Lógica General 18/19. Del silogismo probable.

Artículo V
Del silogismo probable

Así como la demostración es causa de la ciencia, así el silogismo probable, que es aquel cuyas premisas, o todas, o parte de ellas no son ciertas y evidentes, produce la opinión o asenso opinativo. De manera que la opinión viene a ser: el asenso del entendimiento a alguna cosa como verdadera, pero con temor de lo contrario. Este asenso y el temor que lo acompaña admite diferentes grados en relación con las razones o fundamentos que determinan el asenso, puesto que cuanto mayor sea el peso de éstas razones y fundamentos, más firme y estable será el asenso que resulte, y menor el temor de la [107] parte opuesta. La opinión, por lo tanto, puede concebirse como ocupando el espacio o distancia que media entre la duda y la certeza acerca de una cosa, acercándose más o menos a dichos extremos, según la condición de los fundamentos en que estriba, de donde resultan los varios grados de probabilidad en las opiniones.

Cuando la probabilidad relativa a una proposición estriba en el testimonio y autoridad de otros que afirman la verdad o probabilidad de la misma, se llama probabilidad extrínseca: cuando por el contrario damos asenso probable a una proposición en virtud de las razones que en su favor se alegan, o de las que nosotros descubrimos, se dice que hay probabilidad intrínseca: si se reúnen las dos clases de fundamentos, habrá probabilidad mixta. Es muy difícil determinar y medir los grados de probabilidad, especialmente cuando se trata de la extrínseca; sin embargo, expondremos más adelante algunas reglas con el objeto de facilitar este discernimiento.

Los lógicos suelen señalar algunos lugares comunes, de los cuales se pueden sacar medios y argumentos, a lo menos probables, para establecer o probar alguna proposición: y digo a lo menos probables, porque algunos de ellos pueden suministrar medios demostrativos. Éstos lugares se llaman tópicos por la razón indicada, y pueden reducirse a diez, que son:

a) A causis: cuando el efecto o alguna cosa perteneciente al mismo se prueba por sus causas, bien sean internas, como la formal y materia, bien sean externas, como la eficiente, la final y la ejemplar.

b) Ab effectu: cuando la causa de una cosa o algo perteneciente a aquella se prueba por el efecto. Hay algunos axiomas o principios que sirven de fundamento a los argumentos que se sacan de estos dos lugares; tales son entre otros: si hay efecto hay causa. Puesta la causa necesaria y total, se pone el efecto. Lo que es causa de la causa es causa de lo causado. Quitada la causa se quita el efecto. Pero nótese que en nuestro juicio algunos de estos principios, ni son axiomas, [108] ni siquiera verdaderos, a no ser que se tomen en sentido determinado y concreto. Así, por ejemplo, Dios, aunque es causa de la voluntad humana, no es causa del pecado que de la misma procede, y bajo este punto de vista no se verifica en sentido universal y absoluto la afirmación: quod es causa causae, est causa causati. Así también, aunque perezca el padre no perece por eso el hijo, ni por consiguiente se verifica que sublata causa tollitur effectus, axioma que sólo es verdadero: 1º si se entiende en el sentido de que la existencia del efecto presupone necesariamente la preexistencia de la causa: 2º Si se trata de aquellos efectos que dependen de alguna causa, no sólo en cuanto a recibir la existencia, sino en cuanto a su conservación.

c) A subjecto: cuando se prueba algo relativamente a las propiedades, o accidentes, por la condición del sujeto en que existen.

d) A definitione: cuando nos servimos de la definición del predicado o del sujeto para probar su conexión o repugnancia. Ésto debe entenderse de las definiciones accidentales, o de las descriptivas imperfectas, o incompletas, porque si se trata de definiciones esenciales, y aun de las descriptivas completas, suministran medio o argumento demostrativo. Hay algunos axiomas relativos a este medio, como son: Lo que conviene al género, conviene a la especie. Quitado el género, se quita la especie. Lo que se afirma o niega de la definición se afirma o niega del definido. Al que conviene la definición conviene el definido.

e) A divisione: cuando tomando por medio el todo probamos algo acerca de sus partes, o inferimos el todo de la enumeración de sus partes; o inferimos alguna parte de la exclusión o negación de las demás. Tiene como axiomas: Si existe el todo existe la parte. Si una cosa está en la parte, está en el todo. Excluidas o negadas todas las partes de una cosa, se excluye también el todo. Excluidas o negadas todas las partes de una cosa, se excluye también el todo. Excluidas las demás partes vale la consecuencia con respecto a la única que resta.

f) A contrariis: cuando de la afirmación o negación de un contrario inferimos algo acerca de otro, v. gr. La virtud es [109] digna de alabanza: luego el vicio merece vituperio. La contrariedad no se toma aquí en sentido riguroso, sino por cualquier género de oposición.

g) Ad adjunctis: cuando se toma argumento para probar alguna cosa, de la familia, lugar, tiempo, personas u otras circunstancias y condiciones de la misma.

h) A simili: cuando nos servimos de la semejanza o analogía para probar algo. La inmoralidad hizo perecer la república romana: luego también perecerán las nacionalidades que a ella se entreguen.

j) Ab auctoritate: cuando se prueba alguna cosa por el testimonio de los peritos en aquella materia. Sin perjuicio de lo que sobre la materia diremos después, el conveniente uso de este lugar, exige que se tenga presente: 1º si el autor que se alega es tenido por competente en aquella materia: 2º si ha examinado la cosa por sí mismo, o si solo se refiere al parecer o dicho de otros: 3º si ha examinado la cuestión ex profeso y detenidamente, o sólo por incidencia y ligeramente: 4º si se ha dejado llevar de preocupaciones, afectos o pasiones sobre la materia, lo cual puede conjeturarse teniendo en cuanta el carácter, profesión, costumbres, vida y demás condiciones del autor.

Corolarios

1º Luego es absurda e insostenible la opinión de Genovesi y otros que dicen que la probabilidad es uno de los grados de certeza. Ésta incluye en su concepto asenso firme, y la probabilidad excluye ésta firmeza, yendo acompañada de temor de que sea verdadera la parte contraria.

2º Luego la probabilidad y consiguientemente las opiniones están sujetas a mutación, si no in se, a lo menos quoad nos. La misma experiencia nos manifiesta que lo que antes nos parecía más probable, o viceversa, deja de serlo para nosotros, en virtud de nuevas razones o fundamentos que se nos presentan en pro o en contra. [110]

 

Escolio

La autoridad, que ocupa el último lugar en Filosofía, ocupa el primero y principal en la Teología; porque ésta, aunque hace uso de la razón y de las ciencias puramente naturales, tiene por materia principal las verdades reveladas que le sirven también de primeros principios para sus procedimientos racionales y científicos. En las ciencias filosóficas y naturales, cuyo objeto y cuyas verdades no son superiores a la razón humana, el raciocinio, la experiencia y la observación son los medios connaturales; y por lo mismo referentes para su constitución, demostraciones y desarrollo científico. Sin embargo, aunque en éstas ciencias, la razón debe ser preferida a la autoridad, debe concederse no poca importancia y peso a ésta: 1º porque los ingenios ordinarios y medianos no penetran la fuerza y peso de las razones alegadas por los autores: 2º porque cuando se trata de ciencias o de materias que nos son poco conocidas, exige la misma razón que tomemos en cuanta las palabras y sentencias de los sabios con respecto a aquellas materias. En resumen: la autoridad debe posponerse a la razón en las ciencias filosóficas, físicas y naturales, pero al propio tiempo la razón debe combinarse con la autoridad, la cual sirve en ocasiones para impedir los extravíos de la imaginación, y comunica a la razón cierta sobriedad en el juzgar.

 

EL P. MÉRAMO ESTÁ EQUIVOCADO Y ESTÁ HACIENDO UN DAÑO GIGANTESCO. POR EL P. ALTAMIRA

RESPUESTA DEL BUEN PADRE ALTAMIRA A MÉRAMO

EL PADRE BASILIO MÉRAMO ESTÁ EQUIVOCADO

» El Padre Basilio está equivocado, y él no cesa, ni —creemos- cesará, de hacer un daño gigantesco, daño en general, daño a mí mismo, y mucho más daño aun es el que hace al Padre Pío, y lo hace «gratis», porque no tiene razón». […] Lo cual parce algo diabólico y satánico

Hace unos 10 días vino a verme alguien muy cercano al Padre Basilio Méramo para hablar conmigo con motivo de las acusaciones que está lanzando el padre con motivo y «contra» la reciente ordenación sacerdotal del Padre Pío Vázquez, de manos de Monseñor Andrés Morello, todo ello en relación a la línea de sucesión apostólica proveniente de Mons. Thuc. Esta persona concluyó que el Padre Altamira tenía razón y que el Padre Basilio estaba equivocado. Iras del Padre Basilio por este motivo, pocos días después él ha dicho públicamente contra uno de mis argumentos en la charla con esa persona, que es lo que pondremos más abajo.

Hablando ahora en general, este tema sobre Mons. Thuc es muy viejo: Comenzó a discutirse en la década de los 80′, siguió durante los 90′, y ya mucho se ha dicho. Se puede decir que nada nuevo se aporta, y que se repiten básicamente los mismos argumentos que comenzaron a esgrimirse desde entonces, ¡y ya han pasado 35 años! (si es que hemos hecho bien el cálculo).

Para poder mostrar cómo se resuelve el tema en cuanto a la validez de las consagraciones episcopales realizadas por Mons. Thuc, el pasado año 2017, he entregado a nuestros fieles dos trabajos. El primero fue entregado en mayo del año pasado, cuyo nombre es «Consagraciones Episcopales». El segundo, más breve, pero más específico en cuanto a los problemas actuales, «Objeción a las Consagraciones Episcopales de Monseñor Thuc», fue entregado en diciembre del año pasado. En este último, entre los argumentos que hay allí y que charlábamos con esa persona, yo comparo la acusación que existe contra nuestro querido fundador Mons. Lefebvre, con las acusaciones que existen contra Mons. Thuc, no porque dichas acusaciones sean las mismas, sino porque la solución (desarrollo) que da la Teología frente a estos problemas es exactamente la misma y se da en total paralelo.

¿Y qué es lo que dijo el Padre Basilio? «¡Cómo va a comparar el Padre Altamira un loco [refiriéndose a Mons. Thuc] con un masón [refiriéndose a quien hizo sacerdote y después obispo a Mons. Lefebvre]!». Respondemos: Falso; y decir algo así es una deshonestidad. Es el Padre Basilio el que llama «loco» a Mons. Thuc, y no lo prueba. «El Padre Altamira» compara: 1) Un acusado de acciones graves en lo referido a los sacramentos y otros —ver abajo-: i.e. Mons. Thuc, con 2) un acusado de acciones graves en lo referido a la Masonería: i.e. Mons. Lienart, que es quien hizo sacerdote y después obispo a nuestro fundador; y esto que yo hago allí no es/o mismo que aquello que dice el Padre Basilio Méramo.

Veamos un poco más las dos acusaciones:

La acusación que existe contra Mons. Lefebvre es que —como decíamos recién- Mons. Lienart, quien lo hizo sacerdote y después obispo, era «masón», y como la Masonería es enemiga de la Iglesia Católica, «obviamente —dicen algunos- que un masón va a querer hacer inválidas esas ceremonias para perjudicar a la Iglesia, y por lo tanto hay por lo menos dudas en cuanto a la validez del sacerdocio y del obispado de Mons. Lefebvre, y todas las consecuencias que de allí se siguen con los sacerdotes y obispos derivados de él» [aclaremos que el momento que interesa es el del sacerdocio de Mons. Lefebvre, pues al momento de ser obispo había otros dos co-consagrantes].

La acusación que existe contra Mons. Thuc es por haber dado «el sacramento del orden» (sacerdocio, episcopado) a candidatos indignos y a herejes de los «Viejos Católicos»; el haber creído en apariciones; el haber celebrado la misa moderna; y el haber pedido perdón ante la llamada Iglesia Moderna. Todas acciones muy graves y que nadie puede aprobar; pero el punto aquí no es la gravedad de dichas acciones, sino si, desde allí, se puede plantear una duda positiva en cuanto a la validez por el estado de las facultades mentales de este obispo.

Las acciones graves de un sacerdote o de un obispo, de por sí, no son lo mismo que la invalidez o la duda en cuanto a los Sacramentos que administra. Un pecado mortal de un sacerdote (que evidentemente es gravísimo y no se puede aprobar) no invalida per se la administración de los Sacramentos; inclusive la herejía (tal vez el máximo pecado mortal) no invalida de por sí (per se) los Sacramentos: Se puede dar como ejemplo el caso de los herejes Ordodoxos Rusos, los cuales son herejes sin duda, y a pesar de eso tienen los Siete Sacramentos válidos (U!). Estas cosas son muy básicas en Teología, es el ABC de los Sacramentos, y todos los sacerdotes las sabemos, o deberíamos saberlo; sin embargo, ellas pueden impresionar al feligrés laico, pues él no tiene formación en estos temas.

En diciembre pasado, con motivo del trabajo arriba reseñado, «Objeción a las Consagraciones Episcopales de Monseñor Thuc» [ ver aquí], discutimos personalmente con el Padre Basilio Méramo en su propio apartamento. Recuerdo casi literalmente lo que él me dijo: «Bien su defensa sobre Mons. Lefebvre por «la Masonería de Mons. Lienart», pero no se aplica para Mons. Thuc, porque Mons. Thuc estaba loco». Yo le respondí: «No, padre. Usted infiere que Mons. Thuc estaba loco, pero usted tiene que probar que él estaba loco». Mas el padre tiene una especie de cerrazón u obsesión con el tema, y nadie le puede hacer salir de «la locura de Mons. Thuc», lo cual parece —devolviendo las palabras que él usó en mi contra- algo «diabólico, satánico». Remarcamos: Las puras acciones malas, ut sic (en sí y en cuanto tales), no son prueba de locura, sino de lo que ellas son: Acciones malas. Aunque, repetimos, nadie puede aprobarlas.

En cuanto a los dos presupuestos, Masonería y las acciones graves ut supra: Hablando sobre Mons. Lefebvre, yo le decía al padre que no he visto que las pruebas de «la Masonería de Mons. Lienart» sean claras y fehacientes, a lo que el Padre Basilio respondió que era un hecho que Mons. Lienart era masón. Hablando del otro caso, también existen dudas sobre la verdad de varias de las acusaciones contra Mons. Thuc (por ejemplo: en el tema de algunos herejes «Viejos Católicos») [ aquí sobre las calumnias a mons. Thuc]. Pero los sacerdotes debemos ser capaces de explicar qué ocurre «en el peor escenario». Por eso, yo manifestaba en el trabajo que acabamos de mencionar («Objeción a las Consagraciones Episcopales de Mons. Thuc») que yo no iba a entrar a ver y a analizar si en todos los casos acusados están las pruebas, y creemos que ellas no están en todos los casos, pero que -decía en dicho texto- a ello lo daríamos «como algo dado», y a partir de allí explicaríamos, según la Teología, qué es lo que ocurre y cómo se resuelve. La duda puramente hipotética, por la posibilidad (hipótesis) de que Mons. Thuc estuviera loco, o por la posibilidad (hipótesis) de que «el masón» Mons. Lienart hubiera hecho inválida la ordenación de Mons. Lefebvre, genera cuanto mucho una duda que en teología se llama «negativa»; mas para privarse de recibir sacramentos o para no recurrir a un determinado sacerdote u obispo, debe haber duda POSITIVA, es decir, la basada en pruebas y no en la pura posibilidad o conjetura o hipótesis. «Pero cómo no va haber la duda y la posibilidad de que un masón —Mons. Lienart- haga algo inválido, si los masones odian a la Iglesia Católica. Pero cómo no va a haber la duda y la posibilidad de que Mons. Thuc estuviera loco al hacer esas acciones tan graves»; respondemos: Claro que cabe la posibilidad (la hipótesis) de que un masón haga algo inválido; claro que cabe la posibilidad (la hipótesis) de que alguien haga acciones malas por estar loco; pero eso, en ambos casos, debe ser probado (prueba positiva) y no solamente argüido, pues el solo hecho de la Masonería no es suficiente para argumentar la duda positiva, y el solo hecho de las acciones graves no es suficiente para argumentar la duda positiva por locura, en ambos casos hay que agregar otros principios probatorios (ver este desarrollo en el texto del trabajo reseñado).

Y esto es lo que he explicado en el mencionado texto con algo más de detalle y junto a otros argumentos.

Vean allí, y lean entonces dicho trabajo, en el cual creemos que está bien claramente explicado todo este asunto. El Padre Basilio está equivocado, y él no cesa, ni —creemos- cesará, de hacer un daño gigantesco, daño en general, daño a mí mismo, y mucho más daño aun es el que hace al Padre Pío, y lo hace «gratis», porque no tiene razón.

Enviamos nuevamente el trabajo aludido junto con estas palabras.

Saludamos a todos en María Santísima. Padre Fernando Altamira (Bogotá, 29 de abril de 2018)

**********

OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS CON EL TEMADE DISTINTOS AUTORES.

La validez de las consagraciones de mons. Thuc. P. Anthony Cekada

Contra flatus vocis, del P. Altamiora .[ La teología católica de la que Méramo carece].

Calumnia que algo queda. Varios [ Las alumnias levantadas por los lefebvrianos contra Mon. Thuc descubiertas]

Objeciones al artículo del P. Basilio Méramo sobre Mons. Thuc, del Profesor David Martínez

Tercera respuesta a Méramo

 

 

 

CUARTO DOMINGO DESPUES DE PASCUA

CUARTO DOMINGO DESPUES DE PASCUA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


CUARTO DOMINGO DESPUES DE PASCUA - Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

LA INSTITUCIÓN DE LOS SACRAMENTOS. — Hemos visto a Jesús constituir su Iglesia y poner en manos de los apóstoles el depósito de verdades que serán objeto de nuestra fe. Hay otra obra no menos importante para el mundo, en la que pone sus cuidados durante este último período de su permanencia sobre la tierra: es la institución definitiva de los Sacramentos. No basta creer; es necesario también que nos santifiquemos es decir nos hagamos conformes a la santidad de Dios; es necesario que la gracia, fruto de la redención, descienda a nosotros, se incorpore a nosotros, para que llegando a ser los miembros vivos de nuestro divino Jefe, podamos ser coherederos de su reino. Así pues, por medio de los sacramentos Jesús obrará en nosotros esta maravilla de la justificación, aplicándonos los méritos de su Encarnación y de su Sacrificio por los medios que El ha decretado en su poder y en su sabiduría.

FUENTES Y CANALES DE LA GRACIA. — Como soberano señor de la gracia es libre de determinar las fuentes por las que la hará descender sobre nosotros; a nosotros nos toca conformarnos a su voluntad. Cada uno de los Sacramentos será, pues, una ley de su religión, de manera que el hombre no podrá pretender recibir los efectos que el Sacramento está destinado a producir si desdeña o retarda cumplir las condiciones según las cuales opera. Admirable economía que concilla en un mismo acto, la humilde sumisión del hombre con la más pródiga largueza de la munificencia divina.

