Cosmología tomista 1/18. El mundo en general
Del mundo en general
Artículo
Noción y caracteres generales del mundo.
Generalmente se entiende por mundo la universalidad o colección de las cosas creadas, y en este sentido abraza los cuerpos y los espíritus. Mas como quiera que entre los últimos no conocemos de una manera científica más que al alma racional unida a un cuerpo, de aquí es que al hablar del mundo en la cosmología, nos referimos principalmente al mundo corpóreo, por más que algunas de las cuestiones que a éste se refieren, sean aplicables también a los espíritus; por ejemplo, las que se refieren a su origen y distinción de Dios.
En este supuesto podemos decir que el mundo que constituye el objeto de la cosmología, es «el todo o conjunto ordenado resultante del cielo y de la tierra con los diferentes cuerpos que contienen». Descendiendo ahora a los caracteres y atributos principales del mundo, diremos:
1º Que uno de estos caracteres es la unidad. El mundo es uno
a) Con unidad de continuidad; porque todos sus cuerpos están en contacto recíproco, pudiendo tenerse por una verdad definitivamente adquirida a la ciencia, que los espacios aparentemente vacíos, se hallan llenos realmente por el aire, por los fluidos imponderables y por el éter sutilísimo que llena la inmensidad de los espacios celestes.
b) Con unidad de causalidad o de recíproca influencia, [138] manifestándonos la experiencia y la razón que los cuerpos celestes se mueven en sus órbitas en torno de otros cuerpos según leyes fijas, lo cual indica una influencia positiva de los unos sobre los otros; al paso que vemos también en los terrestres, acciones y reacciones recíprocas, mutaciones y efectos producidos por unas sustancias sobre otras.
c) Con unidad de fin o de orden, en razón a que el mundo y todas sus manifestaciones revelan la gloria, la bondad y el poder de Dios, que es su fin último y universal. Al presente sólo vislumbramos, por decirlo así, estos diferentes géneros de unidad que constituyen la armonía y belleza del mundo, armonía y belleza que sólo en la otra vida podrá el hombre comprender en toda su extensión, latitud y profundidad.
2º La extensión o magnitud del mundo es finita o limitada: 1º porque repugna una extensión infinita, según se ha probado antes: 2º porque la única razón que en apoyo de su infinidad suele y puede aducirse, es la impotencia de la imaginación para fijarle límites, lo cual no prueba que la extensión del mundo no sea realmente finita, sino que nuestra imaginación, dada cualquiera extensión finita, puede representarse otra mayor. Empero, siendo innegable en buena filosofía que las representaciones imaginarias, ni son medida de la realidad objetiva, ni menos la pueden producir, de aquí sólo se infiere la fecundidad indefinida de nuestra imaginación, no la infinidad real y objetiva del mundo. Nada decimos de los que al ver que sus telescopios no descubren el límite del mundo, a pesar de su poder para hacer visibles objetos colocados a millones y millones de leguas de distancia, se creen ya autorizados para presentar como demostrada la infinidad de la extensión del mundo, como si la infinidad pudiera resultar de la adición o multiplicación de millones de leguas. Esto equivale a confesar, que no se posee la noción o idea del infinito.
3º La unidad del mundo, en el sentido que se acaba de explicar, no envuelve necesariamente su unicidad; porque no hay ninguna repugnancia o imposibilidad absoluta en la existencia de otros mundos, distintos del que nosotros [139] conocemos. La potencia de Dios es infinita, como lo es su esencia. Luego no solamente no ha sido agotada por la producción de este mundo, sino que no puede ser agotada con la producción de nuevos mundos; porque cualquiera que sea el número y perfección de éstos, nunca estarán en proporción actual y completa con el grado o perfección de la potencia infinita de Dios.
4º Empero aunque la razón demuestra la posibilidad de otros mundos, y hasta la posibilidad de su pluralidad indefinida, nada nos dice acerca de la actualidad o existencia real de estos mundos. Éstos, si existen o existieron, se hallan fuera de la esfera de nuestro conocimiento presente, y sólo podríamos conocer su existencia por medio de la revelación divina, la cual nada nos dice sobre esta materia.
Sin embargo, si la cuestión relativa a la pluralidad actual de mundos se toma en un sentido impropio, y por decirlo así, astronómico, es decir, con relación a la opinión de muchos astrónomos, para los cuales las estrellas fijas son centros de otros tantos mundos, o mejor dicho, sistemas planetarios análogos al nuestro, entonces la pluralidad de mundos alcanzará el mismo grado de probabilidad que corresponde a esa afirmación de ciertos astrónomos, afirmación que en el estado actual de la ciencia puede admitirse como hipótesis más o menos probable, pero no como una verdad cierta y demostrada.
5º En el mismo sentido debe resolverse el problema que se refiere a la existencia de moradores inteligentes en los astros. La analogía que existe entre la tierra y los planetas en cuanto a figura, existencia de montes, mares y valles, indicios de atmósfera en algunos y relación con el sol: las razones de congruencia fundadas, ya en la inutilidad relativa de ciertos astros invisibles sin el auxilio de instrumentos, ya en la multiplicación de seres que desde los astros diseminados en la inmensidad del espacio reconocieran, adoraran y ensalzaran la magnificencia y bondad del Creador, con algunas otras razones de congruencia y analogía, demuestran que si nada se puede afirmar con certeza sobre este punto, tampoco [140] se debe mirar como absolutamente falsa o improbable la opinión que admita habitantes en algunos astros. Todavía sería más temerario calificar esta opinión como contraria a los dogmas católicos, los cuales no rechazan la posibilidad, ni siguiera la probabilidad de otros hombres, o si se quiere de otros seres inteligentes distintos de los que habitan la tierra. Sobre esta materia, los dogmas cristianos y la Sagrada Escritura sólo nos imponen la obligación de creer que los hombres que existen y se han sucedido en esta tierra que habitamos, traen su origen de Adán.
LA REGULA FIDEI
LA REGULA FIDEO DEL PRIMER CONCILIO DE TOLEDO
Así resonó en el año postrero del siglo IV, bajo las bóvedas de la primitiva basílica toledana, la condenación valiente del panteísmo, del antitrinitarismo, del doketismo y de las antítesis de Marción. Propuestos estos cánones por Patruino, y aprobados por los demás obispos, se transmitieron a todas las iglesias de España, que desde entonces conservan esta fe con inviolable pureza. Obsérvese haber sido éste el primer concilio que definió la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, sin que haga fuerza en contrario la opinión de Pagi, Quesnel y otros críticos que suponen intercalada posteriormente la partícula Filioque
A continuación de los Cánones viene la Regula fidei contra omnes haereses, maxime contra priscillianistas, documento [144] precioso, que tiene para nuestra Iglesia la misma o parecida importancia que el símbolo Niceno para la Iglesia universal. Testimonio brillante de la pureza de la fe española en aquel revuelto siglo, prenda de gloria y de inmortalidad para los obispos que la suscribieron es la Regula fidei, obra de tal naturaleza e interés para nuestro trabajo, que conviene traducirla íntegra, y de verbo ad verbum, sin perjuicio de comentar, más adelante, algunas de sus cláusulas:
«Creemos en un solo y verdadero Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Hacedor de todas las cosas visibles e invisibles, del cielo y de la tierra. Creemos que hay un solo Dios, y una Trinidad de la sustancia divina; que el Padre no es el Hijo; que el Hijo no es el Padre, pero el Hijo de Dios es de la naturaleza del Padre; que el Espíritu Santo, el Paráclito, no es el Hijo ni el Padre, pero precede del Padre y del Hijo. Es, pues, no engendrado el Padre, engendrado el Hijo, no engendrado el Espíritu Santo, pero procedente del Padre y del Hijo. El Padre es aquél cuya voz se oyó en los cielos: Éste es mi hijo amado, en quien tengo todas mis complacencias: oídle a Él. El Hijo es aquél que decía: Yo procedí del Padre y vine de Dios a este mundo. El Paráclito es el Espíritu Santo, de quien habló el Hijo: Si yo no tornare al Padre, no vendrá el Espíritu. Afirmamos esta Trinidad distinta en personas, una en sustancia, indivisible y sin diferencia en virtud, poder y majestad.
Fuera de ésta, no admitimos otra naturaleza divina, ni de ángel ni de espíritu, ni de ninguna virtud o fuerza que digan ser Dios. Creemos que el Hijo de Dios, Dios nacido del Padre antes de todo principio, santificó las entrañas de la Virgen María, y de ella tomó, sin obra de varón, verdadero cuerpo, no imaginario ni fantástico, sino sólido y verdadero. Creemos que dos naturalezas, es a saber, la divina y la humana, concurrieron en una sola persona. que fue Nuestro Señor Jesucristo, el cual tuvo hambre y sed, y dolor y llanto, y sufrió todas las molestias corporales, hasta que fue crucificado por los judíos y sepultado, y resucitó al tercero día. Y conversó después con sus discípulos, y cuarenta días después de la resurrección subió a los cielos. A este Hijo del hombre le llamamos también Hijo de Dios, e Hijo de Dios y del hombre juntamente. Creemos en la futura resurrección de la carne, y decimos que el alma del hombre no es de la sustancia divina ni emanada de Dios Padre, sino hechura de Dios creada por su libre voluntad. Si alguno dijere o creyere que el mundo no fue creado por Dios omnipotente, sea anatema. [145] Si alguno dijere o creyere que el Padre es el Hijo o el Espíritu Santo, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el Hijo es el Padre o el Espíritu Santo, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el Espíritu Santo es el Padre o el Hijo, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el Hijo de Dios tomó solamente carne y no alma humana, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que Cristo no pudo nacer, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que la divinidad de Cristo fue convertible y pasible, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que es uno el Dios de la Ley Antigua y otro el del Evangelio, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que este mundo fue hecho por otro Dios que aquél de quien está escrito: En el principio creó Dios el cielo y la tierra, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que los cuerpos humanos no resucitarán después de la muerte, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el alma humana es una parte de Dios o de la sustancia de Dios, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que han de recibirse y venerarse otras Escrituras fuera de las que tiene y venera la Iglesia católica, sea anatema. Si alguno dijere que la divinidad y la humanidad forman una sola naturaleza en Cristo, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que fuera de la Trinidad puede extenderse la esencia divina, sea anatema. Si alguno da crédito a la astrología o a la ciencia de los caldeos, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que es execrable el matrimonio celebrado conforme a la ley divina, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que las carnes de las aves y de los pescados que nos han sido concedidos para alimento son execrables, sea anatema. Si alguno sigue en estos errores a Prisciliano y, después de haber sido bautizado, cree algo contra la Sede de San Pedro, sea anatema.»
LA ABJURACIÓN
«Oídme, excelentes sacerdotes; corregidlo todo, pues a vosotros es dada la corrección. Escrito está: Vobis datae sunt claves regni caelorum. Yo os pido que se me abran las puertas del cielo y no las del infierno. Si os dignáis perdonarme, lo pondré todo a vuestros ojos. Me arrepiento de haber dicho que es una misma la naturaleza de Dios y la del [146] hombre. No sólo me someto a vuestra corrección, sino que abjuro y depongo todo error de mis escritos. Dios es testigo de que así lo siento. Si erré, corregidme. Poco antes lo dije y ahora lo repito: cuanto escribí en mi primer entendimiento y opinión, lo rechazo y condeno con toda mi alma. Exceptuando el nombre de Dios, lo anatematizo todo. Cuanto haya dicho contra la fe, lo condeno todo, juntamente con su autor.»
Definición
Una negación, desmentimiento o renuncia bajo juramento. En el lenguaje común eclesiástico este término se restringe a la renunciación de la herejía por el herético penitente, a fin de poder reconciliarse con la Iglesia. La Iglesia siempre ha demandado tal renunciación acompañada por una penitencia apropiada. En algunos casos la abjuración era la única ceremonia requerida; en otros, la abjuración era seguida por la imposición de manos o por la unción, o por ambos (por la imposición de manos y por la unción). San Gregorio el Grande (590-604 d.C.) en una carta (Epistolae, lib. XI, Ep. lxvii, P.L., Tom. LXXVII, Col. 1204-08; Decret. Gratiani, Pars III, Dist. iv, c. xliv) a Quiricus y al Obispo de Iberia concerniente a la reconciliación de los Nestorianos, establece la práctica de la Iglesia temprana a este respecto. De acuerdo al testimonio de San Gregorio, en casos en los que el bautizo herético era inválido, como con los Paulinistas, los Montanistas, los Catafrigios (Conc. Nicaen., can. xix, P.L., II, 666; Decret. Gratiani, Pars II Causa I, Q. i, c. xlii), los Eunomianos (Anomoeans) y demás, la regla era que el penitente debía de ser bautizado (cum ad sanctam Ecclesiam veniunt, baptizantur). Pero cuando el bautismo herético era considerado válido, los conversos eran admitidos a la Iglesia, ya fuera por haber sido ungidos con crisma (aceite de olivo con pequeñas cantidades de bálsamo), por la imposición de manos, o por la profesión de fé (aut unctione chrismatis, aut impositione manus, aut professione fidei ad sinum matris Ecclesiae revocantur).
San Gregorio declaró, aplicando esta regla, que los Arianos serían recibidos en la Iglesia en Occidente por la imposición de manos; en Oriente por medio de la unción (Arianos per impositionem manus Occidens, per unctionem vero sancti chrismatis . . . Oriens, reformat). Los Monofisitas, quienes se separaron de la Iglesia en los siglos V y VI, fueron tratados con menor severidad siendo admitidos -con otros- tras una mera profesión de la fe ortodoxa [sola vera confessione recipit (Ecclesia)]. La declaración de San Gregorio se aplicó a la Iglesia Romana y a Italia (Siricius, Epist., i, c. i; Epist., iv, c. viii; Innoc. I, Epist. ii, c. viii; Epist. xxii, c. iv), pero no a la totalidad de la Iglesia Occidental ya que en Gaul y España el rito de la unción también estaba en uso [Segundo Concilio de Arles, can. xvii; Concilio de Naranja (529 d.C.), can. ii; Concilio de Epaon, can. xxi; Gregorio de Tours, Historia, lib. II, c. xxxi; lib. IV, cc. xxvii, xxviii; lib. V, c. xxxix; lib. IX, c. xv].
En cuanto a la Iglesia de Oriente, la frase de San Gregorio está totalmente de acuerdo con la regla estipulada en el séptimo canon de Constantinopla. Esta, aun cuando no procede del Concilio Ecuménico de 381, es testigo de la práctica de la Iglesia de Constantinopla en el siglo V [Duchesne, Christian Worship (London, 1904), 339, 340]. Este canon, insertado en el Sínodo de Trullo –también llamado Quinisexto- (canon xcv) y con un lugar en la ley canónica bizantina, distingue entre sectas cuyo bautizo -pero no su confirmación- era aceptado, y aquellas cuyo bautismo y confirmación eran rechazados. Junto con los Arrianos, consecuentemente, se clasificó a los Macedonios, a los Novacianos (Conc. Nicaen., I, can. ix; Nicaen., II, can. ii), a los Sabelianos, a los Apolinaristas y a otros, quienes serían recibidos por medio de la unción con crisma en la frente, ojos, orificios nasales, boca y oídos. Algunos identifican esta ceremonia de la imposición de manos con un rito de confirmación, y no meramente como una imposición de manos bajo penitencia. Una discusión similar prevalece con respecto a la unción con crisma.
I. Imposición de Manos
La imposición de las manos, como símbolo de que la penitencia ha sido hecha y como muestra de reconciliación (Papa Vigilio, P.L., CXXX, 1076), fue primero prescrita para aquellos que habían sido bautizados en la Iglesia y que después habían caído en la herejía. San Cipriano, en una carta a Quinto (epist. lxxi, in P.L., IV, 408-411), es testigo de esta práctica. También lo fue San Agustín (De baptismo contra Donatistas, lib. III, c. xi, in P.L., XLIII, 208). Este rito se prescribió, en Segundo lugar para aquellos que habían sido bautizados en herejía. Con respecto al Papa Eusebio (309 o 310 d.C.), leemos en el Liber Pontificalis (edit. Duchesne, I, 167): Hic hereticos invenit in Urbe Roma, quos ad manum impositionis [sic] reconciliavit. El Papa Siricio (384-399 d.C.) declara en la misma obra (I, 216): Hic constituit hereticum sub manum impositionis reconciliari, presente cuncta ecclesia. [Esta última sin duda fue copiada del primer capítulo de los decretos del Papa Siricio, escrito a Himerius, Obispo de Tarragona en España (P.L., XIII, 1133, 1134; Duchesne, Liber Pontif;, I, 132, 133).]. El Papa San Esteban declara que este rito es suficiente (ver San Cipriano, Epist. lxxiv, in P.L., IV, 412, 413; Eusebio, Hist. Eccl., VII, iii, in P.G., XX, 641). El primer Concilio de Arles (314 d.C.), can. viii [Labbe, Concilia (Paris, 1671), I, 1428; P.L., CXXX, 376] inculca la misma ley. (Ver también San Leo, Epist. clix, c. vii; Epist. clxvi, c. ii; Epist. clxvii, Inquis. 18; P.L., LIV.)
II. Unción
La sola unción, o acompañada con la imposición de manos, también estaba en voga. El Concilio de Laodicea (373 d.C.) en el canon vii (Labbe, Concilia, I, 1497) confirma esta usanza en la abjuración de los Novacianos, los Fotinos y los Quartodecimanes. El Segundo Concilio de Arles (451 d.C.) en el cánon xvii (Labbe, IV, 1013) extiende esta disciplina a los adeptos de Bonosus; los adversarios de la virginidad de la Bendita Virgen María (Bonosianos . . . cum chrismate, et manus impositione in Ecclesia recipi sufficit). El Concilio de Epaon (517 d.C.), cánon xvi (Labbe, IV, 1578), permite el mismo rito (Presbyteros, . . . si conversionem subitam petant, chrismate subvenire permittimus).
III. Profesión de la Fe
A la abjuración de herejía se le agrega, especialmente tras el nacimiento del Nestorianismo y del Eutiquianismo, una profesión solemne de la fe. Fue así como se reconcilió con la Iglesia a los obispos que en el Segundo Concilio de Efeso patrocinaron la causa de Eutiquio y Dióscoro. San Cirilo de Alejandría (Epist. xlviii, ad Donat. Epis. Nicopol., P.G., LXXII, 252) recibió una profesión parecida de Pablo de Emesa, de quien se creía que había sido afectado por el Nestorianismo. San Leo (Epist. i, Ad Episc. Aquilens. c. ii, in P.L., LIV, 594) requirió lo mismo de los devotos del Pelagianismo. Un Concilio llevado a cabo en Aachen en el año 799 también requirió una profesión de fé parecida de Felix, Obispo de Urgel [Alzog, Universal Church Hist. (tr. Cincinnati, 1899), II, 181].
Debe de notarse que como clérigos, y a menos que hubieran sido degradados o reducidos a la ley estatal, ellos no estaban sometidos a la humillación de la penitencia pública. Su admisión a la Iglesia, consecuentemente, no implicó la imposición de manos, ni ninguna otra ceremonia, con excepción de la profesión de fé (Fratres Ballerini, in Epist. S. Leon., n. 1594, P.L., LIV, 1492). En todos los casos se demandaba la presentaciónmde un libellus -o forma de abjuración- en la que el converso renunciaba y anatemizaba sus postulados anteriores. Tras declarar que su abjuración era libre de compulsión, temor u cualquier otro motivo indigno, procedía a anatemizar todas las herejías en general; también a la secta a la cual había pertenecido, junto con sus heresiarcas, su pasado, su presente y su futuro. El converso enumeraba después los postulado aceptados por su secta y, habiéndolos repudiado uno a uno y en general, terminaba con una profesión de su creencia en la Fe verdadera.. A veces se agregaba, bajo el dolor del castigo, una promesa de permanecer en la Iglesia. Diferencias accidentales se encuentras solamente en las fórmulas antiguas de la abjuración. Posteriormente, en especial en los países en donde la Inquisición se había establecido, se practicaron tres tipos de abjuración:
· Abjuración de formali (de herejía formal), hecha por un herético o apóstata notorio;
· de vehementi (de alta sospecha de herejía), hecha por un católico altamente sospechoso de herejía;
· de levi (de leve sospecha de herejía), hecha por un católico levemente sospechoso de herejía.
La abjuración que se le pide a los conversos en la disciplina presente de la Iglesia es esencialmente la misma que se menciona arriba. Un converso de la Iglesia que nunca ha sido bautizado no está obligado a abjurar herejía. Un converso cuyo bautismo se considera válido, o que ha sido rebautizado condicionalmente a su recepción en la Iglesia es requerido a hacer una profesión de fe que contiene una abjuración de herejía. También se le impone una penitencia salutoria (S. Cong. S. Off., Nov., 1875. Ver Apéndice Conc. Plen. Balt., II, 277, 278; American edit. Roman Ritual, 1, 2, 3). No se requiere de ninguna abjuración de conversos menores a los catorce años (S. Cong. S. Off., Marzo. 8, 1882, en Collectanea S. Cong. de Propag. Fid., n. 1680, ed. 1903).
ANDREW B. MEEHAN
Bibliografía
ERMONI, en Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgie (Diccionario de Arqueología Cristiana y de Liturgia – Paris, 1903);
DESHAYES, in Dict. de théol. cath. (Diccionario de Teología Católica – Paris, 1899), I, 75;
MAUREL, Guide pratique de la liturgie romaine (Guía Práctica de la Liturgia Romana – Paris, 1878), Par. I, 2, 104, art. 6;
BENEDICT XIV, de Synodo Dioecesana, V, ix, n. 10, lib. IX, e. iv, n. 3; Gelasian Sacramentary, I, 85, 86;
BUTLER, in Dict. of Christ. Antiq. (London, 1893) MARTENE AND DURAND, De Antiquis Ecclesiae Ritibus, II, lib. CXI, e. vi;
FERRARIS, Prompta Bibliotheca, I, 32 sqq.
¿SON MUCHOS O POCOS LOS QUE SE SALVAN?
LO QUE DICEN LAS SAGRADAS ESCRITURAS
SERMÓN DE SAN LEONARDO DE PUERTO MAURICIO: EL PEQUEÑO NUMERO DE LOS QUE SE SALVAN
En nuestra época difícilmente encontrará sacerdotes o teólogos que le adviertan que la puerta de la salvación es angosta; incluso entre aquellos teólogos más famosos de la primera mitad del pasado siglo que hoy los «tradicionalistas» consultan, ya se afirmaba un optimismo infundado y asomaba una confianza casi idólatra en el hombre. De aquellos polvos, estos lodos.
No es de extrañar, pues, que el que usurpa actualmente la Cátedra de San Pedro, afirme que también los ateos van al cielo. Estas herejías no le sobrevinieron al entendimiento de Bergoglio ipso facto. Bergoglio no es más que el fruto podrido del «magisterio» de Wojtyla en el que, por ejemplo, afirma que los herejes pueden ser mártires ( Ut Unum Sint :84) en contra de la enseñanza de la Iglesia, v. g. Pelagio II ( Enchiridion Symbolorum .247). Fruto también del «magisterio» de Ratzinger, que afirma, por ejemplo, que los musulmanes adoran al único y verdadero Dios (L’Osservatore Romano 24/8/2005 y en otros documentos), lo cual le define como modernista, ( Los modernistas sostienen que los musulmanes adoran al Dios Único y Verdadero, dice S. Pío X en la Pascendi, condenándoles). Sea suficiente un botón de muestra de cada uno de ellos, siendo los dos honorables delfines y herederos de Montini, para ver en qué acabaron aquellos polvos. Hoy, desgraciadamente, son mayoría las almas que caminan » alegremente» hacia la perdición eterna; almas, algunas hambrientas, que piden pan y reciben de los mercenarios áspides con mortales venenos.
Veamos lo que dice las Sagradas Escrituras, por una parte: y leamos el conocido Sermón de San Leonardo de Puerto Mauricio que fue el titulado “El pequeño número de los que se salvan»; aconsejo encarecidamente meditar este sermón para aprovechar la solidez de su argumentación, que le ha merecido la aprobación de la Iglesia.
LO QUE DICEN SAGRADAS ESCRITURAS
Las sagradas Escrituras enseñan más bien que pocos se salvan. 1 Pedro 4, 18 dice: “… el justo a duras penas se salva…”.
En Mateo 7, versículos 13 y 14, Nuestro Señor Jesucristo dice que espacioso es el camino que lleva al infierno, y que el camino al cielo es angosto y son “… pocos los que atinan con ella”.
Lucas 13, 23-24: “Le dijo uno: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’ Él le dijo: ‘Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos serán los que busquen entrar y no podrán’”.
Estos pasajes de las Sagradas Escrituras más bien parecen indicar que, tristemente, sólo una pequeña parte de la humanidad no pasará la eternidad en el fuego perdurable del infierno.
El Papa Gregorio III (739 d.C.): “… está escrito que estrecha es la puerta y angosto el camino que llevan a la vida”.
En el año 600, el Papa San Gregorio Magno habló sobre cuán pocos se salvan:
Papa San Gregorio Magno (600 d.C.): “Entre más abundan los malos, tanto más debemos sufrir con ellos en la paciencia; porque en la era pocos son los granos llevados a los graneros, pero altos son los montones de paja quemados en el fuego”.
En San Mateo 7, 21 y 22, Jesucristo dice que los que hacen la voluntad de su Padre se salvarán. Jesús luego dice que, en el día del Juicio, muchos le dirán que ellos profetizaron, expulsaron demonios y obraron milagros en su Nombre. Pero Jesús les dirá:
S. Mateo 7, 23: “Jamás os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad”.
En S. Lucas 10, 19-20, Jesús les dice a sus Apóstoles:
“Mirad que os he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará. Sin embargo no os alegréis en esto de que los espíritus se os sujetan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo”.
Jesús les señala a los Apóstoles que tener poderes especiales no es algo que deban alegrarse en ello, sino más bien, alegrarse de que pasarán la eternidad en los cielos y no irán al infierno.
Como todas las cosas pasarán, ¿qué valor real habría si alguien tuviese poderes especiales o pudiera hacer grandes milagros en nombre de Jesús, si después cuando muriera terminase en el infierno para siempre? No importaría en absoluto, porque ese tiempo habrá ya pasado y no regresaría más, y la condición presente de la persona sería la de dolor, miseria y desesperación.
Si alguien se encuentra en el estado de gracia, tiene la fe católica, evangeliza, y tiene una verdadera devoción a la Santísima Virgen María, la persona puede tener la confianza en que él o ella se encuentran en el camino de la salvación.
Pero, salvo por una revelación especial de Dios (como lo declara el Concilio de Trento), no sabemos con absoluta certeza si terminaremos en el cielo. Por lo tanto, debemos trabajar con temor y temblor en la obra de nuestra salvación, como se dice en Filipenses 2, 12.
En Mateo 24, 13, la Biblia también nos dice que “… el que perseverare hasta el fin, ése será salvo”
Nuestro Señor Jesucristo nos reveló que el camino al paraíso es angosto y estrecho y son pocos los que atinan con él, mientras que el camino al infierno es ancho y espacioso y elegido por la mayoría (Mt. 7,13).
S. Mateo 7, 13: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuán pocos los que dan con ella!”
S. Lucas 13, 24: “Esforzaos a entrar por la puerta estrecha; porque os aseguro que muchos serán los que busquen entrar y no podrán”.
Las Sagradas Escrituras también nos enseñan que casi todo el mundo está bajo las tinieblas, tanto es así que hasta Satanás es llamado el “príncipe” (Juan 12, 31) y el “dios” (2 Cor. 4, 3) de este mundo.
1 S. Juan 5, 19: “Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo todo está bajo el maligno”.
Es una triste realidad de la historia que la mayoría de la gente en el mundo es de mala voluntad y no quieren conocer la verdad. Es por eso que casi todo el mundo se encuentra en las tinieblas y en el camino a la perdición. Así ha sido desde un principio. Lo mismo ocurrió cuando solo ocho almas (Noé y su familia) escaparon de la ira de Dios en el diluvio que cubrió toda la tierra, y cuando los israelitas rechazaron la ley de Dios y cayeron en la idolatría una y otra vez.
La verdad es que para aquellos que verdaderamente creen en Dios, que aceptan la plenitud de su verdad (la fe católica), sin corromperla y quieren hacer lo correcto, no les será difícil llegar al cielo, como Jesucristo dijo, “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 30). La razón debida a que pocos se salvan no es tanto porque sea una cosa difícil salvarse, sino más bien porque las personas se niegan a creer y obrar las cosas simples y fáciles que Dios ha revelado y mandado. Los que hacen lo que Dios quiere y creen en lo que Él dice, descubrirán que serán mucho más felices de lo que eran antes.
Sin embargo, la triste verdad es que casi todas las personas son de mala voluntad. No es de extrañar que por eso los santos y doctores de la Iglesia siempre hayan enseñado que sólo un pequeño porcentaje de personas se salvarán. De hecho, los santos y los doctores de la Iglesia, incluso durante las épocas de fe, enseñaban que la mayoría de los católicos adultos se condenaban.
