LA INFALIBILIDAD DEL MAGISTERIO ORDINARIO DEL PAPA ES DE FE DIVINA
RESUMEN DEL ARTÍCULO. En este artículo el P. Barbara demuestra que en términos de fe la posición de la Fsspx, la Resistencia (SSAJM) y los que, como los neo veterocatólicos capillistas, rebajan el magisterio ordinario del Papa a su propio examen no es católica. Añade el autor a su exposición una refutación a una carta con argumentos mil veces refutados de contumaces Dominicos de Avrillé.
El trabajo tiene ya varios años, pero hoy es más vigente que nunca, porque vemos, por ejemplo, como con argumentos blasfemos se llega, incluso, a la desfachatez de llamar hereje al Papa Pío XII en un sermón de un conocido voceador desde Bogotá colgado en red, diciendo el desvergozado que la encíclica Humani generis es herética, y tristemente comprobamos que ningún fans suyo se levanta de su asiento y abandona a quien les lleva a la perdición.
Huelga advertir que el responsable del artículo es quien lo escribe, limitándose Sededelasabiduría a copiarlo y editarlo.
Gentileza del blog AMOR A LA VERDAD
Preámbulo al trabajo del P. BarBara por Amor a la Verdad
Este trabajo del P. Barbara es sencillamente excepcional entre todo lo que puede leerse sobre el tema.
Su importancia la califico de trascendental desde dos puntos de vista. El primero es porque demuestra con una argumentación de la que nadie podría evadirse, que el MAGISTERIO ORDINARIO PONTIFICIO ES INFALIBLE y lo que es más, esta afirmación afirma ser de FE DIVINA por estar inequívocamente fundada en la doctrina explícita evangélica dada por boca de Nuestro Señor Jesucristo. Además, está expresado – lo que el Padre Barbara no cita- de una manera infalible en el texto de la Bula “Licet ea” promulgada por Sixto IV, contra los errores de Pedro de Osma (el que éste se hubiere retractado de sus errores con anterioridad a la promulgación de la bula no resta un ápice de su vigencia a perpetuidad). El error es el siguiente condenado ex-cathedra:
“Ecclesia Urbis Romanae errare potest”. (Puede verse con el número 730 en los Denzinger- no en los falsificados, a partir del publicado por Karl Rahner en 1937, y los de ediciones recientes al cuidado de Hünermann- tales como el de 1854 que está en la barra lateral).
Su importancia crece de punto- es el segundo punto de vista- porque se puede observar que las posiciones erróneas”católicas” del arco eclesiástico actual, TODAS, profesan, tanto las conciliares con teólogos “papales” como Ocáriz, o los movimientos “progresistas” que se alejan de la llamada posición “neoconservadora”, pasando por las posiciones dentro del radio de acción “lefebvriano” sin olvidar algunas posiciones sedevacantistas, sobre todo al otro lado del océano; todas ellos profesan la posición teológica que niega la infalibilidad del magisterio ordinario pontificio, quizás debido a una equivocada comprensión de la constitución dogmática “Pastor Aeternus” del Concilio Vaticano I [comprensión refutada por el autor]. Esa es la razón por la que yo he llamado en alguna ocasión, a dicha posición herejía y madre de todas las herejías. Piense el lector si los extremos que pueden observarse en las posiciones antedichas, algunos en verdad extravagantes, serían posibles con una sumisión atenta y filial a la doctrina del magisterio ordinario de los papas, profesando su infalibilidad, simple verdad que aparece con claridad en los textos evangélicos citados por el autor del artículo (de Fe divina) y también en la definición ex-cathedraanteriormente citada, así como en la constante aceptación en toda la historia de la Iglesia : “Roma locuta causa finita”. El testimonio de los Padres de la Iglesia, sin excepción, también lo corrobora, así como el testimonio de los santos doctores de la Iglesia, particularmente San Roberto Belarmino. (Véanse los posts en este blog bajo la categoría “infalibilidad pontificia“).
La profesión de la tesis desarrollada por el autor, también apoyaría la unidad y la fuerza de la “resistencia” ante la situación actual vivida en nuestros días, de una iglesia conciliar chapoteando en la herejía.
De menos importancia es la observación del autor, pero también de gran valor, en el sentido de que es la única posición teológica que “libera” a los católicos de la angustia y perplejidad que surge del cruel dilema-como explica el autor- sufrido por ellos en nuestros días.
Por último diré, que proporciona una infinita paz de la conciencia frente a la asunción de decisiones en las que muchos de la “resistencia” juzgan pecaminosamente -en mi opinión- a la Sede y “resisten” al que creen legítimo pastor, y frente a ellos, otros asumimos posiciones “audaces” que desafía el común y viciado sentir actual, cuya legitimidad sería dudosa sin el respaldo de la doctrina de los papas, y de lo que “siempre se ha creído” en la Iglesia (tanto docente como en los creyentes en general) más allá de las disquisiciones singulares habidas en algún momento, en distintas épocas, entre los teólogos.
Dicho todo esto, asumiendo la veracidad del artículo, en su parte esencial, queda no obstante por discutir algún punto del que nos apartamos, en este blog, de su autor.
Me refiero a la toma de posición que el autor, limitándose a aceptar la infalibilidad del papa en el ejercicio de su cargo, explica así:
Si llegara [el Papa] a ser hereje o cismático en privado, estaría separado de Cristo. Al ser privada su culpa , la Iglesia no sabría que el ocupante de la Santa Sede no sería ya el Vicario de Cristo. Entonces, en su gran misericordia, para con su esposa, en lugar de asistir al “papa”, que lo sería sólo materialmente, Cristo lo cegaría hasta tal punto, que llegaría a enseñar públicamente, oficialmente, un error. Y así, los que tienen fe viva podrían darse cuenta por un razonamiento muy simple que el “papa” en realidad no sería Papa.
He aquí el razonamiento. La infalibilidad del magisterio ordinario, enunciada claramente en la Escritura, enseñada por el Magisterio de manera explícita y siempre creída en la Iglesia es una verdad de fe. Quien enseña oficialmente el error, por este simple hecho, se demuestra que no es y no puede ser Papa. Porque, repitámoslo para los más obstinados, se llegaría a la conclusión de que Cristo no es Dios. [N.T. ¿Pero cómo sabríamos los fieles lo que es o no es un error, si la única norma es la enseñanza del papa, que en la hipótesis de un falso papa aunque tenido por tal, estaría enunciando un error?]
He extraído lo anterior del cuerpo del artículo, con la nota añadida por mí, porque es el punto del que yo y otros disentimos. Expongo nuestras razones que ofrezco a la consideración de los lectores, para su examen y si fuera posible lograr su aquiescencia:
1. Se compadece muy mal con las sentencias de Jesucristo al establecer la primacía de Pedro:
a/ Simón Bar Jona, Yo te digo que Tu eres Pedro y sobre esta Roca, estableceré mi Iglesia, y contra ella ( muy posiblemente la Roca) no podrán las puertas del Abismo. Es una promesa hecha a la persona de Simón, que promete la indefectibilidad de la Fe de Pedro. Sin ella no se ve como iba a ejercer su función magisterial infalible.
b/ “Yo he rogado por tí.. para que tu Fe no falle” ¿Acaso hay algo que limite el poder omnipotente de esta oración del Verbo eEncarnado? La limitación sería “en su cargo magisterial de confirmar a los hermanos”. Pero no consta en absoluto. Además ¿cómo podría confirmar Pedro a sus hermanos si él mismo hubiera sufrido el fracaso de su Fe?
2.En la hipótesis de haber caído en “cisma o herejía cualquier papa”-por lo que dejaría, acepta el autor, ya de serlo- el autor “supone gratuitamente” que Cristo en su gran misericordia le cegaria hasta tal punto, que le dejaría caer en graves errores en su magisterio público y oficial, lo a primera vista parece algo hasta blasfemo. [Todas estas son varias suposiciones de las que no hay ninguna prueba]
3. Pero en ese hipotético caso, los que tienen fe viva, podrían “darse cuenta” que el papa no es ya en realidad papa [Siguen las suposiciones , y ademas limitadas a los que tienen Fe viva-¿y los demás?-] por un razonamiento muy simple. [¿Acaso no vemos que ahora pocos hacen ese razonamiento simple?]
4. Aunque la cosa fuera así de simple, ¿quien les daría certezade que lo predicado por ese papa es un error? ¿Acaso el medio para la certeza, para los fieles, en todas las épocas y en todas las cuestiones no ha sido siempre, según la enseñanza de los pastores mil veces repetida, la aprobación del y conformidad con el papa? ¿Dónde estaría entonces el papa si en la hipótesis ya no existiría, y aún más, si estuviera suplantado por un hereje? ¿No serviría este método lleno de suposiciones para crear disensiones entre los fieles y dejarlos aún más perplejos? Piénsese en la experiencia habida desde hace cincuenta años. ¿Cuántos se han dado cuenta de errores de bulto tanto los del concilio como en lo dicho y hecho por los papas conciliares, mediante razonamientos teóricamente simples?
5. El autor admite que este caso, gracias a Dios, nunca se ha dado. ¿Cómo no ver en ello, aceptando la debilidad de los papas “que llevan la dignidad de su cargo en vasos de arcilla”, un signo clarísimo de la verdad de la indefectibilidad personal en la Fe (no en la moral o y otros aspectos ajenos a ella) del Vicario. Es sorprendente que haya sucedido así, por lo que es un indicio fortísimo de la verdad de la proposición. Los fieles siempre lo han creído, en todas las épocas y de todas condiciones, luego es la verdad [como razona San Roberto]
- Last but not least, ¿Acaso su hipótesis del papa meramente “materialiter”, del papa hereje, no ha sido ya refutada por muchos?
Por estas razones y alguna más que omito la suposición del autor, no es posible. Si hemos de dar fe a lo dicho por Cristo, hemos de concluir, que quien garantiza el “milagro” del magisterio ordinario infalible, podría también garantizar la prerrogativa de la indefectibilidad en la fe ( o sea el quedar libre de caer en la herejía) de su Vicario, aun como persona particular o doctor privado. Si el autor nos pide fe para lo primero, ¿qué le impide no pedirla también para lo segundo? Todo indica que ella es una prerogativa única, que ni siquiera se da en santos, doctores, reyes, autoridades religiosas o civiles. También aquí vale lo de “Potuit, decuit ergo fecit”
Dicho esto, invito a los lectores a la consulta de los posts que están en la categoría “infalibilidad pontificia“, en los que se ofrece y razona, a veces con pruebas irrefutables por autores de gran autoridad, la sentencia que hemos llamado, la “indefectibilidad en la Fe” o la “indestructibilidad de la Roca” sobre la que reposa la infalibilidad del magisterio ordinario de los obispos, la infalibilidad de la Iglesia (super hanc petram edificabo ecclesiam meam), la fe de los fieles, y ¿por qué no decirlo?- la infalibilidad “discente” de los fieles que si concuerdan con el “papa” son infalibles para vencer cualquier duda u objeción, o cualquier enconado ataque que pueda llevarlos incluso al martirio.
Añado el magnífico comentario habido, con el que, junto con el preámbulo y el texto del artículo incluyo en este documento PDF

Por el Père Noël Barbara
INDICE
La infalibilidad del magisterio ordinario del Papa
Naturaleza del magisterio eclesiástico
Naturaleza de la infalibilidad
¿Cuando el Papa y los obispos son infalibles?
La infalibilidad del magisterio ordinario del Papa es una verdad de fe divina.
Corolario
Diferencias entre los teólogos
Apostilla del el último minuto
A propósito de un estudio del Abbé Sélégny
¿Presupuesto falso “o” verdad divina de la fe “?
El día que Dios quiera darnos un papa, cuando se haya restaurado el orden en la Iglesia, cuando los historiadores estudien el período posconciliar, absoutamente escandaloso, todos tendremos que reconocer que ningún obispo, absolutamente ninguno, se puso en pie para condenar, en nombre de la fe católica, las enseñanzas oficiales y heréticas de los “papas” del Vaticano II
Si se preguntaran por la razón de este escándalo sin precedentes, la encontrarían en la “herejía del siglo XX “, que es la negación práctica de la infalibilidad de la Iglesia de Roma, la Iglesia del Papa.
En el número 2 de la revista Forts dans la Foi (segundo trimestre de 1988), llamé a esta herejía, la deformación de los dogmas.
Allí dije:
Después de la solemne definición de la infalibilidad personal del Papa, como ya no se podía negar el dogma sin salir de la Iglesia por herejía formal, los liberales se las arreglaron para neutralizarlo. ¿Cómo? De dos maneras simultáneas: Restringiendo al máximo su alcance y negándose a reconocer el Magisterio ordinario de la Iglesia de Roma, Maestra de la verdad, con el que las demás iglesias deben concordar.
El Maestro ya nos había advertido: “los hijos de este mundo son más sabios que los hijo de la luz”(LcXVI, 8).
Una vez más, los hijos del siglo se mostraron hábiles. Actuaron con tanta habilidad, que su errónea interpretación de la infalibilidad papal se infiltró y se extendió por todas partes. En la práctica, sin ninguna declaración, el error suplantó a la verdad revelada.
Inspirándome en la fábula (1), diría que los padres conciliares del Vaticano II ” no todos eran herejes, pero todos estaban contaminados” (2). Sí, todos los obispos, entre ellos los dos que también se adhirieron a la resistencia, el Arzobispo Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer.
Esta errónea interpretación de la verdad revelada ha llevado a estos últimos a actitudes escandalosas, y ahora sus fraternidades, sacerdotes, religiosos y fieles enrolados en su movimiento no pueden desembarazarse de ella.
Un colega me escribió en el último mes de mayo, con motivo de mi “Carta abierta a la Fraternidad”:
“A partir de un presupuesto falso, Ud. convierte en inútiles sus argumentos y conclusiones. ¿Cual es este faso presupuesto ? “El Papa es infalible cuando enuncia una doctrina a la Iglesia universal (o, lo que es lo equivalente, con la intención de que sea oída por la Iglesia universal); ahora bien, el ha proferido muchas herejías ante la Iglesia. En consecuencia, él no puede ser papa porque lo segundo contradice el presupuesto.”. Pero la presuposición es falsa”.
Sin ánimo de ofender a este colega, doctor en Teología sin embargo, como todos los liberales, llama presuposición falsa a lo que es una verdad de fe divina, como lo paso a demostrar.
La doctrina que enseña que el Papa es infalible, incluso en su magisterio ordinario, es de gran importancia para la resistencia católica.
En primer lugar, porque claramente se enseña en el Evangelio que es una doctrina de fe divina, y la debemos creer igual que las restantes verdades que ha complacido al Señor revelarnos a través de su Hijo.
Además, en la crisis actual, con esta doctrina, y sólo con ella, podemos decir con la seguridad que da la fe que los papas del Vaticano II carecen de la Autoridad de Pedro.
Infalibilidad del Magisterio ordinario deL Papa (4)
Por haber sido revelado por Jesús de parte del Padre, este privilegio se inscribe en la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia. Ella se sigue de las palabras con que fue instituido el magisterio como también de la razón por la que el Señor lo ha establecido.
Palabras de Jesús, al establecer el magisterio
“Y Jesús se acercó y les habló así: Todo poder me fue dado en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a practicar todo lo que yo os he mandado “(Mateo xxviii, 18-20)
“Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta los confines de la tierra “ (Act I, 8).
Razón por la que Jesús instituyó el magisterio
La razón proviene de las mismas palabras de Cristo que acabamos de leer. Para convencerse sólo hay que dar a las palabras utilizadas su significado obvio.
Con estas palabras, el Señor encarga a los Apóstoles y a sus sucesores, ir por el mundo para
– informar con precisión, a los hombres de todas las naciones y de todos los tiempos, de todo lo que Él ha revelado por encargo de su Padre
– en todas las circunstancias de tiempo y lugar, explicar a los hombres de todas las condiciones cómo debe practicarse todo lo que el Señor ha mandado,
– con el fin de asegurar su salvación eterna.
dilema ineludible
Al leer estas palabras (enseñar a practicar todo…) y sus requisitos (quien no crea será condenado), viene naturalmente a la mente una idea. Si su autor no fuera Dios mismo, sería un sádico o un insensato.
De hecho, cuando uno conoce la inconstancia del corazón humano, la movilidad de sus resoluciones más reflexivas, las causas múltiples que afectan a su juicio y determinan sus convicciones, y cuando también conocemos, tal como la Escritura lo dice explícitamente y sin ninguna excepción, que “todo hombre es mentiroso– “omnis homo mendax “ (Romanos III, 4)- a menos que Dios sea Todopoderoso, que puede hacer todo de la nada , quien dice estas cosas, tendría que ser un loco o un sádico, por confiar sus secretos a hombres mentirosos, y afirmar que la fe en estos secretos, hasta el fin de los tiempos y para todas las personas, sea la condición sine qua non para la salvación del fuego del infierno eterno.
Su solución
Para los católicos, este dilema se resuelve rápidamente, sin presentar ninguna dificultad.
Creemos que Jesús es “el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt XVI, 16). Siendo Todopoderoso como su Padre, a Él le ha complacido “elegir lo necio del mundo para confundir a los sabios y a los poderosos, a fin de que nadie se enorgullezca delante de él” (I Cor, 27-29).
