AUTENTICIDAD DEL EVANGELIO DE SAN MARCOS

ARGUMENTO INTERNO

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  1. El autor es muy cercano en el tiempo a los acontecimientos que narra. Cuando expongamos los rasgos propios de este Evangelio, hablaremos de la impresión tan neta que deja San Marcos de referir como quien ha visto. De ahí deducimos o que el autor es testigo inmediato o, al menos, que ha sabido de testigos inmediatos lo que cuenta.
  2. El autor es un buen conocedor de las regiones de Palestina, como puede verse por su precisión hasta en señalar los caminos (véase, p.ej., 1,5.9; 7,31; 10,1; 11,4). En particular nos da detalles de Jerusalén: la sala en la que Jesús es juzgado está arriba, pues Pedro, en cambio, se encuentra abajo en el atrio (14,66); la muchedumbre debe subir a donde está Pilato (15,8); hay un atrio dentro del pretorio (15,16), etc.
  3. Su lengua materna es semítica, como se desprende de la lengua y estilo sumamente sencillos, con predominio absoluto de la coordinación o parataxis. Más típico es aún el fenómeno de los semitismos propiamente tales, aunque no sea fácil señalar la línea divisoria entre modos de hablar populares y modos de hablar semíticos.

Concretamente, los aramaísmos esparcidos al azar son más frecuentes que en Mt y Lc. Sólo en San Marcos encontramos: Boanergés (3,17); Talita koum  (5,41) Korban (7,11).

 

  1. El segundo Evangelio dice relación especial a San Pedro. En él se han omitido datos muy honoríficos para Pedro, que conocemos por los otros Evangelios, como el hecho de haber andado el apóstol sobre las aguas (cf. Mt 14,28-29), el milagroso pago del tributo para Jesús y Pedro juntos (cf. Mt 17,24-27). En cambio, se refieren con más prolijidad datos humillantes para San Pedro: cf. 8,33; 14,29-31.37. En la predicción y relación de la triple negación es San Marcos el que más precisa: cf. Mt 26,31-35.69-75; Mc 14,27-31.66-72; Lc 22,31-34.54-60; Jn 13,36-38; 18,15-18.25-27.

 

Sucede no pocas veces que Mc nombra a Pedro en ocasiones en que los otros evangelistas se refieren indiferentemente a los apóstoles o discípulos, y esto aun en detalles de poca importancia. Véanse, p.ej., 1,36; 2,2I;  13,3; 16,7.

 

  1. El autor cuenta con lectores no palestinenses, porque explica costumbres judías (7,2-4) y sobre todo palabras arameas: 3,17; 5,41; 7,11.34; 14,36; 15,22.34; y equivalentemente explica también otros términos arameos en 3,22; 9,43; 10,46.

 

Existen además latinismos, es decir, San Marcos explica términos griegos por palabras latinas transcritas en griego, p.ej., 12,42. Al mismo tiempo aparecen en Mc giros propiamente latinos: véase, p.ej., 2,23; 3,6; 5,23.43; 10,33; 11,32; 14,64-65; 15,15.19.

 

Fecha de composición.—No hay diferencia demasiado importante entre las varias fechas que suelen señalarse. Los datos de la crítica externa e interna nos conducen a una composición de Mc anterior al año 70, cuando Jerusalén quedó destruida.

La relación de anterioridad que existe entre el segundo y el tercer Evangelio nos induce a colocar a Mc antes del año 63, pues esa parece ser la fecha límite de la composición del Evangelio de Lc, como luego expondremos.

Características del segundo Evangelio.—Hasta el siglo xix fue poco comentado el Evangelio de San Marcos. Los cristianos encontraban en los otros dos sinópticos casi todo lo que contiene Mc, y la misma brevedad de éste le restaba interés ante quienes se preocupaban principalmente del contenido de las tradiciones evangélicas.

