¿ES GRANDE EL NÚMERO DE LOS PREDESTINADOS?

Por el P.  Garrigou Lagrange en la Predestinación de los Santos y la Gracia

Es muy grande el número de los elegidos, según lo que se dice en el Apocalipsis (VII, 4): “Oí el número de aquellos que habían sido marcados con el sello (de los servidores de Dios), ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de los hijos de Isræl… Después de esto, vi una muchedumbre inmensa que nadie podía contar, de toda nación, de toda tribu, de todo pueblo y de toda lengua. Estaban de pie delante del trono y delante del Cordero, revestidos de blancos ropajes y con palmas en la mano.”

¿EL NÚMERO DE LOS ELEGIDOS ES INFERIOR AL DE LOS RÉPROBOS?

Así piensan San Agustín y Santo Tomás, sobre todo a causa de los palabras de Nuestro Señor: “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mat., XX, 16; XXII, 14). “Entrad por la puerta angosta, porque la puerta ancha y el camino espacioso son los que conducen a la perdición, y son muchos los que entran por él; porque es estrecha la puerta y angosta la vía que conduce a la vida y son pocos los que atinan con ella” (Mat., VII, 13, 14).

Santo Tomás ha hecho notar varias veces que, aunque todo está ordenado al bien en el conjunto del universo, y en las diferentes especies, si se trata del género humano, después del pecado original el mal es más frecuente, en el sentido de que aquellos que siguen a los sentidos y a sus pasiones son más numerosos que los que siguen la recta razón. “Parece que el mal se halla en mayor proporción en el género humano.” (I, q. XLIX, a. 3, ad 5; q. LXIII, a.9, ad I ; I-II, q. LXXI, a. 2, ad 3; 1 Sent., dist. XXXIX, q. II, a. 2, ad 4; Contra gentes, 1. III, VI; De potentia, q. III, a. 6, ad 5; De malo, q. 1, a. 3, ad 17; a. 5, ad 16).

Los elegidos son una porción selecta (I, q. XXIII, a. 17, ad 3).

No obstante, Santo Tomás sostiene (I, LXIII, a. 9) que el número de los ángeles salvados sobrepuja al de los demonios; asimismo, ha escrito (I Sent., dist. XXXIX, q. II, a. 2, ad 4), con motivo de los ángeles: “En la naturaleza angélica el mal se encuentra en menor proporción porque muchos más fueron los que permanecieron (fieles) que los que cayeron, y más también que todos los demonios y hombres por condenar.

En la naturaleza humana, por el contrario, el bien aparece en los menos… a causa de la corrupción de la naturaleza humana por el pecado original… y por la naturaleza misma de la condición humana… en la cual las perfecciones segundas, por las cuales son dirigidas las obras, no son innatas, sino adquiridas o infusas.”

En la Suma Teológica (I, q. XXIII, a. 7, ad 3) se lee: “El bien proporcionado al estado común de la naturaleza se realiza en los más, y su falta se produce como en los menos. Pero el bien que excede al estado común de la naturaleza se encuentra como en los menos, y la falta de este bien como en los más… Excediendo pues, la beatitud, que consiste en la visión de Dios, al común estado de la naturaleza, y en especial estando ésta destituída de la gracia por la corrupción del pecado original, los menos son los que se salvan.”

Recordemos que, según el texto del Comentario de las Sentencias, que hemos citado antes de este último texto y que éste no contradice, si entre los elegidos se cuenta a los ángeles y a los hombres, el número de los elegidos es, acaso, superior al de los réprobos.

La opinión común de los Padres y de los antiguos teólogos es que, entre los hombres, los que se salvan no representan el mayor número. En favor de esta opinión se cita a los santos Basilio, Juan Crisóstomo, Gregorio Nacianceno, Hilario, Ambrosio, Jerónimo, Agustín, León Magno, Bernardo, Tomás; y, más próximos a nosotros, a Molina, Belarmino, Suárez, Vázquez, Lessio, San Alfonso.

En el siglo pasado se han apartado de esta opinión común, el Padre Fáber en Inglaterra, Monseñor Bougaud en Francia, el Padre Castelein, S. J. en Bélgica.

En los hombres que han precedido la venida de Nuestro Señor y entre los que no han sido evangelizados, se verificaría, sobre todo, la fórmula de Santo Tomás: “Aparece el mal como patrimonio de mayoría, en el género humano”, aunque nunca manda Dios lo imposible y da a todos las gracias suficientes para el cumplimiento de los preceptos manifestados por la conciencia (Denzinger, 1677).

Por el contrario, parece que la mayoría de los bautizados, comprendidos los niños y los adultos, se salvan; numerosos son los niños que mueren en estado de gracia antes del uso de razón. No podría decirse si la mayoría de los adultos bautizados se salva (cf. Hugon, O. P., Dogmatica, 1927, t. I, p. 317). Es probable, en cambio, que la mayoría de los adultos católicos llegue a la vida eterna, a causa de la eficacia de la Redención y de los sacramentos (cf. P. Buonpensiere, O.P., De Deo uno, in I, q. XXIII, a.7; y Tanquerey, De Deo uno, De prædest., n. 41).

En toda esta cuestión tan misteriosa, es bueno recordar la declaración de Pío IX (Denzinger, n. 1677): “Es notorio para Nos y vosotros que, aquellos que padecen de ignorancia invencible acerca de nuestra santísima Religión, pero que diligentes observan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en todos los corazones, y que están prestos a obedecer a Dios y llevan una vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, obrando la virtud de la divina luz y de la gracia; toda vez que Dios, que penetra, escruta y conoce las mentes, los ánimos, los pensamientos y los hábitos de todos, por su suma bondad y clemencia de ningún modo permite que sea castigado con los suplicios eternos quien no tenga reato de culpa voluntaria.

Pero, es clarísimo y también de dogma católico, que nadie fuera de la Iglesia Católica puede salvarse y que los contumaces en contra de la autoridad de la Iglesia… pertinazmente separados, no pueden obtener la salvación eterna.”