RESPUESTA A LA PREGUNTA DE LA SEMANA [2]

La siguiente pregunta se encuentra en el menú de la derecha 

PREGUNTÁBAMOS:

¿Puede conocer el diablo un futuro castigo de una ciudad o nación??

20% han respondido: No, imposible; errando.

40%  han respondido: No, errando.

40% Han respondido: Sí, estando en la verdad.

La respuesta correcta es:

SÍ

¿ Por qué? 

Responde San Juan de la Cruz, , proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío XI, en 1926, en la cuestión 105,106, y 107 del Camino Seguro para la Unión del Alma con Dios:

También se pueden conocer las causas de eventos y casos sobrenaturales generados por la Providencia divina, que muy justa y certeramente acude a lo que piden las causas buenas o malas de los hijos de los hombres. Porque se puede conocer naturalmente que tal o cual persona, o tal o cual ciudad, u otra cosa, llega a tal o cual necesidad, o a tal o cual punto, en el que Dios, conforme a su providencia y justicia, acudirá con lo que corresponde a la causa y conforme a ella, en castigo o en premio o como lo requiera la causa. Y entonces se puede decir. “En tal tiempo Dios os dará esto, o hará esto, o sucederá ciertamente eso otro”. Lo cual la santa Judit dio a entender a Holofermes, Jdt 11, 12, pues para persuadirlo de que los hijos de Israel serían destruidos sin falta, primero le contó muchos pecados y faltas que cometían, y luego dijo: Et quoniam hoc faciunt certum est quod inperditionem dabuntur, que quiere decir: “Pues hacen estas cosas, con toda seguridad serán destruidos”. Lo que significa conocer el castigo por medio de las causas, y que es tanto como decir: Es seguro que tales pecados causarán tales castigos de Dios, que es justísimo. Y, como dice la Sabiduría divina, Sab 11, 16 -San Juan lo sitúa en Sab 11, 17-: Per quae quis peccat, per haec et torquetur. “En aquello o por aquello que cada uno peca, es castigado”.  {Libro segundo, capítulo XXI}
El demonio puede conocer esto, no solo naturalmente, sino también por la experiencia que tiene por haber visto a Dios hacer cosas semejantes, y decirlo antes y acertar. También el santo Tobías conoció por la causa el castigo de la ciudad de Nínive; y por eso, amonestó a su hijo diciendo, Tob 14, 9 -San Juan lo sitúa en Tob 14, 12-13-: Mira, hijo, cuando tu madre y yo muramos, sal de esta tierra, porque ya no permanecerá: Video enim quod iniquitas eius finem dabit. Yo veo claro que su misma maldad será la causa de su castigo que consistirá en su final y destrucción. Todo lo cual lo podían saber el demonio y Tobías, no solo por la  maldad de la ciudad, sino también por experiencia, viendo que cometían los pecados por los que Dios destruyó el mundo en el diluvio, y los de los sodomitas, que también perecieron por el fuego. Aunque todo esto Tobías también lo supo a través del espíritu divino. {Libro segundo, capítulo XXI}

El demonio puede saber que Pedro no puede vivir naturalmente mas de ciertos años y decirlo antes. Y también muchas otras cosas y de muchas otras maneras que nunca acabaríamos de decir, y ni siquiera comenzaríamos muchas, pues son intrincadísimas y él es sutilísimo en introducir mentiras. Y no hay manera de librarse de él si no es huyendo de todas las revelaciones y visiones y comunicaciones sobrenaturales. {Libro segundo, capítulo XXI}

Falsa aparición de Medjugorge que encanta a los fieles de la iglesia conciliar, confirma la misa protestantizada o  Misa de Pablo VI, y el diábolico ecomenismo condenado por la Iglesia Católica.

 

Ontología 17: Causas del Ente. Idea de la Causa Final.

La causa final

Idea y causalidad de la causa final.

Así como la causalidad segunda o in actu secundo de la causa eficiente consiste en la acción, así la causalidad segunda de la causa final consiste en ser apetecida o deseada por el operante; la causa eficiente influye en el efecto por medio de la acción productiva del mismo: la causa final influye en el efecto atrayendo e inclinando hacia sí al agente, o sea determinando en él cierta complacencia y deseo de su posesión. Esto es lo que quiere significar santo Tomás cuando escribe: «Sicut influere causae efficientis est agere, ita influere causae finalis est appeti et desiderari.»

De aquí se colige, que así como la causalidad in actu primo de la causa eficiente consiste en la fuerza o virtud activa que la hace capaz de obrar, así también la causalidad in actu primo de la causa final, es el bien existente en la misma que le da capaciad y aptitud para inspirar al agente amor y deseo de su posesión. En resumen: la acción física, el agere, constituye la causalidad de la causa eficiente, considerada in actu secundo; la abstracción hacia sí, el inspirare sui amorem et desiderium, constituye la causalidad de la causa final in actu secundo.La fuerza activa, la facultad o potencia operativa, virtus agendi, constituye la causalidad de la causa eficiente, considerada in actu primo: la bondad real o aparente existente en la causa final, ratio boni, constituye la causalidad de la misma, considerada in actu primo. [88]

Para formar idea más cabal de la naturaleza propia y de la causalidad de la causa final, conviene tener presentes las siguientes observaciones:

1ª Así como las causas eficientes naturales exigen ciertos requisitos sin los cuales no se verifica el tránsito del acto primero al acto segundo, ni la producción del efecto, así también la causa final no ejerce su causalidad segunda, sin que preceda la percepción de la bondad existente en ella, y de aquí el apotegma nihil volitum quin praecognitum: ignoti nulla cupido. Pero esta percepción previa no constituye la causalidad de la causa final, sino una condición sine qua non de la misma; porque no es el conocimiento, sino la bondad conocida la que hace que la cosa sea apetecida.

2ª Esto no obstante, la diversidad en cuanto al modo de conocer el fin, determina la diversidad en cuanto al modo de obrar propter finem. Hay agentes que obran propter finem, es decir, tienden a un fin determinado, el cual no es conocido por ellos, pero sí por el Autor de la naturaleza que les comunicó la fuerza e inclinación necesarias para realizar dicho fin a la manera que la bala disparada por el hombre se mueve con dirección a un fin determinado y lo realiza, por más que ella no conozca este fin. En este sentido obran propter finem las sustancias materiales que careciendo de todo conocimiento, sin embargo realizan acciones y movimientos ordenados a fines especiales y determinados.

Hay otros agentes que conocen el fin por el cual obran, pero de una manera muy imperfecta, como sucede en los animales, los cuales conocen las cosas que son buenas o malas, útiles o nocivas, pero sin conocer ni la razón universal de bien, o de mal, de útil o de nocivo, ni la razón o motivo porque el objeto es bueno o malo respecto de ellos, ni finalmente la razón formal o propia del fin, es decir, su relación y proporción con los medios. De aquí es que la operación propter finem de estos agentes, es una operación necesaria, instintiva y predeterminada por su naturaleza, aunque acompañada de conocimiento de la bondad material del fin, o sea de la cosa buena, cuya posesión apetecen, y a la que tienden en [89] sus acciones. En otros términos: estos agentes obran con conocimiento material o imperfecto del fin, pero no obran por conocimiento formal del fin.

Finalmente, otros agentes obran propter finem, previo conocimiento perfecto del fin, es decir, conociendo la razón formal de fin, su relación con diferentes medios, las razones universales de bien, de mal, de útil, nocivo, asequible, inasequible, &c., conocimiento que sólo se halla en los seres intelectuales, a los cuales por lo mismo corresponde exclusivamente el obrar propter finem con toda propiedad y perfección.

3ª Los Escolásticos, siguiendo su costumbre, expresaban y compendiaban la doctrina que se acaba de exponer, diciendo que los agentes o sustancias naturales privadas de conocimiento, obran propter finem o tienden al fin, executive: los agentes de la segunda clase, o sea los brutos, apprehensive; y los agentes intelectuales, directive, es decir, dirigiendo sus acciones a un fin predeterminado, no sólo con predeterminación espontánea e instintiva, como los brutos, sino con predeterminación refleja, libre, y acompañada de indiferencia o ex electione.

Toda esta filosofía es fundamento de la Suma Teológica de Santo Tomás, que puede encontrar resumida, en tan sólo 338 páginas en el Catecismo de la Suma Teológica  que puede adquirir aquí mismo.

PARA LOS CATÓLICOS PERPLEJOS: LA BULA CUM EX APOSTOLATUS..

A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS QUE SE PREGUNTAN

¿Que pasa?

¿No recordáis que, estando todavía con vosotros, os decía yo esto?.* Y ahora ya sabéis lo que le detiene, con el objeto de que no se manifieste sino a su tiempo. * Porque el misterio de la iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que lo detiene ahora, desaparezca de en medio. Y entonces se manifestará el impío, a quien el Señor Jesús destruirá con el soplo de su boca y aniquilará con el esplendor de su advenimiento; este impío cuyo advenimiento será, por la enérgica acción de Satanás, en toda suerte de obras maravillosas y portentos y prodigios de mentira, y en toda seducción de iniquidad en daño de los que perecen, en pago de no haber abierto su corazón al amor de la verdad para ser salvos, Y por esto envíales Dios eficiencia de seducción, para que den fe a la mentira, a fin de que sean juzgados todos aquellos que no dieron fe a la verdad, antes se complacieron en la iniquidad. En cuanto a nosotros, debemos hacer gracias a Dios en todo tiempo acerca de vosotros, hermanos amados del Señor, por cuanto os escogió Dios como primicias para la salud mediante la santificación del Espíritu y la fe en la verdad,  (2 Tesalonicenses 2:5-13)

¿Qué piensan de estos  escritos?

