Contenido de la investigación.

1º La ley de la historia.

2º Satanás, el pecado y el odio a Dios Nuestro Señor.

3º La sinagoga de Satanás.

4º El talmud de los judíos.

5º Enseñanzas del Talmud.

6º ¿Qué son los Protocolos de los sabios de Sión?

7º Análisis católico de los Protocolos de los Sabios de Sión. 

8º Los Protocolos completos de los sabios de Sión. 

9º El Santo Rosario de la Santísima Virgen María.

1.- La ley de la historia.

El fundamento de la ley de la historia, los hechos de los hombres, todos los acontecimientos humanos están relacionados entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás: ‘Inimicitias ponam inter te et mulierem’

“Enemistades pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella quebrantará tu cabeza, tu pondrás asechanzas a su calcañar.” Génesis III, 15.

Hoy se establece en el mundo entero una estructura social para la ciudad de Satanás.

2.- Satanás, el pecado y el odio a Dios Nuestro Señor.

Satanás es el padre y maestro de la mentira, del engaño, de la simulación, [Evangelio de San Juan VIII, 37.] porque vive en el odio contra Dios Nuestro Señor; un alma que se entrega al pecado lentamente va creciendo en su alma un odio contra el Autor de su vida que lo creo para el bien, en consecuencia, el pecado forma un odio contra quien se revela, haciéndose esclavo de Satanás por el pecado mortal, hasta llegar a confundirse o parecer una misma cosa: el hombre entregado al pecado y las obras de Satanás: “El diablo puede considerar al pecador como ser semejante a él y como obra suya.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274.

Las obras de pecado están originadas en Satanás, a través de personas esclavizadas en diversos grados a la serpiente antigua, es evidente la obra de las legislaciones anticristianas, los sistemas de finanzas fundados en la usura, el sistema oficial de educación contra Dios, la destrucción de los fundamentos de la fe católica por los mismos ‘hombres de iglesia’, la espantosa abominación en el lugar santo y la eliminación casi universal del Sacrificio perpetuo, hasta el grado de apreciar una apostasía casi general.

«El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada ni a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios. El diablo combate el Reino de Dios, el poderío de Dios, incondicionalmente. No hay solamente un poder impersonal malo; existe también un ser personal cuyas intenciones son radicalmente malas y que quiere el mal por amor del mal.» Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274.

3.- La sinagoga de Satanás.

El nombre de Sinagoga de Satanás aparece en las Sagradas Escrituras en varias ocasiones:  “Sé tú tribulación, y tu pobreza, más rico eres: y eres blasfemado por aquellos, que dicen que son judíos, y no lo son, mas son sinagoga de Satanás.” Apocalipsis de San Juan II, 9.

La sinagoga que es la institución más importante del judaísmo, quedó convertida en la sinagoga de Satanás con la muerte de Nuestro Señor Jesucristo por los judíos, quién en vida los llamo hijos del diablo: “Vos ex patre diabolo estis”.

“Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él: cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de la mentira.” Evangelio de San Juan VIII, 44.

“Y guardaos de los hombres. Porque os harán comparecer en sus audiencias, y os azotarán en sus sinagogas: Y seréis llevados ante los gobernadores, y los reyes por causa de mí, en testimonio a ellos, y a los gentiles.” Evangelio de San Mateo X, 17.

“Los judíos no cristianos odiarán más y más a los cristianos a quienes tendrán por renegados de su Dios y de su Patria. En todo el imperio las sinagogas serán centros de odio y de persecución.” Historia de la Iglesia Católica, Daniel Olmedo, SJ, Editorial Porrúa.

4. El talmud de los judíos.

Los judíos que permanecieron en el odio a Dios Nuestro Señor, elaboraron un libro llamado: «talmud» el cual contiene blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo, por lo cuál los Sumos Pontífices han obrado enérgicamente contra el pueblo judío a lo largo de la historia:

“Desde el siglo XII, los judíos debían habitar separados de los cristianos en un barrio de los suburbios, que se decía en España judería y en otras naciones ghetto. Para que la distinción fuera más clara y consiguientemente se pudiesen evitar con más facilidad el trato mutuo y los noviazgos entre personas de una y otra religión, se les obligaba, máxime desde el Concilio IV de Letrán, a llevar en el traje un distintivo, consistente en un gorro puntiagudo y una franja amarilla o roja cosida al vestido. Prohibíaseles el cohabitar con mujeres cristianas en calidad de mancebas (el matrimonio era nulo) o como criadas o vender esclavos cristianos y el forzar a nadie a la circuncisión. No podían desempeñar cargos oficiales, si bien esta ley fue violada frecuentemente por voluntad de los mismos reyes. Lo mismo se diga de la prohibición que tenían los cristianos de consultar a los médicos o cirujanos judíos, a no ser en caso de necesidad. El culto judaico no podía celebrarse en público, ni era lícito construir nuevas sinagogas donde no las hubiese, pero sí restaurar las existentes. (Los Sumos Pontífices) Gregorio IX y Honorio IV mandaron recoger los libros del Talmud, por el odio que respira y las horrendas calumnias que contiene contra Cristo y el cristianismo.” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, página 737.

“Que ni siquiera los judíos se atrevan a jugar o comer o mantener familiaridad con los cristianos”. Papa Paulo IV, “Cum nimis absurdum”, 1555.

“Nosotros amonestamos a su Alteza, para que cese de tolerar que los judíos gobiernen sobre los cristianos y ejerzan autoridad sobre ellos. Ya que permitir que los cristianos estén subordinados a los judíos y estén sujetos a su arbitrio, es lo mismo que oprimir a la Iglesia de Dios y exaltar a la Sinagoga de Satanás. Desear agradar a los enemigos de Cristo, significa ultrajar a Cristo mismo.” Papa Gregorio VII al rey Alfonso VI de Castilla en el año 1080.

«Nuestros modos de vida y los de los judíos son extremadamente diferentes, y los judíos pervertirán fácilmente a las almas de las gentes sencillas a su superstición e incredulidad si tales gentes están viviendo en continua e íntima conversación con ellos.» Papa Alejandro III, decretal: ‘Ad hoec.’

“Nos, que anhelamos con todo Nuestro corazón la salvación de las almas, os concedemos plena autoridad por las presentes cartas para desterrar a los judíos…” Papa Inocencio IV a San Luis Rey de Francia.

5.- Enseñanzas del Talmud.

“Los judíos nunca deben cesar de exterminar a los Goim –cristianos-; no les debe dejar nunca en paz…” “A los cristianos se les debe matar sin misericordia” Aboda Zarah (26b) Talmud.

“Los judíos no deben escatimar ningún esfuerzo en combatir a los tiranos que los mantienen en este Cuarto Cautiverio a fin de ser libres. Deben combatir a los cristianos con astucia y nada debe hacer para evitar que les suceda algún mal: sus enfermos no deben ser atendidos, no se debe ayudar a las mujeres cristianas en el momento del parto, ni tampoco deber ser salvados cuando estén en peligro de muerte” Zohar (1, 160) Talmud.

“La vida de un Goim y todos sus poderes físicos pertenecen a un judío” A Rohl. Die Polem., p.20.

“Se les debe matar aún a los mejores Goim” Aboda Zarah (26b) Talmud.

6.- ¿Qué son los Protocolos de los sabios de Sión?

Cito textualmente la definición del Cardenal de la Santa Iglesia Católica, José María Caro Rodríguez: 

“Esos protocolos contienen un plan propuesto por los judíos, o por un ponente, como se dice, para realizar el ideal de la dominación universal sobre todo el mundo, bajo un gobierno judío, mediante la corrupción de costumbres, el empobrecimiento de los pueblos en favor de los judíos y las continuas agitaciones y el continuo descontento que harían que los pueblos se entregarán en brazos de los judíos para salvarse de la anarquía y de la miseria”. José María Caro Rodríguez, Cardenal Arzobispo de Santiago de Chile, ‘El misterio de la masonería’, No. 136.Los Protocolos de los sabios de Sion. 

Los protocolos es el plan judío para dominar al mundo cristiano, desde luego los primeros que niegan tal hecho son los autores de la obra.

7.- Análisis católico de los Protocolos de los Sabios de Sión.

Los Protocolos es una obra intelectual que embona perfectamente en los frutos de Satanás, es el resultado maduro de los enemigos de Dios Nuestro Señor.

«El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada ni a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios. El diablo combate el Reino de Dios, el poderío de Dios, incondicionalmente. No hay solamente un poder impersonal malo; existe también un ser personal cuyas intenciones son radicalmente malas y que quiere el mal por amor del mal.» Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, página 274. 

Los Protocolos es una obra de muchos años de trabajo, de la mentira, el engaño, la simulación, del robo; pues ocupa grandísimas cantidades de dinero para la consumación de la destrucción de la civilización Cristiana.

“¿De dónde viene su lucha contra nosotros? Porque el diablo, convertido en recipiente de toda maldad, adquirió también la enfermedad de la envidia y envidiaba nuestro honor. No pudo tolerar nuestra vida dichosa en el paraíso, sedujo al hombre mediante intrigas y engaños, se sirvió para seducirle de la pasión que él mismo tenía, a saber, querer ser igual a Dios, mostró a los hombres el árbol y le prometió que comiendo del fruto sería igual a Dios.”San Basilio, sermón XV, sección 8. 

Quien estudie los Protocolos, advierte que son producto de una mente brillante, enferma de odio a Dios Nuestro Señor, a la Santa Iglesia y a la salvación eterna de las almas; lo mismo se predica de la obra de la Sinagoga de Satanás, del Talmud y de la historia en general del pueblo judío que por odio y envidia en palabras de Santo Tomás de Aquino asesinó al Nuestro Señor Jesucristo: “No obstante, podemos decir también que se afirma que conocieron al verdadero Hijo de Dios porque tenían signos evidentes de ello, a lo que no quisieron asentir a causa del odio y de la envidia, de modo que reconociesen que él era el Hijo de Dios.” Santo Tomás, ‘Suma Teológica’ III, C. 47 a. 5.

LOS PROTOCOLOS TIENEN LA MARCA DE SATANÁS, “NON SERVIAM” ES UN RETO A DIOS NUESTRO SEÑOR, ES EL DESEO DE SATANÁS DE OCUPAR EL LUGAR DE DIOS, DE SER ADORADO COMO DIOS, EL MISMO DESEO QUE LO PRECIPITO EN EL INFIERNO: “El ángel que atrevido se rebeló y con orgullosa cerviz se sublevó contra el Señor todopoderoso, anhelando, como dice el Profeta, un puesto por encima de las nubes, fue castigado en correspondencia a su locura. Fué condenado a ser tinieblas en lugar de luz, es decir –y para expresarme con más precisión-, se convirtió a sí mismo en tinieblas. Los demás ángeles conservaron su dignidad y siguieron disfrutando de la paz y la quietud, ante todo, pues la Santa Trinidad les había otorgado unidad e iluminación.” San Gregorio Nacianceno, oración VI, sección 12; BKV I, 202. 

En su pecado está su debilidad, el problema de Satanás, admirable en la elaboración de sus planes con el perverso plan de destruir la obra de Dios Nuestro Señor, en la cuál se adhiere perfectamente los Protocolos de los Sabios de Sión, tienen sentenciada su ruina, muerte y condenación en l reto contra Dios, en su rebeldía, en su soberbia de pretender ocupar el lugar de Dios, por lo cual todo católico debe star tranquilo y dedicarse a amar y servir a Dios Nuestro señor, pues los planes de Satanás tendrán victorias parciales, pero al final, triunfara el Inmaculado Corazón de María. 

Así como se predica de aquel célebre barco “Titanic”, inaugurado el 10 de abril de 1912, el cual era magnifico, asombroso, maravilloso; pero tenia una debilidad manifestada en la leyenda que animaba el espíritu de tal obra: “ESTE BARCO NI DIOS LO PUEDE UNDIR”, ahí estuvo su desgracia, en retar el Santo Nombre de Dios, ese fue el mismo problema de Satanás en la creación, es el mismo espíritu de los Protocolos de los sabios de Sión, dice en el protocolo XXIV:   “La verdadera fuerza no hace pactos con ningún derecho de Dios”.

8.-  Los Protocolos completos de los sabios de Sión. 

Se componen de veinticuatro Protocolos, los cuales transcribo literalmente.

Protocolo I

“Dejando a un lado frases bonitas, hablaremos únicamente del significado de cada pensamiento; mediante cooperaciones y deducciones arrojaremos la luz sobre los hechos circunstanciales. Lo que voy a hacer, pues, es formular nuestro sistema desde dos puntos de vista: el nuevo y el de los Goyim. Debe tenerse presente que los hombres con malos instintos son más numerosos que aquéllos que los poseen buenos, y por consiguiente los mejores resultados para su gobierno se obtienen con la violencia y el terror, y no con discusiones académicas. Todo hombre aspira al poder; cada uno de ellos se convertiría en dictador, si pudiese, y son muy escasos los que no dispuestos a sacrificar el bienestar general en su propio beneficio.O (a sacrificar el beneficio propio por el bienestar general)

¿Qué es lo que ha contenido a estos animales de presa llamados hombres? ¿Qué les ha servido de huía hasta hoy? En los inicios de la sociedad estructurada estaban sometidos a la fuerza brutal y ciega, y más tarde a la Ley, que es la misma fuerza, pero enmascarada. Deduzco de ello que, por ley de Naturaleza, el Derecho se basa en la Fuerza.

La libertad política es una idea, pero no un hecho. Es preciso saber aplicar esta idea cuando hace falta atraer, con un cebo idealista, las fuerzas populares a nuestro partido, si éste ha decidido derribar un partido gubernamental. Esta tarea se vuelve más fácil cuando el adversario se halla debilitado por la idea de la libertad o del liberalismo, pues con tal de mantener tal idea, abdicará de una parte importante de su poder. Aquí es, precisamente, donde subyace el triunfo de nuestra teoría: las riendas del gobierno, al ser abandonadas, son inmediatamente asidas por una nueva mano, pues la fuerza ciega del populacho no puede existir sin jefe ni un solo día, y el nuevo poder no hace más que reemplazar al antiguo, ya debilitado por su liberalismo.

En nuestros tiempos es el poder del Oro el que ha reemplazado al de los gobernantes liberales. Hubo un tiempo en que imperaba la Fe. Pero hoy día impera el dominio del Oro, es decir, el nuestro.

La idea de la Libertad es de imposible realización porque nadie sabe usarla con moderación. Basta con permitir que el pueblo se autogobierno por un cierto tiempo para que se convierta en una muchedumbre desorganizada. Estallan entonces conflictos interiores que pronto degeneran en guerras sociales en las que se consumen los Estados reduciéndose su potencia a cenizas. Que un Estado se agote a consecuencia de sus desordenes intestinos, o que las guerras civiles le entreguen inerme en brazos de sus enemigos exteriores, en cualquiera de los casos ya puede considerarse como irremisiblemente perdido: ha caído de nuestras manos.

El despotismo del Capital, que está enteramente en nuestras manos, ofrece una posibilidad de salvación al Estado, a la cual se ve obligado a asirse para no sumergirse en el abismo.

Si una mente liberal pretendiese que tales argumentos son inmorales yo le preguntaría: si un Estado tiene dos enemigos y con relación al enemigo exterior se le permite usar toda clase de tretas sin que sean consideradas inmorales, tales como, por ejemplo, guardar en secreto los planes de ataque y defensa, atacar de noche o con fuerzas superiores en número, ¿por qué estos mismos medios han de considerarse inmorales cuando se emplean contra nuestro peor enemigo, el ataque de nuestro bienestar y de la estructura de nuestra sociedad? ¿Es que, acaso, es posible a una mente lógica, guiar a las multitudes mediante consejos y argumentos razonables, cuando cualquier objeción o contradicción insensata puede serles planteada por cualquiera, con el beneplácito de las masas, cuyos poderes de razonamientos son superficiales? Las masas son guiadas únicamente por pequeñas pasiones, estúpidas creencias, costumbres, tradiciones y teorías sentimentales, lo que provoca disensiones partidistas e impide toda posibilidad de acuerdo, incluso basándose en argumentos perfectamente razonables. Toda resolución de una masa traerá como resultado cualquier solución ridícula que sembrará en la administración la semilla de la anarquía.

La política no tiene nada en común con la moral. Si un gobernante se deja guiar por la moral no es político hábil y, por consiguiente, su poderío no es estable. Quien quiera gobernar deberá recurrir a la astucia y a la hipocresía. Las grandes cualidades nacionales, como la franqueza y la honradez son vicios en política y destronan a los gobernantes con más efectividad y seguridad que el peor enemigo. Esas cualidades deben de ser los atributos de los gobiernos Goyim, pero nosotros no debemos, en modo algunos guiarnos por ellas.

Nuestro derecho se fundamenta en la fuerza. La palabra derecho es una abstracción que carece de significado. Y si acaso significa algo es lo siguiente: ‘Dadme lo que yo quiero y tendré la prueba de que soy más fuerte que vosotros’. ¿Dónde empieza? ¿Dónde acaba? ¿En qué consiste? ¿Para qué sirve?

En aquellos estados donde los poderes públicos están mal organizados, y las leyes y los gobernantes al estar su autoridad cercenada por el liberalismo y sus falsas ventajas, considero que tenemos el derecho de atacar, en virtud del derecho del más fuerte, y destruir el régimen, sus instituciones y sus leyes, para luego reconstruir todas las instituciones a nuestra conveniencia y convertirnos en los amos de aquellos que ‘voluntariamente’ nos entreguen el poder, después de haber renunciado a su liberalismo.

Nuestro poder, en la presente situación vacilante de todas las formas de gobierno será invencible, porque permanecerá invisible hasta que haya alcanzado un grado de potencia tal que ninguna fuerza ni ninguna astucia puedan minarlo.

Del mal temporal al que nos ha convenido recurrir, surgirán las ventajas de un gobierno indestructible que restablecerá el curso regular de la maquinaria de la vida nacional, en la actualidad destrozada por el liberalismo. El resultado justifica los medios empleados. Ocupémonos, pues, no de lo que es bueno y moral, sino de lo que es útil y necesario. Tenemos a la vista nuestro plan; nuestra línea de conducta está clara y no podemos desviarnos de ella sin riesgo de poner en peligro la obra de varios siglos.

Con objeto de elaborar un plan de acción satisfactorio, es necesario tener en cuenta la granujería, la versatilidad, la inestabilidad de las masas, su incapacidad para comprender y respetar las condiciones de su propia vida y bienestar. Debe comprenderse que las masas son ciegas, insensibles e irracionales y siempre a la merced de cualquier sugerencia, venga de donde venga. Un ciego no puede guiar a los ciegos sin llevarlos al abismo; por consiguiente, gentes salidas de las masas no pueden guiarlas, aunque se tratara de genios, no iniciados en política, sin exponerse a conducir a toda la nación a la ruina.

Sólo hombres preparados desde su infancia son capaces de comprender el sentido de las palabras utilizadas en el diccionario político. Un pueblo entregado a sí mismo, es decir, a los aventureros que surgen de su propia entraña, elabora su propia ruina con las querellas de partidos, que surgen de la sed de poder y de honores, y por los desórdenes por ellos engendrados. ¿Pueden las masas populares razonar con calma y digerir los asuntos de Estado prescindiendo de ridículos intereses personales? ¿Es que acaso pueden defenderse contra sus enemigos exteriores? Evidentemente no, pues un plan fragmentado en tantas partes como cerebros componen la multitud, pierde su homogeneidad y se hace ininteligible y de imposible ejecución. Un plan vasto y claro sólo puede ser elaborado por un dictador despótico, que coordine todas las piezas del mecanismo de la maquina gubernamental. De ello debe deducirse que es preferible que el poder esté concentrado en las manos de un solo individuo responsable. Sin un despotismo absoluto no hay lugar para la civilización, pues ésta no es creada por las masas sino por sus jefes, sean estos quienes fueren. La multitud es como un salvaje y muestra su salvajismo a la primera oportunidad que se le presenta. En el momento en que la multitud se apodera de la libertad, inmediatamente la transforma en anarquía, que es el colmo de la barbarie.

