In English: letters squetino to sedevacantist bishops

Por Monseñor Juan José Squetino Schattenhofer

CARTA I

A los Señores Obispos Sedevacantistas

¡Ave María!

 “Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman. No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS  INTERPRETA CADA UNO A SU GUSTO.”                            

                                                                     (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

Siendo Jesucristo Cabeza de la Iglesia Católica y principio de su vida, no hay nada en ella en que Él no opere y que no dependa de Él; la ha fundado como “verdadera y perfecta sociedad” (Pio IX) “dándole los  medios necesarios para su incolumidad y acción” (León XIII) e instituyó un órgano que Él mismo juzgó oportuno elegir y Él mismo creó para ejercer a perpetuidad el gobierno de su Reino sin mancha ni arruga de corrupción: el Papa; para gobernarla, hablarle incesantemente y parecer por esta señal indubitable para que estuviera siempre segura de su guía. Así pues, prometiéndole su asistencia hasta el fin de los tiempos, exigió en medio de ella el signo manifiesto y eficaz de su presencia. Esta maravilla la realizó mediante la institución de un Vicario, por quien el gobierno de la Iglesia se ejerce para siempre en su propio nombre y en su propia virtud; y que al sentir de San Jerónimo, negando su necesidad y dignidad “habrán en la Iglesia tantos cismas como sacerdotes.”

Ahora bien, es imposible siquiera imaginar una “sociedad verdadera y perfecta” no gobernada por un soberano, es así que la Iglesia Católica es “verdadera y perfecta sociedad”, por tanto necesariamente debe ser gobernada por uno solo: el Vicario de Jesucristo; pues no solo está edificada sobre Cristo, sino también sobre San Pedro como FUNDAMENTO VISIBLE de esa misma y única autoridad.

La naturaleza VISIBLE de la Iglesia verdadera se identifica por una VISIBLE unidad de Fe, una VISIBLE unidad de régimen, bajo un VISIBLE primado de jurisdicción: el Papa. Así pues, “Jesucristo no concibió ni instituyó una Iglesia formada de muchas comunidades que se asemejan por ciertos caracteres generales, pero distintas unas de otras y no unidas entre sí por aquellos vínculos que únicamente pueden dar a la Iglesia la individualidad y la unidad de que hacemos profesión en el símbolo de la fe: «Creo en la Iglesia una»…” (León XIII). “Por lo cual se apartan de la verdad divina aquellos que se forjan la Iglesia de tal manera, que no pueda ni tocarse ni verse, siendo solamente un ser neumático, como dicen, en el que muchas comunidades de cristianos, aunque separadas mutuamente en la fe, se junten, sin embargo, por un lazo invisible.”(Pio XII)

El Vicario de Jesucristo ejerce un poder que no está contenido en los poderes esenciales del episcopado, sino que está por encima del episcopado por su naturaleza y por su título, porque este poder es el poder mismo de Jesucristo, Cabeza, Principio y Soberano del episcopado. En consecuencia, el Vicario de Jesucristo tiene toda la autoridad única de Jesucristo sin división ni limitación. No es una Cabeza intermedia o secundaria situada entre Jesucristo y el episcopado, sino que es Jesucristo, Cabeza única hecho visible, hablando y obrando en la Iglesia por el órgano que se ha elegido; siendo la institución PRINCIPAL de la que dimana toda la formación de la Iglesia. Es el primer FUNDAMENTO del edificio y es en la Iglesia FUENTE Y PRINCIPIO, y los obispos reciben de él todo lo que son, porque el episcopado no tiene otra fuente sino a Jesucristo y al Vicario de Jesucristo en la indivisible unidad del mismo principado; y esto como consecuencia y espejo del principio divino de procesión, siendo así que la naturaleza misma del episcopado proviene -ella misma- de esta procesión, y en ellos –esta procesión- crea la dependencia, que no es otra cosa que la misión o jurisdicción dada y aceptada.