Hemos mostrado hace algunos días, cómo la Iglesia, sociedad espiritual era al mismo tiempo una sociedad visible y exterior, ya que el hombre a la que está destinada está compuesto de cuerpo y alma. Jesús, al instituir sus Sacramentos, asigna a cada uno su rito esencial; y este rito es exterior y sensible. El Verbo, al tomar carne, ha hecho de ella, en su Pasión sobre la cruz, el instrumento de nuestra salvación: por la sangre de sus venas nos ha rescatado; prosiguiendo este plan toma los elementos de la naturaleza física como auxiliares en la obra de nuestra justificación. Los eleva al estado sobrenatural y les hace conductores fieles y omnipotentes de su gracia hasta lo más íntimo de nuestras almas. De este modo se aplicará hasta sus últimas consecuencias el misterio de la Encarnación, que ha tenido como fin elevarnos, por las cosas visibles, al conocimiento y a la posesión de las invisibles. De este modo es quebrantado el orgullo de Satanás, que despreciaba la criatura humana, porque el elemento material se unía en ella a la grandeza espiritual, y que rehusó para su eterna desdicha, doblar la rodilla ante el Verbo hecho carne.

Al mismo tiempo, los sacramentos, siendo signos sensibles, formaron un nuevo lazo entre los miembros de la Iglesia ya unidos entre sí por la sumisión a Pedro y a los Pastores que él envía, y por la confesión de una misma fe. El Espíritu Santo nos dice en las Santas Escrituras que «el lazo triple difícilmente se rompe'»; por tanto así es este que nos liga a la gloriosa unidad de la Iglesia: Jerarquía, Dogma y Sacramentos, todo contribuye a hacer de nosotros un solo cuerpo. Del septentrión al mediodía, de oriente a occidente, los Sacramentos proclaman la fraternidad de los cristianos; son en todos los lugares su señal de reconocimiento y el distintivo que les designa a los ojos de los infieles. Por este fin estos Sacramentos son idénticos para todas las razas bautizadas, cualquiera que sea la variedad de fórmulas litúrgicas que acompañan su administración; por doquier el fondo es el mismo y se produce la misma gracia bajo los mismos signos esenciales.

EL SEPTENARIO SAGRADO. — Jesús resucitado escoge siete para el número de sus sacramentos. Sabiduría eterna del Padre, nos revela en el Antiguo Testamento, que se construirá una casa, que es la Santa Iglesia, y añade que la cimentará sobre siete columnas. Esta Iglesia la simboliza ya en el tabernáculo de Moisés y ordena que un candelabro de siete brazos cargados de flores y de frutos, ilumine día y noche el Santuario. Si arrebata al cielo en éxtasis a su discípulo amado es para mostrarse a él rodeado de siete candelabros y teniendo siete estrellas en su mano. ¡Si se manifiesta con las apariencias de Cordero vencedor, este Cordero tiene siete cuernos, símbolo de su fuerza, y siete ojos que indican la amplitud infinita de su cienciaCerca de él está el libro que contiene los destinos del género humano, y este libro está sellado con siete sellos que el Cordero sólo puede levantar. Ante el trono de la Majestad divina el discípulo ve siete Espíritus bienaventurados resplandecientes como siete lámparas6, atentos a las menores órdenes de Dios, y prestos a llevar su palabra hasta los últimos límites de la creación.

LOS SIETE PECADOS CAPITALES. — Si ahora nos volvemos hacia el reino de las tinieblas vemos al espíritu del mal ocupado en remedar la obra divina y usurpando el número siete para mancillarle consagrándole al mal. Siete pecados capitales son el instrumento de su victoria sobre el hombre; y el Señor nos ha advertido que cuando Satanás en su furor se lance sobre un alma, toma con él siete espíritus de los más perversos del abismo. Sabemos que Magdalena, afortunada pecadora, no recobró la vida del alma sino después que el Salvador hubo expulsado de ella siete demonios. Esta provocación del espíritu del orgullo forzará a la cólera divina, cuando caiga sobre el mundo pecador, a imprimir el número siete hasta sus justicias. San Juan nos enseña que siete trompetas, tocadas por siete Angeles, anunciarán las convulsiones sucesivas de la raza humana y que otros siete Angeles verterán sucesivamente sobre la tierra pecadora siete copas colmadas de la cólera de Dios.

Nosotros, pues, que queremos ser salvos y gozar de la gracia en este mundo y en la otra de la visión de nuestro Maestro resucitado, acojamos con respeto y reconocimiento el Septenario misericordioso de sus Sacramentos. En este número sagrado ha sabido encerrar todas las formas de su gracia. Sea que él vele en su bondad para hacernos pasar de la muerte a la vida, por el bautismo y la penitencia; sea que se aplique a sostener en nosotros la vida sobrenatural y a consolarnos en nuestras pruebas, por la Confirmación, la Eucaristía y la Extrema-Unción; sea en fin que provea al ministerio de su Iglesia y a su propagación por el Orden y el Matrimonio: no se encontrará una necesidad del alma, una indigencia de la sociedad cristiana, que no haya llenado por medio de las siete fuentes de la regeneración y de la vida que tiene abiertas para nosotros y que no cesa de hacer correr sobre nuestras almas.

Los siete sacramentos bastan para todo; uno solo que faltase, la armonía se destruiría. Las Iglesias de Oriente, separadas de la unidad católica después de tantos siglos, confiesan con nosotros el septenario sacramental; y el protestantismo, al poner sobre este número su mano pecadora, ha demostrado con esto, como en todas sus otras reformas pretendidas, que le falta el sentido cristiano. No nos admiremos; la teoría de los sacramentos se impone en toda su totalidad a la fe; primeramente, la humilde sumisión del fiel debe acogerla como dimanando del soberano Maestro; cuando ella se aplica al alma, su magnificencia y su eficacidad divina se revelan, entonces nosotros comprendemos, porque hemos creído. Credite et intellígetis.

EL BAUTISMO. — Hoy, consagramos nuestra admiración y nuestro reconocimiento al primero de los Sacramentos, al bautismo. El tiempo pascual nos le presenta en toda su gloria. Le hemos visto en el Sábado Santo, colmando los votos del feliz catecúmeno y alumbrando para la patria celestial a pueblos enteros. Pero este misterio había tenido su preparación.. En la fiesta de Epifanía adoramos a Emmanuel descendiendo sobre las aguas del Jordán y comunicando al elemento por el contacto de su carne, la virtud de purificar todas las máculas del alma. El Espíritu Santo viene a descansar sobre la cabeza del Hombre- Dios y a fecundar con su influjo divino el elemento regenerador, mientras que la voz del Padre celestial resonaba en la nube, anunciando la adopción que él se dignaría hacer de los bautizados, en, su Hijo Jesús, objeto de su eterna complacencia.

Durante su vida mortal, el Redentor se explica ya delante de un doctor de la ley sobre sus misteriosas intenciones: «Aquel—dice—-que no fuere regenerado en el agua y en el Espíritu Santo no podrá entrar en el reino de Dios'». Según su costumbre casi constante, anuncia lo que debe hacer en el futuro, pero todavía no lo cumple; nosotros solamente sabemos que no habiendo sido puro nuestro primer nacimiento, El nos prepara uno segundo que será santo y del que el agua será el instrumento.

Pero en estos días ha llegado el momento en el que va a declarar el poder que ha dado a las aguas de producir la adopción proyectada por el Padre. Dirigiéndose a sus Apóstoles les dice con la majestad de un rey que promulga la ley fundamental de su imperio: «Id, enseñad a todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo'». La salvación por las aguas, con la invocación de la Santísima Trinidad, tal es el beneficio capital que anuncia al mundo; porque dice también: «El que creyere y fuere bautizado se salvará»2. Revelación llena de misericordia para con la raza humana; inauguración de los sacramentos por la declaración del primero, de aquel que según la expresión de los Padres, es la puerta de todos los demás.

Saludemos con amor, este augusto misterio nosotros que le debemos la vida de nuestras almas, con el sello eterno y misterioso que hace de nosotros los miembros de Jesús. San Luis, bautizado en la desconocida pila de Poissy, se complacía en firmar Luis de Poissy, considerando la fuente bautismal como una madre que la había engendrado a la vida celestial, y olvidando su origen real para no acordarse más que 1 S. Mateo, XXVIII, 19. 2 S. Marcos, XVI, 16. Nuestros sentimientos deben ser los mismos que los de este santo rey.

Pero admiremos la condescendencia de Jesús resucitado, cuando instituyó el más indispensable de los sacramentos. La materia que escogió es la más común; la más fácil de encontrar. El pan, el vino, el aceite de oliva, no se encuentran siempre en todas las partes de la tierra; el agua corre por doquier; la providencia de Dios la ha multiplicado bajo todas las formas, para que el día señalado, la fuente de regeneración estuviese al alcance en todas partes para el hombre pecador.

Sus demás Sacramentos el Salvador se los ha confiado al sacerdocio, el cual sólo tiene poder para administrarlos; no ocurre lo mismo con el bautismo. Todo fiel puede ser el ministro sin distinción de sexo ni de condición. Más aún, todo hombre, aunque no sea miembro de la Iglesia cristiana, puede conferir a su semejante, por medio del agua y la invocación de la Santa Trinidad, la gracia bautismal que no posee él con la única condición, de querer cumplir seriamente en este acto lo que hace la Iglesia, cuando ella administra el sacramento del Bautismo.

Y más aún. Puede faltar este ministro del sacramento al hombre que va a morir; la eternidad se va a abrir para él sin que la mano de otro se levante para derramar sobre su cabeza el agua purificadora; el autor divino de la regeneración de las almas no le abandona en este momento supremo. Que rinda homenaje al santo Bautismo, que le desee con todo el ardor de su alma, que entre en los sentimientos de una compunción sincera y de un verdadero amor; después si muere: la puerta del cielo se le ha abierto por el bautismo de deseo.

Pero el niño que aún no tiene uso de razón y que la muerte va a segar en algunas horas ¿ha quedado olvidado en esta munificencia general? Jesús ha dicho: «Aquel que creyere y fuere bautizado se salvará, entonces ¿cómo obtendrá la salvación este ser débil que va a extinguirse, cargado con la falta original e incapaz de la fe? Tranquilizaos. El poder del bautismo se extiende hasta él. La fe de la Iglesia—que le quiere por hijo—le va a ser imputada; que se derrame el agua sobre su cabeza en nombre de las tres divinas personas, y será cristiano para siempre. Bautizado en la fe de la Iglesia, esta fe es ahora personal en él, con la esperanza y la caridad; el agua sacramental ha producido esta maravilla. Que expire ahora: el reino de los cielos es para él.

Tales son, oh Redentor los prodigios que operas en el primero de tus sacramentos, por el efecto de esta voluntad sincera que tienes de la salvación de todos; de manera que aquellos en quienes esta voluntad no se realiza, no se excluyen de la gracia de la regeneración sino de resultas del pecado cometido anteriormente, pecado que tu eterna justicia no te permite prevenir siempre en sí mismo, o reparar en sus consecuencias. Pero tu misericordia viene en su ayuda; ella tiende sus redes e innumerables justos caen en ellas. El agua santa corre hasta sobre la frente del niño que agoniza entre los brazos de una madre pagana y los ángeles abren sus coros para recibirle. Ante tantas maravillas, sólo nos queda exclamar con el Salmista: «Nosotros que poseemos la vida bendigamos al Señor.»

El cuarto domingo después de Pascua se llama en la Iglesia griega el Domingo de la Samaritana, porque se lee el pasaje del Evangelio en que se refiere la conversión de esta mujer.

La Iglesia Romana comienza hoy en el Oficio de la noche la lectura de las Epístolas Canónicas, que se continúan hasta la fiesta de Pentecostés.

MISA

La Iglesia adoptando en el Introito uno de los más bellos cánticos del Salmista celebra con entusiasmo los beneficios que el Señor ha derramado sobre ella, convocando a todas las naciones a reconocer sus grandezas, a recibir la efusión de la santidad de quien es la fuente, la salud de aquél que ha llamado a todos los hombres.

INTROITO

Cantad al Señor un cántico nuevo, aleluya: porque el Señor ha hecho maravillas, aleluya: reveló su justicia ante la faz de las gentes, aleluya, aleluya, aleluya. Salmo: Le salvó su diestra: y su santo brazo. V. Gloria al Padre.

Colmados de los beneficios de Dios que les une en un solo pueblo por sus Sacramentos los fieles deben elevarse al amor de los preceptos del Señor y aspirar a las alegrías eternas que les promete: la Iglesia implora para ellos esta gracia en la Colecta.

COLECTA

Oh Dios, que unes las almas de los fieles en una sola voluntad.: da a tus pueblos el amar lo que mandas, el desear lo que prometes: para que, entre las mundanas variedades, nuestros corazones estén fijos allí donde están los verdaderos gozos. Por el Señor.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. Santiago. Carísimos:

Toda óptima dádiva, y todo don perfecto, procede de arriba, desciende del Padre de las luces, en el cual no hay cambio, ni sombra de mudanza. Pues El nos engendró voluntariamente con la palabra de la verdad, para que fuésemos el comienzo de su creación. Ya lo sabéis, carísimos hermanos míos. Sea, pues, todo hombre veloz para oír; pero tardo para hablar, y tardo para la ira. Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, rechazando toda inmundicia y todo exceso dé malicia, recibid con mansedumbre la palabra inspirada, la cual puede salvar vuestras almas.

IMITAR AL PADRE. — Los favores derramados sobre el pueblo cristiano proceden de la sublime y serena bondad del Padre celestial. El es el principio de todo en el orden de la naturaleza; y si en el orden de la gracia hemos llegado a ser sus hijos, es porque él mismo nos ha enviado su Verbo consustancial, que es la Palabra de verdad, por la que hemos llegado a ser, mediante el bautismo, hijos de Dios. De aquí se deduce que debemos imitar, en cuanto es posible a nuestra flaqueza, la serenidad de nuestro Padre que está en los cielos y librarnos de esta agitación pasional que es el carácter de una vida toda terrestre, mientras que la nuestra debe ser del cielo donde Dios nos arrastra. El santo Apóstol nos exhorta a recibir con mansedumbre esta Palabra que nos convierte en lo que somos. Ella es según su doctrina un injerto de salvación hecho en nuestras almas. Si ella actúa allí, si su crecimiento no es obstaculizado por nosotros, seremos salvos.

En el primer versículo aleluyático, Cristo resucitado celebra por la voz del Salmista el poder del Padre que le ha dado la victoria en su resurrección.

El segundo, tomado de San Pablo, proclama su vida inmortal.

ANTÍFONA

Aleluya, aleluya. V. La diestra del Señor ejerció su poder: la diestra del Señor me ha exaltado.

Aleluya. V. Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no morirá: la muerte no le dominará más. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Juan.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Voy a Aquel que me envió: y nadie de vosotros me pregunta: ¿Dónde vas? Sino que, porque os he dicho esto, la tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya: porque, si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros: más, si me fuere, os lo enviaré a vosotros. Y, cuando venga El, convencerá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. De pecado ciertamente, porque no han creído en mí: y de jifiticia, porque voy al Padre, y ya no me veréis: y de juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Todavía tengo mucho que deciros: pero ahora no podéis entenderlo. Mas, cuando venga el Espíritu de verdad, os enseñará toda la verdad. Porque no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que ha oído, y os anunciará lo que ha de venir. El me glorificará: porque lo recibirá de mí, y os lo anunciará a vosotros.

EL ANUNCIO DEL ESPÍRITU SANTO. — Los apóstoles se entristecieron cuando Jesús les dijo: » Yo me voy.» ¿No lo estamos también nosotros que después de su nacimiento en Belén, le hemos seguido constantemente, gracias a la Liturgia que nos ha hecho seguir sus pasos? Todavía algunos días más, y se elevará al cielo y el año perderá ese encanto que recibía día tras dia con sus acciones y con sus discursos. Con todo, no quiere que nos dejemos invadir por una excesiva tristeza. Nos anuncia que en su lugar va a descender sobre la tierra el Consolador, el Paráclito y que permanecerá con nosotros para iluminarnos y fortificarnos hasta el fin de los tiempos. Aprovechemos con Jesús estas últimas horas; pronto será tiempo de prepararnos a recibir al huésped celestial que vendrá a reemplazarle.

Jesús, que pronunciaba estas palabras la víspera de la Pasión, no se limita a mostrarnos la venida del Espíritu Santo como la consolación de sus fieles; al mismo tiempo nos la presenta como temible para aquellos que desconocen a su Salvador. Las palabras de Jesús son tan misteriosas como terribles; tomemos la explicación de San Agustín, el Doctor de los doctores. «Cuando viniere el Espíritu Santo—dice el Salvador— convencerá al mundo en lo que se refiere al pecado.» ¿Por qué? «Porque los hombres no han creído en Jesús.» ¡Cuánta no será, en efecto, la responsabilidad de aquellos que habiendo sido testigos de las maravillas obradas por el Redentor no dieron fe a su palabra! Jerusalén oirá decir que el Espíritu Santo ha descendido sobre los discípulos de Jesús, y permanecerá tan indiferente como estuvo a los prodigios que le designaban su Mesías. La venida del Espíritu Santo será como el preludió de la ruina de esta ciudad deicida. Jesús añade que «el Paráclito convencerá al mundo con respecto a la justicia, porque—dice—yo voy al Padre y vosotros no me veréis más.» Los Apóstoles y aquellos que creyeron en su palabra serán santos y justos por la fe. Ellos creyeron en aquel que había ido al Padre, en aquel que no vieron ya en este mundo, jerusalén, al contrario, no guardará recuerdo de El sino para blasfemarle; la justicia, la santidad, la fe de aquellos que creyeron será su condenación y el Espíritu Santo les abandonará a su suerte. Jesús dice también: «El Paráclito convencerá al mundo en lo que se refiere al juicio.» Y ¿por qué?; «porque el príncipe de este mundo ya está juzgado». Aquellos que no siguen a Jesucristo tienen sin embargo un Jefe al que siguen. Este Jefe es Satanás. Así, pues, el juicio de Satanás está ya pronunciado. El Espíritu Santo advierte, pues, a los discípulos del mundo que su príncipe está para siempre sepultado en la reprobación. Que ellos reflexionen; porque añade San Agustín «el orgullo del hombre se engañaría al esperar en el perdón; que medite con frecuencia los castigos que sufren los ángeles soberbios».

En el Ofertorio el cristiano emplea las palabras de David para celebrar los beneficios de Dios para con su alma. Asocia toda la tierra a su reconocimiento y con razón; por que los favores de que es colmado el cristiano son el bien común de todo el género humano que Jesús resucitado ha llamado a tomar parte, por los Sacramentos, en las gracias de la redención.

OFERTORIO

Canta jubilosa a Dios, tierra toda, decid un salmo a su nombre: venid, y oíd, y os contaré, a todos los que teméis a Dios, cuánto ha hecho el Señor a mi alma, aleluya.

La Santa Iglesia que tiene sus delicias en la contemplación de la verdad, cuyos tesoros la prodiga Jesús resucitado, pide para sus hijos en la Secreta, la gracia de llevar una vida pura, para que puedan merecer ser admitidos a contemplar eternamente esta augusta verdad en su fuente.

SECRETA

Oh Dios, que por el sacrosanto comercio de este Sacrificio, nos has hecho partícipes de la única y suprema Divinidad: suplicárnoste hagas que, así como conocemos tu verdad, así la practiquemos con costumbres dignas. Por el Señor.

La Antífona de la Comunión reproduce las palabras del Evangelio que acabamos de interpretar y en las que nos es mostrada la venida del divino Espíritu como portador al mismo tiempo de recompensa para los creyentes y de castigo para los incrédulos.