Contemplad a esos animales alcoholizados, embrutecidos por la bebida, el uso inmoderado de la cual es propiciado por la libertad. Nosotros no debemos seguir ese camino. Los pueblos de los Goyim están embrutecidos por el alcohol; su juventud ha sido idiotizada por el clasicismo y la inmoralidad precoz, a donde ha sido inducida por nuestros agentes especiales… tutores, criados, amas de llaves, empleados en las casas de los ricos; por nuestras mujeres en los lugares de disipación frecuentados por los Goyim. Entre estas debo contar a las llamadas ‘damas de sociedad’, seguidoras voluntarias de las otras en la corrupción y el lujo.

Nuestro lema es: fuerza e hipocresía. Sólo la fuerza tiene vigencia en asuntos políticos, sobre todo si se disimula en los talentos esenciales para un estadista. La violencia debe ser el principio, y la astucia y la hipocresía la regla para cualquier gobierno que no desee perder su poder en beneficio de un nuevo poder. Este es el único medio de que disponemos para alcanzar nuestro fin; por tal motivo no debemos titubear en el empleo de la corrupción, el fraude y la traición cuando nos sean útiles para alcanzar nuestros fines. En política es preciso saber apoderarse de la propiedad de los demás, con objeto de alcanzar su sumisión y el poder. Nuestro estado, mediante conquistas pacíficas y cuando sea necesario, violentas, procederá a remplazar los horrores de la guerra por ejecuciones espectaculares y eficaces, que mantendrán el terror, que nos traerá la sumisión ciega de los Goyim. Una severidad no tamizada por la piedad es el mayor factor de fuerza para el Estado; es de nuestro mayor interés seguir constantemente este programa de fuerza e hipocresía. Toda doctrina basada sobre el cálculo es invencible; solo así triunfaremos y esclavizaremos a todos los gobiernos bajo nuestro Súper-Gobierno. Bastará con que se sepa que somos despiadados para que toda desobediencia cese.

Desde los antiguos tiempos nosotros fuimos los primeros en gritar entre las masas las palabras ‘Libertad, Igualdad, Fraternidad’, repetidas desde entonces por loros estúpidos que se tragaron el anzuelo, lo cual permitió que otros se aprovecharan y desposeyeran al pueblo de su prosperidad y de la verdadera libertad individual, antes tan bien protegida contra la presión de la multitud. Los supuestos hombres inteligentes de los Goyim, los intelectuales, no supieron utilizar esas palabras fuera de su abstracción: no se dieron cuenta de la contradicción entre su significado y la realidad; no notaron que en la naturaleza no hay igualdad y no puede haber libertad, que la misma naturaleza ha establecido la desigualdad de mentes, caracteres y capacidades tan inmutablemente como ha establecido la subordinación a sus leyes; nunca se detuvieron a pensar que la multitud es algo ciego, que los advenedizos elegidos de entre ella son tan ciegos como la propia multitud; que el entendimiento en política, aunque sea un loco, puede gobernar, mientras que el no entendido, aunque fuere un genio, no puede; los Goyim no prestaron atención a ninguna de estas cosas. Y no obstante fue sobre este principio donde se basó el gobierno dinástico: el padre transmitía al hijo sus conocimientos sobre los asuntos políticos de modo que nadie más pudiera conocerlos aparte de los miembros de la dinastía y no se produjeran filtraciones. Con el paso del tiempo esta costumbre se fue perdiendo y ello ayudo al triunfo de nuestra causa. En todos los rincones de la Tierra, las palabras ‘libertad, igualdad, fraternidad’ atrajeron a nuestros rangos, gracias a nuestros ciegos agentes, a verdaderas legiones que enarbolaron esas banderas con entusiasmo. Pero esas palabras no fueron más que gusanos que devoraron el bienestar de los Goyim, acabando con la paz, la tranquilidad, la solidaridad y destruyendo los fundamentos de todos los estados Goyim. Como veréis más tarde, esto nos ayudó en nuestro triunfo: nos dio la carta maestra de destruir los privilegios; en otras palabras, de terminar con la aristocracia de los Goyim, esa clase que constituía la única defensa de los pueblos Goyim contra nosotros. Sobre las ruinas de la aristocracia natural y genealógica de los Goyim hemos instaurado la aristocracia de nuestra clase educada, conducida por la aristocracia del dinero. Las cualificaciones para esa aristocracia las hemos basado en la riqueza y en el conocimiento, controlados ambos por nuestros Sabios.

Nuestro triunfo fue hecho posible por el hecho de que, en nuestras relaciones con los hombres que nos eran indispensables, pulsamos siempre las más sensibles cuerdas da la naturaleza humana: el dinero, la rapacidad, la insaciabilidad del hombre por los bienes materiales. Y cada una de esas debilidades, tomada por separado, es capaz de paralizar toda iniciativa personal, poniendo la voluntad de los hombres a disposición de aquellos que compraron sus actividades. La noción abstracta de la libertad nos ha permitido persuadir a las masas de todos los países de que sus gobiernos no son más que los criados de sus propietarios del país, que son sus masas, y que se puede cambiar de criados como se cambia de un par de guantes usados. Esta posibilidad de reemplazar a los representantes del pueblo los ha puesto en nuestras manos y, en la práctica, nos ha concedido el poder de nombrarlos y distinguirlos a nuestro antojo.”

Protocolo II:

La Prensa valida las teorías que el pueblo debe creer.

“Es indispensable para la realización de nuestros propósitos que las guerras, en tanto en cuanto sea posible no produzcan ganancias territoriales: las guerras deben ser llevadas al campo económico, donde las naciones no dejaran de notar, en la ayuda que les prestemos, la fuerza de nuestro predominio y este estado de cosas podrá a ambos bandos a la merced de nuestra ‘agentur’, que posee millones de ojos vigilantes y que no conoce ninguna limitación de poder. Nuestros derechos internacionales barrerán entonces a los derechos nacionales y dominarán y gobernarán a las naciones precisamente de la misma manera que el derecho civil de los estados regula las relaciones de sus sujetos entre ellos.

Los gobernantes que haremos elegir entre las personas capaces de obedecernos servilmente, no serán individuos especializados en el arte de gobernar y así se convertirán fácilmente en peones de nuestro juego, en manos de hombres de inteligencia y genio, que serán sus consejeros, especialistas entrenados desde la juventud en el conocimiento de los problemas mundiales. Como sabéis bien, estos especialistas nuestros obtienen las informaciones que precisan a través de nuestros planes políticos, de las lecciones de la historia y de la observación de los acontecimientos. Los Goyim no se dejan guiar por el uso práctico de la observación histórica desprovista de prejuicios, sino por rutinas teóricas apartadas de la realidad. Por lo tanto, no debemos ocuparnos de ellos. Dejémosles divertirse hasta que llegue su hora, o vivir en la esperanza de nuevas formas de pasatiempos, o recordando glorias pasadas.

Dejemos que los gobiernes interpreten su papel de acuerdo con los dictados de la ciencia, es decir, de la teoría. Por tal motivo y a través de nuestra prensa, creamos un clima de total confianza en esas teorías. Los intelectuales de los Goyim, muy orgullosos de sus conocimientos y sin ninguna comprobación lógica de los mismos, llevaran a la práctica toda la información que vayan obteniendo de la ciencia, que los especialistas de nuestra Agentiur les han presentado astutamente con el propósito de educar sus mentes en el sentido deseado por nosotros. No supongáis por un momento, que esas aseveraciones son palabras vacías: pensad cuidadosamente en el éxito que hemos logrado que tuvieran el Darwinismo, el Marxismo y el Nietzscheísmo. Para nosotros judíos, en cualquier caso, es muy fácil observar el efecto desintegrador que esas directrices han tenido en las mentes de los Goyim.

Para nosotros es indispensable tener en cuanta los pensamientos, caracteres y tendencias de las naciones con objeto de evitar errores políticos y administrativos. El triunfo de nuestro sistema, cuya mecánica deberá acoplarse al temperamento de los pueblos que hallaremos en nuestro camino, no se producirá si la aplicación práctica del mismo no se basa en una recopilación de las lecciones del pasado a la luz del presente.

En las manos de los estados de hoy hay una gran fuerza que crea los movimientos de pensamiento del pueblo y ésta es la prensa. El papel jugado por la prensa es presentar incesantemente demandas que se suponen indispensables; vocear las quejas del pueblo; expresar y crear descontento. Es en la prensa donde el triunfo de la libertad de expresión se encarna. Pero los estados Goyim no han sabido usar esa fuerza que ha caído en nuestras manos. A través de la prensa hemos logrado la posibilidad de influenciar mientras permanecíamos en la sombra; gracias a la prensa hemos conseguido apoderarnos del oro, aunque ello nos haya costado océanos de sangre y lágrimas. Pero ese sacrificio ha sido provechoso. Cada víctima de nuestro bando vale, a los ojos de Dios, más que mil Goyim.

Protocolo III

Enfrentar a todas las fuerzas una contra otra.

Hoy, puedo afirmaros que nos acercamos a nuestro objetivo. Ya no queda demasiado por hacer, y el camino recorrido está a punto de cerrar el ciclo de la serpiente simbólica, que simboliza a nuestro pueblo. Cuando se cierre el anillo, todos los estados de Europa se encontrarán encerrados y agarrotados.

Muy pronto se derrumbará la balanza de las constituciones modernas, porque en el momento de su montaje hemos trucado el mecanismo, de manera que los platillos, inclinándose incesantemente de un lado a otro, acabaran por desgastar el astil. Los Goyim se imaginaban haberlas ideado ellos, sólidamente, y esperaban que siempre acabarían por recobrar su equilibrio. Pero los pivotes –los soberanos en sus tronos- son arrastrados por sus representantes, que cometen locuras, dominados por su poder irresponsable y descontrolado. Este poder, sin embargo, no se lo deben más que al terror que existe en los palacios. Como no tienen posibilidad de comunicarse con su pueblo, los reyes ya no son capaces de entenderse con él, y así fortalecerse mutuamente contra los que buscan el poder. Hemos creado un vacío entre el poder y la fuerza ciega del pueblo, quedando, aisladamente, tan impotentes, como un ciego sin bastón.

Con objeto de incitar a hacer mal uso del poder a quienes lo buscan, hemos enfrentado a todas las fuerzas una contra otra, desarrollando sus tendencias liberales hacia la independencia. Hemos provocado toda suerte de iniciativas en este sentido; hemos armado a los partidos unos contra otros y hemos hecho de la autoridad la diana de todas las ambiciones. Hemos hecho de los estados circos para gladiadores donde se enfrentan una multitud de supuestas soluciones… Un poco más y los desórdenes y la bancarrota serán universales.

Incansables charlatanes han convertido las sesiones parlamentarias y las reuniones administrativas en torneos oratorios. Periodistas audaces y panfletarios sin escrúpulos zahieren diariamente al personal de la Administración. Los abusos del poder pondrán el toque final para la ruina de todas las instituciones y todo estallará bajo los golpes de unas masas enloquecidas.

Las gentes están más encadenadas por la pobreza que nunca lo estuvieron por la esclavitud y la servidumbre; de ésta podían, eventualmente, librarse, de la pobreza, nunca. Los derechos que hemos concedido a las masas en nuestras Constituciones son totalmente ficticios y no son en realidad, tales derechos. Esos sedicientes ‘derechos populares’ solo pueden existir en teoría, pero nunca en la práctica. Que puede importarle al proletario, encorvado bajo el peso de su trabajo, que los charlatanes profesionales hayan conseguido el derecho a perorar o los periodistas licencia para escribir toda clase de estupideces junto a asuntos serios, si no sacan de la Constitución más provecho que el de recoger las migajas que caen de nuestra mesa, que les dejamos tomar para que, a cambio, vote nuestras leyes y elija nuestros agentes… Los derechos republicanos, para un pobre no son más que una amarga ironía, pues la obligación del trabajo cotidiano les impide obtener de ellos ventaja alguna, mientras, por otra parte, les arrebatan la garantía de un trabajo fijo y seguro, obligándoles a depender tanto de las huelgas organizadas por los camaradas como de los cierres decretados por los patrones.

El pueblo, bajo nuestra dirección, ha aniquilado a la aristocracia que constituía su mejor escudo, su apoyo y que, en su propio interés, había cubierto sus necesidades. Hogaño, con la destrucción de la aristocracia, el pueblo ha caído bajo el yugo de despiadados granujas y de advenedizos que se enriquecen a su costa.

Nosotros aparecemos en escena como los redentores de los trabajadores, para liberarse de esa opresión, cuando les proponemos ingresar en los rangos de nuestros ejércitos –socialistas, anarquistas, comunistas- a los que siempre apoyaremos de acuerdo con una supuesta regla de hermandad (de la solidaridad de todos los humanistas) de nuestra Masonería social. La aristocracia, que estaba directamente interesada en el trabajo de los obreros, deseaba que éstos estuvieran bien alimentados, sanos y fuertes. A nosotros nos interesa justamente lo contrario: la disminución, la muerte de los mejores entre los Goyim. 

Nuestra fuerza se basa en la escasez crónica de alimentos, la debilidad física de los obreros, o, al menos, su estado de inferioridad con respecto a las otras clases, porque ello implica que se convertirán en esclavos de nuestra voluntad y no encontraran apoyo en ninguna parte. El hambre, o la inferioridad engendra el derecho del Capital de gobernar al obrero de una manera más absoluta que nunca pudo hacerlo la aristocracia a través de la autoridad legal que les había sido concedida por los reyes.

Con la carestía, la envidia y el odio que todo ello engendra, manipularemos a las masas y las utilizaremos para barrer a las fuerzas que pudieran oponérsenos. Y cuando llegue la hora, el futuro Soberano del Mundo será ayudado por esas mismas masas que ignoran lo que hacen.

Los Goyim han perdido la capacidad de reflexionar sin la ayuda de nuestros especialistas.Por tal motivo no comprenden ni comprenderán cuando se establezca nuestro gobierno, que nos será necesario poner en lugar destacado en las escuelas, la más importante de todas las ciencias: la de la organización de la vida humana y de las condiciones sociales. Es necesario que todos sepan que, debido a la diferencia en los objetivos de las actividades humanas, no podrán existir ninguna igualdad. El verdadero conocimiento de la estructura de la sociedad, en cuyos secretos no admitiremos a los Goyim, demostrará a todos los hombres que las posiciones de cierta responsabilidad deberán ser reservadas a un cierto circulo. Cualquier confusión en esta materia sería fuente de males, debidos a la ausencia de relación entre la educación recibida y la tarea adjudicada a cada hombre por la Naturaleza. Tras aleccionar debidamente al pueblo éste se someterá voluntariamente a la Autoridad y aceptará el lugar que le reserve el Estado. En el presente estado de cosas, la gente, en su ignorancia, creyendo todo lo que ve improviso, odia a todo lo que parece estar por encima suyo.

Ese odio aumentará aún con los efectos de una crisis económica, que paralizará los cambios y llevará a la industria al caos. Crearemos, mediante los métodos subterráneos que están a nuestro alcance, y con la ayuda del oro, que está totalmente en nuestras manos, una crisis económica mundial, con lo que lograremos que la chusma se arroje simultáneamente a las calles de todos los países civilizados. Esa chusma estará encantada de poder derramar la sangre de los que, en la simplicidad de su ignorancia, ella ha envidiado desde la cuna y cuyas propiedades sueña arrastrar. A los nuestros la chusma no los tocará, porque el momento de la revolución lo sabremos nosotros anticipadamente y, lógicamente, tomaremos las medidas necesarias para proteger a los nuestros.

Hemos hecho creer a los Goyim que el Liberalismo les conducirá al reino de la Razón.Nuestro despotismo será de tal naturaleza que estará siempre en situación de desbaratar toda rebelión y de suprimir violentamente las ideas liberales en nuestras instituciones.

Cuando se aperciba el populacho de que, en nombre de la Libertad, les hemos concedido toda suerte de derechos, entonces se creerá que es el amo y tratará de aprovecharse del Poder. Pero, naturalmente, el ciego populacho irá tropezando en infinidad de obstáculos y entonces, desengañados, no queriendo volver al antiguo régimen, depositaran todo su poder a nuestros pies. Acordaos de la Revolución Francesa, que nosotros llamamos ‘La Gran Revolución’; los secretos de su preparación nos son bien conocidos porque todo fue, enteramente, nuestra obra.

Desde entonces hemos conducido a los pueblos, de desencanto en desencanto, hasta que, al fin, renuncien a todo a favor del Rey-Déspota, nacido de la sangre de Sion, que nosotros estamos preparando para el mundo.

Actualmente, somos una fuerza internacional, somos invencibles, pues si un Estado nos ataca, otros nos apoyan. La bajeza sin límites de los pueblos Goyim, rastrera ante la fuerza, sin piedad para la debilidad y sin indulgencia para los crímenes, rehusando someterse a un régimen justo pero paciente hasta el martirio ante la violencia de un Despotismo audaz, he aquí las cualidades que nos ayudan a mantener nuestra invulnerabilidad. Los Goyim aguantan en sus primeros ministros –los actuales dictadores, dirigidos por nosotros- abusos por el más pequeño de los cuales habrían decapitado a veinte reyes. ¿Cuál es la explicación de este fenómeno, esta curiosa inconsecuencia de las masas de los pueblos en su actitud hacia lo que parecen ser acontecimientos parecidos? Se explica por el hecho de que esos dictadores, a su vez aconsejados por nuestros agentes, les persuaden de que los perjuicios ocasionados al Estado son convenientes para alcanzar una felicidad internacional, una fraternidad de los pueblos y la solidaridad y la igualdad de los pueblos y de sus derechos. Naturalmente no se les dice que esa unificación sólo se lograra bajo nuestro dominio soberano, bajo nuestro gobierno internacional.

Y he aquí que el pueblo condena a los jueces y absuelve a los culpables, cada vez más persuadido de que puede hacer lo que le plazca. Debido a ese estado de cosas, el pueblo destruye toda clase de estabilidad y crea el desorden en todas partes.

La palabra ‘libertad’ enfrenta a la Humanidad con todas las autoridades, incluso con Dios y la Naturaleza. Por esta razón, cuando alcancemos el poder absoluto, deberemos borrar esa palabra del vocabulario humano, por no ser más que el símbolo de la fuerza bruta que transforma a la multitud en fieras ebrias de sangre. Aunque también es verdad que una vez emborrachadas de sangre, esas fuerzas se adormecen y entonces pueden ser fácilmente encadenadas, pero si no se les da sangre, no duermen y continúan peleando.

Protocolo IV

Toda república pasa por diversas etapas pasa por diversas etapas. La primera es la de los primeros días de enloquecida rabia de la ciega multitud, que se agita encarnizadamente a derecha e izquierda: la segunda es la demagogia de la que surge la anarquía y conduce inevitablemente al despotismo… no al despotismo legal y a la descubierta, y, por consiguiente responsable, sino a un despotismo oculto, pero desconocido, en manos de una u otra organización secreta, cuyos actos son tanto más cínicos cuanto más trabaja entre bastidores, servidos por todas clases de agentes cuyo cambio se hace sin ruido, lo cual repercute en un beneficio para nuestra potencia oculta, pues así se evita la necesidad de tener que recompensar prolongados servicios. ¿Quién o que podrá destronar un poder invisible? Porque esto es precisamente nuestro gobierno. 

