EL DECRETO CONCILIAR “UNITATIS REDINTEGRATIO” Y EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Por Ing. Mateo Roberto Gorostiaga

* “Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II” del 21 de Noviembre de 1964.
• Tomada con subtitulos y números de párrafos de la IV edición Guadalupe.

II. LAS IGLESIAS Y COMUNIDADES ECLESIALES SEPARADAS EN OCCIDENTE
Condición propia de estas comunidades
U.R.19 A) Las Iglesias y comunidades eclesiales que se disgregaron de la Sede Apostólica Romana, bien en aquella gravísima perturbación que comenzó en el Occidente ya a finales de la Edad Media, bien en tiempos sucesivos, están unidas con la Iglesia católica por una afinidad de lazos y obligación particulares por haber desarrollado en los tiempos pasados una vida cristiana multisecular en comunión eclesiástica.
Pío IX condena en el Syllabus (proposición 18):

El protestantismo no es otra cosa que una forma diversa de la misma verdadera religión cristiana y en él, lo mismo que en la Iglesia Católica, se puede agradar a Dios (D.1718).

León XIII (Satis Cognitum): 
(15. Punto en que muchos yerran) Aquellos que hacen profesióndel cristianismo reconocen de ordinario que la fe debe ser una. El punto mas importante y absolutamente indispensable, aquél en que yerran muchos, consiste en discernir de qué naturaleza es, de qué especie es esta unidad. Puesta aquí, como Nos lo hemos dicho más arriba, en semejante asunto no hay que juzgar por opinión o conjetura, sino según la ciencia de los hechos hay que buscar y comprobar cuál es la unidad de fa fe que Jesucristo ha impuesto a su Iglesia.
(17…) Al punto de volverse Jesús al cielo, envía a sus Apóstoles revistiéndolos del mismo poder con el que el Padre le enviara, les ordenó que esparcieran y sembraran por todo el mundo su doctrina. “Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id y enseñad a lodas las naciones… enseñadlas a observar todo lo que os he mandado” (Mt. 28, 18-20). Todos los que obedezcan a los Apóstoles serán salvos, y los que no obedezcan perecerán.

“Quien crea y se bautice será salvo; quien no crea será condenado” ( Mc. 16, 16).

Pío IX.- Concilio Vaticano:
[Canon.] Si alguno, pues, dijere que no es de institución de Cristo mismo, es decir, de derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en el primado sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es sucesor del bienaventurado Pedro en el mismo primado, sea anatema (D.1S25).

U.R. 19 B) Puesto que estas ideas y comunidades eclesiales, por la diversidad de su origen, de su doctrina y de su vida espiritual, discrepan bastante no solamente de nosotros, sino también entre sí, es tarea muy difícil describirlas cumplidamente, cosa que no pretendemos hacer aquí.
León XIII (S.C.):
[30. ] Si hay,… un punto que ha sido revelado evidentemente por Dios y nos negamos a creerlo, entonces no se cree absolutamente en nada con fe divina.
Pues el juicio que emite Santiago respecto de las fallas en el orden moral, hay que aplicarlo a los errores de entendimiento en el orden de la fe. Quien se hace culpable en un solo punto se hace trasgresor de todos (Santiago 2. 10). Esto es aun más verdadero en los errores del entendimiento. No es, en efecto, en el sentido más propio, como pueda llamarse trasgresor de toda la ley a quien haya cometido una sola falta moral, pues si puede aparecer despreciando a la majestad de Dios, autor de toda la ley, ese desprecio no aparece sino por una especie de interpretación de la voluntad del pecador. Al contrario, empero, quien en un solo punto rehusa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la Fe, pues rehusa someterse a Dios en cuanto es la soberana verdad y el motivo propio de la fe. En muchos puntos están conmigo, en otros no están conmigo; pero a causa de ios puntos en que no están conmigo, de nada les sirve estar conmigo en todo lo demás (San Agustin Salmo 54. n.19. P.L. 36, 641.)
[49. San Jerónimo y San Agustín. ] Por esto San Jerónimo escribe lo que sigue a Dámaso I: Hablo al sucesor del Pescador y al discípulo de la Cruz… Estoy ligado por la comunión a Vuestra Beatitud, es decir, a la Cátedra de Pedro. Se que sobre esa piedra se ha edificado la Iglesia (San Jerónimo Ep. 15 ad Dam. n. 2. P.L. 22, 355).
El método habitual de San Jerónimo para reconocer si un hombre es católico, es saber si está unido a la Cátedra romana de Pedro. Si alguno está unido a la Cátedra romana de Pedro, ese es mi hombre” (San Jerónimo Ep. 16 ad Dam. n. 2. P.L. 22. 359). Por un método análogo San Agustín, que declara abiertamente que en la iglesia romana estaba siempre en vigencia el Primado de la Cátedra apostólica, afirma que quien se separa de la fe romana no es católico. No puede creerse que guardáis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana (San Agustín Ep. 43. 7; Serm. 120. 13. P.L. 33. 163).