San Leonardo de Porto Mauricio [1676-1751 d.C.], hablando de cuán pocos se salvan: “Después de haber consultado a todos los teólogos y de haber hecho un estudio diligente al respecto, él [Suárez] escribió: ‘El sentimiento más común es que, entre los cristianos [católicos], hay más almas condenadas que predestinadas’. Si añadimos la autoridad de los Padres griegos y latinos a lo que dicen los teólogos, encontramos que casi todos ellos dicen lo mismo. Este es el sentimiento de San Teodoro, San Basilio, San Efrén, San Juan Crisóstomo. Es más, según Baronio, era la opinión común entre los Padres griegos que esta verdad fue revelada expresamente a San Simeón Estilita y que después de esta revelación, para asegurar su salvación, decidió vivir en lo alto de un pilar por cuarenta años, expuesto a la intemperie, un ejemplo de penitencia y santidad para todos. Ahora consultemos a los Padres latinos. Escucharán a San Gregorio decir claramente: ‘Muchos alcanzarán la fe, pero pocos el reino celestial’. San Anselmo declara: ‘Son pocos los que se salvan’. San Agustín lo afirma aún más claramente: ‘Por lo tanto, pocos se salvan en comparación con aquellos que se condenan’. Sin embargo, el más terrible es San Jerónimo, que dijo al final de su vida, en presencia de sus discípulos, estas terribles palabras: ‘De cien mil personas que han llevado mala vida, encontrarás apenas una que sea digna de indulgencia’”.
San Leonardo, cuando usa el término cristianos se refiere a los católicos y no a los herejes que etán fuera de la Iglesia y repite la doctrina consistente de los Padres y Doctores: la mayoría de los católicos adultos (ni siquiera incluyendo el mundo no católico) se condenan. Si este era el sentimiento con respecto a la salvación de los católicos en las épocas de fe, ¿qué dirían estos santos del día de hoy? Si a usted le es difícil o problemático aceptar las verdades presentadas en este sitio web, ya sea porque –dirán algunos– ‘es demasiado difícil creer que toda esta enorme cantidad de personas podrían estar equivocadas o engañadas’, pues, considere la enseñanza de nuestro Señor y de los santos citados . Considere cuánto más verdadera es esta enseñanza acerca de cómo pocos se salvan para nuestro tiempo
San Anselmo: “Si quieres estar seguro de ser parte del número de los elegidos, esfuérzate de ser uno de los pocos, no de la mayoría. Y si quieres estar seguro de tu salvación, esfuérzate de estar entre la minoría de los pocos… No sigas a la gran mayoría de la humanidad, sino a los que entran por la senda estrecha, que renuncian al mundo, que se entregan a la oración, y que nunca relajan sus esfuerzos, ni de día ni de noche, para poder alcanzar la bienaventuranza eterna” (P. Martin Von Cochem, The Four Last Things [Los cuatro novísimos], edición inglesa, p. 221).
EL PEQUEÑO NÚMERO DE LOS QUE SE SALVAN
Por San Leonardo de Puerto MauricioGracias a Dios, el número de los discípulos del Redentor no es tan pequeño como para que la maldad de los escribas y fariseos sea capaz de triunfar sobre Él. Aunque se esforzaron por calumniar su inocencia y engañar a la gente con sus sofismas traicioneros para desacreditar la doctrina y el carácter de Nuestro Señor, buscando manchas, incluso en el sol, con todo, muchos lo reconocieron como el verdadero Mesías, y, sin miedo de castigos o amenazas, abiertamente se unieron a su causa. Pero, ¿todos los que siguíeron a Cristo, lo siguieron hasta la gloria? Ah, aquí es donde yo solamente venero el misterio profundo y adoro en silencio los abismos de los decretos divinos, en lugar de decidir sobre esta cuestión tan profunda. El tema que estoy tratando hoy es muy grave, ha hecho que incluso tiemblen grandes columnas de la Iglesia. Ha llenado de terror a los más grandes santos y ha poblado de anacoretas los desiertos. El objetivo de esta disertacción es decidir si el número de cristianos (Nota: en la acepción de la época, católicos) que se salvan es mayor o menor que el número de cristianos que son condenados, y espero que esto pueda producir en vosotros un temor saludable acerca de los juicios de Dios.
Hermanos, por el amor que os tengo, me gustaría ser capaz de daros confianza, con la perspectiva de la felicidad eterna diciéndoos: Es seguro que irás al paraíso, el mayor número de cristianos se salva, por lo que también tú te salvarás. Pero, ¿cómo puedo daros esta dulce garantía si os rebelais contra los decretos de Dios como si fueran vuestros peores enemigos? Veo en Dios un deseo sincero de salvaros, pero encuentro en vosotros una inclinación decidida a condenarse. Entonces, ¿qué voy a hacer si quiero hablar con claridad? Seré desagradable para vosotros. Pero si no hablo, voy a ser desagradable para Dios.
Por lo tanto, voy a dividir este tema en dos puntos. En el primero, aunque os llene de terror, voy a dejar que los teólogos y los Padres de la Iglesia decidan sobre esta cuestión aunque digan que el mayor número de los cristianos adultos se condenan, y, en adoración silenciosa de este terrible misterio, voy a guardar mis sentimientos para mí mismo. En el segundo punto, trataré de defender la bondad de Dios contra los impíos, al demostraros que los que son condenados están condenados por su propia malicia, porque quisieron condenarse. Así que, aquí ,hay dos verdades muy importantes. Si la primera verdad os asusta, no vayais contra mí, como si yo quisiera hacer más estrecho para vosotros el camino del cielo, sino que voy a ser neutral en este asunto, así que id contra los teólogos y los Padres de la Iglesia, quienes grabarán esta verdad en vuestros corazones por la fuerza de la razón. Si estais atemorizados por esta verdad, dad gracias a Dios por la segunda verdad, que es que El sólo quiere una cosa: que le den sus corazones totalmente a El. Por último, si me obligais a decir claramente lo que pienso, lo haré para vuestro consuelo.
La enseñanza de los Padres de la Iglesia:
No es vana curiosidad, sino una precaución saludable proclamar desde lo alto del púlpito ciertas verdades que sirven maravillosamente para contener las indolencias de los libertinos, que hablan siempre de la misericordia de Dios y de lo fácil que es convertirse, que viven sumidos en toda clase de pecados y se quedan profundamente dormidos yendo camino del infierno. Para su desilusión y para despertarlos de su letargo, hoy vamos a examinar esta gran pregunta: ¿Es el número de cristianos que se salva mayor que el número de cristianos que se condena?
Almas piadosas, vosotras podeis marcharos; este sermón no es para vosotras. Su único objetivo es contener el orgullo de los libertinos que echan el santo temor de Dios fuera de su corazón y unen sus fuerzas con las del diablo que, según el parecer de San Eusebio, condena a las almas, induciéndoles a una falsa seguridad. Para resolver esta duda, vamos a poner a los Padres de la Iglesia, tanto griegos como latinos, en un lado, y en el otro, los teólogos más sabios y los más eruditos historiadore. Dejemos la Biblia en el centro para que todos la vean. Ahora bien, no escuchad lo que yo voy a deciros – que ya he dicho que yo no quiero hablar por mí mismo o decidir sobre la cuestión -, sino oid lo que estas grandes mentes quieren deciros, ellos que son faros en la Iglesia de Dios para dar luz a los demás para que no pierdan el camino del cielo. De esta manera, guiados por la triple luz de la fe, la autoridad y la razón, vamos a ser capaces de resolver este grave asunto concerteza.
Notad que no se trata aquí de la raza humana en su conjunto, ni de todos los católicos sin distinción, sino sólo de los católicos adultos, que tienen libere albedrío y por tanto son capaces de cooperar en el gran asunto de su salvación. Primero vamos a consultar a los teólogos más conocidos para examinar las cosas con más cuidado y no exagerar en su enseñanza: vamos a escuchar a dos cardenales destacados,Cayetano y Belarmino. Ellos enseñan que el mayor número de adultos cristianos se condenan. Si tuviera tiempo para señalar las razones en las que se basan, os convenceríais de ello por vosotros mismos.Pero me limitaré aquí a citar al gran teólogo Suárez. Después de consultar a todos los teólogos y de hacer un estudio diligente del asunto, escribió, “El parecer más común que se tiene es que, entre los cristianos (católicos en la acepción del término de la época), hay más almas condenadas que almas predestinadas“.
Añadid la autoridad de los padres griegos y latinos a la de los teólogos, y encontrarán que casi todos dicen lo mismo. Este es el parecer de San Teodoro, San Basilio, san Efrén y san Juan Crisóstomo. Lo que es más, según Baronio es una opinión común entre los padres griegos que esta verdad fue expresamente revelada a San Simeón Estilita y que éste, después de esta revelación, para asegurar su salvación decidió vivir en lo alto de una columna durante cuarenta años, expuesto a la intemperie, y así llegó a ser un modelo de penitencia y de santidad para todos. Ahora vamos a consultar a los Padres latinos. Oigan a San Gregorio decir claramente: “Muchos alcanzan la fe, pero pocos llegan a alcanzar el reino celestial.” San Anselmo declara: “Son pocos los que se salvan.” San Agustín afirma aún más claramente: “Por lo tanto, pocos se salvan en comparación con aquellos que se condenan”. El más terrible, sin embargo, es San Jerónimo. Al final de su vida, en presencia de sus discípulos, dijo estas terribles palabras: “ De cien mil personas que siempre vivieron mal, apenas se halla una digna de indulgencia.”
Las palabras de la Sagrada Escritura.
Pero ¿por qué buscar las opiniones de los Padres y teólogos, cuando la Sagrada Escritura resuelve la cuestión con tanta claridad? Buscad en el Antiguo y Nuevo Testamento, y encontrareis una multitud de figuras, símbolos y palabras que señalan claramente esta verdad: muy pocos se salvan. En el tiempo de Noé, la raza humana entera quedó anegada en el Diluvio, y sólo ocho personas se salvaron en el Arca. San Pedrodice: “Esta arca, es la figura de la Iglesia“, mientras que San Agustín, añade, “y las ocho personas que se salvaron significa que se salvan muy pocos cristianos, porque son muy pocos los que sinceramente renuncian al mundo, ya que los que renuncian al mundo sólo con palabras no pertenecen al misterio que representa esta arca. “La Biblia también nos dice que sólo dos hebreos de dos millones entraron en la Tierra Prometida después de salir de Egipto, y que sólo cuatro escaparon al fuego de Sodoma y de las otras ciudades incendiadas, y perecieron en ellas. Todo esto significa que el número de los condenados que serán arrojados al fuego como la paja es mucho mayor que la de los salvados que un día el Padre celestial reunirá, como trigo precioso, en sus graneros.
No acabaría nunca si tuviera que señalar todas las figuras, por las que la Sagrada Escritura confirma esta verdad, vamos a contentarnos con escuchar el oráculo viviente de la Sabiduría encarnada. ¿Qué respondió nuestro Señor a aquel hombre curioso del Evangelio que le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” ¿Guardó silencio? ¿Respondió con dificultad? ¿Ocultó su pensamiento por temor a asustar a la gente? No. Interrogado por uno solo, se dirige a todos los presentes. Y les dice: “¿Me preguntais si sólo unos pocos se salvan?” He aquí mi respuesta: “Esforzaos por entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, tratarán de entrar y no podrán.” ¿Quién habla aquí? Es el Hijo de Dios, la Verdad eterna, que en otra ocasión, dice aún con más claridad: “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.” Él no dice que llama a todos y que, de todos los hombres, pocos son los elegidos, sino que nos dice que muchos son los llamados, lo que significa, como San Gregorio explica que, de entre todos los hombres, elige a los llamados a la verdadera religión, pero de ellos pocos llegan a salvarse. Hermanos, estas son las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. ¿No son claras? Son verdaderas. Diganme ahora si es posible que teniendo fe en vuestro corazón, no tembleis.
La salvación en los diferentes Estados de la Vida:
Pero, ¡Ah¡ Veo que al hablar de esta manera a todos en general, me salgo de mi propósito. Así que vamos a aplicar esta verdad a varios estados, y comprendereis que hay que despojarse de la razón, la experiencia y el sentido común de los fieles, y confesar que la mayoría de católicos se condena. ¿Hay algún estado en el mundo más favorable a la inocencia en el que la salvación parece más fácil y del cual la gente tiene una idea más elevada que la de los sacerdotes, los lugartenientes de Dios? A primera vista, ¿quién no creería que la mayoría de ellos no sólo son buenos sino más aún perfectos?. Sin embargo, me horrorizo cuando escucho declarar a San Jerónimo que aunque el mundo está lleno de sacerdotes, apenas uno de cada cien vive de un manera conforme a su estado, o cuando oigo a un siervo de Dios que dice que ha conocido por revelación que el número de sacerdotes que caen en el infierno cada día es tan grande que le parece imposible que quede alguno en la tierra, o cuando oigo a San Juan Crisóstomo exclamar con lágrimas en los ojos, “no creo que se salven muchos sacerdotes, creo por el contrario, que el número de los que se condenan es mayor”.
Mira aún más alto, y mira a los prelados de la Santa Iglesia, los pastores que tienen a su cargo las almas. ¿Es el número de los que se salvan entre ellos mayor que el número de los que se condenan? Escuchen a Cantimpré. Les contará un hecho sucedido, y podrán sacar las conclusiones. Hubo un sínodo que se celebró en París, y un gran número de obispos y pastores que tenían a su cargo las almas, estuvieron presentes. El rey y los príncipes también fueron a añadir lustre a esta asamblea con su presencia. Un famoso predicador fue invitado a predicar. Mientras estaba preparando su sermón, un horrible demonio se le apareció y le dijo: “Deja tus libros. Si quieres hacer un sermón que sea útil a los príncipes y prelados, conténtate con decirles esto de nuestra parte,” Nosotros los príncipes de las tinieblas les agradecemos, príncipes, prelados y pastores de almas, que, debido a su negligencia, la mayor parte de los fieles se condenen. Además, diles que les tenemos preparado una recompensa por este servicio para cuando estén con nosotros en el infierno” .
¡Ay de los que mandan sobre otros! Si tantos son condenados por vuestra culpa, ¿qué va a pasar con vosotros? Si pocos de los que siendo los primeros en la Iglesia de Dios se salvan,¿ quéva a pasar, pues, con vosotros? Tomemos otros estados, ambos sexos, todas las condiciones, maridos, esposas, viudas, mujeres jóvenes, hombres jóvenes, soldados, comerciantes, artesanos, pobres y ricos, nobles y plebeyos. ¿Qué podemos decir acerca de todas estas personas que viven tan mal? El siguiente relato de San Vicente Ferrer os mostrará lo que podeis pensar de ello. Relata que un archidiácono en Lyon renunció a su cargo y se retiró a un lugar desierto para hacer penitencia, y que murió al mismo día y hora que San Bernardo. Después de su muerte, se apareció a su obispo y le dijo: “Sepa, Monseñor, que en el mismo instante de mi muerte, treinta y tres mil personas también murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al cielo sin demora, tres fueron al purgatorio, y todos los demás cayeron en el infierno”. Nuestras crónicas franciscanas relatan un suceso aún más terrible. Uno de nuestros hermanos, bien conocido por su doctrina y santidad, estaba predicando en Alemania. Describió la fealdad del pecado de impureza tan vivamente que una mujer cayó muerta de tristeza ante la mirada de todos. Entonces, volviendo a la vida, dijo, “Cuando me presenté ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo. De este número, tres se salvaron y fueron al purgatorio, y el resto se condenaron “.
¡Oh abismo de los juicios de Dios! De treinta mil, sólo cinco se salvaron! ¡Y de sesenta mil, sólo se salvaron tres y fueron al purgatorio! Vosotros pecadores que me estais escuchando, en qué grupo vais a ser contados? … ¿Qué decís? … ¿Qué pensais? …
Os veo a casi todos bajar la cabeza, llenos de asombro y horror. Pero vamos a dejar nuestro estupor a un lado, y en lugar centrarnos en lo que sentimos, vamos a tratar de sacar algún provecho de nuestro miedo. ¿No es cierto que hay dos caminos que conducen al cielo que son la inocencia y el arrepentimiento? Ahora bien, si os muestro que muy pocos toman uno u otro de estos dos caminos, como personas racionales que sois llegareis a la conclusión de que muy pocos se salvan. Y para probarlo pregunto: ¿en qué edad, empleo o condición no hallareis que el número de los malos no sea cien veces mayor que el de los buenos, de modo que se podría decir, “Los buenos son muy escasos y los malvados se cuentan en un gran número “? Se podría decir de nuestro tiempo lo que Salviano, dijo del suyo: es más fácil encontrar una innumerable multitud de pecadores, inmersos en toda clase de iniquidades que unos pocos hombres inocentes. ¿Cuántos servidores son totalmente honestos y fieles en sus funciones? ¿Cuántos comerciantes son justos y equitativos en su comercio?, ¿Cuántos artesanos justos y veraces, cuántos vendedores desinteresados y sinceros? ¿Cuántos jueces no sentencian en contra de la equidad? ¿Cuántos soldados no pasan por encima de inocentes, ¿cuántos amos no retienen injustamente el salario de quienes les sirven, o no tratan de dominar a sus inferiores? En todas partes, los buenos son raros y los malos muy numerosos. ¿Quién no sabe que hoy en día hay una gran licencia entre los hombres maduros, libertad entre las jóvenes, vanidad en las mujeres, libertinaje en la nobleza, corrupción en la clase media, disolución en el pueblo, descaro en los pobres? De manera que uno podría decir lo que David dijo de su época: “Todos por igual han ido por mal camino … no hay ni siquiera uno que haga el bien, ni siquiera unosólo?”.
Vayan a la calle y a la plaza, al palacio y la casa, a la ciudad y al campo, al tribunal y al tribunal de la ley, e incluso al templo de Dios. ¿Dónde se encuentra la virtud? “¡Ay!” grita Salviano, “salvo por un número muy pequeño que huye del mal, qué es la asamblea de los cristianos si no un sumidero de vicios?” Lo que podemos encontrar en todas partes es el egoísmo, la ambición, la gula y el lujo. ¿No está la mayoría de los hombres manchados por el vicio de la impureza? ¿y no dice San Juan con razón “El mundo entero – si se puede decir así- se encuentra asentado en la maldad?” Yo no soy el que digo esto, la razón nos obliga a creer que de aquellos que viven tan mal, muy pocos se salvan.
Pero direis: ¿ Es que no puede la penitencia reparar la pérdida de la inocencia? Eso es cierto, lo admito. Pero también sé que la penitencia es muy difícil en la práctica; hemos perdido la costumbre de manera tan completa, y está tan olvidada de los pecadores, que esto sólo debería ser suficiente para convencerlos de que muy pocos se salvan por este camino. ¡Oh, cuán empinada, estrecha y espinosa, horrible de ver y difícil de escalar es! Dondequiera que miremos, vemos rastros de sangre y cosas que atraen tristes recuerdos. Muchos desfallecen a la vista de ella. Muchos abandonan al principio. Otros muchos caen de cansancio en el medio, y muchos renuncian miserablemente al final. ¡Y cuan pocos son los que perseveran en ella hasta la muerte! San Ambrosio dice que es más fácil encontrar hombres que han mantenido su inocencia que encontrar hombres que han hecho verdadera penitencia.
Si se considera el sacramento de la penitencia¡ hay tantas confesiones inválidas, tantas excusas estudiadas, tantos arrepentimientos engañosos, tantas falsas promesas, tantas resoluciones inútiles, tantas absoluciones inválidas! ¿Puede pensarse que es válida la confesión de alguien que se acusa de pecados de impureza y sigue aferrándose a la ocasión de ellos? ¿O la de alguien que se acusa de injusticias evidentes, sin la intención de hacer la reparación debida por ellas? ¿O la de alguien que cae de nuevo en las mismas iniquidades después de ir a la confesión? ¡Oh, qué horribles abusos los de tan gran sacramento! Uno confiesa para evitar la excomunión, otro para tener reputación de penitente. Uno se libera de sus pecados para calmar sus remordimientos, otro los oculta por vergüenza. Uno los acusa imperfectamente por malicia, otro lo hace por costumbre. Uno no tiene la intención de la verdadera finalidad del sacramento, a otro le falta la contrición necesaria, y al otro un firme propósito. Pobres confesores, ¡cuántos esfuerzos hacen para atraer al mayor número de penitentes a estas resoluciones y actos, sin que la confesión sea un sacrilegio, la absolución una condena y la penitencia una ilusión¡
¿Dónde se meten ahora, los que creen que el número de los salvados entre los cristianos es mayor que la de los condenados y los que para autorizar su opinión, razonan de esta manera: la mayor parte de los adultos católicos mueren en sus camas, armados con los sacramentos de la la Iglesia, por consiguiente, la mayoría de los católicos adultos se salvan? ¡Ah, qué buen razonamiento! Se debería decir exactamente lo contrario. La mayoría de los adultos católicos se confiesan mal en la muerte, por lo tanto la mayoría de ellos se condenan. Digo esto, porque, para una persona moribunda que no se ha confesado bien cuando se encontraba en buen estado de salud, será aún más difícil hacerlo cuando esté en cama con el corazón pesado, la cabeza inestable, la mente confusa; cuando se deja llevar por quienes le rodean ,y, sobre todo por los demonios que buscan por todos los medios echarlo al infierno. Ahora bien, si se añade a todos estos falsos penitentes, los otros pecadores que mueren de forma inesperada en el pecado, debido a la ignorancia de los médicos o por culpa de sus familiares, que mueren por envenenamiento o al ser enterrado en los terremotos, o en un accidente cerebrovascular, o en una caída, o en el campo de batalla, en una pelea, en una trampa, alcanzado por un rayo, quemados o ahogados, ¿No os veis obligados a concluir que la mayoría de adultos cristianos se condenan? Ese es el razonamiento de San Juan Crisóstomo. Este santo, dice que la mayoría de los cristianos caminan al infierno a lo largo de su vida. ¿Por qué, entonces, estais tan sorprendidos de que la mayor parte vaya al infierno? Para llegar a una puerta, debeis tomar el camino que conduce a ella. ¿Qué teneis que responder a esta poderosa razón?
La respuesta, me direis, es que la misericordia de Dios es grande. Sí, para los que le temen, dice el profeta, pero grande es su justicia para los que no le temen, y condena a todos los pecadores obstinados.
Así que me direis: Bueno, entonces, ¿para quién es el paraíso, si no es para los cristianos? Es para los cristianos, por supuesto, pero para aquellos que no deshonran su carácter de cristianos y que viven como cristianos. Además, si al número de adultos cristianos que mueren en gracia de Dios, se añade el de innumerable niños que mueren después del bautismo y antes de llegar a la edad de la razón, no os sorprendereis de que San Juan Apostol, hablando de los que se salvan, dice, “vi una gran multitud que nadie podía contar”.
Y esto es lo que engaña a los que pretenden que el número de los salvados entre los católicos es mayor que el de los condenados … Si a ese número, se añade el de los adultos que se han acogido al seguro de la inocencia, o que después de haberse manchado, se han lavado en las lágrimas de la penitencia, es cierto que se salva un gran número, y esto explica las palabras de San Juan, “Yo vi una gran multitud“, y estas otras palabras de nuestro Señor,” muchos vendrán de oriente y de occidente, y harán fiesta con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos “, e igualmente explica las otras figuras que suelen citarse a favor de esa opinión. Pero si hablamos de los cristianos adultos, la experiencia, la razón, la autoridad, y la Escritura todas ellas coinciden en afirmar que la mayoría de las almas se condena. No creas que por esto, el paraíso está vacío, por el contrario, es un reino muy poblado. Y si los condenados son “tan numerosos como la arena en el mar”, los salvados son “tan numerosos como las estrellas del cielo”, es decir, tanto los unos como los otros son innumerables, aunque en proporciones muy diferentes.
Un día San Juan Crisóstomo, predicando en la catedral de Constantinopla, y teniendo en cuenta estas cosas, no podía dejar de temblar de horror y preguntar: “De un gran número de personas, ¿cuántos creeis que van a salvarse?” Y sin esperar una respuesta, añadió, “entre miles de personas, no encontraríamos un centenar que se salvasen, e incluso dudo de los cien”. ¡Qué cosa tan horrible! El gran santo cree que de miles personas, apenas cien se salvarían, y aun peor, no estaba seguro de esa cifra. ¿Qué será de vosotros que me estais escuchando? ¡Dios mío, no puedo pensar en esto sin estremecerme! Hermanos, el problema de la salvación es una cosa muy difícil, pues de acuerdo a las máximas de los teólogos, cuando un fin exige grandes esfuerzos, sólo unos pocos logran alcanzarlo.
Por eso, Santo Tomás, el Doctor Angélico, después de pesar todas las razones a favor y en contra, en su inmensa erudición, finalmente llegó a la conclusión de que el mayor número de católicos adultos se condenan. Él dice, “Debido a que la gracia sobrenatural sobrepasa al estado natural, sobre todo porque éste ha sido privado de la gracia original, es un pequeño número el que se salva.”
Entonces, quítense las vendas de esos ojos que ciega el amor propio, que les impide creer una verdad tan obvia dándoles ideas muy falsas sobre la justicia de Dios, “Padre Justo, el mundo no te ha conocido “, dijo Nuestro Señor Jesucristo. Él no dice “Padre Todopoderoso, bondadoso y misericordioso.” Dice “Padre Justo”, por lo que podemos entender que, de todos los atributos de Dios, ninguno debe tenerse más presente que su justicia, porque los hombres se niegan a creer lo que tienen miedo de sufrir. Por lo tanto, quitaos las vendas que cubren sus ojos y decid entre lágrimas: ¡Ay! Un gran número de católicos, un gran número de las personas que viven ahora, incluso los de que están en esta asamblea, se condenará! ¿Qué tema podría ser más merecedor de lágrimas?
El rey Jerjes, de pie sobre una colina, mirando a su ejército de cien mil soldados en batalla, y considerando que de todos ellos no habría un solo hombre vivo en cien años, no pudo contener las lágrimas. ¿No tenemos más razón para llorar con el pensamiento de que, de tantos católicos, la mayoría se condenará? ¿Acaso este pensamiento no debería hacer que nuestros ojos derramen ríos de lágrimas, o al menos produczcan en nuestro corazón el mismo sentimiento de compasión que sintió un hermano agustíno, Ven. Marcello de Santo Domingo? Un día, mientras estaba meditando sobre las penas eternas, el Señor le mostró cuántas almas iban al infierno en aquel momento y le hizo ver un camino muy amplio en el que veintidós mil reprobados iban corriendo hacia el abismo, que tropezando entre sí . El siervo de Dios se quedó estupefacto ante la vista y exclamó: “¡Oh, cuán gran número! ¡Cuán gran número! Y aún hay más en camino. ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué locura!” Déjenme repetir con Jeremías: “¿Quién va a dar agua a mi cabeza, y una fuente de lágrimas a mis ojos? Lloro día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo“.
¡Pobres almas! ¿Cómo se puede correr tan de prisa hacia el infierno? Por piedad deténganse y escuchadme un momento! O entendeis lo que significa salvarse y condenarse por toda la eternidad, o no. Si lo entendeis y, a pesar de eso, no decidís cambiar de vida hoy mismo, hacer una buena confesión y pisotear al mundo, en una palabra, hacer todo los esfuerzos para ser contados entre el número pequeño de los que se salvan; yo digo que no teneis fe. Tendríais más excusa, si no lo entendierais, porque si no, es que sois dementes. Ser salvados para toda la eternidad, o ser condenados por toda la eternidad, y no hacer sus máximos esfuerzos para evitar una cosa, y asegurarse la otra, es algo inconcebible.
La Bondad de Dios:
Tal vez no creeis en la terrible verdad que os acabo de mostrar. Pero son la mayoría de los teólogos altamente considerados y los Padres más ilustres, los que han hablado a través de mí. Entonces, ¿cómo podeis resistir a estas razones que cuentan con el apoyo de tantos personajes y las palabras de la Escritura? Si aún no os decidís, a pesar de esto, y si vuestras mentes se inclinan a la opinión contraria, ¿estas autoridades no bastan para haceros temblar? Ah, esto muestra que no os importa mucho vuestra salvación! En esta importante cuestión, un hombre sensato es convencido con más fuerza ante la menor duda del riesgo que corre, por la evidencia de la ruina total a que se expone el alma. Uno de nuestros hermanos, Giles de Asis, tenía la costumbre de decir que si un solo hombre fuera a condenarse, haría todo lo posible para asegurarse de que no fuera él ese hombre.
Entonces, ¿qué debemos hacer, nosotros los que sabemos que la mayor parte de los hombres va a ser condenada, incluso la mayor parte de todos los católicos? ¿Qué debemos hacer? Tomar la resolución de pertenecer al escaso número de los que se salvan. Alguno dirá: Si Cristo iba a condenarme, ¿por qué me ha creado? Silencio, lengua precipitada! Dios no creó a nadie para condenarlo, pero el que se condena, se condena porque quiere. Por lo tanto, respeta la bondad de mi Dios y absuelvela de toda culpa. Esto será el tema del segundo punto.
Antes de continuar, vamos a colocar a un lado todos los libros y todas las herejías de Lutero y Calvino, y en el otro lado los libros y las herejías de los pelagianos y semipelagianos, y vamos a quemarlos. Algunos destruyen la gracia, otros la libertad, y todos están llenos de errores, así que los echamos en el fuego. Todos los condenados tienen puesto en su frente el oráculo del profeta Oseas, “Tu condena viene de ti”, de modo que puedan entender que todo el que está condenado, está condenado por su propia malicia y porque ha querido condenarse.