La Masonería gentil inconscientemente nos sirve de careta que nos oculta a nosotros y a nuestros objetivos, pero el plan de acción de nuestro poder, continuará siendo para la gente un misterio insoluble.

Pero incluso la Libertad puede ser inofensiva y tener un lugar en la economía del estado, sin daño para el bienestar de los pueblos, si se basa en la fe de Dios, en la hermandad de toda la humanidad, sin relacionarse con la concepción de igualdad, que es negativa según las leyes de la naturaleza, que han establecido unos principios de subordinación. Con una tal fe, un pueblo podría ser gobernada por los sacerdotes de una parroquia, y viviría contento y feliz bajo la guía de sus pastores espirituales, sometiéndose a las leyes de Dios en la tierra. Tal es la razón por la cual nos es indispensable minar todas las creencias, arrancar de las mentes de los Goyim el mismo principio de Dios y de espiritualidad, y reemplazarlo por cálculos aritméticos y necesidades materiales.

Con objeto de que no les quede a los Goyim tiempo para pensar, sus mentes deberán ser orientadas hacia la industria y al comercio. Así, todas las naciones se lanzarán en persecución de la ganancia y en esa carrera no advertirán a su común enemigo. Pero con objeto de que la libertad desintegre de una vez las comunidades de los Goyim y las arruine, debemos colocar a la industria sobre una base especulativa: el resultado será que lo que la industria arranque de la tierra pasara a ser objeto de especulación e irá a parar, finalmente, en nuestras manos.

La intensa lucha por la supremacía y las especulaciones continuas en la vida económica han creado unas sociedades desilusionadas, frías y sin corazón. Tales comunidades generaran una fuerte aversión hacia la verdadera política y hacia la religión. Su única guía será el beneficio, es decir, el Oro, al que tributarán un auténtico culto, a causa de los goces materiales que pueden procurar. Entonces, cuando llegue el momento, y no para alcanzar el bien, ni siquiera para alcanzar riquezas, sino tan solo para satisfacer su odio hacia los privilegiados, las clases más bajas de los Goyim seguirán a nuestros líderes en la lucha contra los que nos disputan el poder, los intelectuales Goyim.

Protocolo IV

¿Qué clase de gobierno administrativo puede darse a las sociedades en las cuales la corrupción ha penetrado por doquier, donde las riquezas no se obtienen más que a través de astutos engaños bordeando la estafa; donde reinan las costumbres licenciosas; donde la moralidad sólo se observa por temor al castigo penal y no por principios voluntariamente aceptados, donde los sentimientos religiosos y patrióticos son substituidos por convicciones cosmopolitas? ¿Qué otra forma de gobierno puede darse a esas sociedades sino la clase de despotismo de que voy a hablaros? Vamos a crear una forma de gobierno intensamente centralizada, con objeto de reunir en nuestras manos todas las fuerzas sociales. Reglamentaremos mecánicamente todos los actos de la vida política de nuestros súbditos con nuevas leyes. Esas leyes abolirán, una tras otra, todas las indulgencias y libertades, todos los privilegios que han sido permitidos por los legisladores Goyim, y nuestro reinado se distinguirá por un despotismo de tan magníficas proporciones que se encontrará en todo momento y lugar en posición de aplastar a cualquier Goy que se atreva a desafiarnos de palabra o por escrito.

Nos dirán que tal despotismo como el que estoy describiendo no está de acuerdo con el progreso de nuestros días, pero yo iré demostrándoos lo contrario. En los tiempos en que los pueblos consideran a los reyes en sus tronos como una pura manifestación de la voluntad de Dios, se sometían sin protestar a la autoridad de los monarcas; pero desde el día en que insinuamos en sus mentes el concepto de sus propios derechos, comenzaron a considerar a sus soberanos, como simples mortales; el pueblo dejó de considerar divina la Unción Sagrada, y al arrebatarle igualmente su fe en Dios, la fuerza del Poder quedo en arroyo de las calles y tornóse propiedad pública, apoderándonos nosotros de ella. 

Por otra parte, el arte de gobernar a masas e individuos mediante teorías y grandes frases inteligentemente manipuladas, con reglas de vida en común y toda clase de trucos de los que los Goyim no comprenden nada, es un arte peculiar de nuestros especialistas. Acostumbrados al análisis, a la observación, a las sutilezas del cálculo, no podemos tener rivales, como tampoco los tenemos en la elaboración de planes políticos y de solidaridad. En este aspecto, solo los Jesuitas podrían haberse comparado a nosotros, pero hemos conseguido desacreditarlos a los ojos de los ignorantes mientras nosotros permanecemos en la sombra. En todo caso, tal vez sea indiferente al mundo quien, en su supremo soberano, o el Jefe del Catolicismo, o nuestro Déspota de la sangre de Sion. Pero para nosotros, el Pueblo Elegido, este asunto no nos es, ciertamente, indiferente.

Durante algún tiempo, una coalición universal de los Goyim hubiera podido acabar con nuestro poder: pero estamos protegidos de este peligro por las discordias tan profundamente enraizadas entre ellos, que no logran extirpar. Nosotros hemos hecho que se enfrentaran los unos a los otros, por motivos nacionales, religiosos y raciales, y esos enfrentamientos han ido aumentado en el curso de los últimos veinte siglos. Esta es la razón por la cual, si un Estado se dedicara a combatirnos no recibirá ayuda alguna, porque cada potencial aliado suyo estará convencido que participar en una coalición contra nosotros le resultara desventajoso. Somos demasiado fuertes; no se puede prescindir de nosotros. Las naciones no pueden hacer el menor pacto sin que nosotros participemos secretamente en el mismo.

“Per me reges regnant”. Por mí reinan los reyes. Y fue dicho por los profetas que nosotros fuimos elegidos por el mismo Dios para gobernar toda la tierra. Dios nos dotó del genio suficiente para ser dignos de nuestra tarea. Si hubiera genios en el campo opuesto deberían luchar contra nosotros, pero aun así ese eventual genio se encontraría con una situación de hecho que traería como consecuencia una guerra sin piedad como el mundo todavía no ha visto ninguna. Además, ese genio aparecería ya demasiado tarde. Todas las ruedas de la maquinaria del Estado se mueven por la fuerza del motor, que está en nuestras manos, y tal motor de la maquinaria del estado es el oro. La ciencia de la economía Política inventada por nuestros sabios se ha dedicado durante muchísimos años a concederle un prestigio mayestático al Capital.

Si el Capital debe funcionar sin trabas, debe tener la libertad para establecer un monopolio en la industria y el comercio: esto ya está llevando a cabo por una mano invisible en todas las regiones del Globo. Esto le dará fuerza política a los que dominen la industria a través del Capital, y ello les permitirá oprimir al pueblo.

Hoy es más importante desarmar moralmente a los pueblos que llevarlos a la guerra: más importante utilizar en nuestro beneficio las pasiones que traerán llamas que calmarlas:  más importante capturar e interpretar las ideas de los demás para nuestra ventaja que erradicarlos. EL OBJETO PRINCIPAL DE NUESTRO DIRECTORIO CONSISTE EN LO SIGUIENTE: REBAJAR EL NIVEL DE LA MENTALIDAD DEL PÚBLICO MEDIANTE LA CRÍTICA; APARTARLA DE LA SERIA REFLEXIÓN; DISTRAER LAS FUERZAS DE LA MENTE EN UNA ABSURDA LUCHA DE VACÍA ELOCUENCIA.

En todas las épocas, los pueblos, y también los individuos, han tendido a aceptar las palabras como hechos, pues generalmente les basta con las apariencias y muy raramente comprueban si las promesas que se les han hecho han sido cumplidas. Por tal motivo, estableceremos instituciones de pura fachada, que constituirán prueba elocuente de su contribución al progreso. Nosotros asumiremos la fisonomía de todos los partidos, de todas las tendencias y presentamos gran cantidad de oradores que hablarán tanto que acabarán con la paciencia de sus oyentes, serán causa de odio hacia la oratoria y a nuestros oradores terminarán dándoles la razón para no escucharles y terminar cuanto antes.

Con objeto de adueñarse de la opinión pública, es preciso desconcertarla, y expresar en todas partes tantas opiniones contradictorias que los Goyim no iniciados se pierdan en su laberinto y acaben por pensar que más vale no tener ninguna clase de opiniones en asuntos políticos, que el público no es capaz de entender, porque sólo pueden comprenderlos los jefes que guían a la gente. Este es el primer secreto.

El segundo requisito para el éxito de nuestro dominio se basa en lo siguiente:MULTIPLICAR HASTA TAL PUNTO LOS DEFECTOS, COSTUMBRES, PASIONES, CONDICIONES DE VIDA CIVIL, QUE LLEGUE A SER IMPOSIBLE PARA CUALQUIERA COMPRENDER QUIEN ES EN MEDIO DEL CAOS, de tal manera que las gentes no puedan llegarse a entender unas con otras. Esta medida, además, nos servirá a nosotros para sembrar discordias en todos los partidos, para dislocar a todas las fuerzas colectivas que aún rehusan someterse a nosotros y para desanimar a toda iniciativa personal que puedan resultarnos molestas. 

Nada hay más peligroso para nosotros que la iniciativa personal: si se trata de un genio, tal iniciativa genial puede llegar a ser más peligrosa para nosotros que millones de individuos entre los que hemos sembrado la disensión. 

Debemos dirigir la educación de las comunidades Goyim de manera que cuando se encuentren ante una tarea que requiera iniciativa individual, bajen los brazos desalentados por la impotencia. La tensión resultante de la libertad de acción zapa las fuerzas cuando tropieza con la libertad de otros.

Todo esto, en última instancia, servirá para los Goyim, totalmente decepcionados, se vean obligados a ofrecernos un poder internacional de tal naturaleza que, por su estructura, nos permitirá, sin violencias y gradualmente, absorber todas las fuerzas estatales del mundo y formar un Súper-Gobierno. En el lugar de los gobernantes de hoy colocaremos un títere que será llamado algo así como el Súper-Gobierno de la Administración Mundial. Sus tentáculos llegaran a todas partes como tenazas y su organización será de tan colosales dimensiones que nadie podrá impedir que someta a las naciones del Mundo.

Protocolo VI

Pronto vamos a empezar a establecer enormes monopolios, almacenando colosales riquezas, de las que dependerán las más grandes fortunas de los Goyim, que se desvanecerán con el crédito de los Estados el día que seguirá al hundimiento político… Ustedes, caballeros aquí presentes, que son economistas, piensen en el significado de esta combinación.

De todas las maneras posibles debemos engrandecer nuestro Super-Gobierno, presentándolo como el protector y el benefactor de todos aquellos que voluntariamente se someten a nosotros.

La aristocracia de los Goyim, como fuerza política, ha muerto; no vale la pena de que nos ocupemos de ella; pero al ser propietarios de tierras, pueden sernos perjudiciales, porque sus recursos les hacen auto-suficientes. Por consiguiente, es esencial para nosotros, privarles de sus tierras a cualquier precio. Ese objetivo se alcanzará más fácilmente aumentando las cargas sobre la propiedad rural; ahogando a las tierras en impuestos. Esas medidas controlaran a los propietarios rurales manteniéndolos en un estado de humilde e incondicional sumisión.

Los aristócratas de los Goyim, siendo hereditariamente incapaces de contentarse con poco, se arruinarán rápidamente y nos malvenderán sus tierras.

Al mismo tiempo, debemos patrocinar intensamente el comercio y la industria, pero, sobre todo, la especulación, que debe servir de contrapeso a la industria: la ausencia de industria especulativa multiplicaría el capital en manos privados y restauraría la agricultura, al liberar a la tierra de la deuda hipotecaria con los bancos rurales.

LO QUE NOSOTROS QUEREMOS, ES QUE LA INDUSTRIA EXTRAIGA DE LA TIERRA TANTO EL TRABAJO COMO EL CAPITAL Y, MEDIANTE LA ESPECULACIÓN, TRANSFERIR A NUESTRAS MANOS TODO EL DINERO DEL MUNDO Y, POR VÍA DE CONSECUENCIA, ARROJAR A LOS GOYIM A LOS RANGOS DEL PROLETARIADO. Entonces los Goyim se inclinarán ante nosotros, aunque sólo fuera para obtener el derecho a existir.

Para completar la ruina de la industria de los Goyim traeremos, como ayuda a la especulación, el lujo que hemos desarrollado entre ellos; esa glotona exigencia de lujo que se lo está tragando todo. Para atender a los gastos de ese lujo haremos subir los salarios de los obreros y, al mismo tiempo, provocaremos el alza en los artículos de primera necesidad de la vida diaria, alegando que procede de la decadencia de la agricultura y la ganadería; continuaremos minando astuta y profundamente las fuentes de la producción, acostumbrado a los trabajadores a la anarquía y a la ebriedad y, por otra parte, iremos tomando todas las medidas que podamos para extirpar de la faz de la Tierra a todos los Goyim de valor intelectual.

Con el objeto de que el verdadero significado de las cosas no aparezca a los ojos de los Goyim antes de tiempo lo enmascaremos con el ardiente deseo de servir a las clases laboriosas y con los grandes principios de la Economía Política de los que nuestros teorizantes economistas están llevando a cabo una enérgica propaganda.

Protocolo VII

La intensificación de los armamentos, el aumento de las fuerzas de la policía… son elementos esenciales para la realización de los mencionados planes.

Lo que debemos de conseguir es que, en todos los estados del mundo, sólo haya, además de nosotros, las masas del proletariado, unos cuantos millonarios devotos de nuestros intereses, policías y soldados.

En toda Europa, y aprovechando nuestras relaciones con otros Continentes, debemos crear toda clase de discordias y hostilidad. Con ello obtendremos un doble beneficio. 

EN PRIMER LUGAR, mantendremos nuestro control, sobre todos los países, porque saben muy bien que tenemos el poder de crear, cuando queramos, toda clase de desórdenes, y también de restaurar el orden a nuestra conveniencia. Todos estos países están acostumbrados a ver en nosotros una fuerza de coerción. 

EN SEGUNDO LUGAR, mediante nuestras intrigas en la policía mundial, hemos conseguido embrollar todos los hilos que ligaban entre sí a los diferentes estados, con tratados económicos y prestamos financieros. Para alcanzar este fin debemos usar mucha astucia y obsequios en las negociaciones y tratos, pero, en lo que se ha convenido en llamar “lenguaje oficial” debemos siempre adoptar un aire conciliador y honrado. De esta manera, los pueblos y los gobiernos de los Goyim, a los que hemos acostumbrado a no percibir las cosas más que según las apariencias que nosotros presentamos ante sus ojos, continuaran aceptándonos como los benefactores y salvadores del género humano.

Debemos estar en una posición que nos permita responder inmediatamente a cualquier acto de oposición que se desate contra nosotros haciendo estallar una guerra con los vecinos de ese país que se haya atrevido a oponerse a nosotros; pero si esos vecinos también se aventurasen a hacer frente, entonces nuestra resistencia deberá consistir en organizar una guerra mundial.

El primer factor del éxito, en Política, es el secreto de sus realizaciones: la palabra no debiera ir de acuerdo con los actos de un diplomático.

Debemos obligar a los gobiernos de los Goyim a actuar en el sentido de nuestro plan, tan ampliamente concebido, y cada vez más cerca de su consumación, presionándoles a través de lo que nosotros representamos como la “opinión pública”, predispuesta secretamente por nosotros por medio de las más grandes de todas las fuerzas: la Prensa, la cual, aparte de algunas excepciones insignificantes, se encuentra enteramente en nuestras manos.

En pocas palabras, CON OBJETO DE MANTENER A LOS GOBIERNOS DE LOS GOYIM EN JAQUE, MOSTRAREMOS NUESTRA FUERZA EN UNO DE ELLOS POR MEDIO DEL TERRORISMO, CRÍMENES Y VIOLENCIAS, y en caso de que se revelaran contra nosotros, responderíamos con las armas de América, de China o del Japón.

Protocolo VIII

Debemos proveernos de las mismas armas que nuestros oponentes puedan emplear contra nosotros. Deberemos recurrir a las más sutiles formas de expresión y a los fragmentos más complejos del vocabulario legal para los casos en que debiéramos pronunciar juicios o sentencias susceptibles de aparecer como demasiado osadas o injustas, pues importa que tales sentencias sean expresadas de manera que parezcan encarnar los más elevados principios.

Nuestro directorio se rodeará de todas las fuerzas de la civilización en medio de la cual tendrá que actuar. Se rodeará de publicista, de juristas, de técnicos administrativos, de diplomáticos y, finalmente, de personas especialmente preparadas en nuestras escuelas especiales. Esas personas estarán iniciadas en todos los secretos de la estructura social; conocerán todos los idiomas que puedan hablarse con alfabetos y palabras políticas; estarán familiarizados con las interioridades de la naturaleza humana,y con las diferentes cuerdas que será preciso pulsar. Esas cuerdas a que me refiero son las diferentes tendencias, vicios y cualidades, particularidades, clases y condiciones de Goyim. No hace falta decir que los aplicados asistentes de la administración, a que me estoy refiriendo, no serán reclutados entre los Goyim, que acostumbran a realizar su trabajo administrativo sin preocuparse de pensar para qué sirve ni para que se necesita. Los administrativos de los Goyim firman papeles sin leerlos y sirven, ya por motivos mercenarios, ya por ambición. Rodearemos a nuestro gobierno de todo un mundo de economistas. Esa es la razón por la cual la ciencia económica constituye el sujeto principal de la enseñanza que se da a los judíos. Alrededor nuestro, en efecto, habrá una verdadera constelación de banqueros, industriales, capitalistas y, sobre todo, de millonarios, porque, en última instancia, todo se reducirá a una cuestión de cifras.

Durante algún tiempo, y mientras son peligrosos confiar cargos responsables y visibles en nuestros Estados a nuestros hermanos judíos, los pondremos en las manos de hombres cuyo pasado y cuya reputación sean tales que entre ellos y el pueblo exista un abismo; personas que, en caso de desobediencia a nuestras instituciones, puedan ser a encauzamientos judiciales, o simplemente exiliados, a causa de sus pasados abusos. De este modo, se verán obligados a defender nuestros intereses hasta el final, como si se tratara de los suyos propios.

Protocolo IX

Al aplicar nuestros principios debemos prestar especial atención al carácter de los pueblos en cuyos países vivimos y actuamos: una aplicación general e idéntica de ellos no puede tener éxito hasta que las gentes hayan sido reeducadas según nuestro modelo. Pero si llevamos a cabo su aplicación cuidadosamente, con precaución, veréis que no pasará una década sin que el carácter más sólido haya cambiado y que nuevas gentes sean añadidas a los rasgos de los que ya han sido sometidos por nosotros.

Las palabras de los liberales, que, en realidad, no son más que nuestros slogans masónicos, “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, cuando obtengamos plenamente el poder, se trocaran en palabras que dejaran de ser un slogan, para convertirse simplemente en una expresión de idealismo, tales como, por ejemplo: “el derecho a la libertad”, “el deber de la igualdad”, “el ideal de la fraternidad”. Así nos expresaremos y, de tal manera, asiremos al toro por los cuernos… “De facto” ya hemos barrido a toda clase de poder, excepto el nuestro, aun cuando “de jure” todavía queden muchos de ellos con una apariencia de vigilantes.

Actualmente, si algunos gobiernos elevan la voz contra nosotros, no es más que por puro formulismo, a nuestra discreción y a nuestra instigación, porque SU ANTISEMITISMO NOS ES NECESARIO para conservar el control sobre nuestros hermanos inferiores. No insistiré más sobre este tema, cuyo sujeto ha sido ya objeto de numerosos debates entre nosotros.