León XIII (S.C.):
(59…) Por esto el decreto del Concilio Vaticano que definió la naturaleza y el alcance de la primacía del Pontífice Romano, no introdujo ninguna opinión nueva, pues sólo afirmó la antigua y constante fe de todos los siglos.
U.R.19 C) Aunque todavía no es universal el movimiento ecuménico y el deseo de armonía con la Iglesia católica, abrigamos no obstante la esperanza de que este sentimiento ecuménico y el mutuo aprecio  imponiéndose poco a poco en todos*.
* El movimiento de apertura ecumenista abre sus brazos no sólo a los cristianos de diversas confesiones o comuniones sino también a los no cristianos que “se ordenan de diverso modo al Pueblo de Dios”. Véase así la Constitución dogmática Lumen Gentium y la Declaración Conciliar Nostra Aetate.

Pío XI (MortaliumAnimos):
(2…) Con tal fin suelen estos mismos ecumenistas organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquéllos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.
[9… “La división” de la Iglesia] Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule y proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos. Y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad…

Y León XIII (Satis Cognitum):
[17…]”Pero -dijo Cristo Nuestro Señor- si yo hago esas obras y no queréis creer en mí, creed en mis obras” (Juan 10. 38). Todo lo que ordena, lo ordena con la misma autoridad; en el asentimiento de espíritu que exige, no exceptúa nada, nada distingue. Aquellos, pues, que escuchaban a Jesús, si querían salvarse, tenían el deber, no solamente de aceptar en general toda su doctrina, sino de asentir plenamente a cada una de las cosas que enseñaba. Negarse a creer, aunque sólo fuera en un punto, a Dios cuando habla, es contrario a la razón.
(30…) Nada es más justo; porque aquellos que no toman de la doctrina cristiana sino lo que quieren, se apoyan en su propio juicio y no en la fe, y al rehusar reducir a servidumbre toda inteligencia bajo la obediencia de Cristo (II Cor. 10, 5) obedecen en realidad a sí mismos antes que a Dios. Vosotros que en el Evangelio creéis lo que os agrada y os negáis a creer lo que os desagrada, creéis en vosotros mismos mucho más que en el Evangelio (San Agustin cont. Faust. 1. 17, 3. P.L. 42, 342).
Los Padres del Concilio Vaticano I nada de nuevo dictaminaron al respecto pues sólo se conformaron con la institución divina y con la antigua doctrina de la Iglesia y con la naturaleza misma de la fe, cuando formularon este decreto: Se deben creer como de fe divina y católica todas las verdades que están contenidas en la palabra de Dios escrita o trasmitida por la tradición, y que la Iglesia, bien por un juicio solemne o por su magisterio ordinario y universal propone como divinamente revelada” (Conc. Vat. Ses. 3. c.3. D.1792). (S.C.).