“…los musulmanes (…) adoran junto con nosotros al Dios único y misericordioso, que en el último día juzgará al hombre” Pablo VI, Discurso de Pablo VI, 18 de septiembre de 1969.

“El Consejo Mundial de Iglesias ha sido creado con el fin, por la gracia de Dios, para servir a las iglesias y comunidades eclesiales en sus esfuerzos para restaurar y manifestar a todos la perfecta comunión en la fe y amor que es el don de Cristo a su Iglesia”. Discurso de Pablo VI.

“… Nuestro vivo deseo de saludar, en vuestras personas, a las grandes comunidades musulmanas dispersas por toda África?  Permitidnos manifestaros aquí nuestro gran respeto por la fe que profesáis (…) En memoria de los mártires católicos y anglicanos, recordamos gustosamente también a aquellos confesores de la fe musulmana, que fueron los primeros en sufrir la muerte…” Pablo VI, Carta al Consejo Mundial de Iglesias, 6 agosto de 1973

¿ Está o no está proclamando que los herejes tienen  mártires y que el Consejo mundial de las iglesias herética se creó por la gracia de Dios?  Querer ver o no ver, he aquí la cuestión.

¿Qué piensan de este escrito?:

“La devoción eucarística tal como se manifiesta en las visitas silenciosas que hacen los devotos en las iglesias no debe considerarse como una conversación con Dios. Esto supondría que Dios está presente allí localmente de una manera espacialmente confinada”. ..  “Justificar esto muestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos del mismo concepto de Dios. Lo cual repugna a un pensamiento maduro del hombre que conoce la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia creyendo que uno puede visitar a Dios presente allí, es un sin sentido que el hombre moderno con razón rechaza”(9). (Ratzinger, luego Benedicto XVI. Die Sakramentale Begrundung Christlicher Existenz 1966, Kyrios Publishing, Freising-Meitingen-Germany).

¿Niega o no niega la presencia real de Cristo en las especies del pan y vino consagradas? Querer ver o no ver, he aquí la cuestión.

Mímético gesto, parta los tres que han expresado que no es necesaria la conversión de los judíos a Jesucristo, pues para ellos sigue vigente la antigua Alianza.

¿Qué piensan de estos otros escritos?:

Redemptor hominis, # 13, 4 de marzo de 1979: “Se trata de ‘cada’ hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este misterio” 

 Redemptoris missio, # 4, 7 de diciembre de 1990: “En el hecho de la redención está la salvación de todos, ‘porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio’”

Centecimus annus, # 53, 1991: “No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio”

¿ Afirma o no la salvación para todos? Querer ver o no ver, he aquí la cuestión.

Juan Pablo II besa el Corán, que abomina de la Santísima Trinidad

¿Qué piensan de estos dos escritos? :

“Cuerpo y sangre de Cristo no significan las partes físicas del hombre Jesús durante su vida o en su cuerpo glorificado”, el obispo explica: “Cuerpo y sangre significan aquí específicamente una presencia de Cristo en el signo mediato del pan y del vino” ( Mons Müller, hasta hace poco prefecto de la fe).

 [ la virginidad no tiene nada que ver con las ] “características fisiológicas en el proceso natural del nacimiento de Jesús (como el no-abrirse de la cerviz, la incolumidad del himen o la ausencia de dolores), mas con el influjo salvador y redentor de la gracia de Cristo por la naturaleza humana” (Müller : “Dogmática católica: estudio y práctica de la teología”).

¿ Niega o no la presencia real de Cristo glorificado en la Eucarística, y la Virginidad de la Virgen María?

Querer ver o no ver, he aquí la cuestión.

¿Qué piensan de este escrito?:

«Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven more uxorio con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.» ( Francisco Bergoglio)

¿Afirma o no afirma que que el adulterio puede no ser pecado mortll? Querer ver o no ver, he aquí la cuestión.

El lector, se preguntará seguramente cuál es la cuestión. Pues amar la Verdad o no; el camino de la salvación o del infierno.

 ¿Y qué dice la Iglesia Católica cuándo un sacerdote, obispo, patriarca, cardenal o autodicente papa elegido con unanimidad ha proferido herejías? He aquí la doctrina que su párroco le quiere esconder, y que sólo por nombrarla se pone como endemoniado.  (Si no puede leerla entera, lea al menos el párrafo 6, y aplíquelo a la hora presente).

El que edita este escrito no tiene opinión propia, la suya es la de la Santa Iglesia Católica Apostólicala y Romana, hoy un resto en las catacumbas. A ella someto todo mi juicio. Y el juicio de ella es este:

Bula “cum ex apostolatus..” del Papa Paulo IV:

No puede ser papa un hereje aunque sea nombrado por la unanimidad de los cardenales

Conscientes cada vez más personas de que por el decreto del papa Paulo IV Cum ex Apostolatus officio (de 21 de diciembre de 1566), el Colegio -y, de hecho, toda la Iglesia– está gravemente obligado a elegir solamente y a reconocer como válidamente electo a un hombre de la Fe Católica; y conscientes  cada vez más fieles de que Jorge Mario Bergoglio, tanto antes como después de su elección el 13 de marzo de 2013, se ha expresado y actuado de maneras largamente condenadas por la Sede Apostólica, cada vez más católicos solicitan humildemente -siendo yo uno entre muchos fieles- que cumplan con su deber de proteger a la Iglesia y la Sede Apostólica de la corrupción aquella jerarquía que tiene tal función, y que si no lo hiciesen San Pedro y San Pablo se lo demanden.

Para que no quepa a nadie alegar ignorancia, he aquí un documento vigente, a pesar de las defecciones de muchos falsos tradicionalistas devenidos ipso facto en canonistas del tres al cuarto,-   cuya parte dogmática nadie puede abrogar porque es de ley divina, si bien puede cambiarse la parte accidental o jurídica que está al servicio del fin principal de la Iglesia, la salvación de las almas para la gloria de Dios y no al revés-, que condena a Jorge Mario Bergoglio por sus innumerables errores y herejías, algunas de las cuales pueden ver aquí, además de una breve antología de disparates

paul_iv

EDICIÓN BILINGÜE DE LA BULA, LATÍN ESPAÑOL

Consulte también esta edición bilingüe, siempre es mejor comprobar distintas fuentes, cuantas más mejor,  ya que hay demasiados intereses ideológicos en muchos para negar lo que es evidente: que un hereje no puede ser papa y que un papa que caiga en herejía pierde el pontificado. Puesto que un hereje no es miembro de la Iglesia y sale de ella, menos puede ser cabeza de la misma quien ni siquiera es miembro

BULA CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO

Traducción del Profesor Néstor Adrián Sequeiros

PABLO [IV], OBISPO

SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS

Para perpetua memoria del asunto

 Exordio

1º) Ya que nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos a pesar de nuestros méritos indignos, nos impone el específico cuidado de la grey del Señor y, por ello, en pro de su fiel custodia y saludable dirección —según costumbre del Pastor que vela— debemos vigilar asiduamente y prever con gran atención:

a) que sean excluidos del rebaño de Cristo los que en esta época, exigidos por sus pecados [y] apoyándose con suficiente conciencia sobre su propio criterio, no sólo se alzan contra la disciplina de la fe ortodoxa de modo bastante pernicioso [y] habitual sino que se empeñan en escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, pervirtiendo la inteligencia de las Sagradas Escrituras con quiméricos, fingidos artificios,

b) y que no continúen su magisterio de error quienes desprecian ser discípulos de la verdad;

§ 1 Causas de esta Constitución

2º) Nos, considerando tan grave y peligrosa esta realidad, al punto que el Romano Pontífice —que en la tierra es Vicario de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo y mantiene sobre pueblos y reinos la plena potestad y a todos juzga, sin que nadie pueda juzgarlo en este mundo— si fuera sorprendido en una desviación de la fe podría a su vez ser impugnado;

3º) y puesto que donde se concentra un peligro mayor allí se debe resolver con mayor cumplimiento y diligencia, para que los falsos profetas, u otros que también poseen jurisdicción secular, no tiendan lazos deplorables a las almas simples y arrastren consigo hacia la perdición y mortal condena pueblos innumerables, encomendados a su cuidado y gobierno en las cosas espirituales o temporales, y para que no suceda alguna vez que veamos Nosotros en el lugar Santo la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel;

4º) deseando, cuanto podamos con la ayuda de Dios [y] en razón de nuestro cargo pastoral, atrapar las zorras porfiadas en destruir la villa del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño, no sea que parezcamos perros mudos impedidos de ladrar, quedemos arruinados como malos campesinos y seamos comparados con un mercenario;

§ 2 El Pontífice confirma todos los castigos establecidos contra herejes y cismáticos

tras madura deliberación de estos problemas con nuestros venerables hermanos los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, con su consejo y unánime consentimiento, aprobamos y renovamos por nuestra autoridad Apostólica todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción, privación y de cualquier otro tipo establecidas y promulgadas de cualquier modo contra herejes o cismáticos por cualquiera de los Romanos Pontífices predecesores nuestros o por sus delegados (incluso mediante sus disposiciones no recopiladas), por los sacros Concilios aceptados por la Iglesia de Dios, por decretos de los Santos Padres, por estatutos o cánones sagrados y por Constituciones u Ordenanzas Apostólicas

y queremos y decretamos que las antedichas sentencias, censuras y castigos sean observadas perpetuamente y restablecidas y mantenidas en vigoroso cumplimiento, si por casualidad no lo están, y asimismo que incurra en ellas cualquiera de los siguientes:

1º) los que hasta ahora hayan sido atrapados, confesos o convictos de haberse desviado de la fe Católica o de haber caído en alguna herejía, incurrido en cisma o de haberlos suscitado o cometido;

2º) o bien los que en el futuro (Dios por su clemencia y bondad para con todos se digne impedirlo) se desvíen [de la fe] o caigan en herejía, incurran en cisma o los susciten o cometan, y sean sorprendidos, confiesen o sean convictos de haberse desviado o de haber caído, incurrido, suscitado o cometido,

cualquiera sea el estado, grado, orden, condición y preeminencia que ostenten, aunque resplandezcan por una dignidad eclesiástica Episcopal, Arzobispal, Patriarcal, Primacial u otra mayor, o por el honor del Cardenalato y por el cargo de una Legación —ya perpetua, ya temporaria— de la Sede Apostólica en cualquier destino, o asimismo por una autoridad o excelencia mundana de Conde, Barón, Marqués, Duque, Rey y Emperador.

