Excelente Sermón e imprescindible de escuchar para acabar de una vez por todas con el grave pecado, mortal, tan extendido en el mundo tradicionalista. Monseñor Squetino, légitimo obispo que es objeto de todo tipo de odios y calumnias por su posición católica conclavista,  expone la grave y verdadera teología sacramental, según la cual, en general, este tipo de pecados no son perdonados por el sacramento de la Penitencia, aunque el sacerdote dé la absolución, si no se restituye la fama.

Los pecados de la lengua son una verdadera plaga que está llevando a muchos por un camino inexorable al infierno, por mucho que recen, por mucho que comulguen, pues aumentan el número de pecados al recibir el Cuerpo de Cristo en pecado mortal, por mucho que se piensen tradicionalistas, y aún por mucho que defiendan la verdadera fe.  Es, además, una especie de pecado que se agrava y multiplica por el paso del tiempo, al no poderse controlar ya la divulgación del mismo.

Es obvio que cada uno debe aplicar el sermón a sí mismo; cada uno de nosotros,  a nosotros mismos, sin pensar: «¡ Qué bien le viene esto a fulano o a mengano!» Antes, al contrario, debemos pensar, que bien me viene esto a mí.

Huelga decir que el mundillo de internet es un  medio muy propicio para pecar divulgando calumnias, infamias, nunca comprobadas, y que si en algún caso, fuera una parte pequeña de ellas ciertas, igualmente se estaría pecando mortalmente, dado que las personas tienen derecho a su fama, y nadie es bueno, sino sólo Dios. «Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra». Que expliquen esto los sacerdotes a sus fieles ¿Qué les enseñan, si no?

Un ejemplo de este pecado, personalmente sufrido: Ayer mismo, he tenido que borrar un comentario que pretendía, o que yo leyera, o que yo publicara un libelo contra un obispo, Mons. Squetino, del cual me consta su exquisita ortodoxia, su paternidad espiritual para con todos y su ansia de perfección espiritual y anhelo de santidad; también me constan la gravísimas calumnias de las que es víctima. Pues bien,  escribí al sujeto que  divulgaba tan grandísimas calumnias, advirtiéndole que por cada persona que leyera sus infamias, adquiría un nuevo pecado mortal hasta la hora de su muerte; le advertí que de inmediato tenía que reparar, sin dilación, la fama de este Obispo. Sin embargo,  no me ha hecho caso, porque en el día de hoy ha mandado el libelo infame a un blog católico serio, el cual se ha negado a publicar tal insensatas e incoherentes calumnias – cree el ladrón que todos son de su condición- . Debe creer ingenuamente que  está en el camino de la santidad porque reza y va a «Misa» tradicional de un clericus vagus lefebvrista una vez al mes y jamás va al novus ordo, y además, se atreve a comulgar el purísimo e inmaculado Cuerpo de Cristo, estando en pecado mortal ¡Qué gravedad, qué sacrilegio, y su sacerdote  nada le dice, según parece! Con pena comprobé que un blog que se dice tradicionalista ¡ Válgame Dios, cualquiera se dice hoy católico!, pero más bien es un soldado de Satán en lugar de soldado de Cristo,  había publicado íntegramente su calumnia, que el propio autor original del libelo- Hernan Vergara-  había retirado, a los pocos minutos de su publicación en su blog personal. Pero este individuo revolvió en la basura, es decir, en el caché de google, para rescatar la inmundicia que otro había ya vomitado y tirado ¿Cuántos lo leyeron? Y éstos lectores ¿a cuantos le han contado tales calumnias? Tantas veces como ocurra, quizá miles, adquirirá el sujeto un pecado mortal, amontonando pecado sobre pecado, y así mismo sus colaboradores en la divulgación del libelo y quienes lo lean. Sus confesiones son inválidas mientras no repare el daño -estudie él y su confesor a San Alfonso Mª Ligorio-; es decir, ha de reparar la fama de este inocente obispo para que se le perdone sus pecados. Pero lo tiene difícil, dada la especial gravedad de este pecado y la rapidez en difundirse. Este pecado lleva al infierno, porque la restitución de la fama del calumniado es muy difícil, casi imposible. Y sin restitución, el Juicio será de condenación eterna. Más nos valiera cortar nuestra lengua con los dientes y entrar sin ella en el Reino de los Cielos, que ser abrasado con ella eternamente en el infierno. Dios nos libre de este pecado tan propio de los fariseos,  y que la Santísima Virgen  nos alcance la gracia eficaz de Jesucristo para no cometer jamás semejante delito.

Debemos combatir la herejía- este obispo no es hereje, sino el más católico de todos los obispos sedevacantistas- pero no podemos ni debemos atacar al hombre divulgando sus vicios, menos aún si no son ciertos y es una calumnia, como el caso que de este individuo que se dedica a calumniar,  y cuyo nombre silencio, para no pecar yo mismo. Cuidado con internet. Cuidado con las páginas que se visitan. Discutamos de doctrinas opinables, con pasión si es necesario, pero jamás calumniemos ni difamemos a las personas; porque además, eso no convence, sino que hace que los otros sientan repugnancia de nosotros, y con justa razón. Quizá, al ser tan generalizado este pecado entre los tradicionalistas, muchos novusordistas de buena fe no se decidan a dar el paso a la verdadera Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo nos advierte: «Ay de aquél que escandalice a uno de estos pequeños…». 

Les dejamos este imprescindible sermón para los que de verdad quieren ser santos. Meditemos cada uno sobre a lo que nosotros nos afecta, y no pensemos en lo bien que les vendría a los demás, porque somos cada uno de nosotros  los que hemos de examinarnos en conciencia y luchar para no caer en este horrible y repugnante pecado. Pero compartan el sermón con todos los que puedan.