No es, por tanto, una disposición arbitraria, sino por la necesidad misma del orden divino de la Iglesia por lo que sólo San Pedro puede crear un obispo y por lo que no hay episcopado legítimo o posible fuera de este único origen; así, bastaría que la Cabeza cesara de derramar este don de vida sobre los miembros para que el episcopado se viera herido de impotencia y de muerte, pues es el Vicario de Jesucristo el único que da legitimidad a la consagración de cualquier obispo al dar la misión o jurisdicción auténtica al consagrarlo, o de negarla.

De lo cual se desprende que los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA.

In Christo et Maria,

+ Monseñor Juan José Squetino Schattenhofer

CARTA A LOS SEÑORES OBISPOS SEDEVACANTISTAS II (continuación)

Ave María!

Después de haber publicado la carta a los Sres. Obispos Sedevacantistas con nuestra postura acerca de la necesidad de poner los medios para acabar con la vacancia de la Sede Apostólica, lo único que nos queda es ir desarrollando nuestro pensamiento y nuestra convicción. En ella insto a los obispos que dicen todavía guardar la fe católica, pero, que hicieron de la “sedevacante” un estado permanente (hasta el punto, con el paso de los años, de formar en las almas la idea de una Iglesia sin la necesidad del Papa) y no una transición, a darse cuenta de que su intervención es esencial para poner fin a ese estado catastrófico de cosas

Creo que la carta habla por sí misma, no tengo nada que agregarle o quitarle, perfectamente transmite nuestro pensamiento, solo vamos a tratar de que sea leída por todos los obispos que nosotros conocemos personalmente y por referencias, sin excluir a ninguno, (porque de eso se trata y a ellos se dirige) , de crear una situación de discusión teológica con ellos para que tomando conciencia del fruto espantoso de división que se está recogiendo en la Iglesia y en las almas por querer perpetuar la vacancia de la Sede Apostólica, nos demos cuenta de que el árbol malo de la falta de unidad en una única cabeza el Papa, jamás dará buenos frutos y pongamos entonces manos a la obra para proveerlo.

La Iglesia es una sociedad perfecta, como el Estado, y como sociedad perfecta, tiene en sí misma los medios para proveer su cabeza, quien lo niegue, lo hace a riesgo de negar su fe. ¿Qué sería de una nación soberana, también sociedad perfecta en su género, que durante 40 años se quedara sin gobernantes? ¿Cómo puede ser que ciudadanos de un Estado desprovisto de gobierno por las causas que sean, busquen desesperadamente la elección de sus gobernantes para poder seguir existiendo como estado soberano -como sucedió, por ejemplo, en Argentina en el año 2001- y nosotros católicos, viendo que la sede de Pedro está vacante desde hace más de 40 años pretendamos seguir siendo católicos a través de los años, sin cabeza visible y lo peor de todo es que sin tener la voluntad eficaz de proveerla por parte de quienes deben hacerlo a riesgo de arrastrar con ellos fuera de la Iglesia a las almas que los sigan?

Cuando sucedió en la Iglesia la dramática situación que se llamó el “Gran Cisma de Occidente” (1378-1417) en los cuales parecía que la Unidad se había desgarrado en tres obediencias, Romana, Aviñonense y Pisana; y que durante 38 años no se sabía cuál era el verdadero Papa, dice Salaverri, en el tratado de Ecclesia Christi, que no fue un formal y verdadero cisma  pues en todos los miembros de las “tres obediencias” (como así se les llamó a quienes estaban bajo la obediencia de los tres distintos “Papas”) “se veía manifiestamente un ánimo de unidad común a todos” “…quia animum unitatis communem ómnibus aperte patefaciebat”.  (Sacrae Theologie Summa B.A.C.) Se reunían, discutían, se excomulgaban unos a otros, pero siempre con la voluntad eficaz y el fin de lograr la unidad en una sola cabeza. Y lo lograron, con el concilio imperfecto de Constanza en el cual eligieron a Martín V como sucesor de San Pedro. Si usamos como criterio de juicio para la situación actual de la Iglesia lo que, mutatus mutandi, sucedió otrora, podemos afirmar que hoy Sí existe un verdadero y formal cisma entre los obispos sedevacantistas (incluidos sus sacerdotes y sus fieles); y que también podemos afirmar con seguridad, que, no son cismáticos hoy los que tienen un  ánimo de unidad, común, eficaz y manifiesto, y la única forma de lograrla es con el Papa, no perpetuando la vacancia.