Jesucristo, “cuya sabiduría no se equivoca en sus planes” (oración del domingo 7 después de Pentecostés), haciendo uso de su Omnipotencia dijo a sus discípulos que había tomado las medidas necesarias para lograr el fin que se propone al encomendar esta tarea de enormes proporciones a hombres simples, pero especialmente escogidos por él para llevarlo a cabo fielmente. (Juan XV, 16 y Heb. V. 4).
Medidas tomadas por el Señor
Primeramente, para que estos hombres normalmente acostumbrados al error –“omnis homo mendax”- no falsifiquen la verdad que les confió, la transmitan íntegramente y la interpreten fielmente hasta al final de los tiempos, Jesús hizo a estos hombres ministros suyos con el compromiso de Su asistencia por medio del Espíritu Santo, todos los días hasta el fin del mundo.
“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo xxviii, 20).
“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros” (Acto I, 8).
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad “ (Juan XIV, 15-17).
“Pero el Paráclito, que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan XIV, 26).
“Tengo todavía mucho que deciros, pero no lo podéis sobrellevar. Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará toda la verdad “ (Juan XVI, 12-13).
“El Espíritu Santo os enseñará en aquella hora lo que debéis decir” (El XII, 12).
Así pues, previendo el ataque que sufrirían por parte de los poderes desatados del infierno, y para que su fe no desfalleciese, se asoció especialmente a uno de ellos para que fuera con él, la piedra angular de toda su santa Iglesia.
En declaraciones exclusivas a Simon, pero en presencia de todos, Jesús dijo:
“Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (M t. XVI, 16).
“Dijo el Señor: Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como al trigo: pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falle: y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos “ (La XXII, 31-32).
Naturaleza del magisterio eclesiástico
Como su nombre indica, el Magisterio es función específica encomendada por el Señor a los que deben propagar su enseñanza, y a los seleccionados para esta función.
Los seleccionados
Fue el Colegio Apostólico en su totalidad, Pedro y los once. Son también todos sus legítimos sucesores hasta el fin de los tiempos, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro en su Sede en Roma, y todos los obispos católicos en comunión con el Papa.
Función
El Maestro se encargó de los detalles. La función se encarga a:
1- Los Apóstoles y sus sucesores serían sus “testigos” “predicando el Evangelio a toda criatura “, “enseñando a las naciones – a lo largo de los siglos, y cualesquiera que sean las condiciones de vida de las personas, momento y lugar -y tmbién enseñándoles cómo practicar todo lo que el Señor había mandado “ También les encargó “bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo “. Finalmente, en palabras de San Pablo, instituyó el Magisterio de aquellos que habían sido elegidos para ejercer como “ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios “ (I Cor IV, 1-2).
Un dispensador, un ministro, no es más que un instrumento. Indudablemente no es un instrumento inerte, es una persona. Elegido para servir, conserva su libertad. Pero esto no cambia su naturaleza, y su naturaleza, por supuesto, tiene que ser una herramienta en las manos de Aquél que lo eligió para servirse de él.
Como son sólo instrumentos en las manos de Cristo, Cristo pudo decir con verdad, que él los eligió y los envía en su nombre: “¿Quién os escucha me escucha a Mí, quien os desprecia a Mí me desprecia”
2- Simón y todos los papas que posteriormente hubo en la tierra, después de su partida, otros-él mismo, serán la piedra visible sobre la que repose su Iglesia (la verdadera piedra invisible es Cristo en persona. (Act. IV, 11), para confirmar la fe de todos, en una palabra, su Vicario.
Sin embargo, “la esencia del vicario dice Dom Grea, es que sea una sola persona jerárquica con aquél a quien representa, que ejerza toda la autoridad, sin división y sin que no haya otras autoridades al margen de él. “ Por ello, Simón Pedro se convirtió es “una señal clara y eficaz”de la presencia de Cristo entre nosotros (La Iglesia y su constitución divina).
Consecuencia
Ya sea ministerial o vicarial, el Magisterio exige la fidelidad de quienes han sido investidos. “Se pide a los dispensadores, dice el Apóstol, que se les halle fieles. “
Esta fidelidad inquebrantable del Vicario y de los ministros de Cristo, al mismo tiempo que es la gloria de la Iglesia Católica, atestigua que, desde el principio, el vicario y los ministros gozan de una especial asistencia divina en todo momento, y confirma la verdad de la infalibilidad del Magisterio.
Naturaleza de la infalibilidad
Los Padres del Concilio Vaticano I, declararon: “El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para que promulguen una nueva doctrina, sino que con su ayuda religiosamente guarden y expongan fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe “ (Denz. 1836).
De esta precisión deriva la naturaleza de la infalibilidad. Es la preservación de cualquier error, de la que goza el ejercicio del Magisterio, con la asistencia especial de Dios.
En el Diccionario de Teología Católica Dublanchy precisa : “En cuanto al Magisterio establecido por Jesucristo en su Iglesia, está claro que la inerrancia provista por Dios, no es la simple inerrancia de hecho, incluso perpetuamente realizada , sino que es una inerrancia de derecho, en virtud de la cual la autoridad docente de la iglesia se conserva libre de error con la ayuda sobrenatural que recibe del Espíritu Santo. “ (IV, col. 2175).
Dificultad
A estos hombres, que reciben una asistencia especial, Cristo los eligió sólo como ministros de la dispensación de los misterios, es decir, para “guardar santamente y exponer fielmente la fe”. Por eso, son infalibles exclusivamente en este ministerio, en esta dispensación. Fuera del ministerio de esta dispensación, siguen siendo lo que son, hombres falibles.
Sin embargo, precisamente porque aparte de este ministerio siguen siendo hombres falibles, su infalibilidad ministerial habitual presenta un desafío para nuestra mente. En efecto, ¿cómo admitir que hombres, que siguen siendo hombres con las pasiones desordenadas heredadas por el pecado original, y por tanto sujetos a error y a la mentira como todos los demás hombres- “omnis homo mendax”- ¿cómo pueden ser infalibles en su ministerio al hablar o tomar la pluma para exponer o explicar la doctrina?
Solución
Esta dificultad es sólo aparente. El sentido común informado por la fe católica enseña que no es más difícil que Dios provea la transmisión completa y exacta del depósito de la fe, incluso hecha por hombres mentirosos, que el que haga surgir agua de una roca (Ex. XVII, 6), o hable por medio de una mula (Num. xxii, 28) o resucite a un muerto “, que huele ya mal” (Juan XI, 39). En este sentido, el ángel Gabriel fue categórico: “No hay nada imposible para Dios” (The I, 37) y la Iglesia nos hace cantar cada domingo en las Vísperas: “Deus noster autem in coelo, omnia quecumque voluit fecit. Nuestro Dios está en los cielos. Lo que quiere Él lo hace “(Sal 113,11).
Sí, lo repito en la confianza de ser comprendido por una mente creyente y recta, la infalibilidad del magisterio ordinario no presenta dificultades mayores que las que hallamos en cualquier otro misterio divino .
¿Qué prueba tenemos para admitir, a pesar de las dificultades normales en su aceptación, la existencia de un solo Dios en tres personas iguales y distintas? ¿O que una mujer sea madre permaneciendo virgen, “antes, durante y después del parto” ? ¿O que creamos en la presencia real -no simbólica o moral -de Cristo en un trozo de pan consagrado? Para estos dogmas y todos los misterios revelados por Cristo, comprendida la infalibilidad del magisterio ordinario, sólo se tiene que proporcionar una prueba: el Maestro lo dijo. En cada uno de los misterios que profesamos, podemos y debemos decir con seguridad: “Credo quidquid dixit Dei Filius, nil hoc verbo veritatis Verius” [N. del Adórote devote]
Nada más verdadero, nada más cierto que la palabra de Dios. Y así como creemos en los misterios de la esencia divina, en la maternidad virginal de María, en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y en todo aquello que ha tenido a bien revelarnos, creemos por la misma razón que los hombres que constituyen el Magisterio de la Iglesia, por una ayuda sobrenatural recibida del Espíritu Santo, son infalibles y están preservados del error, cada vez que llevan a cabo aquello para lo que Jesús los escogió: dar testimonio de Cristo enseñando lo que el Señor ha revelado a los hombres, enseñando a practicar lo que Jesús ordenó.
¿Cuándo el Papa y los obispos son infalibles?
Antes de responder, hay que señalar que los que detentan el Magisterio no necesariamente se benefician de la asistencia de las personas divinas cuando “interactuan” con la gente, o cuando expresan “ideas personales” .(5) En estos casos, no realizan su ministerio, no dispensan los misterios de Dios. Entonces son personas privada que dan opiniones personales.(6)
Los titulares del Magisterio, el Papa y los Obispos en comunión con él gozan del privilegio de la infalibilidad, cuando actúan como ministros de Cristo, dispensando los misterios de Dios. No lo hacen una vez o dos veces por siglo, sino todos los días. Escuchemos filialmente a Pío XI, lo que nos dice con su autoridad infalible:
“El Magisterio de la Iglesia, establecido en la tierra según el plan de Dios para mantener perpetuamente intacto el depósito de las verdades reveladas y su conocimiento por los hombres se ejerce diariamente por el Romano Pontífice y por los obispos en comunión con él “ (Mortalium animas).
Pío XII no habló de otra manera. “Pero si las preocupaciones del gobierno de la Iglesia son grandes y muy numerosas, el Pontífice no olvida el “ministerio de la palabra” que Pedro consideraba como el principal de sus deberes de apóstol junto con la oración. ¿Acaso Cristo no le dijo a él y a los otros discípulos: “Id y predicad a todas las naciones lo que Yo os he enseñado?” …
“Sin duda, sobre todo ejercemos esto cuando en ocasiones solemnes, Nos nos dirigimos a toda la Iglesia y a los obispos, nuestros hermanos en el episcopado”; cuando ejercemos el ministerio, sin embargo, Nos somos el Padre de todos, incluso de los más humildes, somos el Pastor no sólo de las ovejas madres, sino también de los corderos: ¿cómo podremos abandonar el ejercicio simple y sagrado del ministerio de la palabra dejar de llamar a nuestros hijos directamente con nuestra propia voz, enseñando lo que nos dijo Cristo nuestro Señor? “ (Discurso a los jóvenes esposos, 01/21/1942).
Cuando el Papa expresa una idea personal, debe remarcarlo. En el pasado, ellos nunca han dejado de especificarlo.
Este no es el caso de los “papas” del Vaticano IL Enseñan el error “ex cathedra” en calidad de papas, en los documentos oficiales y en los discursos, en los espectáculos que protagonizan ante el mundo como cabezas visibles de la Iglesia católica. Consideremos, por ejemplo, Pablo VI, en su viaje y en su discurso en la ONU, o en las actas del concilio que promulgó. Pensemos en Juan Pablo II, en sus discursos, en sus encíclicas, en su “circo” de Asís, en sus visitas oficiales a las iglesias protestantes y a la sinagoga de Roma.
El ejercicio ordinario del magisterio, es el de todos los días.
En otras circunstancias, el mismo magisterio se ejerce pero de otra manera. Dejemos al Papa Pío XI, hacer precisiones:
“En las ocasiones en que hay que oponerse con mayor eficacia a los errores y a los ataques de los herejes, o hacerlo con mayor claridad o detallando ciertos aspectos de la doctrina sagrada a fin de que sean mejor comprendidos por los fieles, el magisterio comporta entonces la misión de proceder por decretos con definiciones oportunas y solemnes” (Mortalium Animos).
Entonces se da su ejercicio solemne o extraordinario.
De estas comunicaciones extraordinarias extraigamos dos verdades.
primera verdad. Que esta enseñanza sea hecha
1- En la forma extraordinaria : dirigida a toda la Iglesia, a las personas “de los Obispos, nuestros hermanos en el apostolado” y en medio de gran solemnidad
2- O en la forma ordinaria, con la simplicidad adecuada para la enseñanza cotidiana, como hizo, por ejemplo, Pío XII con los jóvenes esposos.
Pero siempre es una y la misma enseñanza de Cristo, confiada por Él a los que ha elegido para enseñar en su nombre, infaliblemente, la verdad. El mismo Pío XII declaró: “A los que enseñan con el Magisterio ordinario, se aplica la palabra” ¿Quienes os escuchen a Mí me escuchan “(Humani Generis).
Segunda verdad. El Magisterio infalible puede usar “decretos” y “definiciones solemnes” para oponerse con mayor eficacia a los errores y a los ataques de los herejes, o para desarrollar con mayor claridad o detalle aspectos determinados de la doctrina sagrada. Sin embargo no sólo en los “decretos” y “definiciones solemnes” es infalible.
El Magisterio es infalible ante todo para enseñar sin error los misterios de Dios, lo cual lo hace todos los días, nos asegura Pío XI.
Si fuera cierto lo contrario, si sólo fueran infalibles los decretos y definiciones (dogmas), dado que ” esta enseñanza se practica todos los días”, se llegaría a la conclusión de que se proclaman todos los días, si no verdades nuevas, al menos nuevos dogmas.
Esta aclaración era necesaria para aclarar a los que se resisten a admitir la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa, porque, para ellos, aceptar esta doctrina supondría reconocer, en cada palabra del Papa, el valor de una definición dogmática.
La infalibilidad del magisterio ordinario del Papa es una verdad de fe divina
Esta manera de exponer la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa va en sentido contrario de todo lo que se enseña sobre el mismo tema en la iglesia oficial del Vaticano II, en la Sociedad de San Pío X y en todas las capillas del movimiento “lefebvrista”. [N.T. y también, a lo que yo pienso, en muchas capillas sedevacantistas]
Sin argumentos en contra de la prueba de esta verdad, pero sin atreverse a volverse atrás ante los ojos de sus fieles, los sacerdotes que mantienen este error intentan escabullirse diciendo:
Esta manera de concebir y exponer la infalibilidad del Magisterio del Papa, podría ser verdad, pero siendo algo nuevo y peculiar de Forts dans la Foi, no es más que una opinión.
¡Pues no! Esta forma de concebir y exponer la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia de Roma, es decir, del Papa no es una nueva sentencia. Está claramente en el Evangelio, es una doctrina de fe divina. La Iglesia siempre lo ha entendido en el sentido que he descrito, y ha expresado su fe en esta verdad diciendo desde tiempo inmemorial: ” ¡Roma locuta est causa finita est!”
He aquí la prueba de esta afirmación. La extraigo de la práctica de la Iglesia que cree, de la doctrina de la Iglesia docente, e incluso del comportamiento de los herejes.
Prueba sacada de la práctica de los creyentes de la Iglesia.
Esta filial sumisión de los creyentes en la Iglesia sólo se explica por una creencia constante entre los fieles católicos: el Vicario de Cristo no puede errar cuando enseña religión.
Siempre y en todas partes los fieles de la Iglesia católica se distinguieron de los otros cristianos por su obediencia al Papa. Por ello, incluso en tono de burla, los no católicos los llamaban y aún los llaman ” papistas“.
A su vez, esta creencia se explica por el hecho de que en la Iglesia Católica, así como los sermones de catecismo del domingo, fue enseñado siempre que el Papa era infalible en todo aquello que mira a la religión. Cuando se enseña las verdades que hay que creer, la moral que hay que practicar o las devociones que hay que cultivar, el Papa no puede errar, ya que Jesús ha prometido asistirle “todos los días hasta el fin del mundo.” ¿Cuántas veces se nos ha dicho que “quien escucha las enseñanzas del Papa es al mismo Jesús a quien escucha porque Jesús ha dicho a los que envió: “¿Quién a vosotros escucha a Mí me escucha, quien a vosotros desprecia a Mí me desprecia“?
Prueba sacada de la doctrina de la Iglesia docente.
Los obispos católicos han reconocido siempre en la Iglesia de Roma, “Maestra de todas las iglesias”, y en su jefe, el Papa, la regla próxima y viva de la fe a la que tenían que adaptar la suya propia. Como no intento escribir un tratado teológico, solamente voy a dar algunas citas. Servirán para dar testimonio de la verdad de esta afirmación.
A finales del siglo II, en un texto ya clásico, San Ireneo dijo que la regla de fe más segura es estar de acuerdo con “la Iglesia de Roma, la más grande, la más antigua, la más famosa todas, fundada por los gloriosos apóstoles Pedro y Pablo. … Con esta Iglesia todas las iglesias y todos los fieles sobre la tierra, deben concordar, debido a su excelente y principal preeminencia, (…) gracias a ella todos los fieles esparcidos por toda la tierra han conservado la tradición venida de los apóstoles. “ (Berthold Altaner Resumen de la Patrística, p. 117)
En el siglo VII, los Padres del Concilio Ecuménico VI , III de Constantinopla (680-681), escribieron al Papa Agatón: “A tí, obispo de la primera sede de la Iglesia universal, nos abandonamos para saber lo que hemos de hacer, porque tú estás establecido sobre la roca firme de la fe “.
En su respuesta, el Papa afirma que “según lo prometido por el Señor, la fe de la Iglesia Romana se ha mantenido inquebrantable y por eso todas las Iglesias católicas siempre han ido en pos de la autoridad de la Santa Sede. “ (Nicolas Iung, el Magisterio de la Iglesia, p.33).
Para concluir con estos testimonios sacados de la práctica (7) de la Iglesia docente, he de recordar que en el concilio Vaticano I
1. Esta doctrina, ya clásica, fue invocada muchas veces. He aquí dos citas que hacen autoridad:
La primera es de Pastor Aeternus. Antes de definir la perpetuidad del primado del bienaventurado Pedro, la Constitución dice: “Por tanto,” volverse a la Iglesia de Roma, por razón de su origen superior“ (San León Magno), siempre ha sido necesario a todas las iglesias, es decir, a los fieles de todo el mundo, para ser una sola cosa con esta Santa Sede, de la que derivan “los derechos de la venerable comunión»(San Ireneo), como miembros unidos a la cabeza, formando un solo cuerpo. “(Denz. 1821 Dumeige 469).