Primero vamos a poner estas dos verdades innegables como fundamento: “Dios quiere que todos los hombres se salven” y “Todos necesitan de la gracia de Dios“. Ahora bien, si se demuestra que Dios quiere salvar a todos los hombres, y que para ello le da a todos ellos su gracia y todos los demás medios necesarios para obtener este fin sublime, estaremos obligados a aceptar que quien se condena debe imputarlo a su propia malicia, y que si la mayoría de los cristianos se condenan, es porque quieren. “Tu condenación viene de ti, la ayuda de la gracia viene sólo en mí.”
Dios quiere que todos los hombres se salven:
En un centenar de lugares en las Sagradas Escrituras, Dios nos dice que es realmente su deseo el salvar a todos los hombres. “Es acaso mi voluntad que el pecador muera, y no que se convierta de sus caminos? … Vivo yo, dice el Señor. Yo no deseo la muerte del pecador. Si se convierte vivira”. Cuando alguien quiere algo mucho, dice que se está muriendo con el deseo de ello, es una hipérbole. Pero Dios ha querido y aún quiere nuestra salvación, tanto, que murió de deseo, y sufrió la muerte para darnos vida. Esta voluntad de salvar a los hombres , no es una voluntad superficial y aparente en Dios, es un voluntad real, efectiva, y benéfica, porque Él nos da todos los medios más adecuados para salvarnos. No nos los da para que no lo consigamos, nos los da con una voluntad sincera, con la intención de que podamos obtener su efecto. Y si no lo obtenemos, se muestra afligido y ofendido por ello. Incluso manda a los que van a la condenación a hacer su voluntad, a fin de salvarse; les exhorta a cumplirla, les obliga, y si no la obedecen, pecan. Por lo tanto, pueden hacerla y así salvarse.
Es más, porque Dios ve que ni siquiera podemos hacer uso de su gracia, sin su ayuda, El nos da otras ayudas, y si a veces son ineficaces, es nuestra culpa, porque con estas mismas ayudas, se puede abusar de ellas y ser condenados con ellas, mas otro con ellas puede hacer el bien y ser salvo; incluso podríamos salvarnos con las ayudas de menor fuerza. Sí, puede suceder que uno abuse de una mayor gracia y se condene, mientras que otro coopera con una gracia menor y se salva.
San Agustín exclama: “Por tanto, si alguien se aparta de la justicia, este es llevado por su libre voluntad, arrastrado por su concupiscencia, y engañado por su propia deseo”. Pero para aquellos que no entienden teología, esto es lo que les tengo que decir : Dios es tan bueno que cuando ve a un pecador corriendo a su ruina, corre detrás de él, le llama, le suplica y lo acompaña hasta las puertas del infierno, ¿qué no hará para convertirlo? Le envía buenas inspiraciones y pensamientos santos, y en caso de que no saque provecho de ellos, El se enoja y se indigna, El lo persigue. ¿El le golpeara? No. Él golpea el aire y lo perdona. Pero si el pecador no se convierte todavía. Dios le envía una enfermedad mortal. Sin duda, es todo para su bien. Pero, hermanos, si Dios lo cura, y el pecador se obstina en el mal, Dios en su misericordia, busca otro camino. Él le concede un año más, y cuando este año pasa le concede otro.
Pero si el pecador todavía quiere arrojarse al infierno a pesar de todo esto, ¿qué hace Dios? ¿ le abandona? No. Él lo toma de la mano, y mientras que él tiene un pie en el infierno y el otro fuera, El le habla y le implora que no abuse de sus gracias. Ahora les pregunto, si ese hombre se condena ¿no es cierto que se condena en contra de la voluntad de Dios y porque quiere condenarse? Ahora venid y preguntadme: Si Dios iba a condenarme, ¿por qué me ha creado?
Pecador ingrato, aprende hoy de que si te condenas, no es Dios quien tiene la culpa, sino eres tu y tu propia voluntad. Para que te convenzas tú mismo, baja hasta las profundidades del abismo, y os traeré una de esas miserables almas condenadas ardiendo en el infierno, para que estas te expliquen esta verdad. Aquí está uno ahora: “Dime, ¿quién eres?” “Soy un pobre idólatra, nacido en una tierra desconocida, nunca oí hablar del cielo o del infierno, ni de lo que estoy sufriendo ahora”. “¡Pobre miserable! Vete, no eres al que estoy buscando”. Otro viene; ahí está. “¿Quién eres?” “Soy un cismático de los extremos de Tartaria, siempre he vivido en un estado incivilizado, casi sin saber que hay un Dios.” “Tú no eres al que quiero, regresa al infierno”.
Aquí está otro. ¿Y tú quién eres? “” Soy un pobre hereje del Norte. Nací bajo el Polo y nunca vi ni la luz del sol ni la luz de la fe “. “No eres al que yo estoy buscando, regresa al infierno.” Hermanos, mi corazón se rompe al ver a estos desgraciados que ni siquiera sabían de la verdadera fe entre los condenados. Aun así, sabemos que la sentencia de condena fue pronunciada contra ellos y se les dijo, “tu condena proviene de ti.” Fueron condenados porque querían serlo. ¡Recibieron tantas ayudas de Dios para ser salvados! No sabemos cuántas, pero ellos lo saben bien, y ahora gritan “¡Oh Señor, tú eres justo … y tus juicios son equitativos”.
Hermanos, debeis saber que la creencia más antigua es la de la Ley de Dios, que todos llevamos escrita en nuestros corazones, que se puede aprender sin maestro, y que basta con tener la luz de la razón para conocer todos los preceptos de esta ley. Por eso, incluso los bárbaros se esconden al momento de cometer el pecado, porque saben que están haciendo mal, y que son condenados por no haber observado la ley natural escrita en sus corazones, porque si la hubíeran observado, Dios habría hecho un milagro en lugar de dejarlos condenarses, él les hubiera enviado a alguien para que les enseñe y les hubiera dado otras ayudas, de las que se hicieron indignos por no vivir en conformidad con las inspiraciones de su propia conciencia, que nunca dejó de advertirles del bien que deben hacer y el mal que deben evitar. Así que es su conciencia, la que los acusa en el Tribunal de Dios, y les dice constantemente en el infierno, “Tu condena proviene de ti.”Ellos se ven obligados a confesar que son merecedores de su destino. Ahora bien, si estos infieles no tienen excusa, ¿habra alguna excusa para un católico que tenia tantos sacramentos, tantos sermones, tantas ayudas a su disposición? ¿Cómo te atreves a decir: “Si Dios iba a condenarme, ¿por qué me ha creado?” ¿Cómo te atreves a hablar de esta manera, cuando Dios le da tantas ayudas para salvarte?
Vosotros, que estais sufriendo en el abismo, contéstadme! ¿Hay católicos entre vosotros? “Por cierto que los hay!” ¿Cuántos? Que uno de ellos venga aquí! “Eso es imposible, están demasiado abajo, y para poder hacer que ellos vengan aquí tendriamos que poner todo el infierno de cabeza, sería más fácil detener a uno de los que va a caer en él “. Así pues, me dirijo a vosotros que vivís habitualmente en pecado mortal, en el odio, en el fango del vicio de la impureza, y que os acercais al infierno cada día. Detente, y da la vuelta, es Jesús el que te llama y que, con sus heridas, así como con tantas voces elocuentes, te grita a ti, “Hijo mío, si te condenas, sólo te puedes culpar a tí mismo:” Tu condenación viene de ti. ” Alzad vuestros ojos y ved todas las gracias con las que os he enriquecido para asegurar vuestra salvación eterna. Te podría haber hecho nacer en un bosque en Babaria, que es lo que hice con muchos otros, pero yo te hice nacer en la Iglesia Católica, te puse un padre tan bueno, una madre excelente, que te dio las más puras instrucciones y enseñanzas. Si te condenas a pesar de esto, ¿quién tiene la culpa? Tu propia culpa es, Hijo mio, tu propia culpa: “Tu condenación proviene de ti. ”
“Yo te podía haber echado en el infierno después del primer pecado mortal que cometiste, sin esperar al segundo: lo hice con tantos otros, pero fui paciente contigo, te esperé durante muchos largos años. Todavía estoy esperando de ti hoy la penitencia. Si te condenas, a pesar de todo eso, ¿de quién es la culpa? Es culpa tuya, Hijo mio, tu propia culpa: “Tu condena proviene de ti.” Tu sabes cuántos han muerto ante tus propios ojos y han sido condenados, esta era una advertencia para ti. Tu sabes cuantos otros he puesto por el buen camino para darte ejemplo. ¿Recuerdas lo que ese excelente confesor te dijo? yo soy el que hice que lo dijera. ¿No te ordenó cambiar tu vida, para hacer una buena confesión? Yo soy el que le inspiró. Recuerdas aquel sermón que tocó tu corazón? Yo soy el que te llevó allí. Y lo que pasó entre tú y yo en el secreto de tu corazón, … que nunca puedes olvidar.
“Esas inspiraciones interiores, ese conocimiento claro, ese constante remordimiento de conciencia, te atreves a negarlos? Todas estas fueron tantas ayudas de mi gracia, porque quería salvarte. Rehusé dárselas a muchos otros, y te las di a ti porque te amaba tiernamente. Hijo mio, hijo mio, si yo les hubiera hablado con tanta ternura como me dirijo a ti hoy, ¿cuántas otras almas hubieran vuelto al camino correcto! Y tú … Me das la espalda. Escucha lo que te voy a decir, y estas son mis últimas palabras: Tu me has costado mi sangre, si deseas condenarte a pesar de la sangre que derramé por ti, no me culpes, sólo a ti mismo te puedes acusar, y por toda la eternidad, no olvides que si te condenas, a pesar de mí, te condenas porque quies condenarte: ‘Tu condena proviene de ti. ”
Oh, mi buen Jesús, las piedras mismas se partirian al oir palabras tan dulces, expresiones tan tiernas. ¿Hay alguien aquí que quiere condenarse, con tantas gracias y ayudas? Si hay alguien, que me escuche, y que se resista si puede.
Baronio relata que después de la apostasía infame de Juliano el Apóstata, este concibió un odio tan grande contra el Santo Bautismo que día y noche, buscó la manera en la que podría borrar el suyo. A tal fin, se preparo un baño de sangre de cabra y se colocó en el, queriendo que esta sangre impura de la víctima consagrada a Venus pudiera borrar el carácter sagrado del bautismo de su alma. Tal comportamiento te parecerá abominable, pero si el plan de Juliano hubiera podido tener éxito, es cierto que estaría sufriendo mucho menos en el infierno.
Pecadores, el consejo que os quiero dar, sin duda, parecerá extraño, pero si lo entendeis bien, está, por el contrario, inspirado por la tierna compasión que tengo por vosotros. Os suplico de rodillas, por la sangre de Cristo y por el Corazón de María, que cambieis vuestras vidas, volved al camino que conduce al cielo, y haced todo lo posible por pertenecer al escaso número de los que se salvan. Si, en lugar de ello, deseais continuar por el camino que conduce al infierno, al menos, encontrad una manera de borrar vuestro bautismo. ¡Ay de ti si llevas el Santo Nombre de Jesucristo y el carácter sagrado de los cristianos grabado en tu alma al infierno! Tu castigo será aún mayor. Así que lo que yo te aconsejo que hagas es esto: si no deseas convertirte, ve hoy mismo y pídele a tu párroco que borre tu nombre del registro bautismal, de modo que no quede ningún recuerdo de que hayas sido alguna vez un cristiano; implora a tu ángel de la guarda para que borre de su libro de gracias las inspiraciones y las ayudas que te ha dado por orden de Dios, porque ¡ay de vosotros si las recuerda! Decid a Nuestro Señor que retire su fe, su bautismo, sus sacramentos.
¿Estás horrorizado al pensar así? Pues bien, échate a los pies de Jesucristo, y dile, con lágrimas en los ojos y el corazón contrito: “Señor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre tus elegidos . Reconozco que merezco ser condenado, pero tu misericordia es grande y lleno de confianza en tu gracia, te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que salvarme. Si he sido infiel, hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, te pido humildemente que me perdones por ello. Perdóname, buen Jesús, y también fortaléceme, para que pueda salvarme. No te pido la riqueza, ni el honor ni la prosperidad, te pido una sola cosa, que salves mi alma. ”
Y tú, oh Jesús! ¿Qué dices? ¡Oh buen Pastor, mira a la oveja descarriada que vuelve a ti; abraza a este pecador arrepentido, bendice sus suspiros y lágrimas, o más bien bendice a estas fieles tuyos que están tan dispuests y que no quieren nada más que su salvación. Hermanos, a los pies de Nuestro Señor, vamos a clamar que queremos salvar nuestra alma, cueste lo que cueste. Pongámonos todos a decirle con los ojos llenos de lágrimas, “Buen Jesús, yo quiero salvar mi alma,” ¡Oh, benditas lágrimas, benditos suspiros!
Conclusión:
Hermanos, hoy quiero despediros consolados. Así que si me preguntan mi parecer sobre el número de los que se salvan, aquí está: Sean muchos o pocos los que se salven, digo que todo aquel que quiere ser salvo, será salvo, y que nadie puede ser condenado si no quiere serlo. Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien. Por lo demás, comparen estas dos sentencias: la primera afirma que están condenados la mayor parte de los católicos, la segunda, por el contrario, pretende que se salvan el mayor número de católicos. Imagina a un ángel enviado por Dios para confirmar la primera sentencia, viene a decir que no sólo la mayoría de los católicos se condenana, sino que de esta asamblea, de todos los aquí presentes, uno solo se salvará. Si obedeces los mandamientos de Dios, si detestas la corrupción de este mundo, si abrazas la cruz de Jesucristo en un espíritu de penitencia, serás ese uno que se salve.
Ahora imagínate al mismo ángel que viene a ti confirmando la segunda opinión. Él te dice que no sólo se salvan la mayor parte de los católicos, sino que de todos los de esta asamblea, uno solo va a ser condenado y todos los demás se salvarán. Si después de esto, continuas con tus usuras, tus venganzas, tus acciones criminales, tus impurezas, entonces serás ese uno que se condene.
¿Cuál es la utilidad de saber si muchos o pocos se salvan? San Pedro nos dice: “Esfuérzate con buenas obras en hacer tu elección segura.” Cuando la hermana de Santo Tomás de Aquino le preguntó qué debia hacer para ir al cielo, éste dijo: “te salvarás si deseas serlo.” Yo les digo lo mismo a ustedes, y aquí está la prueba de mi afirmación. Nadie se condena si no comete pecado mortal, lo cual es de fe. Y nadie comete un pecado mortal, a menos que quiera: lo cual es una proposición teológica innegable. Por lo tanto, nadie va al infierno a menos que él quiera, y la consecuencia es obvia. ¿Acaso eso no es suficiente para tranquilizaros? Llorad por los pecados del pasado, haced una buena confesión, no pequeis más en el futuro, y todos os salvareis. ¿Por qué te atormentas así? Es cierto que hay que cometer el pecado mortal para ir al infierno, y que para cometer el pecado mortal debes querer hacerlo, y como consecuencia, nadie va al infierno a menos que quiera. Esto no es sólo una opinión, es una verdad innegable y muy consoladora. Dios os la haga entender, y que Dios os bendiga. Amén.
Consideraciones finales
En las primeras normas sobre el discernimiento de espíritus, San Ignacio pone de manifiesto que es típico del espíritu del mal tranquilizar a los pecadores. Por lo tanto, debemos predicar constantemente y sacarlos de esta falsa seguridad pero dando lugar a la confianza y a la esperanza en el perdón infinito del Señor y de su misericordia, para que la conversión sea fácil con su gracia todopoderosa. Pero también debemos recordar que “Dios no puede ser burlado”, y que alguien que vive habitualmente en el estado de pecado mortal está en el camino de la condenación eterna.
Hay milagros de último minuto, pero a menos que sostengamos que los milagros son algo común, estamos obligados a aceptar que para la mayoría de las personas que viven en el estado de pecado mortal, la condenación final es la posibilidad más probable.
La doctrina de San Leonardo de Puerto Mauricio ha salvado y salvará innumerables almas hasta el final del tiempo. Esto es lo que dice la Iglesia en la oración del Oficio Divino, Lección Sexta, hablando de la elocuencia celestial San Leonardo: Al oírle, hasta los corazónes de hierro y bronce se inclinaban fuerteme a la penitencia, a causa de la sorprendente eficacia de la predicación y el celo ardiente del predicador. Y en la oración litúrgica pedimos al Señor, “danos el poder para doblar el corazón de los pecadores endurecidos por la predicación.“
LA CONDENA DE LA IGLESIA AL ROTARY CLUB

La Declaración del Obispo de Palencia (28 de agosto de 1928), advierte entre otras cosas que «en los titulados clubs rotarios […] no pueden estar los buenos católicos» y que «el rotarismo quiere ser una institución moral y moralizadora, que se propone influir en la vida de individuos, familias y pueblos, prescindiendo en absoluto, como asociación, de toda idea religiosa y de toda suerte de relaciones con Dios y con Jesucristo Nuestro Redentor».
Todo ello implica que «la institución rotaria, como tal, explícitamente hace profesión de un laicismo absoluto, de una indiferencia religiosa universal e intenta moralizar a los individuos y sociedades por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista y aun atea» [1].
El Aviso del Obispo de Orense a sus fieles, por su parte, mucho más breve y concluyente, considera que los clubes rotarios «no son otra cosa que nuevos organismos satánicos, de igual espíritu y procedencia que el masonismo, bien que procure disfrazarse y aparecer con el marchamo de humanitarismo puro y hasta de caridad cristiana y de fraternidad universal, generosa, amplia y legítima» [2].
La Santa Pastoral Visita del Obispo de Tuy (Vigo, 8 de octubre de 1928), advierte que «para los buenos católicos no hay ni puede haber otros medios de perfeccionamiento en el orden religioso, moral y social, que los que tienen por base los principios de la religión, de la moral y de la sociología de Cristo, el único verdadero Salvador de la Humanidad» [3].
La Carta pastoral del Obispo de León asocia a los rotarios a la lista de enemigos de la Iglesia Católica, en la que figuran los protestantes, los indiferentes y los masones, todos ellos en «amigable consorcio» maquinando «contra nuestra santa religión, contra la Iglesia y sus ministros» [4].
La Carta pastoral con motivo del próximo Adviento del Obispo de Almería, pide a sus feligreses que se aparten de lo que pueda poner en peligro sus almas, señalando que el rotarismo, al poseer un «código rotario de ética», incurre en «laicismo» y «naturalismo», además de no circunscribirse «a la profesión especulativa, mercantil y de orden económico», y de invadir «la vida social y doméstica, a los amigos, a los esposos, a los padres, a los hermanos y a los ciudadanos en general para» supuestamente «hacerlos mejores» [5].
La Iglesia Católica censura que los rotarios fundamenten la moral sin referencia alguna a Cristo y a Su única Iglesia; esto no es solo debido a que el magisterio enseñe que Extra Ecclesiam nulla salus [6] y que «la religión católica […] por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás» (León XIII, Encíclica Humanum genus, 6).
En efecto, para un cristiano católico no es posible vivir su relación con Dios de una manera doble, es decir, escindiéndola en una forma humanitario-supraconfesional y en una forma interior-cristiana. Éste no puede cultivar relaciones de dos tipos con Dios, ni expresar su relación con el Creador por medio de formas simbólicas de dos especies. Ello sería algo completamente distinto a aquella colaboración, que le es obvia, con todos aquellos que están comprometidos en la realización del bien, aunque partan de principios diversos. Por otro lado, un cristiano católico no puede al mismo tiempo participar de la plena comunión de la fraternidad cristiana y, por otra parte, mirar a su hermano cristiano, desde la perspectiva masónica o rotaria, como a un “profano”.
Incluso si, como ya se ha dicho, no hubiese una obligación explícita de profesar el relativismo como doctrina, aún así la fuerza relativizante de una tal fraternidad, por su misma lógica intrínseca, tiene en sí la capacidad de transformar la estructura del acto de fe de un modo tan radical que no sea aceptable por parte de un cristiano “que ama su fe” (León XIII).
Este trastorno en la estructura fundamental del acto de fe se da, además, usualmente de un modo suave y sin ser advertido: la sólida adhesión a la verdad de Dios, revelada en la Iglesia, se convierte en una simple pertenencia a una institución, considerada como una forma representativa particular junto con otras formas representativas, a su vez más o menos posibles y válidas, de cómo el ser humano se orienta hacia las realidades eternas.
En la Admonición pastoral del Cardenal Primado de Las Españas y Arzobispo de Toledo (23 de enero de 1929), sobre las «instituciones neutras», entre las que se incluyen la «International Rotary Club», el Emmo. y Rvdmo. Dr. Pedro Segura y Sáenz (1880-1957), señala como maldad intrínseca de las denominadas instituciones neutras que «ocultan la negación de la moral verdadera y de la verdadera Religión, que tratan de sustituir con una moral y una religión que no es la de Jesucristo», «mientras predican una moral sin religión para llegar a la paz universal», «debajo de un aspecto comercial, recreativo, pedagógico, filantrópico, internacional, neutral, pero siempre laico».
Ello conduce a incluir sin lugar a dudas al «Rotary Club» entre las asociaciones «suspectis aut quae se etudeant sese a legitima Ecclesiae vigilantia subducere», las asociaciones sospechosas o que procuran evadir la vigilancia legítima de la Iglesia del canon 336 del «Código de Derecho Canónico» (1917).
0El 4 de febrero de 1929, la Santa Sede prohíbe a los sacerdotes participar en reuniones rotarias ya fuera como miembros o como invitados [el famoso «non expedire»]. Esta prohibición se reitera mediante Decreto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio de 20 de diciembre de 1950.
Notas
[1] Cf. Boletín Eclesiástico del Obispado de Palencia, año LXXVIII, sábado, 1 de septiembre de 1928, nº 77, pág. 391 y ss.
[2] Cf. Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Orense, año XVC, nº 14, 7 de septiembre de 1928, págs. 223 y 224.
[3] Cf. Boletín Oficial del Obispado de Tuy, octubre de 1928.
[4] Cf. Boletín Oficial del Obispado de León, 26 de noviembre de 1928, pág. 500.
[5] Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Almería, 30 de noviembre de 1928, págs. 316-319.
MARTIROLOGIO DE MAYO
La santidad de la vida no es un beneficio singular que se concede a algunos privilegiados y no a los demás, sino que a ella todos estamos llamados y es un deber común: que la consecución de las virtudes, aunque cuesta, es posible para todos con la ayuda de la gracia divina que a nadie se niega». (Pío XI, Encl. Rerum Omnium)
Podrá consultar el Martirologio de cada mes en el menú al pie de esta pagina “MARTIROLOGIO“
MARTIROLOGIO DEL PAPA PÍO XII
MAYO de 2018
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MAYO
1 de mayo
San José Obrero
La Iglesia cristianizó en otro tiempo las fiestas paganas, usando con soberana libertad de las fechas y de las ceremonias para dotarlas de un contenido cristiano enteramente nuevo.
Inspirándose en esa tradición, coloca ahora la fiesta civil del trabajo el 1 de mayo, bajo el poderoso patrocinio de San José, el humilde artesano escogido por Dios para velar sobre la infancia del Verbo encarnado.
¿Quién mejor que él, en su trabajo de cada día, dio gracias a Dios Padre por el Señor Jesús (epístola), aprendiz suyo dócil y obediente, a quien llamaban el hijo del carpintero (evangelio)?
Cubra San José con su vigilante protección a este mundo del trabajo, de cuya dura suerte participó; guíe y sostenga sus esfuerzos para que reine en el mundo la justicia y la caridad bajo la ley del amor de Cristo Jesús.
Oración: ¡Oh, Dios!, creador de todas las cosas, que has impuesto a los hombres la ley del trabajo; haz que, siguiendo el ejemplo de San José y bajo su patrocinio, realicemos con perfección la obra que nos mandas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, el tránsito de san Pío V, de la Orden de Predicadores, Papa y Confesor; el cual, dedicándose con fortaleza y éxito feliz a restaurar la disciplina eclesiástica, extirpar las herejías y destruir los enemigos del nombre Cristiano, con la santidad de su vida y de las leyes, gobernó la Iglesia católica. Su fiesta se celebra el día 5 de este mes.
2.- En Egipto, san Jeremías, Profeta, el cual murió apedreado por el pueblo en Tainas, donde fue enterrado: a su sepulcro, según refiere san Epifanio, acostumbraban ir los fieles a hacer oración y recoger de aquel polvo, que cura las mordeduras de los áspides.
3.- En territorio de Vivares, en las Galias, san Andéolo, Subdiácono, al cual, junto con otros, envió san Policarpo. Obispo de Esmirna, desde el Oriente a la Galia a predicar la palabra de Dios. En el imperio de Severo, después de azotado con varas espinosas, por último, con una espada de madera le abrieron la cabeza en cuatro partes, a modo de cruz, y así consumó el martirio.
4.- En Huesca de España, los santos Mártires Oroncio y Paciencia.
5.- En la aldea de Coulmiers, en el territorio de Orleáns, en Francia, el martirio de san Segismundo, Rey de los Borgoñones, que murió sumergido en un pozo y después resplandeció con milagros. Su sagrado cuerpo, sacado finalmente del pozo, fue llevado a la Iglesia del monasterio de Agauno, situado en la diócesis de Sión, y allí honoríficamente colocado.
6.- En Auxerre, san Amador, Obispo y Confesor.
7.- En Auch de Francia, san Oriencio, Obispo.
8.- En Elvy de Inglaterra, san Asaf, Obispo, con cuyo nombre se honró más tarde la misma ciudad Episcopal.
9.- En Forli, san Peregrino, de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María.
10.- En Bérgamo, santa Grata, Viuda.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
2 de mayo
San Atanasio, Obispo, Confesor y Doctor D. – Blanco
San Atanasio, obispo de Alejandría, por tres veces fue depuesto de su sede episcopal por los arrianos; fue calumniado, desterrado y perseguido por cuatro emperadores. Volvió no obstante, a Alejan dría habiendo triunfado sobre los enemigos de la fe y, algún tiempo después, se fue al cielo a recibir la recompensa de 46 años de persecución sufridas por Jesucristo. Murió en el año 373.
Oración: Os suplicamos, Señor, escuchéis las oraciones que os dirigimos en la solemnidad de vuestro confesor pontífice San Atanasio, a fin de que los méritos y la intercesión de quien dignamente os ha servido nos obtengan el perdón de nuestros pecados. Por J. C. N. S. Amén.
1.- Santa Zoe, Mártir
2.- Santa Mafalda o Matilde, Monja
3.-Beato Conrado de Seldemburem
4.- San Exuperio, Mártir
5.- San Waldeberto, Abad
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias
3 de mayo
Invención o Hallazgo de la Santa Cruz D. 2ª. cl. – Rojo
En Jerusalén, la Invención de la Sacrosanta Cruz del Señor, en tiempo del Emperador Constantino.
El emperador Constantino había visto una cruz en el cielo, en la cual estaban escritas estas palabras: CON ESTE SIGNO VENCERÁS; en efecto, derrotó totalmente al tirano Majencio. Santa Elena, su madre, en agradecimiento de este favor, dispuso se hiciesen búsquedas en Jerusalén para dar con la verdadera cruz. Descubriéronse tres. Un milagro dio a conocer con certeza cuál era aquélla de la que pendiera el precio de nuestra redención. La santa hízole construir un templo magnífico. Hoy celebra la Iglesia el hallazgo o invención de este adorable tesoro.
Oración: Oh Dios, que en el hallazgo maravilloso de vuestra cruz salutífera, habéis renovado los milagros de vuestra Pasión, haced que adquiramos, por el valor de este árbol de vida, la recompensa de la vida eterna. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Nomentana, el suplicio de los santos Mártires Alejandro I Papa, Evencio y Teodulo Presbíteros. A Alejandro, en tiempo del Emperador Adriano y del Juez Aureliano, después de las prisiones y cárceles, el potro, las uñas aceradas y el fuego, apuñalaron con punzones águdísimos todos los miembros hasta que expiró; Evencio y Teodulo, después de larga prisión y del tormento del fuego, fueron por fin degollados.
2.- En Narni, san Juvenal, Obispo y Confesor.
3.- En el monte Senario de Toscana, los santos Sosteneo y Ugución, Confesores, de los siete Fundadores de Siervos de la bienaventurada Virgen María; los cuales, avisados del cielo, en el mismo día y hora, al rezar la salutación Angélica, pasaron de esta vida. Su fiesta y la de sus Compañeros se celebra el día 12 de Febrero.
4.- En Constantinopla, los santos Mártires Alejandro, soldado, y Antonina, Virgen; a ésta, en la persecución de Maximiano, condenada por el Presidente Festo a un lugar infame, la sacó secretamente Alejandro, cambiando los vestidos y quedándose allí por ella; por lo cual fue poco después atormentado con ella, y ambos juntos, cortadas las manos, fueron por la fe de Cristo arrojados en la hoguera y, consumado el glorioso combate, fueron coronados.
5.- En la Tebaida, los santos Mártires Timoteo y Maura, su mujer, a quienes el Prefecto Ariano, al cabo de muchos tormentos, mandó clavar en una cruz, en donde, pendiendo vivos por nueve días, y fortaleciéndose uno a otro en la fe, consumaron el martirio.