Inexcusables son los obispos sedevacantistas (como quiera que se llamen y de la nacionalidad que sean, de rito latino o de rito oriental) que perpetúan la vacancia de la Sede Apostólica argumentando razones humanas y de conveniencia, haciendo de la jurisdicción supletoria jurisdicción tácita, y hasta casi ordinaria para todo menos para la elección de un Papa, sin tener además voluntad eficaz y manifiesta para hacerlo. Sobre todo deciden, sobre todo dogmatizan y enseñan, desgraciadamente con una autoridad falible poniendo en peligro a las almas que Cristo vino a salvar a través de la Iglesia Católica, transformándose en “papas” y transformando a sus capillas o congregaciones en “pequeños vaticanos”. Todas o la mayoría de las capillas sedevacantistas tienen sus obispos propios y algunas hasta tres obispos; y las que no, peor todavía, tienen sus sacerdotes que actúan como si fueran obispos. ¿No se dan cuenta que es un escándalo para los fieles de la Iglesia de Cristo semejante actitud y para aquellos que andan buscándola para salir de la oscuridad del error?, no solo es escandalosa, es hasta irrisoria, no es una cosa seria, y hoy por hoy ya no son creíbles. ¿No se dan cuenta que no hay distinción entre ellos y los Episcopales y Presbiterianos (donde la cabeza última, el nexo entre Dios y los fieles es un obispo o un sacerdote), sectas que lo son porque les falta la nota de unidad que los hace pertenecer a la Una y Única Iglesia de Cristo, enemigos acérrimos de la existencia de una cabeza visible?

Señores Obispos sedevacantistas, Hermanos míos, ¿Qué les pasa? ¿A qué le temen, a tener que obedecer a otro? ¿Por qué entonces someten a obediencia a muchos y ustedes no quieren someterse a nadie, menos a un Papa? Les causa horror la sola idea de tenerlo, hasta el punto de estirar la teología como goma para perpetuar la vacancia. Porque de tener un Papa, los primeros que vamos a tener que obedecer somos nosotros, los obispos. Recuerden que la “acefalía perenne” es una herejía. Necesitamos a Pedro para que nos ponga a cada uno en el lugar que nos corresponda, y con humildad y sumisión aceptar sus decisiones. Redundaría en el bien de todos. Yo estoy dispuesto a todo con la gracia de Dios, va mi vida y mi salvación en la unidad de la Iglesia.

“…los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA DE LA SEDE APOSTOLICA.”

¿Solución simplista? No, solución teológicamente católica.

Tampoco entiendo a  los fieles  que no compelen a sus obispos a poner solución al problema de la falta de Papa. Indiferentes, negativos, ni les importa y muchas veces son hasta piedras de tropiezo ¿No se dan cuenta que los primeros beneficiados con el Papa son Uds. que van a estar seguros que el camino que se les propone para llegar al cielo es seguro y cierto? ¿No se dan cuenta que van a tener la certeza teológica de pertenecer a la Iglesia de Cristo? ¿No se dan cuenta que van a poder recurrir al Papa en caso de problemas de conciencia con sus obispos y sacerdotes? ¿No se dan cuenta que van a estar protegidos contra la voluntad muchas veces caprichosa y voluble de los obispos y sacerdotes, que destruyen cuando deberían construir y que yerran positivamente? Tantos casos hemos visto de fieles que abandonaron la fe porque no pudieron recurrir a ninguna autoridad suprema en casos de persecución injusta o de escándalos por parte de algunos sacerdotes u obispos. Realmente no puedo entender tanta apatía, y hasta incluso aversión a la idea de tener un Papa.

