LAS TRES SEÑALES DE SAN PABLO
Voy a transcribir primero un texto del Apóstol San Pablo de su segunda carta a los fieles de Tesalónica (Cap. II, ver. 1 al 15): «Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis, por algunas manifestaciones proféticas, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Hijo de Perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que eleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros?. Vosotros sabéis qué es lo que ahora lo retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de impiedad (o de iniquidad, dicen otras biblias), ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de Su boca y aniquilará con la manifestación de Su venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales y prodigios engañosos y de todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad. Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu Santo y la fe en la verdad. Para esto os ha llamado por medio de nuestro Evangelio, para que consigáis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta».Debo de comentar algunos puntos importantes de este texto de San Pablo:
1º.- Dice San Pablo que la venida del Impío, que no es otro que el Anticristo, estará señalada por toda clase de milagros, señales y prodigios engañosos y de todo tipo de maldades que seducirán a los hombres.
De todas las versiones de la Biblia, solamente la versión de Torres Amat dice que los milagros y prodigios del Anticristo y más bien del tiempo del Anticristo van a ser «falsos». La Biblia de Jerusalén, -de dónde copie el texto- y la de Nacar–Colunga dicen que esos prodigios son «engañosos». Straubinger dice que son prodigios «de mentira» y una versión de Scio de San Miguel de 1854 los llama «mentirosos». La versión protestante de Ciprianode Valera de 1877, y la de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina de 1960, dicen que son prodigios «mentirosos». El Diccionario de sinónimos dice: «FALSO: engañoso, mentiroso,… etc.», entonces, no podemos tomar «falso» por aparente. Y mucho menos tomar «engañoso», «de mentira» o «mentiroso» por aparente, sino más bien como prodigios y milagros que llevan a la mentira, que afirman en la mentira, que sujetan al pueblo en las filas del Anticristo. Pero ciertamente no serán aparentes, como no fue aparente el prodigio que hicieron los hechiceros del Faraón, con el poder de Satanás. Porque solamente el poder del Demonio permitido por Dios, de quien viene todo poder, puede explicar que los bastones de madera se cambien en serpientes.
El texto de Juan V, 43 dice: «…Yo os conozco; Yo sé que el amor de Dios no habita en vosotros. Pues Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene de su propia autoridad, a aquel recibiréis. Y ¿cómo es posible que creáis vosotros, que andáis mendigando alabanzas unos de otros, y no procuráis aquella gloria que de sólo Dios procede?». Indudablemente este texto puede ser aplicado a los hombres del fin del mundo que han rechazado la verdad viniendo a la Apostasía, como también, aunque en forma menos general -como será la final Apostasía- se puede aplicar a todo hombre que a través de la historia rechazó la verdad, se entregó a las fábulas y creyó más en los hombres que en Cristo que es la Palabra y es la Verdad, y en la doctrina eterna e invariable que Su Iglesia predica. Pero es indudable que este texto se aplica con más propiedad al Anticristo, será recibido en la sinagoga que San Juan en el Apocalipsis llama «sinagoga de Satanás». Cristo anuncia con claridad que aquel a quien los jefes de Israel reciban, vendrá con la propia autoridad, y no con la autoridad de Dios. Entonces, se trata de un usurpador, de un falsario, de un engañador. Se trata del Anticristo, quien traiciona a su Representado.
El pueblo, sin embargo, estará tan prostituido que el Anticristo, el mayor adversario de Cristo, será visto como un santo. Y al mismo tiempo que la falsa religión y la falsa Iglesia se consolidan con toda clase de apariciones, imágenes que lloran o sangran, curaciones, portentos aéreos y demás cosas que tienen lugar, con la misma clase de portentos se afianzan las sectas y se extiende el culto a Satanás aceleradamente en todos los estratos sociales, al igual que toda clase de ataques e infestaciones suceden. Porque por un lado el Diablo destruye a la Iglesia y por el otro arrastra a los hombres, especialmente a los jóvenes para preparar un nuevo paganismo que le de el culto y la adoración que perdió por la Redención.
3º.- San Pablo dice también que «el misterio de la iniquidad ya está actuando». Esto me recuerda un texto de San Gregorio: «cuando la tempestad nace, primero se despiertan blandas las ondas y después se vuelven mayores y a la postre se suben a las alturas y trastornan con su fortaleza a cualquier navegante. Así ciertamente se acerca aquella tempestad postrera de las almas, que ha de subvertir a todo el mundo; porque ahora con batallas y muertes así como con unas ondas nos demuestra sus principios, y cuanto más cercanos nos hacemos cada día al fin, tanto más graves vueltas de tribulación vemos venir. Pero a la postre, conmovidos todos los elementos, y viniendo el Juez soberano, traerá el fin de todas las cosas porque entonces la tempestad levantará sus ondas hasta el cielo. Los santos varones miran esta tempestad con vigilancia y cada día se espantan de las ondas levantadas sobre sí, y de las tribulaciones que ahora sufren, preven las que se han de seguir» (LOS MORALES, Lib. XXI, Cap. XXII, 35). ¿Cuál será la maldad de los hombres en el tiempo del fin?. Parece mentira que este es uno de los motivos que ocultarán a los hombres los últimos días del mundo, porque por un lado, los hombres corrompidos no verán tan malo lo que ocurre y por el otro la falsa idea que se han hecho del Anticristo y su tiempo, que imaginan como un hombre y un tiempo mitificados de máxima maldad, de la aparición del mismo Demonio, los hará pensar que el tiempo está lejano. La maldad será la que Dios quiera tolerar y no la que se imagina. No se va a aparecer el Diablo sino el Anticristo con cara de Santo. No se puede olvidar que dos armas terribles utilizará el Anticristo: el engaño y la seducción. La simulación, el teatro, la pantomima. San Pío X denunció en su Enc. PASCENDI que la Iglesia estaba siendo invadida por los peores enemigos que nunca haya tenido. El jefe de todos estos es el Anticristo. Que estaban dentro, que se ocultaban y se extendían por todas partes. ¡Esto fue a principio del siglo XX,y ya han pasado más de 100 años!. ¿Qué ha pasado con este ejército maligno?, ¿se ha convertido en masa si lo que vemos es el fiel cumplimiento de lo que el Papa denunciaba y temía?
4º.- Dice San Pablo que el Anticristo será aniquilado por Cristo el día de la Parusía. Pero el Anticristo , si hablamos con propiedad no es solamente la cabeza, ese hombre al que le corresponde antonomásticamente el título, sino que es también el cuerpo. ¡Pero las células del cuerpo del Anticristo estarán en toda la tierra formando un ejército tan numeroso como las arenas del mar por lo cual la verdadera Iglesia se verá arrinconada y apretada en las nuevas catacumbas! Así se explica lo que dicen algunos teólogos: Cristo vino la primera vez en Belén, por los hombres; por segunda vez a los hombres en el Sacramento eucarístico; pero la tercera venida será contra los hombres, en el día del fin del mundo. Entonces, la segunda venida de Cristo destruirá no solamente a la cabeza, sino al cuerpo. Toda la obra que los hombres hayan construido contra la Iglesia y contra Su Doctrina. Pero, ¿se me puede decir, qué es lo que actualmente queda sano?, ¿se puede encontrar algo en este mundo actual que no sea agresivo, hostil a la moral, a la Doctrina Cristiana, a la Iglesia llamada preconciliar?, ¿no es cierto que la misma Iglesia del Vaticano se ha revertido furiosamente contra todo lo que sea anterior al Concilio Vaticano II?. Los cristianos, aun los que se creen más piadosos, se han ido conformando, es decir, acomodando al mundo que se va presentando y construyendo, según los deseos de los enemigos cuyo brutal poder ya no es posible combatir con las solas fuerzas humanas. Se se hiciera una disección del cuerpo social de nuestro día, ¿qué encontraríamos bajo la piel que ya va denunciando la descomposición interna?, ¿nos encontraríamos órganos sanos, venas, nervios, músculos y ligamentos de buen color, tejidos firmes y un armonioso sistema que debe funcionar adecuadamente?, de ninguna manera. Nos encontraríamos con una intricadísima red de fibras tumefactas, descoloridas o en descomposición que invaden los espacios de los órganos y sistemas, que se han introducido por el camino de las arterias, venas y vasos capilares, que invaden y destruyen los espacios de los músculos y tejidos, que han licuado y convertido en jugos morbosos el cerebro y otros tejidos vitales. El cuerpo de un monstruo repugnante y mal oliente preparado para la quema. ¿Qué clase de hijos podrá este engendro producir para el futuro?.
Es congruente, entonces, lo que dice Santo Tomás (Sum. Theo. Supl. q. 73, a. 1): «…aunque los hombres se aterroricen por las señales que han de preceder al Juicio, mientras están no comiencen a aparecer, los impíos creerán gozar de paz y seguridad al comprobar que el mundo no se acabará inmediatamente después de la muerte del Anticristo, según ellos creían». Entonces, ¿qué quiere decir San Pablo cuando dice que el Señor con el soplo de Su boca y la manifestación de Su venida va a aniquilar al Impío?. Parece entonces que aquí no habla solamente de la cabeza sino del cuerpo que fue el que produjo el advenimiento de la cabeza. Una humanidad corrompida que produce anticristos y anticristos que son escuchados por aquellos que los produjeron. La humanidad abandona a Dios, y como en el Paraíso, quiere determinar lo que es bueno y lo que es malo, lo que se debe hacer y lo que debe evitar, sin tener en cuenta para nada las leyes del supremo Legislador.
5º.- También dice San Pablo que antes de la Parusía se tienen que dar tres acontecimientos sin los cuales no se debe esperar el fin del mundo. Estos son: la aparición del Anticristo, la Apostasía y la eliminación de un impedimento que no menciona en su carta.
a) Sobre la Apostasía debo decir que la Encíclica PASCENDI de San Pío X fue toral para identificarla, pues si este santo Papa llama al Modernismo «la suma de todas las herejías», es obvio que ya no puede haber algo mayor, porque lo reune todo. La invasión modernista que al fin dio como resultado la firma de todos los documentos heréticos del Concilio Vaticano II un 7 de diciembre de 1965, le dio figura jurídica, formal a una herejía total que ya lo invadía todo y que presentaba al pueblo católico doctrinas heréticas para ser creídas como doctrina católica. Evidentemente la herejía estaba mezclada con verdades que dicho Concilio afirmó. El Anticristo no podía reinar con la Doctrina Ortodoxa que era un estorbo para arrastrar al pueblo al paganismo. Tampoco podía reinar con los Sacramentos, por lo cual fue necesario nulificarlos, especialmente el Sacramento eucarístico y el Santo Sacrificio de la Misa. La supresión del Santo Sacrificio de la Misa, anunciado por nuestro Señor Jesucristo, por el profeta Daniel, por el profeta Isaías y por San Pablo, fue posible por la adulteración de las fórmulas sacramentales que no solamente invalidaron el sacrificio, sino que rompían el pacto eterno proclamado por Cristo en el Cenáculo.
b) La Santa Misa era la fuerza sobrenatural que impedía la destrucción de la Iglesia. Era el pararrayos que detenía la ira divina que el mundo merecía por los pecados de los hombres en constante aumento. Pero la prostitución doctrinal trajo como consecuencia la eliminación del Sacrificio y así el mundo quedó abandonado a sus propias fuerzas y a la justicia de Dios. Se impuso un rito falso y sacrílego que el pueblo en masa aceptó de buena gana. Y así, los vahos pestilentes que prepararían el castigo final y la destrucción del mundo, comenzaron a actuar y a introducirse en los senos más íntimos de la sociedad. La gran Apostasía como la eliminación del santo Sacrificio, necesario para el reinado del impío, era indispensables a Satanás para destruir al hombre, pues mucho se equivoca quien piense que este ángel caído pretende un reino satánico en el mundo, porque lo que quiere, odiando a los hombres, es la destrucción de la humanidad a fin de arrastrar a sus esclavos a su reino que es el Infierno. El Anticristo reinante gracias a la eliminación de estos impedimentos va a llevar a los hombres a su autodestrucción. Causa asombro y verdadera tristeza ver que los hombres a veces bien informados sobre estas cosas, aun así no las creen y siguen aferrados a las cosas del mundo, a los placeres mundanos, a los benefactores mundanos, a los pecados, a la indiferencia, a sus asuntos particulares sin preocuparse para nada en rectificar ya, hoy mismos sus vidas disolutas y vanas como si pudieran tener todo el tiempo a su disposición para hacer todo lo que quieran. Y no se habla aquí de juicio particular. Se habla de una hecatombe universal precedida por los fenómenos más aterradores y las desgracias que la humanidad nunca ha visto antes. Pero aun en nuestro tiempo que esos fenómenos provocados por la Naturaleza contra el hombre comienzan a suceder y que alarman a la comunidad científica mundial, los hombres aunque se estremecen y les temen, no los mueve a cambiar sus vidas, a dejar el pecado y antes bien, hacen planes con frialdad para un futuro que ya no llegará, y con los ojos de una vaca que ve un portón nuevo, siguen corriendo con frenesí al abismo, en tropel desorganizado y caótico que recuerda a la piara que endemoniada se precipitó en el barranco. Se habla ya del fin del mundo. Se habla de abrirse las puertas de la eternidad y la liquidación para siempre del mundo y de sus maldades. Se habla de la separación definitiva de los buenos y de los malos, para la Gloria unos y para el infierno los otros. Se habla del arrancamiento feroz y doloroso de todo apego a las cosas del mundo y de los sentimientos que a él arraigaron a quienes sembraron en la carne. Los cuales, aun a la vista de que las profecías comienzan a cumplirse, no se quieren desprender del trozo de piltrafa que mordisquea entre sus dientes. Estos son hombres que van a ser arrojados al Infierno, teniendo aun entre las uñas y entre los dientes esas piltrafas del mundo que ya les han arrancado porque aunque se los hayan arrancado materialmente, destruido ya, se llevan aun los mas bajos sentimientos de su apego y de sus deseos de mundanidad y prostitución. Pero esta insensatez, esta locura, no debe extrañar, estando claramente profetizada en las Sagradas Escrituras. En el Cap. XVII de San Lucas, leemos: «Lo que acaeció en el tiempo de Noé, igualmente acaecerá el día del Hijo del hombre. Comían y bebían, se casaban y celebraban bodas, hasta el día en que Noé entró en el Arca, y sobreviniendo entonces el diluvio, que acabó con todos. Como también lo que sucedió en los días de Lot: Comían y bebían, compraban y vendían, hacían plantíos, edificaban casas; mas el día que salió Lot de Sodoma llovió del cielo fuego y azufre que los abrasó a todos. DE ESTA MANERA SERÁ el día en que se manifestará el Hijo del hombre».
