Autenticidad del evangelio de San Mateo

ARGUMENTO EXTRÍNSECO

Orientación histórica.—Hasta el siglo XIX nadie puso en  duda la paternidad de San Mateo con respecto al primer evan­gelio. Schleiermacher fue el primero que en 1832, basándose en un texto de Papías que luego examinaremos, quiso presentar al apóstol Mateo no como autor del evangelio que poseemos, sino como com­pilador de una serie de dichos de Jesús, que más tarde dio lugar de modo anónimo al evangelio actual que indebidamente lleva su nombre. Posteriormente han querido rechazar su autenticidad otros racionalistas, sin fundamento crítico, movidos por prejuicios doctrinales, negando que haya podido ser compuesto por un apóstol en el siglo I, dadas las ideas universalistas que contiene (D 21 5I) y las profecías que encierra respecto a la destrucción de Jerusalén (D 2150), las cuales, una vez negada la posibilidad de lo sobrena­tural, obligan a fechar su composición en el siglo II.

Nuestra solución.PROPOSICIÓN: El autor del primer evangelio fue Mateo, apóstol de Cristo.

El autor.-Mateo, nombre semítico, abreviación de Ma­tanías, significa «don de Dios». Aparece cinco veces en el N. T.,  cuatro formando parte de la lista de apóstoles elegidos por Jesús, ocupando el séptimo o el octavo  (Lc 6-1-15; Mc 3,18; Mt 10,3, Act 1,13). La otra ocasión nos la ofrece él mismo al narrar su conver­sión cuando fue llamado por él Señor para seguirle. Establecido en Cafarnaúm como recaudador de contribuciones, oficio odiado por los judíos, había sin duda oído hablar de Jesús y tal vez presenciado alguno de sus milagros, cuando escuchó la voz del Maestro, al que inmediatamente se asoció en su apostolado (Mt 10,9). Mc y Lc describen la misma escena, pero sin duda para no recordar a los primitivos cristianos el origen algún tanto afrentoso de un apóstol tan venerado emplean el nombre de Leví (MC 2,14; Lc 5,27). Tal vez era éste el nombre propio, cambiado después por Jesús en el de Mateo, lo mismo que hizo con Simón, a quien llamó Pedro, o pudo ser muy bien que tuviese ya originariamente un doble nombre, como aparece en el tercer evangelista, que llevó ya en su hogar el de Juan y Marcos. Después de la ascensión del Señor permaneció varios años evangelizando a los judíos de Palestina. Respecto al lugar de su apostolado posterior, las tradiciones son inciertas, dudándose entre Etiopía, Persia y Macedonia.
Demostración de nuestro aserto:

ARGUMENTO EXTRÍNSECO

Los testimonios conservados de los primeros siglos son numerosos, concordes y taxativos en este sentido, y sus voces se elevan de todas las regiones del mundo civilizado. Sería enojoso e inútil acumular citas posteriores al siglo iv, dada su cantidad y su formulación, idéntica a la del día de hoy. Avancemos, pues, hacia atrás a partir de este siglo, recordando algunos de los testimonios más significativos.

 

Siglo IV

SAN JERÓNIMO (ca.347-419), natural de Estridón, en Dalmacia, cursó sus estudios en Roma bajo la dirección del famoso gramático Elio Donato, visitó las Galias, respiró las auras monacales de Tréveris, formó parte del círculo ascético-cultural de Aquileya, vivió cerca de tres años en Antioquía, donde oyó las conferencias exegéticas del obispo Apolinar de Laodicea y se imbuyó de la cultura helénica. Desde este momento, alrededor del año 375, puede decirse que los largos años siguientes hasta su muerte estuvieron consagrados al estudio de la Sagrada Escritura, de sus lenguas, sus problemas, su exégesis y su origen. En el desierto de Calcis estudió el hebreo, en Constantinopla escuchó las lecciones de Gregorio Nacianceno y se empapó en los métodos exegéticos de Orígenes; durante su estancia en Roma como secretario del papa español Dámaso hizo nuevas traducciones de los libros bíblicos, y, finalmente, después de recorrer Palestina, fijó su morada en Belén. Concentrada su atención durante muchos años en los estudios bíblicos, es proclamado por todos como el escritor más erudito de la Iglesia latina. Representante de las tradiciones de casi todas las regiones del Imperio, que había investigado con diligencia, nos resume así sus conclusiones en la obra De los varones ilustres, compuesta entre los años 360-400.
«Mateo, llamado también Levi, convertido de recaudador de contribuciones en apóstol, fue el primero que escribió en Judea, para utilidad de los fieles provenientes de la circuncisión, un evangelio de Cristo en lengua y escritura hebrea.»