§ 3 Impone otros castigos a Prelados y Personajes desviados de la fe

Y considerando asimismo:

a) que es digno espantar con el temor de los castigos a quienes no se abstienen del mal por amor a la virtud,

b) y que Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales, Legados, Condes, Barones, Marqueses, Duques, Reyes y Emperadores, cuyo deber es enseñar a los otros y darles buen ejemplo para su permanencia en la fe Católica, al prevaricar pecan más gravemente que los demás, pues no sólo se pierden a sí mismos sino también arrastran a la perdición y al pozo de la muerte pueblos innumerables, confiados a su cuidado y gobierno o sujetos a ellos de algún otro modo;

con el mismo consejo y consentimiento [de los venerables Cardenales], por esta nuestra Constitución que valdrá a perpetuidad [y] en repudio de un crimen tan grande como no puede como no puede haber otro mayor ni más pernicioso en la Iglesia de Dios, desde la plenitud de la potestad Apostólica sancionamos, establecemos, decretamos y definimos que —perdurando en su vigor y eficacia y adquiriendo efectos las sentencias, censuras y castigos antedichos— todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales, Legados, Condes, Barones, Marqueses, Duques, Reyes y Emperadores que hasta ahora (como ya dijimos) hayan sido sorprendidos, confesos o convictos de haberse desviado [de la fe Católica] o de haber caído en herejía, incurrido en cisma o de haberlos suscitado o cometido, y los que en el futuro se desvíen [de la fe] o caigan en herejía, incurran en cisma o los susciten o cometan, y sean sorprendidos, confiesen o sean convictos de haberse desviado o haber caído en herejía, incurrido en cisma o de haberlos suscitado o cometido, ya que en esto resultan más culpables que los otros —además de las sentencias, censuras y castigos antedichos:

1º) por eso mismo, y sin ningún procedimiento de derecho o de hecho, sean privados a perpetuidad, entera y totalmente (como inhabilitados, por lo demás, e incapaces para ello), de sus Órdenes e Iglesias Catedrales, incluso Metropolitanas, Patriarcales y Primadas, del honor del Cardenalato, del cargo de cualquier Legación, así como de voz activa y pasiva y de toda autoridad, y de los Monasterios, beneficios y oficios Eclesiásticos con y sin cura, seculares y regulares, de cualquier Orden, que hayan obtenido como título, encargo, administración u otro carácter cualquiera por cualquier concesión y dispensa Apostólica, y en los cuales o para los cuales hayan tenido algún derecho; también de cualquiera de los usufructos, rentas o intereses anuales acumulativos reservados y asignados a ellos, [y] asimismo de Condados, Baronías, Marquesados, Ducados, Reinos e Imperios.

2º) y sean considerados como relapsos y removidos en todo y para todo, incluso aunque antes hubiesen abjurado públicamente en juicio de tales herejías;

3º) y nunca jamás puedan ser restituidos, repuestos, reintegrados o rehabilitados a su prístino estado o a iglesias Catedrales, Metropolitanas, Patriarcales y Primadas, al Cardenalato u otro honor, a cualquier otra dignidad mayor o menor, a voz activa o pasiva, a su autoridad, a Monasterios y beneficios, o a Condados, Baronías, Marquesados, Ducados, Reinos e Imperio;

4º) antes bien, queden al arbitrio de una potestad secular que atienda debidamente a su castigo, salvo que, al mostrarse en ellos indicios de verdadero arrepentimiento y frutos de condigna penitencia, por benignidad y clemencia de la mismísima Sede hayan sido recluidos en algún Monasterio o en otro sitio Regular para cumplir penitencia perpetua en el pan del dolor y el agua de la compunción;

5º) y deben por ello ser tenidos, tratados y reputados como tales —y como tales evitados y excluidos de todo consuelo humanitario— por todos los personajes de cualquier estado, grado, orden, condición y preeminencia y por cuantos sean poderosos en virtud de cualquier dignidad eclesiástica, incluso Episcopal, Arzobispal, Patriarcal y Primacial u otra mayor, en virtud asimismo del honor del Cardenalato o de una autoridad o excelencia mundana, incluidas las de Conde, Barón, Marqués, Duque, Rey y Emperador;

§ 4 Que los poderosos de derecho de patronato o de nominación para los beneficios vacantes a causa de herejía estén obligados a presentar otras personas dentro de los plazos de la ley

6º) y quienes hayan alegado tener derecho de patronato o de nombrar personas idóneas para las Iglesias Catedrales, incluso Metropolitanas, Patriarcales y Primadas, o para los Monasterios u otros beneficios Eclesiásticos vacantes por privaciones de esta clase, a fin de que tales cargos no estén expuestos a los inconvenientes de una vacancia prolongada sino que, librados ya de la servidumbre de los herejes, sean concedidos a personas idóneas que dirijan fielmente a los pueblos respectivos en las sendas de la justicia, estén obligados a presentar ante Nos (o ante el Romano Pontífice reinante a la sazón) las personas idóneas para esas Iglesias, Monasterios y beneficios, dentro del tiempo establecido por derecho o por sus concordatos o convenios pactados con esta Sede;

7º) de otro modo, transcurrido ese plazo, por ello mismo [y] de pleno derecho sea devuelta a Nos (o al Romano Pontífice reinante) la plena y libre disponibilidad de las Iglesias, Monasterios y beneficios antedichos.

§ 5 Los que favorecen a los herejes incurren en los castigos aquí descriptos

8º) Y además, quienes conscientemente hayan actuado de cualquier modo encubriendo o defendiendo a los así sorprendidos, confesos o convictos, o favoreciéndoles, creyéndoles o enseñando sus doctrinas, incurran por ello mismo en la sentencia de excomunión y queden sin honra y no sean ni puedan ser admitidos con voz, ni en persona ni por escrito ni por medio de un delegado o procurador, en los oficios públicos o privados, en los consejos o Sínodos, en un Concilio general o provincial, en el cónclave de Cardenales o en cualquier reunión de fieles o elección de una personas, o para prestar testimonio;

9º) Sean también inestables y no participen en la sucesión de herencias; además, nadie esté obligado a responderles por ningún asunto.

10º) Y en caso de ser Jueces, ninguna fuerza tengan sus sentencias ni sea sometida a su audiencia causa alguna; y de ser Abogados, téngase por nulo su patrocinio; si fueran Escribanos, carezcan totalmente de vigor o eficacia los documentos por ellos redactados.

11º) Además, resulten privados por ello mismo:

a) los clérigos, de todas y cada una de sus Iglesias, incluso Catedrales, Metropolitanas, Patriarcales y Primadas, y de sus dignidades, Monasterios, beneficios y oficios Eclesiásticos, incluso los antes especificados, obtenidos por ellos de cualquier modo que sea;

b) y tanto ellos como los laicos, también ya especificados e investidos de las dignidades antedichas, de cualesquiera Reinos, Ducados, Dominios, Feudos y bienes temporales que posean;

12º) y tales Reinos, Ducados, Dominios, Feudos y bienes sean confiscados, pasen al dominio público y sean otorgados en derecho y propiedad a quienes los ocupen primero, siempre que estos se hallen bajo nuestra obediencia (o la de nuestros sucesores los Romanos Pontífices canónicamente electos) y en la sinceridad de la fe y la unidad de la Santa Iglesia Romana.