Nuestro Señor Jesucristo, habló de estas señales escatológicas: hambres, terremotos, grandes olas que aterrarán a los hombres, etc. Sería una gran tontería pensar que un día el mar de todas las playas del mundo levante olas de treinta metros que arrasan las ciudades y pueblos cercanos. Tampoco se puede decir que esos terremotos vendrán a un mismo tiempo en toda la tierra. Son acontecimientos aislados en distancia y en tiempo. Son graves, muy graves, porque la Naturaleza se habrá hecho hostil al hombre, pero son señales aisladas en el devenir histórico de los últimos días. Así se entiende claramente en los textos de la Sagrada Escritura, pues claramente se dice que los hombres estarán indiferentes y desprevenidos, pues el día final les caerá como «una red» en toda la tierra. Entonces, es evidente que no todas las regiones del planeta sufrirán estas cosas, o todas estas cosas. Son señales. Son avisos fuertes. Son advertencias solamente. Pero, ¿qué sucederá con los hombres a quienes no les haya tocado uno de estos acontecimientos, aunque perfectamente se enteren de lo que pase en otras latitudes?, pues pedantes, engreídos, aferrados al mundo como perros al trozo de carne, seguirán en el pecado, y harán planes para divertirse, para viajar, para banquetear y sordos a todo seguirán construyendo un porvenir en el mundo enfermo y agonizante. ¡Da mucha lástima verlos y hablar con ellos!. Porque muchas veces lejos de rectificar su conducta, acercarse a Dios dejando el pecado, todo lo que van sabiendo con un interés moroso solamente, será una información que les permitirá enseñar a otros los conocimientos que por dentro les arde, como decía san Gregorio que deben demostrar. Pues les arde el prúrito de mostrar que saben lo oculto.
Para mí, es incuestionable que así como se concretó la Apostasía el día que la jerarquía mundial firmó los documentos heréticos, más bien, gravemente penetrados de herejías -en diamentral oposición con lo enseñado por la Iglesia durante dos mil años-, del Concilio Vaticano II, el impedimento que San Pablo no menciona en su carta a los fieles de Tesalónica, es el santo Sacrificio de la Misa, por dos razones que me parecen suficientes: PRIMERA RAZÓN: La introducción de la herejía inicialmente aceptada por la Jerarquía mundial, estaba en flagrante contradicción con la Teología de la Misa que manifestaba claramente la Teología preconciliar que se había abandonado y hasta reprobado. Era absolutamente incongruente con las nuevas doctrinas puestas en circulación y por esto, había que «adaptarla» a los nuevos tiempos o «modernizarla». Esta adaptación la invalidó al ser cambiadas las fórmulas sacramentales que perdieron la esencia o la intención de Cristo igualándose a la clase de ecumenismo de nuevo cuño que se predicaba y a las doctrinas protestantes. Era normal que los herejes en posesión de todos los puestos de mando de la Iglesia, arremetieran contra todos los Sacramentos, para quienes son solamente -como dice San Pío X en la PASCENDI- símbolos y no realidades de una gracia que se confiere por el poder mismo del Sacramento realizado. Son unos ilusos los que piensan que el Anticristo vendría con tropas diabólicas, espada en mano y cuernos en la cabeza -émulos de Atila- para cerrar todas las capillas e Iglesias del mundo, prohibir la celebración de las Misas y perseguir a los católicos.
El destierro de lo que para mí es el impedimento de San Pablo se podría hacer gracias al engaño y a la seducción. Por esto, la humanidad quedaba sin pararrayos y el camino expedito para la implantación del reino de Satanás que lleva incuestionablemente a la destrucción del hombre. SEGUNDA RAZÓN: San Pablo, al referirse al impedimento, dice que es «lo que le retiene», pero seguidamente dice que es «el que le retiene». Me parece muy propio decir que «lo que le retiene» es un rito, el rito de la Misa, y «el que le retiene» es Cristo mismo presente en el altar. No creo que haya un impedimento más grande y más fuerte.
6º.-Por fin, la tercera señal de San Pablo que debe acontecer antes del fin del mundo es la aparición del Anticristo. San Jerónimo pensaba que el Anticristo eran varios hombres, porque, decía, el mal que hará es tan grande que no es posible hacerlo todo durante la vida de un solo hombre. Veremos más adelante cómo tenía razón. Otros opinaban que era solamente una persona, pero una persona mitificada y deformada como una encarnación del mismo Diablo. Otros opinaron que será un jefe político o religioso de una potencia o religión enemigas de la Iglesia. No hay idea más lejana a la realidad. El Anticristo es el enemigo número uno de Cristo. Es el traidor perfecto. Es el representante que traiciona a Su representado. Es el obrador de la perfecta traición. No se trata de un enemigo histórico. Se trata de esos vahos pecaminosos que han descompuesto todo el Cuerpo Místico de Cristo. Es el producto de todos los pecados del pueblo. El Anticiristo, no será un demonio, como escribe el Padre Benavides, «sino un hombre demoníaco que tendrá ojos de hombre levantados con la plenitud de la ciencia humana y hará gala de humanidad y de humanismo». Habrá en su reinado una estrepitosa alegría falsa y exterior, cubriendo la más profunda y pagana desesperación. En su tiempo, «acaecerán los más extraños disturbios cósmicos, como si los elementos se desencuadernaran», dice. «La humanidad estará en la más intensa espectativa y la confusión y la disipación más grande reinará entre os hombres». El Anticristo llegará sin dejarse sentir, poco a poco y se valdrá del engaño y de la seducción para hacerse seguir, pero pienso que esto no le dará mucho trabajo, como a sus agentes, pues el pueblo está prostituído y realmente les dirá lo que quieren oír. El tendrá fama de santo, y sus doctrinas erradas y sus hechos, no parecerán condenables a ese pueblo prostituído, pues vendrá a los suyos y los suyos le han de recibir.
Ahora sabemos que el Anticristo, no solamente abolirá el santo sacrificio de la Misa e impondrá un culto malvado que implica apostasía y sacrilegio, sino que también abolirá el sacerdocio y el episcopado cambiando a la Esposa de Cristo en una secta diabólica entregada a Satanás. La nota al versículo 8 cap. XIII del Apocalípsis de la Biblia comentada de Felix Torres Amat, dice: «En la Gran Tribulación desencadenada por el Anticristo, no perecerán, pues, todos; habrá quien permanezca fiel para la venida de Cristo. Como observa un autor, esta gloria y poder del Anticristo sobre todo el mundo, le serán dados por el Dragón (Satanás), que fue precipitado a la tierra como se lee en el Cap. XII, V. 9. Para obtenerlo, EL ANTICRISTO HABRÁ HECHO SIN DUDA ESE ACTO DE ADORACIÓN DEL DIABLO QUE JESÚS NEGÓ A ESTE EN SAN LUCAS IV, 4-8 Y A CAMBIO DEL CUAL SATANÁS LE PROMETÍA ESE MISMO PODER Y GLORIA QUE EL TIENE COMO PRINCIPE DE ESTE MUNDO» (Juan XIV, 30).
Aparente triunfo de Satanás sobre los santos (Apoc. XIII, 7) y de una falsa fe en la tierra -como sucedió durante la muerte de Cristo y Su permanencia tres días en el sepulcro- (Mat. XXIV, 24; Luc. XVIII, 8) y de una derrota de Jesucristo, extendida por falsas ideologías que se introducen bajo la etiqueta de cultura, progreso y aun virtudes humanas que matan la verdadera Fe apuntalados con extremo poder por la enorme técnica moderna mediante la cual se puede monopolizar la opinión y la moral pública.
Debemos de analizar la figura del Anticristo, entonces, a la luz de las sagradas Escrituras y del mensaje de nuestra Señora de La Salette.
LA VARA DE LOS PECADORES SOBRE LA HEREDAD DE LOS JUSTOS
La vara de los pecadores sobre la heredad de los justos
– En el siguiente pasaje el obispo de Hipona da cuenta de la inquietud que provoca en los cristianos el hecho de estar bajo una potestad política perversa a la cual, sin embargo, la Escritura dice que se ha de obedecer (1 Pe 2, 13-17; Rom. 13). Inicia su re

flexión partiendo de un ejemplo doméstico que luego traslada al ámbito político:
LA NECESARIA DESNUDEZ DEL ALMA
La Subida del Monte Carmelo, en tres libros, trata de las purificaciones activas, o dicho de otra manera, de las purificaciones a las que con la ayuda de la gracia debe entregarse el alma espontáneamente si quiere unirse a Dios. Mortificaciones que afectan a todas las facultades: primeramente a los sentidos, luego al espíritu en sus diversas actividades: inteligencia, memoria, voluntad. Mortificaciones que son llamadas de la noche, porque privan a las facultades de sus objetos connaturales, así como la noche priva a los ojos de la luz para la cual están hechos. El renunciamiento al pecado propiamente dicho, renunciamiento previamente supuesto y afectivo, es la represión de todo apetito aun no desordenado, sino simplemente superfluo, que desde luego se requiere para la unión del alma con Dios, sin lo cual es imposible: «Si se le ofreciere gusto de oír cosas que no importen para servicio y honra de Dios, no las quiera gustar ni las quiera oír. Y si le diere gusto mirar cosas que no le ayudan a amar más a Dios, ni quiera el gusto ni mirar las tales cosas».
La primera noche, que no es todavía sino el crepúsculo, pero prepara la plena noche, la del espíritu, sin la cual es imposible al alma la unión con Dios, y que es más oscura aún que la de los sentidos: Porque las virtudes teologales las ocupan enteramente: la inteligencia no tiene ya más conocimiento que el de la Fe teologal, ni la memoria más recuerdo que los bienes celestiales descubiertos por la Esperanza, ni la voluntad más amor que el de Dios. En esta noche, más propia de los aprovechados que ya han transcurrido por la noche de los sentidos, la Fe es una «iluminación» infusa del espíritu humano, su luz es totalmente sobrenatural, y su modo de conocimiento consiste en creer sin comprender (pero no es irracional). Por lo tanto la Fe es oscura, naturalmente hablando, y tanto más oscura cuanto más se descartan de ella las claridades humanas, imaginaciones e ideas, revelaciones externas e internas y puesta solamente en lo inevidente, puesto que el asentimiento de fe teologal es asentimiento oscuro e inevidente, o de objetos no vistos. Dicha condición de inevidencia en la definición de la Fe está declarada por la Iglesia en muchos actos magisteriales; Así en el Concilio Vaticano (18969-1870), en el que se afirma que «los divinos misterios exceden por naturaleza todo alcance de la inteligencia creada, de tal modo que, aun revelados y aceptados por el creyente, permanecen cubiertos por el velo de la fe y como envueltos en una oscura niebla»: «quam quasi calígine» (Dz 1796); y sobre todo se habla con frecuencia de la oscuridad esencial a los misterios sobrenaturales, por ser inaccesibles a la humana razón (magisterio infalible que se puede encontrar en Dz473, 1616, 1642, 1655, 1666, 1682, 1709). Lo mismo enseña la Sagrada Escritura (Hebr 11,1; 1 Cor 13, 12; 2 Cor 5,6 , 2 Pe 1, 19, etc., y toda la patrística.). Toda la doctrina de la Iglesia nos enseña la misma conclusión a la que llegaba y exponía magistralmente Santo Tomás de Aquino en el Tratado de la Fe de la Suma Teológica, y que en perfecta concordancia explica San Juan de la Cruz en sus obras, enseñando una teología mística católica- exenta de elementos espurios-, o un verdadero tratado de teología mística, por la que es proclamado doctor de la Iglesia por el papa Pío XI.
Desde esta doctrina católica es cuando, al observar a una masa innumerable de creyentes que pide signos y está excesivamente pendiente de revelaciones privadas, nuevas profecías, divulgación de mensajes, locuciones…, masa que en todos los tiempos hubo, se plantean dos dificultades, a cual una más peligrosa que otra, y a la que contesta plenamente San Juan de la Cruz.
La primera se refiere al daño que hace al alma admitir esas revelaciones a causa de que muchas pueden ser causadas por la propia sugestión, imaginación, deseos, de una parte, por lo que dichas almas no están desnudas siéndoles imposible la unión con Dios, y además conducen a otros crédulos por la misma vía, negándose a entrar en la noche oscura del espíritu; ciegos, en fin, que guían a otros ciegos. Y de otra, suelen ser la puerta que abrimos en nuestra alma al demonio, que concediéndonos la vehemencia en muchas verdades de fe católica para seducirnos y alejar de nosotros sospechas, introduce algún error de su propia cosecha, de manera que apoyado Satanás en él va poco a poco tomando posesión del alma, y le hace caer en soberbia, o gula espiritual, desobediencia a la jerarquía de la Iglesia, crítica a los válidos y legítimos obispos, etc.