 

SAN AGUSTÍN (354-430), nacido en Tagaste de Numidia, cursó sus estudios superiores en Cartago, donde fijó su residencia como profesor de artes liberales después de un breve ejercicio de docencia en su pueblo natal. A los veintinueve años se trasladó a Roma, donde al año siguiente recibió por intermedio del prefecto Símmaco un nombramiento de profesor en la ciudad de Milán. Convertido del maniqueísmo al cristianismo por influjo del obispo San Ambrosio, volvió al Africa con intención de entregarse definitivamente a la vida monástica, pero la fama de su erudición y piedad movió al obispo Valerio de Hipona a llamarle a esta ciudad, donde fue un poderoso foco de ciencia, primero como sacerdote, después como obispo y en todo tiempo, durante los treinta y nueve años de su actividad literaria, como la inteligencia más poderosa y el escritor más fecundo de su época. En su obra Contra Fausto Maniqueo (397) presenta las tradiciones romanas y africanas con estas palabras:

«Así como yo creo que ese vuestro libro es de Maniqueo, puesto que desde 1 tiempo en que vivía en carne mortal ha llegado hasta vosotros conservado por sus discípulos y por la sucesión cierta de vuestros prepósitos, así también vosotros debéis creer que este libro es de Mateo y que desde los años en que él vivió en carne mortal ha llegado hasta nuestros tiempos a través tic una serie de generaciones no interrumpida y de una sucesión de conexiois garantizadas por la Iglesia»

 

SAN JUAN CRISÓSTOMO (344-407), nacido en Antioquía dc ilustre familia, tuvo por maestro al célebre retórico pagano  Libanio y más tarde a Diodoro de Tarso en la escuela teológica It aquella ciudad. Muerto en 397 Nectario, patriarca de Constantinopla, fue elevado a esta dignidad, contra todos sus deseos, por den del emperador Arcadio, conocedor de sus méritos. Su producción  literaria, superior a la de cualquiera de los escritores orientales, sólo puede compararse en Occidente con la de San Agustín.
Representa la ciencia escriturística de las regiones constantinopolitanas y antioquenas. En su primera homilía sobre San Mateo dice: «Finalmente, Mateo, según se nos narra, visitado por los judíos convertíos a la fe, y a ruegos suyos, compuso un evangelio en hebreo y les dejó escrito lo que antes les había enseñado de palabra».

 

SAN CIRILO, OBISPO DE JERUSALÉN (ca.313-386), depuesto 2 veces por sínodos arrianos y desterrado por el emperador Valente, obtuvo un gran renombre como espíritu intransigente contra las desviaciones heréticas y como expositor de la doctrina verdadera en sus veinticuatro catequesis o discursos pronunciados entre los años   348-350 y publicados según las copias taquigráficas de un oyente. En la catorce expresa así la convicción de la Iglesia palestinense:

 

«Mateo, que escribió un evangelio, lo compuso en lengua hebrea». 
SAN EFRéN DE SIRIA (306-373), llamado Arpa del Espíritu Santo, nació en Nísibe, donde gozó de gran estima por parte de su obispo, quien le llevó consigo al concilio ecuménico de Nicea y le encargó la dirección de un gran centro teológico en su ciudad natal. Ordenado de diácono, aunque no de sacerdote, dio gran renombre a su escuela, la cual posteriormente hubo de trasladarse a Edesa huyendo de la dominación persa. Entre su exuberante producción literaria sobresalieron sus numerosos Comentarios bíblicos, en gran parte perdidos. Su personalidad ha pasado a la historia como la del principal representante de los escritores sirios. En su Exposición del Evangelio concordado dice expresamente:

 