§ 6 Los Prelados y Pontífices que antes de su promoción
se hayan desviado manifiestamente de la Fe Católica
quedan privados por ello mismo de toda autoridad y su oficio
y promoción son nulos y no pueden convalidarse en virtud de ningún pacto

Agregamos [lo siguiente]:

si en cualquier tiempo fuere evidente que algún Obispo (incluso con cargo de Arzobispo, Patriarca o Primado) o un Cardenal de esta Iglesia Romana (incluso, como se dijo, en función de Legado) o asimismo un Romano Pontífice se hubiera desviado de la fe Católica o hubiera caído en alguna herejía, [incurrido en cisma o los hubiera suscitado o cometido] antes de su promoción o de la asunción como Cardenal o Pontífice Romano,

13º) Que tal promoción o asunción sea nula, írrita e inane, incluso si se hubiera realizado con acuerdo y consentimiento unánime de todos los Cardenales;

14º) y que no pueda considerarse válida o tener validez por el recibimiento del cargo, por la consagración, o por la consiguiente posesión o cuasi-posesión de mando y administración, por la entronización o adoración de ese Romano Pontífice, por la obediencia que todos le hayan prestado o por haber transcurrido un tiempo cualquiera en tales situaciones;

15º) y no sea tenida por legítima en ninguna de sus partes;

16º) y ni se considere que se ha otorgado o se otorga facultad alguna de administración en lo espiritual o en lo temporal a esas personas por su promoción a Obispos, Arzobispos, Patriarcas o Primados o por su asunción como Cardenales o como Pontífice Romano;

17º) por el contario, todas y cada una de sus declaraciones, hechos, actos y directivas, así como cualquiera de las consecuencias subsiguientes, carezcan de fuerza y no otorguen en adelante ninguna confirmación ni derecho a nadie;

18º) y las personas así promovidas o asumidas, por ello mismo y sin agregado de ninguna declaración, sean privadas de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, oficio y potestad;

§ 7 Sea lícito a sus subordinados apartarse impunemente de su obediencia y devoción

19º) y a todas y cada una de las personas subordinadas a los así promovidos y asumidos, si antes no se hubieran desviado de la fe, ni hubieran sido herejes, ni hubieran incurrido en cisma o lo hubieran suscitado o cometido —tanto a los clérigos seculares y regulares como también a los laicos, a los Cardenales (incluso los que hayan intervenido en la elección de ese Pontífice previamente desviado de la fe, hereje o cismático, o hayan dado otro tipo de consentimiento o le hayan prestado obediencia o adorado) y a los Castellanos, Prefectos, Capitanes y Oficiales, incluidos los de nuestra Ciudad materna y de todo el Estado Pontificio, [y] asimismo a los obligados o sometidos por vasallaje, juramento o fianza ante los así promovidos o asumidos— séales lícito:

a) apartarse en cualquier momento [e] impunemente de la obediencia y devoción a los así promovidos y asumidos;

b) evitarlos como si fueran magos, paganos, publicanos o heresiarcas, aunque, sin embargo, esas mismas personas subordinadas siguen constreñidas a la fidelidad y obediencia de los futuros Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales y al Romano Pontífice que asuma canónicamente;

c) y, para mayor confusión de los así promovidos y asumidos, invocar contra éstos el auxilio del brazo secular, si quisieran continuar su gobierno y administración;

20º) y los que se aparten en tal caso de la fidelidad y obediencia a los así promovidos y asumidos, no por eso queden expuestos a la represalia de alguna censura o castigo, como [quedan] los que escinden la túnica del Señor.

§8 Derogación de los documentos contrarios

No valen en contrario las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, ni los privilegios, indultos y letras Apostólicas concedidas a esos Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados y Cardenales, ni otras providencias de cualquier tenor y forma y con cláusulas de cualquier tipo, ni los decretos, incluso [los otorgados] de Motu proprio, a ciencia cierta y con la plenitud de la potestad Apostólica, o por medio de consistorios o de cualquier otro modo; tampoco los aprobados en reiteradas ocasiones, los renovados y los incluidos en el cuerpo de derecho, ni los convalidados por cualquier capítulo de un cónclave, incluso con juramento, confirmación Apostólica o cualquier otra reválida, ni los jurados por Nosotros mismos: en efecto, considerando de modo expreso las disposiciones de todos estos documentos —como a la vista e incorporados palabra por palabra— [y] de los que permanecerán en vigor en otros aspectos, las derogamos expresamente, esta vez sólo en lo específico, lo mismo que las de cualquier otro documento contrario.

§9 Orden de publicación

Y a fin de que las letras presentes lleguen a conocimiento de todos los interesados, queremos que las mismas o una copia de ellas (la cual, decretamos, debe merecer plena confianza cuando esté refrendada por la firma de un Notario público y provista con el sello de alguna persona con dignidad Eclesiástica) sean publicadas y fijadas en Roma por alguno de nuestros Heraldos, en las puertas de la Basílica del Príncipe de los Apóstoles y de la Cancillería Apostólica y en el extremo del Campo de Flora. Y que se ordene la fijación de la copia en esos lugares. Y que sea suficiente dicha publicación, fijación y orden de fijar la copia y se tenga por solemne y legítima, sin que deba requerirse o esperarse otra publicación.

§ 10 Sanción contra los infractores

Por lo tanto, que a ninguna persona le sea lícito infringir este texto de nuestra aprobación, renovación, sanción, estatuto, derogación, voluntades y decreto, ni contradecirlo con temeraria audacia. Si alguien pretendiera intentarlo, sepa que habrá de incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma, en la Sede de San Pedro, Año milésimo quingentésimo quincuagésimo noveno de la Encarnación del Señor, el día 15º antes de las Kalendas de Marzo, en el 4° Año de nuestro Pontificado.

Firma del Papa y de los Cardenales

PABLO, OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

El Señor es mi auxilio

(Siguen las firmas de 31 Cardenales y el Sello)

Todo ello está anuanciado por el Salvador. No se extrañe de la apostasía. Recuerde las palabras del Señor. ¿ Cuando vuelva el Hijo del Hombre creéis que encontrará fe sobre la tierra? . o las que San Pablo dice a los Tesalonicenses en su segunda epístola:

Ontología 16: Causas del Ente. División de la Causa Eficiente.

División de la causa eficiente

Las principales divisiones de la causa eficiente son las siguientes:

a) Causa primera, es la que no supone otro anterior; y causa segunda, es la que supone otra. Una y otra pueden obtener la denominación, ya en sentido absoluto, ya en sentido relativo. Dios es causa primera absolutamente, porque no presupone ninguna otra. Adán es causa primera, no absolutamente, sino con relación a la serie de hombre de este mundo. Cualquiera causa creada es segunda en sentido absoluto, porque presupone la causalidad de Dios como causa primera: el hombre A, es causa segunda en sentido relativo, porque presupone, no sólo la causalidad de Adán, sino la del hombre B.

b) Causa principal, es la que obra o produce un efecto por medio de una virtud que le es connatural y permanente, como es el calor respecto del fuego, la inteligencia o razón respecto del hombre; de donde podemos inferir que éste y el fuego [85] son causas principales de tal raciocinio y de tal combustión respectivamente. Causa instrumental, es la que influye en el efecto en fuerza de la moción o virtud transeúnte recibida de la causa principal, como sucede en el pincel con relación a la pintura.

c) Causa per se, y causa per accidens o accidental. La primera produce el efecto intentado por ella, bien sea con intención propiamente dicha, como sucede en los agentes intelectuales, bien sea con la intención instintiva y predeterminada por el Autor de la naturaleza; el fuego es causa per se de la combustión, el pintor es causa per se del cuadro. La segunda tiene lugar cuando se produce un efecto fuera de la intención natural o voluntaria del agente. Cuando el fuego quema un edificio, y el sitio que ocupaba se convierte después en una plaza, la destrucción de la casa es efecto per se del fuego, la plaza es efecto per accidens. Lo que se llama fortuna, casualidad, hado, &c., son efectos per accidens con relación a alguna causa, aunque siempre proceden per se de alguna otra.

d) Causa libre es la que obra por elección y previo conocimiento del efecto con facultad e indiferencia para poner o no poner la acción, o al menos, el témino de la acción. El movimiento del brazo procede libremente del hombre: el mundo actual es un efecto libre de Dios, porque su acción creatriz, aunque necesaria en cuanto identificada con la esencia divina, es libre por parte del término, según que puede tener por término y objeto la existencia o la no existencia del mundo.

Necesaria se dice aquella causa que obra por y con determinación necesaria de la naturaleza o ser operante, sin elección y sin diferencia ad oppositum, como el fuego respecto de la combustión.

e) Causa total, que también se dice adecuada, es la que no necesita del concurso o cooperación de otra causa eficiente para producir el efecto, como Dios respecto de la producción del mundo, el hombre respecto de una estatua. Obsérvese no obstante, que solo Dios es causa total en sentido absoluto; pues todas las demás causas, aunque totales en su género o [86] en el orden de causas segundas, son parciales con relación a Dios, sin cuyo auxilio y moción previa, ningún efecto pueden producir. De lo dicho se deduce que si la causa produce un efecto mediante el concurso o cooperación de otra causa del mismo orden, o sea en el orden de las causas segundas, será parcial o inadecuada, como si un caballo arrastra o mueve un carruaje con la cooperación de otros.

f) Cuando la virtud activa de una causa es tan universal y extensa que influye en la producción de efectos diferentes en especie, como el sol que influye en la producción respecto de las plantas y animales, suele apellidarse universal y también equívoca: cuando por el contrario, la virtud o eficacia de la causa eficiente sólo se extiende a la producción de efectos semejantes en especie a la causa, ésta se llama particular y también unívoca.

g) Causa física es la que influye y determina la existencia del efecto por medio de una acción física y que se refiere inmediatamente al efecto. La causa moral influye en la producción del efecto por medio de una acción del orden intelectual, acción que no se termina o dirige inmediatamente al efecto, sino al agente o causa física; de donde resulta que esta causalidad sólo tiene lugar en los efectos y causas pertenecientes al orden intelectual. El pintor es causa física del cuadro; el que mandó o aconsejó al pintor que hiciera este cuadro o pintura, es su causa moral.

Para complemento de esta clasificación de la causa eficiente conviene observar: 1º que lo que suele llamarse causa removens prohibens, como el que corta la cuerda que sostiene la lámpara, se dice causa removens prohibens de la caída de ésta, porque más bien que verdadera causa eficiente, es ocasión, o si se quiere, causa ocasional del efecto: 2º que el instrumento no debe confundirse con el medio; porque al primero corresponde el verdadero influjo y cooperación activa en el efecto, y por consiguiente entra el orden de las causas eficientes, al paso que el medio, en cuanto tal, no encierra verdadera eficiencia y causalidad, como se ve en el tubo que sirve de medio para conducir el agua y regar la tierra: 3º tampoco debe atribuirse [87] causalidad eficiente a la condición sine qua non; la proximidad de la madera al fuego, no es causa de la combustión, y sí solamente una condición sine qua non de la misma.