Pío IX, 1846-1878 – Concilio Vaticano, 1869-1870:
[Afirmación del primado] Por tanto, apoyados en los claros testimonios de las Sagradas Letras y siguiendo los decretos elocuentes y evidentes, ora de nuestros predecesores los Romanos Pontífices, ora de los Concilios universales, renovamos la definición del Concilio Ecuménico de Florencia, por la que todos los fieles de Cristo deben creer que “la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice poseen el primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, y verdadero vicario de Jesucristo y cabeza de toda la Iglesia, y padre y maestro de todos los cristianos; y que a él le fue entregada por nuestro Señor Jesucristo, en la persona del bienaventurado Pedro, plena potestad de apacentar, regir y gobernara la Iglesia universal, tal como aunen las actas de los Concilios Ecuménicos y en los sagrados Cánones se contiene” [v. D.694] (D.1826).
(45. Pedro jefe de la sociedad cristiana) Es, [Cristo], el Rey de la Iglesia, que posee la llave de David; cierra, y nadie puede abrir: abre, y nadie puede cerrar (Apo. 3, 7.), y por eso al dar las llaves a Pedro le declara jefe de la sociedad cristiana. Es también el Pastor supremo, que a sí mismo se llama el Buen Pastor (Juan 10. 11.) y por eso también ha nombrado a Pedro pastor de sus corderos y ovejas.
Por esto dice San Crisóstomo: Era el principal entre los Apóstoles; era como la boca de los otros discípulos y la cabeza del cuerpo apostólico… Jesús, al decirle que debe tener en adelante confianza, porque la mancha de su negación está ya borrada, le confía el gobierno de sus hermanos. Si tú me amas, sé jefe de tus hermanos (Crisóst. Hom. 88 in Joan. 1. P.G. 59, 178-79). Finalmente, Aquél que confirma en toda buena obra y en toda buena palabra (II Tes. 2, 16) es quien manda a Pedro que confirme a sus hermanos.
San León Magno dice con razón: Del seno del mundo entero, Pedro solo ha sido elegido para ser puesto a la cabeza de todas las naciones llamadas, de todos los Apóstoles, de todos los Padres de la Iglesia; de tal suerte que, aunque haya en el pueblo de Dios muchos pastores, Pedro, sin embargo, rige propiamente a todos los que son principalmente regidos por Cristo (San León Magno Sermon IV. c. 11. P.I.. 54, 149-50). Sobre el mismo asunto escribe San Gregorio Magno al emperador Mauricio Augusto: Para todos los que conocen el Evangelio, es evidente que por la palabra del Señor, el cuidado de toda la Iglesia ha sido confiado al Santo Apóstol Pedro, jefe de todos los Apóstoles… Ha recibido las llaves del reino de los cielos, el poder de atar y desatar le ha sido concedido, y el cuidado y el gobiemo de toda la Iglesia le ha sido confiado (San Gregorio Epist. 1, V. ep. 20. P.L. 77. 745-46).

U.R.19 D) Hay que reconocer, ciertamente, que entre las Iglesias y comunidades y la Iglesia católica hay discrepancias esenciales no sólo de índole histórica, sociológica, sicológica y cultural, sino, ante todo, de interpretación de la verdad revelada. Mas para que a pesar de estas dificultades pueda entablarse más fácilmente el diálogo ecuménico, en los siguientes parrafos trataremos de ofrecer algunos puntos que pueden y deben ser fundamento y estímulo para este diálogo.

León X (1513-1521) en la Bula Exsurge Dómino, de 15-VI-I510, condena estos errores de Lutero
1. Es sentencia herética, pero muy al uso, que los sacramentos de la Nueva Ley, dan la gracia santificante a los que no ponen óbice. (D. 741).
2. Decir que en el niño después del bautismo no permanece el pecado, es conculcar juntamente a Pablo y a Cristo (D.742) […]
7. Muy veraz es el proverbio y superior a la doctrina hasta ahora por todos enseñada sobre las contricciones: “La suma penitencia es no hacerlo en adelante; la mejor penitencia, la vida nueva”. (D.747).
8. En modo alguno presumas confesar los pecados veniales; pero ni siquiera todos los mortales, porque es imposible que los conozcas todos. De ahí que en la primitiva Iglesia sólo se confesaban los pecados mortales manifiestos (o públicos) (D.74S).
9. Al querer confesarlo absolutamente todo, no hacemos otra cosa que no querer dejar nada a la misericordia de Dios para que nos lo perdone (D.749) […]