Cuando S.S. León XIII, como su Vicario, se mete en la mente de Jesucristo para explicar la unidad de la Iglesia en la encíclica Satis Cognitum, dice de manera tajante que Nuestro Señor ni siquiera concibió en su mente una Iglesia sin el Papa. Quiere decir que ni se le cruzó por la cabeza al momento de instituir la Iglesia otra opción que no tuviera a Pedro como fundamento necesario. “Ubi Petrus, ibi Ecclesia” (Donde está Pedro, está la Iglesia)

La Iglesia Católica no se limita solo al poder de orden para la administración de los sacramentos, es una aparato más complejo en el que la jerarquía, empezando y terminado por el Papa, es necesaria, es verdad de fe definida. No es solamente Santa Misa, Comunión y Confesión para los fieles.  Si así fuera, la institución del Supremo Pontificado por parte de Nuestro Señor Jesucristo sería vana e innecesaria.

Respondiendo a algunos comentarios de los que hemos recibido, protesto públicamente que no quiero ser Papa, ni me creo tal; pero sí, positivamente que quiero ser uno de sus electores, llegado el caso. También agradezco a quienes comentan la carta, a favor o en contra; si lo hacemos con caridad y por amor a la verdad, llegaremos a un buen fin. Eso es tener un ánimo eficaz de unidad aun presentando objeciones.

Quiero pedir a quienes lean estos escritos, que por caridad los hagan llegar a los Obispos que conozcan, aunque no estén de acuerdo, déjennos a nosotros la última palabra. O, en su defecto, hágannos llegar al blog de la Fundación direcciones de obispos sedevacantistas alrededor del mundo para ponernos en contacto con ellos y poder enviarles la carta.

Y después de haber hecho lo que corresponda en conciencia, que sea lo que Dios quiera.

En Cristo y María,

Mons. Juan José Squetino S.

CARTA A LOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS III (continuación)

Antes que nada quiero decir que voy a seguir intentando y peleando por la reunión de un cónclave para la elección del Papa. Treinta y ocho años se tardaron (estudiando, discutiendo los teólogos de entonces) para que lo que se llamó el “Gran Cisma” terminara con la elección de Martín V, pero llegaron en su amor por la unidad de la Iglesia y de los fieles católicos a terminarlo con el concilio imperfecto de Constanza. Cincuenta y cuatro años pasaron ya desde la muerte de S.S. Pío XII y todavía no se ha hecho nada, o muy poco.  Que persevere lo que me reste de vida, que solo Dios sabe cuánto será, tratando de poner mi cuota para la unidad de la Iglesia, aunque algunos no lo vean así, no es nada. Si no se logra, en conciencia sé que no habrá sido por mi negligencia como Obispo Católico

            Cuando publiqué las cartas a los Obispos Sedevacantistas, muchos entraron en pánico, pensaron que íbamos a elegir un Papa en la cocina del Seminario durante el desayuno. Qué ridículos por favor no me subestimen. Para mí fue y es una sorpresa ver cuánta división  y espíritu de independencia hay en las almas, de todos, laicos y clérigos. Lo que sí me queda más claro que nunca, es que hay muchos enemigos que tiemblan ante la posibilidad de la unidad católica, y por eso usan un arma judeo-masónica: la calumnia, la mentira, la difamación. Como decían los iluministas franceses: “Miente, miente que algo quedará” (“Mentez, mentez, quelque chose restera”) .

            También, por favor, les pido que no se refieran a mí como un Obispo Sedevacantista. No soy sedevacantista, si el llamarme católico no les parece, hoy que tan de moda están las etiquetas, por favor llámenme “conclavista”, que es una condición sine qua non parar llamarse “católico”.