Toda esta filosofía es fundamento de la Suma Teológica de Santo Tomás, que puede encontrar resumida, en tan sólo 338 páginas en el Catecismo de la Suma Teológica  que puede adquirir aquí mismo.

LA «IGLESIA» CONCILIAR EN ALEMANIA A PUNTO DEL CIERRE

 Hay un refrán que dice: «Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, hecha las tuyas a remojar».

Un vistazo  a los frutos del Concilio Vaticano II:

Giulio Meotti.- Jan Fleischhauer, periodista del semanario Der Spiegel, acuñó una expresión para definir la caída libre del cristianismo protestante y conciliar alemán: Selbstsäkularisierung (“autosecularización”). ¿Está liquidándose la Iglesia?

La nueva megamezquita de Colonia, Alemania, tiene capacidad para 1.200 personas y su minarete es el más alto de Europa

La Conferencia Episcopal alemana acaba de hacer públicos los datos del debilitamiento del catolicismo en Alemania en 2016. En un año, la Iglesia Católica alemana perdió 162.093 fieles y cerró 537 parroquias. Desde 1996, con Juan Pablo II,  hasta hoy, una cuarta parte de las comunidades católicas han cerrado. “La fe se ha evaporado”, dijo el cardenal Friedrich Wetter, arzobispo de Múnich y Freising desde 1982 hasta 2007.

Los cristianos de Alemania se convertirán en una minoría en los próximos veinte años, según Die Welt. En torno al 60% del país es actualmente cristiano, con 24 millones de «católicos» [conciliares] y 23 millones de protestantes. Pero esa cifra está disminuyendo en 500.000 cada año sólo por motivos de fallecimiento. “Esas estadísticas se reflejan en lo que ven los que visitan las ciudades alemanas los domingos: grandes iglesias vacías”, escribió el teólogo católico George Weigel.

El protestantismo alemán también se está enfrentando a la misma crisis. Die Zeit informó de que en 2016 fallecieron 340.000 protestantes y sólo hubo 180.000 bautismos. Unas 190.000 personas abandonaron la Iglesia y sólo 25.000 decidieron unirse a ella.

En su conferencia más famosa, el papa Benedicto XVI dijo que Occidente, incluidos los que no aceptaban la trascendencia, debían actuar “etsi Deus daretur”, como si Dios existiera. La sociedad cristiana tradicional nunca volverá, pero es vital que incluso un Occidente laico siga basándose —e inspirándose profundamente— en sus valores judeocristianos.

Juan Pablo II besa el Corán

La próxima etapa será al parecer un paisaje cultural y religioso alemán dominado por los ateos y dos religiones minoritarias: el islam y el cristianismo. Si los laicistas no se toman en serio el patrimonio occidental cristiano —o al menos los valores judeocristianos de los que surgió—y empiezan a defenderlo, tanto los ateos como los cristianos estarán pronto dominados por la religión política y supremacista ascendente, el islam. Una destacada organización fundamentalista musulmana de Alemania, prohibida por el Gobierno federal, se autodenomina “La Verdadera Religión” (“Die Wahre Religion”). Aparentemente piensan que están imponiéndose a los valores judeocristianos.

Hay casos dramáticos de decadencia cristiana en Alemania. En la diócesis de Trier, por ejemplo, lugar de la comunidad católica más antigua y cuna de Karl Marx, el número de parroquias se reducirá de las 903 a las 35 en 2020, según el obispo Stephan Ackermann, lo que supone un descenso del 90%. En la diócesis de Essen han cerrado más de 200 parroquias; su número ha bajado de las 259 a las 43.

También hay implicado un descenso demográfico en esta crisis religiosa. “El cristianismo está literalmente muriendo en Europa”, dijo Conrad Hackett, jefe de los investigadores que redactaron un informe del Pew Forum hace unos pocos meses. En Europa, entre 2010 y 2015, las muertes de cristianos superaron a los nacimientos en casi seis millones. Sólo en Alemania, hubo alrededor de 1.400.000 muertes de cristianos más.

Este descenso también es visible en la crisis del reclutamiento para el sacerdocio. La web oficial de la Iglesia Católica alemana informó en mayo de que la diócesis de Osnabrück y Mainz no iban a recibir ningún cura nuevo este año. La archidiócesis de Múnich recibió el año pasado un solo candidato. Hoy hay en toda la archidiócesis de Múnich sólo 37 seminaristas en distintas fases de formación, para unos 1.700.000 católicos. En comparación, la diócesis estadounidense de Lincoln (Nebraska), tiene actualmente 49 seminaristas para unos 96.000 católicos. En EEUU, el cristianismo es fuerte; en Alemania está literalmente muriendo.

Un arquitecto alemán, Joaquim Reinig, dijo a Die Tageszeitung que para integrar mejor a los inmigrantes musulmanes, habría que demoler las iglesias y sustituirlas por “mezquitas muy visibles”. Puede sonar un poco loco, pero contiene una verdad radical. En su libro The Last Days of Europe (Los últimos días de Europa), el historiador Walter Laqueur escribió que “Alemania tenía unas 700 mezquitas pequeñas y salas de oración en los años ochenta, pero hay más de 2.500 en el presente”. Si, en Alemania, el cristianismo se está evaporando, el islam está proliferando.

Una imagen vale más que mil palabras

La Unión Turco-Islámica para los Asuntos Religiosos (DITIB) acaba de abrir una nueva megamezquita para el culto en la ciudad alemana de Colonia. La nueva megamezquita alemana tiene un aforo de 1.200 personas y el minarete más alto de Europa. Según Deutsche Welle, “los líderes cristianos se encresparon ante la idea de que la afamada Catedral de Colonia compartiera skyline con los minaretes”. Cuando se planificó la mezquita en 2007, se lanzó una iniciativa ciudadana para decir que “queremos la catedral aquí, no los minaretes”. Las autoridades musulmanas anunciaron entonces un plan para “duplicar” el número de mezquitas.

Las autoridades turcas no sólo querían construir una megamezquita en la ciudad que alberga a la catedral más grande de Alemania, sino que también se permitieron la ironía de encargar al arquitecto Paul Böhm que diseñara la mezquita. Resulta que el padre y el abuelo de Böhm fueron los dos arquitectos de iglesias más radicales y admirados de sus generaciones. En la “nueva Alemania”, nadie le había pedido a Böhm que diseñara una nueva catedral.

Desde que llegó al poder en Turquía, Recep Tayyip Erdogan ha construido 17.000 lugares de oración islámicos en su país. El presidente turco está comprometido con la construcción de mezquitas también en las capitales europeas. Turquía controla 900 mezquitas en Alemania y se siente con la libertad de decir que “una mezquita liberal” en Alemania es “incompatible” con el islam, según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung. Esa es la razón por la que el 57% de los alemanes temen el auge del islam en su país.

Cuando la canciller Angela Merkel abrió su país a la inmigración masiva en 2014, parece que no vio ningún problema cultural en aceptar a más de otro millón de musulmanes.

Pero, en palabras de Erdogan, “nuestros minaretes son nuestras bayonetas, nuestros domos son nuestros cascos, nuestras mezquitas son nuestros barracones”. Los regímenes islámicos, en realidad, están ofreciéndose a llenar los espacios vacíos del paisaje religioso alemán. Arabia Saudí propuso construir 200 nuevas mezquitas en Alemania, “una para cada cien refugiados”.

¿Se pueden imaginar a Alemania ofreciendo a Irak, Siria y Egipto construir “200 nuevas iglesias” para reconstruir a las abandonadas y desposeídas comunidades cristianas de allí? No, porque en Oriente Medio, los cristianos han sido erradicados mediante una descristianización forzosa. En Europa, los cristianos también se están extinguiendo a través de un proceso de “autosecularización”. Nos arriesgamos a perder no sólo nuestras iglesias; también, y lo que es más grave, nuestra fortaleza cultural e incluso nuestra seguridad en los valores de nuestra propia civilización [ y sobre todo el alma eternamente].

[Volved a la Tradición, a la Iglesia Católica, tal como es hasta 1962,  y fuera de la cual no existe salvación]

 Visto en http://Alerta Digital. Resaltados y lo escrito entre llaves está editado, y  no lo contiene el artículo original.

Ontología 15: Causas del Ente. Causalidad de la Causa Eficiente.

Causalidad de la causa eficiente

Ya dejamos consignado, que la causalidad propia de la causa eficiente consiste en el ejercicio actual de la fuerza residente en la cosa que es causa eficiente, y que como tal, contiene la razón suficiente del efecto producido por ese ejercicio de la fuerza activa, que también se llama acto segundo. Por eso decían los Escolásticos que la causalidad de la causa eficiente consiste en la acción, en el agere u obrar: causalitas causae efficientis ets agere.

Mas como quiera que según la doctrina de santo Tomás arriba expuesta, la actividad o fuerza operativa de las cosas, es como una consecuencia, difusión o eflorescencia del ser de las mismas; y como por otra parte, la operación actual que es transeúnte, supone el poder para obrar, o sea una fuerza activa que permanece en el sujeto para reproducir la acción que pasó, o producir otras acciones y efectos, es preciso buscar en las mismas entrañas del ser operante, en la misma esencia de la cosa que es causa eficiente, la raíz de la causalidad eficiente, la razón primitiva de la acción de la causa, y del efecto por ella producido.