La segunda la extraigo de un discurso del Mons. D’Avanzo en nombre de la diputación de la fe. Cito algunos pasajes destacando: “Hay en la Iglesia, un doble modo de infalibilidad : el primero es ejercido por el magisterio ordinario … Porque así como el Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad permanece todos los días en la Iglesia, la Iglesia también enseña verdades de fe cotidianamente, con la asistencia del Espíritu Santo. Ella enseña verdades bien sea las definidas, bien sean las expícitamente contenidas en el depósito de la revelación, pero aún no definidas, o, finalmente, las que son objeto de una fe implícita. Estas verdades la Iglesia las enseña todos los días, tanto por el Papa principalmente, como por los obispos en comunión con él. Todos, el Papa y los obispos, son infalibles en este magisterio ordinario, por la misma infalibilidad de la Iglesia. Sólo difieren en esto, los obispos no son infalibles por sí mismos, sino necesitan la comunión con el Papa, que los confirma, pero el Papa, él sólo, no necesita de nadie salvo de la asistencia del Espíritu Santo que le fue prometida. Por ello, él enseña pero no es enseñado. Confirma pero no es confirmado. “ (Dom Nau, Oc p. 15).
2 – Basándose sobretodo en la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa, los infalibilistas pudieron hacer triunfar la infalibilidad del magisterio extraordinario. Basta leer los textos del concilio para constatarlo. “La invocación hecha por uno u otro de sus reporteros a la tradición romana como regla de fe, como suficiente en sí misma, está en el texto del capítulo IV, donde hallamos la enseñanza de la Santa Sede en pie de igualdad con los decretos de los concilios, lo que sería suficiente para darnos garantías de que la tradición se reconoce como regla de fe en la enseñanza ordinaria de la Santa Sede, ” tradición, de la que se disfrutaba con una tranquila posesión” , precisa Dom Nau, de quien hemos tomado el argumento.
Prueba extraída a “sensu contrario”
Añado esta prueba sobretodo para mostrar con qué responsabilidades cargan la Fraternidad de San Pío X, los sacerdotes, religiosos enseñantes y todos aquellos que no admiten la infalibilidad del magisterio ordinario, expresado todos los días por el Papa y los Obispos en comunión con él.
Si me permito darla es porque un verdadero Papa lo ha hecho, antes que yo. Escúchenlo:
“Por tanto, siempre que la palabra de este magisterio dice que una verdad forma parte de la doctrina divinamente revelada (8) , todos deben con certez tenerla por verdadera, porque si fuera errónea, se seguiría que Dios mismo es el autor del error de los hombres, lo cual es evidentemente absurdo.
Luego, citando a Ricardo de San Víctor, el Papa añadió: “Señor, si estamos equivocados, eres Tú el que nos has engañado.” (Leon XIII, Satis Cognitum)
Sí, debemos tener el valor de decirlo. Si los Papas del Concilio Vaticano II, que oficialmente enseñaron el error a toda la Iglesia por más de un cuarto de siglo, siguen siendo formalmente papas, avalados por la Autoridad de Pedro, que hace su enseñanza diaria infalible, oficialmente pudieran haber enseñado el error a la Iglesia universal, sería en la práctica reconocer:
– O que Jesús nos engañó al asegurar que Él y el Espíritu Santo estarían con los suyos hasta el final de los tiempos, cuando dijo a quienes envió “los que a vosotros oyen a Mí me oyen“.
– O que se había equivocado al anunciar algo que no pudo conseguir ya que de hecho vemos lo contrario de su promesa;
En ambos casos, sería equivalente a decir que no es la Verdad, por lo que no es Dios.
Esta absurda blasfemia necesariamente conduce al error de los que niegan la infalibilidad del Magisterio ordinario (9), que se “ejerce todos los días por el Romano Pontífice y los Obispos en comunión con él”.
Confirmación
“Veritas liberabit vos. La verdad os hará libres “ Juan VIII-32
Esta afirmación del Maestro confirma nuestra comprensión fundamental de la infalibilidad papal. En efecto, a la inversa del absurdo a que lleva el rechazo del dogma, esta afirmación libera completamente a las almas católicas, lo que demuestra, según las palabras de Jesús, que esta declaración es verdad.
En primer lugar, ofrece una explicación al problema de fe que los papas del Concilio Vaticano II plantean a la conciencia católica. Además, proporciona a nuestra resistencia la posibilidad de servir con eficacia a la Iglesia al despojar de Autoridad a todos estos Papas “, que lo son sólo en apariencia.
¡Sí! Firmemente creemos y proclamamos en voz alta: el Maestro no nos ha engañado al asegurarnos que el Vicario actuando como Papa, no enseña el error.
No solamente no nos ha engañado al prometernos esto, sino que dio a los que creen en su palabra un medio tan fácil como absoluto para distinguie al auténtico pastor del mercenario.
El Papa, como sabemos, no es un robot. Aunque ninguna dignidad en la tierra iguala a la del Vicario de Cristo, los Papas “la llevan en vasos de arcilla” (II Cor IV 7).
Al llegar a ser Vicario de Cristo, como se sabe, el Papa recibe de Dios, no sólo una ayuda especial y constante ” todos los días hasta el fin del mundo”, sino también luces y gracias proporcionadas a sus necesidades.
Nunca podremos repetirlo bastante, el Papa nunca podría cometer pecados de herejía o cisma en el cargo oficial cotidiano, del magisterio ordinario.
Si llegará a ser hereje o cismático en privado, estaría separado de Cristo. Al ser privada su culpa , la Iglesia no sabría que el ocupante de la Santa Sede no sería ya el Vicario de Cristo. Entonces, en su gran misericordia, para con su esposa, en lugar de asistir al “papa”, que lo sería sólo materialmente, Cristo lo cegaría hasta tal punto, que llegaría a enseñar públicamente, oficialmente, un error. Y así, los que tienen fe viva podrían darse cuenta por un razonamiento muy simple que el “papa” en realidad no sería Papa.
He aquí el razonamiento. La infalibilidad del magisterio ordinario, enunciada claramente en la Escritura, enseñada por el Magisterio de manera explícita y siempre creída en la Iglesia es una verdad de fe. Quien enseña oficialmente el error, por este simple hecho, se demuestra que no es y no puede ser Papa. Porque, repitámoslo para los más obstinados, se llegaría a la conclusión de que Cristo no es Dios. [N.T. ¿Pero cómo sabríamos los fieles lo que es o no es un error, si la única norma es la enseñanza del papa, que en la hipótesis de un falso papa aunque tenido por tal, estaría enunciando un error?]
Objeción. Este razonamiento ¿no convierte en certeza lo que es sólo una opinión? La Iglesia nunca se ha pronunciado sobre la pérdida del pontificado del Papa caído en herejía.
Respuesta:
Si la Iglesia nunca se ha pronunciado oficialmente sobre este asunto, es porque en veinte siglos, este problema nunca ha surgido. En las discusiones sobre esta posibilidad los teólogos nunca han llegado a aceptar la hipótesis de un “papa” caído en la herejía. Para nosotros, el evento se convirtió en realidad. Nos encontramos ante un hecho innegable.
Durante un cuarto de siglo “LOS PAPAS” DEL VATICANO II HAN ENSEÑADO EL ERROR OFICIAL DEL VATICANO EN LA IGLESIA UNIVERSAL y la Iglesia no puede, sin destruirse, permanecer bajo la “jurisdicción” de un hereje formal. Por tanto, es el deber de todo aquel que tiene fe y amor a la Iglesia resolver este problema de acuerdo con la doctrina católica.
Si, hoy en día, no podemos aprender de la historia para hacer frente a esta desgracia, tenemos, en los documentos papales y en la Escritura, los principios que permiten resolverla a la luz de la fe.
En primer lugar nos encontramos con la enseñanza tradicional sobre la naturaleza del magisterio y la garantía de su infalibilidad.
También encontramos la enseñanza tradicional del Magisterio sobre las consecuencias de los pecados contra la fe. Recordemos sólo dos textos.
– “El que, incluso en un solo punto, rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente habrá abdicado por completo de la fe, ya que se niega a someterse a Dios que es soberana Verdad y el motivo formal de la fe “ (Satis Cognitum).
En esta cita , León XIII no innova nada. Se limita a repetir la enseñanza tradicional.
– A su vez, Pío XII haciéndose eco de la tradición, enseña que el cisma, la herejía o la apostasía separan del cuerpo de la Iglesia. “Porque el pecado, incluso el pecado grave no tiene de suyo por resultado- como el cisma, la herejía o la apostasía – la separación del hombre del Cuerpo de la Iglesia “ (Mystici Corporis Christi)
Por estas enseñanzas, el cristiano de fe viva, tiene derecho a concluir:
1 – Respecto de algunas verdades establecidas en la doctrina, como v.gr. el dogma más firme de nuestra religión, “fuera de la fe católica nadie puede salvarse” (Pío VIII), o la verdad que identifica el Cuerpo Místico de Cristo con la Iglesia “quod est Mystici Corporis Christi Ecclesia” (Pío XII), los “papas” del Vaticano II con pertinacia han enseñado otras nuevas doctrinas en conflicto con la fe católica, han demostrado que abdicaron realmente de la fe teológica.
2 – Puesto que el pecado contra la fe por sí mismo da lugar a la separación del Cuerpo de la Iglesia, es imposible admitir que quien está separado de Cristo y de la Iglesia pueda ser al mismo tiempo el Vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia.
3 – Así pues, aunque los “papas” del Vaticano II fueron elegidos por aquellos que tenían el derecho de elegirlos, su ocupación de la sede de Pedro no es una ocupación más quematerial pero sin la autoridad de Pedro.
En consecuencia, hasta que la iglesia decida sobre sus casos, podemos y debemos considerarlos como lo que son, “papas” que no son el Vicario de Cristo, “papas” para quienes la palabra “¿Quién os escucha a Mí me escucha. ¿Quién os desprecia a mí Me desprecia” no tiene aplicación.
Esta enseñanza, en perfecta armonía con las Escrituras, nos permite decir , como dice san Pablo a los Gálatas, a todos los cardenales, obispos, sacerdotes y creyentes comunes y corrientes que siguen las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II, “0h insensatos obispos, cardenales ( sacerdotes), quién os ha fascinado para que no obedezcáis ya a la verdad? “ (Gal III, 1) Nos sorprende que tan rápidamente os hayáis desviado de la verdad recibida de nuestros padres para profesar otra verdad. No es que haya otra verdad. Sino que algunas personas quieren destruir la doctrina de la Iglesia Romana “Madre y Maestra de todas las demás iglesias”, la que los Padres ortodoxos os han transmitido para que vosotros, también la transmitais completa y en el sentido con que la padres ortodoxos siempre la han entendido. Además, con la misma seguridad que tuvo el Apóstol, podemos decir de aquellos que predican una doctrina nueva: “sint anatema”
Corolario
¿Cómo explicar las diferencias de los teólogos sobre este punto de la doctrina?
Es indiscutible que estos desacuerdos, sobre una doctrina de fe divina, es un escándalo y atrae la maldición de los cielos. “¡Ay de aquel hombre por quien viene el escándalo.” Además, obstaculizan ante todo la defensa de la fe. Por tanto, es deber de todos trabajar para que estos escándalos cesen presionando los sacerdotes de sus centros de misas para que estudien esta doctrina a la luz de la Escritura y la Tradición.
Los fieles también deben saber, y decirlo, que todos los que, sean sacerdotes o laicos, continúen afirmando que se trata de una cuestión abierta acerca de la cual, cada uno puede tener su propia opinión, yerran. He demostrado que la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa es una doctrina de fe.
Sin embargo, estas diferencias no nos deben asombrar, y menos aún causar sorpresa. El Maestro nos advirtió: “Es necesario que haya escándalos” (Mat. XVIII, 7), y Pablo nos dio la razón de su necesidad : “a fin de que se reconozca a aquellos de vosotros que tengan una virtud (fe, dice la Biblia de Fillion) probada “ (I Cor XI, 19).
Sea como sea, este comportamiento no es un misterio teológico, incluso se explica con facilidad, como demostraré. En primer lugar, quisiera recordar algunas verdades que las almas de buena voluntad, que leen y entienden lo que leen, podrán sacar un comportamiento práctico católico.
lª verdad. El rechazo de la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa es algo nuevo. Es “la herejía del siglo XX.” Hasta el siglo pasado, como ha señalado Dom Nau en el texto citado anteriormente, “se disfrutó de ella con una pacífica posesión”, no impugnada por nadie, y todos los teólogos la ‘aceptaron’ sin dificultad.
2ªverdad . A través de los siglos, cuando esta verdad fue impugnada, los teólogos siempre han estado divididos. Y en tiempos de crisis, la mayoría de ellos siempre han puesto sus talentos de la parte aparentemente más poderosa. Baste recordar, por ejemplo, la actitud de los teólogos alemanes en el momento de la rebelión de Lutero, y de los ingleses en la época de Enrique VIII.(10)
Como la historia es un “perpetuo volver a comenzar” las divisiones existentes de los teólogos sobre este punto de la doctrina, no deberían sorprendernos, y mucho menos molestarnos.
3ª verdad. Sea cual sea su reputación y los valiosos servicios que prestan con frecuencia a la Iglesia, los teólogos, como tales, no constituyen Magisterio. Por voluntad de Cristo, la Iglesia docente incluye sólo al Papa y a los obispos que están en comunión con él.
Estas tres verdades nos empujan con naturalidad a practicar una regla de conducta, absolutamente segura, bajo la fe católica.
Regla de conducta. Dado que nos hablan-no los teólogos- en su nombre, Dios ha instituido infaliblemente, que cada vez que una doctrina sea claramente enseñada por el Magisterio, como es el caso de la infalibilidad, esta enseñanza nos debe bastar. De hecho, incluso los teólogos en su enseñanza, deben regularse por ello.
Estos últimos, me refiero a quienes son católicos, que verdaderamente aman a la Iglesia y se empeñan en servirla (11) no deben discutir, ignorar, minimizar, diluir o debilitar esta enseñanza, sino que deben presentar todas las pruebas que puedan encontrar para justificarla.
Hay dos posibles explicaciones para este comportamiento de los teólogos acerca de la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa.
Por mi parte, la veo como una maniobra de los liberales mencionados al comienzo del trabajo. Puesto que no podían negar abiertamente este dogma, se las arreglaron para silenciarla para que la mayoría de los católicos la perdieran de vista y, finalmente, la ignorasen.
Pero no hay que olvidar que si los liberales llegaron a silenciar completamente el dogma, para que en la práctica fuera negado por muchos, la responsabilidad recae también, si no principalmente, en los teólogos y obispos católicos que lo permitieron. Aqui se comprueba la certeza del dicho de San Pío X , a quien le encantaba citarlo : “La fuerza de los malos viene de la cobardía de los buenos.”
En el estudio mencionado anteriormente, Dom Paul Nau adelanta otra explicación:
“Todo lo que sucede (desde la promulgación de Pastor Aeternus} sucede como si la brillantez de la definición hubiera eclipsado la verdad hasta entonces universalmente reconocida “.
Y dice en una nota:
“Es comprensible que pudiera introducirse este cambio de perspectiva: desde 1870, los manuales de teología llegaron a establecer en sus propios textos la tesis del Concilio. Ninguno de ellos afrontó el estudio del magisterio ordinario del pontífice en solitario, por lo que se fue perdiendo de vista. Parecía que el magisterio papal se reducía solamente a las definiciones ex-cathedra. Desde entonces, habiéndose centrado nuestra atención en ellas, nos hemos acostumbrado a considerar las declaraciones doctrinales de la Santa Sede con la única perspectiva de los juicios solemnes: ellos sólos aportarían a la doctrina las garantías necesarias. Pero desde esta perspectiva se hace imposible comprender la verdadera naturaleza del magisterio ordinario. Sin embargo esta perspectiva permanece en más de un autor. “
Con el fin de confirmar la apreciación de este teólogo, aporto aquí dos citas:
“El Papa ejerce personalmente un magisterio infalible, no sólo mediante sus juicios personales , sino también por el Magisterio ordinario que se extiende perpetuamente a las verdades obligatorias para toda la Iglesia”. (El magisterio ordinario de la Iglesia y de sus órganos . París, 1887, p.98).
“Se llama magisterio ordinario universal a la enseñanza del Papa y los Obispos en cualquier momento y en cualquier país. Cuando nuestro Señor dijo a sus Apóstoles: “Id y enseñad a todas las naciones”, no limitó sus poderes a un tiempo y a un lugar determinado. El Papa y los obispos desempeñan su función de doctores, no sólo en raras ocasiones y ocasiones solemnes, sino siempre y en todas partes “(Boulenger, disculpa Manual, p.399)
Apostilla en el último momento
La revista “Sal de la Tierra, La comprensión de la fe”, N º 3 (revista publicada bajo la responsabilidad de los dominicos del convento de La Haye-aux-Bonshommes, Avrillé F 49.240), me acaba de llegar. Contiene un estudio de l’ Abbé Sélégny, de la Fraternidad de San Pío X, sobre “El Magisterio… a la luz de la infalibilidad.”