No hay obstáculos que puedan limitar nuestras actividades. Nuestro Súper-Gobierno no subsiste en condiciones extra-legales que son descritas en la terminología aceptada con la palabra enérgica y prepotente de Dictadura. Estoy en condiciones de afirmaros con toda claridad que, en el momento oportuno, nosotros, los legisladores, sentenciaremos y ejecutaremos; castigaremos e indultaremos; somos como el jefe de todas nuestras tropas de liberales, cabalgando a la cabeza de ellas.Gobernamos con la fuerza de nuestra voluntad, porque en nuestras manos están las riendas de un poder que fue poderoso, y ahora controlamos nosotros. Y ESAS ARMAS SON LA AMBICIÓN ILIMITADA, LA ARDIENTE CODICIA, LA DESPIADADA VENGANZA, EL ODIO Y LA MALICIA.

DE NOSOTROS DEPENDE EL TERRORISMO TOTAL. Tenemos a nuestro servicio personas de todas las opiniones, de todas las doctrinas, restauradores monárquicos, demagogos, socialistas, comunistas y soñadores utópicos de todas clases. Los hemos embridado a todos para que lleven a cabo su trabajo: cada uno por su lado hace labor de zapa y destruye los últimos residuos de autoridad y lo que aún se mantiene en pie. 

Todos los Estados de los Goyim se sienten abrumados por nuestras maniobras: anhelan la tranquilidad y están prestos a cualquier sacrificio en pro de la paz: pero no les concederemos esa paz hasta que ardientemente reconozcan a nuestro Supe-Gobierno Internacional y se sometan a él.

Los pueblos se agitan, y gritan que es necesario resolver la cuestión social mediante acuerdos internacionales. Pero la división entre los propios partidos los ha puesto a todos en nuestras manos, porque para llevar a cabo una lucha de partidos hace falta dinero y somos nosotros los que tenemos todo el dinero.

Nosotros podríamos temer una unión de los gobernantes clarividentes de los Goyim con la fuerza ciega de sus masas, pero ya hemos tomado todas las medidas necesarias para prevenir tal eventualidad: entre ambas fuerzas hemos elevado un sólido muro de reciprocar hostilidad. De esta manera, la ciega fuerza del pueblo continuara siendo nuestro sostén y nosotros, y solo nosotros, les daremos sus jefes y, por supuesto, continuaran actuando, sin saberlo, en el sentido que conviene a nuestros intereses.

Con objeto de no aniquilar prematuramente las instituciones de los Goyim, nos hemos apoderado, prudente y experimentadamente, de los resortes que gobiernan su mecanismo. Tales resortes funcionaban, antaño, de una manera estricta, pero justa, y ahora las iremos reemplazando con la caótica licencia del Liberalismo. Hemos ido tomando en nuestras manos la administración de la ley, los sistemas electorales, la Prensa, la libertad de las personas, y, sobre todo, la instrucción y la educación, que son las piedras angulares de la existencia libre. 

HEMOS IDIOTIZADO, EMBRUTECIENDO Y CORROMPIDO A LA JUVENTUD DE LOS GOYIM, INCULCÁNDOLES PRINCIPIOS Y TEORÍAS QUE NOS CONSTA QUE SON FALSAS, A PESAR DE SER NOSOTROS MISMOS QUIENES SE LAS HEMOS INCULCADO.

Por encima de las leyes existentes, sin modificarlas esencialmente, pero DEFORMÁNDOLAS MEDIANTE INTERPRETACIONES CONTRADICTORIAS, hemos edificado algo grandioso por los resultados que nos ha dado. Estos resultados se han manifestado, primeramente, en el hecho de que la interpretación enmascara las leyes;en segundo lugar, en ocultarles enteramente a los ojos de los gobernantes, incapaces de descubrir cómo aplicar códigos tan confusos. Este es el origen de la teoría del arbitraje.

Tal vez diréis que los Goyim se levantaran contra nosotros, con las armas en la mano, si llegan a sospechar lo que estamos tramando, prematuramente; pero en Occidente disponemos, en reserva, de un medio tan sobrecogedoramente terrorífico que les someterá de nuevo nuestro poder: los ferrocarriles metropolitanos, esos corredores subterráneos que, muy pronto cruzaran el subsuelo de todas las capitales, a las que nosotros podremos hacer volar, con todas sus organizaciones y archivos.

Protocolo X

Hoy, voy a empezar con una repetición de lo que ya he dicho antes, y os ruego que tengáis presente que tanto los gobiernos como los pueblos se contentan, en lo político, con las apariencias externas. Y, ¿cómo podrían ellos, ciertamente, percibir el sentido oculto de las cosas cuando sus líderes dedican lo mejor de sus energías a divertirse? Para nuestra política es de mayor importancia tener bien presente este punto; nos ayudara cuando nos ocupemos de la división de poderes, de la libertad de expresión, de prensa, de religión, de la ley de asociaciones, de igualdad ante la ley, de la inviolabilidad de la Propiedad, de la libertad de domicilio, de los impuestos (y la idea de los impuestos ocultos), y de la irretroactividad de las leyes. Todos esos sujetos son tan importantes que no deben ser tratados abiertamente ante el público. No se deben enumerar nuestros proyectos ante él. El motivo de este silencio se basa en el hecho de que, manteniendo esos principios bajo secreto, conservamos nuestra libertad de acción, lo que nos permite, cuando llegue el caso, excluir esto o aquello, sin que se den cuenta; en cambio, si los hubiésemos expuesto estaríamos obligados a aceptarlos sin reservas.

Las masas sienten una especial reverencia y respeto por aquellos que encarnan la fuerza, y aceptan sus actos de violencia con la admirable respuesta: “Si, ciertamente, es una canallada; es una canallada, pero ¡que hábil! Es una trampa, si quieres llamarlo así. Pero ¡que bien lo ha hecho! ¡con que astucia! ¡con que impúdica audacia…”

Nosotros contamos con ir atrayendo paulatinamente a todas las naciones a la tarea de erección de la nueva estructura fundamental, cuyo plan ha sido creado por nosotros. Por tal razón, antes que nada, nos es indispensable estar preparados y asegurarnos el concurso de agentes Goyim que nos vayan abriendo camino. Cuando hayamos dado nuestro golpe de Estado, diremos a cada pueblo: “Todo iba muy mal para vosotros; estáis destrozados por los sufrimientos. Estamos suprimiendo las causas de vuestros tormentos: nacionalidades, fronteras, diversidad de monedas. Naturalmente, no estáis obligaos a creernos, pero, antes de deciros, examinad primeramente lo que os proponemos” …Entonces el populacho nos exaltará y nos llevará a hombros, en un unánime impulso de confianza y esperanza.

Para llegar a este fin debemos llegar a implantar el voto de todos, sin ninguna distinción de clases ni de calificaciones, con objeto de obtener una mayoría absoluta, que costaría más de obtener si sólo votaron las clases educadas y propietarias.

De esta manera, inculcando en la mente de todos un sentido exagerado de su propia importancia, destruiremos los lazos familiares entre los Goyim, así como los valores masas, dirigidas por nosotros, no dejarán que se revelen sus talentos, ya que irán adquiriendo la costumbre de no escucharnos más que a nosotros, que pagamos por su obediencia y atención. De este modo se creará una fuerza enorme, pero ciega, que no podrá moverse en ningún sentido sin la tutela de nuestros agentes, colocados al frente de la multitud por nosotros mismos. El populacho se someterá a ese régimen porque instintivamente comprenderá que de esas gentes dependen su sustento, sus gratificaciones, y toda clase de ventajas.

El plan de nuestro gobierno debe residir en un solo cerebro; si se admitiera su fraccionamiento en diversos espíritus no se alcanzaría su consolidación.Solo nuestro Soberano debe conocerlo; sus administradores deben, sin discutirlas, ejecutar la parte que le sean comunicadas cuando sea preciso. Esto tiene por objeto no molestar a su concepción genial y a la armonía del conjunto y, sobre todo, a la importancia práctica de la parte secreta de cada uno de sus puntos. 

Si una obra tal debiera ser discutida o transformada por múltiples opiniones y sometida a la aprobación de los votos incorporaría los defectos de todas las concepciones erróneas que no hubieran penetrado totalmente la profundidad y armonía del Plan. Es preciso que nuestros planes sean concebidos de manera pujante y lógica; por tal motivo no podemos hacerlos públicos y hacer partícipe de esta obra genial a grupos demasiado numerosos de los nuestros. Mientras no haya llegado la época de nuestro dominio abierto y manifiesto, no modificaremos totalmente las instituciones existentes: nos limitaremos a modificar sus bases económicas y, por consiguiente, todo el conjunto de su funcionamiento, orientándolo hacia el camino trazado por nuestros planes.

Más o menos, en todos los países existen las mismas instituciones, con nombres diferentes: cuerpos representativos, ministerios, el senado, el Consejo de Estado, y los cuerpos legislativo y ejecutivo. No necesito explicaros el mecanismo de las relaciones de estas instituciones entre ellas, pues ya lo conocéis sobradamente bien, pero os haré notar que cada una de ellas cumple una función gubernamental importante; pero daros cuenta de que califico de “importante” a la función, no a la institución. Las instituciones se han repartido todas las funciones gubernamentales: administrativa, legislativa, ejecutiva, de donde se deduce que deben operar tal como hacen los órganos del cuerpo humano. Si dañamos una parte de la maquinaria del Estado, el Estado enferma, como un cuerpo humano, y… muere.

Cuando INTRODUJIMOS EN EL ÓRGANO ESTATAL EL VENENO DEL LIBERALISMO toda su complejidad política experimentó un cambio. Los Estados han sido, todos ellos, atacados por una enfermedad mortal: envenenamiento de sangre. Todo lo que queda es esperar el final de su agonía. EL LIBERALISMO PRODUJO ESTADOS CONSTITUCIONALES QUE HAN REMPLAZADO A LAS AUTOCRACIAS, que son precisamente la única forma de gobierno sana para los Goyim. Y UNA CONSTITUCIÓN, COMO SABÉIS MUY BIEN, NO ES MÁS QUE UNA ESCUELA DE DISCORDIAS, de desavenencias, de querellas, de peleas estériles, de tendencias, de partidos, y de todo lo que sirve para debilitar la actividad de los Estados. LOS ESCAÑOS PARLAMENTARIOS, NO MENOS QUE LA PRENSA, HAN CONDENADO A LOS GOBERNANTES A LA INACCIÓN Y A LA IMPOTENCIA. POR TAL MOTIVO SE CONVIRTIERON EN INÚTILES Y, EN MUCHOS PAÍSES, DETERMINÓ SU CAÍDA. Fue entonces cuando la era de las repúblicas se hizo posible y nosotros reemplazamos al representante de la nación por su propia caricatura: un Presidente de la República, extraído de la multitud, de en medio de nuestras criaturas, de nuestros esclavos. Tal fue la primera mina colocada por nosotros bajo los Estados de los pueblos Goyim.

En un próximo futuro estableceremos la responsabilidad de los presidentes… Entonces, ya no tendremos necesidad de preocuparnos al aplicar nuestro plan, pues los presidentes, nuestros muñecos particulares, tendrán toda la responsabilidad de ello.Esta responsabilidad clareará las filas de los sedientos de poder, y así nacerá la confusión en el país que no podrá encontrar presidentes, exceptuando los que les propongamos nosotros… Con objeto de que nuestro esquema produzca estos resultados organizaremos las elecciones de manera que las ganen presidentes que tengan, en su pasado, alguna obscura,sucia tara, algún “Panamá”. Con tales taras en su pasado, serán fieles ejecutores de nuestros designios, al temer por la publica revelación de tales taras y al estar interesados en conservar las ventajas y los privilegios inherentes a su cargo.

La Cámara de Diputados tendrá que elegir, proteger y defender a los presidentes, pero le arrebataremos el derecho de proponer nuevas leyes y de modificarlas, porque ese derecho será concedido por nosotros al Presidente responsable, una marioneta en nuestras manos.Naturalmente, LA AUTORIDAD DEL PRESIDENTE RESPONSABLE, SE CONVERTIRÁ ENTONCES EN EL BLANCO DE TODOS LOS ATAQUES, pero, para que se pueda defender, le concederemos el derecho de apelar directamente a la decisión del pueblo, por encima de las cabezas de sus representantes, es decir, el derecho a dirigirse a nuestro ciego esclavo: la multitud. Aparte de esto, concederemos al Presidente, el derecho de declarar la guerra; lo justificaremos con el hecho de que el Presidente, al ser el jefe supremo de todos los ejércitos del país, debe disponer de ellos a su discreción para la defensa de la constitución republicana, cuya protección incumbe, al ser él mismo su representante responsable.

Se retirará a las Cámaras el derecho de interpelación, o, por lo menos, se reducirá al mínimo. Se reducirá a algunos meses la duración de las sesiones parlamentarias permanentes. Además, el Presidente tendrá el derecho de disolver las Cámaras cuando considere que son ingobernables. El Presidente de la República interpretará a nuestro gusto aquellas leyes existentes que puedan ser interpretadas de diversas maneras. Podrá también anularlas en caso de necesidad. Propondrá a menudo leyes provisionales y modificaciones a la Constitución, justificando tales medidas con la excusa del interés del estado. Con estos medios anularemos, poco a poco lo que se oponga a nuestros designios y, cuando llegue la hora de reemplazar los sistemas de gobierno que hemos instaurado con mero afán de transicional por nuestro poder autócrata, acabaremos con todas las constituciones.

El reconocimiento de nuestro Soberano autócrata puede también llegar antes de la destrucción definitiva de las Constituciones. Este reconocimiento puede llevarse a cabo en el momento que los pueblos, exasperados por el desorden y la bancarrota moral de sus gobernantes, exclamen: “Fuera toda esa gente, y dadnos un rey sobre la tierra, que nos una a todos y aniquile las causas de discordias: fronteras, nacionalidades, religiones, deudas del estado; un rey que nos de la paz que no somos capaces de encontrar entre nuestros gobernantes y representantes.

PERO SI LES DAMOS A LAS NACIONES DEL MUNDO LA OPORTUNIDAD DE RESPIRAR POR UN MOMENTO, ENTONCES NUESTRO PLAN FRACASARÁ.

Protocolo XI

El Consejo de Estado legitimará la autoridad del gobierno: vendrá a ser algo así como la parte más visible del Cuerpo Legislativo, que podríamos denominar el comité editorial de las leyes y decretos del Jefe.

He aquí, pues, el programa de la nueva Constitución que estableceremos transitoriamente mientras llega el Reino de nuestro Soberano: estableceremos las leyes, el derecho y la Justicia, 1º en la forma de propuestas al Cuerpo legislativo, 2º mediante decretos del Presidente bajo la forma de reglas generales, de órdenes del senado y de resoluciones del Consejo de Estado bajo la forma de órdenes ministeriales, 3º en el momento que consideremos oportuno, bajo la forma de un golpe de Estado.

Habiendo establecido aproximadamente l modo de operar nos ocuparemos de los detalles del plan, lo que es necesario hacer para efectuar, en el sentido de nuestra Revolución, el cambio de mecanismo en la maquinaria gubernamental. Aclararemos la cuestión que se refiere a la libertad de prensa, derecho de asociación, libertad de conciencia, principio del voto y muchos más que deberán desaparecer para siempre de la memoria humana, o sufrir un cambio radical, desde el mismo día de la promulgación de nuestra nueva Constitución, cuando advenga el Soberano Internacional. Será en ese preciso momento, cuando de un solo golpe, podremos dar a conocer todos nuestros decretos y aplicar con dureza, pues toda modificación posterior sería peligrosa por las siguientes razones: se exasperaría al pueblo si las modificaciones posteriores se llevaba a cabo con dureza, y si se operaba sin dureza, el pueblo diría que habíamos reconocido nuestro error y ello destruiría el prestigio de infalibilidad de nuestra autoridad, e incluso podría decirse que nos habíamos alarmado y nos habíamos visto obligados a hacer una demostración de fuerza; todos estos casos serían igualmente comprometedores para el prestigio de la nueva Constitución. 

Lo que nosotros queremos es que, desde el primer momento, mientras los pueblos del mundo estén atontados por el hecho consumado de la Revolución, y aun bajo los efectos del terror y la incertidumbre, reconozcan de una vez por todas, que somos tan fuertes, tan inexpugnables y nuestro poder tan invencible, que en ningún caso contaremos con ellos ni tomaremos en consideración sus protestas o sus opiniones, y que reprimiremos sus manifestaciones en todo tiempo y lugar si es preciso. Que comprendan que nos hemos apoderado del Poder Absoluto y que no lo compartiremos con nadie… Entonces, paralizados por el miedo y el terror cerraran voluntariamente sus ojos a todo, y esperaran a ver cuál es el resultado final de todos. Los Goyim son como un rebaño de borregos y nosotros somos sus lobos. Y, ¿sabéis que sucede cuando los lobos penetran en el rebaño? Cierran los ojos. Nosotros les forzaremos a hacer lo mismo a los Goyim. Y aún hay otra razón por la cual cerraran sus ojos: porque les prometeremos restituirles todas sus libertades que les hemos arrebatado “provisionalmente”, tan pronto como hayamos domado a los partidos y derrotado a los enemigos de la paz. Y no hará falta decirles cuanto tiempo tendrán que esperar para que les devolvamos sus libertades.

¿POR QUÉ HEMOS INVENTADO ESTA POLÍTICA Y LA HEMOS INFILTRADO EN LAS MENTES DE LOS GOYIM SIN PERMITIRLES COMPRENDER SU SENTIDO INTIMO? ¿QUÉ, EN EFECTO, NOS HA IMPULSADO A ADOPTAR UNA TAL LÍNEA DE CONDUCTA, SIN EL HECHO DE QUE, AL SER UNA TRIBU DISEMINADA, NOSOTROS NO PODÍAMOS CONSEGUIR NUESTRO OBJETIVO POR MEDIOS DIRECTOS, SINO SOLAMENTE POR MEDIOS INDIRECTOS? TAL FUE LA CAUSA REAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LA MASONERÍA SECRETA, DE LA QUE LOS GOYIM NO SABEN NADA NI SOSPECHAN CUALES PUEDEN SER SUS OBJETIVOS. ESTE REBAÑO DE GOYIM ES ATRAÍDO POR NOSOTROS A ESTE APARATOSO EJÉRCITO DE LAS LOGIAS MASÓNICAS, CON OBJETO DE QUE, SIN DARSE ELLOS MISMO CUENTA, ARROJEN POLVO A LOS OJOS DE SUS MISMOS COMPATRIOTAS.

Dios nos ha dado a nosotros, su Pueblo Escogido, el beneficio de la dispersión, y esto, que aparece a los ojos de muchos como una debilidad, se ha convertido, por el contrario, en nuestra fuerza, y nos ha dado la soberanía sobre el mundo. En la actualidad, ya no nos queda más que trabajar en el afianzamiento de nuestras posiciones para colocar nuestro Trono sobre una base sólida y segura.

Protocolo XII

La palabra “libertad” que puede ser interpretada de diversas maneras, es definida por nosotros del siguiente modo: Libertad es el derecho de hacer lo que la ley permite. Esta interpretación de la palabra nos será útil en el momento oportuno, porque todas las libertades se hallarán, así, en nuestras manos, toda vez que las leyes abolirán o decretarán sólo lo que a nosotros nos convenga de acuerdo con el programa que os estoy exponiendo.