6.- En Afrodisia de Caria, los santos Mártires Diodoro y Rodopiano, que en la persecución del Emperador Diocleciano fueron apedreados por sus conciudadanos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
4 de mayo
Santa Mónica, Viuda D. – Blanco
En Ostia, del Tíber, santa Mónica, madre de san Agustín, cuya preclara vida dejó atestiguada el mismo santo en el libro nono de sus Confesiones. n. 322 en Tagaste (Souk Ahras), Argelia; † 387 en Ostia, Italia.
Patrona de viudas; esposas; madres; amas de casa; víctimas de abusos; víctimas de adulterio; víctimas de abusos verbales; alcohólicos; madres con hijos problemáticos. Protectora contra el alcoholismo; dificultades en el matrimonio.
Santa Mónica, madre de San Agustín, derramó tantas lágrimas y oró a Dios con tanto fervor por la conversión de su hijo, que vio realizarse la palabra de San Ambrosio que le aseguró que un hijo de tantas lágrimas no podía perderse. Siguió a su hijo por todas partes para exhortarlo a que renunciara a sus desórdenes y a la herejía de los maniqueos. Cuando por fin lo vio convertido, exclamó: Ahora moriré contenta, hijo mío, porque ya nada me queda por desear en la tierra. Murió en el año 387.
Oración: Oh Dios, consuelo de los afligidos y salvación de los que en Vos esperan, que bondadosamente recibisteis las lágrimas que Santa Mónica vertió por la conversión de su hijo Agustín, concedednos, por la intercesión de ambos, la gracia de llorar nuestros pecados y gustar las verdaderas alegrías del espíritu. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En las minas de Fenón en Palestina, el triunfo de san Silvano, Obispo de Gaza; el cual, en la persecución del Emperador Diocleciano, por orden del César Galerio Maximiano, fue con muchísimos de sus Clérigos coronado del martirio.
2.- En Jerusalén, san Ciríaco, Obispo, que, visitando los Santos Lugares, fue allí muerto, imperando Juliano Apóstata.
3.- En Camerino, san Porfirio, Presbítero y Mártir, el cual, siendo Emperador Decio y Presidente Antíoco, por haber convertido a muchos (y entre ellos a san Venancio) a la fe de Cristo, fue decapitado.
4.- En las minas de Fenón, en Palestina, treinta y nueve santos Mártires, que, condenados a las dichas minas, después de sufrir las planchas de fuego y otros tormentos, fueron juntamente decapitados.
5.- En Lorch de la Nórica Ripense, san Florián, Mártir, el cual, imperando Diocleciano, por orden del Presidente Aquilino, fue arrojado al río Ems con una piedra atada al cuello.
6.- En Colonia, san Paulino, Mártir.
7.- En Tarso de Cilicia, santa Pelagia, Virgen y Mártir, que imperando Diocleciano, metida en un buey de bronce candente, consumió el martirio.
8.- En Nicomedia, el triunfo de santa Antonia, Mártir, la cual, después de sufrir varios y atroces tormentos, estuvo tres días colgada de un brazo, y dos años encarcelada; al fin, de orden del Presidente Prisciliano, mientras confesaba al Señor, fue quemada en la hoguera.
9.- En Milán, san Venerio, Obispo, cuyas virtudes atestigua san Juan Crisóstomo en una carta que le escribió.
10.- En el territorio de Perigord, san Sacerdote, Obispo de Limoges.
11.- En Hildesheim de Sajonia, san Godehardo, Obispo y Confesor, que fue canonizado por el Papa Inocencio II.
12.- En Auxerre, san Curcódomo, Diácono.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
5 de mayo
San Pío V, Papa y Confesor D. – Blanco
San Pío V, de la Orden de Predicadores, Papa y Confesor, que el día primero de este mes durmió en el Señor. n. 17 de enero de 1504 en Bosco, Italia, como Antonio Ghisleri; † 1 de mayo de 1572 en Roma, Italia. Este santo Papa desplegó un celo constante por la propagación de la religión, una valentía infatigable por el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, una vigilancia asidua para la extirpación de la herejía, una caridad inextinguible por el alivio de los pobres y una fuerza invencible en el sostenimiento de los derechos de la Santa Sede Apostólica. Por revelación conoció la victoria obtenida contra los turcos en Lepanto. En esta memorable ocasión fue cuando mandó añadir a las letanías de la Virgen, la invocación: Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Oración: Oh Dios, que para destruir a los enemigos de la Iglesia y restaurar el culto divino, elevasteis al bienaventurado Pío al sumo pontificado, haced que protegidos por su intercesión, de tal modo nos adhiramos a vuestro servicio que, triunfando de las emboscadas de todos nuestros enemigos, gocemos de inalterable paz. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, san Silvano, Mártir.
2.- En Roma también, santa Crescenciana, Mártir.
3.- En Leucate de Sicilia, san Ángel, de la Orden de Carmelitas, Presbítero y Mártir, que por defender la fe católica fue cruelmente muerto por los herejes.
4.- En Alejandría, san Eutimio, Diácono, que murió en la cárcel por Cristo.
5.- En Auxerre, el martirio de san Joviniano, Lector.
6.- En Salónica, el triunfo de los santos Mártires Ireneo, Peregrino e Irene, los cuales, quemados en la hoguera, recibieron la palma del martirio.
7.- En Jerusalén, san Máximo, Obispo y Confesor, a quien el César Maximiano Galerio, después de sacarle un ojo y quemarle con un hierro candente uno de los pies, condenó a las minas. Más tarde, recobrada la libertad y puesto al frente de la Iglesia de Jerusalén, ilustre por la confesión de la fe, descansó allí finalmente en paz.
8.- En Edesa de Siria, san Eulogio, Obispo y Confesor.
9.- En Arlés de Francia, san Hilario, Obispo, insigne en santidad y doctrina.
10.- En Viena de Francia, san Niceto, Obispo, varón venerable en santidad.
11.- En Bolonia, san Teodoro, Obispo, esclarecido en méritos.
12.- En Milán, san Geroncio, Obispo.
13.- El mismo día, san Sacerdote, Obispo de Sagunto.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
6 de mayo
San Juan «junto a la Puerta Latina». Dm. – Rojo
En Roma, san Juan, Apóstol y Evangelista, Ante-Portam-Latinam, el cual, llevado preso por orden de Domiciano desde Éfeso a Roma, por sentencia del Senado, ante dicha puerta fue echado en una caldera de aceite hirviendo, de donde salió más puro y vigoroso que había entrado.
Estas palabras de Jesucristo anunciando al discípulo muy amado que bebería, también él, el cáliz de dolor, cumpliéronse cuando Domiciano lo hizo venir de Éfeso a Roma para martirizarlo. Fue llevado fuera de la ciudad, frente a la puerta llamada Latina, y se lo sumergió en una caldera llena de aceite hirviendo; pero salió el santo de ella como de un baño refrescante, más fuerte y vigoroso de lo que entrara. Domiciano desterró al santo Apóstol a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis.
Oración: Oh Dios, que veis cuán turbados estamos por los males que nos rodean por todas partes, haced que seamos protegidos por la gloriosa intercesión de vuestro Apóstol y Evangelista San Juan. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Damasco, el tránsito de san Juan Damasceno, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia, célebre en santidad y doctrina; el cual, con la predicación y escritos, combatió valerosamente contra León Isáurico por el culto de las sagradas Imágenes. Por calumnias de aquel Emperador, el Príncipe de los Sarracenos le mandó cortar la mano derecha; pero encomendándose a la santísima Virgen María, cuyas imágenes había defendido, súbitamente la recuperó entera y sana. Su fiesta se celebra el 27 de Marzo.
2.- En Cirene de Libia, san Lucio, Obispo, de quien hace mención san Lucas Evangelista, en los Hechos de los Apóstoles.
3.- En Antioquía, san Evodio, el cual, como escribe san Ignacio a los Antioquenos, fue el primer Obispo, ordenado allí por el Apóstol san Pedro, y terminó la vida con glorioso martirio.
4.- En África, los santos Mártires Heliodoro y Venusto, con otros setenta y cinco.
5.- En Chipre, san Teódoto, Obispo de Cirinia, el cual, imperando Licinio, padeció gravísimamente y, por fin, vuelta la paz a la Iglesia, entregó su espíritu a Dios.
6.- En Carras de Mesopotamia, san Protógenes, Obispo y Confesor.
7.- En Inglaterra, san Eadberto, Obispo de Lindisfarne, insigne por su doctrina y piedad.
8.- En Roma, santa Benita, Virgen.
9.- En Salerno, la Traslación de san Mateo, Apóstol y Evangelista, cuyo sagrado cuerpo, transportado antes de Etiopía a diversas regiones y finalmente a esta ciudad, fue allí mismo sepultado con gran veneración en la Iglesia dedicada a su nombre.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
7 de mayo
San Estanislao, obispo y Mártir D. – Rojo
San Estanislao, Obispo de Cracovia y Mártir, que el día 8 de Mayo recibió la corona del martirio. n. 26 de julio de 1030 en Cracovia, Polonia; † 8 de mayo de 1079 en Cracovia, Polonia. Patrono de Cracovia, Polonia; soldados en batalla.
San Estanislao, obispo de Cracovia, reprendió valientemente al rey Boleslao por su mala vida. Este príncipe, para vengarse, sobornó a dos falsos testigos y los hizo declarar que el santo poseía un terreno que no le pertenecía. San Estanislao resucitó a quien se lo había vendido y con este testimonio irrecusable confundió a sus acusadores. Este milagro no convirtió a Boleslao; irritado éste porque el santo lo había excomulgado, le dio muerte con sus propias manos en momentos en que celebraba el Santo Sacrificio de la Misa. Sucedió en 1079.
Oración: Oh Dios, en cuyo honor sucumbió el glorioso obispo Estanislao bajo la espada de un impío, haced, os lo suplicamos, que todos los que imploren su socorro consigan el saludable efecto de su pedido. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Terracina de Campania, el triunfo de santa Flavia Domitila, hija de santa Plautila, que era hermana del santo Mártir el Cónsul Flavio Clemente; y habiendo sido consagrada con el velo sagrado por el Pontífice san Clemente, en la persecución de Domiciano, fue primero desterrada con otros muchos a la isla Poncia, donde padeció un prolongado martirio. Volviéronla al cabo a Terracina, y allí, habiendo convertido a muchos con su doctrina y milagros a la fe de Cristo, por orden del Juez pusieron fuego al aposento en que moraba con dos Vírgenes, Eufrósina y Teodora, que la asistían, consumando así tan glorioso martirio. De santa Domitila, junto con los santos Nereo, Aquiles y Pancracio, se hace fiesta a 12 de Mayo.
2.- En el mismo día, san Juvenal, Mártir.
3.- En Nicomedia, los santos Hermanos Mártires Flavio, Augusto y Agustín.
4.- En el mismo lugar, san Cuádralo, Mártir, el cual, en la persecución del Emperador Decio, después de muchas veces atormentado, finalmente decapitado, consumó el martirio.
5.- En York de Inglaterra, san Juan, Obispo, esclarecido en vida y milagros.
6.- En Pavía, san Pedro, Obispo.
7.- En Roma, la Traslación del cuerpo de san Esteban, Protomártir, que en tiempo del sumo Pontífice Pelagio I, llevado de Constantinopla a Roma, y colocado en el sepulcro del Mártir san Lorenzo en el campo Verano, se venera allí con gran devoción de los fieles.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
8 de mayo
Aparición de San Miguel Arcángel Dm. – Blanco
En el monte Gargano, la Aparición de san Miguel Arcángel; a quien el Papa Pío XII constituyó Patrono y Protector de los Radiólogos y Radioterapéuticos.
San Miguel es honrado como protector especial de la Iglesia contra los ataques del demonio. La fiesta de hoy fue instituida en memoria de una aparición del santo Arcángel en el monte Gárgano, en el reino de Nápoles. Indicó el Arcángel, al obispo de Siponto, la existencia en ese lugar de una gruta en forma de iglesia, diciéndole que ese lugar debía ser consagrado al culto de Dios y de sus Ángeles. Rodeado de numerosa concurrencia, el obispo celebró misa en la gruta, que llegó a ser un centro de peregrinación, ilustre por gran número de milagros.
Oración: Oh Dios, que regís con orden admirable los ministerios de los Ángeles y de los hombres, haced, en vuestra bondad, que durante esta vida seamos protegidos por aquellos que en el cielo os ofrecen sin cesar el homenaje de sus servicios. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Cracovia de Polonia, el triunfo de san Estanislao, Obispo y Mártir, que fue muerto por el impío Rey Boleslao. Su fiesta se celebra el día de ayer.
2.- En Milán, el triunfo de san Víctor, Mártir, que era natural de Mauritania y desde su primera edad Cristiano; y militando en el campamento imperial, compelido por Maximiano a sacrificar a los ídolos, como perseverase inconmovible en la confesión de Cristo, fue primero duramente apaleado, sin que, por favor de Dios, sintiese dolor; luego le rociaron con plomo derretido, quedando asimismo ileso; por último, coitada la cabeza, completó la carrera de tan glorioso martirio.
3.- En Constantinopla, san Agacio, Centurión, el cual, en la persecución de Diocleciano y Maximiano, acusado de Cristiano por el tribuno Firmo, y cruelísimamente atormentado por el Juez de Perinto, Bibiano, fue últimamente condenado a muerte en Bizancio por el Procónsul Flacino. Su cuerpo fue más tarde llevado por milagro a la playa de Esquilache, en Calabria, donde honoríficamente se guarda.
4.- En Roma, san Bonifacio IV, Papa, que dedicó el Panteón en honor de la bienaventurada Virgen María ad Martyres.
5.- Allí mismo, san Benedicto II, Papa y Confesor.
6.- En Viena de Francia, san Dionisio, Obispo y Confesor.
7.- En Auxerre, san Heladio, Obispo.
8.- En el monasterio de Bellevaux, territorio de Besanzón, san Pedro, que de Monje Cisterciense fue hecho Obispo de Tarentasia, en Saboya.
9.- En Roermond de Güeldres, san Wirón, Obispo de Escoria.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
9 de mayo
San Gregorio Nacianceno, Obispo, Confesor y Doctor D. – Blanco
En Nacianzo de Capadocia, el tránsito de san Gregorio, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia, llamado el Teólogo por su excelente doctrina de las cosas divinas; el cual, ejerciendo el Episcopado en la ciudad de Constantinopla, restableció en ella la fe católica que estaba decaída, y reprimió las herejías que se levantaban.
San Gregorio Nacianceno, yendo a Atenas a estudiar filosofía, fue sorprendido en el mar por una tempestad tan violenta que prometió a Dios abandonar el mundo si escapaba del naufragio. Su voto fue escuchado y Gregorio, en compañía de San Basilio, compañero suyo de estudios en Atenas, retiróse a la soledad. Dormía en el desnudo suelo, llevaba cilicio, mortificaba su cuerpo con continuos ayunos y vigilias. Fue arrancado de su retiro, nombrándoselo patriarca de Constantinopla. Murió alrededor del año 390, a edad muy avanzada.
Oración: Oh Dios, que disteis al bienaventurado Gregorio a vuestro pueblo para que lo instruyera acerca de los caminos de la salvación eterna, haced, os lo suplicamos, que después de haberlo contado en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, san Hermas, de quien hace mención el Apóstol san Pablo en la Epístola a los Romanos. Este santo, sacrificándose dignamente a sí mismo y hecho hostia aceptable a Dios, esclarecido en virtudes, subió al reino celestial.
2.- En Cagli, en la vía Flaminia, el martirio de san Geroncio, Obispo de Cervia.
3.- En Persia, trescientos diez santos Mártires.
4.- En Egipto, san Pacomio, Abad, que erigió en aquella región muchos monasterios y escribió para los Monjes una Regla dictada por un Ángel.
5.- En Vendôme de Francia, el tránsito de san Beato, Confesor.
6.- En Bolonia, san Nicolás Albérgato, Monje Cartujo, Obispo de aquella ciudad y Cardenal de la Santa Iglesia Romana, esclarecido en santidad y por sus Legaciones Apostólicas; cuyo cuerpo está sepultado en el templo de los Cartujos de Florencia.
7.- En Constantinopla, la Traslación de los santos Andrés, Apóstol, y Lucas, Evangelista, desde Acaya, y de Timoteo, uno de los discípulos del Apóstol san Pablo, desde Éfeso. El cuerpo de san Andrés fue, después de largo tiempo, llevado a Amalfi, donde se venera con devoto concurso de los fieles; de su sepulcro mana continuamente licor que sana a los enfermos.
8.- En Roma asimismo, la Traslación de san Jerónimo, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia, desde Belén de Judá a la Basílica de santa María ad Præsepe.
9.- También en Barí de la Pulla, la Traslación de San Nicolás, Obispo y Confesor, desde Myra, ciudad de Licia.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
10 de mayo
San Antonino (Antolin), Obispo y Confesor D. – Blanco
San Antonino, de la Orden de Predicadores, Obispo de Florencia y Confesor, de cuyo tránsito se hace conmemoración el 2 de este mes.
Antonino, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al extremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.
Oración: Señor, haced que seamos ayudados por los méritos de San Antonino, vuestro confesor pontífice, a fin de que os encontremos misericordioso con nosotros, así como os reconocemos admirable en vuestro proceder con él.
Por J. C. N. S. Amén.
El mismo día:
Santo Maestro Juan de Ávila, Confesor D. – Blanco
Memoria de san Juan de Ávila, presbítero, que falleció en Montilla, lugar de Andalucía, en España; había recorrido toda la región de la Bética predicando a Cristo, y después, habiendo sido acusado injustamente de herejía, fue recluido en la cárcel, donde escribió la parte más importante de su doctrina espiritual. Es el santo del patronazgo: patrono del clero español.
Oración: Oh Dios, que hiciste de san Juan de Ávila un maestro ejemplar para tu pueblo por la santidad de su vida y por su celo apostólico, haz que también en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, en la vía Latina, el triunfo de los santos Mártires Gordiano y Epímaco; el primero, por confesar el nombre de Cristo, fue largamente azotado con plomadas en el imperio de Juliano Apóstata y, por último, decapitado; los Cristianos sepultaron de noche su cuerpo en una cripta de la misma vía, adonde poco antes habían sido trasladadas las reliquias del Mártir san Epímaco desde Alejandría, donde por la fe de Cristo había sido martirizado el 12 de Diciembre.
2.- En tierra de Hus, san Job, Profeta, varón de admirable paciencia.
3.- En Roma, san Calepodio, Presbítero y Mártir, a quien el Emperador Alejandro hizo degollar y que su cuerpo fuese arrastrado por la ciudad y arrojado al Tíber; mas hallolo el Papa Calixto y le dio sepultura. Fue también degollado el Cónsul Palmado con su mujer e hijos, y otros cuarenta y dos de su casa, de uno y otro sexo; asimismo Simplicio, Senador, con su mujer y sesenta y ocho de su familia; y últimamente Félix, con su esposa Blanda. Las cabezas de todos fueron expuestas en diversas puertas de Roma para escarmiento de los Cristianos.
4.- Allí también, en la vía Latina, junto a las Cien-Salas, el suplicio de los santos Mártires Cuarto y Quinto, cuyos cuerpos fueron trasladados a Capua.
5.- En Lentini de Sicilia, los santos Mártires Alfio, Filadelfo y Girino.
6.- En Esmirna, san Dioscórides, Mártir.
7.- En Tarento, san Cataldo, Obispo, esclarecido en milagros.
8.- En Madrid, san Isidro Labrador, a quien, ilustre en milagros, el Papa Gregorio XV puso en el número de los Santos juntamente con los santos Ignacio, Francisco Javier, Teresa y Felipe Neri.
9.- En Milán, la Invención de los santos Mártires Nazario y Celso; cuando el Obispo san Ambrosio halló el cuerpo de san Nazario bañado aún en sangre fresca, y lo trasladó a la Basílica de los Apóstoles junto con el cuerpo del niño san Celso, a quien el mismo Nazario había criado. Anolino, en la persecución de Nerón, hizo degollar a ambos juntos el 28 de Julio, día en que se celebra la festividad de su glorioso martirio.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
11 de mayo
Santos Felipe y Santiago, Apóstoles D. – Rojo
El triunfo de los santos Apóstoles Felipe y Santiago. Felipe, después de convertir a la fe de Cristo casi toda la Escitia, finalmente, en Hierápolis, ciudad de Asia, crucificado y apedreado, descansó con glorioso fin. Santiago, que es llamado también hermano del Señor, y fue el primer Obispo de Jerusalén, precipitado desde el pináculo del templo, rotas las piernas y herido en el cerebro con el palo de un batanero, murió, y allí mismo, no lejos del templo, fue sepultado.
Tanto San Felipe cuanto Santiago tuvieron el honor de ser apóstoles de Jesucristo, de predicar su Evangelio y de morir por la fe. Felipe fue quien llevó a Natanael a Jesucristo. Después de la Ascensión trasladose a Escitia, donde fue crucificado después de haber convertido a gran número de bárbaros.
Santiago, primo del Señor, fue tan venerado entre los judíos, que se tenían éstos por dichosos con sólo tocar el borde de su manto. Fue precipitado desde lo alto del templo de Jerusalén porque predicaba a Jesucristo.
Oración: Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo en la festividad de San Felipe y Santiago, vuestros Apóstoles, haced, os lo suplicamos, que al mismo tiempo que nos regocijamos con sus méritos aprovechemos sus ejemplos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Salaria, el triunfo de san Antimo, Presbítero, el cual, insigne por sus virtudes y predicación, en la persecución de Diocleciano fue precipitado en el Tíber, de donde le sacó un Ángel, restituyéndole a su oratorio; más tarde, decapitado, subió vencedor al cielo.
2.- Allí mismo, san Evelio, Mártir, que siendo de la familia de Nerón, a vista del martirio de san Torpetes, creyó en Cristo, y por Cristo fue también degollado.
3.- En Roma también, los santos Mártires Máximo, Basso y Fabio, que en tiempo de Diocleciano fueron martirizados en la vía Salaria.
4.- En Osimo del Piceno, los santos Mártires Sisinio, Diácono, Dioclecio y Florencio, discípulos del Presbítero san Antimo; los cuales, en tiempo de Diocleciano, apedreados, consumaron el martirio.
5.- En Camerino, los santos Anastasio y compañeros Mártires, los cuales en la persecución de Decio fueron muertos por sentencia del Presidente Antíoco.
6.- En Varennes de Francia, san Gangulfo, Mártir.
7.- En Viena de Francia, san Mamerto, Obispo, el cual, por una inminente calamidad, instituyó en aquella ciudad solemnes rogativas en los tres días antes de la Ascensión del Señor, rito que aprobó y recibió después la Iglesia universal.
8.- En Souvigny de Francia, el tránsito de san Mayolo, Abad de Cluny, cuya vida fue ilustre en santos méritos.
9.- En Nápoles de Campania, san Francisco de Jerónimo, natural de la ciudad de Grotalla, diócesis de Tarento, Sacerdote de la Compañía de Jesús y Confesor, varón de eximia caridad y paciencia en procurar la salvación de las almas, a quien el Papa Gregorio XVI puso en el catálogo de los Santos.
10.- En San Severino del Piceno, san Iluminado, Confesor.
11.- En Cagliari de Cerdeña, san Ignacio de Láconi, Confesor, de la Orden de Menores Capuchinos, preclaro por la humildad, caridad y milagros; al cual el Papa Pío XII enalteció con los honores de los Santos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
12 de mayo
Santos Nereo, Domitila y Pancracio, Mártires Sd. – Rojo
En Roma, en la vía Ardeatina, los santos Mártires Nereo y Aquiles, hermanos, los cuales, primero con Flavia Domitila, de quien eran pajes, sufrieron por Cristo prolongado destierro en la isla Poncia; después fueron bárbaramente azotados; por último, compeliéndoles Minucio Rufo, varón Consular, con el potro y el fuego, a sacrificar a los dioses, y respondiendo ellos que, bautizados por el Apóstol san Pedro, de ninguna manera podían ofrecer incienso a los ídolos, fueron decapitados. Sus sagradas reliquias, con las de Flavia Domitila, en tal día como ayer, fueron solemnemente trasladadas, por orden del Papa Clemente VIII, desde la Diaconía de san Adrián al antiguo templo de su nombre, donde anteriormente se custodiaban, y que a la sazón se había restaurado; y desde entonces, por decreto del mismo Papa, se celebra también en este día la fiesta de la misma santa Domitila, Virgen, cuyo martirio se conmemora el 7 de este mes.
Allí mismo, en la vía Aurelia, san Pancracio, Mártir que en el imperio de Diocleciano, contando catorce años de edad, consumó el martirio, siendo decapitado.
Oración: Señor, que la dichosa festividad de vuestros mártires Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio, nos sea siempre propicia y nos haga dignos de vuestras mercedes. Por J. C. N. S.
1.- En Salamina de Chipre, san Epifanio, Obispo, que, siendo esclarecido por su vasto saber y por su conocimiento de las sagradas Letras, fue también admirable por la santidad de vida, celo de la fe católica, munificencia con los pobres y don de milagros.
2.- En Constantinopla, san Germán, Obispo, insigne en santidad y doctrina, el cual reprendió con gran libertad a León Isáurico por el edicto que dio contra las sagradas Imágenes.
3.- En Tréveris, san Modoaldo, Obispo.
4.- En Roma, san Dionisio, que fue tío paterno de San Pancracio, Mártir.
5.- En Argirio de Sicilia, san Felipe, Presbítero, el cual, enviado por el Romano Pontífice a aquella isla, convirtió a Cristo gran parte de ella. Su santidad se manifiesta principalmente en librar energúmenos.
6.- En la Calzada de España, santo Domingo, Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
13 de mayo
San Roberto Belarmino, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia. D. – Blanco
San Roberto Belarmino, de la Compañía de Jesús, Cardenal y un tiempo Obispo de Capua, Confesor y Doctor de la Iglesia, cuyo tránsito se conmemora a 17 de Septiembre. n. 4 de octubre de 1542 en Montepulciano (Toscana), Italia; † 17 de septiembre de 1621 en Roma, Italia. Patrono de canonistas; catequistas; catecúmenos. Nació esta lumbrera e invicto campeón de la Iglesia en Montepulciano (Italia) el año de 1542, de una noble familia emparentada con el papa Marcelo II.
Habiendo ingresado desde su juventud en la Compañía de Jesús, fue pronto destinado a Lovaina, donde pudo conocer bien los errores, que más tarde había de refutar en sus incomparables Controversias, que son su obra maestra y sin precedente, en que desmenuza todas las argucias del protestantismo contra la verdadera y única Iglesia y arca de salvación, que es la romana.
Siendo luego en Roma maestro de coristas, tuvo como discípulo aventajado a San Luis Gonzaga, y ocupó en el Colegio Romano la cátedra de controversia teológica, en la que nunca tuvo rival.
Elevado contra su gusto al cardenalato y al obispado de Capua, a los tres años renunció a este último para servir en Roma a la santa Iglesia con una actividad multiforme, y sobre todo con la santidad de su vida, consagrada por entero al estudio, a la piedad y a la caridad con los prójimos.
San Francisco de Sales se declara discípulo suyo; el papa Benedicto XIV llamábale “martillo de herejes”, y decíase de él que la Iglesia de Dios no tenía en su tiempo otro hombre más aventajado en ciencia.
Murió en Roma en 1621 y fue inhumado junto a San Luis.
Oración: Oh Dios, que, para expeler las insidias de los errores y para defender los derechos de la Sede Apostólica, decorasteis con admirable sabiduría y fortaleza a vuestro santo Pontífice y Doctor Roberto: por sus méritos e intercesión concedednos crecer en el amor a la verdad, y que los corazones de los extraviados vuelvan a la unidad de vuestra Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, la Dedicación de la Iglesia de santa María ad Martyres, la cual san Bonifacio IV, Papa, en tiempo del Emperador Focas, después de purificado aquel antiguo templo de todos los dioses, que se llamaba Panteón, consagró en honor de la bienaventurada siempre Virgen María y de todos los Mártires. Más tarde el Papa Gregorio asimismo IV mandó que la solemnidad anual de esta Dedicación se celebrase en toda la Iglesia en honor de todos los Santos el día 1 de Noviembre.
2.- En Constantinopla, san Mucio, Presbítero y Mártir, que en tiempo del Emperador Diocleciano y del Procónsul Laodicio, primeramente padeció muchas penas y tormentos por la confesión de Cristo en Anfípoli de Macedonia y después, conducido a Bizancio, fue decapitado.
3.- En Alejandría, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que en odio a la fe católica fueron muertos por los Arrianos en el templo de san Teonás.
4.- En Heraclea de Tracia, santa Gliceria, Mártir Romana, la cual en el imperio de Antonino y presidiendo Sabino, atormentada con muchos y crueles suplicios, y saliendo de ellos por divino favor incólume, finalmente arrojada a las fieras y mordiéndole una de ellas el cuerpo, entregó a Dios el alma.
5.- En Utrecht, san Servacio, Obispo de la Iglesia de Tongres, cuyo mérito hizo Dios patente con este prodigio: que cubriéndose los inviernos todo alrededor de nieve, nunca cuajó sobre el sepulcro del Santo, por cuya causa edificaron sobre él una Basílica aquellos habitantes.
