Habiendo Elías mandado matar a los 450 profetas apostatas que se pasaron a Baal:

Entonces les dijo Elías: Prended a los profetas de Baal, y que no se escape ninguno de ellos. Presos que fueron, los mandó llevar Elías al arroyo de Cisón; y allí les hizo quitar la vida.  (1 Reyes 18:40)

Se lamenta luego Elías antes Dios de que está sólo, recibiendo el consuelo del Señor que le dice que ha reservado 7.000 que nunca doblaron la rodilla ante Baal.

Y sucederá que el que escapare de la espada de Hazael, será muerto por Jehú; y el que se librare de la espada de Jehú, lo hará morir Eliseo. Mas yo me reservaré en Israel siete mil varones que nunca doblaron su rodilla ante Baal, ninguno de los cuales ha besado su propia mano, y extendiéndola después en señal de adorarle. (1 Reyes 19:17-18).

El resto fiel tiende en ocasiones al desánimo al sentir la soledad en su ciudad, región o país, dad la posibilidad de comunicación con muy pocos fieles, sin recibir los sacramentos a falta de sacerdotes válidamente ordenados y de fe prístina, y está tentado con frecuencia a morir abrazado a una secta a manos de Hazael, y saltará a otra y morirá a manos de Jehú, o de Eliseo . Puede entenderse esta última cita , a mi modesto parecer,  de esta forma:  todo aquel que no guarda la fe católica pura, y por fragilidad o obstinación en el error, se abraza a una secta para recibir allí los sacramentos, aunque tenga apariencia de tradicionalista (la posición Reconocer y Resistir; o la de papa materialiter o “medio papa” que otorga las cuatro notas de la Iglesia por la que ésta se hace visible a la jerarquía hereje de la iglesia conciliar; o los seguidores de falsos papas sedicentes nominados por el mismo Jesucristo, vida nuestra, etc.; o los acéfalos perennes, etc.), morirán espiritualmente al salirse fuera de la Iglesia.

Sabemos que en España apenas hay un puñado de verdaderos católicos – que no se adhieren a ninguna de las herejías y comunican en lo sagrado con sectas, lo cual no es óbice para pensar que estamos solos. Muchos miles hay hoy en el mundo que conservan la fe, aún careciendo de los sacramentos.

Lo que les traigo es un ejemplo de cómo se puede vivir como católicos, sin concesiones a la iglesia conciliar ni a las sectas, en esta situación, además de un consuelo, al ver cómo Dios protege la fe de sus elegidos.

Tras cincuenta años sin sacerdotes ni sacramentos, más de 10 mil católicos del Tíbet mantienen su fe tradicional

“Zacarías había depositado en cada iglesia del vecindario agua bendita de Lourdes diluida en agua limpia. Si un fiel se enfermaba, se le daba una gota. Tres días después, se había restablecido”

Católicos del Tíbet sobreviven al comunismo.
Católicos del Tíbet sobreviven al comunismo y al modernismo

(Transcrito de EFE. Gentileza de Foro Católico)

En pleno macizo himalayo, el pueblo de Baihanluo solo es accesible a pie o a caballo. Su iglesia de madera fue fundada a finales del siglo XIX por misioneros católicos de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París.

El Papa Gregorio XVI (1831-1846) le había confiado a estos sacerdotes franceses la evangelización del Tíbet. Esos misioneros vivieron una epopeya sangrienta, martirizados por los lamas hostiles a la llegada de Cristo al país de Buda.

Los padres iniciaron su tarea evangelizadora subiendo los valles del río Salouen (llamado “Nu” en mandarín) y del Mekong, hasta el altiplano.

Aislados del mundo exterior por el invierno, establecieron las “misiones perdidas” en las pendientes donde los lamas conservaban una función feudal.

“Era el salvaje oeste de China. En chino, el río Nu era como el valle de la muerte. Un dicho popular aconsejaba vender a la esposa antes de llegar (al valle), porque uno no sabía si iba a regresar”, explica a AFP Constantin de Slizewicz, autor de la obra “Los pueblos olvidados del Tíbet”.

La persecución comunista

Tras la llegada al poder de los comunistas, en 1949, estos misioneros extranjeros y “esbirros del imperialismo”, fueron detenidos, maltratados y expulsados.

“Las iglesias fueron cerradas o transformadas en colegios y graneros. Los cristianos no tenían derecho a tener objetos religiosos so pena de encarcelamiento, y los que tenían un papel importante fueron perseguidos y llevados al laogai (campos de trabajos forzados chinos)”, precisa Slizewicz.

