta de formalidad en el acto ya que él cayó en un arrebato de locura temporal a causa de su ira extrema.

 

La cuestión es que toda ley, incluyendo la teología moral y el derecho canónico, presume la culpabilidad, una vez que se ha admitido el hecho del pecado. La persona que dice que no es culpable debido a la ignorancia debe probar la falta de formalidad.

 

El obispo Williamson nos quiere hacer creer, en cambio, el absurdo de que los «papas» del Vaticano II son ignorantes de la fe católica. Se supone que debemos creer que Benedicto XVI, quien ha negado públicamente la resurrección de los muertos al fin del mundo, no sabe que esta doctrina es parte del Credo de los Apóstoles, del Credo Niceno y del Símbolo de San Atanasio.

 

El cuarto argumento del obispo Williamson, consiguientemente, se derrumba porque se basa en principios falsos respecto a la culpabilidad formal, y con la absurda suposición de que los «papas» modernistas podrían realmente ser desconocedores de la Fe.

 

Además, el pecado de herejía pública es, -no sólo el delito canónico- el que basta para impedir la recepción de la autoridad papal.

 

RESPUESTA AL KYRIE ELEISON N° 344

 

Esta entrega [del obispo Williamson] da una explicación de la infalibilidad de la Iglesia, que adolece, sin embargo, de los mismos errores que hemos mencionado anteriormente, similares a los de Hans Kung. Pretende separar la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia, de la jerarquía.

 

 

En el segundo párrafo, el obispo Williamson expresa muy claramente la noción católica de la infalibilidad de la Iglesia. En esencia, dice esto: que Cristo asiste a la jerarquía de la Iglesia Católica de manera que la preserva del error en la enseñanza de la doctrina católica.

En el tercer párrafo, sin embargo, dice que debido a que Dios no quita a nadie el libre albedrío, estos mismos hombres de Iglesia, que en el párrafo dos dice que están asistidos por Cristo para no cometer errores, dice que, de hecho, son capaces de cometer el error. Esto no tiene sentido.

 

Él trata de salvar la infalibilidad diciendo que Dios no permite que su Iglesia se convierta en «totalmente defectible». Prueba de ello es que incluso los “Papas” del Vaticano II enseñaron algunas cosas que eran verdaderas. Se podría concluir diciendo que la Iglesia podría defeccionar parcialmente, es decir, enseñar algunos errores, pero no totalmente.

Luego él se hace la siguiente pregunta: «,Cómo alguien podría entonces distinguir lo verdadero de lo falso?» La respuesta que da es: mediante el tamiz de la doctrina, es decir, mediante la comparación de lo que enseñan los «papas» del Vaticano II, con el magisterio tradicional.

 

Así pues, repite la tesis de Küng de que la infalibilidad de la Iglesia no recae sólo en la jerarquía, sino en la Iglesia como un todo. «Ella [la Tradition] ha sido dada por Dios a la Iglesia en su conjunto, y no sólo a los Papas, bajo la guía infalible del Espíritu Santo». [Subrayado en el original]

 

Hans Küng aplaudiría esta afirmación con entusiasmo ardoroso. Küng dice:

 

No hay que identificar la Iglesia con la Iglesia oficial, con el Papa y los obispos. Más bien aunque está oculta, pero totalmente real, es la verdadera Iglesia de aquellos que verdaderamente creen, los cuales no puede errar, porque Cristo según su promesa sigue con ella hasta el fin del mundo; ella es la «columna y baluarte de la verdad «(1 Tim III. 15). Considerada con este alcance, la Iglesia ha sido preservada, incluso bajo unos papas caídos en el error.

 

La teoría del obispo Williamson nos haría creer que la infalibilidad de la Iglesia y su indefectibilidad están garantizadas gracias a los fieles que criban el magisterio papal para descubrir sus errores. En este caso, el Espíritu Santo asiste a la Iglesia creyente, cuando ha fallado en la asistencia a la Iglesia docente, es decir, a la jerarquía.

 

Esto no tiene ningún sentido. ¿Cuál sería la asistencia del Espíritu Santo al Papa y a los obispos, si Él no puede preservarlos de enseñar el error a toda la Iglesia? Si él falla en preservarlos del error, ¿qué garantía tendríamos de que la Tradición es verdad?

 

Conclusión

 

El obispo Williamson, incurre en algunos conceptos erróneos graves sobre la naturaleza del magisterio, de la infalibilidad de la Iglesia, de la indefectibilidad de la Iglesia, y de la naturaleza del pecado y del delito de herejía, así como de los puntos básicos de la la ley moral y de la ley penal común. Sus teorías sobre el magisterio le hacen a él y a sus seguidores, incurrir lógicamente en la herejía de que el magisterio ordinario universal podría de hecho enseñar algo contrario a la fe.

 

El error central del obispo Williamson es éste: que él separa la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia Católica Romana, de la jerarquía de esa misma Iglesia, y la transfiere al discernimiento [tamiz] de los fieles.