«Mateo escribió su evangelio en hebreo, que más tarde fue traducido a la lengua griega»
EUSEBIO  DE CE5AREA (263-340) cierra la era pagana del Imperio romano para abrir la época cristiana de Constantino, cuyo historiador fue y en cuyos centros áulicos tuvo gran influjo. Nacido en Palestina, tuvo como director de su formación literaria en el centro teológico de Cesárea y junto a su famosa biblioteca al famoso presbítero fenicio Pánfilo, biógrafo de Orígenes y mártir de Cristo en la persecución del año 309. A la muerte de su maestro se refugió en Tiro, donde fue testigo de gloriosos martirios, y luego marchó a Egipto, donde fue encarcelado por la fe. Conseguida la paz para la Iglesia, fue creado obispo de Cesárea, cuya sede regentó hasta su muerte. Allí se manifestó como hombre de grandes prendas, poco sólido, es verdad, en teología y demasiado político para con el emperador Constantino; pero eximio historiador, cuyos escritos, pletóricos de erudición y trabajos de archivo, le valieron justamente el título de padre de la historia eclesiástica. Eusebio recogió todos los elementos conservados en las tradiciones cristianas y en las fuentes escritas gracias a la monumental biblioteca de aquella ciudad, que encerraba treinta mil códices. Entre otros testimonios podemos recordar el de su Historia eclesiástica (303-324) donde dice:
«Mateo, después de haber predicado la fe a los judíos, estando para dirigirse a otras regiones, escribió su evangelio en la lengua patria a fin de suplir con sus escritos lo que hubiera podido ofrecer todavía con su presencia a sus conciudadanos»

Siglo III

Q. S. FLORENTE TERTULIANO (160-220), hijo de un centurión romano residente en Cartago, recibió una excelente formación retórica y jurídica que le habilitó para ejercer en Roma la abogacía y llegar a ser citado en las Pandectas. Dotado de gran espíritu polémico, de dialéctica acerada y de rigor jurídico, en las cuestiones eclesiásticas su principio fundamental es mantener lo que se conserva como tradición inmutable de los primeros cristianos y, por lo tanto, de los apóstoles, pues la prescripción ha de aplicarse también a la posesión de la verdad. Conforme a estos principios, aborda varias veces el origen de los evangelios, especialmente contra los herejes seguidores de Marción, legándonos la representación de las regiones romanas y del Africa proconsular.

«Declaramos ante todo—dice contra Marción—que nuestra documentación evangélica tiene por autores a los apóstoles, a quienes impuso el Señor mismo este cargo de promulgar su evangelio… Así, pues, de entre los apóstoles Juan y Mateo nos introducen en la fe; de los varones apostólicos Lucas y Marcos nos la renuevan… La misma autoridad de las Iglesias apostólicas patrocinará los demás evangelios, que tenemos por ellas y según ellas; me refiero a los de Juan y de Mateo… Y en su obra Sobre la carne de Cristo, determina más el evangelio atribuido a Mateo al decir: Ante todo el mismo Mateo, comentador del evangelio (oral) como compañero que fue del Señor… empezó así su obra: Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán, etc. 20» Como se ve, ese! comienzo de nuestro primer evangelio».

ORÍGENES (185-254), alejandrino, ferviente cristiano, educado cuidadosamente por su padre Leónidas y más tarde por Panteno y Clemente de Alejandría, los dos grandes maestros de la escuela catequética de esta ciudad, sucedió a este último en su cátedra, hacia el año 203, superando su fama y llenando el Oriente con el renombre de sus numerosos escritos. Visitó Roma el año 202 para conocer asimismo las tradiciones y las enseñanzas de aquella Iglesia, fundada por Pedro y Pablo, y después de veintisiete años de docencia en su ciudad natal, años que marcan el apogeo de aquella escuela, hubo de abandonar Alejandría por dificultades con su obispo, fijando su residencia en Cesárea de Palestina, donde fundó otro centro teológico, émulo del de Alejandría. Durante la persecución de Decio sufrió grandes torturas por, la fe, que sin duda aceleraron su muerte. El catálogo de sus obras conocido por San Jerónimo enumeraba dos mil tratados, pero San Epifanio calculaba en seis mil sus escritos. Gran parte de ellos son escolios, homilías y comentarios sobre la Sagrada Escritura, que hicieron de él en cierto modo el fundador de la ciencia escriturística. Sobre San Mateo compuso veinticinco homilías y otros veinticinco libros de comentarios. Sus declaraciones sobre los autores de los cuatro evangelios son taxativas y representan la voz de todo el Oriente. Recordemos algunas de sus palabras:

«Conforme al testimonio de la tradición, mantengo acerca de los cuatro evangelios, únicos incontrastables en toda la Iglesia de Dios que se extiende bajo el firmamento, que el primero es el de Mateo, publicano en un principio y después apóstol de Jesucristo, que lo compuso en lengua hebrea para los conversos a la fe provenientes del judaísmo. El segundo es el de Marcos, que escribió según la predicación de Pedro… El tercero el de Lucas, recomendado por Pablo y compuesto para los gentiles; el último el de Juan». Algunos años más tarde, comparando a los evangelistas con las trompetas a cuyo sonido cayeron los muros de Jericó, dice: «… El primero que hace oír su trompeta sacerdotal es Mateo en su evangelio; Marcos también, Lucas y Juan tocaron cada uno su trompeta sacerdotal»