24. Hay que enseñar a los cristianos más a amar la excomunión que a temerla (D.764)[…[
31. El justo peca en toda obra buena (D.771).
32. Una obra buena, hecha de la mejor manera, es pecado venial… (D.772).

Sobre la Bula Exsurge Domino dice el “Dictionnaire de Theologie Catholique” de Vacant, Mangenot y Amman, articulo Lutero:
Cuarenta y una proposiciones de Lutero fueron allí condenadas; más de la mitad trataban la teoría de la justificación por la fe sin las obras, las otras de la autoridad de la Iglesia.
A comienzo de noviembre (1520) en un nuevo panfleto: Contra la execrable bula del Anticristo, Lutero se vuelve más agresivo. Al fin se decide a cortar los puentes. El 10 de diciembre, ante la puerta del Elster, quema la bula en público. Mientras ella ardía, dijo solemnemente: “Puesto que has turbado la verdad de Dios, que el Señor te turbe en este fuego”.
Más adelante él escribía en 1531: “Yo no puedo rezar sin maldecir. Cuando digo: “Santificado sea tu nombre”, no puedo evitar de agregar: “maldito, condenado, infame sea el nombre de los papistas y de cuantos injurian tu nombre”. Cuando digo “Vénganos el tu reino”, yo agrego: “maldito, condenado, abajo sea el papismo, con todos los reinos que sobre la tierra se elevan contra el tuyo”. Cuando digo: “Hágase tu voluntad”, agrego: “Malditos, condenados, infames, abajo sean todos los pensamientos y proyectos de los papistas y de todos los que trabajan contra tu voluntad y tus designios”. Es así que rezo todos los días, del Fondo del corazón como de los labios, sin cansarme”.

León XIII (Satis Cognitum)
(61. A los hijos fieles) Todos los que por un insigne beneficio de Dios tienen la dicha de haber nacido en el seno de la Iglesia católica y de vivir en ella escucharán nuestra voz Apostólica, Nos tenemos ninguna razón para dudar de ello. Mis ovejas oyen mi voz (Juan 10, 27). Todos ellos habrán hallado en esta Carta medios para instruirse más plenamente y para adherirse, con un amor más ardiente, cada uno a sus propios Pastores, y por éstos al Pastor supremo, a fin de poder continuar con mayor seguridad en el aprisco único, y recoger una mayor abundancia de frutos saludables.
[62. A los que están fuera de la Iglesia] Pero fijando nuestras miradas en el autor y consumador de la fe, Jesús (Hebr. 12, 2), cuyo lugar ocupamos y por quien Nos ejercemos el poder, aunque sean débiles Nuestras fuerzas para el peso de esta dignidad y de este cargo Nos sentimos que su caridad inflama Nuestra alma y emplearemos no sin razón, estas palabras que Jesucristo decía de sí mismo: Tengo otras ovejas que no están en este aprisco; es preciso también que yo las conduzca y escucharán mi voz (Jn. 10. 16). No rehusen, pues, escucharnos y mostrarse dóciles a Nuestro amor paternal, todos aquellos que destestan la impiedad, hoy tan extendida, que reconocen a Jesucristo, que le confiesan Hijo de Dios y Salvador del género humano, pero que, sin embargo, viven errados y apartados de su Esposa. Los que toman el nombre de Cristo es necesario que lo tomen todo entero.