 

Por el contrario la fuerza del argumento sedevacantista es que refiere, absoluta y exclusivamente, la infalibilidad y la indefectibilidad a la jerarquía católica romana. En consecuencia, si la jerarquía falla [en le Fe], no hay jerarquía en absoluto.

 

El obispo Williamson, además, ha perdido una perspectiva más amplia que es absolutamente fundamental: ¿Desde el Concilio Vaticano II y sus reformas, ha habido un cambio sustancial de la fe católica, o sólo cambios accidentales? Dicho de otra manera: ¿La religión que hallo en mi parroquia que funciona bajo la orientación y aprobación del «Papa» Francisco, y del «obispo» local Novus Ordo, es la Religión Católica? Dicho aún de otra manera: ¿Llegaré al cielo practicando la religión que me ofrecen quienes, según el obispo Williamson, son el «papa» y los «obispos» católicos romanos? ¿Es esta religión agradable a Dios, o le es desagradable? ¿Es la religión verdadera o es una religión falsa?

 

Si afirmamos que la nueva religión es sustancialmente la misma que el catolicismo anterior al Vaticano II, si decimos que es la Religión Católica, y que una persona puede salvar su alma abrazándola y practicándola, entonces ¿qué necesidad tenemos de que exista el movimiento tradicionalista? Resistir a los cambios habidos sería resistir a la fe católica. Sería afirmar nuestra propia sentencia de muerte eterna.

 

Pero si por el contrario, la nueva religión ha sufrido un cambio sustancial respecto del Catolicismo Romano, si no es la religión católica, y es desagradable a Dios y es el camino del infierno, entonces ¿cómo podremos decir que ha sido promulgada por la Iglesia infalible e indefectible?

El obispo Williamson ofrece en sus explicaciones la línea estándar de Ecóne para
justificar su postura oficial de «reconocer y resistir».
Quieren reconocer la jerarquía
Novus Ordo
como verdadera jerarquía Católica Romana, pero al mismo tiempo la resisten en casi todo: Ellos condenan el Concilio, la Nueva Misa, los nuevos sacramentos

Ellos dicen a la gente que no asistan a las misas aprobadas por la que llaman jerarquía católica. Dado que nada de esto tiene sentido en la teología católica, Ecóne ha tenido que fabricar una nueva teología para justificarse a sí misma. Yo lo recuerdo. Yo he oído las mismas cosas en otro tiempo. Yo he oído decir al Arzobispo Lefebvre en una conferencia:» El magisterio del Concilio Vaticano II es sólo magisterio ordinario, el cual no infalible» Entonces yo lo creía; más tarde, supe que era un error muy grave, incluso una herejía, tal y como está dicho. También fue el Arzobispo Lefebvre quien usó la analogía y el término de «tamizar» el magisterio y la disciplina de la jerarquía Novus Ordo, para determinar lo que es católico y lo que es modernista.

 

La teología de Ecóne despoja de la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia, a la jerarquía católica, la cual constituye la Iglesia docente, y la pone en los fieles, que son la Iglesia discente. Para ello hace de la Iglesia Católica una Iglesia protestante, en la que los individuos son inspirados por el Espíritu Santo en orden a hallar la verdad.

 

La doctrina católica es que la Iglesia docente, la jerarquía católica romana es la que guarda infaliblemente la Tradición, e infaliblemente la propone a toda la Iglesia. De hecho, si esto no fuera cierto, no habría Tradición con la cual comparar el Concilio Vaticano II y sus reformas. Porque, como el teólogo del siglo XIX De Groot dijo en su «Tratado sobre la Iglesia»: «Quien separa la tutela y la preservación de las tradiciones del magisterio infalible de la Iglesia, quita a los hombres la certeza infalible de estas tradiciones» [Énfasis en el original] 12

 

Irónicamente, tanto el obispo Williamson como Hans Küng, separan la tutela y la preservación de las tradiciones de la jerarquía de la Iglesia Católica.

 

Aunque ciertamente el obispo Williamson no quiere tener nada que ver con la herejía, sin embargo, él a través de su teología de Ecóne, ha encontrado en Hans Kung, un compañero de camino [ herético y cismático].

 

1 Schultes, Reginaid-Maria, de Ecciesia Catholica PrIectiones ApoIogetic, (Paris: Lethielleux, 1931), p. 355. 2 Berry, Sylvester, DD, La Iglesia de Cristo, (Saint Louis: B. Herder, 1927) pp 466-467.

3 Küng, Hans, la infalibilidad? Una investigación, (Garden City, Nueva York: Doubleday, 1971), p. 181.

4 ¡bid., P. 182.

5 Citado en ¡bid., Página 183.

6 ¡bid., Página 189.

7 ¡bid.

8 Citado ¡bid., Página 200.

9 Citado ¡bid., Página 201.

10 El P. Cekada ha hecho un excelente artículo sobre el pecado y el crimen de herejía, que hallarse en traditionalmass.org.

