Si Dios quiere, en tiempo breve habrá suficientes obispos católicos que, habiendo proclamado que la Sede de San Pedro está usurpada desde la muerte del Pontífice Pío XII en 1958, estarán dispuestos a cumplir con su deber, sub gravi, de elegir al Vicario de Cristo en la Tierra. Poco a poco se van sumando más y más obispos a la única posición católica, conocida vulgarmente como conclavismo.

A medida que se aproxima el momento «del acto más sublime, el más sagrado, el más venerable que pueda realizarse sobre el mundo: la elección de un Papa», como lo describió hace 150 años Cayetano Moroni, más se oyen los rugidos del león hambriento buscando a quien devorar. Viendo el león que, ni con las más inimaginables calumnias que la mente perversa humana podría inventar,  han podido frenar a la Iglesia de Cristo en su decisión de dotarse de una cabeza visible, hace tiempo que vienen alarmando a incautos con horribles gritos , cual si fueran de precitos que al unísono aúllan: Para salvarse basta creer condicionalmente en un papa cualquiera.

Vamos, pues, a responder a esa herética doctrina  no con nuestras palabras, sino con las de uno de los más grandes santos que ha dado esta vieja piel de Toro: San Vicente Ferrer. Para ello vamos a traer parte de su obra, titulada Tratado del Cisma Moderno. Su texto le respetaremos tal cual en lo fundamental, aunque nos hemos tomado la licencia de hacer en algún punto alguna paráfrasis que no afectan a la esencia para actualizarlo al momento presente en el que desde 1958 carecemos en la Iglesia sin Papa.

     En el que se declara que es necesario determinarse por el verdadero papa una vez que los obispos que han declarado que la Sede de San Pedro está vacante o usurpada por un hereje, elijan al Vicario de Cristo.

     Respecto a esta cuestión, hay que afirmar llanamente, según lo expuesto, que es necesario para la salvación determinarse en la creencia del papa verdadero, para todos aquellos a quienes llegó debidamente la notificación de los electores (*) sobre el papado. Lo cual se prueba por las siguientes razones:

     Primera. Según el maestro de las Sentencias, «a todos los hombres es necesario para su salvación creer los artículos de la fe contenidos en el Símbolo» (III Sent., d. 25). Por eso dice San Pablo: La caridad todo lo cree (1 Cor., XIII, 6), es decir, todo lo que la verdad aconseja, según la Glosa. Mas para salvar el artículo de fe sobre la Iglesia, a la que todos hemos de creer y obedecer, no basta la credulidad condicional e indeterminada sobre el verdadero papa, (…) Luego es necesario para la salvación determinarse a creer en el papa verdadero.

Creer condicionalmente y sin determinación los artículos de la fe —v. gr., creer una cosa…, si es así; o decir que, en general, se cree todo lo que es verdadero— no basta al fiel cristiano porque tal creencia no procede de la fe, ya que, como dice Santo Tomás, la fe cristiana tiene máxima certeza, y no admite duda alguna acerca de su objeto (2-2, q 4, a. 8). Ahora bien, ya se dijo que creer en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, es un artículo de fe. Por consiguiente, no basta al fiel cristiano la credulidad condicional en indeterminada en la Iglesia y, por tanto, en el verdadero papa, porque una cosa conlleva la otra, como queda dicho.

     Segunda. Como dicen por lo general los santos doctores, es necesario para salvarse que todos crean determinada y explícitamente todas y cada una de las verdades definidas por la Iglesia universal, cuando consta con certeza que así las ha declarado la Iglesia. Es así que la Iglesia universal  declarará quién es el verdadero papa. Luego está clara nuestra proposición.

     Tercera. Así como por la fe hay que creer en un solo Dios y en un Salvador, que está en los cielos, del mismo modo estamos obligados a creer en su único vicario universal en la tierra, como se demostró (…). Ahora bien, para salvarse es necesario creer explícita y determinadamente en un solo Dios, trino en personas y uno en esencia, y de igual manera en un Salvador, Jesucristo, y no basta creer indeterminadamente y bajo condición en un solo Dios o en un solo Salvador. Luego para la fe de la cristiandad y para alcanzar la salvación es necesario determinarse por el papa legítimo, vicario universal del Salvador.

     Cuarta. Fuera de la Iglesia no hay salvación, como dicen comúnmente los sagrados doctores. Por eso fue figurada la Iglesia en el Arca de Noé, fuera de la cual nadie pudo salvarse del diluvio (Gen. VII, 21-23). Quienes no creen explícita y determinadamente en el papa verdadero no entran en una iglesia determinada y, por consiguiente, están fuera de la Iglesia, como se demostró en el capítulo anterior. A este propósito se lee: «Debes saber que el Obispo está con la Iglesia, y la Iglesia con el Obispo; y si alguien no está con el Obispo, no está con la Iglesia» (J. Gratianus, Decretum, II, causa 7, q. 1, c. 7: «Scire debes»). Luego de nuevo queda manifiesto nuestro intento.

     Al llegar aquí se nos plantean tres dudas:

  1. a) Nadie está obligado a lo que cae fuera de su alcance. Por eso dice San Jerónimo en la Exposición de la fe católica: «Son maldicientes quienes afirman que Dios ordenó al hombre cosas imposibles». En el caso presente, creer explícita y determinadamente en el verdadero papa no está en la mano del hombre, pues hay muchos que quisieran creer de este modo, si pudieran hacerlo sin peligro. Luego parece que no es necesario creer así para salvarse.
  2. b) En este mundo hay muchas personas devotas y timoratas que permanecen indeterminadas en el asunto que nos ocupa, prefiriendo dudar piadosamente a definirse con temeridad. Parece muy duro decir que por ello no estén en vías de salvación.
  3. c) Existen en este mundo muchas personas idiotas e ingenuas que nada entienden de este problema, las cuales creen que se salvarán por la fe cristiana que deriva en obras. Parece demasiado duro decir que se han de condenar.

     Respondo a la primera duda que cualquiera puede decidirse, con certeza y sin peligro de ningún género, por el verdadero papa, basándose en la determinación que ha hecho la Iglesia acerca del legítimo pontífice, (Puesto que un hereje no puede sr Papa ni material ni formalmente).

     A la segunda duda digo, con Santo Tomás, que definir y determinar en las cosas de fe pertenece a la Iglesia romana, la cual no puede errar en materia de fe, pues así lo prometió Cristo: Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe (Luc, XXII, 32). Mas definir y determinar la propia voluntad respecto de las cosas de fe, ya definidas y determinadas por la Iglesia como tales, no es imprudencia, sino de necesidad para la salvación. Y dudar de ellas no es piadoso, sino impío y pecaminoso. Ahora bien, quién sea el verdadero papa entre los dos elegidos ( entre Bergoglio, o el elegido por un conclave de obispos que han declarado la Sede Vacante), estará ya suficientemente declarado y determinado por la Iglesia, (que ha definido en la Bula Ex cum  Apostolatus Officio que un hereje no puede ser Vicario de Cristo, ni aún con la unanimidad de votos de los electores), por lo que es imposible que Bergoglio pueda ser el legítimo Papa de la Inmaculada Esposa de Cristo).

     A la tercera duda, referente a los idiotas e ingenuos, he de decir que si no llegó a su conocimiento la notificación que han hecho los (electores) sobre el papado, están excusados, a no ser que haya mediado negligencia por su parte. Mas si les ha llegado esta noticia debidamente y no se deciden a creer, sin duda pecan mortalmente y están en vías de condenación.