COMUNION

Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de verdad, convencerá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio, aleluya, aleluya.

Al ofrecer sus acciones de gracias por el divino Misterio en el que acaban de participar, la Santa Iglesia enseña a sus hijos en la Poscomunión, que la Eucaristía tiene al mismo tiempo la virtud de purificarnos de nuestros pecados y de preservarnos de los peligros a los que vivimos expuestos.

POSCOMUNION

Asístenos, Señor, Dios nuestro: para que, por estas cosas, que hemos recibido fielmente, seamos purificados de los pecados y libertados de todos los peligros. Por el Señor.

Lógica General 17/19. De la demostración o silogismo demostrativo.

Artículo IV
De la demostración o silogismo demostrativo

§ I
Noción y división de la demostración

Silogismo demostrativo es el que además de la forma legítima consta de premisas necesarias y evidentemente verdaderas; de manera que todo silogismo en el cual las leyes o reglas del mismo se hallen aplicadas a premisas ciertas y evidentes, constituirá una verdadera demostración.

Las premisas de una demostración pueden sernos conocidas de dos modos: 1ª per se et inmediate, como sucede con los primeros principios, o sea aquellas proposiciones en que basta conocer el significado obvio de los términos para percibir su conexión o repugnancia. Por eso se llaman proposiciones per se notae, dignidades, axiomas, principios indomesticables; porque en efecto, no son susceptibles de demostración propiamente dicha, ni la necesitan, a causa de la evidencia inmediata que obliga al entendimiento a asentir a ellas, como cuando se nos dice que el todo es mayor que la parte: es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, y otras análogas. 2ª Una proposición puede senos conocida con certeza y evidencia ex aliis, es decir, en virtud de su enlace necesario y evidente con otras proposiciones que nos sean conocidas per se, o por evidencia inmediata.

De aquí se colige: 1º que en toda demostración es necesario llegar finalmente a una o más proposiciones evidentes por sí mismas, que sirvan de base y fundamento a toda la demostración y contengan la razón suficiente de la certeza que acompaña a toda verdadera demostración; porque, como dice santo Tomás, la certeza de la ciencia procede de los primeros principios. Infiérese lo 2º que el fundamento de la demostración es indemostrable, puesto que si suponemos que todo [102] es demostrable, seria preciso proceder in infinitum, y se haría imposible toda demostración.

Además de las premisas, la demostración presupone alguna noción del sujeto y predicado de la proposición que se trata de demostrar. Acerca del sujeto se debe conocer si existe, an sit, porque de la nada, en cuanto tal, nada se inquiere. Acerca del predicado, no siempre se presupone la existencia, pues algunas veces la investigación o inquisición recae sobre ella; pero por lo menos se debe tener alguna noción, o real, aunque imperfecta de él, o por lo menos nominal, determinando de antemano lo que se quiere significar por el nombre. Éstas nociones imperfectas del sujeto y predicado de la proposición que se intenta demostrar, y el conocimiento de las premisas, apellidábanlas los Escolásticos praecognita o praenotiones de la demostración.

La demostración puede dividirse

a) En simple y compuesta. Simple es la que consta de un solo silogismo, cuyas premisas son evidentes por si mismas. Compuesta es la que consta de varios silogismos enlazados entre sí, y también aquella en la que una de las premisas es una proposición compuesta, o incluye y presupone otro silogismo de premisas más inmediatas y evidentes, v. gr. «Lo que se nutre necesita de alimento; es así que la planta se nutre: luego necesita alimento». La premisa menor no es primera o inmediata, sino que en ella se envuelve y supone otro silogismo, a saber: «lo que vive se nutre; la planta vive: luego, &c.». Es decir, que esta demostración, aunque es simple en cuanto a los términos, es compuesta en realidad o en cuanto al sentido, porque incluye implícitamente dos silogismos.

b) En directa e indirecta. La primera consta de premisas que contienen la causa o razón suficiente de lo que se afirma o niega en la conclusión, como si digo: «lo que piensa, vive; es así que el alma racional piensa: luego vive»: La segunda manifiesta la verdad de la tesis que se trata de demostrar, haciendo resaltar el absurdo o inconveniente que resultaría de lo contrario, por ejemplo: si Dios no fuera eterno no [103] habría existido siempre: luego habría recibido el ser de alguna causa: luego sería un ser producido por otro, y por consiguiente una criatura. La primera se denomina también ostensiva y apodíctica; la segunda, ab impossibili, ex absurdis, apagógica: ésta tiene mucha fuerza para refutar a los adversarios, y se apoya en aquella ley de las contradictorias: duae contradictoriae nequeunt esse simul verae aut simul falsae. Sin embargo, la primera es más perfecta que la segunda en el orden científico; porque ésta demuestra, sí, que tal proposición no puede ser falsa, o verdadera, pero no señala la razón, el cómo y el porqué es falsa o verdadera, como se verifica en la demostración directa u ostensiva.

c) En la demostración a priori y demostración a posteriori. En la primera se toma como medio en las premisas lo que en realidad o según nuestro modo de concebir, es causa o razón de lo que se trata de demostrar. Así sucede cuando se demuestra el efecto por la causa, o las propiedades y atributos por medio de la esencia, como se observa en este ejemplo: «Lo que tiene razón es capaz de ciencia; el hombre tiene razón: luego es capaz de ciencia.»

En la demostración a posteriori se manifiesta o demuestra la causa por el efecto, bien sea efecto real y distinto de la causa, bien sea efecto según nuestro modo de concebir: así concebimos los atributos como emanaciones de la esencia, o un atributo como fundamento y razón suficiente de otro. De lo primero tenemos ejemplo cuando demostramos la existencia de Dios por la existencia del mundo, que es su efecto, distinto realmente de Dios su causa. De lo segundo cuando probamos que el hombre es inteligente y libre porque es capaz de progreso o imperfectibilidad, o cuando demostramos que Dios es inmutable porque es eterno; pues aunque en Dios la eternidad y la inmutabilidad sean una misma cosa, sin embargo, nosotros concebimos la inmutabilidad como la razón y fundamento de la eternidad.

d) Cuando en la demostración a priori se demuestra el efecto por su causa inmediata, entonces se llama demostración propter quid. Si el efecto se demuestra por medio de [104] causas remotas o inadecuadas, entonces se llama demostración quia en el lenguaje de los Escolásticos, denominación que también corresponde a la demostración a posteriori.

 

§ II
Reglas y efecto de la demostración

Para no divagar en orden a las demostraciones, y poder juzgar y reconocer su existencia y hasta su posibilidad, conviene tener presentes las reglas siguientes:

1ª La cosa que se intenta demostrar debe ser de tal naturaleza que ni sea superior a nuestra razón, ni exceda a nuestro ingenio y conocimientos. Contra la primera parte de la regla pecaría el que tratara de demostrar los misterios de la fe católica, superiores a la razón humana, y que por lo mismo no son susceptibles de evidencia quoad nos con las solas fuerzas de la razón. Faltaría a la segunda parte el que ignorando completamente una ciencia tratara de demostrar las verdades más difíciles que contiene; y también el que tratara de demostrar alguna cosa perteneciente a una ciencia ignorada por el sujeto, como si alguno intentara hacer demostraciones algebraicas sin conocer la aritmética.

2ª La cosa que se trata de demostrar debe proponerse con toda claridad y lucidez. Al efecto, conviene explicar y definir los términos, y presentar las nociones o definiciones que sean necesarias para fijar el sentido y condiciones de la proposición que se trata de demostrar.

3ª En toda demostración es preciso usar de premisas ciertas y evidentes. Ésto no quiere decir que todas las premisas que entran en una demostración, cuando ésta consta de varios silogismos, hayan de ser cada una de por sí evidente, sino que alguna o algunas de las proposiciones, y principalmente las primeras, han de ser ciertas y evidentes con evidencia inmediata, y las demás que no lo sean han de tener conexión necesaria con aquéllas; pues una proposición se [105] hace cierta y evidente, aunque no lo sea por sí sola, desde el momento que vemos que tiene conexión necesaria con otra que lo es o se halla contenida en aquélla.

Empero debe tenerse presente que para que resulte rigurosa demostración, es preciso que todas las premisas sean ciertas, bastando una sola probable, o falsa, para que no haya verdadera demostración.

Nótese también que en la demostración ad hominem, no se necesita que las premisas sean realmente verdaderas, sino que basta que por el contrario las admita como tales.

Efecto de la demostración.

a) El efecto propio de la demostración es la ciencia, la cual no es más que un conocimiento adquirido por medio de la demostración: cognitio per demostrationem acquisita. Y en efecto, saber científicamente es conocer las cosas por sus causas, o sea conocer porqué la cosa es así, lo cual se obtiene por medio de las demostraciones, con especialidad si estas son a priori y propter quid.

b) Tomando la ciencia, no como acto, según se toma en la definición indicada, sino como hábito, es decir, como conjunto de verdades demostradas, conservadas en el entendimiento, se puede dividir en especulativa, que es la que no se dirige a otro fin que conocer la verdad acerca de determinados objetos; y práctica, cuando el conocimiento que incluye se ordena a la dirección y ejercicio de las acciones internas o externas, morales o mecánicas, como se verifica en los conocimientos pertenecientes a la ética o a la mecánica.

c) Si una ciencia está subordinada a otra por parte de su objeto y principios, como lo está la óptica con respecto a la geometría, se dice ciencia subalternanada; y aquella a la cual se subordina, ciencia subalternante.

d) La ciencia habitual puede tomarse stricte, o sea por la colección de verdades demostradas en orden a algún objeto o materia; y puede tomarse en un sentido más lato, latius, abrazando, no solamente las verdades propiamente demostradas, sino las probables, y hasta las hipótesis más o menos fundadas, relativas al objeto de aquélla ciencia. [106]

Corolarios

1º Luego las verdaderas demostraciones son menos numerosas en las ciencias de lo que vulgarmente se cree. Porque son pocas las demostraciones, principalmente si son de alguna extensión, cuyas premisas todas sean ciertas y evidentes.

2º Luego el asenso a las premisas es como la causa y la razón suficiente del asenso a la conclusión.

3º Luego tratándose de una verdadera demostración, el asenso a la conclusión, puede decirse necesario con necesidad hipotética. La razón es que el entendimiento humano no puede dejar de asentir a la verdad desde el momento que ésta se hace evidente, como se observa en los primeros principios, a los cuales asiente irresistiblemente luego que se le presenta. Siendo, pues, necesario en la demostración que la conclusión se presente contenida y enlazada evidentemente con las premisas, si se presupone el asenso a éstas, ya es necesario el asenso a la conclusión, en la suposición de que no se aparte el pensamiento de las mismas, o sea con necesidad hipotética. Por esta razón escribe santo Tomás: «Naturaliter et ex necessitate inhaeret intellectus principiis, et conclusionibus habentibus necessariam connexionem cum illis.»

 

DE CÓMO DEBE HACERSE LA CORRECCIÓN DE LOS HIJOS

CÓMO DEBE SER LA CORRECCIÓN

BOLETÍN DE PREDICACIÓN SAGRADA

POR EL PBRO. D. SEBASTIÁN ALIBERCH,

CANÓNIGO DE LA CATEDRAL DE VICH

La corrección es siempre un deber de los padres. No obstante ha de ser distinta su forma según que se trate del niño, del joven o del hombre maduro; esto es evidente a todas luces, y debe ir acompañada de ciertas cualidades, sin las cuales produce efectos contrarios.

Por lo cual el Apóstol advertía ya a los padres, tocante a este punto, que no provocasen a ira a sus hijos, y a ira son provocados siempre que la corrección no sea hecha con la mirada puesta en el Señor.

El móvil de la corrección es siempre el bien del corregido, y así debe ser caritativa, prudente y oportuna. En cuanto a la primera, leed a San Gregorio: “Haya amor en la corrección, pero no un amor débil; severidad, pero no una severidad irritante; haya celo, pero prudente y moderado; haya piedad, pero no una piedad demasiado indulgente, a fin de que juntando la justicia con la clemencia, el que esté obligado a corregir derrame dulzura y temor en el alma de los reprendidos. Hágase obedecer en fuerza del temor, y amar en vista de su dulzura.

La corrección es un acto de benevolencia, no de odio, según San Clemente Alejandrino; por lo cual “es preciso corregir con humildad y compasión”, según San Ambrosio, y “que estén exentos de aspereza y de injurias los avisos y reprensiones”, en sentir de San Agustín. Da la razón este Padre preguntando: ¿Por qué corriges?, ¿porque pecó contra ti? Si corriges por egoísmo, nada vale la corrección. Si por caridad, habrás ganado a tu prójimo.

¿Qué diremos, pues, de los que corrigen blasfemando y lanzando maldiciones e imprecaciones, deseándoles la muerte y maltratándoles bárbaramente?

!Ah!  Estos tales manifiestan que no se mueven al impulso del bien de sus hijos, sino de una ira feroz, de un amor propio herido, por lo cual desean vengar el ultraje que creen inferido por sus propios hijos.

La corrección ha de ser acomodada al temperamento y edad del hijo, y a la gravedad y malicia de su falta. Siempre urge no levantar el castigo o la penitencia hasta que se haya rendido, pidiendo perdón.

Si es de natural tímido y apocado, la corrección ha de ser suave; a veces basta con una mirada. Si es insolente, ha de ser dura y enérgica, y a los tales nunca es tolerable una respuesta de este género : “No quiero”.

Si los hijos son pequeñitos, haceos cuenta de que no todo se corrige en un día. Con todo procurad inducirles a la práctica de las virtudes contra las cuales faltan más. Por ejemplo: Si son egoístas, obligadles a repartir sus juguetes con los demás hermanos; si son iracundos, obligadles a besar al hermano o compañero con quien riñeron, o hacedles rezar algún Padrenuestro, en especial si han proferido alguna mala palabra o expresión injuriosa.

Cuando ya están crecidos, San Agustín y Tertuliano dicen que han de ser corregidos, no con golpes, sino con reflexiones, de manera que entiendan que la corrección obedece a su bien. Si la materia de la corrección es el pecado, o su ocasión, es necesaria la autoridad severa del padre.

Se ha de atender si la falta proviene del temperamento o de la malicia del hijo ; en el primer casi suele ser sin advertencia las más de las veces, pero es necesaria la corrección, pues sin ella quién sabe a dónde llegará un temperamento colérico.

En el segundo, cuando han precedido correcciones y reincidencias, es indispensable corregir con caridad, sí, pero con mano fuerte. Según San Clemente, la corrección es una medicina; los padres son los médicos y el medio más seguro de su aplicación es el ejemplo.

El buen médico ordena la medicina según exige la enfermedad o la necesidad de prevenirla. Sin ello no produciría efecto. No son los truenos, sino el agua la que fertiliza la tierra y nutre las plantas ; así mismo, no son los alborotos, los gritos y las blasfemias y golpes, sino la prudente corrección la que endereza a los hijos.

La corrección es para la enmienda, y así como faltan los que no corrigen cuanto se debe, también pecan los que corrigen más de lo justo. El médico procura que el enfermo no se aparte del tratamiento prescrito; esto es indispensable para que la medicina produzca sus efectos. Es éste otro defecto de los padres, que por falta de formalidad, constancia y energía no saben hacerse respetar.

Hoy dan órdenes, y mañana las anulan; aquí prescriben una cosa, y allí su contraria; hoy riñen en serio, mañana entre risas, un día cierran la puerta a las nueve, otro a las doce.  ¿Qué diríais del médico que consintiera todos los delirios del enfermo?

Otro defecto de no pocos padres, y no pequeño, es cuando no convienen en la corrección de los hijos: cuando uno reprende, y el otro defiende; el padre castiga y la madre absuelve, y hasta a veces riñen ante los hijos. Con estos escándalos les dáis armas para que nunca os respeten, ni a vosotros, ni a los maestros, ni a superior alguno.

La corrección ha de ser oportuna, es decir, acomodada al lugar y tiempo, y conforme a quién la da y a quién la recibe.  No conviene corregir estando colérico y como fuera de sí. He conocido padres que aguardaban al día siguiente para castigar una falta grande, para que el hijo se convenciera de que el castigo no procedía de venganza.

Este castigo es aplicable tan sólo a las faltas notables que no pueden pasar sin una fuerte corrección, pues las ligeras deben ser corregidas al momento, ya que al día siguiente los hijos ni recuerdan haberlas cometido.

En lo tocante al lugar, seguid la regla evangélica : Al principio corregid reservadamente: “inter te et ipsum solum”.  Si no hay enmienda, ante los de casa y parientes: “adive testes”; y si no basta aún, hacedlo ante las autoridades, o sea, consultad lo que os conviene hacer: “dic Ecclesiae”.

El sapientísimo Claus, con otros autores, refiere que un sentenciado a muerte subiendo al patíbulo iba repitiendo : “No me sentenció el juez, sino mi madre”.

Unos con San Gregorio y San Bernardo escriben que sin el ejemplo sería poco menos que imposible a los padres el cumplimiento del deber de instruir y corregir a los hijos; porque si el padre y la madre no van delante con el ejemplo guiando a los hijos a lo bueno, de nada sirven las palabras, de nada las reprensiones, de nada los castigos.

Otros con San Agustín, tratando en especial de los malos ejemplos, dicen que los mismos buenos resultan ineficaces, pues él,  a pesar de los saludables y cristianos ejemplos de su santa madre fue arrastrado por los perversos ejemplos de su padre.

Los hombres dan mayor fe a lo percibido por los ojos que por los oídos. Los niños entienden poco, por lo cual olvidan pronto lo percibido por el oído, y con dificultad olvidan lo que entró en su alma por los ojos.

Cada familia es una iglesia en miniatura, un reducido santuario dentro del cual actúan, en cierto modo de sacerdotes. Y así, San Pablo exige del Obispo y del sacerdote el buen ejemplo para enseñar el camino del bien. Y así también los padres, con su buen ejemplo, la enseñanza práctica del bien a sus hijos.

Deben los padres cumplir todos los deberes religiosos de modo que los hijos puedan aprender de ellos, como de unos maestros, el cumplimiento de la Ley de Dios.

El sabio Gaume lo resume con estas palabras: “Así como la obediencia es el gran deber de los hijos, el buen ejemplo es el gran deber de los padres; representantes de Dios en la familia, ellos deben ser sus imágenes vivientes, y en cuanto la flaqueza humana permita obrar, mandar, reprender y dirigir como haría el mismo Dios si estuviese visible al frente de la familia.

Pero de todos sus deberes, el más sagrado es dar ejemplo de un fiel desempeño en las prácticas de la Religión: rezar, asistir a los divinos oficios, frecuentar los Sacramentos, observar los ayunos, evitar las malas palabras, las murmuraciones, y por  último, todo lo que pudiese escandalizar a sus hijos.

Si podéis decir a los hijos lo que San Pablo a Timoteo: “Ten por modelo la sana doctrina que has oído de mí”, o lo que escribía a los fieles de Filipos: “Lo que habéis aprendido, recibido y oído de mí, eso habéis de practicar, y el Dios de la paz será con vosotros”.

Si podéis hablar así ante Dios y ante vuestra conciencia, felices de vosotros si sois buenos guías de vuestros hijos.

Fuente forocatolico

Lógica General 16/19. Del silogismo.