11 Küng, op.cit., P. 195.

12 De Groot, JV, OP, Summa de Ecciesia Catholica Apologética, (Ratisbona: GJ Manz: 1906) p. 765.

Bp. Donaid Sanborn responde a una objeción común

[De Bp. Sanborns En Veritate Blog ]

El Papa-Tamizado

La recusación se ha hecho para mi reciente respuesta al obispo Williamson. Es una objeción frecuentemente formulada contra los sedevacantistas. Se objeta que los sedevacantistas no pueden criticar a la Fraternidad San Pío X por tamizar el magisterio, ya que ellos mismos tamizan a los papas. Al encontrar una discrepancia entre el pre-Vaticano II y el Magisterio del post-Vaticano II, los sedevacantistas simplemente deponen a los papas que les parecen estar fuera de la ortodoxia. Ahora bien, ellos no tienen autoridad para hacer esto. Así pues, mientras que los sedevacantistas objetan a los de la FSSP su «magisterio-cribado» ellos mismos caen en lo mismo al presentar a «papas-cribados», lo cual es la misma cosa.

En primer lugar, como ya he dicho en mi artículo, todo católico debe comparar todo lo que oye con el Magisterio anterior de la Iglesia, también los nuevos actos del propio magisterio, ya que el magisterio de [de la Nueva Iglesia] enmienda los dogmas de la Iglesia, que son el objeto de nuestra fe. Así pues, una vez que la Iglesia se ha pronunciado sobre cualquier tema dogmático o moral, su pronunciamiento queda para siempre. Nada a partir de entonces puede legítimamente contradecirlo. Incluso las papas están obligados a respetar el Magisterio anterior.

La asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia asegura que cualquier acto del magisterio de la Iglesia se hará en consonancia con el Magisterio anterior. Por otra parte, por el don de la indefectibilidad, el Espíritu Santo ayuda a la Iglesia de una manera tal que ninguna disciplina universal o ley, ya sea litúrgica o cualquier otra, podrían caer en algo pecaminoso.

Por consiguiente, si hay contradicción entre el Magisterio anterior y el magisterio actual, el católico debe seguir al Magisterio anterior, el cual de ningún modo puede alterarse, siendo el objeto de la virtud de la fe. Haciendo esto, el católico debe ver el «magisterio» que contradice al anterior, como algo que viene de una jerarquía que no goza de la asistencia del Espíritu Santo. Porque es imposible que una jerarquía, asistida por Él, pueda promulgar una cosa así. Por lo tanto, la contradicción que se encuentra en el nuevo «magisterio» debe ser vista como una señal infalible de que no procede de una jerarquía divinamente asistida. Por tanto, Pablo VI promulgando las herejías del Vaticano II nos da una señal infalible de que no gozaba de la autoridad papal, ni nunca la tuvo, ya que en este caso hubiera gozado de una asistencia que le hubiese impedido promulgar la herejía y el error.

Lo mismo puede decirse de las leyes y disciplinas. Si los tradicionalistas dicen que la nueva liturgia es mala, y que los nuevos sacramentos no son válidos , por lo menos en algunos casos, y que el Código de Derecho Canónico de 1983 contiene leyes pecaminosas, entonces están implícitamente afirmando que es imposible que estas cosas procedan de una jerarquía asistida por Dios. La única conclusión posible es el sedevacantismo.

Observe que los tradicionalistas no pueden esquivar la conclusión del sedevacantismo, sin negar implícitamente la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia, lo cual en realidad sería una herejía.

El grave error de la Fraternidad San Pío X y del obispo Williamson es precisamente decir que el Papa y la jerarquía católica en su conjunto puede contradecir al Magisterio anterior y puede promulgar malas liturgias, disciplinas y leyes a toda la Iglesia, creando con ello una religión completamente nueva y falsa. La solución, dicen, es tamizar el magisterio conciliar y postconciliar, la liturgia, las disciplinas y las leyes para quedarse con lo que pueda haber de tradicional, y a la vez reconocer a los que divulgan la religión falsa como si fuera una jerarquía católica legítima. Esto significa que la jerarquía católica infalible ha promulgado universalmente la herejía y el error, así como las perniciosas liturgias, leyes y disciplinas. Ahora bien, esto es contrario a la fe.

Por tanto, la fe nos exige no tamizar el magisterio y las disciplinas defectuosas, sino rechazar a los que las divulgan como una falsa jerarquía, es decir, como una jerarquía que no tiene autoridad para enseñar, regir, y santificar a la Iglesia.

Los sedevacantistas no están deponiendo a nadie, ya que no tienen autoridad para hacerlo. Por tanto, según la Tesis del obispo Guérard des Lauriers, los fieles sólo pueden y deben decir que la jerarquía Novus Ordo carece de autoridad, por las razones expuestas, pero no está y no puede estar depuesta, salvo por una autoridad legítima.

El sedevacantismo, como dije en mi artículo, sigue lo que San Pablo dice a los fieles de Galacia en el primer capítulo de esta epístola. Si cualquier persona, incluyendo un ángel o él mismo, predica una doctrina diferente a la que ha predicado, sea anatema [ver Gálatas 1:8-9]. Él no dice: tamizar la falsa doctrina de para quedarse con lo tradicional. En otras palabras, si un predicador contradice el Magisterio anterior, debe ser totalmente rechazado, y no «aceptado pero tamizado.» Del mismo modo Pablo IV pide el rechazo absoluto del papa electo que resulta ser un hereje . Él manda a los fieles no que tamicen la doctrina con la verdad, sino que lo consideren un falso papa.