6.- En Palestina, san Juan Silenciario, el cual, renunciando el Episcopado Coloniense en Armenia, llevó vida monástica en la laura de san Sabas, donde murió santamente.
7.- En la Puye, Diócesis de Poitiers, san Andrés Huberto Fournet, párroco un tiempo, Fundador juntamente con santa Isabel Bichier des Ages del Instituto de Hijas de la Cruz; a quien el Papa Pío XI puso en el catálogo de los santos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
14 de mayo
San Bonifacio, Mártir S. – Rojo
En Tarso de Cilicia, el triunfo de san Bonifacio, Mártir, que padeció imperando Diocleciano y Maximiano; su cuerpo trasladado después a Roma fue sepultado en la vía Latina.
1.- En Francia, san Poncio, Mártir, que, después de convertir a la fe de Cristo, con su predicación y celo, a los dos Césares Filipos, en el imperio de Valeriano y Galieno, consiguió la palma del martirio.
2.- En Siria, los santos Mártires Víctor y Corona, en tiempo del Emperador Antonino: a Víctor atormentó el Juez Sebastián con diferentes y horrorosos suplicios; Corona, mujer de un soldado, como, maravillada de la constancia con que el Mártir sufría, lo aclamase por santo, vio dos coronas que bajaban del cielo, destinadas, una para Víctor y otra para ella misma; y como diese de ello público testimonio, la partieron entre dos árboles, y a Víctor cortaron la cabeza.
3.- En Cerdeña, las santas Mártires Justa, Justina y Henedina.
4.- En Ferento de Toscana, san Bonifacio, Obispo; el cual, según refiere san Gregorio Papa, resplandeció desde niño en santidad y milagros.
5.- En la aldea de Betarran, diócesis de Bayona, san Miguel Garicoïts, Confesor, Fundador de la Congregación de Sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, insigne por el celo apostólico, al cual el Papa Pío XII puso en el catálogo de los Santos.
6.- En Niza, al pie de los Alpes, santa María Dominica Mazzarello, Cofundadora del Instituto de María Auxiliadora, la cual, preclara por la humildad, prudencia y caridad, fue puesta por el Papa Pío XII en el catálogo de las santas Vírgenes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
15 de mayo
San Juan Bautista de la Salle, Confesor D. – Blanco
San Juan Bautista de la Salle, Presbítero y Confesor, que fundó la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y el día 7 de Abril descansó en el Señor. n. 30 de abril de 1651 en Reims, Francia;
† 7 de abril de 1719 en Rouen, Francia. Patrono de educadores; maestros; directores de escuelas. Nació en Reims, el 30 de Abril de 1651, de una ilustre familia, y desde su infancia se captó las simpatías de todos por sus virtudes, su dulzura de carácter y viveza de ingenio. Dirigiose a París para estudiar teología en la Sorbona, llegando a ser canónigo de la Metrópoli a los 17 años. Ordenado sacerdote, ofrecía el Santo Sacrificio con vivísima fe y encendido amor. Dios le había suscitado «para enseñar cristianamente a los pobres» y con estas miras fundó una nueva Congregación religiosa, que llamó “Hermanos de las Escuelas Cristianas”, que se extendieron con prodigiosa rapidez por todo el mundo.
Oración: Oh, Dios, que suscitasteis a San Juan Bautista, Confesor, para la formación cristiana de los pobres, y afianzar a la juventud en el camino de la verdad, y que por él reunisteis en la Iglesia una nueva familia religiosa: concedednos propicio que, por su intercesión y ejemplos, ardiendo en el celo de vuestra gloria para la salvación de las almas, podamos en el cielo participar de su corona. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En España, los santos Torcuato, Tesifonte, Segundo, Indalecio, Cecilio, Esiquio y Eufrasio; los cuales, ordenados en Roma Obispos por los santos Apóstoles, fueron enviados a predicar en las Españas la palabra de Dios; y habiendo evangelizado en varias ciudades y convertido innumerables muchedumbres a la fe de Cristo, murieron santamente en diversos lugares de aquellas comarcas, a saber: Torcuato en Guadix, Tesifonte en Berja, Segundo en Ávila, Indalecio en Urci, Cecilio en Elvira, Esiquio en Carteya y Eufrasio en Andújar.
2.- En Fosina de Cerdeña, san Simplicio, Obispo y Mártir, el cual, en tiempo de Diocleciano, y siendo presidente Bárbaro, atravesado con una lanza consumó el martirio.
3.- En Evora de Portugal, san Mancio, Mártir.
4.- En la isla de Chío, el triunfo de san Isidoro, Mártir, en cuya Basílica existe el pozo donde es tradición fue arrojado, y cuya agua sana, muy de ordinario, a los enfermos que la beben.
5.- En Lámpsaco del Helesponto, el martirio de los santos Pedro, Andrés, Pablo y Dionisia.
6.- En Auvernia de Francia, los santos Mártires Casio, Victorino, Máximo y sus Compañeros.
7.- En Geel de Brabante, santa Dimpna, Virgen y Mártir, hija del Rey de Irlanda; la cual por conservar inconmoviblemente la fe de Cristo y la virginidad, de orden de su padre fue degollada.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
16 de mayo
San Ubaldo, Obispo y confesor Sd. – Blanco
En Gubbio, san Ubaldo, Obispo y Confesor, esclarecido en milagros. n. Gubbio (Umbría), Italia; † 16 de mayo de 1160 en Gubbio (Umbría), Italia. Patrono los niños enfermos. Protector contra las posesiones demoníacas; migraña; neuralgia.
Tal fue la austeridad de este santo obispo de Gubbio, en Umbría, que puede decirse de él que sin cesar llevaba en su cuerpo la mortificación de Jesucristo. Este espíritu de penitencia, unido a un ardor insaciable por la oración, le hicieron adquirir una admirable dulzura. No sólo soportaba en silencio los ultrajes, sino que, a las injurias, respondía con una acrecentada benevolencia y caridad. Sabiendo que llegaba al término de su peregrinación redobló su celo por las almas que le habían sido confiadas. Enfermo ya de muerte, continuó instruyendo a su pueblo y el 16 de mayo de 1160 emprendió vuelo hacia la patria celestial.
Oración: Os suplicamos, Señor, que nos concedáis el auxilio de vuestra misericordia, y que, por la intercesión del bienaventurado Ubaldo, vuestro confesor pontífice, vuestra clemente mano nos ponga a cubierto de las emboscadas del demonio. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Auxerre, el martirio de san Peregrino, que fue el primer Obispo de aquella ciudad, a quien el Papa san Sixto II envió con otros Clérigos a las Galias, y, cumplido el ministerio de la predicación Evangélica, condenado a pena capital, mereció la corona eterna.
2.- En Persia, los santos Mártires Audas, Obispo, siete Presbíteros, nueve Diáconos y siete Vírgenes; los cuales, en el reinado de Isdegerdes, con varios géneros de suplicios consumaron su glorioso martirio.
3.- En Praga de Bohemia, san Juan Nepomuceno, Canónigo de aquella Iglesia Metropolitana, el cual solicitado en vano a revelar el sigilo sacramental, arrojado en el río Moldava, mereció la palma del martirio.
4.- En Isauria, el triunfo de los santos Mártires Aquilino y Victoriano.
5.- En Uzalí de África, los santos Mártires Félix y Genadio.
6.- En Palestina, el martirio de los santos Monjes, muertos por los Sarracenos en la laura de san Sabas.
7.- En Janovia, cerca de Pinsk en Polesia, san Andrés Borbola, Sacerdote de la Compañía de Jesús, el cual, habiendo padecido de parte de los cismáticos innumerables géneros de tormentos, fue coronado con ilustre martirio.
8.- En Amiéns de Francia, san Honorato, Obispo.
9.- En Mans de Francia, san Dómnolo, Obispo.
10.- En la Mirándula de Emilia, san Posidio, Obispo de Calama en Numidia, que fue discípulo de san Agustín y escribió la preclara vida de este Santo.
11.- En el Monasterio de Annadoun, en Irlanda, el tránsito de san Brendano, Presbítero y Abad de Clonfert.
12.- En Troyes de Fancia, san Fídolo, Confesor.
13.- En Frejus de Francia, santa Máxima, Virgen, que, esclarecida en muchas virtudes, descansó en paz.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
17 de mayo
San Pascual Bailón, Confesor D. – Blanco
En Villarreal de España, san Pascual, de la Orden de Menores, Confesor, varón de maravillosa inocencia y penitencia, a quien el Papa León XIII declaró celestial Patrono de los Congresos eucarísticos y Asociaciones de la santísima Eucaristía. n. 24 de mayo de 1540 en Torre Hermosa, Aragón (España); † 17 de mayo de 1592 en Villarreal, España
Patrono de los Congresos y Organizaciones Eucarísticas (proclamado por el Papa León XIII); cocineros.
Nació San Pascual de padres piadosos, pero tan pobres, que no pudieron enviarlo a la escuela. Encargado de cuidar los rebaños, tomaba consigo un libro y rogaba a las personas que encontraba le enseñasen sus letras por amor a Dios. Por este medio, en poco tiempo llegó a leer y se perfeccionó así en el conocimiento de la religión. Después de haber consultado a Dios, creyose llamado al estado religioso; y como estaba resuelto, decía, a morir pobre como había nacido, entró en un convento franciscano, donde quiso, por humildad, ser admitido en calidad de hermano lego. La Santísima Virgen, por quien tenía tierna devoción, obtúvole varias señaladas gracias, pero fue célebre sobre todo por su amor al Santísimo Sacramento. Murió en Villarreal, cerca de Valencia, el 17 de mayo de 1592, alrededor de los 52 años de edad.
Oración: Oh Dios, que habéis adornado al bienaventurado Pascual, vuestro confesor, con un amor ardiente por los misterios adorables de vuestro cuerpo y de vuestra sangre, concedednos el vigor espiritual que él bebía en este banquete divino. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Noyón de Francia, los santos Mártires Heradio, Pablo y Aquilino, con otros dos.
2.- En Calcedonia, los santos Mártires Solocón y sus Compañeros soldados, en el imperio de Maximiano.
3.- En Alejandría, los santos Mártires Adrión, Víctor y Basila.
4.- El mismo día, santa Restituta, Virgen y Mártir, la cual, imperando Valeriano, fue de diversas maneras atormentada en África por el Juez Próculo; y metida en una barquilla, llena de pez y estopa, para quemarla en alta mar, cuando los verdugos pegaron fuego revolvió la llama contra ellos mismos, mientras la Santa, puesta en oración, entregó el alma a Dios. Su cuerpo, por disposición divina, arribó en la misma barca a la isla Isquia, cerca de Nápoles de Campania, donde fue con gran veneración recogido por los Cristianos; y más tarde Constantino Magno mandó edificar en su honor una Basílica en la ciudad de Nápoles.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
18 de mayo
San Venancio, Mártir D. – Rojo
En Camerino, san Venancio, Mártir, que siendo de edad de quince años, en el imperio de Decio y presidencia de Antíoco, juntamente con otros diez, cortada la cabeza, terminó el curso de su glorioso combate. n. alrededor del año 233; † decapitado alrededor del año 250 en Camerino, Italia.
San Venancio, después de haber sufrido los tormentos más espantosos, fue arrojado a un estercolero. Curado milagrosamente por un ángel, se presentó nuevamente ante el juez que lo había condenado. Mientras el santo hablaba, cayó el juez boca arriba y expiró exclamando: “El Dios de Venancio es el solo Dios verdadero, destruid vuestros ídolos”. Los leones a los que fuera arrojado como alimento, enseguida posternáronse a sus pies, mientras el santo predicaba la fe a los espectadores. En fin, después de haber sido arrastrado por entre zarzales y precipitado desde lo alto de una roca sin que sufriese mal alguno, fue decapitado a la edad de 17 años.
Oración: Oh Dios, que habéis consagrado este día por el triunfo del bienaventurado Venancio, vuestro mártir, escuchad las plegarias de vuestro pueblo y haced que, honrando sus méritos, aprendamos a imitar su constancia. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Ravena, el triunfo de san Juan I, Papa y Mártir, el cual, llamado con engaño a dicha ciudad por el Rey de Italia Teodorico Arriano, y atormentado allí por él con dura y larga prisión por causa de la fe católica, acabó la vida. Pero su fiesta se celebra el 27 de Mayo, día en que su cuerpo, restituido a Roma, fue sepultado en la Basílica de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles.
2.- En Espoleto, san Félix, Obispo, el cual, en tiempo del Emperador Maximiano, consiguió la palma del martirio.
3.- En Heraclea de Egipto, san Potamión, Obispo, que primeramente, en tiempo de Maximiano Galerio, confesó la fe; después, imperando Constancio, siendo Presidente el Arriano Filagrio, fue coronado del martirio. Los santos Padres de la Iglesia Atanasio y Epifanio celebraron a este santo varón con sus alabanzas.
4.- En Egipto, san Dióscoro, Lector, al cual probó el Presidente con muchas y varias torturas; porque le arrancó las uñas y le abrasó con hachas encendidas los costados; pero, aterrados los verdugos con el resplandor de una luz celestial, cayeron en tierra; por fin, el Santo, abrasado con planchas candentes, consumó el martirio.
5.- En Ancira de Galacia, san Teódoto, Mártir, y las siete santas Vírgenes y Mártires Teocusa su tía materna, Alejandra, Claudia, Faina, Eufrasia, Matrona y Julita. Ellas primeramente condenadas por el Presidente a un lugar infame, pero libertadas por virtud divina, fueron después, con piedras atadas al cuello, sumergidas en una laguna; Teódoto, por haber recogido sus reliquias y sepultádolas con religiosidad, detenido por el Presidente, atormentado con extraña fiereza, y, por último, degollado, recibió la corona del martirio.
6.- En Upsala de Suecia, san Erico, Rey y Mártir.
7.- En Roma, san Félix, Confesor, de la Orden de Menores Capuchinos, conspicuo por su sencillez evangélica y caridad, a quien el Sumo Pontífice Clemente XI puso en el número de los Santos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
19 de mayo
San Pedro Celestino (Celestino V), Papa y confesor D. – Blanco
El tránsito de san Pedro de Morón, Confesor, el cual, de Anacoreta fue creado Papa con el nombre de Celestino V; pero poco después, renunció el Pontificado, y llevando en la soledad vida religiosa, esclarecido en virtudes y milagros, pasó al Señor. n. 1210 en Isneria (Abruzos), Italia; † 19 de mayo de 1296 Patrono de los encuadernadores.
San Pedro Celestino mostró desde su infancia que había nacido para el cielo, pues, desde entonces, decía a su madre: Quiero ser un buen servidor de Dios. Después de haber estudiado las ciencias humanas, se retiró a la soledad para conversar familiarmente con los habitantes del paraíso. Jesucristo, su Santa Madre y su buen Ángel a menudo se le aparecían. Su fama de santidad lo elevó al trono de San Pedro; pero su humildad hízole dejar la primera dignidad del mundo para volver a su querida soledad. Murió santamente, después de haber fundado la orden de los Celestinos.
Oración: Oh Dios, que habéis elevado al bienaventurado Pedro Celestino al sumo Pontificado, y le habéis enseñado a preferir una vida humilde al brillo de la dignidad suprema, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, todas las grandezas del mundo, y llegar felizmente a las recompensas prometidas a los humildes. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, santa Pudenciana, Virgen, la cual, después de innumerables combates, y de haber devotamente dado sepultura a muchos Mártires y distribuido por Cristo todos sus bienes a los pobres, pasó de esta vida temporal a la eterna.
2.- Allí mismo, san Pudente, Senador, que fue padre de la misma santa Pudenciana y de santa Práxedes, Virgen; el cual, revestido de Cristo por los Apóstoles en el bautismo, custodió sin mancilla la estola de la inocencia hasta recibir la corona de la vida.
3.- También en Roma, en la vía Apia, el triunfo de los santos Calócero y Partenio palaciegos; aquél, camarero de la mujer del Emperador Decio, y éste sobrestante en otro oficio; ambos, por no querer sacrificar a los ídolos, de orden del mismo Emperador, fueron atormentados con varios y exquisitos suplicios, y al fin, machacadas con un hierro candente las cervices, entregaron su espíritu a Dios.
4.- En Nicomedia, san Filótero, Mártir, que fue hijo del Procónsul Paciano, y en el imperio de Diocleciano, después de muchos tormentos, recibió la corona del martirio.
5.- Allí mismo, seis santas Vírgenes y Mártires; la principal era Ciríaca, la cual, como reprendiese con entereza a Maximiano por su impiedad, fue atrozmente azotada y desgarrada, y por último, abrasada en la hoguera, consumó el martirio.
6.- En Cantórbery de Inglaterra, san Dustano, Obispo.
7.- En Lohanec de la Bretaña menor, san Ivón, Presbítero y Confesor, el cual, por amor de Cristo, defendía las causas de los huérfanos, viudas y pobres.
8.- En Fusecchio de Etruria, san Teófilo de Corte, Confesor, Sacerdote de la Orden de los Frailes Menores, propagador de los retiros espirituales, al cual el Papa Pío XI puso en el número de los Santos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
20 de mayo
San Bernardino de Siena, Confesor Sd. – Blanco
En Áquila de los Vestinos, san Bernardino de Sena, Sacerdote de la Orden de Menores y Confesor, que con la palabra y el ejemplo ilustró a Italia. n. 1380 en Massa di Carrara, Italia; † 1444 en Áquila, Italia Patrono de publicistas; publicidad; personal de comunicaciones; personal de relaciones públicas; pulmones. Protector contra los problemas pulmonares; problemas respiratorios; ronquera; juego compulsivo. La modestia y la pureza de San Bernardino eran tan continuas, que toda conversación indecente cesaba acercándose él. Todos los días visitaba una capilla de la Santísima Virgen, diciendo que iba a ver a su Madre. Abandonó el mundo para combatirlo y, durante dieciséis años, ni un día pasó sin predicar. La devoción que tenía al Nombre de Jesús hacía que lo llevara siempre sobre su corazón. Murió en el año 1444.
Oración: Señor Jesús, que habéis concedido a San Bernardino, vuestro confesor, un amor tan grande por vuestro Santo Nombre, dignaos, por sus méritos y su intercesión, difundir en nosotros el espíritu de vuestra divina caridad. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.
1.- En Roma, santa Plautila, señora Consular, que fue hermana del santo Martín Flavio Clemente Cónsul, y madre de santa Flavia Domitila, Virgen y Mártir; y bautizada por el Apóstol san Pedro, resplandeciendo con la gloria de todas las virtudes, descansó en paz.
2.- Asimismo en Roma, en la vía Salaria, el triunfo de santa Basila, Virgen, la cual, siendo de sangre real y estando prometida a un personaje nobilísimo y rechazándole, él la acusó de Cristiana; entonces Galieno Augusto ordenó que, o recibiese al esposo o pereciese por la espada: interrogada la misma Virgen sobre esto y respondiendo que tenía por esposo al Rey de reyes, fue atravesada con la espada.
3.- En Nimes de Francia, san Baudelio, Mártir, el cual, siendo apresado por los paganos, como rehusase sacrificar a los ídolos, y en medio de los azotes y tormentos permaneciese firme en la fe de Cristo, recibió con preciosa muerte la palma del martirio.
4.- En Edesa de Cilicia, junto a Egas, los santos Mártires Taleleo, Asterio, Alejandro y sus Compañeros, que padecieron siendo Emperador Numeriano.
5.- En la Tebaida, san Áquila, Mártir, el cual fue por Cristo descarnado con peines de hierro.
6.- En Bourges de Aquitania, san Austregisilo, Obispo y Confesor.
7.- En Brescia, san Anastasio, Obispo.
8.- En Pavía, san Teodoro, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
21 de mayo
San Valente, Obispo
San Valente, Obispo, que juntamente con tres niños fue martirizado.
1.- En Alejandría, la conmemoración de los santos Mártires Segundo, Presbítero, y otros; los cuales, imperando Constancio, en los días santos de Pentecostés, fueron cruelísimamente muertos de orden de Jorge, Obispo Arriano.
2.- En la Mauritania Cesariense, el triunfo de los santos Mártires Diáconos, Timoteo, Polio y Eutiquio, que diseminando por aquella región la palabra de Dios, merecieron ser juntamente coronados.
3.- En Cesarea de Capadocia, el triunfo de los santos Mártires Polieuto, Victorio y Donato.
4.- En Córdoba de España, san Secundino, Mártir.
5.- El mismo día, los santos Mártires Sinesio y Teopompo.
6.- En Cesarea de Filipo, el triunfo de los santos Mártires Nicóstrato y Antíoco, Tribunos, con otros soldados.
7.- En Alejandría, la conmemoración de los santos Obispos y Presbíteros, que, desterrados por los Arrianos, merecieron ser agregados a los santos Confesores.
8.- En Niza, junto al río Var, san Hospicio, Confesor, insigne por la virtud de la abstinencia y por el espíritu de profecía.
9.- En Recanati, en la región del Piceno, en Italia, beato Bienvenido Mareni, religioso de la Orden de los Hermanos Menores (1289).
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
22 de mayo
Santa Julia, Virgen y Mártir
En Córcega, santa Julia, Virgen, que en el suplicio de la cruz alcanzó la corona. n. s. VI o VII en Carthago Nova; † crucificada alrededor de los años 616-620 en Córcega.
Tuvo esta santa la prudencia de la serpiente, pues expuso su cuerpo a los tormentos para salvar su alma; tuvo también la sencillez de la paloma, pues, siendo esclava, servía a su dueño con la fidelidad y sencillez que San Pablo recomienda a los servidores. Aunque totalmente pagano como era su señor, admiraba su virtud y la instaba, aunque inútilmente, a que moderase sus ayunos y mortificaciones. Encarcelada en su carácter de cristiana, fue abofeteada, arrastrada de la cabellera y, finalmente, crucificada en la isla de Córcega. Se vio salir su alma del cuerpo en forma de paloma.
Oración: Que la bienaventurada Julia, virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, Señor, ella que siempre os fue agradable por el mérito de la castidad y por su valentía en confesar vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Casia de Umbría, santa Rita, Viuda, Monja de la Orden de Ermitaños de san Agustín; la cual, muerto su marido, solamente amó al inmortal esposo Cristo.
2.- En Roma, los santos Mártires Faustino, Timoteo y Venusto.
3.- En África, los santos Mártires Casto y Emilio, los cuales, por el tormento del fuego, consumaron el martirio. A éstos, como escribe san Cipriano, vencidos en el primer combate, hizo el Señor vencedores en el segundo; pues los que antes cedieron a la vista del fuego, fueron más fuertes que el fuego.
4.- En Comana del Ponto, san Basilisco, Mártir, a quien, en el imperio de Maximiano y bajo la presidencia de Agripa, calzaron chinelas de hierro sembradas de clavos candentes, y después de otros muchos tormentos, al fin decapitado y arrojado a un río, consiguió la gloria del martirio.
5.- En España, santa Quiteria, Virgen y Mártir.
6.- En Ravena, san Marciano, Obispo y Confesor.
7.- En Pistoya de Toscana, san Atón, Obispo, de la Orden de Valleumbrosa.
8.- En una aldea de Auxerre, san Román, Abad, el cual sirvió a san Benito en la cueva; y pasando después a las Galias, edificó allí un monasterio, donde, dejando muchos aspirantes a la santidad, descansó en el Señor.
9.- En Aquino, san Fulco, Confesor.
10.- En Auxerre, santa Elena, Virgen.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
23 de mayo
Aparición del Apóstol Santiago Rojo
Cuenta la tradición, que el rey Ramiro I de Asturias se niega a conceder el «Tributo de las Cien Doncellas» a Abderramán III, denunciando así el tratado que le obligaba al impuesto, lo que le abocaba al recomienzo de las hostilidades contra los moros. Reunidas las tropas salen derrotados de Albelda (Logroño) y todo lo más que consigue el diezmado ejército es esconderse en Clavijo. Apesadumbrado el rey se le aparece el Apóstol Santiago en sueños, prometiéndole que estaría en el campo de batalla, espada en ristre, con túnica, estandarte y caballo blancos.
El día siguiente, 23 de mayo de 844, al grito de «¡Dios ayuda a Santiago!», tal como había contado el rey, apareció el apóstol. La escabechina de moros es considerable. Santiago se convierte en Santiago Matamoros y da comienzo el «voto de Santiago», por el que convertía en el santo patrón de España y germen del Camino peregrino de Compostela.
Oración: ¡Oh Dios, que encargaste misericordiosamente la nación españo¬la a la protección de tu Bienaventurado Apóstol Santiago, y que la libraste por él de la ruina que la amenazaba! Concédenos que, con la protección del mismo Santo Apóstol, lleguemos á gozar de la paz eterna. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Langres de Francia, el martirio de san Desiderio, Obispo, quien, viendo a su pueblo oprimido por el ejército de los Vándalos, se presentó al Rey de éstos pidiendo gracia para su rebaño; pero, mandando el tirano que al punto le degollasen, extendió gustoso su cuello por las ovejas a él encomendadas, y degollado pasó al Señor. Padecieron tambien con él otros muchos del número de su grey, que están sepultados en la misma ciudad.
2.- En España, los santos Mártires Epitacio, Obispo, y Basileo.
3.- En territorio de Lyon, san Desiderio, Obispo de Viena, que apedreado por orden del Rey Teodorico, fue coronado del martirio.
4.- En África, los santos Mártires Quinciano, Lucio y Julián; los cuales, padeciendo en la persecución Vandálica, merecieron las coronas eternas.
5.- En Capadocia, la conmemoración de los santos Mártires, a quienes en la persecución de Maximiano Galerio dieron muerte, quebrándoles las piernas. Asimismo de otros, que por el mismo tiempo en Mesopotamia, colgados de los pies cabeza abajo, sofocados por el humo y consumidos a fuego lento, consumaron el martirio.
6.- En Sínada de Frigia, san Miguel, Obispo.
7.- El mismo día, san Mercurial, Obispo.
8.- En Nápoles de Campania, san Eufebio, Obispo.
9.- En Roma, san Juan Bautista de Rossi, Presbítero y Confesor, insigne por su paciencia y caridad en evangelizar a los pobres.
10.- En Norcia, los santos Eutiquio y Florencio, Monjes, de quienes hace mención san Gregorio Papa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
24 de mayo
Traslación de Santo Domingo de Guzmán, Confesor
En Bolonia, la Traslación de Santo Domingo de Guzmán, Confesor, en tiempo del Papa Gregorio IX.
Santo Domingo quiso ser sepultado en la iglesia de San Nicolás de las Viñas (San Nicoló delle Vigne) “bajo los pies de sus frailes”. Inmediatamente muchos enfermos testimoniaron haber sido curados en el sepulcro del santo, pero los frailes no fueron propensos a reconocer estos milagros y destruían todos los exvotos que les daban como acción de gracias por las curaciones. Finalmente por voluntad expresa del papa Gregorio IX, gran amigo del santo, dentro de la asamblea del capítulo general, presidido por el beato Jordán de Sajonia y en presencia del delegado pontificio: el arzobispo de Rabean, Teodorico, se hizo la traslación de su cuerpo a un sarcófago de mármol el día 24 de mayo de 1233, martes de la octava de Pentecostés, cuya antífona de entrada en la celebración eucarística, tomada del libro IV de Esdras (extracanónico), (2, 37) cantaba: Recibid el gozo de vuestra gloria, dando gracias a Dios que os ha llamado a los reinos celestiales, mientras un olor maravilloso se extendía desde el sepulcro del santo. Esto supuso el principio del proceso de canonización, que el mismo papa Gregorio IX haría desde Rieti un año después, el 3 de julio de 1234.
1.- En Antioquía, el tránsito de san Manahén, que fue hermano de leche de Herodes Tetrarca, y llegando a ser Doctor y Profeta del Nuevo Testamento, descansó en la misma ciudad.
2.- Asimismo, santa Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes, de la que hace mención san Lucas Evangelista.
3.- En el Puerto Romano, el triunfo de san Vicente, Mártir.
4.- En Nantes de la Bretaña Menor, los santos Mártires Donaciano y Rogaciano, hermanos; a quienes, en tiempo de Diocleciano, por su constancia en la fe, encarcelaron, suspendieron en el ecúleo y descarnaron con garfios; después les alancearon los soldados, y por último les cortaron la cabeza.
5.- En Istria, los santos Mártires Zoelo, Servilio, Félix, Silvano y Diocles.
6.- El mismo día, los santos Mártires Melecio, generar del Ejército, y doscientos cincuenta y dos soldadoscompañeros suyos, los cuales, con diverso género de muerte, consumaron el martirio.
7.- También las santas Mártires Susana, Marciana y Paladia, mujeres de los dichos soldados, que, junto con sus hijuelos, fueron descuartizadas.
8.- En Milán, san Robustiano, Mártir.
9.- En Brescia, santa Afra, Mártir, la cual padeció en tiempo del Emperador Adriano.
10.- En el monasterio de Lerín, en Francia, San Vicente, Presbítero, señalado en doctrina y santidad.