Creo que es mi deber poner en guardia a mis lectores. El autor de este trabajo, víctima de la falsa enseñanza ofrecida en Ecône sobre este tema, claramente no entiende la razón de la infalibilidad magisterial en general, ni el alcance de la infalibilidad papal, ni los trucos de los modernistas que han llegadoa ocupar posiciones claves en la Iglesia desde Pablo VI.
No voy a volver a escribir mi estudio, sólo voy a comentar algunas deficiencias patentes en el estudio y pedir un deseo.
Finalidad de la infalibilidad magisterial. Un texto oficial nos lo ha recordado. La infalibilidad otorgada al Magisterio es “para guardar santamente” y “para exponer fielmente “ el depósito de la fe (Vaticano I).
En razón de esta finalidad, una conclusión se impone naturalmente, pero también inexorablemente. Siempre que el magisterio * “conserva “ o “expone” el depósito de la fe, está protegido por la infalibilidad prometida. Si no fuera así, y el Magisterio cayera en el error, como dijo el Papa León XIII, la responsabilidad sería de Dios y de nadie más.
Alcance de la infalibilidad papal. El P. Sélégny afirma que para que sea infalible, el Magisterio debe tener la determinación de enseñar definitivamente“.
Esto no es acertado. Es incluso falso. porque el magisterio es infalible siempre que se ejerce y ” se ejerce todos los días “, en palabras de Pío XI.
El abbé Sélégny deja patente la causa de su error desde el principio de su artículo. Según él, la infalibilidad papal fue definida como dogma de fe en el Concilio Vaticano II.
Trucos de los modernistas que han acaparado los puestos claves en la Iglesia desde la llegada de Pablo VI. El Señor nos ha prevenido de la habilidad que tienen los hijos de las tinieblas en sus negocios. ¿Tenemos en cuenta esta advertencia? Por ejemplo, por el mero hecho de que se diga del Concilio Vaticano II ser un concilio “pastoral”, para este sacerdote y para muchos otros, el Concilio no está protegido por la infalibilidad y podría enseñar el error sin dejar de ser Magisterio.
Esta afirmación no es más cierta que la anterior. En efecto, el Concilio Vaticano I no definió ” el hecho simple de que el Papa goza de infalibilidad “. Definió un aspecto de la doctrina de la fe que entonces era rechazada, la infalibilidad personal del Papa en su magisterio extraordinario. Pero la infalibilidad del magisterio ordinario no era cuestionada. Como dijo Dom Nau, “ entonces se la aceptaba con una tranquila posesión. “ El Concilio no definió nada al respecto.
¡Dios mío! [¡Alegar que el Concilio V.II haya sido meramente pastoral! ]¿pero cómo se puede tragar semejante tontería? ¿Acaso en la Iglesia, los concilios pueden ser otra cosa que reuniones pastorales? Y no sólo porque los obispos asisten a él con sus votos de pastores de la Iglesia, sino ante todo porque la pastoral, es decir, la conducta y defensa de los fieles, justifica su convocatoria. Como ya he señalado con frecuencia a los obispos, en la Iglesia un pastor que no es al mismo tiempo maestro y doctor, tal vez sirva para guardar vacas, no para llevar una diócesis.
Además, ¿es cierto que el Vaticano II haya sido sólo pastoral? Sin duda, Pablo VI lo dijo, pero en una audiencia simple de los miércoles. Sin embargo, que yo sepa, ninguno de los que fueron engañados por esta gruesa mentira y lo repiten como dogma de fe, no ha dudado ni por un instante que, en esa audiencia simple, Pablo VI gozaba de infalibilidad hablando ex cathedra.
Para descubrir el engaño de esta alegación y rendirse a la evidencia basta con leer los textos oficiales. De todos los concilios, el Vaticano II fue el menos pastoral y más doctrinal, hasta el punto de que incluso Pablo VI pudo decir: El Concilio Vaticano II fue mayor que el de Nicea.
Contrariamente a lo que piensa el padre Sélégny, lo diga o no, la enseñanza de un concilio promulgado por el Papa es magisterio extraordinario. Por esta sola razón, no puede contener error doctrinal, ya que está necesariamente protegido por la infalibilidad.
¿Cumplía el Vaticano II las condiciones suficientes para que la enseñanza sea clasificada automáticamente entre aquéllas del magisterio infalible extraordinario?
Basta con leer los documentos oficiales, especialmente la fórmula solemne con que terminan justo antes de la firma del “Papa” y de los Padres, para responder afirmativamente y estar convencidos de que la historia del Concilio ” pastoral “ es en realidad una trampa o, si se prefiere, una añagaza de los subversivos para “cloroformizar ” a los Padres” y hacerles respaldar todos sus errores.
Razonamiento de la fe, post factum. Con el Concilio Vaticano II, nos encontramos frente a un hecho.
Convocado el “concilio”por un Papa y presidido por sus representantes, sus decretos fueron promulgados regularmente por una persona que, en apariencia por lo menos, era el Papa. Este “concilio” se clausuró hace mucho tiempo. Ahora es ya un hecho histórico.
Santo Tomas dice con razón: “Ningún principio see mantiene frente a hechos contrarios. ‘
Esta es la doctrina católica: “Debemos creer con fe divina y católica todas las verdades contenidas en la palabra de Dios escrita o transmitida por la tradición y que la Iglesia, mediante un juicio solemne o por su magisterio ordinario y universal, propone como reveladas por Dios. “
El principio es que el Concilio Vaticano II al ser un concilio ecuménico, no puede enseñar el error doctrinal.
El hecho contrario es que los textos promulgados por el “concilio Vaticano II” contienen errores varios.
Siguiendo a Santo Tomás, deberíamos concluir con normalidad que el principio (infalibilidad del Magisterio) desmentido por el hecho contrario, no se tiene en pie.
La fe teologal se opone a tal conclusión. En efecto, aquí, la verdad del principio está garantizada por la veracidad de Dios, que es absoluta.
Pero la veracidad de Dios no suprime el hecho. Permanece en su materialidad y no puede eludirse. ¿Cómo salir de la contradicción?
Tendremos que negar la contradicción con un razonamiento estúpido, o liberaremos las conciencias mediante un razonamiento apoyado en la fe.
Razonamiento estúpido. Es el que hacen todos aquellos que al no tener una fe probada, se dejan conducir por el sentimiento. Ellos someten los principios a múltiples contorsiones para adaptarlos a sus prejuicios y salvar así arbitrariamente las apariencias.
Por desgracia para ellos, los partidarios de esta salida, se hunden inevitablemente en el absurdo blasfemo que mencioné anteriormente y en el libre examen. Además se ven obligados a juzgar sin cesar a una autoridad que reconocen como tal, pero a la que al final no pueden honestamente someterse si quieren seguir siendo católico.
Razonamiento de la fe. Ésta es el razonamiento no sólo de los que poseen la virtud de la fe, sino de los que tienen esta virtud como guía de su comportamiento.
Puesto que están acostumbrados a respetar la ley, saben que la ley prohíbe resistir a la autoridad. Pero tampoco olvidan que por razón de la misma virtud teologal de la fe deben rechazar las novedades del concilio Vaticano II. Comprenden entonces, a la luz de la fe, que los responsables de las doctrinas erróneas, que no pueden aceptar, no son y no pueden estar investidos por Dios de la Autoridad de la que se han desviado.
El problema surgido a la conciencia católica del Concilio Vaticano II, queda de este modo resuelto conformando el principio con los hechos. A pesar de todas las apariencias contrarias, el llamado “concilio” del Vaticano II no era ni podía ser Magisterio de la Iglesia Católica. El “Papa” que lo aprobó no ha podido ser investido de la autoridad de Pedro, que es la esencia del papado. Por esto, repetimos, los que usan este razonamiento tienen una certeza de fe.
Último deseo. Que el abbé Sélégni, a quien envío esta crítica de su trabajo, tenga el valor de aceptar la verdad o la caridad de refutar teológicamente el mío. Se lo envío con prioridad.
Notas:
1 Jean de La Fontaine, los animales enfermos de la peste.
2 Ayer, el Arzobispo Lefebvre, Monseñor de Castro Mayer, ahora la Sociedad de San Pío X con todos los sacerdotes, religiosos y religiosas que se encuentran a su paso, todo fue a pique en este punto crucial.
3. 1 mayo de 1992.
4. Hemos leído con provecho que he publicado sobre este tema, en particular, firmes en la fe, N º 1 y 2 de 1988.
5.Cuando un Papa expresa una idea personal, debe decirlo. En el pasado, aquellos de entre ellos que nunca han dejado de especificar.
6.Tel no es el caso de los “papas” del Vaticano IL Enseñan error “ex cathedra”, como los papas en los documentos oficiales y los discursos, en los actos espectaculares que representan, con los ojos del mundo, como cabezas visibles de la Iglesia católica.Consideremos, por ejemplo, Pablo VI, en su viaje y su discurso en la ONU, las actas del concilio que ha promulgado. Para Juan Pablo II, en su discurso, sus encíclicas, su “circo” de Asís, sus visitas oficiales a las iglesias protestantes y la sinagoga de Roma.
7 “El papel de la Iglesia Romana, escribe Dom Nau, fue reconocido por los propios galicanos: “Es el privilegio de la Iglesia romana, un privilegio de ninguna otra Iglesia particular, el representar por sí sola, a la Iglesia universal “, dijo Pierre d’Ailly. (8 ocp nota 10).
8. El Vaticano II no lo duda al afirmarlo en el decreto de la Libertad Religiosa. Declaratio de libertate religiosa, No. 12.
9. ¿Cuántas religiosas (contemplativas, enseñantes o activas) son engañadas en este punto?. ¿Cómo no comprenden que al seguir obstinadamente la posición aberrante de Mons. Lefebvre y de su Fraternidad, de forma indirecta, niegan la divinidad de su Esposo.
10. En la resistencia al Concilio Vaticano II, el partido más numeroso está formado por la Fraternidad del Arzobispo Lefebvre. ¿Qué hay de sorprendente al ver al grupo más numeroso de teólogos después de él inclinarse y tratar de defender su posición, insostenible en términos de fe, repitiendo veinte veces los argumentos refutados? En tiempos de crisis, incluso entre teólogos, la parte gregaria de los hombres llega a sobresalir. “Monseñor dijo” se convierte en la mayor prueba. El Abbe Froehly una vez escribió en su informe: “Si Monseñor dice que la tierra es cuadrada, los tradicionalistas de un extremo al otro de la tierra, dirán que la tierra es cuadrada.”
11.He aquí dos citas para los teólogos que desean servir a la Iglesia en la crisis actual. La primera es la de Pío XII. “Si los papas en sus actos juzgan expresamente sobre una cuestión que antes era controvertida, todo el mundo entiende que este asunto, en la mente y la voluntad de los Pontífices, ya no se considera como cuestión abierta entre teólogos “ (Denz. 2313)
APOSTILLA A «DAVID CONTRA GOLIAT»
Huelga decir que el responsable único de un artículo es el autor; en el caso del artículo DAVID CONTRA GOLIAT es quien lo escribió; en este caso David Martínez, y que sededelasabiduría solo se limita a editarlo y poner una breve introducción, por lo que no está necesariamente de acuerdo con todo lo que el autor dice. En particular creemos que el autor yerra en afirmar, o eso parece dar a entender, que la única línea de sucesión apostólica válida es la de Mons. Thuc. Sededelasabiduría considera esa afirmación un error. No se puede negar de ninguna manera que son válidas ( hablamos de validez no de licitud) las consagraciones episcopales de Mons. Lefebvre y los obispos que consagró. Entre los linajes episcopales que sostienen que la Sede de Pedro está vacante son válidos las de Mons. Thuc y los obispos que consagró; las de Monseñor Hinilinca y los obispos que consagró; la de Clarence Kelly y los obispos que consagró, la de Mon. Carlos Duarte y los obispos que consagró, entre otras varias más. Y además, son válidas las centenas de líneas episcopales de los ortodoxos, y veterocatólicos, porque siempre la Iglesia reconoció su validez no volviéndolos a consagrar si se convertía al catolicismo, si bien no su licitud. Todo ello está fundamentado en la sana teología sacramental de la Iglesia que está explicada en la Suma Teológica y en decenas de manuales de Teología. Por lo tanto felicitamos al autor por la valentía en defender la validez de las consagraciones de Mons. Thuc frente a Méramo- que llama hereje a Pío XII por su encíclica Humani Generis-, pues esa es la verdad, pero no podemos estar de acuerdo con que sea la única válida.
En otros aspectos también disentimos, pero no nos parece tan importante explicarlos aquí. Como hemos dicho, nosotros solo somos responsables de lo que firmamos como Sededelasabiduría, Sofronio (al pie del artículo; no confundir con quien lo copia y lo edita) o teresita. Así como un periódico es sólo responsable de su línea editorial y no de lo que escriben sus reporteros o columnistas, nosotros sólo nos hacemos responsables de lo que firmamos, y lo que vale para este artículo se traslada a todos los ajenos; por eso siempre ponemos el autor o la fuente de donde lo tomamos. Y sólo nos cuidamos que lo que traemos de otros lares no contengan ninguna herejía contra la fe divina.
A todos los que nos han llamado por teléfono para advertirnos fraternalmente de este error, les damos las gracias de todo corazón, y rezamos por ellos.
Por Sofronio y Teresita de Sededelasabiduría
EL MILENARISMO: POR EL ABBÉ H. BELMONT

Por el Abbé Hervé Belmont
La colección Magnificat (maletín que contiene fichas consagradas a la doctrina y a la cultura católica al que Ud. siempre puede suscribir) prosigue sus pasos tranquilos; aborda a veces temas que revisten una importancia particular en cuanto se refieren a errores que se incuban más o menos bajo la ceniza de gente deseosa de conservar la fe católica, pero poco esclarecida sobre la enseñanza precisa de la Iglesia Católica.
He aquí un buen ejemplo en la ficha consagrada al Milenarismo, cuyo texto adelantamos a continuación.
I. El milenarismo “duro”
El milenarismo es una transposición “bautizada” del mesianismo temporal que los judíos se pusieron a profesar a partir del exilio de Babilonia: mesianismo que impidió a la mayoría de ellos reconocer en Jesucristo al Mesías y al Hijo de Dios. El milenarismo es el mismo error, relacionado a la segunda venida de Jesucristo ‒aquella en la cual Él debe volver en poder y majestad para juzgar a los vivos y los muertos.
He aquí un extracto muy instructivo del Sentido místico del Apocalipsis de Dom Jean de Monléon (págs. 324-327) con respecto al capítulo XX del libro de San Juan.
“Todos estos siervos que permanecieron fieles a Dios a pesar de las persecuciones [en el tiempo del Anticristo] murieron, es verdad, a los ojos de los hombres: pero, en realidad, inmediatamente franqueadas las puertas del otro mundo, encontraron, en la unión de su alma con su Creador, una nueva vida mucho más perfecta que la de aquí abajo. Y reinaron mil años con Cristo.
“Estas últimas palabras piden algunas explicaciones, ya que es sobre ellas que se injertó la doctrina llamada del milenarismo; doctrina rechazada por la Iglesia desde siglos, y que sin embargo ve de vez en cuando a nuevos campeones levantarse en su favor, bajo el engañoso pretexto de que tiene a su favor la opinión de varios Padres auténticamente ortodoxos. Sus propugnadores, los milenaristas, llamados también quiliastas, sostienen que mucho antes del día de la resurrección general, los justos retomarán sus cuerpos, y así resucitados, reinarán mil añossobre esta tierra, en la Jerusalén restaurada, con Cristo. Luego vendrá la última rebelión de Satanás, el combate supremo entablado contra la Iglesia por Gog y Magog, el aplastamiento de los rebeldes por Dios, y por fin la resurrección universal seguida del Juicio Final. Habría así dos resurrecciones sucesivas, separadas por un intervalo de mil años: la de los mártires en primer lugar, luego la del resto de la humanidad.
“La teoría del milenarismo tenía raíces en la literatura judía, atormentada siempre por la idea de un Mesías que reinara gloriosamente en la tierra. Retomada en tiempos de San Juan por el heresiarca Cerinto, es exacto que en los siglos II y III de la era cristiana, algunos Padres, y no de los menores, la adoptaron, bajo distintas formas más o menos atenuadas. Se puede citar entre ellos a San Justino, San Ireneo, Tertuliano et alii…
“Pero de ninguna manera puede considerarse que el parecer de estos escritores representara la creencia de la Iglesia: en efecto, para que el testimonio de varios Padres pueda considerarse la expresión de la Tradición católica, dicen los teólogos que hace falta “que no sea impugnado por otros”. Ahora bien, esta condición no existe de ninguna manera en este caso: ya San Justino reconocía que la teoría milenarista distaba mucho de ser admitida por todos; Orígenes la rechazaba y la trataba de inepcia judaica. San Jerónimo rompe deliberadamente con ella: “En cuanto a nosotros, no esperamos ‒escribe‒ según las fábulas que los Judíos decoran con el nombre de tradiciones, que una Jerusalén de perlas y oro descienda del cielo (…). Sólo hay demasiados de los nuestros que han tomado seriamente estas promesas (…)”
“San Agustín se pronuncia en el mismo sentido: si señala en primer lugar algunas vacilaciones, a continuación, en la Ciudad de Dios, se lo ve condenar claramente el quiliasmo, y esta opinión es la que prevalece en adelante, tanto en Oriente como en Occidente, en la Iglesia. A partir del siglo IV, no se encuentra a ningún nuevo escritor católico digno de consideración que defienda el milenarismo, y el parecer unánime de los teólogos, en cuyo primer plano hay que citar a Santo Tomás y a San Buenaventura, lo descarta con determinación. (…)
“Así pues, como ya lo hemos indicado, la expresión: Y han reinado mil años con Cristo debe entenderse en un sentido místico. Los mil años designan todo el período que se extiende entre el día en que Cristo, por Su Resurrección, abrió de nuevo el Reino de los Cielos, franqueando sus puertas con su Santísima Humanidad, y el día en el cual, gracias a la resurrección general, los cuerpos entrarán allí a su vez. Pero en cuanto a las almas de los bienaventurados, ellas ya están allí, estrechamente unidas a Aquel que es su verdadera vida; participan en la gloria de Cristo, constituyen su corte, reinan con Él”.