Por lo tanto, si por tamizar al Papa» nos referimos a que los fieles católicos deben rechazar como falso a un predicador de falsas doctrinas, incluso aunque fuera el propio San Pablo, entonces los sedevacantistas se confiesan culpables [de tamizar al papa], porque esto es lo que San Pablo y la Iglesia Católica nos mandan hacer. El papa-tamizado» en realidad, es un papa equivocado. Lo correcto sería hablar de un «hereje-tamizado», es decir, hay que tamizar la jerarquía de herejes, algo que la Iglesia siempre ha hecho. Porque ningún hereje puede ser un verdadero Papa.

El obispo Williamson quiere transferir la asistencia del Espíritu Santo al Papa y a la jerarquía, a los fieles creyentes, asegurando de esta manera la infalibilidad del magisterio por el consentimiento y la aceptación de los fieles. En este sistema, uno puede tener un Papa y una jerarquía defectibles, y al mismo tiempo una Iglesia infalible e indefectible.

En otras palabras, usted puede tener su papa y también devorarlo. [De Bp. Sanborns En Veritate Blog ]

Primer domingo de Cuaresma

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

SOLEMNIDAD DE ESTE DÍA — Este domingo primero de la Santa Cuaresma, es así mismo, uno de los más solemnes del año. Su privilegio aplicado, por las últimas decisiones romanas, a los demás domingos de Cuaresma (Constitución «Divino afflatu.»), pero que durante muchísimo tiempo fué exclusivo de Pasión y Ramos, consiste en no ceder el puesto a ninguna fiesta cualquiera, ni la del Patrono, titular de la iglesia o Predicación de la misma. En los antiguos calendarios es llamado el primer domingo de Cuaresma: Invocabit, Primera palabra del introito de la Misa. En la Edad Media se le llamaba: «Domingo de los Hachones» del uso de llevar hachones en la Misa del día, por motivos diversos no idénticos ni en tiempo ni en lugar. En algunos lugares, los jóvenes que se habían propasado en diversiones carnavalescas, debían presentarse hoy en la Iglesia, con un blandón en las manos para dar pública satisfacción de sus excesos.

Aparece hoy la Cuaresma con todo su solemne atuendo. Los cuatro días precedentes se añadieron bastante tarde para completar los cuarenta días de ayuno, y, el miércoles de Ceniza no tienen obligación los fieles de oír misa. Viendo la Santa Madre Iglesia reunidos a sus hijos les dirige las palabras del oficio de maitines, sirviéndose del elocuente estilo de San León Magno. «Carísimos hijos, les dice, debiendo anunciaros el ayuno sacrosanto y solemne de Cuaresma, ¿por ventura podré empezar más oportunamente mi plática que usando las palabras del Apóstol a quien Jesucristo habla y repitiendo lo que acaban de leeros: He aquí el tiempo favorable, he aquí los días de salvación? Por que, aún cuando no haya tiempo alguno durante el año, que no sea rico en dones celestiales y en que, por la gracia de Dios, no hallemos siempre abiertas las puertas de la misericordia divina, debemos, sin embargo, trabajar en este santo tiempo con mayor celo y excitarnos al progreso espiritual y animarnos de grande confianza. La Cuaresma en efecto, al ponernos a la vista el día sacro en que fuimos redimidos, nos invita a practicar todos los deberes de piedad cristiana a fin de disponernos para la purificación del cuerpo y alma a celebrar los misterios de la Pasión del Señor.

TIEMPO FAVORABLE. — Tan gran misterio merecería de parte nuestra, respeto y devoción sin tasa y debiéramos estar siempre delante de Dios tales cuales quisiéramos el día de Pascua. Pero esta constancia no es caudal de muchos; la flaqueza de la carne nos fuerza a mitigar la austeridad del ayuno y los varios quehaceres de esta vida dividen y reclaman nuestras preocupaciones. Y sucede en consecuencia que los corazones religiosos están dispuestos a contaminarse en algo con el polvillo de este mundo. Con aventajado provecho nuestro se ha introducido esta divina institución que nos da cuarenta días para recobrar las fuerzas de nuestras almas expiando por la santidad de nuestras obras y el merecimiento de nuestros ayunos los deslices de todo el año.

CONSEJOS APOSTÓLICOS.— «Al comenzar queridos hijos, estos misteriosos días santamente establecidos para purificar nuestras almas y cuerpos, tengamos a gala obedecer la prescripción del Apóstol, despidiéndonos de todo cuanto pueda enlodar la carne y el espíritu con el fin de refrenando el ayuno la enemiga existente entre las dos partes de nuestro ser recobre el alma la dignidad de su imperio, sometida ella misma a Dios y dejándose guiar por El. A nadie demos ocasión de querellarse de nosotros; no nos expongamos al justificado vituperio de los que buscan contrariarnos. Los infieles, pues, tendrían motivo de condenarnos, y azuzaríamos nosotros mismos, por nuestra culpa, sus impías lenguas contra la religión, si la pureza de nuestra vida no corre pareja con la santidad, del ayuno que hemos abrazado. No nos figuremos que la perfección toda de nuestro ayuno estriba en sola la abstinencia de viandas; porque en balde negaríamos al cuerpo parte del alimento si, a la vez no alejásemos del alma la maldad.»