            Siendo la Iglesia una sociedad perfecta, que no es parte de ninguna otra, ni está subordinada directamente a ninguna, tiene como tal cualidades que le son propias. La primera de esas cualidades, es la potestad de jurisdicción. Es decir, el nexo entre los miembros que la hace sociedad perfecta es el poder de régimen o de gobierno. Sin jurisdicción, no hay sociedad perfecta, no hay Iglesia. Sin Primado y sin Jerarquía que de derecho tenga poder de gobernar súbditos incluso imperativamente, aún con penas y sanciones que obliguen en conciencia y no solo en el fuero externo, no habría Iglesia como sociedad perfecta. ¡Cuánto más destruye la definición de sociedad perfecta la imposibilidad de elegir la cabeza cuando ella falte, es decir, quedar acéfalos y poder seguir viviendo en unidad, una unidad que la da no solo la Fe y el culto (es más, sin el gobierno, la Fe y el Culto se desvanecen), sino también necesariamente el gobierno uno, en este caso, el Papa y los obispos en sus diócesis unidos al Papa!

            La elección del Papa es necesaria para poder seguir llamándonos católicos.

            Decir que no se puede o que no es conveniente, es lo mismo que decir que la Iglesia no es perfecta sino imperfecta.

            Poder se puede, es más, se debe hacer. Si no es conveniente por las circunstancias actuales de división tras división y de espíritu de independencia e individualismo de la mayoría; pues hay que tratar de cambiar las cosas y hacerlo conveniente.

            Si estamos viviendo un período de anarquía total, y los que nos decimos católicos no nos enfocamos en la elección del Papa, debemos dudar de nuestra catolicidad.

            Lo malo de este espíritu individualista que reina en los que se dicen católicos es que mató la confianza de los unos para con los otros. Tantas cosas se han dicho, algunas verdaderas otras falsas, tanto chisme, tanta habladuría sin espíritu de caridad ha minado la confianza que se pueden tener entre sí las almas de buena voluntad. Pues hay que tratar de recuperarla con hechos, no solo con palabras y saber tener un verdadero espíritu cristiano. Saber perdonar, sin rencores y mirando hacia adelante es obra de virtuosos; tenemos que serlo, por amor a Dios, a las almas y a la Iglesia.

            Cuando Nuestro Señor Jesucristo instituyó a su Iglesia, en su voluntad la hizo Jerárquica y con un Primado en San Pedro, que deben ser perennes, perpetuos, es sentencia de fe católica, definida. Para asegurar esta perpetuidad de los sucesores de San Pedro es necesario que esté asegurada la perpetuidad de los electores de sus sucesores hasta el fin del mundo. Si habrán perpetuos sucesores de Pedro, habrán perpetuos electores.

            S.S. Pío XII en su constitución sobre la Sede Vacante, cierra la puerta a que se hagan actos jurisdiccionales que sean propios del Papa en tiempo de Sede Vacante, porque obliga a los electores a que elijan al sucesor de Pedro cuanto antes. Y pone un freno a los abusos de autoridad de aquellos que pensarían que sin el Papa, pueden hacer como si lo tuvieran utilizando la epiqueya, la jurisdicción suplida y así de a poco, pasando el tiempo pensarían que definitivamente el Papa ya no es necesario. Cualquier parecido con el pensamiento del movimiento sedevacantista, es mera coincidencia.

            Hoy, si un Obispo sedevacantista excomulga a alguien o dicta alguna medida de autoridad episcopal, a nadie le importa, como si un Obispo fuera solo para confirmar y ordenar sacerdotes. Para darse cuenta de que no es así, basta ver los textos del Pontifical Romano para la consagración de un Obispo. Todo conduce al gobierno de su grey.

            También sucede con los sacerdotes en las capillas, me consta de muchos casos. Si el sacerdote indica al fiel algo que le molesta,  se retira de la capilla y busca otra donde encuentre alguien que alague sus oídos y le diga lo que quiera escuchar y critique al sacerdote anterior.