El estudio y la refutación del milenarismo son el objeto de una tesis de la clásica obra del Cardenal Jean-Baptiste Franzelin, Tractatus de divina Traditione et scriptura, S.C. de Propaganda fide, Roma 1882, tesis XVI, págs. 186-201.
A lo largo de un apretado discurso, él invoca especialmente el testimonio de Santo Tomás de Aquino (en IV Sent. dist. XLIII q. 1 a. 3 sol. 1 ad 4): “Con motivo de las palabras del Apocalipsis (cap. XX), como relata San Agustín (Ciudad de Dios, libro XX), algunos herejes afirmaron que los muertos resucitarían una primera vez para reinar con Cristo en la tierra durante mil años: de ahí se les llama quiliastas omilenaristas. San Agustín muestra que hay que entender las palabras del Apocalipsis de la resurrección espiritual, por la cual los hombres resucitan del pecado por el don de la gracia. La segunda resurrección es la de los cuerpos. Es la Iglesia que se llama el Reino de Cristo…”
El milenarismo es entonces el ejemplo de una teoría explorada por algunos Padres, pero que no es tradicional porque no se transmitió. Al contrario, sufrió un definitivo freno por parte de Padres principales de la Iglesia (San Jerónimo, San Agustín) y fue rechazada del cuerpo de la doctrina católica. Resurgió de vez en cuando, pero fue en los medios heterodoxos y en las sectas protestantes.
II. El milenarismo “mitigado”
Junto al milenarismo francamente heterodoxo y multiforme (y ridículo, según dice San Agustín), a veces se profesa un milenarismo ablandado (ese es el verdadero sentido de mitigado) que se esfuerza por evitar las oposiciones demasiado escandalosas con la doctrina de la Iglesia.
El Papa Pío XII, el 21 de julio de 1944, mandó emitir por el Santo Oficio un decreto que reza así:
“En estos últimos tiempos, más de una vez se preguntó a esta Suprema Congregación del Santo Oficio qué hay que pensar del sistema del milenarismo mitigado, que enseña que antes del Juicio Final, precedido o no de la resurrección de varios justos, Cristo Nuestro Señor vendrá visiblemente a nuestra tierra para reinar.
“Respuesta: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad”.
La sentencia emitida por el Santo Oficio es la extensión a la Iglesia universal de una condena notificada tres años antes (11 de julio de 1941) en una respuesta dirigida al Arzobispo de Santiago de Chile. Esta carta, redactada en los mismos términos que los antedichos, precisa por otro lado dos cosas que permiten entender bien el alcance del acto.
1. Lo que es contemplado por la condena es el milenarismo tal como se profesa en el libro de Manuel Lacunza (publicación póstuma bajo el pseudónimo de Ben Ezra), La Venida del Mesías en gloria y majestad, obra ya condenada (Index del 6 de septiembre de 1824).
2. El deber del Arzobispo es velar ‒por medios eficaces‒ para que esta falsa doctrina no sea, bajo ningún pretexto, ni enseñada, ni propagada, ni justificada ni recomendada, sea de viva voz como por escritos.
Sabemos así de qué doctrina se trata: aquélla propagada por Ben Ezra; y lo que hay que entender por tuto doceri non posse ‒ no puede enseñarse con seguridad: ni enseñanza, ni apología.
Además, dado que la obra de Ben Ezra está inscripta en el catálogo del Index (y todavía presente en la última edición), no puede poseerse, ni leerse, ni comprarse ni venderse. ¡La elección es entre el fuego y el cesto!
Si se traduce a lenguaje corriente la respuesta del Santo Oficio, da esto: hay que desconfiar del milenarismo mitigado; y si se añaden las precisiones aportadas por la carta, se completa: como de la peste.
La Iglesia nos ordena entonces firmemente desconfiar del milenarismo mitigado como de la peste. ¿Pero por qué?
‒ Desde el punto de vista de la verdad (punto de vista fundamental del Santo Oficio), este milenarismo no es enseñado por la divina Revelación pública, que es sin embargo la única que puede darnos a conocer un futuro que sólo depende de la voluntad de Dios.
‒ Nuestra esperanza tiene como objeto el Reino de Gloria en el Cielo: el cual yaexiste, lo esperamos activamente y podemos ser llamados a él en cualquier momento.
‒ El combate por la Realeza social de Jesucristo es un combate presente, en la sociedad contemporánea, por la Iglesia Católica, que es desde ahora el Reino deJesucristo sobre la tierra, y un reino que es principalmente espiritual.
‒ La vida cristiana no es la espera de una especie de nueva redención: hoy es cuando hay que vivir en estado de gracia para agradar a Dios, en la oración y el deber de estado, en el espíritu filial y el amor del prójimo. El resto no es más que mítico e imaginario.
http://www.quicumque.com/article-le-millenarisme-121454691.html
¿LA PLANIFICACIÓN FAMILIAR NATURAL ES PECADO MORTAL?
Pero primero veamos algunas citas de Montini ( Pablo Vi) elogiando y promoviendo tal práctica, incluso en la tan aclamada Humae Vitae:
- Pablo VI, Discurso con motivo del 25º aniversario de la FAO, 16 de noviembre de 1970: “…esto, entre otros efectos, sin duda favorecerá un control racional de la natalidad por parte de las parejas…”.
- Pablo VI, Discurso en la apertura de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 24 de agosto de 1968: “Esta norma [Humánæ Vitæ] no constituye una ciega carrera hacia la superpoblación; ni disminuye la responsabilidad ni la libertad de los cónyuges, a quienes no prohíbe una honesta y razonable limitación de la natalidad, ni impide las terapéuticas legítimas ni el progreso de las investigaciones cientificas”.
- Pablo VI, Humánæ Vitæ, #16, 25 de julio de 1968: “Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguirá” (de donde se colige que las parejas son perfectamente libres de no tener hijos si no lo desean).
- Pablo VI, Populórum progréssio, #37, 26 de marzo de 1967: “Al fin y al cabo es a los padres a los que toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante ellos mismos, ante los hijos que ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la ley de Dios auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en él”.
La PNF, al igual que los demás anticonceptivos, representa el rechazo de la primera finalidad del matrimonio (la procreación y la educación de los hijos), y ha sido condenada por la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio Legítimo de la Iglesia:
- Génesis 38, 8-10: “Entonces dijo Judá a Onán: Entra a la mujer de tu hermano [que había muerto], tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano. Pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba a la [ex] mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Dios lo que hacía Onán, y le mató también a él”.
- Tobías 6, 17: “[Dijo el ángel a Tobías]: Los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, entregándose a su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio. Mas tú, cuando la hubieres tomado por esposa, entrando en el aposento, no llegarás a ella en tres días, y no te ocuparás en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella. … Pasada la tercera noche, te juntarás con la doncella, en el temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos, que de la concupiscencia…”.
- 1 Timoteo 2, 15: “Verdad es que [la mujer] se salvará por medio de la buena crianza de los hijos, si persevera en la fe y en la caridad, en santa y arreglada vida”.
- San Agustín, De las costumbres de los maniqueos, libro segundo, #65: “No contentos solamente con la condenación de la unión de los sexos, realizáis también la profecía del Apóstol reprobando las nupcias, única y honesta justificación de la unión carnal. […] De donde se sigue que, si vosotros pretendéis tener una mujer, no es para engendrar hijos, sino para satisfacer la concupiscencia. Pero el matrimonio, según las leyes nupciales, es la unión de un hombre y de una mujer con el fin de engendrar hijos; y a cualquiera que le parezca mayor crimen la generación que la unión, por esto mismo prohíbe las nupcias: hace de la mujer, más bien que esposa, una prostituta, que por regalos se entrega al hombre para satisfacción de su concupiscencia. Allí donde la mujer es esposa, allí hay matrimonio; pero no hay matrimonio donde se impide la maternidad; allí no hay esposa”.
- San Agustín, Del matrimonio y la concupiscencia, libro primero, #17: “A veces llega a tanto esta libidinosa crueldad o, si se quiere, libido cruel, que emplean drogas esterilizantes, y, si éstas resultan ineficaces, matan en el seno materno el feto concebido y lo arrojan fuera, prefiriendo que su prole se desvanezca antes de tener vida, o, si ya vivía en el útero, matarla antes de que nazca. Lo repito: si ambos son así, no son cónyuges, y, si se juntaron desde el principio con tal intención, no han celebrado un matrimonio, sino que han pactado un concubinato. Si los dos no son así, digo sin miedo que o ella es una prostituta del varón o él es un adúltero de la mujer”.
- San Agustín, De las uniones adulterinas, libro segundo, cap. XII: “Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judá, por lo cual Dios le quitó la vida (cf. Gen. 38, 8-10)”.
- San Cesáreo de Arlés, Advertencia a los que, teniendo esposa, no se sonrojan de cometer adulterio: “No le aprovecha el nombre de Cristiano a quien no solo no cumple lo que el Señor le ordena, sino también a quien perpetra el mal contra sus preceptos. Cada vez que él se une a su esposa sin un deseo de tener hijos… sin lugar a dudas que comete pecado”.
- San Cesáreo de Arlés, Sermón 54: “Ninguna mujer debe absorber drogas para provocarse un aborto, ni matar a sus hijos que van a nacer o ya han nacido, pues la que esto hace, sepa que tendrá que debatirse ante el tribunal de Cristo con aquellos que haya matado. Ni tampoco deben absorber mezcla diabólica que las haga incapaces de concebir posteriormente. Toda mujer que haga esto sepa que se hace culpable de tantos asesinatos cuantos hijos hubiese podido dar a luz”
- Santo Tomás de Aquino, Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, Sentencia IV, distinción 32, al inicio: “El uso contra la naturaleza del matrimonio es siempre pecado mortal, pues los hijos no pueden ser engendrados y se frustra totalmente la intención de la naturaleza”.
- Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, libro tercero, cap. CXXII: “Después del pecado del homicidio, por el que la naturaleza humana ya existente queda destruida, el pecado más grave es el de impedir que sea engendrada una nueva naturaleza humana”.
- Beato Inocencio XI, Decreto contra el laxismo moral, 2 de marzo de 1679: “La proposición 9: El acto del matrimonio, practicado por el solo placer, carece absolutamente de toda culpa y de defecto venial – Condenada y prohibida, tal como está, por lo menos como escandalosa y perniciosa en la práctica”.
- Suprema Congregación del Santo Oficio, Decreto del 21 de mayo de 1851: “1º La proposición: Es lícito a los cónyuges usar del matrimonio, por razones honestas, con el uso de Onán (Gen 38, 8 ss.) – Escandalosa, errónea y contraria al derecho natural del matrimonio. 2º La proposición: Es probable que este uso del matrimonio no esté prohibido por el derecho natural – Escandalosa, y entre otras implícitamente condenada por Inocencio XI (Decreto del 2 de marzo de 1679, proposición 49)”.
- A una madre de muchos hijos, que estaba a punto de ser madre una vez más y que estaba angustiada por su avanzada edad, San Juan Vianney le dijo: “¡Consuélate, hija mía, si supieras de esas mujeres que se van al Infierno porque no trajeron al mundo esos niños que debían haber nacido!”.
- Papa Pío XI, Casti connúbii, #20, 31 de diciembre de 1930: “Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta”.
Los textos son una selección libre tomada de José Luis Rondón Santos
¿ Cómo puede ser un verdadero Papa y,además, canonizado quien promueve el pecado mortal?
DEBATE: ¿CÓMO Y QUIÉN PUEDE ELEGIR UN PAPA CUANDO LA SEDE ESTÁ VACANTE?
Queremos publicar en esta categoría de artículos (Disputatio) todas las soluciones teológicas respecto a cómo y quiénes tienen legitimidad para elegir un Papa cuando la Sede está vacante, es decir, cuando el que ocupa la Sede de Pedro no es el verdadero Papa.
Debemos como católicos creer las siguientes verdades reveladas por Cristo y enseñadas como dogmas por la Iglesia, para que cualquier solución teológica que se aporte no se aparte de la fe católica:
1. Conocemos las cosas que debemos creer de la Iglesia Católica con el Papa y con los obispos, a través de los cuales Dios nos habla.
2. La Iglesia (papa y obispos) ciertamente nunca puede enseñarnos la falsedad porque el Espíritu Santo permanece con ella para siempre.
3. Infalibilidad significa que la Iglesia (papa y obispos) no puede equivocarse cuando enseñan cosas de fe y moral.
4.- Todo hereje o cismático sale fuera de la Iglesia, ipso facto, abandona el Cuerpo de Cristo y deja de ser miembro y pierde toda jurisdicción sobre los fieles, porque no puede ser cabeza del Cuerpo quien ni siquiera es miembro del mismo.
5.- Contrario a la enseñanza de la Iglesia y blasfemo: el Papa puede enseñar el error a veces e imponer prácticas y leyes dañinas o perversas sobre la Iglesia Universal.
6.-Contrario a la enseñanza de la Iglesia: podemos resistir la autoridad del Papa.
7. Es de fe que el primado de Pedro tenga perpetuos sucesores.
Todas las aportaciones que nos envíen manteniendo la doctrina católica señalada se publicarán en esta categoría. Y puesto que el error y la herejía no tienen ningún derecho, advertimos que no se publicará ninguna aportación que defienda los errores y herejías conciliares, ni que patrocine la posición no católica de reconocer como papa a un hereje, a la vez que se le desobedece: FSSPX, Resistencia de Mons. Williamson, Faure, Zendejas, Dominicos de Avrillé; cuyos seguidores también pueden, naturalmente, escribir, pero sin manifestar el error de reconocer y resistir en este espacio; ni tampoco las que niegan la infalibilidad del Magisterio Ordinario de la Iglesia y del Papa, o la reducen a puntuales y escasos pronunciamientos, de los que ellos mismos, cual buenos lefebrvianos ( * ver nota sobre el significado del término), son los auténticos interpretes, erigiéndose así en clerigus vagus, cuasi papas.
Cuando decimos que la Cátedra de San Pedro está vacante, nos referimos principalmente a que el hombre que reclama ese puesto (actualmente Jorge Bergoglio, o antes Ratzinger, Wojtyla, Montini ) no es de hecho Papa , y que, por lo que sabemos , no hay un Papa legítimo que reine actualmente. Por supuesto, no se excluye absolutamente la posibilidad de que haya un verdadero Papa, de hecho reinante; pero si lo hay, no sabemos quién es y no hemos visto evidencia empírica de su existencia concreta. Por lo tanto, al menos en lo que nos concierne, no insistimos absolutamente en que no hay Papa, solo en que los modernistas en el Vaticano que reclaman el puesto definitivamente no son ocupantes válidos y que no podemos señalar a nadie que sea un válido ocupante. Esto último puede ser el resultado de nuestras propias limitaciones, sin duda; pero el punto es que queremos evitar decir que hay un Papa reinando cuando no tenemos respuesta a la siguiente pregunta lógica: “¿Quién es él?”
Del mismo modo, cuando insistimos en que los apóstatas modernistas que afirman ser la jerarquía católica romana en realidad no lo son porque no pueden serlo por haber caído en la herejía, no insistimos en que no haya absolutamente ninguna jerarquía. Tal idea no es defendible frente a la enseñanza católica citada anteriormente, y el Papa Pío IX explícitamente rechazó como blasfema la idea de que la Iglesia puede perecer. Condenando a los llamados Viejos Católicos que repudiaron la definición de infalibilidad papal del Concilio Vaticano, el Papa escribió en 1873: “Por lo tanto, niegan también la indefectibilidad de la Iglesia y declaran blasfemamente que ha perecido en todo el mundo y que su Cabeza visible y los obispos se han equivocado “( Encíclica Etsi Multa , 22).
No puede ser, y no es, una cuestión de que la Iglesia perezca porque la promesa de Cristo es veraz e infalible. La Iglesia Católica es indestructible e indefectible. Ella durará hasta el final de los tiempos, o, en todo caso, mientras haya seres humanos, porque ella es el Arca de la Salvación para ellos. ¡Dios mismo lo garantiza!