EL EJEMPLO DE JESUCRISTO TENTADO POR SATANÁS. — Cada domingo de Cuaresma ofrece como objeto principal una lectura de los santos Evangelios, destinada a iniciar a los fieles en los sentimientos que la Iglesia quiere inspirarnos durante el día. Hoy nos da a meditar la tentación de Cristo en el desierto. No hay asunto más adecuado para esclarecernos y fortalecernos que ese capital relato. Somos pecadores, nos reconocemos y deseamos expiar nuestros pecados. Pero ¿cómo caímos en el mal? Nos tentó el Demonio, y no rechazamos la tentación. Pronto cedimos a la sugestión del adversario y se perpetró el mal. Tal es nuestra historia en el pasado y tal sería en el porvenir si no aprovechamos el ejemplo con que nos brinda hoy el Redentor. Declarándonos el Apóstol la misericordia del consolador divino de los hombres, insiste sobre las tentaciones que se dignó tolerar nuestro Señor (Hebr., IV, 15 )Esa muestra de abnegación sin límites no se nos ha negado y así contemplamos hoy la paciencia adorable del Santo de los Santos; no tiene recelo ni asco en dejarse se le acerque ese repulsivo enemigo de todo bien, para enseñarnos como debemos triunfar de él.

Satanás ha vislumbrado con sobresalto la santidad incomparable de Jesús. Las maravillas de su nacimiento, los pastores convocados por los Angeles ante el pesebre, los Magos llegados de Oriente, al señuelo de una estrella; la protección que ha sustraído al Niño del furor de Herodes; el testimonio de Juan Bautista dado a favor del nuevo Profeta; todo este conjunto de hechos contrasta y choca de modo tan extraño con la humildad, la oscuridad de los treinta primeros años del Nazareno, que despierta los recelos de la serpiente infernal. El misterio de la Encarnación se llevó a cabo lejos de sus miradas sacrilegas; ignora que María es la Virgen anunciada por Isaías como madre del Emmanuel (Isaías, VII, 14.). Pero se han cumplido los tiempos y la última semana de Daniel ha iniciado su carrera, el mismo mundo pagano aguarda de la Judea un libertador y sabe todo esto el demonio. En su perplejidad osa acercarse a Jesús, esperando poder en el curso de la conversación sacar de él alguna nueva. ¿Es o no es el Hijo de Dios? Ahí está el problema. Acaso, acaso, podrá hacerle caer en alguna flaqueza; el hecho de saber si es un hombre como los demás, le tranquiliza.

PROCEDER DE CRISTO.— El enemigo de Dios o de los hombres había de quedar burlado de sus esperanzas. Se allega al Redentor, pero todos sus astutos esfuerzos se truecan en propia confusión con la sencillez candorosa y la majestad del justo, Jesús rechaza todas las embestidas de Satanás pero no da a conocer su origen celestial. Aléjase el Angel perverso sin haber sacando en limpio de Jesús, que era un Profeta fiel al Señor. Bien pronto cuando sea testigo de los desprecios, calumnias y persecuciones que lleven sobre la cabeza del Hijo del Hombre, cuando sus esfuerzos para perderle parezcan salirle sorprendentemente bien, se cegará más y más en su orgullo. Cuando Jesús saturado de oprobios y tormentos expire en la Cruz, sentirá, por fln, que su víctima no es mero hombre, sino Dios, y que todos los furores que ha conjurado contra el Justo sólo ha servido para manifestar el último esfuerzo de la misericordia que salva al humano linaje y la justicia que para siempre quebranta y desbarata los poderes del Averno. Este es el plan de la divina Providencia al permitir que el espíritu del mal empañe con el vaho de su inmunda presencia el retiro del Hombre-Dios, le dirija la palabra y eche en El sus sacrilegas manos, examinaremos, pues las circunstancias de esta triple tentación soportada por Jesús con el fin de aleccionarnos y esforzarnos.

NUESTROS TRES ENEMIGOS. — Tenemos tres géneros de enemigos con quienes hemos de pelear y nuestra alma ofrece tres puntos flacos, porque: «cuanto hay en este mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida'». Por concupiscencia de la carne, hemos de entender el amor de los sentidos, codiciosos de los goces de la carne, arrastra el alma, si no se tiene a raya a deleites ilícitos. La concupiscencia de los ojos significa el amor de los bienes de este mundo, de sus riquezas, de la fortuna, que brillan a nuestra vista antes de seducir nuestro corazón. Por fin, el orgullo de la vida es la confianza en nosotros mismos; nos hace vanos y presuntuosos, nos hace olvidar que de Dios nos viene la vida y demás dones que se dignó derramar sobre nosotros. Todos nuestros pecados manan de una de estas tres fuentes, y las tres tentaciones que nos asaltan se proponen hacernos aceptar la concupiscencia de la carne o la concupiscencia de los ojos o el orgullo de la vida. El Salvador modelo nuestro en todas las cosas, había, pues, de sujetarse a tres pruebas.