Artículo III
Del silogismo

Para proceder con la debida claridad, trataremos primero de la naturaleza y división del silogismo, y después de sus reglas y leyes.

 

§ I
Naturaleza y división del silogismo

Es el silogismo una argumentación en la cual los dos extremos o términos de una proposición se comparan con un tercero, para deducir de aquí su relación, o sea la conveniencia o repugnancia que media entre los mismos. Según los principios arriba indicados de toda argumentación, y con especialidad del silogismo, en tanto reconocemos que hay identidad o repugnancia entre dos conceptos, en cuanto descubrimos que convienen o no con un tercer concepto. De aquí la necesidad de comparar los términos de una proposición entre los cuales no descubrimos a primera vista la conveniencia o repugnancia, con un tercer término que sirva de medio para este descubrimiento. Por ejemplo, si al oír esta proposición: el alma humana es inmortal, no descubro la conexión que existe entre el sujeto y el predicado, buscaré algún concepto con el cual convengan evidentemente los dos conceptos significados por aquéllos, y de aquí inferiré legítimamente su conveniencia o identidad, en conformidad al principio quae sunt eadem uni tertio, sunt eadem inter se. Este concepto podrá ser en este caso el de sustancia espiritual en esta forma: lo que es sustancia espiritual es inmortal; es así que el alma humana es sustancia espiritual: luego es inmortal; en donde reconozco y deduzco la conveniencia de la inmortalidad al alma racional, [92] en virtud de la conveniencia de estos dos conceptos con el de sustancia espiritual.

De lo dicho se infiere que el silogismo debe constar solamente de tres términos, a saber: 1º el predicado de la proposición que se propone, o sea de la conclusión que se trata de inferir o conocer por medio del raciocinio, y éste se llama extremo mayor, majus extremum: 2º el sujeto de la proposición o conclusión, el cual se llama extremo menor, minus extremum: 3º el término con el cual se comparan en las premisas los dos términos indicados, y que por lo mismo se llama medio. De aquí resulta que el silogismo consta de solas tres proposiciones: la mayor, o sea la premisa en que el majus extremum se compara con el medio; la menor en la cual el minus extremum se compara con el medio; y la conclusión en la cual se comparan los dos extremos. Las proposiciones constituyen la materia próxima del silogismo, y los términos la materia remota.

Además de la materia, debe distinguirse en el silogismo la forma, la cual consiste en la disposición conveniente de los términos y proposiciones. Ésta forma comprende por una parte la combinación de los extremos con el medio, combinación que constituye la figura del silogismo; y por otra la disposición determinada de las proposiciones según que son universales o particulares, afirmativas o negativas: esta disposición o colocación determinada de las proposiciones, se llama modo del silogismo.

De aquí resultan varias divisiones del silogismo. Por parte de la materia se divide en demostrativo, probable y sofístico. Por razón de la forma, se divide en informe, que es el que carece de la disposición ordenada o dialéctica de la materia, y formado que es el que tiene esta disposición.

Este último se puede dividir: 1º en simple, que consta de tres proposiciones simples; y compuesto que contiene una o más proposiciones compuestas. Las especies principales del silogismo compuesto son:

a) El condicional, el cual contiene una premisa condicional, v. gr. Si Dios es justo castiga a los pecadores; es así que Dios es justo: luego castiga a los pecadores. Concluye [93] bien: 1º de la afirmación del antecedente la afirmación del consiguiente: 2º de la negación del consiguiente la negación del antecedente, pero no viceversa.

b) El disyuntivo es el que contiene una premisa disyuntiva. No concluye bien: 1º si se da medio entre los extremos de la disyuntiva: 2º si se infiere la afirmación de un extremo de la negación del otro conteniendo la disyuntiva tres o más extremos, como sucede en este ejemplo: esta sustancia pensante, o es alma racional, o ángel, o Dios; es así que no es ángel: luego es Dios. Para que la conclusión fuera legítima, sería necesario negar en la menor dos extremos de la disyuntiva. Cuando los extremos son dos y no se da medio entre ellos, el silogismo disyuntivo concluye bien de la negación del uno a la afirmación del otro, o de la afirmación del uno a la negación del otro.

c) Copulativo es el silogismo que contiene una premisa copulativa, como el siguiente: ninguno puede servir a Dios y a las riquezas: el avaro sirve a las riquezas: luego no sirve a Dios. Tiene esta regla: si en la menor se afirma con verdad una parte de la mayor, en la conclusión se podrá negar legítimamente la otra, como sucede en el ejemplo propuesto; pero de la negación de un extremo no se infiere legítimamente la afirmación del otro. Si en el ejemplo propuesto se dijera: es así que Pedro no sirve a las riquezas: luego sirve a Dios, la conclusión sería falsa e ilegítima.

2º El silogismo se dice directo, cuando concluye guardando el orden natural de los términos y proposiciones, como en el ejemplo puesto al principio. Indirecto se llama el silogismo cuya conclusión es verdadera y legítima, pero en la cual se invierte el orden natural de los términos mudando el predicado en sujeto, v.gr. Toda alma racional es inmortal; es así que ningún ángel es alma racional: luego alguna cosa inmortal no es ángel. La conclusión directa sería: luego algún ángel no es inmortal.

3º Por razón de la combinación de los extremos con el medio en las premisas, se divide en silogismo de primera figura, en el cual el medio es sujeto en la mayor y predicado [94] en la menor; silogismo de segunda figura, en el cual el medio es predicado en las dos premisas; y silogismo de tercera figura, en el cual el medio es sujeto en la mayor y en la menor. Estas combinaciones se indican con el siguiente verso: Sub. prae, prima; sed altera bis prae; tertia, bis sub. Añaden unos una cuarta figura, en la cual el medio es predicado en la mayor y sujeto en la menor, como en este ejemplo: todo hombre es viviente; todo viviente es sustancia: luego alguna sustancia es hombre. Pero ésta figura se reduce fácilmente a la primera, que es más natural, con sólo cambiar la colocación de las dos premisas.

Por lo que hace a los modos del silogismo son muy numerosos, atendidas las varias combinaciones posibles de las proposiciones, según que son universales o particulares, afirmativas o negativas. Por el siguiente cuadro se puede formar idea de estas combinaciones, teniendo presente que cada vocal representa una clase de proposición. [95]

aaa
=
aia
+
eaa
+
eia
+
iaa
+
iia
+
oaa
+
oia
+
aae
aie
eae
=
eie
+
iae
iie
+
oae
+
oie
+
aai
=
aii
=
eai
+
eii
+
iai
=
iii
+
oai
+
oii
+
aao
aio
eao
=
eio
=
iao
iio
+
oao
=
oio
+
aea
+
aoa
+
eea
+
eoa
+
iea
+
ioa
+
oea
+
ooa
+
aee
=
aoe
+
eee
+
eoe
+
iee
+
ioe
+
oee
+
ooe
+
aei
+
aoi
+
eei
+
eoi
+
iei
+
ioi
+
oei
+
ooi
+
aeo
÷
aoo
=
eeo
×
eoo
×
ieo
:::
ioo
×
oeo
×
ooo
×

Empero en la mayor parte de estos modos, la conclusión es ilegítima, por nos sujetarse a las leyes del silogismo legítimo, y de aquí la necesidad de conocer éstas leyes.

 

§ II
De las reglas del silogismo

Las reglas o leyes propuestas por Aristóteles, a quien debemos considerar como inventor del silogismo (1), para discernir los legítimos de los ilegítimos, se hallan contenidas en los siguientes versos:

1º Terminus esto triplex: medius, majorque, minorque.
2º Latius hos, quam praemissae, conclusio non vult.
3º Aut simet aut iterum medius generaliter esto.
4º Nequaquam medium capiat conclusio fas est.
5º Ambae affirmantes nequeunt generare negantem.
6º Pejorem semper sequitur conclusio partem.
7º Ultraque si praemissa neget nihil inde sequetur.
8º Nihil sequitur geminis ex particularibus unqueam.

{(1) «Aristóteles, dice con razón Blainville, fue el primero en analizar el pensamiento humano hasta en sus menores detalles, en señalar sus menores movimientos, y en formular sus leyes: el silogismo, del cual es el creador, no es más que la marcha natural del pensamiento humano analizado. Demostraremos que el indio Gotama jamás lo ha conocido, ni sabido siquiera lo que es la lógica rigurosa: por otra parte, vivía setecientos u ochocientos años después de Aristóteles. Al Estagirita, pues, pertenece toda la gloria, y hasta puede decirse que después de él la lógica no ha dado un paso más en su desarrollo fundamental.» Histoire des scienc., t. I, pág. 204.
Sea ésto dicho en justa defensa de Aristóteles, al cual algunos críticos han querido arrebatar la gloria de la invencion del silogismo, atribuyéndola al filósofo de la India Gotama.}

Resultan, pues, las siguientes ocho reglas del silogismo que expondremos con brevedad. [96]

1ª El silogismo sólo debe constar de tres términos.

Si el silogismo consta de más términos, no se hará la comparación de los dos extremos con el mismo término medio para reconocer su conveniencia o repugnancia entre sí, en lo cual consiste precisamente toda la esencia y la naturaleza propia del silogismo, como forma determinada y perfecta de argumentación, según consta de su misma definición. Ejemplo: todo ángel es espíritu; es así que todo metal es sustancia: luego toda sustancia es espíritu. Por más que las premisas sean verdaderas en sí mismas, la conclusión es falsa e ilegítima, porque sus extremos no se comparan con un medio sino con dos, resultando cuatro términos en el silogismo, ángel, espíritu, sustancia, metal.

Esta regla no sólo es la más importante y fundamental, sino la única en cierto sentido; pues en realidad todo silogismo ilegítimo lo es porque los dos extremos no se comparan con el medio en el mismo sentido o bajo el mismo punto de vista; de manera que los silogismos que pecan contra alguna de las otras reglas, concluyen mal o son defectuosos, porque envuelven cuatro términos, al menos en cuanto al sentido, si no en lo material de las palabras. Así es que en el fondo las demás leyes y reglas del silogismo son aplicaciones de esta primera.

2ª Ningún término debe tener suposición o significación más universal en la conclusión que en las premisas. La razón es que los dos extremos o términos de la conclusión deben compararse entre sí del mismo modo con que en las premisas se compararon con el medio, pues de lo contrario el silogismo constará de cuatro términos en cuanto al sentido. Ejemplo: todo cuerpo es sustancia; ningún ángel es cuerpo: luego ningún ángel es sustancia. Aunque los términos materiales de este silogismo son tres solamente, en cuanto al sentido o significación son cuatro; porque la sustancia, como predicado de afirmativa que es en la mayor, supone disyuntivamente, es decir, que se toma por algunas sustancias; pero no en la conclusión, en donde, como predicado de negativa, supone distributivamente, o sea por todas [97] las sustancias, según lo que dejamos dicho acerca de la suposición.

3ª El medio debe tener suposición distributiva en alguna de las premisas. Porque si en una premisa se toma por una parte de sus significados, y en la otra premisa por otra parte determinada o indeterminada de las cosas significadas, resultará un silogismo compuesto de cuatro términos en cuanto al sentido. Ejemplo: todo hombre es sustancia; todo metal es sustancia: luego todo metal es hombre. No concluye, porque el medio que es sustancia, siendo como es predicado de afirmativa en las dos premisas, supone disyuntivamente, o sea por una parte de las cosas significadas y no por todas.

Esta regla no es aplicable a los silogismos expositorios, en los cuales el medio es un término singular; porque en el mero hecho de ser singular, no puede significar diferentes cosas en las dos premisas.

4ª El medio no debe entrar en la conclusión. La razón es obvia, puesto que el medio sirve para reconocer la relación de los dos extremos que entran en la conclusión, lo cual se verifica comparando con el medio cada uno de los dos extremos en las premisas.

5ª De dos premisas afirmativas no se puede inferir una conclusión negativa. Las premisas afirmativas establecen la identidad de los dos extremos con el medio; sacar, pues, una conclusión negativa, equivaldría a inferir la repugnancia entre dos cosas de su identidad con una tercera, al echar por tierra el primer principio quae sunt eadem uni tertio, sunt eadem inter se.

6ª Si alguna de las premisas es negativa, la conclusión debe serlo también; y si alguna de aquellas es particular, debe ser particular la conclusión (1). La razón de la primera parte es clara; porque si una de las premisas es negativa, uno de [98] los extremos no conviene con el medio, y por consiguiente tampoco pueden convenir los dos extremos, como debería suceder para que la conclusión fuera afirmativa.

{(1) Esto es lo que quiere decir el verso: Pejorem semper sequitur [98] conclusio partem; porque la negativa respecto de la afirmativa, y la particular respecto de la universal, son peores o inferiores en el lenguaje lógico.}

La razón de la otra parte es la siguiente: si la conclusión es universal negativa, distribuye los dos extremos, de los cuales uno por lo menos debió quedar sin distribución en las premisas; porque si la premisa particular es afirmativa, no distribuye ninguno de los tres términos del silogismo, y en la otra, aun suponiendo que sea universal negativa, no se puede distribuir más que uno de los extremos y el medio, so pena de faltar a la regla tercera. Si la premisa particular es negativa, entonces la otra debe ser afirmativa, no pudiendo ser negativas las dos, como veremos después: luego entre las dos premisas no pueden distribuir más que uno de los extremos y el medio, y por consiguiente no queda lugar para la distribución de los dos extremos que lleva consigo la conclusión universal negativa. Si la conclusión es universal afirmativa, presupone dos premisas afirmativas, y si una de éstas es particular, no se puede distribuir en las premisas más que el término que sea sujeto de la universal, lugar que deberá ocupar el medio para no faltar a la tercera regla: luego no habiéndose distribuido en las premisas ninguno de los extremos, la conclusión afirmativa debe ser particular, para que no signifiquen distributivamente en la conclusión los extremos que en las premisas sólo significaron disyuntivamente: de lo contrario resultarán en el silogismo cuatro términos quoad sensum.

7ª De dos premisas negativas nada se puede inferir legítimamente. En efecto; de que el término A y el término B, no convienen con un tercero, no se colige, ni que convengan, ni que repugnen entre sí. [99]

8ª De dos premisas particulares nada se puede inferir legítimamente. Si las dos particulares son afirmativas no distribuyen ninguno de los tres términos, ni en consecuencia el medio, como pide la tercera regla. Si las dos son negativas, faltan a la séptima regla. Si una es afirmativa y la otra negativa, sólo se puede distribuir el medio en el predicado de la negativa; y como, según la regla sexta, la conclusión debe ser negativa, se distribuirá en ella el majus extremum sin haberse distribuido en las premisas, lo cual es contra la regla segunda.

Aplicadas éstas leyes o reglas del silogismo, resultan solamente catorce modos útiles en las tres figuras, a saber; cuatro correspondientes a la primera, que suelen designarse con las palabras Barbara, Celarent, Darii, Ferio; cuatro correspondientes a la segunda, designadas por las palabras Cesare, Camestres, Festino, Baroco; y seis pertenecientes a la tercera, designados por las palabras Darapti, Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison (1).

{(1) Para fijar en la memoria éstos modos útiles, formaron los antiguos algunos versos compuestos de las palabras citadas, añadiendo otras cinco que señalan silogismos indirectos de la primera. Así resultaban los siguientes famosos versos:
1ª Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Baralipton, Celantes, Dabitis, Fapesmo, Frisesomorum.
2ª Cesare, Camestres, Festino, Baroco.
3ª Darapti, Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison.
En los modos indirectos que tienen más de tres vocales, sólo se atiende a las tres primeras.}

Las vocales de estas palabras indican la naturaleza y orden de las proposiciones que constituyen los modos útiles de cada figura. Pondremos un ejemplo en cada figura, y otro de los indirectos de la primera.

Bar Todo animal es sustancia
ba  Todo hombre es animal
ra  Luego todo hombre es sustancia. [100]

Ce  Ningún caballo es racional
sa  Todo hombre es racional
re  Luego ningún hombre es caballo.

Da  Todo metal es cuerpo
rap Todo metal es sustancia
ti  Luego alguna sustancia es cuerpo.

Ba  Toda piedra es sustancia
ra  Todo mármol es piedra
li  Luego alguna sustancia es mármol.

Los lógicos, especialmente los antiguos, suelen tratar aquí de la reducción de los silogismos. Nosotros omitimos esta materia en atención a la poca utilidad práctica que encierra, y así solo apuntaremos algunas ideas que los profesores podrán desenvolver, si lo estiman conveniente.

Hay dos especies de reducción, una directa, la cual se llama también ostensiva, y otra indirecta, o sea ad imposibilite. La primera es la revocación o conversión del silogismo imperfecto en perfecto. Llámanse silogismos imperfectos todos los indirectos, y también los útiles o directos de las figuras segunda y tercera, los cuales todos pueden reducirse a silogismo de la primera figura, variando el sitio y orden de las premisas. Exceptúanse los modos Baroco y Bocardo, que no admiten esta reducción.

La reducción indirecta, o ad impossibile, tiene lugar cuando se toma la contradictoria de la consecuencia legítima negada, combinándola con una de las premisas concedidas, de manera que de ésta y de aquélla resulte una consecuencia o conclusión contradictoria con la otra premisa concedida antes. [101]

 

Lógica General 15/19. De la argumentación y sus especies.

Artículo II
De la argumentación y sus especies

De lo dicho en el artículo anterior se deduce que la argumentación es una oración expresiva del raciocinio, en la cual [88] una proposición se infiere de otras con las cuales tiene conexión. La proposición que se trata de inferir o establecer por medio de la argumentación, suele llamarse cuestión, tesis, proposición: si se la considera como deducida ya de las que le sirven de antecedente, se llama conclusión o consiguiente. Las proposiciones de las cuales se deduce por medio de la argumentación, se llaman premisas.

Considerada la argumentación en general, se halla sujeta a estas tres reglas: 1ª De una cosa verdadera nunca se infiere legítimamente una cosa falsa. 2ª De una cosa falsa puede inferirse accidentalmente una cosa verdadera, como si se dice: todos lo apóstoles predicaron en Roma: luego san Pedro predicó en Roma. 3ª El antecedente en cuanto tal, debe ser más claro o conocido que el consiguiente; de lo contrario no vendríamos en conocimiento de la verdad o falsedad de éste en virtud de su relación o enlace con las premisas.

Además del silogismo, forma la más perfecta y científica de argumentación, de la cual por lo mismo trataremos aparte, las principales especies de argumentación son las siguientes:

a) La inducción, o sea la argumentación en la cual de la enumeración conveniente de particulares o inferiores se colige alguna cosa universal. Para que sea legítima y la conclusión absolutamente cierta, debe subordinarse a dos reglas o condiciones: 1ª que la enumeración de las partes o inferiores sea completa: 2º que no se predique del todo más que lo que se ha predicado de cada una de las partes inferiores.

De lo dicho se infiere: 1º que las inducciones que proceden de los individuos a la especie, casi nunca producen por sí solas certeza, porque difícilmente son completas, a no ser en casos dados, o sea con respecto a especies que tengan pocos individuos: 2º que es antifilosófica y contraria a la razón y la experiencia, la pretensión de ciertos filósofos que afirman con Bacon que la inducción es el instrumento propio y casi único para adquirir las ciencias.