Varios pueblecitos remotos conservan iglesias, donde se reúnen para rezar sin sacerdotes las oraciones que hace 50 años aprendieron de los misioneros franceses

A pesar de todo, la religión católica subsistió clandestinamente en las poblaciones rurales.

“El tibetano está fascinado por Dios. Han dedicado su vida a la fe. Estos tibetanos convertidos al catolicismo no lo hacen a medias”, continúa Constantin de Slizewicz.

“Durante casi 50 años de ausencia de sacerdotes y sacramentos, no olvidaron ni una palabra de las enseñanzas un siglo atrás de estos padres”.

Cuidaron las tumbas de los misioneros franceses, han seguido orando con los catequistas y celebran las Pascuas y la Navidad, en sustitución del buey y la mula del pesebre por un yak y la mula. Algunos nunca han olvidado su latín o cómo recitar El Padre Nuestro

El catequista que sobrevivió y volvió

En Baihanluo, un lugar apartado que se halla sobre un promontorio, entre 400 y 500 feligreses se reúnen en las fiestas y conservan fresco el recuerdo del hermano Zacarías, un misionero que murió, con 100 años, hace una década.

Este catequista de la étnia loutse sobrevivió a las purgas comunistas, huyendo a Taiwan. Después de 30 años de exilio, volvió para participar en la restauración católica local.

“Zacarías había depositado en cada iglesia del vecindario agua bendita de Lourdes diluida en agua limpia. Si un fiel se enfermaba, se le daba una gota. Tres días después, se había restablecido”, asegura Zha Xi, de 32 años y bautizado como “José”, que acaba de concluir su seminario en Kunming y Chengdu, y ahora se prepara para asumir su ministerio.

Los libros que mantuvieron las enseñanzas de siempre.
Los libros que mantuvieron las enseñanzas de siempre son verdaderas reliquias.

Las reliquias de Malle 

En su interior encontrará libros corroída por la humedad, abandonado en la salida repentina de sacerdotes franceses: una colección del periódico L’Illustration 1930 y libros de oración tibetanas publicados en 1897 por la Imprenta de la Sociedad de Misiones Extranjeras Hong Kong.

El maletero también contiene reliquias a un tazón grande con el sello “Creil y Montereau,” una fábrica de loza francesa que floreció en la segunda mitad del siglo XIX.

Estos objetos han escapado al saqueo del maoísmo.

Pero no la iglesia de Zhongding, en el siguiente valle, que tuvo que ser completamente renovado después de la apertura de China bajo Deng Xiaoping. Aquí está enterrado Annet Génestier, un misionero nativo de Puy-de-Dôme (centro de Francia) fallecido en 1937, se conserva su pipa, después de medio siglo de andar por las montañas tibetanas..

Su sucesor lejano es el padre Francisco, Han Sheng por su nombre chino. “Los misioneros franceses introdujeron en la región conocimientos científicos modernos”, subraya este sacerdote de 39 años.

“Los árboles han sido plantados por los franceses. Las campanas de las iglesias también fueron traídas de Francia, así como las herramientas agrícolas”.

Debido a que en China las autoridades imponen a los creyentes a unirse a una organización afiliada al Partido Comunista, se desarrolló una “Iglesia subterránea” . Según Han Sheng, la gran región del Tíbet tiene más de 10.000 católicos.

Sí se divide entre 16 iglesias del condado de Gongshan. “Carecemos de sacerdotes”, insiste.

Yu Xiulian, campesino de 75 años que recibieron el nombre de bautismo de Madeleine, confirma: “Aquí los católicos somos los más numerosos, aquí a la gente común nos gustaría ampliar las iglesias, pero falta el dinero…”

Los católicos del Tíbet, sobrepasan los 10 mil.
Los católicos del Tíbet, sobrepasan los 10 mil.

Por la noche, encontramos al Padre Francisco en Nidadang, un pueblo cercano. En la iglesia a través del cual sopla una corriente de aire helado, las mujeres se sientan junto con los niños, los hombres a la derecha. Son los agricultores de todas las edades, vestidos simplemente, la piel curtida por la altitud y por el trabajo del campo.

Al lado del altar, el sacerdote oye confesiones. Uno por uno, los fieles vienen a arrodillarse a confiar sus pecados en su oído.

“Si seguimos Su Palabra, iremos al cielo,” incansablemente cantan en la iglesia.