Sobre estas bases ontológicas se halla fundada la sólida y filosófica teoría de santo Tomás acerca de la causalidad eficiente, teoría que puede reducirse a los siguientes puntos:

1º En conformidad con el axioma, actiones sunt suppositorum, axioma que se halla en armonía con el sentido común de los hombres, representado por el lenguaje general, el supuesto o sea el individuo que posee la naturaleza, es el principio que obra, principium quod,porque las acciones pertenecen al supuesto completo que las pone o realiza: así decimos que el fuego es el que quema, el hombre el que habla, se mueve, quiere, &c.

2º La naturaleza o esencia que tiene el supuesto, es el principio quo radical-total de la acción; porque es aquella [83] cosa por medio de la cual y por razón de la cual, este supuesto puede poner tal acción. El hombre entiende, oye, camina, por razón de la naturaleza humana que tiene: el fuego calienta o quema, porque tiene la esencia del fuego. Si se trata de las sustancias materiales o corpóreas, la forma sustancial es el principio quo radical-parcial de la acción. La razón es que la forma sustancial es el acto primero que se concibe en la sustancia compuesta de la materia y forma, actus primus, que no presupone en la materia ninguna otra actualidad, y que por consiguiente, es el primer origen, la primera razón suficiente interna de toda actualidad existente en el compuesto. Así, pues, como la forma sustancial es la que determina, actúa, especifica y distingue esencialmente una sustancia corpórea de otra; así también es la primera razón suficiente interna, es la primera fuente de toda actualidad y de toda actividad.

3º Las potencias activas o fuerzas operativas, que son como manifestaciones parciales y múltiples de la actividad concentrada en la forma sustancial, derivaciones secundarias de esta forma sustancial como acto primero y fundamental quoad esse et operari, son el principio quo próximo de la acción: principio, porque la acción sale de ellas; quo, porque no son el supuesto que obra, sino una parte de él; próximo, porque suponen otro principio anterior que, que es la forma sustancial en los cuerpos, y además la esencia que también en una forma subsistente y simple en los espíritus.

4º Luego una misma acción y un mismo efecto, por ejemplo, la curación de un enfermo puede proceder y depender simultáneamente de varios principios, relacionados y subordinados entre sí. Pedro médico, es el principio quod total del efecto indicado, porque es quien cura: la naturaleza humana de Pedro es el principio quo total-radical, porque es aquello por razón de lo cual Pedro pone o ejerce la acción de curar, como una acción humana: el alma racional es el principio quo radical-parcial; principio quo, porque no es el sujeto que obra; radical, porque es el primer acto respecto de toda la naturaleza humana, que por medio de ella se constituye y [84] distingue esencialmente de las demás, y por consiguiente el primer origen de todos los actos del sujeto: parcial, porque es una parte de la naturaleza humana y del supuesto o persona que la tiene: el entendimiento perfeccionado por la ciencia es el principio quo próximo de la curación; porque esta nace inmediatamente de él como fuerza o potencia vital, bien que esta potencia y la eficacia que posee para producir tal efecto, sea una derivación parcial de la fuerza y vitalidad esencial y propia del alma racional como forma sustancial del hombre.

Esta teoría tiene además la ventaja de facilitar la comprensión del problema de la acción y concurso de Dios en los efectos de las criaturas, haciéndonos ver cómo un mismo efecto puede proceder y depender a la vez de diferentes principios in diverso genere causae.

Toda esta filosofía es fundamento de la Suma Teológica de Santo Tomás, que puede encontrar resumida, en tan sólo 338 páginas en el Catecismo de la Suma Teológica  que puede adquirir aquí mismo.

Ontología 14: Causas del Ente. Causa Eficiente.

De la causa eficiente

Noción y realidad de la causa eficiente.

Observaciones previas.

1ª Locke hacía consistir la noción de la causa eficiente en la simple precedencia y sucesión relativa de los fenómenos que la experiencia sensible nos ofrece. De esta teoría sensista dedujo lógicamente Hume, que no tenemos ni podemos adquirir la noción o idea de causa, porque esta idea y el principio de causalidad que a ella se refiere, presentan caracteres de necesidad y universalidad que sobrepujan y traspasan la experiencia de los sentidos y de los fenómenos sensibles.

2ª Por otro lado Mallebranche, con algunos otros partidarios del cartesianismo, renovaron el antiguo ocasionalismo, afirmando que no hay más causa eficiente que Dios, negando este carácter a todas las sustancias creadas, aunque algunos más moderados conceden actividad o eficacia a los espíritus.

3ª La causa eficiente puede considerarse in actu primo, es decir, en cuanto es un ser dotado de fuerza, virtud o potencia para obrar o poner una acción: in acto secundo, o sea como ejerciendo esa fuerza o actividad, o lo que es lo mismo, según que la potencia de obrar se considera reducida al acto y en actual ejercicio. Esto supuesto, expondremos brevemente la

Noción de la causa eficiente.

a) La relación que existe entre la causa eficiente y su efecto, no es relación de pura sucesión: el día sucede a la noche, y viceversa, sin que el uno sea causa eficiente de la otra. Tampoco basta la conexión necesaria entre dos cosas, [74] pues estas pueden tener conexión entre sí por proceder simultánea y necesariamente de otra tercera, sin que la una sea causa de la otra, como sucede en la luz y el calor procedentes del sol. Por otro lado, no se necesita que haya sucesión o duración de tiempo entre la causa eficiente y su efecto, pudiendo éste ser simultáneo, al menos quad nos y sensiblemente, con aquella: el calor o la calefacción coexiste con el fuego, y la luz con el sol.

b) Para que haya, pues, causa eficiente, es necesario que «un ser contenga en sí la razón suficiente de un nuevo ser o nuevo modo de ser por medio de una acción física contenida actual o virtualmente en el ser que se dice causa». Esta definición puede condensarse en las siguientes palabras: Principium extrinsucum cujus actio physica continent rationem suficientem entis vel mutationis de novo existentis. En estas definiciones debe sobreentenderse, si se trata de la causa considerada in actu secundo, que concurren o existen las condiciones sine quibus non correspondientes; porque aunque el fuego, por ejemplo, contiene la razón suficiente de la combustión de la madera, no se realizará la combustión si la madera no se halla cerca del fuego.

Se pone en la definición principium extrinsecum, para excluir las causas material y formal que son principios internos del efecto: se pone actio physica, para distinguir y separar la acción e influjo de la causa final, la cual obra e influye en el efecto mediante la acción e influjo moral que ejerce sobre el agente.

c) Infiérese de todo lo dicho hasta aquí, que la idea de causa eficiente, así como el principio de causalidad que a ella se refiere, se forman y proceden a posteriori y a priori a la vez. Dependen de la experiencia y de los sentidos, y por consiguiente, se forman a posteriori y a priori a la vez. Dependen de la experiencia y de los sentidos, y por consiguiente, se forman a posteriori, en cuanto que los sentidos, junto con la experiencia tanto externa como interna, nos revelan la sucesión y existencia de nuevos seres y nuevos modos de ser. Se forman y constituyen a priori, en cuanto que la razón, apoyada sobre esos datos de la experiencia, forma o percibe el concepto de efecto, el cual contiene esencialmente [75] la dependencia y distinción de otro ser, puesto que ninguna cosa puede darse el ser a sí misma, a no ser que queramos admitir que alguna cosa puede obrar antes de existir.

De aquí es que, en buena filosofía, puede y debe decirse que el principio de causalidad, ni es empírico, ni racional o a priori exclusivamente, sino que participa, o mejor dicho, incluye los dos. Es empírico y a posteriori, en cuanto presupone la experiencia y observación de los fenómenos sensibles: es racional y a priori, considerado en sí mismo, en cuanto que resulta del análisis lógico del concepto de efecto: es empírico praesuppositive; es racional secundum se et absolute.

Pasemos ahora a la existencia o realidad de las causas eficientes creadas.

Tesis 1ª
Los espíritus o sustancias espirituales son verdaderas causas eficientes.

Pruebas:

1ª So pena de negar el valor del testimonio de la conciencia, abriendo la puerta a un escepticismo absoluto y universal, es preciso admitir que nuestra alma es principio y causa real y eficiente de varias acciones, como son, entre otras, la acción de juzgar, raciocinar, querer, desear, mover el brazo, &c., pues la experiencia interna y al observación psicológica no solo testifican la existencia de estas acciones en nosotros, sino que testifican también, de acuerdo con el sentido común, que nacen de nosotros mismos o del yo como de su principio efectivo, y lo que es más aún, experimentamos claramente que la determinación libre de la voluntad contiene la razón suficiente del movimiento del brazo. La verdad es que es soberanamente ridículo afirmar que nuestros juicios, voliciones, deseos, movimientos del brazo, del pie, &c., no proceden de nosotros, sino de Dios. Sólo las cavilaciones de los filósofos han podido difundir sombras sobre una verdad tan clara de conciencia, a la vez que de sentido común. [76]

2ª Por otra parte, si Dios es la verdadera y única causa de nuestras acciones, o no hay acciones malas moralmente en el hombre, puesto que Dios no puede ser causa de acciones malas; o la malicia de las acciones se refunde en Dios y a Dios debe atribuirse, toda vez que, según la teoría de los ocasionalistas rígidos, el hombre no influye en la existencia de estas acciones. Estos absurdos e inconvenientes aparecen todavía más de bulto, si tenemos en cuenta que no puede haber mérito ni demérito, ni verdadera responsabilidad moral para el hombre, sino es verdaderamente causa y razón suficiente de las acciones meritorias o demeritorias. Es, pues, indudable que el ocasionalismo rígido destruye el orden moral y es incompatible con la libertad humana.