LAS TRES TENTACIONES. — Tienta Satanás a Cristo primeramente en la carne, sugeriéndole el pensamiento de emplear su poder sobrenatural en remediar el hambre que le acucia. Di que estas piedras se conviertan en pan: Este consejo dá el Demonio al Hijo de Dios. Quiere ver si el apresuramiento de Jesús a dar satisfacción a su cuerpo denota por ventura ser un hombre flaco y sujeto a la concupiscencia. Cuando se dirige a nosotros, tristes herederos de la concupiscencia de Adán, lanza más atrevidamente adelante sus sugestiones; aspira a contaminar el alma por el cuerpo, pero la santidad soberana del Verbo no consentía osara Satanás hacer tal ensayo de su poder tentando al hombre en sus sentidos. Es por tanto una lección de templanza la que nos da el Hijo de Dios; y sabemos que para nosotros la templanza es madre de la pureza, y que la intemperancia atiza la rebelión de los sentidos.

La segunda tentación es de orgullo. Echate abajo; los Angeles te recibirán en sus manos. Quiere saber el enemigo si los favores del cielo han ocasionado en el alma de Jesús esa hinchazón, esa confianza ingrata que hace que la criatura se atribuya a sí misma los dones de Dios, olvide a su bienhechor para dominar en lugar suyo. Queda burlado otra vez y la humildad del Redentor espanta el orgullo del ángel rebelde.

Ensaya entonces el último esfuerzo. Acaso, se dice, la ambición de la riqueza seduzca al que se muestra tan templado y humilde. He aquí todos los reinos del mundo en su esplendor y gloria; puedo entregártelos a condición de que me adores. Jesús rechaza con desdén esa despreciable oferta y lanza de su presencia al seductor maldito, príncipe del mundo, enseñándonos con este ejemplo a desdeñar las riquezas de la tierra, cuando para conservarlas o adquirirlas sería necesario quebrantar la ley de Dios y honrar a Satanás.

VICTORIA Y EJEMPLO DE CRISTO. — Ahora bien, ¿cómo el Redentor, nuestro divino adalid, rechaza la tentación? ¿Escucha los razonamientos de su enemigo? ¿Le deja tiempo para descorrer ante sus ojos todas las fantasías diabólicas? Así hemos procedido a menudo nosotros y fuimos derrotados. Conténtase Jesús con oponer al enemigo el escudo de la inflexible ley de Dios. Escrito está, le dice: No de sólo pan vive el hombre. Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios. Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás. Sigamos en adelante esta gran lección. Perdióse Eva y con ella el linaje humano, por haber trabado conversación con la sierpe infernal. Quien coquetea con la tentación sucumbirá. En estos días santos está el corazón más atento, las ocasiones alejadas, los hábitos viciosos interrumpídos; y depuradas nuestras almas con los ayunos, la oración y la limosna, resucitarán con Jesucristo; ¿conservarán empero esta nueva vida? Todo depende de nuestra actitud en las tentaciones. Desde el principio de Cuaresma la Iglesia asocia al precepto el ejemplo abriendo nuestros ojos el relato del santo Evangelio. Si vivimos atentos y fieles; fructificará en nosotros la lección; y llegados a la solemnidad pascual, la vigilancia, la desconfianza en nosotros mismos, la oración, con el auxilio divino que jamás falta, asegurarán nuestra perseverancia. Celebra hoy la Iglesia Griega una de sus más grandes solemnidades. Esta fiesta es la llamada Ortodoxia, y tiene por objeto honrar el restablecimiento de las Imágenes sagradas en Constantinopla e imperio de Oriente en 842, cuando la emperatriz Teodora, con la ayuda del santo Patriarca Metodio, puso fin a la persecución de las iconoclastas, e hizo figurar en todas las Iglesias las Imágenes santas, que el furor de los herejes había hecho desaparecer.

MISA

La estación en Roma se celebra en la Basílica de San Juan de Letrán. Puesto en razón parece que un domingo tan solemne se celebre en la Iglesia Madre y Maestra de todas las Iglesias, no ya tan sólo de la ciudad eterna, sino del mundo entero. En ella eran reconciliados el Jueves Santo los pecadores públicos, allí, en el Bautisterio de Constantino, recibían el Bautismo la noche de Pascua los Catecúmenos; ninguna otra Basílica cuadraba mejor para reunir a los fieles en el día en el que el ayuno cuaresmal fué proclamado tantas veces por la voz de los Papas.

