EXAMEN DE CONCIENCIA –

Padre Ramiro Ribas. (Texto del examen completo al final en pdf.)

Amabilísimo lector, tienes en tus manos un examen de conciencia completísimo, claro y muy fácil de hacer. Dejándote guiar por sus páginas podrás llevar a cabo una buenísima confesión. Sobre todo es utilísimo para preparar una confesión general, que de hacerla con seriedad, estoy seguro será la mejor confesión de tu vida. También puedo afirmar que en las siguientes páginas vas a encontrar muchas faltas y pecados que hasta el presente quizá nunca habías confesado. Ánimo, la empresa merece y bien la pena, pues está en juego nada más y nada menos que la salvación eterna de tu alma. Aparte de un completísimo examen de conciencia, el presente trabajo pretende ser también un magnífico tratado de moral.

Después de una confesión bien hecha es imposible explicar la alegría y la paz que siente el alma. ¡Dios es tan bueno! La confesión nos cierra las puertas del infierno merecido por nuestros pecados y nos abre las puertas del cielo. Podríamos decir que ¡Sin confesión no hay salvación!, pues un acto de contrición perfecto es muy difícil de realizar. Por eso, bendito sea Dios por su inmensa bondad que nos dejó este grandísimo sacramento para nuestra salvación.

MUY IMPORTANTE

Te recuerdo los pasos necesarios para confesar bien:

 -Examinar diligentemente la conciencia desde la última confesión bien hecha; o desde que tuviste uso de razón si lo que vas a efectuar es una confesión general de toda la vida. Este librito te hará muy fácil la empresa.

 -Sentir gran dolor y arrepentimiento por haber ofendido tanto a un Dios tan bueno. Y este dolor y arrepentimiento, si es verdadero, te tiene que llevar a cumplir en serio el siguiente punto.

3º – Tener un firme propósito de la enmienda, que en la práctica se traduce por un gran deseo de no querer volver a pecar y de evitar las ocasiones próximas de pecado, apartándote de todo lo que en anteriores ocasiones te llevó a ofender a Dios. Sin este propósito la confesión sería una burla. Imaginad que una persona sin motivo alguno da una gran bofetada a otra persona. Después de hacerlo se da cuenta de la tremenda barbaridad que ha cometido, y le pide perdón. El ofendido lo acepta y le perdona… pero al día siguiente, y simplemente por que sí, le vuelve a pegar otra sonora bofetada…  Esta claro que esta vez el ofensor no tiene la vergüenza de acercarse de nuevo a pedir perdón, pues hay que tener mucha cara para hacerlo, pues sería una burla. Pues lo que no nos atrevemos a hacer con una persona, nos atrevemos sin ningún recato a hacerlo con Dios Nuestro Señor. Le abofeteamos fuertemente, no sólo dos veces, sino cientos y cientos, y después sin ninguna vergüenza nos acercamos a pedirle perdón, sin poner ningún remedio a nuestras fechorías. La verdad que confesar de esta manera, sin ningún propósito y sin alejarnos de la ocasión, es burlarnos una y otra vez de Dios, y no sé como podemos tener tanta cara para hacerlo y quedarnos tan tranquilos. Lo cierto es que Dios no perdona los pecados de quienes así se confiesan, pues en vez de una confesión es sencillamente una soez burla.

 – Decir los pecados al confesor con sinceridad y sencillez, sin querer disimular ni callar nada por vergüenza, o por cualquier otra causa.

5º- Y por último debes cumplir la penitencia que el sacerdote te imponga, a ser posible, cuanto antes.

Si alguna vez a lo largo de tu vida mentiste, disimulaste o callaste en confesión algún pecado porque te daba vergüenza decirlo, cometiste un grave sacrilegio, y a partir de ese momento todas las confesiones y comuniones que hayas realizado han sido sacrílegas. Para arreglar esta terrible situación debes decir al confesor el pecado o pecados que ocultaste y además debes también decir que te lo callaste a propósito.

Y una vez hecho esto debes decir de nuevo los pecados  de las confesiones que hayas efectuado después de aquella confesión sacrílega, pues también ellas han sido sacrílegas, así como todas las veces que hayas recibido la Sagrada Comunión.

No te preocupes de nada, pues el sacerdote, si le preocupan las almas, te ayudará en todo, muy feliz por llevar a tu alma de nuevo la gracia y la paz. La persona que ha estado  viviendo  en  esta angustiosa situación y por la gracia de Dios consigue salir de ella, es tanta la felicidad y paz que recibe que es como si naciera de nuevo. ¡Dios es tan bueno!