He dicho por sí solas; porque si la inducción va acompañada y robustecida por la analogía, entonces podrá determinar [89] en ocasiones asenso cierto, aunque la enumeración no sea completa. Observando en todos los animales que veo la existencia de ciertas operaciones que tienen analogía o semejanza con algunas del hombre, y sabiendo además que en éste proceden del alma racional, puedo deducir legítimamente que en los animales hay un alma inferior a la racional, que es principio interno de aquéllas operaciones vitales. Así también si observo que esta planta curó esta enfermedad, podré inferir legítimamente, añadiendo la analogía a la inducción, que otra planta que es de la misma especie, aunque distinta numéricamente, curará esta enfermedad u otra que tenga afinidad con la primera.

b) El entimema es un silogismo en el cual se calla, pero se sobreentiende una de las premisas. Su naturaleza, pues, y condiciones, son las mismas que las del silogismo. Sólo hay que advertir que unas veces se calla la menor, como en este: «todos los hombres son racionales: luego Pedro es racional»: otras se calla la mayor, como en este: «Yo pienso: luego existo (1).»

{(1) Nuestro espíritu gusta del entimema por la vivacidad y concisión que envuelve: por eso sin duda Aristóteles le apellidaba silogismo del orador.}.

c) El sorites, que los Escolásticos llamaban también ratiocinium acervale, se dice aquella argumentación en la cual de varias proposiciones colocadas en determinado orden se colige la conveniencia o repugnancia del sujeto de la primera con el predicado de la última. El sorites viene a ser una colección de entimemas, y en él las proposiciones se ordenan de tal manera que el predicado de la primera sirva de sujeto a la segunda, el de ésta a la tercera, y así sucesivamente hasta que en la conclusión se junta o compara el sujeto de la primera proposición con el predicado de la última, como se ve en este ejemplo: la virtud es un gran bien: lo que es un bien perfecciona al hombre: lo que perfecciona al hombre debe ser apetecido: luego la virtud debe ser apetecida. Esta argumentación [90] resultará falsa, 1º si se mezcla alguna proposición falsa entre las otras verdaderas: 2º si todas las proposiciones fuesen negativas, porque de éstas nada se infiere legítimamente, como veremos al hablar del silogismo.

d) Epiquerema es también un verdadero silogismo, del cual sólo se diferencia en que antes de sacar la conclusión, prueba las dos o alguna de las premisas. Ejemplo: «el que se halla agitado por cuidados y remordimientos no es feliz; porque la felicidad excluye la inquietud y los remordimientos: es así que el que sigue el impulso de las pasiones se halla agitado por cuidados y remordimientos: luego, &c.».

e) Dilema es una argumentación que consta de una premisa disyuntiva, y de dos condicionales relacionados con la conclusión que se intenta sacar, como se ve en el que aducirse suele contra los escépticos: Aut scis le nihil scire, aut nescis: si nescis jam non potest hoc affirmare: si scis le nihil scire, ergo aliquid seitur. El dilema es más a propósito para rebatir opiniones o errores, que para establecer o demostrar verdades científicas.

Esta argumentación será defectuosa: 1º si la disyuntiva es falsa, porque se da medio entre los extremos que contiene (1): 2º si de alguno de éstos se deduce lo que realmente no se infiere, o lo que es lo mismo, si alguna de las condicionales es falsa: 3º si los dos extremos pueden retorcerse contra el que los presenta.

{(1) Ordinariamente la premisa disyuntiva sólo tiene dos extremos, y de aquí el nombre dilema; pero si tuviere tres extremos se denominará trilema, si cuatro tetralema, y si número mayor polilema.}

f) El polisilogismo, como indica su nombre, es una argumentación compuesta de dos o más silogismos, tomando la conclusión del anterior como premisa del siguiente. Ejemplo: lo que es sustancia simple y espiritual no está sujeto a corrupción; el alma racional es sustancia simple y espiritual: luego [91] no está sujeta a corrupción: lo que no está sujeto a corrupción es inmortal; luego el alma racional es inmortal.

 

Lógica General 14/19. Del raciocinio y la argumentación.

Del raciocinio y la argumentación

Lo mismo que el juicio, el raciocinio puede ser considerado, o como acto interno del entendimiento, o en cuanto se manifiesta y sensibiliza por medio de palabras. Bajo este [86] último punto de vista se llama ordinariamente argumentación; bajo el primero, se llama raciocinio y también discurso, bien que muchas veces se toman estos nombres como sinónimos. Trataremos, pues, primero del raciocinio como acto interno del entendimiento, y después de la argumentación.

 

Artículo primero
Del raciocinio

Considerando el raciocinio en sí mismo, diremos que,

1º Raciocinio es aquel acto del entendimiento mediante el cual de dos o más juicios deducimos otro que tiene conexión con ellos. Los dos o más juicios de los cuales se infiere otro, tomados colectivamente, se denominan antecedente, porque son anteriores en orden de naturaleza y de conocimiento al juicio deducido, el cual por lo mismo se llama consiguiente.

No debe, sin embargo, confundirse el consiguiente con la consecuencia. El primero es el juicio que se deduce de otros: la consecuencia es la ilación o enlace que dicho juicio tiene con los que le sirven de antecedente.

De aquí es que el consiguiente puede ser verdadero en sí mismo, y sin embargo ser falsa, o mejor dicho, ilegítima, la consecuencia en un raciocinio; así como también puede suceder que el consiguiente sea falso y la consecuencia legítima. Ejemplo de lo primero; algunos apóstoles fueron martirizados; es así que san Pedro es apóstol: luego san Pedro fue martirizado. El consiguiente es verdadero, pero la consecuencia es falsa o ilegítima; porque de que algunos apóstoles fuesen martirizados, no se infiere legítimamente que san Pedro lo fuera.

2º Así como el juicio, aunque presupone y envuelve la comparación de dos extremos, sin embargo en sí mismo es un acto simple del entendimiento, así también aunque el raciocinio envuelve pluralidad de juicios, sin embargo considerado formalmente, es decir, en cuanto envuelve la deducción de un juicio de otros, lo cual constituye el carácter distintivo [87] del raciocinio, es un acto simplicísimo del entendimiento. Esto no quita que los conocimientos que se adquieren por medio del raciocinio se denominen discursivos, y también científicos, por cuanto la ciencia es un conocimiento adquirido por medio de demostraciones, las cuales pertenecen al raciocinio.

3º El fundamento o principio en que estriba el raciocinio afirmativo es el siguiente: Quae sunt eadem uni tertio sunt eadem inter se. El principio del negativo es: Quorum unum est idem alicui tertio, et aliud non est idem, ea non sunt idem inter se. Así en este raciocinio: toda sustancia que piensa es espiritual; es así que el alma racional es una sustancia que piensa: luego es espiritual: en tanto se afirma en la conclusión la identidad o conveniencia de la espiritualidad y del alma, porque en las premisas se estableció la conveniencia de los dos con un tercero, o sea con la sustancia que piensa.

Hay otros dos primeros principios que sirven también de fundamento al raciocinio, a saber: Quod dicitur de omni, dicitur de quolibet sub eo contento. Quod negatur de omni, negatur de quolibet sub eo contento. Estos dos principios convienen en el fondo con los dos primeros, solo que los últimos no tienen aplicación a los raciocinios que constan de solos términos singulares.

4º Raciocinio afirmativo es aquel cuya conclusión es un juicio afirmativo; así como la conclusión negativa hace que el raciocinio lo sea también. Y téngase presente que la diferencia entre estos dos raciocinios más bien se refiere al objeto que no al mismo entendimiento; porque todo raciocinio, sea afirmativo o negativo, es un acto positivo del entendimiento.

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

TERCER DOMINGO DESPUES DE PASCUA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


TERCER DOMINGO DESPUES DE PASCUA - Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

LA DIGNIDAD DEL PUEBLO CRISTIANO. — Nada más grande ni más elevado sobre la tierra que los principes de la Santa Iglesia, que los Pastores establecidos por el Hijo de Dios, y cuya sucesión durará tanto como el mundo; pero no creamos que los súbditos de este vasto imperio que se llama Iglesia no tengan también su dignidad y su grandeza. El pueblo cristiano, en el seno del cual se confunden, en una igualdad completa, el príncipe y el simple particular, sobrepuja en esplendor y en valor moral a todo el resto de la humanidad.

Penetra por doquiera que se extienda la verdadera civilización; pues lleva por todas partes la verdadera noción de Dios y del fin sobrenatural del hombre. Ante él la barbarie retrocede, las instituciones paganas, por antiguas que sean, se borran; y hasta vió un día a la civilización griega y romana rendirle armas, y al derecho cristiano emanado del Evangelio sobreponerse por sí mismo al derecho de los pueblos gentiles. Numerosos hechos han mostrado la superioridad que el bautismo imprime a las razas cristianas; porque sería irracional el pretender encontrar la causa primera de esta superioridad en nuestra civilización, puesto que esta misma civilización no ha sido más que el producto del bautismo.

LA UNIDAD DE FE. — Pero si la grandeza del pueblo cristiano es tal que ej erce su prestigio exterior hasta sobre los mismos infieles ¿qué diremos de la que la fe nos revela en él? El Apóstol San Pedro, el Pastor universal en cuyas manos acabamos de ver al divino Pastor depositar las llaves, definió así al rebaño a quien está encargado apacentar: «Vosotros sois, les dijo, la raza escogida, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo escogido, encargado de publicar las grandezas de Aquel que os ha llamado del seno de las tinieblas a su admirable luz.» (I S. Pedro, 11, 9.)

En efecto, en el seno de ese pueblo se conserva la verdad divina, que no podía extinguirse en él. Cuando la autoridad docente debe proclamar, en su infalibilidad, una decisión solemne en materia de doctrina, hace primero una llamada a la fe del pueblo cristiano y la sentencia declara inviolable lo que ha sido creído «en todos los lugares, en todos los tiempos y por todos». (S. Vicente de Lerius, «commonitorium».) En el pueblo cristiano reside este principio admirable de fraternidad de las inteligencias, en cuya virtud encontráis la misma creencia en las razas más diversas, por más hostiles que sean las unas para con las otras; en lo referente a la fe y a la sumisión a los Pastores, no hay más que un solo pueblo. En el seno de este pueblo florecen las más perfectas las virtudes y a veces las más heroicas; pues es el depositario, en gran parte, del elemento de santidad que Jesús ha derramado con su gracia en la naturaleza humana.

EL TESTIMONIO DEL AMOR.— Ved también con qué amor le protegen y le honran los Pastores. En todos los grados de la jerarquía va unido el deber de dar su vida por el rebaño. Este sacrificio del Pastor por sus ovejas no es verdadero heroísmo; es deber estricto. ¡Vergüenza y maldición aquel que retrocede!, el Redentor le señala con el nombre de mercenario. Pero también, ¡qué bello y qué innumerable este ejército de Pastores que, desde hace diez y nueve siglos, han dado su vida por el rebaño! No hay una página de los anales de la Iglesia en que no resplandezcan sus nombres, desde el de Pedro, crucificado como su Maestro, hasta los de esos Obispos de Cochinchina, de Tonkín, de Rusia y de España cuyos recientes martirios han venido a advertirnos que el Pastor no ha cesado de considerarse como víctima por el rebaño. Veamos también cómo antes de confiar sus corderos y sus ovejas a Pedro, Jesús quiere ante todo asegurarse si le ama más que los otros. Si Pedro ama a su Maestro, amará a las ovejas de su Maestro, y sabrá amarlas hasta dar su vida por ellas. Es la advertencia que le da el Salvador que, después de haberle confiado el rebaño entero, termina prediciéndole el martirio. ¡Dichoso pueblo aquel cuyos jefes no ejercen el poder más que a condición de estar prestos a derramar por él toda su sangre!

LAS SEÑALES DE RESPETO. — ¡ C o n qué respeto y qué consideración tratan los Pastores a estos rebaños de su Maestro! Si una de ellas llega a señalar en su vida los caracteres que denotan la santidad, hasta el punto de merecer ser propuesta a la sociedad cristiana como modelo y como intercesor, veréis entonces, no solamente al Sacerdote cuya palabra trae al Hijo de Dios al altar, no solamente al Obispo cuyas manos sagradas tienen el báculo pastoral, sino al Vicario mismo de Cristo, humildemente arrodillados ante el sepulcro en que la imagen del servidor o de la sierva de Dios por humilde que haya sido su rango, por débil que haya sido su sexo sobre la tierra. El sacerdocio jerárquico testificará este respeto por las ovejas de Cristo, aún con niño bautizado cuya lengua no se ha desatado aún, que no es contado en el Estado entre los ciudadanos, que tal vez antes de acabar el día sería ajado como la flor de los campos. El Pastor reconoce en él a un miembro digno del honor de pertenecer a ese cuerpo de Jesucristo que es la Iglesia, un ser» colmado de dones sublimes que hacen de él el objeto de las complacencias del cielo y la bendición de todos los que le rodean. Cuando el templo santo ha reunido la asamblea de fieles y el incienso se ha quemado sobre la oblata y alrededor del altar, el celebrante que ofrece el Sacrificio recibe el homenaje de este perfume misterioso que honra en él al representante de Cristo; el colegio sacerdotal ve avanzar enseguida hacia sí al turiferario, que viene a rendir honor a los que están señalados por el carácter sagrado; pero el incienso no se detiene en el santuario.

He aquí que el turiferario viene a colocarse en frente del pueblo fiel, y le concede en nombre de la Iglesia este mismo homenaje que hemos visto tributar al Pontífice y a los sacerdotes; pues el pueblo fiel está también en Cristo. Más aún, cuando el despojo mortal del cristiano, aunque haya sido el más pobre entre sus hermanos, es traído a la casa de Dios para recibir las honras fúnebres, esas mismas honras fúnebres son un homenaje. El incensario recorre aún sus miembros inanimados; hasta tal punto la Iglesia trata de reconocer y de honrar hasta el último momento el carácter divino que la fe le hace ver hasta en el más humilde de sus hijos. ¡Oh pueblo cristiano! ¡qué justo es decir de ti, y con mucha más razón, lo que Moisés decía de su Israel: «No, no hay nación tan grande y tan colmada de honor!» (Deut., IV, 7.)

El Tercer Domingo después de Pascua lleva, en la Iglesia griega, el nombre de «Domingo del Paralítico», porque se celebra de un modo particular la conmemoración del milagro que nuestro Señor obró en la Piscina Probática.

M I S A

El Introito es un himno triunfal que invita a toda la Creación a la alegría y a la acción de gracias.

INTROITO

Canta jubilosa a Dios, tierra toda, aleluya: decid un salmo a su nombre, aleluya: glorificad su alabanza, aleluya, aleluya, aleluya. — Salmo: Decid a Dios: ¡Cuán terribles son tus obras, Señor! En la grandeza de tu poder se engañarán tus enemigos. V. Gloria al Padre.

La Colecta recuerda la alta dignidad de la vocación cristiana. La Eucaristía sacrificio-sacramento nos obtendrá la gracia de ser fieles rechazando todo lo que es contrario a nuestro bautismo y practicando lo que le es conforme.

COLECTA

Oh Dios, que muestras, a los que yerran, la luz de tu verdad, para que puedan tornar al camino de la justicia: da, a todos los que hacen profesión de cristianos, la gracia de rechazar lo que se opone a ese nombre, y de seguir lo que concuerda con él. Por el Señor.

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pedro.

Carísimos: Os ruego que, como extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales, que militan contra el alma, viviendo honradamente entre las gentes: para que, ya que os consideran como malhechores, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios el día de la visitación. Estad, pues, sumisos a toda criatura humana por Dios: ya al rey, como jefe: ya a los caudillos, como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos: porque es voluntad de Dios que, obrando el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres imprudentes: (obrad) como libres, y no como teniendo la libertad por velo de la malicia, sino como siervos de Dios. Honrad a todos: amad la fraternidad: temed a Dios: Honrad al rey. Siervos, someteos con todo temor a los amos, no sólo a los buenos y modestos, sino también a los díscolos. Porque esto es lo grato (a Dios), en nuestro Señor Jesucristo.

LOS DEBERES DEL CRISTIANO. — «El deber de santificarse se resuelve en las obligaciones concretas y adaptadas a la situación social actual de cada uno. La razón de insistir es la formulada por S. Pedro: el cristiano es como extraño y peregrino en el mundo no conquistado para el Evangelio. Es preciso luchar contra las fuerzas del pecado que se insinúan hasta en nosotros mismos, y guardar, en medio de los gentiles que se abandonan, a él, una conducta ejemplar digna de respeto y estima. «Este apostolado del buen ejemplo dicta, desde luego, a los cristianos su actitud «frente» a las instituciones humanas… su deber social se resume en cuatro frases cortas que son otras tantas normas directrices de la vida: 1.» tratar a todos los hombres con el respeto debido a su dignidad de hombres: 2.» amar a los que son nuestros hermanos en la fe: 3.° temer a Dios con ese temor que es el principio de la verdadera sabiduría y el contra-peso de la orgullosa confianza en sí: 4.° reverenciar la autoridad real dando al César lo que es del César. «En fin, el pensamiento de la fe hará que los sirvientes respeten y obedezcan a sus señores, y esta obediencia cristiana les hará merecedores del favor divino.» (A. Charue, «Las Epístolas Católicas», p. 455.) Realizaremos este ideal del cristiano gracias a la Redención siempre presente en el altar. Cada día nos recordará ella que el cristiano, siendo otro Cristo, debe sufrir como El para entrar en la gloria, y ella nos dará fuerzas para semejarnos a El.

ALELUYA

Aleluya, aleluya. J. El Señor envió la redención a su pueblo. Aleluya. V. Convenía que Cristo sufriera, y resucitara de entre los muertos: y entrara así en su gloría. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Juan.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Un poco, y ya no me veréis: y otro poco, y me veréis: porque voy al Padre. Dijéronse entonces los discípulos entre sí: ¿Qué es eso que nos dice: Un poco, y no me veréis: y otro poco, y me veréis, y: Porque voy al Padre? Dijeron, pues: ¿Qué es eso que nos dice: Un poco? No sabemos lo que habla. Y conoció Jesús que querían preguntarle, y díjoles: ¿Preguntáis entre vosotros qué es lo que dije: Un poco, y no me veréis y otro poco, y me veréis? En verdad, en verdad os digo: Que lloraréis y gemiréis vosotros, pero el mundo se gozará; y vosotros os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando pare, tiene tristeza, porque llega su hora; pero, cuando ha parido al niño, ya no se acuerda del apuro, por el gozo de haber nacido un hombre en el mundo. También vosotros tenéis ciertamente tristeza ahora, pero os veré otra vez, y se gozará vuestro corazón: y nadie os quitará vuestro gozo.

CONFIANZA EN LA PRUEBA. — «El Señor debía alejarse; pero sus palabras parecían contradictorias a los Apóstoles. ¿Cómo iba a estar al mismo tiempo con su Padre y con ellos? Jesús, que leía los pensamientos (en las almas), comprendió la ansiedad de los suyos. Sin duda, al hablar así, pensaba en el alejamiento momentáneo de la pasión y en la alegría de la Resurrección. Pero esta desaparición y esta vuelta eran, a a sus ojos, el símbolo de otra vuelta; la partida hacia su Padre, en la Ascensión, y la reunión con sus discípulos, en la eternidad. Mientras tanto, los discípulos tendrán que trabajar y sembrar en las lágrimas, en ausencia de su Maestro. ¿Qué importa la tribulación de los tiempos? No pensaremos en ella cuando el hombre nuevo se haya entregado a Dios, cuando la Iglesia alabe a Dios, cuando el nuevo Adán aparezca delante del Padre con la posteridad que habrá germinado de su sangre. No hay cosa mejor para darse de lleno, que seguir las perspectivas que nos abre el Salvador. Ahora momentos de angustia, después la alegría sin fin, cuya plenitud colmará nuestros deseos y nuestra inteligencia. Ningún poder creado es capaz de arrebatárnosla.