El Introito está sacado del Salmo XC, que da él sólo el texto de todos los cantos de esta Misa. Ya hablamos de cómo ha apropiado la Iglesia este hermoso cántico a la situación del cristiano durante la Cuaresma. Todo él trata de la esperanza que el alma cristiana ha de concebir en el auxilio divino en estos días en que se ha decidido a darse por completo a la oración y a la lucha contra los enemigos de Dios y de sí misma. Prométele el Señor en el Introito que no será vana su confianza,

INTROITO

Me invocará, y yo le oiré: le libraré, y le glorificaré: le saciaré de una larga vida. — Salmo: El que habita al abrigo del Altísimo: morará en la protección del Dios del cielo. J. Gloria al Padre.

Recomienda la Iglesia a Dios en la Colecta a todos sus hijos y pide que su ayuno no sólo los purifique, si no que les alcance de lo alto la potente ayuda para hacerles fecundos en buenas obras que les salven.

COLECTA

Oh Dios, que purificas tu Iglesia todos los años con la observancia cuaresmal: haz que tu familia manifieste con buenas obras lo que se esfuerza en alcanzar de ti por la abstinencia. Por el Señor.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios.

Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de la salud. He aquí el tiempo propicio, he aquí el día de la salud. No ofendamos a nadie, para que no sea vituperado nuestro ministerio; antes portémonos en todo como ministros de Dios: en mucha paciencia, en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en los azotes, en las cárceles, en las sediciones, en los trabajos, en las vigilias, en los ayunos, en la castidad, en la ciencia, en la longanimidad, en la suavidad, en el Espíritu Santo, en la caridad no fingida, en la palabra de verdad, en la virtud de Dios, con las armas de la justicia en la diestra y en la siniestra, en la gloria y en la ignominia, en la fama y en la infamia; como seductores, pero (siendo) veraces; como ignorados, pero conocidos; como muriendo, pero he aquí que vivimos; como castigados, pero no muertos; como tristes, pero siempre alegres; como necesitados, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo.

LA VIDA DEL HOMBRE ES UNA MILICIA.—Este paso del Apóstol nos muestra la vida cristiana en otro aspecto muy diverso del que de ordinario se figura nuestra molicie. Para esquivar su alcance, fácilmente juzgaríamos que semejantes consejos apostólicos cuadrarían bien en los primeros tiempos de la Iglesia en que los fieles enfrentados sin cesar con las persecuciones y con la muerte, necesitaban algunos grados más de abnegación y de heroísmo. Ilusión grande sería sin embargo creer que todas las luchas del cristianismo han terminado. Queda siempre en pie la lucha con los demonios, con el mundo, con la carne y sangre, y por eso nos remite la Iglesia al desierto con Jesucristo para que aprendamos a pelear; allí comprenderemos ser la vida del hombre en la tierra una milicia 1 y que si no luchamos siempre y con denuedo, esta vida que quisiéramos pasar en el sosiego acabará con nuestra derrota. Para ahorrarnos precisamente esta catástrofe, nos dice la Iglesia por boca del Apóstol: «He aquí llegado el tiempo aceptable; he aquí los días de salud.» Obremos en todo «como servidores de Dios»; y mantengámonos firmes hasta el fin de esta santa temporada. Dios vigila sobre nosotros como vigiló sobre su Hijo en el desierto.

Gradual nos asegura la protección de los santos Angeles, cuya solicitud no nos pierde de vista ni de día ni de noche. Durante la Cuaresma redoblan sus esfuerzos contra nuestros enemigos y se alegran al ver que el pecador acepta por fin la penitencia que le ha de acarrear la salvación.

El Tracto está formado del Salmo XC y del mismo están sacados el Gradual, el Introito, y demás cánticos de esta Misa. Cobre, pues, aliento nuestro corazón; todo nos habla de la bondad de Dios y de su vigilancia paternal sobre hijos ingratos que quiere trocar en amigos fieles y cohorederos de su reino.

GRADUAL

Mandará Dios sus Angeles a ti, para que te custodien en todos tus caminos. T. Te llevarán en las manos, para que tu pie no choque con piedra alguna.

TRACTO

7. El que habita al abrigo del Altísimo, morará en la protección del Dios del cielo. J. Dirá al Señor: Esperanza mía y refugio mío eres tú: Dios mío, confiaré en ti. J. Porque El me libró del lazo de los cazadores, y de la peste destructora. J. Te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas. J. Te rodeará con el escudo de su verdad: y no temerás los sobresaltos nocturnos, y. Desafiarás las flechas que vuelven de día, las emboscadas de la noche, las incursiones y razias del mediodía. J. Caerán mil a tu siniestra, y a tu derecha diez mil: mas a ti no te tocarán. J. Porque mandará Dios sus Angeles a ti, para que te custodien en todos tus caminos, y. Te llevarán en las manos, para que tu pie no choque con piedra alguna. J. Caminarás sobre el áspid y el basilisco, pisarás al león y al dragón. J. Puesto que confió en mí, yo le libraré: le protegeré, por haber invocado mi nombre. J. Me llamará, y yo le oiré: le acompañaré en la tribulación, y. Le libraré, y le glorificaré: le saciaré de larga vida, y le mostraré mi salud.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.