Por esta razón nos dice San Juan de la Cruz que en cuanto a las visiones o revelaciones, locuciones, sentimientos.., ya sea que muevan más o menos a los sentidos, ya sea que afecten solamente al espíritu, sean naturales o sobrenaturales, a cuyos fenómenos “místicos” ciertas almas se aficionan fácilmente y se inclinan a ver fenómenos celestes e interpretan los mensajes del cielo que supuestamente revelan los santos «totalmente han de huir de ellos, sin querer examinar si son buenas o malas, y atenerse estrictamente al magisterio de la Iglesia sobre ello- el cual ya hemos expuesto otras veces-, y disponerse dócilmente a entrar en la noche del espíritu al cual Dios nos invita, y que es condición sine qua non, para la unión del alma con Dios. Pues la necesidad de esta purgación, como la llaman otros maestros espirituales, es tal, que o bien se da en esta vida, o bien en el Purgatorio, si es que, no habiéndose extraviado en demasía atendiendo a sus gustos espirituales, son agraciados con esa bienaventuranza.
«Porque, así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios…pues que nunca se ha de determinar el alma a creer que son de Dios» . Pues, en efecto «este sentido de la imaginación y fantasía es donde ordinariamente acude el demonio con sus ardides, ahora naturales, ahora preternaturales; el entendimiento no se ha de embarazar ni cebar en ellas, ni las ha el alma de querer admitir ni tener, para poder estar desasida, desnuda, pura y sencilla, sin algún modo y manera, como se requiere para la unión. Y de esto la razón es porque todas estas formas ya dichas siempre en su aprehensión se representan debajo de algunas maneras y modos limitados, y la Sabiduría de Dios, en que se ha de unir el entendimiento, ningún modo ni manera tiene, ni cae debajo de algún límite ni inteligencia distinta y particularmente, porque totalmente es pura y sencilla. Y como quiera que para juntarse dos extremos, cual es el alma y la divina Sabiduría, será necesario que vengan a convenir en cierto medio de semejanza entre sí, de aquí es que también el alma ha de estar pura y sencilla, no limitada ni atenida a alguna inteligencia particular, ni modificada con algún límite de forma, especie e imagen. Que, pues Dios no cae debajo de imagen ni forma, ni cabe debajo de inteligencia particular, tampoco el alma, para caer en Dios, ha de caer debajo de forma o de inteligencia distinta»
En las anteriores citas ya se ha anunciado por San Juan de la Cruz el segundo daño esencial que se produce en el alma, y el principal, de quien se presta a admitirlas, es que impiden la unión del alma con Dios, o al menos la retardan mucho. « Y aunque algunas persona no se encontrarán a gusto con esta enseñanza, mi poco saber – dice San Juan de la Cruz en el prólogo a su obra “Subida al Monte Carmelo”- y mi pobre estilo han de ponerla por escrito, porque la materia de por sí es buena y muy necesaria. Sin embargo, me parece que aunque se escribiera lo que aquí se dice de manera más perfecta y acabada, sería una minoría la que de ello sacaría partido, pues aquí no se dirán cosas útiles y sabrosas para aquellos espíritus que quieren llegar a Dios a través de cosas dulces y sabrosas, sino que se darán enseñanzas sustanciales y sólidas, tanto para unos como para otros, si quieren llegar a la desnudez de espíritu que aquí se describe»
Porque «son muchas las almas que lo necesitan, y que no lo consiguen habiendo comenzado el camino de la virtud, incluso habiéndolas puesto nuestro Señor en esta noche oscura para que a través de ella alcancen la divina unión. A veces, esto se debe a que no quieren entrar o no se dejan conducir a esta divina unión; otras a la falta de comprensión y a carecer de guías idóneas y despiertas que las guíen hasta la cumbre. Y así es una lástima ver cómo muchas almas a las que Dios da talento y ayuda para avanzar, y que si quisieran animarse llegarían a este alto estado, se quedan en un bajo modo de trato con Dios, por no querer o no saber, o por no haber sido encaminadas o enseñadas a desasirse de estos comienzos– dejando gustos, no haciendo caso de revelaciones, locuciones, y otras aprehensiones del entendimiento, resume San Juan-. Y dado el caso de que, al final, nuestro señor las favorezca tanto, aún sin lo uno ni lo otro, las haga avanzar, lo consiguen muy tarde y con más esfuerzo y menos merecimiento, por no haberse acomodado a Dios, y haberse dejado poner libremente en el puro y correcto camino de la unión» « Y hay almas que, en vez de confiarse a las manos de Dios, ayudándose así, a sí mismas, ponen dificultades a Dios obrando indiscretamente y resistiéndose, de la misma manera que los niños se resisten a que sus madres los lleven en brazos, pateando y llorando, luchando por ir por su propio pie, para que no se pueda andar nada , y, si se andase, fuera a su paso».
« Ni siquiera es mi intención- dice San juan de la Cruz en la introducción de su obra- hablar con todos, sino…. con aquellos a quien Dios hace el regalo de conducir por la senda de este monte, y a quienes habiéndose despojado de las cosa temporales de este mundo, entenderán mejor la enseñanza de la desnudez del espíritu».
Tomado de la introducción del «Camino Seguro para la Unión del Alma con Dios», que puede adquirir aquí
Sapientiae Sedei Filii, editora de esta web, recomienda encarecidamente
las obras y sobre todo la espiritualidad de San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia Universal
LA FALTA DE VIGILANCIA Y LA HEREJÍA BLANCA
La falta de vigilancia y el
papel de la «herejía blanca»
Piedad religiosa, pero la falta de vigilancia llevó al socialismo en España.
¿Qué podemos ver en todo este panorama? Un gran fervor religioso, una gran gracia para España, que ha desaparecido por completo.
¿Y por qué desapareció? ¿Fue por falta de oración? Yo diría que era algo más, porque España era un país donde había mucha oración. El problema es que aquellos que hablan de la oración deben seguir el consejo completo de Nuestro Señor que nos dijo: «Velad y orad» (Mt 26:41). Ellos rezan, pero no miran; desarrollan un espíritu de oración, pero no desarrollan el espíritu de vigilancia.
Es decir, no tenían la sospecha necesaria de aquellos que son malos; no se molestaron en percibir sus maniobras, desentrañar su juego o correr su propio juego contra él, lo que habría permitido que el mal sea percibido y evitado.
Pero, la mayor parte de los españoles no actuaron de esta manera. Tenían un tesoro que no guardaban en un lugar seguro, pero lo dejaban en el medio de la calle para que lo tomara cualquier ladrón. El tesoro de España eran sus cualidades morales, su debilidad era la falta de vigilancia.
Esa magnífica oleada de heroísmo fue aniquilada y en pocos años se había reducido a casi nada. En el ejemplo de España, podemos ver una de las peores lagunas de la «herejía blanca». (1) Su opuesto debe ser una de las características del católico contrarrevolucionario.
Nota 1: «La herejía blanca» es una jerga entre los contrarrevolucionarios que indica una mentalidad sentimental que se manifiesta principalmente como una dulce piedad y una posición doctrinal no militante y relativista, que siempre presenta excusas para los demás, incluidos los enemigos, bajo el pretexto. que merecen «la caridad». Esta mentalidad allana el camino para la herejía propiamente dicha. Entonces, esta preparación tendencial para la herejía real, la «herejía negra», se llama «herejía blanca».
Sospecha, vigilancia, agresividad.
El contrarrevolucionario es vigilante, sospechoso, agresivo. El no contrarrevolucionario no es vigilante, ni desconfiado, ni agresivo. Colocar estas características en el orden correcto: sospechoso, vigilante, belicoso.
Sospecha
¿Qué es la sospecha? Es la persuasión habitual que vivimos en un valle de lágrimas. Y eso en este valle de lágrimas, que es esta tierra donde uno vive en un estado de prueba, en un estado de pecado original, el hombre lleva el pecado de Revolución dentro de sí mismo. Está continuamente flanqueado y rodeado de peligros: peligros tanto dentro como fuera, a los que uno debe estar continuamente atento y alerta. Esta es la idea fundamental.
El hombre vigilante cree y mira.
En la vida espiritual, cada uno de nosotros debe tener hacia sí mismo, y nunca me cansaré de decir esto, la desconfianza que un hombre tiene hacia una bestia o una serpiente. Una bestia y una serpiente están dentro de mí y dentro de cada uno de nosotros. Si me relajo en mi vigilancia, por muy poco que sea, haré concesiones; Si hago concesiones, nutriré mis faltas. Si nutro mis faltas, no tendré la fuerza para superarlas, y mi vida espiritual caerá a tierra.
Necesito estar muy vigilante, tener los ojos abiertos y girarme continuamente hacia mí mismo, para ver lo que estoy sintiendo, lo que está sucediendo dentro de mí, para cortar el mal que renace constantemente.
El hombre bueno no es el hombre tonto e ingenuo que piensa que las tendencias malignas no renacen dentro de sí mismo. El hombre bueno es el hombre serio, quien sabe que estas tendencias renacen y que debe luchar continuamente contra sí mismo. Todo hombre tiene malas tendencias que, si las acepta, lo llevarán rápidamente a la infamia. Esta es la noción que cada uno de nosotros debe tener de sí mismo. Como consecuencia de esta sospecha que cada uno debe tener de sí mismo, nace el deber de vigilancia, porque el que sospecha está vigilante.
Vigilancia
¿Qué es estar vigilante? Es estar vigilante, atento, despierto, en un estado de vigilancia constante. El hombre atento observa. Se dice a sí mismo: como sé que tengo en mí una fuente continua de los peores defectos que ya están listos para salir a la superficie, debo cuidarme. Si no me vigilo, caeré. El fruto lógico de la desconfianza, la desconfianza como corolario de la creencia en el dogma del pecado original, es la vigilancia sobre uno mismo.
Pugnacidad
¿Es suficiente la vigilancia? No. Es necesario ser belicoso. ¿Y qué es el hombre belicoso? Es el hombre que normalmente y de forma estable está preparado para iniciar una pelea en cualquier momento. Incluso si es una pelea muy dura, él no duda en entrar en ella. Si es necesario, él pelea. No es el cretino quien lucha sin razón, es el hombre quien lucha porque es su deber hacerlo.
El hombre beligerante es sospechoso, vigilante y siempre está listo para entrar en combate cuando sea necesario.
Nuestra agresividad hacia nosotros mismos implica que estamos dispuestos a luchar contra nosotros mismos en todo momento. Debemos estar dispuestos a decirnos «no» a nosotros mismos en todo momento. La primera persona a la que tengo que saber cómo decirle «no» es a mí mismo, no a otra.
Es inútil ser enérgico con los demás, decir «no» a los demás, ser combativo con los demás: esto es fácil. El problema es ser combativo conmigo mismo, decirme «no» cuando hay que decir «no». Y para hacer esto en todos los casos donde sea necesario decir «no» y en el momento preciso se debe decir «no».
El hombre beligerante lucha contra sus faltas tan pronto como aparecen. Tan pronto como la vigilancia apunta al renacimiento de una mala tendencia, el hombre belicoso la sofoca, la niega, la corta. Si no lo hace, perece, porque la mala tendencia crece y lo debilita. Las malas tendencias deben ser combatidas en su inicio, en la primera inclinación, en el primer momento. No puede ser de otra manera.
Virilidad, fruto de la vigilancia
Has visto aquí la trilogía de la vigilancia aplicada a la vida interior. Lamentablemente, lo que caracterizó a los medios católicos de los últimos 20 o 30 años anteriores a la marea progresista fue la falta de estas cualidades.
La gente tenía virtud, pero les faltaba vigilancia. No se habló de vigilancia en ningún sentido de la palabra. La piedad era dulce, sin fibra, sin virilidad. Y la piedad necesita tener esa virilidad. El primer momento de la virilidad es estar vigilante consigo mismo. Ese es el punto de partida de la verdadera virilidad.
LAS RELIQUIAS COMO DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Texto extraído de «Periodismo científico y sensacionalismo: la Síndone de Turín»,
tesis doctoral de Andrés Brito defendida en 2008 en la Universidad de La Laguna, Tenerife. Fuente
En religión se entiende por reliquia los restos («reliquia» viene del latín, «despojo») de algún santo, por lo general sus huesos, sangre, carne incorrupta o momificada, residuos de su organismo o cenizas (denominadas reliquias de primer orden) y, por extensión, las cosas que estuvieron en contacto con su cuerpo o a las que dio uso, tales como vestidos, libros, utensilios, escritos, etc. (conocidas como reliquias de segundo orden)

En la Biblia encontramos ciertos objetos que han entrado en contacto de alguna manera con la santidad y que quedan como «impregnados» de ese «algo» indefinible que los hace «distintos» y que los convierte en mediaciones de la Realidad Suprema. Algunos ejemplos: a la hemorroísa del Evangelio le basta con tocar la orla del manto de Jesús para quedar sanada de su mal (Lc 8, 44; Mt 14, 36); el mismo efecto sanador lo encontramos más tarde en los vestidos no ya de Jesús, sino de los Apóstoles (Hch 19, 12) y hasta en la misma sombra de Pedro, a cuyo contacto, según el Libro de los Hechos, sanaban los enfermos que se hallaban postrados a lo largo del camino (Hch 5, 15). El evangelista Lucas habla de forma mucho más explícita de una especie de «fuerza» o «virtud» (δύναμιν) que se desprende de las vestiduras de Jesús (Lc 8, 46). En la atmósfera general de estos relatos el denominador común es la fe de la persona que hace uso de la reliquia. Sin este elemento esencial, afectivo y vinculante para el creyente, el objeto, sea el que sea, carece de su potencia mediadora.