Sin embargo, qué significa exactamente esto con respecto a la jerarquía es una pregunta separada. Por ejemplo, ¿es necesario que al menos la sede papal esté siempre ocupada en acto o solo requiere que la Iglesia sea en todo momento capaz en potencia de tener su sede ocupada en y con sus cargos jerárquicos, especialmente del Papa del que emana toda jurisdicción? Si es esto último, ¿en qué consiste exactamente esta capacidad? La Historia de la Iglesia nos muestra que, a veces, transcurrieron muchos meses durante los cuales la Sede de Pedro estuvo vacante desde la muerte de un Papa hasta la elección del siguiente; por ejemplo, en septiembre de 1271 se eligió Papa a Gregorio X, que no era sacerdote, pero el Papa anterior, Clemente IV, había muerto en noviembre de 1268, habiendo transcurrido, pues, casi tres años sin Papa. Lo cual parece decirnos que la Iglesia conserva la capacidad de dotarse de jerarquía siempre, muy especialmente del Papa. Ahora, bien, de esta enseñanza de la Historia de la Iglesia surgen nuevas preguntas que necesitan respuestas, tales cómo ¿Quién tiene en la Iglesia la capacidad de hacer la elección de un Papa? Si decimos en la situación actual son aquellos que tienen jurisdicción, habrá que preguntarse, pues ¿Cómo pueden tener jurisdicción aquellos que no la han recibido de un Papa legítimo, único del cual proviene la jurisdicción a toda la Iglesia? La pregunta es legítima, puesto que todas las tesis admiten que quien ocupa actualmente la sede de San Pedro no tiene ninguna jurisdicción- tanto la tesis de sede vacante llamada de Cassiciacum, como la total-; por lo tanto, estos últimos «papas» no han podido dar ninguna jurisdicción, porque nadie da lo que no tiene. Mas nos seguimos preguntando ¿ Habrá otras instituciones en la Iglesia a las que descienda esa capacidad en caso de defección de los que ostentan ordinariamente ese derecho?
Estas son preguntas importantes que merecen una respuesta. En la medida en que puede haber un debate legítimo sobre los detalles, no vamos a tomar una posición firme en cualquier sentido, y publicaremos todas, excepto aquellas ya citadas más arriba u otras que no sostengan la doctrina infalible de la Iglesia en sus soluciones. Este es, pues, el marco en el que el debate es legítimo. Fuera de estos límites no hay legitimidad.
Que cada parte dé las pruebas de su posición; Que cada parte demuestre que puede explicar mejor la situación en la Iglesia Católica después de la muerte del Papa Pío XII sin contradecir nunca la enseñanza de la Iglesia. No necesitamos haberlo descifrado todo; muchas veces a través de dicho debate se obtiene claridad y se descubren nuevos conocimientos.
La belleza del don de la fe es que podemos afirmar nuestra creencia en el dogma incluso si no lo entendemos o no lo podemos reconciliar por completo. La verdad de lo que Dios ha revelado es absolutamente cierta, y la Revelación divina, al menos en la medida en que ha sido propuesta por la Iglesia, exige todo nuestro asentimiento.
Por último, pedimos encarecidamente que loas aportaciones estén formadas en la Caridad. Pedimos argumentos, no insultos a las personas. Por nuestra parte iremos subiendo en esta categoría escritos de unos y otros, siempre que respeten los principios señalados arriba, para ayudar al entendimiento de los católicos.
(*) Con la expresión lefebrvianos queremos indicar, no un juicio anacrónico sobre mosn. Lefebrve, al que respetamos, sino a todos aquellos que en lugar de seguir el espíritu de su acción en aquellos tiempos confusos, se quedaron en la letra y se afianzaron en su error principal: reconocer a un hereje como verdadero papa y resistirlo. Si su posición errada en este punto fue, quizá, disculpable en los años setenta y ochenta, época en la que tuvo que enfrentarse, junto a unos pocos, a cientos de obispos encabezados por un hereje usurpando la Cátedra de San Pedro, y le sirvió a él para salvarse, hoy en día, sabemos que, definitivamente, no es una posición católica reconocer a un hereje como papa y, por lo tanto, esa posición no tiene por qué servir para salvar las almas de los que no retuvieron más que su mayor error, entre sus muchas virtudes y, en especial, su ansia de verdad y su sincero intento de defender la tradición. No nos cabe duda que hoy, con lo que ha llovido, Mons. Lefebvre hubiera declarado que la Sede de San Pedro está y ha estado vacante desde el Concilio Vaticano II: Es ese su espíritu, como se lo preguntó él mismo públicamente en varios sermones, diciendo «Hay que pensar que éste «papa»- Wojtyla- tal vez no sea verdadero papa«. A él le debemos mucho, pero no sólo a él, pues fue Mons. Thuc, y no mons. Lefebrve, quien declaró que la Sede de Pedro estaba vacante, dando así la única explicación verdaderamente católica a la posición de la Tradición encabezada por Mons. Lefebvre y que se había formado para resistir al modernismo. Sin duda la lucha titánica de mons. Lefebrve fue decisiva frente al modernismo, por lo cual le estaremos agradecidos siempre, pero la parresía de mons. Thuc abrió las mentes a una posibilidad increíble para los católicos de entonces: que la única solución católica era considerar que Wojtyla no era verdadero papa; pues a un verdadero Papa no se le puede resistir y quien le resiste se pierde eternamente sin remisión, como señalan varios concilios, doctrina que es de fe. Gracias también, pues, a Mons. Thuc por dar una solución católica y una gran paz a las almas que se encontraban angustiadas pensando que estaban desobedeciendo al Papa; sin duda que su batalla no fue tan titánica ni prolongada, además de cometer otros errores, pero su acción fue la propia de una virtud heroica, pues ¿Que obispo se atrevía, entonces, a declarar la Sede vacante? Se necesitaba para ello un grado alto de heroicidad. Gracias, pues, a Mons. Lefebrve, pero no deseamos recibir en herencia su error; y gracias a Mons. Thuc, pero tampoco queremos heredar sus fallos. Pero sobre todo, gracias a Dios, pues «¿qué tienes que no hayas recibido? y si lo recibiste ¿de qué te glorías?«. Más ni a uno ni otro los convertimos en dioses, y ya que ellos no se dieron gloria, no hurtemos nosotros la que debemos sólo a Dios, pues ambos eran humanos, y ambos cometieron errores. Falta el sentido común a quien repite los errores de Mos. Lefebvre, como si a éstos le disculparan las circunstancias que vivió el obispo, y sólo con seguirlo como discípulos y papagayos les fuese suficiente para salvar la fe católica, y su alma. Igual le faltaría el sentido común a quien se obstinara en repetir los errores de Mons. Thuc. Es a éstos que idolatran al hombre Lefebvre con sombras y luces a los que llamamos lefebvrianos errados; y hoy pasado de sobra aquellos años turbulentos de los 70s y 80s, y habiendo tenido todos los elementos de la doctrina infalible de la Iglesia y décadas de reflexión, estos lefrebvianos son nada más que heterodoxos, porque niegan varias de las doctrinas infalibles sobre el papado y la Iglesia: casi todas las que hemos puesto al principio de esta entrada. Recordar, que sólo seguimos a Cristo, y a nadie más, el cual nos envió al Espíritu Santo que guía a la Iglesia y habla por su magisterio, el cual no puede contener errores en la fe, y que quien niega esta doctrina infalible, sale fuera de la Iglesia, y si no se convierte antes de su muerte, se pierde. Sin la fe inmaculada nadie puede salvarse. Ahh, dirán algunos lefebvrianos : pero nosotros somos tradicionales desde hace décadas y no promovemos la promiscuidad como los conciliares y somos castos; a lo que respondemos: muy bien, pero también las vestales y miles de maniqueos eran vírgenes y castos y no se salvaban; otros dirán, pero nosotros tenemos muchos hijos, no somos como los modernistas que tienen la parejita; a lo que respondemos: muy bien nada haces de más, pero también los musulmanes tiene muchos hijos y no se salvan; otros dirán, pero nosotros no promovemos el aborto; a lo que respondemos: muy bienm pero tampoco los mormones ni los protestantes de la iglesia evángelica radical ni los musulmanes y no se salvan; y otros dirán, pero nosotros sólo vamos a Misa tradicional y llevamos velo, etc. y no aceptamos el novus ordo; a lo que respondemos muy bien,pero también los arrianos, monotelitas, y los juramentados seguían el rito católico tradicional, y muchos herejes, y sin embargo no se salvan; pero nosotros ayunamos, rezamos, nos mortificamos, responderán otros; a lo que respondemos: muy bien, pero también Orígenes se mortificada y hasta se castró entendiendo literalmente el Evangelio, y murió «mártir» a mano de los romanos siendo hereje, y los herejes no se salvan. No queremos decir que todas esas virtudes no sean necesarias, sino que de nada sirven si se niega cualquier parte de la doctrina infalible de la Iglesia. Sin la fe inmaculada no puede haber Caridad, y quien muere sin la Caridad, eternamente se pierde. Quien niega una sola doctrina infalible de la Iglesia sale fuera de ella, porque niega el objeto formal de fe quo y quod. (Santo Tomás de Aquino).
PAPA HAERETICUS DEPOSITUS EST
PAPA HAERETICUS DEPOSITUS EST
San Alfonso María de Ligorio

Nota de la redacción: Fue Mons. Thuc, siguiendo la doctrina de S. Alfonso María de Ligorio, y no Mons. Lefebvre, quien siempre quiso ser considerado una parte, a su modo, de la iglesia conciliar y ser reconocida por ella, quien declaró la Sede Vacante ante las herejías de Wojtyla.
«6°. Nuestros adversarios nos objetan además el Canon «Si Papa», en el cual el papa Bonifacio, mártir, declaró que el Soberano Pontífice no debe ser juzgado por nadie, a menos de que sea convicto de haberse apartado de la fe: «A nemine est iudicandus, nisi deprehendatur a fide devius» (cap. 6, dist. 40). He aquí, sobre esto, el razonamiento de nuestros contradictores: el Papa es pues capaz de caer en la herejía; ahora bien, si es capaz de caer, no puede ser infalible.
Respondemos que si alguna vez el Papa, como persona privada, cayese en la herejía, se vería al instante despojado del pontificado; pues, como estaría entonces fuera de la Iglesia, ya no podría ser jefe de la Iglesia. En ese caso, la Iglesia por consiguiente debería, no deponerlo —puesto que nadie tiene autoridad sobre el Papa— sino declararlo depuesto del pontificado. Hemos dicho: «Si el Papa, como persona privada, cayese en la herejía», pues el Papa, en cuanto Papa, es decir, dando sus enseñanzas ex cathedra a la Iglesia universal, no puede enseñar ningún error contra la fe, dado que la promesa de Jesucristo no puede dejar de realizarse, a saber, que las puertas del infierno no prevalecerían jamás contra la Iglesia. Y es aquí el lugar de recordar esta célebre sentencia de Orígenes: es evidente que si las puertas del infierno prevaleciesen contra la piedra sobre la cual está construida la Iglesia, prevalecerían también contra la Iglesia misma: «Manifestum est quod si praevalerent [inferorum portae] adversus petram in qua Ecciesia fundata erat, contra Ecclesiam etiam praevalerent» (In Matth. 16,18 et apud Bellarmino: de Romano Pontífice, liber 4, cap. 3)». (Cap. VIII, in fine, pp. 231-232).
«Febronio alega el hecho de Inocencio II, quien al rey de Francia Felipe-Augusto, que le solicitaba le acordase dispensa para romper su casamiento con Ingelburga, le dio esta respuesta: Si tratásemos de tomar alguna determinación a este respecto sin la deliberación de un Concilio general, pondríamos quizás en peligro nuestra dignidad y nuestro cargo, sin hablar de la ofensa a Dios de la que podríamos ser culpables por ello: «Si super hoc absque generalis deliberatione Concilii determinare aliquid tentaremus, praeter divinam offensam quam ex eo possemus incurrere, forsan ordinis et officii nobis periculum immineret» (Epist. 1. 15, ep. 106. edit. Baluz). Febronio y otros de nuestros contradictores infieren de allí que el Papa Inocencio se sujetó al Concilio, o al menos confesó con esas palabras que podía ser depuesto por ese Concilio, si dispensaba ese matrimonio contra la ley divina.
Pero esa conclusión no es de ningún modo lógica. Pues, responderemos, está fuera de duda que si un Papa fuese un herético declarado, como lo sería el que definiese públicamente una doctrina opuesta a la ley divina, él podría, no ser depuesto por el Concilio, sino ser declarado depuesto del pontificado en su calidad de hereje; y allí estaba el peligro que señalaba el papa Inocencio, es decir, el de ser privado de su dignidad y de su cargo. Por eso había dicho primeramente en esta misma carta, que no osaba decidir ese punto contrariamente al Evangelio, donde se dice que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido: «Quod… Deus coniunxit, homo non separet» (Mat. XIX,6). Pero, como el peligro estaba muy alejado y que, por otra parte, el Soberano Pontífice buscaba librarse por alguna excusa aparente de los urgentes pedidos del rey respecto a la dispensa, se sirvió de esas expresiones oscuras y dudosas: «Pondríamos quizás en peligro nuestra dignidad y nuestro cargo» (Cap. IX, pp. 262-263).
(OEUVRES COMPLÉTES DE SAN ALPHONSE DE LIGUORI, Docteur de l’Église. Oeuvres dogmatiques, t. IX: Traités sur le Pape et le Concile: «Dérense du pouvoir supréme du Souverain Pontlf e contre Justin Fébronlus» 1881; réimpressiom 1975, Gent, Belgium).
(Trad.: G. D. C.)
Sobre la autoridad de San Alfonso
SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO (1696-1787), canonizado en 1839 (fiesta: 2 de agosto), fue proclamado DOCTOR DE LA IGLESIA en 1871 por Pío IX y patrono de confesores y moralistas en 1952 por Pío XII.
Señalemos brevemente tres pruebas de su autoridad doctrinal:
Bula de canonización (Gregorio XVI, 26-5-1839):
«Plurimos sane conscripsit libros… ad asserenda huius Sanctae Sedis Apostolicae jura…; In iis porro Inusitatam vim, copiam varietatemque doctrinae, singularia eccleslasticae sollicitudinis exquisitum religionis studium, demirari licet».
(Escribió por cierto varias obras… para afirmar los derechos de esta Santa Sede Apostólica…; en ellas se puede admirar un vigor extraordinario, una ciencia extensa y variada, notables pruebas de su celo sacerdotal y su empeño poco común por la religión).
Henri RAMIERE, s.j. (1821-1884), promotor del Apostolado de la oración y de la devoción al Sagrado Corazón:
Afirma que el testimonio de San Alfonso en estas materias es muy grave y equivale a muchos otros, pues es el testimonio del más santo, del más moderado, del más sabio, del más autorizado de los Doctores que Dios haya dado a su Iglesia en estos últimos siglos. («Messager du Coeur de Jésus», t. 15, p. 275; t. 16, p. 1, 1869).
BREVIARIUM ROMANUM (2 de agosto; lectio VI, in fine):
«…tandem Pius nonus Pontifex Maximus, ex sacrorum Rituum Congregationis consulto, universalis Ecclesiae Doctorem declaravit».
(…finalmente el Papa Pío IX, por decreto de la Sagrada Cogregación de Ritos, lo declaró Doctor de la Iglesia universal).
Vº DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
QUINTO DOMINGO DESPUES DE PASCUA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
El quinto domingo después de Pascua, es llamado en la Iglesia griega, el domingo del Ciego de nacimiento, porque en él se lee el relato del Evangelio en que se refiere la curación de este ciego. Se llama también el domingo del Episozomeno, que es uno de los nombres con el que los griegos designan el misterio de la Ascensión, cuya solemnidad, entre ellos como entre nosotros, interrumpe el curso de esta semana litúrgica.

MISA
Isaías presenta la materia del Introito. Su voz convida a todas las naciones de la tierra a celebrar la victoria que Cristo resucitado ha traído y cuyo precio ha sido nuestra liberación.
INTROITO
Anunciadlo con voz jocunda, y sea oído, aleluya: anunciadlo hasta el fin de la tierra: el Señor ha libertado a su pueblo, aleluya, aleluya. — Salmo: Canta jubilosa a Dios, tierra toda, decid un salmo a su nombre: glorificad su alabanza. V. Gloria al Padre.
En la Colecta la Santa Iglesia nos enseña que nuestros pensamientos y nuestras acciones, para ser meritorias para la vida eterna, necesitan de la gracia que inspire las unas y ayude nuestra voluntad para cumplir las otras.
COLECTA
Oh Dios, de quien proceden todos los bienes: danos, a los que te suplicamos, la gracia de que, con tu inspiración, pensemos lo que es recto, y de que, con tu dirección, lo hagamos. Por el Señor.
EPISTOLA
Lección de la Epístola del Ap. Santiago.
Carísimos: Sed obradores de la palabra, y no sólo oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque, si alguien es oidor de la palabra, y no obrador, este tal será comparado a un hombre que contempla en un espejo su rostro natural: se mira, y se va, y al punto se olvida de cómo es. Mas, el que contemplare la ley perfecta de la libertad, y perseverare en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de obra, este tal será bienaventurado en su acción. Y, si alguien cree que es religioso, no refrenando su lengua, sino engañando a su corazón, la religión de ese tal es vana. La religión pura e inmaculada ante Dios y el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos, y a las viudas, en su tribulación, y conservarse inmaculado de este mundo.
