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PREGUNTÁBAMOS:

¿ Puede venir algún daño al alma

por dejarse guíar por confesores crédulos de visiones sobrenaturales? 

72% han respondido: Sí.

26% han respondido: No.

2% Han respondido: No sé.

La respuesta es:

¿ Por qué? 

Responde San Juan de la Cruz, , proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío XI, en 1926, en la cuestión 68 del Camino Seguro para la Unión del Alma con Dios:

Aunque en esencia se ha dicho lo que viene al caso para dar a entender al espiritual cómo ha de proceder respecto a dichas visiones, y al maestro que lo dirige el modo que ha de seguir con el discípulo, no será excesivo particularizar un poco mas esta enseñanza y dar mas luz acerca del daño que puede seguirse, tanto a las almas espirituales como a los maestros que las dirigen, si son muy crédulos con estas visiones, aunque sean de parte de Dios.

Y la razón que me ha movido a alargarme un poco ahora en esto, es la poca discreción que he echado de ver, por lo que yo entiendo, en algunos maestros espirituales, los cuales, no teniendo por dañinas dichas impresiones sobrenaturales, por entender que son buenas y de parte de Dios, vinieron unos y otros a errar mucho y a hallarse muy cortos, cumpliéndose en ellos la sentencia de Nuestro Salvador[1], que dice: Si caecus caeco ducatum praestet, ambo in foveam cadunt; que quiere decir: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el abismo”. Y no dice que “caerán”, sino que caen, porque no es necesario esperar a que haya una caída producida por el error para que caigan, pues el solo hecho de atreverse a dejarse dirigir el uno por el otro ya es yerro. Por lo que, con solo eso caen en cuanto a lo menos y primero, porque hay algunos que llevan de tal modo a las almas que tienen las tales visiones, que las hacer errar, o las impiden con ellas, o no las llevan por camino de humildad, y les dan ocasión de que pongan los ojos de alguna manera en estas visiones. Y esto es causa de quedar sin verdadero espíritu de fe, pues a estas almas no las edifican en la fe, al hacerse demasiado lenguaje de aquellas cosas. En lo cual les hacen sentir a estas almas que ellos hacen algún caso y se aferran a aquello, y, por consiguiente, también se lo hacen ellas. Y las almas se les quedan aferradas a aquellas percepciones, y no edificadas en la fe, y vacías y desnudas y desasidas de aquellas cosas, lo cual les convendría para volar en alteza de oscura fe. Y todo esto nace del modo y lenguaje que el alma ve en su maestro acerca de esto, de manera que, no se como, facilísimamente, se le pega un lleno y la estimación de aquello sin que este en su mano, y quita los ojos del abismo de fe.

Y la causa de la facilidad con que el alma queda tan ocupada con ello, es que, como son cosas del sentido a las que el se inclina naturalmente, y como también esta ya habituado y preparado por la percepción de aquellas cosas particulares y sensibles, basta que vea en su confesor o en alguna otra persona alguna estima o aprecio por estas cosas, para que no solamente también la tenga el alma, sino que también el apetito les tome mas gusto a ellas sin darse cuenta, y se alimente mas de ellas, y quede mas inclinado a ellas, y se aferre algo a ellas Y de aquí salen muchas imperfecciones, porque el alma, al menos, ya no queda tan humilde, al pensar que aquello es algo y que tiene algo de bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y bastante satisfecha de si, lo cual va contra la humildad. Y pronto el demonio secretamente le va aumentando esto, sin que ella lo sepa, y comienza a ponerle un juicio acerca de los otros, en si tienen o no tienen tales cosas, o son o no son, lo cual va contra la santa simplicidad y soledad espiritual.

Pero, de estos daños, y de como no crecen en fe si no se apartan, y de otros que hay en el modo dicho, aunque no sean daños tan palpables y conocibles como estos, y que son mas sutiles y mas odiosos a los ojos divinos por no ir en desnudez de todo, nos apartaremos por el momento, hasta que lleguemos a tratar del vicio de gula espiritual y de los otros seis, y donde, mediante Dios, se dirán muchas cosas de estas sutiles y delicadas manchas que se pegan al espíritu por no saber guiarlo en desnudez.