Jorge Manuel Rodríguez Almenar, profesor de la Universidad de Valencia, presidente del Centro Español de Sindonología (CES, institución especializada en el estudio científico de las reliquias)2 y redactor jefe de su boletín oficial, «Línteum», explica que entre la reliquia y quien la venera existe un invisible pero estrecho vínculo afectivo:
«¿No guardamos con veneración los objetos que nos recuerdan especialmente a nuestros padres? ¿No los transmitimos a nuestros hijos con legítimo orgullo? ¿Qué tendría de extraño, entonces, que los Apóstoles y Santa María hubiesen guardado algunos objetos de aquél que dio sentido a sus vidas y por el que prácticamente todos iban a dar la suya? (…) A diferencia del amuleto, el valor cristiano de la reliquia no reside tanto en sí misma, sino en ser un instrumento que nos remite a alguien. Podríamos decir que, desde este punto de vista instrumental y subjetivo, es poco importante el estudio científico de su autenticidad y, en cierta forma, cumple su misión por el solo hecho de ‘conectarnos anímicamente’ con Cristo o los santos. Tienen una función semejante a las imágenes religiosas»
El interés por las reliquias va mucho más allá del teológico o espiritual desde el momento en que también pueden ser consideradas en su faceta de documentos a los que se les puede seguir la pista con un procedimiento empírico desde la historia o la arqueología, y que son susceptibles de estudio en un laboratorio al tratarse de elementos físicos acotados en categorías de tiempo y espacio. Son así referentes de un personaje o de una época, lo que justifica un estudio concienzudo por parte de la ciencia.
Como es sabido, «investigación» deriva etimológicamente de los términos latinos «in» (en, hacia) y «vestigium» (huella, pista). De ahí que su significado original sea «hacia la pista», «seguir la pista»; buscar o averiguar siguiendo algún rastro. La arqueología es «in-vestigium» en el más estricto sentido del término, una ciencia destinada a «seguir el rastro» hallado hasta dar con su origen. Un website destinado a popularizar los descubrimientos arqueológicos expone brevemente la evolución de esta disciplina:
«Las antiguas generaciones de arqueólogos estudiaban los restos materiales únicamente como elementos cronológicos para ponerle fecha a la cultura objeto de su investigación. Visiones más modernas contemplan los mismos objetos como instrumentos que sirven para comprender el pensamiento, los valores y la cultura de quienes los utilizaron.
Por otro lado, la investigación arqueológica ha estado relacionada tradicionalmente con la Prehistoria y la Antigüedad, pero, sin embargo, de un tiempo a esta parte, la metodología arqueológica se ha aplicado también a etapas más recientes, como la Edad Media, la Edad Moderna o el periodo industrial».
Durante el siglo XX, la ciencia ha sometido a análisis a algunos de estos documentos o «vestigium» (el Titulus Crucis conservado en Roma, el Cáliz de la Última Cena que se custodia en la catedral de Valencia, las Especies Eucarísticas veneradas de Lanciano o el Sudario «de Cristo» que podemos hallar en la Cámara Santa de la Catedral Oviedo, por citar algunos ejemplos) en pos de su origen, y se ha despertado un excepcional interés por los resultados no sólo en los católicos, herederos naturales de las tradiciones que los acompañan, sino también en el público en general, dado que algunos de estos objetos, por su singularidad, presentan verdaderas «anomalías científicas» que en ocasiones llegan a desconcertar a los peritos que intentan comprender su realidad desde los más diversos campos del saber.
Ricardo Benjumea, en «Alfa y Omega», se queja de que, en general, cuando se habla de reliquias, parece que sea dogma de fe que todas son falsas:
«Igual que, por otro lado, algunos hablan de ellas de forma apasionada y fuera de parámetros objetivos. Nosotros intentamos que estas reliquias se traten seriamente: desde el punto de vista teológico, las reliquias son motivos de credibilidad, y desde el punto de vista científico, son objetos que pueden estudiarse. Si estos objetos hubieran pertenecido a Cleopatra o Tutankamon, no plantearían ningún problema. Pero como se atribuyen a Jesús hay muchos que, a priori, dicen que son falsos, así como otros que son verdaderos. Nosotros intentamos divulgar lo que se ha estudiado objetivamente. Nuestra misión es explicar hasta qué punto estas son reliquias de Jesucristo o no».
En esta misma línea se expresa un Editorial de «National Review», fechado el 7 de julio de 1978, en el que William Buckely se pregunta si ciertos peritos mostrarían el mismo interés «o el mismo patente desinterés» si se tratara de un posible o probable retrato de Jerjes, o de Alejandro Magno12. ¿Acaso Jesús no es un personaje histórico como cualquier otro?
Se ha exagerado modernamente la idea de que durante la Edad Media hubo un execrable tráfico de reliquias falsas y que, por tanto, todas las que se conservan en la actualidad son espurias. Sin embargo, una generalización así no es más que el llamado «error de composición» (fallatia compositionis), que se comete cuando se atribuye a la totalidad de un conjunto determinadas propiedades simplemente porque algunos de los elementos que forman dicho conjunto las poseen13. El procedimiento empírico exige la verificación de las reliquias que en la actualidad se exponen a la veneración de los fieles a fin de discernir la autenticidad o falsedad de las tradiciones que las acompañan. Exactamente igual que ha de hacerse con cualquier otro documento que se presuma histórico.
Al mismo tiempo, parece existir cierta voluntad reiterada de generar confusión a este respecto, como muestra el caso de la pluma del arcángel san Miguel que se conserva en un monasterio de Liria (Valencia). Aún no hemos encontrado, fuera de la prensa especializada, ninguna referencia a esta reliquia que aclare que se trata de una «pluma» tallada en madera que fue, junto con una de las manos, lo único que se conservó de una imagen gótica del arcángel tras su profanación y posterior quema durante la Guerra Civil Española. O que los frasquitos con «leche de la Virgen» son, en realidad, raspaduras del material calcáreo de una cueva donde, según la tradición, María amamantó a Jesús: las reseñas más antiguas sobre estas piezas indicaban que eran «trozos de la cueva donde la Virgen dio leche al Niño», si bien un apócope progresivo a lo largo de los siglos redujo la frase al más económico de pronunciar «leche de la Virgen». Un tercer ejemplo: hay 28 «Santos Clavos» (sólo fueron necesarios tres para clavar a Jesús en la cruz), pero cuando se da el dato, habitualmente con cierta sonrisa irónica, se olvida añadir que están hechos usando no sólo el modelo original, sino también unos gramos del hierro de éste, cosa que se halla certificada documentalmente.
Pongamos un ejemplo más de reliquia supuestamente inadmisible, también muy interesante: cuenta la tradición que la Casa de la Virgen que se conserva en Loreto (Italia) fue llevada desde Nazaret hasta allí «por manos de los ángeles». El sacerdote Giuseppe Santarelli explica que las piedras de la Casa formaban parte de la dote de Margarita d’Angeli, esposa de Felipe de Anjou (hijo del rey de Nápoles), y que con motivo de su boda hizo trasladar la construcción hasta Loreto, dado que los cruzados perdían progresivamente el control de Tierra Santa y cabía la posibilidad de perder el santuario. A través de lo siglos se dejó de hablar de una «obra de la familia De los Ángeles (D’Angeli)» para hablar de una casa trasladada desde Palestina hasta Italia por «los ángeles»17.
Casos similares a los descritos se dan con los «suspiros» de San José o los «prepucios» del Niño Jesús: diríase que los que argumentan en contra de las reliquias empleando estos ejemplos parten de la errónea presuposición de que el fiel católico ha renunciado a su sentido común.
Escuchamos con frecuencia opiniones despectivas sobre las reliquias pronunciadas con mucho énfasis. Quizá la frase que más éxito tiene es la que afirma «dicen los científicos que si se reunieran todos los trozos de la cruz de Cristo habría madera suficiente para hacer un barco»’. Esta aseveración es el paradigma de lo que algunas personas piensan de las reliquias y, sin embargo, es fundamentalmente falsa, como también nos aclara Rodríguez Almenar:
«Pocos conocen que su autor no fue ningún científico, sino el reformador protestante Calvino, conocido por su frontal oposición a las reliquias y por haber hecho de la crítica a su proliferación uno de sus argumentos anticatólicos favoritos. La segunda parte de la proposición es aún más falsa. Porque, si bien es verdad que han existido científicos que se han propuesto contabilizar toda la madera de los lignum crucis, el resultado es opuesto al que se afirma: por ejemplo, según los cálculos del profesor Baima Bollone, si se reunieran los trozos de la cruz de Cristo – aun aceptando sin más que todos fueran reliquias en sentido estricto – comprobaríamos que ni siquiera conservamos el 50% del palo horizontal o patíbulum» .
En la mayor parte de los casos, las astillas de la cruz que están en el interior de los relicarios no pasan de la centésima parte de un palillo. Y, ¿cuántos lignum crucis de este tamaño se pueden hacer con 50 kilos de madera, que es lo que podría haber pesado el travesaño horizontal? Baima, catedrático del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Turín, respondió a la pregunta no con figuraciones, sino con un procedimiento empírico: partió de las medidas del brazo horizontal de la supuesta «cruz del buen ladrón», venerada en Roma: 178 x 13 x 13 centímetros.
«Lo cual – escribe el científico – corresponde a 30 millones de milímetros cúbicos de madera. Si, como es probable, el brazo de la cruz de Jesús hubiera tenido análogas dimensiones, solamente con él se habrían podido obtener 10 millones de pequeños fragmentos de 3 milímetros cúbicos cada uno» 19.
Acaso el problema resida en que se confunden reliquia y relicario, como a veces ocurre, por ejemplo, con el Lignum Crucis del Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) La tradición afirma que esta pieza corresponde al «brazo izquierdo de la Santa Cruz». Las medidas del leño son de 635 mm. el palo vertical y 393 mm. el travesaño, con un grosor de 40 mm., y es el fragmento más grande conservado de la cruz, mayor incluso que los custodiados en San Pedro del Vaticano. En 1958 el Lignum Crucis de Santo Toribio fue analizado en Madrid por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los estudios microscópicos realizados sobre la muestra detallan que se trata de una clase de ciprés, «cupressus sempervivens», abundante en Palestina.
Es una madera extraordinariamente vieja que «en nada se opone a que alcance la edad pretendida». A pesar de ser, como decimos, la mayor porción de lignum crucis de entre los preservados, el relicario en el que se encuentra (incrustado en una cruz de plata dorada, con cabos flordelisados, de tradición gótica, realizada en un taller vallisoletano en 1679) le dan un aspecto aún más grande, con lo que muchos fieles poco informados llegan a creer que lo que se venera es el estuche y no su contenido.
La Iglesia Católica, al admitir el culto de las reliquias, al valorarlas y al hacer considerar el significado y los frutos espirituales que de ellas se desprenden, se preocupa de sortear los graves inconvenientes que podrían derivar de exponer a la veneración de los fieles objetos que no presentasen todas las garantías de legitimidad. El estudio de las reliquias no sólo está permitido, sino «mandado por la autoridad eclesiástica, según una disciplina vigilada por la Sagrada Congregación de Ritos, que vela con rigor estricto por todo lo que se refiere a la declaración de autenticidad.
PRUEBAS DE LA ANTIGÜEDAD DEL CULTO A LA MADRE DE DIOS
Ni los bolandistas, ni Baronio, ni Belarmino, han reconocido esta vida como digna de fe, a lo menos en todas bus partes: tantos son los errores evidentes que contiene. Los Bolandistas, después de haber notado las numerosas incorrecciones en que abunda el relato, hacen, con justicia, reparar cuan increíble es que un hecho de esta importancia, si hubiera sido cierto, no lo hubiesen mencionado ni San Basilio en sus escritos posteriores contra el príncipe apóstata, ni San Gregorio Nacianceno en los elogios que hizo de su glorioso amigo. Todo conduce, por otra parte, a creer que esta vida de San Basilio es una obra del séptimo u octavo siglos, y que, por consiguiente, no puede tener por autor al dicho Anfíloco.
Varios antiguos Itinerarios y Peregrinaciones de Tierra Santa hacen mención de la Basílica de Santa María, situada en el valle de Getsemaní, cerca de la tumba de la Virgen; por desgracia estos documentos son posteriores al siglo V, y como guardan silencio sobre la fecha de la fundación, no bastan por sí solos para fijar la construcción de la dicha Basílica, sea en el siglo IV, sea en los principios del V. Lo mismo diremos de la Iglesia de Santa María que esos mismos libros nos describen como contigua a la Basílica del Santo Sepulcro o de la Resurrección.
EL BAUTISMO DE SANGRE DE SANTA EMERENCIANA
Santa Emerentiana – 23 de enero

Aquí está el breve párrafo que ofrece abundante alimento para el pensamiento:
una hermana adoptiva de Santa Inés, la virgen Emerentiana, mientras aún era catecúmeno, derramó lágrimas en la tumba de su amiga que acababa de ser martirizada. Algunos paganos se burlaron de su pena. Ella, llena de la divina virtud de la cual Jesús es la fuente, reprochó a los idólatras su crueldad hacia Agnes, y ellos, en su furia, la apedrearon en esa misma tumba.
Bautizada en su propia sangre, se unió para siempre a su hermana (alrededor del año 304).
‘Bautizado en su propia sangre’
En el relato del martirio de Santa Emerentiana encontramos confirmada la constante enseñanza de la Iglesia sobre el bautismo de sangre [ que hoy, desgraciamente, algunos niegan]. En lo mismo nos confirma los Maitines del Breviario Romano, oración oficial de la Iglesia, esto es, que su bautismo fue de sangre, porque aún era catecúmena.
Levantada al altar e incluida en el calendario litúrgico, esta niña romana, hija de un esclavo de la familia noble y adinerada de Agnes, todavía era un catecúmeno y aún no se había bautizado cuando Agnes fue martirizada.