En cuanto a la Prensa, actuaremos de la siguiente manera: como solo sirve para excitar violentamente las pasiones que favorecen nuestros planes y el egoísmo de los partidos; como es a menudo vacua, injusta y embustera y la mayoría no comprende a quien sirve en realidad,nosotros la amordazaremos a toda clase de publicaciones porque: ¿de qué nos serviría librarnos de los ataques de la prensa periódica si seguíamos siendo blanco de los ataques de panfletos y libros? Actuaremos de manera que la publicidad de la prensa, que tan cara nos cuesta ahora, debido a la necesidad de censurarla, se convierta en un fraude lucrativo para nuestro Estado. Con este objeto estableceremos un impuesto especial sobre la prensa y exigiremos una fianza a los editores e impresores, para cubrirnos contra toda clase de ataques por parte de alguna publicación que intentará escapar a nuestro control, esa fianza servirá para garantizar el pago de las multas. Estas multas desanimaran a nuestros eventuales adversarios, y alegaremos el pretexto de que toda publicación que existe los espíritus merece ser multada. Cabe la posibilidad de que los diarios de los partidos no se preocupen demasiado de la pérdida de dinero, pero, en tal caso, ordenaremos que nadie se permita atacar impunemente nuestra infalibilidad gubernamental, y por esa razón, o por serles posibles demostrar que sus ataques están fundamentados, dado que a nosotros no corresponde decidir que es una prueba y que no lo es, nosotros suprimiremos sin piedad a los periódicos recalcitrantes.

Es preciso que tengáis en cuenta que entre los órganos periodístico que nos ataquen habrá muchos controlados por nosotros, pero tendrán como misión atacar o criticar puntos que nosotros habremos decidido alterar. Y eso servirá para que se pueda decir que, pese a todo, existe la libertad de expresión, y que nuestro poder no la reprimirá jamás.

Ninguna información podrá llegar a las masas sin pasar por nuestro control; esto lo hemos logrado ya casi totalmente, puesto que todas las noticias son recogidas por un pequeño número de agencias que las centralizan; tales agencias, creadas por nosotros, no publicaran más lo que nosotros permitiremos. El que desee hacerse editor, periodista, impresor o bibliotecario deberá proveerse de un diploma autorizándole para el ejercicio de esas profesiones; dicho diploma, en caso de desobediencia a nuestras órdenes, le será retirado. Merced a tales medidas, la mente humana se convertirá en un instrumento de nuestro gobierno, instrumento que impedirá al espíritu del pueblo perderse en fantasía y tonterías sobre las bendiciones del progreso.

No creo que ni uno solo entre nosotros ignore que esas fantasmagóricas bendiciones del progreso provienen de mentes locas que conciben relaciones anárquicas de los hombres entre sí y con respecto a la autoridad, porque el progreso, o, mejor, la idea del progreso, ha introducido el concepto de toda clase de emancipaciones, pero no ha conseguido establecer los límites… Todos los sedicentes liberales son unos anarquistas, si no de hecho, por lo menos en su mente. Cada uno de ellos parte a la caza de espectros de libertad, y acaba en la licencia, es decir, en la anarquía de la protesta por el mero hecho de protestar.

Pasemos ahora a la prensa periódica. Impondremos impuesto a todo lo que se imprima, a razón de tanto por página, y este impuesto especial quedará garantizado por las fianzas que exigiremos. Los folletos de menos de treinta paginas pagarán el doble. Los reduciremos a la categoría de panfletos con lo que obtendremos una doble ventaja: por una parte rebajaremos su número –beneficioso para nosotros por tratarse de la peor clase de veneno- y por otra parte obligaremos a los editores a producir densos volúmenes, lo que hará que sean menos leídos, al ser más caros. PERO LO QUE NOSOTROS HAGAMOS PUBLICAR PARA INFLUENCIAR A LAS MENTES DE LOS GOYIM EN LA DIRECCIÓN DESEADA POR NOSOTROS RESULTARÁ BARATO Y SERÁ VORAZMENTE LEÍDO. Nuestros impuestos limitarán la producción literaria y las multas pondrán a los escritorios bajo nuestro control. Y si hay alguno que desee escribir algo en contra nuestra no encontrara a nadie deseoso de publicar sus escritos. Si es necesario, conseguiremos que antes de publicar algo, los editores deberán solicitar un permiso de la autoridad. Así conoceremos de antemano lo que se pueda tramar en contra nuestra y lo contrarrestaremos anticipando nuestras explicaciones y argumentos sobre el sujeto en cuestión. La literatura y el periodismo son dos de las más poderosas fuerzas educativas, y por tal motivo nuestro gobierno se convertirá en propietario de la mayoría de los periódicos. Esto neutralizará la perniciosa influencia de la prensa privada y nos pondrá en posición de una TREMENDA INFLUENCIA SOBRE LA MENTE DE LA GENTE. Si damos permiso para la eclosión de diez periódicos, nosotros crearemos treinta, y siempre en la misma proporción. Pero esto, de ningún modo debe ser sospechado por el público. Por tal razón, todos los periódicos, que controlemos serán, en apariencia, de las más opuestas tendencias y opiniones, lo que hará que se acerquen a nosotros los más confiados oponentes a nuestro régimen, con lo cual caerán en la trampa y dejarán de ser peligrosos.

En primera fila estarán órganos periodísticos de carácter oficial, Velarán siempre por nuestros intereses y su salvaguarda y por ello su influencia será relativamente pequeña.

En segunda fila, estarán los órganos semioficiosos, cuya tarea consistirá en atraer a los tibios e indiferentes.

En tercera fila, organizaremos a nuestra propia oposición, que combatirá diversos aspectos de nuestra política y, al menos uno de tales periódicos, se colocará en las antípodas de nuestras ideas. Nuestros enemigos auténticos aceptaran esa oposición simulada y entonces nos mostraran sus cartas.

Todos nuestros periódicos abarcarán las más diversas tendencias: aristocráticos, republicanos, revolucionarios, incluso anárquicos, mientras, naturalmente, dejemos existir a la Constitución. Como el ídolo indio Visnú, tendrá cien manos, y cada una de ellas apuntará con su dedo índice al lugar preciso de la opinión pública, es decir, allí donde nos convenga en un momento dado. Cuando nosotros queramos esas manos dirigirán a la opinión pública hacia donde nosotros deseemos, pues la gente excitada fácilmente pierde toda facultad de juicio y es presa de la sugestión. Esos estúpidos que creen que están repitiendo la opinión de un periódico de su propia tendencia en realidad no harán más que repetir nuestra opinión que nosotros deseemos poner en sus bocas. En la vana creencia de que están siguiendo al órgano de su partido, de hecho seguirán a la bandera que nosotros hemos izado para ellos.

Con objeto de dirigir adecuadamente a nuestro ejército de la Prensa, organizaremos nuestros clubs periodísticos, en los cuales se llevarán a cabo reuniones de “unificación de criterios” en las cuales nuestros agentes impartirán consignas y directrices a los periodistas y autores. Mediante discusiones y controversias, pero SIEMPRE EN UN PLAN MUY SUPERFICIAL, SIN TOCAR A LA ESENCIA DE LOS PROBLEMAS, NUESTROS AGENTES DIRIGIRÁN LA ATENCIÓN SOBRE LOS PROBLEMAS QUE NOS INTERESAN, Y LOS HARÁN ENFOCAR DESDE EL PUNTO DE VISTA QUE NOS CONVIENE.

Los ataques que nosotros permitiremos que nos haga la prensa servirán, además, para que nuestros sujetos estén convencidos de la existencia de una completa libertad de expresión,y entonces nuestros agentes podrán afirmar que todos los que se opongan a nuestra Constitución no son más que vacuos charlatanes, toda vez que son incapaces de encontrar objeciones substantivas para nuestras órdenes. Estos métodos de actuación, imperceptibles al público, pero absolutamente seguros, nos harán ganar la confianza del público. Así, según nos convenga, podremos excitar o calmar los espíritus de la gente en cuestiones de alta política, persuadirlos o confundirlos, imprimiendo ahora verdad, ahora mentiras, hechos o contradicciones. Además, podremos aplastar a nuestros adversarios porque, por las razones que acabamos de exponer, carecerán de órganos para exponer su pensamiento. Sean sus razones justas o injustas, nosotros con nuestro control de la prensa, siempre diremos la última palabra, lo que es esencial ante la opinión de las masas.

Tomemos como ejemplo, la prensa francesa, en la cual se revela como en ninguna otra la solidaridad masónica al obedecer las consignas que se les dan: todos los órganos de la prensa se apoyan mutuamente en el secreto profesional; ningún periodista revelará sus fuentes informativas porque ya nos hemos ocupado en que LOS PERIODISTAS QUE LLEGUEN A LA CUMBRE TENGAN EN SU PASADO ALGÚN HECHO DELICTIVO O VERGONZOSO QUE OCULTAR. Si se van de la lengua, ya nos ocuparemos de que tales hechos se hagan públicos. Mientras que consigamos que se respete esa entelequia del llamado “secreto profesional” el prestigio de los periodistas de élite atraerá a la mayoría de las gentes del país y la muchedumbre con entusiasmo.

Nuestros cálculos se extienden especialmente hasta las provincias. Nos es indispensable suscitar allí esperanzas e impulsos contra la capital, y en la capital lo presentaremos como deseos independentistas de las provincias. Naturalmente, la fuente de todo el malestar será siempre la misma… Nosotros. Lo que a nosotros nos conviene es que, mientras no alcancemos la plenitud del poder, las capitales se sientan atosigadas por los sentimientos de las provincias de la nación, es decir, de una mayoría organizada por nuestra “Agentur”. Es preciso que en el momento psicológico las capitales no puedan oponerse al hecho consumado por la simple razón –si no se dispone de otra mejor- de que ha sido aceptado por la opinión pública de la mayoría de las provincias.

Cuando llegue el periódico en el que alcancemos nuestra absoluta soberanía no permitiremos que aparezca en la prensa ninguna noticia referente a actos de indignidad pública o delitos comunes; es imprescindible que las gentes de los países que aún no dominamos crean que el nuevo régimen ha satisfecho a todo el mundo hasta el punto de que incluso la delincuencia ha desaparecido. Los casos de criminalidad no serán conocidos más que por aquellos que han resultado ser las víctimas de los mismos y por los ocasionales testigos, y por nadie más.

Protocolo XIII

La necesidad del pan cotidiano impondrá silencio a los Goyim y les forzará a ser nuestros humildes servidores. Algunos Goyim, agentes nuestros discutirán, en nuestra prensa, y bajos nuestras directrices, los hechos que nosotros no juzguemos adecuados para ser discutidos en la prensa oficial. Mientras tanto, nosotros tomaremos las medidas que consideremos oportunas y luego las presentaremos al público como un hecho consumado… Nadie se atreverá a pedir la abrogación de un decreto ya promulgado, toda vez que será presentado como un progreso. Por otra parte, nuestra prensa desviará la atención del público hacia nuevas cuestiones (¿acaso no hemos acostumbrado al público a buscar siempre las novedades?) Estos nuevos problemas absorberán la mente de los dirigentes, de esos ingenuos políticos, que no son capaces de darse cuenta de que no tienen ni la más remota idea del fondo de las cuestiones de que se ocupan. Los problemas políticos son incomprensibles para todos, excepto para nosotros, sus creadores y guías desde tiempo inmemorial.

Os daréis cuenta de que al dominar la opinión de la muchedumbre facilitaremos el trabajo de nuestra maquinaria; fijaos en que damos la impresión de que buscamos LA APROBACIÓN DE ALGUNAS PALABRAS Y FRASES, PERO NO DE HECHOS. Constantemente hacemos declaraciones públicas en el sentido de que no nos guía más interés que el de servir al pueblo.

Para distraer al pueblo e impedir que las gentes se entreguen demasiado a un trabajo político o cerebral, ahora estamos empezando a suscitar nuevo tipo de problemas,concretamente los que llamamos problemas de política industrial. En este aspecto ¡DEJÉMOSLES DISCUTIR TONTAMENTE!

LAS MASAS DEBEN PERMANECER INACTIVAS Y ATONTADAS, y es imprescindible que no se den cuenta de lo que estamos tramando. Para ello, las distraeremos con toda clase de juegos, deportes, pasiones, casas de placer. Muy pronto empezaremos a través de nuestra prensa. A pronunciar concursos y competencias de tipo artísticos y también deportivo. De este modo desviaremos definitivamente de su atención aquellos temas que a nosotros nos interese mantener como un coto cerrado nuestro.

Habiendo perdido gradualmente el uso de reflejar y, con mayor razón, de forjar sus propias opiniones, las gentes empezaran a hablar de la misma manera que nosotros les habremos sugerido,porque sólo nosotros estaremos en posición de ofrecerles nuevas orientaciones del pensamiento… naturalmente, esto lo lograremos con la colaboración de personas que no puedan ser sospechosas de solidaridad con nosotros.

El papel jugado por los liberales, soñadores utópicos, se terminará cundo alcancemos el poder. Entonces, continuaran rindiéndonos buenos servicios. Por consiguiente, continuaremos orientando a sus mentes hacia toda clase de vanos conceptos y fantásticas teorías, nuevas, y en apariencia progresivas: ¿acaso no hemos hecho perder la cabeza a todos mediante el uso de la idea del progreso? ¿acaso no son los Goyim bastante estúpidos para no darse cuenta de que la Verdad es una y que, como tal verdad, no puede progresar? ¿acaso no es el progreso una simple tentativa de progresar materialmente, en lo inmediato, lo cual es un alejamiento de la verdad que, repetimos, sólo es una? La falsa idea del progreso solo sirve para obscurecer la verdad, de manera que nadie sea capaz de conocerla, excepto nosotros, los elegidos de Dios, sus guardianes.

Cuando lleguemos al poder, nuestros oradores expondrán los graves problemas que han puesto a la humanidad cabeza abajo, con objeto de que los pueblos comprendan que no les queda más remedio que aceptar nuestro beneficio despótico. ¿Quién de vosotros sospechará que los pueblos Goyim fueron manipulados por nosotros de acuerdo con un plan político que solo unos cuanto de entre ellos fueron capaces de sospechar en el transcurso de muchos siglos?

Protocolo XIV

Cuando alcancemos el poder absoluto no será deseable que persista otra religión que la nuestra, la cual no adora más que UN Dios al cual está ligado nuestro destino en nuestra calidad de pueblo elegido y, a través nuestro, el Destino de los otros pueblos del mundo. DEBEMOS, POR CONSIGUIENTE, BARRER TODAS LAS DEMÁS CREENCIAS RELIGIOSAS. Si esto trae como consecuencia la multiplicación de los ateos, no nos perjudicarán, antes, al contrario, servirán de ejemplo para las futuras generaciones a las cuales nosotros predicaremos la religión de Moisés, la cual tanto nos ha ayudado a someter, mediante su sistema tan profundamente elaborado, a todos los pueblos de la tierra.

Entonces, a la menor oportunidad, publicaremos artículos en los que estableceremos comparaciones entre nuestro benéfico gobierno y el de las épocas pasadas. Pondremos bien de relieve los errores de los precedentes gobiernos de los Goyim, y en seguida presentaremos a la atención de las masas la tranquilidad de que gozan con nuestro gobierno; CREAREMOS ENTRE ELLOS TAL ODIO A SU PASADOque les obligaremos a preferir la paz en la esclavitud a la libertad que les martirizó durante siglos mientras eran explotados por una serie de aventureros ignorantes de lo que hacían. Los Goyim estarán tan hartos de los cambios de régimen y de gobiernos –cambios que habremos provocado nosotros mismos al minar sus instituciones gubernamentales- que prefieran aceptar cualquier cosa que les propongamos, directamente o a través de nuestro Agentur, antes que volver a caer en los tormentos de antaño.

Al mismo tiempo no dejaremos de enfatizar los errores históricos de los gobiernos Goyim que han atormentado durante siglos a la humanidad, por la falta de comprensión de los que constituye la felicidad de los hombres, con su persecución de esquemas de fantásticas bendiciones sociales, y sin darse cuenta de que tales esquemas sólo servían para empeorar las cosas. La fuerza de nuestros principios y métodos radicará en el hecho de que los presentaremos como un espléndido contraste con el cadavérico y compuesto régimen.NUESTROS FILÓSOFOS DISCUTIRÁN TODOS LOS DEFECTOS DE LAS DIVERSAS CREENCIAS DE LOS GOYIM. Pero ninguno discutirá jamás nuestras propias creencias que, por otra parte, sólo serán totalmente conocidas por nosotros mismos, que no traicionaremos nuestros secretos.

En países considerados progresivos y adelantados, hemos promocionado una literatura y un arte insensatos y una sucia y abominable pornografía. Una vez conquistado el poder, continuaremos favoreciendo su existencia, durante un corto lapso de tiempo, suprimiéndolos gradualmente después, a fin de que tales abominaciones queden como el recuerdo de lo que fueron los últimos gobiernos de los Goyim, en contraste con lo que procede de las alturas de nuestras cimas. Nuestros sabios, previamente preparados para ser líderes de los Goyim les inculcaran las nuevas formas de pensamiento y de conocimiento, tal como ha sido concebido por nosotros.

Protocolo XV

Cuando por fin, definitivamente, alcancemos el poder mediante una serie de golpes de Estado preparados en todas partes, prácticamente al mismo tiempo, después de que la inutilidad de todas las formas de gobierno actualmente existentes hayan sido totalmente aceptada (y esto no sucederá en poco tiempo, pues tal vez aún necesitemos un siglo entero), nos ocuparemos de asegurar de que los complots ya no sean posibles. A ese propósito golpearemos sin piedad a todos aquellos que se atrevan a hacernos frente. 

TODA CLASE DE NUEVA INSTITUCIÓN PARECIDA A UNA SOCIEDAD SECRETA SERÁ DESHECHA Y SUS MIEMBROS CONDENADOS A MUERTE; las que existen en la actualidad, nos son conocidas, nos sirven y nos han servido, serán desmanteladas y sus miembros mandados al exilio, a tierras muy alejadas de Europa. Así procederemos con esos masones que saben demasiado; y los que, por alguna razón especial, conservan sus puestos, vivirán en constante temor al exilio o a algo peor. Promulgaremos una ley ordenando el exilio, lejos de Europa, de todos los antiguos miembros de sociedades secretas.

EN LAS SOCIEDADES GOYIM EN LAS QUE HEMOS ENRAIZADO FUERTEMENTE LA PLANTA DE LA DISCORDIA Y DE LA PROTESTA, la única manera de restaurar el orden es el uso directo de la fuerza prescindiendo de toda piedad: no debemos ocuparnos de las víctimas, sus sufrimientos servirán para asegurar el futuro. La principal garantía de la estabilidad del poder es la aureola que sólo se puede obtener con la mayestática inflexibilidad de la fuerza, que se muestre inviolable, indiscutible y acompañada de un poder místico, es decir, la elección de Dios. Tal fue, hasta tiempos muy recientes, la autocracia rusa, nuestra única enemiga peligrosa, por lo bien que nos conocen, sin contar con el papado. Tened presente el ejemplo histórico de Italia, cuando se hallaban inundada de sangre; no toco un pelo de la cabeza del tirano Sila, aunque fue éste quien hizo derramar esa sangre. Sila llegó a la apoteosis a los ojos del pueblo romano, a pesar de su crueldad y sus injusticias, pero su intrépido regreso al poder le proporciono la aureola de la inviolabilidad. El populacho nunca se atreve a levantarse contra el tirano que le hipnotiza con su rudeza y audacia.

