EL DIVINO CREADOR OCIOSO
     En la brillante hipótesis cósmica de la expansión del Universo con que Lemaitre explica el alejamiento de las lejanas galaxias revelado por el desplazamiento de las rayas del espectro hacia el rojo (efecto Doppler: fenómeno natural para todo movimiento ondulatorio, por lo que se aplica no sólo al sonido, sino también a otros fenómenos, como la luz. Corrimientos en la longitud de onda de la luz nos permiten saber si un móvil se aleja o se acerca a un observador y a qué velocidad lo hace.) debería inferirse una progresiva rarefacción ( R.A.E.:1. Acción de dilatar un cuerpo gaseoso haciéndolo menos denso.2. Disminución de la densidad de un cuerpo gaseoso al separarse las moléculas que lo forman.) de la masa cósmica: fenómeno que en cambio no se comprueba.
     Síguese de ahí que debe haber una incorporación continua de nueva materia en el cosmos, como para compensar esa rarefacción. Su cantidad ha sido calculada por el joven matemático y astrónomo Fred Hoyle (Después de dejar Cambridge, Hoyle escribió muchos libros de divulgación científica y ciencia ficción,  un auténtico charlatán vendedor de un milagroso crecepelo), de la Universidad de Cambridge, el cual ha afirmado que continuamente se produce sin creador alguno, o sea de la nada: creación sin creador, efecto sin causa. (Para completar la consulta sobre la causalidad, del Doctor N. M.—Napóles.)
     Esta sí que es una hipótesis contra el principio de causalidad. ¡Más de la cuenta! ¡absurda!
     Y no se trata de un sabio solitario, porque la exposición de esa teoría cósmica ha mantenido pendiente y emocionado al público inglés en un curso dado por él de conferencias recentísimas transmitidas por radio que han tenido un clamoroso éxito y se han reunido en un librito del que se vendieron, en pocas semanas, sesenta mil ejemplares (F. Hoyle, The Nature of the Universe, Oxford, 1950).
     Prescindamos de la hipótesis de que arranca, la de la expansión del Universo, a saber, que la mayoría, o al menos bastantes  de los astrónomos modernos niega ( en la década pasada de los 80s) , por poderse explicar de otra manera el efecto Doppler,por ejemplo, según el astrónomo Armellini, por pérdida de energía de fotones:( La pérdida de energía de los fotones ha de ser  igual a la ganancia de energía de la molécula -efecto Raman-Stokes-. (c) Durante el proceso de dispersión los fotones ganan energía a costa de las moléculas que están girando o vibrando, las cuales, a su vez, pierden esta energía -efecto Raman- antiStokes-). Lo que es chocante es esa producción continua de materia, que Hoyle postula, ¡con exclusión, sin embargo, de toda causa productora! Sería interesantísimo pedirle la justificación racional del hecho, que, dada la enorme importancia de la afirmación, no la debiera haber admitido sin graves razones proporcionales.
     No puedo satisfacer mejor vuestra legítima curiosidad, queridos lectores, sino refiriéndoos una entrevista celebrada en septiempre de 1951 con el brillante Profesor, en Cambridge, por el joven sacerdote Profesor Juan Boetti de Mondovi, que éste ha tenido la bondad de comunicarme hace unos meses. Le dejo la palabra: «Aquí me tiene, acompañado de un colega de Universidad, en una biblioteca del S. John’s College, hablando con Hoyle, con el pretexto de una aclaración en matemáticas, que deseaba mi amigo. Pensé que el pasar de las matemáticas a nuestro intento, que eran aquellas sus conferencias de cosmogonía, sería difícil. Hoyle, en cambio, responde brevemente a las preguntas de matemáticas, referentes al curso de perfeccionamiento que está dando y luego él mismo nos pregunta —tanto le interesaba— si habíamos seguido por radio sus conferencias o al menos si las habíamos leído en su libro The Nature of the Universe y con la actitud de quien no demuestra, sino que afirma, comienza a exponernos su teoría. Llegado al punto interesante —la creación continua—, interrumpo y pregunto: «¿De dónde?» Casi despechado el matemático, con aires de superioridad, me responde: «Pueril su pregunta; esa materia creada a chorro continuo cuya cantidad por segundo he calculado yo mismo, procede from anywere» (De cualquier sitio. Nota del traductor).
     Esa es la justificación (irracional) de la tesis central de la cosmogonía del matemático de Cambridge.
     El ilustrisimo profesor no podía menos de estar despechado por la… «pueril» pregunta de su interlocutor, tanto más cuanto que se la hacen tantos… Un año antes lo había consignado en su libro: «De cuando en cuando me pregunta la gente de dónde viene la materia creada. Pues bien, no viene de ninguna parte. Sencillamente aparece la materia…» (p. 165).
     La justificación de aquella tremenda afirmación consistía, pues, en no dar ninguna.
     ¿Cómo esperar realmente que se puedan hallar justificaciones contra aquel principio de causalidad que se halla a la base no sólo de la ciencia sino de la vida práctica del hombre y que no se puede negar sin caer al punto en contradicción ( o en la locura)?
     En realidad, ¿por qué afirmaba Hoyle esa aparición continua de nueva materia? Precisamente fundándose en el principio de causalidad- que luego negaría-, para dar una explicación causal del hecho de que, no obstante la supuesta expansión cósmica, no hay rarefacción. Se atiene al principio de causalidad para afirmar que debe afluir otra materia para llenar los vacíos y luego—por el prejuicio materialista que le impide echar mano del Creador divino— lo rechaza cuando tiene que explicar una cosa inmensamente más difícil y que tanto más exige una causa: la producción a partir de la nada.
    La (loca) lógica de la incredulidad.
     (Véase también respuesta 81.)
BIBLIOGRAFIA
F. Hoyle: The Nature of the Universa, Oxford, 1950. 
Bibliografía de la consulta 59. 
H.Dingle: Diario de la Asociación Astronómica Británica, 1950, págs. 203-4; 
Ovenden: Discurso a la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia, 1950
Armellini: Valore e método della scienza. L’Universo sidereo. L’origine e l’evoluzione degli astri (varios autores, por obra de F. Selvaggi), Roma, 1952, pág. 117;
G. Stein: Creazione senza Creatore? («Civiltá. Cattolica», 17 de agosto de 1951).
Pier Carlo Landucci
CIEN PROBLEMAS SOBRE CUESTIONES DE FE
Nota: Lo escrito entre paréntesis no pertenece a la obra original.