La madre de Emerentiana era la nodriza y la niñera de Santa Inés. La influencia de los padres cristianos patricios y el ejemplo de su virtuosa hija Agnes tuvieron un profundo efecto en la criada y su hija Emerentiana. Esclava de nacimiento pero hermana de leche, Emerentiana se inspiró en Agnes, quien le estaba enseñando la Santa Fe para poder bautizarla como cristiana.

Su curso de estudio terminó abruptamente con la gloriosa muerte de Inés. Varios días después de que Agnes fue públicamente martirizada, lo que probablemente fue testigo de Emerentiana, fue a la tumba a orar. Burlándose un grupo de paganos que la vieron llorar, ella defendió valientemente a su querida Agnes.
Esta valiente refutación levantó la furia de un grupo de paganos y apedrearon a Emerentiana hasta la muerte en la misma tumba de su catequista Agnes. La tumba del maestro se convirtió en el trono del martirio para el discípulo. Es una escena hermosa.
También es una escena que confirma lo que se ha creído y enseñado desde los primeros siglos de la Iglesia: que el martirio es equivalente al bautismo para aquellos que aún no han sido bautizados. Es la doctrina católica que el Bautismo de sangre borra el pecado original y todo el pecado real, junto con el castigo que se le debe.
Esta enseñanza se confirma en la Colecta de la Misa para la Virgen Mártir:
Indulgéntiam nobis, quaesumus, Dómine, beerta Emerentiána Virgo et Martyr imploret: quae tibi grata semper éxistitit, y merito castitatis, et tuae professione virtuis.
Por la beata Emerentiana, tu virgen y tu mártir, te suplicamos, Señor, imploramoos tu perdón; porque ella siempre te agradó, tanto por el mérito de su castidad, como por la confesión de tu poder «.

Por lo tanto, ¿se unió Santa Emerentiana a ese grupo privilegiado de santos mártires que nunca fueron bautizados con agua sino que dieron su sangre por Cristo, como los Santos Inocentes masacrados por Herodes, el buen ladrón, y uno de los guardias que presenciaron el martirio de los 40 santos de Sebaste ?
La gran San Ambrosio dejó nada menos que cuatro tratados dedicados a la virginidad, De virginibus, De virginitate, De institutione virginis y Exhortatio virginitatis , además de su tratado dirigido a las viudas, De viduis, en el que se reafirman algunas de sus enseñanzas sobre la virginidad y el matrimonio. Su enseñanza se caracteriza y distingue por la conexión que hace entre el martirio y la virginidad, y el gran elogio que hace del celibato.
Las dos vírgenes, Santa Inés y Santa Emerentiana, quienes ganaron la corona del martirio en el año 304 bajo la persecución de Diocleciano, permanecen vinculadas en la vida y la muerte. El cuerpo de Santa Inés fue enterrado por sus padres en un cementerio privado que poseían a lo largo del Camino Nomentano, y el cuerpo de la catecúmena Emerentiana también fue enterrado allí.
Este cementerio creció rápidamente en fama, con muchos milagros ocurriendo en él. Durante el reinado de Constantino, a través de los esfuerzos de su hija Constantina, quien recibió un milagro de curación por la intercesión de Santa Inés, se erigió una basílica sobre la tumba de esa Virgen Mártir, que más tarde fue remodelada por el Papa Honorio (625-638). ), y desde entonces ha permanecido inalterado. En esta Basílica, debajo del altar mayor, se encuentra la tumba de Santa Inés y su discípula y amiga Santa Emerentiana.
Bienaventurados los inmaculados en el camino: los que andan en la ley del Señor.

SOBRE LA BULA DE LA CRUZADA EN ESPAÑA
Préambulo
La bula de Cruzada en España, fue abolida mediante la constitución apostólica Paenitemini, publicada por Montini (antipapa Pablo VI) el 17 de febrero de 1966. Luego, no pueden legítimamente acudir a la epiqueya, para su posible aplicación, todos aquellos que reconocen a Montini como verdadero papa: conciliares de la línea media y conservadora, integrantes de Ecclesia Dei, lefebvrianos, seguidores de la tesis de Cassiciacum. La razón es, porque si reconocen como verdadero papa a Montini, sea sólo material, o tambien formal le estarían desobedeciendo, lo cual no le está permitido al católico.
Los privilegios tan grandes concedidos a España están eclipsados por no haber Papa desde 1958, y para acudir a la epiqueya, caso que fuera posible- lo cual no afirmamos ni negamos, ya que maestros tiene la Santa Madre Iglesia- se debe declarar, aunque sólo sea en el fuero interno, que la Sede de Pedro está vacante desde Pío XII; lo que se ha dado en llamar la conclusión teológica del sedevacantismo totaliter, a fin de cuentas, un hecho dogmático. Sin ese mínimo de coherencia será imposible la aplicación de la epiqueya, caso que se pudiera, lo cual no aseguramos. Les dejamos una amplia explicación de la Bula.
La bula de Cruzada en España
Vamos a exponer brevemente la naturaleza y privilegios anejos a la bula de Cruzada en España. Después de dar unas nociones; previas sobre la bula en general, expondremos lo relativo a cada uno de los sumarios actuales.
A) Nociones previas
1. Qué es la bula. La bula de Cruzada es un diploma pontificio por el que se otorgan muchas gracias, privilegios e indultos a la nación española en atención a los insignes servicios prestados a la Iglesia por loa Reyes Católicos de España. Existe una bula similar para Portugal.
Ha sufrido muchas vicisitudes a través de los siglos. El derecho actualmente vigente se halla contenido en el breve de Pío XI del 15 de agosto de 1928, que prorrogaba los privilegios por doce años. Al cumplirse el plazo en 1940, Pío XII lo prorrogó por un año, y viene renovándose la prórroga de año en año hasta hoy.
2. División. El comisario general de Cruzada, que es el arzobispo de Toledo, tiene potestad de reunir o separar los distintos indultos en más o menos sumarios para uso de los fieles. Actualmente, además del sumario general de Cruzada, ha distribuido los privilegios de la bula en los siguientes sumario
1.) De difuntos.
2) De abstinencia y ayunos.
3) De composición.
4) De oratorios privados. 5.
5.) De reconstrucción de las iglesias devastadas.
Hablaremos más abajo de cada uno de ellos.
3. Sujeto. Pueden gozar de los indultos y privilegios de la bula, guardando las condiciones requeridas:
a) Todos los que se hallaren en territorio español, aunque no sean españoles y aunque se encuentren tan sólo de paso o transitoriamente. Se consideran también territorio español los edificios de las embajadas españolas en el extranjero y los barcos y aviones españoles.
b) Los españoles que se encuentren en el extranjero pueden utilizar sus privilegios, incluso el relativo a los ayunos y abstinencias, procurando evitar el escándalo de los que ignoren su privilegio.
Requisitos. Para gozar de los privilegios de la bula se requiere:
a) Tomar el sumario general de Cruzada.
b) Tomar, además, el sumario correspondiente a los privilegios que se quieran disfrutar.
c) Tomar los sumarios en España o en territorio español (v.gr., en una embajada), sin que puedan enviarse por correo.
d) Dar la limosna correspondiente, que se destina principalmente al culto divino y a obras de beneficencia.
Advertencias.1ª Para gozar de los privilegios es preciso tomar de hecho la bula. No basta tener intención de tomarla.
2. No es necesario escribir en los sumarios el nombre del interesado, ni llevarlos consigo ni conservarlos.
3. El plazo de validez de la bula se extiende desde el día de la publicación hasta un mes después de publicada la del año siguiente. En algunas diócesis (v.gr., en Madrid) se publica en la primera domínica de Adviento; en otras (v.gr., en Salamanca), el domingo de Septuagésima; en otras, el primer domingo de Cuaresma, etc. Si uno se traslada a otra diócesis donde se publica más tarde que en la del lugar donde la sacó el año anterior, puede atenerse a la publicación del lugar donde actualmente se encuentra, con su correspondiente mes de prórroga.
Limosna. La tasa que rige actualmente es la siguiente (año 1960):
x.° Por el sumario general de Cruzada y por el de ayunos y abstinencias :
a) Para aquellos cuyos ingresos oscilan:
a) Entre 15.001 y 20.000 pesetas anuales 1 pesetas (6ª clase).
b) Desde 20.001 a 30.000 » 5 » (5ª clase).
c) * 30.001 a 50.000 » » 10 » (4ª clase).
d) » 50.001 a 75.000 » . 25 » (3ª clase).
e) * 75.001 a 1oo.000 » * 50 » (2ª clase).
f) * 100.001 en adelante………….. 1oo » (1ª clase).
Hay que advertir lo siguiente:
a) Aquellos cuyos ingresos no rebasen las 15.000 pesetas anuales, pueden gozar los privilegios del indulto de ayuno y abstinencia sin necesidad de tomar sumario alguno. Pero, si desean gozar de las gracias contenidas en el sumario general, han de tomar este sumario en su ínfima clase (1 peseta).
b) La mujer casada debe tomar los sumarios de la misma clase que su marido.
c) Los hijos de familia sin ingresos propios, el de ínfima clase; a no ser que a sus padres les corresponda precisamente el de ínfima clase, en cuyo caso los hijos sin ingresos propios no están obligados a tomar sumario alguno para gozar del indulto del ayuno y abstinencia.
2. Por el sumario de difuntos, 1 peseta.
3. Por el sumario de composición, 1 peseta.
4.0 Por el sumario de oratorio privado, 1o pesetas.
5.0 Por el sumario de reconstrucción de iglesias, según sus posibilidades.
B) Sumario general de cruzada
- Los que han tomado el sumario general de Cruzada disfrutan de las siguientes gracias y privilegios:
1. Indulgencias
a) PLENARIA dos días durante el año, elegidos a voluntad con la intención de ganarlas. Es preciso confesar y también, si es posible, comulgar. Si no pueden comulgar, les bastará haberlo hecho por Pascua.
b) DE QUINCE AÑOS, que pueden ganar tantas cuantas veces ayunaren voluntariamente en día no obligatorio y, al menos con el corazón contrito, rezasen alguna oración por las intenciones del Romano Pontífice (v.gr., un padrenuestro, avemaría y gloria). Se les concede, además, participación en todas las obras piadosas que en aquellos días se hagan en toda la Iglesia militante. El párroco y el confesor pueden conmutar el ayuno por alguna otra obra piadosa.
C) PLENARIA EN EL ARTÍCULO DE LA MUERTE, si mueren durante el año de validez de la bula, con tal que confiesen y comulguen, o, si no pueden hacerlo, invoquen con el corazón contrito, de palabra o de corazón, el nombre de Jesús y acepten con paciencia la muerte como venida de la mano del Señor en expiación del pecado.
Todas estas indulgencias, excepto la de la hora de la muerte, pueden ser aplicadas a las almas del purgatorio.
2 Divinos oficios y sepultura
a) EN TIEMPO DE ENTREDICHO pueden celebrar los divinos oficios o hacer que se celebren en su presencia o de sus familiares, y pueden recibir allí mismo la eucaristía y otros sacramentos. Pero a condición de que el indultario no haya sido causa del entredicho ni dependa de él su levantamiento; que se celebren los oficios en una iglesia no sujeta a entredicho o en algún oratorio privado legítimamente erigido; que se recen algunas oraciones (basta un padrenuestro, avemaría y gloria) por la exaltación de la Iglesia si se celebran en un oratorio privado, y que se celebren privadamente, a puertas cerradas, sin tocar las campanas, excluyendo a los excomulgados y a los sujetos particularmente a entredicho.
b) EN CUANTO A LA SEPULTURA, pueden durante el entredicho ser sepultados en lugar sagrado con modesta pompa funeral, a no ser que hayan muerto excomulgados por sentencia condenatoria o declaratoria.
c) EN TODO TIEMPO, los eclesiásticos seculares o regulares pueden libremente, rezadas vísperas y completas, rezar maitines y laudes del oficio del día siguiente inmediatamente después del mediodía.
3 Confesión y conmutación de votos
a) EN CUANTO A LA CONFESIÓN. Cualquier confesor aprobado por el ordinario del lugar (para ambos sexos si se trata de religiosas y de mujeres) y libremente elegido por el indultario, puede dentro del año de la bula, y solamente en el fuero de la conciencia, absolver a cualquier fiel, aun a los regulares de ambos sexos, una vez fuera de peligro de muerte y otra en peligro de muerte (o dos en ambos casos si se toman dos sumarios, pero no más) de cualesquiera pecados y censuras reservadas a jure o ab homine a cualquiera y de cualquier modo aun especial, pero no de las especialísimamente reservadas al Romano Pontífice 2• Y los así absueltos no están obligados a recurrir después a otro superior. Sin embargo, es ilícita la absolución de una falsa denuncia de solicitación antes de que ésta se retracte en la forma debida.
Este es uno de los mayores privilegios de la bula, que reduce prácticamente el largo y complicado capitulo de la absolución de las censuras a la reservadas especialisimamente al Papa.
b) EN CUANTO A LA CONMUTACIÓN DE VOTOS, se concede al confesor elegido libremente por el jndultario la facultad de conmutar, aun fuera de la confesión sacramental, todos los votos privados que no impliquen derecho adquirido a favor de un tercero y exceptuando los votos de perfecta y perpetua castidad y el de ingresar en religión de votos solemnes cuando son reservados al Romano Pontífice (o sea, a tenor del cn. 1309). Se demanda una limosna que se ha de transmitir al comisario (al arzobispo de Toledo) para los fines de la Cruzada.
4 Dispensas
El comisario de Cruzada puede dispensar el impedimento oculto de crimen «sin maquinación de ninguna de ambas partes», bien para contraer matrimonio, bien para convalidar el contraído. Se demanda una limosna para los fines de la Cruzada.