LAS OBLIGACIONES DE NUESTRA VIDA NUEVA. — El Santo Apóstol, cuyos consejos acabamos de escuchar, había recibido las enseñanzas del Salvador resucitado; no debemos, pues, admirarnos del tono autoritario con que nos habla. También Jesús se había dignado concederle una de sus manifestaciones particulares: esto nos demuestra el afecto con que distinguía a este apóstol, al que le unían los lazos de la sangre por su madre, llamada también María. Hemos visto a esta santa mujer dirigirse al sepulcro, con Salomé su hermana, en compañía de Magdalena. Santiago el Menor es verdaderamente el Apóstol del Tiempo Pascual, en que todo nos habla de la vida nueva que debemos llevar con Cristo resucitado. Es el Apóstol de las obras y quien nos ha trasmitido esta máxima fundamental del cristianísimo, que si la fe es necesaria ante todo para el ¡cristiano, esta virtud, sin las obras, es una fe muerta que no puede salvarle,
Insiste hoy sobre» la obligación que tenemos de cultivar en nosotros mismos la atención a las verdades que primeramente hemos comprendido y de mantenernos en guardia contra este olvido culpable que causa tantos estragos en las almas inconsideradas. Entre estos en quienes se ha realizado el misterio de la Pascua, algunos no perseverarán en él; y les sucederá esta desdicha porque se entregaron al mundo, en lugar de usar del mundo como si no usasen. Recordemos siempre que debemos caminar en una vida nueva, a imitación de aquella de Jesús resucitado que no puede ya morir.
Los dos versículos del Aleluya celebran el esplendor de su resurrección; pero en ellos ya se anuncia su Ascensión próxima. Salido del Padre eternamente, bajado en el tiempo hasta nuestra terrestre morada, nos advierte que dentro de pocos días va a remontarse a su Padre.
Aleluya, aleluya. V. Resucitó Cristo, y nos iluminó a los que redimió con su sangre. Aleluya. V. Salí del Padre, y vine al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: En verdad, en verdad os digo: Si pidiereis algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no le habéis pedido nada: Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea pleno. Os he dicho estas cosas en proverbios. Ya llega la hora en que no os hablaré en proverbios, sino que os hablaré claramente del Padre. En aquel día pediréis en nombre mío: y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros: porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí del Padre. Salí del Padre, y vine al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Dijéronle sus discípulos: He aquí que ahora hablas claramente, y no dices ningún proverbio. Ahora sabemos que lo sabes todo, y no es preciso que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.
EL ADIÓS DE CRISTO. — Cuando el Salvador, en la última Cena, anunció de este modo a sus apóstoles su próxima partida, estos estaban aún lejos de comprender lo que significaba. Con todo; ya creían «que había salido de Dios». Pero esta creencia era vacilante, ya que no debía tener una realización inmediata. En los días en que nos encontramos, rodeando a su Maestro resucitado, iluminados por sus palabras, lo llegan a comprender mejor. Ha llegado el momento «en que no les habla ya en parábolas»; hemos visto qué enseñanzas les da, cómo, les prepara para ser los doctores del mundo. Ahora pueden decirle: «Oh Maestro, verdaderamente has salido de Dios.» Pero por esto mismo comprenden ya la pérdida de que son amenazados; tiene la idea del vacío inmenso que su ausencia les hará sentir.
Jesús comienza a recoger el fruto que su divina bondad sembró en ellos y que esperó con una paciencia tan inefable. Si en el Cenáculo el Jueves Santo les felicitaba ya por su fe; ahora que le han visto resucitado, que le han oído, merecen sus elogios pero de un modo muy distinto, porque se han hecho más ñrmes y más fieles. «El Padre os ama—les decía entonces—porque vosotros me amáis»; ¿cuánto más debe amarlos el Padre ahora que su amor se ha acrecentado? Estas palabras deben infundirnos también a nosotros esperanza. Antes de la Pascua nosotros amábamos flojamente al Salvador, estábamos vacilantes en su servicio; ahora que hemos sido instruidos por El, fortalecidos por sus misterios, podemos esperar qüe el Padre nos amará, porque nosotros amamos más, amamos mejor a su Hijo. Este divino Redentor nos invita a pedir al Padre en su nombre todas nuestras necesidades. La primera de todas es nuestra perseverancia en el espíritu de la Pascua; insistamos para obtenerla y ofrecazmos a esta intención la Santa Víctima que dentro de pocos instantes será presentada sobre el altar.
El Ofertorio, tomado de los Salmos, es canto de acción de gracias. El fiel, unido a Jesús resucitado, le ofrece a Dios que se ha dignado estabilizarle en la vida nueva, haciéndole partícipe de sus misericordias las más escogidas.
OFERTORIO
Bendecid, gentes, al Señor nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza: El dió vida a mi alma, y no permitió que resbalaran mis pies: bendito sea el Señor, que no desoyó mi oración, ni alejó su misericordia de mí, aleluya.
En la Secreta, la Iglesia pide para nosotros la entrada en la gloria celestial cuyo atrio es la Pascua terrestre. Todos los misterios obrados aquí abajo tienen por fin santificarnos, para prepararnos a la visión y la posesión eterna de Dios.
SECRETA
Recibe, Señor, las preces de los fieles con las oblaciones de las hostias: para que, por estos actos de nuestra piadosa devoción, pasemos a la celeste gloria. Por el Señor.
La Antífona de la Comunión es un cántico de júbilo que expresa la alegría continua de la Pascua.
COMUNION
Cantad al Señor, aleluya: cantad al Señor, y bendecid su nombre: anunciad bien de día en día su salud, aleluya, aleluya.
La Santa Iglesia nos sugiere en la Poscomunión la fórmula de nuestras súplicas a Dios. Es necesario desear el bien; pidamos este deseo y continuemos nuestra oración hasta que el bien mismo nos llegue. La gracia descenderá entonces y ella hará en nosotros que no la despreciemos.
POSCOMUNION
Danos, Señor, a los saciados con la virtud de la mesa celestial, el desear lo que es recto, y el conseguir lo deseado. Por el Señor.
CRITICA DE LA FILOSOFÍA CARTESIANA
Crítica de la filosofía cartesiana
CENSURA DE LA FILOSOFÍA CARTESIANA
Pedro Daniel Huet Obispo designado de Soissons
Traducido del latín por Patricio Shaw
1690
PREFACIO
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CAPÍTULO PRIMERO.
Examen del dictamen de Descartes sobre la duda, y sobre la argumentación “Yo pienso, luego soy”. |
I. El fundamento de la filosofía cartesiana es la duda.
Descartes constituyó en la duda el fundamento de toda su filosofía. Y no nos manda dudar con levedad ni descuido, sino de modo de tomar todas las cosas por inciertas, y no sólo por inciertas, sino absolutamente por falsas, y no solamente cualesquier cosas que hasta el presente nos hayan sido inciertas o verosímiles, sino también las que nos han parecido certísimas, sin exceptuar aquellos principios que se dicen ser conocidos por sí mismos y en la luz natural, tales como “dos más dos hacen cuatro”, “El todo es mayor que su parte”, y “Las cosas que son iguales a una, son iguales entre sí”, y por ende, según esta ley, también se incluyen los teoremas de los geómetras que se apoyan en estas nociones. Decreta que tengamos por ficciones los cuerpos que vemos y tocamos y el mundo entero que nos rodea, y que juzguemos incierto si nosotros mismos existimos. Es manifiesto que una duda tan patente y tan amplia comprende absolutamente todo, al punto de que el alma no se quede con nada en lo que pueda duda sostenerse.
II. Por qué Descartes puso el fundamento de su filosofía en la duda.
Descartes presenta como causas de este precepto el hecho de que con frecuencia experimentamos que los sentidos son falaces, que bajo el sueño resultamos sentir muchas cosas que no existen en ninguna parte y que las cosas que nos aparecen en sueños no las podemos distinguir de las que sentimos en vigilia; que la razón humana es oscura y lúbrica; por fin, que no sabemos si Dios nos quiso hacer rales que siempre erremos, aún en aquellas cosas que nos parecen conocidísimas. Hay que advertir y examinar circumspectamente qué implican y adónde llevan estas palabras, para evitar que más tarde Descartes, habiéndonos encerrado consigo en estas estrecheces y rodeado de estas tinieblas de desconocimiento, trate de sacarnos incautos y desconocedores a la luz abierta del conocimiento. Dice que hay que dudar de todo sin exceptuar en nada ninguna cosa para que se eviten los errores y se llegue a la verdad, porque los sentidos y la razón frecuentemente nos engañan, y no sabemos si Dios nos creó tales que siempre nos engañemos. A partir de esta sentencia se abre camino a la filosofía: aquí da arranque a sus meditaciones y a sus principios de filosofía: estas cosas inculca en diversas partes, estas cosas ofrece.
III. Descartes abandonó el propósito de dudar antes de observarlo.
En esto lo primero digno de reprensión es que quien había establecido dudar sobre todas las cosas para percibir la verdad, para mejor dudar decretó tener las cosas no ya por inciertas sino por completamente falsas. Y esto contraría manifiestamente su propósito. Porque quien tiene una cosa por falsa, no duda sobre ella más que quien la tiene por verdadera, y afirma que es falsa. Pero quien asiente, cree y afirma, no duda; duda, en cambio, quien retiene su asentimiento y tiene por incierto si la cosa es verdadera o falsa.
IV. Establece la primera noticia de verdad en el “Yo pienso, luego soy”.
A inmediata continuación, buscando ansiosamente una chispa de verdad, cree haber encontrado esta primera: aunque siempre yerre, aunque siempre duerma y sueñe, aunque esté condenado por Dios a la perpetua ignorancia y a los errores desde su mismo origen, por cuanto, sin embargo, piensa sobre todas estas cosas, necesariamente es. En efecto, “repugna —estas son sus propias palabras— que pensemos que lo que piensa no existe en el mismo tiempo en que piensa”. Así éste es el primer inicio firme, estable y sólido de toda verdad, y el fundamento de toda la filosofía es este: “Yo pienso, luego existo”. Veamos ahora cómo es esto.
V. Aquí pone como concedido lo que se busca.
Digo primero que Descartes pone como concedido lo que se busca, busca si es, y con razón, porque quien quiere dudar de todas las cosas, también debe dudar si es, y de eso profesó dudar Demócrito. Entonces para prober que es, dice: “Yo pienso, luego soy”. ¿Pero qué es aquel “yo”? Pues alguna cosa que es. Busca si es y asume que es. Por tanto asume lo buscado por concedido.
Luego, ¿qué es “yo pienso”? Es “yo soy pensante”. Esto es componer este argumento: “Yo soy pensante, luego soy”. Argumento que se reduce al de Crisipo “Si luce, luce; pero luce; luego luce”. “Si soy, soy; pero soy; luego soy”. Aquí asumo que soy para probar que soy y admito aquel círculo vicioso de argumentar.
Además al decir que piensa, no solamente asume ser, sino que asume ser una cosa que actúa, en lo cual asume como cierta y confesa tanto la cosa que es como la acción de esta cosa. Sabemos que hubo varones agudos y doctos que en otro tiempo habrían respondido a Descartes en el hallazgo de este argumento, que ese “yo pienso” no es nada más cierto que todo lo demás que él tuvo por falso. Y con buena razón, porque quien duda si es, puede dudar si piensa. Y eso Descartes no lo pudo defender con otro recurso que el que él mismo se había quitado, a saber, la luz natural, a la cual había mandado negarle toda fe por completo. Es más: el fundamento de ese argumento es: “Quien piensa, es”, y lo debió anteponer para que el argumento obtuviera esta forma legítima: “Quien piensa, es; yo pienso; luego yo soy”. Y otra vez Descartes abandona lo prometido y falta a su palabra y asume por verdadero lo que no es menos dudoso que las demás cosas que guió a tener por falsas. Hasta tal punto es desmemoriado de su propósito magnífico y general de tener todas las cosas por falsas. Si hubiera perseverado constantemente en este propósito, como convenía a un filósofo, al momento de ocurrírsele a su espíritu ese “Yo pienso”, lo habría tomado por falso al igual que lo demás. Y si por el contrario eso debía eximirse de la ley general de tener todo por falso, esa ley fue temeraria e incauta. Antes de someterle su espíritu habría debido juzgar si no había nada que exceptuarle.
VI. Del enunciado “Yo pienso”, no puede colegirse “Luego soy”.
Hemos examinado el enunciado antecedente “Yo pienso”; veamos además qué colige Descartes de ahí. ¿Qué pasa si negáramos que esto se concluye de aquello de donde él saca sus argumentos comprobadores? Porque eso son las reglas de la lógica, pero él mandó tener todas las cosas por faltas, y con esa razón también las reglas de la lógica. ¿Qué pasa si decimos que aunque se dé por verdadero que es él quien piensa, también puede ser verdadero que no es él quien piensa? Porque el dictamen de Descartes es que Dios puede hacer que enunciados contrarios y repugnantes puedan ser verdaderos al mismo tiempo. De donde se sigue que puede darse que quien piensa, sea y no sea. Y si es tan verdadero que el que piensa no es como que es, vea Descartes si puede producir algo cierto su argumentación de la cual pueden producirse cosas tan contrarias. Él insistirá otra vez y dirá que repugna que aquello que piensa no sea mientras piensa. Y nosotros también, con igual derecho, diremos que repugna que aquello que es no sea mientras es. Por lo tanto, como Descartes enseñó que estas cosas pueden sostenerse al mismo tiempo, aunque repugnen, también pueden sostenerse estas: que alguien piense y no sea.
VII. La noción “Yo pienso, luego soy”, no es la primera de todas
A esto se añade que a esta “proposición” (porque así la llama Descartes) “Yo pienso, luego soy”, que piensa ser la primera de todas, debieron anticipársele varias otras. Esto no vale solamente para las que él mismo vio, como “Cualquier cosa que piensa, es”, sino también esta que es anterior y más simple: “Cualquier cosa que actua, es”. Y eso no lo podemos saber sin antes saber qué es actuar y qué es ser. Pero para que sepamos qué es actuar, debemos saber qué es un agente, qué es causa, qué es modo, qué es un fin de actuar. Y para saber qué es ser, nos toca saber qué es aquello que es, qué es la causa por la que es, cómo es, y con qué fin es. Además es necesario que haya visto detenidamente las reglas de la lógica quienquiera que de las premisas “Quien piensa, es” y “Yo pienso”, piensa que se colija ciertamente la conclusión “Luego soy”. Descartes responde que todo lo que antecede a la noción “Yo pienso, luego soy”, es conocido por luz natural, pero yo por el contrario insisto en que todo esto es de lejos desconocidísimo.
VIII. Se contradice Descartes cuando a las cosas que nos son conocidas por luz natural a veces da crédito y a veces se lo niega.
Asombraos además de la inconstancia de Descartes. Estableció dudar de todas las cosas, aún de aquellas que nos son conocidas por luz natural, y esto sin exceptuar los teoremas matemáticos ni tampoco los principius sobre que se apoyan, como “El todo es mayor que su parte”. Pero enseguida manda admitir muchas cosas de muchas partes por la sola razón de que son conocidas por luz natural. Definió que hay que declarar certísimo y fuera de toda duda que es porque piensa con el único argumento de “que repugna que lo que piensa no sea mientras piensa”. ¿Pero qué es “repugnar”, sino contrariar la luz natural e implicar una falsedad manifiesta y conocida por sí misma? Así pues, Descartes manda repudiar sin ninguna duda aquellas cosas que contrarían la luz natural y cuya falsedad nos es conocida por sí misma, y admitir sin ninguna duda como verdaderas las cosas que condicen con la luz natural y cuya verdad nos es conocida por sí misma. Y aquí indago: ¿Acaso la proposición de que el todo es mayor que su parte no condice con la luz natural y no nos es tan conocida por sí misma, como la de que el que piensa, es? ¿Por qué, entonces, creeré que el que piensa, es fundándome en que ello me es conocido por luz natural y no creeré que el todo es mayor que su parte, lo cual me es igualmente conocido por luz natural? ¿Qué es contradecirse y chocar consigo mismo, sino esto?
IX. El enunciado “Yo pienso” significa otra cosa que la que quiere Descartes, ypor ende la conclusión sacada de él es nula.