            Una Iglesia sin Papa y donde los Obispos solo pueden, como algo propio ejecutar el poder de orden, es absurdo. La Iglesia como sociedad jurídicamente organizada queda en la nada y caemos en las definiciones de Iglesia condenadas por Ss.Ss. León XIII y Pio XII. “Iglesia de la caridad”, “Iglesia pneumática” (sólo espiritual, donde la unión entre los fieles es un vínculo invisible, y no jurídico), términos ya condenados, pero que hoy han vuelto a nacer con toda la fuerza de la mentalidad postmoderna. ¿Dónde? En el movimiento sedevacantista.

            En el movimiento sedevacantista, el fiel elige al sacerdote que va a seguir, mientras le agrade y no le contradiga, ni le imponga obligaciones pesadas, ni le diga que faltar a Misa el domingo sin causa justa es pecado mortal; el sacerdote elige al obispo a quien va a obedecer, siempre que el obispo mande lo que no le moleste ni se meta mucho en sus asuntos y lo visite poco para que no se de cuenta de los abusos de autoridad que comete; y el obispo es feliz así siendo un cero a la izquierda con las bases y sin tener que dar cuentas a nadie arriba, y finalmente todos tienen poder de gobernarse a sí mismos. Definitivamente es otra iglesia, no es la Iglesia fundada por Nuestro Señor. Se parece  más a la constitución modernista de la Iglesia con las comunidades de base y la colegialidad o a algunas sectas protestantes.

            Todo esto es consecuencia de la no voluntad de elegir al Papa.

            ¿Qué pasaría en un Estado cuyo Poder Judicial no pueda castigar, ni dictar sentencia, cuyo Poder Legislativo no pueda dictar leyes y cuyo Poder Ejecutivo no exista o no pueda hacerlas cumplir en orden al bien común, propio de toda sociedad perfecta? Sería un caos, una anarquía. Lo mismo que sucede actualmente en el sedevacantismo, en el cual todos los grupos se jactan de ser católicos, y están todos divididos, y algunos van más lejos diciendo que son los únicos católicos y cada cual tirando para su lado; anarquía total, democratización de la autoridad, subversión del orden natural del gobierno y de la constitución divina de la Iglesia. Jamás a Nuestro Señor Jesucristo se le cruzó por la mente al instituir la Iglesia, como dice S.S.León XIII, el movimiento sedevacantista, que al hacer de la Sede de Pedro vacante una acefalía perenne, hace que la unidad entre grupos similares en su género provenga de una unión meramente moral y no jurídica y así permanezcan separados.

            Esto no es una crítica destructiva de nadie, ni va contra nadie en particular, sólo quiero manifestar lo que creo y estoy convencido es la verdad. ¡Católicos que ven muy bien que la sede de Pedro está vacante, no se queden en esa postura, den un paso más, tenemos que trabajar por la unidad y la elección del Papa!

            La Sede Vacante no puede instituirse como un estado de cosas como viene pasando desde hace cincuenta y cuatro años; sino que es una transición entre la Sede Vacante por los motivos que nos da el Código Canónico y la ocupación por el elegido sucesor de Pedro.

            Los obispos sedevacantistas, tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA DE LA SEDE APOSTOLICA.

            En Cristo y María,   

+ Mons. Juan José Squetino S.

A modo de aclaración:

            A Mons. López Gastón SÍ lo ordenó sacerdote Mons. Carmona y Rivera, me consta personalmente. Fue Mons. Carmona quien recibió la renuncia del vínculo matrimonial por parte de su esposa, pues Mons. López Gastón estaba casado. Yo personalmente escuché a Mons. Carmona alabarlo como sacerdote.

            Nunca fue seminarista de la Iglesia Modernista. Fue Hermano Marista, que se desempeñó como tal en Cuba, además era Doctor en Teología, Historia y Derecho Canónico de la Universidad Gregoriana de Roma bastante antes del CVII. Fue dispensado de sus votos cuando el Conciliábulo Vaticano.