A los clérigos les puede dispensar el comisario de varias irregularidades.
C) Sumario de difuntos
El sumario de difuntos concede una indulgencia plenaria en favor de algún difunto (o dos si se toman dos sumarios, pero no más). Si se toman dos, puede aplicarse la segunda indulgencia al mismo difunto de la anterior o a otro distinto.
Las condiciones son las siguientes:
a) Confesar y comulgar.
b) Rezar alguna oración por el difunto (v.gr., un padrenuestro).
c) Dar la limosna correspondiente a este sumario (una peseta). No es necesario haber tomado también el sumario general de Cruzada.
El orden de estas condiciones es libre, y, puesta la última, se sigue la aplicación de la indulgencia plenaria al difunto.
D) Sumario de composición
Como ya dijimos en el primer volumen de esta obra (cf. n.78o,8.), el Romano Pontífice puede admitir a una congrua composición o arreglo acerca de los bienes eclesiásticos usurpados y de deudas con acreedores inciertos no contraídas en espera de la composición y dándose causa justa para ésta. El sumario de composición determina la materia y la forma de la composición congrua concedida en virtud del mismo a quien posea, además, el sumario general de Cruzada.
La materia constituye la cantidad que habría de restituir:
a) Cualquier beneficiado, a causa de haber omitido el rezo de las horas canónicas o descuidado alguna otra obligación del beneficio, a excepción de las misas que se debían haber celebrado.
b) Cualquier fiel, a causa de lo substraído, adquirido o retenido injustamente, de cualquier modo y por cualquier razón, siempre que no lo hubiere hecho confiando en este indulto, y si, puesta la debida diligencia, no pueda descubrirse al dueño o no pueda darse con su paradero. Porque en este caso se satisface a la justicia si la restitución se hace a los pobres y a obras pías (v.gr., hospitales, asilos, etc.); pero el Romano Pontífice, como supremo administrador de estas obras, puede hacer un arreglo en bien de las almas y perdonar la deuda en todo o en parte, supliendo del tesoro de la Iglesia todos los bienes espirituales que hubiesen sobrevenido al acreedor si se hubiera aplicado la deuda a causas pías.
La forma depende de la cantidad que haya de restituirse:
a) Si la cantidad que se ha de componer es de diez pesetas, l),, 1 tomar un sumario de una peseta; si es de veinte, dos sumarios, si de diez sumarios, y esto sin tener que recurrir para nada al comisario.
b) Si la cantidad que se ha de componer excede de cien pesetas, sea cual fuere, no puede satisfacer el deudor la décima parte de ella, que recurrir al comisario, quien nunca exigirá unacantidad que exc& 1 diez por ciento de la deuda, pudiendo exigirla menor, y aun cond ui toda, según las circunstancias, sin exigir cantidad alguna por composi fuera de la tasa de un solo sumario.
El recurso al comisario se puede hacer siempre por medio del con í, aun fingiendo, si se quiere, el nombre del deudor.
E) Sumario de abstinencia y ayuno
- Para gozar de este indulto es preciso tomar, además del corres pondiente sumario de abstinencia y ayuno, el sumario general de Cruzada, ambos de la clase que corresponda al que los toma. Y el privilegio puede usarse tanto en España como fuera de ella, con tal de evitar el escándalo.
En virtud de este indulto se concede:
1.° EN CUANTO A LA CALIDAD DE LOS ALIMENTOS, que a todos absolutamente les sea lícito comer en cualquier día y en cualquier refección (o sea, aun en la colación) huevos, pescado o lacticinios, y por derecho común grasa de todas clases, manteca, margarina y otros condimentos semejantes (cf. cn.125o).
2.0 EN CUANTO A LOS DíAs DE ABSTINENCIA Y AYUNO, quedan reducidos
a los siguientes:
a) De abstinencia y ayuno, los siete viernes de Cuaresma y las tres vigilias de Pentecostés, Inmaculada Concepción y Navidad, ésta última anticipada al sábado anterior, y se omiten cuando las vigilias caen en domingo.
b) De sólo ayuno, los siete miércoles y los siete sábados de Cuaresma.
Advertencias. 1ª Todos pueden, en virtud de la bula, ser dispensados por sus propios confesores del ayuno o de la abstinencia, o de ambas cosas, con justo y racional motivo.
2ªSobre la cantidad de alimentos que se puede tomar, nada establece la bula, debiendo atenerse a la ley general, que expusimos en otro lugar 3.
3ª. Los religiosos que por voto especial están obligados a no comer más que manjares cuadragesimales, quedan excluidos de este privilegio en cuanto a la abstinencia, aunque pueden gozar de él en cuanto al ayuno; pero los que sólo en virtud de su regla tienen dicha obligación, pueden usar del indulto aun en cuanto a la abstinencia.
4ª. Actualmente rige en casi todas las diócesis de España la mitigación de la ley general de ayunos y abstinencias concedida por Pío XII en 1949, que, acumulada con los privilegios de la bula, deja reducidas las obligaciones de los que tomen la bula a las siguientes:
a) Sólo ayuno: el miércoles de Ceniza.
b) Sólo abstinencia: los viernes de cuaresma (aunque caigan en día festivo, v.gr., el día de San José).
c) Ayuno y abstinencia: el Viernes Santo y las vigilias de la Inmaculada Concepción y de Navidad, esta última anticipada al día 23 o (en España) al sábido anterior a Navidad. Cuando las vigilias caen en domingo, se suprimen aquel año la abstinencia y el ayuno.
F) Sumario de oratorios privados
En virtud de este sumario:
1º Los SACERDOTES adquieren la facultad de celebrar misa en cualquier oratorio privado erigido canónicamente y aprobado por la autoridad eclesiástica, en cualquier día del año (excepto los tres últimos de Semana Santa), aunque en dicho oratorio puedan celebrarse por indulto otras misas y sin perjuicio del mismo indulto.
2. Los SEGLARES, juzgándolo necesario o verdaderamente útil el ordinario local, pueden hacer celebrar misa en su presencia, en cualquier oratorio privado debidamente erigido, a cualquier sacerdote aprobado (aunque éste carezca de indulto), y la misa que oigan allí les vale para cumplir el precepto de oír misa.
3. Las condiciones requeridas son:
a) Para todos, que hayan adquirido el sumario general de Cruzada y el sumario de oratorios (la limosna de este último es de diez pesetas).
b) Para los sacerdotes, que tengan licencia de celebrar en aquella diócesis.
c) Para los regulares, que tengan licencia de su superior.
d) Para los seglares (en caso de que el sacerdote que ha de celebrar no tenga este indulto), que obtengan la aprobación del ordinario.
G) Sumario para la reconstrucción de iglesias devastadas
- Es nuevo este sumario y se destina exclusivamente a recaudar limosnas para reconstruir las iglesias devastadas durante la dominación roja en la guerra civil española (1936-1939), no para la simple reparación de cualesquiera otras 4. Se concede indulgencia plenaria.
Las condiciones son: confesar, comulgar, oír una misa que no sea de precepto y rogar por las intenciones del Romano Pontífice.
La limosna se deja a la posibilidad de cada uno.
Escolio. Los privilegios de la bula y el Año Santo. Mientras se celebra en Roma el jubileo mayor (ordinariamente cada veinticinco años), quedan en suspenso las indulgencias de la Cruzada aplicables a los vivos (pero no las aplicables a los difuntos), y también las facultades de absolver de los reservados papales, de conmutar votos y de dispensar de irregularidades. Pero la suspensión de estas facultades se entiende con respecto a los que puedan peregrinar entonces mismo a Roma. La Santa Sede puede conceder, además, que no se suspendan los privilegios, como lo hizo en los últimos jubileos.
Apéndice 1º del V. II de la Teolgía Moral para Seglares de Royo Marín, BAC 1961
TODOS HEGELIANOS
Hace unos días, quien esto escribe- el autor al final del artículo- tuvo la oportunidad de escuchar a un gurú -que suele presentarse como “último mohicano” y “duro entre los duros” del tradicionalismo- que aplicaba con mucha liviandad el rótulo de hegeliano. La conclusión implícita de su mensaje era que, salvo unos pocos iluminados, el resto de los católicos seríamos hegelianos. Una afirmación extraordinaria, porque el principio de no contradicción es evidente, aunque muchas personas no estén en condiciones de formularlo de manera precisa, ni conozcan suficiente lógica de las proposiciones para comprender su aplicación a las relaciones de oposición entre los enunciados.
En realidad, lo que suele ocurrir con el principio de no contradicción es que se lo formula mal y se olvida que la oposición debe darse en un mismo aspecto. Esto explica, en parte, el origen de algunas objeciones:
“Respecto del ‘Principio de [no] contradicción’, se ha objetado, especialmente por los hegelianos… que hay contradicciones, o situaciones en las que operan fuerzas contradictorias o conflictuales. Debemos admitir que hay situaciones en las cuales actúan fuerzas conflictuales, y esto es tan cierto en el ámbito de la mecánica como en las esferas social y económica. Pero, llamar ‘contradictorias’ a estas fuerzas en conflicto es usar una terminología vaga e inconveniente. El calor aplicado a un gas, que tiende a provocar su expansión, y el recipiente que tiende a contener su expansión pueden describirse como en conflicto uno con otro, pero ninguno de ellos es la negación o el contradictorio del otro.El propietario de una gran fábrica, que necesita miles de obreros que trabajan concertadamente para poder funcionar, puede oponerse al sindicato y a su vez, ser combatido por éste, que nunca se habría organizado si sus miembros no hubieran sido reunidos para trabajar juntos en la fábrica; pero ni el propietario ni el sindicato es la negación o el contradictorio del otro. Si se lo comprende en el sentido correcto, el ‘Principio de [no] contradicción’ es inobjetable y totalmente verdadero” (Copi, I.Introducción a la lógica, Eudeba, 1969, ps. 249-250).
Para que haya verdadera oposición entre dos enunciados estos deben afirmar y negar una misma cosa bajo el mismo punto de vista o aspecto. No hay oposición rigurosa si no hay identidad absoluta y perfecta entre sujetos y predicados de las proposiciones comparadas. Y entonces vale la regla de que dos contrarias nunca pueden ser verdaderas, pero pueden ser ambas falsas.
Lo dicho resulta de capital importancia cuando se debate una cuestión teológica. Porque en la teología católica se emplea la analogía. Un ejemplo, puede ilustrar: las proposiciones el acto de fe es libre y el acto de fe no es libre son opuestas, con oposición contraria, por lo que no pueden ser ambas verdaderas siempre que los sujetos y los predicados se tomen en idéntico sentido. En cambio, si se altera el sentido de los términos, tenemos que el enunciado teológico:
– El acto de fe es libre, es una proposición verdadera, si se toma libre en sentido psicológico. Porque la fe se da en el acto libre, o califica al acto libre, aunque no es adecuadamente su libertad.
– El acto de fe no es libre, es también una proposición verdadera, si se toma libre en sentido moral. Porque moralmente la fe no es libre, sino debida. Por eso rechazar la fe suficientemente propuesta o abandonarla es un pecado gravísimo y los hombres no son libres para tener la religión que más les guste.
El problema que tienen algunos que llaman hegeliano a medio mundo es que usan poco y mal de la analogía. Son víctimas de un univocismo que es tara filosófica propia de una modernidad racionalista que detestan.
DE CÓMO LUTERO APROBÓ LA BIGAMIA
Esta es la verdadera historia de cómo el grandísimo heresiarca Lutero, habiendo abandonado la única y verdadera Iglesia para formar una falsa congregación, no dudó en usar de la mentira y de la falsificación de la doctrina de Cristo, incluso aprobando el pecado nefando de bigamia, para conseguir sus fines. De él nace la aprobación del divorcio, despreciando la doctrina de Cristo, en las sectas protestantes, y hasta la poligamia de las sectas más modernas que beben de sus principios, entre los que se encuentra la ‘sola escriptura’. Tras leer este estudio ampliamente documentado, más cabe afirmar que la Católica es la única y verdadera Iglesia de Cristo. Y, a la vez, rechazar este falso ecumenismo que los falsos pastores practican desde la misma Roma y alaban sin que se les caiga la cara de vergüenza, en lugar de llamar a la conversión a la Iglesia Católica a los protestantes, tras convertirse ellos previamente, y esas intenciones perversas cuya cabeza visible representa el antipapa Bergoglio, tras el que se esconden otros capelos, alabados por el argentino porteño que gusta de presumir sus gastados zapatos.
El doble matrimonio del langrave Felipe de Hesse.
De cómo el grandísimo hereje aprueba la bigamia.
Este articulo está tomado íntegramente de la gran obra “Martín Lutero. Su vida y su Obra”. Escrito por el erudito R.P. Hartmann Grisar, S.J. Profesor de la Universidad de Insbruck. Edición digital de Mater Castissima, cuya fuente fue Biblia y Tradición.
El gran hereje Lutero “se dejó llevar de pensamientos y combinaciones políticas, más bien que de la pura y franca verdad y de una íntegra conciencia”, según escribió el historiador protestante Julio Bohemer (63), quien añade: “en todo este asunto quedó patente la flojedad moral de Lutero”.