 

A partir del siglo xix ha, cambiado la situación. La crítica independiente creía encontrar en Mc la fuente principal de Mt y Lc, y por eso la importancia de Mc era superior a la de los otros sinópticos. Además, nuestra época, de marcada simpatía por los aspectos psicológicos, ha descubierto una vena inagotable en la vivacidad y espontaneidad de la redacción de San Marcos.

 

Junto a una manifiesta pobreza de vocabulario, existe una admirable variedad de términos para describir las realidades concretas, hasta el punto de que nos encontramos con once palabras diferentes para designar la casa y sus partes, con diez para los vestidos y con nueve para los alimentos. Este realismo y sentido de lo concreto va unido al rasgo más típico del estilo de Mc, que es la vivacidad, garantía de una visión inmediata. San Marcos apenas utiliza el aoristo, sino que conserva el presente histórico en 151 casos, 72 de los cuales se refieren al verbo “decir”.

 

Otros muchos detalles de este género ha analizado el eminente P. Lagrange, quien resume así su estudio: «Cuando Marcos narra se entra en contacto con las personas; hasta ese punto sabe él darles vida. La manera como se presentan, un gesto, una palabra, nos hacen asistir a la acción. Se ve cómo han pasado las cosas, se penetra en los sentimientos de los personajes. Por supuesto, las escenas son muy sencillas y los sentimientos son muy poco variados… Los rasgos que él ha trazado se encuentran aquí y allí no como toques destinados a un efecto de conjunto, sino como recuerdos reales que se han quedado clavados en la memoria. Son hechos que no ayudan nada a la lección moral o apologética; no hacen el milagro más asombroso, no realzan la personalidad de Jesús; están en la narración porque han estado en la realidad»

 

Si del estilo pasamos a la teología de San Marcos, diríamos que ésta es la teología del secreto mesiánico. Mc hace resaltar más que ningún otro evangelista el carácter misterioso de la revelación hecha por Jesús. El objeto de tal revelación es misterioso, pero hasta el ambiente en que ella tiene lugar está impregnado de misterio.

 

Jesús es ciertamente «Hijo de Dios» (I,I), pero el título que más usa Jesús es el de «Hijo del hombre». San Mateo nos ha presentado el Evangelio bajo el aspecto del reino de los cielos; San Marcos lo centra en la persona de Jesús, el cual es Él  Reino; todo converge en Mc hacia el misterio del Hijo del hombre.

 

La voluntad de Jesús de que el secreto de su verdadera identidad no sea divulgado, obedece, sí, a razones tácticas; pero hemos de añadir que, además, es una verdadera condición de la revelación: el hombre no puede comprender a Dios, y es normal que el hombre no acabe de entender la manifestación del Dios que se le da.

Una expresión gráfica de la teología de Mc sería la de que éste es «el Evangelio de antes del domingo de Pascua,» lo cual no significa en modo alguno que no esté en él atestiguada la resurrección, sino que el ambiente en que se mueve el Evangelio refleja aquella primera impresión de misterio, que hubo de dominar a los apóstoles en el trato diario con «el Hijo del hombre».

 

Valoración teológica.—Bastará que nos remitamos a lo dicho respecto al Evangelio de San Mateo Los documentos de la Comisión Bíblica pueden verse en EB 408-409.412-413. 415-416.

 

Enjuiciamiento de las razones opuestas. — Indicábamos al principio la notable uniformidad en señalar a San Marcos como autor del Evangelio que lleva su nombre. De ahí que las diferencias que pudiéramos notar por nuestra limitación no afectan más que a puntos accidentales, y son de menor interés en esta introducción general, y basta saber que no hay tal contradicción en lo accidental, sino en la mera apariencia para el profeno.

 

Artículos de la serie:

Autenticidad de los Evangelios. (Art. 1 de 9)

Autenticidad de los Evangelios. San Mateo. Argumento extrínseco (Art. 2 de 9)

Autenticidad de los Evangelios. San Mateo. Argumento interno (Art. 3 de 9)

 

Autenticidad de los Evangelios. San Marcos. Argumento extrínseco (Art. 4 de 9)