Si en la última confesión se te olvidó algún pecado y lo has recordado después, debes en la siguiente decir dicho pecado y que se te olvidó manifestarlo la anterior vez que confesaste…

 

La confesión no es una manifestación de tendencias, sino de actos realizados. Por eso no debes decir las faltas o pecados en general. Por ej: Soy mentiroso, o, he dicho mentiras. Soy colérico y he gritado mucho. Soy impaciente. Soy perezoso, o, he tenido pereza. Soy vanidoso, o, he tenido vanidad. He faltado a la caridad. etc. Confesando de esta manera no estás aportando al confesor ninguna señal particular de tu alma, y éste no podrá aconsejarte ni ayudarte. Debemos decir las faltas y pecados de la siguiente manera, explicando un poco las circunstancias: He mentido al jefe de mi oficina, pues por pereza llego tarde muchas veces al trabajo. He mentido a mis padres cuando llego tarde a casa por culpa mía, y para que no me regañen o castiguen pongo la excusa de que el metro no llega nunca, etc. Miento a mis padres o profesores porque soy perezoso y no estudio. A la mínima comienzo a dar voces y gritos a mi madre, a mi hermano, a mi esposa, a mis hijos, a la criada, etc. Soy vanidosa y me paso mucho tiempo delante del espejo, o me compro los mejores vestidos. He faltado a la caridad, pues he dicho una palabra injuriosa a un compañero de trabajo con la intención de herirle. Por envidia pienso mal de un amigo. Etc. Etc. Así debe ser la forma de confesar, manifestando hechos concretos y no tendencias.

Debes intentar recordar el número de veces que has cometido cada pecado, y si no, lo más aproximado posible; pues no basta decir por ej: “He faltado a Misa”, ya que si ha sido una vez, es un pecado, y si fueron 50 veces, son 50 pecados. En cuestión de robos, debes decir lo que has robado, y si es dinero, la cantidad, y además tienes que estar dispuesto a restituir.

 

También hay que decir las circunstancias que cambian la especie del pecado, haciéndolo aún más grave. Por ej: “He robado tanto dinero.” Falta decir ¿a quién? o ¿donde?, ya que no es lo mismo que el robo sea a un pobre, a los propios papás, a una ancianita, a la Iglesia, peor aún si lo robado fueron objetos sagrados, a un banco, con violencia, con armas… si se han causado heridas a alguien, etc. “He cometido tantas acciones deshonestas”; no es lo mismo que haya sido entre personas del mismo sexo, o con persona soltera, casada, religiosa, pariente, menor de edad, niños/as, con uno mismo, si te han visto otras personas, si has utilizado la violencia, etc. “He golpeado”; no es lo mismo golpearse entre niños, que pegar a la propia madre, a un sacerdote, a un anciano, etc. En este caso hay que decir también el daño o heridas que se hayan podido causar. Como se acaba de ver las circunstancias cambian mucho la especie del pecado, haciendo que éste sea mucho más grave o gravísimo.

Por último has de saber que si alguna vez hiciste una confesión colectiva, no te sirvió de nada, pues está reservada para situaciones límites muy especiales, como pueden ser: guerras, terremotos, o cuando un barco de pasajeros se hunde, o un avión comienza a caer y un sacerdote que viaja en  ellos, imparte una absolución para todos los pasajeros, etc. Si alguna persona sale viva de alguna de estas circunstancias especiales, debe confesar todo lo que en la confesión colectiva no pudo confesar. Así que todo aquel que ha hecho confesiones colectivas, debe confesar individualmente de nuevo todo, ya que Dios por ese medio falso, solamente válido en situaciones límite, no le ha perdonado ningún pecado.

Recuerda que se puede ser cómplice de los pecados de otros: Aconsejando, mandando, consintiendo, provocando, lisonjeando, ocultando, participando, callando, defendiendo… el mal causado…

No olvides que los siguientes términos que se utilizan a lo largo del examen significan lo mismo: Impuro, deshonesto, torpe, indecente, obsceno, lascivo, inmoral.

Cada confesión bien hecha lleva consigo una fuente grandísima de gracias, siendo un principalísimo medio de santificación, amén de purificar el alma restándole, cada vez  más, pena de purgatorio. Dice San Juan Crisóstomo que una buena confesión equivale por la purificación que el alma recibe, a un nuevo bautismo. 

 

Teniendo muy en cuenta todo lo anterior, ahora debes rezar con humildad pidiendo luz, dolor, arrepentimiento y propósito de cambio. Para ello te puedes ayudar de la siguiente oración: “Santísima Virgen María, Madre mía, dígnate concederme un verdadero dolor de haber ofendido a Dios, un firme propósito de corregirme, y la gracia de hacer una buena confesión. Ángel de mi guarda, santos y santas de Dios, ayudadme.”

Llegado al confesionario harás la Señal de la Cruz y dirás al confesor: “Ave María Purísima” y el tiempo que ha transcurrido desde tu última confesión. En Hispanoamérica es el sacerdote el que comienza diciendo: “Ave María Purísima,”contestando el fiel “sin pecado concebida.” A partir de este momento irás diciendo con humildad, sinceridad y sencillez los pecados con arreglo al siguiente y completísimoExamen de Conciencia.

Una forma muy fácil de confesarse es la siguiente: Como te habrás dado cuenta en este librito-examen los pecados y faltas aparecen numerados. Tienes que tomar nota en papel aparte de los números que has transgredido, y ahora sólo debes ir diciendo al confesor, con las explicaciones que estimes convenientes, el contenido de esos números…

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