El Ofertorio es un grito de alabanza y de alegría, de la alegría encontrada en el sacrificio.

OFERTORIO

Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor en mi vida: salmearé a mi Dios mientras viva, aleluya. La Secreta nos recuerda que el fruto de la Eucaristía será desprendernos de la tierra y elevarnos hacia el cielo.

SECRETA

Haz, Señor, que nos sea dado en estos Misterios aquello con que, mitigando los deseos terrenos, aprendamos a amar los celestes. Por el Señor.

La Comunión nos hace oír el anuncio de la partida y de la vuelta de Cristo. Los santos misterios nos preparan para recibir al Señor cuando viniere.

COMUNION

Un poco, y no me veréis, aleluya: otro poco, y me veréis, porque voy al Padre, aleluya, aleluya. Entretanto, la Eucaristía es el reconfortamiento y la salvaguardia de los peregrinos en camino hacia el cielo.

POSCOMUNION

Suplicárnoste, Señor, hagas que, los Sacramentos que hemos recibido, nos restauren con alimentos espirituales, y nos protejan con corporales auxilios. Por el Señor.

CALUMNIA QUE ALGO QUEDA: SOBRE EL SECUESTRO Y MUERTE DE MONS. THUC

Nació en Vietnam. Ordenado Sacerdote el 20 de octubre de 1925 en Vietnam. Consagrado obispo el 5 de mayo de 1938 en Hué, Vietnam por el Delegado Apostólico en Indochina Mons. Antonin Drapier O.P., Arzobispo Titular de Neocesarea en Pontus, asistido por Mons. Isidore Dumortier, M.E.P., Obispo Titular de Lipara, y por Mons. Dominique Ngo Ngoc Can Titular, Obispo Titular de Zenobias. Mons. Dinh Thuc fue Obispo Titular de Saesina entre 1938-60, Arzobispo de Hué, Viet Nam, entre 1960-68, y Arzobispo Titular de Bulla Regia, entre 1968-1984.

Esta recopilación de textos tiene ocho partes, y se los ofrecemos aquí de manera que puedan saltar de una a otra con facilidad. Añadimos tres apéndices más de dos estudiosos de distintas sensibilidades: el P. Altamira y el P. Cekada.

Estos textos escogidos, entre decenas de estudio, demuestran como mons. Thuc ha sido víctima, y aún lo es hoy, de calumnias monstruosas, cóleras desenfrenadas, odios implacables, estafas y manipulación de sus escritos, y hasta de secuestros antes de su muerte.

Con claridad meridiana había quedado demostrada su gran lucidez, así como también la deshonestidad intelectual de quienes no les tembló la mano para falsificar sus palabras en el conciliábulo.

El asunto parecía zanjado y el mar calmado. Pero he aquí que los rencores atávicos de antaño han renacido, cual cizaña, en otros corazones, quizá por su ignorancia sobre el asunto o por la negación de la Luz- Dios sabe-, o tal vez por los celos de la incesante ordenación de nuevos sacerdotes y la continua consagración de nuevos obispos, la mayoría del linaje de mons. Thuc- Aunque en verdad, no es la única línea de sucesión apostólica que sostiene que la Sede de Pedro está vacante, o usurpada . Y no podía ser de otra forma, puesto que los obispos lefebvrianos- también consagrados válidamente- han traicionado, no a mons. Lefebvre – varón de su tiempo sobre el que no se puede hacer un juicio anacrónico-, pues también estuvo lleno de contradicciones – sino hubiera sido contradictorio no le usarían como bandera tanto mons. Fellay, como mons. Williamson, como otros lefrebvianos capillistas-, sino traición a la Iglesia católica con su falsa posición de reconocer a los herejes como papas, pero resistirlos en todo, mientras Misa tras Misa cometen el grave pecado de la Communicatio in sacris celebrando la Misa una cum con Bergoglio y antes con Ratzinger y Wojtyla.

Aquí sólo expongo la verdad con documentos, sin prejuicios. No me interesan las opiniones, ni los gritos, sólo la verdad. Por lo tanto, quien esté interesado en ella y no en patrañas, solo ha de leer estos documentos. Para quien esté lleno de prejuicios y prefiera la mentira no tengo ningún remedio para sacarle del error.

PARTES DE ESTE ARTÍCULO

1.Secuestro de Monseñor Thuc por los modernistas. 

2. Las calumnias a Mons. Thuc descubiertas ( Se pesca antes a un mentiroso que a un cojo). Nada hay oculto que no sea revelado.

3. Breve resumen para los que tienen prisa.

4. La falsificación de las palabras que mon. Thuc dijo en el conciliábulo.

5. Mons. Lefebvre anima a mons, Thuc a trabajar con los del Palmar ( testimonio del P. Barbera).

6. La muerte de Mons. Thuc.

7. La falsedad de que mons. Thuc murió en la iglesia conciliar.

8. Notas.

OTROS APÉNDICES SOBRE EL TEMA AJENOS A ESTE ARTÍCULO:

A. La teología sacrametal  católica sobre la validez de las consagraciones de mon. Thuc ( P. Fernando Altamira).

B. La validez de las consagraciones de Thuc. Respondiendo objeciones ( P. Altamira)

C. Contra el terroristo teológico de la FSSPX (título original del trabajo: La validez de las consagraciones de mons Ngo Ding Thuc. (Padre Cekada).

 

SECUESTRO DE MONS. THUC POR LOS MODERNISTAS

En varias ocasiones los modernistas habían intentado tomarcontacto con el Arzobispo Ngo.

Era el mes de febrero y había nevado de manera inusual. Estábamos cerca del festival de luna nueva. Una limosina se paró en nuestro jardín. Dos vietnamitas y un australiano, junto con un corpulento hombre negro que los seguía llegaron a la puerta. Fue el más viejo de los vietnamitas quien habló. Yo pensé que tenía algún tipo de tic nervioso o alguna enfermedad de ese tipo. Venían a “visitar” a Monseñor Ngo y deseaban llevarlo a Nueva York a una cena realizada en su honor, entre amigos y familiares que habían formado parte del gobierno de su hermano. Por cortesía dejé el salón para el Señor Arzobispo. Después de un momento regresé y de la mejor manera pregunté si todo procedía bien. El arzobispo me aseguró que conocía a estos hombres y que todo procedía en orden. El másanciano de ellos, preguntó de nuevo si aceptaba la invitación a nueva York para la celebración. ¿Qué podía decir yo? Le pregunté al Arzobispo si quería ir y respondió afirmativamente. Pensando que debía ser precavido sugerí que uno de los seminaristas acompañara a su Ilustrísima, con el fin de que tomara cuidados de lo que pudiera necesitar. Como era diabético debían revisarle su sangre periódicamente. El más anciano de los vietnamitas estuvo de acuerdo. Luego de ver algunos problemas con los vuelos nos dimos cuenta de que el ARZOBISPO HABIA SIDO SECUESTRADO.

Nuestro seminarista que lo había acompañado a la celebración se dió cuenta de que le habían servido un alimento dañoso para su salud y en el momento que le protestó a un doctor vietnamita allí presente, le dijo que todo estaba bien. Al día siguiente el Arzobispo fue llevado a Washington D.C. a la residencia del nuncio papal. Se ha descubierto que Pío Laghi era francmasón. Fueron llevados a la oficina de Laghi y después de una corta conversación, éste señalo que la entrevista se había terminado y despidió al seminarista, de tal forma que quedaron solos Lahgi y el Arzobispo Ngo.

El seminarista esperó en el corredor. El secretario de Pío Lahgi le preguntó por qué tenían problemas con los cambios de la Iglesia y porqué rechazaban al “Papa”. El seminarista señaló lo herético de Wojtylay que esto lo hacía antipapa. Después de la visita con Laghi regresaron al hotel donde el Arzobispo era tenido como prisionero. Allí pude comunicarme con Monseñor y le pregunté qué había pasado con el Nuncio a lo cual me respondió: Quería que desaprobara todo lo que he hecho, a lo cual le dije que no, pues eso echaría en tierra todo lo que he realizado. Estas eran las últimas palabras que escucharía del Arzobispo. Lo que siguió es verdaderamente dramático.

El seminarista afirmó que había mucha gente envuelta en este asunto. Había obispos vietnamitasque eran quienes jugaban un papel inmediato. Pero de manera mediata estaba también el Cardenal Arzobispo de Nueva York O’Connor.

Como no tenemos ningún afán de exagerar la verdad para aparecer importantes en la narración, será suficiente a nuestros lectores seguir la narración objetiva de los hechos. Describiré lo que pasó en el cuarto del hotel de Nueva York donde el Arzobispo había sido tomado prisionero.

El cuarto se encontraba localizado en piso número 32, y estaba lleno de clero vietnamita, al menos dos obispos, el rector del seminario vietnamita y otros clérigos. Discutí la situación de la Iglesia con ellos. Inflexiblemente rechazaban creer que los comunistas se habían infiltrado en la Iglesia Católica. Pretendían que nos juntáramos para combatir a los comunistas. El rector del seminario también se mostraba inflexible.

Según el testimonio de nuestro fraile-seminarista el arzobispo deseaba regresar con nosotros a Rochester; por lo que intentaban sacarlo de allí y no le permitieron estar con él. Cuando llegué al cuarto usé superficialmente la cortesía, pero la atmósfera estaba tensa. El cuarto estaba lleno de vietnamitas, como ya lo dije, y me dirigí a la cama donde se encontraba el Arzobispo Ngo. Inmediatamente me rendí cuenta que era inútil tratar de rescatarlo, pero me esforzaba en obrar de la manera más normal. El Arzobispo estaba acostado en la cama y con una clase de estupor,tenía sus ropas episcopales pero no parecía normal, más bien parecía drogadoMe reconoció y le dije que venía por él para llevarlo a Rochester. Él estaba listo para regresar e intentó incorporarse de la cama, pero un vietnamita (¡sacerdote que había ordenado!) lo impidió. Mientras tanto uno con cuello romano sacaba fotos de todo lo que pasaba. Tomó fotos del Arzobispo en su lecho y de nosotros. En ese momento me puse furioso, fui a arrebatarle la cámara y arrojarla al suelo, pero no funcionó sólo creó más hostilidades de parte de los captores. Después pedí a uno de los más ancianos del clero que no hicieran eso e intenté ponerme al lado del Arzobispo Ngo pero me hicieron a un lado. En este momento entendí que no había ningún medio para sacarlo de allí. Era tarde y debíamos salir de allí.El seminarista permaneció con el Arzobispo ¿Qué más podía hacer yo?

El joven que me había acompañado hizo las cosas más dramáticas y de nuevo con un acto de mucha paciencia tuve que intervenir para ordenar las cosas.

Ya al día siguiente nos instalamos en una oficina de un conocido mío que fabricaba sombreros o algo por el estilo. Llamé a nuestro abogado en Rochester, para pedirle algún consejo, y le manifesté la realidad de las cosas. El me respondió: Monseñor, en verdad hay muy poco que usted pueda hacer aun si tuviera dinero y un abogado esto tomaría mucho tiempo. Veamos las perspectivas de Dios: El Arzobispo hizo lo que Dios permitió para él, dejémoslo en sus manos.

Finalmente y como último recurso, a instancias del joven que me acompañaba, fuimos a la policía y un detective se aproximó a mí y me dijo: Yo no soy católico, pero le diré que va a pasar si lleva a cabo su denuncia: La policía tomará a la persona en cuestión y la llevara a un hospital y si usted no es pariente no tiene ninguna oportunidad. Sin embargo tomamos el riego y cuando la policía estaba presente y como los vietnamitas no habían dormido en sus planes, se recibió una llamada de teléfono y lo único que pude ver es que el arzobispo tomó el teléfono y mecánicamente respondióje veuxresterici.(Yo quiero permanecer aquí). Y lo repitió un par de veces. Después de esto ¿Que podía decir yo?

Ni el plan A ni el plan B funcionaron. Además no teníamos medios para regresarlo a Rochester. Solo nos restaba rezar por su perseverancia final. El Arzobispo hizo lo que tenía que hacer y cumplió con esto la voluntad de Dios.

No había pasado mucho tiempo después de esto cuando un agente del F.B.I nos visitó para hacernos algunas preguntas con respecto al secuestro del Arzobispo Ngo. Después de todo lo que hemos hecho por nuestro prelado hay algunos que nos acusan de que tomamos parte en su secuestro. Después de que ellos no movieron siquiera un dedo para ayudarlo. Era nuestra obligación tomar cuidado de este gran hombre que el mundo y la Iglesia habían abandonado.

Mis palabras finales a los Obispos vietnamitas fueron: “Ustedes han hecho una cosa muy mala hoy, han deshonrado a un gran obispo vietnamita y han deshonrado a Vietnam”. Sé en mi corazón que vendrá un día de justicia y que no está muy lejos de nosotros. Podríamos decir por justificación: ¿Señor cuándo nos vengarás de aquellos que nos matan? Los enemigos de la verdad han matado a algunos en la carne y a otros en el espíritu. Mientras que nuestro Señor nos consuela diciendo: Un poco de tiempo, tan sólo un poco, justo cuando se ajuste el número de los elegidos, cuando el último de ellos sea signado con el signo de la cruz.

El Arzobispo Ngo pasó a la eternidad el 13 de diciembre de 1984. Murió sin nada, murió en la soledad de su prisión. ¿Cuál puede ser el gran tributo para este arzobispo vietnamita?

Parece que nos encontramos en una terrible era de arrogancia y de orgullo maléfico, para que exista alguien que verdaderamente reconozca lo que este prelado ha hecho por la Santa Madre Iglesia Católica. Pero no sólo eso sino que acepte plenamente seguirlo en la pena de la soledad y en el doloroso camino del calvario. Ya lo había dicho a nuestros seminaristas: Cuando muera el Arzobispo Ngo habrá muchos que se levantaran atribuyéndose alguna conexión con él. Aunque durante su vida no dieron ni un centavo para él.

Aquí termina la narración de la vida del Arzobispo Ngo quien consagró su vida a Dios y la dedicó al servicio de la Iglesia Católica. Dios lo tenga en su gloria. Para concluir citemos textualmente a monseñor Ngo: “Acepte mi vocación sacerdotal sin ninguna reserva en mi puesto de batalla en este mundo, sin importarme donde fuera a morir”.

Volver al índice

CALUMNIAS A MONS. THUC

Extractos de la obra “An Open Letterto Bishop Clarence Kelly on the‘Thuc Bishops’ and the Errors in The Sacred and the Profane” escrita por el católico sedevacantista estadounidense Mario Derksen, en el año 2011, y que puede ser encontrada íntegramente en inglés en el sitio www.thucbishops.com

+++

A: Su Excelencia, Mons.Clarence Kelly, CSPV

CC: Su Excelencia,Mons José Santay, CSPV

Al clero de la SSPV y CSPV

A otros clérigos y feligreses

+JMJ+

+AMDG+

8 de enero del 2011 AD

Cincinnati, Ohio (EE.UU.)

Su excelencia:

Desde hace más de 20 años, la Sociedad San Pío V[2] se ha distinguido por oponerse firmemente a las consagraciones episcopales de los obispos Moisés Carmona, Adolfo Zamora, y Michel-Louis Guérard des Lauriers, llevadas a cabo por el Excelentísimo Obispo Pierre-Martin Ngo-Dinh-Thuc [3], en 1981.[4] La SSPV y especialmente vuestra excelencia ha advertido a los católicos tradicionales de que estas consagraciones son de dudosa validez, escandalosas y sacrílegas, y que no es permisible, incluso en estos tiempos difíciles, tener nada que ver con los obispos o sacerdotes cuyas órdenes se remontan al obispo Thuc, como tampoco con aquellos que, aunque no forman parte de la línea Thuc,  reconocen su validez y legalidad y trabajar junto a ellos. Esta postura dura de la SSPV ha incluido el negarles los sacramentos a aquellas personas que no están de acuerdo con esta posición.

Debido a que la SSPV no opera fuera de los Estados Unidos, esta polémica ha sido en su mayor parte un fenómeno estadounidense, y dicha posición no es tomada en cuenta en más ningún otro lugar. Dicha postura ha dividido amargamente a los católicos sedevacantistas en Estados Unidos desde hace décadas. Familias enteras han sido desgarradas por los supuestamente “sacramentos dudosos” y “asociaciones escandalosas” de los sacerdotes y obispos Thuc. Muchos católicos piadosos han visto su catolicidad en entredicho, y muchas relaciones que podría haber resultado en santo matrimonio se han roto o impedido por completo. Año tras año, la posición de la SSPV ha causado discordia en los bautismos, confirmaciones, bodas y comuniones.

Debido a que dicha división ha afectado mi vida personal, decidí investigar estos temas para ver de qué lado estaba la verdad. Asistí a una parroquia de la SSPV en su momento, y me sorprendió encontrar que la información que había sido propuesta por el SSPV sobre estos temas no pudo resistir el escrutinio riguroso, si se compara con las pruebas presentadas por el grupo que defiende a Mons. Thuc. Es esta evidencia la que precisamente quiero compartir con ustedes ahora. Lo hago en una carta abierta a Vuestra Excelencia, y enviada por correo a todo el clero de la SSPV así como a otros fieles y clérigos de otras capillas tradicionalistas, publicándose en internet en la página www.thucbishops.com, con el doble propósito de (1) compartir la evidencia con todo el mundo que esté interesado en el tema, ya que todo el mundo puede ver por sí mismo dicha evidencia; y (2) para provocar una respuesta pública de vuestra excelencia por lo que, si he falsificado accidentalmente cualquier punto de su posición o perdido alguna evidencia crucial que corroboraría su posición en lugar de la mía, se sienta usted motivado a darlo a conocer públicamente por escrito.

Su Excelencia, en su trabajo The Sacred and the Profane (TSTP de aquí en adelante), usted afirma que escribió el libro porque “[una] respuesta tenía que ser hecha” y “la verdad debía ser dicha” con el fin de “advertir a los fieles” y “minimizar el daño causado a almas…”.[5] Irónicamente, estas son exactamente las mismas razones por las cuales publico ahora este estudio, que examina sus alegaciones, argumentos y referencias con respecto a estas cuestiones, sobre todo como se establece en su libro TSTP.[6]

En una carta publicada en 2002 como seguimiento a un debate público sobre los obispos Thuc y la política de la SSPV (rechazo de los sacramentos a los católicos que asisten a las parroquias de la línea Thuc), el P. William Jenkins aconsejó a sus fieles:

Para aquellos de ustedes que aún no lo hayan hecho todavía, les recomiendo que lean el libro de Mons. Kelly sobre este tema, The Sacred and the Profane, que contiene mucha información. Si usted no ha leído el libro, ni va a hacerlo, entonces no tiene derecho a criticar lo que no sabe.[7]

En verdad, no hay que criticar lo que se desconoce. Sin embargo, yo ya leí el libro, examinándolo con cuidado, y comparé sus pretensiones con mi propia investigación. Estoy, por lo tanto, en condiciones de criticar lo que conozco. La pregunta es: ¿Estarán de acuerdo las personas – y usted vuestra excelencia – en leer con imparcialidad y honestidad, la evidencia contraria a la posición mantenida por la SSPV? Si no es así, entonces sólo puedo repetir las palabras del P. Jenkins: “Si usted no ha leído la [carta], ni piensa hacerlo, entonces no tiene derecho a criticar lo que no sabe”.