11.- En Marruecos de África, el beato Juan de Prado, Sacerdote de la Orden de Menores y Mártir, el cual, predicando el Evangelio, después de sufrir valerosamente, por Cristo, prisiones, cárceles, azotes y muchos otros tormentos, consumó el martirio por el fuego.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
25 de mayo
San Gregorio VII, Papa y Confesor D. – Blanco
En Salerno, el tránsito de san Gregorio VII, Papa y Confesor, acérrimo propugnador y defensor de la libertad eclesiástica. n. alrededor del año 1020 en Soana, Italia; † 1085 en Salerno, Italia.
Este Papa fue poderoso en obras y en palabras. Con tanto celo trabajó en el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, en la propagación de la fe, en la extirpación de los errores y abusos, que puede decirse que ningún Papa, desde los tiempos apostólicos, soportó más penurias y tribulaciones por el bien de la Iglesia, y combatió más valientemente por su libertad. Como muro de acero opúsose a las sacrílegas pretensiones del emperador Enrique IV. Sitió éste a Roma y forzó al Santo Pontífice a refugiarse en Montecasino primero y, después, en Salerno, donde sucumbió al exceso de sus fatigas, el 25 de mayo de 1085. Antes de expirar, pronunció las palabras del Salmista: “He amado la justicia y he odiado la iniquidad”; y agregó: “por ello muero en el exilio”.
Oración: Oh Dios, fortaleza de los que en Vos esperan, que habéis revestido al bienaventurado Gregorio, vuestro Pontífice, de constancia inquebrantable para la defensa de la libertad de la Iglesia, concedednos, por su ejemplo e intercesión, la gracia de superar valiente mente los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S.
1.- En Roma, en la vía Nomentana, el triunfo de san Urbano I, Papa y Mártir, por cuya predicación y doctrina muchos, entre ellos Tiburcio y Valeriano, recibieron la fe de Cristo, y por ella padecieron el martirio. Él también, en la persecución de Alejandro Severo, sufrido muchos trabajos por la Iglesia de Dios, finalmente cortada la cabeza, fue coronado del martirio.
2.- En Yarrow de Inglaterra, el tránsito de san Beda el Venerable, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia, en santidad y doctrina celebérrimo. Su fiesta se celebra el 27 de este mes.
3.- En Florencia, el tránsito de santa María Magdalena de Pazzis, Virgen de la Orden Carmelitana, ilustre en santidad de vida.Su fiesta se celebra el 29 de este mes.
4.- En Doróstoro de la Misia inferior, el triunfo de los santos Mártires Pasícrates, Valentión y de otros dos, juntamente coronados.
5.- En Milán, san Dionisio, Obispo, el cual, de orden de Constancio, Emperador Arriano, desterrado por la fe católica a Capadocia, entregó allí su espíritu al Señor con muerte la más parecida al martirio. Su santo cuerpo fué enviado por el Obispo Aurelio a Milán, a san Ambrosio Obispo, y se dice que a tan piadoso obsequio cooperó tambiérn san Basilio el Magno.
6.- En Florencia, la feliz muerte de san Zenobio, Obispo de la misma ciudad, ilustre por la santidad de vida y la gloria de los milagros.
7.- En Inglaterra, san Adelmo, Obispo de Sherborne.
8.- En el territorio de Troyes, San León, Confesor.
9.- En París, santa Magdalena Sofía Barat, Fundadora del Instituto de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús; la cual trabajó ardorosamente por la Cristiana educación de las niñas, y fue puesta en el catálogo de las santas Vírgenes por el Papa Pío XI.
10.- En Véroli de los Hérnicos, la Traslación de santa María de Santiago, cuyo sagrado cuerpo resplandece con muchísimos milagros.
11.- En Asís de Umbría, la Traslación de san Francisco, Confesor, en tiempo del Papa Gregorio IX.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
26 de mayo
San Felipe Neri, Confesor D. – Blanco
En Roma, san Felipe Neri, Presbítero y Confesor; que fue Fundador de la Congregación del Oratorio, e insigne por la virginidad, el don de profecía y los milagros. n. 22 de julio de 1515 en Florencia, Italia; † 26 de mayo de 1595 en Roma, Italia.
La perfecta caridad que caracteriza a los verdaderos servidores de Dios, ha hecho de este santo una de las más brillantes luminarias de la Iglesia. Su celo por la gloria de Dios y por la salvación del prójimo lo movió a fundar la congregación de los Padres del Oratorio, de la que fue el primer superior general. Tan abundantes eran los consuelos que recibía del cielo, que le hacían exclamar: Señor, basta; moriré de dicha si no moderas mi gozo. Murió en 1595, a la edad de 80 años.
Oración: Oh Dios, que habéis elevado al bienaventurado Felipe, vuestro confesor, a la gloria de vuestros santos, haced, por vuestra bondad, que celebrando su fiesta con alegría, aprovechemos el ejemplo de sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma también, san Eleuterio, Papa y Mártir, el cual convirtió a la fe de Cristo muchos nobles Romanos, y envió a Inglaterra a los santos Damián y Fugacio, los cuales bautizaron al Rey Lucio con su esposa y casi todo el pueblo.
2.- En Cantórbery de Inglaterra, el tránsito de san Agustín, Obispo y Confesor, que enviado junto con otros por san Gregorio Papa, predicó el santo Evangelio de Cristo a la nación Inglesa; y glorioso en virtudes y milagros, durmió allí el sueño de los justos. Su fiesta se celebra el 28 de Mayo.
3.- En Atenas, el tránsito de san Cuadrato, discípulo de los Apóstoles, que en la persecución de Adriano, con su fe e industria juntó los fieles de aquella ciudad, despavoridos y dispersos, y presentó al mismo Emperador una apología de la Religión cristiana, muy provechosa y digna de la doctrina Apostólica.
4.- En Roma, los santos Mártires Simitrio, Presbítero, y otros veintidós, que padecieron en el imperio de Antonino Pío.
5.- En Viena de Francia, san Zacarías, Obispo y Mártir, que padeció en tiempo de Trajano.
6.- En África, san Cuadrato, Mártir, en cuya solemnidad predicó un sermón san Agustín.
7.- En Todi de Umbría, el triunfo de los santos Mártires Felicísimo, Heraclio y Paulino.
8.- En el territorio de Auxerre, el suplicio de san Prisco, Mártir, que con gran multitud de fieles de Cristo fue decapitado.
9.- En la ciudad de Quito, territorio del Ecuador, santa Mariana de Jesús de Paredes, Virgen, de la Orden tercera de San Francisco, preclara por la austeridad y por la caridad con el prójimo; a la cual el Papa Pío XII añadió al catálogo de las santas Vírgenes.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
27 de mayo
San Beda el Venerable, Confesor y Doctor de la Iglesia D. – Blanco
San Beda el Venerable, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia, que se fue al cielo el 25 de Mayo n. 672 en Wearmouth, Inglaterra; † 25 de mayo de 735 en Yarrow, Inglaterra Patrono de los lectores.
San Beda, apodado el Venerable, desde la edad de siete años fue confiado a San Benito Biscopio para que él lo educara. Fuera del tiempo del Oficio divino, plúgole siempre estudiar, enseñar o escribir, dedicándose sobre todo a la composición de comentarios sobre las Sagradas Escrituras. El día de su muerte, el niño que le servía de secretario le recordó que aún le faltaba componer una frase para acabar su tratado sobre el Evangelio de San Juan. Dictóla el santo y, terminada su obra, recitando el Gloria Patri expiró. Corría el año 735.
Oración: Oh Dios, que ilustráis a vuestra Iglesia por la ciencia del bienaventurado Beda, vuestro confesor y doctor, conceded a vuestros servidores ser siempre ilustrados por sus méritos. Por J. C. N. S. Amén.
1.- San Juan I, Papa y Mártir, cuyo triunfo se conmemora el 18 de este mes, pero su fiesta se celebra el día de hoy, cuando fue trasladado su cuerpo.
2.- En Doróstoro de la Mysia inferior, el martirio de san Julio, el cual, en el imperio de Alejandro, siendo ya veterano y jubilado del ejército, fue preso por los ministros y llevado ante el Presidente Máximo, en cuya presencia abominó de los ídolos y confesó constantísimamente el nombre de Cristo, por lo cual fue sentenciado a pena capital.
3.- En una aldea de Arrás, san Ranulfo, Mártir.
4.- En Sora, santa Restituta, Virgen y Mártir, que, en tiempo del Emperador Aureliano, y siendo procónsul Agacio, triunfó, en sus combates por la fe, de los asaltos del demonio, de los halagos de sus propios padres y de la crueldad de los verdugos, y por fin, decapitada con otros Cristianos, alcanzó la honra del martirio.
5.- En Orange de Francia, san Eutropio, Obispo, esclarecido en virtudes y milagros.
6.- En Wurzburgo de Alemania, san Bruno, Obispo y Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
28 de mayo
San Agustín de Cantórbery, Obispo y Confesor D. – Blanco
San Agustín, Obispo de Cantórbery y Confesor, cuyo tránsito se celebra el 26 de Mayo.
1.- En Cerdeña, los santos Mártires Emilio, Félix, Príamo y Luciano, los cuales, combatiendo por Cristo, fueron por él gloriosamente coronados.
2.- En Chartres de Francia, san Carauno, Mártir, que en el imperio de Domiciano, cortada la cabeza, consumó el martirio.
3.- Igualmente el martirio de los santos Crescente, Dioscórides, Pablo y Eladio.
4.- En Técua de Palestina, los santos Monjes Mártires, que fueron asesinados por los Sarracenos en tiempo de Teodosio el más joven; cuyas sagradas reliquias recogieron los moradores de la ciudad y las conservaron con suma veneración.
5.- En Corinto, santa Elcónida, Mártir, en tiempo del Emperador Gordiano. Atormentada primero bajo el Presidente Perennio con varios suplicios, y de nuevo torturada por su sucesor Justino, pero librada por un Ángel, por último cercenados los pechos, arrojada a las fieras, probada por el fuego y decapitada, consumó el martirio.
6.- En París, san Germán, Obispo y Confesor, cuya excelente santidad, grandes méritos y esclarecidos milagros consignó en sus escritos el Obispo Fortunato.
7.- En Milán, san Senador, Obispo, muy distinguido por sus virtudes y saber.
8.- En Urgel de la España Tarraconense, san Justo, Obispo.
9.- En Florencia, san Podio, Obispo y Confesor.
10.- En Novara, san Bernardo de Mentón, Confesor, el cual en el monte de Júpiter, sobre los Alpes, en el Valois, levantó un celebérrimo monasterio y hospicio. El Papa Pío XI le declaró celestial Patrono, no sólo de los pobladores y viajeros de los Alpes, sino también de los que se ejercitan en remontar las cumbres alpinas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
29 de mayo
Santa María Magdalena de Pazzis, Virgen Sd. – Blanco
Santa María Magdalena de Pazzis, de la Orden Carmelitana, Virgen, cuyo tránsito se celebra a 25 de este mes. n. 1566 en Florencia, Italia; † 25 de mayo de 1607. Patrona de los enfermos. Protectora contra las enfermedades y las tentaciones que atentan contra la virtud de la pureza.
Santa María Magdalena de Pazzi, aun en la flor de la edad, obtuvo, a fuerza de insistencia, de sus padres, el permiso para entrar en el monasterio de las carmelitas de Florencia. Mostró, desde el comienzo, una virtud consumada. Tan admirable era su oración, que pasaba a veces ocho días en éxtasis. Éstas y otras gracias extraordinarias fueron tachadas de ilusiones, y la santa fue sometida, durante cinco años enteros, a las más rudas pruebas. Finalmente, Dios devolviole la calma y la consoló con su divina presencia. Recibió el don de milagros y de profecía, y murió en el año 1607, a la edad de 41 años.
Oración: Oh Dios, amador de la virginidad, que habéis abrasado de vuestro amor y adornado con vuestros dones celestiales a vuestra bienaventurada virgen María Magdalena, haced que honrando su memoria, imitemos su pureza y su castidad. Por J. C. N. S. Amén.
1.- En Roma, en la vía Aurelia, el triunfo de san Restituto, Mártir.
2.- En Iconio de Licaonia. el triunfo de los santos Conón y un hijo suyo de doce años, los cuales, en tiempo del Emperador Aureliano, sufrieron constantes el ser extendidos en unas parrillas candentes sobre brasas rociadas con aceite, la suspensión en el ecúleo y la pena del fuego; y finalmente, desmenuzadas las manos con un mazo de madera, dieron el alma a Dios.
3.- En la campiña de Trento, el triunfo de los santos Mártires Sisinio, Martirio y Alejandro, los cuales, imperando Honorio, en el país de Anaunia, según escribe Paulino en la vida de san Ambrosio, perseguidos de los Gentiles, consiguieron la corona del martirio.
4.- En Camerino, el suplicio de mil quinientos veinticinco santos Mártires.
5.- En Cesarea de Filipo, las santas Mártires Teodosia, que fue madre de san Procopio, y otras doce nobles matronas, que, en la persecución de Diocleciano, acabaron decapitadas.
6.- En Tréveris, san Maximino, Obispo y Confesor, que acogió con grande honra al Obispo san Atanasio cuando andaba desterrado por la persecución de los Arrianos.
7.- En Verona, san Máximo, Obispo.
8.- En Arce del Lacio, san Eleuterio, Confesor.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
30 de mayo
San Félix I, Papa y Mártir S. – Rojo
San Félix I, Papa y Mártir, cuyo triunfo se conmemora el día 30 de Diciembre.
San Félix I, papa es el más antiguo de los santos de este nombre. Se conoce la fecha de su muerte: el año 274. Pero se ignora la de su nacimiento. Su pontificado duró 15 años. Fue el sucesor del papa san Dionisio, el año en que éste sufrió martirio: el 269. Le tocó luchar en dos frentes: el de las persecuciones por parte de los romanos, y el de las herejías por parte de los cristianos. Tuvo que defender la fe en la santísima Trinidad (un solo Dios en tres Personas) y la Encarnación divina contra Pablo de Samosata. El concilio de Éfeso (año 431) lo cita en sus actas como mártir, aunque se desconocen las circunstancias de su muerte. Cabe la posibilidad de que tratándose de una ciudad de lengua griega, se diese a «mártir» el sentido original de «testigo», «el que da testimonio de su fe, el que no la oculta por temor a las persecuciones y los castigos». Nos informa el Liber Pontificalis de que el papa Félix mandó construir una basílica en la Vía Aurelia. Un calendario romano de las fiestas del siglo IV señala el 30 de mayo como fecha de la conmemoración de su muerte. Fue sepultado en el cementerio de san Calixto, en la vía Apia.
1.- En Torres de Cerdeña, los santos Mártires Gabino y Críspulo.
2.- En Antioquía, los santos Sico y Palatino, que por el nombre de Cristo padecieron muchos tormentos.
3.- En Ravena, san Exuperancio, Obispo y Confesor.
4.- En Pavía, san Anastasio, Obispo.
5.- En Cesárea de Capadocia, los santos Basilio y Emelia su esposa, padres de los santos Obispos Basilio Magno, Gregorio Niseno y Pedro de Sebaste y de santa Macrina Virgen. Desterrados estos santos esposos en tiempo de Galerio Maximiano, vivieron en las soledades del Ponto; y pasada la persecución, dejando a sus hijos herederos de sus virtudes, descansaron en paz.
6.- En Sevilla de España, san Fernando III, Rey de Castilla y de León, llamado el Santo por la excelencia de sus virtudes; el cual, esclarecido por el celo de propagar la fe, después de vencer a los Moros, dejando el reino temporal, voló felizmente al eterno.
7.- En Ruan, santa Juana de Arco, Virgen, llamada la Doncella de Orleáns; la cual, habiendo peleado valientemente en defensa de la patria, al fin entregada al poder de sus enemigos, fue condenada en inicuo juicio y quemada en la hoguera. El Sumo Pontífice Benedicto XV la puso en el catálogo de las Santas.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
La fiesta de la bienaventurada Virgen María, Reina, Medianera de todas las gracias
Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, que engendró al Hijo de Dios, Príncipe de la paz, cuyo reino no tendrá fin, y que es saludada por el pueblo cristiano como Reina del cielo y Madre de misericordia.
Oración: Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el Reino de los Cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
1.- En Roma, santa Petronila, Virgen, hija del Apóstol san Pedro, la cual, desdeñando el enlace con el noble varón Flaco, y aceptando para deliberar el plazo de tres días, en que se dio a la oración y al ayuno, al tercer día, apenas recibió el Sacramento de Cristo, expiró.
2.- En Aquilea, los santos Mártires Cancio, Canciano y Cancianila, hermanos; los cuales, siendo de la ilustre estirpe de los Anicios, imperando Diocleciano y Maximiano, por su constancia en la fe cristiana, juntamente con su ayo Proto, fueron decapitados.
3.- En Torres de Cerdeña, san Crescenciano, Mártir.
4.- En Comana del Ponto, san Hérmias, soldado, que en el imperio de Antonino, saliendo victorioso, por el divino favor, de innumerables y atroces torturas, convirtió el verdugo a Cristo y le hizo partícipe de la misma corona del martirio, que él recibió primero, siendo degollado.
5.- En Verona, san Lupicino, Obispo.
6.- En Roma, san Pascasio, Diácono y Confesor, de quien hace mención san Gregorio Papa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
RESPUESTA A LA ENCUESTA DE LA SEMANA
La siguiente pregunta se encuentra en el menú de la derecha
PREGUNTÁBAMOS:
¿En qué consiste la felicidad?
Dábamos 12 opciones de respuesta, a las que han respondido de la siguiente manera:
| 1.En un acto de la voluntad | 5 | 6.2 % | |
|---|---|---|---|
| 2.En los deleites corporales | 1 | 1.2 % | |
| 3. En los honores | 1 | 1.2 % | |
| 4. En la gloria humana | 1 | 1.2 % | |
| 5. En las riquezas | 1 | 1.2 % | |
| 6. En el poder mundano | 0 | 0 % | |
| 7. En los bienes del cuerpo | 0 | 0 % | |
| 8. Radica en la parte sensitiva | 1 | 1.2 % | |
| 9. En los actos de las virtudes morales | 26 | 32.1 % | |
| 10. En el ejercicio de la prudencia | 2 | 2.5 % | |
| 11. En el ejercicio del arte | 1 | 1.2 % | |
| 12. En ninguna de las anteriores | 42 | 51.9 % |
La respuesta correcta es la nº 12: «En ninguna de las anteriores».
Han respondido correctamente 42 personas, el 51,9 %.
¿Por qué esa es la respuesta correcta?
Pueden encontrarla la respuesta en el Catecismo de la Suma Teológica aquí
La felicidad última del hombre consiste en la contemplación de Dios. Por consiguiente, si la última felicidad del hombre no consiste en los bienes exteriores que suelen atribuirse a la suerte, ni en los del cuerpo, ni en los del alma en cuanto a la parte sensitiva, ni en los que se refieren a la parte intelectual respecto a los actos de las virtudes morales, ni en la parte intelectual práctica del hombre, como el arte y la prudencia, sólo queda que consista en la contemplación de la verdad.
- Sólo esta operación del hombre le es propia, y de ningún modo participa de ella con los demás animales.
- Tampoco se ordena dicha operación a otra cosa como a su fin, ya que la contemplación busca la verdad por sí misma.
- Esta operación une al hombre a las sustancias superiores mediante la semejanza, ya que tal operación es propia y exclusiva del hombre y de las sustancias separadas.
- Por dicha operación se une a los seres superiores, conociéndolos de alguna manera.
- Es la operación para la que el hombre tiene mayor capacidad, ya que poco auxilio necesita del exterior para realizarla.
- Parece que a ésta se ordenan todas las demás operaciones del hombre como a su fin. Pues para la contemplación perfecta se requieren la integridad corporal, a la cual están ordenadas todas las cosas artificiales necesarias para la vida. También el descanso de las perturbaciones de las pasiones, al que se llega mediante el ejercicio de las virtudes morales y
de la prudencia. Y el descanso de las pasiones exteriores, al que se ordena todo el recto gobierno de la vida civil. De manera que, si consideramos las cosas rectamente, todos los oficios humanos parecen servir a la contemplación de la verdad.
Mas no es posible que la última felicidad del hombre consista en la contemplación de los primeros principios, que es imperfectísima; porque se refiere principalmente a los universales, está en potencia de «conocer las cosas, es principio y no fin del estudio humano, proviene de nuestra naturaleza y no del estudio de la verdad. Tampoco en el conocimiento de las ciencias, pues estas se refieren a las cosas ínfimas, ya que la felicidad debe ser la operación de la inteligencia que tenga por objeto los inteligibles más nobles. Luego sólo nos queda que la última felicidad del hombre consista en la contemplación de la sabiduría, en cuanto considera lo divino.
De esta manera resulta evidente, por vía de inducción, lo que anteriormente hemos probado por razonamientos que la última felicidad del hombre no consiste sino en la contemplación de Dios.
EXPLICACIÓN COMPLETA TRADUCIDA DE LA SUMA CONTRA GENTILES EN LA QUE SE RESPONDE POR QUÉ NO RESIDE EN OTRAS PARTES, COMENTANDO CADA UNA.
SUMA CONTRA LOS GENTILES
(Selección)
Ed. Porrúa, México 1991
Traducción Carlos Ignacio González, S.I. págs 322-329
CAPITULO XXV
Entender a Dios es el fin de toda sustancia intelectual
Todas las creaturas están ordenadas a Dios, aun las que carecen de entendimiento, como a su último fin, y a este último fin tienden todas la cosas en cuanto participan de alguna manera de su semejanza; pero las creaturas intelectuales de un modo especial lo alcanzan, mediante su operación propia, entendiéndolo. Por lo tanto necesariamente ha de ser éste el fin de la creatura intelectual: entender a Dios.
- Dios es el último fin de todas las cosas, según hemos demostrado. Por tanto cada ser tiende a unirse a Dios como a su último fin, cuanto más le es posible. Y más próximamente se le unirá a Dios algo, por el hecho de que de algún modo capta la sustancia divina; y esto sucede cuando alguien conoce la sustancia divina, de lo cual deriva su semejanza divina. Por lo tanto la sustancia intelectual tiende al conocimiento divino como a su fin último.
- La operación propia de cualquier cosa es su fin, ya que se trata de su segunda perfección; por ello es virtuoso y bueno cuanto correctamente se relaciona con dicha operación. Y entender es la operación propia de la sustancia intelectual. Por tanto ella misma es su fin. Y el último fin será lo más perfecto que en ella se encuentre, especialmente en las operaciones no ordenadas a una producción, como son entender y sentir. Y como tales operaciones se especifican por sus objetos, y por ellos se conocen, necesariamente será tanto más perfecta una de dichas operaciones cuanto es más perfecto su objeto. Y así, entender el
más perfecto inteligible como es Dios, será lo más perfecto dentro del género de las operaciones intelectuales. Por consiguiente, conocer a Dios mediante la inteligencia es el fin último de cualquier sustancia intelectual.
Mas alguien podría pensar que ciertamente el último fin de una sustancia intelectual consiste en entender lo más perfecto entre los seres inteligibles; mas sin embargo, que no necesariamente es lo más perfecto inteligible en absoluto lo que lo es para una sustancia intelectual determinada; sino que, cuanto más elevada es una inteligencia, tanto será más alto y perfecto su objeto inteligible. Y que por consiguiente la sustancia intelectual más elevada entre las creadas tendrá como lo más elevado entre lo inteligible, aquello que lo es en absoluto; de donde su felicidad consistirá en conocer a Dios. Pero tratándose de sustancias intelectuales inferiores, su, felicidad consistirá en conocer algo inteligible inferior, que sin embargo constituya lo más elevado entre lo que para tal sustancia es inteligible. Y principalmente la inteligencia humana parece no tener como su objeto inteligible propio el más elevado inteligible absoluto, ya que la inteligencia del hombre es muy débil; y por ello, para conocer lo más elevado entre los objetos del conocimiento, se siente como una lechuza ante la vista del sol.
Pero evidentemente el fin de toda sustancia intelectual, aun de la más baja, es conocer a Dios; pues hemos demostrado anteriormente que Dios es el fin al que tienden todos los seres. Y la inteligencia humana, aun cuando sea la inferior en el orden de las sustancias intelectuales, sin embargo es superior a todos los seres carentes de inteligencia. Y como no puede tener un fin menos noble una sustancia más noble, Dios mismo ha de ser el fin del entendimiento humano. Y todo ser inteligente logra su fin último mediante su conocimiento, como hemos demostrado. Luego la inteligencia humana alcanza a Dios entendiéndolo, como su fin.
- Como las cosas que carecen de entendimiento tienden a Dios como a su fin, por vía de semejanza, así también las creaturas intelectuales lo hacen por vía de conocimiento, como consta por lo antedicho. Y las cosas que carecen de entendimiento, aunque tiendan a asemejarse a los agentes próximos, sin embargo no descansa en ello su tendencia natural, sino que buscan como fin asemejarse al bien supremo, como también consta por lo anteriormente probado; aun cuando pueden alcanzar dicha semejanza de manera imperfectísima. Por consiguiente la inteligencia, aun cuando pudiese tocar su fin último con un mínimo de conocimiento de Dios, más le llenaría esto como último fin que todo el conocimiento perfecto de las cosas inferiores inteligibles.
- Todo ser desea su último fin sobre todas las cosas. Y la inteligencia humana desea más, y más se deleita en el conocimiento de las cosas divinas, aun cuando puede sólo alcanzar a percibirlas en pequeña escala, que en el conocimiento perfecto que tiene de las cosas inferiores. Por tanto el último fin del hombre es conocer de alguna manera a Dios.
- Todos los seres tienden a la semejanza divina como a su propio fin. Por consiguiente, aquello por lo que se asemejan a Dios de manera más especial, es su último fin. Y la creatura intelectual se asemeja a Dios de manera especialísima por su inteligencia; pues tal semejanza supera las de las otras creaturas, y las incluye todas. Pero en este tipo de semejanza más se
asemeja a Dios en cuanto conoce en acto, que en cuanto conoce en hábito o en potencia, porque Dios está siempre conociendo en acto, según hemos demostrado. Y en cuanto conoce en acto más se asemeja, a Dios al conocer al mismo Dios; porque Dios mismo, al conocerse a sí, conoce todas las demás cosas, como hemos expuesto. Luego conocer a Dios es el último fin de toda sustancia intelectual
- Lo que sólo es amable por otro, lo es por su ordenación a lo que es amable por sí, pues no podemos proceder indefinidamente en cuanto al apetito natural, pues entonces se frustraría tal apetito, porque no es capaz de abarcar lo infinito. Y las ciencias y artes y capacidades prácticas son amables por otro, porque su fin no es saber, sino obrar. En cambio las ciencias especulativas son amables en sí mismas, porque su fin es el conocimiento mismo. Y ninguna acción humana existe que no se ordene a otro fin, excepto la reflexión especulativa; pues aun los juegos, que parecen ejecutarse sin ningún fin, tienen un fin necesario: que descansando un poco la mente, estemos más dispuestos después de un rato para poder estudiar; de otro modo, si buscásemos el juego por sí mismo, siempre deberíamos estar jugando, lo que no es posible. Por tanto las artes prácticas se ordenan a las especulativas, y de manera semejante toda operación humana se ordena a la especulación intelectual como a su fin. Y entre todas las ciencias y artes, la del último fin parece ser aquella que sirve a las demás como norma y directriz; como el arte de navegar, al que se ordena el fin de una nave, ya que ésta sirve para la navegación, norma y dirige la construcción de la nave. Del mismo modo la primera filosofía es normativa de las demás ciencias especulativas; porque todas dependen de ella, ya que de ella reciben sus principios y dirección, contra quienes niegan los principios; y toda la primera filosofía se ordena al conocimiento de Dios como a su fin último, por lo que se le llama ciencia divina. Por consiguiente el conocimiento divino es el último fin del conocimiento. y de la operación humanos.
- En todas las cosas que ordenadamente obran y se mueven, necesariamente el fin del primer agente y principio de movimiento ha de ser el fin último de todas; como el fin del general en un ejército es el fin de todos los militares que luchan bajo sus órdenes. Y entre todas las partes del hombre, la inteligencia es el principio motor supremo; porque la inteligencia mueve el apetito, proponiéndole su objeto. Y el apetito intelectual, que es la voluntad, mueve los apetitos sensitivos, que son la ira y la concupiscencia; de ahí que no obedecemos a la concupiscencia, sino mediante el imperio de la voluntad. Y el apetito sensitivo, una vez consintiendo la voluntad mueve el cuerpo. Luego el fin de la inteligencia es el fin de todas las acciones humanas. Y el fin y bien de la inteligencia es verdadero; y por consiguiente, el fin último es el más verdadero. Luego el fin de todo el hombre, y de todas sus operaciones y deseos, es conocer la primera verdad, que es Dios.
- Naturalmente se encuentra en todos los hombres el deseo de conocer las causas de todo lo que aparece; por ello los hombres empezaron a filosofar por la admiración qué sentían por aquellas cosas que se manifestaban, aunque ocultaban sus causas; y una vez encontrando las causas, descansaban. Y no cesamos de inquirir hasta que llegamos a una primera causa. Y sólo creemos haber conocido perfectamente, cuando conocemos la primera causa. Por consiguiente el hombre desea por naturaleza conocer la primera causa, como su fin último. Y la primera causa de todo es Dios. Luego el último fin del hombre es conocer a Dios.