Digo además que en el lema “Yo pienso” hay una ambigüedad, y está significada otra cosa que la que Descartes quiere que se entienda, y que por eso es nula la conclusión “Luego soy” en cuanto sacada del significado que Descartes aplica a su enunciado y no del que está realmente contenido allí. Todo pensamiento consta de tres cosas: la mente pensante, la cosa confrontada a la mente pensante y la acción de la mente pensante hacia la cosa confrontada. Digo “acción”, aunque no se me escapa que Descartes extiende el nombre de “pensamiento” a todos los movimientos con los cuales la mente se mueve por sí misma o hacia otro lado. Pero por cuanto pertenece a esta disputación, da igual, porque ya sea que la mente actúe o sea afectada, son necesarias tres cosas: la mente afectada, la cosa que afecta la mente, la afección misma. Aún así, en presencia del pensamiento nos será más nos será más cómoda la noción de que es una acción. Así pues, para pensar yo en el sol, es necesario que exista mi mente que piense, la acción de mi mente que piense y la cosa confrontada a mi mente, a saber el sol, en que la mente piense. Por eso cuando Descartes dice “Yo pienso”, ¿cuál es la cosa confrontada a su mente en la que piense? Pues su pensamiento. Pero ese pensamiento no es este mismo pensamiento con el cual su mente piensa ahora, porque si lo fuera, la acción se identificaría con el fin o término adonde la acción se dirige y aquella acción se retorcería en sí misma, lo cual es absurdísimo y contrario a la luz natural a la cual Descartes llama a recurrir tantas veces. Luego es manco e imperfecto el enunciado de Descartes “Yo pienso” cuyo significado es “Yo pienso en que pienso”. Y esta locución no carece de vicio, pues hay que tomarla de otro modo que como viene dicha, y vale tanto como si yo dijera “Yo pienso en que pensé”, porque como los ojos, así la mente humana sólo puede ver directamente una cosa única en un mismo tiempo. Así pues, para que yo piense que pienso, debo emplear dos pensamientos, de los cuales uno debe reflejarse en el otro, el posterior en el anterior, el presente en el pasado, de manera que el anterior confrontado a la mente sea aquel hacia el cuál se dirija la mente y el posterior sea aquel con el cual la mente se dirija al anterior. Para en pocas palabras, el pensamiento anterior será el fin o término del posterior y éste será la acción con la que la mente se dirija a aquél. Pero repugna que lo uno y lo otro se efectúe por una única acción, pues una misma cosa actuaría sobre sí misma, cosa que se cuidaría de decir un hombre apenas imbuido de los primeros rudimentos de filosofía. Pero eso dijo Descartes, porque al decir “Yo Pienso” quiere decir “Yo pienso en que pienso”, al punto que “pienso” y “pensar” sea un único y mismo pensamiento, cuando por lo antedicho es manifiesto que son dos: uno presente y otro pasado, y que aquel “Yo pienso”, o bien es completamente falso, o significa “Yo pienso en que pensé”. Pero quien piensa en que pensó debe usar de la memoria para recordar que pensó. Pero los mismos adversarios confiesan que dondequiera que se aplique la memoria puede haber error, comoquiera que la memoria, como declaraba Lacides, es opinión, pero toda opinión es falaz, porque en nada estoy más cierto de que pensé, que de que caminé, dormí o comí. Pero estas cosas son de plano inciertas: luego es incierto que pensé. Por eso es nula la conclusión que de allí se toma “Luego soy”. Con todo, demos por cierto que pensé: y aún entonces ciertamente puede fallarme la memoria cuando digo “Luego soy”, porque cuando pienso en esta conclusión, dejé de pensar en el enunciado precedente “Yo pienso”, y no puedo saber que éste penda de aquel sino por función de la memoria. Pero como la memoria de los hombres es floja y débil, la consecuencia puede referirse fácilmente a otro lema que a aquel de donde procedió. Algo similar suele ocurrirnos en la costumbre cotidiana de la conversación natural, cuando habiendo avanzado algún tanto en lo que decimos, no recordamos suficientemente de donde fueron sacadas y a qué han de referirse las consecuencias en que nos hemos detenido. Así pues, la conexión del enunciado doble “Yo pienso”, y, “Luego soy”, es incierta y falaz y por ende no es ninguna argumentación. Aquí ocurre que como el argumento “Yo pienso, luego soy”, se apoya en la proposición “Cualquier cosa que piensa, al tiempo que piensa, es” se sigue que yo, al colegir “Luego soy” de “Yo pienso”, no quiero decir otra cosa que que soy al tiempo que pienso. Pues bien: aquel pensamiento ya deja de ser cuando digo “Luego soy”, y varían el tiempo del enunciado antecedente “Yo pienso” y el del enunciado consecuente “Luego soy”. Por lo tanto, esta argumentación, o bien quiere decir “Yo pienso, luego voy a ser”, o bien “Yo he pensado, luego soy”, y la proposición “Cualquier cosa que piensa, al tiempo que piensa, es” de donde Descartes quiere que penda su argumentación, no atañe a ella en nada. Para serle útil, tiene que cambiarse por esta otra: “Cualquier cosa que piensa, también al tiempo que no piensa, es”. Ahora bien, todas estas cosas tan enmendadas y cambiadas, como deben serlo, son falsísimas, como declara el mismo Descartes, y son ineptísimas. / Los cartesianos piensan haber evadido cautamente esta espada diciendo que el consecuente está en el antecedente, y que en aquel “Yo pienso” está este “Luego soy”, por lo cual no hay por qué tomar en ninguna consideración el tiempo, comoquiera que en cualquier tiempo en que se ponga el “Luego soy”, habrá sido verdadero cuando dije “Yo pienso”. ¡Qué hombres más agudos! Si justamente porque el consecuente “Luego soy” está en el antecedente “Yo pienso”, resulta que en el momento de tiempo en que digo “Yo pienso” es verdadero el “Luego soy”; pero no resulta verdadero en otro tiempo el “Luego soy”. Del mismo modo que era nula la conclusión “Luego soy” antes de decirse “Yo pienso”, así es nula la conclusión “Luego soy” después de decirse “Yo pienso”. Así pues, aquí no hay que atender a la naturaleza de las cosas, sino al progreso del espíritu en conocer la existencia de sí. Después que pensó en el “Yo pienso” avanza hacia el otro pensamiento que buscaba: “Luego soy”; pero los dos pensamientos son enteramente distintos tanto en naturaleza como en tiempo, y por ende puede uno ser verdadero y el otro falso.
X. Cuando alguien piensa en alguna cosa, la idea de esta cosa sobre la que piensa no es la misma que la idea de ese mismo pensamiento
A esto los cartesianos también oponen lo que se lee en sus libros y los de Descartes; cuando alguien piensa, en el mismo tiempo en que piensa está consciente de su pensamiento y lo siente y conoce; como cuando piensa en que es de día no sólo piensa en que es de día, sino también conoce este pensamiento; de manera que la noticia de este pensamiento sea la misma que el pensamiento mismo que consigo mismo imprime en el espíritu su consciencia y percepción, y la idea de este pensamiento no es otra que el mismo pensamiento. Pero es fácil de entender cómo esto es vano. Primero buscan un escondite en la confusión de estas ideas totalmente discrepantes en género. Porque cuando pienso en que es de día, mi mente es el principio de este pensamiento, el pensamiento es la acción de la mente y el día es el fin del pensamiento. Ahora bien, cuando pienso en que pienso en que es de día, se muda el fin del pensamiento, porque entonces el fin del pensamiento no es el mismo que era, a saber, “Es de día”, sino enteramente otro, a saber, “Pienso en que es de día”. Pero mudado el fin o término, es necesario que se mude la acción. En efecto, es sabido a la Escuela que “un acto toma su especie de su objeto”. Por lo tanto este pensamiento posterior es totalmente diverso del anterior, y son confundidos de manera torcida. Porque como nada puede ser sentido, conocido o percibido sino por una idea, no puedo sentir que pienso en el día, sino por la idea de este pensamiento. Pero el que osó identificar la idea del pensamiento y la idea del día, que con el mismo derecho identifique el día y el pensamiento. Escúchese a Descartes mismo pronunciando una sentencia contra sí mismo en el libro del Método. Dice: “Hay una acción de la mente por la cual juzgamos algo ser bueno o malo, y otra por la cual sabemos que hemos juzgado así, y frecuentísimamente se encuentra una sin la otra”. Escúchese también al Príncipe de la Escuela, Tomás: dice “Uno es el acto por el que el intelecto entiende una piedra y otro es el acto por el que entiende que entiende una piedra”. Concedamos eso, porque también a otros filósofos les pareció que todo pensamiento tiene como adjunto y acompañante un cierto sentido y percepción de sí; como cuando quiero caminar, no sólo quiero caminar, sino que quiero y pruebo esta voluntad de caminar. Del mismo modo que cuando veo una casa con los ojos hay una visión doble, una directa con la que veo la casa, y otra oblicua, con la que veo los árboles vecinos, así cuando pienso en que es de día, dicen que hay un doble pensamiento: uno directo, que es el del día, y otro oblicuo o adjunto y concomitante, que es el del pensamiento del día. También Carneades cuando disertó sobre el Criterio decía que a partir de una cosa visible confrontada a los ojos del hombre existe una imaginación, que signaría en el espíritu la noción de sí y de la cosa visible. De ahí los cartesianos no coligen nada verdadero que aproveche a su causa. Porque para que de la cognición de mi pensamiento yo exprese el enunciado antecedente “Yo pienso”, de donde pueda sacar la conclusión “Luego soy”, no basta que aquella cognición sea oblicua y adjunta y por ende imperfecta, sino que es absolutamente necesario que sea directa y perfecta: no basta que yo sienta que pienso, sino que hace falta que piense en que pienso. Porque a menos que uno examine con espíritu atento la naturaleza, la significación y la inteligencia de cualquier enunciado, de ningún modo puede saberse con certeza que allí esté latente la conclusión que hay que sacar. Por esto el espíritu debe reflejarse y fijarse en este pensamiento suyo anterior. Pero aquel pensamiento anterior era la acción de la mente pensante hacia una cosa confrontada a ella en la que pensaba; pero aquella cosa confrontada era, como dije, el fin del pensamiento: ahora bien, aquella acción pasa a ser el fin de un nuevo pensamiento y la mente actúa sobre ella con una nueva acción. Así cae por tierra esta excepción.
XI. Es falso que el “Yo pienso, luego existo”, nos sea conocido por simple visión y no por razonamiento.
Descartes y sus secuaces preveían que estas dos cosas: “Yo pienso” y “Luego soy”, podrían ser fácilmente separadas. Para amarrarlas más firmemente y conglitunarlas en una, osaron negarnos que sean conocidas por razonamiento para decir que lo son por simple visión, en sus propias palabras. En efecto, declaran que todo razonamiento está expuesto a error, como quiera que necesitemos la memoria por cuya función recordemos los principios y las premisas de donde sacamos conclusiones, pero la memoria sería falaz e indigna de confianza. Por lo tanto, si yo enseñara que todo el “Yo pienso, luego soy” es un mero razonamiento y no puede conocerse por visión simple, ciertamente probaría que es incierto y dudoso, y que se engañan o engañan a otros quienes niegan que es un razonamiento. Busco, pues, qué es razonamiento o argumentación: ¿acaso no es la acción de la mente humana por la cual de principios conocidos saca una conclusión, haciendo conocida una cosa que antes era desconocida? O si preferimos usar palabras de Tomás de Aquino, “Paso de un concepto a otro para conocer la verdad inteligible”. ¿Acaso no se encuentra todo esto en la complexión de este enunciado doble? Porque en la entrada de su filosofía Descartes profiesa no saber si él es. Pero para llegar al conocimiento de esta cosa desconocida busca algo que le sea conocido sin ninguna duda. Y elije el “Yo pienso”, y lo pone como principio exploradísimo. Pone también, como conocidísimo por luz natural “Todo lo que piensa, es”. Entonces de este principio doble conocido a él, “Todo lo que piensa, es” y “Yo pienso”, dice haber alcanzado el conocimiento de la cosa que ignoraba, a saber, “Luego soy”. En esta conclusión el predicado, como dicen, se adjunta al sujeto, esto es, este “Soy” a aquel “Yo” por la conexión del término medio “Pienso” que está enlazado a las premisas previas. Si alguien niega que estas cosas forman un perfecto silogismo, será ignorante de toda la lógica. Léase la segunda meditación de Descartes, y aparecerá manifiestamente la progresión de la mente por el conocimiento de su pensamiento a la percepción de una cosa antes desconocida, a saber, que uno es. A esto añádase el absurdo de que si las dos cosas: “Yo pienso” y “Luego soy” se conocen por visión simple, esto es por una única acción de la mente, y no se conoce más, ni antes, el “Yo pienso” que el “Luego soy”, y por ende de la proposición “Yo soy” puede colegirse “Luego pienso” tan rectamente como de “Yo pienso” Descartes colige “Luego soy”. Pero si ese “Luego soy” pende de este “Yo pienso” y de aquí se deduce, la mente tiene que dirigirse primeramante a éste que a aquel, para que de lo conocido se saque lo desconocido. De donde se sigue que el conocimiento de la proposición “Luego soy” es posterior al conocimiento de la proposición “Yo pienso”, y que por ende no hay un conocimiento único ni una visión simple de lo uno y lo otro.
Luego de una materia árida, terminamos con una sonrisa, aunque plena de seriedad.
PRÉDICA DEL P. PÍO. IVº DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
Sermón del Padre Pío
( En la Capilla S. Pío X)
Sacerdote ordenado por Monseñor Morello, del linaje válido y legítimo de Mons. Thuc
Domingo IVº después de Pascua
Lógica General 19/19. Del silogismo sofístico.
Artículo VI
Del silogismo sofístico
Aunque las palabras sofisma y falacia suelen usarse indistintamente por los lógicos, se diferencian, sin embargo, en rigor metafísico; porque la segunda incluye el ánimo o intención de hacer abrazar una cosa falsa, mientras que el sofisma es un vicio de la argumentación en virtud del cual ésta concluye falsamente. [111]
La forma, la dicción, las cosas, son las tres fuentes de donde pueden nacer los sofismas: ex forma, ex dictione, ex rebus. Omitiendo los relativos a la forma, como incluidos en las reglas del silogismo, trataremos con brevedad de los restantes.
A) Los sofismas principales ex dictione son:
a) Equivocación, llamada por los griegos homonymia, y es la significación diversa de un mismo nombre. Esta diversidad de significación puede verificarse: 1º porque el nombre significa varias cosas diferentes, como perro respecto del animal doméstico, y de la constelación así denominada: 2º cuando tiene dos significados uno propio y otro metafórico: 3º cuando significa una cosa directamente y otra indirectamente y en virtud de cierta relación con la significación directa, como sucede en la palabra peccatum, tomada por san Pablo por la hostia ofrecida por el pecado, cuando escribe de Cristo: Qui non noverat peccatum, pro nobis pecatum fecit.
b) La anfibología es como una equivocación de toda la oración, según que ésta puede significar cosas diferentes, aunque cada palabra de por sí tenga significación determinada. Sabido es el ejemplo que cita Cicerón: Ajo te AEacida, Romanos vincere posse.
c) Sentido compuesto y diviso, o sea transito a sensu composito ad divisum vel e contra. Ejemplo: el que está sentado no puede andar; es así que Pedro está sentado: luego no puede andar.
d) De accento se dice el sofisma cuando se cambia la significación del término cambiando el acento, como si en una premisa se pone occido largo y en otra breve.
e) El sofisma de figura de dicción consiste en tomar una dicción simple o compuesta en sentido diverso de aquel en que se anuncia, como cuando los judíos entendieron del templo de Jerusalén, lo que Jesucristo dijo de su cuerpo: Solvite templum hoc, et in tribus diebus excitabo illud.
B) Los principales sofismas ex rebus o, como algunos lo llaman, de pensamiento, son:
a) De accidente: cuando se hace tránsito de lo que conviene accidentalmente a la cosa, o lo que le conviene [112] esencialmente, o viceversa, v. gr.: el hombre es especie; es así que Pedro es hombre: luego es especie.
b) A simpliciter ad secundum quid vel e converso: cuando de un predicado que conviene simpliciter al sujeto, se deduce otro que solo le conviene secundum quid, o viceversa, y también cuando se pasa del sentido hipotético al absoluto. Ejemplo del primero: el etíope es negro: luego no es blanco en cuanto a los dientes. Ejemplo del segundo: si el pecador no hace penitencia perecerá; es así que Pedro es pecador: luego perecerá.
c) Ignorancia del elenco: tiene lugar en dos modos: 1º cuando se presentan como contradictorias cosas que no lo son realmente, v. gr.: Dios es impasible, es así que Cristo padeció: luego no es Dios: 2º cuando no se prueba la tesis que se debiera probar, sino otra que tiene relación con ella, como si para probar que el calor no es una realidad objetiva o fuera de nosotros, arguyera alguno con los cartesianos: «El calor no lo sienten más que los cuerpos dotados de sensibilidad; es así que los cuerpos calientes no tienen sensibilidad: luego el calor no está en los objetos, sino en el alma que lo experimenta».
d) Petitio principii: puede suceder de tres modos: 1º si se toma como medio para la prueba, la misma tesis que se trata de probar, aunque sea modificando algo los términos materiales: 2º si se toma como per se nota la proposición que no lo es realmente: 3º si se toma para probar una proposición otra tan desconocida y dudosa como la que se trata de probar con ella. Si la petición de principio tiene lugar probando dos proposiciones la una por la otra recíprocamente, como si alguno probara que Platón fue discípulo de Sócrates, porque Sócrates fue maestro de Platón, entonces recibe el nombre de círculo vicioso.
e) Consecuentis: tiene lugar cuando se arguye como si hubiera reciprocidad o ilación entre cosas que realmente no la tienen, como cuando en el silogismo condicional se pasa de la negación del antecedente a la negación del consiguiente, diciendo: Si Pedro corre, se mueve; es así que no corre: luego no se mueve. [113]
f) Non causae ut causae: cuando un efecto se supone proceder de una causa de la cual no procede en realidad. Ejemplo: algunos sacerdotes católicos son inmorales: luego el catolicismo induce a inmoralidad. Las pasiones y no el catolicismo son causa de que algunos sacerdotes tengan costumbres relajadas. Este sofisma, así como la petición de principio, se presentan con bastante frecuencia en libros y conversaciones, como reconocerá un observador atento.
g) Interrogationis: cuando se mezclan y confunden varias preguntas diferentes y hasta contrarias para deducir alguna cosa falsa o absurda, de la respuesta relativa a alguna de las preguntas.
Escolio
Casi todos los sofismas lo son porque constituyen un silogismo compuesto de cuatro términos, según es fácil observar en la equivocación, sentido compuesto y diviso, accidente, &c. Exceptúase la petición de principio que contiene sólo dos términos. De aquí podemos inferir que los sofismas, bien sean ex forma, o ex dictione, o ex rebus, en tanto son sofismas, en cuanto que faltan contra la primera regla del silogismo, o por exceso, o por defecto.