Esta carta se divide en cuatro secciones principales:

Parte I –Los hechos en sí mismos de las consagraciones episcopales realizadas por Mons. Thuc en 1981.

Parte II -La validez de estas consagraciones.

Parte III -La licitud de estas consagraciones.

Parte IV – Resumen y Comentarios Finales.

Estas cuatro partes principales serán seguidas por una serie de nueve apéndices, que se encuentran en el pdf, excepto la C, la cual trasladamos aquí:

Apéndice A – ¿Rechazaremos las consagraciones de Mons. Thuc por seguir el camino más seguro?

Apéndice B – ¿Simuló sacramentos el obispos Thuc?

Apéndice C – Intervenciones de Mons. Thuc en el Vaticano II sobre el tema de los no cristianos.

Apéndice D – ¿Fue culpable de herejía Mons. Thuc?

Apéndice E – ¿Modificó el Rito de Consagración Episcopal Mons. Thuc?

Apéndice F – ¿El linaje episcopal de Mons. Thuc es “sórdido”?

Apéndice G – Fotografías de las consagraciones episcopales de Mons. Thuc en el año 1981.

Apéndice H – El certificado de consagración de Mons. Carmona

Apéndice I – Breve Bibliografía.

Al darse cuenta de que algunas personas pueden no tener el tiempo de leer esta larga carta en su totalidad, deseo sugerirles que vayan directamente a la Parte IV para leer allí un conciso resumen, punto por punto, de los principales argumentos presentados. Al mismo tiempo, quiero destacar que sólo la lectura del documento completo, investigado meticulosamente, permitirá entender cabalmente el asunto en cuestión. Invito a todos los lectores a examinar este estudio en su totalidad, incluyendo todas las notas al pie, que a menudo contienen contenidos fundamentales. Si bien es un poco incómodo tener que interrumpir constantemente la lectura para ver las notas al pie, esto será necesario para una comprensión plena y adecuada de los argumentos presentados. Los lectores no deben pasar por alto las notas al pie y esperar así tener un “cuadro completo”. Asimismo, otra gran cantidad de información importante se encuentra en los apéndices, que complementan el texto principal de esta carta.

Es un hecho curioso que en el mundo católico tradicionalista de hoy, la SSPV es prácticamente el único grupo de clérigos que consideran dudosas las consagraciones episcopales de Mons. Thuc del año 1981. El 16 de julio de 1994, en su “Carta abierta sobre el Monte de San Miguel y las consagraciones de Mons. Thuc” al P. Thomas Zapp, usted predijo con confianza: “Con el tiempo, la verdad sobre las personas involucradas en las consagraciones de Thuc, las circunstancias, la falta de pruebas y los problemas con su estado mental, habrán cada vez menos sacerdotes que acepten la validez de dichas consagraciones”[8]Ahora, más de 16 años después, ha ocurrido exactamente lo contrario: como ha pasado el tiempo y los hechos han sido conocidos cada vez más, casi ningún clérigo tiene dudas sobre las consagraciones de Mons. Thuc. La posición de su excelencia es prácticamente única, y esto es así porque se basa en una distorsión de los principios y enseñanzas de la teología católica y del derecho canónico en esta materia, como quedará demostrado en este estudio.

En 2006, el Padre Kevin Vaillancourt de Spokane, Washington, publicó un libro titulado “Las respuestas”,[9] en el cual se ofrecen los argumentos de ambos lados del debate en torno a las consagraciones de 1981 y a la persona de Mons. Thuc. En dicho libro se reprodujeron muchos artículos de diferentes autores escritos sobre este tema en los últimos años. Abundantes citas y referencias de su libro The Sacred and the Profane, tanto a favor como en contra, se pueden encontrar en “Las respuestas”. La lectura de este libro me dio un incentivo adicional para la investigación de este tema con profundidad y, finalmente, me ayudó a llegar a una mejor comprensión de las cuestiones en juego en este debate.

Su Excelencia, he puesto mucho tiempo y esfuerzo en este estudio. Por favor, no lo descarte a la ligera. He escrito esta carta por amor a la verdad, para refutar el error, y para levantar una carga innecesaria de la conciencia de muchos, pero sobre todo, para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas. Lo he escrito para el bienestar de su propia alma, que es lo más precioso a los ojos de Dios. Yo no escribo con espíritu de venganza o ira, sino en espíritu de caridad. Por favor, recuerde esto mientras lea las líneas que siguen a continuación. Gracias.

Mario Derksen

Breve resumen de los principales puntos considerados sobre el tema[10]

(A) Las consagraciones episcopales de Mons. Carmona, Zamora, y des Lauriers en 1981 por Mons. Ngo-Dinh-Thuc tuvieron lugar y son válidas porque:

  1. Tenemos la certeza moral estricta en cuanto al hecho de que Mons. Thuc consagró estos hombres obispos. Las fotografías publicadas en una revista sedevacantista, testimonio jurado de varios testigos, el testimonio de los clérigos implicados, un certificado firmado por el mismo Mons. Thuc y los dos laicos asistentes, y una “excomunión” vaticana ampliamente publicitada contra los clérigos implicados no deja ninguna duda razonable en cuanto al hecho de que ocurrieron las consagraciones. Incluso su propia Excelencia no discute en serio el hecho de las consagraciones. Las consagraciones se consideran por tanto “notoria de hecho” y, de acuerdo con la ley de la Iglesia, por lo tanto no requieren más pruebas legales.
  2. Se desprende de la propia enseñanza y práctica de la Iglesia, así como de su ley canónica, que la certeza moral respecto la verdad de una afirmación es suficiente para aceptarlo como un hecho. La certeza moral, a pesar de que admite grados, es la clase de certeza más alta que se puede tener en un asunto bajo discusión y es incluso el mejor juicio legal que la Iglesia puede producir.
  3. La Iglesia enseña que una vez que se ha establecido el hecho de las consagraciones, su validez está presumida hasta que se prueba que no eran válidos. Los católicos tradicionales actúan acorde con esto todo el tiempo en sus vidas sacramentales diarias, por ejemplo, adorando el Santísimo Sacramento de la Santa Misa, incluso sin haber escuchado el sacerdote pronunciar las palabras de la consagración o sin haber verificado que los ingredientes en el pan y el vino constituyen materia válida.
  4. No hay evidencia de que Mons. Thuc hizo algo que habría invalidado las consagraciones, o que, en ese momento, no estaba en un estado mental suficiente para formar la intención sacramental necesaria.
  5. B) Las consagraciones episcopales de Mons. Carmona, Zamora, y des Lauriers realizadas por Mons. Thuc en 1981 son totalmente lícitas porque:
  6. El contexto de las consagraciones de 1981 es la de una crisis extraordinaria y sin precedentes en la Iglesia. Esto hay que admitirlo, simplemente porque es cierto. Esto no quiere decir que “todo vale”, pero tampoco podemos juzgar como si las consagraciones hubieran tenido lugar en tiempos normales. Esta consideración es una condición previa esencial a cualquier argumentación canónica posterior.
  7. Todas las leyes eclesiásticas, como tal, son leyes humanas y por lo tanto, están sujetas a cambios y derogación. En esto se diferencian de la ley divina, que tiene a Dios por autor y no puede cambiar nunca.
  8. El propósito de toda la ley eclesiástica es un recto ordenamiento de la disciplina de la Iglesia para asegurar el bien común de la Iglesia en general, como fin último, el proteger y facilitar la salvación de las almas.
  9. La Iglesia tiene el derecho de sancionar a los delincuentes por la no observancia de la ley. Algunas sanciones son medicinales en su naturaleza ya que están encaminadas a buscar la reforma del culpable, mientras que otras son vindicativas en su naturaleza y su objetivo es hacer que el delincuente expíe y repare su crimen. La excomunión es una pena exclusivamente medicinal.
  10. Algunas penas son infligidas por una sentencia dada por un juez eclesiástico; estos son llamados ferendae sententiae y no tienen ninguna fuerza hasta que no sean impuestas. Existen otras penas, en las que se incurre de forma automática, simplemente por violar la ley culpablemente; estos son llamadas latae sententiae y no dependen de un juicio eclesiástico. Este último tipo de penalización es el más grave de los dos.
  11. Para que una persona incurra en una penalidad, debe ser culpable en la comisión de un delito. En el fuero externo, la Iglesia presume que todos los delincuentes sean totalmente culpable de sus crímenes hasta que hayan demostrado en un juicio eclesiástico que son inocentes o que su culpabilidad se ve disminuida.
  12. La Iglesia reconoce que a veces pueden surgir circunstancias en las que la ley eclesiástica no puede, no debe, o no tiene que ser observada, porque su observancia sería imposible, dañina, irrazonable o inútil. Puesto que la ley de la Iglesia es humana en su naturaleza, no puede prever todas las circunstancias posibles, en tanto que la ley divina si puede prever todas las posibilidades. Por lo tanto, cada vez que hay un conflicto entre la ley eclesiástica y la ley divina, la ley divina prevalece sobre el derecho humano de la Iglesia porque la Iglesia está subordinada a Dios y existe para cumplir con la ley divina.
  13. La ley de la Iglesia se hizo por el bien de las almas; pero las almas no fueron creadas para la ley de la Iglesia.

B.Podemos conceder como caso posible, que Mons. Thuc estuviera bajo la censura de excomunión en 1981 cuando consagró a Mons. Carmona, Zamora, y des Lauriers, debido a sus anteriores consagraciones episcopales ilegítimas sobre individuos que no eran católicos o de otra manera no eran aptos para recibir el episcopado.

  1. Sin embargo, la prohibición de recibir órdenes episcopales de un obispo excomulgado (basado en la ley de la Iglesia de que nadie puede consagrar un obispo, o recibir tal consagración, si no tiene la necesaria autorización papal) no es más que una ley humana, es decir, una ley de la Iglesia, no una ley divina. En tanto que el bien de las almas exigió mayor urgencia para tener obispos sedevacantistas, la ley humana de la Iglesia que prohíbe la recepción de órdenes de excomulgados tuvo que ceder a la ley divina de la protección de la salud de las almas, que es el propósito para el cual existe la ley de la Iglesia. Por lo tanto, es razonable creer que las consagraciones de Mons. Thuc de 1981, realizadas para la salvación de las almas, eran lícitas de acuerdo con el espíritu de la ley y por lo tanto también es muy loables.
  2. Si la imperiosa necesidad de preservar la sucesión apostólica, para con ello garantizar sacramentos válidos para la posteridad católica, no justifica la recepción de órdenes incluso de un excomulgado, entonces nada será nunca una razón suficiente para romper la letra de la ley con el fin de mantener su espíritu.
  3. El carácter razonable de esta posición es corroborada teniendo en cuenta que, de acuerdo con el Canon 2261 § 2, la Iglesia permite a los fieles a recibir los sacramentos incluso de clérigos excomulgados, siempre y cuando estos no han sido denunciados por su nombre por la Santa Sede. Esto lo permite la Iglesia en beneficio de los fieles, y no para el beneficio de los excomulgados. Del mismo modo, podemos considerar las consagraciones episcopales de Mon. Thuc como lícitas, no para el beneficio de Mons. Thuc o los ordenados, sino para el beneficio de los fieles.
  4. Las personas que están excomulgados no lo están por el hecho de que sean culpables de cisma. Cisma es un delito contra la unidad de la Iglesia; excomunión es una pena que priva al infractor de la ley de determinados bienes y beneficios espirituales.
  5. C) Las respuestas a los principales argumentos presentados por Vuestra Excelencia:
  6. En su carta abierta al P. Thomas Zapp (1994), usted afirma que hay nosotros debemos probar las consagraciones de Mons. Thuc de 1981 ante la ley de la Iglesia. Esta afirmación, sin embargo, se hace gratuitamente, sin ninguna prueba. Niego la afirmación porque no es cierta. Nada actualmente se puede probar antes de la ley de la Iglesia, de todos modos, porque, estando la Santa Sede vacante, no hay corte eclesiástica actualmente en sesión. Su consagración por Mons. Méndez tampoco ha sido probada antes de la ley de la Iglesia, porque a pesar de que pueda tener suficiente evidencia legal, el asunto no ha sido decidido por un juez eclesiástico.
  7. En “The Sacred and the Profane” (1997),su Excelencia ha suavizado la reclamación original que hay que probar las consagraciones Thuc ante la ley de la Iglesia y se limita a afirmar que hay que demostrar que están de acuerdo con las normas de la ley de la Iglesia. En esto si podemos estar de acuerdo. Las consagraciones, sin embargo, han sido probadas de acuerdo con las normas de la ley de la Iglesia, ya que son conocidas de hecho.
  8. Su afirmación de que antes de que podamos aceptar el hecho de las consagraciones de Mons. Thuc, debemos tener documentos “auténticos” firmados por un cierto número de personas particulares, o que debemos tener el testimonio de testigos especialmente capacitados que pueden confirmar que la materia y la forma del sacramento fue usada correctamente, es falsa. Esto deja fuera de consideración el hecho de que las consagraciones de Mons. Thuc fueron notorias, de hecho, y por lo tanto no requieren más pruebas. Si bien es necesario o al menos altamente deseable tener testigos, tales testigos sólo están obligados a haber estado presente en la ceremonia; ellos no tienen que saber o testificar que la materia y la forma del sacramento se aplicaron correctamente. Todas las pruebas necesarias para permitir que tengamos la certeza moral en relación con el hecho de las consagraciones Thuc han sido suministradas, y esta certeza moral es suficiente para que un juez eclesiástico las acepte, de acuerdo con el Papa Pío XII; que debe ser lo suficientemente bueno para nosotros también, en consecuencia.
  9. Su afirmación de que porque no había obispos co-consagrante o sacerdotes asistentes en las consagraciones Thuc, necesitamos testigos que puedan certificar que la materia y la forma del sacramento se aplicaron correctamente, y que, en ausencia de tales pruebas, debemos mantener la duda sobre la validez de dichas consagraciones, es falsa. Su justificación para esta afirmación es una sentencia mal interpretada del P. Walter Clancy, que se refirió a un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del año 1853, que aclaró que los sacerdotes asistentes de una consagración episcopal estaban para realizar las mismas acciones rituales de los obispos co-consagrantes a los que ellos estaban reemplazando (tales como la imposición de las manos); no tenía nada que ver con asegurar que el obispo consagrante no invalidara el sacramento. De acuerdo con el derecho canónico, sólo el ministro del sacramento tiene la obligación de asegurar que el sacramento está siendo válidamente.
  10. Su afirmación de que debido a que la Iglesia requiere testigos que puedan acreditar que  la materia y la forma correcta en un bautismo privado, también necesitan este tipo de testigos y tal evidencia positiva para consagraciones episcopales que son “clandestinas”, es falsa. Se basa en una mala interpretación de lo que es un bautismo privado (que es un bautismo de emergencia a menudo realizado por seglares, en los que sólo se utilizan la materia y la forma del sacramento, sin la ceremonia ritual completa, para la que un sacerdote es ministro ordinario) y en un malentendido de la razón por la que la Iglesia exige que dichos testigos (en última instancia, porque este es el único sacramento que pueden conferir los seglares, incluso sin capacitación). Una ordenación episcopal en la que sólo dos laicos están presentes no es “privada” en el sentido de un bautismo privado. No hay tal cosa como una consagración episcopal “privada” que tenga algún sentido canónico o teológico.
  11. Su afirmación de que los canonistas han trazado una analogía entre probar un bautismo privado y probar la recepción del orden sagrado es falsa. Si bien es cierto que los canonistas mencionan que las sagradas órdenes, al igual que el bautismo, pueden ser probadas por medio de testigos, esto se refiere al bautismo solemne, pero no al bautismo privada, y los testigos de un bautismo solemne no son el tipo de testigos necesarios de un bautismo privado (es decir, no hay evidencia positiva de la materia y la forma correcta necesaria para un bautismo solemne). Los testigos para un bautismo solemne, conferido por un sacerdote o diácono, no se requieren para observar la materia y la forma utilizada para el Sacramento.
  12. La Iglesia no obliga a los testigos seglares a tener la intención testificar específicamente la confección del sacramento. Los testigos calificados propiamente dichos, son los clérigos que están dando fe de algo que hicieron en su carácter oficial (por ejemplo, un pastor es el testigo cualificado de un bautismo realizado).
  13. Su afirmación de que las consagraciones Thuc deben considerarse dudosas porque Mons. Thuc no puede haber estado en un estado mental suficiente para tener la intención sacramental necesaria, deja fuera de consideración el hecho de que la intención mínima necesaria para conferir un sacramento válido es la mínima necesaria para realizar un acto humano, que es un acto que procede del entendimiento y la voluntad libre. “Desequilibrio mental”, si tal hubiera sido el caso con Mons. Thuc, que no hubiera sido capaz de realizar un acto humano. No hay evidencia de que Mons. Thuc estuviera loco, y mucho menos que tuviera una locura sistemática, y aún así tendría que ser probado clínicamente su supuesta locura, como sería requerido por cualquier tribunal de justicia, eclesiástica o civil.
  14. Usted afirma que el P. Joseph Tixeront enseñó que las órdenes sagradas conferidas por un obispo católico que no realiza las funciones de su ministerio “de una manera normal” son dudosas. Después de comprobar el libro del P.Tixeront, resultó que él enseñó exactamente lo contrario, es decir, que mientras el obispo haya sido válidamente ordenado y utilice la materia y la forma correcta, el sacramento es válido, independientemente de las demás circunstancias de la ordenación.
  15. Muchas de las reclamaciones de usted sobre el comportamiento de Mons. Thuc se basan en el testimonio de un solo lado, a veces incluso de una sola fuente, al parecer sin ningún intento de encontrar evidencia contraria que arroje más datos sobre la cuestión.
  16. Por último, después de citar al P. Noel Barbara con frecuencia en su libro como una fuente contra Mons. Thuc, ignora completamente el hecho de que a pesar de todo, el P. Barbara terminó aceptando las consagraciones de Mons. Thuc como válidas y legítimas al final de su vida.[11] A pesar de que el padre William Jenkins reconoció esto en un folleto de 1993,[12] él argumentó que el el cambio de opinión del P. Barbara le parecía sospechoso, acusando al cura francés de contradecirse a sí mismo. Después de citar P. Barbara, P. Jenkins dice: “No es ocioso preguntar cuál de las declaraciones del Padre Barbara [relativas a la lucidez mental de Mons. Thuc] se debe preferir el comunicado poco después de sus visitas a Mons. Thuc en 1981 y ’82, o al contrario diez años más tarde”.[13]

Pero la verdad es que no hay ninguna contradicción. Allí sólo parece haber una contradicción porque el Padre Jenkins corta varias frases cruciales de las palabras del P. Bárbara, sin ni siquiera poner puntos suspensivos (“…”) para alertar[14] a los lectores de su omisión.[15] Cuando se lee en contexto, está claro que el P. Barbara nunca dudó de la lucidez mental de Mon. Thuc.