- Todo hombre naturalmente desea conocer las causas de cualquier efecto conocido. Y el entendimiento humano conoce el ser universal. Luego naturalmente desea conocer su causa, que únicamente puede ser Dios, como hemos demostrado. Y nadie, consigue su fin último hasta que descansa su deseo natural. Por tanto no basta, para la felicidad humana. que es el último fin, el conocimiento de cualquier cosa inteligible, si no alcanza el conocimiento de Dios, que le haga descansar su deseo natural , como último fin. Por lo tanto, el último fin del hombre es el, conocimiento mismo de Dios.
- Un cuerpo que tiende por apetito natural a un lugar, tanto con mayor velocidad y vehemencia se dirige a él, cuanto está más próximo. Por ello prueba Aristóteles en Del Cielo, libro 1, caps. 4 y 5, que el movimiento natural rectilíneo no puede ser indefinido, porque lo indefinido no se mueve más antes que después. Y lo que se mueve con más vehemencia después que antes, no se mueve indefinidamente, sino hacia un objeto determinado. Pero en el deseo de conocer encontramos eso precisamente: cuanto más sabe alguien, tanto más desea conocer. Luego el deseo natural de conocer en el hombre tiende a un fin determinado. Y tal fin no puede ser otro que el más noble de los seres cognoscibles, que es Dios. Por tanto el conocimiento divino es el fin último del hombre. Y el fin último tanto del hombre como de cualquier sustancia intelectual, es su felicidad; porque eso es lo que desea toda sustancia intelectual como último fin, y como fin por sí mismo únicamente. Por tanto la felicidad y beatitud última de toda sustancia intelectual consiste en conocer a Dios.
Por eso se ha dicho: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt. 5, 8). Y: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero» (Jo. 17, 3).
Esta doctrina coincide con la de Aristóteles, en la Ética, libro 10, cap. 7, donde afirma que la felicidad del hombre es especulativa, en cuanto contempla el más elevado de los objetos cognoscibles.
CAPITULO XXVI
La felicidad no consiste en un acto de la voluntad
- La sustancia intelectual no únicamente alcanza a Dios mediante su operación intelectual, sino también deseándolo con la voluntad, y amándolo, y encontrando en él su deleite; por ello podrían algunos juzgar que la última felicidad del hombre no consiste en conocer a Dios, sino más bien en amarlo, o en algún otro acto de la voluntad respecto al mismo; especialmente siendo el bien el objeto de la voluntad, y por tanto teniendo el aspecto de fin; en cambio la verdad, objeto de la inteligencia, no tiene aspecto de fin, a no ser en cuanto también es bueno. Luego no parece que el hombre consiga su último fin por un acto del entendimiento, sino de la voluntad.
- La última perfección de la operación es el gozo, que perfecciona la operación como la hermosura perfecciona la juventud, según dice el Filósofo en la Etica, libro 10, cap. 4. Por
consiguiente, si la operación perfecta es el último fin, parece que el último fin más bien consiste en una operación de la voluntad, que de la inteligencia.
- El gozo parece siempre desearse por sí, y nunca por otro; y así resulta tonto preguntar a una persona por qué quiere gozar. Y esta es precisamente la condición del último fin: que se busque por sí mismo. Por consiguiente más radica el último fin en la operación de la voluntad que de la inteligencia, según parece.
- Todos concuerdan en el deseo del último fin ya que es natural. Y más hombres buscan el gozo que el conocimiento. Luego más parece fin el gozo que el conocimiento.
- La voluntad parece ser una potencia más elevada que la inteligencia; porque la voluntad mueve la inteligencia hacia el fin, y la inteligencia reflexiona en acto lo que tiene en hábito, cuando uno quiere. Luego la acción de la voluntad parece más noble que la de la inteligencia. Por tanto más bien parece que el último fin es la felicidad, que consiste en un acto de la voluntad, que en un acto del entendimiento.
Pero evidentemente se demuestra que eso es imposible:
- La felicidad es el bien propio de una naturaleza intelectual. Luego necesariamente ha de convenir a la naturaleza intelectual según aquello que le es más propio. Pero el apetito no es lo más propio de la naturaleza intelectual; ya que se encuentra en todos los seres, aunque de diversas maneras en cada uno. Tal diversidad proviene del hecho de que cada cosa tiene un tipo diverso de conocimiento: las que no tienen conocimiento alguno, tienen sólo apetito natural; las que tienen conocimiento sensitivo, también tienen apetito del mismo nivel, incluido en las tendencias irascibles y concupiscibles; y las que tienen conocimiento intelectual, también tienen un apetito proporcionado a dicho conocimiento, que es la voluntad. Por consiguiente la voluntad, en cuanto apetito, no es propio de la naturaleza intelectual, sino únicamente en cuanto depende de la inteligencia. En cambio el intelecto es propio de la naturaleza intelectual por propia definición. Luego la beatitud o felicidad consiste principal y sustancialmente en un acto de la inteligencia, más que en un acto de la voluntad.
- En todas las potencias movidas por sus objetos, los objetos son naturalmente anteriores a los actos de tales potencias, como el motor es naturalmente anterior al movimiento del objeto móvil. La voluntad es una potencia de ese tipo; pues lo apetecible mueve el apetito. Por consiguiente el objeto de la voluntad es naturalmente anterior a su acto. Por tanto su objeto primario precede todos sus actos. Luego no puede un acto de la voluntad ser el primer objeto querido. Y tal objeto es el último fin, o sea la felicidad. Luego es imposible que la beatitud o felicidad sea el mismo acto de la voluntad.
- En todas las potencias que pueden volverse sobre sus propios actos, necesariamente los actos de tal potencia primero se dirigen a un objeto, y sólo después sobre sí mismos. Pues si la inteligencia conoce que conoce, primeramente ha de conocer un objeto, y después conocerá que conoce; pues el mismo conocer que conoce, se refiere al conocimiento de un objeto. Luego o bien habría de proceder indefinidamente, o, si hemos de llegar a un primer
objeto conocido, éste no puede ser el acto mismo de entender, sino un objeto inteligible. Igualmente es necesario que el primer objeto querido no sea el mismo querer, sino un bien. Y lo primero que una naturaleza intelectual quiere es la misma felicidad o beatitud; porque por ella queremos cuanto queremos. Luego es imposible que la felicidad consista esencialmente en un acto de la voluntad.
- Todas las cosas son por naturaleza verdaderas de acuerdo con los elementos que constituyen su sustancia; pues un hombre verdadero difiere de uno pintado en los elementos que constituyen la sustancia del hombre. Y la verdadera felicidad no difiere de la falsa según el acto de la voluntad; pues de la misma manera se comporta la voluntad al desear, amar o gozar, sea cual fuere el objeto que se le proponga como bien sumo, sea verdadero o falso. Pero que sea verdadero o falso el bien supremo que se le propone como tal a la voluntad, depende del entendimiento. Por consiguiente la beatitud o felicidad consiste esencialmente más en la inteligencia que en un acto de la voluntad.
- Si un acto de la voluntad fuese la felicidad misma, tal acto sería o desear, o amar o gozarse. Pero es imposible que el deseo sea el último fin; pues el deseo se da en la voluntad en cuanto ésta tiende a algo que aún no tiene, lo que sería contrario a la noción de fin último. Tampoco amar puede ser el último fin, pues también se ama el bien no sólo cuando ya se posee, sino cuando aún no se posee; pues es propio del amor buscar con el deseo lo que aún no se tiene; y si el amor es más perfecto, se debe a que ya se posee lo que se ama. Por consiguiente son diversos tener el bien, que es un fin, y amar, que antes de tener su objeto es imperfecto, y es perfecto sólo después de tenerlo. De modo semejante el gozo no es aún el último fin; pues la posesión de un bien es la causa del gozo, sea porque sintamos poseer el bien en el presente, sea porque recordamos un bien que anteriormente hemos tenido, sea porque esperamos un bien por adquirir. Luego el gozo no es el último fin. Por tanto ningún acto de la voluntad puede ser esencialmente la felicidad misma.
- Si el gozo fuese el fin último, sería apetecible por sí mismo. Pero eso es falso; pues hemos de distinguir qué tipo de deleite hemos de apetecer, por el objeto que tal deleite goza; porque el gozo que se sigue de las operaciones buenas y apetecibles, es bueno y apetecible; y al contrario el que se sigue de las operaciones malas. Por tanto su bondad y apetibilidad depende de otra cosa. Por consiguiente no es el último fin, que es la felicidad.
- El recto orden de las cosas ha de estar de acuerdo con la naturaleza; porque las cosas naturales están ordenadas a sus fines sin error alguno. Y en las cosas naturales se da el gozo por la operación, y no al contrario. Pues la naturaleza puso en los animales el deleite en aquello que es necesario para los fines; como en el uso del alimento, que se ordena a la conservación del individuo, y en el uso de los órganos sexuales, que se ordena a la conservación de la especie; y si no hubiese deleite, los animales se abstendrían del uso de las cosas necesarias. Luego es imposible que sea el gozo el fin último.
- El gozo no parece ser otra cosa que el descanso de la voluntad en un bien que le
conviene, como el deseo es la inclinación de la voluntad a un bien que ha de conseguir. Y como
el hombre se inclina por la voluntad a su fin y en él descansa, así los cuerpos naturales tienen
inclinaciones naturales a sus propios fines, y descansan una vez que han conseguido dicho fin. Sería ridículo decir que el fin del movimiento de un cuerpo pesado no consiste en estar en su propio lugar, sino el descanso de la inclinación por la que tendía a dicho lugar. Pues si principalmente la naturaleza tendiese a aquietar la inclinación, simplemente no la daría; pero si la da, es para que tienda a su propio lugar, el cual una vez conseguido como fin, trae como consecuencia el descanso de la inclinación; y por lo tanto tal descanso no es el fin, sino sólo acompaña al fin.
- Si una cosa externa fuese el fin de otra cosa, ésta tendría como fin último la operación por la cual conseguiría principalmente dicha cosa; igualmente, cuando alguien pone el dinero como su fin, decimos que su fin es poseerlo, no amarlo o desearlo. Y el fin último de la sustancia intelectual es Dios. Por consiguiente la felicidad o beatitud del hombre consistirá en aquello por lo que principalmente se acerca a Dios. Y tal operación es entender, porque no podemos querer lo que no conocemos. Por lo tanto, la última felicidad del hombre radica sustancialmente en el conocimiento de Dios por la inteligencia, y no en un acto de la voluntad.
Por consiguiente, según lo explicado, es clara la respuesta a las objeciones.
- La felicidad es objeto de la voluntad, por incluir la noción de bien; pero no por ello necesariamente ha de ser sustancialmente el acto mismo de la voluntad, como decía la primera objeción. Más aún, precisamente por ser el primer objeto de la voluntad, se sigue que no es su acto.
- Tampoco necesariamente aquello que de algún modo perfecciona una cosa ha de ser su fin, como decía la objeción segunda. Pues la perfección de una cosa puede serlo de dos maneras: primera, suponiendo ya la especie; segunda, para especificarla. Por ejemplo, la perfección de una casa, en cuanto ya está especificada, es aquello a lo que se ordena la casa, o sea que se le habite; pues no se construiría la casa si no fuese para ello; luego debería tal finalidad añadirse en la definición, cuando se trate de una definición perfecta. Pero la perfección que se ordena a especificar una cosa, puede ser o bien aquello que constituye la especie, como los principios sustanciales de la misma; o bien lo que se ordena a conservar la especie, como los apoyos que se construyen para sostenerla; o bien cuanto hace que el uso de tal cosa sea más conveniente, como su hermosura. Por consiguiente, lo que constituye la perfección de una cosa ya especificada es su fin, como la habitación es fin de la casa. Y también es fin de la cosa la propia operación de la misma, que es como su uso. Lo que se requiere para la perfección especifica de una cosa no es su fin, sino al contrario, la cosa es fin de tales requisitos. Por ejemplo, la materia y la forma existen en función de la especie, porque, aun cuando la forma sea fin de la generación, sin embargo no lo es del objeto ya generado y especificado; más aún, la forma se requiere para que la especie esté completa. Igualmente las cosas que conservan un objeto en su especie, como la salud y la facultad nutritiva, aunque perfeccionan al animal, sin embargo no son su fin, sino al contrario. Lo que se requiere para adaptar la cosa para que realice las operaciones de su especie y para que consiga más fácilmente su fin, no son fin de la cosa, sino al contrario; como la hermosura y fuerza del cuerpo humano y otras cualidades semejantes, de las que dice el Filósofo en la Etica, libro 1, cap. 12, que sirven orgánicamente para la felicidad. El deleite es una perfección de la
operación; pero no porque la operación se ordene a sí misma específicamente, sino que se ordena a otros fines; como alimentarse está ordenado a la conservación del individuo; pero de algún modo es semejante a la perfección que se ordena a la especie de una cosa, en cuanto por la deleitación realizamos con más atención y cuidado la operación en la que nos deleitamos. Por ello dice el Filósofo en la Etica, libro 10, cap. 9, que el deleite perfecciona la operación, como la hermosura la juventud; pero tal hermosura es para el joven, y no al contrario.
- Tampoco es suficiente razón para afirmar que el deleite sea el último fin, el observar que los hombres lo buscan no por otro motivo, sino por sí mismo, como concluía la tercer objeción. Porque, aun cuando el deleite no sea el último fin, sin embargo sí lo acompaña, ya que surge del hecho de alcanzar el fin.
- No se dan más hombres que busquen el deleite del conocimiento, que quienes busquen el conocimiento mismo; en cambio más son los que buscan los deleites sensibles que quienes buscan el conocimiento intelectual y el deleite que se sigue de tal conocimiento. Porque muchos más hay que capten lo exteriormente cognoscible, ya que el conocimiento humano comienza por lo sensible.
- Es evidentemente falso lo que afirma la quinta objeción: que la voluntad es superior al entendimiento, por ser su principio motriz. Porque de manera propia y primera, el entendimiento mueve la voluntad; pues la voluntad en cuanto tal es movida por su objeto, que es el bien aprehendido. Pero la voluntad mueve al intelecto accidentalmente, en cuanto el entender mismo se manifiesta como un bien, y en tal sentido la voluntad lo desea. De ahí se sigue que el entendimiento entiende en acto, y en ello precede a la voluntad. Pues la voluntad no podría jamás desear entender si el entendimiento no captase primero que el entender es bueno. Y además la voluntad mueve el entendimiento a operar en acto a la manera como se dice que el agente mueve; y el entendimiento mueve la voluntad a la manera como mueve el fin, ya que el bien conocido es el bien de la voluntad. Y en cuanto al movimiento, el agente es posterior al fin, ya que el agente no mueve sino por el fin. Luego es obvio que el entendimiento simplemente es superior a la voluntad., aunque la voluntad puede ser más elevada que el entendimiento, de manera accidental y en algunos aspectos.
CAPITULO XXVII
La felicidad humana no consiste en deleites corporales
Por lo anterior fácilmente demostramos que es imposible que la felicidad humana consista en los placeres del cuerpo, los que principalmente se encuentran en el alimento y en el uso, de los órganos sexuales.
- Hemos demostrado que, según el orden de la naturaleza, el deleite se da en función de la operación, y no a la inversa. Por consiguiente, si las operaciones no fuesen el último fin, los deleites que se siguen de ellas ni serían el último fin, ni lo acompañarían. Mas nos consta que las operaciones a las que acompañan dichos deleites no son el último fin, pues están
ordenadas a otros fines evidentes, como la alimentación a la conservación del cuerpo, y la unión sexual a la generación de la prole. Por consiguiente los deleites que las acompañan ni son el último fin, ni acompañan al último fin. Luego no podemos poner en tales deleites la felicidad.
- La voluntad es apetito superior al sensitivo, como antes hemos dicho. Y la felicidad no consiste en el acto de la voluntad, como también probamos anteriormente. Por consiguiente mucho menos consistirá en tales deleites, que radican en el apetito sensitivo.
- La felicidad es propia del hombre, no de los brutos, a no ser en sentido lato. Pero los deleites de que hablamos son comunes a los hombres y a los brutos. Luego no puede ponerse en ellos la felicidad.
- El último fin es el más noble de aquellos a los que una cosa se ordena, pues incluye la noción de óptimo. Pero tales deleites no convienen a un hombre por lo que tiene de más noble, que es la inteligencia, sino por los sentidos. Por consiguiente no hemos de poner en tales deleites la felicidad.
- La más alta perfección del hombre no ha de ponerse en lo que lo une a las cosas inferiores, sino en lo que lo une a lo más elevado; pues el fin es mejor que aquello de lo que es fin. Y los deleites de que tratamos consisten en que el hombre se une mediante el sentido con algunas de esas realidades inferiores a él, como son las sensibles. Por consiguiente no se ha de poner en ellos la felicidad.
- Lo que es bueno únicamente en cuanto es moderado, no es absolutamente bueno, sino recibe la bondad de quien lo modera. Y el uso de tales deleites no es bueno al hombre, sino moderadamente, pues de otro modo los deleites se obstaculizarían mutuamente. Por consiguiente tales deleites no son absolutamente buenos para el hombre. Y lo que es el sumo bien ha de ser absolutamente bueno, porque lo que es absolutamente bueno es mejor que lo bueno por otro motivo. Por lo tanto tales deleites no son el bien sumo del hombre, como lo es la felicidad.
- En todo lo que existe por sí, lo más sigue a lo más, y lo absoluto a lo absoluto. Por ejemplo, el calor calienta; pero a mayor calor, más calentamiento; y a máximo calor, calentamiento máximo. Así, pues, si dichos deleites fuesen buenos absolutamente, necesariamente lo mejor sería buscarlos al máximo. Pero eso es evidentemente falso; porque su demasiado uso es un vicio, y es dañoso para el cuerpo, e impide los deleites semejantes. Por tanto no son bienes absolutos para el hombre. Luego, no consiste en ellos la felicidad humana.
- Los actos de virtud son laudables porque se ordenan a la felicidad. Mas si en los deleites carnales consistiese la felicidad humana, los actos de virtud más laudables consistirían en ceder a tales deleites, y no en abstenerse de ellos. Pero eso es evidentemente falso, pues un acto de templanza es más digno de alabanza cuando se abstiene de deleites; más aún, por ello se le llama así. Por lo tanto no está en dichos deleites la felicidad humana.
- El fin último de cualquier cosa es Dios, como ya demostramos anteriormente. Por consiguiente hemos de señalar como fin último del hombre aquello por lo cual más se acerca a Dios. Pero tales deleites más bien impiden al hombre en su máximo acercamiento a Dios, el que se da por la contemplación, que se ve impedida por dichos deleites, porque al sumergirse el hombre en lo sensible más se aparta de lo inteligible. Por consiguiente no hemos de poner en los deleites la felicidad humana.
Así se destruye el error de los epicúreos, que ponían en tales placeres la felicidad humana. De tales personas afirma Salomón: ‘Lo que me pareció bueno es que cada uno coma, beba y disfrute de su trabajo con alegría… y tal es su herencia (Eccles. 5, 17). Y: ‘Reguemos por doquiera los signos de nuestra alegría; porque ésta es nuestra suerte y nuestra herencia» (Sap. 2, 9). También queda refutado el error de los cerintianos, quienes en la última felicidad después de la resurrección, imaginan que se seguirán mil años de placeres carnales en el reino de Cristo; por eso se les llamó Jiliastas o Milenarios, pues en griego filia es lo mismo que Mil. También se excluyen los errores de los judíos y sarracenos, quienes ponen el premio de los justos en dichos placeres; ya que la felicidad es el premio de la virtud.
CAPITULO XXVIII
La felicidad no consiste en honores
De lo anterior deducimos con toda evidencia que tampoco puede consistir en los honores el bien sumo del hombre, que es la felicidad.
- El fin último del hombre y su felicidad son su perfectísima operación, como se ha
demostrado. Pero el honor del hombre no consiste en su acción, sino en la operación del otro
que le muestra reverencia. Luego no se puede poner la felicidad del hombre en los honores. - No es último fin aquello que es deseable o es un bien por razón de otro. Y el honor es de tal naturaleza; porque nadie es honrado rectamente a no ser por otro bien que tiene; y por ello los hombres buscan ser honrados, porque quieren tener un testimonio de algún bien que tienen, por lo, cual más se alegran los hombres cuando los honran los grandes y los sabios. Luego no hemos de poner la felicidad en los honores.
- Se llega a la felicidad por la virtud. Y las operaciones de las virtudes son voluntarias, pues de otra manera no serían dignas de alabanza. Por consiguiente es preciso que la felicidad sea un bien al que llegue el hombre por su voluntad. Pero no está en poder del hombre conseguir el honor, sino más bien está en poder de aquél que lo honra. Luego no hemos de poner la felicidad humana en los honores.
- Todo cuanto es digno de honor únicamente puede encontrarse en los buenos; pero también los malos son honrados. Luego es mejor ser digno de honor que ser honrado. Por consiguiente el honor no es el sumo bien del hombre.
- El bien sumo es el bien perfecto. Y el bien perfecto no tolera ningún mal. Y nadie que tenga algún mal puede ser perfectamente feliz. Por lo tanto es imposible que sea malo aquél que ha conseguido el sumo bien. Pero un hombre malo puede conseguir honores. Luego el honor no es el bien sumo del hombre.
CAPÍTULO XXIX
La felicidad del hombre no consiste en la gloria humana
Por las mismas razones podemos afirmar que tampoco en la gloria, que consiste en la celebridad de la fama, radica el bien sumo del hombre.
- Según Cicerón, la gloria es «la frecuente fama de alguien, llena de alabanza» y según Ambrosio «un conocimiento cierto, unido a la alabanza’. Los hombres quieren descollar con cierta alabanza y reconocimiento, para ser honrados. Luego la gloria se busca en función del honor. Y si el honor no es el bien sumo, menos lo será la gloria.
2.. Bienes laudables son aquellos según los cuales una persona se ordena a su fin. Y quien está ordenado a un fin, todavía no ha conseguido dicho fin. Luego no se atribuye la alabanza a quien ya ha conseguido su último fin, sino más bien se le atribuye honor, como dice el Filósofo en la Etica, libro 1, cap. 12. Por consiguiente la gloria no puede ser el bien sumo, pues
principalmente consiste en la alabanza.
- Conocer es más noble que ser conocido; pues únicamente conocen los más nobles de entre los seres, y en cambio aun los seres ínfimos son conocidos. Por consiguiente no puede ser la gloria el fin sumo del hombre, pues la gloria consiste en ser conocido.
- Nadie desea que se le conozca, sino en lo bueno; en cambio quiere ocultar cuanto tiene de malo. Por tanto ser conocido es bueno y deseable por los bienes que se conocen. Luego tales bienes son mejores que el mismo ser conocido. Y así, el bien sumo del hombre no consiste en la gloria, ya que ésta consiste en ser conocido.
- El bien sumo debe ser perfecto, ya que en él descansa el apetito. Pero el conocimiento de la fama, en lo que consiste la gloria, es algo imperfecto, pues tiene mucho de error e incertidumbre. Por lo tanto no puede tal gloria ser el bien sumo.
- El bien sumo del hombre debe ser lo más estable entre todas las cosas humanas, pues naturalmente deseamos que dure el bien. Pero la gloria basada en la fama es de lo más inestable; porque nada hay más mutable que la opinión y la alabanza humanas. Luego tal gloria no es el bien sumo del hombre.
CAPÍTULO XXX
La felicidad del hombre no consiste en riquezas
Por lo mismo es evidente que tampoco las riquezas son el bien sumo del hombre.
- No apetecemos las riquezas sino en función de otra cosa; pues por sí mismas no nos proporcionan ningún bien, sino solamente las usamos o para sustento del cuerpo o para un fin semejante. Pero lo que es supremo ha de ser deseado por sí mismo y no por otra cosa. Luego las riquezas no son el bien sumo del hombre.
- Su posesión o conservación no pueden ser el bien sumo del hombre, ya que al desprendernos de ellas sacamos el mayor provecho. Mas las riquezas nos aprovechan más cuando se gastan, pues tal es su uso. Por lo tanto su posesión no puede ser el mayor bien del hombre.
- Un acto de virtud es laudable en cuanto nos acerca a la felicidad. Por ello es laudable el acto de liberalidad y generosidad, que se ejercitan desprendiéndose del dinero, más bien que conservándolo; por ello tales virtudes toman su nombre del desprendimiento. Por consiguiente la felicidad del hombre no consiste en la posesión de riquezas.
- Aquello cuya consecución produce al hombre el mayor bien, necesariamente ha de ser lo mejor que el hombre. Pero el hombre es mejor que las riquezas, ya que las cosas están ordenadas al uso del hombre. Luego no se encuentra en las riquezas el bien sumo del hombre.
- El bien sumo del hombre no puede estar sujeto a la suerte, ya que lo fortuito sucede sin esfuerzo de la mente. Pero el hombre debe conseguir el bien propio mediante su razón. Y en cambio la suerte juega un papel muy importante en la consecución de las riquezas. Por lo tanto la felicidad no consiste en las riquezas.
- Es evidente lo que afirmamos, por el hecho de que, involuntariamente perdemos las riquezas; y que al contrario, pueden conseguirlas los malos, que deberían carecer del bien sumo; y porque son inestables, y por otros motivos semejantes que pueden explicitarse a partir de los argumentos anteriores.
CAPITULO XXXI
La felicidad no consiste en el poder mundano
Igualmente podemos afirmar que el poder humano de ningún modo puede ser el sumo bien del hombre:
- Porque para conseguirlo juega un papel importante la suerte, y una vez conseguido es inestable, y no está sujeto a la voluntad humana, y con frecuencia lo consiguen los malos; cosas todas que repugnan al bien sumo, como acabamos de mostrar.
- El hombre es especia lísimamente bueno en cuanto alcanza el bien sumo. Pero no por tener poder el hombre es bueno o malo; pues no es bueno todo aquél que puede hacer el
bien, ni malo el que puede hacer el mal. Luego el bien sumo no consiste en el poder que tenga el hombre.
- Todo poder es para algo. Pero el bien sumo no es para otra cosa. Luego el poder no es el sumo bien.
- Aquello de lo que alguien puede usar mal o bien, no puede ser su bien sumo; pues es mejor aquello que nadie puede usar para el mal. Pero el poderoso puede usar su poder para bien o para mal, ya que las facultades racionales pueden dirigirse a términos opuestos. Por consiguiente el poder no es el bien supremo del hombre.
- Si el bien sumo fuese algún poder, necesariamente éste sería perfectísimo. Pero el poder humano es imperfectísimo; pues está fundado en las voluntades y opiniones de los hombres, en las cuales se encuentra una enorme inconstancia, y cuanto mayor es el poder, tanto más depende de un mayor número de personas; lo cual también lo debilita, porque lo que depende de muchos, puede ser destruido de múltiples maneras. Luego el bien sumo del hombre no consiste en el poder humano.
Por consiguiente la felicidad del hombre no consiste en ningún bien extrínseco, ya que todos los bienes extrínsecos, que solemos llamar buena suerte, están contenidos en los que hemos enumerado.
CAPITULO XXXII
La felicidad no consiste en bienes del cuerpo
Tampoco puede consistir en bienes del cuerpo, tales como la salud, la hermosura, la fuerza; y se prueba con toda evidencia.
- Todas estas cosas son comunes a los buenos y a los malos, y son inestables, y no dependen de la voluntad.
- El alma es superior al cuerpo, el cual ni vive ni puede tener tales bienes sino por el alma. Por consiguiente los bienes del alma, tales como entender, son mejores que los del cuerpo. Por lo tanto el bien del cuerpo no puede ser el bien sumo del hombre.
- Estos bienes son comunes al hombre y a otros animales. Pero la felicidad es el bien propio del hombre. Luego la felicidad no está en dichos bienes.
- Muchos animales son mejores que el hombre en cuanto a los bienes del cuerpo; pues algunos son más veloces, otros más fuertes, etcétera. Por consiguiente, sí en ellos estuviese el sumo bien del hombre, éste no sería el mejor entre los animales, lo que es evidentemente falso. Luego la felicidad humana no consiste en los bienes del cuerpo.
CAPÍTULO XXXIII
La felicidad no radica en la parte sensitiva.
Por las, mismas razones, podemos probar que el bien sumo, del hombre no radica en los bienes de la parte sensitiva.
- Estos bienes son comunes a los animales y al hombre.
- La inteligencia es mejor que los sentidos. Por lo tanto el bien del intelecto es mejor que el del sentido. Por consiguiente el sumo bien del hombre no consiste en el sentido.
- Los máximos deleites de los sentidos se encuentran en los alimentos y en el placer venéreo, en los que debería consistir el bien sumo, si éste fuera sensible. Pero no se encuentra en ellos. Por consiguiente el sumo bien del hombre no radica en sus sentidos.
- Queremos nuestros sentidos por su utilidad y por el conocimiento. Y toda la utilidad de los sentidos se refiere a bienes del cuerpo, y el conocimiento sensible se ordena al intelectual. Por ello los animales que carecen de inteligencia no se deleitan al sentir, a no ser en cuanto se refiere a la utilidad del cuerpo, porque por el conocimiento sensible consiguen lo necesario para el alimento o para el placer venéreo. Luego el sumo bien del hombre no radica en la parte sensitiva, y así tampoco su felicidad.