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA (140-214), oriundo de Atenas, de padres gentiles, fue uno de los hombres más eruditos de su tiempo. Convertido al cristianismo, visitó el sur de Italia, Siria y Palestina para recoger las enseñanzas de los maestros cristianos más renombrados. Vino finalmente a parar a Alejandría, donde conoció a Panteno, maestro y director de la escuela catequética alejandrina, con cuya ciencia se entusiasmó, fijando allí su residencia y heredando sus cargos hacia el año 200. Más tarde, la persecución de Septimio Severo le obligó a refugiarse en Capadocia, sin poder volver a Egipto. De sus portentosos conocimientos y su ciencia bíblica son buenos testigos las mil quinientas citas del A. T. y las dos mil del N. T., además de trescientas sesenta tomadas de los autores clásicos del mundo pagano.

Dice: «En el evangelio según San Mateo, que desarrolla la genealogía desde Abrahán hasta María, Madre del Señor», como lo hace exactamente la obra que poseemos con el nombre de evangelio de San Mateo.

Siglo II

PANTENO (+ antes del 200), siciliano de nacimiento, estoico por su filosofía, convertido al cristianismo, llegó a Alejandría hacia el año 18o, donde actuó como profesor de fama universal y como primer director conocido’de la escuela teológica de Alejandría. De él nos refiere el historiador Eusebio:

«Se dice que llegó hasta los países de la India y allí encontró algunos fieles imbuidos’ en la doctrina de Cristo y halló el evangelio de Mateo, que se había adelantado a su llegada. Ya Bartolomé, uno de los doce apóstoles, había predicado, según es fama, a aquellos habitantes y les había dejado el evangelio de Mateo, escrito en caracteres hebreos, que se había conservado hasta los tiempos dichos»

FRAGMENTO MURATORIANO. En otro  artículo hablaremos de este importante fragmento. Las líneas conservadas no hablan de San Mateo, pero se presupone su mención en el párrafo anterior, perdido. Estamos en tiempos del papa PÍO 1 (141-155), según luego veremos.

SAN IRENEO, OBISPO DE LYÓN, nacido probablemente en Esmirna hacia el año 140, trató frecuente e íntimamente al obispo de aquella ciudad, San Policarpo (años 70-156), de quien recibió su formación y a través del cual estuvo en contacto con la época de los apóstoles. San Policarpo había sido discípulo de San Juan Evangelista

Ireneo se trasladó a Lyón, donde aparece como presbítero durante la persecución de Marco Aurelio (161-178). El año I77 fue enviado  por los mártires de Lyón a Roma como mediador en la controversia  contra los montanistas, y al volver a su ciudad

se encontró con que su obispo, Fotino, había muerto mártir de y quedaba él elegido en su lugar para gobernar aquella diócesis. Su obra principal fue la escrita contra los gnósticos bajo el título  dee Manifestación y refutación de la falsa gnosis, comúnmente llamada Adversus haereses, dividida en cinco libros, de los cuales In tres últimos están compuestos a base de la doctrina expuesta por la Iglesia y las palabras de Jesús. Ireneo fue un ferviente adorador de las tradiciones eclesiásticas, que conocía muy bien por su anterior vida en Asia Menor, su viaje a Roma y su estancia en las Galias en Occidente. . En todos estos viajes se había mostrado, como dice Tertuliano, «un investigador muy diligente de todas las doc­trinas’» de la Iglesia, por él bien conocidas. Para su espíritu crítico y severo, cualquier afirmación que no venga de los apóstoles y sus discípulos, con quienes había tratado, era rechazada como herejía. Es un testigo fiel de la antigüedad. Para él no existe duda sobre la autenticidad de los evangelios, que cita continuamente. Apenas hay capítulo de ellos a que no haga referencia. De San Mateo dice expresamente:

«Mateo escribió su evangelio en hebreo, la lengua propia de los judíos, mientras Pedro y Pablo fundaron la Iglesia de Roma»

Siglo I

Para no cansar al lector citaremos tan sólo a Papías, obispo de Hierápolis y  discípulo del Apóstos San Juan, y aSan Policarpo de Esmirna (70-156) que trató con el apóstol San juan.