La confesión de Cristo
U.R.20 Nuestra atenciónse dirige, ante todo, a los cristianos que reconocen públicamente a Jesucristo como Dios y Señor y Mediador único entre Dios y los hombres, para gloria del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sabemos que existen graves divergencias entre la doctrina de estos cristianos y la doctrina de la Iglesia católica aun respecto de Cristo, Verbo de Dios encarnado, de la obra de la redención y, por consiguiente, del misterio y ministerio de la Iglesia y de la función de María en la obra de la salvación. Nos gozamos, sin embargo, viendo a los hermanos separados tender hacia Cristo, como fuente y centro de la comunión eclesiástica. Movidos por el deseo de la unión con Cristo, se ven impulsados a buscar más y más la unidad y también a dar testimonio de su fe delante de todo el mundo.

Pío XI, (Mortalium Animos):
(14…) ¿Cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿Y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada “transubstanciación”, y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo? (Ver Tim. 2, 5).

Leon XIII, 1878-1903 (Testem Benevolentiae)
Pretenden en efecto, que es oportuno para atraer las voluntades de los discordes, omitir ciertos puntos de doctrina, como si fueran de menor importancia, o mitigarlos de manera que no conserven el mismo sentido que constantemente mantuvo la Iglesia. Mas con cuán reprobable consejo haya sido todoeso excogitado… no hace falta largo discurso para demostrarlo, con que se recuerde la naturaleza y el origen de la doctrina que enseña la Iglesia. Dice a este propósito el Concilio Vaticano: “Y jamás hay que apartarse…” [v. D.1800](D.1967)… de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia (D.1800).

U.R.: “Los hermanos separados… movidos por el deseo de la unión con Cristo, se ven impulsados… a dar testimonio de su fe”.
León XIII (Testem Benevolentiae)
Todo magisterio externo es rechazado como superfluo y hasta como menos útil por aquellos que se dedican a alcanzar la perfección cristiana: ahora -dicen- infunde el Espíritu Santo en las almas de los fieles más amplios y abundantes carismas que en los tiempos pasados, y les enseña y los conduce, sin intermedio de nadie, por cierto misterioso instinto… (D.1970).

Pío IX, 1846-1878.- Concilio Vaticano, 1869-1870
Así, pues, “toda aserción contraria a la verdad de la fe iluminada, definimos que es absolutamente falsa” [V Concilio de Letrán; v. 738] (D.1797).
Y la doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada… (D.1800).

Y así termina el Símbolo Quicumque o Atanasiano:

…Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse. (D.40)

El estudio de la Sagrada Escritura
U.R.21 A) El amor y la veneración, y casi culto a las Sagradas Escrituras, conducen a nuestros hermanos separados al estudio constante y solícito de la Biblia, pues el Evangelio es poder de Dios para la salud de todo el que cree, del judío primero, pero también del griego (Rom. 1, 16).

León XIII (Satis Cognitum):
(75…) La doctrina celestial de Jesucristo, aunque en gran parte esté consignada en libros inspirados por Dios, si hubiese sido entregada a los pensamientos de los hombres no podría por sí misma unir los espíritus. Con la mayor facilidad llegaría a ser objeto de interpretaciones diversas, y esto no sólo a causa de la profundidad y de los misterios de esta doctrina, sino por la diversidad de los entendimientos de los hombres y de la turbación que nacería del choque y de la lucha de contrarias pasiones. De las diferencias de interpretación nacería necesariamente la diversidad de los sentimientos, y de ahí las controversias, disensiones y querellas como las que estallaron en la Iglesia en la época más próxima a su origen: He aquí por qué escribía San Ireneo hablando de los herejes: “Confiesan las Escrituras, pero pervierten su interpretación” (San Ireneo Ad. Haer. III. 12. n° 12. P.G. 7, 906). Y San Agustín: “El origen de las herejías y de los dogmas perversos que tienden lazos a las almas y las precipitan en el abismo, está únicamente en que las Escrituras que son buenas se entienden de una manera que no es buena” (San Aug. Evang. Joa. trac-18, c. 5, n° 1).