No obstante, mientras llega el tiempo de nuestra toma del poder absoluto, crearemos y multiplicaremos en todos los países del mundo las logias masónicas, atrayendo a ellas a todos los que son susceptibles de convertirse en personajes importantes, ya que tales logias serán nuestras principales fuentes de información y de influencia sobre personajes públicos. Todas esas logias, sin saberlo los propios afiliados a las mismas, estarán sujetas a una sola administración central, conocidas únicamente por nosotros y desconocida por los demás. Esa administración central será la sede de nuestros propios sabios. Cada logia tendrá su representante aparente, que deberá servir de biombo a los sabios, de los cuales él recibirá consignas y programas que deberá servir ciegamente, previamente seleccionados por nosotros en todos los estratos de la sociedad.

De este modo, los complots más secretos nos serán anticipadamente conocidos y podremos guiarlos a nuestra guisa desde el primer día. Entre los miembros de tales logias se contarán casi todos los miembros importantes de las policías nacionales e internacionales, pues la policía puede, con el pretexto de reprimir una insurrección, tomar medidas contra los que se insubordinen contra nosotros, enmascarar nuestras actividades y crear motivos de descontento, etc.

La clase de gente que ingresa en las sociedades secretas es sobre todo vividores, y también utopistas que desean tener la oportunidad de expresar sus ideas, aunque sea ante auditorios muy restringidos. Sólo busca aplausos y desde luego se los procuraremos, porque nos conviene habituarles a las agradables sensaciones del éxito. Y la razón por la cual les concederemos esos éxitos fáciles estribará en alagar su vanidad, lo cual insensiblemente les predispone a escuchar fácilmente nuestras sugerencias sin darse cuenta de que tales ideas no son suyas, pues la sensación de su propia infalibilidad que les hemos hecho aceptar con nuestros plausos les hará creer que es materialmente imposible que tales ideas no son suyas exclusivamente… No os podéis imaginar hasta qué grado de frustración podemos arrastrar a los ingenuos Goyim por el simple hecho de regatearles unos aplausos y hasta qué punto se mostrarán sumisos ante la perspectiva de recuperar los aplausos anteriores. Cuanto más menosprecien los nuestros el éxito externo, o condición de que pueda llevar a cabo sus planes, tanto más están dispuestos los Goyim a sacrificar cualquier plan en pro de su éxito personal. Esa psicología suya nos facilita la tarea de dirigirlos en el sentido que deseamos. ESOS APARENTES TIGRES NO SON MÁS QUE ALMAS DE CORDERO CON LAS CABEZAS LLENAS DE AÍRE. Los hemos hecho cabalgar sobre una escoba, al hacerles creer que pueden sustituir la individualidad humana con las ideas simbólicas del colectivismo… Se puede dar por seguro que los Goyim no comprenden que esta idea del Colectivismo, que les hemos sugerido, se opone a la ley principal de la naturaleza que, desde el principio de los tiempos engendra a cada ser diferente de los otros, con objeto de proporcionar a cada uno de ellos su propia individualidad.

SI HEMOS CONSEGUIDO SUMERGIRLES EN UN POZO DE ESTUPIDEZ TAN PROFUNDA, ¿NO DEMUESTRA ELLO QUE EL CEREBRO DE LOS GOYIM SE HALLA EN UN GRADO DE DESARROLLO MUY INFERIOR AL NUESTRO? PUES ESTO ES, PRINCIPALMENTE, LO QUE GARANTIZA NUESTRO ÉXTO.

¡Cuan clarividentes eran nuestros sabios de antaño cuando los planes de esclavitud de los Goyim y nos aconsejaban no tener ningún tipo de piedad, recomendándonos no tener en cuenta el número de víctimas sacrificadas para la consecución de nuestros fines!En efecto, no hemos contado las víctimas de los rebaños Goyim, y aunque alguno de los nuestros también han caído en esa lucha secular, les hemos dado una posición en la tierra que nunca hubieran podido soñar. Y esto es lo que ha preservado a nuestra nacionalidad de la destrucción.

La muerte es el inevitable destino de todos nosotros: es preferible acelerarla para todos aquellos que obstaculizan nuestra obra que para nuestros hermanos que son sus artífices. Por esa razón ejecutamos a los masones, cuando nos conviene, de manera que nadie, excepto la fraternidad, puede albergar sospechas; ni las propias víctimas, siquiera…TODOS MUEREN, CUANDO CONVIENE, Y APARENTEMENTE A CAUSA DE ENFERMEDAD… Sabiendo esto, ni siquiera la Fraternidad se atreve a protestar. Con tales métodos hemos extirpado de los medios masónicos la raíz misma de toda protesta contra nuestras disposiciones. Mientras predicamos a los Goyim el Liberalismo, mantenemos a nuestro propio pueblo y a nuestros agentes en un estado de indiscutible sumisión.

Bajo nuestra influencia la ejecución de las leyes de los Goyim ha sido reducida a un mínimo. El prestigio de la ley ha sido minado por las interpretaciones Liberales introducidas en su esfera. En los asuntos más importantes y fundamentales los jueces deciden de acuerdo con nuestros dictados y a la luz de nuestros intereses, a través de la utilización de personas insospechadas, aunque a nuestro servicio. También podemos influenciar la voluntad de los jueces mediante la opinión pública modelada por los periódicos, o por otros medios… Incluso los senadores y la Alta Administración aceptan nuestros consejos. LA EMBRUTECIDA MENTE DE LOS GOYIM ES INCAPAZ DE ANÁLISIS Y DE OBSERVACIÓN Y AÚN MÁS DE DETERMINAR LAS CONSECUENCIASDE UNA DECISIÓN.

En esta diferencia de capacidad de pensamiento entre los Goyim y nosotros puede discernir claramente el sello de nuestra posición como pueblo elegido y de nuestra superior posición de la escala de la humanidad, en contraposición con la mente embrutecida de los Goyim. Sus ojos están abiertos, pero no ven nada ante ellos (excepto tal vez cosas materiales). De todo esto se deduce claramente que la misma Naturaleza nos ha destinado a nosotros para conducir y gobernar el mundo.

Cuando llegue el momento de nuestro gobierno reconocido, a la luz del día, modificaremos todas las legislaturas; TODAS NUESTRAS LEYES SERÁN BREVES, CLARAS, ESTABLES, SIN DAR PIE A NINGUNA CLASE DE INTERPRETACIONES, DE MANERA QUE TODOS PUEDAN COMPRENDERLAS PERFECTAMENTE. La característica principal de nuestras leyes serán la obligación de someterse incondicionalmente a las órdenes de la autoridad. Controlaremos celosamente todas las ordenes de la autoridad. Controlaremos celosamente todos los actos de la administración de la que depende el perfecto perfeccionamiento de la maquinaria del Estado; ni un solo caso de ineficacia será dejado sin castigo ejemplar. Disimulación de culpabilidad, fallos de funcionarios… todo eso desaparecerá cuando aparezcan los primeros ejemplos de castigo severo. La aureola de nuestro poder exige un castigo adecuado, es decir, cruel, por el menor desliz. El castigado, aun cuando su castigo sea excesivo con relación a sus culpas, quedara como un soldado que cae en el campo de batalla administrativo en el interés de la Autoridad, de los Principios y de la Ley, que no permiten a nadie el menor desmayo. Nuestros jueces sabrán también que si se permite la menor debilidad con locas clemencias están violando la Ley de la justicia, instituida para la edificación ejemplar de los hombres mediante castigos, y no para la exhibición de las cualidades espirituales de los jueces. Tales cualidades pueden exhibirse en la vida privada, pero no en la plaza pública, cuál es la base educacional dela vida humana.

Nuestros magistrados no podrán ejercer pasados los cincuenta y cinco años de edad, en primer lugar porque los viejos se aferran más obstinadamente a opiniones preconcebidas y son menos capaces de someterse a las nuevas directrices, y en segundo lugar, porque tal medida nos permitirá una mayor elasticidad en los cambios de personal, que quedara así más fuertemente sometida a nuestra obediencia: el que desee conservar su puesto deberá obedecer ciegamente para merecerlo. Nuestros jueces serán elegidos entre aquellos que comprendan perfectamente que su deber consiste en castigar y en aplicar las leyes, y no soñar sobre los generosos beneficios del Liberalismo a expensas del esquema educacional del Estado, tal como hacen los Goyim en la actualidad. Este sistema de reclutamiento y traslado inopinado de los funcionarios de justicia servirá también para romper la solidaridad profesional entre colegas y les ligará colectivamente a los intereses de nuestro gobierno, el cual decidirá sobre su suerte sin consultarles para nada. La nueva generación de jueces será entrenada en el principio de la inmutabilidad del orden establecido por nosotros en nuestro Estado colectivo, y en la necesidad de castigar sin piedad todo abuso contra esta orden.

Actualmente los jueces de los Goyim encuentran atenuantes para toda clase de delitos, porque no comprenden verdaderamente cuál es su misión, porque los gobernantes presentes tampoco se han preocupado de inculcarles que su obligación es cumplir la ley y no perderse en consideraciones generosas. Igual que el animal envía a crías en busca de presas, los gobernantes Goyim confían a sus súbditos cargos lucrativos sin preocuparse de explicarles con que objeto tales cargos fueron creador.

Esta es la razón por la cual sus gobiernos están siendo ARRUINADOS POR LOS ACTOS DE SU PROPIA ADMINISTRACIÓN.Y puedo asegurar que, debido a nuestra presión en ese sentido, las locuras generosas de la Administración Goyim se multiplicaran hasta extremos inconcebibles. Extraigamos, entre tanto, del ejemplo de los resultados de esa conducta, otra lección importante para nuestro régimen.

Esta lección consiste en que, cuando suene la hora de nuestro gobierno, extirparemos el liberalismo, y los liberales, de todos los cargos importantes, y aún los menos importantes, de los que dependa la educación de nuestros súbditos para la organización del régimen social que hemos previsto, y que deberá ser inmutable. Tales cargos serán concedidos a los nuestros, que habrán sido preparados especialmente para ello; eventualmente, algunos Goyim inmersos en nuestro engranaje estatal podrán ocupar cargos de relativa importancia, aunque siempre sujetos a vigilancia. A la posible objeción de que la jubilación de los viejos funcionarios costará mucho dinero al tesoro público, contestaré diciendo que, en primer lugar, se les concederá otro tipo de trabajo u ocupación privada, y, en segundo lugar que, como todo el dinero del mundo será concentrado en nuestras manos, según explicaré en otra sesión, el problema de los gastos no deberá nunca preocupar a nuestro gobierno.

Nuestro absolutismo será lógico en todas las cosas y, por consiguiente, nuestra suprema voluntad en cada uno de sus decretos será respetada e incuestionablemente cumplida: ignorará todas las murmuraciones, los descontentos de todas las clases y destruirá hasta la raíz toda clase de manifestaciones de los mismos en actos, mediante castigos inmediatos de carácter ejemplar. Aboliremos el derecho de Casación, pues si un juez modificara la sentencia de otro, se pondría en duda la infalibilidad de nuestro Gobierno y nuestra Administración, lo cual no podemos en modo alguno permitir. Solamente en casos muy especiales toleraremos la modificación de una sentencia, y no por motivos de “derecho”, sino de eficacia política, y entonces el castigo que se impondrá al juez que incumplió su deber será ejemplar, público y notorio.

Nuestro gobierno tendrá tendrá la apariencia de un tutelaje paternal y patriarcal. Nuestra propia nación y sus sujetos verán en su persona un padre todopoderoso que se ocupa de todas sus necesidades, de todos sus actos, de todas sus relaciones entre sí y con él mismo. Los Goyim quedarán tan perfectamente imbuidos de la idea de que les es imposible dispersarse de su tutela y su dirección si desea vivir en paz y tranquilidad, que reconocieran la autocracia de nuestro Jefe con una devoción bordeando la apoteosis, especialmente cundo se den cuenta de que aquellos que nosotros colocamos como gobernantes intermedios obedecen ciegamente sus dictados. Estarán contentos – y, si es preciso, les obligaremos a estarlo- de que hayamos programado y regulado sus vidas, tal como hacen los padres inteligentes que desean mantener a sus hijos en la causa del deber y la sumisión filial. Pues la verdad es que todos los pueblos del mundo, en lo que se refiere a los secretos del buen gobierno están –y han estado siempre a través de los tiempos- en el mismo nivel que los niños pequeños, e igual puede decirse de sus gobiernos, a los que nosotros manipulamos a nuestro antojo desde hace mucho tiempo. Como podéis observar, yo baso nuestro despotismo en el derecho y en el deber: el derecho a obligar al cumplimiento del deber es una obligación directa de un gobierno que se comporta como un padre para sus súbditos. Tiene el derecho del fuerte que debe de utilizar para dirigir a la Humanidad hacia ese orden definido por la naturaleza como la sumisión. Todo en el mundo se halla en un estado de sumisión, sino al hombre, entonces a las circunstancias de su propio carácter interno; en todos los casos, a lo que es más fuerte que él. Así pues, nosotros seremos ese ‘más fuerte’ para bien del mundo.

Cuando el Rey de Israel coloque sobre su cerviz la corona ofrecida por Europa, se convertirá en el patriarca del mundo. El indispensable número de víctimas sacrificadas para acelerar su advenimiento no llegará jamás a alcanzar el número de victimas inmoladas en el curso de los siglos por las manías de magnificencias y las rivalidades entre los estados Goyim. Nuestro Rey estará en constante comunicación con las gentes, a las que dirigirá discursos que harán llegar su voz, al mismo tiempo a todos los hombres del mundo.”

Protocolo XVI

Sobre la educación

“Con objeto de destruir todas las fuerzas colectivas excepto la nuestra, comenzaremos por emascular a las universidades, que son los primeros escalones hacia el colectivismo. Reduciremos a su personal en un nuevo espíritu. Sus directores y profesores serán educados mediante detallados programas secretos de acción, del cual no podrán alejarse en lo más mínimo. Serán nombrados de acuerdo con nuestros cuidadosos métodos selectivos y dependerán enteramente del gobierno.

Nos ocuparemos de suprimir de los programas estudiantiles la enseñanza del Derecho de Estado, así como todo lo que se relacione con la verdadera política. Estas materias se enseñarán a unas cuantas docenas de personas, escogidas entre las más inteligentes y capacitadas de los iniciados de nuestra ‘Agentur’. Ya no saldrán de las universidades estos jóvenes barbilampiños, fabricantes de constituciones, que gustan de mezclarse en problemas políticos de los que ni sus propios padres comprenden nada.

El estudio mal dirigido, de los asuntos llamados políticos, no sirve más que para formar soñadores utopistas y ciudadanos mediocres, como vosotros mismos podéis juzgar por el resultado obtenido en las universidades, con el tipo de enseñanza general que se da allí a los Goyim. Debimos introducir en su enseñanza todos esos falsos principios que tan brillantemente han destruido su orden. Pero tan pronto como nosotros alcancemos el poder suprimiremos de la enseñanza todo asunto perturbador y convertiremos a la juventud Goyim en un rebaño de muchachos obedientes a nuestra autoridad, amante de sus gobernantes como custodios de la paz y la tranquilidad. Reemplazaremos el estudio de los clásicos y de la historia antigua –que contiene, desde nuestro punto de vista, más ejemplos malos que buenos- por los estudios de los problemas de la hora presente y del futuro. Borraremos de la memoria de los hombres todos los hechos de los siglos pasados, cuyo recuerdo sea desfavorable a nuestros intereses, y sólo permitiremos que subsista lo que describe los errores de los gobiernos de los Goyim, exagerándolos cuando nos convenga. El estudio de la vida práctica, de la obligación de mantener el orden, de las relaciones entre gentes y razas, serán puestos a la cabeza de nuestro programa educativo cuando alcancemos el poder, así como la necesidad de evitar los malos ejemplos de los egoísmos nacionales, y otras escuelas pedagógicas. Este programa será elaborado según un plan especial para cada profesión, y nunca deberá transformarse en un plan general de instrucción para todos igual. Este tratamiento de la cuestión reviste particular importancia.

Cada clase de ciudadanos deberá ser educada según un programa rigurosamente limitado, y relacionado con su situación y la naturaleza del trabajo de cada individuo. Ya sabéis como a terminado la experiencia realizada por los Goyim, siguiendo nuestras directrices, de querer infringir el orden divino y dar a todos la igualdad de derechos o la distribución a su albedrio de tales derechos, pecado que no puede quedar impune. Con objeto de que el gobernante esté firmemente asentado en la mente y en los corazones de los súbditos es necesario que durante su reino se tenga al populacho al corriente de sus acciones y que se le recuerde constantemente, sin reposo, el carácter bienhechor de todas y cada una de las acciones del gobierno, hechas pensando en su bien y en el de toda la humanidad.

Aboliremos toda clase de enseñanza libre. Toda la enseñanza se hallará centralizada en las firmes manos del gobierno de nuestros sabios. Pero para dar una apariencia de libertad, habrá conferencias, en lugares públicos, a las que asistirán los alumnos y sus propios familiares, si lo desean, -y pondremos los medios coercitivos necesarios para que lo deseen- con objeto de intercambiar ideas con los profesores, sobre cuestiones de relaciones humanas, sobre las represalias provocadas por inconscientes contrarrevolucionarios y sobre los reglamentos que debe regular las relaciones y, finalmente, sobre la filosofía de las nuevas teorías, aun no explicadas al mundo. Estas teorías serán elevadas por nosotros a la categoría de dogma de fe, como una etapa de transición hacia nuestra fe. Ya os haré, más adelante, la exposición de las bases de estas teorías cuando os haya hecho conocer totalmente nuestro programa para el futuro.

En pocas palabras, sabiendo por la experiencia de muchos siglos que la gente vive y se guía por ideas, que tales ideas son adoptadas por la gente sólo mediante la educación proporcionada con igual éxito por todas las edades del crecimiento, aunque, naturalmente, con métodos variados, confiscaremos para nuestro propio uso los últimos restos de independencia del pensamiento que, durante muchos años hemos orientado hacia ideas y sujetos útiles a nuestros propósitos. El sistema de embridar el pensamiento ya funciona en el método llamado de la enseñanza visual que conseguirá que los Goyim sean incapaces de reflexionar y los convertirá en obedientes animales que tendrán que esperar que una cosa les sea mostrada ante sus ojos para formarse una idea de la misma.

En Francia uno de nuestros mejores agentes, Bourgeois, ya ha anunciado la implantación de un nuevo programa de enseñanza visual.

Protocolo XVII

Sobre los abogados, Sobre la Iglesia, Sobre la corrupción del poder.

La práctica de la abogacía produce hombres crueles, fríos, obstinados y sin principios que, en todos los casos, adoptan puntos de vista estrictamente formalistas. Tienen el inveterado habito de ocuparse de los asuntos solamente desde la referencia del interés para la defensa de los intereses propios o de sus clientes, no importándoles nada el bien social que pueda derivarse del resultado. Generalmente no rehusan encargarse de ninguna defensa, y luchan por la absolución del acusado a toda costa, cavilando sobre las más mínimas argucias de la jurisprudencia, con lo cual no hace más que desmoralizar a la justicia. Por tal razón, limitaremos el campo de acción de esta profesión, poniendo a los abogados al mismo nivel que los jueces y otros funcionarios públicos. Ni los abogados ni los jueces tendrán derecho a comunicarse privadamente con los litigantes, y solo tendrán acceso a los expedientes cuando estos les hayan sido asignados por el tribunal; sólo podrán basarse, para ejercer su derecho de defensa, en los expedientes facilitados por la administración. Sus honorarios se fijarán sin tener en cuenta el éxito o fracaso de su defensa. Así, se convertirán en meros funcionarios al servicio de la Administración y no de sus clientes o litigantes, pudiendo incluso oponerse a éstos y convertirse en asistentes de la acusación, es decir, del Fiscal. Esto agilizará los procesos legales, y al mismo tiempo se terminará con la actual corrupción jurídica, que ya nos será necesaria.