            Yo jamás pertenecí a ninguna secta vetero-católica, ni estuve ni estoy en comunión con ninguna. Soy un obispo Católico, Apostólico, Romano. En mi niñez y adolescencia  fui modernista, a los 18 años ingresé en la Fraternidad San Pïo X, de la cual salí voluntariamente y no expulsado y abracé el catolicismo al entender el problema de la vacancia de la Sede Apostólica. Siempre, directa o indirectamente, propuse la reunión de un cónclave pues nunca pude entender una Iglesia sin Papa.

            Nunca quise ni le pedí a Mons. Carmona que me consagra obispo, como dijeron en un comentario en un foro anticatólico de internet; primero porque ya teníamos uno que valía por mil obispos sedevacantistas de hoy, Mons. Moisés Carmona y Rivera (que además sí quería positivamente promover la elección de un Papa, también me consta), y segundo porque yo tenía 25 años cuando me ordenó en 1991,(hoy tengo 47)  y él falleció seis semanas después, de hecho la última administración del sacramento del Orden fue con la consagración de Mons. Pivarunas el 24-9-1991; el 1-11-1991 Mons. Carmona entregó su alma al Señor.

            Si los herejes y cismáticos no confieren el sacramento del Orden válidamente por el hecho de ser herejes aún usando el  Pontifical Romano, entonces TODOS los obispos del Conciliábulo Vaticano y sus sucesores no ordenaron ni consagraron a nadie válidamente después, pues fueron todos apóstatas. Por ejemplo en el caso del decreto formalmente herético de la libertad religiosa, diciembre de 1965, (donde con certeza se confirma la carencia de autoridad papal en Montini), el ACTA FINAL fue firmada por TODOS y CADA UNO de los obispos asistentes (2386), AÚN PUDIENDO NO HACERLO; incluídos Mons. Thuc, Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer.

            Mons. Thuc proviene de una línea episcopal nestoriana sirio-caldea (herejes), cuya reconciliación plena con Roma ocurrió apenas en 1830. Los obispos nestorianos de la rama caldea que volvieron a la unidad Romana, nunca fueron reconsagrados ( porque sus ordenaciones y consagraciones Roma siempre las consideró válidas).

            La línea de Mons. Duarte Costa fue siempre tenida por Roma como válida, basta demostrarlo con un hecho: Mons. Duarte Costa fue excomulgado por S.S.Pío XII en 1945, pocos años después, Mons. Salomao Ferraz, consagrado por Duarte Costa, fue recibido por el mismo Pío XII y se reconcilió con Roma sin ninguna re-consagración bajo condición posterior y fue nombrado obispo titular de Eleuterna, con esto Roma mostró “de jure” y “de facto” la validez de la consagración episcopal de Mons. Salomao Ferraz, quien además estaba casado.

            Los Anglicanos dejaron de tener validez en el sacramento del Orden cuando cambiaron la forma de Consagración Episcopal y de la Ordenación Sacerdotal como lo dice S.S.León XIII en la encíclica “Apostolicae curae” pues ese cambio en la forma del sacramento implicaba un cambio en la intención (como en el modernismo); durante el tiempo que usaron la forma del Pontifical Romano, sus consagraciones episcopales y sus ordenaciones sacerdotales fueron consideradas válidas, aunque ya no estaban en comunión con la Iglesia Romana.

            A los fieles: “no den crédito a todo viento de palabras”, como dice la imitación de Cristo; no alimenten con su lectura o intervención directa a blogs anónimos que sólo siembran la división y la confusión, pues para ellos “dividir es reinar”, mentirosos, calumniadores hijos del Diablo, pues él es el padre de la mentira.

            Cuando hablen de mí, todos tienen mi e-mail para preguntarme directamente. No crean lo que dicen gentes anónimas que ni siquiera me conocen y que inventan calumnias para que no sigamos adelante con el trabajo de unidad que nos propusimos, pues no quieren que los católicos nos unamos.

            “EL QUE TENGA OÍDOS PARA OÍR QUE ENTIENDA” (Nuestro Señor Jesucristo)

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Fuente: Fundación San Vicente Ferrer