Paulo III, 1534-1549. Concilio de Trento 1545-1563 (Sesión VI, 13-1-1543)
Contra la vana confianza de los herejes:
Pero aún cuando sea necesario creer que los pecados no se remiten ni fueron jamás remitidos sino gratuitamente por la misericordia divina a causa de Cristo; no debe, sin embargo, decirse que se remiten o han sido remitidos los pecados a nadie que se jacte de la confianza y certeza de la remisión de sus pecados y que en ella sola descanse, como quiera que esa confianza vana y alejada de toda piedad, puede darse entre los herejes y cismáticos, es más, en nuestro tiempo se da y se predica en contra de la Iglesia Católica (Can. 12)… (D.802).
Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no son necesarios para la salvación, sino superfluos, y que sin ellos o el deseo de ellos, los hombres alcanzan de Dios, por la sola fe, la gracia de la justificación -aun cuando no todos los sacramentos sean necesarios a cada uno-, sea anatema (D.847).

Pío XII en Humani Generis de 12-VIII-1950:
Algunos no se creen obligados por la doctrina hace pocos años expuesta en nuestra Carta Encíclica (Mystici Corporis) y apoyada en las fuentes de la Revelación, según la cual el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y misma cosa. Algunos reducen a una fórmula vana la necesidad de pertenecer a la Iglesia verdadera para alcanzar la salvación eterna (D.2319).

San León IX, De la Carta Concratulamur Vehementer, de 13-1V-1053:
Además anatematizo toda herejía que se levanta contra la Santa Iglesia Católica y juntamente a quienquiera crea que han de ser tenidas en autoridad o haya venerado otras Escrituras fuera de las que recibe la Santa Iglesia Católica. De todo en todo recibo los cuatro Concilios y los venero como a los cuatro Evangelios, pues la Santa Iglesia universal por las cuatro partes del mundo está apoyada en ellos como en una piedra cuadrada… ( S. Gregorii M. Epist. 3. cp 25 [P.L. 77, 478]) De igual modo recibo y venero los otros tres Concilios… Cuanto los antedichos siete Concilios santos y universales sintieron y alabaron, yo también lo siento y alabo, y a cuantos anatematizaron, yo los anatematizo. (D.349)

U.R.21 B) Invocando al Espíritu Santo, buscan en las Escrituras a Dios que, en cierto modo, les habla en Cristo, preanunciado por los profetas, Verbo de Dios encarnado por nosotros. En ellas contemplan la vida de Cristo y cuanto el divino Maestro enseñó y realizó para la salvación de los hombres, sobre todo los misterios de su muerte y de su resurrección.
León XIII (Satis Cognitum):
(62…) Los que toman el nombre de Cristo, es necesario que lo tomen todo entero. Cristo todo entero es una cabeza y un cuerpo, la cabeza es el Hijo único de Dios; el cuerpo es su Iglesia: es el esposo y la esposa, dos en una sola carne. Todos los que tienen respecto de la cabeza un sentimiento diferente del de las Escrituras, en vano se encuentran en todos los lugares donde se halla establecida la Iglesia, porque no están en la Iglesia.
E igualmente todos los que piensen como la Sagrada Escritura respecto de la cabeza, pero que no viven en comunión con la autoridad de la Iglesia, no están en la Iglesia (S. Agust. contra Donat. ep. sive de Unitate Eccl. c. IV.. n. 7. P.L. 43. 395).