Día a día decrece su influencia en los pueblos del mundo. La libertad de conciencia ha sido proclamada en todas partes, de manera que actualmente estamos ya muy cerca de la total destrucción de las iglesias cristianas. Por lo que se refiere a las otras religiones, tendremos aún menos dificultades en tratar con ellas, pero ahora será prematuro hablar de ello. Pondremos al clericalismo y a los clericales en unos marcos tan estrechos que conseguiremos que su influencia decrezca una más rápidamente de lo que creció.

Cuando llegue finalmente el tiempo de destruir la corte papal, el dedo de una mano invisible dirigirá a las naciones contra esa corte. Cuando, no obstante, esas naciones estén a punto de consumar esa obra, nosotros daremos un paso al frente como sus defensores presentándolo como un acto que tiende a evitar el excesivo derramamiento de sangre. Con esta estratagema penetraremos hasta lo más profundo de la Iglesia y nos aseguraremos de que ya no pueda volver a levantarse más hasta que nosotros nos hayamos apoderado en nuestro beneficio de toda su fuerza. El Rey de los Judíos será el verdadero Papa del Universo, el patriarca de una iglesia internacional.

Pero entretanto, mientras reeducamos a la juventud en nuevas religiones tradicionales, y luego en la nuestra, no atacaremos abiertamente a las iglesias existentes, sino que lucharemos contra ellas mediante criticismos calculados para causar cismas…

En general, pues, nuestra Prensa contemporánea continuará criticando los asuntos de Estado, las religiones, las incapacidades de los Goyim, empleando siempre, para ello, las expresiones más procaces con objeto de rebajar su prestigio del modo que sólo puede ser practicado por el genio de nuestra privilegiada tribu…

Nuestro reino será una apología de la divinidad Visnú, en la cual se encuentra su personificación… en cada una de nuestras cien manos se hallarán los resortes de la maquinaria de la vida social. Lo sabremos todo sin la ayuda de la policía oficial, la cual, en esa esfera de sus derechos que nosotros elaboraremos para uso de los Goyim, impide a los gobiernos conocer la verdad. En nuestro programa una tercera parte de nuestros súbditos tendrá al resto bajo observación. El oficio de espía y de denunciador de los abusos no es considerado por nosotros vergonzoso, sino honorable, pero las denuncias infundadas serán cruelmente castigadas, con objeto de que no se produzcan abusos en la tarea de denunciar.

Nuestros agentes serán reclutados tanto entre los más altos como entre los más bajos de la Sociedad, entre la clase administrativa que pasa su tiempo en diversiones, entre editores, impresiones y publicistas, libreros y traficantes de libros, empleados de oficina, vendedores, trabajadores, criados, etc. Este cuerpo, que no poseerá ningún derecho y no tendrá poderes para actuar por su cuenta y no será más que una policía extraoficial, pero sin poder, sólo servirá para observar e informar. La comprobación de sus informes y los subsiguientes arrestos dependerá de un grupo responsable de asuntos policiales, mientras que el acto concreto del arresto será llevado a cabo por la gendarmería y la policía municipal. Cualquier persona que no denuncie algo que haya visto u oído referente a asuntos de Estado será acusado y encadenada por encubrimiento si se demuestra, a nuestros ojos, que es culpable de ese delito.

Igual que sucede en nuestros días, en que nuestros hermanos están obligados, bajo su propio riesgo, a denunciar a los apostatas de su propia familia que hayan hecho algo que se oponga a los designios del Kahal, de la misma manera, en nuestro reino mundial, será obligatorio para todos nuestros súbditos observar el deber del servicio al Estado en ese sentido.

Tal organización extirpará los abusos de autoridad, de fuerza, de cohecho, todo lo que, de hecho, nosotros, con nuestros consejos y nuestras teorías, presentándolos como los “sobre-humanos” Derechos del hombre, hemos introducido en las costumbres de los Goyim…

Pero, ¿de qué otra manera íbamos a lograr, si no, el aumento de las causas predisponiendo a su mala administración?… ENTRE TALES MÉTODOS, UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES CONSISTE EN COLOCAR COMO AGENTES DE LA RESTAURACIÓN DEL ORDEN A INDIVIDUOS QUE SEAN CAPACES, POR SU ACTIVIDAD DESTRUCTORA, DE CONTAMINAR A LOS DEMÁS, REVELÁNDOLES Y DESARROLLÁNDOLES SUS TENDENCIAS CORROMPIDAS, INDUCIÉNDOLOS AL ABUSO DE PODER O LA COMPRA DESVERGONZADA DE LAS CONCIENCIAS. En resumen: allí donde no hayamos obtenido el poder absoluto, incitaremos entre el alto funcionariado el desarrollo de sus peores inclinaciones: obstinado orgullo, irresponsable ejercicio de la autoridad y, por encima de todo, venalidades (deshonestidades).

Protocolo XVIII

Sobre la desestabilidad del poder, Sobre cómo mantener el poder.

Cuando nos sea necesario reforzar las estrictas medidas de defensa secreta (el veneno más fatal que pueda atacar el prestigio de la autoridad), provocaremos una simulación de desórdenes o alguna manifestación de descontento, el cual será expresado por oradores hábiles a los que seguirán los corderos del rebaño humano. Esto nos dará pretexto para registros domiciliarios llevados a cabo por la policía y, estando ésta a nuestro servicio, nos desembarazaremos por su conducto de nuestros adversarios, dando como razón que ellos se habían sometido a la sugestión de agentes provocadores.

Como la mayoría de los conspiradores actúan por amor al arte del misterio y de la habladuría, no los tocaremos mientras no se metan con nosotros; hasta entonces nos limitaremos a introducir en su seno elementos delatores… No se debe olvidar que el prestigio de los gobiernos disminuye cuando exponen a los ojos del público los atentados tramados contra ellos; la constatación de conspiraciones frecuentes puede inducir a creer que el poder estaba en el error o que es débil o injusto. Vosotros ya sabéis que hemos destruido el prestigio de los soberanos Goyim mediante frecuentes atentados contra sus vidas, llevados a cabo por nuestros agentes, los corderos ciegos de nuestro rebaño, que son fácilmente impulsados por unas cuantas frases liberales a cometer esos crímenes. Lo único que ha hecho falta ha sido dar a esas frases un colorido político. Hemos obligado a los gobernantes a reconocer su debilidad ostensiblemente de policías especiales, como es el caso de la Okhrana, quebrantando así su prestigio.

Nuestro soberano será secretamente protegido por nuestros agentes, aunque ante el público parecerá que su protección es insignificante, porque jamás permitiremos ni siquiera el pensamiento de que alguien pueda conspirar o atentar contra él ni de que se sospeche que alguien pueda estar descontento. Si permitiéramos que tal idea prevaleciera, tal como han hecho y están haciendo los Goyim, estaríamos firmando, ipso facto, una sentencia de muerte, sino de nuestro soberano, sí, por los menos, de su dinastía, y a muy corto plazo.

Según apariencias estrictamente observadas, nuestro soberano soló empleará su poder para el beneficio de su nación y en interés de sus súbditos y, de ningún modo, en su propio provecho o en el de su dinastía. Por consiguiente, al cuidar escrupulosamente esa escenografía, sus mismos súbditos le respetarán y protegerán su poder, que venerarán, al saber que la salvación del Estado está unida a la vigencia de tal poder, del que dependerá el orden público. Si se vigila abiertamente al soberano se admite la debilidad de su fuerza.

Nuestro soberano estará siempre abiertamente en medio de su pueblo, rodeado de una multitud de curiosos, hombres y mujeres, que se colocaran siempre en las primeras filas, cerca de él, manteniendo el orden en las otras filas y no dando la impresión de hacerlo más que para hacer que se respete el orden, para dar ejemplo de disciplina y exigirla en derredor suyo. Si apareciere un peticionario, ellos le ayudaran a entregar su petición, especialmente, al soberano, pero, tomando el pretexto de impedir que se importune al público, tomará la petición en sus manos para hacerla llegar, en presencia del peticionario, al soberano. Esto es imprescindible para que los súbditos estén convencidos de que existe un control efectivo de los asuntos, ejercido por el soberano, personalmente. La aureola del poder requiere, para subsistir, que el populacho pueda decir: ‘¡Sí el soberano supiera esto!’ o bien ‘El soberano lo sabrá’.

Con el establecimiento de una policía secreta oficial, el místico prestigio de la autoridad se desvanece: ante tal tipo de vigilancia, un terrorista no necesita más que de un poco de audacia, que todo hombre cree poseer, para sentirse superior a tal vigilancia y capaz de vencerla; de tal modo que toma conciencia de su propia fuerza y no tiene más que asechar el momento más favorable para atentar contra la autoridad… A los Goyim les hemos predicado precisamente tal tipo de defensa y bien se ve ahora los resultados que han obtenido y están obteniendo con sus guardias oficiales.

CUANDO NOSOTROS GOBERNEMOS ABIERTAMENTE, LOS CRIMINALES SERÁN DETENIDOS CUANDO EXISTA SOBRE ELLOS LA MENOR SOSPECHA; NO SE PUEDE PERMITIR QUE POR MIEDO A UN POSIBLE ERROR SE CONCEDA LA OPORTUNIDAD DE ESCAPAR A PERSONAS SOSPECHOSAS DE CRIMEN O NEGLIGENCIA políticos, pues en tales asuntos seremos literalmente despiadados. Sí, en casos excepcionales, se puede admitir una reconsideración de este principio en simples crímenes o delitos, no se admitirá ninguna excusa cuando se trate de personas que se ocupen de asuntos en los cuales nadie, exceptuando el gobierno, puede comprender nada… Y aun no todos los gobiernos comprenden la verdadera política.

Protocolo XIX

Sobre los conductores de la política.

Si, por una parte, no permitiéramos que ningún particular se ocupe de política, por otra parte, si alentaremos toda clase de proyectos y proposiciones, así como de peticiones al gobierno para que mejore las condiciones de vida del pueblo: esto nos servirá para revelarnos los defectos y fantasías de nuestros súbditos, a las que responderemos dándoles satisfacción cuando ello no entrañe ningún peligro para nosotros, o rechazándolas en caso contrario, demostrándoles de paso cuan equivocados están.

Una vez tengamos el poder, la sedición será para nosotros tan poco peligrosa como el ladrido de un perrillo faldero contra un elefante. Para un gobierno bien organizado, no solo desde el punto de vista político, sino social, esos ladridos no representan peligro alguno, pues tales perrillos son inconscientes sobre una verdadera fuerza e importancia. Pero no deberemos negligir dar, de vez en cuando, un buen ejemplo, para mostrar la verdadera importancia del perrillo, y del elefante, de manera que el perrillo cesará de ladrar y menear el rabo en el momento en que sus ojos se fijen en los del elefante.

Con objeto de destruir el prestigio de heroísmo que se les concede a los delitos políticos, los juzgaremos públicamente cargando a los reos con acusaciones de robo, asesinato y cualquier clase de crimen abominable y perverso, cuanto más desagradable, mejor. Entonces la opinión publica ya no será capaz de establecer diferencias entre los delitos políticos y los vergonzosos delitos comunes, cubriendo a unos y otros con el mismo desprecio.

Nos hemos esforzado en impedir a los Goyim que utilicen este sistema de lucha contra las revueltas. Por esta razón, y especialmente a través de la prensa, nos las arreglaremos para reclamar, en nuestro reino, el castigo de los sediciosos y lograr que estos no sólo acepten su justo castigo, sino que incluso lo reclamen. Tal sistema aumentará el número de los liberales y pondrá a millares de agentes Goyim a nuestro servicio.

Protocolo XX

Sobre los impuestos del Estado, Sobre las crisis económicas, Sobre el patrón oro.

Hoy vamos a ocuparnos del programa financiero, que he dejado para el final de mi informe por ser el más difícil, la coronación y el punto decisivo de nuestros planes. Antes de abordar el tema os recordaré que ya he aludido al mismo anteriormente, y vuelvo a repetir que la culminación de nuestros actos se resolverán por una cuestión de cifras.

Cuando alcancemos el poder, en nuestro reino, nuestro gobierno autocrático evitará, partiendo de un principio de auto-preservación, cargar sensiblemente a la masa de nuestro pueblo con impuestos, recordando que interpreta el papel de padre y protector. Pero como la organización del Estado es cara, es preciso obtener los fondos requeridos para ello. Por consiguiente, se elaborará con particular atención la cuestión del equilibrio en esta materia. En nuestro gobierno, disfrutará de la ficción legal de que todo, absolutamente todo, en el Estado le pertenece a él (lo cual puede ser fácilmente en práctica); estará capacitado y tendrá poderes para confiscar toda clase de dinero y riquezas. También regulará la circulación del dinero en el Estado. De esto se deduce que la fiscalidad se nutra de un impuesto progresivo sobre la propiedad. De esta manera, el pueblo contribuirá también a los gastos del Estado, y la carga que incumbirá a cada uno será, en todo caso, proporcional a los bienes que posea. Los ricos deben darse cuenta de que es su deber poner una parte de lo que les es superfluo a la disposición del Estado, toda vez que éste les garantiza la posesión de sus propiedades y los derechos adquiridos con beneficios honrados. Repito, beneficios honrados, pues el control de la propiedad terminará con el robo basado en fundamentos legales, que anteriormente hubimos patrocinado.

Esta reforma social debe hacerse desde arriba, pues el tiempo ya está maduro para ello, y constituye la principal garantía de la paz.

Las compras, ventas, recepciones de dinero o haciendas quedaran sujetas a un impuesto progresivo del timbre. Cualquier transferencia de propiedad, se trate o no de dinero, sin evidencia de pago de este impuesto, será considerada ilegal y el primer propietario deberá pagar al Estado una multa más intereses a contar desde el primer día de la venta. Todos los reconocimientos de transacciones deberán ser remitidos, semanalmente, a la oficina del registro de la propiedad local, con especificación del nombre, apellido y dirección del antiguo y del nuevo detentador de la propiedad. Este método se empleará para toda transacción de una mínima importancia. Incluso los objetos de primera necesidad serán gravados de un timbre ordinario de valor fijo. Imaginad cuan tremendamente onerosa será esa carga sin que la gente apenas se dé cuenta de ella y cuantas veces multiplicará la renta del Estado.

La hacienda pública deberá mantener una reserva de un importe determinado, y todo lo que exceda esa reserva volverá a ser puesto en circulación, en la forma de las obras públicas. La iniciativa de esa clase de trabajos, procediendo de las fuentes estatales ligará sólidamente a la clase trabajadora con los intereses del estado y con los que gobiernen, es decir, los nuestros. DE ESAS SUMAS, SE RESERVARÁ UNA PARTE PARA PREMIAR LA INVENTIVA Y LA ADHESIÓN DE LOS TRABAJADORES DE NUESTRO REINO.

De ningún modo se permitirá que duerma suma alguna, innecesariamente, en las cajas del Estado, pues el dinero existe para que circule, y todo estancamiento del mismo es perjudicial para el buen funcionamiento de la maquinaria estatal, a la cual sirve de lubricante; un estancamiento del lubricante puede alterar la buena marcha del mecanismo.

Al haber substituido con obligaciones una parte de la moneda en circulación, se ha producido ya, este estancamiento… y las consecuencias a la vista están. Se instituirá un tribunal de cuentas, gracias al cual el Estado sabrá en todo momento la situación de ingresos y gastos públicos.

Sólo habrá uno que no tendrá interés en robar al Estado, y ese no es otro que su dueño, el rey. Y este es el motivo por el cual su control personal evitará la posibilidad de las corrupciones y las extravagancias.

Suprimiremos las recepciones protocolarias y otras exigencias de la etiqueta, que absorben inútilmente tanto tiempo valioso de los gobernantes, con objeto de que estos tengan tiempo tanto para su ocio personal como para ocuparse de los más serios asuntos del Estado. ESTO LES SERÍA IMPOSIBLE CON LOS CUIDADOS DE LA ETIQUETA, CUYAS EXIGENCIAS TRANSFORMAN A LOS SOBERANOS ACTUALES EN VERDADEROS MANIQUÍS. Nuestro soberano no será rodeado por una caterva de favoritos y cortesanos que arraciman en su derredor por amor al fasto, y que piensan más en sus propios intereses que en los intereses generales de nuestro Estado.

Las crisis económicas de los Goyim las hemos ocasionado nosotros mismos, simplemente al retirar el dinero de la circulación. Se han acumulado enormes capitales por el procedimiento que consiste en sustraerlos a los Estado, que han tenido entonces que contraer empréstitos con nosotros. Las finanzas públicas se han empeñado locamente con el pago de los intereses de estos empréstitos, y los Estado han quedado virtualmente reducidos a la esclavitud por nuestro capital… La concentración de la industria en manos de los capitalistas, despojando a los pequeños propietarios, ha arrebatado todas las fuerzas del pueblo, en primer lugar, y, luego, como consecuencia de ello, de los Estados…

La presente emisión de dinero, en general, no se corresponde con las necesidades per cápita, y no puede, por consiguiente, satisfacer todas las necesidades de los trabajadores. La emisión de dinero debiera realizarse de acuerdo con el crecimiento de la población y, por tanto, también los niños debieran ser contados como consumidores de dinero desde el día de su nacimiento. La emisión de dinero es una cuestión fundamental para todo el mundo.

VOSOTROS SABÉIS QUE EL PATRÓN-ORO HA SIDO LA RUINA DE TODOS LOS ESTADOS QUE LO HAN ADAPTADO, POR NO HABER SIDO CAPAZ DE SATISFACER LA DEMANDA DE DINERO, SOBRE TODO DESDE QUE HICIMOS TODO LO QUE ESTUVO EN NUESTRAS MANOS PARA RETIRARLO DE LA CIRCULACIÓN EN CUANTO NOS FUE POSIBLE. CUANDO NOSOTROS GOBERNEMOS EL PATRÓN QUE CONTARÁ ES EL DEL COSTO DEL TRABAJO DEL HOMBRE, SE CUENTE EN PAPEL O EN MADERA. Regularemos la emisión del dinero de acuerdo con la demografía, aumentándolo con el incremento de los nacimientos y reduciéndolo cuando se produzcan decesos.

Con objeto de que no haya demoras en el pago del dinero del Estado, el importe y los plazos de tales pagos serán fijados por decreto de nuestro Gobierno; esto terminará con la posibilidad de que un Ministerio proteja a una institución en detrimento de otras.

Los presupuestos de ingresos y gastos el Estado se harán simultáneamente, de manera que el alejamiento no obscurezca la realidad. Las reformas que nosotros proyectamos en las instituciones financieras y en los principios económicos de los Goyim. Haremos ver que su desorden financiero les ha llevado a no tener, siquiera, un presupuesto fijo. Establecen un presupuesto ordinario que crece de año en año por los siguientes motivos: Establecen un presupuesto ordinario, según podéis ver, apenas es suficiente para un semestre; se vota un presupuesto suplemento que es absorbido al cabo de tres meses y luego se hace, aún, otro presupuesto complementario, o de liquidación. Como el presupuesto de un año es valorado según el del año anterior, el aumento alcanza la 50% anual y el presupuesto es pronto triplicado. Con tales procedimientos, admitidos por la negligencia de los Estados Goyim, sus cajas fueron pronto vaciadas. El período de los empréstitos que vino después comió los restos, y luego siguió la bancarrota para todos los Estados.

Comprenderéis que tal sistema de gestión financiera, inspirada por nosotros a los Goyim no podría convenirnos al alcanzar nosotros el Poder.