Martín Bucero se presentó el 9 de diciembre de 1539 en el domicilio de Lutero, en Wittemberg. Traíale una solicitud de Felipe de Hesse, en la que se pedía aprobación para el matrimonio que el landgrave se proponía contraer con margarita. (41)
Los avences que realizó Bucero, de acuerdo con las instrucciones recibidas de Felipe, espantaron al Reformador y a su amigo Melanchon. Justificaba el landgrave de este modo su instancia: después de la vida poco edificante, hasta entonces observada, “obligábale la necesidad de su conciencia” a tomar segunda mujer, junto a la primera, que vivía aún, pero le disgustaba. Todo ello para evitar “el concubinato tan usado en otros días”. Solicitaba que, poco a poco, este nuevo casamiento se hiciese público, así como la autorización impetrada, a fin de que la segunda mujer no fuese considerada como “persona poco honorable”. Algo había en la petición de Felipe de Hesse que alarmó considerablemente a Lutero y a Melanchthon : la amenaza recurrir en caso de negativa, a la autoridad suprema del Emperador, o, en otros términos, que se proponía apelar a la más odiada y temible autoridad del más enconado enemigo del protestantismo, a fin de obtener el permiso para un acto contario a las leyes del Imperio. En suma: una traición a la causa protestante.
Definición de Landgrave:
Landgrave fue un título nobiliario usado normalmente en el Sacro Imperio Romano Germánico y después en los territorios derivados de éste, comparable al de príncipe soberano, aunque etimológicamente significa conde de un land, teniendo un deber feudaldirectamente con el emperador. Su jurisdicción se expandía en ocasiones a extensiones considerables, sin estar subyugado a un cargo intermedio, como duque, obispo o conde palatino. El landgrave ejercía derechos de soberanía; su poder de decisión era comparable al de príncipe.
El término apareció por primera vez en la Baja Lotaringia en 1086.
La forma femenina es landgravina; el cargo o el territorio gobernado por el landgrave es el landgraviato.
Lutero y Melanchthon parecían haber admitido, antes de este suceso (42), justificando su parecer con algún texto del Antiguo Testamento, que lo autorizaba en casos excepcionales. El mismo Lutero había -según su propio testimonio- aconsejado un doble matrimonio, cuando, p.e., el esposo se lamentaba de que su compañera era una enferma incurable. Felipe de Hesse conocía estas soluciones excepcionales propugnadas por el innovador, y sabía, asimismo, que existía una propuesta de doble matrimonio para Enrique VIII de Inglaterra.
Todo ello fue elocuentemente esgrimido por Bucero en Wittemberg.
Pero los teólogos de Wittemberg guardaban aún la consciencia de que en la Nueva Alianza prohibía la poligamia el Fundador de la Iglesia. Melanchthon, v.g., había afirmado que debía considerarse como luz universal la palabra de Cristo: erunt duo in carne una.
Autorizar la publicación del segundo y doble matrimonio del landgrave era tanto como abrir la puerta a la poligamia. De ahí procedía la vacilación de ambos maestro de Wittemberg.
Examinese la historia y los preliminares de la petición del de Hesse. Repuesto apenas de una enfermedad venérea, merced al tratamiento aplicado por el Dr. Gereon Sailer, encaprichose Felipe de Margarita de Saal, de diecisiete años, hija de la camarera de su hermana, las duquesa Isabel de Sajonia-Richilitz. Obtuvo, ante todo, de la ambiciosa madre de Margarita la promesa de que ésta le sería entregada, pero a condición de que sería esposa verdadera del landgrave, esto es, princesa, y no una vulgar concubina. Este pacto repulsivo, era en buena parte, debido a la intervención de Juan Lening, cura de Melsungen, cartujo apóstata, cuya vida dejaba, así mismo, mucho que desear en el orden moral. Semejante proyecto matrimonial fue, por el contrario, muy mal mirado por la hermana del landgrave, la duquesa Isabel, quien se aprestó a oponer la posible resistencia, no ya por lo que pudiera ofender a la dignidad y a las públicas conveniencias, sino porque consideraba esa unión con la hija de su ama de llaves, cono una tacha en la familia principesca. Felipe de Hesse hablaba de las necesidades de su conciencia, que había de sonrojarse, al cabo de una vida deordenada; no pretendía, en realidad, sino enmascarar la pasión que le dominaba. Confió, pues, a su complaciente médico, Sailer, el encargo de exponer un pretexto al teólogo Bucero, emisario especial de su pleito cerca de los maestros de Wittemberg.
Siete sacramentos. Matrimonio” (1637-1640). Nicolas Poussin
Bucero se resistió mucho, al principio- según escribe el doctor – mostrándose “duramente contrario”; pero acabó ofreciendo su mediación para no poner al landgrave en el trance de abandonar los intereses del protestantismo. Bucero, pues, aceptó las instrucciones que le fueron dadas por el príncipe, que tomó sobre sí, la misión de presentar en Wittemberg y de que conocemos el texto.
En los archivos del Estado de Margurgo se guarda asimismo el contexto de las respuestas formuladas por Lutero y Melanchthon (43)
Al siguiente día de la llegada de Bucero – 10 de septiembre- entregáronle ambos una decisión, adoptada y redactada a toda prisa. Trátase de un “testimonio, que así lo denominaron, en el que se afirma, sobre ambas firmas, que el matrimonio propuesto no es contrario a la voluntad de Dios, ya que puede haber sido inspirado al landgrave “por las inquietudes de su conciencia” (44). Los autores de este documento encargan que el matrimonio permanezca secreto, como el documento mismo, para evitar que la poligamia se generalice. Semejante pretensión contrariaba el deseo del landgrave, y estaba destinada a no sufrir efecto alguno, puesto que Felipe tenía el propósito de no ocultar nada.
“ Si V.A. está resuelto a tomar segunda mujer, estimamos que debe de hacerlo de modo secreto, como ya hemos manifestado con ocasión de la dispensa que solicitaba. No hay en ello contradicción ni escándalo considerable; porque no es caso extraordinario el de un príncipe que mantiene concubinas; el vulgo tomará a Margarita por una de ellas, y los más ilustrados dudarán. No debe importar excesivamente el qué dirán, con tal de que se halle en paz de conciencia. Este es nuestro parecer, y así podemos aprobarlo. A la cabeza del documento se encarece al Príncipe que permanezca fiel a la defensa de la nueva Religión y de apartarse por completo del partido del Emperador. Acaba con un ataque de Lutero contra el Emperador: “un hombre sin fe cristiana, que procura encender la perturbación de Alemania”. Los príncipes piadosos no deben tener nada de común con él.
Ya está visto: los dos teólogos de Wittemberg querían comprar el auxilio de Felipe para el protestantismo por medio de una benévola autorización del segundo matrimonio del landgrave soberano de Hesse con la jovenzuela Margarita, hija de una criada aprovechada de su hermana, la duquesa Isabel.
El príncipe elector Juan Federico de Sajonia era otro campeón de la causa; Bucero, enardecido por el éxito logrado, se trasladó cerca de él, portador del proyecto y el testimonio de los teólogos de Wittemberg, amén de algunos presentes del landgrave, con el fin de ganar su ánimo. Bucero había cuidado de recoger las firmas de los teólogos de Hesse para dar al “Dictamen” un prestigio mayor. Valiéndose de su elocuente palabra, obtuvo de Juan Federico la promesa de “prestar al asunto un concurso fraternal” (45)
Felipe tuvo en su poder el 23 de diciembre el “Dictamen” de los teólogos y la respuesta favorable del príncipe Elector. El dictamen iba suscrito por Lenin, Melander, Corvino y otros tres profesores.
El 4 de marzo, en Rotenburgo-sobre el Fulda-, celebrose el matrimonio, en la capilla del castillo, y en presencia de Bucero, Everardo von der Thann- que representaba al príncipe elector- y de otros varios testigos. De este modo, y asistido de los teólogos realizó Felipe de Hesse un acto que había de producir muy importantes consecuencias.
Instalóse la nueva princesa en el castillo de Wilhelmshöhe, para mejor guardar el secreto convenido; pero muy pronto pudo advertirse que era imposible ocultar los hechos consumados. Muchas personas estaban al corriente. Felipe, en acción de gracias, remitió a Lutero un tonel de vino, amén de un regalo para Khäte, y el alcalde de Lhra había revelado, en presencia de los campesinos, la procedencia y también el motivo del presente: “el príncipe se había casado por segunda vez: él; -el alcalde- lo sabía perfectamente”. Corrió la noticia entre las Cortes y la sociedad distinguida, propalada especialmente por la hermana del landgrave, que protestaba sin tregua contra aquel dispar casamiento, diciendo que tanto Lutero como Bucero no eran sino unos bribones redomados”. En la Corte ducal de Sajonia produjo la nueva profunda indignación. El mismo príncipe Elector empezó a temer la adopción de medidas que pudiera sugerir el caso al Emperador semejante escándalo, si el ruido llegaba a oírse en la Corte de Austria y en Roma. La Ley “Carolina” castigaba la bigamia con la pena capital.
Despertó el landgrave de su ensueño amoroso, en vista del descontento general, y comenzó a mostrarse dispuesto a un acuerdo con el Emperador y hasta – ¡ increíble determinación!- con el Papa. Insistieron, del modo apremiante, Bucero y sus teólogos de Hesse, a los que se agregaron Schnepf, Osiander y Brentz, asegurándole que podía estar tranquilo en conciencia y abandonar toda vacilación, tanto más seguro que podía presentar públicamente a Margarita ( Su verdadera esposa) como concubina y no como esposa; que en todo caso, se redactase un nuevo contrato en este sentido, en sustitución del de matrimonio suscrito en Rotenburgo: de este modo obligaría al silencio a todos sus adversarios de la Corte de Sajonia y de dondequiera. El landgreve se negó: “Dios-opuso- ha prohibido la mentira”. Por otra parte esperaba la salvación del Dictamen de Wittemberg.
Esta actitud fue conocida en Wittemberg, donde se dieron cuenta de lo penoso y difícil de la situación. Jonás escribió a Jorge de Anhalt, en 10 de junio de 1546: “ Melanchthon está abandonado y Lutero hondamente preocupado2 (46) Aún hubo de aumentar esa preocupación cuando el Reformador supo que también lo estaba su príncipe Elector, como se lo dijo, de parte del Soberano, el Canciller Brück, agregándole que se había dejado llevar harto lejos; que había de por medio una “princesa” y un joven landgrave, y que todo ello podía desembocar en poligmia. Lutero, entonces, ideó un expediente: considerar el “testimonio” famoso, como un consejo dado en confesión y amparado por el secreto confesional. Escribió a su príncipe que, aún en el caso en que el landgrave faltara a ese secreto él, Lutero, situándose en un punto de vista bíblico y como habiendo hablado en muy apremiante circunstancia, no tendría por qué sonrojarse si ese consejo llegaba a ser “conocido por el mundo entero”(47)
Sin embargo, temía la revelación. Es para mí –decía- poco honroso haber añadido, en su carta al príncipe Elector, que al exponer su Dictamen ignoraba que el requiriente había logrado hacer de la noble damisela de Eschwege una concubina: él no podría suponer que se tratase de una nueva princesa, esperando que el landgrave se limitaría a “guardar honorablemente en su casa una joven en matrimonio secreto, para las necesidades de la conciencia”, a la manera que él, Lutero, había aconsejado que lo efectuasen diversos curas y obispos, respecto de sus cocineras y amas respectivas.
Varias observaciones podemos formular. En primer término hemos de rechazar este recurso del secreto de confesión, de que habla Lutero tres veces en el transcurso de su carta. En este pleito, ni landgrave ni nadie en Wittenberg, pensó en la confesión. ¿Era acaso una confesión lo que se solicitaba? ¿ No era, por ventura, algo enteramente diferente? ¿Dónde, pues, está esa confesión auricular, en el sentido tradicional de la palabra, que hubiese quedado guardado bajo el sigilo propio de la Confesión? ¿ Acaso el landgrave hubo propuesto un acto cualquiera que exigiese el secreto confesional, en vez de la publicidad que Felipe deseaba más que persona alguna? No podía tratarse sino de la natural obligación de guardar secreto acerca de un asunto delicado; pero de esta misma obligación se apartaba Felipe por su misma conducta. No anhelaba sino una cosa: que los bajos estímulos de sus “necesidades de conciencia”, por él mismo confesados, fuesen aún más notorios de lo que eran.
Turbado, Lutero, escribía en 27 de junio a Everardo von der Thann que, si ello era preciso, el Landgrave podía negar el hecho ante el Emperador, diciéndole que se había limitado a tomar una concubina (48). A mediados de julio escribió a Juan Feige, Canciller del landgrave, asegurándole que no había semejante matrimonio, y que así debía afirmarlo a quien quiera que le interrogase, y que podía obrar de este modo por tratarse de un matrimonio celebrado a consecuencia de un consejo de confesión.
Al propio tiempo se mostraba temeroso de que “las cosas irían mal” por haberse aventurado Felipe a hacer público el “testimonio”; pero que, en vista de las circunstancias, él, Lutero, sabría tomar el partido necesario; porque “en presencia del mundo et jure nunc regente” no puede ser admitido en caso alguno un segundo matrimonio (49)
Las conversaciones de Lutero reflejaban la turbación y la agitación de su espíritu. En las Sobremesaspodríamos hallar las pruebas de este aserto (50) (“No me satisface lo que acontece, -suspiraba- ¡ Ah, si estuviese en mi mano modificarlo!…Roguemos para que las cosas no empeoren”) Los papistas pretenden burlarse de nosotros; merecen menos el perdón por cuanto carecen de fe. El falso espiritualismo de Lutero de Lutero hallaba consuelo en la idea del próximo derrumbamiento del papismo con su Antecristo. Siguiendo un hábito muy arraigado en él, adoptaba el tono irónico y, cuando lo estimaba preciso, injurioso: “¿Qué persiguen los papistas?…Matan a los hombres, mientras nosotros procuramos aumentar su número y crear vida casándonos con varias mujeres”.
Una viva inquietud, sin embargo, le consume: el temor de que el landgrave y el Emperador puedan llegar a un acuerdo, y el príncipe abandone su filas. Al saber que no era ello imposible exclamó:”¡Está desorientado!, camina bajo su destino y pretende imponer su voluntad”. Lutero y Melanchthon aludieron con frecuencia a cierta herencia patológica de los Hasse. “Es algo fatal en su raza”, había declarado Lutero en otra ocasión. Melanchthon afirmó más tarde: “este doble matrimonio es la señal evidente de su locura”.