Sesión IV (8 de abril de 1546) Paulo III, 1534-1549.- Concilio deTrento, 1545-1563
El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento… (para) que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del Evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulgó primero por su propia boca Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios y mandó luego que fuera predicadopor ministerio de sus Apóstoles a todo criatura [Mt. 28, 19 y s; Mc. 16,15] como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por inspiración del Espíritu Santo; siguiendo los ejemplos de los Padres ortodoxos, con igual afecto depiedad e igual reverencia recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y también las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu Santo dictadas y por continua sucesión conservadas en la Iglesia Católica.
Ahora bien, creyó deber suyo escribir adjunto a este decreto un índice [o canon] de los libros sagrados, para que a nadie pueda ocurrir duda sobre cuáles son los que por el mismo Concilio son recibidos (D.783).
Son los que a continuación se escriben [sigue la lista de los libros canónicos de ambos Testamentos]… Y si alguno no recibiere como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han acostumbrado leer en la Iglesia Católica y se contienen en la antigua edición vulgata latina, y despreciare a ciencia y conciencia las tradiciones predichas, sea anatema. Entiendan, pues, todos, porqué orden y camino, después de echado el fundamento de la confesión de la fe, ha de avanzar el Concilio mismo y de qué testimonios y auxilios se ha de valer principalmente para confirmar los dogmas y restaurar en la Iglesia las costumbres (D.784).
Además para reprimir los ingenios petulantes, decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la Escritura Sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadera sentido e interpretación de las Escrituras Santas, o también contra el unánime sentir de los Padres, aun cuando tales interpretaciones no hubieren de salir a luz en tiempo alguno. Los que contravinieren, sean declarados por medio de los ordinarios y castigados con las penas establecidas por el derecho…
U.R.21 C) Pero cuando los hermanos separados reconocen la autoridad divina de los sagrados libros sienten -cada uno a su manera – diversamente de nosotros en cuanto a la relación entre las Escrituras y la Iglesia, en la cual, según la fe católica, el magisterio auténtico tiene un lugar especial en orden a la exposición y predicación de la Palabra de Dios escrita.

León XIII (Testem Benevolentiae).
En la causa, sin embargo, de que hablamos, querido Hijo Nuestro, lo que trae más peligro y es más perjudicial a la doctrina y disciplina católica es el consejo aquel de los seguidores de novedades por el que piensan que hay que introducir en la Iglesia una especie de libertad, de suerte que, restringida en cierto modo la fuerza y vigilancia del poder (del Magisterio) sea lícito a los fieles entregarse algo más ampliamente a su natural y a la virtud activa…(D.1969).
San Pío X, JURAMENTO ANTIMODERNISTA:
Repruebo igualmente el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, sin tener en cuenta la tradición de la Iglesia, la analogía de la fe y las normas de la Sede Apostólica, sigue los delirios de los racionalistas y abraza no menos libre que temerariamente la crítica del texto como regla única y suprema (D.2146).

León XIII (Providentissimus Deus, de 18-M-1893):
Todos los libros que la Iglesia recibe como sagrados y canónicos, han sido escritos íntegramente, en todas sus partes, por dictado del Espíritu Santo, y tan lejos está que la divina inspiración pueda contener error alguno, que ella de suyo no sólo excluye todo error, sino que los excluye y rechaza tan necesariamente como necesario es que Dios, Verdad suprema, no sea autor de error alguno (D. 1951).
Esta es la antigua y constante fe de la Iglesia, definida también por solemne sentencia en los Concilios de Florencia (v. D.706) y de Trento [v. D.7.X3 ss] y confirmada finalmente y más expresamente declarada en el Concilio Vaticano, que promulgó absolutamente: Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento… tienen a Dios por autor [ v. D. 1787]… (D. 1052).
Valga en general lo que el mismo Agustín escribió a Jerónimo: “Si tropiezo en esas Letras con algo que parezca contrario a la verdad, no dudaré sino que o el códice es mendoso, o el traductor no alcanzó lo que decía el original, o yo no he entendido nada…” (S. August. Ep. 82, 1, 3 (P.L. 33 (Aug. II). 277) y con frecuencia en otras partes) (D.1952).
Muchas cosas efectivamente tomadas de todo género de ciencias, se han lanzado durante mucho tiempo y con ahinco contra la Escritura, y luego han envejecido totalmente por vanas; igualmente, no pocas interpretaciones (no pertenecientes propiamente a la regla de la fe y las costumbres) fueron en otro tiempo propuestas de pasajes en que más tarde vio más rectamente una investigación más penetrante. En efecto, el tiempo borra las fantasías de las opiniones, pero “la verdad permanece y cobra fuerzas eternamente” (Esdras IV, 38).(D.1953).