Tesis 2ª
Debe admitirse también en los cuerpos verdadera eficiencia, o causalidad eficiente.

Nótese que para la verdad de la tesis y refutación del ocasionalismo, basta que algunos cuerpos posean actividad y fuerza par producir efectos. Por lo demás, aunque no siempre podemos señalar determinadamente la actividad especial del cuerpo A o B, tenemos por muy probable que no existe en la naturaleza cuerpo alguno que no posea virtud para producir algún efecto, y por consiguiente, que a todos conviene la razón de causa eficiente. Empero sea de esto lo que quiera

a) La experiencia, la observación y el sentido común, demuestran de consuno que hay en la naturaleza acciones y efectos que proceden realmente de sustancias corpóreas, las cuales, por consiguiente, son verdaderas causas eficientes. ¿Se puede negar seriamente que la calefacción es una acción propia del fuego, y al combustión un efecto del mismo?

b) El agua disuelve y sostiene ciertos cuerpos; el sol ilumina y calienta la atmósfera; la planta produce flores y frutos, absorbe ciertas moléculas y expele otras: estos ejemplos, con mil otros semejantes que pudieran aducirse, de efectos y mutaciones en unos cuerpos por la acción e influjo físico de [77] otros, demuestran hasta la evidencia que existe verdadera actividad y eficiencia en el mundo material.

c) Otra razón no menos concluyente en favor de esta actividad de los cuerpos, es que si no existiera ésta, desaparecerían en su mayor parte las ciencias naturales. Siendo incontestable que no poseemos la intuición o conocimiento inmediato de los cuerpos, nos vemos precisados a acudir a sus efectos, mutaciones y operaciones para llegar al conocimiento de su naturaleza y atributos. Ahora bien; si los efectos, acciones y fenómenos que observamos en los cuerpos no proceden de ellos, sino que son producidos por Dios, como pretenden los partidarios del ocasionalismo, no pueden conducirnos al conocimiento racional de su naturaleza, atributos y diferencias; las ciencias naturales y físicas carecerán de base racional y lógica, convirtiéndose en un conjunto de juicios arbitrarios e ilegítimos en el orden científico (1).

{(1) Esta razón fue aducida ya por santo Tomás contra los antiguos ocasionalistas en los siguientes términos: «Si effectus non producuntur ex actione rerum creaturam, sed solum ex actione Dei; impossibile est quod per effectus manifestur virtus alicujus causae creatae; non enim effectus ostendit virtutem causae nisi ratione actionis, quae a virtute (de la fuerza o potencia activa) procedens, ad effectum terminatur. Natura autem causae non cognoscitur per effectum, nisi in quantum per ipsum cognoscitur virtus quae naturam consequitur. Si igitur res creatae non habent actiones ad producendem effectum sequitur, quod nunquam natura alicujus rei creatae poterit cognosci per effectum; et sic subtrahitur nobis omnis cognitio scientiae naturalis, in qua praecipue demonstrationes per effectum, sequuntur.» Sum. cont. Gent., lib. III, cap. 69.}

Si para establecer la tesis de la actividad en las sustancias creadas solo hemos echado mano de razones a posteriori, basadas sobre la experiencia, el sentido común y ab absurdo, es porque estas pruebas, como más sencillas y claras, se hallan al alcance de la generalidad de los lectores. Pero esto no quiere decir que la tesis no tenga también en su favor argumentos a priori; en prueba de lo cual vamos a indicar solamente dos raciocinios tan sólidos como elevados, raciocinios [78] que arrancando, por decirlo así, de la alta metafísica, colocan el problema en su verdadero terreno filosófico.

1º El ser de una cosa tiende espontáneamente a su operación, la cual viene a ser como el complemento natural del ser, siendo como una difusión o expansión espontánea de aquél. Así es que el ser de una naturaleza, el cual es la base y raíz de su perfección, a la vez que de su operación, no se concibe como perfecto, ni adquiere todo el desarrollo y realidad de que es capaz, sino por medio del ejercicio de su actividad. La planta se perfecciona produciendo flores y frutos: el hombre se perfecciona y completa, por decirlo así, su ser propio, por medio de las diferentes operaciones sensibles, intelectuales y morales que ejecuta. Luego la actividad o fuerza para obrar es una consecuencia y como una eflorescencia natural del ser. Luego Dios, al comunicar a las criaturas el ser, es decir, una esencia y una existencia determinada, les comunica también la fuerza para desarrollarse y perfeccionarse por medio de operaciones en armonía con la condición de su ser.

2º El obrar actualmente es consiguiente al existir en acto, de manera que el grado y modo de obrar corresponde y se halla en relación con el grado y modo de ser, como se ve en Dios, el cual, por lo mismo que es acto puro en su ser, es también la primera causa de ser para todos los demás seres. Luego así como es cierto que comunicó a las criaturas su semejanza en el orden entitativo, sacándolas de la nada y dándoles el ser, también les comunicó su semejanza en el orden operativo, o sea en cuanto al obrar, comunicándoles fuerza para poner acciones propias en relación con su ser propio. En nuestra opinión, los verdaderos filósofos y los hombres familiarizados con la alta metafísica, reconocerán que estos elevados raciocinios, tienen el valor y la fuerza de verdaderas demostraciones. [79]

Escolio

Como sucede con frecuencia, el error ocasionalista trae su origen de la exageración de la verdad. Tanto los antiguos ocasionalistas como los modernos, negaron toda actividad a las criaturas, por considerarla incompatible con la idea que de la grandeza, omnipotencia e independencia de Dios debemos formar. Dios decían, está presente y obra íntimamente en todas las sustancias creadas, sin que necesite de nadie para producir sus actos y mutaciones: luego es inútil la actividad de las criaturas, y hasta incompatible con la perfección soberana de Dios.

Objeciones

Obj. 1ª La primera objeción que suelen presentar los ocasionalistas, es la que se acaba de indicar al exponer el origen de este sistema, suponiendo que la causalidad eficiente concedida a las criaturas, es incompatible con la omnipotencia, perfección y bondad de Dios.

Resp. A esta objeción contesta con razón santo Tomás, que lejos de favorecer y poner a salvo los atributos divinos, más bien los rebaja y contradice, al suponer que Dios no puede conservar su perfección, su independencia absoluta y su omnipotencia, comunicando a las criaturas la eficiencia. Apenas se concibe que filósofos eminentes hayan incurrido en semejante aberración, proponiendo seriamente esta objeción; porque la verdad es que a la inteligencia más vulgar se le alcanza, que el poder, bondad y perfección de Dios, brillan y se revelan de una manera especial comunicando a las criaturas, no solo el ser, sino también la facultad o fuerza para poner verdaderas acciones y producir efectos: mayor perfección y poder arguye en Dios comunicar su semejanza a las criaturas, quoad esse et operari, que el comunicarla quoad esse solamente, como pretenden los ocasionalistas.

Obj. 2ª Otra objeción de los ocasionalistas consiste en [80] decir que el conceder causalidad eficiente a las criaturas equivale a concederles la facultad de crear, que es propia y exclusiva de Dios. La razón es que el efecto propio de la causa eficiente es producir un ser nuevo, o sea hacer que una cosa pase del no ser al ser, lo cual sólo pertenece a la acción creadora.

Resp. El tránsito del no ser al ser, o sea la producción de un efecto, puede tener lugar, o por creación, es decir, sacando todo el efecto de la nada, o por trasmutación de alguna materia o sujeto preexistente. Cuando nace una planta o es engendrado un animal, hay tránsito del no ser al ser, hay un efecto nuevo, una sustancia nueva que no existía antes: lo mismo puede decirse, aunque con menos propiedad, cuando se realiza una mutación accidental, como cuando el hombre adquiere la ciencia o la salud que no tenía, cuando de un pedazo de mármol se hace una estatua. En todos estos casos, el término y efecto de la causalidad eficiente es un nuevo ser, o en el orden sustancial, o en el orden accidental; pero en todos estos casos, esa casualidad eficiente presupone necesariamente alguna materia sobre la cual obra, que recibe la acción de la causa eficiente, y que es transformada por ésta de una manera más o menos profunda e íntima, transformación de la cual resulta la existencia del nuevo ser, en el cual, por consiguiente, hay algo que no ha sido producido por la causa. Ésta es la acción propia de la causa eficiente creada, acción muy diferente de la creación, la cual ni exige materia previa, ni el ser que produce es nuevo por simple transformación de una materia preexistente, sino por educción total ex nihilo, es decir, sacando de la nada todo el efecto, toda la entidad que hay en el efecto. En resumen, y en términos de escuela: la producción de un nuevo efecto, o sea el tránsito de una cosa del no ser al ser per creationem, es acción propia de Dios, y que no puede convenir a las criaturas, se concede: el tránsito del no ser al ser realizado por mutación de la materia preexistente, per solam mutationem materiae vel subjecti praexitentis, es efecto propio de la Divinidad, se nieg.

Obj. 3ª Los cuerpos son seres infinitamente distintos, y [81] como contrarios de la sustancia divina: luego siendo este acto puro, los cuerpos carecen de toda actividad, y por consiguiente, las sustancias materiales, al menos, no son causas eficientes. A esto se añade que los cuerpos por razón de su extensión e impenetrabilidad, no pueden obrar sobre otros cuerpos, porque ninguna cosa obra donde no existe.