CAPÍTULO XXXIV
La felicidad últitna del hombre no consiste en los actos de las virtudes morales
Es evidente que la felicidad del hombre no consiste tampoco en las operaciones e las virtudes morales.
- Si la felicidad humana es última, no puede ordenarse a otro fin posterior. Pero todas las virtudes morales son ordenables a algún fin diverso. Esto es evidente, por ejemplo analizando algunas de las principales: las operaciones de la fortaleza, que se realizan en la guerra, están ordenadas a la victoria y a la paz; sería, pues, tonto pelear sólo por pelear. De modo semejante las operaciones de la justicia están ordenadas a conservar la paz entre los hombres, en cuanto cada uno puede poseer lo suyo tranquilamente; y lo mismo se diga de las demás. Luego la última felicidad del hombre no consiste en el ejercicio de las virtudes morales.
- Las virtudes morales sirven para que se conserve una proporción entre las cosas externas y las pasiones intrínsecas. Pero no es posible el último fin de la vida humana consista en la modificación de las pasiones o de las cosas externas, ya que dichas pasiones y cosas exteriores son ordenables a otras cosas. Luego no es posible que la última felicidad del hombre consista en el ejercicio de las virtudes morales.
- Como el hombre es hombre en cuanto goza de razón, necesariamente su bien propio, que es la felicidad, está en conformidad con lo que es propio de la razón. Y más propio de la
razón es lo que tiene en sí que lo que realiza en otro ser. Por consiguiente como el bien moral es algo que la razón realiza en otras cosas, no puede ser lo mejor del hombre, que es la felicidad; sino que tal bien debe ser algo fundado en la razón misma.
- Arriba demostramos que el fin último de todas la cosas es asemejarse a Dios. Por consiguiente lo que más hace al hombre asemejarse a Dios es su felicidad. Pero no puede ser por los actos morales. Porque éstos no Pueden atribuirse a Dios sino metafóricamente, pues no pueden atribuirse a Dios pasiones ni cosa alguna semejante que se refiera a las virtudes morales. Por consiguiente la felicidad última del hombre, que es también su último fin, no puede consistir en actos morales
- La felicidad es el bien propio del hombre. Por lo tanto aquello que es lo más propio del hombre entre todos los bienes humanos, y que lo especifica respecto a los demás animales, es en lo que principalmente se ha de buscar su felicidad última. Pero no es el acto moral, pues también otros animales participan de alguna manera de la fortaleza o de la liberalidad; en cambio ningún animal participa de la acción intelectual. Por consiguiente no consiste la última felicidad del hombre en actos morales.
CAPÍTULO XXXV
La última felicidad del hombre no consiste en el ejercicio de la prudencia
Por lo dicho resulta evidente que la última felicidad humana no consiste tampoco en el ejercicio de la prudencia.
- El ejercicio de la prudencia sólo se refiere a lo que está relacionado con las virtudes morales. Y la última felicidad del hombre no consiste en los actos de las virtudes morales. Luego tampoco en el ejercicio de la prudencia.
- La última felicidad del hombre consiste en la más elevada operación del hombre. Pero la más elevada operación del hombre, según lo que le es propio, se refiere a los objetos más perfectos. Pero el ejercicio de la prudencia no se refiere a los objetos más perfectos de la inteligencia o la razón, ya que su objeto no es lo necesario, sino lo que puede realizarse contingentemente. Luego la última felicidad no consiste en su ejercicio.
- Lo que se ordena a otra cosa como a su fin no es la felicidad última del hombre. Pero el ejercicio de la prudencia se ordena a otra cosa como a su fin, tanto porque todo conocimiento práctico, que incluye la prudencia, se ordena a la acción, como porque la prudencia hace que el hombre se ordene convenientemente en aquellas cosas que miran al fin. Así lo dice Aristóteles en la Etica, libro 6, cap. 9. Luego la felicidad última del hombre no consiste en el ejercicio de la prudencia.
- Los animales irracionales no participan de la felicidad, como dice Aristóteles en la Etica, libro 1, capítulo 10. En cambio hasta cierto punto participan de la prudencia, como dice el
mismo filósofo en la Metafísica, libro 1, cap. 1. Luego la felicidad no consiste en el ejercicio de la prudencia.
CAPITULO XXXVI
La felicidad no consiste en el ejercicio del arte
Tampoco puede consistir en el ejercicio del arte.
- El conocimiento artístico también es práctico, y por consiguiente se ordena a un fin. Luego no puede ser el último fin.
- Los fines del arte son cosas artificiales, que no pueden ser el último fin de la vida humana, ya que más bien nosotros somos el fin de las cosas artificiales; porque todas las cosas se fabrican para uso del hombre. Luego la última felicidad del hombre no puede consistir en el ejercicio del arte.
CAPITULO XXXVII
La felicidad última del hombre consiste en la contemplación de Dios
Por consiguiente, si la última felicidad del hombre no consiste en los bienes exteriores que suelen atribuirse a la suerte, ni en los del cuerpo, ni en los del alma en cuanto a la parte sensitiva, ni en los que se refieren a la parte intelectual respecto a los actos de las virtudes morales, ni en la parte intelectual práctica del hombre, como el arte y la prudencia, sólo queda que consista en la contemplación de la verdad.
- Sólo esta operación del hombre le es propia, y de ningún modo participa de ella con los demás animales.
- Tampoco se ordena dicha operación a otra cosa como a su fin, ya que la contemplación busca la verdad por sí misma.
- Esta operación une al hombre a las sustancias superiores mediante la semejanza, ya que tal operación es propia y exclusiva del hombre y de las sustancias separadas.
- Por dicha operación se une a los seres superiores, conociéndolos de alguna manera.
- Es la operación para la que el hombre tiene mayor capacidad, ya que poco auxilio necesita del exterior para realizarla.
- Parece que a ésta se ordenan todas las demás operaciones del hombre como a su fin. Pues para la contemplación perfecta se requieren la integridad corporal, a la cual están ordenadas todas las cosas artificiales necesarias para la vida. También el descanso de las perturbaciones de las pasiones, al que se llega mediante el ejercicio de las virtudes morales y
de la prudencia. Y el descanso de las pasiones exteriores, al que se ordena todo el recto gobierno de la vida civil. De manera que, si consideramos las cosas rectamente, todos los oficios humanos parecen servir a la contemplación de la verdad.
Mas no es posible que la última felicidad del hombre consista en la contemplación de los primeros principios, que es imperfectísima; porque se refiere principalmente a los universales, está en potencia de «conocer las cosas, es principio y no fin del estudio humano, proviene de nuestra naturaleza y no del estudio de la verdad. Tampoco en el conocimiento de las ciencias, pues estas se refieren a las cosas ínfimas, ya que la felicidad debe ser la operación de la inteligencia que tenga por objeto los inteligibles más nobles. Luego sólo nos queda que la última felicidad del hombre consista en la contemplación de la sabiduría, en cuanto considera lo divino.
De esta manera resulta evidente, por vía de inducción, lo que anteriormente hemos probado por razonamientos que la última felicidad del hombre no consiste sino en la contemplación de Dios.
CAPÍTULO XXXVIII
La felicidad humana no consiste en el conocimiento común de Dios que suele tener la mayoría de los hombres
Nos queda por investigar en qué tipo de conocimiento de Dios consiste la felicidad de la sustancia intelectual. Pues existe un cierto conocimiento común y confuso de Dios, en casi todos los hombres. Dicho conocimiento se o bien porque Dios es evidente por sí mismo, tomando la evidencia como principio de demostración, como algunos opinan, según hemos dicho antes; o bien (lo que parece más de acuerdo con la verdad) porque el hombre puede llegar inmediatamente al conocimiento de dios mediante la razón natural; pues viendo los hombres cómo las cosas se mueven según un orden determinado, y no pudiendo haber orden sin ordenador, suelen percibir ordinariamente que existe un ordenador de las cosas que observamos. Sin embargo, de dicha consideración no suelen deducir inmediatamente quién sea, o cómo sea, o si es único; por ejemplo, como vemos que un hombre se mueve y ejecuta ciertas obras, percibimos en él cierta causa de dichas operaciones, que no se encuentra en otras cosas, y llamamos alma a dicha causa; pero no por ello sabemos qué sea el alma, si es lo mismo que el cuerpo, o cómo realiza tales operaciones. Pero no es posible que tal conocimiento sea suficiente para la felicidad.
- La felicidad ha de ser una operación sin defecto. Pero el tipo de conocimiento del que hablamos está mezclado con muchos errores. Por ello muchos creyeron que el ordenador de todas las cosas del mundo eran los cuerpos celestiales, por lo cual los llamaron dioses; otros creyeron que eran los mismos elementos de los que las cosas se generan pensando que los
movimientos y operaciones naturales que tienen no les han sido comunicados por otro ordenador, sino que tales elementos son los ordenadores de las demás cosas; otros, finalmente, creyendo que los actos humanos no deben ordenarse a ningún otro ordenador,
sino al gobierno humano, llamaron dioses a los hombres que gobiernan a los otros. Por consiguiente tal tipo de conocimiento de Dios no es suficiente para la felicidad.
- La felicidad es fin de los actos humanos. Pero los actos humanos no se ordenan a tal tipo de conocimiento como a su fin; más aún, dicho conocimiento más bien se encuentra en los hombres como un principio. Luego no consiste en él la felicidad.
- Nadie parece digno de reprensión por carecer de felicidad; más bien se alaba a quienes no la tienen, y por eso tienden a ella. Pero cualquier hombre parece muy digno de ser vituperado si carece de dicho conocimiento de Dios; pues la máxima estupidez del hombre se manifiesta en no percibir los signos tan evidentes de Dios, como se juzgaría estúpido a quien, viendo a un hombre, no comprendiese que tiene alma. Por ello dice la Escritura: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Ps. 13, 1). Por consiguiente tal conocimiento de Dios no basta para la felicidad.
- Todo conocimiento que tenemos de una cosa en general, sin que se particularice en sus propiedades, es imperfectísimo, como el que tenemos del hombre cuando sabemos que se mueve. Con este tipo de conocimiento conocemos las cosas que sólo existen en potencia; pues las propiedades de un ser se contienen potencialmente en la idea general. Pero la felicidad es una operación perfecta, y el bien sumo del hombre debe estar en acto, y no sólo en potencia, ya que la potencia llena la noción de bien cuando por el acto se perfecciona. Por consiguiente tal conocimiento de Dios no nos es suficiente para la felicidad.
CAPITULO XXXIX
La felicidad humana no consiste en el conocimiento de Dios adquirido por demostración
Se da un conocimiento de Dios más elevado que el anterior, y se adquiere por demostración. Esta nos lleva a un conocimiento más propio de él; pues por la demostración se remueven muchas cosas, por lo que más se distingue de los otros seres. Por ejemplo, la demostración nos enseña que Dios es inmutable, eterno, incorpóreo, absolutamente simple, único, y todo lo demás que de él demostramos. Al conocimiento propio de una cosa se llega no sólo mediante afirmaciones, sino también por negaciones; porque así como es propio del hombre ser animal racional, así es impropio que sea inanimado o irracional. Pero hay una diferencia entre ambos modos de conocimiento: por el afirmativo, adquiriendo un conocimiento propio del objeto sabemos qué es y cómo se distingue de los demás; y por el negativo, supuesto el conocimiento del objeto, sabemos cómo se diferencia de los demás seres, aunque siga siendo desconocida su esencia. De esta suerte es el conocimiento demostrativo que tenemos de Dios. Pero tampoco es suficiente para la última felicidad del hombre.
- Todo cuanto Pertenece a una especie, logra normalmente el fin de dicha especie: lo
que tenemos por naturaleza, lo tenemos siempre o en la mayor parte de los casos, aun cuando
ocasionalmente falle por alguna corrupción. Pero la felicidad es el fin de la especie humana, ya
que todos los hombres la desean naturalmente. Por lo tanto, la felicidad es un bien común al
que todos los hombres pueden llegar, a menos que se vean impedidos por algún obstáculo. En cambio pocos llegan al conocimiento de Dios por vía de demostración, por los impedimentos de la misma, que ya tratamos. Por consiguiente tal conocimiento no es esencialmente la misma felicidad humana.
- El ser en acto es el fin de la existencia en potencia, como consta por lo antedicho. Por consiguiente la felicidad, que es el último fin, es el acto no mezclado de potencia para un acto posterior. Pero el conocimiento demostrativo de Dios todavía queda en potencia para que algo más se conozca de Dios, o al menos de un modo más noble; pues los filósofos posteriores se han esforzado por añadir algo al conocimiento que tenemos de Dios, sobre lo que habían recibido de los primeros. Por lo tanto tal tipo de conocimiento no es la última felicidad del hombre.
- La felicidad excluye toda miseria; pues nadie puede ser al mismo tiempo feliz y miserable. Mas el engaño y el error son gran parte de la miseria, pues los hombres los rehuyen naturalmente. Pero tal conocimiento demostrativo de Dios puede tener múltiples errores; lo que resulta evidente, pues muchos que llegaron a conocer por demostración ciertas verdades sobre Dios, cayeron en muchos errores posteriormente, en sus elucubraciones, por faltarles la demostración. Y aun cuando algunos hayan alcanzado así algo de la verdad divina, por vía de demostración, evidentemente se trata de muy pocos; pero no puede ser así la felicidad, que es un fin universal. Por consiguiente la felicidad última del hombre no radica en este tipo de conocimiento.
- La felicidad consiste en una operación perfecta. Y la perfección del conocimiento requiere certeza. Por eso no decimos que conocemos algo hasta que sabemos que es imposible que se dé lo contrario, como consta por los Analíticos Posteriores, libro 1, cap. 2. Mas el conocimiento de que tratamos está lleno de incertidumbre, como lo demuestra la diversidad de opiniones acerca de lo divino, entre aquellos que se han esforzado por alcanzarlo mediante la demostración. Luego no puede estar en ese conocimiento la última felicidad.
- Una vez que se ha conseguido el último fin, descansa el deseo de la voluntad, porque el último fin de todo conocimiento humano es la felicidad. Por consiguiente la verdadera felicidad consistirá esencialmente en aquel tipo de conocimiento que, una vez adquirido, no deje ya ningún deseo de mayor conocimiento. Pero tal tipo de conocimiento no puede ser el que los filósofos han adquirido por demostración; porque, aun teniéndolo, todavía deseamos conocer lo que no se alcanza por ese camino. Luego tal conocimiento no puede ser la felicidad última.
- El fin de cualquier cosa que esté en potencia es pasar al acto; pues hacia él tiende por el movimiento por el que se mueve hacia el fin. Y todo ser en potencia tiende a pasar al acto en cuanto sea posible. Y un ser existe en potencia cuando toda su potencia puede reducirse al acto. Luego su fin es que toda su potencia pase al acto; por ejemplo, un cuerpo pesado que esté fuera de su medio, está en potencia para estar en su lugar. Pero otras cosas están en potencia de tal manera que no puede ésta pasar de una vez al acto, como sucede con la materia prima; por lo cual tiende mediante el movimiento a pasar sucesivamente al acto de
diversas formas, que por su diversidad no pueden comunicársele al mismo tiempo. Y parece que el entendimiento está en potencia para todo ser inteligible, como hemos dicho. Y dos inteligibles pueden al mismo tiempo existir en el entendimiento posible, según el acto primero que es la ciencia, aun cuando quizá no según el acto segundo, que es advertencia en acto. De donde se deduce que toda la potencia del entendimiento posible puede reducirse de una sola vez al acto. Por consiguiente tal cosa es necesaria para que se dé el último fin, que es la felicidad. Pero esto no se logra mediante el conocimiento de Dios por demostración, porque, una vez que lo desarrollamos, aún ignoramos muchas cosas. Luego tal conocimiento no es suficiente para la última felicidad.
CAPÍTULO XL
La felicidad humana no consiste en el conocimiento de Dios por la fe
Hay otro tipo de conocimiento de Dios; en cierto sentido superior al que tratamos en el capítulo precedente, y por el que todos pueden conocer a Dios; esto es, por la fe. Este conocimiento es superior al demostrativo, ya que muchas verdades no pueden alcanzarse por la demostración, por razón de su eminencia, como lo demostramos al principio de esta obra. Pero tampoco es posible que en este tipo de conocimiento de Dios consista la última felicidad del hombre.
- La felicidad es la operación perfecta de la inteligencia humana, como consta por lo dicho anteriormente. Mas en el conocimiento por la fe, la operación del entendimiento es imperfectísima en cuanto a lo que corresponde al entendimiento mismo, aun cuando la perfección de parte del objeto sea máxima; pues el entendimiento no alcanza a comprender aquello a lo que da su asentimiento. Por consiguiente ni siquiera en este conocimiento de Dios se encuentra la última felicidad del hombre.
- Ya anteriormente, demostramos que la última felicidad no consiste principalmente en un acto de la voluntad. Mas en el conocimiento por la fe la voluntad tiene la primacía; pues el entendimiento da su asentimiento a lo que se le propone por la fe, por su voluntad, no llevado por la evidencia de la misma verdad. Por consiguiente tampoco está en este tipo de conocimiento la última felicidad del hombre.
- Quien cree presta su asentimiento a lo que otro le propone, aun cuando él mismo no lo vea; luego la fe nos proporciona un conocimiento más semejante al oído que a la visión. Y nadie creería lo que no ve, y que otro le propone, si no considerase que quien se lo propone tiene un conocimiento más perfecto de las cosas propuestas que quien no ve. Por consiguiente, o es falsa dicha consideración del creyente, o el que le propone lo que ha de creerse tiene un mejor conocimiento de lo propuesto. Pero si quien propone lo que ha de creerse no lo conoce por sí mismo, sino por haberlo escuchado de otro, no podemos proceder indefinidamente, pues entonces el asentimiento por la fe sería vano y sin ninguna certeza; porque no se encontraría algo que fuese cierto por sí mismo, y que fuese fundamento de la certeza de quienes creyeren por la fe. Pero no es posible que el conocimiento por la fe sea falso y vano, como consta por lo dicho; y sin embargo, silo fuese, no podría consistir en tal
conocimiento la felicidad. Luego existe un conocimiento de Dios superior al de la fe; sea que quien propone las verdades de fe vea la verdad inmediatamente, como creemos en Cristo, sea que la haya recibido directamente de quien ve la verdad, como creemos en la palabra de los apóstoles y profetas. Y como la felicidad consiste en el conocimiento supremo de Dios, es imposible que consista en el que tenemos por la fe.
- El deseo natural descansa en la felicidad, ya que ésta es el último fin. Pero el conocimiento por la fe no hace descansar el deseo, sino más bien lo enciende, porque todos deseamos ver aquello que creemos. Por consiguiente la última felicidad del hombre no se da en el conocimiento por la fe.
- El conocimiento de Dios es un fin, en cuanto nos une a Dios, que es el fin de todas las cosas. Pero el conocimiento por la fe no nos hace perfectamente presente a la inteligencia el objeto creído, ya que por la fe conocemos lo ausente, no lo presente. Por ello dice el Apóstol que ‘mientras caminamos por, la fe, somos guiados por el Señor» (II Cor. 5, 6). Dios se hacepresente por la fe al afecto, ya que el creyente da un asentimiento voluntario a Dios, como dice el Apóstol: «Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones» (Ef. 3,17). Por consiguiente no es posible que la última felicidad del hombre consista en el conocimiento por la fe.
LA POSICIÓN «RECONOCER Y RESISTIR» ES DIGNA DE ANATEMA SEGÚN PÍO IX

El Papa Pío IX declara que es digno de anatema, quien declarando la supremacía de los sucesores de San Pedro y, por lo tanto, la necesidad de obediencia al Vicario de Cristo en la tierra en la fe, las costumbres y en la disciplina, en la práctica desobedece sistemáticamente. En esto precisamente consiste el error de Reconocer y Resistir; es decir, reconocer como verdadero “papa” a alguien que ellos mismos declaran hereje, anticristo, apóstata, etc. y resistirle y desobedecerle. Confiesan con los labios, pero su corazón, es decir, su voluntad y sus obras, lo niegan. Nuestro Señor Jesucristo lo dijo así:
«Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres» (Mt 15, 8-9). Pues son preceptos de hombres, en efecto, aquellas doctrinas que manifiestan que al Papa legítimo se le puede desobedecer. Son preceptos de hombres reconocer que un Papa puede ser hereje.
Vemos la condena del Papa Pío IX a la posición de reconocer y resistir. ( subrayados nuestros).
“¿De qué sirve proclamar muy alto el dogma de la supremacía de San Pedro y sus sucesores? ¿De qué sirve repetir una y otra vez declaraciones de fe en la Iglesia Católica y la obediencia a la Sede Apostólica cuando las acciones desmienten estas palabras? Además, ¿no es la rebelión más inexcusable por el hecho de que la obediencia se reconoce como un deber? Es más, la autoridad de la Santa Sede no se extiende solamente a las medidas que hemos sido obligados a tomar como una sanción, ni es suficiente con estar en comunión de fe con esta Sede si no se tiene la sumisión de la obediencia, – cosas que no se pueden mantener sin dañar la fe católica.
… De hecho, Venerables Hermanos y amados Hijos, se trata de reconocer el poder (de esta Sede), incluso sobre sus iglesias, no sólo en lo que se refiere a la fe, sino también en lo que concierne a la disciplina. El que negara esto sería un hereje; el que reconociera esto y se negara obstinadamente a obedecer es digno del anatema (original del vaticano: Chi invece l’avrà riconosciuta, ma orgogliosamente rifiuti di obbedirle, è degno dell’anatema) . Del Papa Pío IX, Encíclica Quae en Patriarchatu [1 de septiembre de 1876], n. 23–24, en Acta Sanctae Sedis X [1877] , pp. 3–37.
Aquí se puede ver el original de la encíclica en el web de Vaticano, en italiano, para contrastar la traducción: Quae en Patriarchatu.
Examínese, pues, cada cual. Pero podemos hacernos esta pregunta ¿No caen bajo esta amenaza de anatema, aquellas posiciones de los que reconocen como papa a un hereje y proclaman alto una y otra vez el principio de la soberanía de los sucesores de San Pedro, y sin embargo, no le prestan la sumisión de obediencia debida, es decir, se niegan obstinadamente a obedecer? ¿No es esta posición digna de anatema, aquella que desde el principio de su fundación mantiene la FSSPX, continuada en el presente, por Felley¸ Galarreta, Tisers y Fellay, y los que han heredado su espíritu, esto es: Los monseñores Williamson, Faure, Zendejas, mons. Tomás de Aquino, de la ASSJM?
Podemos preguntarnos también ¿Cómo han logrado seducir con esta posición digna de anatema, según el Papa Pío IX, a centenares y miles de almas de espíritu católico? Creemos que sobre todo manteniendo el grave error de rebajar o negar, como hicieron los veterocátolicos, el dogma de la infalibilidad del magisterio ordinario universal de la Iglesia, definido en la constitución dogmática del Concilio Vaticano I Dei Filius , que trata sobre la fe católica. De esta forma, vemos con gran dolor, que no sólo los obispos y las organizaciones citadas más arriba niegan o han reducido a la mínima expresión este dogma, sino también muchos sacerdotes expulsados de ellas, que al salir de estas sociedades han esparcido el error de que el Papa sólo es infalible cuando define solemnemente un dogma.
No es católico, pues, desobedecer al Papa legítimo, porque es digno de anatema.
Alguno habrá de buena fe que se preguntará ¿Entonces, cómo mantendremos la fe católica? La respuesta es sencilla: Estos que se presentan como papas desde el Concilio Vaticano II, los cuales difunden una fe distinta de la Iglesia: ecumenismo, libertad para el error y las herejías, etc., no son ni pueden ser legítimos vicarios de Cristo, porque se obstinan en predicar doctrinas contra el fin mismo de la Iglesia, tratando de destruirla.
¡Ay, Ay, Ay, pero eso se llama sedevacantismo! Bueno, así llaman con desprecio a la posición de los que mantienen que la Sede de san Pedro está usurpada, vacía, u ocupada por un antipapa. El nombre es lo de menos, pero es una realidad que un hereje no puede ser papa.
Sólo reconociendo que estos “papas” que han cambiado la fe, las costumbres y la disciplina de la Iglesia no son verdaderos papas estamos legitimados a desobedecerlos, para salvaguardar la fe. Sólo esta posición es católica. No hay ninguna otra.
Pero si a estos antipapas los reconocemos neciamente como legítimos papas y no los obedecemos somos dignos de anatema, como enseña el Papa Pío IX.
Hay un miedo irracional a ser llamado “sedevacantista”. A nosotros no nos gusta la palabra, pero menos la realidad, prefiriendo que hubiera un Papa legítimo en Roma, al cual lo reconoceríamos y obedeceríamos en todo. Pero cuando llueve, llueve, y negarlo es propio de las personas que han perdido el sentido común.
No vamos a discutir porque despreciativamente nos llamen de esa forma. Pero llueve. Es necesario, pues, mantener la fe y obedecer al Papa. Si se reconoce a un falso papa como Papa, se está obligado a obedecerlo, aceptando sus leyes: misa nueva, sacramentos nuevos, código de derecho canónico nuevo, etc.
Esta posición de reconocer y resistir es, en efecto, un gravísimo error digno de anatema, como dice Pío IX. Y sí es así, en realidad los que se salieron de la FSSPX y se abrazaron a la Roma apóstata, como la FSSP, han sido más coherentes, puesto que, si se reconocía como verdaderos papas a Montini, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio, y a la vez, sabemos que es necesario para salvación estar sometidos a su obediencia, se movieron hacia Eclesia Dei, acogiéndose a los indultos que concedían esos “papas” que reconocían como legítimos; pero está posición también es un camino a la perdición porque para mantener la Misa rindieron su fe, abrazando los errores y herejías del Concilio vaticano II.
La verdad es que llueve, aunque no me guste que llueva. Sólo la constatación de la realidad por nuestro entendimiento puede llevarnos a preservar íntegra la fe y escapar del anatema: Estos “papas” han promulgado doctrinas y leyes contra el fin de la Iglesia, luego no están protegidos por el carisma de la infalibilidad prometida a San Pedro y a sus sucesores; ergo no son verdaderos y legítimos papas, sino usurpadores de la Sede de Petrina; porque la promesa de Cristo a Pedro no puede fallar jamás; y si se dice que estos “papas” son herejes, pero se los reconoce como legítimos papas, se está, además, blasfemando contra Cristo, diciendo que su promesa Simón falló respecto a éstos que reconocen como papas y los resisten.
Por lo tanto, sólo estoy legitimado para no someterme a quien no es verdadero papa; al igual que, como español, estoy legitimado para no obedecer al presidente de España, pues no es ninguna autoridad legítima del cuerpo moral de la nación española; sólo así nuestros labios y nuestro corazón concuerdan, fundamentados en los preceptos de la Iglesia y no en preceptos de hombres.
Rogamos a Dios que saque a tantas almas atrapadas en las telarañas de resistir y reconocer, y las lleve a la plenitud de la fe católica para que, manteniendo íntegra la fe católica y el vínculo de la caridad puedan salvarse.
Por Sededelasabiduría
LA POSICIÓN CASICCIACUM O DEL PAPA NO FORMALITER
Nota Previa: Lo afirmado en esta entrada y en otras que seguirán con explicaciones de las diferentes posiciones sobre el debate de cómo se ha de elegir un Papa en la situación actual de Sede vacante, es responsabilidad sólo del autor que firma; sededelasabiduría sólo hace suyas las que aparezcan firmadas por Sededelasabiduría. Sofronio o teresita; éstos salvo que aparezcan sus firmas al pie del artículo sólo son los editores de las entradas y nada más.
LA ELECCIÓN DE UN PAPA EN LA SITUACIÓN ACTUAL
DE SEDE VACANTE EN LA IGLESIA SEGÚN:
LA POSICIÓN CASICCICAUM o también llamada ELECCIÓN MATERIALITER NO FORMALITER)
Por el P. Francesco Ricossa
Todas las posiciones las colocamos aquí
Si no puede verlo en forma de libro, lo puede leer aquí en pdf. e incluso descargarlo
Una vez abierto si hace clic en las aspas lo verá a pantalla completa y podrá acercarlo o alejarlo a su gusto.
DECLARACIÓN OFICIAL DE SEDEDELASABIDURÍA
BASÁNDONOS SÓLO EN LA SANA DOCTRINA CATÓLICA
Y EN EL C.I.C. PARA ESTA DECLARACIÓN
Esta web, Sededelasabiduría, quiere dejar bien clara nuestra posición oficial católica, que es la siguiente:
1º Consideramos válidas y legítimas, dado el estado de necesidad de la Iglesia, las consagraciones que Mons. Thuc realizó, y la que hicieron los obispos que consagró. Igualmente consideramos válidas, y legítimas, sólo las ordenaciones sacerdotales que los obispos no acéfalos han venido haciendo, dado el estado de necesidad de la Iglesia. En efecto, transmiten la gracia del sacramento.
2º Consideramos ilegitimas, por la posición herética de Lefebvre, las consagraciones episcopales que él hizo y las ordenaciones sacerdotales que provienen de él o de los obispos que consagró o de los que estos mismos consagraron, por lo que recordamos la obligación que tienen los católicos, salvo en grave peligro, de no recibir los sacramentos de los herejes y cismáticos.
En la En la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo a 20 de abril de 2019
Firmado por Sededelasabiduria: Sofronio y Teresita.