Así Clemente VI a Consolador Catolicón de los Armenios:
Decimocuarto, si has creído y crees que el Nuevo y Antiguo Testamento, en todos los libros que nos ha transmitido la autoridad de la Iglesia Romana, contienen en todo la verdad indubitable… (D.570r).
Pío IV, 1559-1565.- Concilio de Trento, 1545-1563:
Admito y abrazo firmísimamente las tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia y las restantes observancias y constituciones de la misma Iglesia. Admito igualmente la Sagrada Escritura conforme al sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien compete juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras, ni jamás la tomaré e interpretaré sino conforme al sentir unánime de los Padres (D.995).
… Abrazo y recibo todas y cada una de las cosas que han sido definidas y declaradas en el sacrosanto Concilio de Trento acerca del pecado original y de la justificación (D.996).

U.R.21 D) Sin embargo, las Sagradas Escrituras son, en el diálogo mismo, instrumentos preciosos en la mano poderosa de Dios para lograr aquella unidad que el Salvador presenta a todos los hombres.

Pío IX, 1846-1878.- Concilio Vaticano, 1869-1870:
(De las fuentes de la revelación) Ahora bien, esta revelación sobrenatural, según la fe de la Iglesia universal declarada por el santo Concilio de Trento, “se contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas, que recibidas por los Apóstoles de boca de Cristo mismo, o sea por los mismos Apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros” (Con. Trid., v. D.783). Estos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, íntegros con todas sus partes, tal como se enumeran en el decreto del mismo Concilio, y se contienen en la antigua edición Vulgata latina, han de ser recibidos como sagrados y canónicos, no porque compuestos por sola industria humana, hayan sido luego aprobados por ella; ni solamente porque contengan la revelación sin error; sino porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han sido entregados a la misma Iglesia (Can. 4).(D. 1787).
[De la interpretación de la Sagrada Escritura]. Mas como quiera que hay algunos que exponen depravadamente lo que el santo Concilio de Trento, para reprimir a los ingenios petulantes, saludablemente decretó sobre la interpretación de la Escritura divina, Nos, renovando el mismo decreto, declaramos que su mente es que en materias de fe y costumbres que atañen a la edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquél que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras santas; y, por tanto, a nadie es lícito interpretar la misma Escritura Sagrada contra este sentido ni tampoco contra el sentir unánime de los Padres (D.1788).

San Pío X, Del Motu Proprio Sacrorum Antistitum de 1° de septiembre de 1910:
Yo… abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el magisterio inerranle de la Iglesia, principalmente aquellos puntos de doctrina que directamente se oponen a los errores de la época presente…
En tercer lugar: creo igualmente con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, fue próxima y directamente instituida por el mismo, verdadero e histórico, Cristo, mientras vivía entre nosotros, y que fue edificada sobre Pedro, príncipe de la jerarquía apostólica, y sus sucesores para siempre.
Cuarto: acepto sinceramente la doctrina de la fe trasmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia (D.2145).

Eugenio IV, 1431-1447.- Concilio de Florencia, 1438-1445:
Asimismo definimos que la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernara la Iglesia universal, como se contiene hasta en las actas de los Concilios ecuménicos y en los sagrados cánones (D.694).
Pío IX, Concilio Vaticano:
A esta potestad están obligados por el deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad… no sólo en las materias que atañen a la le y las costumbres, sino también en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de suerte que, guardada con el Romano Pontífice esta unidad tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un solo pastor supremo. Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación (D.1827).
(Canon) Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia universal, no sólo en las materias que pertenecen a la ley a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia difundida por todo el orbe, o que tiene la parte principal, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, tanto sobre todas y cada una de las Iglesias, como todos y cada uno de los pastores y de los fieles, sea anatema (D.1831).