El landgrave, en sus sueños de megalómano, había imagina poner, merced a su doble matrimonio, al protestantismo a su servicio, con lo cual le sería más hacedero desafiar las leyes del Imperio y la voluntad del Emperador.
Melanchthon enfermó. La preocupación que le produjo el peligro de una ruptura de la Reforma con el landgrave y la pesadumbre de ver el triste resultado obtenido en todo este asunto, fueron causas de sus dolencias, que le acometió en Weimar, camino del Coloquio religioso de Haguenau. Lutero corrió al lado de su amigo y logró entonar su espíritu con vigorosos llamamientos a la serenidad y a la energía.
Para Lutero, la rápida curación moral de su compañero fue debida a la sumisión admirable de Melanchthon, de la cual hablaba el Reformador como de “un evidente milagro de Dios”, en su “Correspondencia”. No andaba lejos de creer en un prodigio el médico Ratzeberger (51). Según Melanchthon, la solución mejor para este pleito del doble matrimonio, la mejor excusa sería el afirmar que tanto Lutero como Melanchthon hubiesen sido engañado por Felipe. Ratzeberger, al publicar la correspondencia de Melanchthon, no vacila en incluir una carta dirigida el 1 de septiembre de 1540 a Camerio, mutilando o adicionando textos, como lo realizó al editar el trabajo de Melanchthon acerca del matrimonio de Lutero. Hasta 1904 no ha sido integramente conocido el texto auténtico (52).
Seguía, en tanto, su curso el asunto del doble matrimonio de Felipe, hasta llegar a la inútil conferencia, iniciada el 15 de julio de 1540 entre los consejeros de Hesse y los de la Sajonia electoral. Hallábase presente Lutero que protestó con la mayor viveza contra la resolución del landgrave de publicar el dictamen de Wttemberg y, a la par, el hecho del matrimonio contraído en Rotemburgo. A la publicación del dictamen, prefería Lutero que le declarasen loco; Lutero aceptaría sobre sí toda la vergüenza y rogaría a Dios que le devolviese más tarde el honor. Por lo tanto, o Lutero se retiraba, o era indispensable mentir, que la segunda esposa de Felipe era tan sólo una concubina “ ¿ Qué daño puede haber en que, para bien de todos y de la Iglesia cristiana, se diga una mentira, por grande que sea?” (53) Y aún repetía en 17 de julio: “las mentiras indispensables, las mentiras intencionadas no ofenden a Dios”. Y él, Lutero, no vacilaba en tomar sobre sus hombros la responsabilidad.
Indignose el landgrave ante semejantes explicaciones. En carta a Lutero motejaba de locura la amenaza del reformador, declarando que ha obrado como vesánico. “Nada más espantoso –añadía- que contemplar a un hombre de valor buscando revocar dispensa., que aseguró bajo su firma haber otorgado a un alma angustiada…¿Cómo se puede aceptar en la presencia de Dios la responsabilidad de una cosa que reprueba el mundo? “(54). “Será preciso-viene luego a afirmar- que él intervenga, en lo que está sometido a su jurisdicción, empleando, si hace falta, la fuerza contra el adulterio, la usura, la embriaguez que, al cabo, no se mirarían como pecados”. Por último, el landgrave con una escapada a la ironía, afirmaba : “es verdad: he tomado una mujer; pero ¿no hubieran hecho lo mismo los predicadores de Wittemberg de buen grado””
La replica de Lutero, fechada el 24 de julio, no era muy a propósito para tranquilizar al landgrave. En esa respuesta se leía, p.e.: “Cuando yo me ponga a escribir, ya sabré cómo he de hacerlo, dejando enredarse a Vuestra Gracia” (55). El príncipe objetó, a su vez, que a él no le interesaba el que Lutero se pusiera o no a escribir; que los matrimonio contraidos por los predicadores de Wttimberg, frailes o curas antes de ello, no podían ser autorizados ni reconocidos por la legislación imperial, circunstancia que Lutero debería tener presente: “después de todo, si el landgrave había tomado por esposa a Margarita bajo la Palabra de Dios, hízolo en virtud del consejo de Luetero y de la de los otros predicadores suyos” (56)
En la misma epístola expone cosas harto graves contra Juan Federico, Príncipe Elector de Sajonia, aludiendo a una falta contra la moral (“la más grave falta”) cometida con él. Encenegado en su propia desgracia, no se abochorna de insinuar “el pecado de Sodoma cometido bajo el techo de la mansión del landgrave, durante la primera Dieta de Spira”, de que había hecho ya memoria en una carta dirigida a Bucero en 8 de enero de 1541 (57). Se decidía a precisarlo en este último escrito, en vista de que el superintendente del príncipe Elector-Justo Menio- ensalzaba las virtudes de su amo y pretendía escribir contra el segundo matrimonio del landgrave.
Corría de boca en boca la desordenada conducta del Príncipe Elector de Sajonia, muy dado al vicio de beber. Ambos – el landgrave y el Príncipe Elector -, según refiere un biógrafo protestante de Lutero – Adolfo Hausrath- ambos han dejado en la historia un recuerdo suficiente por si solo para convertir en sarcasmo la afirmación de que la doctrina de los nuevos evangelistas traerá consigo la renovación de Alemania. (58)
Tales ejemplos, y otros análogos, ofrecidos por diversas personalidades, influyeron en la muchedumbre, de modo que el propio Bucero, desde Marburgo, lo hacía constar así en su carta escrita al landgrave en 1539: “El pueblo retorna al salvajismo; la inmoralidad reina dondequiera”. Lutero, por su parte, refiriéndose a a la situación en Witemberg y en el electorado de Sajonia, en carta de ese mismo año, emplea esta cruda expresión: “una Sodoma espantosa” (59)
Para completar la historia del doble matrimonio de Hesse, precisará echar una ojeda sobre los males de la época: constituirá el fondo de ese cuadro.
El duque Enrique de Brunswick, enconado adversario de Lutero y de su doctrina, aprovechó la ocasión de hacer público, en escrito violento contra Lutero y contra Felipe de Hesse, que el landgrave había incurrido, por su matrimonio autorizado por los maestros de Wittemberg, en las penas más rigurosas entre las dictadas por el imperio. Lutero replicó con chanzonetas y bufonadas dirigidas al “Hans Worts” de Brunswick, a lo que éste respondió tratando a Lutero de archipérfido, archihereje, archimalvado, e infame bandido (60)
Juan Lening, promotor en primer término del segundo matrimonio de Felipe, Juan Lening, a quien Lutero y Mélanchthon se complacían en llamar “monstruo de cuerpo y espíritu”, dedicabase, entre tanto, a defender al londgrave, cuya hazaña había producido tan viva emoción en Alemania entera, por medio de un escrito titulado Diálogo de Neobulo, impreso a expensas de de Felipe, en Marburgo, y en el cual se condena con poca claridad la bigamia. Lutero preparose a refutarle; pero no dio luz a su réplica por no irritar más a su príncipe Elector. Prefirió no aumentar el escándalo con nuevos escritos “y no andar removiendo tanto el fango ante el público” (61)
No puede extrañar que Felipe, cuyas cualidades conocemos, asi hostigado; Felipe, cuya fe protestante fue siempre poco firme, se resolviera a abandonar su papel prtector de la nueva doctrina y, volviéndose hacia el Emperador, tratase de llagar con él a un arreglo, evitando así caer en manos de la ley. Hízole, pues, Carlos V proposiciones nada halagüeñas para el bando luterano, y que a los personajes de la corte imperial parecieron aceptables.
Conservar consigo a Margarita, aunque sin la consideración pública de esposa; cancelación del pasado; a cambio, Felipe prometía atender y secundar los reclutamientos que el Emperador exigiera y guardar neutralidad en la campaña próxima contra Juliers, lo cual era tanto como asegurar la victoria de Carlos. Como consecuencia de este acuerdo, los aliados de Smalkalda deberían romper con Francia, renunciando además al apoyo y concurso de Suecia y Dinamarca. La Liga, pues, falta de la dirección de Felipe, había de verse muy mermada para lo porvenir (62). Esto era, por tanto, y desde el punto de vista político, el más rudo golpe que podría infringirse a la Reforma. La victoria alcanzada por Carlos V sobre los caudillos de los protestantes en la guerra de Smalkalda en 1547, poco después de la muerte de Lutero, quedaba de este modo preparada. No es imposible que Felipe, cuya perspicacia y experiencia eran innegables, considerase su virada en redondo como un movimiento táctico. El Tratado de Ratisbona, de 13 de junio de 1541, vino a ratificar el primitivo convenio.
Así pagaba Lutero la falta cometida en el desdichado asunto de su Dictamen de 10 de diciembre de 1539; “se dejó llevar de pensamientos y combinaciones políticas, más bien que de la pura y franca verdad y de una íntegra conciencia”, según escribió el historiador protestante Julio Bohemer (63), quien añade: “en todo este asunto quedó patente la flojedad moral de Lutero”.
Pablo Tschackert, tan favorable a Lutero, opina que es más lamentable aún que el mismo Dictamen “la actitud más tarde adoptada por los reformadores en este asunto”. Destaca la mentira que Lutero, sin circunloquios, recomendaba y estaba dispuesto a asumir públicamente. Para Hausrath, el protestante biógrafo de Lutero, “guiados por una diabólica consecuencia, los malos pasos de los jefes eclesiásticos los llevaban de ignominia en ignominia” (64)
Es cierto que existen historiadores de este campo que han intentado arrojar sobre la Iglesia y sobre las ideologías medievales la responsabilidad de la conducta de Lutero, dando al Dictamen el carácter de un consejo de conciencia, garantizado por el sigilo confesional. Se trata de “un legado de anteriores prácticas de la Iglesia” patentes, se dice en el famoso “testimonio” y en la tramitación que a todo el pleito dio el doctor de Wittemberg. Con recordar nuestras anteriores observaciones sobre la no existencia de semejante confesión sin secreto, basta para destruir semejante argumento (65).
Sin detenernos en refutar esa teoría del legado de tiempos viejos, realicemos algunas comprobaciones menospreciadas en los juicios, en pro o en contra, aportadas por los protestante acerca del conjunto de esta cuestión.
En primer término hay una estrecha relación entre el testimonio de 16 de diciembre de 1539 y los principios propugnado por Lutero en lo tocante a la Biblia, punto que, en su interpretación de la Sagrada escritura, se colocaba fuera de toda la Tradición eclesiástica, habituado a sustituir su propio pensamiento a toda otra guía, y sólo de este modo podía hallar en el Nuevo Testamento base para autorizar un doble matrimonio en caso excepcional. Únicamente sustituyendo la autoridad doctrinal y disciplinaria de la Iglesia con el capricho o la arbitrariedad de cada cual – erigidos en autoridad –érale posible convertir este capricho en norma directriz de las costumbres. Por último, intervenía otro principio del luteranismo: la posición mantenida respecto de los detentadores del poder. Únicamente porque el luteranismo se veía obligado a buscar en la protección de los príncipes un apoyo firme para el sostenimiento del “nuevo Evangelio” pudo Lutero resignarse a tan deplorables y lamentables concesiones (66). No se trata por lo tanto de “una mancha accidental”, sino de un suceso que mina y roe el luteranismo en su propia raíz.
La Grande y sólida mentira. –Una palabra acerca de este asunto.
Por extraña que pueda parecernos esta máxima, forma parte de la teología de Lutero, puesto que se apoya en principios defendidos por él muchas veces y en formas diversas (67). Lutero propugnó el empleo de la mentira siempre que fue “útil o necesaria”, en provecho del ‘Evangelio’ (suyo) o de cualquier otro interés superior: tan sólo cuando el mentir sea perjudicial está prohibido. Semejante teoría fue ya defendida por el Reformador desde 1524. En ocasiones se ha podido tropezar con atisbos de esta teoría en el pasado. , pero nunca, hasta Lutero, fue erigida en sistema.
La mentira acabó en manos del Reformador, por convertirse en una virtud. “Es una virtud cuando se emplea en contrariar la furia del diablo, en ser útil al honor, a la vida, al provecho del prójimo. Y aún para el propio provecho puédesela emplear, si es agradable a Dios, y de un modo general, cuando se trate del honor o el interés de la divinidad” (68). Unas cuantas citas, mal interpretadas, del Antiguo Testamento, le bastan para cimiento de teoría tan curiosa.
En su hostilidad, tan largamente sostenida contra la Iglesia Católica, y buscando, según afirmaba, la Gloria de Dios, era, pues, natural que se habituase a desnaturalizar textos, a calumniar, a poner en práctica, en suma, sus principios, según los cuales todo es lícito para combatir el Antecristo, de tal modo, que parece no darse cuenta de las “enormes falsedades por él imaginadas en pro de su tesis, las cuales, en fuerza de su reiteración, acaban de incorporarse al acervo de las verdades para él indubitadas, por tanto mayor motivo cuanto, además, le servían de sedante en sus torturas espirituales y de conciencia. En nuestro tratado sobre Lutero, ya citado antes de ahora, hemos procurado recoger y destacar buen golpe de afirmaciones mentirosas, más abundante cuando se refiere a los “papistas”; allí intentamos, al paso, explicar psicológicamente tal observación y deducir sus consecuencias (69)
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Las abundantes notas bibliográficas, a las que se refiere este artículo, no las hemos traído por considerarlas sólo necesarias para estudiosos. De cualquier forma, los interesados en ellas las pueden consultar en este link, en la que pueden leer en formato digitalizado la obra completa y sus referencias bibliográficas (las notas pertenecen al capítulo XVIII)