Digamos ahora algo de como es esta manera que siguen algunos confesores con las almas, en que no las instruyen bien. Y, ciertamente, es algo que querría saber decir, porque entiendo que es cosa dificultosa dar a entender como el espíritu del discípulo se engendra conforme al de su padre espiritual oculta y secretamente. Y me cansa esta materia tan detallada, porque parece que no se puede explicar lo uno sin dar a entender lo otro también, pues son cosas de espíritu, que tienen correspondencia unas con otras.

Pero, a mi me parece que es suficiente decir, y así es, que, si el padre espiritual es inclinado a espíritu de revelaciones, de manera que les haga algún caso, o estas llenen o provoquen gusto en el alma, aunque el no comprenda como, no dejara de imprimir en el espíritu del discípulo esta sustancia y modo de actuar si es que el discípulo no esta mas adelantado que él. Y aunque lo este, le puede hacer mucho daño si persevera con el, porque, de aquella inclinación y gusto que el padre espiritual tiene en las tales visiones, le nace una inclinación instintiva, de la que, si no es poniendo mucho cuidado, dará muestras o hará sentirlas a la otra persona. Y, si la otra persona tiene en similar estima tal inclinación, a lo que yo entiendo, no dejara de comunicarse mucho asimiento y aprecio de estas cosas de una parte a otra.

Pero no hilemos tan delgado por el momento, y hablemos de cuando el confesor, ya se incline a eso, ya no, no tiene la cautela, que ha de tener, de desembarazar el alma y de desnudar el apetito de su discípulo de estas cosas, sino que por el contrario se pone a platicar de ello con él, y pone lo principal del lenguaje espiritual en esas visiones, como hemos dicho, dándole los indicios para poder distinguir las visiones buenas de las malas. Y, aunque es bueno saberlo, no es necesario meter al alma en ese esfuerzo, cuidado y peligro; pues, con no hacer caso de ellas, negándolas, se evita todo eso y se hace lo que se debe. Y no solo ocurre eso, sino que los confesores, viendo que dichas almas reciben tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios que les revele o les diga tales o cuales cosas referentes a ellos o a otros, y estas almas bobas lo hacen, pensando que es lícito quererlo saber por aquel medio. Pues piensan que, porque Dios quiera revelar o decir algo sobrenaturalmente de la manera que el quiere o para lo que el quiere, es licito querer que nos lo revele y aun pedírselo.

Y si ocurre que Dios se lo revela a su petición, quedan de ello mas seguros, pensando que a Dios le gusta esto y lo quiere, pues responde, y, a decir verdad, a Dios ni le gusta ni lo quiere. Y muchas veces ellos actúan o creen conforme a esto que se les revelo o se les respondió, porque, como están acostumbrados a esta manera de trato con Dios, se habitúa y se aviene a ello su voluntad. Estas visiones naturalmente se perciben y naturalmente se conforman según su manera de interpretarlas, y por eso se equivocan mucho muchas veces, y ellos ven que no les sale la cosa como habían entendido, y esto les maravilla. Y luego surgen las dudas de si eran visiones de Dios o no, pues no ocurre la cosa ni la ven de aquella manera como la habían interpretado. Ellos piensan primero dos cosas una, que la visión es de Dios, pues tanto se afirmaba en ellos al principio, aunque esta afirmación puede deberse a su inclinación natural a ello, como hemos dicho, la segunda, que siendo de Dios, todo tenia que salir conforme a como ellos las entienden o interpretan.

Y aquí hay un gran engaño, porque las revelaciones o mensajes de Dios no siempre salen como los hombres los conciben o como aparentemente debieran interpretarse. Y, por eso, no han de estar seguros de su autenticidad ni creerlas sin una reflexión previa, aunque sepan que son revelaciones o respuestas o dichos de Dios. Porque, aunque ellas sean ciertas y verdaderas en sí, no siempre lo son en sus causas y en nuestra manera de entenderlas lo que probaremos en el capitulo siguiente. Y, después, también probaremos como aunque responda a veces sobrenaturalmente a lo que se le pide, a Dios no le gusta, y cómo a veces se enoja,  aunque responda.

 

[1] Mt. 15, 14.