En aquel tiempo Jesús fué llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y, acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo- de Dios, di que estas piedras se tornen panes. Y El, respondiendo, dijo: Escrito está: No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces le llevó el diablo a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate abajo. Porque escrito está: Mandará sus Angeles a ti, y te tomarán en las manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna. Di jóle Jesús: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios. El diablo le transportó de nuevo a un monte muy elevado: y le mostró todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: Te daré todo esto, si, postrándote, me adorares. Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás. Porque escrito está: Adorarás al Señor, tu Dios, y a El solo servirás. Entonces le dejó el diablo: y he aquí que se acercaron los Angeles, y le sirvieron.

COMPASIÓN A JESÚS. — Admiremos la bondad inefable del Hijo de Dios, que no contentándose con expiar por la Cruz todos nuestros pecados, se dignó, para alentarnos a hacer penitencia, imponerse un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches. No consintió que la justicia de su Padre pudiera exigir de nosotros un sacrificio sin haberle ofrecido El antes en persona en circunstancias mil veces más austeras que cuantas puedan darse en nosotros. ¿Qué son nuestras obras de penitencia, tan a menudo regateadas a la justicia de Dios por nuestra supina cobardía, si las careamos con el rigor de este ayuno del Señor en la montaña? ¿Tendríamos cara todavía, para pretender dispensarnos esas leves satisfacciones con que el Señor se dá por satisfecho, y que tan lejos están del castigo que merecen nuestras culpas? En lugar de lamentarnos de una ligera incomodidad, un trabajillo de algunos días, compadezcamos mas bien la cruel hambre que padece nuestro inocente Redentor durante esos interminables días y noches del desierto.

CONFIANZA EN LA TENTACIÓN. — La oración, la abnegación en favor nuestro, el pensamiento de las justicias de su Padre sostenían a Jesús en sus desalientos; pero al finalizar la expiación de la cuarentena, la naturaleza humana estaba agotada. Entonces vino la tentación a darle el asalto, pero triunfa con tal sosiego y firmeza que nos deben servir de ejemplo. ¡Qué desvergonzada audacia de Satanás en el atrevimiento aquel de llegarse al Justo por excelencia! Y ¡qué paciencia la de Jesús! Se digna tolerar que el monstruo del abismo eche mano en él y le transporte por los aires de un lugar a otro. El alma cristiana está a menudo expuesta a crueles insultos de su enemigo, y hasta algunas veces estará tentada de quejarse a Dios de la humillación que sufre. Piense entonces en Jesús, el Santo de los Santos, entregado, si es lícito decirlo, a merced SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 199 del espíritu del mal. No deja de ser por eso el Hijo de Dios, vencedor del infierno; y Satanás no ha sacado en limpio sino una vergonzosa derrota. De igual modo el alma cristiana, en ruda tentación, si aguanta con enérgico corage, será objeto de las más tiernas complacencias de Dios, para vergüenza y castigo eterno de Satanás. Unámonos a los Angeles leales que tras la retirada del príncipe de las tinieblas, se apresuraron a reparar las agotadas fuerzas del Redentor, ofreciéndole comida. ¡Qué tierna y finamente se conduelen de sus divinos trabajos! ¡Cómo reparan en sus adoraciones el ultraje horrible de que Satanás se hace reo contra el soberano Señor de todo lo creado! ¡Cómo se quedan pasmados de admiración de tamaña caridad de un Dios que en su amor al Hombre parece olvidarse de su augusta dignidad, para no pensar más que en las desgracias y necesidades de los hijos de Adán! Usurpando la Iglesia de nuevo las palabras de David, nos muestra al Señor amparando con delicada protección al leal rebaño y armándole contra toda embestida con el invencible escudo que nos brinda la fe.

OFERTORIO

El Señor te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas: te rodeará con el escudo de su verdad.

No estriba la Cuaresma solamente en el ayuno, y no será eficaz para lograr la reforma de nuestra alma si no esquivamos las ocasiones peligrosas que en un instante destruirán la obra de la gracia divina. Por eso pide la Iglesia en la Secreta un especial auxilio a nuestro favor.

SECRETA

Te inmolamos, Señor, solemnemente el sacrificio del comienzo cuaresmal, suplicándote hagas que, con la restricción de carnes, nos moderemos también en los placeres malsanos. Por el Señor. Para más sólidamente afianzar la confianza en nuestras almas, repite la Iglesia en la antífona de la Comunión las palabras de esperanza ya propuestas en el ofertorio. El sacrificio que acaba de ser ofrecido es para nosotros nueva prenda de la bondad divina.

COMUNION

El Señor te cubrirá con sus espaldas, y te cobijará bajo sus alas: te rodeará con el escudo de su verdad.

Enséñanos la Iglesia en la Poscomunión a considerar la Sagrada Eucaristía como medio más eficaz de acrecentar nuestras fuerzas, purificando nuestras lacras. Apresúrese, pues el pecador a sellar la paz con Dios, y no aguarde al festín pascual para probar la eficacia del divino manjar que nos salva de la divina justicia, incorporándonos al autor mismo de la salvación.

POSCOMUNION

Restáurenos, Señor la santa libación de tu Sacramento: y, purificándonos de nuestra vejez, háganos partícipes de tu salvador Misterio. Por el Señor.