Resp. A la primera parte de la objeción debe contestarse, que los cuerpos distan infinitamente de la esencia divina, como distan también infinitamente los espíritus; porque cualquiera que sea la perfección de una criatura, siempre se hallará colocada a una distancia infinita de Dios. Si en la objeción quiere significarse que la distancia de los cuerpos con respecto a la esencia divina es la mayor posible, la afirmación es inexacta y errónea, pues la nada dista más de la esencia divina que los cuerpos, y entre las cosas reales la materia prima, que es pura potencia, es la que se halla colocada a la mayor distancia posible de Dios, como acto puro. Los cuerpos, en el mero hecho de poseer una esencia y existencia real, poseen cierto grado de semejanza con Dios como esencia y como acto.

Por lo que hace a la segunda parte de la objeción, basta tener presente que el modo de presencia que la causa eficiente exige respecto del efecto, es diferente según la diversidad de las causas. De un modo está presente Dios cuando obra sobre un sujeto o materia; de otro la sustancia espiritual; y de otro la sustancia material, la cual se hace presente a la materia sobre la cual obra, y se pone en relación con el efecto por medio del contacto, per contactum, es decir, inmutando la parte contigua de un cuerpo, y por medio de ésta las demás partes del mismo sucesivamente. [82]

Toda esta filosofía es fundamento de la Suma Teológica de Santo Tomás, que puede encontrar resumida, en tan sólo 338 páginas en el Catecismo de la Suma Teológica  que puede adquirir aquí mismo.

RESPUESTA A LA PREGUNTA DE LA SEMANA

La siguiente pregunta se encuentra en el menú de la derecha 

PREGUNTÁBAMOS:

¿ Puede venir algún daño al alma

por dejarse guíar por confesores crédulos de visiones sobrenaturales? 

72% han respondido: Sí.

26% han respondido: No.

2% Han respondido: No sé.

La respuesta es:

SÍ

¿ Por qué? 

Responde San Juan de la Cruz, , proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío XI, en 1926, en la cuestión 68 del Camino Seguro para la Unión del Alma con Dios:

Aunque en esencia se ha dicho lo que viene al caso para dar a entender al espiritual cómo ha de proceder respecto a dichas visiones, y al maestro que lo dirige el modo que ha de seguir con el discípulo, no será excesivo particularizar un poco mas esta enseñanza y dar mas luz acerca del daño que puede seguirse, tanto a las almas espirituales como a los maestros que las dirigen, si son muy crédulos con estas visiones, aunque sean de parte de Dios.

Y la razón que me ha movido a alargarme un poco ahora en esto, es la poca discreción que he echado de ver, por lo que yo entiendo, en algunos maestros espirituales, los cuales, no teniendo por dañinas dichas impresiones sobrenaturales, por entender que son buenas y de parte de Dios, vinieron unos y otros a errar mucho y a hallarse muy cortos, cumpliéndose en ellos la sentencia de Nuestro Salvador[1], que dice: Si caecus caeco ducatum praestet, ambo in foveam cadunt; que quiere decir: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el abismo”. Y no dice que “caerán”, sino que caen, porque no es necesario esperar a que haya una caída producida por el error para que caigan, pues el solo hecho de atreverse a dejarse dirigir el uno por el otro ya es yerro. Por lo que, con solo eso caen en cuanto a lo menos y primero, porque hay algunos que llevan de tal modo a las almas que tienen las tales visiones, que las hacer errar, o las impiden con ellas, o no las llevan por camino de humildad, y les dan ocasión de que pongan los ojos de alguna manera en estas visiones. Y esto es causa de quedar sin verdadero espíritu de fe, pues a estas almas no las edifican en la fe, al hacerse demasiado lenguaje de aquellas cosas. En lo cual les hacen sentir a estas almas que ellos hacen algún caso y se aferran a aquello, y, por consiguiente, también se lo hacen ellas. Y las almas se les quedan aferradas a aquellas percepciones, y no edificadas en la fe, y vacías y desnudas y desasidas de aquellas cosas, lo cual les convendría para volar en alteza de oscura fe. Y todo esto nace del modo y lenguaje que el alma ve en su maestro acerca de esto, de manera que, no se como, facilísimamente, se le pega un lleno y la estimación de aquello sin que este en su mano, y quita los ojos del abismo de fe.

Y la causa de la facilidad con que el alma queda tan ocupada con ello, es que, como son cosas del sentido a las que el se inclina naturalmente, y como también esta ya habituado y preparado por la percepción de aquellas cosas particulares y sensibles, basta que vea en su confesor o en alguna otra persona alguna estima o aprecio por estas cosas, para que no solamente también la tenga el alma, sino que también el apetito les tome mas gusto a ellas sin darse cuenta, y se alimente mas de ellas, y quede mas inclinado a ellas, y se aferre algo a ellas Y de aquí salen muchas imperfecciones, porque el alma, al menos, ya no queda tan humilde, al pensar que aquello es algo y que tiene algo de bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y bastante satisfecha de si, lo cual va contra la humildad. Y pronto el demonio secretamente le va aumentando esto, sin que ella lo sepa, y comienza a ponerle un juicio acerca de los otros, en si tienen o no tienen tales cosas, o son o no son, lo cual va contra la santa simplicidad y soledad espiritual.

Pero, de estos daños, y de como no crecen en fe si no se apartan, y de otros que hay en el modo dicho, aunque no sean daños tan palpables y conocibles como estos, y que son mas sutiles y mas odiosos a los ojos divinos por no ir en desnudez de todo, nos apartaremos por el momento, hasta que lleguemos a tratar del vicio de gula espiritual y de los otros seis, y donde, mediante Dios, se dirán muchas cosas de estas sutiles y delicadas manchas que se pegan al espíritu por no saber guiarlo en desnudez.

Digamos ahora algo de como es esta manera que siguen algunos confesores con las almas, en que no las instruyen bien. Y, ciertamente, es algo que querría saber decir, porque entiendo que es cosa dificultosa dar a entender como el espíritu del discípulo se engendra conforme al de su padre espiritual oculta y secretamente. Y me cansa esta materia tan detallada, porque parece que no se puede explicar lo uno sin dar a entender lo otro también, pues son cosas de espíritu, que tienen correspondencia unas con otras.

Pero, a mi me parece que es suficiente decir, y así es, que, si el padre espiritual es inclinado a espíritu de revelaciones, de manera que les haga algún caso, o estas llenen o provoquen gusto en el alma, aunque el no comprenda como, no dejara de imprimir en el espíritu del discípulo esta sustancia y modo de actuar si es que el discípulo no esta mas adelantado que él. Y aunque lo este, le puede hacer mucho daño si persevera con el, porque, de aquella inclinación y gusto que el padre espiritual tiene en las tales visiones, le nace una inclinación instintiva, de la que, si no es poniendo mucho cuidado, dará muestras o hará sentirlas a la otra persona. Y, si la otra persona tiene en similar estima tal inclinación, a lo que yo entiendo, no dejara de comunicarse mucho asimiento y aprecio de estas cosas de una parte a otra.

Pero no hilemos tan delgado por el momento, y hablemos de cuando el confesor, ya se incline a eso, ya no, no tiene la cautela, que ha de tener, de desembarazar el alma y de desnudar el apetito de su discípulo de estas cosas, sino que por el contrario se pone a platicar de ello con él, y pone lo principal del lenguaje espiritual en esas visiones, como hemos dicho, dándole los indicios para poder distinguir las visiones buenas de las malas. Y, aunque es bueno saberlo, no es necesario meter al alma en ese esfuerzo, cuidado y peligro; pues, con no hacer caso de ellas, negándolas, se evita todo eso y se hace lo que se debe. Y no solo ocurre eso, sino que los confesores, viendo que dichas almas reciben tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios que les revele o les diga tales o cuales cosas referentes a ellos o a otros, y estas almas bobas lo hacen, pensando que es lícito quererlo saber por aquel medio. Pues piensan que, porque Dios quiera revelar o decir algo sobrenaturalmente de la manera que el quiere o para lo que el quiere, es licito querer que nos lo revele y aun pedírselo.

Y si ocurre que Dios se lo revela a su petición, quedan de ello mas seguros, pensando que a Dios le gusta esto y lo quiere, pues responde, y, a decir verdad, a Dios ni le gusta ni lo quiere. Y muchas veces ellos actúan o creen conforme a esto que se les revelo o se les respondió, porque, como están acostumbrados a esta manera de trato con Dios, se habitúa y se aviene a ello su voluntad. Estas visiones naturalmente se perciben y naturalmente se conforman según su manera de interpretarlas, y por eso se equivocan mucho muchas veces, y ellos ven que no les sale la cosa como habían entendido, y esto les maravilla. Y luego surgen las dudas de si eran visiones de Dios o no, pues no ocurre la cosa ni la ven de aquella manera como la habían interpretado. Ellos piensan primero dos cosas una, que la visión es de Dios, pues tanto se afirmaba en ellos al principio, aunque esta afirmación puede deberse a su inclinación natural a ello, como hemos dicho, la segunda, que siendo de Dios, todo tenia que salir conforme a como ellos las entienden o interpretan.

Y aquí hay un gran engaño, porque las revelaciones o mensajes de Dios no siempre salen como los hombres los conciben o como aparentemente debieran interpretarse. Y, por eso, no han de estar seguros de su autenticidad ni creerlas sin una reflexión previa, aunque sepan que son revelaciones o respuestas o dichos de Dios. Porque, aunque ellas sean ciertas y verdaderas en sí, no siempre lo son en sus causas y en nuestra manera de entenderlas lo que probaremos en el capitulo siguiente. Y, después, también probaremos como aunque responda a veces sobrenaturalmente a lo que se le pide, a Dios no le gusta, y cómo a veces se enoja,  aunque responda.

 

[1] Mt. 15, 14.