Todo empréstito prueba la debilidad de los Estados y una incapacidad para comprender sus derechos. Los empréstitos penden como una espada de Damocles sobre las cabezas de los gobernadores que, en vez de emitir ellos mismos el dinero que necesitan, o pedírselo a sus propios súbditos con un impuesto temporal, se dirigen a nuestros banqueros tendiendo la mano como pordioseros. Los empréstitos exteriores son como sanguijuelas que no se despegaran del organismo estatal mas que cuando el Estado caiga exhausto o se desembarace de ellas. Pero los gobernantes Goyin no se desembarazarán de ellas; al contrario, persisten acogiendo más y más sanguijuelas de manera que terminan pereciendo a causa de la sangría que a sí mismo se imponen.

¿Qué es de hecho, y en sustancia, un empréstito, especialmente un empréstito exterior? Un empréstito es una emisión de letras de cambio del gobierno, con la obligación de pagar interés determinado por el capital que le es confiado. Si el empréstito es al cinco por ciento, al cabo de veinte años el Estado habrá desembolsado inútilmente intereses iguales al doble de lo tomado en préstamo; en cuarenta años habrá pagado el doble, en sesenta, el triple… y mientras tanto, la deuda continuará siendo una deuda impagable.

Según estos cálculos, resulta evidente que con el sistema del impuesto general el gobierno extraerá a sus desgraciados contribuyentes hasta sus últimos céntimos para pagar los intereses debidos a los capitalistas extranjeros de los cuales han tomado dinero prestado, en lugar de obtener dentro del país las sumas que necesita, sin pagar intereses, que son como un tributo perpetuo.

Mientras los emprésitos fueron internos, los Goyim nos hicieron más que desplazar el dinero de los bolsillos de sus súbditos pobres al de los ricos. Pero a partir del momento en que nosotros logramos a los hombres necesarios para que se recurriese a los emprésitos exteriores, todas las riquezas de los estados afluyeron a nuestro cofres, y todos los Goyim empezaron, sin sospecharlo siquiera, a pagarnos tributo.

La superficialidad de los soberanos Goyim en lo que se refiere a los asuntos de Estado, la venalidad de sus ministros o la falta de comprensión de sus dirigentes en cuestiones financieras han convertido a sus pueblos en esclavos nuestros, al obligarlos a contraer unas deudas que no podrán pagar jamás, lo que traerá como consecuencia que todas las cuestiones financieras sean puestas bajo nuestra dirección, considerada como científica. Así, los pueblos Goyim han quedado endeudados con nosotros hasta unas cifras imposibles de pagar. Todo esto nos ha costado muchos esfuerzos, mucho dinero y mucho tiempo.

No permitiremos la escasez de dinero, cuando alcancemos el Poder, y por consiguiente no habrá bonos del Estado, excepto en series de un interés del uno por ciento, para cubrir gastos, de manera que no habrá interés que pagar a sanguijuelas que chupan toda la fuerza del Estado. Ese derecho será concedido en exclusiva a nuestras compañías industriales que no tengan problemas de pago, mientras que el Estado no ganará nada en tales transacciones, pues el Estado para gastar, y no para hacer de comerciante.

Los valores industriales serán comprados por nuestro Gobierno, que no será como los actuales gobiernos Goyim, que pagan un tributo, en forma de interés, por los empréstitos, sino que se convertirá en un prestamista de dinero. Esta medida impedirá la estagnación del dinero, los beneficios parasitarios y la holgazanería, todo lo cual nos es útil mientras  los Goyim sean independientes, pero nos será indeseable cuando ellos se encuentren bajo nuestro dominio.

En cambio nosotros hemos sabido presentar el asunto de los empréstitos de manera tal, que han llegado a creer que era totalmente beneficioso para ellos. Esto prueba la absoluta superioridad de nuestro espíritu y el hecho de que nosotros somos el pueblo escogido de Dios.

Nuestros métodos de contabilidad, que han sido elaborados en el transcurso de los siglos mientras los Goyim creían gobernar, se distinguen por su claridad y su precisión, lo mismo que nuestros métodos financieros, y una vez tengamos el poder se demostrará su eficacia. Los impondremos de tal modo de manera que ni el Soberano ni el más modesto funcionario podrá sustraer la menor suma de su destino o darle un empleo diferente de aquel que haya sido decidido en nuestro plan. Y sin un plan bien definido es imposible gobernar, incluso los héroes y los semidioses que hayamos creado, que se hayan atrevido a aventurarse por caminos que no sean los trazados por nuestra Dirección, perecerán.

Los dirigentes de los Goyim, a los que antaño aconsejábamos se distrajeran de las ocupaciones del Estado mediante recepciones protocolarias y diversiones, observancias rígidas de la etiqueta, torneos y juegos, no eran mas que los biombos para disimular intrigas de nuestro dominio. Los proyectos y los informes de su camarilla de favoritos eran redactados por nuestros agentes, que siempre conseguían apaciguar sus limitados espíritus, prometiéndoles, para más adelante, economías y mejoras… ¿Qué economías? ¿De dónde? ¿De nuevos impuestos?… esas lógicas preguntas no fueron nunca formuladas por los que leían los informes y proyectos que nosotros preparábamos para sus validos y favoritos.

Sabéis muy bien hasta dónde les ha conducido tal insuficiencia y desidia, a qué desorganización financiera han ido, a pasar de la asombrosa capacidad industriosa de sus pueblos.

Protocolo XXI

Sobre los empréstitos internos, Sobre las Bolsas de Valores, Sobre la quiebra económica de los gobiernos.

Con respecto a lo que os dije la última reunión, voy a añadir ahora una detallada explicación sobre los empréstitos internos. No diré nada más sobre los empréstitos exteriores, que nos han alimentado con el dinero de los Goyim. Pero en nuestro estado Mundial no habrá más empréstitos exteriores, por no haber países vecinos a quien prestar dinero.

Nos hemos aprovechado de la venalidad de los administradores y de la indolencia de los soberanos Goyim para ingresar en nuestros cofres sumas dobles, triples y aún más, de las que les hemos adelantado, y de las cuales, en realidad, ellos no tenían necesidad alguna. De manera que voy a ocuparme de los empréstitos nacionales.

Cuando anuncia la emisión de un empréstito, el gobierno abre una suscripción para la compra pública de títulos que no son otra cosa más que sus propias letras de cambio. Para hacerlas accesibles a todos, se les fija un precio muy bajo. Además, los primeros suscriptores se benefician de un descuento sobre el precio nominal de los títulos. El día siguiente se hace correr el rumor de que quedan muy pocos títulos a la venta, pues las gentes se los disputan. En pocos días se anuncia que las cajas del Tesoro Público desbordan de dinero y que el Estado no sabe literalmente qué hacer con tanto dinero. (¿Por qué, pues, se ha aceptado tanto?) el total de las suscripciones, se afirma, sobrepasan en mucho las cifras del empréstito requerido, en eso radica el efecto que se buscaba; es como si se dijese a la gente: “¡Ved de qué confianza gozan las letras de cambio del gobierno!”

Pero cuando se han terminado de interpretar la comedia emerge el hecho de que una deuda, una extremadamente pesada deuda, ha sido creada. Para el pago del interés se hace necesario recurrir a nuevos empréstitos, que no sirven más que para incrementar la deuda. Y cuando llegan los plazos de vencimiento son necesarios nuevos impuestos para pagar, no el principal del empréstito, sino solamente los intereses del mismo. Esos impuestos son una deuda para cubrir otra deuda.

Llega después el momento de las conversiones, que no hacen más que disminuir la tasa del interés sin extinguir sus deudas, y además no pueden hacerse sin el consentimiento de los prestamistas; al anunciar una conversión se propone devolver el dinero a los que no acepten la conversión propuesta. Si todos exigiesen el reembolso de su dinero, el gobierno se encontraría cogido en su propia trampa, que él había preparado para atrapar a los demás, y se hallaría en la situación de un deudor insolvente. Felizmente, los sujetos de los gobiernos de los Goyim, ignorantes en materia financieras, siempre han preferido las pérdidas en los cambios y la disminución de las tazas de interés a la preocupación de buscar nuevas inversiones, y así han facilitado muchas veces a sus gobiernos la posibilidad de colmar déficits que se elevan a muchos millones. Pero hoy, con los empréstitos exteriores, no se pueden realizar semejantes trampas, porque los Goyim saben muy bien que si ellos anunciasen una conversión, nosotros exigiríamos el rembolso íntegro de nuestros capitales.

La bancarrota que seguirá demostraría mejor que nada a los pueblos que no existe ningún lazo de intereses comunes que unan a los mismos con sus gobiernos. Mientras tanto, nosotros hemos aprovechado la ignorancia de los Goyim en asuntos financieros para dominarlos completamente, aún cuando todavía no se den cuenta de ello.

Cuando ascendamos abiertamente al Trono del mundo, todos estos expedientes financieros, y otros similares, desaparecerán completamente sin dejar rastro, y también serán destruidas las Bolsas de Valores, ya que no podremos permitir que el prestigio de nuestro poder se vea amenazado por las variaciones de los precios de nuestros valores, los cuales serán fijados por nuestras leyes, sin variación posible, sin permitir que suban o que bajen. El alza lleva consigo la baja. También suprimiremos las sociedades anónimas, que tan útiles nos han sido en nuestra lucha secular contra los Goyim, por que, naturalmente, no podremos permitir en nuestro Estado.

Reemplazaremos las Bolsas por inmensas instituciones estatales de crédito oficial, cuya misión consistirá en justipreciar los valores industriales según las instituciones gubernamentales. Estas instituciones tendrán poderes para hacer lo que les venga en gana: lanzar quinientos millones en valores industriales en el mercado, en un solo día, o comprarlos el día siguiente. De hecho, toda la vida económica estará absolutamente en nuestras manos, Podéis, así, imaginaros fácilmente cuán inmenso será el poder que esto nos procurará…

Protocolo XXII

Sobre el poder del oro, Sobre la libertad y la dignidad verdadera, Sobre no hacer pactos con los derechos de Dios.

En todo lo que os he venido diciendo hasta ahora he buscado la mejor manera de describiros el secreto de los acontecimientos pasados y presentes; todos proceden de nuestra organización para formar el torrente de los sucesos del futuro. Os he mostrado igualmente el secreto de nuestras relaciones con los Goyim y de las operaciones financieras. Pero sobre todo queda aún algo por recalcar: En nuestras manos se concentra el mayor de los poderes del presente: el oro. En dos días podemos disponer de nuestras cajas de cualquier cantidad que necesitemos.

¿Hace falta, todavía, después de lo que acabo de deciros, demostrar que nuestro gobierno está predestinado por el mismo Dios a gobernar el mundo? ¿Es posible que con todo el oro acumulado durante tantos siglos podamos hacer triunfar nuestra verdadera causa para el bien, es decir, para la restauración del orden bajo nuestro gobierno? Todo acabará por volver al orden, pero no sin una cierta violencia; pero nosotros podremos inmediatamente demostrar que somos los bienhechores que hemos dado al torturado mundo el verdadero bienestar y la libertad perdida. Esta libertad será protegida contra todo atentado, a condición de que las leyes establecidas por nosotros sean ciegamente observadas. Dejaremos muy claro que la libertad en la disipación y en el derecho a una licencia sin límites, como tampoco la dignidad y la fuerza del hombre en el derecho para cada uno a promulgar principios destructivos en la naturaleza de la libertad de conciencia, la igualdad y demás quimeras. 

La libertad de la persona no consiste de ningún modo en el derecho de agitarse y agitar a los demás mediante discursos abominables ante multitudes desordenadas, sino que la verdadera libertad consiste en la inviolabilidad de la persona que honorablemente y estrictamente observa todas las leyes de la vida en común, y que la dignidad humana reside en la concepción de sus derechos y de sus limites y que esta dignidad exige el respeto al prójimo, a fin de merecer el del prójimo para con uno mismo, prohibiéndonos, así, sueños fantásticos sobre un egoísta individualismo.

Nuestra autoridad será gloriosa porque será todo poderosa. Gobernará y guiará sin ponerse a remolque de adiestradores y de oradores, tristes charlatanes a sueldo que debitan palabras sin sentido que ellos llaman grandes principios y que no son nada más, para hablar con honradez, que utopías… Nuestra autoridad será la coronación del orden, y en eso reside toda la felicidad del hombre. La aureola de esta autoridad inspira un místico doblar de rodillas ante ella y reverente miedo a todos los pueblos. La verdadera fuerza no hace pactos con ningún derecho de Dios: nadie osará aproximarse a ella con la intención de arrebatarle el menor átomo de su autoridad.

Protocolo XXIII

Sobre inculcar lecciones de humildad para que obedezcan los Goyim, Sobre las cualidades del poder.

Para que los pueblos Goyim se acostumbren a la obediencia, es necesario inculcarles lecciones de humildad y, por consiguiente, reducir la producción de artículos de lujo. Iremos suprimiendo la industria independiente al minar el capital privado de los fabricantes. De este modo mejoraremos la moral pública que tanto ha degenerado con la emulación que nosotros mismos hemos provocado en la esfera del lujo.

Tomaremos medidas contra el desempleo, pues el paro es lo más peligroso que puede haber para un gobierno. Cuando tengamos el poder totalmente en nuestras manos el paro dejará de sernos útil y en ese momento lo prohibiremos totalmente. Además, con la excusa de dar trabajo a todos, conseguiremos que el nivel de salario sea bajo. Esto obligará a la gente a preocuparse exclusivamente de la subsistencia cotidiana.

La ebriedad será prohibida a los funcionarios de nuestro gobierno como un crimen contra la humanidad, pues el hombre se convierte en un bruto bajo la influencia del alcohol.

Repito que los hombres no se someten ciegamente más que a un poder firme, organizado, rudo y enteramente independiente de ellos; un poder que será para ellos como una cadena, pero que les haremos aceptar como una defensa y un apoyo seguro contra los azotes sociales… ¿Qué les importa a ellos que su soberano tenga o no tenga un alma angélica? Ellos saben que sus atributos se resumen en el atributo del poder y la autoridad.

El Poder Supremo que substituirá a todos los poderes actualmente existentes, que todavía se sostienen en las sociedades desmoralizadas por nosotros –sociedades que incluso han llegado a negar la existencia de Dios- esparciendo por doquier la semilla de la anarquía, acabará de una vez con ese desorden. Por consiguiente, deberá acabar con las decadentes sociedades existentes, ahogándolas en sangre.

Nuestro Soberano, el Escogido de Jehová, será escogido por nuestros Sabios para demoler las insensatas fuerzas que se guían por el instinto y no por la razón, por la brutalidad, y no por la humanidad. Estas fuerzas, conducidas por nosotros, triunfaron en sus manifestaciones de robo y de toda clase de violencia bajo la mascara de los principios de Libertad y de los Derechos. Sirvieron para destruir todas las formas de orden social con objeto de que se erigiera sobre sus ruinas el trono del Rey de los Judíos; será necesario barrerlos, acabar con ellos sin que quede rastro.

Entonces nosotros podremos decirles a los pueblos del mundo: dad las gracias a Dios y doblad la rodilla ante el que lleva sobre su frente el sello de la predestinación, hacia la cual el mismo Dios ha guiado su estrella a través de los siglos, a fin de que nadie más que él pueda librarnos de todos los males.

Protocolo XXIV

Sobre la perduración en el poder.

Voy a empezar a ocuparme de la cuestión de los medios a emplear para que la dinastía de nuestro Rey David pueda durar hasta el fin de los tiempos.

Nuestro procedimiento consistirá en la aplicación de los mismos principios que han asegurado a nuestros Sabios la dirección de todos los asuntos mundiales; es decir, la dirección del pensamiento de toda la raza humana y la orientación de toda la política social.

Ciertos miembros de la familia de David prepararán a los reyes y a sus herederos, seleccionándolos, no por el derecho de herencia, sino por el de sus capacidades. Serán iniciados en los más misteriosos secretos de la Política, es decir, en nuestros planes de gobierno, tomando todas las precauciones para que ningún otro que no sea ellos los puedan conocer. La tarea de gobernar no puede ser confiada a los no iniciados en dichos misterios del arte político y en el de ponerlos en práctica sin que nadie penetre su objetivo.

Sólo a estas personas se les iniciará en la aplicación práctica de dichos planes, mediante la comparación de la experiencia adquirida en el curso de los siglos, por la observancia de los movimientos político-económicos de las ciencias sociales y por las conclusiones extraídas de esta observación; solamente ellos conocerán el verdadero espíritu de las leyes establecidas por la misma Naturaleza para regular las mutuas relaciones de los hombres.

Los sucesores directos de los Soberanos serán a menudo descartados si, durante su educación, se percibe que son frívolos o demasiado sensibles, o muestran alguna otra tendencia susceptible de dañar su poder o de hacerles incapaces de gobernar y de ser, incluso, un peligro para el prestigio de la corona.

Solo los que sean incondicionalmente capaces de un gobierno firme, incluso cruel, y directo, recibirán las riendas del poder de manos de nuestros Sabios.

En caso de enfermedad, o de pérdida de energía, o de cualquier otra forma de incapacidades, nuestro Soberano deberá pasar las riendas del Gobierno a manos nuevas y más capaces…

Los planes de acción del momento actual, y con mayor razón los del porvenir, serán desconocidos incluso de los hombres que se consideren los próximos consejeros de nuestro Soberano; sólo él, con sus Maestros, sus Iniciadores, conocerán el Porvenir.

Todos verán al Soberano Maestro por sí mismo, por su inquebrantable voluntad; será como la personificación del destino, ejerciendo su control sobre sí mismo y sobre la humanidad. Nadie sabrá qué objetivos desea alcanzar el Soberano y, por consiguiente, nadie se atreverá a obstaculizar un camino desconocido.

Es evidentemente indispensable que la inteligencia del Soberano esté a la altura de la majestad del plan gubernamental; por eso no subirá al trino más que después de haber sido sometido por nuestros Sabios a una prueba intelectual.

Para que el populacho pueda conocer y amar a su rey es necesario que éste hable a las masas en las plazas públicas, porque no hay más que este medio para consolidar la unión entre estas dos potencias del mundo, que nosotros habíamos separado la una de la otra por el terror, porque nos ha sido preciso erigirnos entre ellas, a fin de influenciar la orientación de cada una de ellas aisladamente.

El Rey de los Judíos no debe estar a merced de sus pasiones, y especialmente de la sensualidad; no permitirá en modo alguno que le dominen instintos animales que debilitarían sus facultades mentales. La sensualidad, más que cualquier otra pasión, desorganiza las capacidades de la mente y de la claridad de los puntos de vista; distrae los pensamientos encaminándolos hacia lo peor y lo más brutal de la actividad humana.

La columna de la Humanidad, en la persona del Supremo Señor del Mundo, salido de la Santa Raza de David, debe renunciar a todas las pasiones por el bien de su sagrado Pueblo.

Nuestro Jefe Supremo debe ser una ejemplar irreprochabilidad.

Firmado por los representantes de Sión, del Grado 33.

9.- El Santo Rosario de la Santísima Virgen María.

Ocupe su tiempo en amar y servir a Dios Nuestro Señor, en vivir en gracia de Dios, en cumplir la santa ley de Dios en cualquier momento y circunstancia de la vida; recuerde, donde hay pecado hay problemas, el pecado es la puerta de Satanás. 

Especialmente le aconsejo estudiar la obra de San Luis María G. de Montfort: ‘La verdadera devoción’ para que se ocupe en practicar la devoción verdadera a la Santísima Virgen María, aplicada a rezar el Santo Rosario cada día con atención, de rodillas, ante un altar domestico de la bendita Madre de Dios.

«Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados.» San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.

Dios le bendiga.

Padre Hernán Vergara