.Tomado en su conjunto, nada de lo que vuestra excelencia ofrece como “pruebas” contra el hecho o la validez delas consagraciones de Mons. Thuc equivale a una sola duda prudente, positiva y objetiva, si se comparan con las demás pruebas que existen en esta materia.

Este es el breve resumen de los puntos más importantes que he hecho en esta carta.

Volver al índice

Apéndice C – Intervenciones de Mons. Thuc en el Vaticano II sobre el tema de los no cristianos.

Ud. afirma que Mons. Thuc era un liberal y modernista, y que manifiesta su liberalismo en el Concilio Vaticano II (1962-65):

“No hay duda de que el arzobispo Thuc no era verdaderamente tradicional. Es un hecho fácil de demostrar. Sus tendencias liberales se manifestaron en el Concilio Vaticano II”.[16]

Antes de examinar las “pruebas” sobre su participación en el Vaticano II, hay que señalar que el Directorio de Obispos independientes, que usted cita varias veces en “The Sacred and the Profane”, afirma categóricamente que Mons. Thuc “estaba en contra de las declaraciones del Vaticano II”, [17] una reclamación que de alguna manera parece haber pasado por alto, a pesar de que se encuentra fácilmente en el artículo dedicado a Mons. Thuc.

Por otra parte, el P. Barbara dijo lo siguiente sobre Mons. Thuc y el Vaticano II:

“El Arzobispo Lefebvre conoció al Arzobispo Ngo Dinh Thuc bastante bien desde el Concilio Vaticano II. Él le consideraba un obispo con buena doctrina. Al igual que él, este obispo pertenecía al grupo conservador. Precisamente por considerarlo un obispo católico, comprometido con la fe, dedicado a María, y sin ningún trabajo que hacer, Mons. Lefebvre le animó a trabajar con los enviados del Palmar de Troya que habían venido a Econe a fin de solicitar su servicios episcopales. He oído estos hechos directamente de Monseñor Lefebvre”.[18]

Estas palabras hablan por sí mismos. Usted ha tenido a bien confiar en el testimonio del P. Barbara cuando escribió su libro “The Sacred and the Profane”, pero sólo cuando el P. Barbara dice algo que podría ser utilizado en contra de Mons. Thuc. ¿Es esto intelectualmente honesto, su excelencia?

Pero la cuestión empeora cuando se analiza la “evidencia” sobre las palabras dichas por Mons. Thuc en el Vaticano II, y puedo decirle que están manipulados.

Usted eligió omitir una sentencia que exonera a Mons. Thuc de la carga del liberalismo. El siguiente texto es el que aparece en su libro “The Sacred and the Profane”, exactamente de la forma en que aparece allí, donde usted pretende citar a Mons. Thuc en el concilio:

“Con gran consuelo veo presente en estas asambleas a los delegados de las Iglesias cristianas no católicas, para ser testigos de nuestra fraternidadsinceridad y libertad. Pero ¿dónde están los delegados u observadores de los no cristianos?…

Este escándalo viene de todo el mundo por la falta de invitaciones enviadas a los líderes de las religiones no cristianas. Yo lo expliqué en la Comisión Central, pero fue en vano. Encarecidamente rogué al Concilio para que reparara esta omisión, de manera que ésta, la más repugnante [“odiosissima”] discriminación entre algunas religiones y religiones [sic] no pudiera ser encontrada.

Esta falta de una invitación a los jefes de las religiones no cristianas confirma en cierto modo que el prejuicio avanza a lo largo del mundo asiático y africano: La Iglesia Católica es una iglesia para los hombres de color blanco y no para los hombres de color.

No sé qué prejuicio puede impedirnos enviar una invitación a estas naciones cuyo número es como la arena del mar para contemplar el rostro de la Madre Iglesia en las personas de sus gobernantes, para que  su corazón pueda ser atraído a la fe y al abrazo de la Madre Iglesia, en la cual no hay distinción de judío, ni de griego, ni de color ni de blanco.

¿Qué sienten los padres del Concilio acerca de este asunto?”.[19]

Todo lo dicho aquí es de hecho lo que Mons. Thuc dijo; nada de esto es falso. Sin embargo, uno no puede dejar de notar que usted tuvo a bien omitir una parte de esta cita, se indica mediante el uso de puntos suspensivos (“…”),[20]al final del primer párrafo, justo después “observadores de los no cristianos” Consultando las actas oficiales del Vaticano II, se puede encontrar el pedazo que ha borrado:[21]

[Bp. Thuc hablando:]“¿Es que entonces no necesitan ellos esta vista maravillosa de la unidad de la Iglesia Católica? ¿O es que no necesitan una explicación de nuestra fe cristiana? ¡Qué! Las personas a las que ellos representan forman una tercera parte, o más bien la mayor parte- de estas ovejas dispersas que Cristo ansiosamente desea reunir en un solo rebaño?”.[22]

Añadiendo este pedazo al párrafo del cual fue borrado, todo el texto se lee:

“Con gran consuelo veo presente en estas asambleas a los delegados de las Iglesias cristianas no católicas, para ser testigos de nuestra fraternidad, sinceridad y libertad. Pero ¿dónde están los delegados u observadores de los no cristianos?¿Es que entonces no necesitan ellos esta vista maravillosa de la unidad de la Iglesia Católica? ¿O es que no necesitan una explicación de nuestra fe cristiana? ¡Qué! Las personas a las que ellos representan forman una tercera parte, o más bien la mayor parte- de estas ovejas dispersas que Cristo ansiosamente desea reunir en un solo rebaño?”.

Aquí vemos claramente que la razón por la cual el obispo vietnamita quería representantes de las religiones no cristianas, es decir, judíos, musulmanes y paganos en el Concilio, no se debía a que él fuera un modernista o un indiferentista que considera todas las religiones igualmente buenas, sino porque quería que ellos tuvieran la oportunidad de ver por sí mismos la exposición de la verdad católica y la unidad, fraternidad y caridad de la jerarquía católica. No hay que añadir mucho, para demostrar que tal actitud revela una gran caridad por parte de Mons. Thuc, ya que muestra un deseo genuino por la conversión y la salvación de los no cristianos, así como para el esplendor y la santidad de la Iglesia.

¿Esto no cambia todo? ¿Esto no exime a Mons. Thuc de la carga del liberalismo, al menos en lo que va de este caso en particular?[23] ¿No han omitido estas palabras de Mons. Thuc precisamente porque lo exoneran de esta acusación? ¿Por qué considera que es necesario ser engañoso sobre las palabras de Mons. Thuc? Uno podría sospechar la terrible conclusión de que Vuestra Excelencia cortó el texto a sabiendas y voluntariamente calumnió a Mons. Thuc.[24]

En el documento en PDF se anexan además, los Apéndices G (Fotografías de las consagraciones de Mons. Thuc publicadas en las revistas “Einsicht” y “TheReign of Mary Magazines”) y H (El Certificado de Consagración de Mons. Carmona).

Volver al índice

MUERTE  DE MOSEÑOR THUC 

Es difícil para el corazón y las palabras no fluyen fácilmente, pero es necesario informara nuestros lectores de la muerte del valiente arzobispo Ngo- Dinh-Thuc, Arzobispo de Hue en Vietnam.

El calvario del Arzobispo terminó, hemos sido informados a través de fuentes indirectas, que esto sucedió el 13 de Diciembre de 1984. Es nuestra sincera y filial esperanza que el Arzobispo no haya sufrido su deceso sin la consolación sobrenatural. Sean cuales sean las circunstancias, es muy cierto que él aceptó todo con un espíritu sobrenatural y dio lo último de sí por el bien de la Santa Madre Iglesia Católica, a la que amó demasiado. Amó tanto a la Iglesia que fue capaz de arriesgar su honor y su dignidad, exponiéndose a la burla y al ridículo, todo por rendir un servicio a la Iglesia. De todos los obispos conocidos solamente él tuvo el coraje de consagrar obispos para la Iglesia, en vista de la muy cuestionable y dudosa dirección que tomó la Iglesia “oficial” (modernista).

El anciano Arzobispo había tomado residencia con los frailes franciscanos en Rochester, Nueva York por más de un año, después de haber estado en Toulon, Francia y de que fuera invitado por Monseñor Luis Vezeliz O.F.M. a vivir con los frailes franciscanos. Monseñor Vezeliz después de haber sido consagrado, viajó a Europa con el firme propósito de reunirse personalmente con Monseñor Ngo, que no estaba ya entre su propia gente, sino que se encontraba en una tierra extranjera; (hay que recordar que Francia había dominado a su patria en muchos años). Ante los ojos de los Franceses, monseñor Ngo Dinh thuc, era primero un vietnamita y después un Arzobispo de la Iglesia católica. Después de algunas conclusiones aceptó vivir con nosotros en el seminario de Rochester, allí estaría en un lugar más apropiado y en el entorno que exige su dignidad eclesiástica. Y fue de su residencia americana donde fue burlado por gente sin escrúpulos, que como otros judas, lo traicionaron con un signo de amistad. El solo propósito de tentar a este buen Arzobispo con su exilio, fue para desacreditarlo entre el crecido número de católicos Romanos, que habían empezado a entender lo serio de la auto demolición de la Iglesia Católica, realizada desde el “concilio pastoral” Vaticano II. La infectada iglesia Modernista no es ya más la Iglesia de los Apóstoles y Mártires. Sean cuales hayan sido los sentimientos del Arzobispo, sabemos que en esos momentos quedó en manos de ti¡pos deshonestos.

FALSEAD DE QUE MURIÓ EN LA IGLESIA CONCILIAR

Son solamente invenciones que el Arzobispo Ngo se haya “reconciliado” con los que ocupan Roma. Recuerden que hay muchos medios para que digan lo que ellos quieren. El caso más claro es el que sucedió al Cardenal Stepanic de Hungría, después de que tomaran los comunistas su ciudad, dijo: “todo lo que yo diga o firme no debe ser creído”. Esto mismo se debe aplicar al arzobispo de 87 años de edad. El arzobispo Ngo ha sido deshonrado por su mismo clero Vietnamita, verdaderamente se cumple la Escritura que nos dice que los miembros de nuestra casa serán nuestros enemigos. De hecho fueron las mismas palabras que dije a un Obispo y sacerdotes vietnamitas en el corredor de un hotel en Nueva York antes de que se retiraran: “Ustedes han deshonrado a un gran hombre por este vergonzoso acto”.Estas palabras pueden ser recordadas en la cobardía del acto de traición a la Iglesia católica en que lo entregaron en las manos de sus inmortales enemigos, los comunistas. Mi última conversación con el Arzobispo fue por teléfono, él se encontraba en la residencia del delegado apostólico en Washington D.C.,me aseguró que no había firmado nada que pudiera comprometer lo que él había hecho; diciendo que sabía muy bien lo que significaría estar de acuerdo con lo que le decía el Delegado Apostólico y que comprometería todo el trabajo que había realizado.

Por lo tanto, todo lo que pueden reportar los medios de comunicación no es otra cosa que una trampa fabricada por aquellos que sirven a Mahoma antes que a Dios.

Volver al índice

NOTAS

[1]Ver Einsicht XI, Sondernummer [SpecialEdition] (marzo de 1982); Einsicht XII, núm. 1 (mayo de 1982); Einsicht XIII, no. 1 (mayo de 1983); TheReign of Mary Magazines XL, no. 134 (primavera de 2009).

[1] Ver el añexo de este opúsculo donde presentamos la traducción al español de algunos extractos de la obra “An Open LettertoBishopClarence Kelly onthe ‘Thuc Bishops’ and theErrors in TheSacred and the Profane” escrita por el católico sedevacantista estadounidense Mario Derksen, en el año 2011, y que puede ser encontrada íntegramente en inglés en el sitio www.thucbishops.com. Dicha obra es una refutación, hasta ahora irrefutable, del libro de Mons. Kelly “Lo Sacro y lo Profano” y por lo tanto de los que niegan la validez y licitud del linaje episcopal de Mons. Thuc.

[2]La frase “Sociedad de San Pío V” (SSPV) se utiliza libremente en esta carta para incluir también la Congregación de S. Pío V que vuestra Excelencia estableció en 1996, y que incluye al obispo Joseph Santay.

[3] Algunos católicos tradicionales, llaman al obispo vietnamita Ngo-Dinh-Thuc (1897-1984) “Arzobispo”, porque Juan XXIII lo elevó al arzobispado el 24 de noviembre de 1960. Como yo no reconozco como papa legítimo a Juan XXIII, en este estudio aplicaré a Mons. Thuc el sólo título de “obispo”. Aunque sería más correcto y apropiado para referirse a él como “Mons. Ngo,” debido a que NGO es su apellido yThuces su nombre de pila, pero como él es más conocido como “Mons. Thuc”, yo he optado por referirme a él con ese nombre también.

[4]Mons. Thuc consagró a Mons. Des Lauriers (1898-1988) el 7 de mayo de 1981, y a los obispos Mons. Carmona (1912-1991) y Mons. Zamora (1910-1987) el 17 de octubre de 1981. Mons. Des Lauriers era francés y Carmona y Zamora fueron mexicanos.

[5] Mons. Clarence Kelly, The Sacred and the Profane (Round Top, Nueva York: Seminario Press, 1997), p. 7.

[6]Para que no se diga que estoy totalmente descalificado para realizar esta tarea, menciono que tengo una maestría en filosofía (2004), cursada en el “HolyApostlesCollege&Seminary” de Cromwell, Connecticut. No pretendo ser un experto, pero estoy muy familiarizado con el tema, y estoy capacitado para participar en investigaciones a niveles de licenciatura y posgrado.

[7]Rev. William W. Jenkins, “Una carta del P. Jenkins”(manuscrito distribuido localmente 6 de octubre, 2002), p. 4.

[8]Mons.Clarence Kelly, “Carta abierta sobre el Monte de San Miguel y las consagraciones de Mons. Thuc” al P. Thomas Zapp,(julio16, 1994), p. 26.

[9]Rev. Kevin Vaillancourt, “Las respuestas: Un resumen de las objeciones a la validez de las consagraciones de Mons. Thuc, acompañadopor numerosas respuestas que se han dado a estas objeciones” (Spokane, WA: OLG Press, 2006). Este libro está todavía disponible y puede ser adquirido en www.olgpress.com

[10]Todos estos puntos son ampliamente explicados y fundamentados en el la carta de Mario Derksen al obispo Kelly.

[11]Ver Bárbara, “Consagraciones Episcopales”, en Las respuestas, pp. 65-81. Usted mismo cita de esta fuente de TSTP (páginas. 46, 137), por lo que es claro que usted es consciente de su contenido. De acuerdo con todas las pruebas que he visto, P. Barbara nunca se puso en duda la validez de las consagraciones Thuc, sólo su legalidad. Pero en 1993, el P. Barbara reconoció incluso su legalidad.

[12]Jenkins, Las Consagraciones de Mons. Thuc, pp. 12-14.

[13]Jenkins, Las Consagraciones de Mons. Thuc, p. 14.

[14]Por lo general, permite omitir las palabras de una cita, pero tal omisión, llamada “puntos suspensivos”, siempre se debe indicar por medio de tres puntos espaciados (“…”). En todo momento, sin embargo, es necesario que las palabras omitidas no conducen a una mala interpretación del significado del autor citado. El famoso Manual de Estilo de Chicago, por ejemplo, habla de un “deber de no distorsionar el original. Parte de una frase o párrafo se puede unir sintácticamente a la parte de otro y resultar en un comunicado ajeno al material citado. La exactitud del sentido y el énfasis debe acompañar a la precisión de la transcripción” (El Manual de Estilo de Chicago, 15 ° ed. [Chicago, IL: La University of Chicago Press, 2003], p. 459). Fr. Jenkins ha violado claramente esta norma académica básica, de sentido común de la honestidad y la justicia. Como se muestra en el Apéndice C, Su Excelencia misma es también culpable de lo mismo en relación con a las palabras dichas por Mons. Thuc en el Vaticano II.

[15]275 Jenkins, Las Consagraciones de Mons. Thuc, p. 14. La omisión se produce entre las frases “El era el verdadero responsable de sus actos?” y “No sabemos con certeza.” Esta manipulación del las palabras del P. Bárbara tiene el efecto de hacer creer al lector que el P. Barbara dudaba de la competencia mental de Mons. Thuc. Fr. Sanborn dio cuenta de esta edición engañosa del texto original y escribió en respuesta: “La cita. . . fue truncada y [tomada] fuera de contexto, y el significado distorsionado. El contexto era una especulación por parte del P. Barbara en cuanto a los efectos jurídicos de las tres posibles respuestas sobre su lucidez: sí, no, y que no conocemos. El hecho de que incluso entonces, cuando fue escrito eso (1983), el P. Barbara considerara que el arzobispo Thuc era culpable de la censura [es decir, la excomunión] indica que consideraba al arzobispo Thuc de haber estado en su sano juicio, que es completamente coherente con su testimonio posterior” (Sanborn, ‘Dios como testigo,’ p. 4). Es fácilmente comprobable que el P. Barbara cree que el obispo vietnamita esta bajo excomunión, porque en el mismo artículo de que el P. Jenkins cita, P. Barbara se refiere a Mons. Thuc como “escandaloso, suspendido, excomulgado y cismático” (Rev. Noel Barbara, “¿Qué debemos pensar de los obispos consagrados por NgoDinh Thuc: Carmona, Vezelis, Musey etc.” [1983], en Vaillancourt, Las respuestas,pag. 53).

[16]“The Sacred and the Profane”,pag. 145.

[17]Ward, et al., Obispos independientes,sv “Ngo-Dinh-Thuc, Pierre Martin,” p.295.

[18]Barbara, “Consagraciones Episcopal,” en Las respuestas, pág. 67.

[19]Acta SynodaliaSacrosanctiConciliiOecumeniciVaticani II (Ciudad del Vaticano: TypisPolyglottisVaticanis, 1971), vol. 2, Parte 1, pp 358-359 [texto original en América; traducción anónima]; qtd. en TheRomanCatholic XVI, no. 2 (1994), pp 17-18; qtd. en “TheSacred and the Profane”, pág. 146.

[20]Dejar de lado las palabras de una cita no es ilícita, a menos que las palabras omitidas conducen a una distorsión de lo que el autor citado estaba diciendo. Y está claro que en este caso particular, las palabras omitidas cambian el mensaje general de manera significativa.

[21]Acta Synodalia, vol. 2, parte 1, p. 358.

[22]Traducción proporcionada por el Sr. Craig Toth en el mensaje de correo electrónico personal para mí, de 27 de diciembre del 2010.

[23]Es cierto que en otro momento durante el Concilio, Mons. Thuc se quejó de algunas costumbres de la Iglesia que consideraba discriminatorias para la mujer. Si Vuestra excelencia desea tener un debate sobre si el obispo vietnamita excedió pertinazmente los límites de la ortodoxia en este aspecto particular, sin duda podemos tenerlo; pero tal debate tendrá que basarse en los principios católicos y pruebas contundentes, no en acusaciones exageradas.

[24]Es posible que vuestra excelencia no haya omitido este pasaje por sí mismo, sino que simplemente reprodujo el texto que alguien editó antes, suponiendo que el contexto no se distorsionaba. Sin embargo, incluso en este caso, vuestra excelencia no está libre de culpa, por los puntos suspensivos fue claramente indicado por tres puntos (“…”). Y como autor de una obra donde se acusa abiertamente a un obispo católico de liberalismo, tiene la estricta obligación de conocer el material que está citando.